Oportunidades y retos sociales

John Stott

Oportunidades y retos sociales

Oportunidades y retos sociales

El libro forma parte de una serie de cuatro volúmenes que contienen temas que el autor pone en el tintero como un desafío para los cristianos. Temas en los que la iglesia debería tener mayor presencia para ser una alternativa real para todo el mundo, y aunque cuenta con información de más de 10 años de antigüedad, las cifras no han cambiado mucho y siguen siendo de actualidad. En esta tomo, el trabajo, los negocios, la diversidad étnica y modos de vida. Calificación de 10.

Necesitamos aprender a agradecerle a Dios el trabajo como un regalo de él, protestar contra las prácticas injustas y opresoras donde estas existan y animar a la gente a trabajar con integridad, en un mundo laboral que a menudo le falta integridad.

Muchas personas trabajan en su casa, y colaboran en trabajos voluntarios para cuidar niños u otros que dependen de la familia. Esos trabajos pueden ser arduos, pero pasan desapercibidos. Muchas personas que están «retiradas» trabajan tanto en los trabajos voluntarios como lo hicieron en los trabajos pagos que tenían. De hecho, el trabajo de esos que no reciben pago es una contribución tan grande a la sociedad que dependemos de la disposición para hacer trabajo voluntario al igual que dependemos de las personas que están dispuestas a trabajar recibiendo pago por un empleo.

El trabajo es una parte importante en la vida, no lo es todo. No obstante, el trabajo es una de las formas más importantes a través de las cuales expresamos lo que significa ser humano.

El fin del trabajo es la realización del obrero. Es decir, una parte importante de nuestra autorealización como seres humanos se haya, de acuerdo al propósito de Dios, en nuestro trabajo.

El trabajo no es principalmente algo que alguien hace para vivir, sino que uno vive para hacer.

Los seres humanos somos más humanos no cuando trabajamos, sino cuando dejamos el trabajo a un lado para adorar. El día de reposo «hace relativo el trabajo del ser humano, el contenido de los seis días de trabajo. Esto protege al hombre de la absorción total de la tarea de someter la tierra, esto anticipa la distorsión de hacer que el trabajo sea la razón y el propósito de la vida humana».

Las personas retiradas son sabias si buscan un retiro activo, en el que tengan oportunidades para el servicio constructivo, aunque no reciban pago.

«He visto, pues, que nada hay mejor para el hombre que disfrutar de su trabajo» (Eclesiastés 2:20, 24; 3:22).

«El mundo moderno cuida mucho que el cuerpo del trabajador no sufra accidente o daño» y si sufre daño provee compensación. Pero, ¿qué acerca de «su alma y su espíritu»? «Si su trabajo le hace daño, reducirlo a un robot, no importa».

Los cristianos creen que la tercera y más alta función del trabajo es glorificar a Dios a través de este, es decir que se revele y realice su propósito.

«Dios hará todas las cosas a través de ti, él ordeñará las vacas a través de ti y él hará los trabajos domésticos a través de ti, y todos los trabajos, desde el más importante hasta el más insignificante, le agradarán a él».

Laborare est orare, «trabajar es adorar», significa que vemos cómo nuestro trabajo contribuye, aunque sea pequeña e indirectamente, al plan preconcebido de Dios para la humanidad. Entonces cualquier cosa que hagamos se puede hacer para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31).

Trabajo es el gasto de la energía (manual, mental o ambas) para el servicio de otros, la cual trae satisfacción al trabajador, beneficio a la comunidad y gloria a Dios.

¿Cuántos de nosotros miramos nuestras posesiones y nos preocupamos por las circunstancias en las cuales se hicieron esos productos?

El trabajo es un regalo de Dios. Debe satisfacernos, aunque sabemos que la Biblia nos dice en Génesis 3 que desde la caída el ambiente en el que trabajamos puede ser hostil y el trabajo puede ser una lucha.

Cuando uno entiende el lugar central que ocupa el trabajo en los propósitos de Dios para los hombres y las mujeres, se ve al momento que el desempleo es un ataque serio a nuestra humanidad. William Temple, hablando de las personas desempleadas al norte de Inglaterra durante los años de la Depresión, escribió: «La más grave y amarga herida de su estado no es la queja animal (física) de hambre o incomodidad, ni siquiera la queja mental de vacío y aburrimiento; es la queja espiritual de no habérseles dado la oportunidad de contribuir a la vida en general y al bienestar de la comunidad». Perder un trabajo es una experiencia chocante y muchos viven con el temor de que esto les pueda suceder.

Los psicólogos han asociado el desempleo con un duelo, la pérdida de un trabajo en algunos aspectos es similar a la pérdida de un familiar o amigo.

Muchos de los retos emocionales, éticos y espirituales más profundos los enfrentarán dentro del contexto de trabajo. Entonces, es esencial que las iglesias muestren lo importante que es el trabajo, incluyéndolos en sus enseñanzas y al orar por las personas de la iglesia que trabajan y no solo como miembros de la familia o por lo que hagan en la iglesia.

Si el trabajo es importante en la sociedad, entonces debe ser importante en la iglesia.

Aunque es bueno ver que el gobierno apoya la importancia de las iniciativas basadas en la fe, es esencial que esto nunca se haga para que el gobierno evite sus propias responsabilidades de proveer a los que tienen necesidades.

Las comunidades sufren donde hay un trabajo que deprime y degrada el espíritu humano. En tales casos es posible que la iglesia necesite dar mensajes no solo del amor de Dios y del valor de cada ser humano, sino también protestar con lucidez y persistencia para que las condiciones cambien para mejorar.

El trabajo debe ser la forma de salir del empobrecimiento y no la causa para quedarse allí.

Los cristianos no solo necesitan tener interés por la excelencia en la vida de los negocios y, por lo tanto, tener éxito en sus logros, sino que también necesitan interesarse en la reconciliación cuando hay conflicto y en la justicia para todas las personas.

La reconciliación tiene prioridad en la agenda cristiana, porque es el corazón del evangelio. El pecado desbarata las relaciones interpersonales; la salvación las reconstruye. Jesús vino con la misión de la reconciliación. Él es el supremo pacificador; él le dice a sus seguidores que también sean pacificadores.

Oprimir al pobre es insultar a su Hacedor; servirle a ellos en honrar a Dios (ver Proverbios 14:31; 17:5; 22:2). Esta verdad está detrás de muchas de las instrucciones sociales detalles en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, pagarle al siervo su salario el mismo día, preocuparse por el sordo y el ciego, tener compasión de la viuda y el huérfano, dejar la espiga de la cosecha al pobre y al extranjero y administrar justicia imparcial en el tribunal. Este mismo principio también está en el Nuevo Testamento en las instrucciones para los amos y los siervos de respetarse el uno al otro, porque ellos sirven al mismo Señor y son responsables ante el mismo Juez.

Cuando se crea un equipo de trabajadores que sienten que tienen valor y que tienen dignidad, tanto el amor como la justicia son importantes.

A lo que los cristianos deben oponerse es a la inigualdad de privilegios, y lo que debemos asegurar es que las diferencias se deban al mérito y no al privilegio.

Lo que hacen los animales por instinto, el hombre lo hace por decisión.

La tradición cristiana siempre ha enseñado esta verdad bíblica, la libertad moral es un ingrediente esencial en la dignidad del ser humano.

Tomar decisiones es un derecho básico del ser humano, un componente esencial de nuestra dignidad humana.

Los cristianos deben oponerse a todas las formas de trabajo en las que alguien use a los seres humanos. Es cierto, el mal es menor, porque el trabajo es voluntario y lo regula un contrato. Sin embargo, es un contrato que rebaja la humanidad si involucra la renuncia de la responsabilidad personal y obliga a obedecer sin opinar.

Lo que desea el amor, la justicia lo exige.

La función de los cristianos en el mundo de las corporaciones es usar cualquier poder del que puedan disponer para alcanzar la justicia.

El ambiente de los negocios es muy estimulante y exige un nivel profundo de fe práctica al estar rodeados diariamente de «no cristianos» enfrentando con regularidad decisiones difíciles que involucran enormes recursos financieros y pueden afectar el bienestar de miles de personas. Algunos aspectos en particular (donde por lo general los ángeles temen meterse) que a menudo se ven como los aspectos «sucios» del trabajo y donde se espera que el compromiso moral sea inevitable —ventas, publicidad, periodismo y negociaciones— son, desde luego, los que más necesitan una mayor participación de los cristianos. Son estas áreas de tantas exigencias las que exigen niveles altos de integridad y valor y, por supuesto, pueden ser las que más éxitos logren y las que hagan una gran diferencia en la vida diaria de la gente a través del mundo. Hay una larga y honorable tradición de los cristianos que forman el ambiente de los negocios, y como resultado de esto se afectan directamente otras esferas poderosas de influencia, incluyendo el mundo político.

La incompetencia, flojera, entrega tardía o rudeza de los empleados no se debe tolerar más en una compañía cristiana de lo que se tolera en una secular. De hecho, como representante del reino de Dios, debe ser un placer hacer negocios con cualquier organización cristiana.

Es triste, aunque es comprensible, que todavía haya debates acerca de si es bueno ser ético en los negocios. Después de todo, ¿cómo se puede medir el resultado? Realmente es importante ser ético, no importa el resultado.

La gente cumple las promesas porque creen que es correcto hacerlo, no porque sea un buen negocio.

Nestlé vendió leche en polvo para niños a madres en países donde la higiene del agua hacía peligroso su uso. De hecho, esta es una continua crítica a Nestlé.

El salario miserable pagado a los trabajadores de zapatos deportivos por las compañías. Nike alega que en 1992 le pagó $20 millones de dólares al jugador Michael Jordan por patrocinar los zapatos. Esto excede el pago anual de las fábricas de Indonesia que hicieron los zapatos y que lo emplearon para que él hiciera la propaganda.

Cuál es la diferencia entre Tanzania y Goldman Sachs? Uno es un país de África que gana $2,200 millones de dólares al año y lo comparte con 25 millones de personas. El otro es un banco de inversión que gana $2,600 millones de dólares y lo comparte con 161 personas.

Uno de los mecanismos principales que usan las compañías para influir en los gobiernos aparte de la presión política directa, es la amenaza de retirarse del país.

Necesitamos recordar que esos que ejercen poder lo pueden ejercer para bien.

Los negocios no son solo empresas que existen para lograr metas mediante el uso de escasos recursos. También son comunidades de personas, hechas a la imagen de Dios, que necesitan dignidad y respeto. Por lo tanto, es importante que cuando miremos la función de los negocios desde una perspectiva cristiana, veamos que tanto el amor como la justicia son necesarias si la vida del negocio es para honrar a Dios.

El racismo es un penoso pecado que ninguna persona o iglesia debe defender ni practicar […] Como una aberración moral, priva al ser humano de la dignidad, sus obligaciones y sus derechos. Se debe rechazar y oponernos en todas las formas en que se manifieste» (párrafo 112). De nuevo, «Apartheid […] una separación forzada y una división de la gente, no se debe considerar un mandato bíblico. El intento de justificar tal comportamiento como derivado de la Biblia se debe reconocer como un error y denunciar» (párrafo 305), este «contradice la verdadera esencia del amor al prójimo y la justicia entre vecinos, y en forma inevitable la dignidad humana de todos los involucrados.

Yo no estoy en contra de nadie. Yo estoy en contra de ubwana, la mentalidad del jefe.

Una de treinta y cinco personas en el mundo es un emigrante internacional.

Existe una gran cantidad de personas que huyen pero no pasan una frontera para convertirse en refugiados o buscadores de asilo. Se calcula que hay 25 millones de personas desplazadas internamente en todo el mundo, más que el doble del número de refugiados.

Es necesario recordar que la emigración puede tener efectos positivos en la sociedad y en la economía de los países que los recibe. La mayoría de los emigrantes legales que llegan a los países industrializados son personas educadas, el 88% de emigrantes a la OECD tienen educación secundaria y dos tercios de ellos tienen educación más avanzada.

En muchas áreas de la economía británica hay una gran necesidad de tales personas. De acuerdo a la Autoridad del Gran Londres, el 23% de los médicos y el 47% de las enfermeras en Inglaterra nacieron en otros países. Estas personas no le están quitando el trabajo a los ciudadanos, como creen con frecuencia los que practican la discriminación contra los emigrantes. De hecho, son una respuesta para los vacíos laborales en el mercado.

Lo que es «natural» es dado por Dios y heredado; lo que es «cultural» es hecho por el hombre y aprendido. La cultura es una amalgama de creencias, valores, costumbres e instituciones que cada sociedad desarrolla y transmite a la próxima generación. Las culturas humanas son ambiguas porque los seres humanos son ambiguos. «Debido a que el hombre es una criatura de Dios, mucho de su cultura es rico en belleza y bondad. Como ser caído, todo se ensució con el pecado y algo de esto es demoníaco»

No podemos tolerar rivales de Cristo Jesús, si creemos que Dios habló por medio de él y a través de él y que él es el único Salvador que murió y resucitó otra vez y que vendrá algún día a juzgar al mundo. No obstante, nunca debemos permitir que una persona, cualquiera que sea su religión, se discrimine como ha ocurrido con tantos musulmanes en el Occidente después de los sucesos del 11 de septiembre. Debemos luchar por la justicia de todos, aunque proclamemos que Cristo es el único.

En el Antiguo Testamento está la historia de la humanidad dispersa, de naciones alejándose unas de otras, de contención, de peleas. Pero en el Nuevo Testamento está la historia divina de las naciones reunidas en una sociedad internacional. En el versículo 34 hace una alusión, que pocos hombres creyeron, a uno que se llamaba Dionisio, a una mujer llamada Dámaris y a otros más. Así que aquí está el núcleo de la nueva comunidad, en la que hombres y mujeres de todas las edades y de todo origen racial, cultural y social, encuentran su unidad en Cristo.

El «internacionalismo» cristiano no significa que el ser miembros de Cristo y de su iglesia destruya nuestra nacionalidad, masculinidad o feminidad. Por el contrario, esto significa que aunque permanezcan nuestras distinciones étnicas, nacionales, sociales y sexuales, ya no nos dividirán más. Estas se han superado en la unidad de la familia de Dios (Gálatas 3:28).

Combatir el racismo debe comenzar por la forma en que criemos a nuestros hijos. Desde una temprana edad se les puede enseñar el aprecio por una sociedad multiétnica. Las escuelas ahora tienen programas y planes de estudios que destacan la importancia del respeto mutuo entre los diferentes grupos étnicos, y estas enseñanzas se deben reforzar en nuestras casas, iglesias y grupos de la comunidad.

Solo una verdadera teología, la revelación bíblica de Dios, nos puede liberar del racismo. Por ser el Dios de la creación, afirmamos la unidad de la raza humana. Por ser el Dios de la historia, afirmamos la diversidad de las culturas étnicas. Por ser el Dios de la revelación, afirmamos la finalidad de Cristo Jesús. Y por ser el Dios de la redención, afirmamos la gloria de la iglesia cristiana.

Debido a la unidad de la humanidad, pedimos derechos y respeto iguales para las minorías étnicas. Debido a la diversidad de los grupos étnicos, renunciamos a la cultura imperialista y buscamos preservar todas las riquezas culturales que son compatibles con el señorío de Jesús. Debido a la finalidad de Cristo, afirmamos que la libertad en la religión incluye el derecho de propagar el evangelio. Debido a la gloria de la iglesia, necesitamos tratar de librarnos del prolongado racismo y esforzarnos para hacer un modelo de armonía, en donde los sueños multiétnicos se hagan realidad.

[Se] define la pobreza como una amalgama de diferentes problemas: ser invisibles, tener pocos recursos, ser excluidos, no tener poder y ser culpados por los problemas de la sociedad.

Los Obispos latinoamericanos de la Iglesia Católica Romana dijeron en Puebla, en 1979, lo que todavía resuena hoy día: «El cruel contraste entre la lujosa riqueza y la extrema pobreza, que es bastante visible a través de todo nuestro continente y que agrava más la corrupción que con frecuencia invade la vida pública y profesional, muestra hasta qué grado el ídolo de la riqueza domina a nuestras naciones».

El diezmo regular era para apoyar a los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas. (Deuteronomio 15:7ss; Levítico 25:35ss; Deuteronomio 14:29; Levítico 26:12).

«Si el hombre cierra sus oídos al clamor del pobre, llorará también sin que nadie le responda» (Salmo 112:1-9; Proverbios 21:13; 29:7; cf. 14:20ss; 19:7; 31:20; Job 31:16ss; Ezequiel 16:49).

«Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor» (Proverbios 17:5a; 19:17a).

«No tuerzas la justicia contra los pobres de tu pueblo en sus demandas legales […] No aceptes soborno, porque nubla la vista y tuerce las sentencias justas». «No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia». «No le niegues sus derechos al extranjero ni al huérfano». Sobre todo, la razón por la cual repite esto es porque ellos fueron oprimidos en Egipto, y el Señor fue quien los liberó (Éxodo 23:6, 8; Levítico 19:15; Deuteronomio 24:17; 27:19; 15:15).

En Proverbios 31, la madre del Rey Lemuel lo exhorta: «¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos!», «¡Levanta la voz, y hazles justicia!» y «¡Defiende a los pobres y necesitados!» (Salmo 82:1-3; Proverbios 31:8-9; cf. Job 29:11ss; Proverbios 22:22ss; 29:7, 14).

La perspectiva bíblica no es de «supervivencia del más hábil» sino de «protección del débil». Ya que Dios mismo habló por ellos y vino a ayudarlos, su pueblo también debe ser la voz de los que no tienen voz y los defensores de los indefensos.

La iglesia necesita proclamar las buenas noticias del reino a los materialmente pobres, darles la bienvenida, tener comunión con ellos y compartir sus luchas.

Gran parte de la culpa de que haya pobreza es de la sociedad y no de los mismos pobres.

En el contexto de la riqueza Occidental, tenemos tres opciones ante nosotros. La primera es convertirse en pobre, la segunda es quedarse rico y la tercera es cultivar la generosidad, simplicidad y satisfacción.

Enseñaba desde un bote prestado, entró a Jerusalén en un burro prestado, pasó su última noche en una habitación prestada y lo enterraron en una tumba prestada.

Cuando dijo que nadie puede ser su discípulo a menos que «renuncie» a todas sus posesiones y «odie» a sus familiares, necesitamos entender que ambos verbos se usaron como figuras literarias dramáticas. No debemos odiar literalmente a nuestros familiares, ni literalmente debemos renunciar a nuestras posesiones. Lo que debemos hacer es colocar a Jesucristo primero, por encima de nuestra familia y nuestras posesiones.

El antídoto cristiano para el materialismo no es el ascetismo; ser austeros solo por serlo es rechazar los buenos regalos del Creador.

En 1 Timoteo 6:6-10, Pablo elogia el estar satisfechos con lo que tenemos como sigue: Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene. Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores.

Nuestro enemigo no son las posesiones sino los excesos. Nuestro grito de batalla no es “nada” sino “suficiente”». La sencillez dice «si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso».

Tres «ismos» que debemos evitar: el materialismo (obsesión por cosas), el ascetismo (una austeridad que niega las cosas buenas de Dios) y el fariseísmo (atarnos con reglas). En su lugar, debemos quedarnos con los principios.

La vida sencilla es incompatible con vivir más allá de las posibilidades económicas de uno, es decir, pedir prestado para comprar lo que no podemos pagar.

Nuestro Dios es un Dios generoso. Si su amor mora en nosotros, debemos relacionar lo que «tenemos» (las posesiones), con lo que «vemos» (las necesidades de otros) y tomar acción.

El liderazgo no se limita a una minoría de estadistas o mandamases en el ámbito nacional. Este toma diferentes formas en cada sociedad. Los clérigos son los líderes en la iglesia local y en la comunidad. Los padres son los líderes en su hogar y su familia. Lo mismo que los maestros en las escuelas y los profesores en las universidades. Los gerentes en los negocios y en las industrias; los jueces, médicos, políticos, trabajadores sociales y jefes de sindicatos, tienen responsabilidades de liderazgo en su esfera respectiva. También la tienen los formadores de la opinión pública que trabajan en los medios de comunicación: autores y dramaturgos, periodistas, los que trabajan en el cine y en la televisión, los artistas y los productores. Los líderes estudiantiles, en especial desde la década de 1960, han ejercido una influencia que supera sus años y experiencia. En todas estas áreas hay una gran necesidad de líderes con una visión más clara, que sean más valientes y dedicados.

¿Qué es una visión? Es el acto de ver, por supuesto, una percepción imaginaria de las cosas, que combina la perspicacia y la previsión. Pero en una forma más particular, en el sentido que estoy usando la palabra, se compone de una profunda insatisfacción de lo que es y una clara comprensión de lo que podría ser. Comienza con una indignación ante el status quo que se convierte en la búsqueda de una alternativa.

La indignación y la compasión forman una poderosa combinación. Son indispensables para una visión y, por lo tanto, para el liderazgo (ver por ejemplo, Juan 11:32-37).

Apatía es aceptar lo inaceptable; el liderazgo comienza con un rechazo decisivo de dicha aceptación.

En el presente hay una gran necesidad de indignación, ira y afrenta justa por causa de toda la maldad que ofende a Dios. ¿Cómo podemos tolerar lo que él considera intolerable? Pero la ira es estéril si no provoca en nosotros una acción positiva para corregir lo que nos causa ira. «Es necesario oponerse a aquellas cosas que uno considera incorrectas».

Tan pronto como empieza la campaña, se reúnen las fuerzas de oposición, los privilegios arraigados se afianzan todavía más, los intereses comerciales se sienten amenazados y dan la voz de alarma, los cínicos se burlan de la locura de los «que hacen buenas obras» y la apatía se convierte en hostilidad. Pero en la oposición prospera la verdadera obra de Dios. Su plata se refina y el acero se endurece. Por supuesto, pronto capitularán los que no tienen una visión, los que se dejan llevar solo por el impulso de la campaña. Tal es así que los jóvenes que protestan en una década se convierten en los conformistas de la próxima. Los jóvenes rebeldes se hunden en una mediocridad de clase media, de mediana edad, moderada. Hasta los revolucionarios, cuando se termina la revolución, tienden a perder sus ideales.

El liderazgo en equipo es más saludable que el liderazgo solitario, por varias razones. Primero, los miembros de un equipo se complementan unos a otros, se apoyan unos a otros con sus talentos y se compensan unos a otro en sus debilidades. Ningún líder tiene todos los dones, ningún líder debe tener todo el control del liderazgo en sus manos. Segundo, los miembros del equipo se animan unos a otros, identificando los dones de cada uno y motivándose unos a otros para desarrollarlos y usarlos. […] Tercero, los miembros del equipo se rinden cuentas unos a otros. El trabajo compartido significa compartir las responsabilidades.

La gente fuerte también tiene fuertes debilidades.

El justo Noé se emborrachó. El fiel Abraham fue lo suficientemente vil como para arriesgar la castidad de su esposa por su propia seguridad. Moisés perdió los estribos. David quebrantó los cinco mandamientos de la segunda tabla de la ley al cometer adulterio, asesinato, robo, dar falso testimonio y codiciar, todo en ese solo episodio con Betsabé. El coraje solitario de Jeremías se dañó con la autocompasión. A Juan el Bautista, a quien Jesús describió como el más grande hombre que haya vivido jamás, lo abrumaron las dudas. Y la impetuosidad arrogante de Pedro era sin lugar a dudas un disfraz de su profunda inseguridad personal. Si estos héroes de las Escrituras fallaron, ¿qué esperanza hay para nosotros?

Esos líderes que piensan que son fuertes en sus propias fuerzas son las personas verdaderamente más débiles de todas; solo los que conocen y reconocen sus debilidades pueden volverse fuertes con la fuerza de Cristo.

Anuncios

El sermón del monte

El sermón del monte

El sermón del monte


John Stott.
Extenso estudio del Sermón de la Montaña que abarca Mateo 5:1 a 7:29, y que hace énfasis principalmente en las palabras de Jesús al ir en contra de una cultura predominante de su tiempo y dando una nueva forma de vida que debieran cumplir sus discípulos y seguidores, para que de esta manera pudieran alcanzar y entender su Reino. Calificación de 9.

Todos los artículos de nuestra religión, todos los cánones de nuestra iglesia, todas las admoniciones de nuestros príncipes, todas las homilías de nuestros padres, el cuerpo total de la divinidad, se encuentran en estos tres capítulos, en este único Sermón del Monte.

Si bien la juventud de hoy busca lo correcto (significado, paz, amor, realidad), lo busca en los lugares equivocados. Elprimer lugar al cual ellos deberían poder acudir es el único que normalmente ignoran: la iglesia. Porque demasiado a menudo lo que ven en la iglesiano es contracultura sino conformismo; no una nueva sociedad que encarna los ideales que ellos tienen, sino otra versión de la antigua sociedad a la que han renunciado; no vida, sino muerte. Hoy adjudicarían con prontitud lo que Jesús dijo de una iglesia en el primer siglo: “Tienes nombre de que vives, y estás muerta’.

A mi parecer, el texto clave del Sermón del Monte es [Mt] 6.8: “No os hagáis, pues, semejantes a ellos”.Nos hace recordar inmediatamente la palabra de Dios a Israel en los días antiguos: “No haréis como hacen”. Es el mismo llamado a ser distintos.

Los escribas son los maestros de teología que han tenido algunos años de educación; los fariseos, por otra parte, no son teólogos, sino más bien grupos de laicos piadosos provenientes de todos los sectores de la comunidad.

Se dijo: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Pero nosotros buscamos todas estas cosas y obviamente fracasamos en obtenerlas.

Porque los hombres son por naturaleza “malos”.” Es del interior de su corazón que viene lo malo” y es de lo que hay en su corazón que habla su boca, así como es el árbol que determina su fruto. De modo que no existe más que una solución: “Haced el árbol bueno, y su fruto bueno”,” Es esencial un nuevo nacimiento.

Así como los nueve aspectos del fruto del espíritu que menciona Pablo deben cosecharse en el carácter de cada cristiano, las ocho bienaventuranzas de las que habla Cristo describen su ideal para cada ciudadano del reino de Dios. A diferencia de los dones del Espíritu, que él distribuye a diferentes miembros del cuerpo de Cristo a fin de equiparados para diferentes tipos de servicio, el mismo Espíritu se encarga de desarrollar estas gracias cristianas en todos nosotros. No podemos huir de nuestra responsabilidad de anhelarlas todas.

¿Cómo pueden desarrollar esta justicia de corazón, volver la otra mejilla, amar a sus enemigos? Es imposible. [Tienen razón! En este sentido, el Sermón es “Mosíssimus Moisés” (expresión de Lutero): “Es Moisés cuadruplicado, Moisés multiplicado al grado más alto’;” porque es una ley de justicia interior que ningún hijo de Adán puede jamás obedecer. Por consiguiente, sólo puede condenarnos y hacer indispensable el perdón de Cristo.

El Evangelio era una declaración de lo que Dios, en su gracia, había hecho por los hombres mediante Jesucristo; el Mandamiento era una afirmación de lo que Dios requería de los hombres que habían llegado a ser objetos de su acción de gracia.

Pablo estaba solamente haciendo lo que su Señor había hecho antes que él. Jesús no sólo proclamó que el reino de Dios había llegado con él mismo y su obra; también colocó ante sus discípulos el ideal moral de ese reino…Es el ideal que se vislumbra en el Sermón del Monte.

El “pobre” en el Antiguo Testamento es aquel que está afligido y es incapaz de librarse por sí mismo, y que, por consiguiente, mira a Dios en busca de salvación, al mismo tiempo que reconoce que no tiene derecho a ningún reclamo.

Ser “pobre en espíritu” es reconocer nuestra pobreza espiritual, nuestra bancarrota espiritual, delante de Dios. Porque somos pecadores que estamos bajo la santa ira de Dios, y no merecemos nada más que el juicio de Dios. No tenemos nada que ofrecer, nada que abogar, nada con lo cual comprar el favor celestial.

En los días de nuestro Señor no fueron los fariseos los que entraron al reino, quienes pensaban que eran ricos, tan ricos en méritos que agradecían a Dios por sus propios logros; ni los zelotes que soñaban con establecer el reino a sangre y espada; sino los publicanos y las prostitutas, la hez de la sociedad humana, que sabían que eran tan pobres que no podían ofrecer nada ni alcanzar nada. Todo lo que podían hacer era clamar a Dios por misericordia; y él oyó su clamor.

Algunos cristianos parecen imaginar que, especialmente si se encuentran llenos del Espíritu, deben llevar en el rostro una sonrisa perpetua, ser continuamente bullangeros y estar rebosantes de gozo. ¡Qué poco bíblicos podemos llegar a ser! No. En la versión del Sermón que da Lucas, Jesús añadió a esta bienaventuranza un solemne “ay”: “¡Ay de vosotros, los que ahora reís?” La verdad es que existen cosas tales como las lágrimas cristianas, y también es verdad que pocos de nosotros las lloramos.

Temo que nosotros, los cristianos evangélicos, por dar demasiado importancia a la gracia, en ocasiones, damos demasiada poca importancia al pecado. No hay suficiente dolor por el pecado entre nosotros.

Solamente en el estado final de gloria el consuelo de Cristo será completo, porque sólo entonces el pecado no existirá más y “Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos’.

Es comparativamente fácil ser honestos con nosotros mismos ante Dios y reconocernos como pecadores ante sus ojos. Continúa: “Pero ¡cuánto más difícil es permitir a otros que digan cosas así acerca de mí! Por instinto me ofende tal cosa. Todos preferimos condenarnos a nosotros mismos y no que otros nos condenen”. Por ejemplo, si se me permite aplicar este principio a la práctica eclesiástica cotidiana, yo mismo me encuentro bastante feliz al recitar la Confesión General en la iglesia y llamarme “miserable pecador”. No me causa ningún conflicto. Puedo aceptarlo. Pero si alguien más se acerca a mí a la salida de la iglesia y me llama miserable pecador, ¡querré darle un puñetazo en la nariz! En otras palabras, no estoy preparado para permitir que otros piensen o hablen de mí aquello que precisamente he reconocido ante Dios que soy.Existe aquí una hipocresía básica; está siempre presente cuando la mansedumbre está ausente.

La mansedumbre es básicamente tener una idea adecuada de uno mismo, la cual se manifiesta en la actitud y conducta que tenemos respecto a otros … El verdaderamente manso es el que vive sorprendido de que Dios y los hombres puedan pensar tan bien de él y lo traten tan bien como lo tratan. Esto lo vuelve gentil, humilde, sensible, paciente en todas sus relaciones con los demás.

La justicia en la Biblia tiene por lo menos tres aspectos: legal, moral y social. La justicia legal es justificación, una relación correcta con Dios. Los judíos “iban tras la justicia”, escribió Pablo más tarde, pero fallaron en alcanzarla porque iban tras ella por el camino equivocado. Procuraban “establecer la (justicia) suya propia” y “no se han sujetado a la justicia de Dios’: la cual es Cristo mismo.” […] La justicia moral es aquella justicia de carácter y conducta que agrada a Dios. Después de las bienaventuranzas, Jesús continúa contrastando esta justicia cristiana con la justicia de los fariseos. Esta última era una conformidad externa a reglas; la primera es una justicia interior del corazón, voluntad e intención. Por esta clase de justicia deberíamos tener hambre y sed.[…] La justicia social, como aprendemos de la ley y los profetas, se interesa por la liberación del hombre de la opresión, al igual que por la promoción de los derechos civiles, la justicia en las cortes legales, la integridad en las relaciones comerciales y el honor en el hogar y los asuntos familiares. Asílos cristianos están comprometidos a tener hambre de justicia en la comunidad humana en su totalidad como algo que agrada a un Dios justo.

No basta llorar por el pecado pasado, debemos también tener hambre de justicia futura. No obstante en esta vida nuestra hambre nunca será plenamente saciada, ni nuestra sed totalmente apagada. En verdad, recibimos la satisfacción que la bienaventuranza promete.

“Misericordia” es compasión por la gente en necesidad.

Nada nos mueve tanto al perdón como el maravilloso conocimiento de que nosotros mismos hemos sido perdonados. Nada prueba más claramente que hemos sido perdonados que nuestra propia disposición a perdonar. Perdonar y ser perdonado, mostrar misericordia y recibirla: van indisolublemente juntos.

Ser manso es reconocer ante los demás que nosotros somos pecadores; ser misericordioso es tener compasión de otros, porque ellos también son pecadores.

La interpretación popular considera la limpieza de corazón como una expresión de limpieza interior, de la calidad de aquellos que han sido limpiados de inmundicia moral, en oposición a la ceremonial.

Los de limpio corazón son “los absolutamente sinceros”. Toda su vida, pública y privada, es transparente ante Dios y los hombres. Su mismo corazón incluyendo sus pensamientos y motivaciones- es limpio, sin mezclarse con nada equívoco, subrepticio o ruin. Aborrecen la hipocresía y el engaño; carecen de segundas intenciones.

Algunas personas urden en torno a sí mismos tal tejido de mentiras que ya no pueden decir qué parte de ellas es real y cuál es fingimiento.

No todos los intentos de reconciliación tienen éxito.

La persecución es simplemente la colisión entre dos sistemas de valores irreconciliables entre sí.

¿Cómo esperaba Jesús que reaccionaran sus discípulos ante la persecución? ¡Gozaos y alegraos! No debemos desquitarnos como lo haría un no creyente, ni ponernos de mal humor como lo haría un niño, ni lamer nuestras heridas en auto compasión como lo haría un perro, ni simplemente sonreír y soportar como lo haría un estoico, menos aún finjir que disfrutamos como haría un masoquista. ¿Qué debemos hacer entonces? Debemos regocijarnos como un cristiano debe regocijarse y aun “saltar de gozo”,” ¿Por qué? En parte, porque, añadió Jesús, vuestro galardón es grande en los cielos.

No deberíamos sorprendernos si la hostilidad anticristiana aumenta, sino más bien sorprendernos si no sucede así. Necesitamos recordar el”ay”complementario que registra Lucas: “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotrosl?” La popularidad universal fue la suerte de los falsos profetas del mismo modo que la persecución lo fue de los verdaderos.

Los caminos del Dios de las Escrituras les parecen trastornados a los hombres. Porque Dios exalta a los humildes y humilla a los orgullosos, llama a los primeros, últimos y a los últimos, primeros, atribuye grandeza al siervo, a los ricos envía vacíos y declara a los mansos sus herederos. La cultura del mundo y la contracultura de Cristo están en contienda la una con la otra. En resumen, Jesús felicita a aquellos de quienes el mundo tiene más lástima, y llama “bienaventurados” a aquellos que el mundo rechaza.

La gloria del evangelio es que cuando la Iglesia es completamente distinta del mundo, nunca deja de atraerlo. Entonces hace que el mundo escuche su mensaje, si bien al comienzo quizás lo odie. De otro modo, si nosotros los cristianos no nos distinguimos de los no cristianos, no servimos para nada.

“Buenas obras” es una expresión general que abarca todo lo que un cristiano dice y hace porque es cristiano, cualquier manifestación externa y visible de su fe cristiana. Puesto que la luz es un símbolo bíblico común de la verdad, la luz brillante del cristiano seguramente tiene que incluir su testimonio hablado.

Somos llamados a ser tanto sal como luz para la comunidad secular.

Al salar se tiene que provocar comezón. Aunque nos critiquen como provocadores de comezón, sabemos que así es como tiene que ser y que Cristo ha ordenado que.la sal sea aguda y continuamente cáustica… Si deseáis predicar el evangelio y ayudar a las personas, tenéis que ser sal aguda que se frote en sus heridas, mostrar el lado opuesto y denunciar lo que no está bien… La sal real es la exposición verdadera de las Escrituras, que denuncia a todo el mundo y no deja que nada permanezca salvo la fe sencilla en Cristo.

Al ver a algunos cristianos, dice, “uno creería que su ambición es ser los tarros de miel del mundo. Endulzan y azucaran la amargura de la vida con una concepción excesivamente fácil de un Dios amante… Pero Jesús, por supuesto, no dijo, ‘Vosotros sois la miel del mundo’. Dijo, ‘vosotros sois la sal de la tierra’. La sal produce picazón, y el mensaje no adulterado del juicio y la gracia de Dios ha sido siempre algo que pica”. Y al lado de esta condenación de lo que es falso y malo, deberíamos tomar nuestra postura temeraria a favor de lo que es verdadero, bueno y decente, sea en nuestro vecindario, en nuestra universidad, profesión o negocio, o en la esfera más amplia de la vida nacional, incluyendo los medios de información.

Tratar de mejorar la sociedad no es mundanalidad sino amor. Lavarse las manos de la sociedad no es amor sino mundanalidad.

En primer lugar, el Antiguo Testamento contiene enseñanza doctrinal […] En segundo lugar, el Antiguo Testamento contiene profecía de predicción […]. En tercer lugar, el Antiguo Testamento contiene preceptos éticos, o la ley moral de Dios.

De cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota (iota, equivalente en griego de yod, la letra más pequeña del alfabeto hebreo, casi tan pequeña como una coma), ni una tilde (Keraia, cuerno, refiriéndose probablemente a uno de los diminutos corchetes o símbolos que distinguen algunas letras hebreas de otras), pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

Jesús no contradijo la ley de Moisés. Por el contrario, eso es en realidad lo que estaban haciendo los fariseos. Lo que Jesús hizo más bien fue explicar el verdadero significado de la ley moral con todas sus incómodas implicaciones. Amplió los mandamientos que ellos habían restringido y restringió las concesiones que habían ampliado.

Nunca debemos permitir que un distanciamiento dure y menos aún, que crezca. No debemos demorar en arreglarlo. No debemos siquiera permitir que el sol se ponga sobre nuestro enojo. Sino que inmediatamente, tan pronto como seamos conscientes de una relación rota, debemos tomar la iniciativa para repararla, pedir disculpas por el agravio que hemos causado, pagar la deuda que no hemos pagado, hacer restitución.

Podemos cometer homicidio con nuestras palabras; podemos cometer adulterio en nuestros corazones o mentes.

El justo Job declaró que había aprendido esto. “Hice pacto con mis ojos’: dijo: “¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?”. Luego continuaba hablando de su corazón: “Si mi corazón se fue tras mis ojos … Si fue mi corazón engañado acerca de mujer…”, él reconocería que había pecado y que merecía el juicio de Dios.” Pero Job no había hecho estas cosas. El control de su corazón se debía al control de sus ojos.

Los actos vergonzosos son precedidos por fantasías vergonzosas, y el incendio de la imaginación, por la indisciplina de los ojos.

La imaginación enriquece la calidad de la vida. Pero todos los dones de Dios necesitan usarse en forma responsable; pueden fácilmente degradarse y ser objeto de abusos. Por cierto que así sucede con nuestra imaginación. Dudo que existan seres humanos que hayan sido víctimas de la inmoralidad, cuya caída no haya comenzado al abrir primero las compuertas de la pasión por medio de sus ojos. De manera similar, los hombres y mujeres aprenden el dominio propio en sus actos sexuales cuando primero han aprendido dominio en los ojos, tanto de la carne como de la fantasía. De paso, éste puede ser el momento apropiado para referirse al modo de vestir de las jóvenes. Sería tonto legislar la moda, pero sabio (creo) pedirles que hagan esta distinción: una cosa es ponerse atractivas y otra ponerse deliberadamente seductoras..Las jóvenes saben cuál es la diferencia; también lo sabemos los hombres.

El mandamiento a deshacerse de ojos, manos y pies molestos es un ejemplo del uso que nuestro Señor daba a figuras dramáticas del lenguaje. Estaba abogando no por una automutilación física literal, sino por una autonegación moral despiadada. El sendero de la santidad, enseñó, no es mutilación sino mortificación, y”mortificación” o “tomar la cruz” para seguir a Cristo significa rechazar las prácticas pecaminosas con tal resolución que morimos a ellas o las hacemos morir.” ¿Qué implica esto en la práctica? Permítanme elaborar e interpretar así la enseñanza de Jesús: “Si tu ojo te es ocasión de caer porque la tentación llega a ti por medio de tus ojos (los objetos que ves), entonces, sácate los ojos. Es decir, ¡no mires! Compórtate como si realmente te hubieras sacado los ojos y los hubieras tirado, y ahora estuvieras ciego y por eso no pudieras ver los objetos que anteriormente fueron ocasión de caer. Además, si tu mano o pie te son ocasión de caer, porque la tentación te llega por medio de tus manos (cosas que haces) o de tus pies (lugares que visitas), entonces, córtalos. Es decir, ¡no lo hagas! ¡No vayas! Compórtate como si te hubieras realmente cortado las manos y los pies, y los hubieras tirado, y ahora estuvieras lisiado y por eso no pudieras hacer las cosas o visitar los lugares que anteriormente te eran ocasión de caer”. Ese es el significado de “mortificación’.

Si tenemos problema de dominio propio en el terreno sexual, y no obstante nuestros pies nos llevan a estas películas, nuestras manos manejan esta literatura, y nuestros ojos se regalan con las imágenes que ellas nos ofrecen, no sólo estamos pecando sino verdaderamente invitando al desastre.

Tenemos que reconocer que todos los hombres y mujeres están constituidos de forma diferente. El deseo sexual despierta más fácilmente en unos que en otros, y lo despiertan cosas distintas. La autodisciplina y el autocontrol sexuales llegan con más naturalidad para unos que para otros. Unos pueden ver explícitamente escenas sexuales (en el papel o en el cine) y conservarse completamente ilesos, mientras que otros las encontrarían terriblemente contaminantes. Nuestros temperamentos y por consiguiente nuestras tentaciones varían. Por eso no tenemos derecho a erigirnos en jueces de otros al considerar lo que ellos se sienten capaces de permitirse.

Si tu ojo te es ocasión de caer, no mires; si tu pie te es ocasión de caer, no vayas; y si tu mano te es ocasión de caer,no lo hagas. La regla que Jesúsenunció era hipotética, no universal. Él no exigió a todos sus discípulos (metafóricamente hablando) que se cegaran o mutilaran, sino sólo a aquellos cuyos ojos, manos y pies les eran ocasión de caer. Son ellos los que tienen que tomar las medidas necesarias; otros pueden ser capaces de retener ambos ojos, ambas manos y ambos pies con impunidad.

Solamente cuando una persona ha entendido y aceptado la perspectiva de Dios acerca del matrimonio y el llamado de Dios a la reconciliación, se ha creado el entorno posible dentro del cual uno puede, lamentándolo, hablar sobre el divorcio.

No importa con cuanto empeño se intente, dijo Jesús, no se puede evitar hacer referencia a Dios, porque todo el mundo es de Dios y no se puede eliminarlo de ninguna parte de él. Si hacen su voto por “el cielo”, éste es el trono de Dios; si por la “tierra”, ella es el estrado de sus pies; si por “Jerusalén”, es su ciudad, la ciudaddelgranRey.Si juran por su cabeza, en verdad ella les pertenece en el sentido de que no es de nadie más, pero no obstante es creación de Dios y está bajo su control. Ni siquiera pueden cambiar el color natural de un solo cabello, negro en la juventud y blanco en la vejez.

Puesto que cualquiera que hace un voto tiene que guardarlo (sin importar la fórmula de juramento que use), estrictamente hablando, todas las fórmulas son superfluas. Porque la fórmula no agrega nada a la solemnidad que el voto posee en sí mismo. Un voto es obligatorio, independientemente de la fórmula que lo acompaña, Siendo así, la implicación real de la leyes que tenemos que guardar nuestras promesas y ser gente de palabra.

Lo que Jesús enfatizó en su enseñanza fue que los hombres honestos no necesitan recurrir ajuramentos; no que deberían negarse a prestar juramento si alguna autoridad externa requería que lo hicieran.

La aplicación moderna no debe buscarse lejos, porque la enseñanza de Jesús es eterna. Jurar (es decir, prestar juramento) es en realidad la confesión patética de nuestra propia deshonestidad. ¿Por qué nos parece necesario introducir nuestras promesas mediante alguna fórmula tremenda como “lo juro por el arcángel Gabriel y toda la corte celestial” o “lo Juro por la Santa Biblia”? La única razón es que sabemos que nuestra simple palabra probablemente no se crea. De modo que tratamos de inducir a las personas a que nos crean añadiendo un juramento solemne.

“Un factor esencial en el éxito de Gandhi fue el pueblo implicado. Por un lado, India, “un pueblo moldeado por siglos de preocupación por la santidad y lo espiritual,… un pueblo… únicamente capaz de comprender y aceptar su mensaje’: y por el otro Gran Bretaña que”oficialmente se declaró a sí misma una nación cristiana” y “no pudo permanecer insensible a la predicación de no violencia de Gandhi”. “Pero pongan a Gandhi en la Rusia de 1925 o en la Alemania de 1933. La solución sería simple: después de algunos días lo arrestarían y nada más se hubiera oído de él”.

La prohibición de la venganza que hace Pablo no se debe a que la retribución sea mala en sí misma, sino a que ella es prerrogativa de Dios, no del hombre. “La venganza es mía”, dice el Señor.

El mandato de Jesús a no resistir al mal no debe propiamente usarse para justificar la debilidad temperamental, ni la transigencia moral, ni la anarquía política, ni siquiera el pacifismo absoluto. En cambio, lo que Jesús demanda aquí de todos sus seguidores es una actitud personal hacia los que hacen mal que está inspirada en la misericordia y no en la justicia, que renuncia a la venganza en forma tan total que se arriesga a un sufrimiento mayor y más costoso, que nunca está dominada por el deseo de causarles daño sino siempre por la determinación de proporcionarles el sumo bien.

Nuestro “prójimo”, en el vocabulario de Dios, incluye a nuestro enemigo. Lo que lo constituye en nuestro prójimo es simplemente que es un congénere en necesidad, cuya necesidad conocemos y estamos en alguna medida en condiciones de aliviar.

Crisóstomo vio esta responsabilidad de orar por nuestros enemigos como “la cumbre más alta del dominio propio.”

“En la oración nos ponemos al lado del enemigo, estamos con él, junto a él, en favor de él, delante de Dios”. Además, si la oración de intercesión es la expresión del amor que tenemos, también es un medio para incrementar nuestro amor. Es imposible orar por alguien sin amarle, e imposible continuar orando por alguien sin descubrir que nuestro amor por él crece y madura. Por tanto, no tenemos que esperar hasta que sintamos algún amor por un enemigo en nuestro corazón antes de orar por él. Tenemos que empezar a hacerlo antes de que seamos conscientes de amarle, y descubriremos que nuestro amor se abre primero en botón y luego en flor.

Debemos amar como Dios, no como los hombres.

El hombre caído no es incapaz de amar. La doctrina de la depravación total no significa (y nunca ha significado) que el pecado original haya vuelto a los hombres incapaces de hacer nada bueno, sino más bien que todo el bien que hacen se corrompe en algún grado por el mal. Los pecadores no redimidos pueden amar. El amor paternal, el amor filial el amor conyugal, el amor de amigos -todos ellos, como bien sabemos, son la experiencia común de hombres y mujeres que no conocen a Cristo.

Si amamos sólo a aquellos que nos aman, no somos mejores que los estafadores. Si saludamos sólo a nuestros hermanos y hermanas, a nuestros colegas cristianos, no somos mejores que los paganos; ellos también se saludan entre sí. La pregunta que Jesús hizo es:¿Qué hacéis de más?

Nuestra obediencia saldrá de nuestros corazones como la manifestación de nuestra nueva naturaleza. Porque somos hijos de Dios, mediante la fe en Jesucristo, y podemos demostrar de quién somos hijos únicamente cuando mostramos el parecido familiar, únicamente cuando nos convertimos en pacificadores como él, únicamente cuando amamos con un amor que abarca a todos como el suyo.

Como lo expresó Agustín, “Muchos hemos aprendido cómo ofrecer la otra mejilla, pero no sabemos cómo amar a aquel que las golpeó”.

Alfred Plummer resumió las alternativas con una simplicidad admirable: “Devolver mal por bien es diabólico; devolver bien por bien es humano; devolver bien por mal es divino”.

A lo largo de su exposición Jesús coloca ante nosotros modelos alternativos mediante los cuales contrasta la cultura secular y la contracultura cristiana. La noción de desquite está engranada en la cultura no cristiana: el desquite del mal y el desquite del bien. Lo primero es obvio, porque significa venganza. Pero lo segundo se pasa por alto a veces. Jesús lo expresó así: “hacéis bien a los que os hacen bien’.” Así pues, el primero dice “Me haces mal, te haré mal” y el segundo, “Me haces bien, te haré bien”, o (en forma más familiar o coloquial) “Rascas mi espalda y yo rasco la tuya”. De modo que el desquite es el estilo del mundo; venganza por un lado y recompensa por el otro, devolviendo injurias y devolviendo favores. Entonces sennmos que nos hemos desquitado, no somos deudores del hombre, nos mantenemos al nivel de todos. Es el lema del orgullosoque no puede soportar estar en deuda con nadie. Es el intento de poner orden en la sociedad mediante una justicia tosca pero aplicable, que administramos nosotro mismos, de tal modo que nadie saca ventaja de nosotros en ninguna forma.

Nuestro llamado cristiano consiste no en imitar al mundo, sino al Padre. Y es mediante esta imitación de él que la contracultura cristiana se hará visible.

Según Jesús, la “justicia” cristiana tiene estas dos dimensiones: moral y religiosa. Algunos hablan y se conducen como si imaginaran que su deber principal como cristianos yace en la esfera de la actividad religiosa, sea en público (ir a la iglesia) o en privado (ejercicios devocionales). Otros han reaccionado en forma tan fuerte contra tal énfasis excesivo en la piedad que hablan de cristianismo “sin religión”. Para ellos la iglesia se ha convertido en la ciudad secular, y la oración en un encuentro de amor con su prójimo. Pero no hay necesidad de escoger entre piedad y moralidad, devoción religiosa en la iglesia y servicio activo en el mundo, amar a Dios y amar a nuestro prójimo, puesto que Jesús enseño que la “justicia” cristiana auténtica los incluye a ambos.

El concepto de que los cristianos no deben conformarse al mundo resulta familiar en el Nuevo Testamento. Lo que no resulta tan conocido es que Jesús también vio (y previó) la mundanalidad de la iglesia misma y llamó a sus seguidores a no conformarse tampoco a la iglesia nominal, sino más bien a ser una comunidad cristiana verdaderamente distinta en su vida y práctica del estado religioso, una ecclésiola (pequeña iglesia) in ecclésia. La diferencia esencial tanto en religión como en moralidad reside en que la auténtica justicia cristiana no es sólo una manifestación externa, sino una manifestación de lo íntimo del corazón. Mateo 6.1: Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

Debemos “mostrar cuando somos tentados a esconder” y “esconder cuando somos tentados a mostrar”? Nuestras buenas obras tienen que ser públicas para que nuestra luz alumbre; nuestras devociones religiosas tienen que ser secretas, no sea que nos jactemos de ellas.

Es fácil burlarse de aquellos fariseos judíos del primer siglo.

¿Cuál es, entonces, la “recompensa” que el Padre celestial da al dador secreto? No es pública ni necesariamente futura. Es probablemente la única recompensa que el amor genuino desea cuando entrega un donativo al necesitado, a saber, ver aliviada la necesidad. Cuando a través de nuestros donativos se alimenta al hambriento, se viste al desnudo, se sana al enfermo, se libera al oprimido y se salva al perdido, el amor que inspiró el donativo queda satisfecho. Tal amor (que es el propio amor de Dios expresado a través del hombre) trae consigo sus propios gozos secretos, y no desea otra recompensa.

Los fariseos ayunaban “dos veces a la semana” los lunes y jueves. Juan el Bautista y sus discípulos también ayunaban en forma regular, incluso “a menudo”, pero los discípulos de Jesús no la hacían.

A veces hasta hoy, cuando el pueblo de Dios es convencido de pecado y movido al arrepentimiento, es apropiado como señal de penitencia lamentarse, llorar y ayunar.

El propósito del ayuno no es hacernos propaganda sino disciplinarnos, no obtener reputación para nosotros-mismos sino expresar nuestra humildad delante de Dios y nuestro interés por otros que se hallan en necesidad. Si estos propósitos se cumplen, será suficiente recompensa.

La hipocresía no es el único pecado que debe evitarse en la oración; la “vana repetición” o expresión mecánica y sin significado también debe evitarse. La primera es la locura del fariseo, la segunda, la del pagano o gentil.

Rehusar mencionarlas por completo [nuestras necesidades] en la oración (sobre la base de que no deseamos molestar a Dios con tales trivialidades) es un error tan grande corno permitirles que dominen nuestras oraciones. Porque ya que Dios es el “Padre nuestro que está en los cielos” y nos ama con el amor de un padre, se interesa por el bienestar total de sus hijos y desea que llevemos nuestras necesidades confiadamente a él, nuestra necesidad de alimento y de perdón y de liberación del mal.

Lutero tuvo la sabiduría de ver que “pan” era un símbolo para ‘:todo lo necesario para la preservación de esta vida, corno alimento, un cuerpo sano, buen tiempo, casa, hogar, esposa, hijos, buen gobierno y paz”, y probablemente deberíamos añadir que por “pan” Jesús” quiso decir las necesidades y no los lujos de la vida.

Una vez que nuestros ojos han sido abiertos para ver la enormidad de nuestra ofensa contra Dios, las injurias que otros nos han hecho parecen en comparación extremadamente fútiles. Si, por otra parte, tenemos una visión exagerada de las ofensas de otros, ello prueba que hemos reducido al mínimo las nuestras. La disparidad entre el tamaño de las deudas es el punto principal de la parábola del siervo malvado. Su conclusión es: “Toda aquella deuda (que era enorme) te perdoné… ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, comoyo tuve misericordia de ti?” (18.32,33).

Así pues, las tres peticiones que Jesús pone en nuestros labios son hermosamente extensas en su aplicación. Cubren, en principio, toda nuestra necesidad humana: material (el pan de cada día), espiritual (el perdón de pecados) y moral (la liberación del mal). Lo que hacemos cada vez que decimos esta oración es expresar nuestra dependencia de Dios en cada área de nuestra vida humana. Además, un cristiano trinitario está obligado a ver en estas tres peticiones una alusión velada a la Trinidad, ya que es por medio de la creación y providencia del Padre que Así pues, las tres peticiones que Jesús pone en nuestros labios son hermosamente extensas en su aplicación. Cubren, enprincipio, toda nuestra necesidad humana: material (el pan de cada día), espiritual (el perdón de pecados) y moral (la liberación del mal). Lo que hacemos cada vez que decimos esta oración es expresar nuestra dependencia de Dios en cada área de nuestra vida humana. Además, un cristiano trinitario está obligado a ver en estas tres peticiones una alusión velada a la Trinidad, ya que es por medio de la creación y providencia del Padre que recibimos nuestro pan de cada día, por medio de la muerte expiatoria del Hijo que podemos ser perdonados y por medio del poder del Espíritu que habita en nosotros que somos rescatados del malo.

En realidad, el divorcio de lo sagrado y de lo secular ha sido desastroso en la historia de la iglesia. Si somos cristianos, todo lo que hacemos, no importa lo “secular” que-sea (como ir de compras, cocinar, sumar números en la oficina, etc.) es “religioso” en el sentido de que se hace en la presencia de Dios y según la voluntad de Dios.

Ni tener posesiones, ni proveer para el futuro, ni disfrutar las dádivas del buen Creador están incluidas en la censura de la acumulación de tesoros en la tierra. ¿Qué se prohibe entonces? Lo que Jesús prohibe a sus seguidores es la acumulación egoísta de bienes; la vida extravagante y opulenta; la dureza de corazón que no siente la necesidad colosal de los desheredados del mundo; la fantasía insensata de que la vida de una persona consiste en la abundancia de los bienes que posee; y el materialismo que ata nuestros corazones a la tierra.

“Hacer tesoros en el cielo” es hacer en la tierra cualquier cosa cuyos efectos duren por la eternidad.

Hudson Taylor aprendió esta lección en su primer viaje a la China en 1853. Cuando una violenta tormenta a la altura de la costa de Gales amenazaba convertirse en desastre, sintió que llevar puesto un salvavidas sería deshonrar a Dios. Así pues, se quitó el suyo. Más tarde, sin embargo, se dio cuenta de su error: “El uso de medios no tiene que reducir nuestra fe en Dios, y no es menester que nuestra fe en Dios obstaculice nuestro uso de cualquier medio que él nos ha dado para el cumplimiento de sus propios propósitos”.

Es cierto que Jesús prohibe a su pueblo que se preocupe. Pero estar libre de preocupaciones y estar libre de conflictos no es lo mismo. Cristo nos ordena que no nos afanemos, pero no promete que seremos inmunes a toda desgracia. Por el contrario, hay muchas indicaciones en su enseñanza de que él conoció todo tipo de calamidades.

A los hijos de Dios no se les promete libertad ni del trabajo, ni de la responsabilidad, ni del conflicto, sino de la preocupación. La preocupación se nos prohíbe: es incompatible con la fe cristiana.

Toda preocupación es sobre el mañana, se trate de la comida, el vestido o cualquier otra cosa, pero toda preocupación se experimenta hoy.

Deberíamos, por supuesto, hacer planes para las eventualidades del futuro, pero no preocuparnos por el futuro. “Basta con las penas de cada día’,” o, “Cada día tiene bastante con sus propios problemas’. De modo que ¿por qué anticiparlos? Si lo hacemos, los duplicamos. Porque si nuestro temor no se hace realidad, nos hemos preocupado antes inútilmente; si se hace realidad, nos hemos preocupado dos veces en vez de una. En ambos casos es ridículo: la preocupación duplica el problema.

Uno de lospropósitos de Dios para su comunidad nueva y redimida es que, a través de ella, su justicia se vuelva atractiva (en la vida personal, familiar, de negocios, nacional e internacional), y así recomendarla a todos los hombres. Entonces la gente ajena al reino de Dios la verá y deseará, y la justicia del reino de Dios será derramada sobre el mundo no cristiano.

El mandato no juzguéis no es una prescripción a ser ciegos, sino mas bien una exhortación a ser magnánimos. Jesús no nos dice que dejemos de ser hombres (al suspender nuestros poderes críticos que nos distinguen de los animales), sino que renunciemos a la ambición presuntuosa de ser Dios (al colocarnos en alto como jueces).

Tenemos una fatal tendencia a exagerar las faltas de los demás y a reducir la gravedad de las nuestras. Parece que nos resulta imposible, al compararnos con los demás, ser estrictamente objetivos e imparciales. Por el contrario, tenemos una perspectiva alegre y optimista de nosotros y una perspectiva acre de los otros. En realidad, lo que hacemos a menudo es ver nuestras propias faltas en otros y juzgarlas de manera vicaria. De esa manera, experimentamos el placer de la rectitud propia sin el dolor de la penitencia.

Necesitamos distinguir entre las dádivas de Dios como Creador y sus dádivas como Padre, o entre sus dádivas de creación y sus dádivas de redención. Es perfectamente cierto que da ciertas dádivas (cosecha, hijos, alimento, vida) sea que la gente ore o no, que crean o no. Da a todos vida y aliento. Envía a todos la lluvia del cielo y las estaciones fértiles. Hace salir su sol sobre buenos y malos.” “Visita” a la madre cuando ella concibe y más tarde da a luz. Ninguna de estas dádivas depende del reconocimiento de su Creador por parte de la gente o de su oración a él. Pero las dádivas de redención de Dios son diferentes. Dios no otorga la salvación a todos, sino que “da con abundancia a todos los que le invocan. Porque esto es lo que dice: ‘Todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación”. Lo mismo se aplica a las bendiciones posteriores a la salvación” las “buenas cosas” que Jesús dice que el Padre da a sus hijos. No son bendiciones materiales las referidas aquí, sino bendiciones espirituales -el perdón de cada día, la liberación del mal, la paz, el aumento de la fe, la esperanza y el amor, en efecto la obra del “Espíritu Santo” que mora en nosotros como la bendición completa de Dios, que escomo Lucas traduce las “buenas cosas”. Por estas dádivas tenemos ciertamente que orar.

Por ser bueno, nuestro Padre celestial da sólo buenas dádivas a sus hijos; por ser también sabio, sabe cuáles dádivas son buenas y cuáles no. Ya hemos oído que Jesús dice que los padres humanos nunca darían una piedra o una serpiente a sus hijos cuando éstos les pidieran pan o pescado. Pero ¿qué pasaría si los hijos (por ignorancia o desatino) pidieran realmente una piedra o una serpiente? ¿Se las darían? Sin duda un padre en extremo irresponsable podría conceder al niño su petición, pero la gran mayoría de los padres serían lo suficientemente sabios y amantes como para no hacerlo. Verdaderamente, nuestro Padre celestial nunca nos daría algo dañino, aunque se lo pidiéramos con urgencia y repetidamente, por la sencilla razón de que él da a sus hijos sólo “buenas dádivas”. Así pues, si pedimos buenas dádivas, él nos las concederá; si pedimos cosas que no son buenas (sea que no son buenas en sí mismas, o que no sean buenas para nosotros o para otros, directa o indirectamente, en forma inmediata o absoluta) él nos las negará; y solamente él distingue la diferencia.

No debe deslumbrarnos el ropaje exterior de una persona -su encanto, erudición, doctorados y distinciones eclesiásticas. No debemos ser tan cándidos para suponer que, porque tiene un doctorado en filosofía o un doctorado en teología, o es profesor u obispo tiene que ser un embajador de Cristo verdadero y ortodoxo. Tenemos que mirar la realidad bajo la apariencia. ¿Quévivebajo el vellón: una oveja o un lobo?

La sana doctrina y la vida santa son las marcas de los verdaderos profetas.

La cuestión real no es sioyenla enseñanza de Cristo (ni siquiera si la respetan o la creen), sino si hacen lo que oyen. Sólo una tormenta revelará la verdad. Aveces una tormenta de crisis o calamidades pone de manifiesto qué clase de persona somos, porque “la verdadera piedad no se distingue de su falsificación hasta que llega a la prueba”. Si no antes, la tormenta del día del juicio con seguridad lo hará manifiesto. La verdad en la que insiste Jesús en estos dos párrafos finales del Sermón es que ni el conocimiento intelectual de él ni la profesión verbal, aunque ambos en sí mismo son esenciales, jamás pueden sustituir a la obediencia.

Jesús no pone ante sus seguidores una sarta de reglas éticas, sino más bien un conjunto de valores e ideales que se distingue completamente del estilo del mundo. Él nos convoca a renunciar a la cultura secular reinante en favor de la contracultura cristiana.

La Fe Cristiana frente a los desafíos contemporáneos

John Stott

Aunque originalmente publicado en 1984, los temas y problemáticas planteadas en el libro, continúan vigentes y lo que es peor sin solución definitiva o alguna pronunciación cristiana al respecto: las guerras, la contaminación, el aborto, el desempleo, el divorcio, homosexualismo etc.
El autor, de origen británico, aborda los temas de una manera profunda y con una exégesis acorde al punto de vista biblico: la política pasando por la autocracia, la anarquía y la democracia. Interesante la forma en que aborda la sexualidad como punto de partida para distintas discusiones. La Creación, la Caída, la Redención y la Consumación y su impacto en la vida del hombre. Definición de conceptos y principios de guerra, incluyendo la “guerra justa” (desconocida para mi), aunque su análisis respecto a la entonces posibilidad del uso de armas nucleares en el contexto de la guerra fría, me parece bastante simple y sesgada. La descripción del ambiente laboral en Inglaterra en los 80’s, no está alejada de la realidad actual. El apartado final respecto al liderazgo es bastante bueno también.
Y ante toda esta problemática, Stott identifica la manera en que la iglesia ha respondido, o en su caso, dejado de responder. Al final queda el desafío entre líneas para que el cuerpo de Cristo pueda manifestarse y hacerse sensible a éstas necesidades, manifestando el punto de vista ha que somos llamados por ser la luz del mundo y la sal de la tierra. Calificación de 10.
La Fe Cristiana frente a los desafíos contemporáneos.

La Fe Cristiana frente a los desafíos contemporáneos.

La imagen de Dios no sólo se exhibe en el tipo de actividad que realizamos, sino en la calidad del producto cultural. La imagen de Dios debe, por tanto, reflejarse en la educación, la investigación científica, en el matrimonio y la familia, en el arte, en la industria, en la política, el gobierno, etc. Debemos cultivar este mundo, y al hacerlo debemos imprimirle la imagen que nos fue dada. Esta tarea es una tarea dada por Dios y está en contra de toda dicotomía que divida la vida entre lo religioso y lo secular. Todo es religioso, pues toda actividad humana es impulsada por la imagen y vocación que Dios puso en el ser humano.

Pero el pecado humano no hace que la actividad cultural sea mala ni convierte a la creación en algo malo. Hay que subrayar que lo malo está en la forma en que el hombre degrada y mal orienta la creación y el mandato que ha recibido. Por eso, Pablo nos llama a reorientar nuestras actividades: «En consecuencia, sea que comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Co. 10:31). La actividad de comer, beber o cualquier otra puede ser mala o buena dependiendo de la orientación que le demos. El pecado está en la orientación impía que el hombre le ha dado a su vocación. Es con este trasfondo que la salvación llega. Dios no viene a salvar a un desconocido, viene a salvar a su creación, viene a rescatar al ser humano que lleva su imagen.

Una cosmovisión cristiana viene a rectificar la idea de que para servir al Señor mi actividad debe estar conectada con alguna tarea propia de la iglesia. El relato de la creación nos ha demostrado que Dios se relacionó con el ser humano mucho antes de que apareciera la iglesia, y el mandato cultural es anterior a ella. El mandato cultural es tanto una orden que el ser humano debe obedecer como un impulso natural que recibió al ser creado. De manera que, cuando un ser humano se entrega a la labor educativa, al arte, los negocios, la política, etc. está sirviendo a Dios y respondiendo a su vocación. Es Dios quien pone al ser humano en este mundo con la tarea de señorear sobre él, con la tarea de cultivar y cuidar del huerto. Por tanto, para que una actividad sea un servicio a Dios no necesita estar bajo la tutela de la iglesia. Pero algunos cristianos han aprendido a ver la vida en la forma de dos compartimentos: el mundo y la iglesia.

La repostería, la electrónica, la jardinería, el deporte, el arte, la salud, la educación, la industria, etc. son todas actividades que en sí mismas son un servicio a Dios, porque en todas esas empresas el ser humano responde a la vocación de Dios de cultivar y cuidar del huerto, de sojuzgar y señorear sobre la tierra.

El hecho de cultivar o desarrollar la vocación es en sí un servicio a Dios. Mi fe me debería capacitar para hacer un aporte cultural a la sociedad.

Convertir al mundo para Cristo no significa convertirlos a todos en religiosos alienados de la sociedad; y ser cristiano no quiere decir evadirme de los problemas de la sociedad para refugiarme en un supuesto mundo espiritual.

La gran empresa de la Iglesia es la reforma del mundo … Originalmente la Iglesia de Cristo se organizó para ser un cuerpo de reformadores. La profesión de fe cristiana en sí misma implica una profesión o virtualmente un voto a hacer todo lo que puede hacerse a favor de la reforma global del mundo»

El propósito fundamental del cristianismo es transformar la sociedad humana en el Reino de Dios, por medio de la regeneración de todas las relaciones humanas.

La acción social es una consecuencia de la evangelización a la vez que un puente hacia ella; de hecho, se declaró que ambas van juntas. Es más, que las une el evangelio mismo. «Pues el evangelio es la raíz de la cual la evangelización y la responsabilidad social son los frutos.»

La política es el arte de vivir juntos en una comunidad. Por otra parte, en sentido restringido, la política es el arte de gobernar.

Si quienes transitan por el camino de Jerusalén a Jericó fueran golpeados habitualmente y siempre hubiera buenos samaritanos que los atendieran, es muy probable que se podría pasar por alto la necesidad de elaborar leyes que acaben con los asaltos en los caminos. Si en una cierta esquina se producen accidentes con demasiada frecuencia, lo que hace falta no son más ambulancias sino la instalación de un semáforo para evitar los accidentes. Siempre es bueno dar de comer a los hambrientos; mejor aun sería erradicar las causas del hambre, si fuese posible. De modo que si en verdad amamos a nuestro prójimo y queremos servirle, nuestro servicio puede obligarnos a emprender la acción política a su favor o a solicitarla.

Los cristianos que comparten un interés común por problemas morales o sociales específicos deberían ser estimulados a sumarse a un grupo que estudie tales asuntos en profundidad y tome las medidas de acción que correspondan, y si dicho grupo no existiese se alentará su organización. En algunos casos se tratará de grupos exclusivamente cristianos; en otros, los cristianos podrán ofrecer su perspectiva bíblica a grupos mixtos, ya sea en un partido político, un gremio o una asociación profesional.

«Compromiso» significa volverse hacia el mundo con compasión; ensuciarse, lastimarse y gastarse las manos en el servicio y sentir en lo más profundo del ser el impulso del amor de Dios que no puede ser sofocado. En demasiados casos los evangélicos hemos sido, o tal vez aún somos, escapistas irresponsables. Nos resulta más agradable disfrutar de la comunión unos con otros dentro de la iglesia que servir fuera de ella, en un medio indiferente y hasta hostil. Por supuesto, de vez en vez hacemos incursiones evangelísticas en territorio enemigo (especialidad como evangélicos); pero luego nos retiramos, cruzando el foso de regreso al castillo cristiano (la seguridad de nuestra comunidad evangélica), levantamos el puente levadizo y hasta cerramos los oídos a las súplicas desesperadas de quienes golpean el portal. En cuanto a la acción social, en general decimos que en gran medida es una pérdida de tiempo, en vista de la inminencia del regreso del Señor. Al fin y al cabo, cuando la casa está en llamas, ¿de qué sirve colocar cortinas nuevas o reacomodar los muebles? Lo único que importa es rescatar a las víctimas.

La misión es nuestra respuesta humana a la comisión divina. Es un estilo de vida cristiano integral, que comprende la evangelización y la responsabilidad social, y está dirigida por la convicción de que Cristo nos envía a salir al mundo como el Padre lo envió a él. Por lo tanto, allí es adonde nos debemos dirigir, para vivir y servir, sufrir y morir por él.

Todo es «sagrado», pues todo le pertenece, y nada es «secular», por cuanto nada le es ajeno. Dios creó el universo material, lo sustenta y lo declaró bueno (Gn. 1.31).

Dios cuestiona la «religión», si ésta se reduce a cultos religiosos divorciados de la vida real, del servicio en amor y de la obediencia moral del corazón. «La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo» (Stg. 1.27). El único valor del culto religioso es que concentra en una hora de actividad congregacional, pública y oral la devoción de toda nuestra vida. Si no es así, si en cambio en la iglesia cantamos y decimos cosas que no tienen su corolario en la vida real fuera de la iglesia, en nuestro hogar y en el trabajo, es peor que nada; tal hipocresía es abominable a los ojos de Dios.

Dondequiera que haya justicia en este mundo caído es por la obra de su gracia. Todos los seres humanos lo sabemos, pues tenemos un sentido innato de la justicia, de lo cual es testimonio elocuente la común protesta de los niños: «¡Eso no vale!» (con el sentido de «¡no es justo!»). Esto confirma las enseñanzas de Pablo en cuanto a que la ley moral de Dios está escrita en el corazón del hombre (Ro. 2.14,15). Tanto la ley de Dios como su evangelio son para nuestro bien.

Tuve hambre, y formaron una comisión para considerar mi problema. Estuve en la cárcel, y se retiraron en silencio a orar por mi libertad. Estuve desnuda, y reflexionaron sobre la inmoralidad de mi aspecto. Estuve enferma, y agradecieron de rodillas por su propia salud. Necesitaba un techo, y me predicaron sobre el refugio del amor de Dios. Estuve en soledad, y me abandonaron para ir a orar por mí. Parecen tan santos, tan cerca de Dios… Pero yo todavía sufro hambre, frío y soledad.

La fe no puede permanecer sola. si es viva y auténtica, inevitablemente resultará en buenas obras; de lo contrario, es espuria.

La Iglesia es la única sociedad cooperativa que existe en el mundo para beneficio de aquellos que no son miembros de la misma.

A la iglesia le competen los principios y no las políticas.

La iglesia no debería alinearse con ningún sector, ni siquiera con una mayoría, frente a una minoría igualmente legítima.

Cuando dice «mente cristiana» no se refiere a una mente dedicada a temas específicamente «religiosos», sino a una mente que piensa «cristianamente», es decir, desde una perspectiva cristiana, aun acerca de los temas más seculares. No se trata de la mente de un cristiano esquizoide que «adopta la mentalidad cristiana y la abandona automáticamente cuando el tema de conversación cambia de la Biblia al periódico».

La diferencia entre el capitalismo y el socialismo es que en el capitalismo el hombre explota al hombre, mientras que en el socialismo es a la inversa.

La capacidad del hombre para hacer justicia hace posible la democracia; pero su inclinación hacia la injusticia la hace necesaria.

La comunidad cristiana como contexto para que desarrollemos nuestro pensamiento. La heterogeneidad es la mejor garantía contra una visión parcial. Pues la Iglesia tiene miembros de ambos sexos, de diferentes edades, temperamentos, experiencias y culturas. Con la riqueza que tal diversidad de trasfondos da a la interpretación bíblica, es difícil mantener nuestros prejuicios.

La Inquisición fue un intento de imponer una creencia y la Prohibición, un intento de imponer una conducta. Ambos resultaron infructuosos, pues no se puede obligar a la gente a que crea algo que no cree, ni a comportarse de una manera que no desea.

La Iglesia debería proponerse actuar como la conciencia de la nación. Si no podemos imponer la voluntad de Dios por medio de las leyes, tampoco podemos convencer a la gente simplemente mediante el uso de citas bíblicas. Pues estos son ejemplos de «autoridad impuesta desde arriba», que provoca resentimiento y resistencia. Resulta más eficaz la «autoridad que surge desde abajo», la verdad y el valor inherentes a algo que es evidente por sí mismo y que por lo tanto demuestra su propia validez.

La educación es el proceso de facilitar el crecimiento de las personas hacia la madurez.

«El compromiso es la expectativa que una persona tiene del éxito de una relación … El compromiso es lo que hace que funcione un matrimonio, una pareja o cualquier otra relación humana.» Pero «saber que algo es transitorio afecta el grado de compromiso». Por lo tanto las parejas que conviven sin casarse no invierten todos sus esfuerzos para nutrir y proteger su relación, y por consiguiente el 75% se separa. Son especialmente las muchachas quienes resultan lastimadas.

En la práctica, especialmente en países con alto nivel de analfabetismo, los medios de comunicación pueden manipular al público fácilmente. En todas las democracias existe el peligro constante de arrollar a las minorías.

La democracia se convierte en una autocracia en la cual todas las decisiones excepto una las toma un autócrata, y la única decisión que se deja en manos de la gente es la ocasional elección del autócrata.

Si bien los cristianos son (o deben ser) moral y espiritualmente distintos de los no cristianos, no deben segregarse socialmente. Por el contrario, su luz debe brillar en la oscuridad, y su sal debe penetrar en la carne en descomposición. Una lámpara no sirve de nada si se la pone debajo de la cama, y la sal no sirve de nada si permanece en el salero. Asimismo, los cristianos no deben mantenerse al margen de la sociedad, donde no pueden influir, sino que deben sumirse en ella. Han de permitir que su luz brille, para que se vean sus buenas obras.

Como cristianos solemos lamentar la decadencia de las normas del mundo con un aire de consternación farisaica. Criticamos la violencia, la deshonestidad, la inmoralidad, la codicia materialista y la falta de respeto por la vida. «El mundo se está desmoronando», decimos encogiendo los hombros. ¿Quién tiene la culpa? Permítanme expresarlo en estos términos: Si la casa está a oscuras cuando cae la noche, no tiene sentido culpar a la casa, pues eso es lo que sucede cuando baja el sol. La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la luz?» Si la carne se echa a perder y se vuelve incomible, no tiene sentido culpar a la carne, pues eso es lo que sucede cuando se deja que las bacterias se reproduzcan. La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la sal?» Análogamente, si hay un deterioro de la sociedad y una decadencia de valores, hasta parecerse a la oscuridad de la noche o a un pescado pestilente, no tiene sentido culpar a la sociedad, pues eso es lo que sucede cuando se abandona a su propia suerte a hombres y mujeres caídos y cuando no se pone freno al egoísmo humano. La pregunta que se debe hacer es «¿dónde está la Iglesia? ¿Por qué la sal y la luz de Jesucristo no están permeando y cambiando la sociedad?»

Pues Jesús nos dice que no seamos como quienes nos rodean: «No os hagáis, pues, semejantes a ellos» (Mt. 6.8). En cambio, nos llama a una justicia mayor (del corazón), un amor más amplio (que abarca incluso a los enemigos), una devoción más profunda (la de hijos que acuden a su Padre) y una ambición más noble (la búsqueda del Reino de Dios y su justicia).’ Sólo cuando elijamos su camino y lo sigamos, nuestra sal conservará su sabor, nuestra luz brillará, seremos testigos y siervos eficaces, y ejerceremos una influencia sana en la sociedad.

La fe conduce al amor, y el amor al servicio. De modo que la acción social, que es el servicio en amor a los necesitados, debería ser el resultado inevitable de la fe salvadora.

Como cristianos somos llamados a dar testimonio de la ley y el evangelio de Dios sin temor y sin disculpas, desde el púlpito (una plataforma con mucha más influencia de lo que generalmente se cree, especialmente en la formación de la opinión pública), por medio de cartas o artículos en periódicos locales y nacionales, discusiones en el hogar y el trabajo, espacios de radio o televisión, por medio de la poesía y de canciones populares.

La verdad es poderosa cuando se la defiende con argumentos; es más poderosa aun cuando se la exhibe. Porque la gente necesita no sólo comprender el argumento, sino ver la manifestación de sus beneficios.

Jesús nos ha revelado un secreto asombroso. Dios ha elegido cambiar el mundo por medio de los humildes, los que carecen de pretensiones y los que pasan inadvertidos … Esa ha sido siempre la estrategia de Dios: cambiar el mundo por medio de la conspiración de los insignificantes. Eligió a un puñado de andrajosos esclavos semitas para que se convirtieran en los insurgentes del nuevo orden … ¡Y quién habría soñado que Dios iba a escoger obrar por medio de un bebé en un establo para poner en orden el mundo! «Lo necio del mundo escogió Dios … lo débil … lo vil … lo menospreciado … y lo que no es … Dios aún mantiene la política de obrar por medio de lo vergonzosamente insignificante para cambiar el mundo y crear su futuro.

La calidad de una cultura puede transformarse cuando el dos por ciento de su población tiene una nueva visión.

En el Reino consumado «volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces» pues «no alzará su espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra» (Is. 2.4). Esto debe significar que como cristianos tenemos un compromiso primordial con la paz y la justicia. Es cierto que la búsqueda de la paz con justicia es mucho más costosa que el apaciguamiento con concesiones.

Derramar sangre inocente es el pecado social más grave, ya sea que éste sea cometido personalmente por asesinato o judicialmente por un régimen opresivo.

En la guerra nuclear no hay vencedores.

Los contactos personales acaban con las caricaturas y permiten el descubrimiento mutuo como seres humanos.

Que Cristo profetizara la hambruna, ¿nos impide apuntar hacia una distribución más equitativa de los alimentos? Asimismo, la profecía de guerras no nos impide buscar la paz. Dios es un hacedor de la paz. Jesucristo es un hacedor de la paz. Así pues, si queremos ser hijos de Dios y discípulos de Cristo, también debemos serlo.

Los combustibles fósiles no están hechos por el hombre, no pueden ser reciclados. Cuando se terminen, ¡se terminaron para siempre!

Por lo tanto, si el dominio de la tierra nos ha sido delegado por Dios, con miras a que cooperemos con él y compartamos sus frutos con los demás, somos responsables delante de él por nuestra mayordomía. No tenemos derecho a hacer lo que queramos con el medio ambiente natural; no es nuestro para que lo tratemos a nuestro antojo. «Dominio» no es sinónimo de «destrucción». Ya que ha sido puesto a nuestro cargo, debemos administrarlo responsable y productivamente por nuestro propio bien y el de las generaciones subsiguientes.

Un principio elemental de la interpretación bíblica sostiene que no se debe determinar el significado de las palabras sólo por su etimología, sino también y en particular por su uso en el contexto.

Las causas de la pobreza del Tercer Mundo se relacionan con personas y su comportamiento político, económico y cultural. Los factores políticos incluyen la mala administración, la expulsión de minorías étnicas, y el derroche y la corrupción por parte de gobiernos y líderes. A esto se suma el sistema económico que eligen y operan. Pero por sobre todo se encuentra el factor cultural, el efecto profundo que el trasfondo cultural de una persona tiene sobre sus motivaciones, pensamientos, aspiraciones y acciones.

Estamos dispuestos a pagar impuestos en nuestro propio país porque somos una nación; ¿no deberíamos también estar dispuestos a pagar un impuesto internacional porque somos un mundo?

En cuanto me avergüenzo de ir a visitar a alguien a su casa o de invitarlo a la mía, por la desigualdad en nuestro estilo de vida, algo anda mal. La desigualdad ha quebrado la comunión. Hace falta una igualación en una u otra dirección, o en ambas. El presidente Nyerere aplicó este desafío a la construcción de la nación de Tanzania en el cual «ningún hombre se avergüenza de su pobreza a la luz de la riqueza de otro, ni nadie se avergüenza de su riqueza a la luz de la pobreza de otro»

Debemos respaldar todo programa que apunte a lograr la igualdad de oportunidades educativas. La educación generalizada es probablemente el camino más corto hacia la justicia social, pues desarrolla en las personas la conciencia social, y así les da la preparación y el valor para tomar su destino en sus propias manos.

La situación actual de desigualdad Norte-Sur («una brecha tan grande que parecería que en los dos extremos las personas habitaran mundos distintos») no es culpa de Dios (pues él ha provisto recursos de tierra y mar), ni es culpa de los pobres (pues la mayoría de ellos nació sumido en ella, si bien algunos líderes gubernamentales son responsables por la corrupción y la incompetencia), ni es necesariamente nuestra la culpa (si bien nuestros antepasados colonialistas quizá hayan colaborado para que se inicie). Nos hacemos responsables personalmente sólo si consentimos su continuidad.

Los presos, que han sido privados de la libertad por la justicia, no deben ser privados de otros derechos.

El énfasis es que ningún individuo poderoso puede imponer su voluntad a la comunidad y que ninguna comunidad puede violar los derechos de un individuo o de una minoría.

Mi propio compromiso no es con el liberalismo ni con el marxismo, sino con una singular idea propagada por un carpintero que fue predicador disidente en Palestina según la cual la prueba de nuestra humanidad se halla en la manera en que tratamos a nuestros enemigos … La madurez y la humanidad de una sociedad se medirá de acuerdo con el grado de dignidad que dé a los desafectos y a los que no tienen poder.

«Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres» (Mr. 12.14). Es decir que ni trataba con deferencia a los ricos y poderosos, ni despreciaba a los pobres y débiles, sino que daba el mismo respeto a todos, cualquiera fuese su estrato social. Nosotros debemos hacer lo mismo.

En nuestro tiempo los dictadores defienden el arresto y la detención, y aun el encarcelamiento o la ejecución sin juicio previo, sobre la base de la «seguridad nacional». Me pregunto cómo reaccionaría frente a esto un profeta bíblico. La protesta y la denuncia dentro del mismo país sin duda costaría la vida al profeta. Pero, al menos por lo que se puede observar, el tipo de tarea que realiza Amnesty International es coherente con el precedente bíblico y con el reconocimiento de que en Dios «no hay acepción de personas». Los derechos humanos son derechos igualitarios.

A lo largo de toda su vida fue víctima de abusos a los derechos humanos. Fue un bebé refugiado en Egipto, un profeta sin honor en su propia tierra y el Mesías rechazado por el «establishment» religioso de su propio pueblo al cual él vino. Fue falsamente acusado, injustamente condenado, brutalmente torturado y, finalmente, crucificado. Y en todo su sufrimiento se negó a defender o exigir sus derechos, para servir con el sacrificio de sí mismo a nuestros derechos.

Renunciar a los derechos no significa aprobar los agravios. La razón por la cual no juzgamos es que ésa es prerrogativa de Dios y no nuestra (Ro. 12.19). Además, Cristo vuelve, y entonces toda maldad será juzgada, y la justicia finalmente será reivindicada.

«En el mundo moderno se toman muchas precauciones para que el cuerpo de los trabajadores no se lesione accidentalmente o de otra manera», y en el caso de que llegara a lesionarse, se le asigna una indemnización. Pero ¿qué sucede con «su alma y su espíritu»? «Si el trabajo lo lesiona a él y lo reduce a un robot, es simplemente una verdadera lástima.»

Debemos apoyar todo intento de «enriquecer» y «humanizar» las condiciones laborales.

La conciencia de que nuestro trabajo es útil y valorado contribuye a aumentar la satisfacción laboral.

De manera que cualquiera sea nuestra ocupación, […] debemos verla como cooperación con Dios para atender a las necesidades de los seres humanos y así ayudarlos a cumplir su propósito y crecer hacia la madurez.

En el Tercer Mundo, donde no existe el subsidio por desempleo comparable a un salario, a menudo es un problema de supervivencia. En Occidente el sufrimiento es más psicológico que físico. Es una amarga tragedia personal y social. Los psicólogos industriales han comparado la desocupación con el luto, pues la pérdida del empleo en cierta manera se parece a la pérdida de un ser querido.

Los desocupados (las principales víctimas) carecen de un gremio que los represente y que defienda su causa, la Iglesia podría constituirse en la voz de los que no tienen voz. Se encuentra en condiciones para hacerlo.

La Iglesia también debería señalar la diferencia entre «empleo» y «trabajo», divulgarla y actuar sobre la base de esa distinción. Pues si bien todo empleo es un trabajo (no se nos paga por no hacer nada), no todo trabajo es un empleo (podemos trabajar sin que se nos pague). Lo que desmoraliza a las personas no es tanto la falta de empleo (no tener un trabajo pago) sino la falta de trabajo (no emplear las energías en el servicio creativo). A la inversa, lo que da a las personas sentido de dignidad es el trabajo significativo.

Oprimir a los pobres es insultar a su Creador; servirlos es honrarlo.

Los cristianos debemos oponernos a la desigualdad de privilegio, y procurar que los índices diferenciales del escalafón se basen en el mérito y no en el privilegio. En efecto, resulta sano e inspira confianza el hecho de que la diferenciación se limite al salario y no incluya gratificaciones ocultas para los altos ejecutivos.

Lo que los animales hacen por instinto, los hombres lo hacen por decisión libre.

La diferencia fundamental que existe entre una «comunidad» y una «institución» es que, en la primera, los miembros conservan la libertad de elección, mientras que, en la segunda, en cierta medida ésta se les quita.

A menudo los pacientes sienten que se los deja de lado, y que hasta se los manipula, porque se les oculta la verdad acerca de su enfermedad y del tratamiento, y en esa situación se sienten impotentes.

La posibilidad de tomar decisiones es un derecho básico de los seres humanos y un componente esencial de la dignidad humana.

La causa de la libertad no logrará establecerse hasta que la libertad política no se traduzca en libertad económica.

Cada ciudadano debería tener voz en la conducción del negocio o la industria que se lleva adelante por medio de su trabajo.

Lo lamentable es que los trabajadores consideren que se deben primeramente al gremio y luego a la compañía.

Si no puedes disfrutar de tu trabajo, no deberías estar allí.

Toda iglesia homogénea debe dar pasos concretos para ampliar su membresía con el fin de reflejar visiblemente la unidad y variedad de la Iglesia de Cristo.

A causa de la unidad de la humanidad demandamos iguales derechos e igual respeto para las minorías raciales. A causa de la diversidad de grupos étnicos repudiamos el imperialismo cultural y defendemos la preservación de la riqueza de una cultura interracial, compatible con el señorío de Cristo. A causa de la finalidad de Cristo, sostenemos que la libertad religiosa abarca el derecho a difundir el evangelio. A causa de la gloria de la Iglesia, debemos libramos de todo resabio de racismo y esforzarnos por que la Iglesia sea un modelo de armonía entre las razas, en el que se cumpla el sueño multirracial.

Sin duda, los cristianos deben ser desafiados por la idolatría de la ciudad hindú, tal como Pablo lo fue por los ídolos de Atenas, y ser motivados a la evangelización. Pero tal como Jesús al ver las multitudes hambrientas, nosotros debemos ser movidos a la compasión y alimentarlas.

¿Quiénes son los pobres? […] Estos pueden clasificarse de diversas maneras, pero la división fundamental parece ser en tres clases. En primer lugar, en términos económicos, se encuentran los indigentes, desprovistos de los bienes básicos para la vida. En segundo lugar, en términos sociológicos, se encuentran los oprimidos, víctimas impotentes de la injusticia humana. En tercer lugar, en términos espirituales, se encuentran los humildes, quienes reconocen su necesidad y recurren sólo a Dios en busca de salvación.

Los indigentes, son desposeídos económicamente. Pueden carecer de alimentos, ropa o vivienda, o de las tres cosas.

En general los autores del Antiguo Testamento consideraban la pobreza un mal social involuntario que debía ser abolido y no tolerado, y presentaban a los pobres (que abarcaban a las viudas, los huérfanos y los extranjeros) como personas que debían ser socorridas y no censuradas. Se los tiene no por pecadores sino por «víctimas del pecado».

En el Nuevo Testamento, Santiago, cuando vitupera a los ricos, nos recuerda a los profetas del Antiguo Testamento. No es la riqueza en sí lo que condena, ni siquiera el lujo auto-complaciente en primer lugar, sino la fraudulenta retención de los jornales de los obreros y su violenta opresión de los inocentes.

El ministerio de la Iglesia debería concentrarse en los lugares en que la necesidad es mayor.

Cuando decía [Jesús] que nadie podía ser su discípulo a menos que hubiese «dejado» todos sus bienes y «aborrecido» a sus padres y demás parientes, debemos interpretar ambos verbos como dramáticas figuras retóricas. No hemos de aborrecer literalmente a nuestros padres, ni tampoco dejar todas nuestras posesiones literalmente. La demanda es a dar el primer lugar a Jesucristo, por encima de nuestra familia y de nuestros bienes.

Los cristianos no pueden «permanecer ricos», en el sentido de mantener su estilo de vida sin modificación alguna. No podemos seguir llevando una «buena vida» (de lujo desmedido) y quedarnos con la conciencia tranquila. Debemos sacrificar alguna de las dos. O bien conservamos nuestra conciencia tranquila y reducimos nuestra opulencia, o bien conservamos nuestra opulencia y acallamos nuestra conciencia.

El «materialismo» no es la mera posesión de bienes materiales, sino la obsesión insana por tenerlos.

El antídoto cristiano contra el materialismo no es el ascetismo; la austeridad como un fin en sí mismo implica un rechazo de los buenos dones del Creador.

El oro es como el agua de mar; cuanto más bebemos, más sed nos provoca.

Nuestro enemigo no son las posesiones sino el exceso.

Fariseísmo (atarnos unos a otros con reglas).

La igualdad sexual, establecida en la creación pero pervertida con la caída, fue recuperada mediante la redención en Cristo. Con la redención se remedia la caída, y se recupera y restablece la creación. Hombres y mujeres disfrutan, pues, de absoluta igualdad de valor delante de Dios: por igual han sido creados por Dios y a su imagen, justificados por gracia por medio de la fe, y regenerados por el Espíritu que les fue derramado. En otras palabras, en la nueva comunidad de Jesús no sólo somos copartícipes de la imagen de Dios por igual, sino también coherederos de su gracia en Cristo (1 P 3.7) y morada de su Espíritu. Nada puede destruir esta igualdad trinitaria (nuestra coparticipación en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo). Cristianos e iglesias de diferentes culturas la han negado; pero es un hecho indestructible.

«Ser cabeza» de su esposa significa para el marido cuidado y no dominio; responsabilidad y no autoridad. Como «cabeza», se entrega a sí mismo por amor a ella, tal como lo hizo Cristo por su cuerpo, la iglesia, y la cuida, como todos cuidamos de nuestro propio cuerpo. Su interés no es oprimirla, sino liberarla. Tal como Cristo se dio a sí mismo por su esposa, con el fin de presentársela a sí mismo radiante y sin culpa, así también el marido se da a sí mismo por su esposa, con el fin de crear las condiciones adecuadas para que ella pueda crecer hasta la plenitud de su femineidad.

Es cierto que «no es bueno que el hombre esté solo», sin el compañerismo de la mujer, pero tampoco es bueno que la mujer esté sola, sin «cabeza» masculina.

Cristo no sólo da carísmata (que incluyen los dones de enseñanza) a las mujeres, sino también que al conceder sus dones, Cristo hace el llamado a desarrollarlos y ejercerlos en el servicio a él y al prójimo, para el crecimiento de su cuerpo.

Si Dios concede dones espirituales a las mujeres (lo cual hace), y por lo tanto las llama a ejercer sus dones para el bien común (lo cual hace), la iglesia debe reconocer los dones y la vocación que vienen de Dios, abrir a la mujer esferas de servicio adecuadas, y «ordenarlas» (es decir, encomendarlas y autorizarlas) para el ejercicio del ministerio que reciben de Dios, al menos en situaciones de equipo. De acuerdo con nuestras doctrinas cristianas de la Creación y la Redención, Dios se propone que los miembros de su pueblo a quienes concedió dones alcancen la realización y no la frustración, y que su Iglesia se vea enriquecida por su servicio.

La prótasis o parte condicional de la oración; la apódosis o consecuencia.

El hecho de que en el mundo antiguo el divorcio era comparativamente poco frecuente se debía a que poner término a un matrimonio y comenzar uno nuevo habría significado la quiebra.

La base de la unión no es la fluctuante experiencia humana («Te amo, no te amo») sino la palabra y la voluntad divina («serán una sola carne»).

Los pactos no se ‘quiebran’ solos; alguien los quebranta; en el divorcio se manifiesta el pecado además de la tragedia.

Cada vez que alguien me hace una pregunta sobre el divorcio, me niego a contestarla sin antes hablar acerca de dos temas: el matrimonio y la reconciliación. Este es un intento simple de imitar a Jesucristo en sus prioridades. Cuando los fariseos lo interrogaron con relación a las bases del divorcio, él los remitió a la institución original del matrimonio. Si permitimos que nuestra preocupación se centre en el divorcio y sus razones, en vez de hacerlo en el matrimonio y sus ideales, caemos en el fariseismo. El propósito de Dios es el matrimonio y no el divorcio, y el evangelio trae las buenas nuevas de reconciliación. Debemos ver las Escrituras como un todo y no aislar el tema del divorcio.

Supuestamente la reconciliación es asunto de los cristianos. Muchas más personas buscarían ayuda, y la buscarían en las etapas tempranas cuando más se la necesita, si supieran adónde acudir en busca de compasión, comprensión y consejo.

De acuerdo con las Escrituras la vida humana sólo se puede quitar para proteger y defender otra vida, por ejemplo, en defensa propia; no tenemos derecho a introducir muerte en una situación en la cual ésta no existe, ni en forma de amenaza.

La verdadera razón por la cual decimos que la discapacidad grave sería una carga insoportable para un niño, si se le permitiera nacer, es en realidad que sería una carga insoportable para nosotros.

Debemos cerciorarnos de que si bien algunos bebés no son deseados (ni amados ) por sus padres, ninguno sea «no deseado» para la sociedad en general, ni para la iglesia en particular.

Combatimos el aborto con la adopción.

Por firme que sea nuestra desaprobación de las prácticas homosexuales, no tenemos derecho alguno de deshumanizar a quienes las adoptan.

Los pecados sexuales no son los únicos pecados que existen, ni los más pecaminosos; sin duda, el orgullo y la hipocresía son peores.

No podemos culpar a una persona por lo que es, pero sí por lo que hace.

En general se coincide en que frente a la falta de medios de canalización heterosexual, y bajo las presiones culturales, un alto porcentaje de personas adoptaría conductas homosexuales (o al menos podría adoptarlas).

La condición homosexual no comprende necesidades anormales, sino necesidades normales que, de manera anormal, han quedado sin respuesta en el proceso de crecimiento.» La homosexualidad «es esencialmente un estado de desarrollo incompleto» o de necesidades no satisfechas.

En las culturas africanas y asiáticas comúnmente se puede observar que dos hombres van de la mano por la calle, sin avergonzarse. Es triste que nuestra cultura occidental inhiba el desarrollo de amistades ricas del mismo sexo, al generar el temor al ridículo o a ser rechazado por «rarito».

Ya sea que se llame «meta», «manifiesto» o «estrategia», se trata de una visión.

[Visión] Profunda disconformidad con lo que es y un clara comprensión de lo que puede ser. Surge de la indignación por el statu quo y se transforma en la diligente búsqueda de una alternativa.

La apatía es la aceptación de lo inaceptable; el liderazgo comienza con una rotunda negativa a esa actitud.

Lo indignante es la ausencia de indignación.

Los sueños de la noche tienden a evaporarse a la fría luz de la mañana.

La verdadera obra de Dios prospera con la oposición.

Entre los seguidores de Jesús, liderazgo no es sinónimo de señorío. Nuestro llamado es a ser siervos y no jefes, esclavos y no amos. Es verdad, cierta autoridad corresponde a los líderes, es más, el liderazgo sería imposible sin ella. Los apóstoles recibieron autoridad de Jesús, y la ejercieron tanto en la enseñanza como en la disciplina de la iglesia. Aun a los pastores actuales, si bien no son apóstoles y no poseen autoridad apostólica, se les debe «tener respeto» por su rol, pues «dirigen» a la congregación (1 Ts. 5.12`vp) e incluso se les debe obedecer (He. 13.17). Pero el énfasis de Jesús no se centró en la autoridad del líder-gobernante sino en la humildad del líder-siervo. La autoridad de un líder cristiano no es mediante el poder sino mediante el amor, no es por la fuerza sino por el ejemplo, no emplea la coacción sino la persuasión razonada. Los líderes tienen poder, pero el poder sólo está a salvo en las manos de aquellos que se humillan para servir.

En el Reino de Dios el servicio no es un trampolín a la nobleza; es la nobleza misma, la única clase de nobleza que goza de reconocimiento.

Las personas tienen prioridad sobre los proyectos.

Los líderes cristianos sirven, y de hecho no sirven a sus propios intereses sino a los de los demás (Fi. 2.4).

El liderazgo en equipo es más sano que el liderazgo inividual, por varias razones. La primera: los miembros de un equipo se complementan unos a otro, pues construyen sobre la base de los puntos fuertes de cada uno y se compensan las debilidades mutuamente. Ningún líder posee todos los dones, de modo que ningún líder debe conservar todas las riendas en sus manos. La segunda razón: los miembros de un equipo se animan mutuamente, identificando los dones de cada uno e incentivándose unos a otros a usarlos y desarrollarlos.

La tercera razón, los miembros de un equipo son responsables los unos delante de los otros. El trabajo compartido significa responsabilidad compartida. Asimismo se escuchan mutuamente y aprenden unos de otros.

Las personas fuertes siempre tienen fuertes debilidades. Aun los grandes líderes de la historia bíblica tuvieron defectos fatales. Ellos también eran de naturaleza caída, débiles y falibles. Noé el justo se emborrachó. Abraham el fiel llegó tan bajo como para arriesgar la castidad de su esposa para garantizar su propia seguridad. Moisés perdió la paciencia y se enojó. David quebrantó cada uno de los mandamientos de la segunda tabla de la ley, pues se hizo culpable de adulterio, asesinato, robo, falso testimonio y codicia, todo en el mismo episodio de rebelión moral por Betsabé. La solitaria valentía de Jeremías estaba viciado por la auto-conmiseración. Juan el Bautista, a quien Jesús describió como el mayor hombre que hubiera existido jamás, estaba agobiado por la duda. Detrás de su impulsiva jactancia Pedro sin duda ocultaba una profunda inseguridad. Si los héroes de las Escrituras fallaron, ¿qué esperanza tenemos nosotros?

A menudo se dice que [Jesús] siempre estaba a disposición de la gente. Eso no es cierto, no lo estaba. Hubo ocasiones en que mandó a las multitudes que se marcharan. No permitía que lo urgente sustituyera a lo importante. Constantemente se alejó de las presiones y el fulgor de su ministerio público, con el fin de buscar a su Padre en la quietud de la soledad y volver a colmar sus reservas de fuerzas.

Aquellos líderes que se consideran fuertes en su propia fortaleza son las personas más lastimosamente débiles; sólo aquellos que conocen su debilidad y la reconocen pueden volverse fuertes en la fortaleza de Cristo.