Luces blancas

Carlos Alvahuante

Luces blancas

Luces blancas


Dos amigos que sufren bullying escolar, buscan la forma de poner fin al abuso, independientemente de cómo puedan hacerlo. La ayuda llegará de manera poco ortodoxa. Se trata de una historia orientada a adolescentes y si ya de por sí tanto el lenguaje escrito como hablado es complicado que ellos lo usen de manera correcta, un libro que es específico para ellos debiera cuidar más la edición para mejorar esos aspectos, aunque ello sea en detrimento del perfil de los personajes. Calificación de 7.

Menaje: Conjunto de muebles, ropas y enseres de uso común en las casas.
Tarascada: Mordisco dado con fuerza y violencia.

Su mamá ignoraba lo que un adolescente sabe de sobra: las escuelas siempre tienen dos caras, una maquillada, para los padres, y otra malvada, para los alumnos. Siempre.

-No puede ser -susurró Guillermo negando con la cabeza.
-Pus tan puede, que fue.

Toda gran pregunta tiene una respuesta pequeña.

Un zombi corrió hacia ellos con las fauces abiertas. Dios una tarascada a la espalda de Valeria, pero sólo alcanzó a morder un trozo de aire.

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Las alas rotas

Khalil Gibrán

Las alas rotas

Las alas rotas


Historia de amor entre dos jóvenes cuyas almas son conectadas, pero que no puede ser consumado debido a las tradiciones y ambición de la sociedad en que viven. Y así, ambos se sienten con las alas rotas por no poder gritar su amor a los cuatro vientos. Calificación de 8.

Toda la belleza y grandeza de este mundo ha sido creada por un pensamiento o una emoción únicos dentro de un hombre. Todo lo que vemos hoy, creado por generaciones pasadas, fue antes de que apareciera, un pensamiento en la mente de un hombre o un impulso en el corazón de una mujer. Las revoluciones que tanta sangre derramaron y que impulsaron las mentes de los hombres hacia la libertad, fueron la idea de un hombre que vivió entre millares de hombres. Las guerras devastadoras que destruyeron imperios fueron un pensamiento que existió en la mente de un solo individuo. Las enseñanzas supremas que cambiaron el curso de la humanidad fueron las ideas de un hombre cuyo genio le separaba de su ambiente. Un solo pensamiento construyó las pirámides, creó la gloria del Islam y causó el incendio de la biblioteca de Alejandría. Un pensamiento que se apodera de nosotros en la quietud de la noche nos conduce a la gloria de la locura. La mirada de unos ojos de una mujer nos convierte en el más feliz de los hombres. Una palabra de un hombre nos puede convertir en ricos o pobres. Una sola palabra pronunciada por Selma aquella noche me colocó entre mi pasado y mi futuro, cual embarcación que ancla en medio del océano. Esa palabra me despertó del sueño de la adolescencia solitaria y me colocó en el escenario donde la vida y la muerte representan papeles.

La apariencia de las cosas cambia de acuerdo con las emociones, y vemos magia y belleza en ellas cuando la magia y la belleza están realmente dentro de nosotros mismos.

Todo lo que el hombre hace en la oscuridad de la noche, será claramente revelado a la luz del día. Palabras pronunciadas en privado se convertirán inesperadamente en conversación común. Actos que hoy ocultamos en los rincones de nuestro albergue, se cantarán a los cuatro vientos el día de mañana.

Es opinión de la zorra, que los racimos de uvas que están fuera de su alcance son agrios.

En algunos países, la riqueza de los padres es el origen de la desgracia de los hijos.

La civilización moderna ha dado a la mujer un poco más de preparación, pero también ha incrementado sus sufrimientos por la codicia del hombre. La mujer de días pasados era una esposa feliz, pero la mujer de hoy es una querida infeliz. En el pasado, caminaba ciegamente en la luz, pero ahora camina con los ojos abiertos en la oscuridad. Antes era hermosa en su ignorancia, virtuosa en su simplicidad y fuerte en su debilidad. Hoy, se ha vuelto fea en su ingenuidad y superficial y despiadada en su conocimiento. ¿Llegará el día en que la belleza y el conocimiento, la ingenuidad y la virtud, y la debilidad del cuerpo unida a la fuerza espiritual se conjuguen en una mujer?

Retar a los obstáculos y a las vicisitudes es más noble que retirarse a la tranquilidad.

La palabra madre está oculta en nuestros corazones, y acude a nuestros labios en horas de tristeza y de felicidad, como el perfume emana del corazón de la rosa y se mezcla con el aire diáfano o nubloso.

No llaméis al médico, pues podría prolongar mi sentencia en esta cárcel con su medicina, mis días de esclavitud han terminado, y mi alma busca la libertad de los cielos. Y tampoco llaméis al sacerdote, porque sus conjuros no podrían salvarme si fuera pecador, ni podrá apresurar mi llegada al Cielo si fuera inocente.

Yo permanecí allí, perdido en un hondo mar de pensamientos, absorto en el mundo de la revelación, donde Dios se sienta en su trono y los ángeles escriben los actos de los seres humanos; donde las almas recitan la tragedia de la vida y las novias del cielo cantan los himnos del amor, la tristeza y la inmortalidad.

Rigo es amor

Rigo es amor

Rigo es amor


A su manera, distintos autores rinden homenaje a Rigo Tovar, ídolo de multitudes cuya música y estilo de vida, fue (o es) parte del soundtrack de una generación. Calificación de 9.

Casi cinco horas después llegamos a San José del Pacífico y allí nos tuvimos que quedar otras quince horas, mientras reparaban unos derrumbes causado por las intensas lluvias. Estuve dormitando en el asiento hasta que en la nebulosidad del ensueño empecé a oír el ofrecimiento de comida grasosa. De fondo seguía la misma voz a lo largo de diez canciones, que iban y regresaban con una tonalidad naca pero inequívocamente seductora.

Hay cosas que no se pueden decir porque no hay palabras para decirlas.

Igual que José Feliciano, Ray Charles o Stevie Wonder, Rigo Tovar era un cantante que perdió la vista y, unto con ella, la capacidad de prosperar en la cima. Sus lentes no eran la pose de un famoso cansado de la celebridad, sino e presagio del anonimato y la sombra. Un ídolo ciego es una estrella fugaz. Rigo Tovar, nuestro héroe, ha caído víctima de la ironía hípster, esta tribu de modernos que se aburre de lo pop y mainstream y se disfraza de camisa de granjero, gorra de camionero y zapatos de abuelita, ahora reclama la cumbia para sí. En la capital del país se venden camisetas con su rostro en estética retro. En algunas fiestas se toca la versión de Plastilina Mosh de Mi Matamoros querido y Érick Rubín canta la sirenita en versión más entonada que jamás se grabó y que nadie, pero nadie, bailará guapachosamente a las tres de la mañana en una boda. Las hijas de mis tíos no aprendieron a bailar cumbia apretando los puños y moviendo las piernas sobre el cofre de un auto. Ellas, adolescentes de la era reggaetón, jamás sabrán que esas canciones eran la excusa para que un chico te sujetara la cintura por primera vez.

El tequila es de tristeza sabia.

Los eventos multitudinarios tienen una particularidad: el gentío termina comportándose como un individuo acéfalo, carente de conciencia.

Ponerlos era divertido hasta cierto punto. Tomar la esponjita y pasarla por el círculo negro como en una pista olímpica, rascar un poco la aguja antes de colocarla en la línea -ras ras ras ras- y ponerle encima uno o dos quintos para evitar cualquier interrupción a mitad del guapacheo.

Alguna vez un especialista en literatura decía que la gente seguía leyendo La metamorfosis de Kafka pensando que era una metáfora, cuando lo interesante es que el personaje de Kafka era, literalmente, un insecto. Ni lo representaba, ni lo insinuaba. Lo era. Si Gregorio Samsa amaneció cucaracha, Rigo Tovar engendró un sirenito.

También era un genio para las melodías. Sus mejores canciones son chicles. Se te pegan al alma, aunque no te gusten, aunque estén repinches. Permanecen en tu cabeza toda la vida. Aunque principalmente tropical (norteño, pero tropical, no en balde Matamoros está tan cerca del mar), le pega con igual gusto a la cumbia, la balada, la música disco, el mariachi, el rock ‘n’ roll y hasta tiene episodios psicodélicos. Su rango de géneros es impresionante. Dirigía oralmente todos los instrumentos a la hora de componer las canciones. Su voz nasal y ligeramente desafinada lo hace reconocible todavía.

Como frontman, daba clases, sin perder su estilo. Platicaba con el público en los puentes instrumentales de sus canciones (muy en onda con su disco Rigo Tovar: sublime y bohemio). Se bajaba los lentes mirando al público en el coro de «Oh, qué gusto de volverte a ver». Se roba el peinado de Morrison y toca la guitarra por detrás de la cabeza como Hendrix. Su famoso brinquito se anticipaba al de David Lee Roth. Decía «Yo no fui» antes que Bart Simpson. Además, hacía el moonwalk antes de Michael Jackson (y en la red, algún sabio dice que el Piporro lo hacía mucho antes; otro, aún más sabio, dice que en realidad el paso lo inventó Marcel Marceau; y si nos seguimos así llegamos al paleolítico; ya ven por qué no confía en mi memoria).

de platini Publicado en Libros

Poemas de Dios

Alex Campos

Poemas de Dios

Poemas de Dios

Tomando como base las canciones de su autoría, Alex Campos reflexiona y nos comparte lo que quiso expresar en ellas. Calificación de 8.

Me di cuenta de que lo que yo estaba buscando era la bendición y no al que bendice.

En la actualidad queremos actuar motivados por las emociones, no por obediencia y disciplina.

Muchos hemos confundido nuestra posición en Dios y asumido una actitud que demanda, en lugar de una que demuestra servicio y sumisión. Hemos establecido nuestra relación con el Señor pensando que él hace milagros y responde cuando nosotros lo solicitamos.

Tú no te deleitas en los sacrificios ni te complacen los holocaustos; de lo contrario, te los ofrecería. El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido (Salmo 51:16-17). ¿Qué le agrada más al Señor: que se le ofrezcan holocaustos y sacrificios, o que se obedezca lo que él dice? El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de carneros (1 Samuel 15:22).

Mateo 6:33 afirma: «Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten» (NTV)

Bob Sorge escribió: «Las cosas no cambian cuando hablo con Dios; las cosas cambian cuando Dios me habla. Cuando yo hablo, nada sucede; cuando Dios habla, el universo se vuelve real. De manera que el poder de la oración no se encuentra en convencer a Dios de mis asuntos, sino en esperar en él para escuchar sus asuntos»

¡Qué difícil es creer cuando te rodean circunstancias adversas y opuestas a lo que quisieras! ¡Qué complicado es mantener tu fe sólida y firme como la roca!

Es fácil componer y escribir canciones cuando todo está relativamente bien, cuando nada te preocupa y te roba tu atención la mayor parte de tu tiempo.

Sabía que no podía llevar solo esta carga, y aunque me imagino que lo ideal era haberme mantenido en una actitud de agradecimiento y adoración a Dios, también he aprendido que puedo traer mi carga y mi dolor ante Jesús, llevarle mi queja y mi preocupación. Me daba cuenta de que solo en su presencia podría obtener más que respuestas.

¡Cuánto nos cuesta esperar y confiar en las promesas de Dios! No queremos pagar el precio, y nos resulta más fácil hacerlo a nuestra manera.

Resulta increíble comprobar que no siempre escoger lo mejor es lo más conveniente para nosotros en nuestro caminar. Lot escogió la tierra mejor y más fértil, pero a costa de vivir cerca y después en medio de personas perversas y corruptas.

Recuerda que eres hijo de Dios, la niña de sus ojos, algo de mucho valor para él. Somos tan importantes para Dios que envió a su Hijo a pagar nuestra deuda. No eres un error, no eres una consecuencia del pecado, no eres un desliz de tus padres. No, antes de que fuéramos gestados por nuestros padres, ya estábamos en los pensamientos de Dios.

Si Jesús día a día vivió con el firme propósito de entregar todo por mí, ¿por qué me cuesta vivir cada día para él?

Tristemente, tomamos la muerte de Jesús tan a la ligera que ofrecemos lo que nos sobra, lo que no nos cuesta mucho esfuerzo, lo que no compromete nuestros anhelos y sueños. Cuando tú y yo entendamos lo que en realidad sucedió aquel día en la cruz, no tendremos más excusas para no entregarnos voluntariamente por completo. De la misma manera que lo hizo Jesús.

«Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman» (1 Corintios 2:9).

Debemos aprender que las cosas pasan, la riqueza y la pobreza son pasajeras, la enfermedad y las circunstancias adversas resultan momentáneas. Nos espera un nuevo cielo, un nuevo cuerpo, seremos transformados y tendremos cuerpos incorruptibles; no habrá espacio para el dolor, ni la tristeza, sino que sentiremos por siempre las cosquillas de Dios, como escribo en mi canción, ese gozo eterno de saber que viviremos por siempre en el regazo de su amor.

Lucas Leys dice que nadie se despierta un día y si no le gusta el café dice: «Hoy me voy a convertir en un gran pecador y alejar de Dios». Ocurre en un proceso lento y por eso debemos prestar atención.

La pasión, el perdón, un abrazo, un agradecimiento, una caricia… en mil detalles más, encuentro que se trata de Dios. Siento su lenguaje de amor.

Una mirada infantil de la basilea de Dios

Edman Orel López Díaz

Una mirada infantil de la basilea de Dios

Una mirada infantil de la basilea de Dios

Un estudio detallado del conocido pasaje en el que Jesucristo bendice a los niños y les abre las puertas de su reino, haciendo una crítica a la iglesia actual en el sentido de su menosprecio a la niñez en su quehacer diario, y a manera de confirmación y un tanto contradictorio, el propio libro los aparta, al ser escrito en un lenguaje un poco alejado de la niñez. Calificación de 8.

Sororal: Perteneciente o relativo a la hermana.

Porque el hecho de pertenecer al reino es algo que transfigura toda la Vida. No sólo se renueva la relación con Dios, sino también la relación con los hombres. Quien pertenece al reino y puede invocar a Dios llamándole «Padre», se halla bajo la nueva ley de Dios, que es parte integrante de a nueva creación, y que reemplaza a la ley divina del Viejo eón.

Según sus leyes tenían la obligación para con ellos y ellas hasta los seis años: “Después de esta edad, el padre no está obligado jurídicamente a alimentar a sus hijos, están ya en situación de solucionarlo por sí mismos”. Las niñas muchas veces eran vendidas como esclavas (después de los seis años). Y como bien nos recuerda Gnilka: “No se podía ser amable con los niños. Ellos ocupaban un lugar más bien bajo en la escala social”. Desde la perspectiva de Navarro los niños y niñas eran considerados sólo de manera virtual. “Contaban en cuanto número, especialmente los varones, y, de hecho, sólo a partir de los ritos de iniciación que los convertían en miembros reales del pueblo. Por sí mismos carecían de importancia”.

La pregunta se torna aquí indispensable: ¿Qué significa recibir el reino de Dios como un niño? Se ha respondido por lo general que esto quiere decir: “hacernos” como los niños si deseamos entrar al reino de los cielos. Para unos por su pureza e inocencia; para otros, son modélicos porque no perseveran en la ira, no ofenden, no echan miradas obscenas a las mujeres bellas, no hablan de manera distinta de lo que piensan. Para unos más significa simplicidad del corazón (aunque no expliquen en qué consiste eso) y, sencillez y naturalidad de los niños. Sin embargo, para Gnilka, significa “hacerse pequeño ante Dios y ante los hombres, dejar a un lado el afán de mandar sobre toros, estar dispuesto a renunciar a los privilegios personales”.

Si es que estamos soñando, que soñemos hasta que nos convenza nuestro sueño. Gabriela Mistral.

Agua quemada

Carlos Fuentes

Agua quemada

Agua quemada

Historias de personajes diferentes que por una u otra causa sus vidas se entrelazan, aunque muchas veces no saben ni por qué. Eso sí, se trata de íconos característicos de una familia mexicana. Calificación de 7

Grima: Sensación molesta de intranquilidad, disgusto o desagrado causada por una cosa.
Redrojo: Racimo pequeño, que dejan en la cepa los vendimiadores.

Qué falta nos hacen a veces los demás. Todos se han ido muriendo. Y no le hace que nazcan nuevas gentes. Cuando se te mueren los amigos con los que viviste y peleaste, te quedas solo, de plano.

Me interesaba muchísimo más saber lo que nunca podría ser que lo que quisiera ser.

Yo era el único en esta casa que sabía que el sueño es la verdad, eso me iba diciendo mientras caminaba en silencio hacia la sala, de allí venían las voces, la Revolución no era verdad, era un sueño de mi abuelito, mi mamá no era verdad, era un sueño mío, y por eso eran ciertas, sólo mi papá no soñaba, por eso era de a mentiras.

La Revolución no era verdad, era un sueño de mi abuelito, mi mamá no era verdad, era un sueño mío, y por eso eran ciertas, sólo mi papá no soñaba, por eso era de a mentiras.

Qué bueno es saberse necesitado, qué bueno saber que si no fuera por uno, otra persona estaría muy sola.

¿Por qué se escoge a una persona sobre otras para casarse con ella, mamá?, ¿nunca se arrepiente uno, se hace ilusiones de lo que pudo haber sido, con otro, y luego le escribes cartas para hacerle creer que todo salió bien, que no se escogió mal?

Le daba vergüenza que un país de iglesias y pirámides edificadas para la eternidad acabara conformándose con una ciudad de cartón, caliche y caca.

¿Cuándo entenderán que el subsuelo esponjoso no resiste la injuria de los rascacielos?

La memoria de los viejos es provocada por las muertes de otros viejos.

Nadie es el último hombre ante el amor, sólo ante la muerte. Sólo la muerte puede decirnos: Eres el último. Nada más, nadie más.

No tienes descendencia. Perdiste para siempre la oportunidad de darles a tus hijos algo mejor o algo distinto de lo que tus padres te dieron a ti. No sé. Lo cierto es que se corre el riesgo de la insatisfacción y el error, hágase lo que se haga.

La justicia puede estar enemistada con el amor, dijo a veces, aquellas gentes se amaban hasta en el crimen y eso fue más fuerte que mi promesa de justicia.

Un muerto posee poder ante los vivos, aunque sea un muerto desgraciado. A un muerto se le respeta, ¿o qué carajos no?

Mientras no soñara a su marido muerto, no lo daría por muerto.

Por dónde me le cuelo a la vida, ¿por dónde?

Aunque no lo quieras todo nos va separando, como ahorita te separaste de tu novia igual te vas a separar de tu mamá y de nosotros, con dolor cual más o menos, a todo se acostumbra uno, luego las separaciones te van a parecer normales, así es la vida, es una separación tras otra, no lo que se junta lo que se separa eso es la vida.

La política no es más que una larga paciencia.

Más Platón, menos Prozac.

Lou Marinoff

Más Platón y menos Prozac

Más Platón y menos Prozac


Preocupado por la facilidad con que suelen diagnosticarse enfermedades o problemas mentales/psicológicos y tratarlos con medicamentos, sin ahondar en el problema, el autor nos presenta una alternativa tan añeja como el hombre: pensar. De esta manera, podemos diseñar una propia filosofía, con ayuda de los grandes pensadores, que nos ayude a atravesar las dificultades de la vida. Buena propuesta. Calificación de 9.5

Arrostrar: Hacer frente a los peligros o dificultades con valor y entereza.
Estulticia: Ignorancia, necedad o estupidez de una persona.
Volición: Acto de la voluntad.
Obliterar: Anular, borrar o tachar una cosa.

Para quienes siempre supieron que la filosofía era buena para algo, pero nunca supieron decir exactamente para qué.

Ser filósofo no consiste en el mero formular pensamientos sutiles, ni siquiera en fundar una escuela […]. Consiste en resolver algunos de los problemas de la vida, no en el ámbito teórico, sino en el práctico. Henry David Thoreau.

Las personas que se enfrentan a dichas situaciones necesitan términos suficientemente profundos y amplios para exponer sus inquietudes. Sirviéndose de sus respectivas filosofías de la vida, a veces valiéndose de los grandes pensadores del pasado, logran construir un marco de referencia que les permita arrostrar cualquier situación y pasar a la siguiente con fundamentos más sólidos y con una mayor entereza espiritual o filosófica. Lo que necesitan es diálogo, no un diagnóstico.

Cualquier comportamiento imaginable puede terminar ocupando su lugar en el DSM, donde será diagnosticado como síntoma de una supuesta enfermedad mental. Aunque la mayoría de estas pretendidas enfermedades mentales que figuran en el DSM jamás se haya podido demostrar que están causadas por una enfermedad cerebral, la industria farmacéutica y los psiquiatras que recetan sus medicamentos insisten en identificar tantas «enfermedades mentales» como sea posible. ¿Por qué? Por las razones de siempre: poder y dinero. Veamos qué le parecen los siguientes datos. En 1942, la lista de trastornos del DSM-I constaba de 112 entradas. En 1968, el DSM-II recogía 163 trastornos. En 1980, el DSM-III listaba 224. La última edición, el DSM-IV de 1994, alcanza los 374. Durante la década de los ochenta, los psiquiatras consideraban que uno de cada diez estadounidenses padecía una enfermedad mental. En la década de los noventa, ya hablaban de uno de cada dos. Pronto toda la población estará enferma, con una única, aunque obvia, excepción: los psiquiatras. Pues ellos son capaces de hallar síntomas de «enfermedad mental» en cualquiera, y le recetarán todas las medicinas que su compañía de seguros esté dispuesta a pagar.

Cuando la única herramienta de que dispones es un martillo, una infinidad de objetos cobran aspecto de clavos.

Las medicinas no afectan al mundo exterior; incluso con el humor suavizado por el Prozac, seguirá teniendo que tratar con un jefe despiadado o con un cónyuge infiel o con la burocracia bancaria. Las respuestas no están 8y nunca lo estarán) dentro de un frasco de pastillas. Lo mejor que encontrará ahí es un paliativo temporal.

Cuando la tragedia le alcanza, seguro que tarde o temprano murmura: «¿Por qué a mí?» Aunque esa pregunta no se la formulará nunca quien acabe de ganar la lotería. Si nuestros hijos saben comportarse y sacan buenas notas, nos felicitamos por lo bien que los hemos educado. Si se portan mal y son desobedientes, los culpamos de ello. Aceptar la responsabilidad de los acontecimientos positivos y desentenderse de los negativos es una manera de proteger y velar por nuestros intereses, y no cabe la menor duda de que Hobbes no andaba errado al insistir en que las personas básicamente «se respetan a sí mismas».

Puede que usted se encuentre inmerso en un mar de dudas, pero usted no es el océano. Cada vez que tropieza con algo que se sale de lo corriente, algo para lo que no dispone de una reacción prevista, experimenta una respuesta emocional. El sistema límbico, la parte más antigua del cerebro, genera la fisiología de la emoción: respuestas automáticas (hablando técnicamente, autónomas) a los estímulos. No obstante, la experiencia de la emoción tiene lugar en una parte superior del cerebro, donde sus respuestas fisiológicas son interpretadas y etiquetadas. Se trata de una calle de sentido único. Esta separación garantiza que usted no pueda controlar una emoción por el mero hecho de reconocerla, aspecto que pasan por alto muchos psicólogos y psiquiatras que centran su trabajo en hacer precisamente eso. Entender que está enfadado no alterará la respuesta de su cuerpo al enfadarse (p. ej. Incremento del ritmo cardiaco, secreción de adrenalina). Reconocer la emoción constituye una información valiosa, sólo que dicha revelación no contiene el sentimiento. Una vez que ha tenido el sentimiento y lo ha identificado, la tercera parte de este paso consiste en expresarlo de la forma adecuada. El hecho de expresarlo tampoco pondrá punto final al sentimiento, dato del que también deberían de tomar nota los psicólogos y psiquiatras, pero expresarlo de un modo inapropiado probablemente empeorará su situación.

Las personas que buscan motivos para ofenderse siempre los hallarán, pero son ellas quienes tienen un problema. Y su problema es que necesitan ofenderse.

Practicar la filosofía significa explorar el mundo interior.

Galileo tuvo la valentía de estudiar la naturaleza de los fenómenos físicos e informar sobre lo que sus observaciones le revelaban, incluso cuando entraba en contradicción con las doctrinas oficiales. Defendió la premisa de que si los hechos no se ajustan a la teoría, es la teoría, y no los hechos, la que está equivocada.

No vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos.

Obra siempre de tal modo que también puedas desear que la máxima que te guía se convierta en ley universal. Immanuel Kant.

Sea cual fuere su experiencia en el pasado, usted controla su dirección hacia el futuro.

La tendencia general de la sociedad a constituir comunidades artificiales que se mantienen unidas mediante finos hilos tecnológicos, pero que carecen de un verdadero tejido social. Es incontestable que la tecnología ha mejorado en gran medida la vida de los seres humanos. Uno de los beneficios que reporta es la ampliación de nuestro círculo potencial de relaciones. Ahora bie, el precio de esta ampliación es que nos perdemos en un mar interminable de opciones y posibilidades. Sin los límites que solían imponerse antaño, ya no sabemos cómo localizar y valorar a un posible compañero.

Cuando tienes la sensación de que la pizza está tardando más de la cuenta en llegar, telefoneas para averiguar qué sucede con la entrega. Ahora bien, ¿a quién puedes llamar cuando el amor de tu vida tarda demasiado en llegar? ¿Y cómo saber cuánto tiempo es demasiado?

Si usted valora algo que le pueden quitar, se pone en manos de quien quiera quitárselo. Piense en la cantidad de poder que tiene un ladrón de coches sobre aquellos de nosotros que no hemos perfeccionado una actitud estoica. Compramos alarmas caras y molestas, nos vemos en apuros cada vez que tenemos que inmovilizar el volante del coche, nuestra congoja no es cuantificable pero seguro que está en lo alto de la escala de Richter. Los coches abundan en las calles; las virtudes son más raras en los seres humanos.

Ley de rendimiento decreciente: a mayor frecuencia de un suceso, menos valor se le atribuye. El primer beso y los primeros «te quiero» le hacían subir al cielo; ahora los días pasan sin que usted y su pareja intercambien gestos o frases de afecto. Con toda certeza, al hacer un cumplido a su cónyuge sobre su nuevo peinado al principio de la relación usted ganaba muchos puntos y, en cambio, ahora el mismo cumplido apenas surte efecto.

El altruismo satisface una necesidad propia. Como criaturas egoístas que somos, cuando llega el momento de la verdad, buscamos la propia felicidad a expensas de la felicidad de nuestra pareja. La lucha de poder está servida, y Hobbes veía toda relación como una forma de lucha por el poder. Cuando hablo de mantener una relación, me refiero a la búsqueda de posiciones conciliatorias, de un equilibrio de poder. Si el mantenimiento conlleva tanto trabajo, ¿por qué vamos a molestarnos en aspirar a esas posiciones reconciliatorias? Lo más maravilloso de una relación es que el todo es mucho mayor que la suma de las partes. En el mejor de los casos, ambos miembros encuentran apoyo para darse cuenta de su potencial como individuos así como del potencial del equipo que forman. Si las cosas se agrian, el tremendo desgaste de energía que supone una relación deteriorada sin remedio también puede significar que el todo sea menos que la suma de sus partes.

«Hacedme casto… pero todavía no». San Agustín.

A veces no hacer nada es la mejor forma de proceder.

Antaño, había una autoridad seglar más fuerte que mantenía unidos a los matrimonios: el estigma social del divorcio. No todos los matrimonios eran felices, por supuesto, pero incluso en las relaciones más difíciles existía un fuerte incentivo para seguir adelante, ya que las alternativas resultaban inconcebibles. Algunas religiones, como el catolicismo, siguen ejerciendo esta clase de autoridad sobre sus fieles, aunque el debate público sobre el proceso de anulación y el creciente número de católicos no practicantes demuestran que cada vez supone una mayor dificultad atenerse a las reglas católicas al respecto. Ahora, en gran medida, ya no dependemos de esa clase de autoridad externa. El individualismo resultante constituye una ventaja en algunos aspectos, aunque también da pie a una cierta anarquía social. Sin un libro de reglas al que atenerse, las personas ya no saben cómo comportarse para estar juntas.

Al no pesar ninguna obligación sobre las relaciones, ya no centramos la atención en mantenerlas sino en ver si funcionan. Si la relación se contempla bajo una luz negativa, el paso siguiente suele ser terminarla en lugar de trabajar para mejorarla. Así como cada vez hay más personas que arriendan coches en lugar de asumir el compromiso a largo plazo que supone la compra, parece que en cierto sentido también estén arrendando sus relaciones. Un contrato de arrendamiento está la mar de bien cuando significa un reluciente coche nuevo cada tres años, pero nunca dará lugar a la clase de cuidado constante y mantenimiento continuo que exige una relación duradera. ¿Por qué molestarse en cambiar el aceite si sólo queda un año de arrendamiento? ¿Por qué desviarse del propio camino para satisfacer las exigencias del cónyuge si en cambio uno puede divorciarse?

Compartiendo el poder, uno puede sacar fuerzas de la relación en lugar de consumir todo su ímpetu en mantener la supremacía.

Los odios familiares son mucho más amargos y prolongados que las disputas vecinales. Usted puede ser su peor enemigo, pero el siguiente en la fila es la persona con quien comparte una relación íntima. Vivir con alguien proporciona mucha información sobre cómo hacer desgraciada a esa persona. Su pareja sabe perfectamente dónde le duele más que le peguen. Si las personas supieran con antelación los estragos emocionales, jurídicos y económicos que conlleva todo divorcio, quizá corroborarían la teoría de Hobbes sobre el efecto disuasorio permaneciendo juntas. El doloroso cataclismo que conlleva el final de casi todas las relaciones sentimentales puede que sea la mejor razón para trabajar duro con vistas a mantener una relación saludable y feliz. A veces estos esfuerzos fracasan o son en balde por más firmeza y sinceridad que se ponga en el empeño.

Ninguna relación es perfecta porque las personas son imperfectas. Un mantenimiento cuidadoso es la clave de cualquier relación duradera. […] Los estragos que acarrea el final de un matrimonio, o de cualquier relación estable, deberían constituir un incentivo para que pusiéramos todo nuestro empeño en que la relación funcionase, antes de darnos por vencidos.

En determinadas ocasiones es preferible divorciarse por las razones correctas que seguir casado por las razones equivocadas.

Uno de los motivos más importantes por os que se tiene una relación sentimental es para participar de un continuo diálogo. […] Un hogar no sólo es donde está la chimenea y donde te cobijas, sino también donde la gente se interesa por lo que dices, se interesa por ti como ser humano, sin otras razones, y te valora por lo que eres.

Cuando obedecer a ciegas una regla empieza a infligirte dolor, tal vez sea el momento de cambiarla.

A pesar de que no había elegido concluir la relación, el rumbo del resto de su vida sí era de su elección.

Carl von Clausewitz (el más famoso filósofo de la guerra occidental, una especie de homólogo de Sun Zi) escribió la célebre frase: «La guerra es una mera continuación de la política, sólo que por otros medios». Sería conveniente recordar, mientras uno contempla el fin de una relaci´n, que el divorcio es la mera continuación del matrimonio, sólo que por otros medios. Rara vez hay una ruptura rápida y limpia. Reflexione con detenimiento si acabar una relación va a suprimir o al menos a mejorar el problema. Y si terminarla es la única manera de hacerlo (o si se está acabando a pesar de sus deseos), encuentre el mejor modo para ello. Una vez esté seguro de que lo ha encontrado, proceda de la manera más irreprochable que pueda.

Uno suele elegir a su pareja, pero no a su familia. Durante muchos años, los niños son modelados por los adultos de los que dependen. Eso confiere a los padres la obligación de hacer lo posible para potenciar e inculcar las características que les permitirán vivir una buena vida.

«No busques que los acontecimientos sucedan como tú quieres, sino desea que, sucedan como sucedan, tú salgas bien parado». Epicteto.

Es mejor cumplir con nuestro deber, por defectuoso que pueda ser, que cumplir con el deber de otro, por bien que uno lo pueda hacer. Bhagavad Gita.

Un equipo es siempre más importante que los jugadores individuales. Los jugadores van y vienen, pero el equipo permanece. Si de veras le gusta el juego y se entrega sinceramente a él. Se sentirá feliz de jugar en su posición, cualquiera que ésta sea. Si le gusta el juego, pero cree que juega en la posición equivocada, hable con el entrenador o intente jugar en otro equipo.

Que su jefe le diga que no está haciendo un buen trabajo no significa que sea cierto, y probablemente no deba temer por su puesto. Su jefe le necesita. Como mínimo, la ley del más fuerte requiere a alguien más débil (para que se cumpla la ley de que el pez grande se come al chico se requiere a alguien que se deje comer). Tal vez su jefe le grita porque su jefe le grita a él. Así pues, no devuelva los gritos, no se lo tome como algo personal y no se vaya a su casa y la emprenda con su perro. Haga su trabajo lo mejor que pueda y tome el difícil camino de ser quien rompa el círculo vicioso.

No hay nada servil en ningún trabajo; ningún trabajo está por debajo de la dignidad de nadie.

Empezando por la idea de que sabiduría no es lo mismo que conocimiento y que no saber lo que vamos a hacer no significa que no estemos haciendo lo correcto, Gary estaba en vías de encontrar respuestas al no buscarlas. En ocasiones, nuestros propósitos pueden estar mejor servidos cuando no los conocemos.

Los motivos tienen que ser tan honrados como los actos. La integridad supone una lealtad y un compromiso inquebrantables para con unos principios, no un cálculo frío y conveniente.

Las reglas según las cuales vivimos constituyen la moral; los sistemas que generan dichas reglas constituyen la ética.

Conviene en hábito dos cosas: ayudar o, como mínimo, no hacer daño. Hipócrates.

A veces el mundo real no se comporta tal como los filósofos piensan que debería hacerlo.

El propósito es un objeto último o un fin que ha de alcanzarse. Es una meta. El significado tiene que ver con el modo en que se comprende su vida sobre una base continuada. El significado se encuentra en el modo en que ocurren las cosas, no necesariamente en el resultado final. La comprensión depende de la experiencia, y el significado (al igual que la experiencia) es muy personal.

El modo más seguro de contrarrestar los sentimientos de vacío en su vida es ayudando a otros. Esta alternativa le proporciona un significado y un propósito que no puede negar. Puede ayudarle a descubrir las oportunidades que antes permanecían ocultas para usted; y ver el mundo a través de la experiencia de otros le ayudará a escapar de su propio cautiverio. Sentir que la vida carece de sentido es, en cierto modo, un lujo. Si estuviera luchando por mantenerse con vida nunca se pararía a pensar en el significado de sus acciones. Por tanto, si ha leído hasta aquí es porque es uno de los opulentos. Conectar con alguien menos afortunado que usted le aportaría mucho y, como mínimo, se sentiría agradecido por cuanto posee.

La última opción sencilla, en la lucha contra la carencia de significado o de propósito, es tomar una heroica decisión: apriete los dientes y resista. Las cosas cambian. Una vez que hayan tocado fondo, no pueden sino mejorar. (Si empeoran, ¡obviamente no había llegado al fondo!).

Lo que es inevitable […] no debe lamentarse en exceso.

Navegamos en el buen barco de la negación, pensando que la vida no tiene fin, que la muerte no existe o que no nos alcanzará a nosotros. Concebimos la muerte como la peor de las cosas y, por consiguiente, no queremos saber nada de ella. Hemos diseñado hospitales y funerarias para que hagan el trabajo sucio, así que no necesitamos relacionarnos con ella (hasta que nos encontremos ante la puerta de una de esas pavorosas instituciones).

De nada sirve pensar que la muerte no ocurrirá, para después quedar devastado cuando ocurre, el primer obstáculo que debe afrontar para soportar la pérdida de un ser querido, o afrontar su propia mortalidad, es reconocer que la muerte es parte de la vida, aunque el hecho de prepararse de esta manera no signifique que esa pérdida no vaya a dolerle. No obstante, del reconocimiento de la muerte como algo natural surge la capacidad de fortalecerse psíquicamente y de abrazar una disposición filosófica que le resulte adecuada.

Cuando muere un ser querido, lo que necesitamos hacer es dejarle marchar, buscar consuelo y atesorar nuestros recuerdos.

El primer paso para crear su propia disposición filosófica sobre la muerte, la pérdida y el duelo es apreciar la vida. Vivir en el momento presente es la mejor manera de hacerlo. Necesita ser consciente de la transitoriedad para mantenerse en esa vía. Sabemos cuan cierto es eso, pero nos engañamos pensando que «larga duración» es sinónimo de «permanencia» y, de algún modo, el fin siempre nos toma por sorpresa. Nunca pensamos que la muerte puede ocurrirnos a nosotros. Si ha estado conduciendo durante toda su vida sin tener un solo accidente, lo más probable es que se crea invencible en lugar de sencillamente afortunado. Pero cuantos más días buenos tengamos en este planeta más agradecidos debemos sentirnos por tan impredecible don (sin esperar que dure para siempre). Son muchas las personas que ponen el presente al servicio del pasado o del futuro. Están siempre ocupadas, rumiando sobre la semana anterior o manipulando el mañana, y nunca están en el ahora. La historia pertenece al pasado, no es posible modificarla. El futuro es incierto, no se puede contar con él. Lo que sí tiene es el presente. Aprecie el estar vivo ahora y reducirá al máximo el arrepentimiento cuando sus momentos se agoten.

La muerte puede hacer emerger nuestra humanidad; las diferencias perdónales tienden a importar menos.

La muerte duele más si nunca llegaste a decir o hacer algo que hubieras querido decir o hacer. No hay nada peor que quedarse con el deseo de echar marcha atrás y de volver a vivir algo, cosa que evidentemente, nunca se logra. Por otra parte, si la muerte trunca una relación sana, el dolor que usted siente llega a lo más hondo de su corazón (está perdiendo algo realmente bueno). Pero el hecho de saber que la relación fue todo lo que pudo haber sido le proporcionará sin duda, cierto alivio. La muerte no siempre se anuncia con antelación. Los rayos fulminan, los aviones se estrellan. La vida puede ser muy breve. Casi ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo de vida le queda y quizá sea mejor así.

La muerte (y, en particular, la muerte de un hijo) es quizás el reto más grande con el que se enfrenta la filosofía.

Spinoza pensaba que no nos gusta algo porque sea bueno, sino que llamamos bueno a lo que nos gusta.

Montevideanos

Mario Benedetti

Montevideanos

Montevideanos

Una buena colección de cuentos, entre los que destacan: Se acabó la rabia, Los pocillos y Déjanos caer, cuya temática principal es la infidelidad, la mentira, vista desde un ángulo distinto. Calificación de 9.5.

El presupuesto: Nada peor que la espera. (Los trabajadores de una oficina gubernamental esperan con ansia y angustia un nuevo presupuesto).
Sábado de Gloria: Tragedia sabatina y sin Dios. (Un hombre pierde a su mujer y su confianza en Dios).
Inocencia: Si te veo desnuda, muero. (Una expedición al baño de mujeres por un par de adolescentes, no sale como lo habían planeado).
La guerra y la paz: Las contradictorias delicias del matrimonio. (El hijo asiste a la discusión de sus padres, donde acuerdan el divorcio y la repartición de bienes)
Puntero izquierdo: El perico dondequiera es verde. (Pese a haber aceptado dejarse perder el campeonato, un jugador no puede hacer nada por anotar el gol de la victoria de su equipo).
Esa boca: No todas las risas brillan. (Un niño conoce la realidad de la vida en una visita de un niño al circo).
Corazonada: Nadie sabe para quien trabaja. (Una sirvienta entra a trabajar a una casa, soporta las humillaciones pero fragua una sutil venganza).
Aquí se respira bien: Padres vemos, trabajos no sabemos. (Un hijo conoce a detalle el trabajo de su padre).
No ha claudicado: No escogemos a la familia. (El distanciamiento entre un par de hermanos, se hace más profundo con el tiempo)
Almuerzo y dudas: El “no” ya lo tengo. (Un hombre casado declara abiertamente su admiración por una compañera de oficina).
Se acabó la rabia: El mejor amigo del casado. (Un perro es testigo de la infidelidad de una mujer).
Caramba y lástima: Todo perdido en un parpadeo. (En la despedido de soltero, el novio pierde al regalo más importante).
Tan amigos: Somos esclavos de nuestros secretos. (Un secreto parece no estar a buen resguardo).
Familia Iriarte: Perdón, me equivoqué de voz. (Un hombre se enamora de la mujer casi perfecta, el problema es que no tiene la voz adecuada)
Retrato de Elisa: Ya muertos todos somos buenos. (El reflejo de la vida de una mujer, se percibe más claro el día de su funeral).
Los novios: El fraude como sutil venganza. (Un largo noviazgo rodeado de mentiras y/o fraudes).
Los pocillos: Cuando no veo, siento más. (La engañosa ceguera del marido, es aprovechada por los demás).
El resto es selva: Nada mejor que los amigos. (Andanzas de un grupo de amigos).
Déjanos caer: Yo venía por otra cosa. (Casi sin querer, un hombre se entera de la vida pasada de su novia).

Calote: engaño, trampa.

El tío pudo enterarse y enterarnos de que el Ministro estaba de acuerdo. ¿Con qué y con quién estaba de acuerdo? Cuando el tío quiso averiguar esto último, el Ministro ya no estaba de acuerdo.

Los hombres siempre se creen psicólogos, siempre están descubriendo complejos.

Primero se tiene una idea de cómo será la felicidad, pero después se van aceptando correcciones a esa idea, y sólo cuando ha hecho todas las correcciones posibles, uno se da cuenta de que se ha estado haciendo trampas.

Por lo menos la muerte era algo que un día llegaba, algo no buscado. El suicidio, en cambio, era sentir gusto por esa estéril, repugnante nada, y eso era horrible, casi una locura.

Me miraba las manos y éstas también estaban sucias de tristeza.

Ustedes los latinoamericanos siempre se interesan por el problema negro en los Estados Unidos y además simpatizan con nosotros. Yo me he preguntado por qué será. Y he llegado a la conclusión de que debe ser porque el Departamento de Estado a ustedes los trata como negros.

Actitud de Vencedor

John C Maxwell

Actitud de vencedor

Actitud de vencedor

El autor nos proporciona una guía para poder modificar nuestra actitud y enfrentar de manera distinta las situaciones de la vida. Estas sugerencias se basan en tres aspectos principales: Que salga de nosotros el querer cambiar de actitud, Que aprovechemos las oportunidades y que nuestra relación con Dios sea la base de todo. Calificación de 8

«Capacidad es lo que le permite hacer algo. Motivación es lo que determina lo que usted hace. Actitud es lo que determina cuán bien lo hace». Lou Holtz Entrenador del equipo de fútbol de Notre Dame.

La actitud es un sentimiento interior expresado en la conducta. Es por eso que a la actitud se la ve sin decir una sola palabra. ¿No hemos visto la cara hundida del malhumorado, o la mandíbula saliente del decidido? De todas las cosas que usamos, nuestra expresión es la más importante.

Como la actitud se expresa con frecuencia en nuestro lenguaje corporal y se nota en la expresión de nuestro rostro, puede ser contagiosa. ¿Han notado lo que sucede a un grupo de gente cuando una persona, por su expresión, revela una actitud negativa? O, ¿han notado el estímulo que reciben cuando la expresión facial de un amigo muestra amor y aceptación?

A veces la actitud puede simularse exteriormente engañando a los demás. Pero por lo general este fingimiento no dura mucho. La actitud siempre trata de aflorar.

Muchas veces nuestros problemas nos alejan de Jesús en vez de acercarnos a Él. La renovación comienza cuando nos concentramos en el poder de Dios y no en nuestros problemas.

Al mundo no le importa si nos libramos o no de la prisión. Él sigue su marcha. Adoptar una actitud buena y saludable hacia la vida no afecta tanto a la sociedad como nos afecta a nosotros. El cambio no viene de otros, viene de nosotros.

La gente es chistosa: quieren un asiento en la parte delantera del bus, en la parte trasera de la iglesia y en medio de la carretera. Dígale a un hombre que hay 300 billones de estrellas y le creerá, pero dígale al mismo hombre que una banca está recién pintada, y tiene que tocarla para asegurarse.

El Stanford Research Institute dice que el dinero que usted gana en cualquier empresa está determinado únicamente por el 12, 5% del conocimiento y el 87, 5% de su habilidad para tratar con la gente.

Tenemos como ejemplo la historia de dos vendedores de zapatos que fueron enviados a una isla a vender. El primero, apenas llegó, se sintió desalentado al darse cuenta que nadie, en la isla, usaba zapatos. Inmediatamente envió un telegrama a su oficina en Chicago diciendo: «Regresaré mañana. Nadie usa zapatos aquí». El segundo vendedor se emocionó mucho cuando vio lo mismo. Inmediatamente envió un telegrama a su oficina en Chicago, diciendo: «Por favor, envíenme 10:000 pares de zapatos. Todo el mundo aquí los necesita».

Cuando Dios quiere educar a un hombre no lo envía a una escuela de gracias, sino de necesidades. Pasando por el pozo y el calabozo es que Josué llegó al trono de Egipto. Moisés pastoreaba ovejas en el desierto antes que Dios lo llamara a su servicio. Pedro, humillado y arrepentido por negar a Cristo, aceptó el llamamiento «apacienta mis ovejas». Oseas fue amado y cuidado por una mujer infiel que estaba fuera de la obediencia a Dios.

Cuando Goliat vino contra los israelitas, todos los soldados pensaron: Es tan grande que jamás podremos matarlo. David miró al mismo gigante y pensó Es tan grande que no puedo perder.

Según una teoría de aerodinámica, demostrada en pruebas realizadas en el túnel de viento, el abejorro es incapaz de volar. Debido al tamaño, peso y forma de su cuerpo en relación con la envergadura de las alas desplegadas, el volar es científicamente imposible para él. El abejorro, ignorando esta teoría científica va y vuela de cualquier manera y hace miel todos los días.

Nuestra actitud no es automáticamente buena por el solo hecho de que seamos cristianos

Casi siempre pasamos por alto el verdadero significado de la historia del hijo pródigo. Olvidamos que no tenemos uno sino dos pródigos. El hermano más joven era culpable de los pecados de la carne, mientras que el hermano mayor era culpable de los pecados del espíritu (actitud). Cuando la parábola termina, es el hermano mayor el que está fuera de la casa del padre.

De esa manera comenzaron las lecciones. Después de varias semanas me di cuenta que es más difícil aprender algo equivocado, luego olvidarlo y volver a aprenderlo, que aprenderlo correctamente desde la primera vez.

Una persona con lo que se llama un temperamento colérico demuestra casi siempre actitudes de perseverancia y agresividad. Una persona con temperamento sanguíneo será por lo general positiva y verá siempre el lado optimista de la vida. Los que tienen temperamento introspectivo melancólico serán a veces negativos, mientras que el flemático dirá: «Fácilmente viene, fácilmente va».

Otro pastor contó al grupo acerca de sus primeros días en el seminario. Se sentía abrumado e intimidado por esa nueva experiencia. El peso del trabajo le parecía imposible de soportar. Había que leer miles de páginas, palabras griegas que aprender, versículos bíblicos que memorizar y papeles que escribir. Aunque no había contado a nadie la presión que sentía, era obvio que lo notaban. Uno de los estudiantes se levantó, puso su brazo sobre su hombro, y le dijo: «Amigo, quiero decirte algo. No importa cuán grande sea la roca. Si sólo te preocupas por golpearla, el momento menos pensado se hará pedazos». El pastor dijo: «De pronto, la inmensa roca me pareció controlable y comencé a golpearla firme y constantemente, poco a poco. Y en efecto, tal como había sido programado, tres años más tarde la roca se hizo pedazos, y eso se llamó graduación. Las palabras que oí aquella ocasión fueron reconfortantes en vez de hirientes».

Las palabras son poderosas… sin embargo, no tienen sentido hasta que se añaden a un contexto. Las mismas palabras, viniendo de dos diferentes personas, rara vez se reciben de la misma manera. Las mismas palabras en frases diferentes rara vez causan el mismo impacto. Las mismas palabras, viniendo de la misma persona, se interpretan a la luz de la actitud del que las pronuncia.

Me gusta la autoestima que demostró el pequeño que emocionadamente arrancó una planta de maíz de raíz. Cuando su padre lo felicitó, estaba radiante. «Solamente piensa», dijo, «¡el mundo entero lo tenía sostenido por el otro lado!»

El principio obra en reversa también. La manera como nos vemos refleja cómo nos ven los demás.

Como padre, es imposible que pueda proteger a sus hijos de las experiencias que podrían ser negativas. Por lo tanto es esencial preparar encuentros positivos que fortalecerán su autoimagen y su confianza. Tanto las experiencias positivas como las negativas deben usarse como herramientas para preparar a los hijos para la vida.

Experiencias nuevas + enseñanzas prácticas x amor = Crecimiento.

Nuestra reacción natural es saltar en el paracaídas de nuestra actitud correcta para compensar nuestros problemas. En nuestro vuelo por la vida nuestra actitud es más crítica durante los tiempos difíciles. Es entonces cuando tenemos la tentación de caer en el pánico y tomar decisiones con una actitud equivocada. Cuando nos estrellamos, ese es el resultado de una reacción equivocada, no de la turbulencia. ¿Cuántas veces hemos visto «hacer una montaña de un grano de arena», haciendo que la solución sea más peligrosa que el problema mismo?

Hay una expresión que uso frecuentemente cuando siento que las dificultades me abruman. Cuando ya he tenido suficiente digo: «¡Esto también pasará!» Esa breve declaración funciona en verdad. Me ayuda a tener otra perspectiva de mi situación.

Muchas veces no es el tamaño del problema sino su extensión lo que pesa tanto sobre nosotros.

Decisión equivocada en el tiempo equivocado = desastre.
Decisión equivocada en el tiempo correcto = equivocación
Decisión correcta en el tiempo equivocado = desaprobación
Decisión correcta en el tiempo correcto = éxito

Lo que realmente importa es lo que sucede en nosotros, no a nosotros

La mayoría de las personas rara vez valoran su buena salud, hasta que no se enferman.

Si usted es sabio, olvídese de la grandeza. Olvide sus derechos, pero recuerde sus responsabilidades. Olvide sus inconveniencias, pero recuerde sus bendiciones. Olvide sus propios logros, pero recuerde su deuda con los demás. Olvide sus privilegios, pero recuerde sus obligaciones.

Reír es correr el riesgo de parecer tonto.
Llorar es correr el riesgo de parecer sentimental.
Acercarse a otro es correr el riesgo de involucrarse.
Demostrar sus sentimientos es correr el riesgo de demostrar su verdadero yo.
Poner sus ideas, sus sueños, delante de la gente es correr el riesgo de perderlos.
Amar es correr el riesgo de no ser amado.
Vivir es correr el riesgo de morir.
Esperar es correr el riesgo de desesperar.
Tratar es correr el riesgo de fracasar.

Señor, ¿quieres decirme algo? Porque…

El fracaso no significa que soy un fracasado; significa que todavía no he triunfado.
El fracaso no significa que no he logrado nada; significa que he aprendido algo.
El fracaso no significa que he sido un tonto; significa que tuve suficiente fe para experimentar.
El fracaso no significa que he sido desgraciado; significa que me atreví a probar.
El fracaso no significa que no lo tengo; significa que lo tengo de una manera diferente.
El fracaso no significa que soy inferior; significa que no soy perfecto.
El fracaso no significa que he desperdiciado mi tiempo; significa que tengo una excusa para comenzar otra vez.
El fracaso no significa que debo darme por vencido; significa que debo tratar con más ahínco.
El fracaso no significa que nunca lo haré; significa que necesito más paciencia.
El fracaso no significa que me has abandonado; significa que debes tener una mejor idea para mí. Amén.

No conquistamos por la inteligencia. Conquistamos por la persistencia.

Cuando carecemos de propósito carecemos de realización.

Abraham falló en una hora de emergencia, y en su debilidad dejó que un rey pensara que Sara, su esposa, era su hermana. Jacob engañó a su hermano y le quitó los derechos de primogenitura; Moisés perdió, por su impaciencia, el derecho de entrar en la tierra prometida; y David, el hombre «según el corazón de Dios», manchó su nombre con adulterio y asesinato. Elías también estuvo trastornado y oró pidiendo su muerte. Pero —y esto es lo más importante de todo— todos estos hombres, después de estas tragedias, siguieron adelante y ganaron grandes victorias

¿Qué son los problemas?
Los que predicen: Ayudan a moldear nuestro futuro.
Los que recuerdan: No somos suficientes. Necesitamos que Dios y los demás nos ayuden.
Son oportunidades: Nos sacan de la rutina y nos hacen pensar creativamente.
Son bendiciones: Nos abren puertas por las que, por lo general, no hubiéramos pasado.
Son lecciones: Cada nuevo reto será un maestro para nosotros.
Están en todas partes: Ningún lugar o persona está excluido de ellos.
Son mensajes: Nos advierten sobre desastres potenciales.
Son solucionables: Ningún problema es sin solución.

No resistimos a nada tanto como al cambio. Muchas veces disfrutamos la recompensa del cambio, pero resistimos su proceso. Somos criaturas de hábito. Primero los formamos, luego nuestros hábitos nos forman. Somos lo que hacemos repetidamente. Es fácil ver nuestro mundo solamente desde nuestra perspectiva. Cuando eso ocurre nos estancamos y estrechamos.

El doctor G. Campbell Morgan cuenta de un hombre cuya tienda se había quemado en el gran incendio de Chicago. Llegó a las ruinas, al siguiente día, llevando una tabla. La colocó en medio de los escombros y escribió sobre ella la siguiente leyenda: «Perdido todo, menos esposa, hijos y esperanza. El negocio abrirá, como de costumbre, mañana por la mañana».

Cada generación tiene tres funciones específicas que cumplir: (1) conservar, (2) criticar, (3) crear.

Un comentario que se oye a menudo en los repasos es: «Espero que no me hagan esta pregunta. Estoy seguro de que no podría contestarla». Comienza el examen y como se esperaba, allí está la pregunta, seguida del resultado que se esperaba. ¿Accidente? No. Profecía cumplida. Se sintió negativo frente a la pregunta, declaró su temor y respondió de acuerdo a eso. La próxima vez que estudie para un examen dígase: «Si habrá un momento en que recuerde mejor esta pregunta, será cuando rinda mi examen».

Paul Harvey, decía: «Usted puede saber cuándo está en el camino del éxito. Va cuesta arriba todo el tiempo»

Lo que ahora somos es el resultado de las decisiones tomadas ayer. Mañana seremos lo que decidamos ahora.

Cuando las cosas van bien, no necesitamos la seguridad constante de que Dios está con nosotros. Pero durante la batalla (y usted tendrá batallas), hay una fuerte necesidad de seguridad. Las buenas noticias son que Dios mismo ha dicho: «No te desampararé, ni te dejaré» (Hebreos 13.5).

Una manera efectiva de experimentar menos temor, era tener más valor.

Mañana mirará los cambios efectuados atrás, y los llamará mejoras.

Cuando no hay fe en el futuro, no hay poder en el presente

Lo bonito es tener algo por qué esforzarse.

El que aliviana la carga de alguien no es inútil en la vida.

La mayoría de las personas se siente más cómoda con los viejos problemas que con las nuevas soluciones.

Un eminente cirujano plástico cuenta de un muchacho que perdió su mano a la altura de la muñeca. Cuando le preguntó sobre su impedimento, el muchacho dijo: «No tengo ningún impedimento. Únicamente no tengo la mano derecha».

«Me pregunto: ¿por qué», decía un obispo anglicano, «dondequiera que iba el apóstol Pablo causaba una revolución, y dondequiera que yo voy me sirven una taza de te?»

Cuando oramos pidiéndole a Dios que cambie una situación, casi siempre comienza con nosotros.

Hay cerca de trescientas referencias al Espíritu Santo en el Nuevo Testamento. La palabra con la que está continuamente asociado es «poder».

El extranjero

Albert Camus

El extranjero

El extranjero

Por ayudar a un amigo, un hombre es condenado a la pena capital. Aunque más que ser procesado por el crimen en sí, lo es por no seguir las leyes no escritas del comportamiento social, pues parece no actuar como la gente “normal”. Calificación de 7

Asfódelo: Planta de la familia de las liliáceas.

En París se retiene al muerto tres, a veces cuatro días. Aquí no hay tiempo; todavía no se ha hecho uno a la idea cuando hay que salir corriendo detrás del coche fúnebre.

Me preguntó entonces si no me interesaba un cambio de vida. Respondí que nunca se cambia de vida, que en todo caso todas valían igual y que la mía aquí no me disgustaba en absoluto.

Su verdadera enfermedad era la vejez, y la vejez no se cura.

Hacía ya dos horas que el día no avanzaba, dos horas que había echado el ancla en un océano de metal hirviente.

Un hombre había partido de un pueblo checo para hacer fortuna. Al cabo de veinticinco años había regresado rico, con su mujer y un hijo. La madre y una hermana dirigían un hotel en el pueblo natal. Para sorprenderlas, había dejado a la mujer y al hilo en otro establecimiento y había ido a casa de la madre, que no le había reconocido cuando entró. Por broma, se le ocurrió tomar una habitación. Había mostrado el dinero. Durante la noche, la madre y la hermana le habían asesinado a martillazos para robarle y habían arrojado el cuerpo al río. Por la mañana había venido la mujer y sin saberlo, había revelado la identidad del viajero. La madre se había ahorcado. La hermana se había arrojado a un pozo. Debo de haber leído esta historia miles de veces Por un lado era inverosímil; por otro, era natural. De todos modos, me parecía que el viajero lo había merecido en parte y que nunca se debe jugar.

Uno se forma siempre ideas exageradas de lo que no conoce.

No tenía tiempo para interesarme en lo que no me interesaba.

Cómo ejercer la verdadera autoridad

Marcos Witt

Cómo ejercer la verdadera autoridad

Cómo ejercer la verdadera autoridad


Una crítica al liderazgo eclesial latinoamericano y cómo podría reposicionarse para retomar aquello que se ha perdido, aconsejando dejar que los dirigidos tomen decisiones, sabiendo que pueden cometer errores, desafiándoles y permitiéndoles crecer en libertad. Calificación de 7.

La verdadera autoridad sirve para desarrollar al máximo el potencial de aquellos que están bajo mi autoridad.

“Es maravilloso cuando la gente cree en su líder. pero es más maravilloso cuando el líder cree en su gente”. Dr. John Maxwell.

Aquello que descubrimos por medio de nuestros errores nos convencerá y enseñará más que aquellos errores que otros han encontrado en nosotros.

Si siempre está reclamando autoridad, es que no la tiene. Los líderes que siempre le recuerdan a su congregación que son los pastores, han dejado de serlo.

Muchos buscan autoridad y no responsabilidad, y estas van de la mano. De hecho, sin responsabilidad no hay autoridad. Jimmy Swaggart.

Si está ubicado dos pasos al frente, usted parece un líder. Si da cuatro pasos al frent~ del resto, usted simplemente fue a dar una caminata y si brincó seis pasos más allá de sus propias tropas, usted tiene la apariencia de un enemigo.

Cuántas veces decimos “te doy la libertad”, pero cuando nos toman la palabra, vamos detrás de ellos y cambiamos todo lo que hicieron.

La piedra arde

Eduardo Galeano

La piedra arde

La piedra arde

Pequeño cuento infantil donde un anciano rechaza volver a ser joven por el pesar que le causaría el borrar lo que ha vivido. Recuerdos buenos y malos. Calificación de 9.

Sólito: Que ocurre o se hace ordinariamente.

Hablar en voz alta ayuda mucho cuando uno está perdido y solo y siente miedo.

Lucha por la libertad es una lucha de nunca acabar. Ahora hay otros que luchan, allá lejos, como yo he luchado. Mi tierra y mi gente no son libres todavía. ¿Comprendes? Yo no quiero olvidar. No parto la piedra porque sería una traición.

Aráoz y la verdad

Eduardo Alfredo Sacheri

Aráoz y la verdad

Aráoz y la verdad


Ezequiel Aráoz un hombre hundido en la depresión, encuentra en un recuerdo de la niñez la razón para vivir: averiguar qué es lo que realmente sucedió durante el partido en que el equipo de sus amores, perdió la categoría. Una vez conocida la verdad, da a conocer la suya, con la esperanza de que la catársis le renueve la vida. Calificación de 10.

Perimir: Caducar [un procedimiento judicial] por haber transcurrido el término fijado por la ley sin que lo hayan impulsado las partes.
Colegir: Sacar una conclusión por medio de un razonamiento a partir de hechos, indicios, supuestos anteriores o de un principio general.
Aliscafo: Buque autopropulsado cuyo peso, en condiciones normales de navegación, es soportado parcial o totalmente por fuerzas hidrodinámicas
Hendija: Abertura estrecha y alargada que se produce naturalmente en un cuerpo sólido o que queda entre dos cuerpos o dos partes de una misma cosa.
Catafalco: Armazón cubierto con tela negra que representa un sepulcro y que se levanta en los templos para celebrar los funerales por un difunto.
Achurar: Matar con arma blanca.

Aráoz considera la situación. Quince horas atrás estaba tirado a la bartola sobre su cama, con los zapatos puestos y fumando un cigarrillo detrás de otro. Si ahora, a las nueve y diez de la noche, se halla a cuatrocientos cincuenta kilómetros de su casa, ha sido por seguir un impulso. Minúsculo tal vez, pero un impulso.

El país crece. Avanza. No podemos detenernos por un par de trenes o por cuatro o cinco pueblos. ¿No le parece?

Lo mejor cuando uno no quiere que lo jodan con preguntas es devolverlas

Mejor callarse, porque las cosas pasan más rápido si uno no dice nada, si uno no contesta.

Hace un rato la gente se puso a saltar y los tablones de madera se movían para todos lados, pero Aráoz no se asusta porque sabe que no se caen. La primera vez sí se asustó, pero su padre le dijo que se quedara tranquilo y él se quedó. Bueno, en realidad, le dijo que se quedara quieto, que no es lo mismo pero es parecido. Lo mismo se quedó.

Para cruzar la avenida tiene que darle la mano al padre. Del otro lado lo suelta y Aráoz sigue caminando solo por la calle. A él no le molestaría seguir de la mano, porque le gusta que lo traten como grande pero también le gustaría que su padre le diera la mano. Que le diera más la mano. No solo para cruzar la avenida.

Cada vez que ataca Lanús todos murmuran. Y cuando en la cancha un montón de tipos murmuran al mismo tiempo es como si murmurara un gigante. Suena fuertísimo, sin dejar de ser murmullo. Es raro, pero es así.

“¡Foul!”, grita alguien, unos escalones arriba de Aráoz. De todos modos lo grita apenas y sin ganas, porque sabe que es mentira.

Suele ocurrirle eso de tener que cerrar dos veces las puertas de los autos, la primera sin energía suficiente y la segunda con estragos de demolición.

Cuando sea el número cinco titular de Deportivo Wilde, de vez en cuando, pero solo de vez en cuando, Aráoz tendrá que pegar alguna patada fuerte. Perlassi a veces lo hace, cuando no le queda otra. Pero después se va a quedar al lado del delantero hasta que se levante y le va a pedir perdón, porque pegar es feo. Pegar es horrible.

Algunas palabras son complicadas. “Conocer” a alguien. “Ser amigo” de alguien. No sé. A veces me parece que son cosas que uno no puedo decir ni de uno mismo.

“No puede ser”. Aráoz reconoce la voz del tío Quique, y la voz del tío de repente se ha llenado de sombras. Y aunque tenga ocho años, Aráoz comprende el sentido de lo que dice el tío. No es que el tío piense que lo que está ocurriendo sea mentira, o sea una pesadilla. Lo que dice el tío es que lo que pasa —más allá de que esté pasando— es demasiado confuso y terrible y el alma de la gente no aguanta cosas así, y por eso el alma de las personas prefiere pensar que no puede pasar lo que pasa. El alma sufre mucho, a veces. Aráoz lo sabe porque, aunque sea chico, ya le ha pasado eso. A veces.

Aráoz nunca ha visto a la gente tan callada. Se ve que eso es el descenso. Así se desciende, y no de otra manera. Aráoz incorpora esta forma de dolor a las otras, a las que ya conoce.

Esa felicidad incrédula que es tal vez la forma más perfecta de la felicidad. “Más que la más perfecta es la única forma posible de la felicidad”, piensa Aráoz; porque a fuerza de vivir y de sufrir los seres humanos terminan por intuir que es imposible hallar un camino sensato hacia la felicidad, y que si ella acaece es por un capricho tan inconmensurable, por un accidente tan impredecible que lo único que le cabe al ser humano es rendirse y orar para que dure más de treinta segundos. Eso no lo piensa el Aráoz de ocho años, ese que está de pie, rígido de frío, en esa tribuna colmada y atónita; sino el Aráoz de cuarenta y dos. Ese Aráoz al que le cuesta la vida entera conciliar el sueño.

Aráoz se acuerda de que hace un rato, cuando el equipo salió a jugar el segundo tiempo, la gente aplaudía y alentaba a los jugadores. Todos, en la tribuna. El tío Quique y los primos también. Y su padre lo mismo. ¿Por qué de repente todos los odian? ¿Es posible que Aráoz sea el único que los sigue queriendo.

Hay un montón de cosas que uno entierra así, con apariencias de eternidad. Porque, de lo contrario, vivir es imposible.

Aráoz se pregunta por qué algunos insultos son más hirientes que otros. O tal vez no sean más hirientes, pero sí exijan del insultado mayores aspavientos a la hora de responder.

A veces Aráoz, al atardecer, mira a su alrededor y se le ocurre pensar que su cama es como un muelle perdido en un mar de niebla ácida, penetrada de repente por la luz tangente del fanal de un barco perdido. Pero solo a veces piensa eso, porque en general no se distrae y se mantiene pensando siempre en lo mismo. Siempre en Leticia.

¿Por qué será que cuando las cosas son mensurables lo angustian menos?

Hablar de los problemas ajenos sigue funcionándole como un excelente antídoto para distraerse de los suyos.

Aráoz prefería no decir nada cuando lo que tenía para decir le sonaba idiota. Por eso Aráoz tan a menudo se callaba la boca.

Le da lo mismo matarse que seguir vivo. Así que va a seguir vivo. Resulta menos trabajoso que matarse.

Aráoz sabe llorar sin ruido. Hay que abrir un poco la boca porque, si uno la tiene cerrada y le vienen las ganas, el aire sale como un resoplido y se nota que uno está llorando. Pero, si uno deja la boca medio abierta, el aire entra y sale y las lágrimas no son un problema, porque resbalan sin hacer ruido. Otro problema son los mocos, porque cuando uno sorbe los mocos por la nariz se nota que está llorando.

Aráoz las tristezas las camina hasta el fondo.

Si estuviese menos asombrado y confuso, Aráoz se daría cuenta de que el silencio en el que se hunde lo coloca no tanto en los márgenes inciertos de la sospecha como en el cauce profundo de la culpabilidad.

El miedo es una excelente llave para guardar cosas en la memoria.

Para eso hace falta crecer: para poder apilar palabras sobre la lisa superficie de un miedo que al principio carece de ellas.

A veces, en los días muy, pero muy feos, Aráoz fantaseaba con ser hijo del tío Quique. ¿Por qué no había podido ser hijo del tío? ¿Tan difícil era, para Dios, haberlo hecho nacer en otra casa? Ahí nomás, tres cuadras para el lado de la avenida Tres de Febrero. Además así habría tenido hermanos. A Diego y a Enrique. Y no hubiese sido hijo único. Y no lo mirarían así. Bueno, aunque su padre lo siguiese mirando así no sería tan grave, porque ya no sería su padre sino su tío, y no es lo mismo que a uno lo mire así un tío que un papá. O que le diga esas cosas.

Aunque la regla número uno para combatir el insomnio es jamás, pero jamás de los jamases, mirar la hora en el reloj despertador, Aráoz estira la mano hacia la silla que usa a modo de mesa de luz y aprieta el botón que ilumina el cuadrante. Y se lo queda mirando mientras el segundero avanza con su minúsculo redoble de algodones. […] Es cierto que ver que son las cinco y cuarto no contribuye a serenarlo; pero por lo menos le sirve para convencerse de que no está en una caja muerto y enterrado, porque a nadie lo entierran con un despertador para que pueda alzarlo y ver que son tac, tac, las cinco y dieciséis.

Aráoz, de cara al techo, siente que está subido al último peldaño de una escalera apoyada en ningún lado.

Los demás no lo vieron por la distancia, o porque las lágrimas se le mezclaban con el sudor y la mueca de la angustia se parece a la mueca del esfuerzo.

Esa mañana Perlassi lleva quince años metido en el mundo del fútbol, y la mayoría de las personas con las que se ha tenido que cruzar son un asco. No le echa la culpa al fútbol por eso. Está seguro de que el mundo de los bomberos, el de los farmacéuticos y el de las amas de casa son, también, un asco, porque en el fondo todos los mundos son pedazos del mismo mundo.

Hay cosas que es mejor no decirlas. Se hacen o no se hacen, pero no se dicen.

Había llegado el momento de pagar. Y no es lindo pagar.

A veces cuesta cara la lealtad.

—¿Esa es la verdad? Tiene la voz extenuada e insegura de quien viene de viajar mucho y no está convencido de haber arribado al sitio al que debía.

Una vida a la que no le falta nada salvo nosotros. Que en realidad no es que le falte algo, pero a nosotros nos parece como si le faltara… Lo que pasa nomás es que sobramos nosotros. Eso es todo.

Aráoz no congenia con la gente que no puede escuchar cosas espantosas sin intercalar frases de consuelo, de resignación o de esperanza. Gente sin espaldas para aguantar los horrores que carecen de remedio.

Él sigue con el pasado a cuestas. Lo que le sobra es pasado. Lo que no tiene es futuro, y eso no es la inocencia sino todo lo contrario.

Aráoz odia que las cosas no tengan salida. Sería tan sencilla la vida si hubiese siempre a dónde ir.

Corre con desesperación. Y en Aráoz la desesperación, a veces, es un sendero estrecho que conduce hacia alguna forma peculiar de valentía.

Gira de nuevo hacia fuera. No hay nada más que noche. Es demasiada soledad como para que pueda quedársela mirando.

El olor del papel viejo es uno de los más encantadores que se pueden oler.

Se burla, porque le da pudor ponerse tan contento por algo tan sencillo.

Dios, tú y tu trabajo

Ian Coffey

Dios, tú y tu trabajo

Dios, tú y tu trabajo

Si en ocasiones sientes que coincides con el texto, cuando de manera explícita en el Génesis se lee que el trabajo es una maldición, vale la pena leer este libro para una mejor comprensión del concepto. El autor nos lleva por un camino para reconocer el lugar que Dios ocupa dentro del trabajo, independientemente del tipo que sea y de esta manera captar el verdadero y real valor de nuestras ocupaciones. Calificación de 9.5

Hucha: alcancía

No cree que el trabajo del pastor sea crear una iglesia más grande con muchos programas, sino ayudar a las personas a crecer en un caminar fructifero para Cristo en los lugares y entre la gente que el Señor les ha llamado a amar y a servir.

Si lo que la gente aprende el domingo a las 11 de la mañana tiene poca relevancia para lo que hacen el lunes a las 11, algo anda muy mal.

Todas las áreas de la vida- incluso las tristes- se pueden vivir para la gloria de Dios.

Puede que seas una madre atareada, un ejecutivo influyente, un albañil, un cientifico nuclear, un ingeniero, un cartero o un barrendero. Quienquiera que seas y cualquiera que sea tu ocupación, tu trabajo te brinda una gran oportunidad de ser relevante.

Jesús vivió una vida ordinaria.

• Abraham era un granjero nómada y un empresario.
• Vivió parte de su vida en un palacio real donde fue formado intelectualmente y otra parte como pastor de ovejas antes de recibir el llamado de Dios.
• José supo criar animales de granja, sirvió como empleado doméstico y pasó un tiempo en la cárcel como encargado de los de los demás presos, todo esto antes de llegar a un alto puesto gubernamental.
• Rut era viuda, refugiada, obrera de granja y ama de casa.
• Ester era una chica guapa con pinta de modelo que se convirtió en reina.
• Daniel era un funcionario.
• David era pastor de ovejas, mísico, soldado y rey (¡aunque no a la misma vez!).
• Amós era pastor de ovejas y granjero.
• Isaias sirvió en una corte real.
• Nehemias era un expatriado que trabajó como mayordomo del rey.
• Elías era un terrateniente adinerado.

Si quieres mostrarme tu iglesia, necesito visitar el supermercado y conocer a la cajera, o entrar en el colegio y ver trabajar al profesor del 4-A. Y no puede faltar el camionero que transporta mercancía en las autopistas. Seguro que hay un par de madres que cuidan a sus pequeños y algunas personas que se ocupan de parientes y amigos ya mayores. Si quiero conocer tu iglesia, lo que menos me interesa es ver un edificio vacío. La iglesia es comunidad, es la gente, y esta no deja de ser parte de la iglesia viva de Cristo cuando entran por las puertas de una oficina, escuela o supermercado los lunes a las 8:30. Si comprendemos esta verdad, el mundo laboral adquiere un nuevo sentido. Es parte de mi llamado a seguir a Cristo. Mi trabajo- sea con pago o no- no se opone a mi discipulado, sino que forma parte del mismo.

Cualquiera que sea mi mundo dd trabajo, si lo trato como una bendición y no una maldición, Dios se involucra en él. Y, como siempre, Él lo cambia todo.

Cuando Pablo escribió a la iglesia en Colosas, había esclavos y amos en la congregaci6n. El apóstol les recuerda a los esclavos quién es, en última instancia, su jefe: Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Senor recibiréis laa recompensa de la herencia, porque a Cristo el Senor servís. Colosenses 3:23-24

Los amos de los esclavos tambien recibieron un llamado desafiante: Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros esclavos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos. Colosenses 4:1. Estas eran palabras revolucionarias. En un mundo en el que los esclavos no tenían derechos legales y en el cual se les trataba como meras propiedades, Pablo pone al esclavo y al amo a un mismo nivel. Tanto uno como el otro debe enfrentarse a su realidad laboral pensando que, por encima de todo lo demás, es un siervo de Jesús.

Para los que actualmente nos encontramos batallando arduamente en nuestros trabajos, la razón es simple: hemos olvidado quién es el Jefe. Él.

No importa cual sea tu rol, tu título o tu sueldo, si eres hijo de Dios, tu jefe es Jesús.

Nuestra vocación, nuestro llamado, es vivir como discípulos de Cristo, mientras que nuestros trabajos puede que cambien de vez en cuando.

Es tan importante saber que estamos en el puesto en el que Dios quiere que estemos.

El apóstol dice que cualquiera que sea tu tarea en un momento dado- tengas o no un titulo o un sueldo-, tu vocación es cumplirla como hijo de Dios.

Según Pablo, la integridad moral se trata de cómo trabajamos cuando nadie nos ve.

Para un cristiano, la honradez no sólo es la mejor politica: es la única.

Si tu madre y tu padre, tu hermano y tu hermana, el perro y el gato en tu casa no están más felices desde que eres cristiano, debes preguntarte si realmente lo eres.

Hace poco prediqué un sermón titulado ‘Fe en la tormenta’. Alguien de mi congregacion me envió un correo que decía: ‘No siento que esté en una tormenta; más bien me encuentro en la calma. No esta pasando nada. ¡Auxilio!’

Daniel no sólo sobrevivió a Babilonia, sino que prosperó allí. Al leer su historia, descubrimos esa dedicación extraordinaria a su Dios que le protegió de la fuerte tentación a acomodarse a la cultura prevaleciente. P.T. Forsyth hiro una observación inteligente: Si dentro de nosotros no encontramos que hay algo por encima de nosotros, sucumhimos a lo que está alrededor de nosotros.

A W. Tozer escribió: ‘Lo que determina si el trabajo de una persona es sagrado o secular no es lo que ella hace, sino por qué lo hace’. No importa si eres albañil o evangelista; si eres gerente de banco o pastor. No se trata de lo que haces, sino de por que lo haces.

Tristemente, para muchos, a medida que aumentan el éxito y las responsabilidades, su vida espiritual se debillta. No es que decidan negar su fe: sencillamente, pierde prioridad ante asuntos más urgentes. Los viajes, las reuniones y la presión de la rutina profesional comienzan a desplazar las costumbres espirituales, dejándolas al margen. La asistencia a la iglesia se torna menos frecuente y hay poco tiempo para desarrollar relaciones con otros que compartan la misma fe familiar. Poco a poco, los helados tentáculos de un cristianismo nominal van congelando esos corazones que una vez estuvieron encendidos.

Muchas personas, a medida que van ascendiendo por la escalera del éxito, comienzan a comprometer sus valores y a tomar atajos. Los buenos hábitos comienzan a desaparecer y florecen los malos a medida que aumenta el poder, la influencia y las riquezas. Es por eso por lo que, como discípulos de Cristo, necesitamos establecer relaciones en las que podamos rendir cuentas a los demás y permitir que otras personas hablen a nuestras vidas. Tristemente, para muchos, a medida que aumentan el éxito y las responsabilidades, su vida espiritual se debillta. No es que decidan negar su fe: sencillamente, pierde prioridad ante asuntos más urgentes.

Convertir el tiempo libre en tiempo de servicio podría cambiarnos la vida.

El éxito en un proyecto no es suficlente. Ser un trabajador serio y fiable debe ser la meta. Las cosas pequeñas (ser puntuales, trabajar todas las horas pactadas, cumplir con los plazos de entrega,la honestidad y las buenas relaclones) crean grandes reputaciones.

La integridad es como la virginidad. Una vez la pierdes, ya no existe.

David Pawson hizo la siguiente valoración: A José no lo corrompió ni la humillación ni el honor. Era un hombre de total integridad y es el único que se presenta de esa manera en el Antiguo Testamento. Todos los demás personajes del Antiguo Testamento aparecen descritos con sus debilidades y fortalezas, pero aquí se habla de un hombre que sólo tiene fortalezas. Además de José, en a biblia sólo hay una persona más con esa característica.

No importa quién seamos o qué hacemos, si tenemos un empleo remunerado o no; si somos hijos de Dios, parte del discipulado es reconocer el señorío de Jesús.

Casi todos disfrutamos de la rutina porque lo familiar nos da seguridad. Nos gusta saber dónde estamos y qué vamos a hacer: Cuando el cambio nos amenaza, nos sentimos inseguros y tememos que lo que venga sea peor que lo que había.

Parte de la presión de vivir en una cultura del desecho es que aplicamos el mismo principio a las personas. Una vez la persona llega a cierta edad, ya se torna inútil para el trabajo, no porque no lo pueda realizar, sino porque la empresa ya no contrata a las personas que han pasado ese umbral de edad.

Casi todos batallamos con la falta de tiempo. Pensamos que, si dispusiéramos de mas,lograríaamos muchas cosas buenas. La realidad es, sin embargo, que siempre lo encontramos para las cosas que considerarnos importantes.

Una de esas cosas equivocadas que podemos perseguir en nuestro trabajo es el dinero.

No se te ocurra pensar: ‘Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos.’ Recuerda al Señor tu Dios, porque es Él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy el pacto que bajo juramento hizo con tus antepasados. Deuteronomio 8:17-18

Dios sólo nos da una cantidad limitada de oportunidades con nuestros hijos, para leerles un cuenJo, ir a pescar, jugar a la pelota y orar juntos. Intentad no perderlas. La oficina puede esperar. Aún estará ahí cuando los hijos se hayan marchado’.

Los dones espirituales no se limitan al ámbito de lo que llamamos actividades ‘cristianas’. Los dones espirituales tienen tambien un papel en el lugar de trabajo.

Los recibimos para que podamos servir de manera efectiva.

Ejercitar los dones que Dios te ha dado en el lugar en el que te ha colocado.

Gente lastimada lastima, a la gente.

Germaine Greer dijo en cierta ocasion: ‘Solo se es joven una vez, pero se puede ser inmaduro toda la vida.’

Difícil de creer

John MacArthur

Difícil de creer

Difícil de creer

Un libro escrito hace 15 años, que ya advertía de las falsas doctrinas que entonces aparecían: abundancia, felicidad, sanidad, prosperidad, etc. esperaban a quien siguiera a Cristo. Algo para hacer sentir bien a las personas. Pero el evangelio es algo diferente. Es negarse a sí mismo y cargar la cruz. Es dejar el egoísmo y sufrir las consecuencias de seguir a Jesús. Es algo, en verdad, difícil de creer, pero con una promesa complicada de rechazar. Calificación de 9.

Acuciante: Que se manifiesta con fuerza, viveza y pasión.

El verdadero cristianismo es un llamado a negarse a uno mismo. No es un llamado a la autorrealización.

Tal vez Jesús no lo pida, pero el requisito para la vida eterna es estar dispuesto a dejarlo todo si Él así lo pide.

En Lucas 9.57, donde Jesús va de camino con algunos de sus seguidores y uno de ellos le promete: «Te seguiré donde quiera que vayas». Jesús no le dijo: «Oye, qué bueno. Vamos a ir al hotel de lujo Ritz-Carlton para cenar con caviar». Lo que le dijo en el versículo 58 fue: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza». Jesús no le dijo: «Sígueme y serás feliz, gozarás de salud, serás rico, próspero y triunfador». Le dijo: «Simplemente quiero que sepas esto: no tengo ni siquiera un lugar donde poner la cabeza. El discipulado te va a costar todo lo que tengas. No esperes comodidad y vida fácil».

Así que quiere seguir a Jesús, ¿verdad? Le va a costar absolutamente todo.

La verdad sin barniz, sin tergiversación ni modificación, inevitable, es que el evangelio es en verdad difícil de creer .es más, si se deja sin ayuda al pecador, le es absolutamente imposible.

A veces no presentamos el evangelio lo suficientemente bien para que los que no son elegidos lo rechacen.

Me disgusta una iglesia de la televisión que, en muchos casos, se ha convertido en cuevas de ladrones.

Desde la perspectiva del mundo, el mensaje de la cruz es vergonzoso. De hecho, es tan vergonzoso, tan antagónico y tan hiriente que incluso a los creyentes les cuesta proclamarlo, porque saben que producirá resentimiento y ridículo.

Los griegos querían sabiduría y los judíos querían señal. Los judíos recibieron un Mesías crucificado: escandaloso, blasfemo, estrambótico, hiriente, increíble. Para los griegos que buscaban conocimiento esotérico, algo altilocuente y noble, ese sinsentido sobre el eterno Dios creador del universo crucificado era una insensatez.

No se puede ser fiel y popular; de modo que escoja.

El evangelio choca con nuestras emociones, choca con nuestra mentalidad, choca con nuestras relaciones personales. Hace añicos nuestras sensibilidades, nuestro pensamiento racional, nuestra tolerancia. Es difícil de creer.

El camino de Dios es muy diferente al del mundo, y su definición del triunfo no tiene nada que ver con la política de juntas ni con el tamaño de su cuenta bancaria. El precio aquí es la vida eterna.

La familiaridad engendra desdén.

Nada es peor que el orgullo espiritual, porque es una barrera que los egocéntricos levantan y que los separa de la salvación.

Trataron de asesinarlo, pero esa no era su prerrogativa porque no era a la manera divina ni en el momento divino. Lucas 4.30 describe una calma sobrenatural, instantánea: «Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue». No sabemos cómo sucedió. De alguna manera milagrosa, sencillamente se fue. Allí estaba el milagro que ellos habían pedido, pero el milagro los sacó de en medio de ellos, como símbolo del juicio que acarreaban sobre sí mismos por su odió e incredulidad. Qué triste. Lo que podría haber sido para ellos perdón y plenitud de gozo para siempre, lo rechazaron.

La gente que sigue el camino ancho piensa que ese camino lleva al cielo.

No le crea a quien le diga que es fácil convertirse en creyente. La salvación para los pecadores le costó a Dios su propio Hijo le costó al Hijo de Dios su vida, y a usted le costará lo mismo.

El Señor no estaba hablando a los irreligiosos, sino a personas que estaban obsesionadas con la actividad religiosa. No eran apóstatas, herejes, ateos ni agnósticos, eran personas extremadamente religiosas. Sin embargo, estaban condenadas porque se engañaban a sí mismos y estaban en la senda errada. Su autoengaño pudo haber surgido de recibir la enseñanza de algún falso profeta, o tal vez aprendieron la verdad pero con todo y ello se engañaron a sí mismos.

Otra cosa que hace que las personas se engañen y piensen que son salvos cuando no lo son es su apego a la actividad religiosa. Van a la iglesia, oyen sermones, entonan cantos, leen la biblia, asisten al estudio bíblico, toman una clase, y debido a que participan en actividades religiosas, la ilusión de que son creyentes se vuelve convincente. Muchos que están en la iglesia no son creyentes; son cizaña entre el trigo.

Pero, ¿qué sucede si uno falla? Pedimos perdón por nuestras deudas, o pecados, «como nosotros perdonamos a los que nos deben». Jesús no estaba diciendo: «Esta es la norma perfecta, y si fallan alguna vez, ¡fuera!». Lo que estaba diciendo era: «Esta es la norma perfecta, y parte de la norma perfecta es que cuando fallen, lo reconozcan». Esa es la norma de Dios.

Algunos dicen que son salvos antes de adquirir siquiera algún sentido de estar perdidos.

Cuando uno en sumisión le entrega completamente la vida al Señor, Él se hace cargo y todo empieza a desdoblarse, y desde entonces Él empieza a facultarlo y cambiarlo a uno. C.S. Lewis tiene una ilustración maravillosa de est: Cuando era niño con frecuencia tenía dolor de muelas, y sabía que si iba con mi madre ella me daría algo que amortiguara el dolor esa noche y me permitiera dormir. Pero yo no iba a ver a mi madre; por lo menos, no antes de que el dolor fuera realmente insoportable. Y no iba a verla por lo siguiente: no tenía la menor duda de que me daría la aspirina, pero sabía que también haría algo más. Sabía que al día siguiente me llevaría a ver al dentista. No podía conseguir lo que quería sin conseguir algo más que yo no quería. Quería alivio inmediato del dolor, pero no podía conseguirlo sin tener que someterme a que me arreglaran los dientes permanentemente. Conocía a los dentistas; sabía que empezaban a meterse con otros dientes que ni siquiera me habían empezado a doler. No dejaban que el perro siguiera durmiendo. Nuestro Señor es como ese dentista. Si uno le da un problema para que lo arregle, los arregla todos. Por eso advirtió a las personas que calcularan el costo antes de convertirse en cristianos. Él las hará perfectas nada menos. Ese proceso empieza en el momento en que llegue al cielo y sea glorificado instantáneamente. Cuando se pone en sus manos, eso es lo que consigue, cuesto lo que cueste.

«El bien es bien aunque todos estén en contra, y el mal es mal aunque todos lo favorezcan». Guillermo Penn.

La negación de uno mismo es dejar a un lado las comodidades para esforzarse por alcanzar un objetivo digno. La penitencia es el castigo que uno mismo se impone esperando ganar el favor de Dios, lo cual es absolutamente, cien por cien, imposible; y cien por cien innecesario. Nadie puede ser suficientemente bueno, ni sentirse suficiente malo, para ganarse la entrada al cielo. Pero nadie tiene que hacerlo, porque Jesús pagó el precio completo de la entrada de todos los verdaderos creyentes.

La verdadera grandeza no está en nuestra función, sino en nuestra relación con Dios que nos coloca en su Reino.

El evangelio es para proclamarse, no para debatirse.

La procesión funeral era casi tan inevitable como una boda. Los deudos cargaban el cadáver y lo llevaban por la ciudad, seguidos por toda su familia. La familia contrataba mujeres que eran lloronas profesionales para que se unieran al cortejo a llorar y lamentarse. En las procesiones funerales también era común que la gente se golpeara el pecho y la cabeza, o todo el cuerpo.

La gente abandona el evangelio porque inicialmente lo atrajo lo que no tenía que atraerlos. El entusiasmo de la congregación, no el significado del mensaje los atrajo. Una congregación entusiasta, y la producción de un culto de adoración que enfatiza la teatralidad antes que la biblia, le hace la venia al buscador de día moderno.

El cristianismo tiene que tener cuidado cuando es popular. La acción y el entusiasmo de la multitud cautiva a la gente. Se reúnen en estadios o en un auditorio grande o templo, para ser parte de un gran evento. Hay energía y un aire casi de arenga, pero muchos de los participantes asisten por la multitud, no por la corona. Están queriendo ver alguna intervención milagrosa que los favorezca, o la promesa de algo de lo que podrían medrar. O simplemente una buena función.

Ellos tenían en mente un reino terrenal. Si él pudo producir suficientes panes y pescados para dar de comer a veinte mil personas, bien podría darles a los romanos lo que se merecen, sacarlos a patadas y libertar a Israel. Pero si creían espiritualmente que él era el gran Mesías, ¿dónde estaba la adoración? ¿Dónde estaba la adoración y el respeto? Nunca pensaron de Jesús más que como el rey terrenal que les daría libertad terrenal y la venganza que querían. No tenían interés en «venga tu reino. Hágase tu voluntad». Más bien estaban diciendo: «Venga nuestro reino, hágase nuestra voluntad». Lo que querían era obligarle a que fuera su milagrero personal y que usara su poder política y militarmente contra los romanos. En lugar de caer sobre sus rostros para adorar el Prometido como su Salvador del pecado y del juicio, querían obligarlo a que siguiera la agenda terrenal que tenían. Esto es típico de los desertores. Miran a Jesús como el que va a resolver sus dilemas diarios, arreglarles la vida, suplir sus necesidades y antojos, y hacerlos ricos. Trate de vender el evangelio sobre esa base, y la gente acudirá por motivos indebidos. No se puede llamar a las personas a Cristo porque es lo que está de moda y todo mundo está haciéndolo. No se puede llamar a las personas a Cristo para que el Señor les haga estupendos milagros y les enderece la vida. Esa es la mentira del evangelio de la salud, riqueza y prosperidad, y el evangelio de las necesidades suplidas, y tod lo que hace es atraer a gente que pronto se desilusiona. Como dijo Jesús en Juan 18.36: «Mi reino no es de este mundo».

La manera en que se puede decir si una persona es verdaderamente cristiana es por lo que desea. El anhelo de alabar y adorar a Dios y a cristo es evidencia de un corazón transformado.

Dios concedió poder de Jesucristo sólo a los apóstoles y a los que siguieron en la era apostólica para establecer el mesiazgo de Cristo. Usted jamás tendrá poder para sanar enfermos, revivir muertos, andar sobre el agua ni echar fuera demonios. Pero todo el que cree en Él puede ser salvo.

«El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente» 1Co 2.14