Tentado, no cedas

Charles Stanley

Tentado, no cedas

Tentado, no cedas


Todos somos tentados. La diferencia está en la respuesta que damos a esa tentación. Sobre ese pensamiento descansa el tema que es desarrollado por el autor. En mi caso, lo más importante fue entender un versículo que erróneamente había interpretado, pese a que la explicación es más que implícita en el propio verso. Cuando en 1 corintios 13:1 dice: “…. fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir…”, siempre pensé que Pablo hacía referencia a las pruebas en general; ahora puedo entender que a lo que Dios se refiere, a través del apóstol, es a la tentación. Calificación de 10.

Un hábito pecaminoso en su vida destruirá su incentivo de compartir su fe. Usted se sentirá como un hipócrita. Y en esas ocasiones cuando reúne suficiente convicción para decir algo, no tendrá la confianza que tendría si fuera libre.

El pecado es como el cáncer que se extiende. Una esfera sin resolver expone otra. Cuando usted se acostumbra a un pecado en particular, una vez que se arraiga en su estilo de vida, es sólo asunto de tiempo antes que otras esferas constituyan problemas.

El terrible e interminable proceso de combatir la tentación es el medio de Dios para maduramos y conformamos a la imagen de Cristo. El dejar caer nuestras manos en derrota es abandonar el proceso y perder las lecciones más importantes de la vida. Si crecemos, seremos tentados. No podemos tener lo uno sin lo otro.

El mal no es algo, es una falta de algo. El mal es falta de perfección. La creación de Dios fue perfecta. Por lo tanto, él pudo decir: “Y vio Dios que era bueno.” El mal fue y es el instrumento de Satanás destinado a echar a perder el orden y la perfección de Dios. El mal trastorna todo lo que Dios se propuso lograr.

Amigo mío, las cosas pueden cambiar también para usted. Pero tiene que desasirse del pasado. Tiene que estar dispuesto a ver el pecado por lo que es y luego prepararse para luchar con él. Mientras continúe asiéndose de sus trilladas excusas, las cosas permanecerán iguales. Sus padres, tal vez con intención o sin ella, pudieron ser responsables por los problemas que usted enfrenta hoy. Sin embargo, usted es el único responsable ante Dios para luchar con las cosas en su vida que necesita cambiar.

Necesitamos estar conscientes de que el diablo no puede hacernos hacer algo.

El mal no es algo, es una falta de algo. El mal es falta de perfección. La creación de Dios fue perfecta. Por lo tanto, él pudo decir: “Y vio Dios que era bueno.” El mal fue y es el instrumento de Satanás destinado a echar a perder el orden y la perfección de Dios. El mal trastorna todo lo que Dios se propuso lograr.

Aparte de una relación viva con el Creador, la criatura experimentará un sentido de falta de propósito y de valor. Siempre habrá algo que falta, algo que no se puede reemplazar con bienes, dinero o relaciones.

En cuanto a su sentido de importancia y dignidad, Dios lo ama lo suficiente como para perdonar sus pecados mediante la muerte de su Hijo en la cruz. El lo acepta tal cual es. Lo que usted posee, usa, maneja, vive o tiene en el banco no tiene importancia para él. Usted tiene importancia porque él lo creó.

Todos nuestros deseos básicos vienen de Dios. La mayor parte de ellos reflejan la imagen de Dios en nosotros. Por ejemplo, el deseo de amor, aceptación, respeto y deseos que reflejan éxito, los encontramos en Dios a través de toda las Escrituras. Sólo cuando éstos se distorsionan se convierten en características negativas. Yasí Satanás se dispone a tomar nuestros deseos de ser amados en codicia, nuestro deseo de ser aceptado y respetado en orgullo, y nuestro deseo de éxito en ambición.

La vanidad de la vida se refiere a cualquier cosa que promueve o eleva un sentido de independencia de Dios, cualquier cosa que nos hace pensar que podemos proceder por nuestra cuenta, vivir nuestra propia clase de vida, hacer lo que queremos.

Olvidamos que aunque Dios nos dio la capacidad de sentir y desear ciertas cosas, Satanás tiene la habilidad de manipular y dirigir mal esos sentimientos y deseos. Esa es la esencia de la tentación. El llamado que Satanás nos hace a usted y a mí es de satisfacer las necesidades dadas por Dios y llenar los deseos dados por Dios en la forma más rápida y menos dolorosa.

Satanás usa sus circunstancias para estimular algún deseo, ya sea deseo de dinero, sexo o aceptación. Entonces comienza a trabajar en sus emociones. Cuando sus emociones lo han convencido de que tiene que tener lo que sea, su mente entra en acción. Pronto usted se encuentra trabajando en un plan para satisfacer sus necesidades con tan pocas consecuencias como sea posible. Luego, en un instante, se decide y nada lo detiene.

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Lo interesante acerca de este pasaje es que Dios no promete darle lo que usted le pide; él no promete satisfacer sus necesidades inmediatamente. Lo que él promete es “la paz de Dios”, o sea, la fortaleza interior para soportar hasta que sus deseos y necesidades sean satisfechos. Sobrepasará “todo entendimiento” porque el mundo lo mirará a usted y dirá: “¿Cómo puede usted estar sin ______ ? ¿Cómo puede vivir sin _____ ?” Desde la perspectiva del mundo, no tiene lógica.

La oportunidad solo toca el timbre una vez, la tentación lo toca constantemente.

Dios determina hasta dónde Satanás puede tentarnos. Nosotros no estamos a la merced del diablo. Satanás, como todas las criaturas, está bajo la autoridad de Dios. Generalmente no pensamos de él en esta forma. Cuando hablamos de tentación, a veces igualamos a Satanás con Dios. Los vemos como dos poderes gigantes batallando por adueñarse del universo. La batalla por el universo, sin embargo, terminó hace mucho tiempo. Ahora, la batalla es por poseer y corromper las vidas de los hombres.

A veces uno tiene que hacer lo que le mandan, y cuando no lo puede hacer, debe buscar otras alternativas.

Deseo señalar lo que 1 Corintios 10:13 no dice. No dice que Dios va a quitar la tentación. Dios no proveerá una forma de evitar ser tentado. (Pudiéramos pensar que él lo haría, pero las cosas no son así.) La clave de este versículo es que Dios proveerá una alternativa en el curso de acción. El deseo final de Dios para nosotros no es que debemos ser librados de la tentación, sino que seamos librados a través de la tentación. Note cómo termina el versículo: … sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. El deseo de Dios para nosotros es que podamos soportar o aguantar la tentación.

Probablemente la función más importante de Dios cuando somos tentados es la de impartir poder. Dios nos ha dado poder a nosotros, su poder, para decir no al pecado y sí a él. A pesar de la intensidad de nuestra tentación, la frecuencia de nuestra tentación, o aun nuestro fracaso en el pasado de luchar con éxito con ella, Dios nos ha dado poder para resistir.

El poder del pecado es ese deseo innato dentro de cada uno de nosotros de imponerse contra nuestro Creador o autoridad en general.

Generalmente “No puedo” realmente quiere decir “No lo haré”.

La sabiduría toma decisiones según el pasado, y también es susceptible a las debilidades del presente.

Cuando un hombre experimenta bastante éxito, a veces se siente como si se debiera a sí mismo tornarse algunas libertades. A veces se SIente por encima de la ley.

Si somos sabios, miramos más allá del placer inmediato del pecado a su efecto final en nuestros planes del futuro. Por lo tanto, mientras más claras sean nuestras metas, más fácil será decir no a la tentación. ¿Por qué? Porque una de las mentiras de Satanás es: “‘Esto no te va a hacer ningún daño!” Corno hemos visto, sin embargo, cada pecado duele; nadie se puede salir con las suyas con el pecado. La gente orientada a las metas es más apta para ver las decisiones presentes a la luz de las consecuencias futuras.

La persona sabia siempre considera cada oportunidad, relación, y pensamiento a la luz de los efectos que tendrán en sus planes y sus sueños futuros.

Uno de los trucos más efectivos del enemigo es separar nuestra atención de él y concentrarla en alguna otra cosa o persona. Satanás quiere que nosotros veamos a alguien más como el enemigo, no a él. Desea que los esposos vean a sus esposas como el enemigo, que los hijos vean a sus padres como el enemigo, y que los pastores que vean a los diáconos o a los ancianos como el enemigo. Pablo dice, sin embargo, que esta guerra no es contra carne y sangre. No estamos luchando los unos contra los otros. Nuestro enemigo es de naturaleza espiritual.

El nunca se valió de su propio ingenio. Ni tampoco recurrió a su propio poder. Simplemente respondió con la verdad de la Palabra de su Padre. Eso fue suficiente. Nada original, nada especial. Sólo la pura verdad contra el engaño de cada propuesta de Satanás.

Seamos realmente prácticos. Si usted pasa dos horas al día mirando televisión y diez minutos cada día leyendo la Palabra de Dios, ¿cuál cree usted que va a tener mayor impacto en su vida?

¿Sabe por qué quiere Dios que obedezcamos la ley? No es porque todas son leyes buenas. Tenemos que cumplir las leyes por el bien del testimonio. Hacer lo contrario es ser un hipócrita.

Puede serque la tentación sea una cosa privada, pero raramente el pecado lo es. Finalmente, el pecado alcanza más allá de los confines de una sola vida y toca las vidas de todos los que están alrededor.

La tentación no es pecado; es simplemente la intención de Satanás de hacemos caer.

En algún lugar hemos tenido la idea errónea de que nuestra meta final como creyentes es llegar a un lugar en nuestra vida en el que nunca seamos tentados. Irónicamente, todo lo opuesto es la verdad. Mientras más piadosos seamos, más amenaza somos para Satanás. Entonces, más fuerte trabaja él para hacernos caer. La tentación siempre será una parte de la vida del creyente. La madurez sólo hace que Satanás aumente la presión. Así que si siente la presión como nunca antes, jalabe al Señor! Eso puede ser una indicación que Satanás lo ve a usted como una amenaza a su obra en este mundo. No se desanime. En las palabras de Santiago: ” … tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2).

Sus líderes espirituales necesitan sus oraciones más que cualquiera otro. Satanás probablemente está trabajando tiempo adicional para derribarlos. El sabe que cuando hombres y mujeres consagrados caen, la semilla de la duda es sembrada en las mentes de aquellos que los estimaban. Lo que es peor, confirma al mundo perdido lo que sospechaban: “La iglesia está llena de hipócritas y mentirosos; la religión no es nada.” ¡Ore por su pastor y los líderes de la iglesia! Ellos luchan con las mismas tentaciones que usted. Nadie es inmune.

Por lo general la liberación viene por medio de una nueva comprensión del poder sobre el pecado que tienen en Cristo.

Nosotros no caemos en tentación; escogemos pecar. En cada tentación hay un punto en que echamos un voto decisivo ya sea en favor del pecado o en contra de él. Nadie puede echar ese voto por nosotros, a pesar de la presión que estemos enfrentando.

No es la tentación en sí lo que aflige a Dios; lo que lo desagrada es cuando cedemos a la tentación.

Es verdad que dejar ciertos lugares y relaciones facilita nuestra victoria a veces. Sin embargo, el huir no resuelve el problema de la tentación en general. La tentación no es una guerra movida a un lugar particular geográfico. El campo de batalla de la tentación es la mente. Entonces, el huir no siempre garantiza la victoria ni tampoco elimina la tentación.

Ser tentado no es pecado; las personas espirituales son tentadas. Recuerde que la victoria ahora no garantiza victoria más adelante; nosotros no caemos en tentación, escogemos pecar; Dios no se decepciona cuando somos tentados; el huir no es siempre la mejor manera de vencer la tentación.

Queremos que nuestra vida sea “correcta”. Pero queremos que sea correcta en nuestros términos, por nuestras normas. Queremos la ayuda de Dios, pero no al punto que interfiera con nuestros planes y deseos.

Si se puede confiar en Dios cuando somos más vulnerables e indefensos, ¿no podríamos confiar en él en los tiempos cuando las cosas marchan bien?

Un hábito es simplemente una cadena de pecados individuales cometidos en ocasiones separadas.

La tragedia más grande en toda la historia, la muerte del Hijo de Dios, se convirtió en la bendición más grande de la raza humana: la resurrección del Hijo de Dios. Si respondemos a nuestro fracaso en la forma apropiada, Dios lo puede usar para traer gloria a su nombre, y para preparamos mejor para su servicio.

Siempre que nos encontremos acusando a alguien más por nuestro pecado, nuestro arrepentimiento es incompleto. Si verdaderamente estamos arrepentidos, asumiremos responsabilidad completa por el pecado, sin importar lo que pasó o quién estuvo involucrado. A pesar de la naturaleza de la tentación, finalmente nosotros fuimos los que decidimos ceder al pecado.

Aceptar el perdón de Dios. A veces esto es difícil porque nos sentimos muy culpables, especialmente si es un pecado que hemos cometido muchas veces. Tal vez nos sintamos tontos yendo al Señor con el mismo pecado otra vez, pero eso es lo que tenemos que hacer.

“Si todos nuestros pecados han sido pagados, pasados, presentes y futuros, ¿por qué tenemos que arrepentimos y confesar cada vez?” Por la sencilla razón de que hasta que no enfrentamos lo que hemos hecho, no tenemos comunión con el Padre.

Cuando se siente derrotado, ¿con quién preferiría hablar? ¿Con alguien que siempre parece estar haciendo las cosas excepcionalmente bien y parece intocable por la tristeza y el dolor, o con alguien que como usted ha descendido hasta el fondo, pero está progresando lentamente? Todos necesitamos a alguien con quien nos podamos identificar. A través de su fracaso y luego su reacción apropiada a su fracaso, Dios lo está preparando para ser un instrumento de aliento en la vida de alguien.

Los testimonios deben causarle temor a las personas en cuanto a las consecuencias del pecado para que nunca sueñen con involucrarse en situaciones pecaminosas similares.

Nunca diga: “Yo he aprendido … : Nadie ha “aprendido” nada en el sentido de alcanzar el punto de no estar sujeto a la tentación en una esfera dada. Todos estamos en el proceso de aprender. Una mejor manera de decir esto es: “Dios está enseñándome . . . .” O: “Cada día continúo viendo … : Tan pronto como usted piense que ha terminado de aprender algo, o aun le dé la impresión a alguien de que ha terminado de aprender algo, Satanás va a soltar un furioso ataque contra usted. A él le gusta avergonzar públicamente a los creyentes. Tome nota de esto. Lo que usted anuncia públicamente, Satanás lo probará en privado.

El Éxito a la manera de Dios

Charles Stanley.

Tomando como modelos las vidas de Josué, Moisés, Pablo, David, y Pedro (entre otros) el autor describe la forma en cómo fueron transformados para cumplir un propósito y así mostrar una nueva manera de definir al éxito basado en lo que Dios espera de nosotros. Los conceptos de riqueza, administración del tiempo, perseverancia y actitud (también entre otros), son puestos bajo un nuevo enfoque que nos alienta a perseguir el éxito. Calificación de 9.0

El éxito a la manera de Dios

Nuestro enfoque humano para triunfar tiende a ser: he aquí mi meta. El enfoque del Señor es: he aquí la persona que deseo que seas, he aquí lo que deseo que hagas, y he aquí cómo llegar a ser esa persona y cómo hacer esa tarea. Encontramos e! éxito como cristianos siendo personas devotas y obedeciendo las instrucciones de Dios. Nuestra vida como creyentes no se limita a lo que ganamos o tenemos sino a quiénes somos en Jesucristo.

El éxito es el logro continuo de llegar a ser la persona que Dios quiere que usted sea y lograr las metas que él le ha ayudado a establecer.

Nadie puede ser próspero desde la perspectiva del Señor y dejarlo fuera de su vida.

El mundo tiende a evaluar el éxito en términos de fama y fortuna. Dios evalúa el éxito en términos de relación, carácter y obediencia. Lo primero, y más importante, que Dios desea es que triunfemos en nuestra relación con él, después en nuestra relación con los demás y luego en nuestras vocaciones y ministerios.

El éxito es una búsqueda continua. Es establecer y lograr, y siempre tratar de instaurar y conseguir las metas dadas y establecidas por Dios para nuestras vidas. f~xito es el rechazo a desanimarse, desalentarse o desistir de las metas de Dios. Es el resultado del anhelo continuo por ser la persona que el Señor nos llama a ser, y por lograr las metas que él nos ayuda a establecer.

¿A qué se opone Dios? A que usted trate de vivir su vida haciendo caso omiso de él. Se opone a sus intentos de ser alguien que alguna vez pueda estar separado de él.

En vez de utilizar la palabra «éxito», la Biblia usa «prosperar». Prosperar en todo lo que usted hace es tener éxito en todo lo que hace. Ser próspero es ser triunfador.

El Señor no puede estar comprometido a prosperamos económicamente si ve un mal uso de recursos, o fallas en la buena mayordomía de nuestros ingresos (como no entregar lo que se nos ha ordenado dar).

Uno de los fundamentos para la prosperidad bíblica es la fe.

La verdadera pregunta para el cristiano es: ¿Fe en qué o en quién? Solo cuando identificamos el objeto de nuestra fe es cuando conocemos con certeza el fundamento de nuestro éxito. Si pone su fe en usted mismo y en sus capacidades, intelecto y sueños, entonces su cimiento será tan firme como usted lo sea. Además, no importa cuán firme pueda ser, usted no es ni omnipotente ni omnisciente. Si pone su fe en Dios, entonces su base es tan firme como lo es él: todopoderoso y omnisciente.

No deberíamos sorprendernos al enfrentar oposición. Cualquier persona que esté haciendo la voluntad de Dios enfrenta oposición del diablo y de aquellos a quienes este puede influenciar.

La verdad es que somos como los personajes de la Biblia; y ellos fueron como nosotros en sus respuestas a la vida, en sus luchas, en sus éxitos y fracasos, y en sus personalidades y anhelos. El corazón humanos no ha cambiado. La tecnología y los lugares pueden cambiar, pero el corazón del hombre no ha cambiado. Lo que usted siente lo sintieron los personajes bíblicos. Lo que usted piensa lo pensaron las personas de la Biblia.

El éxito no se basa en cómo usted se sienta o en los momentos motivadores en los que recibe recompensas, reconocimientos o respuestas inmensamente positivas de parte de otros. El triunfo se encuentra en la manera como viva cada día. Se encuentra en el modo en que busca lo que Dios le ha llamado a ser, y en hacerlo. El éxito no es el fin de un proceso. Es la manera en que se emprende el proceso llamado vida.

Lo que usted cree poder hacer bien en sus propias fuerzas y capacidades, lo puede hacer mucho mejor cuando confía activamente en la ayuda del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo le asegura que cuando usted utiliza un talento o un don espiritual con un motivo adecuado de amor hacia Dios y hacia los demás, él toma lo que usted usa, lo moldea, lo revisa y lo transforma en algo efectivo, beneficioso y aplicable.

No se menosprecie. Al criticarse o decirse cosas negativas, también está criticando y diciendo cosas negativas del Cristo que vive usted.

Nunca utilice su raza, su color, su falta de educación o sus antecedentes como una excusa. Dios conoce todo acerca de su raza, color y cultura. Él provocó que naciera con esas características. Lo que usted no sabe, Dios lo sabe. Lo que no tiene, Dios lo tiene.

Las metas para los cristianos se basan en la comprensión de que no vivimos para nosotros mismos sino para el Señor.

Cualquier otra meta debe ponerse bajo esta prioridad: conocer a Cristo y ser conforme a su imagen. Si usted se ha fijado una meta que no está no alineada con este objetivo principal, Dios no le ayudará a lograrla pues él no le animó a establecerla.

Prefiero intentar algo que sé no puedo conseguir sin mucha ayuda, y fracasos, que pasar mi vida haciendo esas cosas en las que sé que puedo triunfar usando mis propios recursos. Se nos ha llamado a tomar riesgos ya tener fe. Tendríamos poca necesidad del Señor si pudiéramos hacer todo por nuestra cuenta, sin él y sin la ayuda de otros.

A menudo Dios permite la derrota en la vida de un creyente para guiarlo por el sendero en el que debe caminar y en el cual tendrá éxito.

“¿Y si escribo una meta que no es de Dios?” Poco después tendrá una sensación de vacío respecto a ella. Es posible que mientras más ora por esa meta, esté menos interesado en cumplirla. Táchela de su lista. Si es realmente de Dios, él la pondrá una y otra vez en su mente y en su corazón. Si no es de él, casi no pensará en ella, y quizás nunca más lo haga.

La razón de la pregunta no era que Jesús pudiera conocer la necesidad. La razón era que Bartimeo enfrentara de plano su necesidad y su sanidad. Con la sanidad le llegarían grandes responsabilidades: se esperaba que trabajara y que participara por completo en su vida familiar, su sinagoga y su ciudad. Ya no viviría más de las limosnas o de la generosidad de sus familiares y amigos.

Le animo a establecer algunas metas tan altas, que no sea posible alcanzarlas sin la ayuda de Dios.

Se necesita tanta sabiduría y diligencia para alcanzar una meta como para mantenerla una vez lograda.

El éxito puede ser una realidad aun cuando los resultados iniciales parezcan fracasos.

Quizás usted no comprenda por qué Dios le ha dado la clase de experiencias que ha tenido en su vida. Tal vez no vea cómo se relacionan y mucho menos a dónde lo conducen. Posiblemente no tenga la menor idea de cuánto Dios lo ha estado guiando, preparando, preservando, protegiendo o dirigiendo en toda su vida hasta este momento.

A lo largo de la vida de David, Dios redimió sus fracasos y los convirtió en ingredientes para su éxito futuro debido a que confesó sus pecados, se arrepintió de ellos e intentó seguir a Dios con un corazón renovado para la obediencia. David nunca dejó de confiar en el Señor, y nunca dejó de reconocerlo como la fuente de su fortaleza, además de ser quien le había dado el trono.

Si Dios parece estar en silencio con relación a su meta, entonces es probable que no sea un objetivo que él le haya ayudado a establecer.

Debemos estar plenamente conscientes de que, en esta tierra, solo tenemos una vida para servir al Señor. Lo que vamos a lograr, hemos de conseguirlo ahora. No podemos reclamar el tiempo que perdimos ayer o el que desperdiciamos la semana pasada. Hoy es el día de poner manos a la obra.

Ninguna meta que Dios da a alguien surge aislada. El Señor trata con su pueblo. Quizás señale a un hombre o una mujer para dirigir una labor particular o para ser quien motive una causa o proyecto particu lar; pero en definitiva, Dios desea que muchas personas se involucren en los objetivos que él nos da. Espera que cooperemos como Iglesia y aprendamos a amarnos unos a otros en el proceso de funcionar como la familia de Dios.

La mayoría de las personas no pueden comprometerse a apoyar a alguien con más de una meta o desafío inmediato. Además, la meta debe ser una que los convenza de que es alcanzable y de que pueden hacer una contribución importante de tiempo, energía, recursos, oración o alguna otra forma de ayuda. Pida ayuda para cortos períodos de tiempo y para tareas específicas, perfectamente medibles y posibles.

Las ideas de otros tal vez no sean las mismas que Dios quiere que usted siga. En otros casos, Dios podría usar a una persona para darle la idea, la solución o la respuesta precisa que él sabe que usted necesita.

Un músico o un actor le dirá que no importa las veces que haya actuado en el escenario, aun siente nervios antes de una representación. El profesional utiliza esa agitación interior, o energía interna, para que su actuación sea aun más poderosa. Estamos llamados a hacer lo mismo. Debemos gobernar nuestro temor, controlarlo, y convertirlo en una afirmación y acto de fe.

Cuando un hombre está dispuesto a quemar cada puente detrás de él, a cortar toda vía de escape y a continuar hacia su meta, no puede perder.

Nunca base su seguridad en cuánto dinero tiene en el banco o en los fondos mutuos. Ponga su seguridad solo en el Señor. Él es el único que nunca lo deja o lo abandona; además, es totalmente confiable en cualquier crisis.

De todo lo que hacemos solo perdurará lo que se asocia con el provecho, el propósito o la cualidad de Dios. Estas son las únicas cosas que estarán relacionadas con nuestro galardón en el cielo.

¿Qué es «eso» que se nos dará cuando damos? Podría ser amor, tiempo, provisión material, amistad, ideas, oportunidad. Cuando damos -no solo dinero sino tiempo, energía, esfuerzo, creatividad, oración-, recibimos. Dios nos da a cambio precisamente 10 que más necesitamos, y nos lo da de tal manera que sobreabunde. ElSeñor desea que demos, de tal modo que pueda usar lo que damos, multiplicarlo, y devolvérnoslo en artículos que nos harán completos.

Si continúas haciendo lo que haces, seguirás obteniendo lo que obtienes. Esto es especialmente cierto cuando se trata de asuntos monetarios. Si no le gusta lo que está obteniendo, si no le gusta el rendimiento de sus inversiones, si no le gustan los resultados de sus gastos, si no le gusta la pobreza en la cual se encuentra, si no le gusta el vacío que siente a pesar de sus riquezas, ¡entonces cambie lo que está haciendo! Evalúe lo que hace con su dinero y cómo está utilizando su tiempo.

Cuando sus posesiones se vuelven una carga o un obstáculo para involucrarse en oportunidades ministeriales que el Señor pone ante usted, es el momento de reevaluar sus posesiones materiales.

La duda es un obstáculo para e! éxito que se relaciona íntimamente con el miedo. Duda es falta de seguridad. Cuando dudamos, nos volvemos inestables, indecisos y vacilantes en nuestra persecución de una meta.

He llegado a la conclusión que si la mayoría de las personas utilizaran la energía que gastan cuando inventan excusas haciendo un verdadero esfuerzo, no tendrían ninguna causa para dar excusas. ¡Estarían triunfando!

Recomiendo un paso muy práctico para ayudar a quien esté lidiando con la avaricia: regale algo que valora. Cada vez que siento que me estoy aferrando demasiado a algo, obsequio ese objeto.

«Hago a otros lo que primero ellos hacen conmigo». Jesús dijo: «Actúe primero y responda de la manera en que quiera ser tratado, sin importar lo que le hagan los demás».

El sembrador es quien más gana cuando siembra para el Espíritu. De igual manera, es quien más pierde cuando siembra para la carne. Muy a menudo pensamos que cuando somos hostiles, y sentimos ira y amargura, causamos daño a la persona con quien desahogamos estas emociones negativas. En realidad, nos hacemos daño a nosotros mismos. Estamos destruyendo nuestra paz interior, nuestro crecimiento espiritual, nuestra reputación y nuestra oportunidad de ser recompensados por el Padre.

Aquello en lo que pensamos frecuente y constantemente -en otras palabras, los pensamientos que nos entretienen- se convierte en acciones de conducta. Nuestros pensamientos y comportamientos determinan nuestro carácter. Este a su vez impacta en gran manera nuestras decisiones, y nuestras decisiones determinan nuestro nivel de éxito.

Adonde dirigimos nuestros pensamientos es generalmente el lugar en que terminamos; este puede ser un destino divino o una zanja de pecados y errores a un lado de la autopista de la vida.

El sujeto que se siente inferior tenderá a evitar a los demás, y no logrará hacer la venta. El rezongón alejará a las personas, y perderá la oportunidad de hacer buenas amistades. Quien está enojado todo el tiempo repelerá a los demás, incluyendo a quienes están en posición de ascenderlo y darle aumentos.

Una encuesta entre prisioneros reveló que los padres de casi todos les dijeron en algún momento: «Lo más seguro es que un día de estos irás a parar a la cárcel».

No es pecado tener un pensamiento de lujuria, odio o deshonestidad, pero sí es pecado entretener a propósito elpcnsamiento, embelesarse con él, cavilar en él o llevarlo a la acción.

No sabemos cuándo regresará Jesús; tampoco sabemos la cantidad de días que el Señor nos ha dado sobre la tierra. Pero sí sabemos que hoy estamos un día más cerca a la venida del Señor de lo que estábamos ayer.

Cualquier objetivo que deje fuera a Dios no es algo que vamos a cumplir a cabalidad ni que tenga recompensas eternas.

Si Dios lo llama a hacer algo -aunque sea una meta que no comprende del todo- confíe en que le dará el conocimiento, la provisión y la ayuda que necesita. Él no lo llama a fracasar sino a triunfar. El le dará todo lo necesario para lograr que la obra se haga con éxito.

No es pecado tener dudas; lo que cuenta es lo que decide hacer cuando las tiene.

El Señor no nos llama a una vida fácil. Nos llama a perseverar, a pesar de las circunstancias externas, en la consecución de lo que nos ha ayudado a establecer como metas divinas.

No hay un problema conocido para el hombre que alguien persistente no lo haya enfrentado y vencido.

Cuando aprende lo que no debe hacer, se clarifica lo que sí debe hacer.

Actualice su testimonio a diario. Este no se debe limitar a lo que Dios hizo por usted hace veinte años. Debería incluir lo que hizo hace veinte meses, veinte semanas, veinte días y lo que está haciendo exactamente ahora.