Aligere su equipaje

Max Lucado

Aligere su equipaje

Aligere su equipaje

¿Quién no ha sentido descontento, cansancio o está lleno de preocupaciones? ¿En algún momento quién no se ha quedado sin esperanza, sin vergüenza, desilusionado y con dudas? ¿O ha estado lleno de culpa, de tristeza y de temor a la soledad o a la muerte? Pues bien, Max Lucado nos guía a un análisis del conocido Salmo 23 para encontrar respuestas a todas esas sensaciones (y otras más) que significan una carga en nuestras vidas. El consejo es fácil: aligere su carga, tiene a Alguien a su lado. Lo difícil es creerlo. Calificación de 10.

En algún punto entre el primer paso al salir de la cama y el último al salir de casa, tomó algún equipaje. Caminó hasta la estera del equipaje y tomó su carga. ¿No recuerda haberlo hecho? Es porque lo hizo sin pensar; automáticamente. No recuerda haber visto una cinta transportadora. Es porque no es la del aeropuerto; esta otra está en la mente. Las valijas que llevamos no son de cuero; están hechas de cargas. La maleta de la culpa. Llevas un talego de descontento en un hombro y una bolsa de mano llena de penas en el otro. Agréguese a esto una mochila de dudas, un saco de dormir de soledad y un baúl de temores. Pronto estará llevando más cargas que un maletero de aeropuerto. No es extraño que al final del día esté tan cansado. Arrastrar equipaje es agotador.

«Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» ( 1 Pedro 5.7 ).

Los israelitas consideraban el nombre demasiado santo para ser pronunciado por labios humanos. Cuando necesitaban decir Jehová, sustituían la palabra por Adonai , que significa Señor. Si era necesario escribir el nombre, los escribas se bañaban antes de escribirlo, y luego destruían la pluma.

¿No ha tenido demasiados cambios en su vida? Las relaciones cambian. La salud cambia. El tiempo cambia. Pero el Jehová que gobierna la tierra hoy es el mismo que la gobernaba anoche. Las mismas convicciones. El mismo ánimo. El mismo amor. Él nunca cambia.

Los consejeros pueden consolarle en la tormenta, pero usted necesita un Dios que pueda calmar la tormenta. Los amigos pueden sostenerle la mano en el lecho de muerte, pero usted necesita un Jehová que haya vencido al sepulcro. Los filósofos pueden discutir el significado de la vida, pero usted necesita un Señor que declare el significado de la vida. Necesita a Jehová.

Todo lo que necesitaba era pedir perdón, pero me puse a discutir. Todo lo que necesitaba era oír, pero tuve que abrir la bocaza. Todo lo que necesitaba era ser paciente, pero tuve que tomar el control. Todo lo que tenía que hacer era dejárselo a Dios, pero traté de arreglarlo por mí mismo.

Los humanos queremos hacer las cosas a nuestra manera. Olvidamos la vía sencilla. Olvidamos el camino común. Olvidamos el mejor método. Olvidamos el camino de Dios. Queremos hacer las cosas a nuestra manera. Y según la Biblia ese es exactamente nuestro problema. «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino» ( Isaías 53.6 ).

¿A qué se debe que quienes más necesitan un pastor lo resisten tanto?

Lo que tiene no es suyo. Pregúntele a cualquier médico forense. Pregúntele a cualquier embalsamador. Pregúntele a cualquier director de una funeraria. Nadie se lleva nada consigo.

¿Y sabes algo más acerca de todas esas cosas? No son usted. Lo que usted es nada tiene que ver con la ropa que usa ni con el coche que conduce. Jesús dijo: «La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» ( Lucas 12.15 ). El cielo no lo conoce como el tipo del traje hermoso ni como la mujer de la casa grande ni el muchacho de la bicicleta nueva. El cielo conoce su corazón. «Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» ( 1 Samuel 16.7 ). Cuando Dios piensa en usted, se fija en su compasión, su devoción, su ternura o ligereza de mente, pero no en sus cosas.

Si se define por las cosas que tiene, se sentirá bien cuando tiene mucho y mal cuando tiene poco.

¿Espera que un cambio de circunstancias traerá un cambio en su actitud? Si es así, usted está en prisión, y necesita aprender un secreto para aligerar su equipaje. Lo que tiene en su Pastor es mayor que lo que no tiene en la vida. Permítame entrometerme por un momento. ¿Qué cosa específicamente se interpone entre usted y su gozo? ¿Cómo llenaría la línea siguiente?: «Seré feliz cuando __________________». Cuando sane. Cuando ascienda. Cuando me case. Cuando esté solo. Cuando sea rico. ¿Cómo podría terminar esta oración? Con su respuesta bien en mente, responda esto. ¿Si su barco nunca llega, si su sueño nunca se hace realidad, si su situación nunca cambia, podría ser feliz? Si dice que no, está durmiendo en la fría mazmorra del descontento. Está preso. Y necesita saber lo que tiene en su Pastor. Tiene un Dios que lo escucha, el poder del amor que lo respalda, el Espíritu Santo que vive en usted, y todo el cielo por delante. Si tiene al Pastor, tiene la gracia a su favor en todo pecado, dirección para cada decisión, una luz para cada rincón y un áncora para cada tormenta. Tiene todo lo que necesita.

¿Qué ganará usted con el contentamiento? Puede ganar su matrimonio. Puede ganar horas preciosas con sus hijos. Puede ganar respeto por sí mismo. Puede ganar gozo. Puede ganar la fe para decir: «Jehová es mi pastor; nada me faltará».

Vemos las olas en lugar de al Salvador que camina sobre ellas. Vemos nuestras míseras provisiones y no vemos a Aquel que puede alimentar a cinco mil hambrientos. Nos quedamos con los oscuros viernes de la crucifixión y nos perdemos los brillantes domingos de resurrección.

De las diez declaraciones grabadas en las tablas de piedra, ¿cuál ocupa más espacio? ¿El adulterio? ¿El homicidio? ¿El robo? Uno tiende a pensar así. Cada uno de ellos merece que se le dé espacio. Pero es curioso: estos mandamientos son un tributo a la brevedad. Dios necesitó sólo tres palabras en castellano para condenar el adulterio y sólo dos para denunciar el robo y el homicidio. Pero cuando se llegó al tema del reposo, no bastó una oración. «Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó» ( Éxodo 20.8–11 ).

Los pastos verdes no eran el paisaje natural de Judea. Las colinas de Belén donde David cuidaba su rebaño no eran fértiles ni verdes. Aún en la actualidad son casi desérticas. Los pastos verdes de Judea se deben al trabajo de algunos pastores. Han limpiado el terreno áspero y rocoso. Han quitado los tocones y las han quemado junto con la maleza. Riego, cultivo. Ese es el trabajo de un pastor. Por eso cuando David dice «en lugares de delicados pastos me hará descansar», en realidad dice: «Mi pastor me hace descansar en su obra terminada». Con sus manos horadadas, Jesús creó una pradera para el alma. Arrancó los espinosos arbustos de la condenación. Arrancó los enormes peñascos del pecado. En su lugar puso simiente de gracia y cavó lagunas de misericordia. Y nos invita a reposar allí. ¿Puede imaginarse la satisfacción en el corazón del pastor cuando, acabado el trabajo, ve a sus ovejas descansando en lugares de delicados pastos? ¿Puede imaginar la satisfacción en el corazón de Dios cuando hacemos lo mismo? Sus pastos son su don para nosotros. No son pastos que hemos cultivado. Tampoco son pastos que merecemos. Son un don de Dios. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios» ( Efesios 2.8 ).

La ansiedad divide nuestra energía entre las prioridades de hoy y los problemas de mañana. Parte de nuestra mente está en el ya; el resto está en el todavía no. El resultado es una vida con la mente dividida. Ese no es el único resultado. La preocupación no es una enfermedad, pero causa enfermedades.

«No sé qué haré si mi esposo muere». Lo sabrás en el momento oportuno. «Cuando mis hijos dejen la casa, no creo que pueda soportarlo». No será fácil, pero la fortaleza llegará en el momento oportuno.

Enfrente los problemas de hoy con la energía de hoy. No se fije en los problemas de mañana hasta mañana. Aun no tiene las fuerzas de mañana. Ya tiene suficiente para el día de hoy.

Nuestro claro deber no es ver lo que apenas se ve en la distancia, sino hacer lo que tenemos al alcance de la mano.

Anoche estaba preocupado en mi sueño. Soñé que se me diagnosticaba la misma enfermedad degenerativa de los músculos que le quitó la vida a mi padre. Desperté del sueño y, en medio de la noche, comencé a preocuparme. Entonces vinieron a mi mente las palabras de Jesús: «No os afanéis por el día de mañana». Y definitivamente, decidí no hacerlo. Arrojé ese pesado saco. Después de todo, ¿por qué permitir que los problemas imaginarios del mañana nos roben el reposo nocturno? ¿Puedo evitar la enfermedad si permanezco despierto? ¿Retardaré la aflicción pensando al respecto? No, por supuesto. Así que hice la cosa más espiritual que pude haber hecho. Me volví a dormir.

El Señor nos promete una lámpara a nuestros pies, no una bola de cristal para mirar el futuro. No tenemos que saber lo que ocurrirá mañana. Basta saber que Él nos guía y que vamos a «alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» ( Hebreos 4.16 ).

«Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo» ( Mateo 28.20 ). Necesitamos ese recordatorio. Todos lo necesitamos. Porque todos necesitamos esperanza.

La humildad es una virtud tan escurridiza. Una vez que uno piensa que la tiene, ya no está, o no debería pensar que la ha alcanzado.

Ser humilde no significa que usted piense que no tiene nada para ofrecer; significa que sabe exactamente lo que puede ofrecer y nada más.

[Adquirí] el hábito de expresarme con palabras de modesta timidez, y dejé de usar expresiones anticipadas que pudieran quedar desmentidas como: con toda seguridad, indudablemente, absolutamente, o cualquiera otra que diese una autoridad positiva a una pura opinión. Más bien digo: Pienso que … Esto lo entiendo así … Creo que este hábito ha sido de gran utilidad para mí».

¿Siente que necesita palabras que lo animen? ¿Necesita atención su autoestima? No es necesario que ande mencionando nombres importantes ni de que se ande luciendo delante de los demás. Sólo necesita detenerse al pie de la cruz y acordarse de esto: El Creador de las estrellas prefirió morir por usted antes que vivir sin usted. Ese es un hecho. Si necesita gloriarse, gloríese en eso.

El ejercicio puede darnos unos pocos latidos más. La medicina puede concedernos algunos respiros más. Pero a la postre, hay un fin. La mejor manera de enfrentar la vida es ser sincero acerca de la muerte.

«En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» ( Juan 14.2–3 ). Nótese la promesa de Jesús: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Promete llevarnos al hogar. No delega esa tarea. Puede enviar misioneros que te enseñen, ángeles que te protejan, maestros que te guíen, cantores que te inspiren y médicos que te curen, pero no envía a otro para que te lleve. Esa tarea la reserva para sí mismo. «Vendré otra vez, y os tomaré conmigo». Él es su Pastor personal. Es personalmente responsable de llevarlo al hogar. Dado que Él está presente cuando muere alguna de sus ovejas, podemos decir lo que dijo David: «No temeré mal alguno».

Lo que Dios dijo a Moisés se lo dice a usted: «Mi presencia irá contigo, y te daré descanso» ( Éxodo 33.14 ). Lo que Dios dijo a Jacob se lo dice a usted: «Yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres» ( Génesis 28.15 ). Lo que Dios dijo a Josué se lo dice a usted: «Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé» ( Jos 1.5 ). Lo que Dios dijo a la nación de Israel se lo dice a usted: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo» ( Isaías 43.2 ). El Buen Pastor está con usted. Porque está con usted, puede decir lo que David dijo: «No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento».

Isaías 57.1–2 : «Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz, descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios». La muerte es el método de Dios para sacar del mal a la gente. ¿De qué clase de mal? ¿Una enfermedad extensa? ¿Una adicción? ¿Una tenebrosa ocasión para la rebelión? No sabemos, pero sí sabemos que ninguna persona vive un día más ni un día menos de lo establecido por Dios.

En el plan de Dios, cada vida es suficientemente larga y cada muerte ocurre en el momento oportuno. Aunque usted y yo pudiéramos desear una vida más larga, Dios sabe mejor las cosas. Y, esto es importante, aunque usted y yo quisiéramos una vida más larga para nuestros seres amados, ellos no. Irónicamente, el primero que acepta la decisión de Dios acerca de la muerte es el que muere.

A la muerte no se le resta importancia, ni se pasa por alto. Enfréntela, luche contra ella, cuestiónela o condénela, pero no la niegue. Como dijo su hijo Salomón: Es «tiempo de llorar» ( Eclesiastés 3.4 ). No oiga, pero perdone a quienes lo exhortan a no llorar. Dios le guiará a través, no alrededor, del valle de sombra de muerte.

No mida la altura de la montaña; hable a aquel que la puede mover. En vez de llevar el mundo a sus espaldas, háblele al que sostiene el universo en las suyas. Tener esperanza es mirar hacia adelante.

La soledad no es la ausencia de rostros. Es la ausencia de intimidad. La soledad no proviene de estar solo; proviene de sentirse solo. Sentir como si usted estuviera enfrentando la muerte solo, enfrentando la enfermedad solo, enfrentando el futuro solo. Sea que ocurra en su cama durante la noche o mientras se dirige al hospital, en el silencio de una casa vacía o en medio de un bar muy concurrido, la soledad se presenta cuando uno piensa: Me siento tan solo. ¿Le importa a alguien?

Puede enfrentar la muerte, pero no está solo al enfrentarla; el Señor está con usted. Puede enfrentar el desempleo, pero no está solo al enfrentarlo; el Señor está con usted. Puede enfrentar graves luchas matrimoniales, pero no está solo al enfrentarlas; el Señor está con usted. Puede enfrentar deudas, pero no está solo al enfrentarlas; el Señor está con usted. Subraye estas palabras: No está solo.

Por temor de no caer bien, tomamos drogas. Por temor de no destacarnos, usamos cierta clase de ropa. Por temor de parecer poca cosa, nos endeudamos y compramos una casa. Por temor de pasar inadvertidos, nos vestimos para seducir o para impresionar. Por temor de dormir solos, dormimos con cualquiera. Por temor de no ser amados, buscamos amor en lugares malos. Pero todo eso cambia cuando descubrimos el perfecto amor de Dios.

¿Es Pedro la única persona que ha hecho lo que prometió que no haría jamás? «¡Basta de infidelidades!» «De ahora en adelante voy a poner freno a mi lengua». «No más tratos oscuros. He aprendido la lección». ¡Qué volumen el de nuestra jactancia! ¡Qué quebranto el de nuestra vergüenza! En vez de resistir el coqueteo, lo correspondemos. En vez de desoír el chisme, lo difundimos. En vez de apegarnos a la verdad, la escondemos. El gallo canta, y la convicción de pecado nos taladra, y Pedro halla un compañero en las sombras. Lloramos como Pedro lloró, y hacemos lo que Pedro hizo. Nos vamos a pescar. Volvemos a nuestra vida antigua. Volvemos a nuestras prácticas de antes que conociéramos a Jesús. Hacemos lo que viene en forma natural, en vez de hacer lo que viene en forma espiritual. Y dudamos que Jesús tenga un lugar para tipos como nosotros.

Jesús preparó mesa en la presencia del enemigo. Permitió que Judas viera la cena, pero no le permitió quedarse. No eres bien recibido. Esta mesa es para mis hijos. Puedes tentarlos. Puedes ponerles tropiezos. Pero nunca te sentarás con ellos. Mucho nos ama. Si quedase alguna duda, en el caso de que hubiera algunos «Pedros» que se preguntan si habrá lugar en la mesa para ellos, Jesús les da un tierno recordatorio cuando pasa la copa: «Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados» ( Mateo 26.27–28 ). «Bebed de ella todos ». Los que se sienten indignos, beban. Los que se sienten avergonzados, beban. Los que se sienten confundidos, beban.

Lo que se hace en secreto es mejor no hacerlo.

Podemos seguir el ejemplo del apóstol Pablo. Su meta era ser misionero en España. Sin embargo, en vez de enviar a Pablo a España, Dios lo puso en prisión. Sentado en una cárcel romana, Pablo podría haber tomado la misma decisión que la señorita Haversham, pero no lo hizo. En cambio, dijo: «Mientras esté aquí voy a aprovechar y escribir algunas cartas». Por eso nuestra Biblia tiene las Epístolas a Filemón, a los Filipenses, a los Colosenses y a los Efesios. 1 Nos hay dudas de que Pablo habría hecho una gran obra en España. Pero, ¿sería comparable con la obra de esas cuatro cartas? Usted se ha sentado donde Pablo se sentó. Sé que sí. Usted estaba bien entusiasmado en su camino a España o a la universidad o al matrimonio o a su independencia … pero se presentó el despido o el embarazo o la enfermedad de sus padres. Y terminó encarcelado. Chao, España. Hola, Roma. Adiós ilusiones. Hola desilusión. Hola, tristeza. ¿Cómo se las arregló? Mejor, ¿cómo se las está arreglando? ¿Necesita alguna ayuda? Tengo exactamente lo que necesita. Cinco palabras en el versículo cinco del Salmo 23 : «Unges mi cabeza con aceite».

En el antiguo Israel los pastores usaban el aceite con tres propósitos: repeler los insectos, prevenir los conflictos y curar las heridas.

Muchas de las desilusiones de la vida comienzan como irritaciones. La mayor porción de nuestros problemas no son de proporciones similares al ataque de un león, sino más bien del enjambre de frustraciones y quebrantos del día a día. No nos invitan a la fiesta. No nos incluyen en el equipo. No obtuvimos la beca. El jefe no toma nota de nuestro arduo trabajo. El marido no se da cuenta del traje nuevo de la esposa. El vecino no nota el desorden que tiene en el patio. Uno se siente más irritable, más melancólico, más … bueno, más herido.

Dice: «Unges mi cabeza con aceite». No dice «tus profetas», «tus maestros» ni «tus consejeros». Otros pueden guiarnos a Dios. Otros pueden ayudarnos a entender a Dios. Pero nadie hace la obra de Dios, porque solo Dios puede sanar.

Su copa podría estar baja en dinero o ropa, pero rebosa en misericordia. Podría no tener un estacionamiento de lujo, pero tiene suficiente perdón. «Será amplio en perdonar» ( Isaías 55.7 ). Su copa rebosa en gracia.

La esperanza de Dios entra en nuestro mundo. Sobre el enfermo, Él envía el rayo de curación. Para el afligido, da la promesa de reunión. Para el moribundo, prepara la llama de la resurrección. Al confundido, ofrece la luz de las Escrituras. Dios da esperanza.

Antes que desear lo que otros tienen, ¿no deberíamos preguntarnos si tienen lo que nosotros tenemos? En vez de estar celosos de ellos ¿no es mejor sentir lástima de ellos?

Confíe en su fe y no en sus sentimientos.

La más grande calamidad no es sentirse lejos de su casa cuando lo está, sino sentirse como en su casa cuando no lo está.

¿Qué palabra describe su cuerpo? ¿Mi cuerpo canceroso ? ¿Mi cuerpo artrítico ? ¿Mi cuerpo deformado ? ¿Mi cuerpo limitado ? ¿Mi cuerpo adicto ? ¿Mi cuerpo que engorda permanentemente ? Las palabras pueden ser diferentes, pero el mensaje es el mismo: los cuerpos son débiles. Comenzaron a decaer en el minuto en que comenzamos a respirar. Y, según Dios, es una parte del plan. Cada arruga y cada fastidio es un paso más cerca del último paso, cuando Jesús cambie nuestros cuerpos comunes en cuerpos eternos. No más dolor. No más depresión. No más enfermedad. No más fin. Esta no es nuestra casa permanente. Puede servir por ahora. Pero no hay nada como el momento en que entremos por la puerta de nuestra casa para siempre.

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Con razón lo llaman El Salvador

Max Lucado

En esta ocasión, Max Lucado nos lleva al pie del monte de la Calavera, para analizar las siete palabras y a algunos actores presentes en ese momento pero que hasta hoy nos pueden haber pasado desaparcibidos, con la intención de encontrar un nuevo enfoque a la muerte de Jesucristo y entender, a los que aún no nos cae el veinte, por qué es que lo llaman el Salvador. Calificación de 10.
Con razón lo llaman El Salvador

Con razón lo llaman El Salvador

Jesús fue muerto, enterrado y resucitado. ¿Sorprendido? Lo que importa es la cruz. Ni más, ni menos. La cruz. Cristo descansa en la cronología de la historia como un refulgente diamante. Su tragedia resume la de todos los que sufren. Su absurdo atrae a todos los cínicos. Su esperanza anima a todos los buscadores. Y según Pablo, la cruz es lo que cuenta.

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. 1 Corintios 15:3-4

Cuando estaba en el umbral de la muerte. Jesús también puso su casa en orden: Una oración final de perdón. Una plegaria concedida. Una petición de amor. Una pregunta de sufrimiento. Una confesión de humanidad. Un pedido de liberación. Un grito de consumación.

Es mucho más fácil morir como Jesús si has vivido como Él durante toda la vida.

¿Qué clase de personas —me pregunto— se burlará de un hombre agonizante? ¿Quién será tan indolente como para poner sal en las heridas abiertas? ¿Cuan bajo y pervertido es hablar con desprecio a uno que está atado con dolor? ¿Quién se burlaría de una persona que está sentada en la silla eléctrica? ¿O quién señalaría con el dedo y se reiría de un criminal que tiene la cuerda de la horca alrededor de su cuello?

Las palabras lanzadas ese día tenían el propósito de herir. Y no hay nada más doloroso que las palabras que tienen el propósito de herir. Esa es la razón por la que Santiago llama a la lengua un fuego. Sus llamas son tan malignas y destructoras que destrozan como las de una gran antorcha.

Estamos cansados. Estamos cansados de ser baleados, asustados e intimidados. Ya no podemos más con los asesinatos en serie, los violadores y los asesinos a sueldo. Estamos enojados con alguien, pero no sabemos con quien. Tenemos miedo de algo, pero no sabemos de qué. Queremos defendernos, pero no sabemos cómo. Y entonces, cuando un vaquero del oeste al estilo Wyatt Earp de nuestros días entra en escena, lo aplaudimos. Él está hablando por nosotros. «¡Ese es un camino que hay que seguir, defiéndase como pueda; esa es la manera en que hay que hacerlo!»

Pensemos en nuestra ira por sólo un minuto. Ira. Es una peculiar y, sin embargo, predecible emoción. Comienza como una gota de agua. Como una irritación. Como una frustración. Nada grande, sólo algo que se hace cada vez más grave. Alguien ocupa su puesto de estacionamiento. Alguien se le atraviesa en la autopista. Una camarera es lenta y usted está de prisa. La tostada se quema. Gotas de agua. Drip, drip, drip, drip. Sin embargo, obtenga suficientes de estas aparentemente inocentes gotas de ira y antes de que pase mucho tiempo habrá conseguido un balde lleno de furia. Venganza que viene. Amargura ciega. Odio desbocado. No confiamos en nadie y mostramos nuestros dientes a cualquiera que esté cerca. Nos convertimos en ambulantes bombas de tiempo que, precisamente dada la tensión y el temor, podrían explotar.

¿Se ha preguntado usted alguna vez cómo fue que Jesús pudo mantenerse sin tomar represalias? ¿Se ha preguntado alguna vez cómo hizo para no perder los estribos? Aquí está la respuesta. Es la segunda parte de su declaración: «Porque no saben lo que hacen». Es como si Jesús considerara a esa multitud sedienta de sangre, hambrienta de muerte, como si fueran víctimas y no como asesinos. Es como si en sus rostros Él viera confusión en vez de odio. Es como si Él los considerara no como una turba militante, sino tal como Él los llamó: como «ovejas sin pastor». Y cuando usted piensa sobre esto se da cuenta de que ellos no pensaron. No tenían ni la más leve idea de lo que estaban haciendo. Era una turba enloquecida, fuera de control, furiosa con algo que no podía ver, así que llevó las cosas demasiado lejos, toda la gente. Pero ellos no sabían lo que estaban haciendo. Y lo que es peor, nosotros tampoco lo sabemos. Todavía, a pesar de que aborrezcamos reconocerlo, somos ovejas sin pastor. Todo lo que sabemos es que nacimos en algún momento del tiempo y estamos temerosos de la eternidad. Jugamos con las realidades del dolor y de la muerte. No podemos contestar nuestras propias preguntas sobre el amor y el sufrimiento. No podemos resolver el problema de envejecer. No sabemos cómo curar nuestros cuerpos o seguir junto a nuestra pareja. No podemos mantenernos fuera de la guerra. No podemos siquiera mantenernos alimentados.

El valor de una persona es ahora medido bajo dos criterios; apariencia física y éxito financiero. Hermoso sistema, ¿verdad? ¿Dónde deja a los retardados, a los feos o mal educados? ¿Dónde coloca a los viejos o a los minusválidos? ¿Qué esperanza ofrece al niño que todavía está por nacer? No mucha, después de todo. Llegamos a ser números sin nombre, listas extraviadas.

Si había algo que Jesús quería que todos entendiéramos era esto: una persona vale algo simplemente porque es una persona. Ese es el porqué Él trató a la gente como lo hizo. Piense acerca de esto. La muchacha sorprendida en inmoralidad a escondidas con quien nunca debía hacerlo, fue perdonada por Él. El leproso intocable que pidió ser tocado, lo fue por Él. Y el caso del ciego que pedía ayuda y que estorbaba en el camino, fue atendido por El. Y aquel viejo nacido jorobado y paralítico adicto a la autocompasión cerca del estanque de Siloé, también fue curado por Él! Y no olvide el caso clásico del estudio hecho por Lucas sobre el valor de una persona. El llamado «Cuento del ladrón crucificado». Si alguna vez había algún hombre sin valor, era éste. Si alguien, alguna vez, mereció morir, probablemente haya sido este hombre. Si alguna vez existiera un perdedor, este tipo encabezaba la lista. Tal vez esa es la razón por la cual Jesús lo escogió para mostrarnos lo que piensa sobre la raza humana. Tal vez este criminal había oído hablar al Mesías. Tal vez lo había visto amar a los más humildes. Tal vez lo había visto comer con las prostitutas, los rateros y los malhablados en las calles. O tal vez no. Tal vez la única cosa que sabía sobre este Mesías era lo que ahora vio. Un predicador golpeado, azotado y colgado con unos clavos. Su rostro sucio de sangre seca, sus huesos visibles a través de la carne, sus pulmones procurando respirar. Por alguna razón le pareció que nunca había estado en mejor compañía. Y de alguna manera se dio cuenta de que sólo le quedaba la opción de una oración, y él había encontrado finalmente a Quien él podía orar.
—¿No es posible que me bendigas? (Traducción libre.)
—Considéralo hecho.

El amor de Jesús no depende de lo que nosotros hagamos por Él. No, de ninguna manera. Ante los ojos del Rey usted tiene valor simplemente porque usted existe. No tiene que lucir bonito o cumplir bien. Su valor es interno e intrínseco. Piense precisamente sobre esto por espacio de un minuto. Usted es valioso, no por lo que hace o por lo que ha hecho, sino simplemente porque usted es. Recuérdelo. Recuérdelo la próxima vez que alguien procure estorbar su claridad espiritual. Recuérdelo la próxima vez que algún travieso manipulador trate de colgarle el precio de una caneca de basura del sótano en su valor como persona. La próxima vez piense acerca de la manera en que Jesús lo honra… y sonría.

María no era la primera en ser llamada a decir adiós a los seres queridos por causa del reino. José fue llamado para ser un huérfano en Egipto. Jonás fue llamado para ser un extranjero en Nínive. Ana envió a su primer hijo a servir en el templo. Daniel fue enviado desde Jerusalén a Babilonia. Nehemías fue enviado de Susa a Jerusalén. Abraham fue enviado a sacrificar a su único hijo. Pablo tuvo que decir adiós a su herencia. La Biblia relaciona la huella de los adioses y las lágrimas de los adioses que manchan sus páginas.

La Soledad. Es un grito. Un lamento, un gemido; es un alarido cuyo origen está en el fondo de nuestras almas. ¿Puede oírlo? El niño abandonado. El divorciado. El hogar silencioso. El buzón vacío. Los días largos. Las noches más largas. El que se queda solo una noche. Un cumpleaños olvidado. Un teléfono silencioso.

Y me lo imagino a Él. Me lo imagino escuchando. Me hago un cuadro de sus ojos empañándose y de una mano limpiándose una lágrima. Y aunque Él no ofrece ninguna respuesta, aunque no resuelve ningún dilema, aunque la pregunta pueda quedar congelada dolorosamente en medio del aire. El, quien también estuvo una vez solo, entiende.

Justamente cuando teníamos ya todo figurado. Precisamente cuando la cruz estaba toda empacada y definida. Cuando el manuscrito estaba finalizado. Cuando habíamos inventado todas aquellas bonitas palabras terminadas en «ción» — santificación, justificación, propiciación y purificación. Justamente cuando pusimos nuestra gran cruz dorada en la cadena de oro. Él nos recuerda que el verbo se hizo carne. Él quiere que nosotros recordemos que también era humano. Y quiere que nosotros conozcamos que también conocía la fatiga que viene con los días largos. Él quiere que nosotros recordemos que nuestra chaqueta de trabajo no usa chalecos a prueba de balas o guantes de caucho o un impenetrable traje de armadura. No; fue el pionero de nuestra salvación, a través del mundo que usted y yo encaramos diariamente. Él es el Rey de reyes, el Señor de señores y la Palabra de Vida. Más que nunca Él es la estrella de la mañana, el cuerno de la salvación, y el Príncipe de paz. Pero hay algunas horas cuando somos restaurados recordando que Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Nuestro Maestro sabía que esto significaba ser un carpintero crucificado que tuvo sed.

Llegando al climax de la historia. Dios, motivado por el amor, y dirigido por la divinidad, sorprende a todos. Se hace hombre. En un misterio intocable, se disfraza como un carpintero y vive en una polvorienta aldea de Judá. Determinado a probar su amor por su creación, camina de incógnito en su propio mundo. Las manos encallecidas tocan heridas, y sus palabras compasivas tocan corazones. El llega a ser uno de nosotros ¿Ha visto alguna vez tal determinación? ¿Ha sido alguna vez testigo de tal deseo de comunicarse? Si una cosa no funciona. Él trataría otra. Si un acercamiento fallara. El trataría uno nuevo. Su mente nunca se detuvo. «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras —escribe el autor de Hebreos—, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo».

Dios en una cruz. El Creador siendo sacrificado por la Creación. Dios convenciendo al hombre una vez y por todas de que el perdón todavía sigue al fracaso.

«¡Consumado es!» ¿Qué fue consumado? La larga historia del plan de redención del hombre estaba terminada. El mensaje de Dios al hombre estaba concluido. Las obras hechas por Jesús como hombre en la tierra estaban ahora terminadas. La tarea de seleccionar y entrenar embajadores estaba finalizada. El trabajo estaba terminado. La canción había sido cantada. La sangre había sido derramada. El sacrificio había sido hecho. El aguijón de la muerte había sido quitado. Estaba concluido. ¿Un grito de derrota? Difícilmente. Si sus manos no hubieran estado amarradas a la cruz, me atrevería a decir que un puño elevado y triunfante hubiera golpeado el oscuro cielo. No; este no es un grito de desesperación. Es un grito de finalización. Un grito de victoria. Un grito de cumplimiento. Sí, inclusive un grito de alivio. Está usted a punto de desistir? Por favor, no lo haga. ¿Está usted desanimado como padre? permanezca allí. ¿Está usted fatigado de hacer lo bueno? Hágalo un poco más. ¿Está usted pesimista acerca de su trabajo? Arremánguese y hágalo otra vez. ¿No hay comunicación en su matrimonio? déle un toque más. ¿No puede resistir la tentación? Acepte el perdón de Dios y diríjase a otro round». ¿Está su día abrumado con pesar y desilusión? ¿Están sus «mañanas» convirtiéndose en «nuncas» ¿Es «esperanza» una palabra olvidada? Recuerde, el que termina no es el que no tiene heridas o el que no está fatigado.

Barrabás ha sido a menudo comparado con la humanidad, y en verdad así es. De muchas maneras él nos representa: Un prisionero que fue liberado porque alguien a quien nunca había visto tomó su lugar. Pero yo creo que Barrabás fue probablemente mucho más inteligente de lo que nosotros somos, en un aspecto. Hasta donde sabemos, él tomó su repenüna libertad como era, un don inmerecido. Alguien le había alcanzado un salvavidas y él lo agarró, sin hacer preguntas. Ustedes no podrían imaginar a este hombre haciendo algunos de nuestros absurdos. Tomamos nuestro regalo gratuito y tratamos de ganarlo, o de diagnosticarlo, o de pagar por él, en vez de simplemente decir «gracias» y aceptarlo. Irónico como pueda parecer, una de las cosas más difíciles de hacer es ser salvado por gracia. Hay algo en nosotros que reacciona contra el don gratuito de Dios. Tenemos alguna extraña compulsión para crear leyes, sistemas y regulaciones que «nos harán dignos» del regalo. ¿Por qué hacemos esto? La única razón que puedo figurarme es el orgullo. Aceptar la gracia significa aceptar su necesidad, y a la mayoría de los individuos no les gusta hacer esto. Aceptar la gracia también significa que uno se da cuenta de su desesperación, y la mayoría de la gente no es demasiado perspicaz para hacer eso tampoco. Barrabás, sin embargo, lo sabía mejor que nadie. Sin esperanza, encerrado en la galería de la muerte, no iba a desbaratar una concedida suspensión de ejecución. Tal vez él no entendió la misericordia, y seguramente no la merecía, pero no iba a rehusarla. Nosotros podríamos hacer bien en darnos cuenta que nuestro empeño no era muy diferente que ese de Barrabás. Nosotros también somos prisioneros sin oportunidad para apelar.

Todo lo que él hizo fue ver sufrir a Jesús. Nunca lo escuchó predicar ni lo vio curar, ni lo siguió en medio de las multitudes. Nunca lo vio reprender al viento; él sólo vio la manera en que murió. Pero eso me todo lo que necesitó este soldado curtido por el sol y por el viento para dar un gigantesco paso de fe. «Ciertamente, este era un hombre recto».Eso dice mucho, ¿no es verdad? Dice que la rueda de caucho de la fe encuentra el camino de la realidad solamente bajo la dureza. Dice que lo verdadero de la creencia de alguien se revela en el dolor. Lo genuino y el carácter quedan al descubierto en la desgracia. La fe no está en su mejor concepción cuando vamos vestidos de tres piezas los domingos por la mañana o a las escuelas bíblicas de verano. La fe se manifiesta en su mejor forma en las camas de los hospitales, en las salas de cáncer, y en los cementerios. Tal vez eso fue lo que movió a este viejo y curtido soldado. La serenidad en el sufrimiento es un conmovedor testimonio. Cualquiera puede predicar un sermón en un monte rodeado por margaritas. Pero sólo alguien con unas entrañas llenas de fe puede vivir un sermón en una montaña de dolor.

Casi es una palabra triste en cualquier diccionario. «Casi». Va junto con «cerca», «la próxima vez» «si solamente». Es una palabra que suaviza las oportunidades perdidas, los esfuerzos abortados y las oportunidades que no hemos aprovechado. Es una mención honorable, algo que aparece como correcto. Es lo que da en el punto. Y es lo que justifica las galletas quemadas. Casi. Lo que se fue. La venta que por poco se hace. El juego que casi hacemos nuestro. Casi.

Dios, mientras tanto, nunca entra en una pelea con Satanás. La verdad no necesita ser gritada. Él está allí permanente y tranquilamente defendiendo su verdad. Siempre presente. Nada de trucos, nada de espectáculos, nada de tentaciones, sólo mostrando una abierta prueba de su realidad. Las reacciones de la gente varían. Algunos corren inmediatamente al vendedor de veneno. Otros se vuelven rápidamente al Príncipe de Paz. La mayoría de nosotros, sin embargo, somos atrapados en algún punto entre los argumentos de la multitud que pertenece a Satanás y entre los que oímos el mensaje de Dios.

Para aquéllos de nosotros que, como los apóstoles, hemos dado la vuelta y hemos corrido cuando deberíamos haber permanecido y peleado, este pasaje está saturado de esperanza. Un corazón arrepentido es todo lo que Él demanda. ¡Salga de las sombras! ¡Salga de su escondite! Un corazón arrepentido es suficiente para permitir que el mismo Hijo de Dios atraviese nuestras paredes de culpa y de vergüenza. Él, que perdonó a sus seguidores, está allí listo para perdonar al resto de nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es volver.

Juan nos enseña que la más fuerte relación con Cristo no es necesariamente una relación complicada. Él nos enseña que los lazos más grandes de lealtad son tejidos, no con teologías demasiado profundas o con necias pruebas de filosofía, sino de amistad. Inquebrantable, desinteresada, gozosa amistad. Después de testificar su inquebrantable amor, nos quedamos con un ardiente deseo de tener un amor como ese. Nos quedamos sintiendo que si pudiéramos haber estado en las sandalias de alguno ese día, habríamos estado en las del joven Juan y hubiéramos sido los únicos en ofrecerle una sonrisa de lealtad a nuestro querido Señor.

Se requiere mucha más fe para creer que Jesús puede pasar por alto mis traiciones que la requerida para creer que Él se levantó de los muertos. Ambas cosas son igualmente milagrosas.

La gracia no tiene por qué ser lógica. Si lo fuera, no sería gracia.

Busque en Marcos, capítulo 16. Lea los primeros cinco versículos que hablan de la sorpresa de las mujeres cuando encontraron removida la piedra y puesta a un lado. Luego alégrese en esa hermosa frase dicha por el ángel «Él no está aquí, ha resucitado», pero no se detenga allí demasiado tiempo. Avance un poco más. Tenga su lápiz listo y disfrute de esta joya en el séptimo versículo (aquí viene). El versículo dice así: «Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro, que El va delante de vosotros a Galilea». ¿Lo vio? Véalo otra vez. (Esta vez lo pondré en bastardillas.) «Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro, que Él va delante de vosotros a Galilea». Ahora dígame si ese no es un tesoro escondido. Me gustaría parafrasear las palabras: «No se queden aquí, vayan a sus discípulos —una pausa, luego una sonrisa —¡y digan especialmente a Pedro! que Él va delante de ustedes a Galilea». ¡Qué línea esta! Es como si todos los cielos hubieran visto la caída de Pedro —y es como si todos los cielos hubieran querido ayudarlo a levantarse de nuevo. «Estén seguros y díganle a Pedro que él no ha sido dejado a un lado. Díganle que una caída no significa que todo se vino abajo». ¡Increíble! No se maraville que lo llamen el evangelio de la segunda oportunidad. No existen muchas segundas oportunidades en el mundo de hoy en día. No hay muchas segundas oportunidades. Ahora, más que nunca, es «ahora o nunca». «Aquí no toleramos la incompetencia». «No hay mucho espacio en la cima». «Tres golpes y usted queda afuera».

No todos los días usted encuentra alguien que le dará una segunda oportunidad —mucho menos alguien que le dará una segunda oportunidad todos los días. Pero en Jesús, Pedro encontró las dos cosas.

La mayoría de nosotros somos de la misma manera ¿Verdad? En nuestro mundo de presupuestos, de planes cuidadosamente hechos y de avanzadas computadoras, ¿no nos parece muy difícil confiar en lo increíble? ¿No tenemos la mayoría de nosotros la tendencia a escudriñar la vida detrás de todos los acontecimientos con seños fruncidos y caminando con pasos cautelosos? Es difícil para nosotros imaginar que Dios pueda sorprendernos. Hacer un pequeño espacio para milagros, ahora, no suena como algo razonable. Como resultado, nosotros, al igual que Tomás, encontramos muy difícil creer que Dios puede hacer todas las cosas como a El le parece mejor, como por ejemplo reemplazar la muerte con la vida. Nuestras nada fértiles imaginaciones guardan poca esperanza de que lo improbable ocurrirá. Nosotros, entonces, al igual que Tomás, dejamos que nuestros sueños caigan víctimas de la duda. Cometemos la misma equivocación que Tomás cometió: Olvidamos que lo «imposible» es una de las palabras favoritas de Dios. ¿Cómo es en su caso? ¿Qué pasa con usted? ¿Cómo es su imaginación en estos días? ¿Cuándo fue la última vez que usted dejó que alguno de sus sueños fueran anulados por su lógica? ¿Cuándo fue la última vez que usted se imaginó lo inimaginable? ¿Cuándo fue la última vez que usted soñó en un mundo unido de paz, o en todos los creyentes unidos en fraternidad? ¿Cuándo fue la última vez que usted soñó en el día en que toda boca será alimentada y toda nación orará en paz? ¿Cuándo fue la última vez que usted soñó en que toda criatura sobre la tierra oiría acerca del Mesías? ¿Ha pasado ya un buen tiempo desde que usted proclamó la promesa de Dios de que Él «es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos»?

Es un poco irónico que el entierro de Jesús fuera realizado, no por aquellos que habían declarado que jamás lo dejarían, sino por dos miembros del Sanedrín —dos representantes del grupo religioso que lo mató. Pero luego, una vez más, de todos los que estuvieron en deuda con este cuerpo quebrantado, ninguno fue tanto como esos dos. Muchos habían sido librados de los profundos pozos de la esclavitud y de la enfermedad. Muchos habían sido encontrados en los túneles más oscuros. Túneles de perversión y muerte. Pero ningún túnel fue nunca más oscuro que el túnel del que estos dos habían sido rescatados: el túnel de la religión.

Usted no puede ir a la cruz sólo con su cabeza y no con su corazón. Esto no funciona de esta manera. El calvario no es un viaje mental. No es un ejercicio intelectual. No es un cálculo divino o un frío principio teológico. Es una hora de emoción nacida de lo más profundo del corazón.

Dios usó (y usa) personas para cambiar el mundo. ¡Personas! No santos ni superhombres ni genios, sino personas. Ladrones, adulones, amantes y mentirosos —Él los usa a todos ellos. Y lo que ellos pueden carecer en perfección, Dios se los da en amor.

Estamos demasiado ocupados para estar contentos. (Lo cual es una locura, puesto que la razón por la que nos matamos ahora es porque pensamos que esto nos contentará mañana). «No ahora, gracias. Tengo mucho que hacer», decimos.

Aquí están esos soldados comunes, contemplando el evento más extraordinario del mundo y ellos no lo saben. Hasta donde se dan cuenta, esta es otra mañana de viernes, y Él es nada menos que otro criminal. ¡Apresúrate; es mi turno!» «Muy bien, muy bien. Este tiro va por las sandalias». Lanzando suertes por las posesiones de Cristo. Las cabezas inclinadas. Los ojos hacia abajo. La cruz olvidada. El simbolismo es impactante. ¿Lo ven ustedes? Esto me hace pensar en nosotros. Los religiosos. Aquellos que reclamamos la herencia de la cruz. Estoy pensando en todos nosotros. Todos los creyentes en la tierra. Los que no les importa. Los perdidos. Los estrictos. Los simples. La iglesia más grande. La iglesia más pequeña. Los «llenos del espíritu». Milenialistas. Evangélicos. Políticos. Místicos. Literales. Cínicos. Mantos. Collares. Trajes de tres piezas. Nacidos de nuevo. Usuarios de amenes. Estoy pensando en nosotros. Estoy pensando que no somos tan diferentes de aquellos soldados. (Siento mucho decirlo). Nosotros también jugamos dados al pie de la cruz. Competimos por miembros. Jugamos por el estatus. Impartimos juicios y condenas. Competencia. Egoísmo. Ganancia personal. Todo está allí. No nos gusta lo que el otro hizo, así que tomamos la sandalia que ganamos y nos alejamos en un santiamén. Tan cerca del madero, sin embargo, tan lejos de la sangre. Estamos muy cerca del mayor acontecimiento del mundo, pero actuamos como comunes jugadores de juegos de azar. Amontonados en grupos que altercan y pelean por millones sin importancia.

Tan cerca de la cruz pero tan lejos de Cristo.

La próxima vez que la niebla lo encuentre, usted haría bien en recordar a Jesús en el jardín. La próxima vez que usted piense que nadie entiende, vuelva a leer el capítulo catorce de Marcos. La próxima vez que su autocompasión lo convenza de que nadie se preocupa, haga una visita al Getsemaní. Y la próxima vez que usted se pregunte si Dios realmente percibe el dolor que prevalece en este polvoriento planeta, escúchelo suplicar entre los árboles torcidos. Este es mi argumento. Ver a un Dios como este nos hace maravillarnos de nuestro propio sufrimiento. Dios nunca fue más humano que en esta hora. Dios nunca estuvo más cerca de nosotros que cuando sufrió. La Encarnación nunca fue tan cumplida como en el jardín.

Si es verdad que en el sufrimiento Dios es más semejante al hombre, tal vez en nuestro sufrimiento podamos ver a Dios como nunca antes. La próxima vez que usted sea llamado a sufrir, preste atención. Puede que esté lo más cerca que nunca ha estado de Dios. Obsérvelo muy de cerca. Podría muy bien ser que la mano que se extiende hacia usted para sacarlo de la niebla sea una mano horadada

Cuando cesa el placer de la indulgencia, empieza el anhelo de alivio.

Usted no puede hacer eso por sí mismo. No importa a cuántos servicios de adoración asista o buenas obras haga, su bondad es insuficiente. Usted no puede ser lo suficientemente bueno para merecer perdón.[…] Por eso es que tenemos culpabilidad en el mundo. Por eso es que necesitamos un salvador. Usted no puede perdonar mis pecados ni yo puedo perdonar los suyos.

Usted conoce sus debilidades. Además conoce las situaciones en las cuales sus debilidades son más vulnerables. Manténgase alejado de aquellas situaciones. Asientos traseros. Horas avanzadas. Clubes nocturnos. Juegos de poker. Partidas de Bridge. Teatros. Ciertas películas. Cualquier cosa que le dé entrada a Satanás en su vida, manténgase alejado de aquello. ¡Tenga cuidado!

El amor de Cristo no tiene nada de eso. Ninguna exigencia, ninguna expectativa, ninguna agenda escondida, ningún secreto. Su amor por nosotros fue —y es— de frente y limpio. «Yo te amo —dice El—, aunque tú me desilusiones. Te amo a pesar de tus errores».

La cosa más consistente de la vida tiene que ser su inconsistencia.

El Trueno Apacible

Max Lucado.

Grandes reflexiones que el Autor nos hace para conocer a Dios desde diferentes perspectivas. Basado en el evangelio de Juan, Max Lucado nos recuerda que la voz del Señor está ahí, como trueno apacible, esperando, alentando, perdonando, cuidando. La decisión está en nosotros. Excelente alegoría de la muerte. Calificación de 9.5
El Trueno Apacible

El Trueno Apacible

He aquí una pregunta clave: ¿Cuánto quieres que Dios haga para prestarte atención? Si Él tuviera que escoger entre tu seguridad eterna y tu bienestar terrenal, ¿qué crees que escogería? No te apresures en contestar. Piensa un poco.

Dios susurrará. Gritará. Tocará y forcejará. Nos despojará de nuestras cargas; y aun nos quitará nuestras bendiciones. Si hay mil pasos entre nosotros y Dios, Él los dará todos, menos uno. A nosotros nos corresponderá dar el paso final. La decisión es nuestra. Por favor, entiende. Su meta no es hacerte feliz. Su meta es hacerte suyo. Su meta no es darte lo que quieres; es darte lo que necesitas. Y si eso significa una o dos sacudidas para que vuelvas a tu asiento, lo hará. La molestia terrenal es un agradable cambio para la paz celestial. Jesús dijo: «En el mundo habréis de sufrir; pero tened valor, pues yo he vencido al mundo» ( Juan 16:33 ).

Amor es amor sólo si se escoge.

Lo que quité de ti lo quité no por tu mal, sino para que lo buscaras en mis brazos.

Si alguien está en Cristo, es porque Él lo ha llamado. Cristo puede usar un sermón. Puede inspirar una conversación. Puede hablar a través de una canción. Pero en todos los casos, es quien llama.

Peguntó Natanael: —¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?
Felipe le contestó: —Ven y compruébalo. Juan 1:46

¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? Ven y compruébalo. Ven y comprueba las vidas cambiadas: el alcohólico ahora es sobrio, el amargado ahora tiene gozo, el avergonzado ahora es perdonado. Ven y comprueba los matrimonios reconciliados, los huérfanos adoptados, los presos inspirados. Viaja hasta la selva y escucha los tambores marcando alabanzas. Entra a hurtadillas por los rincones del comunismo y comprueba que los creyentes adoran bajo amenaza de muerte. Camina por las celdas de los condenados a muerte y nota al preso que aunque el hombre condenó, Dios lo liberó. Aventúrate en las cárceles y los calabozos del mundo y escucha las canciones de los salvos que rehúsan mantenerse en silencio.

Ven y compruébalo. Él no evita a quienes indagan. No pasa por alto a quienes investigan. No teme a los que buscan. Ven y compruébalo. Natanael vino. Y Natanael comprobó. Y Natanael descubrió: «Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Una cosa es sufrir cuando hacemos algo malo. Y otra muy diferente cuando sufrimos por hacer lo bueno. Pero sucede. Y cuando se desata la tormenta, barre con la ingenua suposición de que si hago lo debido, nunca sufriré. Si no, pregúntale a la fiel pareja cuya cunita está vacía y cuyo vientre es estéril. O pregúntale al hombre de negocios cuyo trabajo honesto fue recompensado con una galopante inflación. O pregúntale al estudiante que optó por la verdad y consiguió menosprecio, al maestro de Escuela Dominical que se hizo cargo de una clase y terminó agotado, o al esposo que perdonó a su esposa sólo para que lo volvieran a engañar. Y así el viento sopla. Y el bote se estremece. Y los discípulos se preguntan: «¿Por qué esta tempestad, y dónde está Jesús?» Ya es bastante malo estar metido en medio de la tempestad, ¿y además de eso estar solo?

¿Cómo supo el momento oportuno? No lo sé. ¿Por qué resultó mejor la hora novena que la cuarta o la quinta? No puedo responderlo. ¿Por qué Dios espera hasta que el dinero se acaba? ¿Por qué espera hasta que la enfermedad se prolonga? ¿Por qué decide esperar hasta estar al otro lado de la tumba para contestar las oraciones de sanidad? No lo sé. Sólo sé que su tiempo es siempre el correcto. Sólo puedo decir que Él siempre hará lo mejor. «¿Acaso Dios no defenderá a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Los hará esperar?» ( Lucas 18:7 ).

La ruta directa desde Egipto a Israel habría tomado sólo once días a pie. Pero Dios llevó a los israelitas por el camino largo, que les llevó cuarenta años. ¿Por qué lo hizo? Lee cuidadosamente la explicación. Acordaos de todo el camino que el Señor vuestro Dios os hizo recorrer en el desierto durante cuarenta años para humillaros y poneros a prueba, a fin de conocer vuestros pensamientos y saber si ibais a cumplir o no sus mandamientos. Y aunque os hizo sufrir y pasar hambre, después os alimentó con maná, comida que ni vosotros ni vuestros antepasados habíais conocido, para haceros saber que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de los labios del Señor. Durante esos cuarenta años no se os envejeció la ropa, ni se os hincharon los pies ( Deuteronomio 8:2–4 ). Mira lo que Dios hizo en el desierto. Les quitó a los israelitas su orgullo. Probó sus corazones. Les demostró que podía proveer para sus necesidades. ¿Quería Dios que los hijos de Israel alcanzaran la tierra prometida? Por supuesto que sí. Pero Dios estaba más interesado en que llegaran preparados que en que llegaran pronto.

¿No es suficiente que por la mañana esas manos vayan a ser taladradas? ¿También deben restregar esta noche la mugre? Y los discípulos … ¿merecen tener los pies lavados? Sus sentimientos se han debilitado; sus lealtades se han tambaleado.

Jesús, no les laves los pies. Diles que te los laven a ti. Esto es lo que queremos decir. ¿Por qué? ¿Por la injusticia? ¿Porque no queremos ver a nuestro Rey haciendo el papel de siervo? ¿Dios sobre sus manos y rodillas mientras su cabello cae alrededor de su rostro? ¿Nos resistimos porque no queremos ver a Dios lavando pies? ¿O porque no queremos hacer lo mismo?

No puedo entender cómo Dios puede ser tan amable con nosotros, pero lo es. Se arrodilla ante nosotros, toma nuestros pies en sus manos y los lava. Por favor, entiende que en el acto de lavar los pies a sus discípulos, Jesús lava los nuestros. Tú y yo estamos presentes en esta historia. Estamos sentados a la mesa. Esos somos nosotros, a los que nos lavan no de nuestra suciedad, sino de nuestros pecados.

Poner nuestros pies en la palangana de Jesús es poner las partes más inmundas de nuestras vidas en sus manos. En el antiguo Oriente, los pies de la gente estaban llenos de costras de barro y polvo. El siervo de la fiesta se preocupaba porque los pies estuvieran limpios. Jesús asume el papel de siervo. Va a lavar las partes más sucias de tu vida. Si lo dejas. El agua del Siervo se vierte únicamente cuando confesamos que estamos sucios. Cuando confesamos que estamos llenos de costras inmundas, que hemos andado por caminos prohibidos y seguido sendas equivocadas.

Si Dios no hubiera dicho esas palabras, sería un tonto en escribirlas. Pero como ya las dijo, sería un tonto al no creerlas. Nada nos puede separar del amor de Cristo … pero cuán difícil es para algunas personas aceptar esta verdad.

La Biblia es la historia de dos huertos. El de Edén y el de Getsemaní. En el primero, Adán tuvo una caída. En el segundo, se levantó Jesús. En el primero, Dios buscó a Adán. En el segundo, Jesús buscó a Dios. En Edén, Adán se escondió de Dios. En Getsemaní, Jesús se levantó de la tumba. En Edén, Satanás llevó a Adán a un árbol que lo llevaría a la muerte. Desde Getsemaní, Jesús fue a uno que nos lleva a la vida.

Precioso Padre, alabo tu nombre. Tú has recuperado mucho en mi vida. Estaba perdido y tú me encontraste. Estaba confundido y tú me guiaste. No tenía nada que ofrecerte, pero aun así me amaste. Te confieso que sigo estando en necesidad. Hay una parte de mi vida que necesita que la toques. Satanás está tratando de conquistar un huerto en mi corazón. No le permitas que triunfe. Échalo fuera. Él es un mentiroso y lo ha sido desde el principio. Por favor, derrótalo. Te daré la gloria. Esta es el área donde necesito fortaleza ______________________.

La gente dice que la vida comienza a los cuarenta. Pero también se empieza a acortar la vista, aparece la artritis y la tendencia de contar tres veces el mismo chiste a la misma persona.

Sabes que te estás poniendo viejo cuando tratas de alisar las arrugas de tus calcetines, sólo para darte cuenta que no los tienes puestos.

¿Es la muerte dormirse? ¿O es despertarse?

¿No es que Él, sabiendo más que nosotros, nos lleva al lugar de descanso que creó? Para Dios, la muerte no es una tragedia. En la economía de Dios, el fin del cuerpo es el comienzo de la vida.

A propósito, a menudo pienso que es curioso la poca gente que resucitó Jesús de la muerte. Sanó a cientos y alimentó a miles, pero hasta donde sabemos, sólo resucitó a tres: a la hija de Jairo, al joven de Naín y a Lázaro. ¿Por qué tan pocos? ¿Sería porque estaba consciente de que no les hacía ningún favor? ¿Sería porque no podía conseguir voluntarios? ¿Sería porque una vez que alguien está allí, al último lugar que le gustaría volver es aquí? Debemos confiar en Dios. No sólo debemos confiar en que Él hace lo mejor, sino también que conoce lo que está por delante. Piense en estas palabras de Isaías 57:1–2 : «Los hombres honrados mueren, y nadie se preocupa; los hombres buenos desaparecen, y nadie entiende que al morir se ven libres de los males y entran en la paz». ¡Qué pensamiento! Dios los libra de los días malos venideros. ¿Podría ser la muerte gracia de Dios? ¿Podría el arreglo floral ser el anillo de seguridad de Dios? ¿Por qué un niño de ocho años de edad muere de cáncer? ¿Por qué se separa a una joven madre de sus niños? Tan horrible como sería la tumba, ¿podría ser la protección de Dios del futuro? Confiad en Dios, dice Jesús, y confiad también en mí.

Emoción sin conocimiento es tan peligroso como conocimiento sin emoción.

El Dios único, nuestro Salvador, tiene poder para cuidar de que no caigáis, y presentaros sin mancha y llenos de alegría ante su gloriosa presencia. A Él sea la gloria, la grandeza, el poder y la autoridad, por nuestro Señor Jesucristo, antes, ahora y siempre. Así sea ( Judas 24–25 ).

De repente, alguien le dice: «¿No temes a Dios …?» Es la voz del primer criminal. «Nosotros padecemos con toda razón, pues recibimos el justo pago de nuestros actos; pero este no ha hecho nada malo» ( Lucas 23:41 ). Finalmente, aparece alguien que defiende a Jesús. Pedro voló. Los discípulos se escondieron. Los judíos acusaron. Pilato se lavó las manos. Muchos pudieron haber hablado en favor de Jesús, pero nadie lo hizo. Hasta ahora. Palabras amables de labios de un ladrón. Y hace su ruego. «Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar» ( Lucas 23:42 ).

Soy de los que nunca saben qué decir en un momento dado y luego paso la semana entera pensando y diciéndome: «Debí haberle dicho …»

La fidelidad de Dios nunca ha dependido de la fidelidad de sus hijos. Él es fiel aunque nosotros no lo seamos. Cuando nos desanimamos, Él no se desanima. Él ha hecho la historia usando a personas, a pesar de las personas.

Dios da sus bendiciones según las riquezas de su gracia, no según la profundidad de nuestra fe.

Un gato que camina en dos patas sigue siendo un gato. Se le puede cambiar el vestuario. Se le pueden enseñar algunos trucos. Se le puede poner un sombrero y entrenarlo para que camine en dos patas. Y por un momento parecerá haber cambiado. Pero preséntate ante él con algo que no pueda resistir y se va a enfrentar a una verdad innegable: un gato que camina en dos patas sigue siendo un gato. Lo mismo es cierto con las personas. Podemos cambiar de traje. Podemos cambiar nuestros hábitos. Podemos cambiar nuestro vocabulario, nuestro nivel de lectura e incluso nuestras actitudes. Pero según la Biblia, hay una cosa que no podemos cambiar: nuestro estado pecaminoso.

He aquí (me atrevo a decirlo) el más grande milagro de Dios. Es maravilloso cuando Dios sana el cuerpo. Es extraordinario cuando Dios escucha la oración. Es increíble cuando Dios provee un nuevo trabajo, un nuevo automóvil, un nuevo hijo. Pero nada de esto es comparable a cuando Dios crea una nueva vida.

El primer nacimiento fue para la vida terrenal; el segundo para la vida eterna. La primera vez recibimos un corazón físico; la segunda vez recibimos un corazón espiritual. El primer nacimiento nos capacitó para tener vida sobre la tierra. El segundo nacimiento nos capacita para tener vida eterna.

A menudo, Dios es más paciente con nosotros que nosotros con nosotros mismos. Suponemos que si caemos, no hemos nacido de nuevo. Si tropezamos, no estamos realmente convertidos. Si tenemos los viejos deseos, no somos una nueva creación. Si estás preocupado por esto, por favor, recuerda: «Dios, que comenzó a hacer en vosotros su buena obra, la irá llevando a buen fin mientras llega el día en que Jesucristo regrese» ( Filipenses 1:6 ).

Un problema bien establecido es un problema medio solucionado. John Dewey

¿Qué nos hace pensar en la oración como la última opción, en lugar de la primera? Puedo pensar en dos razones: sentido de independencia y sentido de insignificancia. A veces somos independientes. Empezamos a creer que somos lo suficientemente grandes como para resolver nuestros problemas. […] Otras veces no nos sentimos independientes; nos creemos insignificantes. Pensamos: «Sin duda, María puede ir con sus problemas a Jesús. Total, es su madre. Pero a Él no le interesan mis problemas. Aparte de eso, tiene las hambrunas y la Mafia con lo cual luchar. No quiero molestarlo con mis problemas».

Después de todo, Dios te pide que des pasos bastante arriesgados. El dinero escasea, pero aun así, Él te pide que des. Te han ofendido, pero aun así te pide que perdones al que te ofendió. Alguien más falló en la tarea, pero Él todavía te pide que seas paciente. No puedes ver el rostro de Dios, pero aún te pide que ores. No son instrucciones para los de poca fe. Pero, de todas formas, Él no te pedirá hacerlo si cree que tú no puedes. Sigue adelante. La próxima vez que enfrentes una calamidad común, sigue el ejemplo de María en la boda donde faltó el vino: Identifica el problema. (Ya tendrás el cincuenta por ciento resuelto.)
Preséntaselo a Jesús. (Él se sentirá feliz en ayudar.)
Haz lo que te diga. (No importa que parezca una locura.)

Nos necesitamos los unos a los otros. No todos tocamos el mismo instrumento. Algunos creyentes son altivos, en tanto que otros son constantes. Algunos marchan mientras que otros dirigen la banda. No todos producimos el mismo sonido. Algunos son suaves, otros fuertes. Y no todos tenemos la misma habilidad. Algunos necesitan estar en el primer plano, izando la bandera. Otros necesitan estar detrás, haciendo el acompañamiento. Pero cada uno tiene su lugar.

Cada iglesia necesita una Marta. Pongámoslo de esta manera. Cada iglesia necesita a cientos de Martas. Arremangadas y dispuestas, mantienen el ritmo de la iglesia. Gracias a las Martas, en la iglesia el presupuesto se mantiene balanceado, los bebés tienen a personas que los mecen y se construye su edificio. Las Martas no se aprecian sino hasta que se van, y entonces todas las Marías y los Lázaros andan desesperados buscando las llaves y los termostatos y los proyectores.

Las Marías tienen el don de la alabanza. No sólo cantan; adoran. No simplemente asisten a la iglesia; van para ofrecer alabanza. No sólo hablan de Cristo; irradian a Cristo. Las Marías tienen un pie en el cielo y el otro en una nube. No es fácil para ellas bajar a la tierra, pero a veces necesitan hacerlo. A veces necesitan que se les recuerde que hay cuentas que pagar y clases que enseñar. Pero no lo recuerdes con mucha aspereza. Las flautas son frágiles. Las Marías son almas preciosas con corazones delicados. Si han encontrado un lugar a los pies de Jesús, no les pida que lo dejen. Es mucho mejor pedirles que oren por ti.

Dios le dio a Marta un bombo de servicio. Dios dio a María una flauta de alabanza. Y Dios dio a Lázaro una trompeta. Y él se paró en el centro del escenario y la tocó.

Al tratar de comprarte el regalo que me haces he menospreciado tu gesto. Te he robado el gozo de dar.

Tú puedes ser decente. Puedes pagar los impuestos y besar a tus hijos y dormir con una conciencia limpia. Pero sin Cristo no eres santo. Entonces, ¿cómo puedes ir al cielo? Solamente creyendo. Acepta la obra ya hecha, la obra de Jesús en la cruz.

Un buen labrador hará lo que sea necesario para ayudar a la vid a dar fruto. ¿Cuál es el fruto que Dios quiere? Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (véase Gálatas 5:22–23 ). Estos son los frutos del Espíritu. Y esto es lo que Dios desea ver en nosotros. Y como un buen labrador, cortará y sacará cualquiera cosa que interfiera con sus deseos.

Sin duda has visto labradores reacomodando una planta y a lo mejor has visto a Dios reacomodando una vida. ¿Se desarraigó una familia y se llevó a otra ciudad para que aprendiera a confiar en Dios? ¿Es la enfermedad repentina de una persona, antes muy saludable, un recordatorio a confiar en el Labrador? ¿Son los pobres ingresos económicos la manera en que Dios quiso levantarte del suelo del yo y llevarte más cerca de Él? ¿Es la elección de dirigentes con motivos y moralidad cuestionables la vía que Dios utiliza para animar al pueblo a un avivamiento?

HOY EN DÍA , jamás contratarían a Juan el Bautista. Ninguna iglesia querría tener nada que ver con él. En relaciones públicas fue un desastre. «Juan iba vestido de ropa hecha de pelo de camello, la cual sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; y comía langostas y miel del monte» ( Marcos 1:6 ). ¿Quién querría ver todos los domingos a un tipo así? Su mensaje era tan rudo como su vestuario: sin rodeos ni pelos en la lengua retaba al arrepentimiento porque Dios venía en camino. A Juan no le interesaba si eras judío, sacerdote, bautista o los tres juntos. Lo que le interesaba era que te despabilaras y te pusieras a cuenta con Dios porque Él viene y esto no es una probabilidad. Es absolutamente cierto.

No tienes que ser como el mundo para impactar en el mundo. No tienes que ser como las multitudes para cambiar las multitudes. No tienes que rebajarte a sus niveles para llevarlos a tu propio nivel. No tienes que ser ningún fenómeno. No tienes que usar ropa de pelo de camello ni comer insectos. La santidad no es ser excéntrico. Es ser como Dios. ¿Quieres marcar una diferencia en tu mundo? Vive en santidad: Sé fiel a tu cónyuge. Sé quien en la oficina se niega a engañar. Sé el vecino que actúa amigablemente. Sé el empleado que hace su trabajo y no se queja. Paga tus cuentas. Haz tu parte y disfruta la vida. No des un mensaje y vivas otro. Fíjate en la última línea de las palabras de Pablo en 1 Tesalonicenses 4:11–12 . Procurad vivir tranquilos y ocupados en vuestros propios asuntos, trabajando con vuestras manos, como os hemos encargado, para que os respeten los de fuera y para que nada os falte.

San Francisco de Asís invitó una vez a un joven monje a acompañarlo a una ciudad a predicar. El novicio se sintió honrado con la invitación. Los dos salieron para la ciudad, recorrieron de arriba a abajo la calle principal, y luego anduvieron por calles secundarias. Conversaron con los transeúntes y saludaron a la gente. Después de algún tiempo volvieron a la abadía por otra ruta. El joven le recordó a San Francisco su propósito original: «Ha olvidado, padre, que vinimos al pueblo a predicar». «Hijo mío», le replicó San Francisco, «hemos predicado. Muchos nos han visto. Observaron cuidadosamente nuestro comportamiento. Nuestras actitudes fueron evaluadas rigurosamente. Todas nuestras palabras han sido oídas. Así predicamos nuestro sermón de esta mañana».

Es más fácil hablar de una persona que ayudarla. Es más fácil discutir sobre la homosexualidad que ser amigo de un homosexual. Es más fácil discutir sobre el divorcio que ayudar a los divorciados. Es más fácil discutir sobre el aborto que apoyar un orfanato. Es más fácil lamentarse sobre el sistema de ayuda social que ayudar a los pobres. Es más fácil poner una etiqueta que amar. Es especialmente fácil hablar de teología. Tales ejercicios nos hacen sentirnos justos. Como los fariseos.

¿Qué dirías si Dios hiciera eso mismo con nosotros? ¿Qué dirías si Dios nos juzgara por nuestra apariencia externa? ¿Qué dirías si nos juzgara basado en el lugar donde crecimos? ¿O por lo que hacemos para ganarnos la vida? ¿O por los errores que cometimos cuando éramos jóvenes?

Todavía tenemos nuestras ideas preconcebidas, ¿verdad? Todavía pensamos que sabemos qué teléfono usa Dios y qué automóvil conduce. Todavía creemos saber cómo es su apariencia. Pero sabemos que nos ha dado sorpresas. Esperamos que Dios nos hable a través de la paz, pero a veces nos habla a través del dolor. Pensamos que Dios habla a través de la iglesia, pero también habla a través de los perdidos. Esperamos que los evangélicos nos den la respuesta, pero es sabido que Él habla a través de los católicos. Escuchamos de Él entre los católicos, pero lo encontramos entre los cuáqueros. Creemos oírlo en el amanecer, pero también se puede oír en la oscuridad. Lo oímos en los triunfos, pero Él habla aún con más claridad a través de las tragedias. Debemos dejar que Dios se autodefina.

Lucas nos dice que Pedro siguió a Jesús y a sus captores desde lejos (véase Lucas 22:54 ). Ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. Lo suficiente cerca para verlo, pero no tanto como para que lo vieran con Él. El amor hizo que sintiera vergüenza de salir corriendo; el miedo lo hizo sentir vergüenza de acercarse demasiado. Los discípulos escogieron el lado izquierdo del camino y huyeron. Jesús escogió el lado derecho y obedeció. Pero Pedro escogió la franja amarilla del centro del camino.

«Nada de lo que Dios ha creado puede esconderse de Él: todo está claramente expuesto ante aquel a quien tenemos que rendir cuentas» ( Hebreos 4:13 ). Con Dios no podemos tener secretos. Confesión no es decirle lo que hicimos. Él ya lo sabe. Confesión es simplemente estar de acuerdo con Dios que nuestras acciones estuvieron erradas.

Sentirse culpable no es una tragedia; no sentirse culpable sí lo es.

Promesas Inspiradoras de Dios.

Max Lucado.

Como dijera el finado Paco Stanley, más que excelente, excelentísimo compendio de promesas que tenemos disponibles y que podemos recordar en cualquier circunstancia. Aderezadas con pensamientos del autor obtenidos de sus libros, es una muy buena opción para recordar a quién tenemos por Señor. Calificación de 10.
Promesas Inspiradoras de Dios

Promesas Inspiradoras de Dios

VALOR

Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. Isaías 43.1–3

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia … Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. Isaías 41.10,13

¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas. Salmo 31.19–20

Responde la gran pregunta de la eternidad, y las pequeñas interrogantes de la vida tomarán su verdadera perspectiva.

FE

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve … Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía … Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11.1, 3, 6

Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos … Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven… 2 Corintios 4.8–9 , 16–18

Dios dice que cuanto más desesperanzadoras son tus circunstancias, más cercana está tu salvación. Cuanto mayor es tu necesidad, más genuinas son tus oraciones. Cuanto más oscura es la habitación, mayor es la necesidad de luz. La ayuda de Dios está a la mano, y siempre disponible, pero sólo se le da a quienes la buscan.

CONFORMIDAD

Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1 Timoteo 6.6–10

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús … he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4.6–7 , 11–13

ESPERANZA

El rey no se salva por la multitud del ejército, Ni escapa el valiente por la mucha fuerza … He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia, Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en tiempo de hambre. Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Salmo 33.16 , 18–20

Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. Romanos 8.31–33

Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Lamentaciones 3.22–25

Él no reforma; Él restaura. Él no disfraza lo viejo, sino restaura lo nuevo. El Maestro Constructor sacará el plano original y lo restaurará. Restaurará el vigor. Restaurará la energía. Restaurará la esperanza. Restaurará el alma.

FORTALEZA

Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40.29 , 31

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11.28–30

Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Salmo 46.1 , 11

PACIENCIA

También nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Romanos 5.3–5

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Santiago 1.2–4

AMOR DE DIOS

En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8.37–39

Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, Y tu fidelidad te rodea. Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; Misericordia y verdad van delante de tu rostro. Salmo 89.8 , 14

Los sentimientos de mi hija están heridos. Le digo que para mí ella es especial. Mi hija está lastimada. Haré lo que sea necesario para que se sienta mejor. Mi hija tiene miedo. No dormiré mientras no se sienta segura. No soy un héroe… soy padre. Cuando un hijo siente dolor, un padre hace lo que le nace: ayudar. ¿Por qué no dejo que mi Padre haga por mí lo que estoy más que dispuesto a hacer por mis propios hijos?

MISERICORDIA DE DIOS

Pasando Jehová por delante de Moisés, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares. Éxodo 34.6–7A

El deleite en Dios se recibe mediante la rendición; no se confiere por conquista. El primer paso al regocijo es una súplica de ayuda, una confesión de destitución moral, un reconocimiento de insuficiencia interior. Los que experimentan la presencia de Dios se han declarado en bancarrota espiritual y están conscientes de su crisis espiritual … Sus bolsillos están vacíos. Sus opciones han desaparecido. Desde hace tiempo han dejado de pedir justicia y están suplicando misericordia.

FIDELIDAD DE DIOS

Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones. Deuteronomio: 7.9

PERDÓN DE DIOS

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Isaías 1.18

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. Salmo 32.1–2

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1.9

CONSUELO DE DIOS

Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. Salmo 34.17–18

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. 2 Corintios 1.3–5

Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Salmo 23.4

¿Cómo reacciona Dios ante las esperanzas perdidas? Lee la historia de Jairo. ¿Cómo se siente el Padre con respecto a aquel que está enfermo? Se queda con él en el estanque de Betesda. ¿Anhelas que Dios le hable a tu solitario corazón? Escucha lo que le dice a los discípulos en el camino de Emaús.

BENDICIONES DE DIOS

Él ha provisto para tus necesidades ( Mateo 6.25–34 ). Te ha protegido de males ( Salmo 139.5 ). Te ha adoptado ( Efesios 1.5 ). Y Él te ha dado su nombre ( 1 Juan 3.1 )

DIRECCION DE DIOS

Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Isaías 58.11

GRACIA DE DIOS

No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4.15–16

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2.8–9

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. 1 Pedro 5.10

PODER DE DIOS

Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder? Isaías 14.27

SERVIR A DIOS

Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Colosenses 3.23–24

ALABAR A DIOS

Adoración. En dos mil años no hemos superado nuestros defectos. Aún luchamos por las palabras adecuadas en la oración. Aún manejamos torpemente las Escrituras. No sabemos cuándo arrodillarnos. No sabemos cuándo ponernos de pie. No sabemos cómo orar. La adoración es una tarea que nos atemoriza. Por esa razón Dios nos ha dado los Salmos: un libro de alabanza para el pueblo de Dios. Esta colección de himnos y peticiones está enlazada por un hilo: un corazón que tiene hambre de Dios. Algunos salmos son desafiantes. Otros son reverentes. Algunos son para cantar, otros son para orar. Algunos son intensamente personales. Otros están escritos como si el mundo entero los fuera a repetir. Esa variedad debería recordarnos que la adoración es cosa personal. No existe una fórmula secreta. Cada uno adora en forma diferente. Pero todos debemos adorar.

DAR A DIOS

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. Lucas 6.38

Gozosos hasta el delirio son los que creen que si Dios ha utilizado palos, piedras y escupidas para hacer su voluntad, puede usarnos a nosotros.

LEER LA PALABRA DE DIOS

El que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1.25

ORAR A DIOS

Os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Marcos 11.24–25

Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 2 Crónicas 7.14

Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que hacen mal, Para cortar de la tierra la memoria de ellos. Salmo 34.15–16

AMAR A DIOS

Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero … Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. 1 Juan4.19–21

En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Salmo 56.3–4

CONFIAR EN DIOS

Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. Jeremías 17.7–8

En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Salmo 56.3–4

ADORAR A DIOS

Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. Toda la tierra te adorará, Y cantará a ti; Cantarán a tu nombre. Salmo 66.3–4

La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4.23–24

Adorar es decir «¡gracias!» sin permitir que se nos silencie. Hemos tratado de hacer una ciencia de la adoración. Pero no podemos hacer eso. No lo podemos hacer como no podemos «vender amor» o «negociar la paz». Adorar es un acto voluntario de gratitud que ofrece al Salvador el que ha sido salvo, el que ha sido sanado al Sanador, el que ha sido rescatado al Rescatador.

TENTACION

Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Efesios 6.10–12

El que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 1 Corintios 10.12–13

Tus ojos miran al espejo y ven a un pecador, a un fracasado, a un incumplidor de promesas. Pero mediante la fe miras al espejo y ves a un hijo pródigo con vestidura elegante que lleva el anillo de la gracia en un dedo y el beso del Padre en el rostro. Tus ojos ven tus faltas. Tu fe ve a tu Salvador. Tus ojos ven tu culpa. Tu fe ve su sangre.

CULPA

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios5.17

Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Romanos 8.1

A vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz. Colosenses 2.13–14

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Isaías 43.25

Cuando caemos, podemos restarle importancia. Podemos negarlo. Podemos distorsionarlo. O podemos hacerle frente a la situación. Con Dios no se pueden guardar secretos. La confesión no es decirle a Dios lo que hicimos. Él ya lo sabe. La confesión es sencillamente convenir con Dios en que nuestros actos fueron errados.

La culpa es eso: un sincero remordimiento por decirle a Dios una cosa y hacer otra.

PREOCUPACION

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5.7

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. Juan 14.1

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. Isaías 26.3–4

La preocupación hace que uno se olvide de quién es el que manda. Y cuando te enfocas a ti mismo… te preocupas. Te pones ansioso por muchas cosas. Te preocupas porque tus compañeros de trabajo no te aprecian, tus líderes te hacen trabajar en exceso, tu superintendente no te comprende, o tu congregación no te apoya. Con el paso del tiempo tu agenda llega a ser más importante que la de Dios. Estás más preocupado en presentarte a ti mismo que en agradarle a Él. Y puede que cuando vengas a ver estés dudando del discernimiento de Dios. Dios te ha bendecido con talento. Ha hecho lo mismo con tu prójimo. Si te preocupas por los talentos de tu prójimo, descuidarás los tuyos. Pero si te preocupas por los tuyos, podrás ser de inspiración para ambos.

SUFRIMIENTO

El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. Salmo 91.1–2

Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; Contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, Y me salvará tu diestra. Salmo 138.7

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14.27

Cuando no lo puedas ver, confía en Él … Jesús está más cerca de lo que jamás soñaste.

DUDAS

Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Santiago 1.5

Tomás vino con dudas. ¿Lo rechazó Cristo? Moisés tuvo sus reservas. ¿Lo mandó Dios a que se fuera a su casa? Job tuvo sus luchas. ¿Lo evadió Dios? Pablo tuvo sus momentos difíciles. ¿Lo abandonó Dios? No. Dios nunca rechaza un corazón sincero. Las preguntas difíciles no lo confunden. Él nos invita a investigar. Anótalo. Dios nunca rechaza al que lo busca con sinceridad. Acude a Él con tus preguntas. Puede que no encuentres todas las respuestas, pero al hallar a Dios, has conocido al que tiene las respuestas.

IRA

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo. Efesios 4.26–27

Mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Santiago 1.19–20

DESALIENTO

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Hebreos 10.35–36

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Gálatas 6.9

Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Filipenses 1.6

RESTAURAR RELACIONES ROTAS

Yo pues [Pablo], preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Efesios 4.1–3

Tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 1 Pedro 4.8–10

Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. 1 Tesalonicenses 5.15

Para restablecer una relación es esencial comprender que no hay amistad perfecta, ni matrimonio perfecto, ni persona perfecta. Con la determinación de hacer que la relación sea buena, puedes desarrollar tratados de paz, de amor, de tolerancia y armonía para transformar una situación difícil en algo hermoso.

SUPERAR RESENTIMIENTOS.

¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Romanos 14.10

El que cubre la falta busca amistad; Mas el que la divulga, aparta al amigo. Proverbios 17.9

Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. 1 Pedro 3.8–9

El resentimiento es la cocaína de las emociones. Hace que nuestra sangre se agite y nuestro nivel de energía se eleve. Pero, también al igual que la cocaína, exige una dosis cada vez mayor y más frecuente. Existe un punto peligroso en el que la ira deja de ser una emoción y se convierte en una fuerza motriz. Una persona inclinada a la venganza inconscientemente se aparta cada vez más de la posibilidad de perdonar, pues sin la ira le falta una fuente de energía.

ORAR POR OTROS

Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mateo 18.19–20

Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Santiago 5.16

Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Lucas 6.27–28

Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios. Romanos 15.30

Tengo la certeza de que en la oración existe un gran poder. Creo que Dios sana al herido y levanta al que está muerto. Pero no creo que nos corresponde decirle a Dios lo que tiene que hacer ni cuando debe hacerlo. Dios sabe que, con nuestra limitada visión, ni siquiera sabemos por qué debemos orar. Cuando le encomendamos nuestras peticiones, confiamos en que honrará nuestras oraciones con su santo criterio.

CONFLICTO

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. Romanos 12.17–18

SER PADRES PIADOSOS

Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Y dará alegría a tu alma. Proverbios 29.17

Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor. Efesios 6.4

¿Quién sabe cuántas oraciones están siendo contestadas ahora debido a la fiel reflexión de hace diez o veinte años de un padre?

SERVIR A OTROS

Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite. Deuteronomio 15.7–8

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. Santiago 1.27

Si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Santiago 2.15–16

Muchas veces somos llamados a amar sin esperar nada en recompensa. Momentos en que somos llamados a dar dinero a gente que nunca da las gracias, a perdonar a quienes no nos perdonan, a llegar temprano y quedarnos hasta tarde cuando nadie lo nota. Servicio motivado por el deber. Este es el llamado del discipulado.

Lo que tienes es más importante que lo que no tienes.

HOSPITALIDAD

No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo. Hebreos 13.2–3

COMPASION

Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Gálatas 6.1–3

AUTOESTIMA

Habiendoos despojado del viejo hombre … y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Colosenses 3.9B , 10–11

ARREPENTIRSE DEL ERROR

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 2 Pedro 3.9

Uno ve el amor de Dios y no puede creer que Él te ame como te ama, y esta comprensión nos impulsa a cambiar de vida. Esa es la naturaleza del arrepentimiento.

FIJAR PRIORIDADES

Riquezas, honra y vida Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová. Proverbios 22.4

Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza. Hebreos 6.10–11

CORREGIR ERRORES

El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Proverbios 28.13

El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. Romanos 14.17–19

ENFRENTAR LA DESILUSION

Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. Isaías 55.8 , 12

Cuando Dios no hace lo que queremos, no resulta fácil. Nunca lo ha sido. Nunca lo será. Pero la fe es la convicción de que Dios sabe más que nosotros acerca de esta vida y de que nos llevará a través de ella. Recuerda, la desilusión es causada por expectativas incumplidas. Y se cura con expectativas renovadas. La próxima vez que te desilusiones, no permitas que te sobrecoja el pánico. No te des por vencido. Ten paciencia y deja que Dios te recuerde que Él está todavía en control de todo. Y que nada concluye hasta que no llegue el fin.

LIDIAR CON EL PASADO

Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8.28

¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Salmo 43.5

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3.13–14

HACER LA SELECION CORRECTA

Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. Proverbios 3.5–6

Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir. 1 Pedro 1.14–15

JESUS EL SALVADOR

Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Romanos 10.9

JESUS NUESTRO SEÑOR

Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Filipenses 2.9–11

Ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Romanos 14.7–8

JESUS HA RESUCITADO

Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. 2 Corintios 4.14

Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 1 Tesalonicenses 4.14

JESUS CUIDA DE NOSOTROS

Los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí en adelante habrá más guerra contra ti. 2 Crónicas 16.9

Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Salmo 3.3

Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal. 2 Tesalonicenses 3.3

Amo a Jehová, pues ha oído Mi voz y mis súplicas. Salmo 116.1

JESUS NUESTRA ESPERANZA

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos. 1 Pedro 1.3

Sólo tú puedes entregar tus preocupaciones al Padre. Nadie más puede quitártelas y entregárselas a Dios. Sólo tú puedes depositar todas tus ansiedades en el único que tiene cuidado de ti. ¿Qué mejor manera de comenzar el día que poner tus preocupaciones a sus pies?

JESUS NUESTRO EJEMPLO

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús. Filipenses 2.3–5

EL BUEN PASTOR

Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Salmo 23.1–3

Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Juan 10.11 , 14

El Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Hebreos 13.20–21

Si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Juan 13.14–15

JESUS LLEVA NUESTRAS CARGAS

Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo. Salmo 55.22

Me ha dicho [el Señor]: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12.9–10

NUESTRA SEGURIDAD EN JESUS

A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría. Judas 1:24

Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal. 2 Tesalonicenses 3.3

El mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra. 2 Tesalonicenses 2.16 , 17

La alabanza es la más alta ocupación de cualquier ser. ¿Qué ocurre cuando alabamos al Padre? Restablecemos la adecuada jerarquía; reconocemos que el Rey está en el trono y que Él ha salvado a su pueblo.

Temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad … servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová. Josué 24.14–15

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1.3–4

TEMOR A LA MUERTE

Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 1 Corintios 15.54 , 56

Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2 Corintios 5.1

SENTIRSE ABRUMADO POR PROBLEMAS

Respóndeme, Jehová, porque benigna es tu misericordia; Mírame conforme a la multitud de tus piedades. No escondas de tu siervo tu rostro, Porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme. Acércate a mi alma, redímela; Líbrame a causa de mis enemigos. Salmo 69.16–18

Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Jeremías 29.11–13

RESPUESTAS DE DIOS A NUESTRAS ORACIONES

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Mateo 7.7–8

Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11.6

Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. 1 Juan 5.14–15

AÑORANZA DEL CIELO

¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Salmo 73.25–26

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Juan 14.2–3

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. 1 Corintios 2.9

El único desastre final que puede acontecernos, según he llegado a comprender, es sentirnos como en casa en esta tierra. En tanto que seamos extranjeros, no podemos olvidar nuestra verdadera patria. La infelicidad en esta tierra fomenta el hambre del cielo. Al infundirnos una profunda insatisfacción, Dios nos mantiene atentos. La única tragedia, pues, es sentirnos satisfechos prematuramente. Afincarnos en la tierra. Estar contentos en tierra extraña. No nos sentimos felices aquí porque no tenemos un hogar aquí. No nos sentimos felices aquí porque se supone que aquí no tendremos felicidad. Lo cierto es que somos «extranjeros y peregrinos en este mundo» ( 1 Pedro 2.11 ). Y nunca seremos completamente felices en la tierra, sencillamente porque no fuimos hechos para la tierra. Claro, tendremos momentos de gozo. Y no faltarán destellos de luz. Gozaremos de momentos, y aún de días, de paz. Pero jamás podrán compararse con la felicidad que nos aguarda.

LUCHA CON LO MUNDANO

Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Colosenses 3.2–3

¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Santiago 4.4

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2.15–17

No tienes que ser como el mundo para impactar en el mundo. No tienes que ser como las multitudes para cambiar las multitudes. No tienes que rebajarte a sus niveles para que ellos se elevan al tuyo. La santidad no busca ser excéntrica. La santidad busca ser como Dios.

ENVEJECIMIENTO

Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré. Isaías 46.4

Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan. Salmo 37.25

Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, Y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, Y tu potencia a todos los que han de venir. Salmo 71.17–18

LUCHA POR EL PODER

Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. 1 Corintios 3.18–19

Donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Santiago 3.16–17

Todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo. 1 Pedro 5.5–6

AUTOESTIMA

Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien. Salmo 139.13–14

¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. Mateo 10.29–31

Hay ciertas cosas que puedes hacer que ningún otro puede. Quizás sea la crianza de tus hijos, o la construcción de casas, o dar aliento al desanimado. Hay cosas que sólo tu puedes hacer, y que para hacerlas es que vives. En la gran orquesta que denominamos vida, tú tienes un instrumento y una canción, y tienes el deber ante Dios de ejecutar ambos de manera sublime.

DIOS SATISFARA TUS NECESIDADES

Todo lo que tiene el Padre es mío … De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Juan 16.15 , 23–24

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Filipenses 4.19

DIOS QUIERE QUE TU LE PERTENEZCAS

Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias. Salmo 103.2–4

Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. Sofonías 3.17

La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. 1 Corintios 7.19 , 23

Con todas sus peculiaridades e irregularidades, la Biblia tiene una historia sencilla. Dios hizo al hombre. El hombre rechazó a Dios. Dios no se dio por vencido hasta que lo reconquistó. Dios susurrará. Gritará. Dará toques y tirones. Quitará nuestras cargas, e incluso quitará nuestras bendiciones. Si hay mil pasos entre Él y nosotros, dará todos los pasos menos uno. Dejará el último a nosotros. La decisión es nuestra. Por favor, entiende. Su objetivo no es hacerte feliz. Su objetivo es hacerte suyo. Su meta no es darte lo que quieres, sino darte lo que necesitas.

EL AMOR DE DIOS ES CONSTANTE

Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Salmo 63.1 , 3

Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. Salmo 86.5

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 1 Juan 4.18–19

VIVIR VICTORIOSAMENTE

Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Salmo 100.3

Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz. Salmo 29.11

Haz lo que es correcto esta semana, lo que sea, lo que se presente en el camino, cualesquiera que sean los problemas o dilemas que encares. Haz sencillamente lo que sea correcto. Tal vez nadie más está haciendo lo que es correcto, pero haz lo que es correcto. Sé honrado. Ponte firme. Sé veraz. Después de todo, a pesar de lo que hagas, Dios hace lo que es correcto: te salva con su gracia.

DIOS ESTA AL MANDO

Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Salmo 27.1

He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí? Jeremías 32.27

Los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti. Isaías 54.10

«Cuando el tren atraviesa un túnel y el mundo se oscurece, ¿te tiras del tren? Por supuesto que no. Te sientas tranquilo y confías en que el conductor te sacará de allí». La próxima vez que te sientas desanimado, no caigas en el pánico. No pierdas los estribos. No te des por vencido. Sólo ten paciencia y deja que Dios te recuerde que Él está al timón. La cosa no se acaba hasta que no llegue el fin.

DIOS BENDICE LA CONFORMIDAD

Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo. Salmo 37.7–8

A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos. 1 Timoteo 6.17–18

PECADO

Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Romanos 5.12 , 19

A pesar de lo que hayas hecho, no es demasiado tarde. Por profundo que haya sido el error que has cometido, no es demasiado tarde para excavar, sacar ese error y dejarlo ir, y así ser libre. Lo que hace cristiano a un cristiano no es la perfección, sino el perdón.

SALVACION

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. Romanos 3.23–24

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. 1 Juan 2.1–2

No envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. Juan 3.17 , 36

ARREPENTIMIENTO

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Salmo 32.5

VIDA ETERNA

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Juan 5.24

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10.27–29

Porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» Juan 5.28–29

SANTIFICACION

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. 1 Corintios 6.9 , 11

ORACION

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Mateo 6.6

Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Juan 14.13–14

VIVIR COMO CRISTO

Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. 1 Pedro 4.11

«Los pobres en espíritu … los que lloran … los mansos … los que tienen hambre y sed … los misericordiosos … los de limpio corazón … los pacificadores … los perseguidos». Es a esta banda de peregrinos a quienes Dios promete una bendición especial. Una joya celestial. Una sagrada delicia.

EL CUERPO DE CRISTO

Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. 1 Pedro 2.9

En nuestra fe dejamos huellas para guiar a otros. A un niño, a un amigo, a un recién convertido. A nadie se le debe dejar andar solo el camino. Este sel principio del discipulado.

Cuando Cristo venga.

Max Lucado.

Sobre todo para los que teníamos básicos conocimientos de escatología, el autor hace una clara explicación, a la luz de la Palabra, de lo que puede ocurrir en la Segunda Venida de Cristo. Ahora con estos tiempos que corren, es bueno recordar lo que nos espera. Para bien o para mal. Calificación de 8.5
Cuando Cristo Venga - Max Lucado

Cuando Cristo Venga - Max Lucado

Te han dicho que tus faltas saldrán a la luz. Que tus secretos se conocerán. Se abrirán los libros y se leerán nombres. Tú sabes que Dios es santo. Sabes que tú no lo eres. ¿Cómo no habría de hacer que te sientas incómodo pensar en su retorno?

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí … vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo. Juan 14.1,3

Unas de las palabras más tristes sobre la tierra son: «No hay lugar para ti».

Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. (Luc 2:25) […] De todas las formas de mirar o buscar la que mejor capta lo que quiere decir «esperar la venida» es el término usado para describir la acción de Simeón: prosdechomai. Dechomai quiere decir «esperar». Pros quiere decir «expectante». Combínalos y tendrás el cuadro de alguien que «espera expectante». La gramática es pobre, pero la imagen es grande. Simeón estaba esperando; ni exigiendo ni apurando las cosas. Solo esperando.

La espera de lo que ha de ocurrir en el futuro no es licencia para irresponsabilidad en el presente. Esperemos expectantes, pero esperemos.

Simeón nos recuerda que debemos «esperar expectantes». Vigilar pacientemente. Pero no tan pacientes que dejemos de vigilar. Ni tan vigilantes que dejemos de ser pacientes.

La resurrección de Jesús es prueba y un anticipo de la nuestra.

Gracias a la resurrección, todo cambia. Cambia la muerte. Se creía que era el final; ahora es el principio. Cambia el cementerio. La gente iba allí una vez a decir adiós; ahora va a decir: «Pronto estaremos juntos de nuevo». Hasta los ataúdes cambian. Ya no son más una caja donde escondemos los cuerpos, sino que son un capullo en el cual el cuerpo se guarda hasta que Dios lo libere para que vuele.

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza ( 1 Ts 4.13 ).

Más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor ( 2 Co 5.8 ). En la Segunda Venida de Cristo nuestros cuerpos resucitarán. Pero obviamente en este versículo Pablo no está hablando de eso. De otra manera no habría usado la frase «ausentes del cuerpo». Pablo está describiendo una fase después de nuestra muerte y antes de la resurrección de nuestros cuerpos. Durante este tiempo estaremos «presentes al Señor».[…] El mensaje primario de este pasaje es la gracia ilimitada y sorprendente de Dios. El alma del creyente va a donde está el Señor, mientras que el cuerpo aguarda la resurrección.

Aunque el cuerpo de Esteban estaba muerto, su espíritu estaba vivo. Aunque su cuerpo fue sepultado, su espíritu estaba en la presencia del propio Jesús. Alguien puede no estar de acuerdo con este pensamiento. Y proponga un período intermedio de purgación, un lugar en el cual somos castigados por nuestros pecados. Este «purgatorio» es el lugar donde, por un período indeterminado de tiempo, recibimos lo que merecen nuestros pecados para que podamos recibir justamente lo que Dios ha preparado. Pero dos cosas me molestan sobre esta enseñanza. Por un lado, ninguno de nosotros puede soportar lo que nuestros pecados merecen. Por el otro, Jesús ya lo hizo. La Biblia enseña que la paga del pecado es muerte, no purgatorio (véase Ro 6.23 ). La Biblia también enseña que Jesús llegó a ser nuestro purgatorio y llevó nuestro castigo: «Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» ( Heb 1.3 ). No hay purgatorio porque el purgatorio tuvo lugar en el Calvario.

Entre la muerte del cuerpo y el regreso de nuestro Salvador […] Las Escrituras nos aseguran que nuestra alma está viva aunque nuestro cuerpo ha sido sepultado. Este es un período intermedio en el cual estamos «ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» ( 2 Co 5.8 ). Al momento de morir, nuestras almas se trasladan inmediatamente a la presencia de Dios mientras esperamos la resurrección de nuestros cuerpos. ¿Y cuándo tendrá lugar esta resurrección?, piensas. Cuando Cristo venga. «Cuando Cristo venga otra vez, los que son suyos resucitarán a vida, y entonces vendrá el fin» ( 1 Co 15.23–24 ).

Tu habitación acostumbraba ser robusta y fuerte, pero el tiempo ha pasado y las tormentas han arreciado y a este viejo cascarón se le han hecho algunas averías. Aterida por el frío, azotada por el viento, tu habitación ya no es tan fuerte como antes fue. O, a lo mejor tu «habitación», tu cuerpo, nunca ha sido fuerte. Tu vista nunca ha sido muy buena, tu oído nunca ha sido muy claro. Tu andar nunca ha sido muy vigoroso; tu corazón nunca ha sido muy fuerte. Has observado a otros dar por descontada la buena salud que tú nunca has tenido. Sillas de ruedas, visitas al médico, cuartos de hospital, agujas, estetoscopios. Te vas a sentir feliz si nunca vuelves a ver en el resto de tu vida una de estas cosas. Darías cualquiera cosa, sí, cualquiera cosa por un solo día en un cuerpo fuerte y saludable. Si lo anterior te describe, deja que Dios hable a tu corazón por solo un momento.

Tu cuerpo, en cierta forma, durará para siempre. Respétalo.Vivirás para siempre en este cuerpo. Será diferente. Lo que ahora es torcido será enderezado. Lo que ahora es imperfecto será reparado. Tu cuerpo será diferente, pero tú no querrás un cuerpo diferente. Tú tienes este. ¿Cambia la opinión que tienes de este?

El día en que Cristo venga será un día de recompensa. Los que eran desconocidos en la tierra, serán conocidos en el cielo. Los que jamás oyeron los aplausos de los hombres, oirán los aplausos de los ángeles. Los que no tuvieron la bendición de un padre, oirán la bendición de su Padre celestial. Lo pequeño será grande. Lo olvidado será recordado. Lo pasado por alto será honrado y la fidelidad será reconocida.

El cielo será maravilloso no solo por lo que hay allí, sino por lo que no hay.[…] Dios «enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá más muerte, ni tristeza, ni llanto, ni dolor, porque todas estas cosas viejas habrán pasado» (Ap 21.4).[…] La lista de Juan podría seguir hasta el infinito. Como en el cielo no habrá pecado ni muerte, tampoco habrá ______________________________. Pon en el espacio en blanco lo que desees añadir a la lista de Juan. No más aspirinas. Quimioterapia. Sillas de ruedas. Divorcio.Cárceles o corazones rotos. Miembros paralizados o automóviles volcados. Recibir la corona de la vida significa no más muerte. Recibir la corona de justicia significa no más pecado. Y recibir la corona de gloria significa no más derrota.

«Cada uno recibirá su alabanza de Dios» (1 Co 4.5).

«Cosas que no se han imaginado son las que Dios ha preparado para aquellos que lo aman» (1 Co 2.9).

La cadena de mando es clara. Satanás no hace nada que Dios no lo sepa, y Dios usa a Satanás para llevar adelante la causa de su reino.

Dios no ha guardado secretos. Él nos ha dicho que, mientras estamos en este camino de ladrillos amarillos («Yellow Brick Road»), tendremos problemas. Las enfermedades atacarán nuestros cuerpos. Los divorcios romperán los corazones. La muerte creará viudas y los desastres destruirán los países. No deberíamos esperar menos. Pero aunque el diablo quiera asustarnos, no necesitamos ser víctimas del pánico. «En este mundo tendréis aflicción», nos dice Jesús: «pero confiad, porque yo he vencido al mundo» (Jn 16.33).

Cuando el amor no era suficiente para obligarme, el miedo me corregía.

El infierno es la expresión final de la más alta preocupación de Dios por la dignidad del hombre. Nunca nos ha forzado a que lo escojamos a Él aun cuando eso pudiera significar que en cambio, escojamos el infierno. Como lo dice C.S. Lewis: «Al fin y al cabo, hay solo dos tipos de personas: los que dicen a Dios “que se haga tu voluntad” y aquellos a quienes al final, Dios dirá, “que se haga tu voluntad”. Todos los que están en el infierno optaron por el infierno».

¿Aún te sientes como si no valieras nada? Mira los regalos que Él te ha dado: Ha enviado a sus ángeles para que te cuiden, a su Espíritu Santo para que viva en ti, a su Iglesia para que te aliente, y su Palabra para que te guíe. Tú tienes privilegios que solo un prometido puede tener. Cada vez que hablas, Él escucha; pides algo y Él te responde. Nunca dejará que seas tentado demasiado. Cuando una lágrima corre por tu mejilla, Él se apresura a enjugarla. Deja que tus labios pronuncien un soneto de amor y Él estará ahí para oírlo. Si tú quieres verlo a Él, Él mucho más te quiere ver a ti.