Darwin no mató a Dios

Antonio Cruz

Darwin no mató a Dios

Darwin no mató a Dios

La teoría de la evolución de la especies formulada por Darwin y bajo la cual se pone en duda la existencia del Dios creacionista, es puesta a prueba desde la perspectiva misma de la ciencia, ofreciendo evidencias de distintas disciplinas que concluyen que la teoría más probable para explicar la creación es la existencia de un diseñador inteligente. Así se comprueba quién está más vivo: Dios o Darwin. Calificación de 9.5

Invaginar:Doblar [los bordes de la boca de un tubo o de una vejiga], haciendo que se introduzcan en el interior del mismo.
Sotobosque: Vegetación formada por matas y arbustos que crece bajo los árboles de un bosque o monte.

La placenta es pues un órgano ventajoso para los animales que la poseen y sumamente interesante desde el punto de vista zoológico. Las funciones que realiza son variadas. Por una simple diferencia de presión, el embrión es capaz de absorber oxígeno y eliminar dióxido de carbono a través de ella. Los glúcidos la atraviesan sin obstáculo, mientras que las proteínas son seleccionadas meticulosamente. La placenta no es simplemente un filtro, sino un dispositivo capaz de seleccionar lo que conviene y lo que no. Puede expulsar los desechos del embrión y fabricar varios tipos de hormonas.

Los dipnoos son unos peces muy especiales. El hecho de poseer pulmones, además de las típicas branquias, constituye su característica fundamental. Por este detalle se les denomina también peces pulmonados. Los tres géneros que viven actualmente se localizan en los ríos y marismas de las regiones tropicales. Todos presentan un cuerpo alargado y, para respirar, utilizan bastante más los pulmones que las branquias. Viven en regiones en las que se da la alternancia de las estaciones. Durante la estación seca el nivel de las aguas suele descender hasta que aparece el lodo del fondo. Es entonces cuando estos animales se entierran en el barro húmedo formando una especie de saco vertical con la secreción de un mucus de su piel. El extremo superior de este saco se comunica por medio de un corto tubo con el exterior. De esta manera el pez puede vivir, gracias a la respiración pulmonar y sin tomar alimento, durante meses o incluso años. Son animales, pues, muy resistentes y capaces de subsistir utilizando sus materias de reserva. Cuando vuelve la estación húmeda y el agua inunda de nuevo los cauces fluviales, los dipnoos salen de sus sacos y regresan a la actividad.

El corazón de los cocodrilos está perfectamente diseñado para funcionar en su particular modo de vida semiacuática. Existe un orificio que une los dos arcos aórticos y durante el buceo la circulación cambia para favorecer la permanencia del animal bajo el agua. Las aves poseen un corazón que es proporcionalmente más grande que el de los mamíferos, con el fin de suministrar mayor volumen de oxígeno a unos músculos que se mueven muy rápidamente y requieren un suministro superior. Tanto las aves como los mamíferos tienen un corazón con dos aurículas separadas y dos ventrículos también separados entre sí. Por lo tanto las dos circulaciones, pulmonar y general, están completamente separadas. Estos dos circuitos suponen una notoria adecuación a la vida terrestre. La presión sanguínea es distinta en cada circuito. Mayor en los tejidos que en los pulmones. Esto supone para los mamíferos y aves una gran ventaja.

Los peces pueden tener corazones más simples y pequeños que los mamíferos porque sus tasas metabólicas son aproximadamente la décima parte de la de estos, no porque sean el primer eslabón evolutivo de los vertebrados. Menores necesidades biológicas requieren corazones más sencillos.

Estos gigantes del mar poseen, por ejemplo, el sentido magnético; pueden orientarse en la oscuridad del abismo oceánico siguiendo las líneas de fuerza del campo magnético terrestre. De este modo consiguen viajar desde el ecuador hasta los polos. Si alguna vez tal sentido les falla, por ciertas perturbaciones magnéticas provocadas por metales de rocas volcánicas existentes en el fondo del mar, esto hace que grupos enteros de dichos animales embarranquen en las playas.

Las focas, morsas y leones marinos; todos estos son mamíferos perfectamente adaptados al mar, y sin embargo, siguen teniendo el cuerpo cubierto de pelo, y desde luego no muestran evidencias de que este les estorbe o se halle en regresión. Todos estos animales están tan perfectamente adaptados al medio marino que la mayor parte de sus vidas las pasan en el agua, solo van a tierra durante los cortos periodos de la reproducción. Aunque el apareamiento tiene lugar en el agua, el parto y el amamantamiento de las crías se realiza en tierra firme. Son capaces de recorrer largas distancias en sus migraciones hacia los apartados lugares de cría. Durante sus inmersiones pueden descender a más de cien metros de profundidad y permanecer alrededor de media hora sin respirar. Para conseguir estas increíbles apneas, reducen el ritmo de su corazón, pasan de ciento veinte a tan solo cuatro latidos por minuto.

El estudio de los orígenes continúa siendo uno de los principales retos para la ciencia del tercer milenio. En lo más hondo del alma humana sigue latiendo el deseo de desentrañar los misterios que hay detrás de las leyes que rigen el universo y de los seres vivos que lo habitan. Es el eterno desafío de intentar comprender la mente del Creador. Pero conviene reconocer que hay cosas que la ciencia nunca podrá hacer, como revelar el carácter del supremo diseñador o su plan de salvación para la criatura humana. Esto es algo que pertenece a la teología.

La biología experimentó durante el pasado siglo XX tres grandes revoluciones. La primera fue la revolución darwiniana, que introdujo en la ciencia la creencia del origen único de todos los seres vivientes, incluido el propio hombre. Se empezó a aceptar que la complejidad y el aparente diseño de todo lo vivo se debía solo a las leyes de la evolución que actuaron al azar sobre la materia simple y desordenada. La segunda revolución vino provocada por el descubrimiento del ADN como molécula poseedora de la información genética de los organismos. Y la tercera, que en mi opinión se opone a la primera, es la revolución que supone el descubrimiento de la universalidad del diseño genético de los animales. Hoy se ha hecho evidente que todos los habitantes de este planeta presentan un plan original escrito en sus genes, minuciosamente concebido para que sean como son y puedan sobrevivir en el medio que lo hacen o adaptarse a otro, si es que las condiciones lo requieren.

William Paley (1743-1805), en su Teología natural. Supongamos que, al cruzar un brezal, mi pie tropezara con una piedra, y me preguntaran cómo llegó la piedra a estar allí; yo podría responder que, según mis conocimientos, la piedra pudo haber estado allí desde siempre; y quizá no fuera muy fácil demostrar lo absurdo de dicha respuesta. Pero supongamos que encontrara un reloj en el suelo, y me preguntaran cómo apareció el reloj en ese lugar; ni se me ocurriría la respuesta que había dado antes, y no diría que el reloj pudo haber estado ahí desde siempre. ¿Pero por qué esta respuesta no serviría para el reloj como para la piedra, por qué no es admisible en el segundo caso como en el primero? Pues por lo siguiente: cuando inspeccionamos el reloj, percibimos algo que no podemos descubrir en la piedra, que sus diversas partes están enmarcadas y unidas con un propósito, es decir, que fueron formadas y ajustadas para producir movimiento, y que ese movimiento se regula para indicar la hora del día; que si las diferentes partes hubieran tenido una forma diferente de la que tienen, o hubieran sido colocadas de otro modo o en otro orden, ningún movimiento se habría realizado en esa máquina, o ninguno que respondiera al uso que ahora tiene … Observando este mecanismo, se requiere un examen del instrumento, y quizás un conocimiento previo del tema, para percibirlo y entenderlo; pero una vez observado y comprendido, como decíamos, es inevitable la inferencia de que el reloj debe tener un creador, que tiene que haber existido, en algún momento y lugar, un artífice o artífices que lo formaron para el propósito que actualmente sirve, que comprendió su construcción y diseñó su uso».

Si algo no concuerda con la concepción humana de cómo deberían ser las cosas, entonces se concluye que no puede existir tal proyectista original.

La lista con más de doscientos órganos humanos considerados rudimentarios a principios del siglo XX se ha ido reduciendo hasta prácticamente desaparecer, ya que se ha descubierto que cada uno de ellos cumple con alguna función útil por reducida que sea.

Cada uno de nosotros se sabe, en lo más íntimo de su ser, distinto y muy diferente de Dios, así como del resto de la creación. Esta es inmanente, es decir, sujeta a la experiencia de nuestros sentidos materiales, pero el Creador es trascendente, ya que supera dicha experiencia. A Dios no se le puede ver con los ojos o con el telescopio, ni medir con el sistema métrico o investigar en el laboratorio, porque su esencia trasciende la realidad creada. Pues bien, esto nos lleva a creer que lo inmanente no puede ser causa de sí mismo, sino que requiere de la existencia previa de un ser trascendente que lo haya originado. Un Creador incausado que sea la causa primera de todo. Estamos convencidos de que este argumento es mucho más sólido que el de suponer que la naturaleza se haya hecho a sí misma a partir de la nada.

La idea de progreso está íntimamente ligada a la teoría de la evolución. Según esta, todos los seres vivos que hoy existen en el planeta serían los descendientes transformados de organismos anteriores mucho más simples que ellos. Empezando por el principio, se asume que las células microscópicas habrían dado lugar después de millones de años a pequeños animales marinos sin esqueleto interno, de estos surgirían los vertebrados más complejos y así sucesivamente todas las formas sofisticadas que viven en la actualidad. El cambio progresivo que se propone iría generalmente de lo simple a lo complejo pero casi nunca al revés, si se exceptúan algunos parásitos. No obstante, esta idea fundamental asumida durante tanto tiempo por el evolucionismo está siendo hoy muy criticada. La noción de progreso, por ejemplo, es incapaz de explicar la existencia de las minúsculas y ubicuas bacterias. ¿Por qué unos seres tan simples, si se comparan con el hombre, han sobrevivido tantos años sin apenas experimentar cambios importantes en su estructura y funcionamiento? Es obvio que su organización interna debe ser sumamente perfecta y eficiente, ya que llevan funcionando bien desde el principio de la vida. Aunque la mayoría resultan beneficiosas para los ecosistemas y el ser humano, como bien sabe la industria láctea, otras continúan matando personas con la misma nefasta eficacia que hace miles de años, a pesar de tantos antibióticos como se conocen. Pues bien, las bacterias no han progresado apenas; nacen, se nutren y reproducen como han hecho siempre, siguiendo las órdenes que les dicta su programa biológico interno. De manera que la idea del progreso de las especies se estrella contra estos microbios invisibles que son hoy tan complejos como lo fueron siempre.

Quizá muchos de los conflictos y problemas que padece hoy la humanidad se deban precisamente al desconocimiento de la esencia del hombre, así como al origen divino de todo lo material. El respeto a la humanidad y a la naturaleza pueden desvanecerse cuando se cree que solo somos el producto de una casualidad improbable. Pero si por el contrario, una inteligencia trascendente es la causa de todo lo que vemos, entonces debe ser también capaz de darse a conocer a sí misma, de manifestarse o revelarse al mayor intelecto conocido de la creación, el ser humano.

Si, por ejemplo, a la orilla de un río se descubren guijarros redondeados, resulta fácil deducir que son el producto de la erosión pluvial. Pero si entre ellos aparece un teléfono portátil, un celular, la única explicación razonable es que semejante artefacto debe ser el resultado de un designio ingenioso. Es imposible que se haya formado por casualidad o por medio de las leyes de la naturaleza. Esto es precisamente lo que sugiere el principio antrópico, que en el universo hay evidencia de diseño porque existen formas irregulares que no se pueden explicar mediante leyes naturales y que, al mismo tiempo, presentan una alta especificidad, una disposición misteriosamente compleja para permitir y sustentar la vida. Este principio apunta hacia la existencia de un Creador inteligente que diseñó el universo con un plan determinado.

“Se trata, en mi opinión [de los genes Hox], del conjunto de hechos más sorprendente y enigmático que la genética ha descubierto en toda su historia, porque revela que toda la deslumbrante diversidad animal de este planeta, desde los ácaros de la moqueta hasta los ministros de cultura pasando por los berberechos y los gusanos que les parasitan, no son más que ajustes menores de un meticuloso plan de diseño que la evolución inventó una sola vez, hace unos seiscientos millones de años. Y que, sin embargo, es tan eficaz y versátil que sirve para construir casi cualquier cosa que uno quiera imaginar, nade, corra, vuele o resuelva ecuaciones diferenciales. Nadie, absolutamente nadie, se hubiera imaginado una cosa semejante hace veinte años, no digamos ya en tiempos de Darwin” (Sampedro).

También hay fanatismo en el seno de la ciencia.

Quienes continúan defendiendo el evolucionismo prefieren seguir creyendo que todos los animales de Cámbrico descienden de una primitiva especie que debió aparecer mucho antes y que, desde luego, todavía no se ha encontrado. Este hipotético animal ancestral, aunque siga siendo un perfecto desconocido, tiene ya un nombre, Urbilateria. Se trata de la invención de un perfecto fantasma. Nunca se ha encontrado su fósil. No se sabe de dónde salió, qué forma tenía, si existió o no, pero se le ha puesto nombre porque la teoría de la evolución necesita de su existencia. Todo menos admitir que quizá lo que ocurrió fue una creación sobrenatural de todos los tipos básicos. Algo a lo que la ciencia ya no tendría acceso.

Como confiesa el físico agnóstico Paul Davies: «El Big Bang es el lugar en el universo donde hay espacio para que aún el materialista más tenaz, admita a Dios». Pero no solo se cree que hubo un gran comienzo, sino que además la ciencia está reconociendo últimamente que la estructura física del universo ofrece asombrosa evidencia de propósito y designio. Se ha propuesto el llamado principio antrópico, que afirma que la estructura del cosmos es exactamente la que debe ser para que haya vida y vida inteligente. La asombrosa cantidad de coincidencias cósmicas que hacen posible la vida en la Tierra (como su órbita precisa, la temperatura adecuada, su distancia del sol, la estructura del átomo de hidrógeno, la forma molecular del agua, etc.), ¿se deben al azar o a un designio inteligente? Esto preocupa hoy a físicos y astrónomos porque comienza a parecer que las leyes de la física fueron calibradas exquisitamente desde el comienzo para la creación de la vida humana. La ciencia abre hoy la puerta a la fe en el Dios Creador.

Si Dios es sabio, bueno y todopoderoso, ¿por qué permite el mal, el sufrimiento y la injusticia? ¿Por qué a la gente buena le pasan cosas malas? La Biblia dice que Dios nos amó tanto que nos otorgó la dignidad singular de ser agentes morales libres, criaturas con capacidad de tomar decisiones, de elegir entre lo bueno y lo malo. Sin embargo, el ser humano eligió mal, prefirió su autonomía moral antes que su dependencia de Dios. Y mediante tal elección, mediante tal rechazo del camino divino, el mundo quedó abierto a la muerte y a la maldad. Esta catástrofe moral es lo que la Biblia llama la caída. Es decir, que parte de la responsabilidad del mal recae directamente sobre la raza humana. No todo el mal es culpa del hombre. Antes de él ya existía un mal que el Génesis simboliza en la serpiente. Pero, desde luego, el ser humano es responsable desde el instante en que le da la espalda a Dios y pretende ser autosuficiente. El problema de esta explicación no es que sea difícil de entender, sino que a la gente no le gusta. Porque implica a cada ser humano. La idea de pecado parece dura y hasta degradante para la dignidad humana. Por eso muchos pensadores, a lo largo de la historia, la han desechado.

El apóstol Pablo escribió: «La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios» (Romanos 8:19). Los cristianos hemos sido salvados del pecado para hacer que el señorío de Cristo reine sobre todas las cosas. Restaurar la creación de Dios significa influir con el evangelio en la moralidad privada y en la pública, en la vida individual y en la vida familiar, en la educación y en la comunidad, en el mundo laboral, en la política y en las leyes, en la ciencia y en la medicina, en la literatura, el arte y la música. El objetivo redentor debe impregnar todo lo que hacemos, ya que no hay una línea divisoria entre lo sagrado y lo secular. Debemos hacer que «todas las cosas estén bajo el señorío de Cristo».

Los cristianos estamos llamados a ser diferentes porque fuimos transformados por Cristo. El discípulo de Jesús debe experimentar los frutos del Espíritu que le lleven a amar a sus enemigos, ser humilde, actuar con justicia, decir siempre la verdad, ser misericordioso y pacificador, saber poner la otra mejilla, no recrearse en la lujuria, no buscar los primeros puestos, practicar la generosidad, etc., etc. Es decir, debe estar loco, pues todo esto es locura a los ojos de la sociedad.

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Los amos del fútbol

Montserrat Gutiérrez

Los amos del fútbol

Los amos del fútbol

Cuando me encontré con el titulo de este libro, pensé que se trataba de un análisis de los mejores jugadores del momento. Pero cuando empecé a leerlo, me di cuenta de lo errado que estaba. Se trata de los verdaderos dueños del fútbol: los dueños de dinero. Conceptos como fondos de inversión, derechos económicos y deportivos de los jugadores, promotores y clubes, son analizados y se muestra el papel que juegan en el futbol moderno, haciendo un señalamiento especial a la dudosa relación promotor-entrenador ejemplificada con los portugueses Jose Mourinho y Jorge Mendes que han hecho de las suyas en el Chelsea, Milán y Real Madrid. En fin, con dinero baila el perro. Calificación de 9.

Liza: disputa o controversia.

El fútbol es un sector más de la actividad económica de un país, sobre todo en los de las grandes ligas, que con la crisis se ha visto forzado a buscar nuevas vías de financiación para seguir manteniendo su estatus. De esa necesidad, han surgido instrumentos financieros novedosos, como los fondos especializados, consistentes en reunir a un grupo de inversores para sacar partido a los traspasos de los jugadores.

El inversor o inversores privados, aportan dinero para lograr los “derechos económicos” de los jugadores con el objetivo de obtener beneficios con los futuros traspasos de uno o varios jugadores.

Otro eslabón […] son los clubes ‘puente’, utilizados por los inversores para generar un contrato laboral previo del jugador que permita justificar el importe de un traspaso, evitando así que el jugador pueda quedar libre .a veces son propiedad de los mismos inversores. Obtienen una contraprestación económica y también un pequeño porcentaje del beneficio del primer traspaso, aunque no siempre están presentes en este tipo de operaciones.

Con respecto a la representación de las jóvenes promesas hay bastante unanimidad entre los agentes. La mayoría de estos cree que la representación de futbolistas es útil cuando el jugador está en un club profesional, pero que hacerlo en equipos humildes es una pérdida de tiempo y sólo sirve para marear a chicos que se están formando. Y no sólo eso, aseguran que cuando un padre se obsesiona porque su hijo brille resulta negativo para el jugador y suele acabar mal.

Portugal se ha convertido en un importante canal entre los mercados, gracias a los dirigentes y técnicos de clubes que identifican a talentos donde se consagran y luego se venden a los equipos de las grandes ligas europeas. Y ahí está el gran negocio.

Los clubes, a pesar de sus protestas, dependen de los agentes para conseguir a los jugadores que necesitan y también para ubicar a los que ya no quieren, y los jugadores estarían desamparados sin sus agentes. Existe pues una total dependencia de ellos.

Los famosos fondos de inversión, en virtud de los cuales se transfiere a un jugador de un club a otro y por el que pagan cantidades millonarias. En contraprestación, dichos inversores obtienen un porcentaje de los derechos económicos del jugador que luego podrán poner en valor en futuros traspasos, dado que, obviamente, estos inversores lo que persiguen es obtener una rentabilidad sobre el capital invertido.

El fundamento principal de los F.I. [Fondos de Inversión] es el de “apostar” por un activo (que no es otro que el valor económico de los “derechos federativos” de un jugador), con la intención de que se revalorice y repercuta en beneficios para el fondo.

Para que puedan generarse beneficios con los “derechos económicos” es imprescindible que el jugador tenga contrato en vigor con un club. Si el jugador está libre o en el último año de su contrato, sus derechos económicos no tendrán ningún valor, al desaparecer la necesidad de que un club pague un traspaso. Surge aquí una de las claves de la gestión de “derechos económicos”: la imperiosa necesidad de los inversores de que el jugador tenga siempre un contrato laboral firmado con tiempo por delante y de que no quede libre en ningún momento. De hecho, estos jugadores suelen firmar contratos largos para que haya más margen de maniobra y más periodo de revalorización que garantice ganancias económicas.

Ellos [UEFA] entienden que estos fondos no son éticos porque deciden sobre el futuro del futbolista. Además, para el organismo europeo, solo buscan que el profesional sea traspasado varias veces, para ganar más dinero en las operaciones, generando un beneficio que se sale del ámbito el deporte. Es más, llega hasta el extremo de considerar que se puede adulterar campeonatos porque si un mismo fondo tiene los derechos de jugadores de varios equipos puede crear conflicto de intereses. Por todo ello, quiere solicitar a la FIFA la prohibición de estos fondos.

LA UEFA lo tiene claro, según varios estudios realizados por expertos, con los fondos de inversión de por medio hay un problema de integridad que se deriva de una falta de transparencia entre los que invierten en los fondos y la posibilidad de presionar sobre los jugadores, los entrenadores y los propietarios de los clubes. Más grave aun, la práctica se ha relacionado incluso con el amaño de partidos.

Entre los aficionados los fondos tampoco gustan y generan desconfianza, ven en ellos sólo a unos especuladores que venderán a los mejores jugadores buscando el máximo beneficio en contra de las necesidades del propio club, socavando el vínculo de lealtad entre el club y el jugador.

En cualquier caso, y pese a toda la problemática que estos fondos de inversión han suscitado y el debate internacional consiguiente, no es menos cierto que en el marco de la crisis financiera y económica en la que la mayor parte de los clubes se hallan inmersos, la financiación facilitada por Fondos de Inversión para la realización de fichajes de jugadores, a cambio de una participación futura en los derechos económicos derivados de su posterior salida del club, ha sido en los últimos años una muy importante fuente de financiación para los clubes. Por tanto, el veto a los fondos podría suponer el estrangulamiento de las depauperadas cuentas de muchos clubes.

One hit wonder

Joselo Rangel

One hit wonder

One hit wonder

Primero, la sorpresa de saber que el bajista de Café Tacuva era escritor y luego la sorpresa mayor de encontrarme su última publicación: una colección de cuentos, la mayoría de ellos girando en torno a la música, el amor y las relaciones. Un poco (o un bastante) simples, aunque destacan: En sueños, Truco y Piñata. Calificación de 7.

Gubias: Herramienta para labrar la madera y otros materiales, parecida al formón y al escoplo, pero de menor tamaño y de hoja curva.

La banda está lista: Fracasar esperando el momento adecuado. (Una banda de rock ve pasar el tiempo esperando el éxito, pues nunca parece estar lista)
Trenes: Nunca conocemos a las personas. (Una faceta desconocido del marido recién casado, será la causa de la separación).
El futuro: No cambio presente por futuro. (El futuro de todos es pronosticado en una boda).
El primer hombre: Tapándole el ojo al macho. (El génesis si Adán no hubiera sido heterosexual).
Indie: Lo importante es el éxito. (El génesis continúa ahora desde el punto de vista del show business).
Rockstar: Si eres feo serás rockstar. (La odisea de un grupo de amigos sirve para darse cuenta de lo que se necesita para ser una estrella de rock).
En sueños: Que la vida sueños son. (Historia de sueños que parecen complicarlo todo en la vida real).
Enorme: El cazador resultará bastante cazado. (Un joven asiste a una entrevista con una estrella porno, sin saber que le espera una sorpresa).
Escuela del rock: Rockeando hasta en la escuela. (Las personalidades de algunos rockeros, afloran en un salón de clases).
Huevos: Protegiendo a la madre naturaleza. (Un par de niñas que cuidan huevos de tortuga de manera sui generis).
Puesta del sol: Atardecer, marihuana, confesiones, mala combinación. (En una puesta de sol, una pareja decide contar cada uno sus secretos íntimos).
One hit wonder: La fama efimera no vale. (Una banda que quiere alcanzar la fama plena).
Truco: Nada por aqui, ni acá. (Un truco de magia hace que una pareja se vea como es, con resultados inesperados.).
Asco infinito: La verdad, guacala que rico. (Una bella mujer que no soporta los humores del cuerpo humano, aprenderá a darle su verdadero valor).
Piñata: Y tu tiempo se acabó. (Una mamá desahoga su ira contenida, en la fiesta de su hija).
Zorra: Aprovecha el talento que tienes. (Una mujer aprovecha su talento para formar una banda de rock).
La sonrisa: Donde hubo fuego cenizas quedan. (La presentación del hijo es la oportunidad para limar asperezas)
Béisbol: El que a batazo mata. (Los usos de un mini bat que se anda cargando en el auto)
Anuncio: Cuando los ex se encuentran (Lo que sucede cuando en las bocinas del aeropuerto se escuchan dos nombres conocidos. Muy conocidos)
¡Y.A!: Un día a la vez. (Un club de novias/esposas de integrantes de grupos de rock que pueden poner en duda la continuidad de la banda).

Era de esas bellezas “de salón de clases”. Al principio del curso te llama la atención pero no mucho, y conforme pasan los días, las semanas, los meses, te va gustando más y más y, al final, en el último día, cuando sabes que ya no la volverás a ver jamás, eres capaz de hincarte y declararle tu amor, pues te fuiste enganchando sin notarlo.

-¿Crees que debamos salir? Al menos vernos más seguido.
-No, no. Yo tengo novio. Y lo quiero mucho. No podría. No quiero nada contigo, al menos no despierta.
-¿No despierta?
-Si, por eso te lo cuento. ¿Está bien para ti que nos veamos así? ¿En sueños?

La mayoría de los amantes que tuvo pensaban que Perla sería recatada sólo al principio. Todos esperaban que, pasadas unas semanas, unos meses, después de varias sesiones de sexo, las cosas irían cambiando. Es lo normal. Ninguna mujer quiere que piensen que es una puta por hacer cosas demasiado aventuradas la primera vez que se acuesta con alguien. Pero, con Perla, ese no era el caso.

Yenia sabía que los bajistas en el mundo del rock son los menospreciados. Pocas veces se les ha dado el lugar que merecen, aunque su papel en una banda es fundamental. Hay gente que nunca en su vida ha logrado escuchar lo que hace el bajista. No oyen la línea melódica o el golpe repetitivo que lleva la canción hacia adelante.

Los papás suelen ser los último en advertir el verdadero talento de sus retoños, y más cuando esperan que se dediquen a otra cosa.

El gato que venía del cielo

Takeshi Hiraide

El gato que venía del cielo

El gato que venía del cielo

Ahora sí que como caído del cielo, el gato de los vecinos llega a una casa donde vive un matrimonio sin hijos, situación que aprovechan para poder adoptarlo como mascota. Y a la vez que se nos cuenta las andanzas del gato, conocemos los caracteres del matrimonio, de sus vecinos y de sus amigos. Un tiempo para reflexionar sobre circunstancias comunes a las que pocas veces les dedicamos tiempo para pensar. Calificación de 7.

Enfoscar: Recubrir un muro con argamasa o cemento.
Somero: Que está elaborado superficialmente, sin tener en cuenta detalles.
Linde: Línea real o imaginaria que marca los límites de un terreno, una finca, una región, etc., y lo separa de otros.
Parterre: Parte de un jardín con plantas o flores, que constituye una unidad separada del resto.
Lasitud: Estado de desfallecimiento o falta de fuerzas.
Damero: Tablero del juego de las damas.
Colza: Planta forrajera, variedad del nabo, de tallo ramificado, hojas enteras y flores de color amarillo, agrupadas en racimo; de la semilla se extrae aceite.
Futón: Colchón de algodón, según técnica tradicional japonesa, que se tiende directamente sobre el suelo o sobre una superficie dura.
Veranda: Galería o balcón cubierto y cerrado, generalmente con cristales.
Bricolaje: Trabajo manual de carpintería, electricidad, etc., no profesional, que hace una persona, por afición, para arreglar, amueblar o decorar su casa.
Zorzal: Pájaro cantor de unos 18 a 26 cm de largo, pico fino, alas largas y cuerpo esbelto; anida en las copas de los árboles o en matorrales y forma bandadas para migrar; hay muchas especies, que difieren en tamaño, coloración y costumbres.
Chamarilero: Persona que tiene por oficio comerciar con objetos viejos o usados.
Ánade: Ave palmípeda de plumaje denso, patas cortas y pico más ancho en la punta que en la base, que vive en estado salvaje o domesticada; nada y bucea muy bien pero camina con torpeza; hay muchas especies, que varían en tamaño y color.
Morrongo: Gato.
Exultante: Que exulta o muestra alegría u otro sentimiento con gran excitación.

Los enamorados de los gatos consideran que el suyo es la maravilla entre las maravillas, como si estuvieran ciegos ante todos los demás.

Maquiavelo, según dicen, tenía la siguiente idea del destino: la Fortuna dominaba más de la mitad de la vida humana, y la otra mitad, o más bien lo que quedaba de ella, trataba de hacerle frente con lo que él denominaba virtú.

Todos los animales, los gatos sin ir más lejos, tienen su propio carácter, lo cual les confiere un interés particular, mucho más que si los metemos a todos en el saco de una misma especie –dijo mi mujer en una ocasión-. Para mi Chibi es un amigo que me comprende, un amigo con apariencia de gato.

«¡Es nuestro gato!», decía mi mujer a pesar de ser perfectamente consciente de que no era cierto. Se lo comía con los ojos. Estaba convencida de que era un regalo del cielo.

Chibi y fanguito mantuvieron un día una conversación íntima a la que mi mujer tuvo oportunidad de asistir. «Ha sido una charla de lo más íntima –me explicó-. No parecían maullar cada uno por su cuenta. Creo que hablaban del futuro…».

Sabía que los gatos únicamente abren su corazón a sus dueños, solo a ellos les muestran su verdadero esplendor. Como matrimonio no habíamos llegado realmente a comprender lo que significaba tener un gato, pero al menos disfrutábamos de la ambigüedad de la situación, por mucho que no pudiéramos reclamar el derecho a los mimos de Chibi.

Atrapar cualquier cosa que se produce espontáneamente, como un destello, es inazumadori. Atrapar los colores que se presentan a la velocidad de un destello es inazumatori.

Los gatos que salen de las casas no dudan un instante en cruzar fronteras que solo existen para los humanos.

La mirada es capaz de engalanar con colores un lugar o, or el contrario, despojarlo de ellos.

A menud hablamos de tristeza violenta. ¿No será que al mezclarlos confundimos dos sentimientos distintos, tristeza e indignación? Alrededor de la muerte de una persona siempre reina la confusión. Se reúne gente abatida que llega de todas partes. Es un tiempo convulso, aunque limitado, en el que se tienen que decidir sobre la marcha muchos detalles imprevistos.

No me gustan las despedidas cuando soy yo la que tiene que irse.

Conmovido por la crueldad de la desaparición y lo ilusorio de un nuevo renacimiento, recordé a los que ya no estaban, a los que nunca volvería a encontrar.

Las aversiones son algo extraño. Nos obligan a reflexionar sobre vínculos especialmente fuertes que conservamos de una vida anterior, pero como la sola idea de mantener ese vinculo nos repugna, tendemos a alejarlo de nosotros como si fuera una amenaza.

En aquella pequeña y olvidada zona residencial, las casas antiguas, llamadas a ser divididas o destruidas, se erguían como testigos de otra época que imprimían un aire melancólico al paisaje.

Mis recuerdos sobre lo ocurrido, sometidos a pesar de toda precaución al inevitable desorden de los innumerables elementos de la realidad, están confusos.

Yo soy un cortador

Lynda L. Irons

Yo soy un cortador

Yo soy un cortador

Las autolesiones en niños-adolescentes o cortadores, como se les conoce comúnmente, han aumentado de manera considerable en una sociedad que no ha sabido (o no ha podido) prestar la atención y el auxilio necesarios. Es por eso que surgen libros con estos temas. Aunque en este caso la traducción es verdaderamente lamentable (hay algunos párrafos que literalmente tuve que acomodar para poder entenderlos), esfuerzos como este son de gran valor. La autora nos dice que existe un círculo vicioso en el que el cortador vive. Pero de igual manera, hay formas en que se puede ayudar a través de un ciclo: confesión, aceptación, perdón, y renuncia. Al final, la autora sugiere algunos tipos de oración con los que se puede ayudar al cortador. Calificación de 8

Los cortadores están frustrados, temerosos, y heridos. En lugar de expresar una de esas emociones primarias, muestran enojo. Su ira está velada. El verdadero objetivo de su ira puede no estar disponible o demasiado intimidante para acercarse. Como no cortan a su enemigo real o imaginario, laceran sus propios cuerpos, almas y espíritus en su lugar.

No han aprendido habilidades de afrontamiento más positivas que les permitan expresar su ira de manera apropiada. Es la forma en que han aprendido a expresar emociones intensas.

El corte es un grito de ayudo. Al igual que en el ejemplo anterior, el cortador quiere ayuda, busca ayuda y pide ayuda. Sin embargo, hay renuencia a ser transparente por toda una vida de traiciones grandes y pequeñas, reales e imaginadas.

El corte se vuelve adictivo. La tensión y la anticipación al corte, estimula las glándulas suprarrenales que producen hormonas que preparan el cuerpo para el estrés.

Al ver la sangre me hizo sentir como si estuviera purgando todo lo malo de mí.

La capacidad de prever las consecuencias a corto y largo plazo se desarrolla a medida que el cerebro madura. Debido a que los cortadores tienden a comenzar como adolescentes o más jóvenes, hay que reconocer que no van a entender todas las consecuencias de sus cortes.

La tricotilomanía es un impulso para tirar de los cabellos del cuero cabelludo, las cejas, los párpados u otra área del cuerpo.

El corte es adictivo. Su moto es la hormona epinefrina o adrenalina potente que es secretada por las glándulas suprarrenales cuando el miedo o la ira se hacen presentes. […] Es una respuesta corporal involuntaria dada por Dios a situaciones en la que existe el peligro o la injusticia. Se permite al cuerpo prepararse para el peor de los casos. La oleada de adrenalina puede ser la respuesta al miedo o la ira. El miedo puede ser en previsión del acto de corte, sin saber si esto va ser una herida mortal. La ira puede ser la respuesta a una injusticia o a una queja actual.

El cerebro funciona por asociación. Vincula una cosa con otra similar, sin evaluar la conexión. Un recuerdo, época del año, un lugar, ver al abusador o a alguien que le recuerda al abusador, el aniversario, color, olor, temperatura, o cualquier cosa que funciona como un componente de un evento traumático puede ser un desencadenante.

Parte del atractivo del corte es la preocupación por el dolor, el sangrado, la gestión de la costra y disimular la cicatriz. Esta es una distracción de los verdaderos problemas originales que nunca se tratarán y actuarán como un vendaje temporal que cubre la herida histórica.

A medida que la adrenalina disminuye, la tensión en el cuerpo se calma. Las emociones se gastan y parece que el corte ayudó a traer esta paz temporal. Este bajón físico y emocional es la base de la falsa creencia de que “me hace sentir mejor”.

El corte es el síntoma, no la enfermedad, el fruto, no la raíz.

Arrepentíos – esta palabra en el griego es metanoia. Esto significa un cambio de mente. Nos arrepentimos para cambiar nuestra opinión acerca de algo. Yo pensaba que estaba bien ser cortador, y ahora creo que no lo es.

Un padre que le dice a un niño que no vale nada y nunca llegará a nada, ha maldecido al niño. Si el niño lo acepta como verdad, va a cumplir esa maldición.

Pelota de Papel

Pelota de papel

Pelota de papel

Colección de cuentos relacionados al fútbol, esta vez hechos por futbolistas en activo (incluyendo una mujer), ex futbolistas y entrenadores. Cada uno de ellos consta de tres tiempos: la presentación que funciona como un prólogo, el cuento en sí y una alusiva ilustración. Los tres que más me han gustado: El coleccionista, Atajada al cielo y Barrio de fútbol. Calificación de 9.5

El juego: Mientras hay vida hay esperanza. (Un futbolista a punto de dejar el juego por ser siempre banca.)
El Maracaná de la calle España: Golazo en el fútbol llanero. (La crónica de un gol de rabona.)
De barrio: Un viejo con buen ojo. (Un viejo entrenador pronostica la suerte de un gran futbolista.)
Un mundo sin fútbol: Un crack mató el fútbol. (Debido a cracks-robots construídos, en el futuro el futbol desaparece.)
Sueño de debut: La amistad más que el futbol. (Aunque el sueño de un futbolista es debutar en primera, es más grande la convivencia con los amigos.)
El coleccionista: El portero un gran espectador. (Un portero gusta de ver el mejor futbol y de coleccionar jugadas que terminan en golazos… aunque caigan en su portería.)
Botines rotos: Los tacos no juegan futbol. (De cuando no importa los tacos que usas, sino el entusiasmo que se le pone al jugar.)
El mozo y el sabio: Los sueños no conocen oficio. (Un mesero busca su última oportunidad para probarse en un equipo y para ello cuenta con un as bajo la manga: la estrategia del equipo rival en turno.)
Bicampeón: Los sueños se hacen realidad. (Un jugador sueña con ganar el campeonato local.)
Creo, vieja, que tu hijo la cagó: Nunca te confíes de ti. (En el partido decisivo el más confiable falla.)
Opyo: El amor en el futbol. (Crónica de un jugador que se enamora y cómo es que ello le afecta a él, a la novia, y a la hinchada.)
El loco del pueblo: La pobreza devora los sueños. (Un hombre pierde la cordura cuando debido a su condición social no puede hacer realidad su sueño de ser jugador de futbol.)
Ángel para un final: El mejor amigo del hombre. (Un ex jugador salva la vida gracias al fútbol y a un can.)
Hola y adiós: Casi debuto, pero mejor no. (Un jugador que está a punto de alcanzar el estrellato, sufre del “síndrome del Jamaicón”.)
Al maestro con cariño: Mejor enseñar con el ejemplo. (Un entrenador marca la vida de un jugador.)
El portón de Lelio: La práctica hace al maestro. (Cómo es que un gran ejecutor de tiros libres se hizo experto.)
La pregunta no respondida: Del doping en el futbol. (Las consecuencias de tomar sustancias para mejorar el rendimiento, no para jugar mejor.)
¿Ese es el “Terror” Gutiérrez?: Basta con que me reconozcan. (La vida difícil de un ex jugador.)
Técnico con árbol: Un Zaqueo en la cancha. (A falta de tribunas, un entrenador busca su lugar para seguir viendo el juego de su equipo.)
Tragarse la llave: Los hombres no deben llorar. (A través de la tragedia un jugador de 7 años debe madurar.)
Atajada al cielo: El sueño de un arquero. (Un portero que lo único que busca es volver a ver a su padre.)
El gol de todas: El futbol también es mujer. (El futbol visto desde el punto de vista de la mujer jugadora.)
Barrio de fútbol: En el futbol hay igualdad. (Un partido de futbol entre los pequeños contra los galanes del barrio, sirve para poner a los rivales en igualdad de circunstancias.)
Eterno: Más que un director técnico. (Testimonio personal ante la noticia, enfermedad y muerte de Tito Vilanova.)

Bajo su égida: defendido por determinada persona.
Gurises: Niño, adolescente.
Habitué: Persona que frecuenta un lugar.
Ñata: Nariz de una persona.
Fulero: Que es muy feo o desagradable
Grogui: Que está aturdido o ha perdido el conocimiento a causa de los golpes.

Sin duda lo mejor que podés dar cuando querés ayudar no es el dinero. Es tu tiempo y trabajo. Y ese es el desafío.

Una costumbre tan humana como lamentable es naturalizar lo maravilloso. Vemos algo asombroso por primera vez y nos asombra. Lo vemos por segunda vez y nos deleita. Lo vemos por tercera vez y nos parece normal. La cuarta apenas nos despierta un interés escaso, cuando no un liso y llano escepticismo. Recién cuando una situación maravillosa deja de ocurrir para siempre, algunos de nosotros, los más sensibles, los más nostálgicos, los más memoriosos, advertimos nuestro error y nos lamentamos. Aquello era realmente maravilloso y digno de asombro. No solo una vez. No solo la primera vez. Sino todas las veces. Siempre.

El buen jugador siempre es un poeta. Todo poema, todo pase entre líneas, es una conexión de conceptos y simetrías, pero también un juicio acerca de la condición humana.

Si se mantienen así las cosas, el técnico debería hacer cambios. Recapituló. Y recapituló bien porque quedaba claro lo que no pronunció, pero sí pensó: “En el banco hay dos defensores y yo. El único delantero, el “Negro” Ruiz, no vino. Me tendrá que meter”. Un sobresalto, un detalle que no constituía un detalle, una contradicción, un problema moral: no le gustó su cálculo. Lo sorprendió, por primera vez el lado áspero del fútbol. Qué cosa: la competencia, especular a su favor. La verdad: se sintió miserable por eso.

Estar en el arco le daba la posibilidad de contemplar con claridad y con lujo de detalles esas bellezas que en ocasiones nos regala el fútbol. Además, muchas veces podía elegir. Porque no siempre la pelota entraba en el ángulo, pero, si la jugada había tenido más de veinticinco o treinta toques, el “Loco” automáticamente empezaba a aplaudir, como si estuviera en el teatro, emocionado, casi hipnotizado por la propia jugada. Y si para él valía la pena, hacía todo lo posible para poder sumar una reliquia más a su colección.

Le alcanzaba con un par de gestos para darse cuenta de que su marido transitaba el preámbulo de un problema.

“Hagan un gol”, tela blanca, letras negras, fue colocada detrás de la cabecera local en soledad y en uno de los gestos sin necesidad de canciones agresivas para con los futbolistas profesionales que durante esa derrota contra Huracán no habían podido sacar la vista de ese mensaje cada vez que tenían un córner a favor.

La esperanza es el sueño de los despiertos.

– ¿Cómo te va, embrague?
– ¿Por qué embrague? –preguntó el entrenador con poca prudencia.
– Porque primero metés la pata y después hacés los cambios.

Fútbol y literatura se mezclan. De qué otra manera se puede definir el segundo gol de Diego Maradona a los ingleses. Dura once segundos. Es un poema. El mínimo común denominador de la belleza. Lo saben los sensibles. Lo intuyen lo amantes del juego más injusto y maravilloso del mundo. Lo entienden todos aquellos que, a pesar de los tramposos y los mercaderes, viven en estado de pasión por los colores que marcan desde la infancia. Y esa lealtad, que no conoce de agachadas, tiene relación directa con el toque de imprevisibilidad que todavía tiene el fútbol. En un campo de juego, once contra once, todavía el más débil tiene alguna chance de vencer al poderoso. Y aunque la necesidad solo apueste a los buenos resultados, es la habilidad la que nos regala los momentos más hermosos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de fútbol? Es cierto que las historias de amor son la sal del hombre. ¿Es cierto que las historias de amor son la sal de hombre? De todas maneras esta no es una historia de amor, es una historia de fútbol. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de fútbol? ¿Y de amor? El casamiento resulta ser una barbarie. O sea, el protocolo nupcial al que se somete el ser humano es en general una barbarie, un desperdicio de dinero o un dinero malgastado. Un juego de caprichos y rituales religiosos, ceremoniales, de ancestros.

Pasearon en el Batimóvil hasta una canchita donde los amigos de ella peloteaban. El partido se frenó sin más, se olvidaron de los descuentos, de que el que metía el gol ganaba, y se abalanzaron los pebetes sobre el crack con el amor de un hincha que es un amor verdadero. Ella no salía del asombro. Era la única de todo el enjambre enérgico a la que aquel pibe no le generaba más rumor inminente al que sus mejillas estaban dispuestas porque el cuerpo reclama. El miedo a lo desconocido del cuerpo del otro puede paralizar, hacer temblar, divagarse por un rato en una conversa nerviosa que no va en los hechos a ningún lado, pero que viaja por el abanico de chanches de la fantasía, ese invento creativo que está desde el huevo o la gallina, que a veces nos enferma, pero que es también el motor del alma.

Como gambeteando en un rincón del Nuevo Gasómetro, él le roba un beso con osadía que afloja las barreras mentales, destraba los barrotes del cuerpo, abre las celdas de las comisuras. La lengua recorre la lengua del otro con timidez. El habla con distinto canto calla. Ese ruido de anchuras frescas invade la nave hasta que uno de los dos sube el volumen de la radio. Son minutos donde las bocas hablan sin palabras, tan cerca, tan adentro del decir del otro, divulgando entre alientos intensos lo que canta el cuerpo. Ella se estremecerá cuando las manos de él asalten su blusa. Él la tranquilizará con carpeta. Ella se dejará ir con la humedad y sostendrá la escultura de sus piernas deportivas, luego su entrepierna creciente. Él la desnudará a medias, el aire acondicionado hará el resto. Ella envolverá aquel miembro lampiño con sus dedos, sacudirá las vergüenzas llegando a la cima. Se trepará atrevida al asiento reclinable del Batimóvil. Él será un súperhéroe con cierta inseguridad. Cuando la penetre no podrá evitar el canto de la tribuna en su mente. Los cuatro ojos penderán del techo del auto, y serán un ratito nomás, con la intensidad necesaria para no verse nunca más. Ambos mentirán en los cuentos de vestuario y camarín.

Espero que te guste el presente y mucho más el futuro que tengo para darte.

La capacidad de soñar. La fuerza del sueño como fecunda medida de integración entre dos mundos: el que se abre paso entre las brumas del pasado y el que pulsa en la certeza del presente. El Hombre es el único animal que suela despierto y cada hombre es la medida de sus sueños, sea en la alfombra mágica de un deseo escrito en el horizonte, sea en el tamizado eco de un tiempo que fue hermoso.

Lo mejor de la vida es soñar y, a pesar de que los años se van, los sueños nos acercan en tiempo y distancia.

Escribo estas líneas durante una práctica de treinta chicos sobreinformados de fútbol global hasta el detalle de soñar –una vez los escuché hablar del asunto- casarse con una modelo rusa con la que ir a recibir el Balón de Oro. Uno de los temas más transitados de las narraciones futboleras es que las metas de ahora no tienen el romanticismo de los sueños de entonces, cuando el futuro crack de Estudiantes, Racing, Chacarita y Newell’s reventaba a pelotazos el portón del vecino. Pero aquello que sutilmente evoca el cuento sigue estando aquí mismo, donde desde hace horas unos pibitos no pueden resistir la tentación de pegarle a una botellita de plástico, tratando de embocarla no sé dónde. No lo sé porque mientras esquivo botellazos y les grito –como el vecino del “Mago”- que vayan a patear a otro lado, estoy tratando de concentrarme en lo mío. En descubrir la jugada oculta de Capria. El ángulo al que va a patearle con esta historia, que no es sobre el pasado, ni la nostalgia, ni el paraíso perdido. Al contrario. Este cuento es sobre la fuerza irresistible del desafío, sobre el deseo que nos impulsa al futuro.

Ahí está la clave del asunto. Porque acaso alguien, inclusive alguien con buena intención, interprete que molestábamos por molestar, o que, de verdad, deberíamos haber ido a patear a otra parte y dejar de joderle el portón y la calma a Lelio. ¿Pero cómo hacerlo? ¿Cómo evitarlo? Lo comprenderá cualquiera, chico o grande, que alguna vez haya tenido adelante ese paisaje y haya aprendido que no hay un paisaje mejor en el planeta: una paleta, un ángulo, un desafío, una fiesta posible. Realmente, si el fútbol durante un ratito no es eso, si la vida durante un ratito no es eso, ¿qué son, al cabo, el fútbol y la vida? Por eso, va de nuevo: la nuestra era una tentación irresistible.

Amalia, la esposa de Lelio, que nos decía con la calidez de una abuela que no hiciéramos tanto ruido. No reclamaba que dejáramos de jugar, tal vez porque los abuelos, se sabe, vuelven a sentirse jóvenes cuando ven a un niño jugar apasionadamente y disfrutar de ese juego.

Porque muchas veces eso también es el fútbol. Un buen partido que termina en derrota. Un buen desempeño que no se refleja en el tanteador. Una carrera pareja sostenida en años y años de trayectoria, que sin embargo no termina pagando las cuentas cuando uno se acerca a los cuarenta.

Ya sabemos que el que sale a empatar termina perdiendo.

Piensa en lo cansado que está de los discursos magistrales, de las recetas para ser feliz. Como si en el desierto alcanzara la palabra agua para saciar la sed.

El fútbol, sabemos, usa el usted para demostrar cariño y el vos para el maltrato.

Mi padre siempre me decía: ‘encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día’.

Pasó todo muy rápido y Leo debió empezar una nueva vida. Una vida que no había soñado y para la que no estaba preparado. Una vida nueva: la del ex jugador. Una vida nunca prevista y recién imaginada cuando ya está muy cerca de ser una cereza. Una vida incompleta o completamente diferente, depende c cómo se quiera mirarla. Una vida de menos adrenalina y repleta de circunstancias desconocidas, humanas, monótonas e intrascendentes, que forman parte de la rutina de todos pero no de la de un futbolista.

Cuanto más lejos estuviese del consultorio, más cerca estaría del campo de juego.

Bienvenidos los futbolistas que escriben y que leen.

Tenía una familia preciosa que solo veía a primera y a última hora, o en las fotos del living, ya que durante el día desaparecían. O, mejor dicho, él había dejado su carrera y ahora aquel tiempo libre se había transformado en un monstruo. Era una sobredosis de tiempo neto, lento y abrumador que lo devoraba. Lo atontaba. Y el “Terror”, en su segundo año como ex jugador, solo vivía de recuerdos. De goles inolvidables, jugadas espectaculares y ovaciones de piel de gallina que aún lo desvelaban en las madrugadas. Ahora eran solo sueños, pero tan reales y palpables que le hacían trasladarse otra vez a su hábitat natural, rectangular, a un césped recién regado. Y añorar quizás lo más cotidiano y sencillo, pero a la vez entrañable: el clima de vestuario. Del cual no podía despegarse ni su cuerpo ni su alma. El ambiente de la convivencia, con momentos dulces y otros duros, con las jodas y los problemas resueltos mirándose de frente en medio de la tensión. Los compañeros, los amigos, los utileros, los masajistas y el olor. No a sudor ni a huevos, no. El olor a la emoción, al vértigo, a lo más increíble del mundo esperando ahí, al otro lado del túnel.

Yo no sé jugar al fútbol. No tengo pasión por ninguna camiseta (me hice de Boca por mis hijos). Me explicaron la ley del orsai mil veces sin éxito. Ni siquiera sé hacer una pelota de papel. Entonces leí el cuento de Kurt Lutman y lloré.

Los chicos del barrio necesitaban reflexionar sobre el contexto histórico, sociopolítico, convertirse en sujetos de cambio. Y para eso había llegado yo.

Yo elegía dos equipos para hacerlo parejo. Oficiaba de árbitro de fútbol y otras veces de box, cuando alguno le arrimaba un patadón a otro y se iban a las manos, luego de algún episodio aí, yo sentía que era el momento justo y, con la pelota bajo el brazo, hacía un discurso sobre la solidaridad y el respeto. Discurso que siempre era interrumpido por alguno que me arrebataba la pelota para seguir jugando mientras el resto gritaba de alegría.

El hermano más chico del “Pipi” tenía 6 meses y en forma accidental se había caído de la mesa, de espaldas. No quise ni pude saber más nada y empecé a buscar al “Pipi” para abrazarlo y no soltarlo más. Lo encontré corriendo y jugando con los chicos a la vuelta y lo sentía a salvo. Con 7 años era imposible dimensionar tanto dolor junto. Era impresionante ver a los hombres del barrio en la sala, sin poder llorar. Con los ojos y el cuerpo a punto de estallar, pero sin poder hacerlo. Dejamos pasar una semana y volvimos a encontrarnos para jugar, pero el “Pipi” no vino. Quise ir a buscarlo a la casa pero no me animé. Sentí que yo tampoco estaba preparado para pechar ese dolor. Volvió como al mes. Lo trajo de la mano el hermano. Estaba serío. Mientras jugaban, yo estaba más atento a él que a ninguno. Estaba esperando que, como de costumbre, tuviera un encontronazo con un compañerito y pudiera llorar todo lo que quisiese. El momento llegó después de una trabada. Se cayó al suelo y se agarró fuerte la pierna. Apretó los dientes, reprimió un sonido parecido al llanto y se secó los ojos y los mocos con el antebrazo. No lloró. Tenía 7 años y desde ese día, al igual que los hombres del barrio, pasó a formar parte de los que no lloran.

El fútbol también es mujer.

Yo sueño con hacer la atajada de mi vida, una volada que me despegue tanto del suelo que me saque del estadio, donde el lente angular de los fotógrafos no llegue y por fin pueda alcanzar el cielo y sentir, como cuando era un niño, rozar la pelota para desviarla al córner, y ya no será la pelota lo que sienta en mis manos, ya no será el murmullo de una popular llena lamentándose por el gol que no fue. En su lugar, sentiré sus manos y su voz diciéndome: “Te amo hijo”.

Todo lo que hacemos los hombres es con el único propósito de conquistar mujeres.

Nosotros, en cambio, éramos un rejuntado de pendejos apasionados por el fútbol, al que jugábamos en la calle y cada día de nuestras vidas, con frío, con calor o con lluvia. Pero ante todo éramos amigos y eso tenía más valor que un decreto presidencial.

Te confieso que jugar una Champions es fácil. Estadios perfectos, campos inmaculados, indumentaria espléndida, suena el himno de la UEFA, los adversarios se saludan cordialmente y un árbitro dictamina de forma imparcial. Pero yo te digo que había que ser muy valiente para jugarte la cabeza y las piernas contra los codazos y los patadones asesinos de esos salvajes, para arriesgar la vida cayendo entre los hierros de las vías o sobre los trozos de cristal esparcidos por borrachos vagabundos que habitaban los vagones abandonados. Juro que jamás vi tanta entrega, tanto amor propio y tanta devoción en un partido de fútbol como la de mis amigos. Y te firmo que he visto muchísimos partidos, en directo, por la tele, hasta en la radio diría, aparte de los que jugué como amateur y más tarde de profesional.

El rocío no anuncia nada especialmente malo. Si amanece nublado, el día todavía puede arreglarse. Si no, pasa y vendrán otros mejores.

Nunca terminamos de creer lo que no queremos que suceda.

de platini Publicado en Libros

Entre cachacos

Gabriel García Márquez

Entre cachacos

Entre cachacos


Segundo volúmen de la colección Obra Periodística que conjunta las críticas mordaces de cine, algunos reportajes de sucesos de la época (que incluyen el relato de un náufrago) y algunas columnas que considero son lo mejor y en donde ya se perfilaba el estilo del Gabo, y que corresponden a los años 1954 y 1955. Calificación de 9.5

Greguería: Gritería.
Sinécdoque: Designación de una cosa con el nombre de otra, de manera similar a la metonimia, aplicando a un todo el nombre de una de sus partes, o viceversa, a un género el de una especie, o al contrario, a una cosa el de la materia de que está formada, etc., como en cien cabezas por cien reses, en los mortales por los seres humanos, en el acero por la espada, etc.
Epatar: Producir asombro o admiración.
Gamonal: Tierra en que se crían muchos gamones (Planta de la familia de las liliáceas).
Abalear: Balear.
Atarván: Que es brusco, de mal carácter, de modales groseros y disfruta ofendiendo y golpeando a los más débiles.
Delectación: Deleite.
Astracán: Piel de cordero nonato o recién nacido, muy fina y con el pelo rizado.
Cisco: Hacer trizas.
Adocenada: Vulgar y de muy escaso mérito.
Marconigrama: Despacho transmitido por la telegrafía o telefonía sin hilos, radiograma.
Periclitar: Decaer o declinar.
Hieratismo: Cualidad hierática (Dicho de un estilo o de un ademán) de los estilos y formas que afectan solemnidad extrema.
Tajamar: Parte de un apoyo o pila de un puente para cortar el agua y disminuir su empuje.
Triscar: Enredar, mezclar algo con otra cosa.
Chontaduro: Árbol de las palmáceas.
Trocha: Vereda o camino angosto y escusado, o que sirve de atajo para ir a una parte.
Montuno: Perteneciente o relativo al monte.
Palustre: Paleta de albañil.
Intemperancia: Falta de templanza.
Tiple: Guitarra pequeña de voces muy agudas.
Estragar: Dañar física o moralmente.
Dehesa: Tierra generalmente acotada y arbolada, por lo común destinada a pastos.

Para las malas películas habrá siempre público. Para las buenas no siempre.

Los veteranos no son héroes, sino víctimas.

Barranquilla festeja intensamente cinco días de Carnaval. Los otros trescientos sesenta son de trabajo intenso, que en el caso de la capital del Atlántico no son sino una manera de esperar intensamente el Carnaval.

Jean Peters, que es una elegante envenenadora, y Joseph Cotten, su cuñado, ni siquiera juegan al gato y al ratón para distraer al público porque él sabe que es ella quien está envenenando a sus sobrinos, y sabe que ella lo sabe, y ella a su vez sabe que él lo sabe como lo sabe el público desde la quinta escena.

El velorio es un pintoresco y bullicioso espectáculo de feria, donde lo menos importante, lo circunstancial y anecdótico es el cadáver. Cuando una persona muere en La Sierpe, otras dos salen de viaje en sentidos contrarios: una hacia La Guaripa, a comprar el ataúd, y otra hacia el interior del pantano, a divulgar la noticia. Los preparativos comienzan en la casa con la limpieza del patio y la recolección de cuanto objeto pueda obstaculizar esa noche y en las ocho siguientes el libre movimiento de los visitantes. En el rincón más apartado, donde no constituya obstáculo, donde estorbe menos, es acostado el muerto a ras de tierra, puesto de largo sobre dos tablas.

Genio de plañideras entre las plañideras de La Sierpe fue la Pacha Pérez, una mujer autoritaria y escuálida, de quien se dice que fue convertida en serpiente por el diablo a la edad de 185 años. Como a La Marquesita, a la Pacha Pérez se la tragó la leyenda. Nadie ha vuelto a tener una voz como la suya, ni ha vuelto a nacer en los enmarañados pantanos de La Sierpe una mujer que tenga como ella la facultad alucinante y satánica de condensar toda la historia de un hombre muerto en un alarido. La Pacha Pérez estuvo siempre al margen de la competencia. Cuando de ella se habla, las plañideras de ahora tienen una manera de justificarla, que es a la vez una manera de justificarse a sí mismas: «Es que la Pacha Pérez tenía pacto con el diablo».

Lo que al atardecer era un alegre y pintoresco mercado, en la madrugada empieza a voltear hacia la tragedia. La artesa ha sido llenada varias veces y varias veces consumido su torcido aguardiente. Entonces se le forman nudos a las conversaciones, al juego y al amor. Nudos apretados, indesatables que romperían para siempre las relaciones de aquella humanidad intoxicada, si en este instante no saliera a flote, con su tremendo poderío la contrariada importancia del muerto. Antes del amanecer alguien recuerda que hay un cadáver dentro de la casa. Y es como si la noticia se divulgara por primera vez, porque entonces se suspenden todas las actividades y un grupo de hombres borrachos y de mujeres fatigadas, espantan los cerdos, las gallinas, ruedan las tablas con el muerto hacia el centro de la habitación, para que rece Pánfilo. Pánfilo es un hombre gigantesco, arbóreo y un tanto afeminado, que ahora tiene alrededor de cincuenta años y durante treinta ha asistido a todos los velorios de La Sierpe y ha rezado el rosario a todos sus muertos. La virtud de Pánfilo, lo que lo ha hecho preferible a todos los rezadores de la región, es que el rosario que él dice, sus misterios y sus oraciones, son inventados por él mismo en un original y enrevesado aprovechamiento de la literatura católica y las supersticiones de La Sierpe. Su rosario total, bautizado por Pánfilo, se llama «Oración a nuestro Señor de todos los poderíos». Pánfilo, que no tiene residencia conocida, sino que vive en la casa del último muerto hasta cuando tiene noticia de uno nuevo, se planta frente al cadáver llevando con la mano derecha levantada la contabilidad de los misterios. Hay un instante de grandes diálogos entre el rezador y la concurrencia, que responde en coro: «Llévatelo por aquí», cada vez que Pánfilo pronuncia el nombre de un santo, casi siempre de su invención. Como remate de la «Oración a nuestro Señor de todos los poderíos», el rezador mira hacia arriba, diciendo: «Ángel de la guarda, llévatelo por aquí». Y señala con el índice hacia el techo.

El ataúd llega antes del amanecer. Entonces se transforma el ambiente, porque algo parece indicar a la gente de La Sierpe que lo que proporciona a la muerte una dimensión de pavor, no es propiamente el cadáver, sino la caja mortuoria que el carpintero de La Guaripa fabrica a la carrera, con tablas mal claveteadas y sin cepillar, cada vez que de los pantanos surge un hombre con una soga cortada a la medida del muerto. A cualquier hora del día o de la noche en que un mensajero de La Sierpe toque a las puertas del carpintero de La Guaripa, el hombre se levanta dispuesto a trabajar, pues sabe que por muy diligente que sea el mensajero, quien está necesitando el ataúd tiene por lo menos seis horas de estar tirado en un rincón, pudriéndose entre los cerdos y las gallinas.

Pero luego empezó a precisar voces en la oscuridad. Y oyó otra vez las pisadas conocidas y vio las sombras estiradas en la pared del zaguán. Entonces supo que después de muchos años de aprendizaje, después de muchas noches de vacilación y arrepentimiento, el hombre que abría la verja de hierro había decidido entrar.

La otra mujer rodó una silla hasta la mesa. El hombre se sentó, cruzó una pierna y desató el cordón de la bota. La otra se sentó junto a él, hablándole con espontaneidad de algo que ella, en el mecedor, no alcanzaba a entender. Pero frente a los gestos sin palabras ella se sentía redimida de su abandono y advertía que el aire polvoriento y estéril olía de nuevo como antes, como si fuera otra vez la época en que había hombres que entraban sudando a las alcobas, y Úrsula, atolondrada y saludable, corría todas las tardes a las cuatro y cinco, a despedir el tren desde la ventana. Ella lo veía gesticular y se alegraba de que el desconocido procediera así; de que entendiera que después de un viaje difícil, muchas veces rectificado, había encontrado al fin la casa extraviada en la tormenta.

El cómico solo, girando en el vacío y sin recursos originales, consigue divertir — gracias a la costumbre que ya tenemos de que Cantinflas nos divierta— pero sin agregar una sola nota meritoria y distinta a su apreciable carrera.

La maravillosa calidad de la fotografía y la sostenida y ladina explotación del silencio —que según Bresson es la gran conquista del cine sonoro— contribuyen definitivamente a la creación de este terrible clima de ansiedad, más severo, más profundo y humano que aquel en que Alfred Hitchcock ha cimentado su fama y su gloria. En medio de ese ambiente angustioso, de esa intensidad que podría palparse, analizarse con el tacto casi tan bien como con la vista, podría surgir una pregunta demoledora: «¿Quién mandó a estos cuatro hombres a embarcarse en semejante empresa?». Es entonces cuando resultan lamentables los cortes que se han hecho a la primera parte del film, y que no parecen obedecer a ningún criterio religioso o moral, sino simplemente político. Quienes tuvieron oportunidad de ver en Europa El salario del miedo en su copia intacta convienen en asegurar que más de media hora de película ha sido cortada en la primera parte. Eso podría explicar la no muy clara justificación humana de la segunda parte. El salario del miedo comienza con una larga y rapidísima sucesión de planos, con breves secuencias que tienen al parecer dos objetos: uno estético y otro técnico. El primero se propone plantear cuidadosamente la situación en que vive un grupo de hombres en una pobre aldea probablemente centroamericana, aunque existen versiones de que Arnaud vivió y padeció muchos años en Venezuela, donde los petroleros son dueños y señores y de cuya voluntad depende prácticamente el destino de los hombres. Gentes de todos los países —un italiano, un maltés, varios franceses— aguardan su oportunidad, la última oportunidad de sus vidas, en esa aldea insalubre, primitiva, tórrida y brutal donde la vida humana no vale cinco centavos. Las cosas han llegado a agravarse de tal modo, que la oportunidad de ganarse dos mil dólares jugándose la vida con un camión cargado de nitroglicerina es la más apetecible que podría presentársele a cualquier hombre en ese medio. La escena de crudo matonismo que hace Jo al italiano, el ambiente de ternura bruta y hasta de bárbaro homosexualismo que Clouzot logra crear en la primera parte no tienen otro propósito que el de justificar la segunda parte del film y marcar un fuerte contraste entre el comportamiento de los mismos hombres frente a dos situaciones distintas. Desde el punto de vista técnico, se trata de lograr igualmente un contraste entre la narración esquemática y el montaje rápido (planos de Mario hablándole del pueblo a Jo; salto directo de Jo cubierto de barro por un jeep; a Jo tratando de limpiar el vestido) y la narración lenta, minuciosa y penetrante de la segunda parte. De igual manera, los intensos comentarios musicales, de Georges Auric —en la primera parte— preparan al espectador para los angustiosos silencios de la segunda parte.

Lo malo no es el cine político. Lo grave para el arte cinematográfico es el cine político que no es nada más que eso: la demostración gratuita de que lo bueno está de un lado y lo malo de otro, no importa cuál sea un lado y cuál el otro.

Los norteamericanos están empeñados en presentar a los norteamericanos como ellos mismos creen que son los norteamericanos. Y si los norteamericanos célebres fueran como los presentan sus compatriotas en el cine, puede asegurarse que los Estados Unidos no habrían podido intentar nunca la comandancia del mundo. Parece evidente que la falla de Hollywood, al novelizar la biografía de sus héroes, es la confusión en que se incurre al tratar de distinguir entre lo esencial y lo anecdótico.

A causa de la confusión de las noticias, del clamor de las sirenas, de la cívica derogación de las disposiciones de tránsito, originada por la emergencia, la ciudad se preparó en una hora para socorrer con amplitud a 10 000 heridos. Un sereno balance final demostró que sólo hubo 65, ninguno de extrema gravedad.

La gran mayoría de los participantes en el rescate se empeñaban en localizar una víctima de su familia, porque alguno de sus parientes no estaba en casa cuando se conoció la noticia, o había hablado de ella y luego no había sido visto, o sencillamente porque no había ido a comer a la hora habitual. En la policlínica municipal, una familia reclamó el cadáver de un niño identificado por todos como uno de los suyos. Cuando la familia llegó a casa con el cadáver, encontró al niño verdadero, aturdido porque al llegar y no encontrarla creyó que toda su familia había perecido en la tragedia. El caso contrario fue el de Cristina López, residente en Villahermosa, que identificó como el de su hijo Marco Antonio López, de 35 años, un cadáver a medio vestir. Cristina López se despojó de parte de sus ropas y fue a su casa a preparar las velaciones. Cuando regresó al «cuarto del olvido» del Hospital de San Vicente, donde una multitud desesperada trataba de identificar los cadáveres, el supuesto cadáver de Marco Antonio López había sido entregado a otra persona: una mujer que lo identificó y lo sepultó como el de su esposo, Crisanto Arango. Hasta el viernes pasado, Cristina no había encontrado a su hijo, ni vivo ni muerto, e insistía en que era suyo el cadáver disputado, que no sufrió desfiguraciones.

Medellín se repone rápidamente de la conmoción. El barrio de Las Estancias, que por su cercanía a la Media Luna sufrió la mayoría de las víctimas, ha vuelto a recobrar su sereno y pintoresco aspecto de pesebre de Navidad. Ni siquiera ha dejado de repartirse la leche, todas las mañanas a las 6, a pesar de que el lechero, Francisco Antonio Hernández, murió en la catástrofe. El 13 de julio, estando aún el cadáver en la casa, su mujer, Carmen Rosa Bedoya, y sus dos hijos, repartieron la leche como de costumbre, y desde entonces no han dejado de repartirla.

Estos cuentos: son fragmentos de cartas que se quedaron sin escribir, párrafos inéditos de aquellos periodísticos telegramas que nos mandaba de los Estados Unidos, y que por no venir por cable sino por correo llegaban con la precisa cantidad de retraso que necesita una noticia para empezar a ser recuerdo.

Quibdó no tiene aeródromo: su pista de aterrizaje es el Atrato, en el que dos veces por semana acuatiza un avión que por más de un motivo se parece a los aviones expedicionarios que buscaban a Tarzán. Allí se viaja, por el aire, en condiciones muy poco diferentes a como se viaja en las lanchas del Atrato: entre grandes bultos de fibra para fabricar escobas, comestibles y textiles. Cuando ese avión atraviesa una tormenta —y esto ocurre probablemente en cada viaje, pues en el Chocó llueve 360 días al año— el agua se filtra por las goteras del fuselaje, y a 800 pies de altura se tiene la sensación del naufragio.

Desde hace años, los chocoanos están pidiendo una carretera. No importa hacia dónde vaya esa carretera, siempre que rompa el cerco de la selva.

Es difícil llegar a Quibdó. Pero es más difícil salir.

El negocio de hotel es allí un mal negocio. En toda la sección, desde las bocas del Atrato hasta las del San Juan, no hay un solo pueblo con restaurante: cada viajero come donde el primo de su tía, y duerme donde su cuñado o donde el cuñado de su cuñado. Cualquier chocoano raizal que explore su ascendencia en más de dos generaciones, encuentra la manera de ser pariente de su vecino. Y si no lo es, tampoco importa, porque tarde o temprano tendrá la oportunidad de ser su compadre.

Lo alarmante es que la nación en toda su historia no haya contribuido en forma efectiva a estimular, con adecuados medios de comunicación, esa unidad chocoana que tan útil y ejemplar puede ser para el resto del país. Lo único que se ha hecho es una carretera interna, teóricamente de Yuto a Istmina, que muy probablemente es la única carretera del mundo que en realidad no sale de ninguna parte, ni llega a ninguna parte. El embotellamiento del Chocó es crítico en tal extremo que hasta su única carretera interna es una carretera embotellada.

El transbordo de la lancha al camión, no es el único que se hace en el viaje de Quibdó a Istmina. Hay que hacer un segundo transbordo, «en Cértegui», según se dice. Pero también esa es una manera de decir las cosas, sencillamente porque la carretera de Yuto a Cértegui, que no pasa por Yuto, tampoco pasa por Cértegui.

Al revés de lo que ha ocurrido siempre, en el Chocó son los pueblos los que tienen que pasar forzosamente por las carreteras y no las carreteras por los pueblos.

Bahía Solano ignora a qué saben las naranjas de Cupica, a pesar de que en el mapa figuran a una pulgada de distancia.

La muchacha que atiende a los huéspedes en el hotel de Istmina, que estudió hasta el segundo año de pedagogía y no pudo continuar por falta de recursos, se sentaba en la mesa con los pasajeros, la semana pasada, y decía: «Nosotros hemos aceptado que nos dejen sin carreteras, que se lleven el platino y todo lo que quieran. Pero no podemos aceptar que nos descuarticen y nos echen a los perros». Allí el pasado no se fue sencillamente, como se ve en todas partes. Fue arrastrado por un oscuro ventarrón de fatalidad.

Cada silla descolorida y remendada, puesta contra el rincón, puede ser una pieza de museo si el dueño de casa recordara con precisión quiénes se sentaron en ella.

A la hora de matinée —una palabra francesa metida a empujones en el castellano— en el interior de los teatros se respira una atmósfera lúgubre. Parece como si las pisadas sonaran menos en el piso alfombrado, pero la realidad es que quienes asisten a la proyección de esa hora procuran, inconscientemente, pasar inadvertidos. «Es el sentimiento de culpa del matinée», ha dicho alguien, definiendo en esa forma la atmósfera de misterio y clandestinidad que tienen los teatros a las tres de la tarde. Antes de que comience la función vespertina, que es la función de los enamorados y de quienes no lo están aunque parecen estarlo, se oyen palabras sueltas, frases interrumpidas. En la función nocturna, la gente aguarda a los invitados en la antesala; saluda a los conocidos, conversa con ellos. Hay un ambiente de saludable entretenimiento. En matinée no se oye una palabra. No se oye un ruido. Es como si cada uno de los asistentes —quince, veinte, veinticinco — se hubiera refugiado a esa hora en la oscuridad de un teatro para esconderse de su propio sentimiento de culpa.

Si a un verdadero cineísta se le dice en la calle que una película es insoportablemente mala, asistirá entusiasmado a la próxima exhibición, para convencerse de que es mala en realidad.

«Cuando tenga un problema sin solución, váyase a matinée», le decía hace algún tiempo el gerente de una importante empresa a su jefe de relaciones públicas. El miércoles de la semana siguiente se encontraron a la salida de un matinée.

Aunque el espectador no entienda el idioma, es preferible la magia de la voz original que el artificioso recurso del doblaje, cuyo carácter de cosa postiza es imposible disimular aun en los casos en que el trabajo ha sido realizado aceptablemente.

El buen cine no tiene por qué ser nada distinto de la reconstrucción de lo cotidiano, del reflejo fiel de ese montón de cosas minúsculas, en apariencia inútiles, pero cargadas de un profundo significado, que hacen los hombres en cualquier hora de su vida.

Veteranos de guerra víctimas de la paz.

Entre los campos de batalla de Colombia y las ciudades de batalla de Colombia, en donde la simple, la ordinaria tentativa de conseguir trabajo era todo un problema de guerra, muchos prefirieron los campos de batalla de Corea.

Hay un último aspecto del problema de los veteranos, que parece no haber merecido mayor interés: el de los que pudiendo trabajar y teniendo oportunidades de empleo, continúan cesantes porque su nueva mentalidad de héroes les ha trastornado el sentido de la realidad y aspiran a mucho más de lo que realmente se les puede ofrecer en las actuales circunstancias. Es bastante probable que algunos de estos últimos —seguramente muy escasos— se hubieran enrolado en el Batallón Colombia precisamente para no trabajar. Mayores motivos para aspirar a una vida reposada deben de tener hoy que son héroes.

Un día llegó Santa Claus a Colombia, y desde ese día nació un nuevo oficio para un número muy limitado de colombianos: disfrazarse de Papá Noël —que es el nombre francés de Santa Claus— durante la época de Navidad. Para ganarse unos pesos a las puertas de un almacén de juguetes, repartiendo golosinas a los niños y listas de precios a los adultos, un colombiano no necesita tener más de veinte años ni parecerse a Santa Claus. La edad y el parecido estaban en las máscaras con cabellos y barbas de espumoso algodón, que constituyeron una nueva industria cuando se admitió que Santa Claus participara de la Navidad colombiana.

El estilo de estos dos directores es tan parecido, que uno de los dos sobraría en la historia del cine italiano si no sobraran ambos.

Una historia igual a la vida había que contarla con el mismo método que utiliza la vida: dándole a cada minuto, a cada segundo la importancia de un acontecimiento decisivo.

Más que arte, el cine es una distracción.

Todo el epílogo es una formidable obra de teatro de un solo acto y a cargo de un solo y estupendo actor. Pero sobra en la película.

Un gobierno duraba cuatro años, antiguamente. Un congresista duraba dos. Un gobernador podía durar cuatro años o cuatro días. En Colombia, lo que un gobierno emprende el siguiente lo interrumpe, lo modifica o lo continúa a su manera. La historia de Bocas de Ceniza con sus cumbres y sus abismos, sus indecisiones, interrupciones y tropiezos es un reflejo fiel de la historia de la administración nacional en los últimos cincuenta años. Han sobrado ideas, han sobrado manos y a veces han faltado manos e ideas, pero siempre ha faltado un sistema.

En 1953 regresó a Barranquilla, cuando todavía no habían cesado los últimos estampidos del escándalo periodístico. La draga venía más famosa, más flamante y más veloz que la primera vez. Pero todavía no servía para nada.

El zapatero fue el primero que se dio cuenta de que Luis Alejandro Velasco no había muerto, porque oyó decir a alguien que pasaba que alguien le había dicho a alguien que lo había oído decir en la radio. Pero el zapatero no tuvo tiempo de dar la noticia a la familia, a la 1.45 de la tarde, porque en ese mismo instante Dolores de Zipa la estaba recibiendo por teléfono en la casa de enfrente. Su padre la transmitía desde algún lugar de la ciudad, donde lo había oído por la radio, pero no llamaba a su casa con tanto interés por dar la noticia, como por pedir que le mandaran ropa al aeródromo porque se iba para Cartagena, como en efecto se fue.

La mejor manera de conocer un pueblo es leyendo las páginas judiciales de sus periódicos

El drama que cuenta Kanheto Shindo no es el drama de los muertos, sino el de los sobrevivientes, a través del espanto, el terror, el desconcierto y la inocencia de los niños de Hiroshima.

Debajo de mi litera, el marinero primero Luis Rengifo roncaba como un trombón. No sé qué soñaba, pero seguramente no habría podido dormir tan tranquilo si hubiera sabido que ocho días después estaría muerto en el fondo del mar.

El sol me abrasaba el rostro y las espaldas y los labios me ardían, cuarteados por la sal. Pero en ese momento no sentía sed ni hambre. La única necesidad que sentía era la de que aparecieran los aviones.

Yo sabía que en el piso de la balsa estaría a salvo de animales, porque la red que protege el piso les impide acercarse. Pero eso se aprende en la escuela y se cree en la escuela, cuando el instructor hace la demostración en un modelo reducido de la balsa, y uno está sentado en un banco, entre cuarenta compañeros y a las dos de la tarde. Pero cuando se está solo en el mar, a las ocho de la noche y sin esperanzas, se piensa que no hay ninguna lógica en las palabras del instructor. Yo sabía que tenía medio cuerpo metido en un mundo que no pertenecía a los hombres sino a los animales del mar y a pesar del viento helado que me azotaba la camisa no me atrevía a moverme de la borda.

Lo que hizo más larga mi primera noche en el mar fue que en ella no ocurrió absolutamente nada.

Es imposible que la noche sea tan larga como el día. Se necesita haber pasado una noche en el mar, sentado en una balsa y contemplando un reloj, para saber que la noche es desmesuradamente más larga que el día.

El hambre es soportable cuando no se tienen esperanzas de encontrar alimentos.

Un momento antes había pensado que era capaz de comerme un tiburón entero. Pero al segundo bocado me sentí lleno. Mi terrible hambre de siete días se aplacó en un instante. Volví a sentirme fuerte, como el primer día. Ahora sé que el pescado crudo calma la sed. Antes no lo sabía, pero observé que el pescado no sólo me había aplacado el hambre, sino también la sed.

Más que la sed, el hambre y la desesperación, me atormentaba el deseo de contar lo que me había pasado.

También en arte la honestidad tiene un valor que no puede menospreciarse.

Hay un instante en que ya no se siente dolor. La sensibilidad desaparece y la razón empieza a embotarse hasta cuando se pierde la noción del tiempo y del espacio.

Me resultaba más difícil morir que seguir viviendo.

Antes había sentido miedo de la noche, ahora el sol del nuevo día me parecía un enemigo. Un gigantesco e implacable enemigo que venía a morderme la piel ulcerada, a enloquecerme de sed y de hambre. Maldije el sol. Maldije el día. Maldije mi suerte que me había permitido soportar nueve días a la deriva en lugar de permitir que hubiera muerto de hambre o descuartizado por los tiburones.

En tierra, la primera impresión que se experimenta es la del silencio. Antes de que uno se dé cuenta de nada está sumergido en un gran silencio. Un momento después, remoto y triste, se percibe, el golpe de las olas contra la costa. Y luego, el murmullo de la brisa entre las palmas de los cocoteros infunde la sensación de que se está en tierra firme. Y la sensación de que uno se ha salvado, aunque no sepa en qué lugar del mundo se encuentra.

Nunca creí que fuera buen negocio vivir diez días de hambre y de sed en el mar. Pero lo es: hasta ahora he recibido casi diez mil pesos. Sin embargo, no volvería a repetir la aventura por un millón.

Durante mis diez días en el mar no tuve en ningún momento la sensación de que me volvería loco. La tuve por primera vez esa mañana, cuando daba vueltas al coco buscando un punto por donde penetrarlo, y sentía batirse entre mis manos el agua fresca, limpia e inalcanzable.

Resulta imposible establecer, por la experiencia de Hiroshima, los verdaderos efectos de la bomba atómica. El lugar donde estalló —a 600 metros de altura, pues fue lanzada en un paracaídas— era el centro geográfico y al mismo tiempo el centro comercial de la ciudad. En torno a ese centro, en un área de dos kilómetros y medio, los habitantes fueron víctimas inmediatas de la radiactividad, el calor y la explosión. En el área de dos kilómetros y medio en torno al centro de radiactividad fueron víctimas de las reacciones térmicas y de la explosión. De allí en adelante, en un área de seis kilómetros en la cual se encontraba el noviciado de la Compañía de Jesús, las víctimas fueron ocasionadas exclusivamente por la explosión.

En la actualidad, y en virtud de una ley japonesa que ordena sea construida en concreto toda casa con más de dos plantas, la ciudad está completamente modernizada, y tiene la calle más ancha del mundo: más de cien metros. Pero para transitar por esa calle hacen falta las 240 000 personas que murieron en la explosión.

«De pronto vi un resplandor como el de la bombilla de un fotógrafo», dice el padre Arrupe. Pero no recuerda haber escuchado la explosión. Hubo una vibración tremenda: las cosas saltaron de su escritorio y la alcoba fue invadida por una violenta tempestad de vidrios rotos, de pedazos de madera y ladrillos. Un sacerdote que avanzaba por el corredor fue arrastrado por un terrible huracán. Un segundo después surgió un silencio impenetrable, y el padre Arrupe, incorporándose trabajosamente, pensó que había caído una bomba en el jardín.

Gente humilde de las aldeas vecinas trataban de llegar al centro de la catástrofe. Pero era imposible. Las enormes llamaradas de más de un ciento de metros de altura impedían el acceso a la ciudad. Antes del mediodía comenzaron a desarrollarse fantásticos fenómenos atmosféricos.

Los ciclistas urbanos son audaces, porque saben —o esperan— que los conductores de vehículos automotores se cuiden de no atropellarlos.

Cuando llegué al parquecito de Laureles, que con ocasión del evento había sido adornado con papel de colores, me sentía desconcertado: no veía el comité de recepción por ninguna parte. Ni siquiera sabía dónde era la meta. A alguien que pasaba por el parque, le pregunté:
—¿Dónde está la gente?
—Uf —me respondió—. Todos se fueron hace rato.

—Di que no me pienso casar, porque quiero seguir corriendo por un tiempo.
—¿Y el matrimonio sería un obstáculo?
—No —respondió—. Pero ya no sería lo mismo.

Para lo que hay que ver con un ojo basta.

No pensaba en la catástrofe, pues no había podido formarme la idea de que era cierto. Sólo cuando llegué a la avenida Jiménez toda la verdad se me metió turbulentamente por los oídos. Un voceador de prensa pasó junto a mi automóvil, gritando que «la familia de Ramón Hoyos pereció en la catástrofe». Compré el periódico, sin poder dar crédito a mis ojos. Costó tanto trabajo convencerme que antes de preguntar en las oficinas de la empresa aérea si había cupo para Medellín fui a las oficinas de los periódicos a que me confirmaran la noticia.

Me alarma mi compromiso con el público. Con este público colombiano que cada día exige más y más, cuando ya uno sólo vive para darle a ese público todo lo que puede.

Un chofer es un obrero que recorre en su vehículo, diariamente, un promedio de 300 kilómetros. Con una edad media de 38 años, hace de 12 a 14 viajes al día, y tiene que entendérselas, en la realización de uno de los trabajos más dispendiosos y agotadores que puedan existir, con 800 personas de diferente educación, diferente temperamento y diferente volumen, cosa que en la industria del transporte es muy importante.

Una Cleopatra de mármol que cierto impertinente arqueólogo francés descubrió la semana pasada en el norte de África, parece ser enteramente distinta de la Cleopatra de vértigo y de sueño que los hombres de varios siglos hemos conocido en el corazón. Falta por demostrar cuál de las dos es igual a la Cleopatra auténtica. Sin descartar la posibilidad de que incluso después de comprobada la semejanza de la Cleopatra de mármol con la Cleopatra real, nuestra íntima, imaginaria y apócrifa Cleopatra siga siendo la verdadera.

En Buckingham Palace se ha presentado un grave problema doméstico que es un grave problema de estado: hay que entretener al ama de casa, una viuda digna, discreta y apacible que colaboró con su esposo en el gobierno del imperio más grande y complicado del mundo, y ahora no sabe cómo gobernar su soledad.

Hasta hace dos años su soledad era entrañablemente compartida con la soledad del rey, en una íntima y armoniosa soledad total de los dos en compañía.

Día a día se restringe la originalidad temática del cine y se fortalece amplia y lamentablemente su dependencia de otros géneros con los cuales el verdadero cine, el cine puro y auténtico, puede tener elementos y hasta intereses comunes, pero a los cuales no debe sacrificar sus elementos propios. La crisis de argumentos originales —que es realmente una crisis de argumentistas de cine— no debe considerarse sino como una crisis del cine. Una crisis ante la cual no pueden conformarse los verdaderos cineastas, aunque ella sea resuelta con algo tan respetable y tan parecido al cine como el teatro fotografiado o la novela relatada en imágenes parlantes.

Henry Green, un criminal de Atlanta, debía estar muerto desde hace 48 horas, de acuerdo con la sentencia. Pero al llegar la fecha fijada para la ejecución, el sentenciado no se sentía bien de su hernia, y no es propio de una nación civilizada sentar en la silla eléctrica a un hombre que está en peligro de morir por una causa distinta de la dispuesta por los jueces.

Vale la pena investigar si es más cruel sentar en la silla eléctrica a un Henry Green agonizante de hernia que concederle la oportunidad de curarse de su hernia en veintidós días a un Henry Green agonizante de su silla eléctrica.

Un grado de primitivismo tal vez no le vendría mal a la pena de muerte. Por lo menos se evitarían episodios extremadamente civilizados, como el del pobre Henry Green, que para conservar su vida indefinidamente debe estar rogándole a Dios que le permita seguir muriéndose indefinidamente de su hernia. Que la pongan presa.

Un ciudadano de Buenaventura se apoderó de una lancha sin autorización del propietario. Lo pusieron en la cárcel, como era apenas natural, porque se justifica judicialmente que un hombre haya perdido el empleo, pero no se justifica que junto con el empleo haya perdido la honradez. De manera que lo pusieron en la cárcel. También en Buenaventura otro hombre perdió su empleo, pero en vez de apoderarse de una lancha se dedicó al progresista y honorable oficio de lotero. Hace dos días el honrado lotero fue a la cárcel —como el que se robó la lancha—, pero no en calidad de detenido, sino en calidad de lotero, que está dispuesto a vender sus últimas fracciones aunque para lograrlo sea preciso perturbar la paz de las cárceles, que algo tiene que ver sin duda con la paz de los sepulcros. El honrado lotero se encontró con el aprehensor de lanchas ajenas, y éste adquirió con el dinero derivado de ilícito alquiler del vehículo la última fracción del lotero. Si la fracción no hubiera resultado favorecida, esta sería una edificante historia moral. Pero ocurrió exactamente todo lo contrario. Total, el lotero se ganó cincuenta centavos y el presidiario diez mil pesos. Parece entonces como si en este enigmático episodio hubiera algo que no es enteramente correcto. Algo ante lo cual nada se puede hacer, como no sea poner a la suerte en la cárcel. Por abuso de confianza, tal vez.

Ayer, para celebrar sus bodas de plata, Wilhelm se vistió de chaqué y chistera y Melitta de traje largo y velo. Parecían exactamente lo que eran: dos enanos vestidos de novios para celebrar sus veinticinco años de vida conyugal.

Al fin de tanta maravilla progresista, de tan desaforado entusiasmo científico, nada de extraño tendría el hecho de que un día de estos progresáramos tanto, que un invento supremo nos pusiera de un golpe en la edad de piedra, para empezar otra vez por el principio.

Tratando de aislar por un tiempo a Guareschi de la sociedad, se le ha puesto en contacto muy probablemente con una realidad más tenebrosa y real que la que el escritor ha tratado de combatir en la calle. Al menos si estuviera en Colombia.

Lo dejó zarpar con esa ingenuidad de que disponen las mujeres perspicaces cuando se les dice todo, absolutamente todo, menos la verdad.

El problema es que todo inventor, antes de inventar algo, debe inventarse a sí mismo como inventor.

Suicida es una persona que se mata porque le tiene miedo a la muerte.

El hombre que inventó el celofán.
En Zurich, a los 82 años de edad, acaba de morir uno de los grandes benefactores de la humanidad: Jacques Edwin Brandenberg, químico suizo, inventor del papel celofán. Como homenaje a él, eliminamos emocionadamente las comillas y escribimos: papel celofán, sin las muletas que le han servido a esa palabra para transitar por el idioma castellano, cuyos académicos envueltos en papel celofán, no se han dignado entregar las cartas credenciales a su propia envoltura. Jacques Edwin Brandenberg ha muerto, sin pensar acaso que a él debe la humanidad algo más poético que una substancia impermeable. Su hermosa imaginación de sabio interesado en encontrar una luminosa materia que sirviera para envolver los bombones, descubrió el maravilloso secreto para civilizar el vidrio. Tal vez los académicos de la lengua castellana hayan tenido razón al vacilar en la legitimación del papel celofán, porque acaso el celofán no sea papel sino sencillamente vidrio: vidrio dócil, manso, domesticado, puesto al alcance de las manos y la imaginación de los niños. No se puede concebir que alguien haya inventado el papel celofán sin relacionar automáticamente ese invento con una mentalidad infantil. Sólo la curiosidad de ver el interior de las cosas, de conocer el contenido de los aguinaldos sin necesidad de estropear su envoltura, pudo sugerir a un sabio suizo la idea de que los objetos fueran envueltos en vidrio, que era la única manera de conservar en ellos el hermoso atractivo que tenían en los escaparates, antes de ser comprados. No es posible pensar en la utilidad y al mismo tiempo en el papel celofán. Esto último es la fantasía, una necesidad de juguete que permite llevarse a casa los objetos con vitrina y todo, como lo soñaron los niños de todo el mundo antes de que se inventara el papel celofán. Por eso Jacques Edwin Brandenberg es una gloria de la humanidad. Por haber creado una útil y muy higiénica realidad de mentirijillas, al lado de la realidad verdadera que sirve para muchas cosas menos para que sean más bellos los bombones. El autor de semejante prodigio, muerto ayer, merece que su cadáver sea conservado a la vista de las generaciones futuras, no en un suntuoso ataúd de cedro, sino en una transparente, impermeable y gloriosa envoltura de papel celofán.

La fiesta brava no vive tanto de los toros como de la posibilidad de que siempre haya un español dispuesto a prolongarla. Si se piensan las cosas con cuidado, un torero es un español que no sabe nada más que lidiar un toro. Si supiera hacer algo más, él sería el primero en consagrarse a su oficio y dejar la lidia para las vacaciones.

Los diabéticos han empezado a ser más saludables desde el momento en que decidieron hacer un oficio de su enfermedad. No es un simple entretenimiento, porque su dolencia es lo esencial de su vida. Una vida que bien llevada, bien orientada y, sobre todo, vivida con orden y optimismo, vale más y sin duda durará mucho más que esas vidas al garete, cuya enfermedad más peligrosa es su atolondrada y rebosante salud.

Cuando el pueblo lo dice es porque el pueblo lo sabe.

El tigre de Juan Mina es tan voraz como famoso, de manera que los vecinos han resuelto sacrificar la fama del implacable felino y abatirlo a tiros en la primera oportunidad, que para el tigre será la última.

Uno de los secretos de la propaganda moderna es la sobriedad, es hacer que la propaganda no se parezca a la propaganda. Nada menos indicado — pues si lo que se quiere con los noticieros a que nos hemos referido es hacer propaganda— que mortificar al presunto cliente de tal propaganda imponiéndole a la fuerza el martirio de ver repetidas hasta el cansancio unas mismas escenas cinematográficas. La fuerza no es buena aliada de la propaganda como no es la fuerza buena aliada de ninguna obra encaminada a lograr simpatías.

Se dice que todo hombre es viudo desde los 16 años, pero en cambio no todo hombre es soltero aunque no esté casado, porque la soltería no es un estado civil sino una manera de pensar.

La psicología del dentífrico
No parece razonable que un hombre se divorcie porque su esposa apriete por el centro el tubo de la pasta dentífrica. Pero es razonable. Precisamente por serlo, en Copenhague acaba de serle concedido el divorcio a un caballero cuya mujer apretaba por el centro el tubo de la pasta dentífrica. Lo único que es poco razonable en este caso es que se hayan mantenido en reserva los nombres de los divorciados y permitido así que la mujer se convierta en un peligro ambulante. Cualquier día contrae segundas nupcias, y el otro incauto tendrá también que divorciarse, por los mismos motivos del primero. A primera vista, una mujer que insiste en apretar por el centro el tubo de pasta dentífrica es sencillamente una mujer que no sabe hacerlo de otra manera. Pero si se le indica la manera adecuada de hacerlo y a pesar de eso insiste en sus métodos bárbaros, entonces es bastante probable que la distinguida y respetable dama sea todo un problema de psiquiatría. Un matrimonio que no se pone de acuerdo en cuanto a la manera de apretar el tubo de pasta dentífrica es un matrimonio perdido, que nunca acabará por ponerse de acuerdo en la manera de hacer ninguna cosa. Si en el país donde eso ocurre existe el divorcio, es razonable que se disuelva el matrimonio. Si no existe el divorcio, tal vez lo más razonable sea que se firme un tratado de paz, con base en dejar para siempre de usar pasta dentífrica.

No se cayó muerto porque no tenía dónde caerse muerto

En realidad, diciendo que nunca pasa nada extraordinario se está diciendo mucho, y de paso se está diciendo lo mejor.

Es increíble que un inglés, siendo inglés y además acaudalado y graduado en Eton, haya hecho lo que dice el cable que hizo Richard de Wendfenton, un acaudalado inglés graduado en Eton.

Tarde o temprano se sabrá qué piensa la gente de estos insólitos elefantes, que acaso sean quién sabe qué clase de animales enormes disfrazados de elefantes.

Usos y abusos del paraguas.
Si se levantara un cuidadoso cuadro estadístico de los hombres que usan paraguas se establecería que cuando llegan las lluvias desaparecen los paraguas. Es natural: el paraguas es una prenda demasiado fina, demasiado delicada y hermosa para permitir que lo destruya el agua. El paraguas, como su nombre no lo indica, no se hizo para la lluvia. Se hizo para llevarlo colgado del brazo, como un enorme murciélago decorativo, y para facilitarle a uno la oportunidad de hacerse el inglés, cuando las condiciones atmosféricas lo exijan. Si se investigara la historia del paraguas, se descubriría que fue hecho con una finalidad muy distinta de la que quieren atribuirle los paragüistas formales, que son aquellos equivocados caballeros que sacan a la calle el paraguas cuando parece que va a llover, no sabiendo que exponen su preciosa prenda a un lavatorio que no figuraba en su programa. Para la lluvia se han inventado los sombreros de corcho y los periódicos de más de ocho páginas. Más aún: antes del sombrero de corcho y de los periódicos de más de ocho páginas, se había inventado la lluvia precisamente para eso: para que le cayera encima al feliz transeúnte que no tiene ningún motivo para no disfrutar de un chaparrón de agua pura y celeste, el mejor preventivo que hasta hoy se ha inventado contra la calvicie. La disminución de los paraguas durante las épocas de lluvia demuestra que todavía quedan muchos caballeros de los que saben para qué se hizo ese árbol negro hormado con ramas metálicas, inventado por alguien que se desesperaba ante la tentadora idea de no poder cerrar un arbusto y salir a pasear con él, colgado del brazo. Una inteligente dama ha dicho: «El paraguas es un artículo de escritorio». Y así es, y está muy bien que así sea, porque se supone que junto a cada escritorio debe de haber un perchero y en el perchero un paraguas. Pero un paraguas seco. Pues un paraguas mojado es un accidente, un barbarismo, un error de ortografía, que es preciso abrir en un rincón hasta cuando se corrija por completo y vuelva a ser un paraguas verdadero. Una cosa de llevar por la calle, para asustar a los amigos y en el peor de los casos para defenderse de los acreedores.

El desvío

Marcelo Luján

El desvío

El desvío

En pleno viaje nocturno, un conductor encuentra a una mujer que pide auxilio pues ha tenido un accidente en su auto y su hija ha quedado atrapada en él. Sin pensarlo, el chofer se lanza al rescate. Lo mejor es cuando al día siguiente aparece en el diario la noticia del accidente. Calificación de 10.

Yuyal: Paraje poblado de diversas hierbas silvestres.
Refucilo: Relámpago

Pasó frente al bar: estaban cerrando. La cuadrilla de perros nocturnos hacía guardia cerca de la puerta con esa perseverancia con que suelen hacer guardia cerca de las puertas las almas que poco tienen.

Luque lo miró con las manos sobre el volante, como si esperara eso que nunca debemos esperar.

¿No será eso la madrugada?, pensó: cualquier luz enseñando cualquier camino.

El tiempo, a veces, es difícil de medir.

La mujer parecía tranquila. Y de su boca brotaban tantos silencios.

Supo que esa era la verdadera oscuridad: rotunda, pendenciera, frágil, un mundo paralelo en donde pocos saben moverse y donde el entorno es apenas un recuerdo de lo que alguna vez quisimos olvidar.

Y pensó en las esperas: en las malas y en las buenas, en las que alguna vez nos recomendaron y hasta obligaron, en las inevitables.

Decía el sabio Cortázar que, en el ring donde contienden la literatura y los lectores, una buena novela gana por puntos mientras que un buen relato debe hacerlo por K.O.

El evangelio que no me enseñaron

Javier A. Ramón

El evangelio que no me enseñaron

El evangelio que no me enseñaron

El autor nos comparte su testimonio cuando, al ser enfrentado con lo aprendido del evangelio durante su vida, una nueva perspectiva le es revelada y entonces modifica su visión del amor del Padre. Así, conceptos como la iglesia, el asistir a la misma, orar, leer la Biblia, el servicio, la voluntad de Dios, la conciencia, la gran comisión, la santidad y el descanso, toman un renovado matiz, enterrando viejos significados y basándolos ahora en el profundo amor de Dios. Calificación de 10.

Lo bueno en muchas ocasiones es el mayor obstáculo de lo mejor porque crea conformismo. El conformismo crea rutinas y las rutinas matan la pasión por el Ser Amado.

No es lo mucho que asista a la iglesia, o que ore, o que lea la biblia, o que evangelice lo que determina mi bendición. Mi bendición está en cristo y solamente en Él.

La iglesia no es un lugar al que se asiste. El “lugar” somos nosotros. Además, juntos formamos el cuerpo y la persona de Cristo. Y esa persona está fusionada a la Cabeza que es Cristo.

El congregarse tiene como propósito el que Cristo sea manifestado y revelado entre los participantes de tal manera que Él sea glorificado. Cristo es la cabeza de las reuniones de la iglesia. En muchas ocasiones Cristo tiene que estar sujeto a los programas de las iglesias y no hay cabida para que Él sea manifestado y revelado.

Juan 5:39-40 (RVC), “Ustedes escudriñan las Escrituras, porque les parece que en ellas tienen la vida eterna; ¡y son ellas las que dan testimonio de mí! Pero ustedes no quieren venir a mí para qye tengan vida.”

No busques Vida en la lectura o estudio de la Biblia porque la vida no está en el estudio o la lectura, la Vida es Cristo.

Leamos la Biblia para encontrar a Cristo, no para aprender qué hacer en este mundo. Cuando experimentamos a cristo en Su realidad, Su vida nos enseña qué hacer y cómo hacerlo.

El servicio es el resultado de una experiencia de amor y comunión

El servicio no puede ser un fin en sí mismo porque se convierte en una carga.

Tu identidad no la determina tus sentimientos. Tu identidad es determinada en cristo. Eres hijo. Eres hija. Si se lee la Escritura como siervo, se actuará como tal. Si se lee la misma como hijo, de igual manera se actuará. Somos hijos por nacimiento. Hemos sido engendrados por Dios.

El servicio no es “Yo hago para Dios”. El servicio es “Él hace por medio de mí.”

La voluntad de Dios no se busca, es revelada. No nos corresponde buscar la voluntad de Dios, nos corresponde recibir la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios se revela en la persona de Cristo. No hay que buscarla o hacerla porque ya ha sido cumplida. (Juan 4:34, 6:38) Juan 6:40 dice, Porque ésta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquél que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna.”

Las decisiones personales que tomamos no determinan si estoy o no en la voluntad de Dios. Mi unidad con Él hace que siempre esté en Su voluntad. Si me salen las cosas bien, estoy en Su voluntad. Si me salen las cosas mal, estoy en Su voluntad. No importa lo que viva en esta tierra siempre ando en la voluntad de Dios porque mi vida está en Cristo permanentemente.

El evangelio verdadero te lleva a tener conciencia de la vida de Dios en tu vida. No a decidir qué está bien o qué está mal.

Tomemos decisiones conscientes de Dios de tal manera que el poder de Su resurrección se manifieste a cada instante.

Los creyentes no viven fundamentados en responsabilidades, viven fundamentados en el amor de Dios.

“Yo no sé si es un pecador, pero lo que sé es que yo antes era ciego, ¡y ahora puedo ver!” (Juan 9:25).

Las buenas noticias son todas aquellas que señalan o apuntan hacia la persona de Cristo, su persona y su obra. Cristo es la Buena Noticia. Esto quiere decir que no hay un contenido restrictivo al evangelizar. […] Se puede compartir buenas noticas del amor de Dios, de la compasión de Dios, del consuelo de Dios, de la fortaleza de Dios, de la grandeza de Dios, de la salvación de Dios, del carácter de Dios, de la bondad de Dios, del poder de Dios, de la gracia de Dios. No hay límites para las buenas noticas en Cristo. Decir que Dios salva por medio de Cristo es una buena noticia. Decir que Dios sana es una buena noticia. Decir que Cristo te ama es una buena noticia. Decir que Dios me ha consolado es una buena noticia.

La santidad no tiene que ver con pecar o dejar de pecar. La santidad es la vida de Cristo en la vida de cada uno de sus hijos e hijas. Por fe fuimos salvos y permanecemos salvos. Por fe somos santos y permanecemos santos.

Dios no depende de nuestras acciones para amarnos y expresar Su amor a nosotros en una forma personal, íntima y genuina. Nadie lo merece, pero Él lo da como quiera.

Cumplir con lo requerido ha sustituida amar a lo querido.

Del árbol del cual comiera Adán, produciría que el estilo de vida que representaba cada uno gobernaría su vida por siempre. Si comía del árbol de la vida entonces la vida de Dios gobernaría en su ser. Si comía del árbol del conocimiento del bien y del mal, que fue lo que ocurrió, provocaría que ese estilo de vida gobernara sobre él. […] La naturaleza adámica es gobernada por el bien y el mal. Ésta se fundamenta en leyes y reglas. Las leyes y reglas te dicen lo que tienes que hacer, pero no te dan la fuerza para hacerlo. En las mismas no hay misericordia. Todo el que vive tratando de hacer el bien y evitando el mal, vive fundamentado en el árbol equivocado llámese creyente o no. Es por eso que Dios destruye la naturaleza de Adán en la cruz. Su muerte permitió que se pudiera entonces comer del árbol de la vida, cristo, lo cual era la intención de Dios desde el principio.

El evangelio no es para hacer el bien y evitar el mal. La vida cristiana se trata de ser amado y amar. En el amor de Dios hay libertad. Cuando se ama, se cumple en forma natural con el llamado “bien” y se evita el llamado “mal”.

Su amor sustituye el egoísmo que hay en nosotros y permite que se pasen por alto las heridas y laceraciones cometidas. El amor es absoluto. El amor no está bien ni mal. El amor ama y punto .el amor cubre multitud de faltas. El amor nunca deja de ser. El amor siempre consuela y restaura. El amor construye. El amor comprende. El amor levanta.

Asuntos internos. El lado secreto del liderazgo.

Dante Gebel & Lucas Leys

Asuntos internos. El lado secreto del liderazgo

Asuntos internos. El lado secreto del liderazgo

Ambos autores, líderes en sus respectivos ministerios orientados principalmente a los jóvenes, ponen en la mesa sus experiencias para que el liderazgo de la iglesia actual pueda tomar en cuenta sus vivencias y evitar caer en errores que oasionen costos altos a quienes los siguen.
Calificación de 9.

Desopilante: Que causa risa o carcajadas.
Usina: Rumor.
Lindar: limitar.

La gente solo quiere ser famosa para luego ponerse gafas oscuras y que nadie los reconozca.

Nuestra relación personal con Dios, ¿es proporcional a lo que esperamos obtener en nuestro ministerio?

Si aspiramos a disfrutar los beneficios de la unción, debemos soportar las molestias de la unción.

No hay nada que desgaste más la energía y subestime tanto el tiempo de las personas como un líder fluctuante que maneja su ministerio con el método de prueba y error.

Aprendices de todo y maestros de nada.

Muchas veces me encuentro con jóvenes que quieren saber la voluntad específica de Dios para sus vidas o quieren discernir el llamado de Dios para ellos, pero todavía no han comenzando a hacer lo que ya saben que Dios pretende de nosotros en general. Comienzan haciendo eventos o subiéndose a un púlpito porque les resulta atractivo hacerlo, o porque «alguien lo tiene que hacer». Toman la batuta de un ministerio porque son los más simpáticos, o tocan la guitarra porque son el hijo del pastor, pero no tienen en claro qué es lo que quieren lograr. Deciden hacer un congreso porque fueron a un congreso y les gustó lo que vieron, deciden ser líderes de alabanza porque les gustaría ser cantantes famosos o porque les gusta cómo Hillsong mueve a las masas, o quieren ser pastores porque les seduce el poder y el rol de decirle a la gente lo que tiene que hacer. Por eso es fundamental poner los propósitos a los que Jesús nos convoca en claro para todos los líderes cristianos. Ese es el punto de partida, porque sin apuntar a los intereses de Dios no es posible ser un líder cristiano eficaz a los ojos del cielo.

Si quieres alcanzar el éxito en el ministerio y en la vida no puedes estar siempre haciendo cosas diferentes sin comprometerte con ninguna. Debes tomar muy en serio tu llamado. Sea que sea al pastorado, a la abogacía, a la industria, al arte o a las finanzas, si Dios te llama a algo te toca hacerlo bien y cada vez mejor. No importa si otros tienen un llamado más espectacular o mejor recompensado a los ojos de los hombres. Si ese es tu llamado no hay nada más importante que puedas hacer con tu vida. Es TU vida y no puedes desperdiciarla intentando agradar a los demás o copiando a otros. Es imposible sentirnos realizados comparándonos con alguien más o haciendo las cosas para imitar o competir con otras personas. No podemos hacer todo. Tenemos que empeñar nuestro mejor esfuerzo en algo que nos apasione, y siempre asegurarnos de estar siguiendo los intereses de Dios al hacerlo.

En vez de hacer un poquito de todo hay que hacer de todo por ese poquito que nos toca.

Una de las facetas en las que más se nota si un líder o un ministerio tienen propósitos claros es cuando realizan eventos especiales. Mirando entre líneas las publicidades y los comunicados de prensa se puede descubrir bastante acerca de a quién quieren impresionar o a quién están tratando de imitar. O, peor, se puede notar que no saben a quién quieren impresionar.

Si no hay propósitos santos, habrá propósitos pecaminosos. Sí. Eso es lo que ocurre cuando no tenemos un foco claro.

En el mundo complejo de hoy, los líderes más sobresalientes son especialistas. Tienen un foco definido y, si bien permanecen sensibles a las necesidades que hay a su alrededor, tienen en claro qué es lo que pueden y deben hacer y qué es lo que no, independientemente de lo que los opinólogos digan.

Herejía no es solo aquello que no está en la Biblia, sino también las doctrinas que se sacan fuera de contexto.

Nunca subestimes a Dios suponiendo que se transformó en un pusilánime en el trayecto de Malaquías a Mateo, porque el día que lo subestimes dejarás de temerle, y un líder sin temor de Dios es la peor catástrofe que puede sucederle al Reino.

El postrarse sobre su rostro era una señal de humillación extrema. Lo importante, entonces, no es saltar, rugir como un búfalo, temblar, gritar desaforadamente o deslizarse por el suelo de la iglesia como un reptil. Lo medular, y lo único realmente importante, es que el corazón de la persona quede expuesto, lo oculto salga a la luz, y solo le reste adorar con una convicción profunda de su necesidad de arrepentimiento.

El Señor había determinado hasta el aroma que el incienso debía tener, «un incensario lleno de brasas, junto con dos puñados llenos de incienso aromático en polvo …». (Levítico 16:12)

Todos recordamos la tristemente célebre historia de Uza, quien de alguna manera fue víctima de la negligencia y la subestimación de las leyes por parte del rey David al intentar traer el arca a Jerusalén a su modo. Una vez más, esto demuestra que cuando Dios traza directivas puntuales, las buenas intenciones no logran equilibrar la balanza. Quizás los hijos de Aarón cometieron el mismo error, pensando: «Tal vez podamos preparar el incensario a nuestra manera». Si aún no entiendes por qué pensar así pudo haber sido una torpeza, entonces echa un vistazo a los fariseos y a los judíos que trataban de meter a Cristo en su pequeña «cajita feliz». Lo etiquetaban de revolucionario, pero él afirmaba que había que darle al César lo que le correspondía. Decían que era un simple carpintero, pero él dejaba boquiabiertos a los doctores de la ley. Era un judío, pero se relacionaba bien también con los gentiles. Un rabino que prefería las calles a las sinagogas. Un hombre santo que se codeaba con prostitutas.

Tal vez el hecho de no haber podido etiquetarlo fue la razón por la cual decidieron llevarlo a la cruz. Les resultaba más que obvio que este Mesías que hablaba con samaritanos y sanaba en el día de reposo no era el que estaban necesitando.

A largo plazo quien imita a otros termina siendo siempre número dos.

No seamos tan necios de querer construir enramadas en donde solo debe haber adoración genuina.

La innovación es lo que distingue a un líder de un seguidor. Steve Jobs.

Si bien hay propósitos sagrados, no hay metodologías que lo sean. La Biblia no cambia, y Dios menos, pero cada generación de la iglesia debe encontrar cómo ser efectiva en cumplir con los propósitos de Dios en su particular contexto temporal y espacial, y por eso es tan urgente la creatividad.

Hay cosas que no cambian, pero nuestros formatos, lenguajes y ritmos ministeriales se deberían acoplar a las tendencias y códigos de la generación que intentamos alcanzar.

No es el templo ni nuestras costumbres lo que nos define como iglesia. Es la misión y el amor de Dios hacia nosotros y entre nosotros lo que nos hace iglesia, y por lo tanto podemos usar nuestra creatividad mientras mantengamos firme esto que sí es sagrado.

Puede que no todas tus «locuras» sean ideas creativas. Teñirte el cabello de verde y tatuarte «Jesús» en el brazo no te convierte en un precursor. Y en algunas naciones, usar traje y corbata puede resultar un acto de rebeldía.

Se cela lo que otro tiene cuando creemos tener derecho a tenerlo nosotros.

Desde la perspectiva del liderazgo cristiano invertir en otros es también invertir en tu propio crecimiento.

Hacer lo correcto es más importante que hacer las cosas correctamente

¿Qué es, entonces, lo que nos diferencia del mundo? Obviamente no es el que no seamos pecadores, sino el hecho de que hemos reconocido el milagro de la cruz y ahora, en agradecimiento a esa misericordia, intentamos no pecar. Pero, siguiendo al apóstol Pablo, no es que ya lo hayamos alcanzado. Proseguimos a la meta, pero seguimos teniendo nuestras luchas.

Este es un nuevo mundo que necesita un nuevo liderazgo, y que la autenticidad y la transparencia son más apreciadas hoy que nunca antes en la historia. Y las redes nos van abriendo un gran ventanal a eso.

Cuando todo está bien, está todo bien. Pero cuando tuviste una semana difícil, estás pasando una prueba o algo en particular de la vida cristiana te cuesta mucho, no está mal ni te va a robar autoridad el confesarlo. Incluso hace bien en dos niveles. Es un desahogo para el que confiesa, y de alguna misteriosa manera es un consuelo para el que lo escucha porque de repente no se siente tan solo ante sus propios desánimos.

Cada vez que oigas a alguien hacer alarde de su unción y de su inquebrantable santidad, puedes estar seguro de que las alarmas ya están sonando y que en realidad ese líder está luchando con algo mucho más grave de lo que imaginas. La historia es testigo de que cada vez que algún predicador levanta su dedo acusador (lo cual no estaría mal si defendiera la santidad en general, pero se pone a él mismo como ejemplo inmaculado), es porque se avecina la catástrofe.

¿Será imprescindible que un teclado haga una música melódica para ayudar al Espíritu Santo al final de la predicación, y que al terminar el mensaje se cante la misma canción cuatrocientas veces y media para que el público llore? Yo sé. son costumbres que muchas veces se hacen solo por inercia y no por pretender manipular un resultado en las emociones de la gente. Pero, ¿no están de acuerdo conmigo en que valdría la pena revisar por qué hacemos lo que hacemos y decimos lo que decimos?

Necesitamos despojarnos de tanto modismo evangélico y comenzar a practicar un cristianismo más real.

Un líder espiritual y ungido no es aquel que vive una vida color de rosa, alejado de las cosas cotidianas y negando la realidad para darle una aspirina espiritual a sus oyentes. Es aquel que a pesar de los desafíos de la vida mantiene el rumbo y da cuenta de cómo Cristo también se manifiesta en una vida normal, urbana y actual.

No es la gente la que tiene que aprender a ubicarse en su rol de ovejas, sino nosotros los que tenemos que comprender hasta donde llega nuestro rol de pastor.

Y tú que ahora que estás en el llano, toma lista de lo que nunca harías y contrata a alguien para que te lo recuerde cuando estés en las grandes ligas.

Y por sobre todas las cosas, tengas la posición que tengas, cuídate de alguien muy peligroso y destructivo que ya ha demostrado que no es confiable y que ha hecho fracasar a muchos consiervos. No lo escuches. No permitas que te critique ni te que halague. No tienes buenas referencias suyas como para que tengas que dignarte a oírlo. No, no hablaba del diablo. Cuídate de ti mismo.

«Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿quisiera hacer lo que voy a hacer hoy?». Si la respuesta es «no» durante demasiados días seguidos, entonces sé que necesito cambiar algo en mi lista de prioridades.

La falta de tiempo no es del diablo, la falta de tiempo ¡ES el diablo!

Asumimos que a mayor activismo, mayor unción. Pero casualmente es todo lo contrario: No hay nada que atente tanto contra la unción y la consagración como el agotamiento físico, mental y espiritual.

No quiero llegar a viejo queriendo remediar como abuelo lo que no hice como padre.

Por supuesto que todo tiene dos puntos de vista: el equivocado, ¡y el mío!

Hay una generación que clama por transparencia en los mensajes, y que necesita que se le hable de manera frontal, directa y sin eufemismos. El enemigo no manda sus mensajes de manera subliminal, sino que abierta y descaradamente ofrece su mercadería a quien quiera tomarla. Nosotros no podemos seguir hablando a través de metáforas cuando se trata de alertar sobre peligros reales que pueden ocasionar la muerte espiritual de los líderes cristianos.

Un sueño que no incluye ningún peligro no es digno de ser soñado.

En el prólogo de tu vida está tu familia, tus experiencias pasadas, tu llamado. Pero el epílogo depende de tu persistencia. Muchos que comienzan bien terminan mal, y muchos que comienzan mal terminan bien. Por eso la clave es luchar hasta al final sin importar cuál fue el punto de partida.

Futbol Mexicano

Deporte, pasión, identidad e influencia de los medios de comunicación.
Héctor Gabriel Legorreta Cantera
Raquel García López

Futbol Mexicano

Futbol Mexicano

Según el prólogo se pretendía demostrar cómo es que los medios de comunicación influyen en las personas, y en particular en los aficionados al fútbol. No se descubrió el hilo negro pues sus conclusiones no fueron algo que no supiéramos. Lo que sí es muy bueno, es el trabajo de investigación para detallar la historia del fútbol. Calificación de 7.

El fútbol es un negocio que genera muchas ganancias para muchos y que, a su vez, no quieren que se sepa el monto real de las ganancias producidas por éste deporte.

El 8 de diciembre de 1863 fue el día en que el fútbol se separó del rugby. Esta separación fue más evidente seis años más tarde, cuando en las reglas de fútbol se prohibió en general el juego con la mano (no sólo llevar el balón con la mano). Ocho años después de la fundación, en 1871, la Asociación Inglesa de Fútbol contaba ya con 50 clubes. En este año se celebra la primera competición organizada de fútbol del mundo: la Copa Inglesa, la cual nación 17 años antes que el campeonato de liga.

Con el nacimiento de la televisión, se ampliaron las posibilidades de difusión y expansión del fútbol. Durante el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial, Hitler consideraba a la televisión como un excelente medio de propaganda. Fue así que el primer partido televisado fue el Italia contra Alemania en 1936. Sin embargo, éste fue diferido, pues se le hicieron las ediciones pertinentes.

Para la Copa Mundial de la FIFA México 1986, Televisa le impuso a la FIFA los horarios para la transmisión de los partidos, siendo jugados éstos a las 12 del día, para tener la mayor cobertura y que a su vez, coincidieran los horarios en la mayor cantidad de países posibles.

Los medios no comienzan a masificar el fútbol (que ya de por sí era un deporte popular), sino que la mismos popularidad del fútbol empujó a los medios a comenzar a darle cobertura y, en el caso de los medios electrónicos, a transmitir éste deporte para acaparar espectadores, que comenzó a significar patrocinios durante las transmisiones así como ganancias rentables.

Venden a los jugadores a precios altísimos para que, a la hora de repartir el total de la transacción entre los capitalistas del fútbol, puedan obtener la mayor cantidad de ganancias con el menor esfuerzo posible, agregando que el jugador es vendido como mercancía al mejor postor.

Vázquez Montalbán define al fútbol como fenómeno social de la siguiente forma: “Un club de fútbol es como una patria, un equipo de fútbol se convierte en un ejército simbólico desarmado que escenifica el juego dramático de la derrota o la victoria. Si tu equipo gana, el lunes será menos lunes. Si tu equipo pierde, el lunes será la evidencia misma de que hay días nefastos dentro de años nefastos inscritos en una vida nefasta”.

A pesar de que existe el concepto de fidelidad al equipo, nosotros descubrimos que específicamente en éstos dos casos que mencionamos [miembros de una familia que no le van al equipo que, por herencia y tradición, le ha ido el resto de la familia y los denominados “villamelones”] son grupos de personas que determinaron su identidad deportiva, no por una influencia personal determinada por el entorno, la cultura, su clase social, sus grupos sociales con los que mantiene vínculo, su familia o por determinaciones situacionales, sino específicamente por la influencia de los medios de comunicación sobre el individuo.

El hombre moderno, aprensado en un departamento, o sometido a una rutina de trabajo pesada, tiene oprimido el instinto de liberta y de agresividad, y el fútbol es el lugar ideal para darle un pequeño paseo.

El deporte pertenece al mundo del juego y el tiempo libre. Sin embargo las elites de los negocios, los medios de comunicación, el gobierno y los dirigentes políticos reconocen que es un ámbito muy abundante para lucrar, diseminar propaganda y provocar orgullo.

Los medios de comunicación, por otra parte, deben ser medios con un enfoque social, responsables, destinados a la preservación de valores y enfocados a mejorar la calidad de vida de la sociedad en su conjunto, pues la influencia que tienen puede determinar, en gran medida la idiosincrasia de todo un pueblo. Suena totalmente utópico esto último, pues lo que menos quieren las élites es la concientización de la población, pues dejaría de ser manipulable, y a su vez dejaría de ser consumista en exceso, lo que generaría grandes pérdidas para aquellas empresas que venden productos chatarra. Finalmente, creemos conveniente revisar el papel que están teniendo los medios de comunicación en la transformación de las grandes instituciones sociales, pues actualmente la televisión educa (sustituyendo la labor de la familia) y la televisión gobierna (sustituyendo la labor del Estado). Y es aquí donde la sociología debe preguntarse si en realidad las instituciones tradicionales (gran parte del ámbito de estudio de la sociología) corren el peligro de ser sustituidas o, incluso desaparecer, por obra e influencia de los medios de comunicación, pues éstos actualmente educan, forman y crean modelos estratificados de individuos según su cultura, educación, clase social y otras variables más.

El G-14 es una agrupación de los clubes más conocidos de Europa, que inicialmente eran 14, pero tras una reciente expansión han pasado a ser 18. Éstos equipos son: Alemania: Bayern Munich, Bayern Leverkusen y Borussia Dortmund; España: FC Barcelona, Real Madrid y valencia CF; Francia: Olimpique de Marsella, Paris Saint-Germain y Olimpique Lyonnais; Inglaterra: Manchester United, arsenal y Liverpool; Italia: AC Milán, Inter de Milán y Juventus de Turín; y Portugal: Oporto.

Señoras bien… que se portan mal

Javier Araiza

Señoras bien... que se portan mal

Señoras bien… que se portan mal


Pensé que se tratarían de relatos eróticos y el primero así lo parecía. Pero a partir del segundo se vuelven francamente pornográficos, rudos, directos y sin sutileza. Aun así, hubo espacio para palabras domingueras. Calificación de 6.

Cadejo: Parte del cabello muy enredada que se separa para desenredarla y peinarla.
Tráfago: Conjunto de negocios, ocupaciones o faenas que ocasionan mucha fatiga o molestia.
Derrengado: Torcer, inclinar a un lado más que a otro.
Piafar: Dicho de un caballo: Alzar las patas delanteras alternativamente, haciéndolas caer con fuerza y sin avanzar.
Vestal: Perteneciente o relativo a la diosa Vesta.
Indemne: Libre o exento de daño.
Felonía: Deslealtad, traición, acción fea.
Breñal: Sitio de breñas (Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza).

El sexo es el eje del mundo.

Invertí en el amor. Es la peor inversión.

Minas terrestres en el camino del creyente

Charles F. Stanley

Minas terrestres en el camino del creyente

Minas terrestres en el camino del creyente


El ser creyente no es garantía de inmunidad a los problemas de la vida. Lo que se tiene a la mano es la manera de enfrentarlos. Y menos si esos problemas son ocasionados por situaciones que a menudo son provocadas por uno mismo. Estas situaciones son como minas terrestres que pueden hacer explosión cuando menos se le espera. Orgullo, Celos, envidia, inseguridad, transigencia, rencor, desilusión, temor, inmoralidad e indolencia, son algunas de las minas que el autor nos detalla, pero también nos muestra la manera en que podemos evadirlas o minimizar los daños. Calificación de 8.

Agostada: Que ha rendido todo el fruto posible y ya no tiene casi vida.
Cáustica: Que es crítico, tiene ironía aguda y malintencionada.
Ominosa: Que es abominable y merece ser condenado y aborrecido.

Usted debe asimilar dos cosas. Primero, Dios es más grande que cualquier arma que Satanás pueda usar contra usted. A pesar de lo horrendo que pueda parecer el ataque de Satanás, Dios es omnipotente. Segundo, para vencer esos pecados, debe reconocer que Dios los ha prohibido todos y cada uno. Son minas que han sido colocadas en su senda, pero no tienen por qué llevarle a la destrucción.

Si el Espíritu de Dios detecta algo que está mal en usted, Él no le pide que lo corrija [ni que explique lo que ha hecho]; le pide que acepte la luz [de Dios] acerca de su situación, y Él lo corregirá. Un hijo de Dios confiesa al instante y se desenmascara delante del Señor. Un hijo de las tinieblas dirá: «Oh, puedo explicar eso». Cuando aparezca la luz y llegue la convicción de maldad, sea un hijo de la luz y confiese, y Dios se encargará de lo que está mal; si usted se justifica a sí mismo, demostrará que es un hijo de las tinieblas.

Los problemas son una parte natural de la vida, y la única persona que puede sastisfacer de manera perfecta nuestras necesidades es Jesucristo.

Los incrédulos tienen motivos para temer. Sus nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Se acumulan las presiones, llegan los problemas y no tienen la sabiduría que Dios ha dado a los que le han entregado su corazón y su vida a Él.

Cuando su corazón esté vuelto hacia Él, sentirá Su voz que le dirige y le guía en cada situación. Eso no significa que usted vaya a librarse de todos los embotellamientos del tránsito, las aflicciones y los desengaños de la vida, pero sí significa que Él va a estar con usted en cada paso del camino, le guiará, le dirigirá y responderá sus oraciones.

De todas las luchas que se analizan en este libro, el orgullo es la que tiene los resultados más devastadores.

Dios nunca rescinde su llamado. Puede que cambie las circunstancias, pero nunca pedirá que abandonemos su voluntad.

El orgullo siempre precede a la caída, mientras que la humildad recorre un largo camino hasta el éxito.

Siempre que empecemos a creer que somos tan importantes que no tendremos que dar cuenta por lo que hacemos o decimos, es seguro que vamos hacia una caída. O cuando rehusamos obedecer a Dios en un área específica, podemos esperar experimentar su disciplina en nuestra vida.

Muchas veces cedemos al pecado y pensamos: Oh, bueno, eso no tuvo importancia. Una vez que la persona siente que ha pecado sin consecuencias rara vez, o nunca, piensa: No voy a hacer eso más, porque sé que desagrada a Dios. En lugar de eso, cuando viene la tentación, la persona orgullosa repite la misma acción, solo que en un grado mayor.

Si usted está más interesado en vivir la vida a su manera que en agradar a Dios, entonces está enredado en el orgullo y Dios tendrá que quitarlo.

Si usted quiere de veras eliminar el orgullo de su vida, pida a Dios que le muestre cómo puede servir a otra persona.

La mejor manera de eliminar el orgullo de su vida es rodearse de personas que lo aprecien por las razones correctas y no para alimentar su ego. El orgullo es una piedra de tropiezo para muchos líderes debido a que hay una tendencia a rodearse de aquellos que dicen lo que creen que el líder desea escuchar. Si ve que eso se aplica también a usted, necesita entonces pedir a sus amigos que le sean honestos.

Cuando nos volvemos orgullosos, el discernimiento de Dios en nuestra vida se apaga. Comenzamos a tomar decisiones horrendas porque ya no tenemos disponible Su sabiduría. Es como si fuéramos chiquillos malcriados que exigieran hacer su voluntad, hasta que al fin nuestra madre o padre nos dice: «Bien. Haz lo que quieras». Cuando lo hacemos, por lo general terminamos tomando decisiones tontas y cosechando las consecuencias. Las personas con discernimiento conocen la diferencia entre el bien y el mal. Pueden sentir a Dios decir: «¡Deténte!», «¡Espera!» o «¡Más despacio!». Pero la persona orgullosa nunca presta oído a la instrucción de Dios y se lanza de cabeza a los problemas.

Habrá momentos en que Dios eche fuera el orgullo al permitirle pasar por la desilusión e incluso por tiempos de quebrantamiento. Recuerde, sin embargo, que Él nos quebranta solo con el propósito de bendecirnos. El quebrantamiento es siempre una vía hacia la bendición.

En el momento en que permita que la ingratitud crezca en su corazón, estará a punto de pisar la mina del orgullo.

Cuando nos ponemos celosos nos arriesgamos a perder sus mejores dones, porque estamos concentrados solo en lo que no tenemos.

Dios no está celoso de nosotros; está celoso por nosotros, lo que quiere decir que desea nuestro compañerismo y amor.

Nosotros hacemos lo mismo al dedicarles tiempo y energía a los dioses de nuestro tiempo: la prosperidad material, la posición social y mucho más. Si no recibimos lo que creemos que merecemos, nos volvemos celosos, y al hacer eso perdemos de vista la santidad y la bondad de Dios. Dejamos a un lado la oportunidad maravillosa de tener una relación más profunda con Él. Terminamos adorando a los dioses de este tiempo y después nos preguntamos por qué nuestras vidas están tan vacías, incompletas e insatisfactorias. A eso es a lo que nos lleva el celo: a pensar en lo que no tenemos más que en las bendiciones que Dios nos ha dado.

«Sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará a los que andan en integridad» (Salmo 84.11).

El pecado siempre lleva implícita una decisión.

El pecado siempre comienza por un solo pensamiento. Es en ese momento cuando podemos escoger entre aferrarnos a él o dejarlo escurrirse de nuestra mente.

Es de común conocimiento que las minas como el rencor, el temor, los celos, la envidia, etc., tienen consecuencias en nuestro cuerpo. Tenemos que eliminar esas minas emocionales o sufrir las consecuencias, que por lo general se hacen sentir en nuestra salud física.

Después de la Resurrección le preguntó a Jesús sobre el apóstol Juan: «Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este? Jesús le dijo: Si quiero que quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú» (Juan 21.20-22). Esta es una respuesta perfecta al asunto de los celos. «¿Qué a ti? Sígueme tú». En otras palabras, dirige tu corazón hacia el Salvador. Deja de sacar cuentas y sumar puntos inexistentes. Cuando tus ojos estén fijos en Jesús no estarás preocupado por quién está delante ni quién se queda atrás.

El tiempo es un factor primordial en el plan de batalla de Dios. Aunque los hermanos de José lo maltrataron, Dios no se apuró en socorrerlo. En lugar de ello preservó la vida de José. Estuvo con él en tiempos de pena, aflicción y desilusión extrema. Podemos clamar a Dios repetidas veces y pedirle que nos libere de nuestras circunstancias problemáticas, sin sentir su mover en favor nuestro. Él usó la situación de injusticia con José a fin de entrenarlo para un propósito mayor. Un día llegó a ser el líder de sus hermanos. Su sueño se hizo realidad, pero no hasta después que José fuera quebrantado, humillado y disciplinado. Cuando estamos listos para las bendiciones de Dios, Él abre las puertas. Hasta ese entonces, nos llama a esperar en una obediencia humilde y vigilante.

He descubierto que cuando nos dedicamos a tener más, ganar más o recibir más, empezamos a perder nuestra sensación de paz. Nos quedamos atrapados en el esquema de pensamiento del mundo. En otras palabras, dejamos de ver la vida desde el punto de vista de Dios. Es en este momento en que empezamos a preocuparnos por nuestro estatus. Trabajamos más duro y más horas para alcanzar metas que Dios jamás ha pretendido que persigamos. Terminamos exhaustos y desgastados porque no estamos viviendo en sintonía con Él. Estamos viviendo solo con nuestras metas, fabricadas por nosotros mismos, en la mente.

La solución para los celos no es negarlos, pues nunca podrá derrotar la envidia ni el resentimiento por sus propios medios. La solución es admitirlos ante el Señor, pedirle que lo perdone y orar después para que Él le ayude a ver la vida desde Su perspectiva.

Nadie tiene que dejarse pisotear por los demás, pero es cierto que necesitamos que Dios nos use y nos enseñe a tener corazones humildes y dóciles para Él.

La mayoría de los retos que enfrentamos requieren fe en un Dios infinito y omnipotente. Sea cual sea la tarea, si estamos convencidos de que no podemos tener éxito, no lo tendremos. Por otra parte, si confiamos en la soberanía y la fortaleza de Dios que obran en nuestra vida, lograremos triunfar.

Si le exige a su hijo obtener sobresaliente en todas las asignaturas, cuando solo es capaz de obtener notables y aprobados, la presión y el esfuerzo por lograr más crearán un sentimiento de incapacidad en lo profundo de esa joven persona. Usted siempre tiene que hacer el mayor esfuerzo, lucir lo mejor posible y estar en su mejor forma. Sin embargo, si su «mejor posible» está a un cierto nivel, tiene que pedirle a Dios que le ayude a aceptar esto.

Trazarse metas no realistas que Dios no quiere que usted tenga puede conducir a sentimientos de inseguridad, en especial para los niños pequeños. Eso puede crear un sentimiento de frustración y tensión en ellos que les puede llevar a la inseguridad. En vez de crecer creyendo que puede lograr su máximo potencial, un niño puede creer lo contrario: No sirvo para nada. No soy digno. No puedo hacer nada bien. Los padres tienen que establecer principios piadosos para que sus hijos los cumplan.

Alguna gente demanda de sí misma más que lo que Dios les exige. El resultado es una serie de fracasos tras otra.

La mayoría de la gente que está en la cumbre con toda probabilidad podría decirle que la lucha y la frustración que les ha costado llegar hasta ahí no han valido la pena. Por el camino, sus relaciones personales sufrieron y en algunos casos se disolvieron amistades de toda la vida. La amistad y la familia son las cosas que Dios usa para alentarnos y edificar la seguridad de nuestras vidas. No obstante, por lo común esas cosas son las que más sufren cuando estamos tratando de dejar atrás a todos los demás. Nuestra lucha contra la inseguridad nos impulsa a lograr más, pero deja un temible regusto de inseguridad dentro de nuestras emociones que impide que lleguemos a ser todo lo que Dios quiere que seamos.

Entrene su corazón y su mente a concentrarse en el Señor y no solo en las circunstancias en que se halle. Como dije antes, lo que capte su atención lo captará a usted.

Nadie es adecuado, excepto Dios. Él es la fuente de nuestra fortaleza y nuestra suficiencia.

Él no le dará nunca más de lo que usted pueda recibir, y si le da una oportunidad, también le dará poder para hacer el trabajo. Ni una sola vez le dejará pelear solo las batallas de la vida. Él es fiel y verdadero y puede confiar en Él a plenitud (Apocalipsis 19.11).

Dios sabe todo lo que ocurre y nada de lo que enfrentamos es mayor que su soberanía.

La gente puede decir que se siente bien cuando están solos, pero Dios no nos creó para que estuviéramos aislados de los demás. Nos creó para que tuviéramos comunión en primer lugar con Él y luego con las demás personas. La forma en que asumimos nuestra relación con Él indica cómo estaremos en la relación con los compañeros de trabajo, los miembros de la familia y otros seres queridos.

Un espíritu valiente no es algo que recibamos al nacer. Obtenemos el coraje por medio de la fe en Dios.

El concepto que tiene de usted mismo no es necesariamente la forma en que usted es. Demasiada gente se ve a sí misma desde un punto de vista negativo.

La persona que está inmersa en el pecado rara vez cuestiona lo que está bien o está mal. En lugar de eso, empieza a ver al pecado como asuntos sociales que necesitan ser definidos por alguien que no sea la Iglesia.

No perderá su salvación cuando comprometa sus convicciones y haga lo contrario a lo que sabe que es lo correcto. Pero se arriesga a perder lo único que tiene la capacidad de mantenerlo estable en tiempos de problemas, que es su comunión íntima con el Salvador. Dios no va a competir con el pecado. Cuando la transigencia y el pecado están presentes, Él puede escoger retirar Su guía y amistad hasta que usted confiese su maldad.

La transigencia se produce cuando usted y yo hacemos concesiones para creer o actuar de una forma determinada. Sabemos que lo que hemos hecho o dicho es imprudente y pecaminoso. También puede ser destructivo.

La transigencia de Lot lo llevó a Sodoma. La transigencia de Abraham casi le costó su esposa. La transigencia de David en cuanto a Betsabé le costó un hijo. La transigencia de Pilato en cuanto a lo que sabía que era cierto le costó la oportunidad de conocer al Salvador. La transigencia es costosa.

Ir a la iglesia no nos asegura un puesto en el reino de Dios. Somos salvos por la fe, pero una falta de deseo de estar en su casa por lo común indica que hay algo mal, desbalanceado; es el primer paso hacia el fracaso. Es solo mediante el tiempo invertido en la adoración y el estudio de la Palabra de Dios que aprendemos Sus caminos y principios.

Habrá momentos en que Él le guiará de una forma que no parece tener sentido desde la perspectiva humana. No obstante lo que usted piense, manténgase en el sendero que Dios le ha escogido para el viaje, porque Él sabe lo que más le conviene. No ceda en cuanto a lo que usted cree que es verdadero. Él sabe lo que le espera en el futuro. Puede que permita que pase por un tiempo de incertidumbre porque le va a bendecir en abundancia. Aprender a esperar y confiar en Él para ver los resultados es una tremenda lección.

Cuando llega un desafío, las primeras preguntas que necesita hacer son: «Señor, ¿cómo quieres que yo responda a esta situación? ¿Cómo quieres que yo considere esto? Ayúdame a conocer tu voluntad, o al menos a aceptar lo que no puedo cambiar».

Nunca debemos olvidar que no tenemos derechos en lo que concierne al perdón y la obediencia a Dios. Perdonamos porque Él nos manda a que lo hagamos. Eso no significa que lo que le hayan hecho a usted esté bien. Dios no deja escapar a la persona que le hizo daño. Usted perdona porque eso es lo que Él desea que haga.

Nuestro mundo no tiene las herramientas adecuadas para reparar este tipo de pena y quebranto. Los consejeros seculares pueden alentar a la persona a seguir la vida, a mirar más allá del momento, a apretarse los pantalones y no ceder a los sentimientos de miedo, pero solo Jesucristo puede llegar a lo profundo del alma de la persona y sanar la confianza destruida que el pecado ha dañado tan en lo profundo.

Ore por la persona que le ha ofendido. Al principio podrá ser difícil, pero la forma más rápida de desactivar la mina del rencor es mediante la oración.

Dios usa la gente quebrantada, a los que han sufrido heridas indecibles, pero es difícil que use a personas airadas y amargadas que en lo único que piensan es en cómo pueden recibir justicia por un mal que se les ha hecho.

El perdón no significa que neguemos que el hecho que nos ha acontecido está mal. En vez de eso, trasladamos nuestras cargas al Señor y le permitimos llevarlas por nosotros.

No hay duda de que los que han pecado contra nosotros van a sufrir; no obstante, sufrimos también cuando nos negamos a hacer lo que Dios nos manda: a perdonar y a permitir que Él trate con los que nos han ofendido. Puede que nunca veamos la retribución que Él da de parte nuestra. Ese no es el asunto. Si eso se convierte en el asunto, nos estamos condenando a convertirnos en amargados y, antes de que nos demos cuenta, nos estaremos apartando de nuestra devoción al Señor.

La consecuencia más trágica del rencor es la incapacidad de amar.

Nunca perdemos cuando obedecemos a Dios. Él nos bendice incluso cuando lo que estamos haciendo es difícil y duro de entender.

Cuando llegue la desilusión, no se rinda ni ceda a los pensamientos de desaliento. Uno nunca sabe lo que Dios tiene en espera para uno. Como David, puede pasar por una larga temporada de espera en que el desaliento parece seguir cada uno de sus pasos. Sin embargo, cada secuencia de pruebas preparó a David para algún aspecto del trabajo que iba a tener un día.

Con frecuencia lo que más necesitamos escuchar en tiempos de problemas es a Cristo diciendo esas mismas palabras a nuestro corazón. «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14.18).

La pregunta que hay que hacerse cuando lleguen las pruebas es esta: «Señor ¿qué es lo que tú quieres que yo aprenda de esta dificultad? ¿Cómo puedo parecerme más a ti por padecer este dolor, por viajar por este camino, por someterme a esta aflicción?».

Con frecuencia, al enfrentarnos a la desilusión, queremos culpar a alguien de nuestros problemas, o culpamos a Dios. Hay veces que nadie tiene la culpa. Los problemas llegan porque son parte de la vida. Sin embargo, la reacción de usted ante ellos es lo importante.

La definición de la depresión es sencilla: la ira vuelta hacia adentro.

«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10.13). En este contexto Pablo usó la palabra tentación para decir sufrimiento, desilusión y prueba.

David admitió que había un problema. No trató de negarlo ni de desatenderlo. Fuera lo que fuera lo que enfrentaba, se sentía en tinieblas y presionado. Recuerde: había sido ungido como rey de Israel, pero Dios todavía no le había colocado en el trono. Cada día lo vivía con una promesa de Dios guardada en lo profundo de su corazón.

Una persona temerosa se pregunta qué dificultad o situación de prueba le está aguardando en el siguiente recodo del camino. Le preocupa que algo salga mal y que esté mas allá de su capacidad resolverlo. No se da cuenta de que al entregarse al miedo ha pisado uno de los artefactos más destructivos que existen: la mina del temor.

Por lo común, el temor llega cuando nos sentimos inseguros de nuestra situación.

Puede que la tormenta ruja alrededor suyo. Puede haber perdido su trabajo, o acabar de recibir noticias de que tiene una enfermedad grave. Su corazón se acelera de solo pensarlo y no sabe lo que va a hacer. Pero Dios sí, y aunque parezca que está callado o «dormido», no lo está. El salmista nos asegura: «Ni se dormirá el que te guarda» (Salmo 121.3). Por lo tanto, puede confiar en Él para que le mantenga firme cuando las tormentas de la vida soplen duro contra usted. La victoria sobre el miedo la obtendrá cuando aprenda a enfocarse en el Salvador y en las enseñanzas que tiene para usted.

Cuando usted ignora la soberanía y el tremendo cuidado providencial de Dios, termina por enfrentarse al miedo. Puede preguntarse: «¿Sabía Dios que yo iba a quedar cesante en el trabajo?». La respuesta es sí. Entonces la pregunta cambia: «¿Por qué no hizo nada para impedir que eso ocurriera?».

Nunca podré estar agradecido lo suficiente a Dios por mi lucha contra el temor, porque fue el catalizador que me llevó a una relación más cercana con Él. Considere esta posibilidad: Dios puede haber permitido que usted sintiera miedo para revelarle más de sí.

La mayoría de los eventos que tememos nunca se realizan. Nuestros temores son infundados. Mientras nos preocupamos por el próximo fracaso, muerte y destrucción, Satanás se sonríe, porque sabe que tiene toda nuestra atención. Lo que cautiva su atención le cautiva a usted.

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. Buscarás a todos los que tiene contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra. Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo (Isaías 41.10-13).

Aunque el temor no pueda matarle desde el punto de vista físico, puede paralizarle y crearle tal sensación de ansiedad que adquirirá una enfermedad, emocional y física. Esta es una de las armas más poderosas de Satanás, y a él le agrada usarla contra nosotros en cada oportunidad. Vigila cada uno de nuestros pasos, buscando una brecha en nuestras emociones.

Una mujer anciana admitió que no salía mucho de noche: «Suceden cosas», dijo con un suspiro, «y hay muchas cosas malas que pueden ocurrir». Tener precaución es bueno, pero estar temeroso no está de acuerdo con el plan de Dios para su vida. Las cosas malas pueden suceder y le suceden a cualquiera, en cualquier momento. Pero el temor se vuelve un problema de verdad cuando nos concentramos en él. Juan escribió: «El perfecto amor [el amor de Dios] echa fuera el temor» (1 Juan 4.18). Cuando usted tiene el amor de Dios en su corazón, puede vencer la mina del temor porque tiene la mayor fuente de aliento, esperanza y fortaleza morando dentro.

Dios quiere que saquemos provecho de nuestros temores al no permitirles que nos controlen. En lugar de eso, podemos aprender a usarlos como peldaños para ascender a un nivel mayor de fe en Cristo al confiar en Él para que nos guíe, nos mantenga seguros y supla nuestras necesidades.

«Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen» (Salmo 34.9).

Las personas que no leen ni estudian la Palabra de Dios son como barcos sin timón. Puede que estén flotando, pero no tienen un sentido real de dirección en su vida. Cuando uno tiene la Palabra de Dios oculta en el corazón, al llegar la pena, la desilusión o el temor, el Espíritu de inmediato le recordará las palabras del Salmo 27: Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?… Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón. Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado (vv. 1, 3).

En el Salmo 46, el salmista escribe: Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar (vv. 1, 2).

El mundo no consuela a los fracasados, a las personas que son marginadas o están entregadas sin esperanza a una adicción o a pasiones desaforadas.

Al principio el pecado parece una aventura, pero con rapidez se convierte en un lugar de mucha ansiedad, secreto y preocupación.

En momentos de arrepentimiento, usted coincide con Él en que sus acciones y actitudes estaban equivocadas y que está dispuesto a apartarse del pecado. Eso es lo que quiere decir arrepentimiento. Nos apartamos del pecado que ha causado la separación de Dios, pero también nos volvemos hacia Él, y reconocemos nuestra necesidad de Él y de Su verdad.

Dios es fiel y enviará un aviso a nuestro espíritu si estamos a punto de hacer algo que no está de acuerdo con Su verdad y voluntad. Si lo ignoramos, Él puede persistir. Sin embargo, puede que permita que cosechemos lo que sembramos, para mostrarnos los efectos devastadores del pecado.

Durante su vida usted cometerá errores. Además, lo mejor suyo tal vez no sea igual que lo mejor de otro. Nunca compare lo que hace con lo que hacen otros. Dios conoce las limitaciones que usted tiene y también sabe lo que es capaz de alcanzar.

Nunca se concentre en lo difíciles que puedan ser sus circunstancias; en vez de eso, concéntrese en Dios, Su fidelidad y Sus recursos y sea agradecido por lo que Él le ha dado.

¿Ha pensado usted en el hecho de que Dios le está tratando de enseñar algo por medio de sus circunstancias? Lo está haciendo. Está en el proceso de entrenarle para un trabajo mayor. Sin embargo, lo que puede echar por tierra sus esfuerzos es una actitud de pereza.

Habrá momentos en que lucharemos contra una fuerte tentación y prueba. A veces será como resultado del pecado, y otras vendrá como parte de la vida en un mundo caído. Las minas pueden estallar en ambos casos.

¡Dios! ¿Dónde estabas?

Diario de un hombre con cáncer.
Roberto Colín “Pplon”

Dios Dónde Estabas

Dios Dónde Estabas


Testimonio de un hombre diagnosticado con cáncer y cómo a partir de esta vivencia pudo hacer suyas las palabras de Job: “De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven”. Y el encuentro se da justo en lo más álgido del proceso. Cada capítulo se va contando por un narrador que contextualiza la experiencia, el propio autor que la desglosa, y remata con algún apunte hecho en redes sociales. Calificación de 10.

Jaculatoria: Oración breve y fervorosa

Nada es para siempre. Nadie está solo.

Ser un creyente no garantiza que se sepa reaccionar ante las cosas que arrebatan la paz y enfrentan al ser humano con su fragilidad. Una pelea surge en la mente del enfermo y las voces del pecado tratan de ganar terreno, tratan de asustar y confundir. Al final, esto es sólo el inicio del camino. La única actitud sensata será confiar en algo más grande y empezar a vivir con una idea: Tengo cáncer.

México es un país donde el precio de enfermarse se paga con crueles realidades. En el sistema de salud pública se pierden las barreras socioeconómicas y es posible voltear a ver las muchas realidades que convergen en una sala de espera. Sin duda, enfrentarse al aparato de salud pública, es un drama aparte.

Es cierto que el sistema tiene burócratas deshumanizados; es cierto que hay gente prepotente que busca saltarse la fila; es cierto que los fondos destinados a la salud terminan en bolsillos de funcionarios corruptos, etc…; pero creo que existe un problema más complicado de resolver y que afecta de fondo nuestras relaciones y acciones como ciudadanos. Somos muchos y no nos damos cuenta. Las instituciones se ven rebasadas, los protocolos superados y existe una gran masa de gente formada para ejercer sus derechos como parte de este estado. Los egoístas jalan agua para su molino sin importar que se trate de grandes presupuestos federales o el $1.50 que cuesta una copia en los pasillos de un hospital.

Dios no mandó el cáncer, no es una “Dioscidencia”, castigo o prueba. Él ha creado un mundo perfecto donde la libertad y la felicidad eran el único plan, pero el hombre ha querido vivir por encima de esos ideales modelando el mundo a su conveniencia, convirtiendo su libertad en un poder para hacer lo que quiera y su felicidad en el hartazgo del placer para los sentidos. Mas al cerrar nosotros mismos la puerta del paraíso, Dios también nos siguió y camina a la distancia para acompañar nuestras decisiones y bendecir a quienes, a pesar del dolor, son capaces de crear por amor.

Suele ser más fácil ser constante cuando se tiene que caminar por caminos difíciles, pues los senderos tranquilos nos hacen confiados y distraídos.

Aprendí que la salud, no es un milagro que se gana cuando uno hace oración con mucha fe, o cuando dice las palabras correctas. La salud se conquista en las cosas pequeñas, en el “abc” del amor personal, en ser fiel en lo poco para poder ser dignos de lo mucho.

Ni quiero que piensen que busco compartirles el terrible viacrucis que he pasado, la verdad es que me ha ido muy bien. Los trámites han sido más o menos ágiles, los doctores son buenos y el miedo es más grande cuando pierdes un papel que cuando te muestran la aguja.

El enfermo es capaz de ver cosas que la gente en la calle no percibe.

Vivimos en un mundo donde Dios inventó las acciones y el hombre las reacciones.

Una mujer admirable que sabe justamente como malabarear las palabras justas y las sonrisas perfectas.

Que la cultura del placer, no olvide que el dolor enseña cosas importantes para vivir.

La adolescencia marca sin duda una nueva pauta de relación que tristemente deja atrás los abrazos y besos que eran tan comunes en edades más tempranas y se aprenden nuevas formas de decir lo que sentimos, más distantes, más disimuladas.

Aprendí a leer su preocupación [del papá] oculta tras la mirada confiada, aprendí a disfrutar nuestros silencios sin sentir el incómodo forcejeo de la necesidad de llenar el vacío con palabras, aprendí a pedirle la ayuda que mucho tiempo no quise pedirle para no incomodarlo.

Mi madre se acercó y me besó en la frente y me dijo: “descansa mi hijo”, pero luego, al alzar la vista para darle el acostumbrado saludo lejano de mano alzada a mi papá, sentí sus manos tomándome del hombro y dándome un tierno beso en la mejilla y diciéndome: “que te recuperes pronto hijo”. Puede ser que las palabras no logren reflejar el gran regalo que me ha dado esta enfermedad al ofrecerme la posibilidad de romper las barreras heredadas de un estilo de vida familiar de relación, lo único que puedo yo concluir es que gracias a esa tarde, cada vez que saludo o me despido de mi papá, ese beso se repite sin pena, sin complejo, sin miedo o prejuicio. Ese beso se lo da el primogénito, un hijo que jamás ha dejado de ver a su padre como el más grande héroe de toda la historia.

Señor. No me cures, sáname. No me sorprendas, acompáñame, no me evites dolor, dale sentido. No busco tu milagro, busco tu camino de cruz y sepulcro vacío…

Ni el dolor de cabeza, ni el persistente vómito, ni los múltiples intentos por encontrar una vena, ni el asco por cualquier cosa que entre a mi boca, ni las incómodas horas tratando de encontrar una posición en la camilla, se equiparan con un dolor más profundo: la ausencia de la mano que se supone corre en auxilio de los que sufren, el Padre, que aguarda asomado a la ventana esperando mi regreso, el consolador, el hombre que curaba si tan solo rozabas su manto. Un dolor que se vuelve grito: Dios, ¿dónde estabas?

Regreso a la cama y ella se da cuenta que estoy sentado con la cabeza entre las manos, me toca y me dice dulcemente: ¿qué tienes amor? Y como si esa ternura fuera el tiro de gracia, mis ojos se cierran con lágrimas de desesperación. Me pongo a llorar, como nunca había llorado y como espero nunca volver a llorar. Duele cada sollozo, no puedo parar de llorar, han sido dos años que me he guardado estas lágrimas, estos reclamos, estos golpes sin explicación, estos silencios, estas ganas de gritarle a Dios en la cara: ¡No existes! Le digo a Cyn, “No siento a Dios, no está aquí, no sé si alguna vez estuvo, no sé si todo esto fue una bonita mentira contada para pasar el rato, si en el momento de la verdad la realidad se impone con el peso de la ausencia de Dios”. Me siento solo, me siento desesperado, esto no tenía que pasar, esto iba a ser una enfermedad de novela donde el autor subraya las cosas heroicas y evita mencionar los terribles momentos de dolor, esto va más allá de lo que mi cabeza pueda manejar, supera mi experto sistema para acomodar piezas de rompecabezas y dar explicaciones convincentes a cosas sobrenaturales. Se me han olvidado las citas bíblicas, se me perdieron las frases, historias y libros que con tanta astucia esgrimía frente al ateo que atacaba a mi Padre, a mi Iglesia, a mi fe. En este momento, no llego ni siquiera a decir: “Elí, Elí, lemá sabactani” pues soy infinitamente más débil que Jesús y estoy perdido, no sabría a donde dirigir la cabeza. Cyn me abraza y comienza a llorar conmigo. Siento su mano tibia y logro reconocer su aroma que me arrebata de ese pequeño infierno, su voz se ha tornado clara y segura a pesar de tener sus ojitos llenos de lágrimas y me dice: “todo va a estar bien amor, dios no nos va a dejar”. Son las palabras más simples que he escuchado en mi vida, la frase más estereotipada, el cliché más común en los casos de la consolación tradicional. No tienen la profundidad de sanación o una oración profunda de sanación y, sin embargo, estoy seguro que ha sido lo más cerca que he estado de escuchar la voz real de Dios.

Fue hasta que me vi desbordado, hasta que dejé de querer usar a Dios, hasta que lloré desconsolado y me dejé verdaderamente en sus manos, que sentí la paz. No quitó el dolor, pero si me sentí en paz. Sólo cuando somos capaces de rendirnos y olvidarnos de los trucos para hacer a Dios a nuestra conveniencia, es cuando tocar el fleco de su manto, escuchar una palabra suya basta para sanar, recibir las migajas que caen de la mesa o gritar sin parar “Ten compasión de mí”, serán la materia de fe madura con la que se hacen los milagros.

No existe un camino divino para enfrentar el dolor. Job reclamó, Elías se enojó, Moisés se desesperó, cristo mismo pidió que apartaran la copa, pero ninguno dejó de hablar con Él.

La vida no acaba con la muerte, sino con la decisión de no vivirla.

Gracias Señor, por estos 1022 días en los que pude dejar de oír de ti y empezar a sentirte en mi realidad desbordada de amor.

Hoy me tomé un café mientras hablaba de proyectos y mientras disfrutaba de la plática, valoré el sabor de las cosas, tanto el de un rico capuchino como el de una buena conversación. Esto lo tuve que aprender a apreciar por causa del químico en la boca, que no te deja hablar y te enseña a escuchar.

Así que te invito a que compartas tu vida con los demás, tu dolor, tu problema, tu divorcio, tu pérdida. Que tomes papel y lápiz como le propuse a Roberto y hagas un recuento de momentos, pues es la única forma de tomar distancia y verme junto a ti.

El Evangelio según Jesucristo

José Saramago

El evangelio según Jesucristo

El evangelio según Jesucristo


Si alguien que se declaró ateo y que se dio a la tarea de escribir un libro de algo que no cree, más bien parece que demuestra lo contrario, pues en su incredulidad revela el deseo por aprender más de ese Misterio, mostrando a un Jesús más humano y más cercano a como Saramago lo percibía. Interesante colección de palabras domingueras. Calificación de 8.

Alpendre: Cobertizo para guardar herramientas.
Barreño: Recipiente grande de forma cilíndrica, poco profundo y generalmente más ancho por la boca que por la base, que se usa para fregar el suelo o lavar en él.
Facundia: Abundancia y facilidad de palabra.
Poyo: Banco de piedra u obra de albañilería que se construye adosado a la pared de una casa, en el interior o en el exterior, generalmente junto a la puerta.
Meandro: Adorno de líneas sinuosas y repetidas.
Poyete: Poyo.
Támara: Especie de planta arecácea originaria de Medio Oriente.
Caravasar: antiguo tipo de edificación surgido a lo largo de los principales caminos donde las caravanas que hacían largos viajes de muchas jornadas —de comercio, peregrinaje o militares— , podían pernoctar, descansar y reponerse los viajeros y animales.
Torpor: Estado físico, generalmente transitorio, caracterizado por la lentificación de los reflejos, la disminución de la sensibilidad y el embotamiento de la mente.
Embreñarse: Meterse entre breñas (Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza).
Ronzal: Cuerda que se ata al pescuezo o a la cabeza de las caballerías para sujetarlas o para conducirlas caminando.
Macelo: Matadero.
Bodes: macho de la cabra.
Terraplén: Desnivel con una cierta pendiente.
Berzas: Persona ignorante o necia.
Pífanos: Flautín de tono muy agudo, usado en las bandas militares.
Aedo: Cantor épico de la antigua Grecia.
Linfa: Pus.
Preces: Ruegos, súplicas.
Execrar: Condenar y maldecir con autoridad sacerdotal o en nombre de cosas sagradas.
Berrocal: Sitio lleno de berruecos (‖ peñascos graníticos).
Protervia: Perversidad, obstinación en la maldad.
Dilacerar: Lastimar, destrozar la honra, el orgullo.
Túmulo: Sepulcro levantado de la tierra.
Grupa: Ancas de una caballería.
Renitente: Que se resiste a hacer o admitir algo.
Escolopendra: Miriópodo del que existen varias especies, de hasta 20 cm de longitud, cuerpo brillante y numerosas patas dispuestas por parejas, que vive bajo las piedras y puede producir dolorosas picaduras mediante dos uñas venenosas que posee en la cabeza.
Soalzar: Alzar ligeramente algo o a alguien.
Bacía: Vasija.
Lego: Falto de instrucción, ciencia o conocimientos.
Túmida: Tumefacta, hichada.
Zurriagazo: Golpe dado con una cosa flexible como el zurriago (látigo).
Tesela: Cada una de las piezas con que se forma un mosaico.
Exultar: Mostrar alegría, gozo o satisfacción.
Connubio: Matrimonio.
Vituallas: Conjunto de cosas necesarias para la comida, especialmente en los ejércitos.
Piara: Manada de cerdos.
Condumio: Manjar que se come con pan, como cualquier cosa guisada.
Heterónimo: Seudónimo.
Ribazo: Porción de tierra con elevación y declive.
Bucólico: Que trata de cosas concernientes a los pastores o a la vida campestre.
Canchales: Peñascal, Sitio cubierto de peñascos.
Renitente: Que se resiste a hacer o admitir algo.

Sólo una mujer que hubiese amado tanto como imaginamos que María Magdalena amó, podría mirar de esa manera.

El Bien y el Mal no existen en sí mismos, y cada uno de ellos es sólo la ausencia del otro.

Una voz dentro de sí preguntó, Qué es lo que en nosotros sueña lo que soñamos, Quizá los sueños son recuerdos que el alma tiene del cuerpo, pensó, y esto era una respuesta.

Pronunció aquella oración, terrible sobre todas, a los hombres reservada, Alabado seas tú, Señor, nuestro Dios, rey del universo, por no haberme hecho mujer.

Le intimidaba la idea de tener que enfrentarse a solas con su mujer, por aquel su modo particular de estar ahora, con los ojos bajos, es cierto, según manda la discreción, pero también con una evidente expresión provocativa, la expresión de quien sabe más de lo que tiene intención de decir, pero quiere que se le note. En verdad, en verdad os digo, no hay límites para la maldad de las mujeres, sobre todo de las más inocentes.

La mentira, se dice, es lo mismo que la infidelidad.

De nada vale que clame quien pocas esperanzas tiene de ser oído, aunque no pida nada y sólo esté alabando.

Ya sabes cómo son las cosas, una palabra tira de la otra, las buenas tiran de las malas, y acabamos diciendo siempre más de lo que queríamos.

Recordemos que todo esto es sucio e impuro, desde la fecundación al nacimiento, aquel terrorífico sexo de mujer, vórtice y abismo, sede de todos los males del mundo, el interior laberíntico, la sangre y las humedades, los corrimientos, el romper de las aguas, las repugnantes secundinas

Desierto no es aquello que vulgarmente se piensa, desierto es toda ausencia de hombres, aunque no debamos olvidar que no es raro encontrar desiertos y secarrales de muerte en medio de multitudes.

El hijo de José y de María nació como todos los hijos de los hombres, sucio de la sangre de su madre, viscoso de sus mucosidades y sufriendo en silencio. Lloró porque lo hicieron llorar y llorará siempre por ese solo y único motivo.

Tuvo un pensamiento aún más triste, el de que los hijos mueren siempre por culpa de los padres que los generan y de las madres que los ponen en el mundo, y entonces sintió pena de su propio hijo, condenado a muerte sin culpa.

José ni vergüenza llegó a sentir, ese sentimiento que es, cuántas veces, pero no las suficientes, nuestro más eficaz ángel de la guarda.

Puede decirse que despierto sueña el sueño de cuando duerme y, dormido, al mismo tiempo que intenta desesperadamente huir de él, sabe que es para volver a encontrarlo, otra vez y siempre, este sueño es una presencia sentada en el umbral de la puerta que está entre el sueño y la vigilia, al salir y al entrar tiene José que enfrentarse con ella.

Marginada, María se iba dando cuenta de que había cosas que no podía preguntar, se trata de un método antiguo de las mujeres, perfeccionado a lo largo de los siglos y milenios de práctica, cuando no las autorizan a preguntar, escuchan y al poco tiempo lo saben todo, llegando incluso a lo que es el súmmum de la sabiduría, a distinguir lo falso de lo verdadero.

Ya lo dice el Talmud, Del mismo modo que es obligatorio alimentar a los hijos, también es obligatorio enseñarles una profesión manual, porque no hacerlo será lo mismo que convertir al hijo en un bandido.

Uno no puede elegir los sueños que tiene, Son los sueños los que eligen a las personas.

El sueño es el pensamiento que no fue pensado cuando debía y ahora lo tengo conmigo todas las noches, no puedo olvidarlo.

No es preciso tener culpa para ser culpable.

Entre el río Jordán y el mar lloran las viudas y los huérfanos, es una antigua costumbre suya, para eso son viudas y huérfanos, para llorar, después todo se reduce a esperar el tiempo de que los niños crezcan y vayan a una guerra nueva, otras viudas y otros huérfanos vendrán a relevarlos, y si mientras tanto han cambiado las modas, si el luto, de blanco, pasó a ser negro, o viceversa, si sobre el pelo, que se arrancaba a manojos, se pone ahora una mantilla bordada, las lágrimas son las mismas, cuando se sienten.

Siempre llega un momento en que el dolor es más fuerte que el temor a la muerte.

Cuando ya habían dejado Séforis atrás, empezó a llover, primero unos goterones que hacían en el polvo espeso del camino un ruido blando, si emparejadas tales palabras tienen sentido.

Esa blanca sangre que son las lágrimas.

Poco a poco, los niños fueron dejando a la madre, los mayores, por esa especie de pudor que nos exige sufrir solos

En esto los niños son como los viejos, que lloran por nada, hasta cuando dejan de sentir, o porque han dejado de sentir.

Porque está escrito, Llora amargamente y rompe en gritos de dolor, observa el luto según la dignidad del muerto, un día o dos por causa de la opinión pública, después consuélate de tu tristeza, y escrito está también, No debes entregar tu corazón a la tristeza, sino que debes apartarla de ti, recuerda tu fin, no te olvides de él, porque no habrá retorno, en nada beneficiarás al muerto y sólo te causarás daño a ti mismo.

Hasta un hombre adulto, si llora, se transforma en criatura,

Un día llorarás por tu padre y no lo tendrás,

El recuerdo vivo de su padre, inesperado, lo alcanzó como un chorro de luz insoportable.

No será menor la alegría por ser breve la ausencia, la ausencia es también una muerte, la única e importante diferencia es la esperanza.

No es posible ver la muerte y continuar como antes.

El cuerpo, aunque defiendan lo contrario los partidarios del ayuno místico, recibirá mejor la palabra de Dios si el alimento ha fortalecido en él las facultades del entendimiento.

Si los soldados hubieran sido romanos, todavía se comprendería, pero así, que nuestro propio rey mande matar a sus súbditos, niños de tres años, alguna razón tendría que haber, La voluntad de los reyes no es para nuestro entendimiento, quede el Señor contigo y te proteja, Ya no tengo tres años, A la hora de la muerte, los hombres tienen siempre tres años, dijo la mujer, y se alejó.

A los viejos, a todos, se les debe responder siempre, porque siendo ya tan poco el tiempo que tienen para hacer preguntas, extrema crueldad sería dejarlos privados de respuestas, recordemos que una de ellas bien pudiera ser la que esperaban.

Los gestos no totalmente sinceros llegan siempre con retraso.

Dicen los entendidos en las reglas del bien contar cuentos que los encuentros decisivos, tal como sucede en la vida, deberán ir entremezclados y entrecruzarse con otros mil de poca o nula importancia, a fin de que el héroe de la historia no se vea transformado en un ser de excepción a quien todo le puede ocurrir en la vida, salvo vulgaridades. Y también dicen que es éste el proceso narrativo que mejor sirve al siempre deseado efecto de la verosimilitud, pues si el episodio imaginado y descrito no es ni podrá convertirse nunca en hecho, en dato de la realidad, y ocupar lugar en ella, al menos ha de procurarse que pueda parecerlo

Ante la muerte no hay palabras.

No hacemos las preguntas porque aún no estábamos preparados para oír las respuestas, o, simplemente, por tener miedo de ellas. Y, cuando encontramos valor suficiente para hacerlas, es frecuente que no nos respondan

Comer al animal que matamos es la única manera de respetarlo, lo malo es que se coman unos lo que otros tuvieron que matar.

No necesitó Jesús pedir limosna para que le fuese dado, ahora, sin la seguridad de que le darán, se verá obligado a pedir. Tiene ya la mano tendida, postura que de tan elocuente dispensa explicaciones, y tan fuerte en expresión que lo más común es que desviemos de ella los ojos como los desviamos de una llaga o de una obscenidad.

Andando, siempre se acaba por llegar.

Se respiraba en la atmósfera la tensión que anuncia las tormentas y, para confirmarlo, el primer relámpago desgarró los aires en el momento preciso en que el rebaño apareció ante los ojos de Jesús. No llovió, era una de aquellas tormentas que llamamos secas, que asustan más que las otras porque ante ellas nos sentimos realmente sin defensa, sin la cortina, por decirlo de alguna forma, y que nunca imaginaríamos protectora, de la lluvia y del viento, en verdad esta batalla es un enfrentamiento directo entre un cielo que se rasga y atruena y una tierra que se estremece y se crispa, impotente para responder a los golpes.

Y ahora, este cordero, qué vas a hacer con él, Nada, lo he traído para que se quede con el rebaño, Los corderos blancos son todos iguales, mañana ya no lo reconocerás en medio de los otros, {él me conoce, Llegará el día en que empezará a olvidarte, además llegará a cansarse de ser él quien siempre te busque, el remedio sería marcarlo, darle un tajo en una oreja, por ejemplo, Pobre animalillo, No sé por qué, también tú estás marcado, te han cortado el prepucio para se sepa a quién perteneces, No es lo mismo, No debería serlo, pero lo es.

Este desierto es más amedrentador que los formados sólo de lisas arenas y de aquellas dunas inestables que mudan constantemente de forma y de hechura, en este desierto cada colina oculta y anuncia la amenaza que nos espera en la colina siguiente, y, cuando a ésta llegamos, temblando, sentimos de inmediato que la amenaza, la misma, pasó para detrás de nuestras espaldas.

Ninguna salvación es suficiente, cualquier condena es definitiva.

Qué estúpido soy, No eres estúpido, sólo inocente, Ya no soy inocente, Por haber conocido mujer, No lo era ya cuando me acosté contigo.

Gracias a todo esto, reunido y puesto en orden, se pudieron juntar padre e hijo, pese a que la culpa de uno no tenía perdón y el dolor del otro no tenía remedio.

El silencio tiene, si le damos tiempo, una virtud que aparentemente lo niega, la de obligar a hablar.

Empecé a esperarte desde el mismo momento en que partiste.

Tendrías que ser mujer para saber lo que significa vivir con el desprecio de Dios, y ahora tendrás que ser mucho más que un hombre para vivir y morir como su elegido.

Tu segundo gran error es pensar que la belleza y la facundia de los hombres existen a imagen y semejanza del Señor, cuando el sistema del Señor, te lo digo yo que soy de la casa, es ser siempre lo contrario de como los hombres lo imaginan.

La ocasión puede siempre crear una necesidad, pero si la necesidad es fuerte, tendrá que ser ella la que haga la ocasión.

Hubo un silencio tan denso, tan alto, tan profundo, que parecía que era un silencio del mar y de los montes concertados.

Un árbol gime si lo cortan, un perro gruñe si lo golpean, un hombre se crece si lo ofenden.

María de Magdala no conoce, por propia experiencia, el amor de la madre por su hijo, conoció al fin el amor de la mujer por su hombre, después de haber aprendido y practicado antes el amor falso, los mil modos del no amor. Quiere a Jesús como mujer, pero desearía quererlo también como madre, tal vez porque su edad no esté tan lejos de la edad de la madre verdadera.

Las palabras pronunciadas por el corazón no tienen lengua que las articule.

Dijo Andrés, el hermano de Simón, Nosotros sí que debemos estar contigo, porque si a un hombre común, como tú dices ser, le fueron dados tales poderes y el poder de usarlos, pobre de ti, porque tu soledad será más pesada que una piedra atada al cuello.

Esto de las noticias ya sabemos cómo es, van perdiendo convicción con el tiempo y la distancia, y cuando la nueva, que ya lo era tan poco, llegó a Nazaret, no se sabía si hubo milagro realmente, o si fue apenas una feliz coincidencia.

No diremos, como dijo un poeta, que lo mejor del mundo son los niños, pero gracias a ellos logran dar a veces los adultos, sin desdoro de su orgullo, ciertos difíciles pasos, aunque después se venga a ver que el camino no iba más allá.

Las cuentas son fáciles de hacer. Pero no de pagar.

La verdad y la mentira pasan por la misma boca y no dejan rastro, el Diablo no es menos Diablo por decir alguna verdad de vez en cuando.

Con una niebla así hasta los peces se pierden bajo el agua.

Ahora soy un hombre, No tienes miedo, No, Lo tendrás, tranquilo, el miedo llega siempre, hasta a un hijo de Dios.

Hijo mío, no olvides lo que voy a decirte, todo cuanto interesa a Dios, interesa al Diablo.

Y cuál es el papel que me has destinado en tu plan, El de mártir, hijo mío, el de víctima, que es lo mejor que hay para difundir una creencia y enfervorizar una fe.

Lo mucho puede ser compartido, lo poco no.

La única palabra que ningún hombre puede rechazar como cosa no suya es Arrepiéntete, porque todos los hombres cayeron en pecado, aunque sólo fuese una sola vez, tuvieron un mal pensamiento, infringieron una costumbre, cometieron un crimen mayor o menor, despreciaron a quien los necesitaba, faltaron a sus deberes, ofendieron a la religión o a sus ministros, renegaron de Dios, a esos hombres no tendrás que decirles más que Arrepentíos Arrepentíos Arrepentíos.

El miedo común es así, une fácilmente las diferencias.

Este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres, un Bien que tuviese que existir sin ti sería inconcebible, hasta el punto de que ni yo puedo imaginarlo, en fin, que si tú acabas, yo acabo, para que yo sea el Bien, es necesario que tú sigas siendo el Mal, si el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios, la muerte de uno sería la muerte del otro.

Dios no se muestra de una forma, tanto puede aparecer en una nube, en una columna de humo, como venir de judío rico, lo conocemos más bien por la voz, después de haberlo oído una vez.

De entre la multitud llegó entonces una voz, Danos una prueba de que eres el Hijo de Dios y yo te seguiré, Tú me seguirás siempre si tu corazón te trajese a mí, pero tu corazón está aprisionado en un pecho cerrado, por eso me pides una prueba que tus sentidos puedan comprender, pues bien, voy a darte ahora una prueba que dará satisfacción a tus sentidos, pero que tu cabeza rechazará, y, estando tú dividido entre tu cabeza y tus sentidos, no tendrás más remedio que venir a mí por el corazón, Quien pueda entender que entienda.

Cómo ha sido, cómo ha sido, es una idea que siempre nos acude ante lo que ya no tiene remedio, preguntar a los otros cómo fue, desesperada e inútil manera de distraer el momento en que tendremos que aceptar la verdad, es eso, queremos saber cómo fue, y es como si todavía pudiésemos poner en el lugar de la muerte, la vida, en el lugar de lo que fue, lo que podría haber sido.

Sólo falta que Jesús, mirando aquel cuerpo abandonado por el alma, tienda hacia él los brazos como el camino por donde ella ha de regresar, y diga, Lázaro, levántate, y Lázaro se levantará porque Dios lo ha querido, pero es en este instante, en verdad último y final, cuando María de Magdala pone una mano en el hombro de Jesús y dice, Nadie en la vida tuvo tantos pecados que merezca morir dos veces, entonces Jesús dejó caer los brazos y salió para llorar.

Temían saber lo que saber ansiaban.

Pilatos sólo conocía dos especies de acusados, los que bajaban los ojos y los que de ellos se servían como carta de desafío, a los primeros los despreciaba, a los segundos los temía siempre un poco, y por eso los condenaba más deprisa.

Hizo una señal a los soldados para que se llevaran de allí al condenado y mandó que trajeran agua para lavarse las manos, como era costumbre después de dictar sentencia.