Bad times at the El Royale

Bad times at the El Royale

Bad times at the El Royale


Sin saberlo, dos hermanas, un cura, un vendedor y una cantante, entrecruzaran sus historias cuando coincidan en el mismo hotel, que de por sí, tiene su propia historia que contar. Calificación de 10.
Bad times at the El Royale

Bad times at the El Royale

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El rey león

El rey león

El rey león


Una tragedia provocada, parece hacer olvidar sus obligaciones al heredero al trono de la sabana africana. Tendrá que venir su amiga de la infancia a recordárselo y hacerlo retomar sus responsabilidades. Calificación de 10.
El rey león

El rey león

Beautiful Boy

Beautiful Boy

Beautiful Boy


El hijo de un matrimonio a punto de separarse, realiza un atentado en su escuela dejando una estela de muerte para posteriormente quitarse la vida. Los acongojados padres atraviesan cada uno a su modo el duelo y el dolor, para reencontrarse en el amor del hijo muerto. Calificación de 10.
Beautiful Boy

Beautiful Boy

Roma

Roma

Roma


La historia de una familia mexicana en los 70’s, que sufre la separación de los padres y que basa mucho de su funcionamiento en las trabajadoras domésticas. Excelente sonido y fotografía. Calificación de 10
Roma

Roma

The ballad of Buster Scruggs

The ballad of Buster Scruggs

The ballad of Buster Scruggs


Un muy buena colección de cortos del lejano oeste, sin olvidar íconos clásicos del género: pistoleros, caballos, indios, guitarras, traiciones, buscadores de oro, ahorcados, asalto a bancos y demás. Muy buena fotografía. Calificación de 10.
The ballad of Buster Scruggs

The ballad of Buster Scruggs

Another earth

Another earth

Another earth


Las vida de una joven recién aceptada en el MIT y un exitoso músico, se cruzan en un trágico accidente donde la familia de él, muere. Al mismo tiempo, se descubre un planeta que parece ser un espejo de la tierra. ¿será la oportunidad de resarcir errores? Calificación de 10.
Another earth

Another earth

Aráoz y la verdad

Eduardo Alfredo Sacheri

Aráoz y la verdad

Aráoz y la verdad


Ezequiel Aráoz un hombre hundido en la depresión, encuentra en un recuerdo de la niñez la razón para vivir: averiguar qué es lo que realmente sucedió durante el partido en que el equipo de sus amores, perdió la categoría. Una vez conocida la verdad, da a conocer la suya, con la esperanza de que la catársis le renueve la vida. Calificación de 10.

Perimir: Caducar [un procedimiento judicial] por haber transcurrido el término fijado por la ley sin que lo hayan impulsado las partes.
Colegir: Sacar una conclusión por medio de un razonamiento a partir de hechos, indicios, supuestos anteriores o de un principio general.
Aliscafo: Buque autopropulsado cuyo peso, en condiciones normales de navegación, es soportado parcial o totalmente por fuerzas hidrodinámicas
Hendija: Abertura estrecha y alargada que se produce naturalmente en un cuerpo sólido o que queda entre dos cuerpos o dos partes de una misma cosa.
Catafalco: Armazón cubierto con tela negra que representa un sepulcro y que se levanta en los templos para celebrar los funerales por un difunto.
Achurar: Matar con arma blanca.

Aráoz considera la situación. Quince horas atrás estaba tirado a la bartola sobre su cama, con los zapatos puestos y fumando un cigarrillo detrás de otro. Si ahora, a las nueve y diez de la noche, se halla a cuatrocientos cincuenta kilómetros de su casa, ha sido por seguir un impulso. Minúsculo tal vez, pero un impulso.

El país crece. Avanza. No podemos detenernos por un par de trenes o por cuatro o cinco pueblos. ¿No le parece?

Lo mejor cuando uno no quiere que lo jodan con preguntas es devolverlas

Mejor callarse, porque las cosas pasan más rápido si uno no dice nada, si uno no contesta.

Hace un rato la gente se puso a saltar y los tablones de madera se movían para todos lados, pero Aráoz no se asusta porque sabe que no se caen. La primera vez sí se asustó, pero su padre le dijo que se quedara tranquilo y él se quedó. Bueno, en realidad, le dijo que se quedara quieto, que no es lo mismo pero es parecido. Lo mismo se quedó.

Para cruzar la avenida tiene que darle la mano al padre. Del otro lado lo suelta y Aráoz sigue caminando solo por la calle. A él no le molestaría seguir de la mano, porque le gusta que lo traten como grande pero también le gustaría que su padre le diera la mano. Que le diera más la mano. No solo para cruzar la avenida.

Cada vez que ataca Lanús todos murmuran. Y cuando en la cancha un montón de tipos murmuran al mismo tiempo es como si murmurara un gigante. Suena fuertísimo, sin dejar de ser murmullo. Es raro, pero es así.

“¡Foul!”, grita alguien, unos escalones arriba de Aráoz. De todos modos lo grita apenas y sin ganas, porque sabe que es mentira.

Suele ocurrirle eso de tener que cerrar dos veces las puertas de los autos, la primera sin energía suficiente y la segunda con estragos de demolición.

Cuando sea el número cinco titular de Deportivo Wilde, de vez en cuando, pero solo de vez en cuando, Aráoz tendrá que pegar alguna patada fuerte. Perlassi a veces lo hace, cuando no le queda otra. Pero después se va a quedar al lado del delantero hasta que se levante y le va a pedir perdón, porque pegar es feo. Pegar es horrible.

Algunas palabras son complicadas. “Conocer” a alguien. “Ser amigo” de alguien. No sé. A veces me parece que son cosas que uno no puedo decir ni de uno mismo.

“No puede ser”. Aráoz reconoce la voz del tío Quique, y la voz del tío de repente se ha llenado de sombras. Y aunque tenga ocho años, Aráoz comprende el sentido de lo que dice el tío. No es que el tío piense que lo que está ocurriendo sea mentira, o sea una pesadilla. Lo que dice el tío es que lo que pasa —más allá de que esté pasando— es demasiado confuso y terrible y el alma de la gente no aguanta cosas así, y por eso el alma de las personas prefiere pensar que no puede pasar lo que pasa. El alma sufre mucho, a veces. Aráoz lo sabe porque, aunque sea chico, ya le ha pasado eso. A veces.

Aráoz nunca ha visto a la gente tan callada. Se ve que eso es el descenso. Así se desciende, y no de otra manera. Aráoz incorpora esta forma de dolor a las otras, a las que ya conoce.

Esa felicidad incrédula que es tal vez la forma más perfecta de la felicidad. “Más que la más perfecta es la única forma posible de la felicidad”, piensa Aráoz; porque a fuerza de vivir y de sufrir los seres humanos terminan por intuir que es imposible hallar un camino sensato hacia la felicidad, y que si ella acaece es por un capricho tan inconmensurable, por un accidente tan impredecible que lo único que le cabe al ser humano es rendirse y orar para que dure más de treinta segundos. Eso no lo piensa el Aráoz de ocho años, ese que está de pie, rígido de frío, en esa tribuna colmada y atónita; sino el Aráoz de cuarenta y dos. Ese Aráoz al que le cuesta la vida entera conciliar el sueño.

Aráoz se acuerda de que hace un rato, cuando el equipo salió a jugar el segundo tiempo, la gente aplaudía y alentaba a los jugadores. Todos, en la tribuna. El tío Quique y los primos también. Y su padre lo mismo. ¿Por qué de repente todos los odian? ¿Es posible que Aráoz sea el único que los sigue queriendo.

Hay un montón de cosas que uno entierra así, con apariencias de eternidad. Porque, de lo contrario, vivir es imposible.

Aráoz se pregunta por qué algunos insultos son más hirientes que otros. O tal vez no sean más hirientes, pero sí exijan del insultado mayores aspavientos a la hora de responder.

A veces Aráoz, al atardecer, mira a su alrededor y se le ocurre pensar que su cama es como un muelle perdido en un mar de niebla ácida, penetrada de repente por la luz tangente del fanal de un barco perdido. Pero solo a veces piensa eso, porque en general no se distrae y se mantiene pensando siempre en lo mismo. Siempre en Leticia.

¿Por qué será que cuando las cosas son mensurables lo angustian menos?

Hablar de los problemas ajenos sigue funcionándole como un excelente antídoto para distraerse de los suyos.

Aráoz prefería no decir nada cuando lo que tenía para decir le sonaba idiota. Por eso Aráoz tan a menudo se callaba la boca.

Le da lo mismo matarse que seguir vivo. Así que va a seguir vivo. Resulta menos trabajoso que matarse.

Aráoz sabe llorar sin ruido. Hay que abrir un poco la boca porque, si uno la tiene cerrada y le vienen las ganas, el aire sale como un resoplido y se nota que uno está llorando. Pero, si uno deja la boca medio abierta, el aire entra y sale y las lágrimas no son un problema, porque resbalan sin hacer ruido. Otro problema son los mocos, porque cuando uno sorbe los mocos por la nariz se nota que está llorando.

Aráoz las tristezas las camina hasta el fondo.

Si estuviese menos asombrado y confuso, Aráoz se daría cuenta de que el silencio en el que se hunde lo coloca no tanto en los márgenes inciertos de la sospecha como en el cauce profundo de la culpabilidad.

El miedo es una excelente llave para guardar cosas en la memoria.

Para eso hace falta crecer: para poder apilar palabras sobre la lisa superficie de un miedo que al principio carece de ellas.

A veces, en los días muy, pero muy feos, Aráoz fantaseaba con ser hijo del tío Quique. ¿Por qué no había podido ser hijo del tío? ¿Tan difícil era, para Dios, haberlo hecho nacer en otra casa? Ahí nomás, tres cuadras para el lado de la avenida Tres de Febrero. Además así habría tenido hermanos. A Diego y a Enrique. Y no hubiese sido hijo único. Y no lo mirarían así. Bueno, aunque su padre lo siguiese mirando así no sería tan grave, porque ya no sería su padre sino su tío, y no es lo mismo que a uno lo mire así un tío que un papá. O que le diga esas cosas.

Aunque la regla número uno para combatir el insomnio es jamás, pero jamás de los jamases, mirar la hora en el reloj despertador, Aráoz estira la mano hacia la silla que usa a modo de mesa de luz y aprieta el botón que ilumina el cuadrante. Y se lo queda mirando mientras el segundero avanza con su minúsculo redoble de algodones. […] Es cierto que ver que son las cinco y cuarto no contribuye a serenarlo; pero por lo menos le sirve para convencerse de que no está en una caja muerto y enterrado, porque a nadie lo entierran con un despertador para que pueda alzarlo y ver que son tac, tac, las cinco y dieciséis.

Aráoz, de cara al techo, siente que está subido al último peldaño de una escalera apoyada en ningún lado.

Los demás no lo vieron por la distancia, o porque las lágrimas se le mezclaban con el sudor y la mueca de la angustia se parece a la mueca del esfuerzo.

Esa mañana Perlassi lleva quince años metido en el mundo del fútbol, y la mayoría de las personas con las que se ha tenido que cruzar son un asco. No le echa la culpa al fútbol por eso. Está seguro de que el mundo de los bomberos, el de los farmacéuticos y el de las amas de casa son, también, un asco, porque en el fondo todos los mundos son pedazos del mismo mundo.

Hay cosas que es mejor no decirlas. Se hacen o no se hacen, pero no se dicen.

Había llegado el momento de pagar. Y no es lindo pagar.

A veces cuesta cara la lealtad.

—¿Esa es la verdad? Tiene la voz extenuada e insegura de quien viene de viajar mucho y no está convencido de haber arribado al sitio al que debía.

Una vida a la que no le falta nada salvo nosotros. Que en realidad no es que le falte algo, pero a nosotros nos parece como si le faltara… Lo que pasa nomás es que sobramos nosotros. Eso es todo.

Aráoz no congenia con la gente que no puede escuchar cosas espantosas sin intercalar frases de consuelo, de resignación o de esperanza. Gente sin espaldas para aguantar los horrores que carecen de remedio.

Él sigue con el pasado a cuestas. Lo que le sobra es pasado. Lo que no tiene es futuro, y eso no es la inocencia sino todo lo contrario.

Aráoz odia que las cosas no tengan salida. Sería tan sencilla la vida si hubiese siempre a dónde ir.

Corre con desesperación. Y en Aráoz la desesperación, a veces, es un sendero estrecho que conduce hacia alguna forma peculiar de valentía.

Gira de nuevo hacia fuera. No hay nada más que noche. Es demasiada soledad como para que pueda quedársela mirando.

El olor del papel viejo es uno de los más encantadores que se pueden oler.

Se burla, porque le da pudor ponerse tan contento por algo tan sencillo.

Finding Oscar

Finding Oscar

Finding Oscar


Documental que cuenta la historia de una de las 600 y tantas masacres en Guatemala durante los años ochenta y cómo es que familiares de las personas asesinadas buscan justicia. Con testimonios impactantes y desgarradores que parecen ser sacados de una película de horror. Calificación de 10.
Finding Oscar

Finding Oscar

Tesoros

Tesoros

Tesoros


En Barra de Potosí, Guerrero, un grupo de niños convencidos de la existencia de un tesoro pirata, hacen lo imposible por llegar a él. En tanto, nos adentramos al mágico mundo de la infancia y la naturaleza. Después de películas llenas de violencia, drogas y sexo, una película de niños, nos muestra la luz. Calificación de 10.
Tesoros

Tesoros

Los gigantes no existen

Los gigantes no existen

Los gigantes no existen


Basada en hechos reales. Luego de que su poblado en Guatemala es arrasado por la guerrilla y el ejército, un niño es secuestrado por un hombre con la intención de suplir a su hijo muerto. Después de dos años de cautiverio, llega el momento de enfrentarse a su captor y de vencer sus miedos. Testimonio desgarrador. Calificación de 10.
Los gigantes no existen

Los gigantes no existen

Un cuento chino

Un cuento chino

Un cuento chino


Basada en hechos reales. De manera fortuita, un hombre ermitaño y cascarrabias, tiene que hacerse cargo de un joven chino que no tiene donde ir. Pero ese encuentro terminará por modificar su visión de la vida. Calificación de 10.
Un cuento chino

Un cuento chino