Claraboya

José Saramago

Claraboya

Claraboya


Novela que en su tiempo, no fue aceptada por ningún editor, y el desconocido autor se olvidó de ella. Recién apareció y es ahora cuando se publica. Narra la vida de los habitantes de un edificio, pues familias conocemos, vidas detrás de las paredes no sabemos. Un zapatero y su esposa, solitarios, alquilan un cuarto a un joven. Un matrimonio infeliz donde ella es española, él portugués y en medio un pequeño hijo. Otro matrimonio infeliz donde la hija única ha muerto. Una hermosa mujer, amante de un exitoso empresario que le paga la renta. Cuatro mujeres: dos hermanas mayores de las cuales una tiene dos hijas, de las cuales una guarda un secreto. Un matrimonio mayor que guarda a su hija como su mayor tesoro. Calificación de 7. Del Reading Challenge, reto 16, un libro de un autor que te encanta pero que aún no has leído.

Batiburrilo: Mezcla de cosas revueltas, sin orden e inconexas, que desdicen entre sí.
Zaragata: Alboroto, tumulto, gresca.
Enfoscar: Cubrirse [el cielo] de nubes muy oscuras que amenazan tormenta.
Aquiescencia: Consentimiento, (permiso).
Contumacia: Tenacidad y dureza en mantener un error.
Albura: Blancura perfecta.
Repulgo: Pliegue o dobladillo que se hace con este punto en los bordes de una prenda de vestir o un tejido como remate.
Periclitar: Decaer o declinar.

«El libro perdido y hallado en el tiempo», así se hablaba de Claraboya en casa. Quienes leyeron la novela entonces intentaron convencer al autor de la necesidad de su publicación, pero obstinadamente José Saramago se negaba, decía que no se editaría mientras viviera. Sin otra explicación que no fuera su norma de vida, tantas veces escrita y pronunciada: nadie está obligado a amar a nadie, todos estamos obligados a respetarnos.

Ninguno de ellos se engañaba acerca del otro y bien sabían que el fuego de la juventud se había apagado para siempre jamás, pero se amaban tiernamente, hoy como hacía treinta años, cuando se casaron. Tal vez ahora su amor fuera mayor, porque ya no se alimentaba de perfecciones reales o imaginadas.

El diálogo del reloj y del silencio fue interrumpido otra vez.

Hay palabras que se retraen, que se niegan, porque tienen demasiado significado para nuestros oídos cansados de palabras.

-¿Por qué costará tanto decir la palabra bello? –preguntó Isaura sonriendo. -No sé –respondió la hermana-. Lo cierto es que cuesta. Y, mirándolo bien, debería ser como otra cualquiera. Es fácil de pronunciar, son sólo cuatro letras… Tampoco lo entiendo. Tía Amelia, todavía sorprendida por su falta de reacción de unos momentos antes, quiso aclarar: -Yo lo entiendo. Es como la palabra Dios para los que creen. Es una palabra sagrada.

Es siempre la misma historia. Para unos mucho, para otros poco y para otros nada.

Allí, en casa, no existía miseria, sobre la mesa había alimentos en todas las comidas, pero existía la rigidez del presupuesto apretado, del que estaba excluido todo lo superfluo, hasta la superfluo necesario, ese sin el que la vida del hombre se desenvuelve casi al nivel de los animales.

Caetano había tenido una aventura, una aventura inmunda, que eran las que más le gustaban. Por eso sonreía. Apreciaba las cosas buenas y se deleitaba dos veces con ellas: cuando las experimentaba y cuando las recordaba.

A veces pensaba que el marido tenía una amante, una amiga. En su opinión, todas las desavenencias conyugales estaban provocadas por la existencia de las amigas… Los hombres son como los gallos, que cuando están sobre una gallina ya han elegido la que vendrá a continuación.

Nadie sabe si [se] olvida antes de olvidar. Si fuera posible saberlo antes, muchas cosas de solución difícil la tendrían fácil.

Te olvidarías, sí. Estoy seguro. De aquí a un año no te acordarías de mí. O antes. Trescientos sesenta y cinco días de ausencia y para ti mi cara sería una cosa pasada. Más tarde, aunque vieras mi foto, no te acordarías de mi cara. Y si pasara más tiempo, no me reconocerías aunque cruzara delante de ti. Nada te diría que soy tu padre. Para ti soy un hombre que ves todos los días, que te da agua cuando estás enfermo y tienes sed, un hombre al que tu madre trata de tú, un hombre con quien tu madre se acuesta. Me quieres porque me ves todos los días. No me quieres por lo que soy, me quieres por lo que hago o no hago. No sabes quién soy. Si me hubieran cambiado por otro cuando naciste, no te abrías dado cuenta y lo querrías como me quieres a mí. Y si yo volviera alguna vez, necesitarías mucho tiempo para habituarte a mí, o tal vez, a pesar de ser yo tu padre, preferirías a otro. También lo verías todos los días, también él te llevaría al cine.

Mis recuerdos de infancia no interesan, sobre todo porque no soy suficientemente mayor para que me dé placer contarlos.

No hay dinero que pague una esperanza.

A mi entender, las mujeres hermosas no quieren amar, quieren ser amadas.

No era contenta lo que parecía. No sé explicarlo. Era como si el dolor le estuviera dando gusto, o como si el gusto le produjera dolor.

La oscuridad es enemiga de las sonrisas, sugiere pensamientos graves.

Su presencia era como una penitencia, inútil como todas las penitencias y sólo comprensible porque era voluntaria.

Sentía de forma clara que en esa casa era un extraño, que nada de lo que lo rodeaba, aunque hubiera sido comprado con su dinero, le pertenecía. Tener no es poseer. Puede tenerse aquello que no se desea. Posesión es tener y disfrutar lo que se tiene. Tenía una casa, una mujer y un hijo, pero nada era, efectivamente, suyo. Que se pudiera decir suyo, sólo se tenía a sí mismo, y no por completo.

De todas las mujeres, sólo desdeñaba a una: la suya. Justina era, para él, un ser asexuado, sin necesidad ni deseos.

Lentos pasaron los minutos y las horas. El reloj de abajo alargó el tiempo en marañas sonoras de un hilo inagotable. Exhausta, Isaura acabó por dormirse. Adriana, no. Hasta que en la ventana la luz azulada de la noche se transformó en la luz parda de la madrugada y ésta fue sustituida, en lentas degradaciones, por la blancura de la mañana, estuvo despierta.

Hasta cuando podemos cerras los ojos, los debemos mantener abiertos.

La lámpara del techo distribuía la luz de tal modo que su función parecía, más bien la de distribuidora de sombras.

Las lágrimas hasta entonces reprimidas cayeron. Dos lágrimas sólo, dos lágrimas que tenían que caer porque habían llegado hasta los ojos y no podían volver atrás.

El sentido oculto de la vida es que la vida no tiene ningún sentido oculto.

Sí, dicen los sabios que las paralelas se encuentran en el infinito de la estupidez, de la apatía, del marasmo.

¿Contento? Al contrario. Creo que usted está preso del aburrimiento. Está harto de la vida, cree que lo ha aprendido todo, sólo ve cosas que aumentan su aburrimiento. ¿Cree que puedo estar contento= No todo es fácil de contar. Siempre es posible dejar un empleo que nos pesa o una mujer que nos cansa. Pero el aburrimiento ¿cómo se corta?

Sólo puede ser verdaderamente útil quien ya ha sentido que era inútil. Por lo menos, no corre tanto riesgo de volver a serlo.

Sólo quiero decir que lo que cada uno de nosotros tenga que ser en la vida, no lo será por las palabras que oye ni por los que consejos que admite. Tendremos que recibir en la propia carne la cicatriz que nos transforma en verdaderos hombres. Después, se trata de actuar…

Emilio dejaba pasar el tiempo. Anunció que se iría, pero no daba el paso. Se le moría el valor. Cuando estaba casi a punto de cruzar el umbral de la puerta para no volver nunca más, algo le retenía. El amor había huido de su casa. No odiaba a la mujer, pero estaba fatigado de infelicidad. Todo tiene un límite: puede soportarse la infelicidad hasta aquí, pero no hasta allí. Y, sin embargo, no partía. La mujer ya no hacía esas escenas exasperantes, estaba más tranquila. Nunca más levantó la voz, nunca más se quejó de su negra vida. Pensando en esto, Emilio se asustaba ante la posibilidad de que ella pretendiera reconstruir la vida hogareña. Ya se sentía lo suficientemente preso para desear tal eventualidad. Pero Carmen le hablaba sólo cuando no podía dejar de hacerlo. Nada permitía, pues, pensar en un deseo de reconciliación.

Cuando necesitaban entenderse, lo hacían con monosílabos y frases cortas. Nunca la aversión mutua fue tan completa.

Los hombres que se consideran engañados matan o dejan la casa. O fingen que no lo saben. ¿Qué va a hacer usted?

Se acabó. Era necesario recomenzar. Recomenzar. Recomenzar… Despacio, dos lágrimas brillaron en sus ojos. Oscilaron un momento, suspendidas del párpado inferior. Después cayeron. Sólo dos lágrimas. La vida no vale más que dos lágrimas.

Si no fuera por las cartas anónimas, se quedarían escondidas muchas cosas.

Las emociones fatigan.

Los hombres confían más en las mujeres que ellas en ellos, por eso le he contado todo. Tengo confianza en usted, la más completa de las confianzas… -se inclinó hacia delante con una sonrisa-. Queda, entonces, como un secreto entre nosotros. Los secretos aproximan, ¿sabe? Como única respuesta, María Claudia sonrió. Hizo lo que todas las mujeres hacen cuando no saben qué responder. La persona a quien la sonrisa va dirigida puede interpretarla como quiera.

Descubrió que, habiendo deseado tanto la liberta, ahora no sabía cómo gozarla completamente. Los proyectos de poco antes le parecían mezquinos y frívolos. En resumidas cuentas, sería hacer solo lo que había hecho con la familia. Recorrería los mismos lugares, se sentaría bajo los mismos árboles, iba a tumbarse sobre la misma arena. No podía ser. Tenía que pensar en algo más importante, algo que pudiera recordar después del regreso de la mujer y del hijo. ¿Qué podía ser? ¿Orgías? ¿Juergas? ¿Aventuras con mujeres? De todo eso tuvo en los años de soltería y no tenía ganas de comenzar. Sabía que esos excesos dejan siempre un sabor amargo de arrepentimiento y disgusto. Repetirlos sería ensuciar su libertad. Pero, además de excursiones y de lujuria, no veía nada más con que ocupar los tres meses que tenía por delante. Quería algo más elevado y digno, y no sabía qué. Encendió un nuevo cigarro, se desnudó y se acostó. En la cama sólo había una almohada: era como si estuviese viudo, o soltero, o divorciado. Y pensó: «¿Qué voy a hacer mañana? Tengo que ir al trabajo. Por la mañana daré una vuelta. Necesito hacer encargos. ¿Y por la tarde? ¿Voy al cine?, ¿adónde iré? A dar una vuelta, claro. Pasear por cualquier lugar. Pero ¿por dónde? Lisboa es una ciudad en la que sólo puede vivir bien quien tenga mucho dinero. Quien no lo tenga, debe trabajar para ocupar el tiempo y ganar para comer. Mi dinero no es mucho… ¿Y por la noche? ¿Qué haré por la noche? Otra vez al cine… Qué panorama… ¿Será que me voy a pasar los días metidos en un cune, como si no hubiera nada más que hacer? ¿Y el dinero? Por estar solo no puedo dejar de comer y de pagar el alquiler de la casa. Estoy libre, no hay duda, pero ¿para qué sirve la libertad si no tengo los medios para beneficiarme de ella? Si sigo pensando de esta manera, acabaré deseando que regresen…». Se sentó en la cama, nervioso: «He ambicionado tanto este día… Lo he disfrutado completamente hasta llegar a casa, pero no ha sido nada más que entrar y venirme estos pensamientos idiotas. ¿Me habré transformado tanto como para parecerme a las mujeres a las que los paridos pegan y que, pese a eso, no pueden pasar sin ellos? Sería estúpido. Sería absurdo. Sería cómico que llevara tantos años deseando la libertad y, apenas pasado el primer día, sentir ya deseos de correr en busca de quien me la impedía». Aspiró una bocanada y murmuró: -Es el hábito, claro. También el tabaco es malo para la salud y no lo dejo. Sin embargo, podría dejar de fumar si el médico me dijera: «El tabaco lo mata». El hombre es un animal de hábitos, evidentemente. Esta indecisión es consecuencia del hábito. Todavía no me he habituado a la libertad.

Me han dado muchas patadas, he sufrido demasiado. No haré como el otro, que ponía la mejilla izquierda a quien le abofeteaba la derecha… Silvestre interrumpió con vehemencia: -Yo tampoco, Antes le cortaría la mano a quien me agrediera. –Si todos actuaran de esa manera, no habría en el mundo nadie que tuviera dos manos. Quien es golpeado, si no ha golpeado aún, golpeará un día. Es una cuestión de oportunidad.

La edad puede mucho. Trae la experiencia, pero trae también el cansancio.

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En sus palabras

José Saramago

En sus palabras

En sus palabras


Con una selección de Fernando Gómez Aguilera, es un compendio de entrevistas que José Saramago otorgó a lo largo de su vida para distintos medios, en distintos países y que está dividida en tres temas principales: su vida, su oficio y su posición como ciudadano. Con palabras directas, afirmando su sentido crítico, apegado a sus convicciones y hasta acertado en ciertas predicciones del futuro, resulta grato leer su pensamiento. Calificación de 9.5.

Metonimia: Tropo (Empleo de las palabras en sentido distinto del que propiamente les corresponde, pero que tiene con este alguna conexión, correspondencia o semejanza. El tropo comprende la sinécdoque, la metonimia y la metáfora en todas sus variedades.) que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada.
Taracea: Obra realizada con elementos tomados de diversos sitios.
Paremiología: Tratado de refranes.
Gnómico: Dicho de un poeta: Que escribe o compone sentencias y reglas de moral en pocos versos.
Tesela: Cada una de las piezas con que se forma un mosaico.
Barruntar: Prever, conjeturar o presentir por alguna señal o indicio.
Palimpsesto: Tablilla antigua en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir.
Eviscerar: Extraer las vísceras.
Diacronía: Desarrollo o sucesión de hechos a través del tiempo.
Imago mundi: Imagen del Mundo.
Deturpación: deformación, afeamiento.
Non serviam: no serviré.
Irrecusable: Que no se puede evitar.
Tropo: Empleo de las palabras en sentido distinto del que propiamente les corresponde, pero que tiene con este alguna conexión, correspondencia o semejanza. El tropo comprende la sinécdoque, la metonimia y la metáfora en todas sus variedades.

Las personas, en realidad, habitamos la memoria. La aldea en que nací sólo existe en mi memoria.

Nosotros somos mucho más de la tierra donde hemos nacido [y donde hemos sido criados] de lo que imaginamos.

Nunca me ha preocupado mucho ser algo distinto de lo que soy.

Suele decirse que la soledad es enriquecedora, pero eso depende directamente de la posibilidad de dejar de estar solo.

Tengo un defecto pésimo, y es una gran dificultad para decir que no, porque creo que decir que no es demostrar cierta ingratitud.

Lo que ocurre es que hay toda una historia, no siempre feliz, en torno al amor que hace que se entienda que el amor a cierta edad es natural, y que a una edad avanzada puede ser ridículo. Esta idea ofende la capacidad que tiene cualquier persona de entregarse a otra, que es en lo que consiste el amor. Y no lo digo por la edad que tengo y la relación de amor que tengo. He aprendido que la intensidad del amor no depende de la edad. El amor es la posibilidad de una vida entera y, si surge, hay que recibirlo. Normalmente, quienes no piensan de esta manera y tienden a menospreciar el amor como factor de realización personal absoluta son aquellos que no han tenido el privilegio de vivirlo, aquellos a los que no ha sucedido ese misterio.

No creo en Dios y nunca tuve una crisis religiosa. Pero no puedo ignorar que, aunque no soy creyente, mi mentalidad es cristiana.

Nunca esperé nada de la vida, por eso lo tengo todo.

Es difícil decirte qué es para mí Pilar [del Río]. No es mi secretaria; me ayuda en lo que necesito y en lo que puede, pero eso no la convierte en mi secretaria. Y tampoco me gustaría que mi mujer fuera mi secretaria. Yo diría que he vivido para llegar a ella. Pilar me dio todo aquello que ya no esperaba tener. La conocí en 1986 y ya vamos de camino a siete años de auténtica felicidad. Cuando vuelvo la vista a lo que viví antes, veo todo aquello como una larga preparación para llegar a ella. Por tanto, decirte que es mi mujer, mi amante, mi compañera, mi amiga, todo eso son sólo intentos de decir lo que es, y nada más. Nuestra relación es otra cosa, no cabe en esas categorías.

Yo sigo diciendo, a esta edad de setenta y cinco años, que sigo siendo el nieto de mis abuelos.

[Mi apellido, Saramago, viene] del apodo de la familia de mi padre. Cuando él fue a inscribirme, el funcionario le preguntó: «¿Cómo se llama el hijo?». Y mi padre contestó «Como el padre», que, según la ley, era José de Sousa. Pero el funcionario, por su cuenta, añadió el apodo que conocía. No lo supimos hasta que entré en la escuela y mi padre pidió en la conservaduría una partida de nacimiento. Se le cayó el alma a los pies, tanto que a él le gustaba el Sousa, más fino. Así que tuvo que emprender un proceso burocrático complicado para que se reconociera que él también se llamaba Saramago y que aquel niño era su hijo. Debe de ser un caso casi único en que el hijo le ha dado el nombre al padre.

Mis ideas son conocidísimas, nunca las he disfrazado ni la he ocultado. Mi vida es tan pública, que se conoce todo cuanto he pensado sobre cada acontecimiento.

Si no nos movemos hacia donde está el dolor y la indignación, si no nos movemos hacia donde está la propuesta, no estamos vivos, estamos muertos.

El cristianismo intentó convencernos de que debíamos amarnos los unos a los otros. Yo diré una cosa muy clara: no tengo la obligación de amar a todo el mundo, pero sí de respetarlo.

Quiero recuperar, saber, reinventar al niño que fui. Puede parecer una cosa un poco tonta: un señor que a su edad piensa en el niño que fue. Pero creo que el padre de esa persona que soy es el niño que fui. Tenemos un padre biológico y una madre biológica, pero yo diría que el padre espiritual del hombre que soy es el niño que fui.

Ser viejo es sólo tener más años, haber vivido más, tener más cosas para decir porque se tienen más cosas para recordar. Creo que si uno llega a la edad en la que se puede decir que se es viejo, lo mínimo que se puede esperar de las personas es que se respete el trabajo, la conciencia y el derecho a vivir con dignidad en esa vejez […] no quiero con esto decir que hay que respetar y escuchar con mucha atención a los mayores por el hecho de que son mayores, no. Hay mayores que no son nada respetables. Por tanto, si yo pienso que es un error hacer de la juventud un valor, tampoco quisiera que se pensara que estoy queriendo decir que la vejez es un valor, porque no lo es. Valores lo son, cuando lo son, los seres humanos, con independencia de la edad que tengan.

Quizá porque yo no he querido nunca nada, lo tengo todo. Y cuando digo que no he querido nunca nada quiero decir que no tuve nunca ninguna ambición, he sido una persona sin ambición.

Cuando yo me muera… si se pusiera una lápida en el lugar donde yo me quedaré, podría ser algo así: «Aquí yace, indignado, fulano de tal». Indignado, claro, por dos razones: la primera, por no estar ya vivo, que es un motivo bastante fuerte para indignarse; y la segunda, más seria, indignado por haber entrado en un mundo injusto y haber salido de un mundo injusto. Pero hay que seguir, hay que seguir andando, hay que seguir.

Yo creo en el respeto a las creencias de todo el mundo, pero me gustaría que las creencias de todo el mundo fueran capaces de respetar a las creencias de todo el mundo.

Si no me intereso por el mundo, éste llamará a mi puerta pidiéndome cuentas.

Yo me considero como el náufrago de un barco que se hunde. Uno está a punto de ahogarse, pero hay una tabla a la que se aferra. Es la tabla de los principios. Todo lo demás puede desmoronarse, pero, aferrado a ella, el náufrago llegará a una playa. Y después, con esa tabla, podrá construir otro barco, evitando cometer los errores de antes. Con ese barco intentará llegar a otro puerto.

Todo en mi vida sucedió tarde, pero, como tuve y sigo teniendo la suerte de una vida larga, me ha permitido vivir lo que en circunstancias distintas no habría sido posible.

Ni las derrotas ni las victorias son definitivas. Eso les da una esperanza a los derrotados, y debería darles una lección de humildad a los victoriosos.

Me resulta completamente imposible leer en una pantalla de ordenador. Lo lamento. Soy del tiempo del libro, del papel. Uno puede dejar caer una lágrima sobre la página. Es más difícil dejar caer una lágrima sobre un ordenador. Creo que el libro todavía va a durar.

Entre esos que yo he sido y este que soy, la diferencia, en el fondo, es que he vivido experiencias, conocimiento, quizá sabiduría, me he enamorado, me he desenamorado, todo lo que nos ocurre a cada uno de nosotros; pero lo que es cierto es que no hubo una ruptura de aquí se acabó el niño y comenzó el adolescente y aquí el adulto. Es cierto que he ido cambiando como todos cambiamos, pero es una línea constante, no hay interrupciones. Yo soy aquél y aquél soy yo.

He intentado no hacer nada en la vida que pudiera avergonzar al niño que fui.

La educación sí que me preocupa muchísimo, sobre todo porque es un problema muy evidente, claro y transparente y nadie hace nada al respecto. Se ha confundido la instrucción con la educación durante muchos años y ahora estamos pagando las consecuencias. Instruir es transmitir datos y conocimientos. Educar es otra cosa, es inculcar valores […] Hace décadas, lo que había era un Ministerio de Instrucción Pública, no de Educación. La educación es otra cosa. Si apra ser educado hubiera que haber sido instruido previamente, yo sería una de las criaturas más ignorantes del mundo. Mis familiares eran analfabetos, ¿cómo me iban a instruir? Es imposible. Pero sí que me educaron, sí que me inculcaron unos valores básicos y fundamentales. Vivían en una casa paupérrima y salí de allí educado. ¡Milagro! No, no hay ningún milagro. Aprendí la vida y la lección de los mayores cuando ni ellos mismos sabían que me estaban dando lecciones.

No soporto los engaños. Cuando era muchacho, iba al [Teatro Nacional de] Sao Carlos, no porque tuviera dinero para pagar la entrada: mi padre, que era policía de seguridad pública, conocía a los porteros. Me sentaba arriba del todo, en el gallinero, Allí se dio una alegoría que me quedó grabada para toda la vida. Quienes ocupaban los palcos veían simplemente una corona sobre la tribuna real. Pero nosotros, que nos sentábamos detrás de ella, veíamos otras cosas: primero, que la corona no estaba completa; segundo, que tenía polvo y telas de araña en su interior, y una colilla republicana puesta ahí como protesta. Aquello se me quedó grabado para siempre: es el otro lado de las cosas. El otro lado de la palabra, de todo lo que nos conduce en una dirección determinada y que es necesario iluminar para tener, al menos, conciencia de que existe, si es que no podemos oponer resistencia a seguir esa dirección. Que no nos lleven a engaño.

Hay tres preguntas que no podemos dejar de hacernos en la vida: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para quién?

La felicidad es sólo estar en paz con uno mismos, mirarnos y recordar que no hemos hecho demasiado daño a los demás.

Más vale equivocarse que mostrar indiferencia.

La peor ceguera es la mental, que hace que no reconozcamos lo que tenemos delante.

El ferrocarril ocupó un lugar relevante en mis sueños infantiles. Recuerdo que lo que más me fascinaba era la figura del maquinista, la tremenda responsabilidad de transporta a cientos de personas en una máquina tan compleja como el tren, a lo largo de kilómetros a través de las montañas y llanuras. En vez de verme en la figura de San Jorge matando al dragón para liberar a la doncella, sentía gran fascinación por la figura del maquinista, uno de los héroes de mi infancia, por el alto nivel de responsabilidad que su profesión exige.

Según el registro civil, yo habría nacido el día 18 de noviembre, cuando en realidad nací el día 16. Pero ocurrió que el día que vine al mundo, mi padre no estaba en la aldea. Y había una ley según la cual el registro debía hacerse, a lo sumo, hasta treinta días después del nacimiento. Como mi padre regresó dos días después del plazo, para no pagar la multa declaró que yo había nacido el día 18. Lo cierto es que mi vida empieza con cosa que son y no parecen, y otras que parecen, pero no son.

Tengo ahí una foto de mis abuelos maternos. Ese hombre alto y flaco que está en la foto es mi abuelo Jerónimo, el padre de mi madre, y ella es mi abuela, que se llamaba Josefa. Mi abuelo era pastor, ni siquiera tenía una piara de cerdos, tenían unas ocho o diez cerdas que después parían cerditos que criaban y vendían y de eso vivían él y ella. Al lado de la casa estaban las pocilgas […] En invierno, podía ocurrir, y ocurrió alguna vez, que algunos cerditos, los más débiles, porque las pocilgas estaban fuera, podían morirse de frío. Entonces, los dos se llevaban a esos cerditos a su cama, y allí dormían los dos viejos con dos o tres cerditos pequeños, bajo sus mismas sábanas, para calentarlos con su propio calor humano. Éste es un episodio auténtico. Otro episodio. A este abuelo mío, cuando estaba muy enfermo y muy mal, lo llevaron a Lisboa a un hospital, donde después murió. Antes de saberlo, a sus setenta y dos años, aquella figura que no olvidaré nunca se dirigió al huerto donde había algunos árboles frutales y, abrazándolos uno por uno, se despidió de ellos llorando y agradeciéndoles los frutos que le habían dado. Mi abuelo era un alfabeto total. No se estaba despidiendo de la única riqueza que tenía, porque aquello no era riqueza, se estaba despidiendo de la vida que ellos eran y que no compartiría más. Y lloraba abrazado a ellos porque intuía que no volvería a verlos. Estas dos historias son más que suficiente para explicarlo todo. A partir de ahí, sobran las palabras.

De no haber perdido mi empleo como periodista en los setenta, hoy seguramente no tendría el Premio Nobel.

Con cincuenta y tres años, me vi en la calle. Allí nació el escritor cuando decidí no buscar otro empleo y ver qué podía escribir. Y aquí estoy, con una gran deuda con el periodismo. Me enseñó a escribir noventa y nueve palabras cuando eran necesarias noventa y nueve palabras.

[Las 16.00] es la hora en que Pilar y yo nos dimos cita por primera vez. Pilar es el centro de mi vida desde que la conocí hace diecisiete años. Fue idea mía parar los relojes de esta casa a las cuatro de la tarde. Eso no significa que el tiempo se haya quedado ahí, sino es como si el reloj marcara la hora en la que el mundo empezó.

Cuando era mucho más joven, empecé a estudiar música en la Academia dos Amadores de Música con la idea de tocar el violoncelo. Nunca le puse las manos encima, peri siempre me quedé con las ganas por ser el instrumento cuyo sonido más se aproxima a la voz humana.

Si hay algo en mi vida que se quedó como un referente, es el hecho de que [mis abuelos Jerónimo y Josefa] me transmitieron unos valores. Fueron mis mejores maestros por su austeridad y rigor moral.

¿Dónde está mi niñez? Mi infancia se desarrollaba en medio de una pobreza total. Y, aun así, soy consciente de haber sido muy feliz.

Corren por ahí conjeturas erróneas sobre mi relación con mi país. Nos fuimos de Lisboa [a Lanzarote] a consecuencia de una actitud del Gobierno, no del país ni de la población. Sino del Gobierno, que no permitió que mi libro [El evangelio según Jesucristo] se inscribiera en un premio de la Unión Europea. Nunca tuve problemas con mi país, sino con el Gobierno, que después no fue capaz de disculparse […] Me cambié de barrio porque el vecino me molestaba. Y el vecino era el gobierno portugués.

Si la ética no gobierna a la razón, la razón despreciará a la ética.

Lo que hace falta es una insurrección ética. No una insurrección de las armas, sino ética, que proponga bien en claro que esto no puede seguir. No se puede vivir como estamos viviendo, condenando tres cuartas partes de la humanidad a la miseria, el hambre, la enfermedad, con un desprecio total por la dignidad humana. ¿Todo para qué? Para servir a la ambición de unos cuantos.

En nombre de la ética, y mucho más de la ética revolucionaria, se han hecho cosas poco éticas.

En muchos momentos de su existencia, la Iglesia católica no ha hecho otra cosa que ofender a los demás.

Hay algo claro a tener en cuenta, y es que yo no puedo decir en conciencia que soy ateo, nadie puede decirlo, porque el ateo auténtico sería alguien que viviera en una sociedad donde nunca hubiera existido una idea de Dios, una idea de trascendencia y, por tanto, ni siquiera la palabra ateo existiría en ese idioma. Sin Dios, no podría existir la palabra ateo ni la palabra ateísmo. Por eso digo que, en conciencia, no puedo decir eso. Pero Dios está ahí, por tanto hablo de él, no como una obsesión.

Parezco optimista, pero podría ser un lujo que me permito por ser tan optimista.

Los pesimistas son personas insatisfechas con el mundo. En principio, serían los únicos interesados en alterar la rutina, ya que para los optimistas todo es razonable tal como está. Pero últimamente me gusta decir algo más: no soy pesimista, lo que pasa es que el mundo es pésimo. De este modo traslado la culpa a la realidad.

La enfermedad mortal del hombre, como hombre, es el egoísmo.

A lo mejor, todos somos los otros.

El problema no está en avanzar, el problema está en no considerar que existe una prioridad absoluta que es el ser humano. Cuando digo que no tiene ningún sentido enviar a Marte una sonda para ver si hay agua, cuando digo que esa actitud es totalmente absurda, lo hago teniendo en cuenta que hemos acabado con el agua que teníamos en la Tierra, que hemos contaminado los ríos, los lagos y hasta los océanos. ¿Y luego queremos saber si hay agua en Marte? No es que esté en contra del desarrollo tecnológico y científico. Eso sería otro absurdo […] Estoy a favor de reorientar ese desarrollo hacia el ser humano y de considerarlo como una prioridad absoluta. No tiene ningún sentido que juguemos a explorar el espacio cuando aquí en la Tierra hay gente que muere de hambre todos los días.

Leer e imaginar son dos de las tres puertas principales –la curiosidad es la tercera- por donde se accede al conocimiento de las cosas. Sin antes haber abierto de par en par las puertas de la imaginación, de la curiosidad y de la lectura –no olvidemos que quien dice lectura dice estudio-, no se va muy lejos en la compresión del mundo y de uno mismo.

Nosotros, los seres humanos, matamos más gente que la muerte.

La humanidad nunca ha sido educada para la paz, sino para la guerra y el conflicto. El «otro» siempre es potencialmente el enemigo. Llevamos miles y miles de años en esto.

Quizás nosotros seamos los últimos de la especie. Nuestra civilización se está terminando.

Hemos perdido la capacidad de indignarnos. De lo contrario, el mundo no estaría como está.

En una manifestación racista en Las Palmas, hubo una consigna miserable, como las otras que se gritaron: «Saramago, vete de aquí». Y en Lanzarote me llovieron insultos [por defender públicamente la inmigración]. Pero no les voy a dar ese gusto. Quiero a esta tierra como a mi aldea natal y la defenderé contra quienes intenten hacer de ella un lugar de exclusión y explotación de los que vienen buscando un plato de comida.

Lo más raro es que un pueblo como el canario, que tuvo que emigrar por miles para no pasar hambre, ahora rechace a los hambrientos que llegan a su tierra. Y hacer algo peor que no querer a los inmigrantes: decir que se les quiere y luego explotarles.

Por repetición dejamos de ver lo que antes nos parecía maravilloso.

Nuestra única defensa contra la muerte es el amor.

La muerte es un gran negocio y no siempre limpio.

Dedicamos demasiado tiempo a barruntar qué hay más allá de la vida, y demasiado poco a preguntarnos por lo que está sucediendo en la propia vida.

Si la literatura todavía sirve para algo en esta tierra, es decir, si es algo más que un texto que unos escriben para que otros lean, urge recuperarla, ya que nuestra sociedad corre el riesgo (debido a los medios audiovisuales) de enmudecer, es decir, corre el riesgo de que, cada vez más, haya una minoría con gran capacidad para hablar y una creciente mayoría limitada a escuchar, sin siquiera entender muy bien lo que escucha.

Si miramos las cosas de cerca, a lo mejor llegaríamos a la conclusión de que las palabras intentan decir lo que hemos pensado o sentido, pero hay motivos para sospechar que, por mucho que busquen, no llegarían a enunciar nunca esa cosa extraña, rara y misteriosa que es un sentimiento.

En horas de pesimismo agudo, he llegado a afirmar que si Cervantes o Shakespeare no hubieran nacido, el mundo sería lo que es. La literatura, en todo caso, puede ejercer un influjo personal, pero no social. Hay que tener en cuenta, además, que los escritores nunca han coincidido en la idea de lo que debe ser un cambio: cada uno tiene su percepción de la sociedad, su conciencia del mundo.

Ése es el prodigio de la literatura: poder ser capaz de llegar más hondo en la conciencia de los lectores, incluso cuando habla sobre otra cosa.

El libro ha sido siempre una de [las] primeras víctimas [de la intolerancia]. Cuando se prohíbe un libro, lo que se quiere es eliminar a la persona que lo escribió.

Los escritores hacen las literaturas nacionales y los traductores hacen la literatura universal. Sin los traductores hacen la literatura universal. Sin los traductores, los escritores no seríamos nada, estaríamos condenados a vivir encerrados en nuestra lengua.

Escritor de dos folios diarios, libre de manías y rituales, sobrio, alejado de sublimaciones y directo a la hora de elaborar sus libros, corregía poco y resolvía con relativa rapidez la confección de sus títulos desde el momento en que iniciaba un libro.

Para expresarse, la imaginación necesita puntos de apoyo que sólo pueden encontrar en la realidad. ¿Para qué necesito la imaginación si la propiedad realidad ya me proporciona más que suficientes elementes, sin que se agoten siquiera?

Somos todos escritores, sólo que algunos escriben y otros no.

En el fondo, hablar es mucho más creativo que escribir.

[No escribo] por amor, sino por desasosiego. Escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo.

Los escritores a que siempre estoy volviendo son Montaigne, Pessoa y Kafka. El primero porque somos la materia de lo que escribimos, el segundo porque somos muchos y no uno, el tercero porque ese uno que no somos es un coleóptero.

En todas mis novelas, hay una tentación ensayística. Planteo dudas para avanzar.

Alexandre O’Neill escribió, como si se dirigiera a un joven escritor: «No cuentes tu vida». Es una frase extraordinaria: nuestra vida no tiene ninguna importancia, hay que pensar en cosas mayores y más importantes que nosotros.

Habría que establecer una diferencia entre la burla, el sarcasmo, el humor y la ironía, todos ellos parientes de la misma familia, pero que, como sucede con las personas de la misma sangre, no siempre se llevan bien. Creo que la burla es lo peor de todo. El sarcasmo, a veces, es la única solución, mientras que el humor es una especie de ganzúa, pera el dolor o la angustia, aunque también puede ser una prueba o demostración de amor.

Todo aquello que hacemos se hace con lo que otros han hecho. No es que esté hecho exclusivamente con aquello que han hecho otros, pero si los otros no lo hubieran hecho, lo que nosotros estamos haciendo se haría de otra manera.

Aunque suene algo paradójico, diría que entre Historia y ficción la diferencia no es demasiado grande. Al escribir una historia –porque de eso se trata- el historiador hace un poco lo que el novelista: elige los hechos y los concatena, vale decir, encuentra relaciones entre ellos en función de lograr un discurso coherente. Lo mismo se le exige a una novela. Puede ser mágica, fantástica o cualquier cosa, pero hasta la fantasía y la imaginación más disparatadas necesitan de una coherencia. Un libro de Historia presenta algo predeterminado. Los hechos están allí, y un hecho trae como consecuencia otro, y otro, y otro. Hay una suerte de fatalidad histórica que hace que las cosas sean como son y no de otra manera. Entonces, al dirigir los hechos, al organizarlos, yo diría que el historiados se comporta como un novelista y el novelista como un historiador.

Tengo una curiosa relación con el tiempo que a veces me lleva a decir que el presente no existe, que no es más que pasado. El presente cambia continuamente. Es algo que va avanzando hacia eso que llamamos pasado. Recuerdo que uno del os más importantes filólogos brasileños, Aurêlio Buarque de Holanda, autor de un magnífico diccionario, definió el presente como «un periodo de tiempo más o menos largo entre el pasado y el futuro». A la hora de tener que definir el presente, se encontró ante la imposibilidad de la empresa. El presente es una sensación subjetiva –de ahí que sea más o menos largo- y por eso escapa a cualquier definición.

Siempre me entiendo mejor con una mujer que con un hombre. La conversación es más suelta, más relajada. Creo que la relación con las mujeres es más directa.

Esa señora [Blimunda] se hizo a sí misma. Nunca la concebí para que fuera de una manera o de otra. El personaje se fue formando durante el proceso de escritura. Y surgió, me surgió con una fuerza tal que, a partir de cierto momento, me limité a… acompañarla. Ese sentimiento pleno del personaje que se hace a sí mismo es Blimunda. Pero, resulta curioso, no me di cuenta hasta el final de que había escrito una historia de amor sin palabras de amor… al final a ellos, Baltasar y Blimunda, no les hizo falta decirlas… Y, sin embargo, el lector se da cuenta de que es suyo es un amor profundo. Yo creo que eso es gracias al personaje femenino. Ella impone las reglas del juego… ¿Y por qué? Porque así es en la vida… La mujer es el motor del hombre. Fíjese en que mis personajes masculinos son más débiles, son hombre que tienen dudad, son personajes masculinos con complejos… Las mujeres no.

El hombre entra más rápidamente en la cotidianidad [que la mujer}; en cambio, la mujer vive mejor en el ámbito de lo no real. Por eso no necesita de la rutina. La mujer profundiza; el varón expande.

¿Usted cree que todo lo que ha hecho esa mujer lo habría hecho un hombre? Por supuesto que no.

En primer lugar me gustan las mujeres. Encuentro que son más fuertes, y que tienen más sensibilidad y más sentido común que los hombres. No todas las mujeres del mundo son así, pero digamos que es más fácil encontrar en ellas calidades humanas que en el género masculino. Todos los poderes políticos, económicos y militares dependen de los varones. Durante siglos la mujer ha tenido que pedir permiso a su marido o a su padre para emprender cualquier actividad. ¿Cómo se ha podido seguir tanto tiempo condenando a la mitad de la humanidad a vivir subordinada y humillada?

Debo decir que la palabra tolerancia no me gusta nada. Es una palabra que parece buena, pero no es buena, es mala. Mala en el sentido de que, si alguien dice de sí mismo que es tolerante, sólo significa que tolera la diferencia del otro. Su actitud sigue siendo paternalista.

Ensayo sobre la ceguera es una especia de imago mundi, una imagen del mundo en el que vivimos: un mundo de intolerancia, de explotación, de crueldad, de indiferencia, de cinismo. Y alguien dirá: «Pero también hay gente buena». Así es, pero el mundo no va en esa dirección. Hay personas «humanizables», personas que se van humanizando gracias al esfuerzo de suprimir egoísmos. Pero le mundo en su conjunto no va en esa dirección.

De la historia del convento de Mafra, me atrajo el esfuerzo y el sacrificio de los miles de hombres que trabajaron en la construcción de monumentos a la vanidad de un rey y al poder de la Iglesia.

Entonces comencé a escribir como todo el mundo lo hace, con guión, con diálogos, con la puntuación convencional, siguiendo la norma de los escritores. A la altura de la página veinticuatro y veinticinco, y quizá ésta sea una de las cosas más bonitas que me han ocurrido desde que estoy escribiendo, sin haberlo pensado, casi sin darme cuenta, empiezo a escribir así: interligando, interconectando el discurso directo y el discurso indirecto, saltando por encima de todas las reglas sintácticas o sobre muchas de ellas. El caso es que, cuando llegué al final, no tuve más remedio que volver al principio para poner las veinticuatro primeras páginas de acuerdo con las otras.

Lo que está clarísimo es que cuando hablamos –porque ahora se trata de hablar, no de escribir- no usamos puntuación, hablamos como se hace música, con sonidos y pausas. Toda la música, desde la más sublime hasta la más disparatada, se hace de lo mismo, con sonidos y pausas, y hablar no es más que eso, una sucesión de sonidos con pausas.

Lo que intento mostrar en esa novela [El año de la muerte de Ricardo Reiss] es la pluralidad de gente que vive dentro de cada uno de nosotros y el esfuerzo que debemos hacer para presentarnos ante los demás con una sola imagen, de manera coherente, con nuestras contradicciones aparentemente resueltas.

Cuando, a veces, digo que La caverna es una novela sobre el miedo, hay que entender qué es lo que quiero significar con esto: un miedo que más o menos lo hemos sufrido siempre, pero no tanto como ahora. Es el miedo a perder el empleo. Hay un miedo instalado en la sociedad moderna, quizá pero que todos los otros miedos; es el miedo a la inseguridad, el miedo a mañana no tener con qué alimentar a la familia. Ese miedo paraliza.

[En Ensayo sobre la ceguera] desde mi punto de vista […] en el fondo, se trata de la visión como entendimiento, como capacidad de comprender. Y, al perder la visión en ese sentido metafórico, lo que uno está perdiendo es la capacidad de comprender. Se está perdiendo la capacidad de relacionarse, de respetar al otro en su diferencia, sea cual sea. Y, después, todo esto, que ya no es sólo el ser humano individual reconvertido a lo que llamamos los puros instintos. Es toda una ciudad que retrocede al instinto, que yo no llamaría puro, porque lo que sale todas las veces, y lo que está saliendo ahí es la violencia, la extorsión, la tortura, el dominio de uno por el otro, la explotación.

¿Por qué perdemos tanto tiempo preguntándonos qué hay más allá de la vida? Si nos preguntáramos sobre qué pasa aquí en la vida, en el tiempo que nos ha tocado.

Y la pregunta que constituye el punto de partida de la obra, de mis novelas -«¿Y si la Península Ibérica se separara de Europa? ¿Y si la caverna de Platón estuviera bajo un centro comercial?»-, también se encuentra en esta obra. «¿Y si don Juan no hubiera ido al infierno?» Una vez hecha la pregunta, la pregunta esencial, las conclusiones surgen de manera casi espontánea.

Mi objetivo [en Las pequeñas memorias] no es otro que el de recuperar, reconstruir, reconstituir el niño que fui. Esencialmente, a mi parecer, las adolescencias se parecen todas. Sólo las infancias son únicas.

Nuestras vidas están compuestas de un 95% que es obra de los demás. En el fondo, vivimos en un caos y no hay un orden aparente que nos gobierne. Entonces, la idea clave en el libro es que el caos es un tipo de orden por descifrar. Con este libro, le propongo al lector que investigue el orden que hay en el caos.

La injusticia es uno de los motores de mi obra, el abuso de autoridad sobre el individuo.

No me hizo falta dejar de ser comunista para ganar el Premio Nobel. Si hubiera tenido que renunciar a mis convicciones para ganar, no habría aceptado el Nobel, pero, por suerte, a la Academia no le importó que yo fuera un comunista obstinado.

Nada prometía un Premio Nobel. Quiero decir que nací en una familia de gente muy pobre, campesina y analfabeta, en una casa donde no había libros y en unas circunstancias económicas que no me habían permitido entrar en la universidad.

[Cuando en el aeropuerto me dieron la noticia de que había ganado el Premio Nobel] me sentí, por una parte, con una enorme felicidad, una enorme alegría, pero me di cuenta de que la alegría, si uno está solo, es nada.

Supongo que [el Premio Nobel] me ha sido dado por el hecho de que yo, como escritor, estaba en mi sitio. No hay motivo para que vaya a cambiar de donde estaba. Sigo siendo la misma persona, mis ideas no cambiarán y las relaciones que tengo con el mundo y con la gente serán iguales. Y lo que pienso lo diré con la misma claridad que antes.

Saramago defendió un explícito non serviam de la palabra, al tiempo que expresaba su convicción de que el escritor, por su papel social privilegiado, está llamado a intervenir en los conflictos de su época, a espolear las conciencias y a sumarse a la corriente de la calle.

Hay dos Quijotes: uno, que tiene una vida sin importancia, y otro, que nace en el momento en que empieza a caminar. Él es Don Quijote, el hombre que hará aquello que no estaba previsto. No estaba marcado –ni su locura ni su vida anterior- que fuera a hacer todo lo que hizo después. No hay un destino: hay un momento en que comenzamos a caminar. Comenzamos a caminar y caminamos en otra dirección. No es, de hecho, la dirección lo que parecía determinado, irrecusable… hasta podemos hablar de predestinación si queremos, pero el movimiento con el que empezamos a caminar es una metáfora del movimiento, y no sólo del movimiento personal, sino también del movimiento de la sociedad.

Nada está definitivamente perdido, las victorias se parecen mucho a las derrotas en que ni unas ni otras son definitivas.

Mis pancartas se llaman páginas.

No os resignéis, indignémonos.

Me pregunto cómo es posible contemplar la injusticia, la miseria, el dolor sin sentir la obligación moral de transformar eso que estamos contemplando. Cuando observamos a nuestro alrededor, vemos que las cosas no funcionan bien: se gastan cifras exorbitantes en mandar un aparato a explorar Marte mientras cientos de miles de personas no tienen para alimentarse. Por un cierto automatismo verbal y mental, hablamos de democracia cuando en realidad de ella no nos queda mucho más que un conjunto de ritos, de gestos repetidos mecánicamente. Los hombres, y los intelectuales, en tanto que ciudadanos, tenemos la obligación de abrir los ojos.

Hemos de seguir manifestándonos una y otra vez. La única solución es decir que no queremos vivir en un mundo como éste, con guerras, con desigualdad, con injusticias, con la humillación diaria de los millones de personas que no tienen la menor esperanza de que la vida merezca la pena. Hemos de expresarlo con vehemencia y pasar días y días en la calle si es lo que hay que hacer, hasta que quienes detentan el poder reconozcan que la gente no es feliz.

Mi partido tiene sus ideas, y yo las ideas de mi partido, pero no necesariamente de la misma manera.

Nunca oiremos a nadie decir que está decepcionado con el capitalismo. ¿Por qué? Porque el capitalismo no promete nada. Sin embargo, como el socialismo es una ideología repleta de promesas también lo está llena de decepciones.

La izquierda hoy no sabe en qué pensar ni cómo pensarlo, porque sus modelos se derrumbaron y sus ideales se pervirtieron. Por eso, sus políticos deben tener la humildad de reconocer sus errores y volver a un pensamiento de izquierda.

Los partidos de izquierda, que en realidad no lo son, que llevan años haciendo políticas neoliberales, son la cara moderna de la derecha. La izquierda, con alguna rara excepción sin desidioso peso en el conjunto, se ha hecho el regalo de una operación cosmética que más o menos le mantiene la fachada, pero nada más que eso.

Lo peor fue que los partidos de la izquierda descubrieron de repente la pólvora, descubrieron que tenían que acercarse al centro porque, como la izquierda no tenía ninguna posibilidad de llegar al poder, si se acercaban al centro y pasaban a llamarse centro-izquierda o centro-derecha la cosa iba a ser más fácil. Y así fue. Con esto, sin embargo, sucedió que si bien obtuvieron resultados en la praxis política, perdieron el alma.

Se llama a la gente a votar para que supuestamente elija, y nos olvidamos de que, en el momento de poner el voto en la urna, estamos renunciando a lo que debería ser un ejercicio continuo de poder democrático. Si todo va bien, volveremos a hacerlo cuatro años después. En ese espacio de tiempo, los representantes elegidos pueden hacer cualquier cosa, hasta lo contrario de los motivos que llevaron al ciudadano a elegirlos. El momento álgido de la expresión democrática es, a la vez, el momento de renuncia al ejercicio democrático.

Nosotros estamos asistiendo a lo que yo llamaría la muerte del ciudadano y, en su lugar, lo que tenemos y, cada vez más, es el cliente. Ahora ya nadie te pregunta qué es lo que piensas, ahora te preguntan qué marca de coche, de traje, de corbata tienes, cuánto ganas…

Confiaría mucho en la fuerza de la ciudadanía si quisiera dejarse convencer de que no hay incompatibilidad en desarrollar económica y socialmente [un lugar], con un espíritu de sostenibilidad. Que no se ponga una piedra sin preguntar por qué y cuáles serán las consecuencias futuras.

El destino de las revoluciones es convertirse en su opuesto. Las revoluciones acaban siempre traicionadas por una razón sencilla: por la renuncia de los ciudadanos a participar […] La enfermedad mortal de las democracias es la renuncia del ciudadano a participar. Los primeros responsables somos nosotros al delegar el poder en otra persona que, a partir de ese momento, pasa a controlarlo y usarlo.

Lo primero que se le dice al poder es no. No un no porque sí, sino porque el poder debe ser vigilado permanentemente. El poder siempre tiende a abusar, a excederse.

Lo peor que puede pasarnos es resignarnos a no saber. Hay que aprender a volver a decir no, y a preguntarse por qué, para qué y para quién. Si encontráramos respuestas a estas preguntas, a lo mejor entenderíamos el mundo.

El gran mal que suele suceder a las democracias –y creo que todas ellas lo sufren en mayor o menor grado- es vivir de la apariencia. Es decir, mientras funcionen los partidos, la libertad de expresión en su sentido más directo e inmediato, el Gobierno, los tribunales, la jefatura de Estado, mientas parezca que todo esto funciona con armonía y haya elecciones y todo el mundo vote, la gente se preocupa poco por los procedimientos gravemente antidemocráticos.

Los hombres no hemos alcanzado la democracia, sino su espejismo, Esto hay que decirlo en voz alta, y estaría bien que lo dijésemos todos los hombres, en coro: no se puede seguir hablando de democracia en un mundo donde el poder que verdaderamente gobierna, el poder financiero, no es democrático. Todo lo demás son espejismos más o menos reales –los parlamentos, los gobiernos-, pero el poder final y último, el poder que determina y decide nuestros destinos no es un poder democrático.

Hemos convertido nuestra democracia occidental en una especie de superstición, la estamos idolatrando, y la hemos exportado a pueblos sin tradición al respecto, la hemos implantado de manera obligada, llegando incluso a destrozar a sus culturas tradicionales. En cierto modo, se está repitiendo lo que ocurrió con los colonizadores de América, cuando los frailes les decían a los indios: «Vuestros dioses son falso, yo traigo aquí al verdadero Dios». Con ello no me declaro en contra de la democracia, pero sí de la democracia con trampa, como vehículo del capitalismo, en la que las propias víctimas se convierten en cómplices, por silencio o abdicación o renuncia a participar.

En las sociedades moderna, que así mismas se llaman democráticas, el grado de manipulación de las conciencias ha llegado a un punto intolerable. Eso genera un sistema que es democrático sólo en las formas.

El gran problema de nuestro sistema democrático es que permite hacer cosas nada democráticas democráticamente.

Vivimos en una plutocracia, porque los ricos son quienes gobiernan y viven.

La democracia no se puede limitar a la simple sustitución de un gobierno por otro. Tenemos una democracia formal, necesitamos una democracia sustancial.

Los ciudadanos tenemos todas las libertades democráticas posibles, pero estamos atados de manos y pies porque con el cambio de gobierno no podemos cambiar el poder.

Los sótanos de los regímenes democráticos también están llenos de esqueletos.

Tengo una visión bastante escéptica de lo que llamamos democracia. En realidad, vivimos bajo una plutocracia, bajo el gobierno de los ricos. Con el neoliberalismo económico, prácticamente han desaparecido ciertas palancas que el Estado poseía para actuar en función de la sociedad. Hoy la democracia no se discute con seriedad. Se han impuesto tantos límites a la democracia, que se impide el desarrollo de otras áreas de la vida humana. Ve el ejemplo del Fondo Monetario Internacional. Se trata de un organismo que no fue elegido por la población, pero que controla buena parte de la economía internacional.

Aristóteles estableció que, en un sistema democrático, el Parlamento debería estar compuesto por una mayoría de pobres y una minoría de ricos. En la actualidad, llego a la conclusión de que Aristóteles debió de ser un precursor del humor negro.

El autor de levantado del suelo, que se implicó activamente en favor del movimiento zapatista en Chiapas, reprobó las opresiones discriminatorias, demandó la igualdad de las mujeres, fustigó la violencia, rechazó las actividades del narcotráfico –que consideraba «un Estado dentro del Estado»- y condenó los secuestros y asesinatos de grupos armados guerrilleros como las FARC de Colombia.

Si alguna vez hubo en la historia de la humanidad una guerra desigual, no la hubo nunca como ésta [de Chiapas]. Es una guerra de desprecio, de desprecio hacia los indígenas. El Gobierno esperaba que con el tiempo se acabaran todos, simplemente eso.

[Los indígenas de Chiapas] sobreviven alimentándose de su propia dignidad. No tienen nada, pero lo son todo. Enfrentan la guerra con ese estoicismo que me impresionó tanto, un estoicismo casi sobrehumano que no aprendieron en la universidad, que consiguieron tras siglos de humillación. Han sufrido como ninguno y mantienen esa fuerza interior, una fuerza que se expresa con la mirada… La mirada de ese niño al que le han destrozado para siempre la vida… es algo que no se me borrará jamás de la memoria… Las miradas serias, severas, recogidas de las mujeres, de los hombres… son algo que está por encima de todo. Los indígenas no tienen nada, pero lo son todo. ¿Cómo es posible que después de tanto sufrimiento ese mundo indio mantenga una esperanza? ¿Cómo puede sonreír ese hombre de Polhó que nos acaba de decir: «Mañana puede que nos maten a todos, pero bueno, aquí estamos»? Es algo que no alcanzo a entender.

De Chiapas me llevo no sólo el recuerdo, me llevo la palabra misma… Chiapas… La palabra Chiapas no faltará ni un solo día de mi vida. Si tenemos conciencia, pero no la usamos para acercarnos al sufrimiento, ¿de qué nos sirve la conciencia?

El Descubrimiento no fue un diálogo de culturas ni un encuentro de pueblos, fue violencia, depravación y conquista.

Un ciudadano –extranjero- [José Saramago] que se emociona con lo que ocurre en Chiapas, como muchísimos ciudadanos que han venido a este país, viene aquí porque quiere mostrar solidaridad. ¿Eso es injerencia? Donde va el escritor, va el ciudadano.

[En Argentina] tienen que surgir nuevas generaciones con nuevas ideas, con nuevos valores. La desaparición de miles de personas jóvenes, inteligentes y preparadas es una ausencia terrible para el país. La generación de izquierda, que tendría ahora cincuenta años, desapareció. Los que podrían formar esas alternativas no están. Fueron asesinados, torturados, desaparecieron. Hay un vacío generacional. Es necesario que la juventud comprenda que tiene un lugar que ocupar. Un lugar que está vacío y que no puede ser entregado a vestigios del pasado que gerenciaron el país como si fuese una cosa suya.

El movimiento indígena no es un peligro para la democracia. Es la democracia de los blancos la que es un peligro para las comunidades indígenas.

Yo dije en abril del año pasado [2003], luego de los fusilamientos de los tres cubanos que secuestraron un ferry en La Habana, que Cuba no había ganado ninguna batalla heroica fusilando a esos tres hombres, pero que sí había perdido mi confianza, dañado mis esperanzas y defraudado mis sueños. Sigo pensando igual. Dije que, a partir de ese momento, Cuba seguiría su camino y y o me quedaba. Hasta aquí he llegado, dije, y hasta ahí llegué.

Quizá la posibilidad de que cambie esta situación [de violencia] es que la sociedad civil colombiana intervenga. El primer paso es salir de la aparente apatía en que se encuentra. Moverse, conmoverse. El día que la tierra colombiana empiece a vomitar sus muertos, esto quizá pueda cambiar. No los vomitará materialmente, claro, sino en el sentido de que los muertos cuenten. Que vomite sus muertos para que los vivos no hagan cuenta de que no está pasando nada.

Lo siento muchísimo, pero en México es un país que logro entender. Un país con una cultura extraordinaria, de potencia material y espiritual, y en el que, como en otros, todo está contaminado por la corrupción: la policía, las autoridades… sin un movimiento social y popular que pueda manifestarse con fuerza. Si esto existiera, creo que los políticos tendrían que hacer algo que le hiciera justicia al país. La esperanza es que todavía existe algo honesto, progresista y avanzado. Espero que algo ocurra. En los últimos años, se presenta el poder del narcotráfico, que todo lo condiciona. Existe ahora un poder dentro del Estado y la sociedad mexicanos que es el narcotráfico. Mientras no se arranque este mal, no sé qué podrían hacer ustedes, que son los que están sufriendo.

La Península Ibérica pretende ligarse a un Norte que seguirá orientado y dirigido por tres potencias medias –Alemania, Gran Bretaña y Francia-, mientras que los países restantes no alterarían su condición de satélites. En el fondo, eso es lo que define la política económica de la Comunidad. La CEE, en treinta años, no ha conseguido otra cosa que intentar definir su política económica. No existe una política europea. La propia organización económica de Europa, como sabemos, es muy precaria y, de cualquier forma, está orientada por esas tres potencias medias, siendo el resto sólo la periferia. Pienso que no se deben perder todos los vínculos con Europa, pero debemos buscar más hacia el Sur.

En Portugal, en Francia, en España, nadie tiene una idea clara de Europa. Sí hay alguien que tiene una idea de Europa: es Alemania, los nuevos señores de Europa.

Lo que está clarísimo es que en el interior de esta Europa, supuestamente unida, las relaciones de poder no han cambiado nada, sigue mandando quien mandaba antes y sigue obedeciendo quien antes, históricamente, ya estaba obedeciendo.

A Europa no la ha hecho la riqueza mercantil. La ha hecho la riqueza mental, la intelectual, su capacidad de crear. Europa no debe tener un futuro de mercaderes, sino de creadores. Si no, no habrá futuro para este continente.

No es sólo el pensamiento correcto, es que ahora todo se está convirtiendo en correcto, hay que comportarse según unas normas que nadie sabe quién determinó. Yo reivindico la diferencia, pero cada vez nos estamos haciendo más iguales, en el sentido menos bueno, menos creativo y menos contestatario, perdiendo así la capacidad de discutir. A pesar de sentirme dentro de la cultura europea, no me gusta que Europa se esté transformando en un imperio. Empiezo a sospechar que todo es igual y me parece sorprendente que no nos demos cuenta de que, en esta Europa, da lo mismo que los gobiernos sean socialistas, conservadores y, mañana, hasta neofascistas. Mientras eso ocurre, las preguntas –por qué, cómo y para qué-, que deberían estar todo el día en boca de los ciudadano, no lo están.

La UE es un hecho consumado. Hay argumentos que antes eran válidos y que hoy ya no merece la pena invocar. La cuestión es que, hasta ahora, lo único que queda de la llamada Europa es una moneda, nada más, cuando la moneda debía haber sido probablemente la última cosa en instituirse. Lo que vemos es que cada país defiende sus propios intereses. ¿Y qué pasará si energúmenos, o personas que nada tienen de demócratas como el señor Berlusconi, dominan la UE? ¿Cómo es posible que personas honradas, como muchas lo son, se sienten a la misma mesa a dar palmaditas en la espalda a personas que no lo son? ¿Cómo es posible que determinados países de la UE actúen más como «funcionarios» de Estados Unidos que como miembros de una unión que debería tener una identidad y una voluntad política propias? Daré tres ejemplos de ello: España, Inglaterra y Portugal. La UE se ha convertido en una extensión de Estados Unidos.

Cuando la izquierda llega al poder, no usa las razones por las cuales ha llegado. La izquierda deja de serlo muchas veces cuando llega al poder y eso es dramático.

Sin política no se puede organizar una sociedad. El problema es que la sociedad está en manos de políticos profesionales.

Sólo se nos pide el voto para homologar cantidad de cosas, en cuya definición no tenemos ninguna parte. Sólo nos piden el voto, no nos piden que participemos. Y cada cuatro años, acudimos a votar muy contentos, creyendo que estamos haciendo algo importante, pero lo importante ocurrió entre esos cuatro años, Con esto no estoy condenando a los políticos, pues la política es algo vital y tenemos que ejercerla todos.

Si el mundo sólo se hubiese mostrado indiferente frene a la guerra de Bosnia, podríamos pensar que estaba distraído; pero en Timor, en Mozambique se está produciendo un genocidio constante y lento y el mundo no quiere enterarse… Se ha acostumbrado a la carnicería.

Sarajevo es el símbolo de la insensibilidad general. Tenemos mucha información, nos asaltan los muertos despedazados a la hora de la cena, pero la información se agota en sí misma; parece que nos damos por satisfechos por el hecho de conocer. Hace treinta años, lo que ocurre en Sarajevo hubiese movilizado a miles y miles de personas. Ahora nadie protesta.

Una bala nunca es un argumento político.

Lo que hay que hacer es de dar la alarma en todo el mundo para decir que lo que ocurre en Palestina es un crimen que podemos detener. Podemos compararlo con lo que ocurrió en Auschwitz. Es lo mismo, aunque guardamos en mente las diferencias de tiempo y de lugar.

El Holocausto es la gran y permanente autojustificación de los israelíes. Piensan que, opr mucho mal que ellos puedan infligir ahora a quien sea, nunca será comparable con el que sufrieron ellos. En su conciencia patológica de pueblo escogido, creen que el horror que padecieron los exime de cualquier culpa por los siglos de los siglos. No conceden a nadie el derecho a juzgarlos, porque ellos fueron torturados, gaseados e incinerados. Además, y a la vez, quieren que todos nos sintamos corresponsables del Holocausto y que expiemos nuestra supuesta culpa aceptando sin rechista cuando hagan o dejen de hacer. Se han convertido en rentistas del Holocausto, pero lo cierto es que ni nosotros tenemos culpa alguna en aquella barbarie ni ellos pueden hablar en nombre de las víctimas que aquel horror generó.

Dos horrores les impiden a los judíos mirarse al espejo: el de Auschwitz y el de su propia conciencia ahora.

La guerra de Estados Unidos contra Irak no se justifica porque no se ha demostrado ninguna de las acusaciones que se han hecho al país. Y no vale decir que Estados Unidos ha intervenido Irak para acabar con el tirano, porque no han intervenido en muchísimos otros países donde han sido los responsables de establecer en el poder a sus respectivos tiranos. De modo que acabemos con esa hipocresía. Sabemos muy bien que Estados Unidos necesitaba controlar el petróleo de Irak. Y no sólo eso. Es el control de todo Oriente Medio. Controlar la región significa abrir las puertas a Asia, donde hay un país llamado China, con el que tarde o temprano Estados Unidos tendrá que enfrentarse. Por otra parte, esa formación del imperio americano empezó a diseñarse en los años veinte, después de la Primera Guerra Mundial.

Los judíos salieron del gueto felizmente. Sufrieron persecuciones de todo tipo durante siglos. Y ahora, en vez de respetar el sufrimiento de sus antepasados evitando hacer sufrir a otros como ellos sufrieron, cometen, los mismos excesos, los mismos crímenes, los mismos abusos de los que fueron víctimas.

Los políticos siempre tienen que decir que van a hacer más de lo que luego hacen. A veces, los primeros que se sorprenden de esto son ellos mismos. Porque al final no pueden hacer aquello que les gustaría haber hecho.

Yo sería un pésimo gobernante porque sería el primero en dudar de aquello que estuviera haciendo. Y los políticos en general nunca tienen dudas.

El juez Antonio di Pietro decía hace un año [2002] que en Italia la corrupción política había terminado. ¿Cómo es eso? Le preguntaban. Y él lo explicaba de forma clarísima: el poder económico necesitaba corromper a los políticos para que éstos hicieran lo que al poder económico le venía bien. Pero ahora se acabó, porque el poder económico ocupó el poder político. Por tanto, ya no tiene necesidad de corromper a nadie. Él es el poder.

Un partido de pobres nunca ganaría una elección, porque los pobres no tienen nada que prometer. Quienes hacen promesas son los ricos p, para ser más exactos, el poder.

Todo el mundo habla de derechos y nadie de deberes, quizás fuera una buena idea inventar un Día de los Deberes Humanos.

Lo que yo temo, y creo que es algo que ocurre ya, es que entremos en una era donde los derechos humanos, desde un punto de vista formal, aparezcan recogidos, plasmados; pero que, en el fondo, estemos siendo condicionados por la invisibilidad pública, por la burocracia total… Es decir, cuando yo estoy en Tokio y compro algo y lo pago con la tarjeta de crédito, alguien sabe lo que he adquirido y está claro que dentro de dos años tendrá mi perfil de consumidor. Creo que la intimidad se está acabando, y todo eso nos puede llevar a una dictadura que no tiene la cara de la otra, que era obvia, terrible, pero que, en cambio, sabíamos dónde estaba y ello nos permitía luchar. Sin embargo, ésta no es así.

Los partidos políticos, y sobre todo los de la izquierda, deberían meter sus programas en un cajón y poner sobre la mesa, poner en práctica, una cosa tan simple como la Declaración de los Derechos Humanos.

Les diría a los partidos de izquierda que todo lo que se le puede proponer a la gente está contenido en un documento burgués que se llama Declaración de los Derechos Humanos, aprobado en 1948 en Nueva York. No se cansen con más propuestas. No se cansen con más preguntas. Todo está dicho allí. Háganlo: cúmplanlo.

La ciudadanía está apática. Los derechos humanos siguen siendo una especie de comedia, pero que una comedia, una farsa y, pero que una fara, una tragedia, porque sólo sirven para la retórica parlamentaria o política cuando conviene; pero luego se les pone una piedra encima y se acabó.

[El mundo del fin del milenio es] un mundo con dos tendencias opuestas: la globalización y la fragmentación. Un hombre está en su casa, alejado de todo contacto humano, y puede llegar a través del ordenador, del módem, del fax, a todas partes. Cada vez estamos más cerca y más lejos de todo. La tecnología nos permite tenerlo todo sin salir de casa. Y, si no estoy satisfecho con la realidad, puedo vivir en otra realidad: la virtual.

La gran guerra es la que enfrentará a los que poseen bienes y a los que carecen de todo. Lo que pasa es que los pobres, pobres de ellos, no pueden ni saben organizarse. Para hacerlo se necesita poder y no lo tienen. Ahora mismo, el único poder organizado es el poder financiero y económico, al que todo da igual: religión, ideología cultura, idiomas, todo. El problema ya no son los blancos y los negros, porque entre un negro rico y un blanco rico no hay ninguna diferencia. Hoy un blanco pobre es el negro de ayer.

Cada día hay más iniciativa privada que acaba por ocupar terrenos que, en principio, no deberían ser los suyos. Los Estados incumplen sus obligaciones, y los medios de comunicación no funcionan porque no denuncian este estado de cosas. Hay que ser crítico en el análisis de la realidad social. El poder real no está en manos de los gobiernos, puesto que no es democrático. Los gobiernos no son más que nos comisario del poder real: Coca-Cola, Mitsubishi, General Motos… Las multinacionales son las que gobiernan el mundo ¿Alguna vez la Coca-Cola se presentó a las elecciones? No lo necesitan, porque el poder ya lo tienen. Hablar de democracia en ese contexto es una pérdida de tiempo. Esta democracia es un engaño. La ciudadanía está anestesiada, el consumismo es la nueva ideología. Sería interesante hacer una encuesta para saber qué es lo que hacen, qué es lo que piensas, en definitiva dónde están los chicos y chicas que salieron a la calle en Mayo del 68 y que ahora tienen cincuenta años.

No hay cosa más sin sentido que eso de la realidad virtual. Si es real, no es virtual. Los conceptos los estamos manipulando y vaciando de contenido. Y si llegamos a esto, a quitarle el sentido a las palabras, las palabras dejarán de tener importancia. Las palabras se están volviendo huecas. La razón rechaza el concepto de realidad virtual, pero ahora nadie se para a pensarlo porque todo el mundo cree saber lo que significa, y no nos molestamos en preguntarnos, y en preguntar las cosas.

La pobreza es una humillación.

Lo que es realmente obsceno es que se puede morir de hambre.

Los gobiernos occidentales reservan la catalogación de terrorista para los actos de violencia indiscriminada realizados por activistas que no actúan encuadrados en una organización estatal, y se niegan a reconocer la existencia de terrorismo de Estado. Se aprovechan del hecho de que el terrorismo a secas no pretende esconderse –al contrario, se esfuerza al máximo para que la sociedad se entere de su existencia-, en tanto que el terrorismo de Estado hace todo lo posible por volverse «invisible», porque es tanto más eficaz cuanto más desapercibido pasa.

Las manos sucias de los Estados gastan muchos guantes.

El gran problema de hoy es que los chicos y las chicas no tienen pasado. Sólo tienen presente.

Hay tres sexos: femenino, masculino y el poder. El poder cambia a las personas.

Lo que la gente no ha conseguido (y algo de razón tienen) es vencer el miedo a perder el empleo. Y el resultado es la neutralización del espíritu militante que durante generaciones ha caracterizado a la clase obrera.

Se espera que la escuela eduque, y la escuela no puede hacerlo porque no sabe y aunque supiera no dispone de los medios que serían necesarios-. ¡La educación es otra cosa! Antes formaba parte de las obligaciones de la familia, digámoslo así, y, de alguna forma también, de una sociedad educada que necesariamente produciría ciudadanos más o menos educados. Ahora vivimos en una sociedad maleducada, vivimos en un proceso de mala educación integral […] Llega al extremo –y eso me deja perplejo- de que los profesores son objeto de agresiones.

Hay una regla fundamental cuando se vive como nosotros vivimos –en sociedad, porque somos animales gregarios-, que es simplemente no callar. ¡No callar! Que eso puede constar en distintos ámbitos la pérdida del empleo o malas interpretaciones, ya lo sabemos; pero tampoco estamos aquí para gustar a todos. Primero, porque es imposible. Y segundo, porque, si la conciencia nos dice que éste es el camino, sigámoslo, y ya veremos luego las consecuencias.

El hombre duplicado

José Saramago

Otra propuesta bastante imaginativa por parte de Saramago: Un modesto profesor, encuentra a un actor secundario de películas que es exactamente igual a él. A partir del descubrimiento, el profesor no encuentra un tiempo de paz, estado que transmite a su doble una vez que se conocen. El final inesperado, mueve las piezas del ajedrez de manera insólita. Calificación de 10.
El hombre duplicado

El hombre duplicado

Ditirámbicamente: Del ditirambo o relativo a esta composición poética. Composición poética de la antigua Grecia en honor a Dionisos.
Lenitivo: Que tiene virtud de ablandar y suavizar.
Punir: Castigar una falta cometida por una persona.
Sosia: Persona que tiene parecido con otra hasta el punto de ser confundido con ella.
Cogitación: Meditación.
Semiología: Estudio de los signos
Bambarria: Tonto, bobo.
Patena: Platillo de metal, generalmente de oro o plata, en el cual se ponen las hostias consagradas de la Eucaristía durante la misa.
Tropismos: Movimiento total o parcial de los organismos como respuesta a un estímulo.
Atrezo: Conjunto de elementos necesarios para una puesta de escena teatral o para el decorado de una escena televisiva o cinematográfica.
Exordio: Principio o introducción de una obra literaria. Preámbulo de un razonamiento o de una conversación.
Proteiforme: Que cambia continuamente de forma.
Laya: Calidad, especie, clase de personas o de cosas.
Teratología: Estudio de las anomalías y malformaciones del organismo animal o vegetal.
Eclosionar: Abrirse un capullo de flor, una crisálida o un huevo.
Áncora: Ancla, defensa, refugio.
Incunable: Se dice de las ediciones hechas desde la invención de la imprenta hasta principios del siglo XVI.
Presciencia: Conocimiento del futuro y de los hechos por venir.
Aquiescencia: Autorización, consentimiento.
Busilis: Punto en que estriba la dificultad del asunto del que se trata.
Rubicón: Tomar una decisión importante, afrontando un riesgo.

Para tener una idea clara de su caso, basta decir que estuvo casado y ha olvidado qué lo condujo al matrimonio, se divorció y ahora no quiere ni acordarse de los motivos por los que se separó.

Necesitamos tanto echar las culpas a algo lejano cuanto valor nos falta para enfrentar lo que tenemos delante.

Distraerse es el remedio de quien no lo necesita.

Pero a él, que ya tenía edad para no andar corriendo detrás de quimeras, lo que le dolía, como les sucede siempre a los ingenuos, era eso mismo, su ingenuidad.

Si crees que debes pedir una explicación a tu colega, pídesela de una vez, siempre será mejor que andar por ahí con la garganta atravesada de interrogaciones y dudas.

No se les puede exigir a todas las personas que sean sensatas, Por eso el mundo está como está.

Sería de mala educación, una falta de delicadeza, A veces es la única manera de evitar males mayores, no lo hagas y ya sabes lo que sucederá, después de una palabra vendrá otra, después de un primer encuentro habrá un segundo y un tercero, en un santiamén le estarás contando tu vida a un desconocido, ya has vivido suficientes años para haber aprendido que con desconocidos y extraños todo cuidado es poco cuando se trata de cuestiones personales.

Estamos obligados por naturaleza o condición a seguir caminos paralelos, pero la distancia que nos separa, o divide, es tan grande que en la mayor parte de los casos no nos oímos el uno al otro, Te oigo ahora, Se trata de una emergencia, y las emergencias aproximan.

Todos sabemos que cada día que nace es el primero para unos y será el último para otros, y que, para la mayoría, es sólo un día más.

Que la Historia no registre un hecho no significa que ese hecho no haya ocurrido.

Las mejores invenciones, nunca estará de más insistir en ello, son las de quien no sabía.

A propósito, a propósito ya se sabe que no venía, pero las muletillas de la lengua existen justamente para situaciones como éstas, una urgente necesidad de pasar a otro asunto sin aparentar que se tiene particular empeño en él, una especie de haz-como-si-se-me-hubiera-ocurrido-ahora-mismo socialmente aceptado.

Las esperanzas del empleado se marchitaron súbitamente, todavía el globo estaba en tierra y ya perdía gas.

Ejecutar en buen orden lo que se debe hacer es siempre la más sólida póliza de seguro contra los fantasmas del caos.

La mayor parte de las situaciones en que nos metemos jamás llegarían tan lejos si no las hubiéramos ayudado.

Deberías saber que estar de acuerdo no siempre significa compartir una razón, lo más normal es que las personas se acojan a la sombra de una opinión como si fuera un paraguas.

Hay cosas que nunca se podrán explicar con palabras.

Hubo un tiempo en que las palabras eran tan pocas que ni siquiera las teníamos para expresar algo tan simple como Esta boca es mía, o Esa boca es tuya, y mucho menos para preguntar Por qué tenemos las bocas juntas. A las personas de ahora ni les pasa por la cabeza el trabajo que costó crear estos vocablos, en primer lugar, y quién sabe si no habrá sido, de todo, lo más difícil, fue necesario comprender que se necesitaban, después, hubo que llegar a un consenso sobre el significado de sus efectos inmediatos, y finalmente, tarea que nunca acabará de completarse, imaginar las consecuencias que podrían advenir, a medio y a largo plazo, de los dichos efectos y de los dichos vocablos.

Las armas y las ocasiones las carga el diablo.

Generalmente el tono justo para cada circunstancia nos sale de forma espontánea, sin embargo, cuando se persigue, como es el caso de ahora, todo lo que en un primer momento se nos había figurado suficiente y adecuado, nos parecerá corto o excesivo al momento siguiente.

La insoportable frase hecha amigos somos, amigos seremos, es lo peor que se puede decir cuando se quiere poner punto final a una relación de tipo amoroso, creíamos haber cerrado la puerta y resulta que nos hemos quedado atascados en ella, y también, por no citar el beso con que tuvo la debilidad de despedirse, ese craso error de admitir que necesitaban una larga conversación, tenía más que obligación de saber, por experiencia adquirida y continua lección de la Historia de la Vida Privada a través de los Siglos, que las largas conversaciones, en situaciones como ésta, son terriblemente peligrosas, cuántas veces se principia con voluntad de matar al otro y se acaba en sus brazos.

Dudando in mente entre la alegría de haber vencido sin lucha y la decepción de no haber tenido que luchar para vencer.

Si una persona considera que tiene algo importante que comunicar y las otras no lo quieren escuchar, es preferible que se quede callada.

Todas las grandes verdades son absolutamente triviales y que tendremos que expresarlas de una manera nueva y, si es posible, paradójica, para que no caigan en el olvido.

De hecho, nunca se sabe muy bien para qué sirven las victorias, suspiró el profesor de Matemáticas, Pero las derrotas se sabe muy bien para qué sirven, sobre todo lo saben los que pusieron en la batalla todo lo que eran y todo lo que tenían.

Es de todos conocido, sin embargo, que la enorme carga de tradición, hábitos y costumbres que ocupa la mayor parte de nuestro cerebro lastra sin piedad las ideas más brillantes e innovadoras de que la parte restante todavía es capaz, y si es verdad que en algunos casos esa carga consigue equilibrar desgobiernos y desmanes de la imaginación que Dios sabe adónde nos llevarían si los dejáramos sueltos, también es verdad que con frecuencia, ésta tiene artes de reducir sutilmente a tropismos inconscientes lo que creíamos que era nuestra libertad de actuar, como una planta que no sabe por qué tiene siempre que inclinarse hacia el lado de donde le viene la luz.

Extraña relación es la que tenemos con las palabras. Aprendemos de pequeños unas cuantas, a lo largo de la existencia vamos recogiendo otras que nos llegan con la instrucción, con la conversación, con el trato con los libros y, sin embargo, en comparación, son poquísimas aquellas de cuyos significados, acepciones y sentidos no tendríamos ninguna duda si algún día nos preguntaran seriamente si las tenemos.

El proceder más correcto en general es el más simple.

Justamente con ese sonido salen las palabras de la boca cuando la verdad que parece que estamos diciendo es la mentira que escondemos.

Ella no le ofreció la boca, él no la buscó, hay ocasiones en que es mil veces preferible hacer de menos que de más.

El caos es un orden por descifrar.

Para ganar una batalla a veces es necesario perderla.

Es este silencio lleno de palabras no dichas el que salva lo que se creía perdido.

Hay momentos en que lo mejor es que una persona se contente con lo que ya tiene, no sea que lo vaya a perder todo.

Hay situaciones en la vida en las que ya nos da lo mismo perder por diez que perder por cien, lo que queremos es conocer lo más rápidamente posible la última cifra del desastre, para luego no volver a pensar más en el asunto.

Sigues queriéndome, Sí, sigo queriéndote, No lo expresas con mucho entusiasmo, no has hecho nada más que repetir mis palabras, Explícame por qué no deberían servirme a mí, si a ti te sirven, Porque al ser repetidas pierden parte del poder de convencimiento que tendrían si se hubiesen dicho en primer lugar.

Sí, Sabes que te quiero, Creo saberlo cuando me lo dices, después me pregunto si será verdad.

Ten cuidado, vigílate, cuando una persona comienza a falsear nunca se sabe dónde acaba.

Todos los diccionarios juntos no contienen ni la mitad de los términos que necesitaríamos para entendernos unos a otros.

Las formas de crueldad son muchísimas, algunas hasta se disfrazan de indife-rencia o de indolencia, si quieres te doy un ejemplo, no decidir a tiempo puede llegar a ser un arma de agresión mental contra los otros.

Tranquilízate, por favor, de una manera u otra todo se acaba resolviendo en este mundo, A veces de la peor manera, No será el caso, Ojalá.

Una de las formas secundarias de la ceguera de espíritu es precisamente la estupidez.

El papel del sentido común en la historia de vuestra especie nunca fue más allá de aconsejar cautela y caldos de gallina, principalmente en los casos en que la estupidez ya ha tomado la palabra y amenaza con tomar las riendas de la acción.

Cuanto más te disfraces más te parecerás a ti mismo.

Mil veces se ha dicho que es inútil llorar por la leche derramada, lo malo de este caso es el cántaro que la llevaba, hecho pedazos en el suelo.

Esperó a que ella entrase en el portal y después, con gesto cansado, arrancó y se fue a casa, donde, paciente y segura de su poder, lo estaba esperando la soledad.

La vida real siempre nos parece más parca en coincidencias que las novelas y las otras ficciones, salvo si admitimos que el principio de la coincidencia es el verdadero y el único regidor del mundo, y en este caso tanto debe valer para lo que se vive como para lo que se escribe, y viceversa.

Mañana todo nos parecerá simple, una curiosidad como tantas otras, no será un gato con dos cabezas ni un ternero con una pata de más, sólo un par de siameses que han nacido separados.

A veces sucede que los sueños salen del cerebro que los soñaba, entonces les llamamos visiones, fantasmagorías, premoniciones, advertencias, avisos del más allá.

No faltan motivos para pensar que cuanto más intentamos repeler nuestras imaginaciones, más se divertirán éstas procurando atacar los puntos de la armadura que consciente o inconscientemente hayamos dejado desguarnecidos.

Encontrarás lo que necesitas si guardaste lo que no servía.

Haga como que estoy representando uno de mis papeles, el de un personaje atraído a una emboscada de la cual sabe que saldrá vivo porque ha leído el guion, en fin, el cine, En la Historia es exactamente al contrario, sólo después se sabe.

Por fin alcanzaríamos la explicación completa de nuestros actos si nos pro-pusiésemos decir por qué hacemos eso que decimos que no sabemos por qué hacemos.

Tal como en su arriesgada propuesta para el estudio de la Historia, también las vidas de las personas pueden ser contadas de delante hacia atrás, esperar que lleguen a su fin para después poco a poco ir remontando la corriente hasta el brotar de la fuente.

Es tanto lo que tenemos para decir cuando callamos.

Mientras pensaba que el peor de todos los muros es una puerta de la que nunca se ha tenido la llave, y él no sabe dónde encontrarla, ni siquiera sabe si la llave existe.

Como enseñaban los antiguos, nunca digas de esta agua no beberé, sobre todo, añadimos nosotros, si no tienes otra.

Quien usa barba es porque tiene algo que esconder.

No sabemos todo lo que nos espera más allá de cada acción nuestra.

Las palabras son el diablo, creemos que sólo dejamos salir de la boca las que nos convienen, y de repente aparece una que se mete por medio, no vemos de dónde surge, no era allí llamada, y, por su causa, que a veces después tenemos dificultad en localizar, el rumbo de la conversación muda bruscamente de cuadrante, pasamos a afirmar lo que antes negábamos, o viceversa.

En este mismo instante se evaporó el breve consuelo que caritativamente lo había estado acunando y, en su lugar, como un dolor que de repente se hace recordar, el miedo reapareció.

La costumbre hace ley.

La muerte siempre viene a propósito.

Es imposible no tener enemigos, que los enemigos no nacen de nuestra voluntad de tenerlos y sí del irresistible deseo que tienen ellos de tenernos a nosotros.

A los cincuenta kilómetros decidió que lo mejor sería vaciar el saco entero, a los ciento veinte se indignó consigo mismo por haber sido capaz de semejante idea, a los doscientos diez imaginó que una explicación ligera y en tono anecdótico tal vez fuese suficiente para satisfacer la curiosidad de la madre, a los trescientos catorce se llamó estúpido y dijo que eso era no conocerla, a los cuatrocientos veintisiete, cuando paró ante la puerta de la casa familiar, no sabía qué hacer.

Le puso el nombre [Tomarctus] de un cánido que se dice que vivió hace quince millones de años y que, según certifican los paleontólogos, es el fósil Adán de estos animales de cuatro patas que corren, olfatean y se rascan las pulgas, y que, como es natural entre amigos, muerden de vez en cuando.

Enemiga la noche, tanto como las anteriores, pero salvadora la madrugada, como todas tendrían que serlo.

Estas ideas matinales tienen por lo general un defecto de fabricación, parece que acabamos de inventar el motor de corriente continua y apenas volvemos la espalda la máquina se detiene.

Realmente, pensándolo bien […], no sé ahora más de lo que ya sabía, Y qué has sabido, Nada.

Infelizmente, el sentido común no siempre aparece cuando es necesario, siendo muchas las veces en que de su ausencia momentánea han resultado los mayores dramas y las catástrofes más aterradoras.

Una mente dominada por sentimientos inferiores es capaz de obligar a la propia conciencia a pactar con ellos, forzándola, con ardides, a poner las peores acciones en armonía con las mejores razones y a justificarlas unas con otras, en una especie de juego cruzado en el que siempre dará lo mismo ganar o perder.

Es preferible dejar las cosas como están, Hay situaciones en que lo peor que se puede hacer es dejar las cosas como están, sólo sirve para darles más fuerza.

Se dice siempre que enseñar a quien no sabe es una obra de misericordia.

A veces nos preguntamos por qué la felicidad tarda tanto en llegar, por qué no vino antes, pero si nos aparece de repente, como en este caso, cuando ya no la espe-rábamos, entonces lo más probable es que no sepamos qué hacer con ella, y la cuestión no es tanto elegir entre reír o llorar, es la secreta angustia de pensar que tal vez no consigamos estar a su altura.

Hasta de las mayores victorias es conveniente saber retirarse a tiempo.

La necesidad, que es uno de los nombres que toma el destino cuando le interesa disfrazarse.

Los mapas, te dicen por dónde deberás ir, pero no te garantizan que llegues.

Desgraciadamente hay cosas que suceden y no vuelven a repetirse, Otras hay que suceden y vuelven a suceder.

Suele decirse, Demos tiempo al tiempo, pero lo que siempre nos olvidamos de preguntar es si quedará tiempo para dar.

Se dice que sólo odia al otro quien a sí mismo se odia, pero el peor de todos los odios debe de ser el que incita a no soportar la igualdad del otro, y probablemente será todavía peor si esa igualdad llega alguna vez a ser absoluta.

En este momento ama a María Paz como nunca la ha amado antes y nunca la amará en el futuro. El dolor que siente nace de su pérdida, pero la conciencia de su culpa es lo que está oprimiendo una herida que supurará pus y mierda para siempre.

Tenga paciencia, con el tiempo su dolor pasará, es verdad, con el tiempo todo pasa, pero hay casos en que el tiempo se hace más lento para dar tiempo a que el dolor se canse, y casos hubo y habrá, felizmente más escasos, en que ni el dolor se cansa ni el tiempo pasa.

Nosotros, seres humanos, pese a que sigamos siendo, unos más, otros menos, tan animales como antes, tenemos algunos sentimientos buenos, a veces hasta un resto o un principio de respeto por nosotros mismos.

En la agenda de cada uno, en la hoja reservada para los datos personales, estaba todo cuanto era necesario para una identificación perfecta, por lo menos para las primeras necesidades, que casi siempre acaban siendo las últimas.

Y por qué no contar simplemente la verdad, por qué no decir lo que ha pasado, por qué no poner todas las cosas en su sitio, Acabas de oír lo que ha sucedido, Sí, y qué, Te pregunto, madre, si realmente crees que estas cuatro personas, las muertas y las vivas, deben ser expuestas en la plaza pública para regalo y disfrute de la curiosidad feroz del mundo, qué ganaríamos con eso, los muertos no resucitarían y los vivos comenzarían a morir ese día.

Todas las precauciones son pocas cuando el agua está hirviendo.

Era inútil y cruel pretender colocar la venda antes de la herida.

El año de la muerte de Ricardo Reis

José Saramago.

Ricardo Reis, un médico de casi 50 años que vuelve a Lisboa después de su autoexilio en Brasil, atiende a los ires y venires de una ciudad que ahora le parece lejana e impersonal. Para ponerse al día, cuenta con un personaje recién fallecido: Fernando Pessoa y juntos tratan de entender el acontecer personal, nacional y mundial. En la crónica de la solitaria vida del Dr. Reis, el amor no está lejos de él: La descripción del primer beso con Marcenda, es de antología. Termina con un análisis descriptivo de la guerra civil española y el naciente sentimiento nacionalista europeo de los años treintas en Alemania, Italia, España y, por supuesto Portugal. Dicho sentir es tan fuerte que es capaz de acabar con la vida de los que piensan distinto. NUevamente Saramago hace gala de sus reiterados comentarios anti-religiosos y que más bien me hacen pensar aquello de dime lo que “desprecias” y te dire lo que más quieres o cómo era? Calificación de 9.0
El año de la muerte de Ricardo Reis

El año de la muerte de Ricardo Reis

Cuando la lluvia y las circunstancias colaboran, puede tener en sus manos la felicidad y en un momento darla o retirarla

Las clases subalternas no son en nada inferiores en lo que a agudeza y perspicacia se refiere, a quienes hicieron estudios y se llaman cultos.

El lector de novelas policiacas es el único y real superviviente de la historia que esté leyendo, si no es que como superviviente único y real lee todo lector cualquier historia.

Si sólo soy esto, piensa Ricardo Reis después de leer, quién estará pensando ahora lo que yo pienso, o pienso que estoy pensando en el lugar en que soy de pensar, quién estará sintiendo lo que siento, o siento que estoy sintiendo en el lugar en que siento, quién se sirve de mí para pensar y sentir, y, de tantos innumerables que en mí viven, yo soy cuál, quién, Quain, qué pensamientos y sensaciones serán los que no comparto por pertenecerme a mí sólo, quién soy yo que los otros no sean, o hayan sido o sean alguna vez.

Cuando se espera el sueño en el silencio de una habitación aún ajena, oyendo llover en la calle, cobran las cosas su verdadera dimensión, son todas grandes, graves, pesadas, engañadora es, sí, la luz del día hace de la vida una sombra recortada, sólo la noche es lúcida, pero el sueño la vence, tal vez para nuestro sosiego y descanso, paz al alma de los vivos.

Lloramos al hombre que la muerte nos lleva, y con él la pérdida del prodigio de su convivencia y la gracia de su presencia humana,

Nos preguntamos qué hemos venido a hacer aquí, qué lágrima guardábamos para verter aquí, y por qué, si no las lloramos en su tiempo propio, quizá por haber sido entonces menor el dolor que la sorpresa, sólo después vino el dolor, sordo, como si todo el cuerpo fuese un único músculo pateado por dentro, sin mancha negra que mostrase el lugar del luto.

Pasó Ricardo Reis ante la tumba que buscaba, ninguna voz lo llamó, pst, es aquí, y hay aún quien se empeña en afirmar que los muertos hablan, ay de ellos si no tuvieran una matrícula, un nombre en la piedra, un número como las puertas de los vivos, sólo para que sepamos encontrarlos valió la pena que nos enseñaran a leer, imagínese un analfabeto de los muchos que tenemos, sería preciso traerlo, decirle con nuestra voz, Es aquí, quizá nos mirara desconfiado, a ver si me están engañando, si por error nuestro, o por malicia, va a rezar a Montesco siendo Capuleto, o a Mendes siendo Gonçalves.

Quizá la razón de estas lágrimas sea otra, sólo porque llegó la hora de llorar. Son complicadas las cosas de la fisiología, dejémoslas para quien las conozca, mucho más aún si es preciso recorrer las veredas del sentimiento que existen dentro de los sacos lacrimales, averiguar, por ejemplo, qué diferencias químicas habrá entre una lágrima de tristeza y una lágrima de alegría, seguro que aquélla es más salada, por eso nos arden los ojos tanto.

Cada uno tiene su manera personal de dormir y morirse, o al menos eso me parece, pero el diluvio continúa. Llueve sobre nosotros el tiempo, el tiempo nos ahoga.

Cuando quien inventó la ironía inventó la ironía, tuvo también que inventar la sonrisa que manifestara su intención, logro mucho más difícil,

A los dioses pido sólo que me concedan el no pedirles nada, y habiendo escrito esto ya no supo qué más decir, a veces es así, creemos en la importancia de lo que dijimos o escribimos hasta cierto punto, sólo porque no fue posible acallar los sonidos o apagar los rasgos, pero nos entra por el cuerpo la tentación de la mudez, la fascinación de la inmovilidad, estar como están los dioses, callados y quietos, sólo asistiendo.

La gente nunca se da cuenta de que quien acaba una cosa nunca es aquel que la empezó aunque ambos tengan nombre igual, que es sólo eso lo que se mantiene constante, nada más.

Son así los periódicos, sólo saben hablar de lo que aconteció, casi siempre cuando ya es demasiado tarde para enmendar errores, peligros y faltas, buen periódico sería aquel que en el día uno de enero de mil novecientos catorce hubiera anunciado que estallaría la guerra el veinticuatro de julio, dispondríamos entonces de casi siete meses para conjurar la amenaza, quién sabe si no podríamos llegar a tiempo, y mejor sería aún que apareciera publicada la lista de los que iban a morir, millones de hombres y mujeres leyendo en el diario de la mañana, con el café con leche, la noticia de su propia muerte, un destino marcado y por cumplir, día, hora y lugar, el nombre entero, qué harían cuando supieran que los iban a matar

Ciertas preguntas se hacen sólo para hacer más explícita la ausencia de respuesta

Tanta investigación para resultado tan escaso

Hay renuncias así, momentos de extrema debilidad moral que un hombre no podría explicar, sobre todo a sí mismo.

Son momentos fugaces de la edad de oro, que nacen súbitos, que mueren pronto, por eso la felicidad cansa en seguida.

No digamos Mañana haré, porque lo más seguro es que mañana estemos cansados, digamos más bien Pasado mañana, porque siempre tendremos un día de intervalo para cambiar de opinión y de proyecto pero aún más prudente sería decir, Un día decidiré cuándo será el día de decir pasado mañana, y tal vez ni siquiera sea preciso, si la muerte definidora viene antes a liberarnos del compromiso, que eso, sí, es la peor cosa del mundo, el compromiso, libertad que nos negamos a nosotros mismos.

Si el tiempo sigue así vendrán los barrenderos con las mangueras, el agua ensució y el agua lavará, bendita sea el agua.

Las piedras tienen una vida larga, no hemos asistido a su nacimiento y no asistiremos a su muerte.

Es bien verdad que no basta grabar el nombre en una piedra, la piedra queda, sí señores, se salvó, pero el nombre, si no se va a leer todos los días, se borra, se olvida, no está aquí.

Probablemente es la lengua la que va escogiendo los escritores que precisa, se sirve de ellos para que expresen una pequeña parte de lo que es, cuando la lengua lo haya dicho todo, y callado, a ver cómo vamos a vivir.

Sobre la desnudez de la fantasía el manto diáfano de la verdad

Hay que aprovechar el buen tiempo, sobre todo cuando parece que va a durar poco

El corazón que vive poco late deprisa, de algún modo se han de compensar las cosas.

No faltarán escépticos conservadores que duden de la interpretación propuesta, y nada tiene de asombroso, porque, en definitiva, es eso lo que siempre ocurre con las ideas nuevas nacidas en asociación.

Nunca se sabe cómo va a reaccionar la sensibilidad de los otros, cómo vamos a tener la certeza si nuestra propia sensibilidad se comporta de manera tantas veces imprevisible para nosotros, que creíamos conocerla.

Dios quiera que no se extinga nunca la caridad para que no se acabe la pobreza.

El hombre ha de esforzarse siempre por merecer ese nombre de hombre, pero es menos señor de su destino y persona de lo que cree, el tiempo, no el suyo, lo hará crecer o apagarse, por otros merecimientos algunas veces, o por merecimientos diversamente juzgados.

Un hombre se convierte en otro cuando toma una decisión.

Se besan hombres y mujeres al azar, ésos son los mejores, los besos sin futuro.

Lo que para unos ha dejado de ser útil es un tesoro para otros.

Sólo faltó que hubieran tirado también a los viejos por las ventanas como hicieron con el maniquí, al fin y al cabo no es tan grande la diferencia, a partir de cierta edad ni la cabeza nos gobierna ni las piernas saben a dónde han de llevarnos, al fin somos como los chiquillos, inermes, pero la madre ha muerto, no podemos volver a ella, al principio, a aquella nada que hubo antes del principio, la nada existe realmente, es lo que hubo antes, no es después de muertos cuando entramos en la nada, de la nada, sí, procedemos, empezamos por el no-ser, y muertos, cuando lo estemos, seremos algo disperso, sin conciencia, pero existiendo. Todos tuvimos padre y madre, pero somos hijos del azar y de la necesidad, sea lo que fuere lo que esta frase signifique, la pensó Ricardo Reis, que la explique él.

Me quedan unos ocho meses de poder andar por ahí a mi aire, explicó Fernando Pessoa, Por qué ocho meses, preguntó Ricardo Reis, y Fernando Pessoa aclaró su información, Realmente, tanto en general como por término medio, son nueve meses, los mismos que pasamos en la barriga de nuestras madres, creo que es por una cuestión de equilibrio, antes de nacer aún no nos pueden ver, pero todos los días piensan en nosotros, después de morirnos ya no nos pueden ver y cada día que pasa nos van olvidando un poco más salvo casos excepcionales, nueve meses bastan para el olvido total.

Ningún vivo puede sustituir a un muerto, Ninguno de nosotros está verdaderamente vivo ni verdaderamente muerto.

Quien paga cree que el dinero confiere todos los derechos

Hay quien dice que la manera más segura de salir de ellos [los laberintos] es ir andando y girando siempre hacia el mismo lado, pero eso, como tenemos la obligación de saber, es contrario a la naturaleza humana.

No sólo los ciegos precisan de bastón tanteando un palmo delante, o de perro que olfatee el peligro, incluso un hombre con sus dos ojos intactos precisa de una luz que lo preceda, aquello en que cree o a que aspira, las propias dudas sirven, a falta de cosa mejor.

Un hombre no va menos perdido por caminar en línea recta.

También en el interior del cuerpo la tiniebla es profunda, y pese a todo la sangre llega al corazón, el cerebro es ciego y puede ver, es sordo y oye, no tiene manos y alcanza, el hombre, claro está, es el laberinto de sí mismo.

Es casi siempre así, uno se atormenta, se tortura, teme lo peor, cree que el mundo le va a pedir cuentas y prueba real, y el mundo ha seguido su camino, pensando ya en otras cosas.

Cada persona sabe cuánto le duele y dónde, el ridículo es como una quemadura por dentro, un ácido que en cada momento es reavivado por la memoria, una herida infatigable.

Un hombre, si quiere algo, no lo deja al azar, lucha por alcanzarlo.

Desperté sin saber que me había dormido, creí que era sólo un parpadeo y he dormido un siglo.

Está sola en el planchador, éste es el traje que el señor doctor Ricardo Reis llevará al teatro, me gustaría ir con él, tonta, pero qué te crees tú, seca dos lágrimas que han de aparecer aún porque son lágrimas de mañana, ahora aún está Ricardo Reis bajando la escalera para cenar, aún no le ha dicho que le planche el traje, y Lidia aún no sabe que llorará.

No se pregunta, pues, al poeta qué pensó o sintió, precisamente para no tener que decirlo compone versos.

Sufro, Lidia, de miedo al destino.

El amor, siendo un noble sentimiento, se devora a sí mismo cuando no encuentra posibilidad de realizar sus fines

La sensibilidad de las personas tiene espacios tan profundos y recónditos que, si nos aventuramos por ellos con ánimo de examinarlo todo hay peligro de no salir de allí tan pronto.

La representación nunca debe ser natural, lo que ocurre en un escenario es teatro, no es la vida, no es la vida, la vida no es representable, hasta lo que parece ser su más fiel reflejo, el espejo, vuelve la derecha a la izquierda y la izquierda a la derecha.

Todos padecemos una enfermedad, una enfermedad básica, podemos decir, que es inseparable de lo que nosotros somos y que, en cierto modo, hace lo que somos, y acaso sería más exacto decir que cada uno de nosotros es su enfermedad, por ella somos tan poco, y también por ella conseguimos ser tanto

Se llega a un punto en que no hay nada más que la esperanza, y entonces descubrimos que aún lo tenemos todo.

Ahora me veo como el elefante que ve aproximarse la hora de la muerte y empieza a andar hacia el lugar adonde lo ha de llevar su muerte.

No he visto mucho, respondió Ricardo Reis, pero he seguido lo que dicen los periódicos, Claro, los periódicos, hay que leerlos, pero no basta, hay que ver con los propios ojos, las carreteras, los puertos, las escuelas, las obras públicas en general, y la disciplina mi querido amigo, el sosiego de las calles y de los espíritus, una nación entera entregada al trabajo bajo la jefatura de un gran estadista, realmente una mano de hierro en guante de terciopelo, que es lo que necesitábamos.

La verdad, mi querido amigo, no elige el lugar, Queda por ver si el lugar lo elige siempre la verdad.

Muchas veces ocurre, fatiga más lo que no se hace, descansar es haberlo hecho.

Casi veríamos repetida aquí la graciosa historia del señor de La Palice, quien, un cuarto de hora antes de morir, aún estaba vivo, eso dirían los humoristas de mayor desenvoltura, que nunca se detuvieron un minuto a pensar en la tristeza que es no estar vivo un cuarto de hora después.

Las mejores lecciones son éstas, breves, concisas, fulminantes.

Si un muerto se inquieta tanto, la muerte no es sosiego, No hay sosiego en el mundo, ni para los muertos ni para los vivos, Entonces dónde está la diferencia entre unos y otros, La diferencia es una sola, los vivos aún tienen tiempo, pero el mismo tiempo lo va acabando, para decir la palabra, para hacer el gesto, Qué gesto, qué palabra, No sé, se muere de no haberla dicho, se muere de no haberlo hecho, de eso se muere, no de enfermedad, y por eso le cuesta tanto a un muerto aceptar su muerte.

Lo más común es que unos luchen y otros lleven la fama, lucha la gente por lo que cree que son sus sentimientos o simples expansiones de sentidos por ahora despiertos, que es el caso de Lidia, nuestra camarera, y Ricardo Reis, para todos médico cuando decida instalar su consultorio, poeta para algunos si llega a dar a la lectura lo que laboriosamente va componiendo, luchan también por otras razones, en el fondo las mismas, poder, prestigio, odio, amor, envidia, celos, simple despecho, cotos de caza señalados y violados, competición y rivalidad

Hasta la policía les tiene miedo, aparece sólo cuando todo ha acabado.

Odios del alma no acaban con la muerte.

sabe qué es el marxismo, Ramón, Yo no, Y la lucha de clases, Tampoco, Y la justicia social, Con la justicia, gracias a Dios, nunca he tenido nada.

La relación entre personas no se resuelve en la mera operación de sumar y restar, en su aritmético sentido, cuántas veces creemos sumar y nos quedamos con un resto en las manos, y cuántas, al revés, creíamos disminuir, y nos salió lo contrario, ni siquiera simple adición, sino multiplicación.

Vienen huyendo, Huyendo, Sí, porque los comunistas han ganado las elecciones, No han ganado los comunistas, han ganado las izquierdas, Es igual, Y vienen escapando.

Uno sabe cómo empiezan estas cosas, pero no cómo van a acabar

Ahora nos reímos, pero día vendrá en que nos dará ganas de llorar.

La vida no es mucho más que estar tumbado, convaleciente de una enfermedad antigua, incurable y reincidente, con intervalos a los que llamamos salud, que algún nombre habríamos de darles vista la diferencia que hay entre los dos estados

Hay palabras que no deben pronunciarse en voz alta, sólo cuchicheadas o transmitidas mediante signos, o silenciosamente leídas

Hay frases que parecen espontáneas, producto de la ocasión, y sólo Dios sabe qué muela las molió, qué filtros las filtraron, invisiblemente, por eso cuando logran expresarse salen como sentencias salomónicas, o mejor, tras ellas lo mejor sería el silencio, que uno de los dos interlocutores se ausentara, el que las dijo, o quien las oyó, pero en general no se procede así, la gente habla, habla, hasta que uno pierde por completo el sentido de aquello que, por un instante, fue definitivo e incontrovertible.

Por lo que veo los muertos son aún peores que los viejos, cuando les da por hablar no ponen freno a la lengua, Tiene razón, será quizá por la desesperación de no haber dicho todo lo que querían cuando aún podía aprovecharles

Todas las cosas, tanto las buenas como las malas, siempre tiene que haber gente que las haga

Las frases, cuando se han dicho, son como puertas, quedan abiertas, casi siempre entramos, pero a veces nos quedamos del lado de fuera, a la espera de que otra puerta se abra, de que otra frase se diga

Dios quiera que todo vaya bien, A Dios no le iba a gustar el saber que creemos que las cosas han ido mal porque Él no quiso que fueran mejor

Quien diga que la naturaleza se muestra indiferente a los dolores y preocupaciones de los hombres es que no sabe ni de hombres ni de naturaleza. Un disgusto, por pasajero que sea, una jaqueca, incluso de las más soportables, trastornan inmediatamente el curso de los astros, perturban la regularidad de las mareas, retrasan el nacimiento de la luna, y, sobre todo, desajustan las corrientes del aire, el sube y baja de las nubes, basta con que falte el último céntimo a los escudos reunidos para el pago de la letra, y los vientos se levantan, se abre el cielo en cataratas, es la naturaleza toda compadeciéndose del afligido deudor.

El mejor alivio para los dolores de muelas es la espera en el dentista.

Dé gracias a Dios de que todo haya acabado bien, Espero que sea así, que haya acabado de una vez para siempre, Ah, eso es lo que nunca se puede asegurar.

Hay una teoría de los olores aún por definir, pensó Ricardo Reis, qué olor tenemos nosotros en cada instante y para quién, para Salvador aún apesto, Ramón me soporta ya, para Lidia, oh engaño suyo y mal olfato, estoy ungido de rosas.

Un hombre rodeado de oscuros y altos muebles escribe una carta, componiendo y adecuando su relato para que lo absurdo logre parecer lógico, la incoherencia rectitud perfecta, la flaqueza fuerza, la humillación dignidad, el temor satisfacción, que tanto vale lo que fuimos como lo que desearíamos haber sido, ojalá nos hubiéramos mostrado así nosotros cuando fuimos llamados, que saberlo es haber hecho ya la mitad del camino.

Una carta, en definitiva, es un acto delicadísimo, la fórmula escrita no admite medios términos, distancia o proximidad afectivas tienden a una determinación radical que, en un caso u otro, acentuará el carácter, ceremonioso o cómplice, de la relación que dicha carta establezca y que acaba por ser, siempre, y en cierta decisiva manera, un modo de relación paralelo a la relación real, divergentes.

Hay papeles que mejor es no guardarlos

Buscaba, preferentemente, pisos amueblados, y se comprende, un hombre solo, cómo se las iba a arreglar para comprar el mobiliario, las ropas, las vajillas, sin tener a mano un consejo de mujer

Se mira a sí mismo y vuelve a verse alumno de los jesuitas, infringiendo la disciplina y la regla sin más razón que el hecho de que existan regla y disciplina.

Es un error pensar que con la vejez se pierde la memoria, que sólo la memoria antigua se conserva y poco a poco aflora como ocultas frondas cuando las aguas van bajando, hay una memoria terrible en la vejez, la de los últimos días, la imagen final del mundo, el último instante de la vida.

Ocurre a veces, hay cosas que rompen la monotonía de la existencia, parecía que habíamos llegado al final del camino y resulta que era sólo una curva abierta a otro paisaje y a nuevas curiosidades.

Si los segundos y los minutos fueran todos iguales, como los vemos trazados en los relojes, no siempre tendríamos tiempo para explicar lo que dentro de ellos ocurre, el meollo que contienen, lo que pasa es que por suerte los episodios de mayor significación transcurren en los segundos amplios y en los minutos largos, por eso es posible debatir con demora el pormenor de ciertos casos sin infracción escandalosa de la más sutil de las tres unidades dramáticas, que es, precisamente el tiempo.

Por qué será que las palabras se sirven tantas veces de nosotros, las vemos acercarse, amenazar, y no somos capaces de alejarlas, de acallarlas, y acabamos así diciendo lo que no queríamos, es como el abismo irresistible, vamos a caer y seguimos avanzando.

La palabra le fue dada al hombre para disfrazar el pensamiento

La paz social es cuestión de tacto, de finura, de psicología.

La soledad no es vivir solo, la soledad es no ser capaz de hacer compañía a alguien o a algo que está en nosotros, la soledad no es un árbol en medio de una llanura donde sólo está él, es la distancia entre la savia profunda y la corteza, entre la hoja y la raíz.

Solitario es estar donde ni nosotros mismos estamos

No hablaba yo de esa soledad, sino de otra, la que anda con nosotros, la soportable, la que nos hace compañía, Hasta a ésa a veces no logramos soportarla, suplicamos una presencia, una voz, otras veces esa misma voz y esa misma presencia sólo sirven para hacerla intolerable.

Creo incluso que ésa es la primera soledad, no sentirnos útiles

Un olvido nunca viene solo, vio que tampoco tenía colador

Así nos ocurre muchas veces, damos los dos primeros pasos por devaneo o distracción, y luego no tenemos más remedio que dar el tercero, incluso sabiendo que es errado o ridículo, el hombre es, realmente, y afirmémoslo como verdad última, un animal irracional.

Un día le pregunté por qué quería verme, y respondió que no lo sabía, en un caso así ésta es la respuesta que da más esperanzas, creo yo, Uno no sabe, el otro tampoco.

El cuerpo, por sí mismo, evita cuanto puede las incomodidades, por eso dormimos en vísperas de una batalla o de la ejecución, por eso, en definitiva, morimos cuando ya no logramos seguir soportando la violenta luz de la vida.

Hoy es el último día del plazo que nadie marcó.

El beso ha alcanzado el límite en que ya no puede bastarse a sí mismo, separémonos antes de que la tensión acumulada nos haga pasar al estadio siguiente, el de la explosión de otros besos, precipitados, breves, sofocantes, en que la boca ya no se satisface con la boca, pero a ella vuelve constantemente, quien de besos tenga alguna experiencia sabe que es así

No debería decírselo, pero esperaba que me besase. Ricardo Reis se inclinó hacia delante, le cogió la mano derecha, la llevó a sus labios, habló al fin, No sé si la besé por amor o por desesperación, y ella respondió, Nadie me ha besado antes, por eso no sé distinguir entre la desesperación y el amor, Pero, al menos, sabrá lo que sintió, Sentí el beso como el mar debe sentir la ola, si es que estas palabras tienen algún sentido, pero esto es decir lo que siento ahora, no lo que sentí entonces.

Creo que todo hombre ama siempre a la mujer a quien está besando, aunque sea por desesperación, Y qué razones tiene para sentirse desesperado, Una sola, este vacío.

Eso es lo que todos precisamos, empezar.

Cuando se cree en milagros ya no hay nada que esperar de la esperanza

Todo cuerpo es bello cuando del agua sale chorreante

Siempre acaba por llegar la primavera, ha tardado, pero así será más grata.

Con la mañana empieza el día, con el lunes la semana.

Siento que quien soy y quien fui son sueños diferentes, breves son los años, pocos la vida dura, más vale, si sólo memoria tenemos, recordar mucho que poco, y recordarla es cuanto tengo ahora en la memoria guardado, cumplamos lo que somos, nada más nos fue dado, y así llega una carta a su fin, tan difícil nos pareció escribirla y salió fluyente, basta con no sentir mucho lo que se dice y no pensar mucho en lo que se escribe, lo demás depende de la respuesta.

Cada uno va haciendo lo que puede por su vida y preparando su muerte

Ha mejorado el tiempo, el mundo es lo que va a peor

viviendo alto, sólo ven bien lo que está lejos

Dos veces burlado, que no basta que supiéramos nosotros que es falso lo que él cree saber, sino que sabemos que él nunca sabrá lo que nosotros sabemos.

Pero por ahora aún no ha llegado, tal vez alguien la haya abierto o leído, no iba dirigida a él pero quizá las palabras allí escritas le digan precisamente lo que necesitaba oír, quizá lleve la carta en el bolsillo adondequiera que vaya, y la lea de vez en cuando, es su consuelo

La vida es también el tiempo aquel que separa nuestras edades, uno llegó demasiado tarde, el otro temprano de más

Imaginaría lo mejor, que es lo que hace siempre quien anda necesitado.

No olvidar que todas las cartas de amor son ridículas, esto es lo que se escribe cuando ya la muerte va subiendo la escalera, cuando de pronto resulta claro que el verdadero ridículo es no haber recibido nunca una carta de amor.

Las madres se están muriendo siempre

Tenemos lástima unos de otros, no de uno mismo.

Fíjense en la curiosa expresión, levantarse de la mesa cayéndose, por eso el lenguaje resulta fascinante, parece una contradicción insuperable, nadie se levanta y cae al mismo tiempo, y, pese a todo, lo hemos visto abundantes veces, o lo hemos experimentado con nuestro propio cuerpo

Es difícil para un vivo entender a los muertos, Creo que no es menos difícil para un muerto entender a los vivos, El muerto tiene la ventaja de haber estado vivo, conoce todas las cosas de este mundo y de ése, pero los vivos son incapaces de aprender la cosa fundamental y sacar las consecuencias pertinentes, Qué cosa, Que uno muere, Nosotros, los vivos, sabemos que vamos a morir, No lo saben, nadie lo sabe, como tampoco lo sabía yo cuando vivía, lo que sabemos, eso sí, es que los otros mueren

El muro que separa a los vivos unos de otros no es menos opaco que el que separa a los vivos de los muertos, Para quien así piensa, la muerte, en definitiva, debe de ser un alivio, No lo es, porque la muerte es una especie de conciencia, un juez que lo juzga todo, a sí mismo y a la vida

Si no dijéramos las palabras todas, incluso absurdamente, nunca diríamos las necesarias

Lo que me fastidiaba es este ir y venir, este juego entre una memoria que arrastra hacia un lado y un olvido que empuja hacia el otro, juego inútil porque siempre acaba por ganar el olvido

Pienso que a veces a un muerto le gustará estar sentado en una silla, en una butaca, bajo techado, confortablemente

Hay olores que son así, elocuentes, cada uno vale por cien discursos, de los buenos y de los malos, olores que son como retratos de cuerpo entero, hábiles para dibujar e iluminar facciones

A partir de cierta edad los ojos no pueden deslindar lo visible de lo invisible.

No hay dos muertes iguales, estar muerto no es lo mismo para todos los muertos, hay casos en que nos traemos acá todos los fardos con que cargamos en vida

Expresaba una gran tristeza, de esas tristezas sin enmienda, como las de la infancia que por ser de la infancia, creemos que tienen remedio fácil, ése es nuestro error.

Imagine usted que soñé que estaba vivo, Habrá sido ilusión suya, Claro que fue ilusión, como todos los sueños, pero lo interesante no es que un muerto sueñe que está vivo, al fin y al cabo él conoció la vida, sabe con qué sueña, lo interesante es que un vivo sueñe que está muerto, él, que no sabe qué es la muerte, No tardará en decirme usted que muerte y vida es todo uno, Exactamente, mi querido Reis, vida y muerte son todo uno, Usted ya ha dicho hoy tres cosas diferentes, que no hay muerte, que hay muerte, y ahora me dice que muerte y vida son lo mismo, No tenía otra manera de resolver la contradicción que representaban las dos primeras afirmaciones

Una noche de insomnio nunca hizo mal a nadie, y a veces ayuda

Los árabes invadieron Europa al grito de Dios lo quiere, Los ingleses han puesto a Dios a guardar al rey, Los franceses juran que Dios es francés

El arrepentimiento es la cosa más inútil de este mundo, en general quien se dice arrepentido lo único que quiere es conquistar perdón y olvido, en el fondo, cada uno de nosotros continúa satisfecho de sus culpas

Cásese conmigo, dijo Ricardo Reis, ella lo miró, súbitamente pálida, después dijo, No, lo dijo muy lentamente, parecía imposible que una palabra tan corta tardara tanto tiempo en pronunciarse, mucho más tiempo que las otras que dijo después, No seríamos felices.

Incluso cuando hizo la segunda lectura, la tercera, no leyó más de lo que había leído antes, porque lo había leído todo, y Marcenda lo había dicho también todo.

Si no va a recoger la carta en lista de correos, que se quede la carta a la espera, lo que importa es haberla escrito, no el que sea leída.

No es lógico que la encuentre en medio de esa multitud, A veces ocurren cosas así, aquí estoy yo, en su casa, y quién me lo iba a decir, sólo con que al llegar de Brasil hubiera ido a otro hotel, Son casualidades de la vida, Es el destino, Crees en el destino, Nada hay más seguro que el destino, La muerte es aún más segura, La muerte también es el destino

Podían casarse los dos, Si nos casáramos, tal vez dejara de amarle, Yo creo que lo querría siempre

A Ricardo Reis estos diálogos le recuerdan las charlas de sala de espera, las tenebrosas confidencias sobre las bocas del cuerpo, donde todo bien se experimenta y todo mal acontece.

Milagro, milagro, gritan los peregrinos, olvidados de sus propios males, les basta el milagro ajeno

Se oyen cantos desafinados, las voces agudas de las mujeres suenan como un prolongado gemido, un llanto aún sin lágrimas, y los hombres, que casi nunca saben la letra, acentúan las sílabas tonantes sólo acompañando, especie de bajo continuo, a ellos no se les pide más, sólo que finjan.

Guarda lo inútil y encontrarás lo necesario

Afortunadamente nadie está hoy pensando en el mal de ojo, Me aojó, ahora quítemelo, y entonces se hacía el movimiento en sentido contrario, así quedaba borrado el maleficio, ojalá todos los males tuvieran tan buen remedio.

El pensar en un chiquillo entrevisto en una tranquila estación de ferrocarril, el deseo súbito de ser como él, de limpiarse las narices con la manga derecha, de chapotear en los charcos, de coger flores y disfrutar con ellas y olvidarlas, de robar fruta en los pomares, de huir de los perros llorando y gritando, de correr tras las chiquillas y alzarles la falda, porque a ellas no les gusta, o les gusta y hacen como si no les gustara, y él descubre que lo hace por gusto suyo inconfesado. Habré vivido realmente alguna vez, murmura Ricardo Reis, y el peregrino de al lado creyó que era una oración nueva, una oración que aún se está experimentando.

Pobre de pedir es sólo un pobre que pide, mientras que pedigüeño es el que hace del pedir un modo de vida, y no es raro quien llega a rico por este camino.

Ricardo Reis sintió un golpe en el corazón, o en el estómago, que en estas ocasiones todos perdemos la sangre fría, y no la podemos localizar, a pesar de la pequeña distancia que separa el estómago del corazón, y más estando en medio el diafragma, que tanto se resiente de los latidos de éste como de las contracciones de aquél

Se dice que el tiempo no se detiene, que nada para su incesante caminata, y se dice con estas mismas palabras, siempre repetidas, y no obstante no falta quien se impaciente con su lentitud, veinticuatro horas para que pase un día, fíjese, y cuando se llega al final se da uno cuenta de que no ha valido la pena, al día siguiente vuelve a ser igual, sería mejor saltar por encima de las semanas inútiles para vivir una sola hora de plenitud, un minuto fulgurante, si es que el fulgor puede durar tanto.

Podía ser verdad, podía ser mentira, es ésa la insuficiencia de las palabras o, al contrario, su condena por duplicidad sistemática, una palabra miente, con la misma palabra se dice la verdad, no somos lo que decimos, somos el crédito que nos dan

Lo mejor será hablar de otra cosa, para eso sirven los periódicos, se guardan tantas noticias en la memoria para alimento de las conversaciones

Quien te vea pensará que eres incapaz de romper un plato, y de vez en cuando te cargas toda la vajilla

Estas son las mejores palabras, las que nada dicen.

Ríase si le place, No puede imaginarse lo triste que hay que estar para reírse así

Hay ojos de vivos capaces de ver hasta lo que no se ve

Enamorar nos enamoramos todos, al menos una vez en la vida

Nosotros no mentimos, cuando es preciso nos limitamos a usar las palabras que mienten

El amor es difícil

El despecho es el sentimiento general de los hombres hacia las mujeres

Cuando uno llega a muerto ve la vida de otra manera

La vía del ejemplo, que es de todas las lecciones la mejor

Por todas partes arden casas, las madres llaman a gritos a sus hijos, los niños llaman a sus madres, de maridos y padres nadie se acuerda, es la guerra, ese monstruo.

La más falsa de las mentiras es precisamente la que se sirve de la verdad para satisfacción y justificación de sus vicios.

Los viejos aparecen de mañana con el primer frescor, traen sus paraguas, pero, cuando los abren, apretando ya el calor, les sirven de parasol, de donde podemos concluir que más importa el servicio que las cosas hacen que el nombre que les damos, aunque, en definitiva, el nombre dependa del servicio, como ahora estamos viendo, porque queramos o no, volvemos siempre a las palabras.

Se quedó dormido, es así la vida, dormidos en las horas de vigilia, vamos cuando deberíamos venir, cerramos la ventana cuando deberíamos tenerla abierta.

Día vendrá en que lo negarán cien veces, y otro ha de llegar en que deseará que lo nieguen.

Muchas veces empezamos a hablar del horizonte porque es el camino más corto para llegar al corazón.

Vamos a morir, dijo Lidia, pero no se agarró al hombre que estaba acostado a su lado, como sería natural, las frágiles mujeres, generalmente, son así, son los hombres quienes, aterrorizados, dicen, No es nada, calma, ya ha pasado, y se lo dicen sobre todo a sí mismos

En la vida hay momentos así, creemos que es un acceso pasional y es sólo un desahogo de gratitud.

La ironía siempre es máscara

Por qué serán así las mujeres, No todas, De acuerdo, pero sólo las mujeres logran serlo

Mi vida transcurre entre esta casa, el restaurante y un banco de jardín, es como si no tuviera otra cosa qué hacer más que esperar la muerte

Cuanto más se temen las desgracias menos acontecen.

Siempre se encuentra a alguien que da su opinión, aunque nadie se la pida.

Bien verdad es que no somos nada en este mundo, siempre nos cuesta creerlo por más que esto se repita y todos los días lo demuestren.

La muerte, al fin y al cabo, es la novia eterna a cuyos brazos el hombre valeroso ha de aspirar

Nosotros no somos nada, quizá nazca para nosotros el día en que todos seamos algo

Aquello, en España, era un caos, un desorden, era preciso que viniese alguien a poner coto a tanto desvarío, y sólo podía ser el ejército, como ocurrió aquí, es así en todas partes

Normalmente pensamos antes de hablar, o vamos pensando mientras hablamos, todos lo hacemos así

Hay circunstancias en las que callarse es mentir

El que me guste saber que mi enemigo tiene problemas no significa, matemáticamente, que dé yo palmadas a aquel que en problemas lo metió

Un periódico no puede mentir, sería el mayor pecado del mundo

Las verdades son muchas y están unas contra otras, mientras no luchen, nunca se sabrá donde está la mentira

Si la Iglesia estuviera al lado de los pobres, para ayudarlos en la tierra, los mismos pobres serían capaces de dar la vida por ella, para que no cayese en el infierno, donde está

Enciende la Pilot de marfil, tal vez sean más dignas de crédito las palabras oídas, la pena es que no se pueda ver la cara del que está hablando, por una sombra de duda en los ojos, por una crispación del rostro, uno entiende en seguida si es verdad o mentira, ojalá que la invención humana ponga pronto al alcance de todos nosotros, en nuestra propia casa, la cara de quien nos está hablando, sabremos al fin distinguir la verdad de la mentira, comenzará entonces, realmente, el tiempo de la injusticia, venga a nos nuestro reino.

Hay un momento en que desearía ser ciego, y sordo, y mudo, ser tres veces el lisiado que Fernando Pessoa dice que somos todos

Llegó la hora del ajuste de cuentas, y la plaza de toros abrió sus puertas para recibir a los milicianos prisioneros, después las cerró, es la fiesta, las ametralladoras entonan olé, olé, olé, nunca se ha gritado tan alto en la plaza de Badajoz, los minotauros vestidos de dril caen unos sobre otros, mezclando sus sangres, transfundiendo las venas, cuando ya no quede ni uno en pie los matadores irán liquidando a tiros de pistola a los que sólo han quedado heridos, y si alguno ha logrado escapar del tiro de gracia fue para ser enterrado vivo.

Los españoles son así, lo quieren todo, ser los amos, hay que andar siempre con ojo cuando de ellos se trata.

Poco a poco las cosas van perdiendo su contorno como si estuvieran cansadas de existir, será también efecto de unos ojos que se han cansado de verlas. Ricardo Reis nunca se ha sentido tan solo. Duerme casi todo el día, sobre la cama sin hacer, en el sofá del despacho, llegó incluso a quedarse dormido en el retrete, sólo le ha pasado una vez, pero despertó sobresaltado pensando que podría haberse muerto allí, descompuesto de ropas, un muerto que no se respeta no merece haber vivido.

Pedir no debo, dar no tengo

Añorante estaba, añorante del tiempo en que sentía añoranza.

Te necesitaba, dijo él, y calló, había dicho todo lo que había que decir.

Tal vez esto es lo que llaman el destino, saber lo que va a ocurrir, saber que no hay nada que pueda evitarlo, y quedarnos quietos, mirando, como puros observadores del espectáculo del mundo, al tiempo que imaginamos que ésta será también nuestra última mirada, porque con el mundo acabaremos nosotros

Estás segura, preguntó, pero lo dijo sólo porque es costumbre dar a nuestra cobardía ante el destino esa última oportunidad de volver atrás, de arrepentirse.

Hubieran preferido morir a perderse el espectáculo, aunque acaben muriendo por no habérselo perdido.

Caín

José Saramago.

Al más puro estilo del Saramago ateo, llega esta novela que narra las andanzas de Caín luego del asesinato de su hermano. Su encuentro con Noé, la mítica lilith, la torre de Babel, Abraham, Lot, Sodoma y Gomorra, el becerro de oro, la guerra contra los madianitas, la batalla de Jericó, Job, y finalmente el arca de noé, donde a manera de venganza, termina con la humanidad. De nuevo lo que resalta es la imaginación para hilar los acontecimientos. Para quienes somos creyentes, una novela más. Para los demás… no lo sé. Calificación de 8.0.
Caín

Caín

Todo puede suceder, si, hasta la insólita idea que tuvo Eva de ir a pedirle al querubín que le permitiese entrar en el jardín del Edén para recoger alguna fruta con la que engañar al hambre por durante unos días más. Escéptico, como cualquier hombre, en cuanto a los resultados de una diligencia nacida en cabeza femeninca, Adán le dijo que fuese ella sola y que se preparase para sufrir una decepción, Está de centinela en la puerta ese querubín con su espada de fuego, no es un ángel cualquiera, de segunda o tercera categoría, sin peso ni autoridad, sino un querubín de los auténticos, cómo se te puede ocurrir que vaya a desobedecer las órdenes que el Señor le ha dado, fue la sensata pergunta, No sé, y no lo voy a saber mientras no lo intente, Y si no lo consigues, Si no lo consigo, no habré perdido nada más que los pasos de ir y de volver, y las palabras que diga respondió ella, Pues si, pero tendremos problemas si el querubin nos denuncia al Señor, Más problemas que los que tenemos ahora, sin modo de ganarnos la vida, sin comida que llevarnos a la boca, sin un techo seguro ni ropas dignas de ese nombre, no veo qué más problemas nos puede mandar, el Señor ya nos ha castifado expulsándonos del jardín del edén, peor que eso no se me ocurre qué pueda hacer.

Los seres humanos son curiosos por naturaleza.

Qué triste la gente sin otra finalidad en la vida que la de hacer hijos sin saber por qué ni para qué.

Debajo de las palabras que dices, me parece oir otras que callas.

Puede ser que mi verdad sea para ti mentira.

La duda es el privilegio de quien ha vivido mucho.

El progreso es inevitable, fatal como la muerte. Y la vida.

Caín no entiende nada de tareas de alta o baja albañilería, pero , si su destino le está esperando aquí, por muy amargo que pueda llegar a ser, y eso siempre se sabe cuando es demasiado tarde para cambiar, no le queda otro remedio que afrontarlo.

La carne es extremadamente débil, y no tanto por su culpa, pues el espíritu, cuto deber, en principio, sería levantar una barrera contra las tentaciones, es siempre el primero en ceder, en izar la bandera blanca de la rendición.

Si lo sabes no te canses preguntando, me faltan los pormenores, en los pormenores es donde está la sal.

Mentir es la peor de las cobardías.

En cuanto a la mujer de Lot, ésta miró atrás desobedeciendo la orden recibida y quedó transformada en una estatua de sal. Hasta hoy nadie ha conseguido comprender por qué fue castigada de esa manera, cuando es tan natural que queramos saber qué pasa a nuestras espaldas.

El camino del equívoco nace estrecho, pero siempre encuentra quien esté dispuesto a ensancharlo, digamos que el equívoco, repitiendo el dicho popular, eso como el comer y el rascar, la cuestión es empezar.

Esta visto que la guerra es un negocio de primer orden, tal vez sea incluso el mejor de todos, a juzgar por la facilidadd con que se adquieren en un visto y no visto miles y miles de bueyes, ovejas, burros y mujeres solteras.

En aquella época las maldiciones eran obras maestras de la literatura, tanto por la fuerza de la intención como por la expresión formal en la que se condensaban, de no haber sido Josué la crudelísima persona ue fue, hoy hasta podríamos como modelo estilístico, por lo menos en el importante capítulo retórico de los juramentos y maldiciones, tan poco frecuentado por la modernidad.

Como siempre ha sucedido, a la mínima derrota los judíos pierden la voluntad de luchar.

Sea cual sea el vino que le hayan servido en la copa, a su espera, es necesario beberlo.

Al contrario de lo que suele decirse, el futura ya está escrito, aunque nosotros no sepamos cómo leer la página.

Como siempre, a las mujeres, si por un lado les llueve, por otro les viene el viento.

Los hijos no son más que eso, rebaños.

Los seres humanos, viendo cómo se han comportado a lo largo de los tiempos conocidos, no merecen la vida con todo lo que, a pesar de sus lados negros, que son muchos, tiene de bello, de grande, de maravilloso.

Es curioso que las personas hablen tan ligeramente del futuro, como si lo tuviesen en la mano, como si estuviera en su poder apartarlo o aproximarlo de acuerdo con las conveniencias y necesidades de cada momento.

El viaje del elefante.

José Saramago.

Estupenda narración del viaje que emprende un elefante que es ofrecido como regalo por parte del rey de Portugal a el Archiduque Maximiliano de Austria. Y mediante este viaje conocemos las costumbres del animal y su íntima relación con su cuidador o cornaca (palabra nueva para mi), quien también a su vez se manifiesta como una persona diferenente, dejando honda huella en el comandante portugués encargado de entregar a Salomón el elefante, e incluso, en el propio archiduque austriaco. Calificación de 8.5
El viaje del elefante.

El viaje del elefante.

Cuidado, hijo mío, una adulación repetida acabará inevitablemente resultando insatisfactoria, y por tanto será como una ofensa.

Este día no cuenta, mi comandante, ha sido el primero, y ya se sabe que en el primer día las cosas siempre suceden mal.

No discutas con quien manda.

Extraño animal es este bicho hombre, tan capaz de tremendos insomnios por culpa de insignificancias como de dormir a pierna suelta en vísperas de la batalla.

Una cosa buena de la ignorancia es que nos defiende de los falsos saberes.

Razón tienen, por tanto, las personas que dicen que tres fue la cuenta que Dios hizo, la cuenta de la paz, la cuenta de la concordia. Siendo tres, por lo menos, uno cualquiera podrá estar callado durante algunos minutos sin que se note demasiado. Lo malo es que uno de ellos, que haya estado pensando en eliminar al otro para quedarse con su fardel, por ejemplo, invite al tercero a colaborar en la reprensible acción, y éste le responda pesaroso, No puedo, ya estoy comprometido en ayudar para matarte a ti.

Que cada uno se ocupe de sí mismo, mientras Dios se ocupa de todos.

Todo está bien cuando bien acaba.

Somos, cada vez más, los defectos que tenemos, no las cualidades.

No está permitido dirigirles preguntas a los reyes, ése puede ser el motivo por el que siempre ha sido difícil, y a veces incluso imposible, obtener una respuesta para las dudas y las perplejidades de sus súbditos.

Las repeticiones decepcionan casi siempre, pierden la gracia, se les nota que falta espontaneidad, y , si la espontaneidad falta, falta todo.

[No solo] Lo óptimo es enemigo de lo bueno, sino también que lo bueno, por mucho que se esfuerce, nunca llegará a los tobillos de los óptimo.

Peor que no haber milagros es encontrarse con un milagro fallido.

La voz pública […] es capaz de jurar lo que no vio y afirmar lo que no sabe.

Tener que pagar por los propios sueños debe de ser la peor de las desesperaciones.

La historia de la humanidad es una interminable sucesión de ocasiones perdidas.

Pero Fritz, como se vió, bastante desanimado por las consecuencias de los últimos desastrozos sucesos, estaba necesitando que alguien le pusiera una mano amiga en el hombro, y es eso lo que hemos hecho, ponerle la mano en el hombro.

[El dicho que] te recomienda que deberás hacer lo que yo te diga, pero no hacer lo que yo haga.

Que cada uno mire por sí mismo para que nos podamos salvar todos.

El respeto por los sentimientos ajenos es la mejor condición para una próspera y feliz vida de relaciones y afectos.

Las familias felices no tienen historia.

Si todo el mundo hiciera lo que puede, el mundo sería, con certeza, mejor.

Manual de pintura y caligrafía.

José Saramago.

Escrita en primera persona, Saramago describe el quehacer que la pintura y la escritura suponen para un hombre común y el darse cuenta que ambas formas de expresión, resultan complementarias: cuando una agota sus aristas de manifestación la otra la culmina. Así, el autor encuentra su inspiración a partir de las cosas y personas comunes y al hombre siempre con esa sed de poder. Todo para que al final florezca la verdadera inspiración: el amor y las cosas sencillas que ofrece. Calificación de 8.0
Manual de pintura y caligrafía.

Manual de pintura y caligrafía.

Retórica (uno de sus significados): Todo aquello de lo que nos servimos en el discurso para causar buen efecto en el público, para persuadir a los oyentes.

Tengo casi cincuenta años, he llegado a la edad en la que las arrugas dejan de acentuar la expresión para ser expresión de otra edad que es la vejez que se aproxima.

El rico nunca ve, nunca repara en nada, sólo mira, y enciende los pitillos con el aire de quien esperaría que ya vinieran encendidos: el rico enciende el pitillo ofendido, es decir el rico enciende ofendido el pitillo porque casualmente no hay allí nadie que se lo encienda.

Es la posibilidad de todos ellos la que hace imposible la elección de uno.

La buena educación es, en muchos casos, simple cuestión de una décima de segundo y a veces aún menos.

No puedo hacer preguntas indiscretas o cuyo grado de indiscreción sólo sepa demasiado tarde.

¿Cómo hablan de nosotros realmente los demás? ¿Qué, somos para los otros? ¿Qué somos para nosotros?

Al fin del acto sexual (también llamado acto del amor), el cuerpo de abajo pesa sobre el de encima, y quien no haya descubierto esto nunca es que no tiene cuerpo ni sexo ni consciencia de sí.

El yo de este instante preciso es fundamentalmente diferente del que era un segundo antes, algunas veces lo contrario, pero, sin duda, siempre, otro.

Quedo siempre asombrado ante la libertad de las mujeres. Las miramos como a seres subalternos, nos divertimos con sus futilidades, nos burlamos cuando las vemos desastradas, y cada una de ellas es capaz de sorprendernos súbitamente poniendo ante nosotros extensísimas campiñas de libertad, como si por debajo de su servidumbre, de una obediencia que parece buscarse a sí misma, alzasen las murallas de una independencia agreste y sin límites.

El momento más difícil es aquel en que las bocas se separan: la mínima palabra puede en este momento resultar excesiva.

Otras veces he copiado textos como éste desde que empecé a escribir, y por diferentes razones, para apoyar un dicho
mío, para oponerlo a él o porque no sería capaz de decirlo mejor.

Ninguna cosa no existente existe.

¿Tienen los ojos expresión, o ella sólo les es dada por aquello que los rodea, las pestañas, los párpados, las cejas, las arrugas?

¿Qué es lo que precisa la gente cuando se junta? ¿Qué pasaron a precisar o precisaban ya antes y no sabían cuando se separan?

Mientras nos acomodamos, miro fríamente a Carmo. No le deseo mal ninguno, hasta lo aprecio, pero es a mí a quien
detesto, viéndome en él, dentro de unos años, viejo también yo, ¿y con quién al lado? ¿Quién se divertirá conmigo entonces? ¿Qué hombre más joven, por poco que lo sea, se sentará frente a mí y me mirará así?

Sólo hay una manera de retardar el tiempo: vivir el tiempo de antaño.

Hay que imaginar el desierto, mirar el desierto como lo hizo en aquella película Lawrence de Arabia, despoblado todo, crear el silencio perfecto, aquel que sólo los rumores de nuestro cuerpo habitan, oír la sangre deslizándose entre la blandura ondulante de las venas, el latido de la sangre, la arteria del cuello latiendo, la bomba del corazón, la vibración de las costillas, el gorgoteo de los intestinos, el aire silbando entre los pelos de las narices.

Nosotros, los pintores de retratos, tenemos que ser expertos. La regla básica es considerar a quien desea un retrato como si fuera un enfermo. ¿Qué hace el enfermo? El enfermo llama al médico, a la enfermera y le dan una fecha, tres semanas, por ejemplo: ¿hay algo más satisfactorio? Mientras está a la espera, el enfermo se siente tan importante como el médico que lo hace esperar: se siente orgulloso de tener un médico tan solicitado, se preocupa de los quehaceres de una entidad inaccesible durante tres semanas, antes en fin de que lo pueda recibir, ver, oír, palpar y mandar analizar e investigar. Y curar, si es posible. Pero la espera, en tales casos, es ya media cura. Como es sabido, sólo los pobres mueren por falta de asistencia médica.

Hay ocasiones en las que callarse es mentir.

Los actos más importantes no son los vistos de fuera, sino los de dentro.

Es imposible ser más feliz de lo que éramos nosotros.

El caso era claro y ya lo era cuando empezó: un simple capricho de Sandra, un sueño realizado de Carmo.

[Sócrates] el que fue acusado de «honrar a otros dioses y de haber intentado corromper a la juventud», y que por eso murió. Y son éstas las dos eternas acusaciones contra el hombre.

Hay peligro en decir algunas cosas: muchas veces no decimos más que palabras, y ése es el gran peligro cuando hablamos de arte. Es también el gran peligro cuando hablamos de todo.

Una organización social nunca desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que es capaz de contener.

El propio problema sólo surge cuando las condiciones materiales para resolverlo ya existían o estaban, al menos, en vías de manifestarse.

Lo que distingue el paso único de un primer paso es sólo la paciencia que hubo o no hubo para esperar el segundo.

Me despido de los muertos, pero no para olvidarlos. Olvidarlos, creo, sería la primera señal de mi propia muerte.

¿Por qué será que decimos tan poco, y no decimos tan mucho?

Soy inocente de lo que me acusan, no probablemente de lo que me alaban.

«El glorioso título de Católicos, con el que los reyes de España se diferencian de los otros príncipes de la Cristiandad por no tolerar en su reino a nadie que profese otra religión sino la Católica, Apostólica y Romana.

Con la edad, aprendemos a tener cuidado con las palabras.

La perfección existe de paso. No para permanecer. Mucho menos para quedarse.

«Me gusta estar contigo». No creo que se puedan decir mejores palabras a alguien, ni sé de otras que más apetezca oír.

Casi un objeto.

José Saramago.

Colección de siete cuentos, cuyo eje principal son objetos, un auto, una silla, un barco. Recién leía una pequeña reseña de Saramago de la cual rescato una frase que determina la naturaleza de sus obras: La ficción es su auténtico reino. Y es que en estos cuentos, nuevamente hace alarde de su imaginación con situaciones inverosímiles y cuya importancia y belleza radica en que son imposibles. Los cuentos favoritos: Cosas, La isla y Embargo. Resúmen en 5 palabras. Calificación de 10.
Casi un objeto

Casi un objeto

La silla – Crónica de una caída mortal (Descripción de pq una silla de madera se transforma en arma mortal).

Embargo – El extremo de los castigos (Un automóvil toma vida propia y toma como rehén a su dueño cuando, debido a un embargo, hay escases de gasolina).

Reflujo – No siempre el rey acierta (Por órden del rey, es creado un cementerio único con el fin de eliminar de la vista a la muerte, aunque al final se multiplica el número de cementerios personales).

Cosas – Los hombres no son cosas (Un día, las cosas cobran vida, reclamando que existen hombres que suplen a las cosas. Impactante).

Centauro – La soledad de los distintos (Seguimiento a un centauro en su periplo para encontrar su sueño: la muerte como hombre).

Desquite – El despertar de la juventud (Un adolescente presencia la castración de un cerdo, en respuesta por tan cruda escena, se desnuda ante una adolescente quien le sigue el juego).

La Isla – Uno mismo cumple sus sueños (De como se encuentra la isla desconocida por el simple hecho de desear que exista).

Las despedidas son siempre demasiado rápidas para merecer realmente ese nombre. No hay en ellas ni tiempo ni lugar para el disgusto diez veces destilado hasta la pura esencia, todo es algarabía y precipitación, lágrima que venía y no tuvo tiempo de mostrarse, expresión que bien querría ser de profunda tristeza o melancolía, como otrora se usó, y finalmente queda en gesto o en mueca, que es evidentemente peor.

Eva doméstica, agujero de martirio, se arrodilla y hace preguntas, ahora las hace, porque el cataclismo ya se fue, ya ha pasado, y quedan los efectos.

En época navideña, incluso faltando la gasolina, todo el mundo sale a la calle, para estorbar a quien necesita trabajar.

Una obra así no podría ser hecha sin una fuerte voluntad y sin el dinero que permite tener voluntad y esperanza de satisfacerla.

Cuando la suprema grandeza y la suprema sensibilidad se reúnen en un rey, es posible un cementerio único.

Andar deprisa era apenas, en todos los sentidos, una fuga.

Si no se hubiese detenido a oír al sargento, si no se hubiese quedado después conversando, quizá allí hubiese un cuerpo más, el suyo.

Caminar y dormir. Dormir y caminar. Sin ninguna razón que conociese, apenas porque tenía patas y sueño. No necesitaba comer. Y el sueño sólo era necesario para que pudiese soñar. Y el agua apenas porque era agua.

Muchas otras veces el centauro había visto mujeres, pero nunca así, en este río, con esta luna. Otras veces había visto senos oscilando, temblor de muslos al andar, el punto de oscuridad en el centro del cuerpo. Otras veces había visto cabellos cayendo sobre la espalda, y manos que los lanzaban hacia atrás, gesto tan antiguo.

En los mapas están sólo las islas conocidas.

Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo, Soy el rey de este reino y los barcos del reino me pertenecen todos, Más les pertenecerás tú a ellos que ellos a ti, Qué quieres decir, preguntó el rey inquieto, Que tú sin ellos nada eres, y que ellos, sin ti, pueden navegar siempre.

Llegar, se llega siempre.

Gustar es probablemente la mejor manera de tener, tener debe de ser la peor manera de gustar.

… y él aparecerá por ahí clamando que tiene hambre, que es el dicho de todos los hombres apenas entran en casa, como si sólo ellos tuviesen estómago y sufriesen de la necesidad de llenarlo.

Todo hombre es una isla […] es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros.

El sueño es un prestidigitador hábil, muda las proporciones de las cosas y sus distancias, separa a las personas y ellas están juntas, las reúne, y casi no se ven una a otra.

La balsa de piedra.

José Saramago.

Otra extraordinaria novela de José Saramago basada en una suposición insólita: la Península Ibérica se desprende del Continente Europeo e inicia su viaje a través del Océano Atlántico. Y dentro de esa enorme balsa, se describe el viaje que cinco personas hacen en busca de su destino y de sus coincidencias, personas ordinarias a quienes les sucesos hechos extraordinarios: una mujer traza una linea en el suelo que nunca se borra, un hombre lanza una piedra al mar con fuerza extraordinaria, un hombre que siente la tierra temblar bajo sus pies, una mujer que deshila una madeja interminable y un hombre que a donde quiera que vaya, siempre lo acompaña una bandada de estorninos; todos ellos guiados por un… perro. Y a través de este viaje nos enteramos de cómo enfrentan las personas y a los países un hecho para el que no se está preparado. Coincidencias de Saramago en sus novelas: las narra mediante un grupo de personas… que tienen un perro. Calificación de 10.
La balsa de piedra.

La balsa de piedra.

… no había pensado en las consecuencias de un acto que parecía sin sentido, y ésos, recordadlo, son los que mayor peligro comportan.

Lo que ha de ser, ha de ser, y tiene mucha fuerza, nada se le puede resistir, mil veces se lo he oído a la gente mayor, Cree en la fatalidad, Creo en lo que tiene que ocurrir.

… las palabras, así las hemos hecho, tienen mucho de bueno, ayudan, sólo porque las decimos exageradas alivian de inmediato los sustos y las emociones, por qué, porque los dramatizan.

… en ese teatro doméstico que es la televisión, en el pequeño rectángulo de cristal, patio de los milagros donde una imagen barre a la anterior sin dejar vestigios, todo en escala reducida, hasta las emociones.

No nos quites la luz, Señor, haz que vuelva y te prometo que hasta el fin de mi vida no te pediré otra cosa, eso decían los pecadores arrepentidos, que siempre exageran.

… para unir a los políticos no hay nada como el interés de la patria, verdad incontrovertible.

… por la forma se llega al fondo, por el continente al contenido, por el sonido de la palabra a su significado.

Lo que tiene que ocurrir, ocurre, uno no se le puede resistir, Cree en la fatalidad, Creo en lo que tiene que ocurrir.

… o venían conmigo por creer sólo en una palabra, o esa palabra precisaría de muchas otras para convencer, y entonces de poco valía.

… al separarme de mi marido, los motivos, de qué serviría ahora hablar de los motivos, a veces basta con uno solo, otras veces ni juntándolos todos.

… el hombre es la más adaptable de las criaturas, principalmente cuando va para mejor.

… las guerras son como las desgracias, nunca vienen solas, la primera experimenta, la segunda perfecciona.

… hay actitudes que sólo una mujer puede tomar, depende de la circunstancia y del momento, eso es, el momento, aquel exacto segundo colocado entre dos que provocarían el error y el desastre.

… las palabras nunca están a la altura de la grandeza del momento.

… sería muy interesante, aparte de educativo, ser por una vez acechadores de nosotros mismos, es probable que no nos gustara.

… mal va el amor si no se dice todo, lo peor es cuando el amor acaba, se arrepiente el confeso y no es raro que el confesor abuse de la confidencia.

… la armonía posible de las cosas depende de su equilibrio y del tiempo en que acontecen, ni demasiado pronto, ni demasiado tarde, por eso nos es tan difícil alcanzar la perfección.

… no hay nada como la luz del día para que las cosas cambien de figura.

… las personas saben todas mucho más de lo que creemos, la mayoría ni imaginan la ciencia que tienen, el mal está en querer pasar por lo que no son, pierden entonces saber y gracia,

… un día, cuando nada lo hace prever, el cuerpo dice, No, o el alma, o el espíritu, o la voluntad y ya nada se pone en marcha.

… mientras no llega tu última hora, todo puede ocurrir, no desesperes.

… los gobiernos sólo son capaces y eficaces en los momentos en que no haya razones fuertes que exijan todo de su eficacia y capacidad.

… los gobiernos de salvación nacional son también muy buenos, hasta podríamos decir que son los mejores que hay, lástima que las patrias sólo muy de tarde en tarde necesiten de ellos, por eso no tenemos, habitualmente, gobiernos que nacionalmente sepan gobernar.

Los países de Europa […] acogieron con simpatía el llamamiento y han preguntado ya con qué clase de ayuda queremos ser auxiliados, aunque, como de costumbre, todo dependa de que puedan nuestras necesidades ser satisfechas por sus disponibilidades excedentarias.

… bien sabemos que ni el mucho amor resiste intacto a su propia locura, qué hará si tiene que cargar con la ajena.

… los ojos ven lo que quieren, los ojos hacen la diversidad del mundo y fabrican maravillas, aunque sean de piedra,

… a las cosas les ocurre como a las personas, cuando no sirven se acaban, se acaban si dejan
de servir.

… y los amores nuevos, como no ignoran los observadores, es lo más fuerte que hay en el mundo, por eso no temen accidentes, siendo ellos mismos, los amores, como por excelencia son, la máxima representación del accidente, el relámpago súbito, la caída sonriente, el atropello ansioso.

Te bastarás a ti mismo mientras puedas aguantar, luego confíate a quien merezcas, y mejor si ése es alguien que también te merece.

Las energías vuelven siempre cuando la esperanza vuelve.

Quien se acuesta sin cenar, pasa una noche de rabiar.

… se limitó a preguntar, y quien crea que eso es lo más fácil está muy engañado, no tienen cuenta el número de respuestas que sólo están a la espera de las preguntas.

… a veces lo que le pierde a uno es hablar demasiado, de acuerdo, pero cuánto no se ha ganado por haber dicho sólo lo suficiente.

Son situaciones que dan risa cuando .las vemos desde fuera, pero se acaban las risas cuando nos imaginamos a nosotros mismos en el angustioso trance en que éstos se hallan.

… el hombre jamás llega a conocer todas las consecuencias de sus actos.

… las heridas del alma son profundas, o no serían del alma

Es en las preguntas que haces donde mientes, porque ya sabías por anticipado la respuesta

… qué sería de todos nosotros si no viniera la poesía a ayudarnos a comprender cuán poca claridad tienen las cosas que llamamos claras.

… hasta con exceso nos ha enseñado la experiencia cuán insuficientes son las palabras a medida que nos acercamos a la frontera de lo inefable, queremos decir amor y no tenemos lengua bastante, queremos decir quiero y decimos no puedo, queremos pronunciar la palabra final y nos damos cuenta de que ya habíamos vuelto al principio.

… la verdad está siempre a nuestra espera, hasta que un día no podemos ya huir de ella.

… la bondad de las personas no es mejor de lo que ellas son, también está sujeta a eclipses y contradicciones, raramente es constante.

… cuántas veces ocurre que nos mostramos como quien somos y no vale la pena, no había allí nadie para vernos.

… sufren con la inevitable brevedad de las vidas, acostarse tarde y levantarse temprano, salud no da, pero alarga el vivir.

Quien contó un cuento, si no cuenta otro quedará mal.

… para que las cosas existan son necesarias dos condiciones, que el hombre las vea y que les ponga nombre.

No te valores tanto, considerándote culpable de todo.

Si un día tienes un hijo, él morirá porque tú naciste, de ese crimen nadie te absolverá, las manos que hacen y tejen son las mismas que deshacen y destejen, de la certeza sale el error, el error produce la certeza, Flaco consuelo para un triste, No hay consuelo, amigo triste, el hombre es un animal inconsolable.

… la gasolina es un producto sensible, volátil, cuando hay crisis es el primero que da la alarma general

… es humana costumbre declarar lo que somos antes de decir a qué venimos.

Adónde vas, Voy a la fiesta, De dónde vienes, Vengo de la fiesta, hasta sin ayuda de signos de exclamación se ve en seguida la diferencia que hay entre la alegre expectativa de la primera respuesta y la desencantada fatiga de la segunda, sólo en la página en que quedan escritas parecen iguales.

… con la autoridad nunca se debe ser irónico, si no entienden la ironía, no vale la pena, y si la entienden, peor.

… es eso lo que los hombres necesitan, tiempo, y tiempo tienen, el resto no pasa de ilusión.

… el deber, cuando nos llama, es más fuerte.

… hasta las buenas cosas para unos tienen siempre sus peros para otros.

… es ése uno de los efectos del tiempo, borrar.

… hay ocasiones en que hasta a los bobos conviene oírlos con atención.

Todo esto sería absurdo si no estuviera ocurriendo.

La Caverna

José Saramago.

Primer novela que conocí de José Saramago y con esta re-lectura confirmo que, dependiendo de lo que estés viviendo al momento de su lectura, entiendes y/o aprendes algo distinto cada vez. Ahora en esta etapa que estoy pasando, hubo un momento en el que me sentí el viejo Cipriano Algor cuyo trabajo es minimizado, incluso ignorado, para dar paso a las nuevas tendencias del mundo globalizado, el cual en donde quiera ve ganancias… y/o pérdidas. A él le quitaron su alfarería, a mí, el trabajo. Además ahí tenemos a Galerías Metepec como el símil de El Centro, ya nomás falta que vivamos ahí, pero de ahí en fuera preferimos estar en ese lugar que en Los Portales. A fin de cuentas la lección que me queda es que pese a todo, siempre es mejor vivir con dignidad. Eso que ni que. Calificación de 10.
La caverna

La caverna

ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe

creemos que ya se puede afirmar que no merece la pena esperar conclusiones sólo porque decidimos detenernos a la mitad del camino que nos conduciría hasta ellas.

mientras estamos vivos es cuando podemos hablar de la muerte, no después.

Tras dos años de matrimonio Marta cree conocer bien al marido que le tocó en el juego de poner y quitar a que casi siempre se reduce la vida conyugal.

La vida es así, está lleno de palabras que no valen la pena, o que valieron y ya no valen, cada una de las que vamos diciendo le quitará el lugar a otra más merecedora, que lo sería no tanto por sí misma, sino por las consecuencias de haberla dicho.

Ay mis rodillas, cuánto daría por tener aunque fuesen las del año pasado, Tanta diferencia hay, A esta altura de la vida hasta un día se nota, nos salva que a veces parece que es para mejor.

Ya no tengo edad de esperanzas, Marcial, necesito certezas, y que sean de las inmediatas, que no esperan un mañana que no puede ser mío.

Decimos a los confusos, Conócete a ti mismo, como si conocerse a uno mismo no fuese la quinta y más dificultosa operación de las aritméticas humanas, decimos a los abúlicos, Querer es poder, como si las realidades atroces del mundo no se divirtiesen invirtiendo todos los días la posición relativa de los verbos, decimos a los indecisos, Empezar por el principio, como si ese principio fuese la punta siempre visible de un hilo mal enrollado del que basta tirar y seguir tirando para llegar a la otra únta, la del final, y como si, entre la primera y la segunda, hubiésemos tenido en las manos un hilo liso y continuo del que no ha sido preciso deshacer nudos ni desenredar marañas, cosa imposible en la vida de los ovillos y, si otra frase de efecto es permitida, en los ovillos de la vida.

el principio nunca ha sido la punta nítida y precisa de un hilo, el principio es un proceso lentísimo, demorado, que exige tiempo y paciencia para percibir en qué dirección quiere ir, que tantea el camino como un ciego…

Las enciclopedias son como cicloramas inmutables, máquinas de proyectar prodigiosas cuyos carretes se quedaron bloqueadosy exhiben con una especia de maníaca fijeza un paisaje que, condenado de esta forma a ser, para siempre jamás, aquello que fue, se irá volviendo al mismo tiempo más viejo, más caduco y más innecesario.

Asomados sobre las viejas y amarillentas páginas, respirando el olor húmedo durante años recluído, sin el toque del aire ni el aliento de la luz, en la espesura blanda del papel, padre e hija aprovechan hoy la lección, buscan lo que necesitan en aquello que consideraban que nunca más serviría.

hasta la propia ignorancia es capaz de tener intuiciones proféticas. No encamines esas proféticas intuiciones hacia el futuro de tu padre, él siempre prefiere conocer en cada día lo que cada día, para bien o para mal, decida traerle, Un hecho es lo que el día trae, otro hecho es lo que nosotros, por nosotros mismos le aportamos

Entonces que sea la mujer desnuda, Peor todavía, Pero ella está tapada, Taparse de esa manera es más que mostrarse toda, Me estoy quedando sorprendidas con sus conocimientos sobre esasa materias, Viví, miré. leí, sentí, Qué hace ahí el leer, Leyendo se acaba sabiendo casi todo, Yo también leo, Por tanto algo sabrás. ahora ya no estoy tan segura, Entonces tendrás que leer de otra manera, Cómo, No sirve la misma forma para todos, cada uno inventa la suya, la suya propia, hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa, A no ser, A no ser qué, A no ser que esos tales ríos no tengan dos orillas sino muchas, que cada persona que lee sea, ella, su propia orilla, y que sea suya y sólo suya la orilla a la que tendrá que llegar…

aquello que más le cuesta a un hombre es reconocer sus debilidades y confesarlas.

si las buscamos las encontramos siempre, razones para explicar cualquier cosa nunca faltan, incluso no siendo las ciertas, son los tiempos que mudan, son los viejos que cada hora que pasa envejecen un día, es el trabajo que deja de ser lo que había sido, y nosotros que sólo podemos ser lo que fuimos, de repente descubrimos que ya no somos necesarios en el mundo, si es que alguna vez lo fuimos, pero creer que lo éramos parecía bastante, parecía suficiente, y era en cierta manera eterno, durante el tiempo que la vida durase, que eso es la eternidad, nada más que eso.

hay ciertas cosas que se dicen una vez y nunca más

Marcial no respondió, se movía entre dos conciencias íntimas, la del arrepentimiento de haber dicho palabras que se quedarían para siempre jamás como pública confesión de un dolor escondido hasta ese momento en lo más hondo de sí mismo, y la de una instintiva intuición de que haberlas dejado salir de esta manera podría significar que estaba a punto de abandonar un camino para tomar otro, aunque fuese todavía muy pronto para saber en qué dirección le llevaría.

Las cosas que parecen haber pasado son las únicas que nunca acaban de pasar

los gestos, para mí, más que gestos son dibujos hechos por el cuerpo de uno en el cuerpo de otro.

Todos los padres fueron hijos, muchos hijos acaban siendo padres, pero unos se olvidan de que lo fueron, y a los otros no hay nadie que pueda explicarles lo que serán.

nunca nos deberíamos sentir seguros de aquello que pensamos ser porque, en ese momento, pudiera muy bien ocurrir que ya estemos siendo cosa diferente.

pero lo que le hizo perder el sueño por completo durante algunas horas fue una idea que le brotó en la cabeza en medio de la noche y que, como todas las que nos asaltan en horas muertas de insomnio, creyó que era extraordinaria, magnífica… Al despertar de las escasas dos horas de inquieto sueño que el cuerpo desesperado había podido sustraer a su propia extenuación, percibió que la idea, finalmente, no valía nada…

De las promesas cumplidas conviene hablar mucho para hacer olvidar las veces que no se cumplieron.

como todo en la vida, lo que ha dejado de tener uso se tira, Incluyendo a las personas, Exacatamente, incluyendo a las personas, a mí también me tirarán cuando ya no sirva, Usted es un jefe, Soy un jefe, claro, pero sólo para quienes están por debajo de mi, por encima hay otros jueces.

El tiempo es un maestro de ceremonias que siempre acaba poniéndonos en el lugar que nos compete, vamos avanzando, parando y retrocediendo según sus órdenes, nuestro error es imaginar que podemos buscarle las vueltas.

imagino que un perro sabe menos de él mismo que del dueño que tiene, ni siquiera es capaz de reconocerse en un espejo, Quizá el espejo del perro sea el dueño, quizá sólo en él le sea posible reconocerse… hasta las ideas equivocadas pueden ser bonitas.

La peor pena, hija mía, no es la que se siente en el momento, es la que se sentirá después, cuando ya no haya remedio. Se dice que el tiempo todo lo cura, No vivimos bastante para hacer esa prueba…

Los momentos no llegan nunca tarde ni pronto, llegan a su hora, no a la nuestra, no tenemos que agradecerles las coincidencias, cuando ocurran, entre lo que ellos proponían y lo que nosotros necesitabamos.

Es de manuales elementales de psicología aplicada, capítulo comportamientos, que las personas de mal carácter son con mucha frecuencia cobardes.

qué difícil es separarnos de aquello que hemos hecho, sea cosa o sueño, incluso cuando lo hemos destruído con nuestras propias manos.

Dejémonos de nostalgias que sólo perjudican y atrasan, dijo Cipriano con inusitada vehemencia, el progreso avanza imparable, es necesario que nos decidamos a acompañarlo, ay de aquellos que, con miedo a posibles aflicciones futuras, se queden sentados a la vera del camino llorando un pasado que ni siquiera fue mejor que el presente.

Realmente las personas son muy complicadas, Es verdad, pero si fuéramos simples no seríamos personas.

no hay nada más perjudicial para quien trabaja que la presencia de los que no hacen nada

Uno se habitúa, lo dicen, o lo decimos, con una serenidad que parece auténtica, porque realmente no existe, o todavía no se ha descubierto, otro modo de expresar con la dignidad posible nuestras resignaciones, lo que nadie pregunta es a costa de qué se habitúa uno.

los silencios, pobre de ellos, no son más que eso mismo, silencios, nadie ignora que, muchas veces, hasta los que parecen elocuentes han dado origen, con las más serias y a veces fatales consecuencias, a erradas interpretaciones. Somos demasiado medorosos, demasiado cobardes para aventurarnos a un acto así… estamos demasiado presos en la red de las llamadas conveniencias sociales, en la tela de araña de lo apropiado y de lo inapropiado…

Es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro, se dijo a sí misma, y luego añadió, Además no todo tiene que suceder mañana, hay cosas que sólo pasado mañana.

Lo que se sabe que va a ocurrir en cierta manera es como si ya hubiese ocurrido, las expectativas hacen algo más que anular las sorpresas, embotan las emociones, las banalizan, todo lo que se deseaba o temía ya había sido vivido mientras se deseó o temió.

Es con lo que es con lo que tenemos que vivir, no con lo que sería o podría haber sido… pero nací con una cabeza que sufre la incurable enfermedad de justamente preocuparse con lo que sería o podría haber sido.

la boca es un órgano que será de más confianza cuanto más silencioso se mantenga.

El amor no es casa, ni ropa, ni comida, Pero comida, ropa y casa, por sí solas, no son amor

En fin, siempre tendremos que vivir con los padres que tenemos… Sin olvidarnos de que alguien vivirá con los padres que seremos.

Conozco esas lágrimas que no caen y se consumen en los ojos, conozco ese dolor feliz, esa especie de felicidad dolorosa, ese ser y no ser, ese tener y no tener, ese querer y no poder.

ésta es la última operación que hacemos con su extinta empresa, queremos que guarde los mejores recuerdos

no fingimos ante los otros, fingimos ante nosotros mismos

más vale que nos arriesguemos a subir a la higuera para intentar alcanzar el higo que tumbarnos bajo su sombra y esperar a que nos caiga en la boca.

Llega un momento en la vida en que debería bastarnos con llevar a la espalda el propio cuerpo.

El error, padre, también puede ser la consecuencia de haber pensado bien.

creo que hay ocasiones en la vida en que debemos dejarnos llevar por la corriente de lo que sucede, como si las fuerzas para resistir nos faltasen, pero de pronto comprendemos que el río se ha puesto a nuestro favor, nadie más se ha dado cuenta de eso, sólo nosotros, quien mire creerá que estamos a punto de naufragar, y nunca nuestra navegación fue tan firme

Quien no se ajusta no sirve, y yo ya había dejado de ajustarme…

Ensayo sobre la ceguera

José Saramago.

Segunda novela que conocí de Saramago y con la que se convirtió en mi segundo escritor favorito. Me llaman la atención los sucesos extraordiarios a partir de los cuáles desarrolla sus novela novelas; ese toque de imaginación hace que la lectura se torne más interesante. Esta vez, una epidemia de ceguera ataca la ciudad. Cuando uno piensa en ceguera, o por lo menos lo pienso yo, creo que se trata de una ausencia de luz, es decir de ver todo en tinieblas, sin embargo, Saramago nos relata una ceguera blanca… no me lo puedo ni imaginar; y para rematar, sólo una mujer, por razones inexplicables, logra mantener la visión y se convierte en guía de un grupo, hasta que nuevamente todo mundo recobra la visión.
Ensayo sobre la ceguera

Ensayo sobre la ceguera

Para escribir los diálogos no ocupa signos de puntuación para identificar a quienes intervienen en ellos; a primera instancia, eso parece complicado, sin embargo, sucede todo lo contrario y puede decirse que la lectura se disfruta más! En esta ocasión, tampoco se menciona ningún nombre, se hace referencia a los personajes por medio de un rasgo característico. Así, los personajes principales viene a ser: la mujer del médico, el médico, el primer ciego, la mujer del primer ciego, la chica de las gafas oscuras, el viejo de la venda negra y el niño estrábico.
Creq que a fin de cuentas, se debe reflexionar en que hay otro tipo de visión que sin duda como seres humanos, hemos perdido. Cada quién que encuentre su propia cegura y la pueda eliminar. Calificacion de 10.
Tuve que actualizar el post; se me olvidó mencionar que el grupo de ciegos, aparece en la novela, Ensayo sobre la lucidez.

Habia llegado incluso a pensar que la oscuridad en que los ciegos vivían no era, en definitiva, más que la simple ausencia de luz, que lo que llamamos ceguera es algo que se limita a cubrir la apariencia de los seres y de las cosas,dejándolos intactos tras un velo negro.

Siempre llega un momento en el que no hay más remedio que arriesgarse.

El ciego los abrió mucho [los ojos], como para facilitar el exámen, pero el médico lo cogió por el brazo y lo colocó detrás de un aparato que alguien con imaginación tomaría por un nuevo modelo de confesionario en el que los ojos hubieran sustituido a las palabras, con el confesor mirando directamente el interior del alma del pecador.

…llamó discretamente a la puerta, diez minutos después estaba ya desnuda, a los quince gemía, a los dieciocho susurraba palabras de amor que ya no tenía necesidad de fingir, a los veinte empezaba a perder la cabeza, a los veintiuno sintió que su cuerpo se desquiciaba de placer, a los veintidós gritó, Ahora, ahora, y cuando recuperó la conciencia, dijo, agotada y feliz, Aún lo veo todo blanco.

No valía la pena cambiar lo seguro por lo dudoso.

…ni siquiera se nos ha ocurrido preguntarnos nuestros nombres, y para qué, ningún perrro reconoce a otro perro por el nombre que le pusieron, identifica por el olor y por él se da a identificar, nosotros aquí somos como otra raza de perros, nos conocemos por la manera de ladrar, por la manera de hablar, lo demás, rasgos de la cara, color de ojos, de la piel, del pelo, no cuenta, es como si nada de eso existiera.

…si antes de cada acción pudiésemos preveer todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos.

Hace muchas horas que el mozalbete no pregunta por su madre, pero seguro que volverá a echarla de menos después de haber comido, cuando el cuerpo se encuentra liberado de servidumbres brutales y egoístas que resultan de la simple, pero imperiosa, necesidad de mantenerse.

Quien parte y reparte y no se queda con la mejor parte, o es loco, o en el repartir no tiene arte.

En las adversidades, tanto las probadas como las previsibles, se conocen los amigos.

…la cuestión, realmente, es la organización, primero la comida, después la organización, ambas son indispensable en la vida, elegir unas cuantas personas disciplinadas y disciplinadoras para dirigir esto, establecer reglas consensuadas de convivencia, cosas simples, barrer, ordenar y lavar.

…unos corredores tan locos como los que ocuparon antes el edificio, empiezan no se sabe dónde, y nunca llega a saberse lo que quieren.

Cuando por primera vez se quedó ciego un conductor de autobús, en marcha y en plena vía pública, la gente, pese a los muertos y heridos causados por el accidente, no le prestó gran atención, por la misma razón, es decir, por la fuerza de la costumbre, que llevó al jefe de relaciones públicas de la empresa a declarar, sin más, que el accidente había sido ocasionado por un fallo humano, sin duda lamentable, pero, pensándolo bien, tan imprebisivle como habría sido un infarto mortal en persona que nunca había sufrido del corazón.

Mi caso, dijo el dependiente de farmacia, fue mas sencillo, oí decir que había gente que se estaba quedando ciega, entonces pensé como sería si yo también perdiera la vista, cerré los ojos para probarlo y, cuando los abrí, ya estaba ciego, Parece otra parábola, habló la voz desconocida, si quieres ser ciego, lo serás.

El miedo ciega, dijo la chica de las gafas oscuras, Son palabras ciertas, ya éramos ciegos en el momento en que perdimos la vista, el miedo nos cegó, el miedo nos mantendrá ciegos…

Quien paga por adelantado siempre acaba mal servido.

A donde vas, que es, probablemente, la pregunta que más hacen los hombres a sus mujeres, la otra es Dónde has estado.

La dignidad no tiene precio, que una persona empieza por ceder en las pequeñas cosas y acaba por perder todo el sentido de la vida.

Fui a cada de la vecina, me avergoncé, volví a la mía, me remedié.

…que las apariencias engañan, y que no es por el aspecto de la cara ni por la presteza del cuerpo por lo que se conoce la fuerza del corazón.

…hay ocasiones en las que de nada sirven las palabras, ojalá pudiera llorar yo también, decirlo todo con lágrimas, no tener que hablar para ser entendida.

Le pareció al médico que oía llorar, un sonido casi inaudible, como solo puede ser el de unas lágrimas que se van deslizando lentamente hasta las comisuras de la boca y ahí desaparecen para reanudar el ciclo eterno de los inexplicables dolores y alegrías humanas.

Preguntar de qué ha muerto alguien es estúpido, con el tiempo se olvida la causa, sólo la palabra queda, Murió.

La ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza.

A fin de cuentas lo que está claro es que todas las vidas acaban antes de tiempo.

La fuerza de las circunstancias y su naturaleza influyen mucho en el léxico.

Nos habituamos a la comodidad del agua canalizada, llevada a domicilio, y olvidamos que, para que tal suceda, tiene que haber gente que abra y cierre las válvulas de distribución, estaciones elevadoras que necesitan energía eléctrica, computadores para regular los débitos y administrar las reservas, y para todo faltan ojos.

Los ojos propiamenmte dichos, no tienen expresión, ni siquiera cuando han sido arrancados, son dos canicas que están allí inertes, los párpados, las pestañas, y también las cejas, son los que se encargan de las diversas elocuencias y retóricas visuales, pero la fama la tienen los ojos.

Los animales son como las personas, se acostumbran a todo.

…porque los sentimientos con que hemos vivido y que nos hicieron vivir com éramos, nacieron de los ojos que teníamos, sin ojos serán diferentes los sentimientos, no sabemos cómo, no sabemos cuáles…

La venganza, cuando es justa, es cosa humana, si la víctima no tuviera un derecho sobre el verdugo, entonces no habría justicia.

No encontró respuesta, las respuestas no llegan siempre cuando uno las necesita, muchas veces ocurre que quedarse esperando es la única respuesta posible.

Tú no eres fea, No, realmente no lo soy, pero la edad, Cuántos años tienes, preguntó la chica de las gafas oscuras, Me acerco a los cincuenta, Como mi madre, Y ella, Ella, qué, Sigue siendo guapa, Lo era má antes, Es lo que nos pasa a todos, siempre hemos sido más alguna vez, Tú nunca lo has sido tanto, dijo la mujer del primer ciego. Las palabras son así, disimulan mucho, se van juntando unas con otras, parece como si no supieran a dónde quieren ir, y, de pronto, por culpa de dos o tres, o cuatro que salen de repente, simples en sí mismas, un pronombre personal, un adverbio, un verbo, un adjetivo, y ya tenemos ahí la conmoción ascendiendo irresistiblemente a la superficie de la piel y de los ojos, rompiendo la compostura de los sentimientos…

El trabajo del viejo es poco, pero quien lo desprecia es loco, Ese refrán no es así, Lo sé, donde dije viejo, es niño, donde dije desprecia, dice desdeña, pero los proverbios, si quieres decir diciendo lo mismo porque es necesario decirlo, hay que adaptarlos a los tiempos.

Guarda lo que no sirve y encontrarás lo que necesites.

La muerte no es más que el efecto de una desorganización.

…por no hablar de los dolores que después de la muerte son peores.

El tirador de la puerta es la mano tendida de una casa.

El pánico es mucho más rápido que las piernas que tienen que llevarlo.

Incluso cuando la desgracia es común a todos, siempre hay unos que la pasan peor.

Ensayo sobre la lucidez

José Saramago.

Cuando en la capital del país se celebran votaciones y 83% del padrón electoral vota, pero en blanco, se desata un maremágnum entre las autoridades por descubrir el origen de tan extraña acción.
En la primera parte de la novela, las autoridades tratan de que los habitantes “entren en razón” y vuelvan al buen camino de la democracia, a través de todos los medios posibles; sin embargo la ciudadanía está conciente de que el voto en blanco es lo que querían dar a concer a los gobernantes. Para la segunda mitad, se centra en buscar culpables y lo encuentran a través de otro incidente extraño: un ataque de ceguera de sus habitantes.
Lo bueno que El ensayo sobre la ceguera ya lo había leído anteriormente y supe de lo que hablaban.
Para esta segunda parte, a mi gusto, la novela poco a poco va cayendo, y el final no es ni remotamente lo que esperaba. Lo que si es de sobresaltar, es nuevamente la imaginación de Saramago, en suponer un evento y cuáles serían las consecuencias. Si este instante de lucidez pasara en México, ¿Qué haría el gobierno?
Calificación de 9.
Ensayo sobre la lucidez

…sin serenidad para atreverse con improvisaciones mal urdidas, rehuye ahora la dificultad invitando a los subordinados a expresarse, lo que, como también sabemos, es otra manera, más moderna, de ser jefe.

Felizmente, la ya otras veces invocada necesidad de equilibrio que ha sostenido el universo en sus carriles y a los planetas en sus trayectorias, determina que siempre que se quite algo de un lado se ponga en el otro algo que más o menos le corresponda, a poder ser de la misma calidad y en la misma proporción, a fin de que no se acumulen las quejas por diferencias de tratamiento.

…los partidos, al expresar sus puntos de vista, prefieren no arriesgar demasiado, dan una en el clavo y otra en la herradura, dicen que sí, pero que también.

…una espera prolongada, tal como sucede en los consultorios médicos, induce a que se suelten las lenguas más pronto o más tarde, aflorando a la luz, aunque sea con una simple media palabra, las intenciones secretas que animan el espíritu de los electores.

…es lo que tienen de bueno las palabras simples, que no saben engañar.

…no tenía sentido suspender derechos a quien no había cometido otro crimen que ejercer precisamente uno de ellos

…es cierto que hay quien paga a asesores para que le pongan la comida masticada en el plato, pero yo soy de la escuela clásica, sólo me fío de mi cabeza aunque sea para equivocarme.

…la gran mayoría de los tales ochenta y tres por ciento son votantes nuestros y del pdm, deberíamos preguntarnos por qué han votado en blanco, ahí es donde reside lo grave de la situación, no en los sabios o ingenuos argumentos del pdi

Su gran equivocación, como a partir de ahora se comenzará a entender mejor, fue haber votado en blanco. Puesto que habían querido limpieza, iban a tenerla.

…los humanos son universalmente conocidos como los únicos animales capaces de mentir, siendo cierto que si a veces lo hacen por miedo, y a veces por interés, también a veces lo hacen porque comprenden a tiempo que ésa es la única manera a su alcance de defender la verdad.

Se puede, en circunstancias favorables, sobrevivir a una mentira, pero no a dos.

…la declaración de estado de excepción, del que tanto se esperaba, no había producido ningún efecto perceptible en el sentido deseado, por cuanto, no teniendo los ciudadanos de este país la saludable costumbre de exigir el cumplimiento regular de los derechos que la constitución les otorgaba, era lógico, incluso era natural que no hubiesen llegado a darse cuenta de que se los habían suspendido.

…realmente los derechos no son abstracciones, tienen existencia incluso cuando no son respetados…

…no se conoce nada mejor que una buena discusión para descargar las tensiones acumuladas..

…hasta las más perfectas y acabadas ideas pueden fracasar cuando llega la hora de su ejecución, tanto por vacilaciones de última hora, como por desajuste entre lo que se esperaba y lo que realmente se obtuvo, o porque se deja escapar el dominio de la situación en un momento crítico.

…los grandes males piden grandes remedios, y si es cierto que el remedio que propongo es doloroso, el mal que nos ataca es simplemente mortal.

…si es cierto que el hombre pone, Dios es quien dispone, y no han sido pocas las ocasiones, nefastas casi todas, en que los dos, de acuerdo, dispusieron juntos.

La decisión, […] brusca, […] precipitada, como todas las que son fruto del miedo.

Hasta ahí soy capaz de llegar por mi propia cuenta, lo que me interesa es lo que no sé.

…los derechos sólo lo son íntegramente en las palabras con que fueron enunciados y en el pedazo de papel en que fueron consignados, ya sea constitución, ley o cualquier otro reglamento, comprenderéis, ojalá convencidos, que su aplicación desmedida, inconsiderada, convulsionaría la sociedad establecida sobre los pilares más sólidos, comprenderéis, en fin, que el simple sentido común ordena que los tomemos como mero símbolo de lo que podría ser, si fuese, y nunca como su efectiva y posible realidad. Votar en
blanco es un derecho irrenunciable, nadie os lo negará, pero, así como les prohibimos a los niños que jueguen con fuego, también a los pueblos les prevenimos de que no les conviene manipular la dinamita.

Es interesante cómo nos pasamos todos los días de la vida despidiéndonos, diciendo y oyendo decir hasta mañana, y, fatalmente, en uno de esos días, el que fue último para alguien, o no está aquel a quien se lo dijimos, o ya no estamos nosotros que lo habíamos dicho.

…serán capaces ellos de comprender hasta qué punto es extraordinario, hasta qué punto fue casi un milagro haber dicho hasta mañana y ver que se cumplió como certeza lo que no había sido nada más que una problemática posibilidad.

Es regla invariable del poder que resulta mejor cortar las cabezas antes de que comiencen a pensar, ya que después puede ser demasiado tarde.

Antes de proseguir este relato, conviene explicar que el empleo de la palabra blanquero, pocas líneas antes, no fue ocasional o fortuito ni producto de un error con el teclado del ordenado y ni mucho menos se trata de un neologismo inventado a toda prisa por el narrador para cubrir una falta. El término existe, existe de verdad, se encuentra en cualquier diccionario, el problema, si problema es, radica en el hecho de que las personas están convencidas de que conocen el significado de la palabra blanco y de sus derivados, y por tanto no pierden tiempo acudiendo a cerciorarse a la fuente, o padecen del síndrome de intelecto perezoso y se quedan ahí, no van más allá, hacia el hermoso encuentro.

…no habrá tomado una copa de más, como debe de saber la última es siempre la peor.

…lo que usted tiene es un remordimiento de conciencia, Remordimiento por lo que no he hecho, Hay quien dice que ése es el peor de todos, el remordimiento de haber permitido que se hiciera.

Quien quiera los fines también tiene que querer los medios.

Usted sabe mejor que nadie que ningún ministro del interior, en ninguna época y en ningún país del mundo, abriría jamás la boca para hablar de las miserias, de las vergüenzas, de las traiciones y de los crímenes de su oficio.

…al final ganará quien tenga más fuerza, Ganará quien tenga mas fuerza en el último instante.

No existe mayor respeto que llorar por alguien a quien no se ha conocido.

…las órdenes, de vez en cuando, hay que flexibilizarlas, sobre todo si de esto se saca ventaja.

..si uno se equivoca y el otro no corrige, el error es de ambos.

…el voto en blanco puede ser apreciado como una manifestación de lucidez por parte de quien lo ha usado.

Los momentos perfectos, sobre todo cuando rozan lo sublime, tienen el gravísimo contra de su corta duración, lo que, por obvio, podríamos no comentar de no darse la circunstancia de existir una contrariedad mayor, como es la de no saber qué hacer después.

…todos nos ponemos nerviosos, perdemos la serenidad y acabamos diciendo lo que ni se quería ni se pensaba

La diferencia más segura que podríamos establecer entre las personas no es dividirlas en listas y estúpidas, sino en listas y demasiado listas, con las estúpidas hacemos lo que queremos, con las listas la solución es colocarlas a nuestro servicio, mientras que las demasiado listas, incluso cuando están de nuestro lado, son intrínsecamente peligrosas, no lo pueden evitar, lo más curioso es que con sus actos continuamente nos están diciendo que tengamos cuidado con ellas, por lo general no prestamos atención a los avisos y después tenemos que aguantarnos con las consecuencias.

Hay ocasiones en que me pongo a imaginar lo que podría ser este mundo si todos abriésemos las bocas y no callásemos.

A veces estar demasiado próximo a los centros de decisión provoca miopía, acorta el alcance de la vista.

Donde hay confianza, da asco.

No hay policía en la ciudad, señor comisario, la retiraron cuando se declaró el estado de sitio, dijo el inspector, Ah, ahora comprendo, ya me estaba extrañando tanta tranquilidad.

El saber, por sí mismo, no siempre es suficiente, mientras que con suerte y tiempo se alcanza casi todo[…] sí he observado que, muchas veces, con tener amigos en los lugares adecuados o alguna factura que cobrar se alcanza lo que se quiere.

Está diciéndome que el voto en blanco es subversivo, volvería ella a preguntar, Si es en cantidades excesivas, sí señor, Y dónde está eso escrito, en la constitución, en la ley electoral, en los diez mandamientos, en el código de circulación, en los frascos de jarabe, insistiría ella, Escrito, escrito, no está, pero cualquier persona entiende que se trata de una simple cuestión de jerarquía de valores y de sentido común, primero están los votos explícitos, después vienen los blancos, después los nulos, finalmente las abstenciones, está clarísimo que la democracia correría peligro si una de estas categorías secundarias sobrepasara a la principal, si los votos están ahí es para que hagamos de ellos un uso prudente.

Y el viejo, qué te ha parecido, Es viejo, y con eso queda todo dicho, Ahí es donde te equivocas, de los viejos está todo por decir, lo que sucede es que no se les pregunta nada y entonces se callan.

…su crimen, señora, no fue asesinar a aquel hombre, su gran crimen fue no haberse quedado ciega cuando todos éramos ciegos, lo incomprensible puede ser despreciado, pero nunca lo será si se encuentra una manera de usarlo como pretexto.

Dibuje un cuadrado en el suelo, papagayo de mar, y colóquese dentro, en el espacio delimitado por los lados del cuadrado confío en usted, pero fuera sólo confío en mí, su investigación es el cuadrado, conténtese con el uno y con la otra…

…estos tipos que tienen un solo ojo ven el doble, no tienen otro que los distraiga o se empeñe en ver otra cosa, algo parecido ya habíamos dicho antes, pero las verdades hay que repetirlas muchas veces para que no caigan, pobres de ellas, en el olvido.

…aprendí con la experiencia del oficio que las medias palabras existen para decir lo que las enteras no pueden.

He aprendido en este oficio que los que mandan no sólo no se detienen ante lo que nosotros llamamos absurdos, sino que se sirven de ellos para entorpecer la consciencia y aniquilar la razón.

Nacemos, y en ese momento es como si hubiéramos firmado un pacto para toda la vida, pero puede llegar el día en que nos preguntemos Quién ha firmado esto por mí.

Prudente, decía, es no despertar al dragón que duerme, estúpido es acercarse a él cuando está despierto.

La siguió por un pasillo, iba calmo, tranquilo, pero, de súbito, sin preverlo, la consciencia del temerario paso que estaba a punto de dar le cortó la respiración como si hubiese sido golpeado de lleno en el diafragma.

…un nombre es nada más que una palabra, no explica quién es la persona.

…la vida, hija mía, comienza no se sabe para qué, termina no se sabe por qué.

Hay que tener mucho cuidado con lo que se cree saber, porque por detrás se oculta una cadena interminable de incógnitas, la última de ellas, probablemente, sin solución.

…cuántas veces los temores vienen a amargarnos la vida y al final resulta que no tenían ni fundamento ni razón de ser.

Sus servicios durante esta crisis fueron una secuencia continua de errores que me dispenso de enumerar, soy capaz de comprender que la necesidad hace ley, que los fines justifican los medios, pero siempre con la condición de que los fines sean alcanzados y la ley de la necesidad se cumpla, y usted no ha cumplido ni ha alcanzado ninguno…

Las Pequeñas Memorias.

José Saramago.

Del último paquete que compré en Julio Regalado de 3 x 2, pertenece este libro de Saramago. Quiero decir que la explicación del porque del título, me fascinó. yo pensé que se debía a que sus memorias eran pocas o el libro pequeño, pero no; es porque son de cuando él era niño, era pequeño. El hecho de escribir las cosas que recuerda de ésa época, me hizo pensar en la similitud con este blog y con la sección años maravillosos que últimamente la he tenido descuidada. Prometo retomarlo antes de que el alemán me alcance. Los recuerdos de su abuela, me recuerdan mucho a la mía, no porque los haya vivido igual, sino que no había leído de alguien que nombrara tanto a sus propios abuelos. No tengo que recordar que mi abuela es más mi mamá. De hecho le digo: Ma. Calificacíon de 9.0 saramago-pequenas.jpg

[La tía Elvira dijo…] “A la hora que suele venir del trabajo, tu te sientas en la entrada de la casa y te quedas esperando. Si él quiere pegarte, aquí estoy yo. Pero tú no te escondes”. Esas son las buenas lecciones, las que duran toda la vida, las que nos agarran por el hombro cuando estamos dispuestos a ceder.

Quien no apreciaba nada esta preferencia incondicional por los abuelos maternos, era mi padre, que un día habiendo dicho “mis abuelos” refiriéndome a los padres de mi madre, me corrigió secamente, sin tomarse la molestia de disimular el despecho: “Tienes otros”. ¿Qué podía hacer yo? ¿Fingir un amor que no sentía? Los sentimientos no se gobiernan, no son cosa de quitar y poner de acuerdo con las conveniencias del momento, menos todavía si, por la edad, es un corazón desprevenido y exento lo que llevamos dentro del pecho.

A veces me pregunto si ciertos recuerdos son realmente míos, si no serán otra cosa que memorias ajenas de episodios de los que fui actor inconsciente y de los que más tarde tuve conocimiento porque me las narraron personas que sí estuvieron presentes, si es que no hablaban, también ellas, por haberlos oído contar a otras personas.

… sólo quien espera que se le dé se arriesga a pedir.

Verdaderamente, la crueldad infantil no tiene límites (ésa es la razón profunda de que tampoco tenga límites la de los adultos)…

[de la abuela] … y dijiste, con la serenidad de tus noventa años y el fuego de una adolescencia nunca perdida: “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”.

Muchas veces olvidamos lo que nos gustaría poder recordar, otras veces, recurrentes, obsesivas, reaccionando ante el mínimo estímulo, nos llegan del pasado imágenes, palabras sueltas, fulgores, iluminaciones, y no hay explicación para ello, no las hemos convocado, pero ahí están.

Las intermitencias de la muerte

José Saramago
Con esta novela confirmo que Saramago es mi segundo escritor favorito. ¿A quién se le puede ocurrir que de repente, la muerte deja de funcionar en un país, por un cierto periodo y a partir de ahi desembocar en una historia de amor? Su narrativa es sui generis y cuando empiezas a leerlo ya no lo puedes dejar. Ampliamente recomendable. Esta de pensarse eso de recibir una carta en un sobre violeta donde te avisan que te quedan 8 días de vida.. ¿A verdad?

Si no volvemos a morir, no tenemos futuro.

Le informo de que a partir de la medianoche de hoy se volverá a morir tal como sucedía, […] la intención que me indujo a interrumpir mi actividad, la de parar de matar […] fue ofrecer a esos seres humanos que tanto me detestan una pequeña muestra de lo que para ellos sería vivir siempre, […] teniendo en cuenta los lamentables resultados de la experiencia, […] he considerado que lo mejor para las familias y para la sociedad en su conjunto […] es hacer público el reconocimiento de la equivocación de que soy responsable y anunciar el inmediato regreso a la normalidad, lo que significa que a todas aquellas personas que ya deberían estar muertas, pero que, con salud o sin ella, han permanecido en este mundo, se les apagará la candela de la vida cuando se extinga en el aire la última campanada de la medianoche […], lo que es mi decisión irrevocable, esta de devolver el supremo miedo al corazón de los hombres…

No nos resistiremos a recordar que la muerte, por sí misma, sola, sin ninguna ayuda exterior, siempre ha matado mucho menos que el hombre.

Cómo podían saber los médicos a qué direcciones deberían acudir para ejecutar una obligación sin cuyo cumplimiento un muerto no está legalmente muerto, aunque sea indiscutible que muerto está.

Las palabras, si no lo sabe, se mueven mucho, cambian de un día a otro, son inestables como sombras, sombras ellas mismas, que tanto están como dejan de estar.

Bien sabemos con qué facilidad el espíritu deja escapar las riendas del cuerpo cuando la alegría se desmanda, aun cuando no se deba disculpar, perdonar siempre se puede.

Querido señor, lamento comunicarle que su vida acabará en el plazo irrevocable e improrrogable de una semana, aproveche lo mejor que pueda el tiempo que le queda, su atenta servidora, muerte.

Y no fueron pocas las veces que un psicólogo, en el preciso momento en que aconsejaba al paciente que dejara salir las lágrimas como mejor remedio de aliviar el dolor que le atormentaba, rompía en convulsivo llanto pensando que también él podría ser el destinatario de un sobre idéntico en la primera entrega postal de mañana. Acababan los dos la sesión en un lloro sin freno, abrazados por la misma desgracia…

La muerte lo sabe todo a nuestro respecto, y quizá por eso sea triste. Si es cierto que nunca sonríe es porque le faltan los labios.

La primera derrota es la que más duele.

Sigue viviendo sin que le pase por la cabeza que ya tenía que estar muerto.

Considerando la ligereza con que las palabras nos suelen salir de la boca, no tengamos una clara conciencia de lo que eso puede significar.

También la imagen de las personas iría mudando con el paso del tiempo, desde el niño con la piel arrugada y sonrosada en los brazos de la madre, hasta este día de hoy, cuando nos preguntamos si somos realmente aquellos que fuimos, o si algún genio de la lámpara no nos irá sustituyendo por otra persona cada hora que pasa.

Momentos de debilidad cualquiera los puede tener en la vida, y, si hoy pasamos sin ellos, demos como cierto que los tendremos mañana.

Sabía que lo que buscaba no lo iba a encontrar en los apéndices ni en las adendas, que tenía que estar en la parte inicial del reglamento, la más antigua, y por tanto la menos consultada, como en general sucede con los textos históricos básicos…

Una persona, o la muerte, para el caso da lo mismo, va cumpliendo escrupulosamente su trabajo, día tras día, sin problemas, sin dudas, poniendo toda su atención en seguir las pautas establecidas, y si, al cabo de algún tiempo, nadie se le presenta metiendo la nariz en la manera como desempeña sus obligaciones, cierto y sabido es que esa persona, y así le sucedió a la muerte, acabará comportándose, sin que de tal se dé cuenta, como si fuera reina y señora de lo que hace, y no sólo eso, también de cuándo y de cómo deberá hacerlo.

O tal vez las manos, las manos son dos libros abiertos, no por las razones, […] de la quiromancia, […] sino porque hablan cuando se abren o se cierran, cuando acarician o golpean, cuando enjugan una lágrima o disimulan una sonrisa, cuando se posan sobre un hombro o expresan un adiós, cuando trabajan, cuando están quietas, cuando duermen, cuando despiertan…

Solemos decir que así es la vida, cuando mucho más exactos seríamos si dijéramos que así es la muerte.

Y como las esperanzas tienen ese destino que cumplir, nacer unas detrás de otras, por eso, pese a tantas decepciones, todavía no se han acabado en el mundo,

Aprende, pensaba, aprende de una vez, pedazo de estúpido, te has portado como un perfecto imbécil, pusiste los significados que deseabas en palabras que al fin y al cabo tenían otros sentidos, e incluso ésos no los conoces ni los conocerás, creíste en sonrisas que no pasaban de meras y deliberadas contracciones musculares…

Las palabras tienen muchas veces efectos contrarios a los que se habían propuesto, tanto es así que no es infrecuente que estos hombres o esas mujeres juren y vuelvan a jurar, La detesto, Lo detesto, y luego estallen en lágrimas después de dicha la palabra.

[El corazón] que tiene mejores ojos, te dice que abras los tuyos.

Todos lo nombres

De José Saramago.

Nos habla de la soledad de Don José y su deseo de encontrar la tabla de salvación que lo saque de la rutina, de su búsqueda de la mujer desconocida,  de sus pasatiempos y sus miedos.

Se me hizo una historia muy triste…. y es que en algún momento, todos somos Don José. Claro sin olvidar las oficinas de gobierno, en todos lados es igual!
Las citas:

En rigor, no tomamos decisiones, son las decisiones las que nos toman a nosotros. La prueba la encontramos en que nos pasamos la vida ejecutando sucesivamente los más diversos actos, sin que cada uno vaya precedido de un período de reflexión, de valoración, de cálculo, al final del cual, y sólo entonces, nos declararíamos en condiciones de decidir si iremos a almorzar, a comprar el periódico o a buscar a la mujer desconocida.

La vida le había enseñado que la mejor manera de defender los secretos propios es respetando los secretos ajenos

Dar razones para lo que se hace o se deja de hacer es de lo más fácil, cuando reparamos en que no las tenemos o no tenemos las suficientes, tratamos de inventarlas.

Hay ocasiones en la vida en que nos dejamos ir, en que somos capaces de contar nuestros dolores al primer desconocido que se nos presenta.

  • En los países civilizados no existe esta práctica absurda de los lugares a perpetuidad, esta idea de considerar para siempre intocable cualquier sepultura, como si, no habiendo podido ser definitiva la vida, la muerte lo pudiese ser.
  • Hay venenos tan lentos que cuando llegan a producir efecto ya ni nos acordamos de su origen.
  • Los techos de las casas son el ojo múltiple de Dios.
  • Ningún suicidio pueda ser explicado, racionalmente explicado, se entiende.
  • El mejor guarda de viñas es el miedo a que el guarda venga
  • La prudenacia solo es buena cuando se trata de conservar aquello que ya no interesa
  • El azar no escoge, propone
  • Se perdona porque se ama ,se ama porque se perdona
  • En el matrimonio existen tres personas, está la mujer, está el hombre y está lo que yo llamo tercera persona, la más importante, la persona que está constituida por el hombre y la mujer juntos
  • Es lo que sucede cuando asistimos a una conversación y no estamos atentos, siempre lo más importante se nos escapa
  • Las faltas olvidadas son las peores
  • Las grandes tristezas, las grandes tentaciones y los grandes errores resultan casi siempre
    de estar solo en la vida.
  • La piel es todo cuanto queremos que los otros vean, debajo de ella ni nosotros mismos
    conseguimos saber quiénes somos
  • No seas cobarde, que es lo peor de todo
  • Para morir basta estar vivo
  • Es en las ocasiones de mayor apuro cuando el espíritu da la auténtica medida de su grandeza
  • Piensa en la enorme cantidad de espacio que se habría ahorrado si los muertos hubiesen sido enterrados de pie, hombro con hombro, en formación cerrada, como un ejército en posición de firmes, teniendo cada uno, como única señal de su presencia allí, un cubo de piedra colocado en la vertical de la cabeza, en el que se relatarían, en las cinco caras visibles, los hechos principales de la vida del fallecido, cinco cuadrados de piedra como cinco páginas, resumen del libro entero que había sido imposible escribir.