Minas terrestres en el camino del creyente

Charles F. Stanley

Minas terrestres en el camino del creyente

Minas terrestres en el camino del creyente


El ser creyente no es garantía de inmunidad a los problemas de la vida. Lo que se tiene a la mano es la manera de enfrentarlos. Y menos si esos problemas son ocasionados por situaciones que a menudo son provocadas por uno mismo. Estas situaciones son como minas terrestres que pueden hacer explosión cuando menos se le espera. Orgullo, Celos, envidia, inseguridad, transigencia, rencor, desilusión, temor, inmoralidad e indolencia, son algunas de las minas que el autor nos detalla, pero también nos muestra la manera en que podemos evadirlas o minimizar los daños. Calificación de 8.

Agostada: Que ha rendido todo el fruto posible y ya no tiene casi vida.
Cáustica: Que es crítico, tiene ironía aguda y malintencionada.
Ominosa: Que es abominable y merece ser condenado y aborrecido.

Usted debe asimilar dos cosas. Primero, Dios es más grande que cualquier arma que Satanás pueda usar contra usted. A pesar de lo horrendo que pueda parecer el ataque de Satanás, Dios es omnipotente. Segundo, para vencer esos pecados, debe reconocer que Dios los ha prohibido todos y cada uno. Son minas que han sido colocadas en su senda, pero no tienen por qué llevarle a la destrucción.

Si el Espíritu de Dios detecta algo que está mal en usted, Él no le pide que lo corrija [ni que explique lo que ha hecho]; le pide que acepte la luz [de Dios] acerca de su situación, y Él lo corregirá. Un hijo de Dios confiesa al instante y se desenmascara delante del Señor. Un hijo de las tinieblas dirá: «Oh, puedo explicar eso». Cuando aparezca la luz y llegue la convicción de maldad, sea un hijo de la luz y confiese, y Dios se encargará de lo que está mal; si usted se justifica a sí mismo, demostrará que es un hijo de las tinieblas.

Los problemas son una parte natural de la vida, y la única persona que puede sastisfacer de manera perfecta nuestras necesidades es Jesucristo.

Los incrédulos tienen motivos para temer. Sus nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Se acumulan las presiones, llegan los problemas y no tienen la sabiduría que Dios ha dado a los que le han entregado su corazón y su vida a Él.

Cuando su corazón esté vuelto hacia Él, sentirá Su voz que le dirige y le guía en cada situación. Eso no significa que usted vaya a librarse de todos los embotellamientos del tránsito, las aflicciones y los desengaños de la vida, pero sí significa que Él va a estar con usted en cada paso del camino, le guiará, le dirigirá y responderá sus oraciones.

De todas las luchas que se analizan en este libro, el orgullo es la que tiene los resultados más devastadores.

Dios nunca rescinde su llamado. Puede que cambie las circunstancias, pero nunca pedirá que abandonemos su voluntad.

El orgullo siempre precede a la caída, mientras que la humildad recorre un largo camino hasta el éxito.

Siempre que empecemos a creer que somos tan importantes que no tendremos que dar cuenta por lo que hacemos o decimos, es seguro que vamos hacia una caída. O cuando rehusamos obedecer a Dios en un área específica, podemos esperar experimentar su disciplina en nuestra vida.

Muchas veces cedemos al pecado y pensamos: Oh, bueno, eso no tuvo importancia. Una vez que la persona siente que ha pecado sin consecuencias rara vez, o nunca, piensa: No voy a hacer eso más, porque sé que desagrada a Dios. En lugar de eso, cuando viene la tentación, la persona orgullosa repite la misma acción, solo que en un grado mayor.

Si usted está más interesado en vivir la vida a su manera que en agradar a Dios, entonces está enredado en el orgullo y Dios tendrá que quitarlo.

Si usted quiere de veras eliminar el orgullo de su vida, pida a Dios que le muestre cómo puede servir a otra persona.

La mejor manera de eliminar el orgullo de su vida es rodearse de personas que lo aprecien por las razones correctas y no para alimentar su ego. El orgullo es una piedra de tropiezo para muchos líderes debido a que hay una tendencia a rodearse de aquellos que dicen lo que creen que el líder desea escuchar. Si ve que eso se aplica también a usted, necesita entonces pedir a sus amigos que le sean honestos.

Cuando nos volvemos orgullosos, el discernimiento de Dios en nuestra vida se apaga. Comenzamos a tomar decisiones horrendas porque ya no tenemos disponible Su sabiduría. Es como si fuéramos chiquillos malcriados que exigieran hacer su voluntad, hasta que al fin nuestra madre o padre nos dice: «Bien. Haz lo que quieras». Cuando lo hacemos, por lo general terminamos tomando decisiones tontas y cosechando las consecuencias. Las personas con discernimiento conocen la diferencia entre el bien y el mal. Pueden sentir a Dios decir: «¡Deténte!», «¡Espera!» o «¡Más despacio!». Pero la persona orgullosa nunca presta oído a la instrucción de Dios y se lanza de cabeza a los problemas.

Habrá momentos en que Dios eche fuera el orgullo al permitirle pasar por la desilusión e incluso por tiempos de quebrantamiento. Recuerde, sin embargo, que Él nos quebranta solo con el propósito de bendecirnos. El quebrantamiento es siempre una vía hacia la bendición.

En el momento en que permita que la ingratitud crezca en su corazón, estará a punto de pisar la mina del orgullo.

Cuando nos ponemos celosos nos arriesgamos a perder sus mejores dones, porque estamos concentrados solo en lo que no tenemos.

Dios no está celoso de nosotros; está celoso por nosotros, lo que quiere decir que desea nuestro compañerismo y amor.

Nosotros hacemos lo mismo al dedicarles tiempo y energía a los dioses de nuestro tiempo: la prosperidad material, la posición social y mucho más. Si no recibimos lo que creemos que merecemos, nos volvemos celosos, y al hacer eso perdemos de vista la santidad y la bondad de Dios. Dejamos a un lado la oportunidad maravillosa de tener una relación más profunda con Él. Terminamos adorando a los dioses de este tiempo y después nos preguntamos por qué nuestras vidas están tan vacías, incompletas e insatisfactorias. A eso es a lo que nos lleva el celo: a pensar en lo que no tenemos más que en las bendiciones que Dios nos ha dado.

«Sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará a los que andan en integridad» (Salmo 84.11).

El pecado siempre lleva implícita una decisión.

El pecado siempre comienza por un solo pensamiento. Es en ese momento cuando podemos escoger entre aferrarnos a él o dejarlo escurrirse de nuestra mente.

Es de común conocimiento que las minas como el rencor, el temor, los celos, la envidia, etc., tienen consecuencias en nuestro cuerpo. Tenemos que eliminar esas minas emocionales o sufrir las consecuencias, que por lo general se hacen sentir en nuestra salud física.

Después de la Resurrección le preguntó a Jesús sobre el apóstol Juan: «Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este? Jesús le dijo: Si quiero que quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú» (Juan 21.20-22). Esta es una respuesta perfecta al asunto de los celos. «¿Qué a ti? Sígueme tú». En otras palabras, dirige tu corazón hacia el Salvador. Deja de sacar cuentas y sumar puntos inexistentes. Cuando tus ojos estén fijos en Jesús no estarás preocupado por quién está delante ni quién se queda atrás.

El tiempo es un factor primordial en el plan de batalla de Dios. Aunque los hermanos de José lo maltrataron, Dios no se apuró en socorrerlo. En lugar de ello preservó la vida de José. Estuvo con él en tiempos de pena, aflicción y desilusión extrema. Podemos clamar a Dios repetidas veces y pedirle que nos libere de nuestras circunstancias problemáticas, sin sentir su mover en favor nuestro. Él usó la situación de injusticia con José a fin de entrenarlo para un propósito mayor. Un día llegó a ser el líder de sus hermanos. Su sueño se hizo realidad, pero no hasta después que José fuera quebrantado, humillado y disciplinado. Cuando estamos listos para las bendiciones de Dios, Él abre las puertas. Hasta ese entonces, nos llama a esperar en una obediencia humilde y vigilante.

He descubierto que cuando nos dedicamos a tener más, ganar más o recibir más, empezamos a perder nuestra sensación de paz. Nos quedamos atrapados en el esquema de pensamiento del mundo. En otras palabras, dejamos de ver la vida desde el punto de vista de Dios. Es en este momento en que empezamos a preocuparnos por nuestro estatus. Trabajamos más duro y más horas para alcanzar metas que Dios jamás ha pretendido que persigamos. Terminamos exhaustos y desgastados porque no estamos viviendo en sintonía con Él. Estamos viviendo solo con nuestras metas, fabricadas por nosotros mismos, en la mente.

La solución para los celos no es negarlos, pues nunca podrá derrotar la envidia ni el resentimiento por sus propios medios. La solución es admitirlos ante el Señor, pedirle que lo perdone y orar después para que Él le ayude a ver la vida desde Su perspectiva.

Nadie tiene que dejarse pisotear por los demás, pero es cierto que necesitamos que Dios nos use y nos enseñe a tener corazones humildes y dóciles para Él.

La mayoría de los retos que enfrentamos requieren fe en un Dios infinito y omnipotente. Sea cual sea la tarea, si estamos convencidos de que no podemos tener éxito, no lo tendremos. Por otra parte, si confiamos en la soberanía y la fortaleza de Dios que obran en nuestra vida, lograremos triunfar.

Si le exige a su hijo obtener sobresaliente en todas las asignaturas, cuando solo es capaz de obtener notables y aprobados, la presión y el esfuerzo por lograr más crearán un sentimiento de incapacidad en lo profundo de esa joven persona. Usted siempre tiene que hacer el mayor esfuerzo, lucir lo mejor posible y estar en su mejor forma. Sin embargo, si su «mejor posible» está a un cierto nivel, tiene que pedirle a Dios que le ayude a aceptar esto.

Trazarse metas no realistas que Dios no quiere que usted tenga puede conducir a sentimientos de inseguridad, en especial para los niños pequeños. Eso puede crear un sentimiento de frustración y tensión en ellos que les puede llevar a la inseguridad. En vez de crecer creyendo que puede lograr su máximo potencial, un niño puede creer lo contrario: No sirvo para nada. No soy digno. No puedo hacer nada bien. Los padres tienen que establecer principios piadosos para que sus hijos los cumplan.

Alguna gente demanda de sí misma más que lo que Dios les exige. El resultado es una serie de fracasos tras otra.

La mayoría de la gente que está en la cumbre con toda probabilidad podría decirle que la lucha y la frustración que les ha costado llegar hasta ahí no han valido la pena. Por el camino, sus relaciones personales sufrieron y en algunos casos se disolvieron amistades de toda la vida. La amistad y la familia son las cosas que Dios usa para alentarnos y edificar la seguridad de nuestras vidas. No obstante, por lo común esas cosas son las que más sufren cuando estamos tratando de dejar atrás a todos los demás. Nuestra lucha contra la inseguridad nos impulsa a lograr más, pero deja un temible regusto de inseguridad dentro de nuestras emociones que impide que lleguemos a ser todo lo que Dios quiere que seamos.

Entrene su corazón y su mente a concentrarse en el Señor y no solo en las circunstancias en que se halle. Como dije antes, lo que capte su atención lo captará a usted.

Nadie es adecuado, excepto Dios. Él es la fuente de nuestra fortaleza y nuestra suficiencia.

Él no le dará nunca más de lo que usted pueda recibir, y si le da una oportunidad, también le dará poder para hacer el trabajo. Ni una sola vez le dejará pelear solo las batallas de la vida. Él es fiel y verdadero y puede confiar en Él a plenitud (Apocalipsis 19.11).

Dios sabe todo lo que ocurre y nada de lo que enfrentamos es mayor que su soberanía.

La gente puede decir que se siente bien cuando están solos, pero Dios no nos creó para que estuviéramos aislados de los demás. Nos creó para que tuviéramos comunión en primer lugar con Él y luego con las demás personas. La forma en que asumimos nuestra relación con Él indica cómo estaremos en la relación con los compañeros de trabajo, los miembros de la familia y otros seres queridos.

Un espíritu valiente no es algo que recibamos al nacer. Obtenemos el coraje por medio de la fe en Dios.

El concepto que tiene de usted mismo no es necesariamente la forma en que usted es. Demasiada gente se ve a sí misma desde un punto de vista negativo.

La persona que está inmersa en el pecado rara vez cuestiona lo que está bien o está mal. En lugar de eso, empieza a ver al pecado como asuntos sociales que necesitan ser definidos por alguien que no sea la Iglesia.

No perderá su salvación cuando comprometa sus convicciones y haga lo contrario a lo que sabe que es lo correcto. Pero se arriesga a perder lo único que tiene la capacidad de mantenerlo estable en tiempos de problemas, que es su comunión íntima con el Salvador. Dios no va a competir con el pecado. Cuando la transigencia y el pecado están presentes, Él puede escoger retirar Su guía y amistad hasta que usted confiese su maldad.

La transigencia se produce cuando usted y yo hacemos concesiones para creer o actuar de una forma determinada. Sabemos que lo que hemos hecho o dicho es imprudente y pecaminoso. También puede ser destructivo.

La transigencia de Lot lo llevó a Sodoma. La transigencia de Abraham casi le costó su esposa. La transigencia de David en cuanto a Betsabé le costó un hijo. La transigencia de Pilato en cuanto a lo que sabía que era cierto le costó la oportunidad de conocer al Salvador. La transigencia es costosa.

Ir a la iglesia no nos asegura un puesto en el reino de Dios. Somos salvos por la fe, pero una falta de deseo de estar en su casa por lo común indica que hay algo mal, desbalanceado; es el primer paso hacia el fracaso. Es solo mediante el tiempo invertido en la adoración y el estudio de la Palabra de Dios que aprendemos Sus caminos y principios.

Habrá momentos en que Él le guiará de una forma que no parece tener sentido desde la perspectiva humana. No obstante lo que usted piense, manténgase en el sendero que Dios le ha escogido para el viaje, porque Él sabe lo que más le conviene. No ceda en cuanto a lo que usted cree que es verdadero. Él sabe lo que le espera en el futuro. Puede que permita que pase por un tiempo de incertidumbre porque le va a bendecir en abundancia. Aprender a esperar y confiar en Él para ver los resultados es una tremenda lección.

Cuando llega un desafío, las primeras preguntas que necesita hacer son: «Señor, ¿cómo quieres que yo responda a esta situación? ¿Cómo quieres que yo considere esto? Ayúdame a conocer tu voluntad, o al menos a aceptar lo que no puedo cambiar».

Nunca debemos olvidar que no tenemos derechos en lo que concierne al perdón y la obediencia a Dios. Perdonamos porque Él nos manda a que lo hagamos. Eso no significa que lo que le hayan hecho a usted esté bien. Dios no deja escapar a la persona que le hizo daño. Usted perdona porque eso es lo que Él desea que haga.

Nuestro mundo no tiene las herramientas adecuadas para reparar este tipo de pena y quebranto. Los consejeros seculares pueden alentar a la persona a seguir la vida, a mirar más allá del momento, a apretarse los pantalones y no ceder a los sentimientos de miedo, pero solo Jesucristo puede llegar a lo profundo del alma de la persona y sanar la confianza destruida que el pecado ha dañado tan en lo profundo.

Ore por la persona que le ha ofendido. Al principio podrá ser difícil, pero la forma más rápida de desactivar la mina del rencor es mediante la oración.

Dios usa la gente quebrantada, a los que han sufrido heridas indecibles, pero es difícil que use a personas airadas y amargadas que en lo único que piensan es en cómo pueden recibir justicia por un mal que se les ha hecho.

El perdón no significa que neguemos que el hecho que nos ha acontecido está mal. En vez de eso, trasladamos nuestras cargas al Señor y le permitimos llevarlas por nosotros.

No hay duda de que los que han pecado contra nosotros van a sufrir; no obstante, sufrimos también cuando nos negamos a hacer lo que Dios nos manda: a perdonar y a permitir que Él trate con los que nos han ofendido. Puede que nunca veamos la retribución que Él da de parte nuestra. Ese no es el asunto. Si eso se convierte en el asunto, nos estamos condenando a convertirnos en amargados y, antes de que nos demos cuenta, nos estaremos apartando de nuestra devoción al Señor.

La consecuencia más trágica del rencor es la incapacidad de amar.

Nunca perdemos cuando obedecemos a Dios. Él nos bendice incluso cuando lo que estamos haciendo es difícil y duro de entender.

Cuando llegue la desilusión, no se rinda ni ceda a los pensamientos de desaliento. Uno nunca sabe lo que Dios tiene en espera para uno. Como David, puede pasar por una larga temporada de espera en que el desaliento parece seguir cada uno de sus pasos. Sin embargo, cada secuencia de pruebas preparó a David para algún aspecto del trabajo que iba a tener un día.

Con frecuencia lo que más necesitamos escuchar en tiempos de problemas es a Cristo diciendo esas mismas palabras a nuestro corazón. «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14.18).

La pregunta que hay que hacerse cuando lleguen las pruebas es esta: «Señor ¿qué es lo que tú quieres que yo aprenda de esta dificultad? ¿Cómo puedo parecerme más a ti por padecer este dolor, por viajar por este camino, por someterme a esta aflicción?».

Con frecuencia, al enfrentarnos a la desilusión, queremos culpar a alguien de nuestros problemas, o culpamos a Dios. Hay veces que nadie tiene la culpa. Los problemas llegan porque son parte de la vida. Sin embargo, la reacción de usted ante ellos es lo importante.

La definición de la depresión es sencilla: la ira vuelta hacia adentro.

«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10.13). En este contexto Pablo usó la palabra tentación para decir sufrimiento, desilusión y prueba.

David admitió que había un problema. No trató de negarlo ni de desatenderlo. Fuera lo que fuera lo que enfrentaba, se sentía en tinieblas y presionado. Recuerde: había sido ungido como rey de Israel, pero Dios todavía no le había colocado en el trono. Cada día lo vivía con una promesa de Dios guardada en lo profundo de su corazón.

Una persona temerosa se pregunta qué dificultad o situación de prueba le está aguardando en el siguiente recodo del camino. Le preocupa que algo salga mal y que esté mas allá de su capacidad resolverlo. No se da cuenta de que al entregarse al miedo ha pisado uno de los artefactos más destructivos que existen: la mina del temor.

Por lo común, el temor llega cuando nos sentimos inseguros de nuestra situación.

Puede que la tormenta ruja alrededor suyo. Puede haber perdido su trabajo, o acabar de recibir noticias de que tiene una enfermedad grave. Su corazón se acelera de solo pensarlo y no sabe lo que va a hacer. Pero Dios sí, y aunque parezca que está callado o «dormido», no lo está. El salmista nos asegura: «Ni se dormirá el que te guarda» (Salmo 121.3). Por lo tanto, puede confiar en Él para que le mantenga firme cuando las tormentas de la vida soplen duro contra usted. La victoria sobre el miedo la obtendrá cuando aprenda a enfocarse en el Salvador y en las enseñanzas que tiene para usted.

Cuando usted ignora la soberanía y el tremendo cuidado providencial de Dios, termina por enfrentarse al miedo. Puede preguntarse: «¿Sabía Dios que yo iba a quedar cesante en el trabajo?». La respuesta es sí. Entonces la pregunta cambia: «¿Por qué no hizo nada para impedir que eso ocurriera?».

Nunca podré estar agradecido lo suficiente a Dios por mi lucha contra el temor, porque fue el catalizador que me llevó a una relación más cercana con Él. Considere esta posibilidad: Dios puede haber permitido que usted sintiera miedo para revelarle más de sí.

La mayoría de los eventos que tememos nunca se realizan. Nuestros temores son infundados. Mientras nos preocupamos por el próximo fracaso, muerte y destrucción, Satanás se sonríe, porque sabe que tiene toda nuestra atención. Lo que cautiva su atención le cautiva a usted.

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. Buscarás a todos los que tiene contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra. Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo (Isaías 41.10-13).

Aunque el temor no pueda matarle desde el punto de vista físico, puede paralizarle y crearle tal sensación de ansiedad que adquirirá una enfermedad, emocional y física. Esta es una de las armas más poderosas de Satanás, y a él le agrada usarla contra nosotros en cada oportunidad. Vigila cada uno de nuestros pasos, buscando una brecha en nuestras emociones.

Una mujer anciana admitió que no salía mucho de noche: «Suceden cosas», dijo con un suspiro, «y hay muchas cosas malas que pueden ocurrir». Tener precaución es bueno, pero estar temeroso no está de acuerdo con el plan de Dios para su vida. Las cosas malas pueden suceder y le suceden a cualquiera, en cualquier momento. Pero el temor se vuelve un problema de verdad cuando nos concentramos en él. Juan escribió: «El perfecto amor [el amor de Dios] echa fuera el temor» (1 Juan 4.18). Cuando usted tiene el amor de Dios en su corazón, puede vencer la mina del temor porque tiene la mayor fuente de aliento, esperanza y fortaleza morando dentro.

Dios quiere que saquemos provecho de nuestros temores al no permitirles que nos controlen. En lugar de eso, podemos aprender a usarlos como peldaños para ascender a un nivel mayor de fe en Cristo al confiar en Él para que nos guíe, nos mantenga seguros y supla nuestras necesidades.

«Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen» (Salmo 34.9).

Las personas que no leen ni estudian la Palabra de Dios son como barcos sin timón. Puede que estén flotando, pero no tienen un sentido real de dirección en su vida. Cuando uno tiene la Palabra de Dios oculta en el corazón, al llegar la pena, la desilusión o el temor, el Espíritu de inmediato le recordará las palabras del Salmo 27: Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?… Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón. Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado (vv. 1, 3).

En el Salmo 46, el salmista escribe: Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar (vv. 1, 2).

El mundo no consuela a los fracasados, a las personas que son marginadas o están entregadas sin esperanza a una adicción o a pasiones desaforadas.

Al principio el pecado parece una aventura, pero con rapidez se convierte en un lugar de mucha ansiedad, secreto y preocupación.

En momentos de arrepentimiento, usted coincide con Él en que sus acciones y actitudes estaban equivocadas y que está dispuesto a apartarse del pecado. Eso es lo que quiere decir arrepentimiento. Nos apartamos del pecado que ha causado la separación de Dios, pero también nos volvemos hacia Él, y reconocemos nuestra necesidad de Él y de Su verdad.

Dios es fiel y enviará un aviso a nuestro espíritu si estamos a punto de hacer algo que no está de acuerdo con Su verdad y voluntad. Si lo ignoramos, Él puede persistir. Sin embargo, puede que permita que cosechemos lo que sembramos, para mostrarnos los efectos devastadores del pecado.

Durante su vida usted cometerá errores. Además, lo mejor suyo tal vez no sea igual que lo mejor de otro. Nunca compare lo que hace con lo que hacen otros. Dios conoce las limitaciones que usted tiene y también sabe lo que es capaz de alcanzar.

Nunca se concentre en lo difíciles que puedan ser sus circunstancias; en vez de eso, concéntrese en Dios, Su fidelidad y Sus recursos y sea agradecido por lo que Él le ha dado.

¿Ha pensado usted en el hecho de que Dios le está tratando de enseñar algo por medio de sus circunstancias? Lo está haciendo. Está en el proceso de entrenarle para un trabajo mayor. Sin embargo, lo que puede echar por tierra sus esfuerzos es una actitud de pereza.

Habrá momentos en que lucharemos contra una fuerte tentación y prueba. A veces será como resultado del pecado, y otras vendrá como parte de la vida en un mundo caído. Las minas pueden estallar en ambos casos.

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Tentado, no cedas

Charles Stanley

Tentado, no cedas

Tentado, no cedas


Todos somos tentados. La diferencia está en la respuesta que damos a esa tentación. Sobre ese pensamiento descansa el tema que es desarrollado por el autor. En mi caso, lo más importante fue entender un versículo que erróneamente había interpretado, pese a que la explicación es más que implícita en el propio verso. Cuando en 1 corintios 13:1 dice: “…. fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir…”, siempre pensé que Pablo hacía referencia a las pruebas en general; ahora puedo entender que a lo que Dios se refiere, a través del apóstol, es a la tentación. Calificación de 10.

Un hábito pecaminoso en su vida destruirá su incentivo de compartir su fe. Usted se sentirá como un hipócrita. Y en esas ocasiones cuando reúne suficiente convicción para decir algo, no tendrá la confianza que tendría si fuera libre.

El pecado es como el cáncer que se extiende. Una esfera sin resolver expone otra. Cuando usted se acostumbra a un pecado en particular, una vez que se arraiga en su estilo de vida, es sólo asunto de tiempo antes que otras esferas constituyan problemas.

El terrible e interminable proceso de combatir la tentación es el medio de Dios para maduramos y conformamos a la imagen de Cristo. El dejar caer nuestras manos en derrota es abandonar el proceso y perder las lecciones más importantes de la vida. Si crecemos, seremos tentados. No podemos tener lo uno sin lo otro.

El mal no es algo, es una falta de algo. El mal es falta de perfección. La creación de Dios fue perfecta. Por lo tanto, él pudo decir: “Y vio Dios que era bueno.” El mal fue y es el instrumento de Satanás destinado a echar a perder el orden y la perfección de Dios. El mal trastorna todo lo que Dios se propuso lograr.

Amigo mío, las cosas pueden cambiar también para usted. Pero tiene que desasirse del pasado. Tiene que estar dispuesto a ver el pecado por lo que es y luego prepararse para luchar con él. Mientras continúe asiéndose de sus trilladas excusas, las cosas permanecerán iguales. Sus padres, tal vez con intención o sin ella, pudieron ser responsables por los problemas que usted enfrenta hoy. Sin embargo, usted es el único responsable ante Dios para luchar con las cosas en su vida que necesita cambiar.

Necesitamos estar conscientes de que el diablo no puede hacernos hacer algo.

El mal no es algo, es una falta de algo. El mal es falta de perfección. La creación de Dios fue perfecta. Por lo tanto, él pudo decir: “Y vio Dios que era bueno.” El mal fue y es el instrumento de Satanás destinado a echar a perder el orden y la perfección de Dios. El mal trastorna todo lo que Dios se propuso lograr.

Aparte de una relación viva con el Creador, la criatura experimentará un sentido de falta de propósito y de valor. Siempre habrá algo que falta, algo que no se puede reemplazar con bienes, dinero o relaciones.

En cuanto a su sentido de importancia y dignidad, Dios lo ama lo suficiente como para perdonar sus pecados mediante la muerte de su Hijo en la cruz. El lo acepta tal cual es. Lo que usted posee, usa, maneja, vive o tiene en el banco no tiene importancia para él. Usted tiene importancia porque él lo creó.

Todos nuestros deseos básicos vienen de Dios. La mayor parte de ellos reflejan la imagen de Dios en nosotros. Por ejemplo, el deseo de amor, aceptación, respeto y deseos que reflejan éxito, los encontramos en Dios a través de toda las Escrituras. Sólo cuando éstos se distorsionan se convierten en características negativas. Yasí Satanás se dispone a tomar nuestros deseos de ser amados en codicia, nuestro deseo de ser aceptado y respetado en orgullo, y nuestro deseo de éxito en ambición.

La vanidad de la vida se refiere a cualquier cosa que promueve o eleva un sentido de independencia de Dios, cualquier cosa que nos hace pensar que podemos proceder por nuestra cuenta, vivir nuestra propia clase de vida, hacer lo que queremos.

Olvidamos que aunque Dios nos dio la capacidad de sentir y desear ciertas cosas, Satanás tiene la habilidad de manipular y dirigir mal esos sentimientos y deseos. Esa es la esencia de la tentación. El llamado que Satanás nos hace a usted y a mí es de satisfacer las necesidades dadas por Dios y llenar los deseos dados por Dios en la forma más rápida y menos dolorosa.

Satanás usa sus circunstancias para estimular algún deseo, ya sea deseo de dinero, sexo o aceptación. Entonces comienza a trabajar en sus emociones. Cuando sus emociones lo han convencido de que tiene que tener lo que sea, su mente entra en acción. Pronto usted se encuentra trabajando en un plan para satisfacer sus necesidades con tan pocas consecuencias como sea posible. Luego, en un instante, se decide y nada lo detiene.

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Lo interesante acerca de este pasaje es que Dios no promete darle lo que usted le pide; él no promete satisfacer sus necesidades inmediatamente. Lo que él promete es “la paz de Dios”, o sea, la fortaleza interior para soportar hasta que sus deseos y necesidades sean satisfechos. Sobrepasará “todo entendimiento” porque el mundo lo mirará a usted y dirá: “¿Cómo puede usted estar sin ______ ? ¿Cómo puede vivir sin _____ ?” Desde la perspectiva del mundo, no tiene lógica.

La oportunidad solo toca el timbre una vez, la tentación lo toca constantemente.

Dios determina hasta dónde Satanás puede tentarnos. Nosotros no estamos a la merced del diablo. Satanás, como todas las criaturas, está bajo la autoridad de Dios. Generalmente no pensamos de él en esta forma. Cuando hablamos de tentación, a veces igualamos a Satanás con Dios. Los vemos como dos poderes gigantes batallando por adueñarse del universo. La batalla por el universo, sin embargo, terminó hace mucho tiempo. Ahora, la batalla es por poseer y corromper las vidas de los hombres.

A veces uno tiene que hacer lo que le mandan, y cuando no lo puede hacer, debe buscar otras alternativas.

Deseo señalar lo que 1 Corintios 10:13 no dice. No dice que Dios va a quitar la tentación. Dios no proveerá una forma de evitar ser tentado. (Pudiéramos pensar que él lo haría, pero las cosas no son así.) La clave de este versículo es que Dios proveerá una alternativa en el curso de acción. El deseo final de Dios para nosotros no es que debemos ser librados de la tentación, sino que seamos librados a través de la tentación. Note cómo termina el versículo: … sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. El deseo de Dios para nosotros es que podamos soportar o aguantar la tentación.

Probablemente la función más importante de Dios cuando somos tentados es la de impartir poder. Dios nos ha dado poder a nosotros, su poder, para decir no al pecado y sí a él. A pesar de la intensidad de nuestra tentación, la frecuencia de nuestra tentación, o aun nuestro fracaso en el pasado de luchar con éxito con ella, Dios nos ha dado poder para resistir.

El poder del pecado es ese deseo innato dentro de cada uno de nosotros de imponerse contra nuestro Creador o autoridad en general.

Generalmente “No puedo” realmente quiere decir “No lo haré”.

La sabiduría toma decisiones según el pasado, y también es susceptible a las debilidades del presente.

Cuando un hombre experimenta bastante éxito, a veces se siente como si se debiera a sí mismo tornarse algunas libertades. A veces se SIente por encima de la ley.

Si somos sabios, miramos más allá del placer inmediato del pecado a su efecto final en nuestros planes del futuro. Por lo tanto, mientras más claras sean nuestras metas, más fácil será decir no a la tentación. ¿Por qué? Porque una de las mentiras de Satanás es: “‘Esto no te va a hacer ningún daño!” Corno hemos visto, sin embargo, cada pecado duele; nadie se puede salir con las suyas con el pecado. La gente orientada a las metas es más apta para ver las decisiones presentes a la luz de las consecuencias futuras.

La persona sabia siempre considera cada oportunidad, relación, y pensamiento a la luz de los efectos que tendrán en sus planes y sus sueños futuros.

Uno de los trucos más efectivos del enemigo es separar nuestra atención de él y concentrarla en alguna otra cosa o persona. Satanás quiere que nosotros veamos a alguien más como el enemigo, no a él. Desea que los esposos vean a sus esposas como el enemigo, que los hijos vean a sus padres como el enemigo, y que los pastores que vean a los diáconos o a los ancianos como el enemigo. Pablo dice, sin embargo, que esta guerra no es contra carne y sangre. No estamos luchando los unos contra los otros. Nuestro enemigo es de naturaleza espiritual.

El nunca se valió de su propio ingenio. Ni tampoco recurrió a su propio poder. Simplemente respondió con la verdad de la Palabra de su Padre. Eso fue suficiente. Nada original, nada especial. Sólo la pura verdad contra el engaño de cada propuesta de Satanás.

Seamos realmente prácticos. Si usted pasa dos horas al día mirando televisión y diez minutos cada día leyendo la Palabra de Dios, ¿cuál cree usted que va a tener mayor impacto en su vida?

¿Sabe por qué quiere Dios que obedezcamos la ley? No es porque todas son leyes buenas. Tenemos que cumplir las leyes por el bien del testimonio. Hacer lo contrario es ser un hipócrita.

Puede serque la tentación sea una cosa privada, pero raramente el pecado lo es. Finalmente, el pecado alcanza más allá de los confines de una sola vida y toca las vidas de todos los que están alrededor.

La tentación no es pecado; es simplemente la intención de Satanás de hacemos caer.

En algún lugar hemos tenido la idea errónea de que nuestra meta final como creyentes es llegar a un lugar en nuestra vida en el que nunca seamos tentados. Irónicamente, todo lo opuesto es la verdad. Mientras más piadosos seamos, más amenaza somos para Satanás. Entonces, más fuerte trabaja él para hacernos caer. La tentación siempre será una parte de la vida del creyente. La madurez sólo hace que Satanás aumente la presión. Así que si siente la presión como nunca antes, jalabe al Señor! Eso puede ser una indicación que Satanás lo ve a usted como una amenaza a su obra en este mundo. No se desanime. En las palabras de Santiago: ” … tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2).

Sus líderes espirituales necesitan sus oraciones más que cualquiera otro. Satanás probablemente está trabajando tiempo adicional para derribarlos. El sabe que cuando hombres y mujeres consagrados caen, la semilla de la duda es sembrada en las mentes de aquellos que los estimaban. Lo que es peor, confirma al mundo perdido lo que sospechaban: “La iglesia está llena de hipócritas y mentirosos; la religión no es nada.” ¡Ore por su pastor y los líderes de la iglesia! Ellos luchan con las mismas tentaciones que usted. Nadie es inmune.

Por lo general la liberación viene por medio de una nueva comprensión del poder sobre el pecado que tienen en Cristo.

Nosotros no caemos en tentación; escogemos pecar. En cada tentación hay un punto en que echamos un voto decisivo ya sea en favor del pecado o en contra de él. Nadie puede echar ese voto por nosotros, a pesar de la presión que estemos enfrentando.

No es la tentación en sí lo que aflige a Dios; lo que lo desagrada es cuando cedemos a la tentación.

Es verdad que dejar ciertos lugares y relaciones facilita nuestra victoria a veces. Sin embargo, el huir no resuelve el problema de la tentación en general. La tentación no es una guerra movida a un lugar particular geográfico. El campo de batalla de la tentación es la mente. Entonces, el huir no siempre garantiza la victoria ni tampoco elimina la tentación.

Ser tentado no es pecado; las personas espirituales son tentadas. Recuerde que la victoria ahora no garantiza victoria más adelante; nosotros no caemos en tentación, escogemos pecar; Dios no se decepciona cuando somos tentados; el huir no es siempre la mejor manera de vencer la tentación.

Queremos que nuestra vida sea “correcta”. Pero queremos que sea correcta en nuestros términos, por nuestras normas. Queremos la ayuda de Dios, pero no al punto que interfiera con nuestros planes y deseos.

Si se puede confiar en Dios cuando somos más vulnerables e indefensos, ¿no podríamos confiar en él en los tiempos cuando las cosas marchan bien?

Un hábito es simplemente una cadena de pecados individuales cometidos en ocasiones separadas.

La tragedia más grande en toda la historia, la muerte del Hijo de Dios, se convirtió en la bendición más grande de la raza humana: la resurrección del Hijo de Dios. Si respondemos a nuestro fracaso en la forma apropiada, Dios lo puede usar para traer gloria a su nombre, y para preparamos mejor para su servicio.

Siempre que nos encontremos acusando a alguien más por nuestro pecado, nuestro arrepentimiento es incompleto. Si verdaderamente estamos arrepentidos, asumiremos responsabilidad completa por el pecado, sin importar lo que pasó o quién estuvo involucrado. A pesar de la naturaleza de la tentación, finalmente nosotros fuimos los que decidimos ceder al pecado.

Aceptar el perdón de Dios. A veces esto es difícil porque nos sentimos muy culpables, especialmente si es un pecado que hemos cometido muchas veces. Tal vez nos sintamos tontos yendo al Señor con el mismo pecado otra vez, pero eso es lo que tenemos que hacer.

“Si todos nuestros pecados han sido pagados, pasados, presentes y futuros, ¿por qué tenemos que arrepentimos y confesar cada vez?” Por la sencilla razón de que hasta que no enfrentamos lo que hemos hecho, no tenemos comunión con el Padre.

Cuando se siente derrotado, ¿con quién preferiría hablar? ¿Con alguien que siempre parece estar haciendo las cosas excepcionalmente bien y parece intocable por la tristeza y el dolor, o con alguien que como usted ha descendido hasta el fondo, pero está progresando lentamente? Todos necesitamos a alguien con quien nos podamos identificar. A través de su fracaso y luego su reacción apropiada a su fracaso, Dios lo está preparando para ser un instrumento de aliento en la vida de alguien.

Los testimonios deben causarle temor a las personas en cuanto a las consecuencias del pecado para que nunca sueñen con involucrarse en situaciones pecaminosas similares.

Nunca diga: “Yo he aprendido … : Nadie ha “aprendido” nada en el sentido de alcanzar el punto de no estar sujeto a la tentación en una esfera dada. Todos estamos en el proceso de aprender. Una mejor manera de decir esto es: “Dios está enseñándome . . . .” O: “Cada día continúo viendo … : Tan pronto como usted piense que ha terminado de aprender algo, o aun le dé la impresión a alguien de que ha terminado de aprender algo, Satanás va a soltar un furioso ataque contra usted. A él le gusta avergonzar públicamente a los creyentes. Tome nota de esto. Lo que usted anuncia públicamente, Satanás lo probará en privado.

El Éxito a la manera de Dios

Charles Stanley.

Tomando como modelos las vidas de Josué, Moisés, Pablo, David, y Pedro (entre otros) el autor describe la forma en cómo fueron transformados para cumplir un propósito y así mostrar una nueva manera de definir al éxito basado en lo que Dios espera de nosotros. Los conceptos de riqueza, administración del tiempo, perseverancia y actitud (también entre otros), son puestos bajo un nuevo enfoque que nos alienta a perseguir el éxito. Calificación de 9.0

El éxito a la manera de Dios

Nuestro enfoque humano para triunfar tiende a ser: he aquí mi meta. El enfoque del Señor es: he aquí la persona que deseo que seas, he aquí lo que deseo que hagas, y he aquí cómo llegar a ser esa persona y cómo hacer esa tarea. Encontramos e! éxito como cristianos siendo personas devotas y obedeciendo las instrucciones de Dios. Nuestra vida como creyentes no se limita a lo que ganamos o tenemos sino a quiénes somos en Jesucristo.

El éxito es el logro continuo de llegar a ser la persona que Dios quiere que usted sea y lograr las metas que él le ha ayudado a establecer.

Nadie puede ser próspero desde la perspectiva del Señor y dejarlo fuera de su vida.

El mundo tiende a evaluar el éxito en términos de fama y fortuna. Dios evalúa el éxito en términos de relación, carácter y obediencia. Lo primero, y más importante, que Dios desea es que triunfemos en nuestra relación con él, después en nuestra relación con los demás y luego en nuestras vocaciones y ministerios.

El éxito es una búsqueda continua. Es establecer y lograr, y siempre tratar de instaurar y conseguir las metas dadas y establecidas por Dios para nuestras vidas. f~xito es el rechazo a desanimarse, desalentarse o desistir de las metas de Dios. Es el resultado del anhelo continuo por ser la persona que el Señor nos llama a ser, y por lograr las metas que él nos ayuda a establecer.

¿A qué se opone Dios? A que usted trate de vivir su vida haciendo caso omiso de él. Se opone a sus intentos de ser alguien que alguna vez pueda estar separado de él.

En vez de utilizar la palabra «éxito», la Biblia usa «prosperar». Prosperar en todo lo que usted hace es tener éxito en todo lo que hace. Ser próspero es ser triunfador.

El Señor no puede estar comprometido a prosperamos económicamente si ve un mal uso de recursos, o fallas en la buena mayordomía de nuestros ingresos (como no entregar lo que se nos ha ordenado dar).

Uno de los fundamentos para la prosperidad bíblica es la fe.

La verdadera pregunta para el cristiano es: ¿Fe en qué o en quién? Solo cuando identificamos el objeto de nuestra fe es cuando conocemos con certeza el fundamento de nuestro éxito. Si pone su fe en usted mismo y en sus capacidades, intelecto y sueños, entonces su cimiento será tan firme como usted lo sea. Además, no importa cuán firme pueda ser, usted no es ni omnipotente ni omnisciente. Si pone su fe en Dios, entonces su base es tan firme como lo es él: todopoderoso y omnisciente.

No deberíamos sorprendernos al enfrentar oposición. Cualquier persona que esté haciendo la voluntad de Dios enfrenta oposición del diablo y de aquellos a quienes este puede influenciar.

La verdad es que somos como los personajes de la Biblia; y ellos fueron como nosotros en sus respuestas a la vida, en sus luchas, en sus éxitos y fracasos, y en sus personalidades y anhelos. El corazón humanos no ha cambiado. La tecnología y los lugares pueden cambiar, pero el corazón del hombre no ha cambiado. Lo que usted siente lo sintieron los personajes bíblicos. Lo que usted piensa lo pensaron las personas de la Biblia.

El éxito no se basa en cómo usted se sienta o en los momentos motivadores en los que recibe recompensas, reconocimientos o respuestas inmensamente positivas de parte de otros. El triunfo se encuentra en la manera como viva cada día. Se encuentra en el modo en que busca lo que Dios le ha llamado a ser, y en hacerlo. El éxito no es el fin de un proceso. Es la manera en que se emprende el proceso llamado vida.

Lo que usted cree poder hacer bien en sus propias fuerzas y capacidades, lo puede hacer mucho mejor cuando confía activamente en la ayuda del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo le asegura que cuando usted utiliza un talento o un don espiritual con un motivo adecuado de amor hacia Dios y hacia los demás, él toma lo que usted usa, lo moldea, lo revisa y lo transforma en algo efectivo, beneficioso y aplicable.

No se menosprecie. Al criticarse o decirse cosas negativas, también está criticando y diciendo cosas negativas del Cristo que vive usted.

Nunca utilice su raza, su color, su falta de educación o sus antecedentes como una excusa. Dios conoce todo acerca de su raza, color y cultura. Él provocó que naciera con esas características. Lo que usted no sabe, Dios lo sabe. Lo que no tiene, Dios lo tiene.

Las metas para los cristianos se basan en la comprensión de que no vivimos para nosotros mismos sino para el Señor.

Cualquier otra meta debe ponerse bajo esta prioridad: conocer a Cristo y ser conforme a su imagen. Si usted se ha fijado una meta que no está no alineada con este objetivo principal, Dios no le ayudará a lograrla pues él no le animó a establecerla.

Prefiero intentar algo que sé no puedo conseguir sin mucha ayuda, y fracasos, que pasar mi vida haciendo esas cosas en las que sé que puedo triunfar usando mis propios recursos. Se nos ha llamado a tomar riesgos ya tener fe. Tendríamos poca necesidad del Señor si pudiéramos hacer todo por nuestra cuenta, sin él y sin la ayuda de otros.

A menudo Dios permite la derrota en la vida de un creyente para guiarlo por el sendero en el que debe caminar y en el cual tendrá éxito.

“¿Y si escribo una meta que no es de Dios?” Poco después tendrá una sensación de vacío respecto a ella. Es posible que mientras más ora por esa meta, esté menos interesado en cumplirla. Táchela de su lista. Si es realmente de Dios, él la pondrá una y otra vez en su mente y en su corazón. Si no es de él, casi no pensará en ella, y quizás nunca más lo haga.

La razón de la pregunta no era que Jesús pudiera conocer la necesidad. La razón era que Bartimeo enfrentara de plano su necesidad y su sanidad. Con la sanidad le llegarían grandes responsabilidades: se esperaba que trabajara y que participara por completo en su vida familiar, su sinagoga y su ciudad. Ya no viviría más de las limosnas o de la generosidad de sus familiares y amigos.

Le animo a establecer algunas metas tan altas, que no sea posible alcanzarlas sin la ayuda de Dios.

Se necesita tanta sabiduría y diligencia para alcanzar una meta como para mantenerla una vez lograda.

El éxito puede ser una realidad aun cuando los resultados iniciales parezcan fracasos.

Quizás usted no comprenda por qué Dios le ha dado la clase de experiencias que ha tenido en su vida. Tal vez no vea cómo se relacionan y mucho menos a dónde lo conducen. Posiblemente no tenga la menor idea de cuánto Dios lo ha estado guiando, preparando, preservando, protegiendo o dirigiendo en toda su vida hasta este momento.

A lo largo de la vida de David, Dios redimió sus fracasos y los convirtió en ingredientes para su éxito futuro debido a que confesó sus pecados, se arrepintió de ellos e intentó seguir a Dios con un corazón renovado para la obediencia. David nunca dejó de confiar en el Señor, y nunca dejó de reconocerlo como la fuente de su fortaleza, además de ser quien le había dado el trono.

Si Dios parece estar en silencio con relación a su meta, entonces es probable que no sea un objetivo que él le haya ayudado a establecer.

Debemos estar plenamente conscientes de que, en esta tierra, solo tenemos una vida para servir al Señor. Lo que vamos a lograr, hemos de conseguirlo ahora. No podemos reclamar el tiempo que perdimos ayer o el que desperdiciamos la semana pasada. Hoy es el día de poner manos a la obra.

Ninguna meta que Dios da a alguien surge aislada. El Señor trata con su pueblo. Quizás señale a un hombre o una mujer para dirigir una labor particular o para ser quien motive una causa o proyecto particu lar; pero en definitiva, Dios desea que muchas personas se involucren en los objetivos que él nos da. Espera que cooperemos como Iglesia y aprendamos a amarnos unos a otros en el proceso de funcionar como la familia de Dios.

La mayoría de las personas no pueden comprometerse a apoyar a alguien con más de una meta o desafío inmediato. Además, la meta debe ser una que los convenza de que es alcanzable y de que pueden hacer una contribución importante de tiempo, energía, recursos, oración o alguna otra forma de ayuda. Pida ayuda para cortos períodos de tiempo y para tareas específicas, perfectamente medibles y posibles.

Las ideas de otros tal vez no sean las mismas que Dios quiere que usted siga. En otros casos, Dios podría usar a una persona para darle la idea, la solución o la respuesta precisa que él sabe que usted necesita.

Un músico o un actor le dirá que no importa las veces que haya actuado en el escenario, aun siente nervios antes de una representación. El profesional utiliza esa agitación interior, o energía interna, para que su actuación sea aun más poderosa. Estamos llamados a hacer lo mismo. Debemos gobernar nuestro temor, controlarlo, y convertirlo en una afirmación y acto de fe.

Cuando un hombre está dispuesto a quemar cada puente detrás de él, a cortar toda vía de escape y a continuar hacia su meta, no puede perder.

Nunca base su seguridad en cuánto dinero tiene en el banco o en los fondos mutuos. Ponga su seguridad solo en el Señor. Él es el único que nunca lo deja o lo abandona; además, es totalmente confiable en cualquier crisis.

De todo lo que hacemos solo perdurará lo que se asocia con el provecho, el propósito o la cualidad de Dios. Estas son las únicas cosas que estarán relacionadas con nuestro galardón en el cielo.

¿Qué es «eso» que se nos dará cuando damos? Podría ser amor, tiempo, provisión material, amistad, ideas, oportunidad. Cuando damos -no solo dinero sino tiempo, energía, esfuerzo, creatividad, oración-, recibimos. Dios nos da a cambio precisamente 10 que más necesitamos, y nos lo da de tal manera que sobreabunde. ElSeñor desea que demos, de tal modo que pueda usar lo que damos, multiplicarlo, y devolvérnoslo en artículos que nos harán completos.

Si continúas haciendo lo que haces, seguirás obteniendo lo que obtienes. Esto es especialmente cierto cuando se trata de asuntos monetarios. Si no le gusta lo que está obteniendo, si no le gusta el rendimiento de sus inversiones, si no le gustan los resultados de sus gastos, si no le gusta la pobreza en la cual se encuentra, si no le gusta el vacío que siente a pesar de sus riquezas, ¡entonces cambie lo que está haciendo! Evalúe lo que hace con su dinero y cómo está utilizando su tiempo.

Cuando sus posesiones se vuelven una carga o un obstáculo para involucrarse en oportunidades ministeriales que el Señor pone ante usted, es el momento de reevaluar sus posesiones materiales.

La duda es un obstáculo para e! éxito que se relaciona íntimamente con el miedo. Duda es falta de seguridad. Cuando dudamos, nos volvemos inestables, indecisos y vacilantes en nuestra persecución de una meta.

He llegado a la conclusión que si la mayoría de las personas utilizaran la energía que gastan cuando inventan excusas haciendo un verdadero esfuerzo, no tendrían ninguna causa para dar excusas. ¡Estarían triunfando!

Recomiendo un paso muy práctico para ayudar a quien esté lidiando con la avaricia: regale algo que valora. Cada vez que siento que me estoy aferrando demasiado a algo, obsequio ese objeto.

«Hago a otros lo que primero ellos hacen conmigo». Jesús dijo: «Actúe primero y responda de la manera en que quiera ser tratado, sin importar lo que le hagan los demás».

El sembrador es quien más gana cuando siembra para el Espíritu. De igual manera, es quien más pierde cuando siembra para la carne. Muy a menudo pensamos que cuando somos hostiles, y sentimos ira y amargura, causamos daño a la persona con quien desahogamos estas emociones negativas. En realidad, nos hacemos daño a nosotros mismos. Estamos destruyendo nuestra paz interior, nuestro crecimiento espiritual, nuestra reputación y nuestra oportunidad de ser recompensados por el Padre.

Aquello en lo que pensamos frecuente y constantemente -en otras palabras, los pensamientos que nos entretienen- se convierte en acciones de conducta. Nuestros pensamientos y comportamientos determinan nuestro carácter. Este a su vez impacta en gran manera nuestras decisiones, y nuestras decisiones determinan nuestro nivel de éxito.

Adonde dirigimos nuestros pensamientos es generalmente el lugar en que terminamos; este puede ser un destino divino o una zanja de pecados y errores a un lado de la autopista de la vida.

El sujeto que se siente inferior tenderá a evitar a los demás, y no logrará hacer la venta. El rezongón alejará a las personas, y perderá la oportunidad de hacer buenas amistades. Quien está enojado todo el tiempo repelerá a los demás, incluyendo a quienes están en posición de ascenderlo y darle aumentos.

Una encuesta entre prisioneros reveló que los padres de casi todos les dijeron en algún momento: «Lo más seguro es que un día de estos irás a parar a la cárcel».

No es pecado tener un pensamiento de lujuria, odio o deshonestidad, pero sí es pecado entretener a propósito elpcnsamiento, embelesarse con él, cavilar en él o llevarlo a la acción.

No sabemos cuándo regresará Jesús; tampoco sabemos la cantidad de días que el Señor nos ha dado sobre la tierra. Pero sí sabemos que hoy estamos un día más cerca a la venida del Señor de lo que estábamos ayer.

Cualquier objetivo que deje fuera a Dios no es algo que vamos a cumplir a cabalidad ni que tenga recompensas eternas.

Si Dios lo llama a hacer algo -aunque sea una meta que no comprende del todo- confíe en que le dará el conocimiento, la provisión y la ayuda que necesita. Él no lo llama a fracasar sino a triunfar. El le dará todo lo necesario para lograr que la obra se haga con éxito.

No es pecado tener dudas; lo que cuenta es lo que decide hacer cuando las tiene.

El Señor no nos llama a una vida fácil. Nos llama a perseverar, a pesar de las circunstancias externas, en la consecución de lo que nos ha ayudado a establecer como metas divinas.

No hay un problema conocido para el hombre que alguien persistente no lo haya enfrentado y vencido.

Cuando aprende lo que no debe hacer, se clarifica lo que sí debe hacer.

Actualice su testimonio a diario. Este no se debe limitar a lo que Dios hizo por usted hace veinte años. Debería incluir lo que hizo hace veinte meses, veinte semanas, veinte días y lo que está haciendo exactamente ahora.