Minas terrestres en el camino del creyente

Charles F. Stanley

Minas terrestres en el camino del creyente

Minas terrestres en el camino del creyente


El ser creyente no es garantía de inmunidad a los problemas de la vida. Lo que se tiene a la mano es la manera de enfrentarlos. Y menos si esos problemas son ocasionados por situaciones que a menudo son provocadas por uno mismo. Estas situaciones son como minas terrestres que pueden hacer explosión cuando menos se le espera. Orgullo, Celos, envidia, inseguridad, transigencia, rencor, desilusión, temor, inmoralidad e indolencia, son algunas de las minas que el autor nos detalla, pero también nos muestra la manera en que podemos evadirlas o minimizar los daños. Calificación de 8.

Agostada: Que ha rendido todo el fruto posible y ya no tiene casi vida.
Cáustica: Que es crítico, tiene ironía aguda y malintencionada.
Ominosa: Que es abominable y merece ser condenado y aborrecido.

Usted debe asimilar dos cosas. Primero, Dios es más grande que cualquier arma que Satanás pueda usar contra usted. A pesar de lo horrendo que pueda parecer el ataque de Satanás, Dios es omnipotente. Segundo, para vencer esos pecados, debe reconocer que Dios los ha prohibido todos y cada uno. Son minas que han sido colocadas en su senda, pero no tienen por qué llevarle a la destrucción.

Si el Espíritu de Dios detecta algo que está mal en usted, Él no le pide que lo corrija [ni que explique lo que ha hecho]; le pide que acepte la luz [de Dios] acerca de su situación, y Él lo corregirá. Un hijo de Dios confiesa al instante y se desenmascara delante del Señor. Un hijo de las tinieblas dirá: «Oh, puedo explicar eso». Cuando aparezca la luz y llegue la convicción de maldad, sea un hijo de la luz y confiese, y Dios se encargará de lo que está mal; si usted se justifica a sí mismo, demostrará que es un hijo de las tinieblas.

Los problemas son una parte natural de la vida, y la única persona que puede sastisfacer de manera perfecta nuestras necesidades es Jesucristo.

Los incrédulos tienen motivos para temer. Sus nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Se acumulan las presiones, llegan los problemas y no tienen la sabiduría que Dios ha dado a los que le han entregado su corazón y su vida a Él.

Cuando su corazón esté vuelto hacia Él, sentirá Su voz que le dirige y le guía en cada situación. Eso no significa que usted vaya a librarse de todos los embotellamientos del tránsito, las aflicciones y los desengaños de la vida, pero sí significa que Él va a estar con usted en cada paso del camino, le guiará, le dirigirá y responderá sus oraciones.

De todas las luchas que se analizan en este libro, el orgullo es la que tiene los resultados más devastadores.

Dios nunca rescinde su llamado. Puede que cambie las circunstancias, pero nunca pedirá que abandonemos su voluntad.

El orgullo siempre precede a la caída, mientras que la humildad recorre un largo camino hasta el éxito.

Siempre que empecemos a creer que somos tan importantes que no tendremos que dar cuenta por lo que hacemos o decimos, es seguro que vamos hacia una caída. O cuando rehusamos obedecer a Dios en un área específica, podemos esperar experimentar su disciplina en nuestra vida.

Muchas veces cedemos al pecado y pensamos: Oh, bueno, eso no tuvo importancia. Una vez que la persona siente que ha pecado sin consecuencias rara vez, o nunca, piensa: No voy a hacer eso más, porque sé que desagrada a Dios. En lugar de eso, cuando viene la tentación, la persona orgullosa repite la misma acción, solo que en un grado mayor.

Si usted está más interesado en vivir la vida a su manera que en agradar a Dios, entonces está enredado en el orgullo y Dios tendrá que quitarlo.

Si usted quiere de veras eliminar el orgullo de su vida, pida a Dios que le muestre cómo puede servir a otra persona.

La mejor manera de eliminar el orgullo de su vida es rodearse de personas que lo aprecien por las razones correctas y no para alimentar su ego. El orgullo es una piedra de tropiezo para muchos líderes debido a que hay una tendencia a rodearse de aquellos que dicen lo que creen que el líder desea escuchar. Si ve que eso se aplica también a usted, necesita entonces pedir a sus amigos que le sean honestos.

Cuando nos volvemos orgullosos, el discernimiento de Dios en nuestra vida se apaga. Comenzamos a tomar decisiones horrendas porque ya no tenemos disponible Su sabiduría. Es como si fuéramos chiquillos malcriados que exigieran hacer su voluntad, hasta que al fin nuestra madre o padre nos dice: «Bien. Haz lo que quieras». Cuando lo hacemos, por lo general terminamos tomando decisiones tontas y cosechando las consecuencias. Las personas con discernimiento conocen la diferencia entre el bien y el mal. Pueden sentir a Dios decir: «¡Deténte!», «¡Espera!» o «¡Más despacio!». Pero la persona orgullosa nunca presta oído a la instrucción de Dios y se lanza de cabeza a los problemas.

Habrá momentos en que Dios eche fuera el orgullo al permitirle pasar por la desilusión e incluso por tiempos de quebrantamiento. Recuerde, sin embargo, que Él nos quebranta solo con el propósito de bendecirnos. El quebrantamiento es siempre una vía hacia la bendición.

En el momento en que permita que la ingratitud crezca en su corazón, estará a punto de pisar la mina del orgullo.

Cuando nos ponemos celosos nos arriesgamos a perder sus mejores dones, porque estamos concentrados solo en lo que no tenemos.

Dios no está celoso de nosotros; está celoso por nosotros, lo que quiere decir que desea nuestro compañerismo y amor.

Nosotros hacemos lo mismo al dedicarles tiempo y energía a los dioses de nuestro tiempo: la prosperidad material, la posición social y mucho más. Si no recibimos lo que creemos que merecemos, nos volvemos celosos, y al hacer eso perdemos de vista la santidad y la bondad de Dios. Dejamos a un lado la oportunidad maravillosa de tener una relación más profunda con Él. Terminamos adorando a los dioses de este tiempo y después nos preguntamos por qué nuestras vidas están tan vacías, incompletas e insatisfactorias. A eso es a lo que nos lleva el celo: a pensar en lo que no tenemos más que en las bendiciones que Dios nos ha dado.

«Sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará a los que andan en integridad» (Salmo 84.11).

El pecado siempre lleva implícita una decisión.

El pecado siempre comienza por un solo pensamiento. Es en ese momento cuando podemos escoger entre aferrarnos a él o dejarlo escurrirse de nuestra mente.

Es de común conocimiento que las minas como el rencor, el temor, los celos, la envidia, etc., tienen consecuencias en nuestro cuerpo. Tenemos que eliminar esas minas emocionales o sufrir las consecuencias, que por lo general se hacen sentir en nuestra salud física.

Después de la Resurrección le preguntó a Jesús sobre el apóstol Juan: «Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este? Jesús le dijo: Si quiero que quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú» (Juan 21.20-22). Esta es una respuesta perfecta al asunto de los celos. «¿Qué a ti? Sígueme tú». En otras palabras, dirige tu corazón hacia el Salvador. Deja de sacar cuentas y sumar puntos inexistentes. Cuando tus ojos estén fijos en Jesús no estarás preocupado por quién está delante ni quién se queda atrás.

El tiempo es un factor primordial en el plan de batalla de Dios. Aunque los hermanos de José lo maltrataron, Dios no se apuró en socorrerlo. En lugar de ello preservó la vida de José. Estuvo con él en tiempos de pena, aflicción y desilusión extrema. Podemos clamar a Dios repetidas veces y pedirle que nos libere de nuestras circunstancias problemáticas, sin sentir su mover en favor nuestro. Él usó la situación de injusticia con José a fin de entrenarlo para un propósito mayor. Un día llegó a ser el líder de sus hermanos. Su sueño se hizo realidad, pero no hasta después que José fuera quebrantado, humillado y disciplinado. Cuando estamos listos para las bendiciones de Dios, Él abre las puertas. Hasta ese entonces, nos llama a esperar en una obediencia humilde y vigilante.

He descubierto que cuando nos dedicamos a tener más, ganar más o recibir más, empezamos a perder nuestra sensación de paz. Nos quedamos atrapados en el esquema de pensamiento del mundo. En otras palabras, dejamos de ver la vida desde el punto de vista de Dios. Es en este momento en que empezamos a preocuparnos por nuestro estatus. Trabajamos más duro y más horas para alcanzar metas que Dios jamás ha pretendido que persigamos. Terminamos exhaustos y desgastados porque no estamos viviendo en sintonía con Él. Estamos viviendo solo con nuestras metas, fabricadas por nosotros mismos, en la mente.

La solución para los celos no es negarlos, pues nunca podrá derrotar la envidia ni el resentimiento por sus propios medios. La solución es admitirlos ante el Señor, pedirle que lo perdone y orar después para que Él le ayude a ver la vida desde Su perspectiva.

Nadie tiene que dejarse pisotear por los demás, pero es cierto que necesitamos que Dios nos use y nos enseñe a tener corazones humildes y dóciles para Él.

La mayoría de los retos que enfrentamos requieren fe en un Dios infinito y omnipotente. Sea cual sea la tarea, si estamos convencidos de que no podemos tener éxito, no lo tendremos. Por otra parte, si confiamos en la soberanía y la fortaleza de Dios que obran en nuestra vida, lograremos triunfar.

Si le exige a su hijo obtener sobresaliente en todas las asignaturas, cuando solo es capaz de obtener notables y aprobados, la presión y el esfuerzo por lograr más crearán un sentimiento de incapacidad en lo profundo de esa joven persona. Usted siempre tiene que hacer el mayor esfuerzo, lucir lo mejor posible y estar en su mejor forma. Sin embargo, si su «mejor posible» está a un cierto nivel, tiene que pedirle a Dios que le ayude a aceptar esto.

Trazarse metas no realistas que Dios no quiere que usted tenga puede conducir a sentimientos de inseguridad, en especial para los niños pequeños. Eso puede crear un sentimiento de frustración y tensión en ellos que les puede llevar a la inseguridad. En vez de crecer creyendo que puede lograr su máximo potencial, un niño puede creer lo contrario: No sirvo para nada. No soy digno. No puedo hacer nada bien. Los padres tienen que establecer principios piadosos para que sus hijos los cumplan.

Alguna gente demanda de sí misma más que lo que Dios les exige. El resultado es una serie de fracasos tras otra.

La mayoría de la gente que está en la cumbre con toda probabilidad podría decirle que la lucha y la frustración que les ha costado llegar hasta ahí no han valido la pena. Por el camino, sus relaciones personales sufrieron y en algunos casos se disolvieron amistades de toda la vida. La amistad y la familia son las cosas que Dios usa para alentarnos y edificar la seguridad de nuestras vidas. No obstante, por lo común esas cosas son las que más sufren cuando estamos tratando de dejar atrás a todos los demás. Nuestra lucha contra la inseguridad nos impulsa a lograr más, pero deja un temible regusto de inseguridad dentro de nuestras emociones que impide que lleguemos a ser todo lo que Dios quiere que seamos.

Entrene su corazón y su mente a concentrarse en el Señor y no solo en las circunstancias en que se halle. Como dije antes, lo que capte su atención lo captará a usted.

Nadie es adecuado, excepto Dios. Él es la fuente de nuestra fortaleza y nuestra suficiencia.

Él no le dará nunca más de lo que usted pueda recibir, y si le da una oportunidad, también le dará poder para hacer el trabajo. Ni una sola vez le dejará pelear solo las batallas de la vida. Él es fiel y verdadero y puede confiar en Él a plenitud (Apocalipsis 19.11).

Dios sabe todo lo que ocurre y nada de lo que enfrentamos es mayor que su soberanía.

La gente puede decir que se siente bien cuando están solos, pero Dios no nos creó para que estuviéramos aislados de los demás. Nos creó para que tuviéramos comunión en primer lugar con Él y luego con las demás personas. La forma en que asumimos nuestra relación con Él indica cómo estaremos en la relación con los compañeros de trabajo, los miembros de la familia y otros seres queridos.

Un espíritu valiente no es algo que recibamos al nacer. Obtenemos el coraje por medio de la fe en Dios.

El concepto que tiene de usted mismo no es necesariamente la forma en que usted es. Demasiada gente se ve a sí misma desde un punto de vista negativo.

La persona que está inmersa en el pecado rara vez cuestiona lo que está bien o está mal. En lugar de eso, empieza a ver al pecado como asuntos sociales que necesitan ser definidos por alguien que no sea la Iglesia.

No perderá su salvación cuando comprometa sus convicciones y haga lo contrario a lo que sabe que es lo correcto. Pero se arriesga a perder lo único que tiene la capacidad de mantenerlo estable en tiempos de problemas, que es su comunión íntima con el Salvador. Dios no va a competir con el pecado. Cuando la transigencia y el pecado están presentes, Él puede escoger retirar Su guía y amistad hasta que usted confiese su maldad.

La transigencia se produce cuando usted y yo hacemos concesiones para creer o actuar de una forma determinada. Sabemos que lo que hemos hecho o dicho es imprudente y pecaminoso. También puede ser destructivo.

La transigencia de Lot lo llevó a Sodoma. La transigencia de Abraham casi le costó su esposa. La transigencia de David en cuanto a Betsabé le costó un hijo. La transigencia de Pilato en cuanto a lo que sabía que era cierto le costó la oportunidad de conocer al Salvador. La transigencia es costosa.

Ir a la iglesia no nos asegura un puesto en el reino de Dios. Somos salvos por la fe, pero una falta de deseo de estar en su casa por lo común indica que hay algo mal, desbalanceado; es el primer paso hacia el fracaso. Es solo mediante el tiempo invertido en la adoración y el estudio de la Palabra de Dios que aprendemos Sus caminos y principios.

Habrá momentos en que Él le guiará de una forma que no parece tener sentido desde la perspectiva humana. No obstante lo que usted piense, manténgase en el sendero que Dios le ha escogido para el viaje, porque Él sabe lo que más le conviene. No ceda en cuanto a lo que usted cree que es verdadero. Él sabe lo que le espera en el futuro. Puede que permita que pase por un tiempo de incertidumbre porque le va a bendecir en abundancia. Aprender a esperar y confiar en Él para ver los resultados es una tremenda lección.

Cuando llega un desafío, las primeras preguntas que necesita hacer son: «Señor, ¿cómo quieres que yo responda a esta situación? ¿Cómo quieres que yo considere esto? Ayúdame a conocer tu voluntad, o al menos a aceptar lo que no puedo cambiar».

Nunca debemos olvidar que no tenemos derechos en lo que concierne al perdón y la obediencia a Dios. Perdonamos porque Él nos manda a que lo hagamos. Eso no significa que lo que le hayan hecho a usted esté bien. Dios no deja escapar a la persona que le hizo daño. Usted perdona porque eso es lo que Él desea que haga.

Nuestro mundo no tiene las herramientas adecuadas para reparar este tipo de pena y quebranto. Los consejeros seculares pueden alentar a la persona a seguir la vida, a mirar más allá del momento, a apretarse los pantalones y no ceder a los sentimientos de miedo, pero solo Jesucristo puede llegar a lo profundo del alma de la persona y sanar la confianza destruida que el pecado ha dañado tan en lo profundo.

Ore por la persona que le ha ofendido. Al principio podrá ser difícil, pero la forma más rápida de desactivar la mina del rencor es mediante la oración.

Dios usa la gente quebrantada, a los que han sufrido heridas indecibles, pero es difícil que use a personas airadas y amargadas que en lo único que piensan es en cómo pueden recibir justicia por un mal que se les ha hecho.

El perdón no significa que neguemos que el hecho que nos ha acontecido está mal. En vez de eso, trasladamos nuestras cargas al Señor y le permitimos llevarlas por nosotros.

No hay duda de que los que han pecado contra nosotros van a sufrir; no obstante, sufrimos también cuando nos negamos a hacer lo que Dios nos manda: a perdonar y a permitir que Él trate con los que nos han ofendido. Puede que nunca veamos la retribución que Él da de parte nuestra. Ese no es el asunto. Si eso se convierte en el asunto, nos estamos condenando a convertirnos en amargados y, antes de que nos demos cuenta, nos estaremos apartando de nuestra devoción al Señor.

La consecuencia más trágica del rencor es la incapacidad de amar.

Nunca perdemos cuando obedecemos a Dios. Él nos bendice incluso cuando lo que estamos haciendo es difícil y duro de entender.

Cuando llegue la desilusión, no se rinda ni ceda a los pensamientos de desaliento. Uno nunca sabe lo que Dios tiene en espera para uno. Como David, puede pasar por una larga temporada de espera en que el desaliento parece seguir cada uno de sus pasos. Sin embargo, cada secuencia de pruebas preparó a David para algún aspecto del trabajo que iba a tener un día.

Con frecuencia lo que más necesitamos escuchar en tiempos de problemas es a Cristo diciendo esas mismas palabras a nuestro corazón. «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14.18).

La pregunta que hay que hacerse cuando lleguen las pruebas es esta: «Señor ¿qué es lo que tú quieres que yo aprenda de esta dificultad? ¿Cómo puedo parecerme más a ti por padecer este dolor, por viajar por este camino, por someterme a esta aflicción?».

Con frecuencia, al enfrentarnos a la desilusión, queremos culpar a alguien de nuestros problemas, o culpamos a Dios. Hay veces que nadie tiene la culpa. Los problemas llegan porque son parte de la vida. Sin embargo, la reacción de usted ante ellos es lo importante.

La definición de la depresión es sencilla: la ira vuelta hacia adentro.

«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10.13). En este contexto Pablo usó la palabra tentación para decir sufrimiento, desilusión y prueba.

David admitió que había un problema. No trató de negarlo ni de desatenderlo. Fuera lo que fuera lo que enfrentaba, se sentía en tinieblas y presionado. Recuerde: había sido ungido como rey de Israel, pero Dios todavía no le había colocado en el trono. Cada día lo vivía con una promesa de Dios guardada en lo profundo de su corazón.

Una persona temerosa se pregunta qué dificultad o situación de prueba le está aguardando en el siguiente recodo del camino. Le preocupa que algo salga mal y que esté mas allá de su capacidad resolverlo. No se da cuenta de que al entregarse al miedo ha pisado uno de los artefactos más destructivos que existen: la mina del temor.

Por lo común, el temor llega cuando nos sentimos inseguros de nuestra situación.

Puede que la tormenta ruja alrededor suyo. Puede haber perdido su trabajo, o acabar de recibir noticias de que tiene una enfermedad grave. Su corazón se acelera de solo pensarlo y no sabe lo que va a hacer. Pero Dios sí, y aunque parezca que está callado o «dormido», no lo está. El salmista nos asegura: «Ni se dormirá el que te guarda» (Salmo 121.3). Por lo tanto, puede confiar en Él para que le mantenga firme cuando las tormentas de la vida soplen duro contra usted. La victoria sobre el miedo la obtendrá cuando aprenda a enfocarse en el Salvador y en las enseñanzas que tiene para usted.

Cuando usted ignora la soberanía y el tremendo cuidado providencial de Dios, termina por enfrentarse al miedo. Puede preguntarse: «¿Sabía Dios que yo iba a quedar cesante en el trabajo?». La respuesta es sí. Entonces la pregunta cambia: «¿Por qué no hizo nada para impedir que eso ocurriera?».

Nunca podré estar agradecido lo suficiente a Dios por mi lucha contra el temor, porque fue el catalizador que me llevó a una relación más cercana con Él. Considere esta posibilidad: Dios puede haber permitido que usted sintiera miedo para revelarle más de sí.

La mayoría de los eventos que tememos nunca se realizan. Nuestros temores son infundados. Mientras nos preocupamos por el próximo fracaso, muerte y destrucción, Satanás se sonríe, porque sabe que tiene toda nuestra atención. Lo que cautiva su atención le cautiva a usted.

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. Buscarás a todos los que tiene contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra. Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo (Isaías 41.10-13).

Aunque el temor no pueda matarle desde el punto de vista físico, puede paralizarle y crearle tal sensación de ansiedad que adquirirá una enfermedad, emocional y física. Esta es una de las armas más poderosas de Satanás, y a él le agrada usarla contra nosotros en cada oportunidad. Vigila cada uno de nuestros pasos, buscando una brecha en nuestras emociones.

Una mujer anciana admitió que no salía mucho de noche: «Suceden cosas», dijo con un suspiro, «y hay muchas cosas malas que pueden ocurrir». Tener precaución es bueno, pero estar temeroso no está de acuerdo con el plan de Dios para su vida. Las cosas malas pueden suceder y le suceden a cualquiera, en cualquier momento. Pero el temor se vuelve un problema de verdad cuando nos concentramos en él. Juan escribió: «El perfecto amor [el amor de Dios] echa fuera el temor» (1 Juan 4.18). Cuando usted tiene el amor de Dios en su corazón, puede vencer la mina del temor porque tiene la mayor fuente de aliento, esperanza y fortaleza morando dentro.

Dios quiere que saquemos provecho de nuestros temores al no permitirles que nos controlen. En lugar de eso, podemos aprender a usarlos como peldaños para ascender a un nivel mayor de fe en Cristo al confiar en Él para que nos guíe, nos mantenga seguros y supla nuestras necesidades.

«Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen» (Salmo 34.9).

Las personas que no leen ni estudian la Palabra de Dios son como barcos sin timón. Puede que estén flotando, pero no tienen un sentido real de dirección en su vida. Cuando uno tiene la Palabra de Dios oculta en el corazón, al llegar la pena, la desilusión o el temor, el Espíritu de inmediato le recordará las palabras del Salmo 27: Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?… Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón. Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado (vv. 1, 3).

En el Salmo 46, el salmista escribe: Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar (vv. 1, 2).

El mundo no consuela a los fracasados, a las personas que son marginadas o están entregadas sin esperanza a una adicción o a pasiones desaforadas.

Al principio el pecado parece una aventura, pero con rapidez se convierte en un lugar de mucha ansiedad, secreto y preocupación.

En momentos de arrepentimiento, usted coincide con Él en que sus acciones y actitudes estaban equivocadas y que está dispuesto a apartarse del pecado. Eso es lo que quiere decir arrepentimiento. Nos apartamos del pecado que ha causado la separación de Dios, pero también nos volvemos hacia Él, y reconocemos nuestra necesidad de Él y de Su verdad.

Dios es fiel y enviará un aviso a nuestro espíritu si estamos a punto de hacer algo que no está de acuerdo con Su verdad y voluntad. Si lo ignoramos, Él puede persistir. Sin embargo, puede que permita que cosechemos lo que sembramos, para mostrarnos los efectos devastadores del pecado.

Durante su vida usted cometerá errores. Además, lo mejor suyo tal vez no sea igual que lo mejor de otro. Nunca compare lo que hace con lo que hacen otros. Dios conoce las limitaciones que usted tiene y también sabe lo que es capaz de alcanzar.

Nunca se concentre en lo difíciles que puedan ser sus circunstancias; en vez de eso, concéntrese en Dios, Su fidelidad y Sus recursos y sea agradecido por lo que Él le ha dado.

¿Ha pensado usted en el hecho de que Dios le está tratando de enseñar algo por medio de sus circunstancias? Lo está haciendo. Está en el proceso de entrenarle para un trabajo mayor. Sin embargo, lo que puede echar por tierra sus esfuerzos es una actitud de pereza.

Habrá momentos en que lucharemos contra una fuerte tentación y prueba. A veces será como resultado del pecado, y otras vendrá como parte de la vida en un mundo caído. Las minas pueden estallar en ambos casos.

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¡Dios! ¿Dónde estabas?

Diario de un hombre con cáncer.
Roberto Colín “Pplon”

Dios Dónde Estabas

Dios Dónde Estabas


Testimonio de un hombre diagnosticado con cáncer y cómo a partir de esta vivencia pudo hacer suyas las palabras de Job: “De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven”. Y el encuentro se da justo en lo más álgido del proceso. Cada capítulo se va contando por un narrador que contextualiza la experiencia, el propio autor que la desglosa, y remata con algún apunte hecho en redes sociales. Calificación de 10.

Jaculatoria: Oración breve y fervorosa

Nada es para siempre. Nadie está solo.

Ser un creyente no garantiza que se sepa reaccionar ante las cosas que arrebatan la paz y enfrentan al ser humano con su fragilidad. Una pelea surge en la mente del enfermo y las voces del pecado tratan de ganar terreno, tratan de asustar y confundir. Al final, esto es sólo el inicio del camino. La única actitud sensata será confiar en algo más grande y empezar a vivir con una idea: Tengo cáncer.

México es un país donde el precio de enfermarse se paga con crueles realidades. En el sistema de salud pública se pierden las barreras socioeconómicas y es posible voltear a ver las muchas realidades que convergen en una sala de espera. Sin duda, enfrentarse al aparato de salud pública, es un drama aparte.

Es cierto que el sistema tiene burócratas deshumanizados; es cierto que hay gente prepotente que busca saltarse la fila; es cierto que los fondos destinados a la salud terminan en bolsillos de funcionarios corruptos, etc…; pero creo que existe un problema más complicado de resolver y que afecta de fondo nuestras relaciones y acciones como ciudadanos. Somos muchos y no nos damos cuenta. Las instituciones se ven rebasadas, los protocolos superados y existe una gran masa de gente formada para ejercer sus derechos como parte de este estado. Los egoístas jalan agua para su molino sin importar que se trate de grandes presupuestos federales o el $1.50 que cuesta una copia en los pasillos de un hospital.

Dios no mandó el cáncer, no es una “Dioscidencia”, castigo o prueba. Él ha creado un mundo perfecto donde la libertad y la felicidad eran el único plan, pero el hombre ha querido vivir por encima de esos ideales modelando el mundo a su conveniencia, convirtiendo su libertad en un poder para hacer lo que quiera y su felicidad en el hartazgo del placer para los sentidos. Mas al cerrar nosotros mismos la puerta del paraíso, Dios también nos siguió y camina a la distancia para acompañar nuestras decisiones y bendecir a quienes, a pesar del dolor, son capaces de crear por amor.

Suele ser más fácil ser constante cuando se tiene que caminar por caminos difíciles, pues los senderos tranquilos nos hacen confiados y distraídos.

Aprendí que la salud, no es un milagro que se gana cuando uno hace oración con mucha fe, o cuando dice las palabras correctas. La salud se conquista en las cosas pequeñas, en el “abc” del amor personal, en ser fiel en lo poco para poder ser dignos de lo mucho.

Ni quiero que piensen que busco compartirles el terrible viacrucis que he pasado, la verdad es que me ha ido muy bien. Los trámites han sido más o menos ágiles, los doctores son buenos y el miedo es más grande cuando pierdes un papel que cuando te muestran la aguja.

El enfermo es capaz de ver cosas que la gente en la calle no percibe.

Vivimos en un mundo donde Dios inventó las acciones y el hombre las reacciones.

Una mujer admirable que sabe justamente como malabarear las palabras justas y las sonrisas perfectas.

Que la cultura del placer, no olvide que el dolor enseña cosas importantes para vivir.

La adolescencia marca sin duda una nueva pauta de relación que tristemente deja atrás los abrazos y besos que eran tan comunes en edades más tempranas y se aprenden nuevas formas de decir lo que sentimos, más distantes, más disimuladas.

Aprendí a leer su preocupación [del papá] oculta tras la mirada confiada, aprendí a disfrutar nuestros silencios sin sentir el incómodo forcejeo de la necesidad de llenar el vacío con palabras, aprendí a pedirle la ayuda que mucho tiempo no quise pedirle para no incomodarlo.

Mi madre se acercó y me besó en la frente y me dijo: “descansa mi hijo”, pero luego, al alzar la vista para darle el acostumbrado saludo lejano de mano alzada a mi papá, sentí sus manos tomándome del hombro y dándome un tierno beso en la mejilla y diciéndome: “que te recuperes pronto hijo”. Puede ser que las palabras no logren reflejar el gran regalo que me ha dado esta enfermedad al ofrecerme la posibilidad de romper las barreras heredadas de un estilo de vida familiar de relación, lo único que puedo yo concluir es que gracias a esa tarde, cada vez que saludo o me despido de mi papá, ese beso se repite sin pena, sin complejo, sin miedo o prejuicio. Ese beso se lo da el primogénito, un hijo que jamás ha dejado de ver a su padre como el más grande héroe de toda la historia.

Señor. No me cures, sáname. No me sorprendas, acompáñame, no me evites dolor, dale sentido. No busco tu milagro, busco tu camino de cruz y sepulcro vacío…

Ni el dolor de cabeza, ni el persistente vómito, ni los múltiples intentos por encontrar una vena, ni el asco por cualquier cosa que entre a mi boca, ni las incómodas horas tratando de encontrar una posición en la camilla, se equiparan con un dolor más profundo: la ausencia de la mano que se supone corre en auxilio de los que sufren, el Padre, que aguarda asomado a la ventana esperando mi regreso, el consolador, el hombre que curaba si tan solo rozabas su manto. Un dolor que se vuelve grito: Dios, ¿dónde estabas?

Regreso a la cama y ella se da cuenta que estoy sentado con la cabeza entre las manos, me toca y me dice dulcemente: ¿qué tienes amor? Y como si esa ternura fuera el tiro de gracia, mis ojos se cierran con lágrimas de desesperación. Me pongo a llorar, como nunca había llorado y como espero nunca volver a llorar. Duele cada sollozo, no puedo parar de llorar, han sido dos años que me he guardado estas lágrimas, estos reclamos, estos golpes sin explicación, estos silencios, estas ganas de gritarle a Dios en la cara: ¡No existes! Le digo a Cyn, “No siento a Dios, no está aquí, no sé si alguna vez estuvo, no sé si todo esto fue una bonita mentira contada para pasar el rato, si en el momento de la verdad la realidad se impone con el peso de la ausencia de Dios”. Me siento solo, me siento desesperado, esto no tenía que pasar, esto iba a ser una enfermedad de novela donde el autor subraya las cosas heroicas y evita mencionar los terribles momentos de dolor, esto va más allá de lo que mi cabeza pueda manejar, supera mi experto sistema para acomodar piezas de rompecabezas y dar explicaciones convincentes a cosas sobrenaturales. Se me han olvidado las citas bíblicas, se me perdieron las frases, historias y libros que con tanta astucia esgrimía frente al ateo que atacaba a mi Padre, a mi Iglesia, a mi fe. En este momento, no llego ni siquiera a decir: “Elí, Elí, lemá sabactani” pues soy infinitamente más débil que Jesús y estoy perdido, no sabría a donde dirigir la cabeza. Cyn me abraza y comienza a llorar conmigo. Siento su mano tibia y logro reconocer su aroma que me arrebata de ese pequeño infierno, su voz se ha tornado clara y segura a pesar de tener sus ojitos llenos de lágrimas y me dice: “todo va a estar bien amor, dios no nos va a dejar”. Son las palabras más simples que he escuchado en mi vida, la frase más estereotipada, el cliché más común en los casos de la consolación tradicional. No tienen la profundidad de sanación o una oración profunda de sanación y, sin embargo, estoy seguro que ha sido lo más cerca que he estado de escuchar la voz real de Dios.

Fue hasta que me vi desbordado, hasta que dejé de querer usar a Dios, hasta que lloré desconsolado y me dejé verdaderamente en sus manos, que sentí la paz. No quitó el dolor, pero si me sentí en paz. Sólo cuando somos capaces de rendirnos y olvidarnos de los trucos para hacer a Dios a nuestra conveniencia, es cuando tocar el fleco de su manto, escuchar una palabra suya basta para sanar, recibir las migajas que caen de la mesa o gritar sin parar “Ten compasión de mí”, serán la materia de fe madura con la que se hacen los milagros.

No existe un camino divino para enfrentar el dolor. Job reclamó, Elías se enojó, Moisés se desesperó, cristo mismo pidió que apartaran la copa, pero ninguno dejó de hablar con Él.

La vida no acaba con la muerte, sino con la decisión de no vivirla.

Gracias Señor, por estos 1022 días en los que pude dejar de oír de ti y empezar a sentirte en mi realidad desbordada de amor.

Hoy me tomé un café mientras hablaba de proyectos y mientras disfrutaba de la plática, valoré el sabor de las cosas, tanto el de un rico capuchino como el de una buena conversación. Esto lo tuve que aprender a apreciar por causa del químico en la boca, que no te deja hablar y te enseña a escuchar.

Así que te invito a que compartas tu vida con los demás, tu dolor, tu problema, tu divorcio, tu pérdida. Que tomes papel y lápiz como le propuse a Roberto y hagas un recuento de momentos, pues es la única forma de tomar distancia y verme junto a ti.

Besando mis rodillas

Jesús Adrián Romero

Besando mis rodillas

Besando mis rodillas


En este libro, Jesús Adrián Romero nos da su punto de vista sobre distintos temas de actualidad, con algunas ideas poco ortodoxas, lo que le ha valido que ha últimas fechas su popularidad haya decaído. Puede uno estar de acuerdo o no, pero hay que leerlo para conocer. Calificación de 8.5

Veranda: es una galería o porche techado abierto.​

La misión de Editorial Vida es ser la compañía líder en satisfacer las necesidades de las personas con recursos cuyo contenido glorifique al Señor Jesucristo y promueva principios bíblicos.

Los conceptos de este libro no traen resolución, más bien te presentan un espacio para que puedas continuar su composición.

En una ocasión escuché a alguien decir que cuando estaba en casa anhelaba estar de viaje y cuando estaba de viaje anhelaba estar en casa. Será que ¿no encontramos nuestro hogar?

Casi siempre el inicio de la vida cristiana parece una eterna primavera. Los nuevos creyentes no conocen el invierno o el desierto. Están viviendo una luna de miel, pero la luna de miel no dura todo el tiempo. Tenemos que dejar de ser niños, tenemos que crecer, madurar.

El verano es un tiempo de mucho trabajo, de mucho sol, de crecimiento y cosecha. En esta etapa, la tierra es fértil y nuestros esfuerzos dan fruto, los ministerios florecen, las iglesias crecen.

La necesidad nos enseña… nos ubica… nos regresa al centro. Así que después de la cosecha y la abundancia, después de las conquistas y las vacas gordas, inevitablemente llegará el otoño y con el otoño llegarán los días grises. El otoño es un tiempo de cambio, parecido a la primavera pero al revés. Las flores se secan y comienzan a morir. Las hojas de los árboles se apergaminan y empiezan a caer. El viento sopla y la lluvia cae. Los días se hacen más cortos. El cielo se nubla y nuestra actitud también.

Durante el otoño, muchos sufren de depresión y ansiedad, y aunque suene a tabú, los cristianos también sufren de depresión y ansiedad, y van a terapia con el psicólogo. La depresión y la ansiedad son sentimientos que vienen con el otoño espiritual, y con mucha frecuencia son el resultado de haber perdido la conexión con Dios, esa conexión que nos da vida, significado e identidad. En el otoño muere el verano, y mientras más productivo haya sido nuestro verano, más gris veremos nuestro otoño, porque es mucho más lo que estamos perdiendo, mucho más lo que estamos dejando. Muchos se aferran a cosas que tienen que soltar; un ministerio, una relación, un sueño… y aunque el otoño no siempre significa que dejaremos de hacer lo que estábamos haciendo, sí significa que vienen cambios. Durante los otoños, el trabajo que antes era un deleite se convierte en una carga. Entonces, los resultados que antes se lograban con facilidad, ahora se alcanzan con mucha dificultad. Al igual que en los veranos, nos cansamos, pero este tipo de cansancio nos quita el sueño, y a veces sufrimos de insomnio, nuestra mente da vueltas y quisiéramos poder apagarla. Este es el tiempo de la rutina. Caminamos en automático… hacemos las cosas por inercia y responsabilidad más que por pasión.

En el invierno enfrentamos la desesperanza y perdemos la confianza.

Por mucho tiempo no entendí a las personas que piensan en el suicidio, tenía compasión de ellas pero no las entendía. Mi mente decía: con tanta belleza, tanta vida, tanta alegría, tantas cosas buenas, ¿cómo puede alguien pensar en el suicidio? Y aunque nunca he pensado en el suicidio, sí he conocido por momentos la desesperanza del invierno, y cuando cruzas por un crudo invierno puedes llegar a entender a los que no tienen esperanza.

En el invierno todo muere y en el invierno espiritual debemos morir. Aunque la muerte suene como el fin, en la vida espiritual no lo es. Fue a través de la muerte que Jesús triunfó sobre sus enemigos.

Cada invierno es un tiempo para pensar en las cosas que deben morir en nosotros. Mientras más tiempo nos tome entenderlo, más largo será nuestro invierno.

Hay ministerios que deben morir para descubrir lo nuevo que Dios tiene para nosotros. No podemos dar la bienvenida a Isaac si nos hemos conformado con Ismael. Aunque en los inviernos Dios parece distanciarse, es cuando más cerca está de nosotros. Jesús camina a nuestro lado, pero como los caminantes a Emaús, no le reconocemos porque nuestros ojos están vendados. Es durante los inviernos que más oramos y, aunque nuestras oraciones parecen no encontrar respuestas, es cuando más crecemos. Curiosamente, después de haber atravesado un invierno, después de haber pasado por una situación devastadora en la vida, la mayoría de las personas dicen: fue lo mejor que me pudo haber sucedido.

No hay crecimiento espiritual sin invierno.

Lo largo de nuestro invierno dependerá de qué tan dispuestos estemos a morir.

Somos parte de una generación que se ufana de practicar una fe urbana, moderna y sofisticada, pero el peligro de practicar una fe moderna es que podemos perder la conexión tan necesaria con el pasado.

Hay tres ramas de la iglesia cristiana; la católica, la evangélica y la ortodoxa. La ortodoxa es la más antigua de todas. Sus orígenes datan de los primeros apóstoles. Se encuentra mayormente en el Medio Oriente y partes de Europa. Turquía tiene algunas de las iglesias más antiguas del cristianismo.

Para los artistas religiosos de la antigüedad había una diferencia entre pintar una pintura y crear un icono. Aunque ambos eran hechos por un artista, la pintura se pintaba mientras que el icono se escribía, por eso es que ese tipo de cuadros con iconos eran llamados iconografías. A través de los iconos contaban la historia bíblica, la historia de la redención y la fe. Los iconoclastas eran los destructores de iconos. Así es la iglesia moderna.

Nuestras reuniones tienen muy poco misterio. Somos parte de una generación que quiere entender y solucionar todos los rompecabezas. Queremos resolver el misterio de Dios.

Las oraciones litúrgicas son oraciones escritas. Algunas de ellas se escribieron hace cientos de años y han sido utilizadas por creyentes ortodoxos a través de los siglos. Estas oraciones están llenas de Biblia e historia.

La iglesia se ha convertido en un ejército de personas que visten, piensan, cantan, adoran y oran de la misma manera. Al desarrollar este tipo de iglesia estamos menospreciando la inmensa creatividad de Dios. Dios nos hizo distintos, y debemos practicar la vida espiritual de distintas maneras.

Por mucho tiempo rechacé mi temperamento hasta que un día me di cuenta de que los dones y el llamado que Dios tenía para mí iban a fluir a través de mi temperamento, y empecé el proceso de aceptarme tal y como Dios me había hecho. Algo muy interesante empezó a suceder, un río de canciones empezó a surgir dentro de mí. Lo que sucedió fue algo muy simple, acepté mi temperamento de músico. Como tal, soy melancólico, introspectivo y hasta bohemio, y al aceptarlo, el don de Dios de la música empezó a fluir en mí.

Los artísticos crecen espiritualmente a través de expresiones de arte. Muchas personas artísticas se sienten incómodas con expresiones emocionales fuera de control.

El problema moderno no es el escepticismo, sino la credulidad.

Molesto con los judíos que estaban instigando a los gálatas a circuncidarse, Pablo les dice que deberían de castrarse. «¡Ojalá que quienes los molestan no sólo se circunciden, sino que de una vez se lo corten todo!» (Gálatas 5.12, TLA).

La Biblia no es como cualquier otro libro, pero se debe de leer como se leen otros libros. La diferencia estará en lo que provoca en nosotros.

Para que la palabra penetre, necesitamos leerla, disfrutarla, meditarla e impregnarnos de ella hasta que penetre y llegue hasta los tuétanos.

Hay tantas historias que nos van a desafiar y nos llevarán a cuestionar muchas cosas. Al leer la historia del joven rico debe hacer que nos preguntemos: ¿estaría yo dispuesto a venderlo todo y darlo a los pobres? La historia de la negación de Pedro. ¿Actuaría como Pedro? ¿Haría yo lo mismo? ¿Lo negaría? ¿Cuántas veces has luchado con esos pasajes? ¿Cuántas veces después de leer este pasaje has cuestionado tu fidelidad, tu amor, tu fe, tu cristianismo? A menos que experimentes la Biblia de una manera interactiva, no la has leído.

Después de pensarlo muchas veces me di cuenta de que ambos, Abraham e Isaac, estaban llenos de temor, pero confiados en su padre. Isaac estaba confiado en su padre Abraham, y Abraham estaba confiado en su padre Dios. Ese enfoque me llevó a cuestionar si yo realmente confío como lo hicieron Isaac y Abraham. El pasaje me ha hecho interactuar muchas veces.

«Hagamos tres enramadas» (Marcos 9.5), dijo Pedro cuando el monte en el que estaban se convirtió en un santuario. Aquí me quiero quedar, aquí me siento seguro. Los santuarios son lugares de refugio donde nos sentimos seguros. Cuando David huye de Saúl, está luchado por sobrevivir, sabía que en cualquier momento le podían quitar la vida. Muchos de los salmos que hablan de confianza fueron escritos por David en estos días difíciles de persecución. En su huida, David encuentra refugio en el santuario en Nob, donde Abimelec era el sacerdote y allí es alimentado de pan. El pan consagrado, el pan de la presencia. Además de haber llegado con hambre, David también había llegado al santuario sin espada, y le pide una al sacerdote. Abimelec le responde que la única espada que tenía era la del filisteo Goliat, y David la toma diciendo que no podía haber otra mejor. Cuando David sale del santuario, ha sido fortalecido físicamente y lleva en sus manos la espada de Goliat. Una espada que representaba el respaldo de Dios a su vida. En el santuario, Dios nos recuerda nuestras victorias y recobramos la confianza.

Tradicionalmente se relaciona la palabra «santuario» con la palabra «iglesia» o el lugar donde la gente se congrega para adorar, pero hay una generación emergente que está descubriendo un santuario en su lugar de trabajo, en su escuela, en la casa donde viven y hasta en el baño. Dios está presente en su creación, declara el poeta/profeta: «Toda la tierra está llena de su gloria» (Isaías 6.3).

Hemos encerrado a Dios en las cuatro paredes de un templo, pero Dios está en todas partes y el mundo entero es un santuario.

Eugene Peterson nos dice en su libro Leap Over a Wall: «En los textos bíblicos ser ungido significa que Dios te dio un trabajo. Significa empleo. Se nos está diciendo que hay un trabajo para hacerse, nos ha asignado un trabajo y lo podemos hacer». Jesús fue ungido para su trabajo, David fue ungido para el suyo y después se va al palacio del rey a trabajar como escudero y a tocar el arpa. El ser ungido para el trabajo no se limita al trabajo «espiritual».

El trabajo dignifica, nos da valor y propósito. Nos lleva a proveer para los nuestros.

Haz de tu lugar de trabajo un santuario. Mira las cosas que tienes y que tu trabajo ha provisto. La ropa que usas, los zapatos que traes puestos, la comida que tienes en el refrigerador o en la alacena, la mesa en la que comes, el coche que conduces, aunque no sea mucho es mejor que nada. Dile al Señor gracias porque hay comida para dar en esta casa. Te doy gracias porque pude pagar el recibo de electricidad, el recibo del agua.

Me suena lógico que mientras más cerca estás de Dios, más creativo serás, pero algo sucedió con el arte y los cristianos. De repente se empezó a pasar el arte por un filtro de supuesta espiritualidad por el que muy pocas cosas pueden pasar, y el arte empezó a ser rechazado. El único arte que realmente se acepta en la iglesia es la música.

En muchas ocasiones he estado con algunos de mis músicos escribiendo y de repente surge una melodía, una canción. Sabes que cruzaste el umbral de la creatividad. Se te eriza la piel, sabes que algo extraordinario acaba de suceder, te conectaste con esa voz creativa. Realmente no puedes tomar demasiado crédito por lo que acaba de suceder, el único crédito que puedes tomar es el de haber sido sensible a esa voz creativa de Dios.

En las últimas décadas muchas personas en la iglesia se han vertido en contra de todo. En contra de Hollywood, el cine, las caricaturas, la música, la navidad, y la lista continúa. Dicen que el diablo está en La bella y la bestia, en La cenicienta, en Blancanieves. ¿Por qué será que los cristianos tan fácilmente encuentran al diablo en todo, pero difícilmente encuentran a Dios? ¿No dijo el profeta/poeta que toda la tierra está llena de la gloria de Dios?

De niño creía en Santa Claus, en Superman y en el ratón que me traía dinero cuando se me caía un diente y lo ponía debajo de mi almohada. Ahora que soy grande no creo en ninguno de ellos, pero todos ellos de alguna manera me invitaron a creer, me iniciaron en el campo de la fe y finalmente me dirigieron a Dios. ¿Por qué privar a nuestros hijos de una imaginación que los llevará a Dios? ¿Por qué privarnos nosotros de imaginar y encontrar a Dios en el arte?

La realidad es que si no tenemos relaciones significativas, aunque tengamos a Dios, seguiremos estando solos y fue Dios quien lo diseñó así.

C. S. Lewis tenía muchos amigos, y pasaba muchas horas disfrutando su compañía. En una de sus cartas preguntó: «¿Habrá un placer más grande que el de un círculo de amigos al lado de una fogata?». La gente más feliz es aquella que conecta, que se relaciona con los demás.

C. S. Lewis dijo: «El amor eros nos lleva a tener cuerpos desnudos, pero el amor fileo nos lleva a tener personalidades desnudas».

Como Adán y Eva, todos negamos nuestra necesidad de conexión y nos escondemos, pero no podemos estar siempre escondidos, algún día tendremos que salir de nuestra guarida.

No hay verdadera comunidad sin transparencia.

No hay sustituto para la verdadera comunidad, y no se puede dar en las redes sociales.

Cuando Dios ve a Adán y Eva con hojas de higuera cubriendo su desnudez, hace algo: «Dios el SEÑOR hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió» (Génesis 3.21, NVI). Para darles estas pieles un animal tuvo que ser sacrificado. Este animal era una figura, una profecía de lo que Dios haría miles de años después a través del sacrificio del cordero del Dios que es Cristo Jesús. Así lo declara el autor de Hebreos. Él quiere limpiar tu conciencia para que seas libre, para que disfrutes la relación con Él y con los demás sin esconderte.

Los que son padres de niños con frecuencia se preguntan: ¿cómo les puedo enseñar a mis hijos acerca de Dios?, y aunque esta pregunta es relevante, hay otra pregunta que nos debemos hacer; ¿de qué manera pueden mis hijos enseñarme de Dios? ¿De qué manera mis hijos me pueden acercar a Dios?

En una ocasión cuando Jesús era niño se perdió, y sus padres no lo encontraban. Imagina tal situación, se les perdió, ¡Dios¡ Tal vez María le pregunta a José: «¿Has visto a Jesusito?». «¡Yo pensé que estaba contigo!», le responde José. «¡Y yo pensé que estaba contigo!», replica María. Se les extravió el creador de las galaxias. Después de haberlo buscado por tres días, lo encontraron en el templo hablando con los maestros de la ley, y como padres, cuando lo encuentran, se ponen a regañarlo. Primero pierden a Dios y luego lo regañan.

Los niños viven en un mundo diferente al nuestro. Ellos viven en un mundo espontáneo y natural, donde todo es personal. En cambio, nosotros los adultos dejamos de ser espontáneos y naturales. Nos volvemos almidonados, acartonados y desconectados, batallamos para las relaciones. Hay personas que no se hallan bien con nadie, aunque de niños no eran así.

La paternidad de nosotros los hombres apunta hacia la paternidad de Dios. Nosotros somos padres porque Él fue padre primero. Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar les dijo que empezaran diciendo: «Padre nuestro que estás en los cielos». Los únicos que nos pueden enseñar a ser padres y parecernos más a Dios son los niños.

Creo que tal vez esa sea la razón por la que inconscientemente no queremos que nuestros hijos crezcan. Nos acercan a Dios, nos hacen mejores personas. Queremos que se queden como niños un poco más de tiempo.

Dicen los expertos en ejercicio que si tú haces ejercicio constante por un periodo de tres años, tus células, que tienen memoria independiente, empezarán a actuar como si hubieras hecho ejercicio toda la vida. ¡Asombroso! Tú puedes tener cincuenta años de edad, y si el día de hoy empiezas a hacer ejercicio, en tres años tu cuerpo actuará como si hubieras hecho ejercicio toda la vida.

Una sinécdoque es un recurso del lenguaje literario que utiliza una parte de algo para referirse a un todo. Por ejemplo, cuando se dice que una señorita cumplió quince primaveras, se está utilizando la estación de la primavera (parte del año) para representar el todo (el año total).

Mi identidad estaba estrictamente ligada a mis actividades, yo era lo que hacía, y cuando dejé de hacerlo entré en una crisis de identidad.

Tim Keller, hablando del tema de buscar identidad en el amor y utilizando la historia de Jacob como ejemplo, dice que Jacob pensaba que Raquel vendría a darle lo que su alma necesitaba. Después de haber engañado a su padre y haber obtenido la bendición del primogénito a base de mentiras. Después de haber huido de la casa de su padre porque su hermano lo quería matar. Jacob está en una tierra lejana, solo y lejos de su familia. Tal vez está lamentando todo lo que había sucedido. Cuando ve a Raquel piensa que ella le solucionará todos sus problemas. Que le dará lo que realmente necesita. El escritor de Génesis dice que cuando Jacob la vio «la besó y rompió en llanto». Nunca he visto a un hombre romper en llanto de la manera que este pasaje lo describe. Jacob ve a Raquel como su salvación. Tan seguro está de esto que se dispone a trabajar siete años para que Labán se la dé en matrimonio, mucho más de lo requerido, pero a Jacob no le importa y los siete años le parecieron muy poco tiempo. El desenlace de la historia es conocido por todos. La noche de bodas, en medio de la oscuridad, Jacob no se da cuenta de que le cambiaron a la novia. En vez de dormir con Raquel, Jacob terminó durmiendo con Lea su hermana, la hermana mayor que no era tan atractiva como Raquel. Tim Keller dice: «Ninguna persona, ni la mejor, le puede dar a tu alma lo que necesita. Vas a pensar que te fuiste a la cama con Raquel pero cuando te levantes siempre será Lea».

¿Cuántas veces oramos por algo y continuamos preocupados? Decimos que hemos puesto las cosas en las manos de Dios, pero aún continúan en las nuestras. Creemos que somos nosotros los que vamos a cambiar las cosas y arreglar a las personas. Creo que a veces Dios no contesta nuestras oraciones porque no se lo permitimos.

Le pregunté si no estaba preocupada por lo que estaba pasando en casa y su respuesta inmediata fue que no. «En el momento en que puse esta carga en las manos de Dios, allí la dejé, ya no es mi carga; si no puedo descansar en Dios, entonces realmente no creo lo que dice su Palabra».

Cuando tomamos un día libre, cuando dejamos de hacer las cosas, y dejamos de preocuparnos por ellas, le estamos diciendo a Dios: mi vida es tuya, tú estás en contro, mi trabajo es tuyo, mi negocio es tuyo. Mi ministerio es tuyo.

«En paz me acostaré, y así mismo dormiré; porque solo tú, oh Señor, me haces vivir confiado» (Salmos 4.8). Hemos enfocado este versículo para poner a dormir a los niños, pero no es un versículo que los niños necesitan oír. Es un versículo para adultos que necesitan aprender a confiar y descansar en Dios.

Aunque como iglesia hablamos de ir por los perdidos y rescatarlos, hemos desarrollado una cultura para los triunfadores. Al igual que los hombres de David, se nos ha olvidado que en un tiempo nosotros también estuvimos rezagados. «David se fue de Gat y huyó a la cueva de Adulán […] Además, se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David llegó a tener bajo su mando unos cuatrocientos hombres». (1 Samuel 22.1–2, NVI)

La mayoría de los cristianos no saben cuáles son las preguntas que el mundo está haciendo porque no escuchan. Estamos fascinados con el sonido de nuestra propia voz y listos a dar respuestas. Y aunque nuestra respuesta sea la correcta, a la gente le suena a intolerancia, juicio, odio y condenación.

«Ciertamente el SEÑOR está en este lugar y yo no lo sabía» (Génesis 28.16, LBLA).

Nuestros días corren tan de prisa que no nos detenemos a mirar las zarzas que arden a nuestro alrededor.

La zarza está en llamas cuando me reúno con mis amigos y reímos hasta llorar. La zarza está en llamas cuando juego con mis hijos. Cuando paseo en bicicleta, cuando corro por los campos. La zarza está en llamas cuando veo el sol ponerse. Cuando veo las olas del mar llegar a donde están las rocas y las baña. Una antigua leyenda rabínica cuenta de dos hombres que tuvieron el privilegio de experimentar uno de los milagros más extraordinarios de la historia. Rubén y Simón eran parte de los cientos de miles que Dios liberó de Egipto a través de Moisés. Cuando salieron de Egipto, el ejército de Faraón los iba persiguiendo y llegaron al Mar Rojo. Ellos no estaban a un lado de Moisés cuando este pone su vara sobre el mar y se abre. Empezaron a caminar entre la multitud, sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo, no sabían que estaban caminando en medio del mar que se había abierto. Había algo así como el lodo de arena que se hace cuando baja la marea en el mar y dice Rubén: «¡Esto es terrible!, ¡hay lodo por todas partes!». «¡Sí, qué asco!, responde Simón, estoy lleno de lodo hasta los tobillos». «¿Sabes qué?, le dice Rubén, cuando éramos esclavos en Egipto teníamos que hacer ladrillos de lodo, exactamente como este». «Sí, le contesta Simón, no hay diferencia entre ser esclavos en Egipto y estar libres aquí». Y así siguieron, quejándose y lamentándose, sin darse cuenta de que estaban participando de uno de los milagros más extraordinarios de la historia. Tal vez en este momento estés cruzando el mar. Tal vez ahora mismo estás pisando tierra santa y sea necesario remover el calzado. Tal vez en este momento el cielo se está conectando con la tierra en el lugar donde estás. ¿Te has dado cuenta?

Redimir también significa devolverle la dignidad y el valor a alguien que los ha perdido.

Tu prójimo son todos, especialmente aquellos que no son como tú.

Nuestra interpretación del amor está más de acuerdo al Antiguo Testamento que al nuevo. No amamos como Cristo amó, hacemos una distinción entre nosotros y ellos, entre los de adentro y los de afuera. Creemos en el amor condicional, el amor que se gana, el amor que se merece. Por eso tenemos la palabra amable. Alguien digno de ser amado. Lo experimento cada vez que viajo, en los aeropuertos, en los hoteles. «Gracias, eres muy amable». Como me trataste bien, me caíste bien, te trataré bien, eres digno de amor.

Hay mucha gente a nuestro alrededor que se siente devaluada, olvidada, sola y sin esperanza. Entender la obra redentora en su totalidad implica ayudar a las personas en sus diferentes problemas y regalarles esperanza, no ayudar a la distancia, sino ser amigo de los pobres y débiles. Hay tanto sufrimiento que necesita ser mitigado, tantos daños que necesitan ser corregidos, y aquí es donde entra la obra de la redención. Si cada creyente alrededor del mundo decidiera redimir a alguien, el mundo entero entendería más fácilmente el otro mensaje de la redención. Antes de predicar la redención debemos vivir la redención. Busca alguien a quién devolverle el valor, la dignidad, la honra… que Dios ponga en tu corazón a quién redimir. Cuando leí el versículo de Proverbios 23.10–11 que vimos anteriormente: «No cambies de lugar los linderos antiguos, ni invadas la propiedad de los huérfanos, porque su Defensor es muy poderoso y contra ti defenderá su causa», me quedé pensando en la frase «su defensor es muy poderoso». Seguramente no todas las personas que en el Antiguo Testamento decidían redimir a sus parientes eran poderosas. Seguramente había personas que con dificultad hacían la obra de la redención, pero este pasaje afirma, asume, que todos los defensores son poderosos. Esta es la razón: Cuando nos hacemos del lado de los marginados, nos hacemos del lado de Dios. Cuando decidimos redimir a alguien, estamos haciendo equipo con Dios. Cuando defendemos la causa de los pobres, los oprimidos y los débiles, nos hacemos parte de la causa de Dios. Dios es poderoso y quien decida ser parte de su equipo también lo será. No hay mejor inversión que podamos hacer en esta tierra que redimir al necesitado. «Si ayudas al pobre, le prestas al SEÑOR, ¡y él te lo pagará!» (Proverbios19.17, NTV). De la misma manera, el ignorar al necesitado es una receta para nosotros terminar en necesidad. «Los que tapan sus oídos al clamor del pobre tampoco recibirán ayuda cuando pasen necesidad». (Proverbios 21.13, NTV) «Al que ayuda al pobre no le faltará nada, en cambio, los que cierran sus ojos ante la pobreza serán maldecidos». (Proverbios 28.27, NTV)

Dios no creó el alimento solo para nuestro sustento, también para nuestro deleite.

La realidad es que en la cultura moderna la gente no come de una manera apropiada y mucho menos a la medida.

El comer kosher transforma el comer, llevándolo desde la perspectiva nutricional hasta el terreno de la fidelidad. Si mantienes una dieta kosher, el protagonista de tu comida no eres tú; es Dios.

Antes había cosas que no se comían por algunos meses del año porque no las encontrabas en el mercado. Era muy común que cuando quería comer algo, mi mamá me decía que no era temporada. Ahora encuentras todo en el mercado. Los mercados de antes asaltaban todos tus sentidos, olías y veías la carne de la vaca que acababan de traer del matadero. El pescado que había llegado en la madrugada del puerto más cercano parecía estar todavía vivo. Las verduras aún tenían tierra en sus raíces. Ahora todo lo traen de alguna parte del mundo. No anticipamos nada. No esperamos nada. El placer es inmediato porque todos los alimentos están a nuestro alcance. Tal vez esa sea la razón por la que en nuestra cultura no sabemos posponer la gratificación o la satisfacción en otras áreas. Estamos acostumbrados a que todo lo que queremos lo podemos tener ahora.

El sexo no sacia…

El sexo se ha convertido en el espejismo más engañoso. Promete mucho, pero cumple poco.

Los antiguos convertían las cosas buenas en ídolos. Los ídolos son cosas a las que les damos atributos que solo Dios posee. Cuando esperamos que el dinero, el trabajo, o en este caso el sexo vengan a llenar nuestros anhelos más profundos, los convertimos en ídolos.

Me fascinan los ruidos en las casas de madera. Crujen cuando sienten el calor, el frío y la humedad y a veces pienso que se acuerdan de cuando eran árboles.

«Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: “Éste es el camino; síguelo”». (Isaías 30.21, NVI)

A veces leemos libros, y a veces los libros nos leen a nosotros.

A veces he estado hablando con personas cuyos pensamientos se sienten dispersos. Parecen tener un déficit de atención. Platican, pero lo hacen volteando a los lados como buscando algo. Juegan con su teléfono y hacen de todo menos concentrarse. A veces me pregunto si Dios se sentirá así con nosotros. No ponemos atención. No estamos presentes.

En una ocasión, Jesús sanó a un hombre de ceguera. Después que puso sus manos sobre él, le preguntó qué era lo que veía. El hombre respondió que veía a los hombres como árboles. Jesús volvió a poner sus manos sobre él para que pudiera ver completamente bien. Tal vez lo mismo necesita suceder con nosotros. A veces nuestra visión no es lo suficientemente clara.

Cristiano generación Facebook

Josué Barrios

Cristiano Generación Facebook

Cristiano Generación Facebook

En estos tiempos que corren donde Internet y sobre todo las redes sociales por ese medio han hecho su aparición de extraordinaria manera, el autor nos da algunas advertencias y consejos de lo que ocurre con nuestro comportamiento en esas áreas de nuestra vida. Resumiendo: debemos comportarnos de igual forma en todos los lugares, incluyendo las redes sociales. Calificación de 7.

Es muy fácil cometer errores en las redes sociales. Por eso tanta gente lo hace.

Ignoramos que las redes sociales son gratuitas porque el producto somos nosotros.

A muchas personas les parece normal que alguien se tome un montón de selfies, pero una vez que piensas en eso, te das cuenta de que es un acto bastante loco e inútil. Míralo de esta manera: ¿Te imaginas a alguien tomarse fotos para pegarlas en una pared, en la calle más transitada de la ciudad, para que la gente le diga si es atractivo, le dé likes, lo apruebe o simplemente para que lo vean?

Presumir es lo que hacemos cuando no tenemos gozo en Jesús.

Hay personas que piensan que la idolatría es cosa del pasado. Que se trata solamente de rendir culto a figuritas hechas con madera o piedra, o lo que sea, arrodillándote ante ellas y adorándolas, pero se equivocan. La idolatría es más que eso. Es en esencia, atribuir a algo más lo que sólo Dios merece. Es buscar tu máximo gozo, no en ¬Dios, sino en cualquier otra cosa. Es darle más valor a algo pasajero, a lo creado, o a una criatura, que al Eterno Dios Todopoderoso.

Hay gente tan pobre que lo único que tienen son seguidores y fama.

Pascal escribió: “La distracción es la única cosa que nos consuela por nuestras miserias. Sin embargo, es la mayor de nuestras miserias. Por encima de todo, es la que nos impide pensar en nosotros y así nos conduce imperceptiblemente a la destrucción. Pero para esto deberíamos estar aburridos, y el aburrimiento nos llevaría a buscar algunos medios más confiables de escape, pero la distracción pasa nuestro tiempo y nos trae imperceptiblemente a nuestra muerte”.

Lo que creo que es malo […] es cuando usamos la distracción para tratar de llenar nuestras vidas con ella.

¿Por qué y cómo Facebook puede entristecernos? El estudio sugiere que posiblemente sea por la envidia que nos puede causar ver sólo el lado feliz de la vida de los demás. Mullins escribe que “algunos investigadores se han referido a este efecto como el ‘síndrome del mundo amigable’, en el que parece que todos la pasan mejor en la vida que uno”. En Facebook las personas suelen hablar sólo de las cosas buenas que les pasan. Debido a que somos pecadores, eso puede invitarnos a ser envidiosos y presumidos

Al ver que, por ejemplo, parece que somos menos populares que otros. Facebook puede ayudarnos a tener una imagen distorsionada de la vida.

Creo que toda generación tiene sus ídolos característicos… y el ídolo de la generación Facebook es sin duda la social media.

En palabras de David Foster Wallace, “No hay una cosa como no adorar. Todos adoramos. La única elección que tenemos es qué adorar”.

Cuando sabes en tu corazón que tienes la atención infinita de Dios que te ama con un amor que supera todo entendimiento (Efesios 3:19), no necesitas la atención de las personas para ser feliz. Los cristianos no viven para los aplausos como Lady Gaga. Cuando sabes que en Cristo lo tienes todo, sabes que las cosas que no tienes no las necesitas y eso, entre muchas cosas, te lleva a renunciar cada día más a la vanidad, hasta en Facebook (por ejemplo).

El evangelio no es “obedezco y por tanto soy salvo”. El evangelio es “soy salvo, por tanto obedezco” (cf. Juan 14:15).

El apóstol Pablo escribe: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Allí no habla de hacer algunas cosas para la gloria de Dios y otras no, sino TODAS las cosas. Ese breve versículo resume un universo de cosas para hacer si es posible hacer para la gloria de Dios algo que nos resulta tan normal como comer o beber, también es posible escribir un tweet, subir una foto en Instagram y compartir una imagen en Facebook para la gloria de Dios. No sólo es posible comer o beber para la Gloria de Dios, sino hacer todo en nuestro día a día para Su gloria.

Hacer algo para la gloria de Dioses hacerlo reconociendo y mostrando que Él vale más que todo lo demás. “No de la manera que un microscopio magnifica, sino de la manera en que un telescopio magnifica”. En otras palabras, no tratando de mostrar a Dios más grandioso de lo que Él realmente es (esto es imposible), sino buscando mostrarlo de la forma más cercana a la realidad, tan grandioso como Él realmente es. Fuimos creados para ser prismas que reflejen la luz de la gloria de Dios en todos los aspectos de la vida.

¿Qué significa glorificar a Dios? Piper escribe: “Significa reconocer Su gloria, valorarla por encima de todas las cosas y darla a conocer”.

La gente suele asumir que usar las redes sociales para la gloria de Dios es sólo compartir en ellas contenido bíblico y edificante.

Usar las redes sociales para la gloria de Dios se trata de extender el ministerio que todos los cristianos tenemos.

Las redes sociales no son para olvidarnos de la vida fuera de ellas, sino que son un arma de guerra para compartir con más personas lo que ya compartimos fuera de internet y servirles de esta manera a quienes están lejos.

Dios es glorificado cuando somos cuidadosos con quienes aceptamos como contactos en Facebook porque eso da a entender que buscamos estar firmes en la verdad, huir de las tentaciones, no distraernos innecesariamente lidiando con algunas personas que no admiten sus errores, y no tolerar lo que está mal.

Usar las redes sociales para la gloria de Dios es más que compartir versículos, frases, vídeos o imágenes cristianas. Se trata también de hacer lo correcto cuando estés en ellas. De dar un ejemplo de conducta en tu trato con el prójimo, y no sólo un ejemplo de publicaciones.

Es posible amar más ser conocidos por hablar de Dios, que lo que amamos a Dios. Es posible amar más tuitear sobre Dios que a Dios.

Cada cristiano necesita recordar que debe vivir como para una audiencia de una sola Persona: Dios, el creador del Universo.

También están los que denuncian falsos maestros y critican constantemente a otras personas en Internet, no con intención de edificar, sino por el arte de sonar como radicales, expertos en teología y lucir bien.

Procura ser bíblicamente correcto en todo lo que compartas en Internet. Y es que las personas necesitan la verdad y no algo que luzca como la verdad. El amor se goza de la verdad.

En Internet solemos escribir cosas de las cuales podemos arrepentirnos.

Dios no es glorificado en nuestras vidas cuando tenemos nuestras prioridades mal ajustadas. Las redes sociales pueden acercarnos a personas que se encuentran lejos de nosotros, apartándonos sin que nos demos cuenta de las personas que se encuentran cerca. Cuídate de cometer el error de estropear tus relaciones cercanas por estar muy pendiente de las lejanas.

Apartarte de las redes sociales por un periodo prolongado para no distraerte tanto y enfocarte en lo realmente importante, es algo que recomiendo mucho, porque cuando regresas a la web, empiezas a ver todo desde una perspectiva más realista y no la usas de la misma manera.

Recuerda que lo que dices en Internet tiene un impacto fuera de Internet.

“Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se estime sabio en su propia opinión” (Proverbios 26:4-5)

(Mateo 7:12) La gente suele interpretar mal ese mandamiento al asumir que cuando tratemos al prójimo como queremos ser tratados. Entonces el prójimo nos tratará de la misma manera. La Biblia en varias ocasiones da testimonio de que la gente nos perseguirá y odiará por ser cristianos y amarles. El punto es: No trates a las personas bien para agradarles y que te amen, sino trátalas así aunque no te amen porque Dios es más que suficiente para ti.

Resuelvo no darle a las redes sociales más importancia de la que merecen, quiero usarlas de tal manera , que cuando Jesús regrese no me pregunte por qué estuve tanto tiempo en Facebook y tan poco tiempo estudiando la Palabra de Dios y orando.

El ministerio del tañedor

Barry López

El ministerio del tañedor

El ministerio del tañedor

El autor nos lleva por un recorrido para saber o recordar lo que significa el ministerio de un tañedor (aquel que toca un instrumento), basando el estudio en que Dios busca adoradores en espíritu y en verdad. Calificación de 8

Demuda: Alterar repentinamente una cosa, especialmente el color o la expresión de la cara de una persona.

La palabra hebrea que cumple con las más amplias y holgadas expectativas de Dios con respecto a la adoración verdadera sólo la encontramos en el verbo hebreo ‘shachah’ [shajah], y también en el griego ‘proskuneo’. Ambas significan hacer reverencia postrados e incluyen hacer una postura de todo corazón.

Se necesita más que un simplemente postrarse para adorar a Dios, se trata de una entrega de todo corazón, de un sacrificio de alabanza.

La verdadera adoración se trata siempre de ofrecer, de hacer una entrega.

Todo aquello que no sea una verdadera adoración, se puede definir como idolatría o falsa adoración.

La adoración no es una opción, sino un mandamiento.

Nuestra adoración debe cumplir con dos vertientes: Lo primero es unificar al pueblo, ¿y qué es esto? Sino que todos seamos como uno, de un mismo sentir y un mismo espíritu; operando en el poder del acuerdo, renunciando a toda contienda, iras y disensiones y cancelando todo espíritu de competencia. Lo segundo es alabar y dar gracias a Dios reconociendo que Él es bueno y para siempre es su misericordia.

Hoy día se ha tergiversado el verdadero significado del culto de adoración. Este es el medio que nos acerca más a Dios. La idea de congregarnos debe ser para adorar y provocar su habitación. Muchos creen que lo más importante con relación a congregarse es solo para oír la Palabra de Dios. […] El culto es la parte que nosotros le damos a Dios. La definición del culto es el honor que se tributa religiosamente a lo que se considera divino o sagrado, en nuestro caso es, sólo Dios.

La Palabra no dice que Dios busca verdaderos oradores o verdaderos predicadores. Dios sólo busca a los verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.

Debemos entender que la adoración no es para el disfrute personal o el de la congregación, sino para conquistar el corazón de Dios.

La función de los levitas, además de ser un regalo de parte de Dios a los sacerdotes (hoy apóstoles y pastores), era la de reconciliar al pueblo. Es decir, que la adoración tiene la encomienda de tornar sensible el corazón de un pueblo y luego la Palabra los demuda y los transforma.

Adorar en verdad es adorar con el entendimiento.

Nuestra alabanza debe ser anunciada. Yo puedo orar en silencio, pero mi alabanza debe ser expresada con sonidos y alardeos.

Si queremos ver cosas nunca antes vistas, entonces, hagamos cosas nunca antes hechas.

Buscar el reino de Dios es, acercarnos a Dios.

No se trata de tener para dar, sino de dar para tener.

El orden de prioridad a seguir para verla gloria de Dios debe ser: Adoración, oración y petición.

Grandes necios de la Biblia

Stephen M. Miller

Grandes necios de la Biblia

Grandes necios de la Biblia

Necios siempre ha habido y siempre habrá. Pero más necio se es si no se aprende de las necedades, ya sea de uno mismo o de los demás. El autor nos enlista grandes necios que aparecen en la Biblia. Así tenemos a quienes no saben cuándo decir que no (Adán y Eva), los autoritarios (David), egoístas (Esaú), que discriminan (Amán), que divinizan a los ministros (Ofni y Finees), irresponsables (Jonás), ávaros (Jefté), que hacen un mal ejercicio del poder (Jezabel), que tienen amor al dinero (Judas), son testarudos (Faraón), con ambición desmedida (Nabal), que hacen caso a palabras necias (Sansón) o quienes equivocan el camino (Salomón). ¿Con cuál nos identificamos? Aprendamos. Calificación de 9.

Ese es el punto en este libro: aprender de los errores de los demás.

No es muy difícil ser un necio, solo se necesita un error increíblemente ridículo. Eso es todo.

Algunas personas quienes han estado con la muerte cuentan que la experiencia de estar al borde de la muerte pareciera ser otro tipo de seguridad de Dios.

Adán y Eva sabían que era algo malo comer del fruto, pero lo hicieron de todas formas. Los humanos desde entonces continuamos haciendo lo mismo; ellos saben que algo está mal, pero lo hacen de todas formas.

Decisiones necias, Resultados corrompidos.

Los hombres son propensos a mirar. Pero también están hechos para reconocer los problemas cuando los ven. Es un buey muy necio el que sigue a una bella bovina hacia la tienda del carnicero.

Para muchos de nosotros, un corcho en la boca mejoraría nuestra vida y probablemente haría del mundo un lugar mejor. Tendemos a apuntar con la boca primero, y después reunir los hechos, si podemos reconocerlos hechos pedazos.

Puedo entender el deseo del joven por la otra mujer: de seguro ella era muy amorosa. Pero ella era la mujer amorosa de otra persona. La esposa amorosa de otro hombre. La mamá amorosa de otra familia. El muchacho se la había sacado a todos ellos, pensó que no solo tenía un deseo por ella, pero un derecho por ella sin importar quién quedaba herido. No tenemos idea de cuán lejos llega el dolor.

Si tenemos que hablar, y no podemos ser tan precisos, debemos elegir nuestras palabras cuidadosamente. Debemos traer buenas palabras a vida.

Él [Dios] no quiere que pongamos a un grupo en un nivel inferior a otro. Él nos hizo a todos a su imagen y nos dio una de sus características más importantes: el poder pensar, elegir, amar y crear. Jesús dijo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 19.19). Eso es difícil de hacer cuando pensamos que somos superiores que nuestros vecinos.

«Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él. Y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, vé y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido» (Lucas 14.8-11). No encontrarás muchas enseñanzas como estas en los libros de hoy sobre el éxito. Todavía el mensaje suena verdad. La gente que más respetamos son aquellos que nos tratan como de igual y de amigos, aquellos que nos dejarían su asiento favorito y tomarían un asiento en la fila trasera.

Antes de hacer algo insensato, una buena idea es pasar un momento considerando cuán lejos la insensatez puede llegar.

Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?» (1 Samuel 2. 25)

Tratamos de inflar nuestra fe ya que estamos convencidos de que si tenemos la suficiente fe podríamos hacer cualquier cosa.

La historia de Jonás está en la Biblia por una razón primordial: Para enseñarnos un poco sobre el implacable amor de Dios. Él siempre nos está buscando. No como alguien que está al asecho buscando por personas con extraños placeres. Pero como un padre en búsqueda de su hijo perdido, por ninguna razón que no sea la de ayudarnos. Dios nunca se rinde con nosotros, no importa a donde huyamos y por cuanto tiempo.

Cuando hacemos promesas ridículas a Dios en momentos de desesperación, ¿piensas que es un pecado romperlas?

Jefté sacrificó a su hija en el nombre de Dios. Hay personas en la historia reciente que han matado a otros en el nombre de Dios, más reciente en el enfrentamiento entre judíos, musulmanes y cristianos. ¿Deberíamos matar a los asesinos en el nombre de Dios?

Es normal querer usar los dones que Dios nos dio, fueran musicales, de liderazgo, o el de tener una cubeta llena de inteligencia. Pero cuando usamos esos dones para enaltecernos y tirar a otros en una fosa, estamos yendo demasiado lejos. Somos cristianos. No tenemos la tarea de ayudarnos a nosotros mismos a obtener lo que queremos. Tenemos la tarea de ayudar a los demás en lo que fuere que necesiten. Pedro el apóstol lo puso de esta forma: «Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 Pedro 4.10).

Para dejarlo en nuestra muerte [un legado], debemos construirlo en nuestra vida.

Hemos interpretado mal a Judas, ¿pudiera ser? ¿Qué si no hubiese sido él, quien hizo uno de los hechos más insensatos en la historia de la humanidad, traicionando a Jesús? ¿Qué si fue Jesús el que lo traicionó a él?

Si nosotros no somos las personas tercas, algunas veces no hay mucho más que hacer, más que abrir nuestro caso, observar y orar. Pero si somos nosotros los obstinados, tenemos la opción de eliminar nuestro orgullo, con una cucharada de sentido común, una cubeta de consejos de las personas que ven por nosotros, un camión lleno de la gracia de Dios y si es necesario una pequeña píldora que nivele el desequilibrio químico que lleva a nuestro cerebro al lado de la testarudez.

Hay tantas personas necesitadas que es fácil sentirse abrumado y no hacemos nada por que nos damos cuenta que no podemos hacerlo todo. Pero Dios no nos pide que hagamos todo. Él nos pide que hagamos algo.

La inteligencia de Dios utiliza la necedad humana. Dios no está limitado por nuestra necedad. Su carácter es amor y su misión es la de salvar a las personas del daño que causa el pecado. Nada puede cambiar, ninguna de las dos cosas.

La insistencia constante nos puede derribar, especialmente si viene de alguien que nos importa y aun más si lo tienen todo planeado. Gritos, llanto, y escupir acusaciones designadas para imponer culpa pueden rápidamente derribarnos, haciendo que cumplamos los deseos de los demás, fuera de nuestro sano juicio. Así sea en una reunión de comité en el trabajo o en una discusión familiar en la sala de nuestro hogar, las personas con el tono justo al hablar para obtener lo que desean son poco menos que terroristas, tratando de mantenernos como rehenes y manipular nuestras emociones. No debemos tomar nuestras decisiones por ninguna razón que haga calmar a esta clase de personas. Si están enojados, es su problema. Esta fuera de nuestro control la reacción de las personas a las decisiones que tomamos de nuestro interés. Pero si dejamos que las emociones nos manipulen y nos lleven a tomar una decisión mal, entonces ahí sí es nuestro problema. Piénsalo de esa manera. Ellos tienen un problema y prefieren que lo tengamos nosotros.

La única forma en que el ciclo de represalia termina es cuando alguien decide no hacer lo mismo. Cuando decide hacer lo que no era de esperar, y da la otra mejilla. Nada se ve fuera de lo común, hasta que podemos ser testigos del poder del perdón para sanar las heridas y restaurar las relaciones.

Muchas veces queremos algo de tal manera que haríamos lo que sea por conseguirlo. Establecemos la meta, y la meta se convierte en nuestro dios. Nos entregamos a la misma. Nos obsesionamos. Vamos a la guerra para conseguirlo. Puede ser un trabajo de promoción, un amor interesado, un ahorro, una casa más grande, o una linda carroza llevada por cuatrocientos caballos. Para alcanzar esa meta, mantenemos a nuestros ojos fijos como acero en el allá y entonces, cegados por el aquí y el ahora. En el jardín a nuestros pies pisoteamos a nuestros hijos, esposas, amigos, y colegas. Nadie puede interponerse entre nosotros y la meta.

Los humanos tendemos a meternos en problemas de la misma forma que lo hacen las ovejas. No queremos llegar al borde buscando un precipicio sin fondo. Pero nos vamos acercando allí.

Los límites no están allí para restringirnos, lo están para protegernos, para hacernos saber cuan cerca estamos del problema. La cosa más necia que podemos hacer, es encaminarnos a pasar los límites.

El absurdo equipo que Dios eligió

Nelson Durón

El absurdo equipo que Dios eligió

El absurdo equipo que Dios eligió


Si suponemos que vamos a iniciar un proyecto y necesitamos un equipo de trabajo, estamos seguros que en él no incluiríamos a un joven pastor, tal vez a un millonario, pero no un hombre frustrado, ni a un anciano, ni a un hombre solitario, ni a un campesino, ni a una mujer extraña y menos a un asesino. Pues bien, Dios eligió a hombres y una mujer con esas características para formar un equipo de trabajo. Incluyó a David, Job, Pedro, Moisés, Noé, Gedeón, Rut y Pablo. Un singular equipo que supo cumplir el propósito para el que fueron llamados. El autor nos cuenta la manera en que esto fue hecho. Calificación de 9.5

Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Deuteronomio 6:5. Lo hemos escuchado en sermones. Lo hemos leído en volantes. Se nos enseñaba en la escuela dominical. Tenemos un cuadro colgado en nuestras casas con estas palabras. Pero Job decidió llevar este mandamiento a lo más profundo de su corazón. Su integridad no estaba regulada por sus posesiones. ¿Está usted pasando una situación similar? Tal vez no le ha sido quitado sus posesiones materiales, pero si algo de mucho más valor: su dignidad. ¿Le es arrebatado su entusiasmo por la vida= ¿Le han despojado de la paz por una traición que no imaginaba? Desde la niñez hasta la adultez las personas sufren del despojo. Al niño se le despoja de sus padres cuando un asaltador decide ponerle fin a los días de mamá y papá. La jovencita se le despoja de su dignidad el día que un inconsciente violador encontró la oportunidad para obtener por la fuerza lo que no obtendría por voluntad. A los trabajadores se les despoja de su empleo por reclamar sus derechos. A usted se le despojó de la paz que antes disfrutaba a causa de las preocupaciones, por los compromisos sin cumplir. La pobreza le ha robado al mundo entero los valores. Y Satanás pelea arduamente por despojarlo de lo más importante. De Dios. ¿No cree que esto sea injusto? Lo es. ¿Ha sido despojado de manera injusta? ¿De sus bienes? ¿De su familia? ¿Su salud? Tranquilo. Dios tiene el control. […] Satanás tendrá permiso para despojarnos de algunas cosas. Pero Dios tiene el control.

Demuestre que su amor a Dios no está regulado por sus bendiciones, sino que sus bendiciones vienen por su amor a Dios.

Satanás no puede despojar definitivamente lo que Dios le ha dado. Pero Dios si puede devolverle todo lo que el enemigo le ha robado.

Cuando usted fue colocado en este planeta no traía nada; venía completamente desnudo, pero en su corazón Dios había colocado un propósito. No uno suyo, uno de Dios.

Todos nosotros llevamos un Saulo de Tarso en el fondo. El enojo hacia alguien es evidente.

A Dios no le importó tanto lo que Saulo había hecho como lo que podía hacer en él.

Intentarlo toda la noche es correr una maratón, llegar en último lugar, creer que el resultado es injusto y exigir que se repita la carrera. Intentarlo toda la noche no es simplemente no darse por vencido. Es creer firmemente que las cosas no son como el resultado que se obtiene al primer intento.

Antes de iniciar un nuevo intento, recuerde que debe incluir al Creador.

Dios desafía las leyes de este mundo.

Dios primero mira nuestras cualidades y luego especifica su propósito con nosotros.

Obediencia parcial equivale a desobediencia.

[Satanás] Intenta hacerle creer que las situaciones difíciles representan la ausencia del amor de Dios.

La palabra “odio” la encontramos en 18 versículos de la Biblia .el reglo de Dios, “el amor” lo encontramos aproximadamente en 217 versículos.

¿Quién nos separará del amor de Cristo? Romanos 8:35 ¿Ha navegado alguna vez en esta frase? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Su jefe? ¿Su vecino? ¿Su familia?… ¿Satanás?… No señor. Su jefe le puede robar su tranquilidad por un momento, pero no el amor de Dios. Su vecino lo puede difamar, pero no podrá alejarlo del amor de Dios. Su familia podrá robarle el entusiasmo en alguna cosa que quiso emprender, pero no tiene opción en arrebatarle el amor de Dios. Satanás podrá agrandar sus refugios, pero no puede hacerse ilusiones en despojarle el amor de Dios.

Piense en las peores palabras que represente una de las sensaciones que no quisiera que se volviera a repetir en su vida y luego agréguele… me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. NI la infidelidad de mi cónyuge me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. NI el resultado médico me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. NI mi situación económica me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Ni los desprecios de las personas me podrán separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. NI la tristeza, NI la intranquilidad, NI la ansiedad, NI el desconsuelo, NI la desesperación, NI la incertidumbre, NI el dolor, NI l zozobra… NADA, NI NADIE, me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

No confunda una mala situación con ausencia de Dios. ¿Recuerda la palabra NI? Utilícela siempre que esté pasando por un momento difícil. NI _______ me podrá separar del amor de Dios, de mi padre.

Oportunidades de empleo

Linda Gourdine-Hunt

Oportunidades de empleo

Oportunidades de empleo

Para aquellos que buscamos un trabajo digno, en este libro se encuentran buenas ofertas. Se solicitan: consejeros para jóvenes y pastores; ministros para adultos mayores, encarcelados, enfermos; mentores para pandilleros; misioneros y obreros de la Palabra. Como todo proceso de contratación se incluyen las vacantes ofertadas, los medios para la capacitación y qué hacer para la postulación junto con el formulario de solicitud de empleo. Calificación de 9.

Aprendí que Dios utiliza a personas como mí para hacer Su ministerio. Somos, pues, Sus manos, Sus pies, Su sonrisa y Sus brazos amorosos en este mundo. Nosotros, a quien Él ha dado dones irrevocables, somos la respuesta a cada mal social desde el hambre en reservaciones de los indios norteamericanos hasta las matanzas insensatas en Darfur, África.

Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como si vosotros estuvierais en su mismo cuerpo. Hebreos 13:3.

Los guardias son más corruptos que los presos enjaulados.

Algunos nos moriremos a mano de los hombres, otro por la falta de esperanza.

A veces el Señor Jesús nos envía a los muchos. En otras ocasiones, a una sola.

Cuando comas el trabajo de tus manos, bienaventurado serás y te irá bien. Salmo 128:2

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro y trabajo en el Señor no es en vano. 1 Corintios 15:58

Para esto también trabajo, luchando según la fuerza de él, la cual actúa poderosamente en mí. Colosenses 1:29

Como madre adolescente, quería ir a la iglesia, pero cada vez que iba, me hacían sentir avergonzada por lo que había hecho. Las madres adolescentes necesitan una iglesia que puedan asistir, y sentirse amadas y recibir ayuda, a pesar de que hayan fracasado en su vida personal.

[Los varones] Nos jactamos de ser la cabeza de nuestros hogares, mas con demasiada frecuencia nuestras mujeres deben recoger los pedazos de la vida que dejamos, porque nos hicimos débiles y nos rendimos.

Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le serán perdonados. Santiago 5:15

El Reino del Señor Jesucristo no discrimina a ninguna persona por razones de raza, religión, origen nacional o étnico, color o sexo.

El espíritu de Absalón

Marcos Canela

El espíritu de Absalón

El espíritu de Absalón

La historia de Absalón, llena de violencia a todos los niveles, sirve de base para que el autor nos muestre todos los efectos que se ocasionan cuando no perdonamos, independientemente de si lo que nos hicieron fue injusto o no. Estos efectos pueden impedir una buena relación con Dios, con los demás y/o con nosotros mismos. Calificación de 9.5.

El abecedario de Dios no es a, b, c, d, sino o, be, de, ce.

Lo que más daña el corazón de una persona es ser maltratado injustamente.

El hombre por naturaleza es sociable, constantemente estamos en contacto con otras personas. A menudo ese contacto se vuelve fricción, la fricción se convierte en molestia, la molestia en tensión, luego viene la ruptura por la ofensa y por supuesto, de ésta proviene la herida, que al no ser tratada da lugar a la amargura. Esto pasa a todos en la casa, en la oficina, en la escuela, en la calle.

La iglesia es como el Arca de Noé, a veces huele mal e incómoda, pero definitivamente… ¡afuera está peor!

No se puede entender lo que a la gente le duele cuando no se ha pasado por una situación semejante, por lo tanto, se debe respetar su sentir y no menospreciarlo.

Cuando un corazón está herido lo primero que pide no es sanidad ni restauración sino “justicia”, o mejor dicho, venganza.

Cuando un cristiano se va de la iglesia por problemas, no se va solo, los problemas se van con él.

Si no perdona las heridas que se le infringen justa o injustamente, tarde o temprano brotará una raíz de amargura.

Dios quiere enseñarnos a perdonar, sin embargo ¿cómo aprenderemos a perdonar si no hay quien nos ofenda? Todos en la iglesia podemos ser buenas personas hasta que se meten con nosotros o con nuestra familia. Mientras nadie nos toque somos casi ángeles, pero cuidado y alguien se atreve a meterse con nosotros porque, repentinamente, aflora lo que en realidad somos y el nivel de madurez que tenemos.

La autoridad está directamente relacionada con la obediencia, es decir, cuanto más obedezco, tanto más autoridad tengo.

No debo hablar de la autoridad pero si puedo hablar con la autoridad.

Muéstrame u nombre rebelde a la autoridad y puedo asegurar que el algún momento de su vida, sea en su infancia, adolescencia o juventud, alguien le ofendió causándole una herida, amargándose por no haber perdonado.

Callar no sana la herida, sólo la infecta más. Callar hace la herida más grande, más profunda. […] Cuando usted no habla lo que le duele, es como vendar la herida sin haberla desinfectado.

Una de las cosas que más causan ir en la familia o en la iglesia, es saber que hay un problema, pero que el papá o el Pastor no tienen el valor de tomar una decisión. Es muy fácil criticar las acciones de los que están en autoridad. La pregunta es: ¿usted qué haría en lugar del rey?

La fe no niega la realidad, la cambia.

Un cristiano amargado toma un texto lo saca de contexto y lo toma de pretexto.

El tiempo no sana las heridas. La distancia no sana las heridas. El único remedio para esto, es tomar la decisión de perdonar permitiendo que la sangre de Jesucristo lave, desinfecte y restaure nuestras vidas.

El perdón no fluye de nuestras emociones, sino de nuestra voluntad, pues el perdón no es una emoción, es una decisión. […] Perdonar significa renunciar a tu derecho a vengarte.

Cuando nos sentimos la víctima o el bueno de la película, es síntoma de que estamos heridos. Y se nos olvida que así como nos han ofendido, nosotros también hemos ofendido.

Cuando no tenemos acceso a la presencia de Dios, lugar donde se aprende humildad y nuestro corazón es tratado hasta ser transformado a la imagen y semejanza de Cristo, entonces comenzamos a centrar nuestra atención en nuestras propis capacidades. En vez de caminar en lo celestial preferimos lo terrenal, en lugar de confiar en Dios, ahora confiamos en la carne.

Lo peor que puede pasar a alguien con un corazón amargado es que de repente algo le funcione bien. Ello le motiva a justificar su proceder –pues al fin y al cabo Dios lo está usando-. El día que tiene la oportunidad de orar por los enfermos y éstos sanan, se justifica con el argumento: “Si yo estuviera mal Dios no me usaría”.

La amargura corrompe la sabiduría.

Es más fácil convertir a un hombre fiel en idóneo, que a un idóneo hacerlo fiel.

Lo que determina el futuro eterno del hombre, no es el pecado que comete, sino l actitud que toma después de cometer el pecado.

Pocas personas la honestidad emocional. ¿Qué tiene de malo decir que tienes problemas? ¿Acaso no están los hermanos y líderes para orar por los afligidos? ¿Por qué nos da miedo mostrarnos tal cual somos?

A través de la esperanza

Nancy Guthrie

Aferrándose a la esperanza

Aferrándose a la esperanza

La autora se basa en el libro de Job para describir y entender su proceso de duelo al sufrir la muerte de dos hijos. Su testimonio es entonces de gran ayuda para quienes se encuentran en un proceso donde lo que se ha perdido es la esperanza. Además en la parte final, hay una sección de “Recursos de las escrituras”, en las que se encuentran versículos escogidos de La Palabra para cada uno de los capítulos del libro y que nos ayudarán a encontrar respuestas. Calificación de 9.5

Job fue elegido específicamente para experimentar gran sufrimiento. Evidentemente fue elegido no porque merecía sufrir o porque estaba siendo castigado, sino debido a su gran fe. Y me pregunté en cuanto a mi propia fe —si yo tenía la clase de fe que soportaría aflicción extrema e inmerecida. Una fe que permaneciera cuando todo tipo de esperanza hubiera desaparecido.

Bueno, creo que ahora ha llegado el momento de la verdad. Aquí es donde encontraré si en realidad creo lo que digo que creo.

Nuestra fe evita que nos dejemos llevar por la desesperación. Pero no creo que haga que nuestra pérdida duela menos.

Nuestra cultura no se siente cómoda con la tristeza. La tristeza es difícil de manejar. Nos deja perplejos. Viene y va y toma su propia forma. Pide ser compartida. Se manifiesta en lágrimas, y nosotros no sabemos qué hacer con las lágrimas. Muchas personas temen hablar de mi pérdida. No quieren hacerme sentir mal. Pero las lágrimas son la única forma que tengo de dejar salir la profunda tristeza que siento. Les digo a las personas: “No se preocupen en cuanto a llorar delante de mí y ¡no teman hacerme llorar! Sus lágrimas me dicen que ustedes se preocupan y mis lágrimas les dicen a ustedes que me han tocado en un lugar que tiene mucho significado para mí —y que nunca olvidaré su disposición de compartir mi sufrimiento.”

Nuestra cultura quiere poner el curita del cielo en nuestro dolor por perder a alguien que amamos. A veces parece que las personas a nuestro alrededor piensan que porque sabemos que el ser que amamos está en el cielo, no deberíamos estar tristes. Pero no entienden lo lejos que se siente el cielo y lo extenso que parece el futuro cuando vemos delante de nosotros los años que tenemos que pasar en la tierra antes de ver de nuevo a la persona que amamos. Afortunadamente, no estamos solos en nuestra tristeza.

Un día después de que enterramos a Esperanza, por primera vez entendí por qué tanta gente trata de aliviar su dolor de maneras tan dañinas. Ese día yo traté de dormir para evitarlo. Y en los días siguientes, descubrí que no podía dormir para evitarlo, comprar para evitarlo, comer para evitarlo, beber para evitarlo o viajar para evitarlo. Simplemente tenía que sentirlo. Y dolía. Físicamente. Me di cuenta de que tenía una elección —podía tratar de ocultar todo el dolor en un armario y fingir que no estaba allí y desear que desapareciera, o podía revelarlo, exponerlo a la Luz, sondearlo, aceptarlo y permitir que sanara.

Una cosa es ir a la iglesia; otra cosa es adorar.

Cuando nuestra piel es aguijoneada por una espina, lo que sale es lo que está adentro: sangre. Cuando nuestras vidas son aguijoneadas por la dificultad, lo que sale es lo que está adentro. Para algunos de nosotros, lo que sale es egoísmo, orgullo, amargura y enojo. Para otros, es el fruto del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5:22-23). Lo que salió cuando Job no sólo fue aguijoneado, sino traspasado, fue adoración.

Adoramos porque Dios es digno, no necesariamente porque “sentimos ganas” de hacerlo. En medio de una crisis, si sólo hiciéramos lo que tenemos ganas de hacer, podríamos permanecer detenidos en un ciclo de autocompasión. Pero cuando adoramos, quitamos los ojos de nosotros mismos y de nuestro sufrimiento o problemas, y los enfocamos en Dios, lo cual pone nuestras dificultades en la perspectiva correcta.

¿No parece que todos nos están observando muy de cerca cuando la tragedia golpea nuestras vidas? Seguramente nuestra adoración en medio del dolor y la aflicción le es particularmente preciosa a Dios, debido a que nos cuesta tanto. La adoración no se hace más fácil, pero es mucho más significativa cuando la ofrecemos con un corazón que sufre. La verdad es que la adoración en estos tiempos puede ser la más significativa que jamás experimentaremos. Tal vez estemos mejor capacitados que antes para adorar porque llegamos a ser conscientes de nuestra desesperada necesidad de Dios y de nuestras propias y asfixiantes debilidades. Tal vez sea porque comprendemos que nuestra impotencia e insuficiencia están en la perspectiva correcta con el poder y la soberanía de Dios.

La respuesta apropiada a un regalo es la gratitud. Eso es lo que vemos en Job. Cuando cayó al suelo en adoración a Dios, aun cuando acababa de perder todo, Job le estaba dando gracias a Dios por todo lo que le había dado. Cuando Job dijo: “El SEÑOR ha dado; el SEÑOR ha quitado,” vemos que Job reconoció que todo lo que tenía era un don de Dios y que Job había aprendido a sostener esos dones con la mano abierta. Es evidente que Job, mucho antes, se había dado cuenta de que sus enormes riquezas no sólo habían venido de Dios, sino que todavía eran de Dios, mientras que él mismo era sólo un mayordomo.

Dios da, y Dios quita. Pero seamos honestos. Nosotros sólo queremos que él dé, ¿no es verdad? Y por cierto que no queremos que nos quite las cosas o a las personas que amamos. Tenemos la tendencia de pensar que el dinero en nuestras cuentas bancarias y las posesiones que tenemos son nuestros —que los hemos ganado. Que los merecemos. Pero la verdad es que todo lo que tenemos es un don.

¿Estaría dispuesto a agradecerle a Dios por un don que le ha dado y que ahora le ha quitado? Tal vez haya sido su cónyuge, su reputación, su seguridad financiera, su salud, su casa. . . . Gracias.

Muchas veces, cuando sufrimientos injustos o inmerecidos llegan a nuestra vida, exigimos que alguien sea responsable —el doctor que cometió un error drástico de juicio, el conductor que había bebido demasiado, el abogado del divorcio que sacó tanta ventaja. Pero al que hacemos responsable la mayor parte de las veces por el sufrimiento en nuestras vidas es a Dios.

Tal vez no lo digamos, pero en el fondo de nuestra mente de alguna forma pensamos que debido a que Job era tan piadoso, él debería haber sido librado del sufrimiento. Pero la verdad es que a menudo la gente que sigue a Dios sufre —no menos sino más. ¿Se ha dado cuenta de que las personas que sufren están marcadas con una cierta belleza, profundidad y transformación? Sin embargo, esto sólo ocurre cuando experimentan el sufrimiento y buscan a Dios en medio de él. De otra manera, están marcadas con amargura y soledad.

El mundo nos dice que huyamos del sufrimiento, que lo evitemos a toda costa, que clamemos al cielo para que nos lo quite. Muy pocos elegiríamos sufrir. Sin embargo, cuando sabemos que Dios ha permitido el sufrimiento en nuestra vida por un propósito, lo podemos recibir en lugar de correr de él y podemos buscar a Dios en medio del sufrimiento. Aceptar el sufrimiento nos lleva a más profundidad en nuestra devoción. “Cualquiera que quiera venir conmigo tiene que dejarme guiarlo. Tú no estás sentado detrás del timón —yo lo estoy. No corras del dolor; abrázalo. Sígueme y te mostraré cómo hacerlo. La autoayuda no es ayuda alguna. La abnegación es el camino, mi camino, para encontrarte a ti mismo, a tu verdadera naturaleza. ¿De qué te serviría conseguir todo lo que quieres y perderte a ti mismo, a tu verdadera esencia?“ Lucas 9:23-25, The Message. Jesús está sugiriendo que hagamos más que simplemente aguantar el sufrimiento. Él nos está invitando a que dejemos de sentir lástima por nosotros mismos y que en cambio nos enfoquemos en aprender del sufrimiento. Jesús no sólo nos invita a aceptar el sufrimiento, sino que también nos muestra lo que representa.

La Cruz es el ejemplo por excelencia de la habilidad de Dios de hacer que todas las cosas obren para bien —aun los hechos más malvados que la Oscuridad jamás haya concebido.

Por cierto que si Dios requirió un sufrimiento tan intenso de su propio Hijo, a quien amaba, para lograr un propósito tan santo, él tiene un propósito para su dolor y para mi dolor. Y tal vez parte de ese propósito sea aprender obediencia de lo que sufrimos.

Debido a que creo que los planes de Dios para mí son mejores de lo que yo planearía para mí misma, en lugar de alejarme corriendo del camino que él ha establecido para mí, quiero correr hacia él. No quiero tratar de cambiarle la mente a Dios —sus pensamientos son perfectos. Quiero tener sus pensamientos. No quiero cambiar el tiempo de Dios —su tiempo es perfecto. Quiero la gracia de Dios para amoldarme a su tiempo. No quiero cambiar el plan de Dios —su plan es perfecto. Quiero aceptar su plan y ver cómo él es glorificado por eso. Quiero someterme. Sé que ha sido muy difícil para algunas personas alrededor de nosotros entender por qué no hemos clamado al cielo pidiendo sanidad. ¿Es porque creemos que es demasiado difícil para Dios? En absoluto. Dios puede hacer cualquier cosa. A menudo, veo al cuerpo de Cristo poner mucho en buscar a Dios para la sanidad. Con gran valor, pasión y persistencia clamamos a Dios, rogando por sanidad física. Y en esas oraciones, a menudo hay una pequeña posdata en la cual decimos: “Si es tu voluntad.” ¿Pero no deberíamos hacerlo al revés? Quizás deberíamos clamar a Dios con osadía, pasión y persistencia en una oración que dice: “Dios, por favor, que se cumpla tu voluntad. Dame un corazón dispuesto para aceptar tu plan y tu propósito? Moldéame en una vasija que puedas usar para lo que tienes en mente.” Y entonces, tal vez podríamos incluir una pequeña posdata que dijera: “Si eso incluye la sanidad, estaremos agradecidos.”

A veces se requiere el dolor para refinar nuestro carácter y para quitar las actitudes egoístas y pecaminosas. El dolor puede hacer eso, o nos puede amargar. Podemos amargarnos cuando no recibimos lo que queremos de la vida.

Al comienzo de mi travesía, le dije a Dios: “Está bien, si tengo que pasar por esto, entonces dame todo. Enséñame todo lo que me quieres enseñar a través de esto. No permitas que este terrible dolor sea desperdiciado en mi vida.”

En lugar de huir de su sufrimiento y tratar de orar para que se vaya, ¿quisiera aceptarlo y buscar a Dios en él? ¿Dejaría que el sufrimiento fuera su maestro para que pueda aprender algo de él que nunca hubiera podido aprender de las situaciones cómodas y fáciles? ¿Estaría dispuesto a aferrarse a la verdad de que para un hijo de Dios no existe el sufrimiento que no tiene significado, y estaría dispuesto a rehusar permitir que el dolor sea desperdiciado en su vida?

A veces se siente como que no hay nada que alivie el dolor, ¿no es así? La gente pregunta qué es lo que pueden hacer por nosotros, pero sabemos que no hay nada que puedan hacer para que el dolor desaparezca.

¿Se encuentra queriendo abandonar la fe que había reclamado ahora que ha sido puesta a la prueba de la adversidad? Así que, ¿adónde va a ir? En su desaliento, ¿adónde va a encontrar el consuelo que anhela con tanta desesperación?

En lugar de continuar preguntando “¿Por qué?” ¿Estaría dispuesto a cambiar su pregunta a: “¿Para qué propósito?”

Confiar en Dios cuando el milagro no llega, cuando la oración urgente no recibe respuesta, cuando sólo hay tinieblas —esta es la clase de fe que tal vez Dios valora más de todas. Esta es la clase de fe que puede ser desarrollada y exhibida solamente en medio de circunstancias difíciles.

Job reconoció que el proceso de entender, de responder a la pregunta “¿Por qué?” no sería completado durante el transcurso de su vida —que sólo en la vida venidera, en la presencia de Dios, todo llegaría a estar claro. Y Job continuó caminando en la oscuridad.

Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. 2 Corintios 4:16-18

Una fe como la de Job no puede ser sacudida, porque es el resultado de haber sido sacudido.

Cuando usted pierde a alguien que ama, el cielo llega a ser mucho más real, mucho más que un concepto teológico o un cliché teatral.

Yo he llegado al lugar en el que creo que anhelar el cielo es uno de los propósitos y uno de los privilegios de sufrir y de perder a alguien que se ama. Yo nunca había tenido ese anhelo antes, pero lo tengo ahora. Una parte de mí está allí, ¿sabe? Y demasiado pronto, tendré a dos hijos esperándome allí. Ahora veo de una manera mucho más completa que esta vida no es sino una sombra de nuestra vida verdadera —la vida eterna en la presencia de Dios. ¿Ha notado cómo algunos de los himnos antiguos tienen una estrofa sobre el “cielo,” y lo maravilloso que será estar “más allá del sol”? Pero hoy en día ni hablamos ni cantamos tanto sobre el cielo porque no anhelamos el cielo —porque estamos muy cómodos aquí. Tendemos a pensar que esta vida en la tierra es todo lo que existe, y por cierto que vivimos de esa forma mucho de nuestro tiempo. Dios quiere cambiar por completo esa perspectiva. Él quiere que vivamos con una perspectiva eterna, poniendo la vida en esta tierra en su lugar apropiado y viviendo en anticipación de una eternidad en su presencia. Si en realidad creemos que la vida verdadera, la plenitud del gozo y una vida libre del dolor se encuentran en una eternidad en la presencia de Dios, ¿por qué nos aferramos a esta vida terrenal con tanto vigor?

Isaías 57:1-2 (rv60) es una porción bíblica que me ha mostrado la perspectiva de Dios y me ha ayudado a cambiar mi perspectiva: Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.

¿Reconocería que lo que a veces se siente como una tragedia en realidad y a luz de la eternidad no lo es?

No sé por qué, pero tenemos la tendencia de querer comparar el dolor. Esto es más difícil que eso. . . esto es más fácil que aquello. . . . Creo que me estoy dando cuenta de que en realidad no se puede hacer comparaciones con el dolor. Todo simplemente duele.

No perdonamos a las personas porque lo merezcan; las perdonamos porque Dios nos ha perdonado por muchas cosas y porque queremos mantenernos en una relación íntima con Dios. Y el beneficio es que a través del perdón somos liberados.

[Dios] nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. Pues así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo. Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. Firme es la esperanza que tenemos en cuanto a ustedes, porque sabemos que así como participan de nuestros sufrimientos, así también participan de nuestro consuelo. 2 Corintios 1:4-7

A veces lo que nos causa más dolor y confusión no es lo que Dios nos dice sino el hecho de que en medio de la dificultad parece que no nos dice nada.

El sufrimiento es un misterio . . . y Job llegó a respetar ese misterio. Job llegó a entender que debido a que sabía quién es Dios, él podía aceptar lo que da Dios —aun cuando no lo entendiera. Dios no eligió revelarle todo a Job. Tampoco él nos revela todas las cosas a nosotros. Y la verdad es que no tiene que hacerlo. Él es Dios. Es el Creador y nosotros somos los creados. Dios no nos debe una explicación. ¿Y qué si Dios lo hubiera revelado todo? ¿Qué si él hubiera explicado su plan y propósito completo para el sufrimiento de Job? Tendemos a pensar que si sólo supiéramos por qué estamos sufriendo, lo podríamos soportar. Pero ¿es cierto eso? De alguna forma creo que aunque Dios anotara todas las razones por las cuales él ha permitido que usted perdiera a su ser amado, contrajera la enfermedad, o sufriera rechazo, todavía, desde su perspectiva limitada, no le parecería algo que valiera la pena. En cambio, él amplía nuestra perspectiva dándonos un vistazo de su habilidad de manejar el universo en contraste con nuestro limitado entendimiento y experiencia.

A menudo escuchamos a la gente hablar acerca de la “vida cristiana victoriosa.” ¿Pero no es la vida de un creyente más acerca de doblar las rodillas, humillarnos y tomar nuestra cruz? Jesús dijo que lo es. “Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.“ Mateo 16:24

Tal vez la lección más importante del libro de Job es que no hay respuestas simples —que aunque Dios puede ser conocido, es también misterioso.

Pérdida:

Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. (Isaías 43:2)

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: “Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!” Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. (Romanos 8:35-39)

Lágrimas:

Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado? (Salmo 56:8)

Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir. (Apocalipsis 21:4)

Adoración:

Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el SEÑOR, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! (Habacuc 3:17-18)

Pero el rey le respondió a Arauna: “Eso no puede ser. No voy a ofrecer al SEÑOR mi Dios holocaustos que nada me cuesten. Te lo compraré todo por su precio justo.” Fue así como David compró la parcela y los bueyes por cincuenta monedas de plata. (2 Samuel 24:24)

Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe. (Salmo 42:8)

Gratitud:

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. . . . Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4:6-7, 12-13)

Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4:18)

Culpa:

Pero el SEÑOR cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor. . . . Que tu gran amor, SEÑOR, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti. (Salmo 33:18, 22)

Sufrimiento:

Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo. . . . Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4:10, 16-18)

De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. (Romanos 8:18)

Desesperación:

Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: “¿Dónde está tu Dios?” Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios. Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! (Salmo 42:3-5)

¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna. (Salmo 73:25-26)

Pero algo más me viene a la memoria, lo cual me llena de esperanza: . . . Por tanto, digo: “El SEÑOR es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!” . . . Bueno es esperar calladamente a que el SEÑOR venga a salvarnos. (Lamentaciones 3:21, 24, 26)

¿Por qué?:

Así que nos regocijamos . . . en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. (Romanos 5:2-4)

Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. (Romanos 8:28)

Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo. (2 Corintios 4:8-10)

Por eso mantenemos siempre la confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del SEÑOR. Vivimos por fe, no por vista. Así que nos mantenemos confiados, y preferiríamos ausentarnos de este cuerpo y vivir junto al SEÑOR. Por eso nos empeñamos en agradarle, ya sea que vivamos en nuestro cuerpo o que lo hayamos dejado. (2 Corintios 5:6-9)

El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. (1 Pedro 1:7)

Eternidad:

Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. (Eclesiastés 3:11)

Devorará a la muerte para siempre; el SEÑOR omnipotente enjugará las lágrimas de todo rostro, y quitará de toda la tierra el oprobio de su pueblo. El SEÑOR mismo lo ha dicho. (Isaías 25:8)

Consoladores:

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. (Salmo 23:4, rv60)

Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. (1 Pedro 5:10)

Misterio:

Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. (Hebreos 11:13-16)

Como está escrito: “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.” (1 Corintios 2:9)

Sumisión:

Sadrac, Mesac y Abednego le respondieron a Nabucodonosor: —¡No hace falta que nos defendamos ante Su Majestad! Si se nos arroja al horno en llamas, el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad. Pero aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua. (Daniel 3:16-18)

Pero yo, SEÑOR, en ti confío, y digo: “Tú eres mi Dios.” Mi vida entera está en tus manos. (Salmo 31:14-15)

Me has hecho pasar por muchos infortunios, pero volverás a darme vida; de las profundidades de la tierra volverás a levantarme. (Salmo 71:20)

Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer! (Salmo 62:1-2)

Si vivimos, para el SEÑOR vivimos; y si morimos, para el SEÑOR morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del SEÑOR somos. (Romanos 14:8)

El SEÑOR recorre con su mirada toda la tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles. (2 Crónicas 16:9)

Intimidad:

El SEÑOR es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia. En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, SEÑOR, jamás abandonas a los que te buscan. (Salmo 9:9-10)

Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. (Santiago 4:8)

Las tentaciones del músico

Martín Valverde

Las tentaciones del músico

Las tentaciones del músico


Como ministro de alabanza se está sujeto a sutiles tentaciones que pueden dar al traste con cualquier buena intención: el protagonismo, la soberbia y el ruido. Existe una extra, la tentación X que dependiendo de las propias concupiscencias, estará al acecho. Para ello, el autor nos sugiere tres poderosas armas: la oración, resistir y huir. Excelente la reflexión basada en el pasaje del pollino, hijo de asna. Calificación de 9.5

Dios te llama para su servicio, y tu disponerte al servicio, también debes prepararte para la prueba: Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. (Eclesiástico 2,1). Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeado por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento (Santiago 1,2-3ss).

La vida es una prueba de principio a fin, y la Gracia es el puente para pasarla con la consoladora certeza de que todo valdrá la pena. Quienes desprecian este puente inevitablemente se ahogan en los problemas de la vida.

En los peores momentos, las pruebas pueden estar rodeadas de una terrible oscuridad, pero cuando estés en ella recuerda que no te encuentras en el fondo de un pozo, sino atravesando un túnel que finalmente tiene salida, Dios te permitirá ver una luz que te conducirá al final del camino.

Cuando somos capaces de entregarle al Señor nuestro arte, éste sufre una transformación radical: de ser un simple talento se convierte en un Don. Un Don que Dios puede utilizar con gran provecho en beneficio de muchos; nuestros instrumentos dejan de ser solo una voz, guitarras, teclados y platillos y se convierten en armas espirituales de alto poder.

En manos de Moisés, un simple cayado fue el instrumento para que obrara prodigios tales como separar en dos murallas las aguas del mar Rojo y para que extrajera gua de la roca. Del mismo modo puede ser la música en tus manos una magnífica herramienta para la liberación de tus hermanos que satisfaga también su sed de Dios, o por el contrario, una peligrosa serpiente de la que tengas que escapar lleno de miedo, porque se te ha ido de las manos y no te encuentras cerca del único que te puede decir como domarla.

La tentación más frecuente de un músico entregado al servicio del Reino es apropiarse del talento que ha recibido de las manos del Señor y pensar que importa más el don del Señor que el Señor de los dones.

El músico cristiano, no importa que tan experimentado pueda ser, cuando canta sin la unción del Señor, a los oídos de Dios, más que cantar, rebuzna.

Si entendiéramos que es Dios y sólo Él a quien debemos agradar, nos ahorraríamos miles de problemas y adelantaríamos enormidades en la calidad de nuestro servicio para la construcción del Reino.

Los grandes públicos son capaces de tirarte ramos y mantos un domingo, gritándote todo pulmón ¡Hosanna!, y el viernes siguiente condenarte a muerte, gritando con la misma fuerza: ¡crucifíquenlo!”.

¿En cuántas ocasiones hemos dejado de servir al Señor poniendo al sonido o a los instrumentos primero que el mandado del Maestro?

La casta de un músico o de un artista no se mide solo cuando todo está en orden, sino cuando somos capaces de sacar lo mejor de nosotros con lo poco que hay para hacerlo y contra el reloj para lograrlo.

No es lo mismos un artista que entona cantos sobre Dios que Dios entonando su propia música a través de la persona del artista.

Este asunto de la soberbia es tan grave que, curiosamente, no sólo es un pecado de hombres. Los mismos ángeles fueron tentados con esta trampa como veremos en el pasaje siguiente: ¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la aurora! ¡Cómo has sido precipitado por tierra, tú que subyugabas a las naciones, tú que decías en tu corazón: “Subiré a los cielos; por encima de las estrellas de Dios erigiré mi trono, me sentaré en la montaña de la asamblea divina, en los extremos del norte; escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo!”. ¡Pero te han hecho bajar al Abismo, a las profundidades de la Fosa! (Isaías 14,12-15).

La caída de Luzbel no fue resultado de su pecado sino su deseo de estar sobre el Creador mismo.

La soberbia es el peor veneno para poder ser hijos de Dios.

Hace muchos cientos de siglos, allá en el Cielo, había una hermosa e inigualable orquesta sinfónica con su respectivo coro, dirigida por el ángel más bello de la creación. Le llamaban el Ángel Artista. Tal era su calidad como compositor e intérprete, que el mismo Mozart era un aprendiz de violín al lado suyo. Este ángel era consciente de su habilidad y su talento y empezó a tomarle gusto a todo eso. Poco a poco fue surgiendo un plan en lo profundo de su corazón: deseó que fuera a él a quien se le cantara y se le compusiera toda esa música magistral. Aspirar a ello significaba ocupar un lugar que le correspondía a Dios, y esto provocó que se armara una trifulca fenomenal en el Cielo. El final lo conocemos bien: él, que era el más bello de los ángeles, acostumbrado a siempre vivir en la Luz, terminó expulsado y degradado a demonio en jefe, artífice del engaño y príncipe de las tinieblas. Fue tan grande su caída que junto con él, la tercera parte de la orquesta fue arrojada de la presencia del Amor. Hoy por hoy, la misión y el servicio del que habían sido exclusivos de estos ángeles, ha sido encomendada a hombres que llenan las vacantes dejadas por los millones de serafines expulsados. Y no sería nada raro, que el espíritu perverso, que siempre ha sido enemigo de los hombres, sienta un odio muy particular por quienes ahora hacen lo que a él le era exclusivo, pues son llamados a adorar y servir al Señor con ofrendas musicales.

Si llegas a creer que estás sobre el resto del Pueblo de Dios y te ocupas sólo de tu propia gloria dejarás de ser útil l Señor. Si nada más piensas en ti, es imposible que trabajes de verdad por tus hermanos.

La humildad no es tener la cabeza baja sino mantenerla a su altura exacta.

Cuando nuestros sueños y luchas se rebajan al nivel de la más avanzada tecnología y nos preocupamos más porque los micrófonos estén calibrados, en perfecta ecualización y volumen, que por escuchar la propia de la conciencia que nos advierte sobre el peligro en que nos encontramos, nos salimos de la verdadera guerra y quedamos expuestos a una herida mortal de los francotiradores de nuestro enemigo.

Es difícil concebir que el compositor del salmo veintitrés pudo hacer algo tan terrible, pero eso nos puede suceder a ti y a mi sin importar las grandes canciones que hayamos compuesto o interpretado, y si nos mentimos y permitimos la entrada de “pecadillos sin importancia” a nuestra vida.

Dios no corrige al músico sino al hijo al que otorgó el don del arte.

La mayoría de las veces que hemos caído en alguna tentación ha sido por cometer la estupidez de creernos el cuento de que podemos vencerla con un poco de esfuerzo, o de creer que no podemos resistirla y no hacemos nada. ¡Huye, colega amigo, de todo aquello que destruirá sin duda tu persona y tu ministerio!

Cuando alguno se siente tentado en hacer lo malo, no piense que es tentado por Dios, porque Dios ni siente la tentación de hacer lo malo, ni tienta a nadie para que lo haga. Al contrario, uno es tentado por sus propios deseos, que lo atraen y lo seducen. De estos malos deseos nace el pecado; y del pecado, cuando llega a su completo desarrollo, nace la muerte. Santiago 1,15

Contracorriente

Luis Enrique Barrientos

Contracorriente

Contracorriente

El autor lo dice muy claro en el libro, la intención es «Conocer lo que cree el prójimo que no conoce de Dios, con el único fin de poder guiarle a conocerlo». Y de esta manera se irrumpe en temas “escabrosos” como la creación y la evolución de las especies. A fin de cuentas de lo que s trata es que el viaje de la vida a contracorriente, por lo menos sea bien cimentado. Calificación de 8.

Para evangelizar, si hace falta, habla.

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Juan 3:12

Hay muchas formas de interpretar lo que Jesús le dijo respecto a lo nacido por agua y por espíritu. Algunos consideran que se refiere al bautismo en agua y por el espíritu. Sin embargo esta interpretación no es la más adecuada por que la salvación no viene por “rituales”, es decir, ¿Qué del cristiano que aún no fue bautizado y muere?… se va al infierno?— NO .Entonces, ¿ qué se refirió Jesús cuando le dijo esto a Nicodemo? Se refirió al Antiguo Testamento, específicamente a Ezequiel: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36:25-27). Este era el tipo de cosas que un fariseo, estudioso de la Ley debía saber.

La teoría de la evolución y la selección natural de Darwin son aceptadas por la comunidad científica. Por lo mismo, como Cristianos, comprendemos dichas cosas aunque no las compartimos, como bien sabe, estamos en el mundo más no somos del mundo. Si usted está siendo enseñado de estas teorías y se topa con exámenes o evaluaciones relacionadas, usted deje claro que la comunidad científica establece la supuesta veracidad de ellas y afirme en su corazón que no las comparte para evitarle inconvenientes innecesarios […]. La presión social y reputación de las personas hacen complicado llevar a Cristo a un grupo. Por lo mismos si desea impactar en la vida de las personas, hágalo en el momento apropiado e individualmente.

[Con el pecado] Esas características de Dios en nosotros se desorientaron y hoy en día en lugar de reflejar a Dios, buscan sentido y justificación que jamás encontraremos. Entonces las características las tratamos de llenar:
1. En lo Espiritual. Con Espiritismo, “El Más allá”, con Religión, Devoción, etc.
2. En lo Personal. Por medio del Éxito y prosperidad personal.
3. En lo Moral. A través de vanas filosofías buscando hacer lo “correcto” cuando sin Dios, lo “bueno” es relativo la realidad en que se vive.
4. Seres Relacionales: Buscando llenar el vacío con Sexo y otros vicios.
5. Seres Racionales: Tratando de acumular conocimiento en búsqueda de una justificación para nuestro pecado y forma de vivir y que le dé sentido nuestra existencia.
6. En lo Emocional: Buscando cosas que nos hagan sentir aceptados y parte de la sociedad.
7. En lo Creativo: Generando y creando cosas que ocupen nuestra mente y que nos lleven al Éxito.

La teoría de la evolución es una búsqueda desenfrenada por encontrar sentido a nuestra existencia y justificar, a través de ella, la razón de nuestra forma de vivir (justificar el pecado que mora en nosotros). Las personas que la creen es porque no están dispuestos a reconocer que necesitan de Dios por miedo a dejar atrás sus deseos pecaminosos. Pero a través del sacrificio de Jesús encontramos salvación, restituyendo nuestra comunicación con Dios para llegar a la santidad y verdad que Él dispuso desde un principio.

Dado todas las probabilidades en contra de la evolución, si la evolución ocurriera, sería un milagro –y eso sería prueba de la existencia de Dios.

Una persona que se considera atea niega la existencia de Dios mientras que el agnóstico considera inaccesible para el ser humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende o va más allá de lo experimentado o experimentable.

La comprensión de la creación no elimina la necesidad del creador, más bien es al contrario.

De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, [a] ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Éstos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo testigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan. Romanos 2:14-15 (NVI). Entonces, para terminar la respuesta. Creo que en efecto, es posible que un Maya, un Inca o de cualquier otra cultura ancestral, pudieran ser salvos. Eso, si y solo si, alcanzaron gracia y favor de Dios, y estos en respuesta creyeron, depositando su confianza en él. Creo que pudo ocurrir que en la época de los mayas, por ejemplo, no todos adoraron a la multitud de dioses que tenían, y que pudo existir alguien que conoció al Dios verdadero. La verdad, no me sorprendería conocer a un primo de Tecun Uman en el cielo, pero eso solo Dios lo sabrá.

No hay situación más engañosa que aquella cuando creemos que vivimos una vida moralmente correcta. No hay momento más incómodo que descubrir que necesitamos un cambio. Y no hay nada que sea más ignorado que ese cambio que debemos hacer a causa de esa misma incomodidad.

Lo que se percibe que es bueno está sujeto a la realidad provocada por todos los agentes externos en lo que un individuo vive. Es decir, lo que una cree que es bueno, para otra persona probablemente no.

Todos los hombres sin Dios pecan desmedidamente. Pero no únicamente ellos, aun los que ya conocen a Dios y han sido lavados por la sangre de Jesucristo caen en pecado. La diferencia está en que unos saben que pecan y otros no.

Los fariseos eran evangelistas: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito (seguidor) y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. Mateo 23:15.

Los fariseos erad diezmadores: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis l menta y el eneldo y el c omino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. Mateo 23:23.

Los fariseos leían su Biblia: Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Jun 5:39

Los fariseos oraban: Recordemos que Jesús hablo respecto a esto y de la forma en que lo hacían, siempre en lugares públicos para que todos los vieran. Mateo 23. Si bien su forma de orar era despreciable, por lo menos se tomaban el tiempo a orar.

Existe una base en común para el cristiano evangélico independientemente de la denominación. […] Esta base recibe el nombre de “Las 5 Solas”. Estas surgieron durante la Reforma Protestante y resumen las creencias teológicas básicas de los reformadores o protestantes que entraban en contraposición con la doctrina católica. La palabra latina “sola” significa en español “solo” o “solamente”. Las cinco solas expresan cinco creencias fundamentales, que los reformadores entendían como pilares esenciales para la vida y prácticas cristianas.

Sola Scriptura (“Sólo por medio de le Escritura) […] solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, es decir, la única fuente de doctrina cristiana, y que es accesible para todos.

Sola Fide (“Solo por la fe Dios salva”) […] La justificación […] se recibe sólo por la fe, sin ninguna mezcla ni necesidad de buenas obras.

Sola Gratia (“Solo por la gracia”) […] la salvación viene sólo por la gracia divina o gracia de Dios.

Solus Christus o Solo Christo (“Solo Cristo” o “Solo a través de Cristo”) […] Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, y que no hay salvación por medio de ningún otro.

Soli Deo Gloria (“La Gloria solo para Dios”) […] toda la gloria es solo para Dios.

Orden bíblico de prioridades de un cristiano: Dios […], Familia ([…] Matrimonio […], Hijos […], Padres […], Resto de parientes), Trabajo […], Comunión entre hermanos de Cristo (Iglesia).

Los primeros convertidos al cristianismo fueron judíos, y la iglesia estaba centrada en Jerusalén. Por esta razón, inicialmente el cristianismo fue visto como una secta judía, semejante a los fariseos, saduceos o esenios.

El Antiguo Testamento proporcionó el fundamento para el Nuevo, y es imposible comprender plenamente el cristianismo sin un conocimiento básico del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento explica la necesidad de un Mesías, contiene la historia del pueblo del Mesías, y predice la llegada del Mesías. En consecuencia, todo el Nuevo Testamento trata de la llegada del Mesías y su obra de salvarnos del pecado. En su vida, Jesús cumplió más de 300 profecías específicas, probando que Él era Aquel de quien el Antiguo Testamento había profetizado.

En el 312 d.C., el emperador romano Constantino, declaró haber sido convertido. Entonces, después de él, los cristianos y no fueron perseguidos. Con el tiempo, fueron los paganos quienes estuvieron bajo persecución, menos que se “convirtieran” al cristianismo. Tal conversión forzada, condujo a mucha gente a entrar a l iglesia sin un verdadero cambio de corazón. Los paganos trajeron con ellos a sus ídolos y las prácticas que ellos acostumbraban, y la iglesia cambio: a la sencillez de la adoración de la iglesia primitiva, fueron añadidos íconos, arquitectura elaborada, peregrinaciones y la veneración a los santos. Por este mismo tiempo, algunos cristianos se retiraron, eligiendo vivir en aislamiento como monjes. Conforme el imperio Romano se debilitaba, la iglesia se hizo más poderosa, y surgieron muchos desacuerdos entre las iglesias del occidente y las del oriente. La iglesia occidental, con su base en Roma, declaró tener la autoridad apostólica sobre todas las otras iglesias. Aún el obispo de Roma comenzó a llamarse sí mismo el “Papa” (el Padre). Esto no fue bien recibido por la iglesia oriental (griega), con base en Constantinopla. Las diferencias teológicas, políticas, de procedimientos y lingüísticas, contribuyeron a que la iglesia Católica Romana y la iglesia Oriental Ortodoxa se separaran rotundamente y rompieran toda relación.

Oportunidades y retos sociales

John Stott

Oportunidades y retos sociales

Oportunidades y retos sociales

El libro forma parte de una serie de cuatro volúmenes que contienen temas que el autor pone en el tintero como un desafío para los cristianos. Temas en los que la iglesia debería tener mayor presencia para ser una alternativa real para todo el mundo, y aunque cuenta con información de más de 10 años de antigüedad, las cifras no han cambiado mucho y siguen siendo de actualidad. En esta tomo, el trabajo, los negocios, la diversidad étnica y modos de vida. Calificación de 10.

Necesitamos aprender a agradecerle a Dios el trabajo como un regalo de él, protestar contra las prácticas injustas y opresoras donde estas existan y animar a la gente a trabajar con integridad, en un mundo laboral que a menudo le falta integridad.

Muchas personas trabajan en su casa, y colaboran en trabajos voluntarios para cuidar niños u otros que dependen de la familia. Esos trabajos pueden ser arduos, pero pasan desapercibidos. Muchas personas que están «retiradas» trabajan tanto en los trabajos voluntarios como lo hicieron en los trabajos pagos que tenían. De hecho, el trabajo de esos que no reciben pago es una contribución tan grande a la sociedad que dependemos de la disposición para hacer trabajo voluntario al igual que dependemos de las personas que están dispuestas a trabajar recibiendo pago por un empleo.

El trabajo es una parte importante en la vida, no lo es todo. No obstante, el trabajo es una de las formas más importantes a través de las cuales expresamos lo que significa ser humano.

El fin del trabajo es la realización del obrero. Es decir, una parte importante de nuestra autorealización como seres humanos se haya, de acuerdo al propósito de Dios, en nuestro trabajo.

El trabajo no es principalmente algo que alguien hace para vivir, sino que uno vive para hacer.

Los seres humanos somos más humanos no cuando trabajamos, sino cuando dejamos el trabajo a un lado para adorar. El día de reposo «hace relativo el trabajo del ser humano, el contenido de los seis días de trabajo. Esto protege al hombre de la absorción total de la tarea de someter la tierra, esto anticipa la distorsión de hacer que el trabajo sea la razón y el propósito de la vida humana».

Las personas retiradas son sabias si buscan un retiro activo, en el que tengan oportunidades para el servicio constructivo, aunque no reciban pago.

«He visto, pues, que nada hay mejor para el hombre que disfrutar de su trabajo» (Eclesiastés 2:20, 24; 3:22).

«El mundo moderno cuida mucho que el cuerpo del trabajador no sufra accidente o daño» y si sufre daño provee compensación. Pero, ¿qué acerca de «su alma y su espíritu»? «Si su trabajo le hace daño, reducirlo a un robot, no importa».

Los cristianos creen que la tercera y más alta función del trabajo es glorificar a Dios a través de este, es decir que se revele y realice su propósito.

«Dios hará todas las cosas a través de ti, él ordeñará las vacas a través de ti y él hará los trabajos domésticos a través de ti, y todos los trabajos, desde el más importante hasta el más insignificante, le agradarán a él».

Laborare est orare, «trabajar es adorar», significa que vemos cómo nuestro trabajo contribuye, aunque sea pequeña e indirectamente, al plan preconcebido de Dios para la humanidad. Entonces cualquier cosa que hagamos se puede hacer para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31).

Trabajo es el gasto de la energía (manual, mental o ambas) para el servicio de otros, la cual trae satisfacción al trabajador, beneficio a la comunidad y gloria a Dios.

¿Cuántos de nosotros miramos nuestras posesiones y nos preocupamos por las circunstancias en las cuales se hicieron esos productos?

El trabajo es un regalo de Dios. Debe satisfacernos, aunque sabemos que la Biblia nos dice en Génesis 3 que desde la caída el ambiente en el que trabajamos puede ser hostil y el trabajo puede ser una lucha.

Cuando uno entiende el lugar central que ocupa el trabajo en los propósitos de Dios para los hombres y las mujeres, se ve al momento que el desempleo es un ataque serio a nuestra humanidad. William Temple, hablando de las personas desempleadas al norte de Inglaterra durante los años de la Depresión, escribió: «La más grave y amarga herida de su estado no es la queja animal (física) de hambre o incomodidad, ni siquiera la queja mental de vacío y aburrimiento; es la queja espiritual de no habérseles dado la oportunidad de contribuir a la vida en general y al bienestar de la comunidad». Perder un trabajo es una experiencia chocante y muchos viven con el temor de que esto les pueda suceder.

Los psicólogos han asociado el desempleo con un duelo, la pérdida de un trabajo en algunos aspectos es similar a la pérdida de un familiar o amigo.

Muchos de los retos emocionales, éticos y espirituales más profundos los enfrentarán dentro del contexto de trabajo. Entonces, es esencial que las iglesias muestren lo importante que es el trabajo, incluyéndolos en sus enseñanzas y al orar por las personas de la iglesia que trabajan y no solo como miembros de la familia o por lo que hagan en la iglesia.

Si el trabajo es importante en la sociedad, entonces debe ser importante en la iglesia.

Aunque es bueno ver que el gobierno apoya la importancia de las iniciativas basadas en la fe, es esencial que esto nunca se haga para que el gobierno evite sus propias responsabilidades de proveer a los que tienen necesidades.

Las comunidades sufren donde hay un trabajo que deprime y degrada el espíritu humano. En tales casos es posible que la iglesia necesite dar mensajes no solo del amor de Dios y del valor de cada ser humano, sino también protestar con lucidez y persistencia para que las condiciones cambien para mejorar.

El trabajo debe ser la forma de salir del empobrecimiento y no la causa para quedarse allí.

Los cristianos no solo necesitan tener interés por la excelencia en la vida de los negocios y, por lo tanto, tener éxito en sus logros, sino que también necesitan interesarse en la reconciliación cuando hay conflicto y en la justicia para todas las personas.

La reconciliación tiene prioridad en la agenda cristiana, porque es el corazón del evangelio. El pecado desbarata las relaciones interpersonales; la salvación las reconstruye. Jesús vino con la misión de la reconciliación. Él es el supremo pacificador; él le dice a sus seguidores que también sean pacificadores.

Oprimir al pobre es insultar a su Hacedor; servirle a ellos en honrar a Dios (ver Proverbios 14:31; 17:5; 22:2). Esta verdad está detrás de muchas de las instrucciones sociales detalles en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, pagarle al siervo su salario el mismo día, preocuparse por el sordo y el ciego, tener compasión de la viuda y el huérfano, dejar la espiga de la cosecha al pobre y al extranjero y administrar justicia imparcial en el tribunal. Este mismo principio también está en el Nuevo Testamento en las instrucciones para los amos y los siervos de respetarse el uno al otro, porque ellos sirven al mismo Señor y son responsables ante el mismo Juez.

Cuando se crea un equipo de trabajadores que sienten que tienen valor y que tienen dignidad, tanto el amor como la justicia son importantes.

A lo que los cristianos deben oponerse es a la inigualdad de privilegios, y lo que debemos asegurar es que las diferencias se deban al mérito y no al privilegio.

Lo que hacen los animales por instinto, el hombre lo hace por decisión.

La tradición cristiana siempre ha enseñado esta verdad bíblica, la libertad moral es un ingrediente esencial en la dignidad del ser humano.

Tomar decisiones es un derecho básico del ser humano, un componente esencial de nuestra dignidad humana.

Los cristianos deben oponerse a todas las formas de trabajo en las que alguien use a los seres humanos. Es cierto, el mal es menor, porque el trabajo es voluntario y lo regula un contrato. Sin embargo, es un contrato que rebaja la humanidad si involucra la renuncia de la responsabilidad personal y obliga a obedecer sin opinar.

Lo que desea el amor, la justicia lo exige.

La función de los cristianos en el mundo de las corporaciones es usar cualquier poder del que puedan disponer para alcanzar la justicia.

El ambiente de los negocios es muy estimulante y exige un nivel profundo de fe práctica al estar rodeados diariamente de «no cristianos» enfrentando con regularidad decisiones difíciles que involucran enormes recursos financieros y pueden afectar el bienestar de miles de personas. Algunos aspectos en particular (donde por lo general los ángeles temen meterse) que a menudo se ven como los aspectos «sucios» del trabajo y donde se espera que el compromiso moral sea inevitable —ventas, publicidad, periodismo y negociaciones— son, desde luego, los que más necesitan una mayor participación de los cristianos. Son estas áreas de tantas exigencias las que exigen niveles altos de integridad y valor y, por supuesto, pueden ser las que más éxitos logren y las que hagan una gran diferencia en la vida diaria de la gente a través del mundo. Hay una larga y honorable tradición de los cristianos que forman el ambiente de los negocios, y como resultado de esto se afectan directamente otras esferas poderosas de influencia, incluyendo el mundo político.

La incompetencia, flojera, entrega tardía o rudeza de los empleados no se debe tolerar más en una compañía cristiana de lo que se tolera en una secular. De hecho, como representante del reino de Dios, debe ser un placer hacer negocios con cualquier organización cristiana.

Es triste, aunque es comprensible, que todavía haya debates acerca de si es bueno ser ético en los negocios. Después de todo, ¿cómo se puede medir el resultado? Realmente es importante ser ético, no importa el resultado.

La gente cumple las promesas porque creen que es correcto hacerlo, no porque sea un buen negocio.

Nestlé vendió leche en polvo para niños a madres en países donde la higiene del agua hacía peligroso su uso. De hecho, esta es una continua crítica a Nestlé.

El salario miserable pagado a los trabajadores de zapatos deportivos por las compañías. Nike alega que en 1992 le pagó $20 millones de dólares al jugador Michael Jordan por patrocinar los zapatos. Esto excede el pago anual de las fábricas de Indonesia que hicieron los zapatos y que lo emplearon para que él hiciera la propaganda.

Cuál es la diferencia entre Tanzania y Goldman Sachs? Uno es un país de África que gana $2,200 millones de dólares al año y lo comparte con 25 millones de personas. El otro es un banco de inversión que gana $2,600 millones de dólares y lo comparte con 161 personas.

Uno de los mecanismos principales que usan las compañías para influir en los gobiernos aparte de la presión política directa, es la amenaza de retirarse del país.

Necesitamos recordar que esos que ejercen poder lo pueden ejercer para bien.

Los negocios no son solo empresas que existen para lograr metas mediante el uso de escasos recursos. También son comunidades de personas, hechas a la imagen de Dios, que necesitan dignidad y respeto. Por lo tanto, es importante que cuando miremos la función de los negocios desde una perspectiva cristiana, veamos que tanto el amor como la justicia son necesarias si la vida del negocio es para honrar a Dios.

El racismo es un penoso pecado que ninguna persona o iglesia debe defender ni practicar […] Como una aberración moral, priva al ser humano de la dignidad, sus obligaciones y sus derechos. Se debe rechazar y oponernos en todas las formas en que se manifieste» (párrafo 112). De nuevo, «Apartheid […] una separación forzada y una división de la gente, no se debe considerar un mandato bíblico. El intento de justificar tal comportamiento como derivado de la Biblia se debe reconocer como un error y denunciar» (párrafo 305), este «contradice la verdadera esencia del amor al prójimo y la justicia entre vecinos, y en forma inevitable la dignidad humana de todos los involucrados.

Yo no estoy en contra de nadie. Yo estoy en contra de ubwana, la mentalidad del jefe.

Una de treinta y cinco personas en el mundo es un emigrante internacional.

Existe una gran cantidad de personas que huyen pero no pasan una frontera para convertirse en refugiados o buscadores de asilo. Se calcula que hay 25 millones de personas desplazadas internamente en todo el mundo, más que el doble del número de refugiados.

Es necesario recordar que la emigración puede tener efectos positivos en la sociedad y en la economía de los países que los recibe. La mayoría de los emigrantes legales que llegan a los países industrializados son personas educadas, el 88% de emigrantes a la OECD tienen educación secundaria y dos tercios de ellos tienen educación más avanzada.

En muchas áreas de la economía británica hay una gran necesidad de tales personas. De acuerdo a la Autoridad del Gran Londres, el 23% de los médicos y el 47% de las enfermeras en Inglaterra nacieron en otros países. Estas personas no le están quitando el trabajo a los ciudadanos, como creen con frecuencia los que practican la discriminación contra los emigrantes. De hecho, son una respuesta para los vacíos laborales en el mercado.

Lo que es «natural» es dado por Dios y heredado; lo que es «cultural» es hecho por el hombre y aprendido. La cultura es una amalgama de creencias, valores, costumbres e instituciones que cada sociedad desarrolla y transmite a la próxima generación. Las culturas humanas son ambiguas porque los seres humanos son ambiguos. «Debido a que el hombre es una criatura de Dios, mucho de su cultura es rico en belleza y bondad. Como ser caído, todo se ensució con el pecado y algo de esto es demoníaco»

No podemos tolerar rivales de Cristo Jesús, si creemos que Dios habló por medio de él y a través de él y que él es el único Salvador que murió y resucitó otra vez y que vendrá algún día a juzgar al mundo. No obstante, nunca debemos permitir que una persona, cualquiera que sea su religión, se discrimine como ha ocurrido con tantos musulmanes en el Occidente después de los sucesos del 11 de septiembre. Debemos luchar por la justicia de todos, aunque proclamemos que Cristo es el único.

En el Antiguo Testamento está la historia de la humanidad dispersa, de naciones alejándose unas de otras, de contención, de peleas. Pero en el Nuevo Testamento está la historia divina de las naciones reunidas en una sociedad internacional. En el versículo 34 hace una alusión, que pocos hombres creyeron, a uno que se llamaba Dionisio, a una mujer llamada Dámaris y a otros más. Así que aquí está el núcleo de la nueva comunidad, en la que hombres y mujeres de todas las edades y de todo origen racial, cultural y social, encuentran su unidad en Cristo.

El «internacionalismo» cristiano no significa que el ser miembros de Cristo y de su iglesia destruya nuestra nacionalidad, masculinidad o feminidad. Por el contrario, esto significa que aunque permanezcan nuestras distinciones étnicas, nacionales, sociales y sexuales, ya no nos dividirán más. Estas se han superado en la unidad de la familia de Dios (Gálatas 3:28).

Combatir el racismo debe comenzar por la forma en que criemos a nuestros hijos. Desde una temprana edad se les puede enseñar el aprecio por una sociedad multiétnica. Las escuelas ahora tienen programas y planes de estudios que destacan la importancia del respeto mutuo entre los diferentes grupos étnicos, y estas enseñanzas se deben reforzar en nuestras casas, iglesias y grupos de la comunidad.

Solo una verdadera teología, la revelación bíblica de Dios, nos puede liberar del racismo. Por ser el Dios de la creación, afirmamos la unidad de la raza humana. Por ser el Dios de la historia, afirmamos la diversidad de las culturas étnicas. Por ser el Dios de la revelación, afirmamos la finalidad de Cristo Jesús. Y por ser el Dios de la redención, afirmamos la gloria de la iglesia cristiana.

Debido a la unidad de la humanidad, pedimos derechos y respeto iguales para las minorías étnicas. Debido a la diversidad de los grupos étnicos, renunciamos a la cultura imperialista y buscamos preservar todas las riquezas culturales que son compatibles con el señorío de Jesús. Debido a la finalidad de Cristo, afirmamos que la libertad en la religión incluye el derecho de propagar el evangelio. Debido a la gloria de la iglesia, necesitamos tratar de librarnos del prolongado racismo y esforzarnos para hacer un modelo de armonía, en donde los sueños multiétnicos se hagan realidad.

[Se] define la pobreza como una amalgama de diferentes problemas: ser invisibles, tener pocos recursos, ser excluidos, no tener poder y ser culpados por los problemas de la sociedad.

Los Obispos latinoamericanos de la Iglesia Católica Romana dijeron en Puebla, en 1979, lo que todavía resuena hoy día: «El cruel contraste entre la lujosa riqueza y la extrema pobreza, que es bastante visible a través de todo nuestro continente y que agrava más la corrupción que con frecuencia invade la vida pública y profesional, muestra hasta qué grado el ídolo de la riqueza domina a nuestras naciones».

El diezmo regular era para apoyar a los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas. (Deuteronomio 15:7ss; Levítico 25:35ss; Deuteronomio 14:29; Levítico 26:12).

«Si el hombre cierra sus oídos al clamor del pobre, llorará también sin que nadie le responda» (Salmo 112:1-9; Proverbios 21:13; 29:7; cf. 14:20ss; 19:7; 31:20; Job 31:16ss; Ezequiel 16:49).

«Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor» (Proverbios 17:5a; 19:17a).

«No tuerzas la justicia contra los pobres de tu pueblo en sus demandas legales […] No aceptes soborno, porque nubla la vista y tuerce las sentencias justas». «No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia». «No le niegues sus derechos al extranjero ni al huérfano». Sobre todo, la razón por la cual repite esto es porque ellos fueron oprimidos en Egipto, y el Señor fue quien los liberó (Éxodo 23:6, 8; Levítico 19:15; Deuteronomio 24:17; 27:19; 15:15).

En Proverbios 31, la madre del Rey Lemuel lo exhorta: «¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos!», «¡Levanta la voz, y hazles justicia!» y «¡Defiende a los pobres y necesitados!» (Salmo 82:1-3; Proverbios 31:8-9; cf. Job 29:11ss; Proverbios 22:22ss; 29:7, 14).

La perspectiva bíblica no es de «supervivencia del más hábil» sino de «protección del débil». Ya que Dios mismo habló por ellos y vino a ayudarlos, su pueblo también debe ser la voz de los que no tienen voz y los defensores de los indefensos.

La iglesia necesita proclamar las buenas noticias del reino a los materialmente pobres, darles la bienvenida, tener comunión con ellos y compartir sus luchas.

Gran parte de la culpa de que haya pobreza es de la sociedad y no de los mismos pobres.

En el contexto de la riqueza Occidental, tenemos tres opciones ante nosotros. La primera es convertirse en pobre, la segunda es quedarse rico y la tercera es cultivar la generosidad, simplicidad y satisfacción.

Enseñaba desde un bote prestado, entró a Jerusalén en un burro prestado, pasó su última noche en una habitación prestada y lo enterraron en una tumba prestada.

Cuando dijo que nadie puede ser su discípulo a menos que «renuncie» a todas sus posesiones y «odie» a sus familiares, necesitamos entender que ambos verbos se usaron como figuras literarias dramáticas. No debemos odiar literalmente a nuestros familiares, ni literalmente debemos renunciar a nuestras posesiones. Lo que debemos hacer es colocar a Jesucristo primero, por encima de nuestra familia y nuestras posesiones.

El antídoto cristiano para el materialismo no es el ascetismo; ser austeros solo por serlo es rechazar los buenos regalos del Creador.

En 1 Timoteo 6:6-10, Pablo elogia el estar satisfechos con lo que tenemos como sigue: Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene. Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores.

Nuestro enemigo no son las posesiones sino los excesos. Nuestro grito de batalla no es “nada” sino “suficiente”». La sencillez dice «si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso».

Tres «ismos» que debemos evitar: el materialismo (obsesión por cosas), el ascetismo (una austeridad que niega las cosas buenas de Dios) y el fariseísmo (atarnos con reglas). En su lugar, debemos quedarnos con los principios.

La vida sencilla es incompatible con vivir más allá de las posibilidades económicas de uno, es decir, pedir prestado para comprar lo que no podemos pagar.

Nuestro Dios es un Dios generoso. Si su amor mora en nosotros, debemos relacionar lo que «tenemos» (las posesiones), con lo que «vemos» (las necesidades de otros) y tomar acción.

El liderazgo no se limita a una minoría de estadistas o mandamases en el ámbito nacional. Este toma diferentes formas en cada sociedad. Los clérigos son los líderes en la iglesia local y en la comunidad. Los padres son los líderes en su hogar y su familia. Lo mismo que los maestros en las escuelas y los profesores en las universidades. Los gerentes en los negocios y en las industrias; los jueces, médicos, políticos, trabajadores sociales y jefes de sindicatos, tienen responsabilidades de liderazgo en su esfera respectiva. También la tienen los formadores de la opinión pública que trabajan en los medios de comunicación: autores y dramaturgos, periodistas, los que trabajan en el cine y en la televisión, los artistas y los productores. Los líderes estudiantiles, en especial desde la década de 1960, han ejercido una influencia que supera sus años y experiencia. En todas estas áreas hay una gran necesidad de líderes con una visión más clara, que sean más valientes y dedicados.

¿Qué es una visión? Es el acto de ver, por supuesto, una percepción imaginaria de las cosas, que combina la perspicacia y la previsión. Pero en una forma más particular, en el sentido que estoy usando la palabra, se compone de una profunda insatisfacción de lo que es y una clara comprensión de lo que podría ser. Comienza con una indignación ante el status quo que se convierte en la búsqueda de una alternativa.

La indignación y la compasión forman una poderosa combinación. Son indispensables para una visión y, por lo tanto, para el liderazgo (ver por ejemplo, Juan 11:32-37).

Apatía es aceptar lo inaceptable; el liderazgo comienza con un rechazo decisivo de dicha aceptación.

En el presente hay una gran necesidad de indignación, ira y afrenta justa por causa de toda la maldad que ofende a Dios. ¿Cómo podemos tolerar lo que él considera intolerable? Pero la ira es estéril si no provoca en nosotros una acción positiva para corregir lo que nos causa ira. «Es necesario oponerse a aquellas cosas que uno considera incorrectas».

Tan pronto como empieza la campaña, se reúnen las fuerzas de oposición, los privilegios arraigados se afianzan todavía más, los intereses comerciales se sienten amenazados y dan la voz de alarma, los cínicos se burlan de la locura de los «que hacen buenas obras» y la apatía se convierte en hostilidad. Pero en la oposición prospera la verdadera obra de Dios. Su plata se refina y el acero se endurece. Por supuesto, pronto capitularán los que no tienen una visión, los que se dejan llevar solo por el impulso de la campaña. Tal es así que los jóvenes que protestan en una década se convierten en los conformistas de la próxima. Los jóvenes rebeldes se hunden en una mediocridad de clase media, de mediana edad, moderada. Hasta los revolucionarios, cuando se termina la revolución, tienden a perder sus ideales.

El liderazgo en equipo es más saludable que el liderazgo solitario, por varias razones. Primero, los miembros de un equipo se complementan unos a otros, se apoyan unos a otros con sus talentos y se compensan unos a otro en sus debilidades. Ningún líder tiene todos los dones, ningún líder debe tener todo el control del liderazgo en sus manos. Segundo, los miembros del equipo se animan unos a otros, identificando los dones de cada uno y motivándose unos a otros para desarrollarlos y usarlos. […] Tercero, los miembros del equipo se rinden cuentas unos a otros. El trabajo compartido significa compartir las responsabilidades.

La gente fuerte también tiene fuertes debilidades.

El justo Noé se emborrachó. El fiel Abraham fue lo suficientemente vil como para arriesgar la castidad de su esposa por su propia seguridad. Moisés perdió los estribos. David quebrantó los cinco mandamientos de la segunda tabla de la ley al cometer adulterio, asesinato, robo, dar falso testimonio y codiciar, todo en ese solo episodio con Betsabé. El coraje solitario de Jeremías se dañó con la autocompasión. A Juan el Bautista, a quien Jesús describió como el más grande hombre que haya vivido jamás, lo abrumaron las dudas. Y la impetuosidad arrogante de Pedro era sin lugar a dudas un disfraz de su profunda inseguridad personal. Si estos héroes de las Escrituras fallaron, ¿qué esperanza hay para nosotros?

Esos líderes que piensan que son fuertes en sus propias fuerzas son las personas verdaderamente más débiles de todas; solo los que conocen y reconocen sus debilidades pueden volverse fuertes con la fuerza de Cristo.

Paralíticos en sillas sin ruedas

Maximiliano Hebeling

Paralíticos en sillas sin ruedas

Paralíticos en sillas sin ruedas

El título me pareció excelente, pero el contenido ya no lo fue tanto. La idea es muy buena: basta de ser oyentes porque el tiempo se acaba y el desafío es a ser practicantes. Además una edición muy descuidada con errores ortográficos y de redacción que por momentos tenía que adivinar lo que el autor quería decir. Calificación de 7.

He aquí que yo hago cosa nueva, pronto saldrá a la luz- ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la soledad. Isaías 43:19

Imagínese a Dios mismo, delante de la rueda, con sus manos llenas de lodo de nuestro pecado, y limpiando todas aquellas impurezas que van saliendo en el momento de pasar sus manos por nuestra vida. Me lo imagino, con tanta delicadeza sacando basurita por basurita, piedra por piedra, impureza por impureza.

Para Dios no es un problema perdonar un pecado, pues está la sangre del cordero de por medio; para el Padre no es difícil sanar un enfermo, pues están las llagas de Cristo, pero créame que los planes de Dios se postergan cuando uno de sus hijos, prefiere estar en una silla de ruedas, rendido ante un insignificante pecado.

Israel no salió de Egipto con una meta desconocida, o con un veremos a dónde vamos, como muchos cristianos hay que perdieron la brújula. ¡No! Ellos tenían la promesa de Canaán; la seguridad en Dios que esto terminaría en un descanso sin igual. […] Cuando salimos del pecado […], Dios nos sacó de es inmundicia con una promesa, no con probabilidades. Pero el error no solo es quejarse o desanimarse cuando la situación no da para más (el mar), sino también olvidar lo que Dios nos aseguró.

Sé de mujeres que al llegar al camino de Dios, hasta de su esposo e hijos se olvidan, pasándose todo el tiempo metidas en el templo y no hacen más que llenarse la lengua de chismes y descuidar el primer ministerio que es la familia; sé de hombres que por ser tan religiosos hasta le elijen la pareja con quien sus hijos “deben” casarse porque según ellos tienen toda la razón.

Hay una verdadera parálisis en la Iglesia, un estancamiento terrible en muchos hijos del Señor, hay un verdadero agotamiento. Una noche orando al Padre por esto, me hizo entender, que hay paralíticos en sillas sin rudas, están sentados en las Iglesias, perdiendo el tiempo, añorando cosas del pasado, sufriendo consecuencias, martirizándose por cosas que Dios no pidió; algunos masoquistas espirituales que pareciera ser que les gusta que les golpeen, les ultrajen y les saquen dinero, les prohíban cosas que Dios no prohíbe, que les impongan deseos de hombres corruptos y les priven de la verdadera vida y revelación de Jesucristo.

La Religión es enemiga directa del Reino de Dios, porque la religión o la religiosidad que es religión aplicada, son inspiradas en las conveniencias humanas y no basadas en las escrituras ni en la revelación del Espíritu del Señor. No es necesario que usted asista a una institución religiosa para ser como tal; pues la religiosidad se adquiere hablando de la Biblia y no poniendo en práctica lo dicho.

Veamos algunos síntomas de los religiosos: 1) siempre tienen alguna objeción cuando se propone algo que fue dado por medio espiritual; tienen que “analizar” las cosas, y no activan la fe. 2) Dudan si los milagros que son dados por testimonios son reales o preparados de antemano. Piensan muy distinto a personas que buscan algo nuevo continuamente. 3) Se oponen a los cambios; si se los corrige lo toman como ataque; conservan sus ideales aunque con su boca declaran querer lo nuevo. 4) Son extremadamente caprichosos en sus convicciones; siempre tendrán una opinión, más no una experiencia. 5) Son cuestionadores de lo sobrenatural por excelencia; acuden más a los médicos que a la oración; buscan primero el defecto de un hermano antes que una virtud; a todo le ven algo malo o raro; creen lo que les conviene y dudan de lo que les demanda compromiso; son lógicos no espirituales.

Qué triste es saber que a veces somos más rápidos en opinar que en interceder por la situación o problema que vemos en otra persona; comúnmente es más rápido sacar conclusiones que orar.

[Los errores no se cometen] porque Dios no estaba, sino sencillamente por no haber buscado la guía suficiente de Él.

Con la alabanza y la adoración, tenemos el acceso libre a Dios, por eso se tiene que hacer con el mayor respeto, reverencia y santidad. La alabanza y la adoración no es una experiencia pasiva, sino que implica una acción y actitud del corazón. La alabanza y la adoración tienen un poder especial, preparan el corazón para recibir la palabra de Dios y nos lleva a un encuentro con nuestro Dios. En la alabanza y la adoración hay un orden, Dios es un Dios de orden, cuando en la alabanza o adoración hay un desorden, eso se debe a que el adorado no estuvo en Su presencia o bien no preparó de antemano lo que le entregaría al Señor. La alabanza y la adoración tienen poder para menguar el “yo”, para engrandecer y poner en primer lugar al nombre y persona de Jesús. También tiene como objetico unir el cuerpo, el alma y el espíritu. La alabanza y la adoración es una decisión personal producto de nuestro dominio propio.

La alabanza no es solo cantar, se puede alabar al Señor de muchas maneras. La adoración es un servicio en el cual uno reconoce Dios por sobre todas las cosas y expresa su amor y gratitud hacia Él, manifestando un temor reverencial, una admiración y respeto a Dios.

Existe una gran diferencia entre la alabanza y la adoración a pesar de que van de la mano y llevan un solo propósito. Podemos alabar a Dios sin adorarlo, pero nunca vamos a poder adorar a Dios sin alabarlo. Siempre como resultado de una adoración vendrá una alabanza. Las alabanzas no son las canciones rápidas y adoración las canciones lentas. La alabanza es una actitud de vida, significa encontrar una virtud, es cuando comienzo a hablar todo lo que Dios es, sus atributos y características. Significa hablar acerca de Dios, de lo que Él hace y produce en mi vida, no importando las circunstancias que estés pasando, ya sean buenas o malas. Cada actitud de alabanza o de adoración, cambiarán tu vida y tu entorno. Otra diferencia que hay es que la alabanza trae la presencia de Dios al pueblo, la adoración te lleva a Su presencia. La alabanza es la puerta que te permite entrar a la presencia de Dios y la adoración es el tiempo de intimidad con Él. La alabanza y la adoración producen un impacto en el ambiente espiritual. Cada vez que alabamos y adoramos a Dios se desata una guerra en le atmósfera espiritual. Satanás y los demonios no soportan la alabanza y adoración a Dios, por eso ofrecen batalla para evitarlo.

Lo más extraordinario de nuestro Dios no es, de ninguna manera, que puede caminar sobre el agua, ni calmar las tempestades. Estas son manifestaciones sin trascendencia cuando las comparamos con la clase de ser que Él es. El comprender esto es la base de la verdadera adoración.

¿Hay algo o alguien en su ida que recibe más lealtad, de su tiempo o atención, que lo que recibe Dios?

¿Cuántos de nosotros antes de conocer al Señor, vivíamos “cómodos y sin problemas”; pero el día que decidimos aceptar a Jesús en nuestros corazones, los problemas de toda índole empezaron y pareciera que en vez de avanzar con Cristo, comenzaríamos a retroceder, pero esto es por una ceguera espiritual, pues es allí donde el hombre fuerte comienza a trabajar sus estrategias contrarias a nosotros. Muchas personas me cuentan que antes de su vida cristiana, jamás nadie les había despreciado o manipulado, hasta que llegaron a la Iglesia. Triste, pero real.

El llamado no es todo, hay una comisión que se ha entregado, hay una herencia que reclamar, pero es necesario que se levante un Josué para reclamar la herencia y hacerla propia. Un Josué que confíe en Dios ciegamente, alguien en quien Él pueda poner su total confianza, alguien que sin cuestionar la comisión que Dios ha dado siga al pie de la letra las instrucciones. ¿Serás tú el Josué que Dios busca? ¿O tendrá que levantarse alguien de tu siguiente generación?

Aligere su equipaje

Max Lucado

Aligere su equipaje

Aligere su equipaje

¿Quién no ha sentido descontento, cansancio o está lleno de preocupaciones? ¿En algún momento quién no se ha quedado sin esperanza, sin vergüenza, desilusionado y con dudas? ¿O ha estado lleno de culpa, de tristeza y de temor a la soledad o a la muerte? Pues bien, Max Lucado nos guía a un análisis del conocido Salmo 23 para encontrar respuestas a todas esas sensaciones (y otras más) que significan una carga en nuestras vidas. El consejo es fácil: aligere su carga, tiene a Alguien a su lado. Lo difícil es creerlo. Calificación de 10.

En algún punto entre el primer paso al salir de la cama y el último al salir de casa, tomó algún equipaje. Caminó hasta la estera del equipaje y tomó su carga. ¿No recuerda haberlo hecho? Es porque lo hizo sin pensar; automáticamente. No recuerda haber visto una cinta transportadora. Es porque no es la del aeropuerto; esta otra está en la mente. Las valijas que llevamos no son de cuero; están hechas de cargas. La maleta de la culpa. Llevas un talego de descontento en un hombro y una bolsa de mano llena de penas en el otro. Agréguese a esto una mochila de dudas, un saco de dormir de soledad y un baúl de temores. Pronto estará llevando más cargas que un maletero de aeropuerto. No es extraño que al final del día esté tan cansado. Arrastrar equipaje es agotador.

«Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» ( 1 Pedro 5.7 ).

Los israelitas consideraban el nombre demasiado santo para ser pronunciado por labios humanos. Cuando necesitaban decir Jehová, sustituían la palabra por Adonai , que significa Señor. Si era necesario escribir el nombre, los escribas se bañaban antes de escribirlo, y luego destruían la pluma.

¿No ha tenido demasiados cambios en su vida? Las relaciones cambian. La salud cambia. El tiempo cambia. Pero el Jehová que gobierna la tierra hoy es el mismo que la gobernaba anoche. Las mismas convicciones. El mismo ánimo. El mismo amor. Él nunca cambia.

Los consejeros pueden consolarle en la tormenta, pero usted necesita un Dios que pueda calmar la tormenta. Los amigos pueden sostenerle la mano en el lecho de muerte, pero usted necesita un Jehová que haya vencido al sepulcro. Los filósofos pueden discutir el significado de la vida, pero usted necesita un Señor que declare el significado de la vida. Necesita a Jehová.

Todo lo que necesitaba era pedir perdón, pero me puse a discutir. Todo lo que necesitaba era oír, pero tuve que abrir la bocaza. Todo lo que necesitaba era ser paciente, pero tuve que tomar el control. Todo lo que tenía que hacer era dejárselo a Dios, pero traté de arreglarlo por mí mismo.

Los humanos queremos hacer las cosas a nuestra manera. Olvidamos la vía sencilla. Olvidamos el camino común. Olvidamos el mejor método. Olvidamos el camino de Dios. Queremos hacer las cosas a nuestra manera. Y según la Biblia ese es exactamente nuestro problema. «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino» ( Isaías 53.6 ).

¿A qué se debe que quienes más necesitan un pastor lo resisten tanto?

Lo que tiene no es suyo. Pregúntele a cualquier médico forense. Pregúntele a cualquier embalsamador. Pregúntele a cualquier director de una funeraria. Nadie se lleva nada consigo.

¿Y sabes algo más acerca de todas esas cosas? No son usted. Lo que usted es nada tiene que ver con la ropa que usa ni con el coche que conduce. Jesús dijo: «La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» ( Lucas 12.15 ). El cielo no lo conoce como el tipo del traje hermoso ni como la mujer de la casa grande ni el muchacho de la bicicleta nueva. El cielo conoce su corazón. «Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» ( 1 Samuel 16.7 ). Cuando Dios piensa en usted, se fija en su compasión, su devoción, su ternura o ligereza de mente, pero no en sus cosas.

Si se define por las cosas que tiene, se sentirá bien cuando tiene mucho y mal cuando tiene poco.

¿Espera que un cambio de circunstancias traerá un cambio en su actitud? Si es así, usted está en prisión, y necesita aprender un secreto para aligerar su equipaje. Lo que tiene en su Pastor es mayor que lo que no tiene en la vida. Permítame entrometerme por un momento. ¿Qué cosa específicamente se interpone entre usted y su gozo? ¿Cómo llenaría la línea siguiente?: «Seré feliz cuando __________________». Cuando sane. Cuando ascienda. Cuando me case. Cuando esté solo. Cuando sea rico. ¿Cómo podría terminar esta oración? Con su respuesta bien en mente, responda esto. ¿Si su barco nunca llega, si su sueño nunca se hace realidad, si su situación nunca cambia, podría ser feliz? Si dice que no, está durmiendo en la fría mazmorra del descontento. Está preso. Y necesita saber lo que tiene en su Pastor. Tiene un Dios que lo escucha, el poder del amor que lo respalda, el Espíritu Santo que vive en usted, y todo el cielo por delante. Si tiene al Pastor, tiene la gracia a su favor en todo pecado, dirección para cada decisión, una luz para cada rincón y un áncora para cada tormenta. Tiene todo lo que necesita.

¿Qué ganará usted con el contentamiento? Puede ganar su matrimonio. Puede ganar horas preciosas con sus hijos. Puede ganar respeto por sí mismo. Puede ganar gozo. Puede ganar la fe para decir: «Jehová es mi pastor; nada me faltará».

Vemos las olas en lugar de al Salvador que camina sobre ellas. Vemos nuestras míseras provisiones y no vemos a Aquel que puede alimentar a cinco mil hambrientos. Nos quedamos con los oscuros viernes de la crucifixión y nos perdemos los brillantes domingos de resurrección.

De las diez declaraciones grabadas en las tablas de piedra, ¿cuál ocupa más espacio? ¿El adulterio? ¿El homicidio? ¿El robo? Uno tiende a pensar así. Cada uno de ellos merece que se le dé espacio. Pero es curioso: estos mandamientos son un tributo a la brevedad. Dios necesitó sólo tres palabras en castellano para condenar el adulterio y sólo dos para denunciar el robo y el homicidio. Pero cuando se llegó al tema del reposo, no bastó una oración. «Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó» ( Éxodo 20.8–11 ).

Los pastos verdes no eran el paisaje natural de Judea. Las colinas de Belén donde David cuidaba su rebaño no eran fértiles ni verdes. Aún en la actualidad son casi desérticas. Los pastos verdes de Judea se deben al trabajo de algunos pastores. Han limpiado el terreno áspero y rocoso. Han quitado los tocones y las han quemado junto con la maleza. Riego, cultivo. Ese es el trabajo de un pastor. Por eso cuando David dice «en lugares de delicados pastos me hará descansar», en realidad dice: «Mi pastor me hace descansar en su obra terminada». Con sus manos horadadas, Jesús creó una pradera para el alma. Arrancó los espinosos arbustos de la condenación. Arrancó los enormes peñascos del pecado. En su lugar puso simiente de gracia y cavó lagunas de misericordia. Y nos invita a reposar allí. ¿Puede imaginarse la satisfacción en el corazón del pastor cuando, acabado el trabajo, ve a sus ovejas descansando en lugares de delicados pastos? ¿Puede imaginar la satisfacción en el corazón de Dios cuando hacemos lo mismo? Sus pastos son su don para nosotros. No son pastos que hemos cultivado. Tampoco son pastos que merecemos. Son un don de Dios. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios» ( Efesios 2.8 ).

La ansiedad divide nuestra energía entre las prioridades de hoy y los problemas de mañana. Parte de nuestra mente está en el ya; el resto está en el todavía no. El resultado es una vida con la mente dividida. Ese no es el único resultado. La preocupación no es una enfermedad, pero causa enfermedades.

«No sé qué haré si mi esposo muere». Lo sabrás en el momento oportuno. «Cuando mis hijos dejen la casa, no creo que pueda soportarlo». No será fácil, pero la fortaleza llegará en el momento oportuno.

Enfrente los problemas de hoy con la energía de hoy. No se fije en los problemas de mañana hasta mañana. Aun no tiene las fuerzas de mañana. Ya tiene suficiente para el día de hoy.

Nuestro claro deber no es ver lo que apenas se ve en la distancia, sino hacer lo que tenemos al alcance de la mano.

Anoche estaba preocupado en mi sueño. Soñé que se me diagnosticaba la misma enfermedad degenerativa de los músculos que le quitó la vida a mi padre. Desperté del sueño y, en medio de la noche, comencé a preocuparme. Entonces vinieron a mi mente las palabras de Jesús: «No os afanéis por el día de mañana». Y definitivamente, decidí no hacerlo. Arrojé ese pesado saco. Después de todo, ¿por qué permitir que los problemas imaginarios del mañana nos roben el reposo nocturno? ¿Puedo evitar la enfermedad si permanezco despierto? ¿Retardaré la aflicción pensando al respecto? No, por supuesto. Así que hice la cosa más espiritual que pude haber hecho. Me volví a dormir.

El Señor nos promete una lámpara a nuestros pies, no una bola de cristal para mirar el futuro. No tenemos que saber lo que ocurrirá mañana. Basta saber que Él nos guía y que vamos a «alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» ( Hebreos 4.16 ).

«Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo» ( Mateo 28.20 ). Necesitamos ese recordatorio. Todos lo necesitamos. Porque todos necesitamos esperanza.

La humildad es una virtud tan escurridiza. Una vez que uno piensa que la tiene, ya no está, o no debería pensar que la ha alcanzado.

Ser humilde no significa que usted piense que no tiene nada para ofrecer; significa que sabe exactamente lo que puede ofrecer y nada más.

[Adquirí] el hábito de expresarme con palabras de modesta timidez, y dejé de usar expresiones anticipadas que pudieran quedar desmentidas como: con toda seguridad, indudablemente, absolutamente, o cualquiera otra que diese una autoridad positiva a una pura opinión. Más bien digo: Pienso que … Esto lo entiendo así … Creo que este hábito ha sido de gran utilidad para mí».

¿Siente que necesita palabras que lo animen? ¿Necesita atención su autoestima? No es necesario que ande mencionando nombres importantes ni de que se ande luciendo delante de los demás. Sólo necesita detenerse al pie de la cruz y acordarse de esto: El Creador de las estrellas prefirió morir por usted antes que vivir sin usted. Ese es un hecho. Si necesita gloriarse, gloríese en eso.

El ejercicio puede darnos unos pocos latidos más. La medicina puede concedernos algunos respiros más. Pero a la postre, hay un fin. La mejor manera de enfrentar la vida es ser sincero acerca de la muerte.

«En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» ( Juan 14.2–3 ). Nótese la promesa de Jesús: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Promete llevarnos al hogar. No delega esa tarea. Puede enviar misioneros que te enseñen, ángeles que te protejan, maestros que te guíen, cantores que te inspiren y médicos que te curen, pero no envía a otro para que te lleve. Esa tarea la reserva para sí mismo. «Vendré otra vez, y os tomaré conmigo». Él es su Pastor personal. Es personalmente responsable de llevarlo al hogar. Dado que Él está presente cuando muere alguna de sus ovejas, podemos decir lo que dijo David: «No temeré mal alguno».

Lo que Dios dijo a Moisés se lo dice a usted: «Mi presencia irá contigo, y te daré descanso» ( Éxodo 33.14 ). Lo que Dios dijo a Jacob se lo dice a usted: «Yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres» ( Génesis 28.15 ). Lo que Dios dijo a Josué se lo dice a usted: «Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé» ( Jos 1.5 ). Lo que Dios dijo a la nación de Israel se lo dice a usted: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo» ( Isaías 43.2 ). El Buen Pastor está con usted. Porque está con usted, puede decir lo que David dijo: «No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento».

Isaías 57.1–2 : «Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz, descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios». La muerte es el método de Dios para sacar del mal a la gente. ¿De qué clase de mal? ¿Una enfermedad extensa? ¿Una adicción? ¿Una tenebrosa ocasión para la rebelión? No sabemos, pero sí sabemos que ninguna persona vive un día más ni un día menos de lo establecido por Dios.

En el plan de Dios, cada vida es suficientemente larga y cada muerte ocurre en el momento oportuno. Aunque usted y yo pudiéramos desear una vida más larga, Dios sabe mejor las cosas. Y, esto es importante, aunque usted y yo quisiéramos una vida más larga para nuestros seres amados, ellos no. Irónicamente, el primero que acepta la decisión de Dios acerca de la muerte es el que muere.

A la muerte no se le resta importancia, ni se pasa por alto. Enfréntela, luche contra ella, cuestiónela o condénela, pero no la niegue. Como dijo su hijo Salomón: Es «tiempo de llorar» ( Eclesiastés 3.4 ). No oiga, pero perdone a quienes lo exhortan a no llorar. Dios le guiará a través, no alrededor, del valle de sombra de muerte.

No mida la altura de la montaña; hable a aquel que la puede mover. En vez de llevar el mundo a sus espaldas, háblele al que sostiene el universo en las suyas. Tener esperanza es mirar hacia adelante.

La soledad no es la ausencia de rostros. Es la ausencia de intimidad. La soledad no proviene de estar solo; proviene de sentirse solo. Sentir como si usted estuviera enfrentando la muerte solo, enfrentando la enfermedad solo, enfrentando el futuro solo. Sea que ocurra en su cama durante la noche o mientras se dirige al hospital, en el silencio de una casa vacía o en medio de un bar muy concurrido, la soledad se presenta cuando uno piensa: Me siento tan solo. ¿Le importa a alguien?

Puede enfrentar la muerte, pero no está solo al enfrentarla; el Señor está con usted. Puede enfrentar el desempleo, pero no está solo al enfrentarlo; el Señor está con usted. Puede enfrentar graves luchas matrimoniales, pero no está solo al enfrentarlas; el Señor está con usted. Puede enfrentar deudas, pero no está solo al enfrentarlas; el Señor está con usted. Subraye estas palabras: No está solo.

Por temor de no caer bien, tomamos drogas. Por temor de no destacarnos, usamos cierta clase de ropa. Por temor de parecer poca cosa, nos endeudamos y compramos una casa. Por temor de pasar inadvertidos, nos vestimos para seducir o para impresionar. Por temor de dormir solos, dormimos con cualquiera. Por temor de no ser amados, buscamos amor en lugares malos. Pero todo eso cambia cuando descubrimos el perfecto amor de Dios.

¿Es Pedro la única persona que ha hecho lo que prometió que no haría jamás? «¡Basta de infidelidades!» «De ahora en adelante voy a poner freno a mi lengua». «No más tratos oscuros. He aprendido la lección». ¡Qué volumen el de nuestra jactancia! ¡Qué quebranto el de nuestra vergüenza! En vez de resistir el coqueteo, lo correspondemos. En vez de desoír el chisme, lo difundimos. En vez de apegarnos a la verdad, la escondemos. El gallo canta, y la convicción de pecado nos taladra, y Pedro halla un compañero en las sombras. Lloramos como Pedro lloró, y hacemos lo que Pedro hizo. Nos vamos a pescar. Volvemos a nuestra vida antigua. Volvemos a nuestras prácticas de antes que conociéramos a Jesús. Hacemos lo que viene en forma natural, en vez de hacer lo que viene en forma espiritual. Y dudamos que Jesús tenga un lugar para tipos como nosotros.

Jesús preparó mesa en la presencia del enemigo. Permitió que Judas viera la cena, pero no le permitió quedarse. No eres bien recibido. Esta mesa es para mis hijos. Puedes tentarlos. Puedes ponerles tropiezos. Pero nunca te sentarás con ellos. Mucho nos ama. Si quedase alguna duda, en el caso de que hubiera algunos «Pedros» que se preguntan si habrá lugar en la mesa para ellos, Jesús les da un tierno recordatorio cuando pasa la copa: «Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados» ( Mateo 26.27–28 ). «Bebed de ella todos ». Los que se sienten indignos, beban. Los que se sienten avergonzados, beban. Los que se sienten confundidos, beban.

Lo que se hace en secreto es mejor no hacerlo.

Podemos seguir el ejemplo del apóstol Pablo. Su meta era ser misionero en España. Sin embargo, en vez de enviar a Pablo a España, Dios lo puso en prisión. Sentado en una cárcel romana, Pablo podría haber tomado la misma decisión que la señorita Haversham, pero no lo hizo. En cambio, dijo: «Mientras esté aquí voy a aprovechar y escribir algunas cartas». Por eso nuestra Biblia tiene las Epístolas a Filemón, a los Filipenses, a los Colosenses y a los Efesios. 1 Nos hay dudas de que Pablo habría hecho una gran obra en España. Pero, ¿sería comparable con la obra de esas cuatro cartas? Usted se ha sentado donde Pablo se sentó. Sé que sí. Usted estaba bien entusiasmado en su camino a España o a la universidad o al matrimonio o a su independencia … pero se presentó el despido o el embarazo o la enfermedad de sus padres. Y terminó encarcelado. Chao, España. Hola, Roma. Adiós ilusiones. Hola desilusión. Hola, tristeza. ¿Cómo se las arregló? Mejor, ¿cómo se las está arreglando? ¿Necesita alguna ayuda? Tengo exactamente lo que necesita. Cinco palabras en el versículo cinco del Salmo 23 : «Unges mi cabeza con aceite».

En el antiguo Israel los pastores usaban el aceite con tres propósitos: repeler los insectos, prevenir los conflictos y curar las heridas.

Muchas de las desilusiones de la vida comienzan como irritaciones. La mayor porción de nuestros problemas no son de proporciones similares al ataque de un león, sino más bien del enjambre de frustraciones y quebrantos del día a día. No nos invitan a la fiesta. No nos incluyen en el equipo. No obtuvimos la beca. El jefe no toma nota de nuestro arduo trabajo. El marido no se da cuenta del traje nuevo de la esposa. El vecino no nota el desorden que tiene en el patio. Uno se siente más irritable, más melancólico, más … bueno, más herido.

Dice: «Unges mi cabeza con aceite». No dice «tus profetas», «tus maestros» ni «tus consejeros». Otros pueden guiarnos a Dios. Otros pueden ayudarnos a entender a Dios. Pero nadie hace la obra de Dios, porque solo Dios puede sanar.

Su copa podría estar baja en dinero o ropa, pero rebosa en misericordia. Podría no tener un estacionamiento de lujo, pero tiene suficiente perdón. «Será amplio en perdonar» ( Isaías 55.7 ). Su copa rebosa en gracia.

La esperanza de Dios entra en nuestro mundo. Sobre el enfermo, Él envía el rayo de curación. Para el afligido, da la promesa de reunión. Para el moribundo, prepara la llama de la resurrección. Al confundido, ofrece la luz de las Escrituras. Dios da esperanza.

Antes que desear lo que otros tienen, ¿no deberíamos preguntarnos si tienen lo que nosotros tenemos? En vez de estar celosos de ellos ¿no es mejor sentir lástima de ellos?

Confíe en su fe y no en sus sentimientos.

La más grande calamidad no es sentirse lejos de su casa cuando lo está, sino sentirse como en su casa cuando no lo está.

¿Qué palabra describe su cuerpo? ¿Mi cuerpo canceroso ? ¿Mi cuerpo artrítico ? ¿Mi cuerpo deformado ? ¿Mi cuerpo limitado ? ¿Mi cuerpo adicto ? ¿Mi cuerpo que engorda permanentemente ? Las palabras pueden ser diferentes, pero el mensaje es el mismo: los cuerpos son débiles. Comenzaron a decaer en el minuto en que comenzamos a respirar. Y, según Dios, es una parte del plan. Cada arruga y cada fastidio es un paso más cerca del último paso, cuando Jesús cambie nuestros cuerpos comunes en cuerpos eternos. No más dolor. No más depresión. No más enfermedad. No más fin. Esta no es nuestra casa permanente. Puede servir por ahora. Pero no hay nada como el momento en que entremos por la puerta de nuestra casa para siempre.