Pelota de Papel

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Colección de cuentos relacionados al fútbol, esta vez hechos por futbolistas en activo (incluyendo una mujer), ex futbolistas y entrenadores. Cada uno de ellos consta de tres tiempos: la presentación que funciona como un prólogo, el cuento en sí y una alusiva ilustración. Los tres que más me han gustado: El coleccionista, Atajada al cielo y Barrio de fútbol. Calificación de 9.5

El juego: Mientras hay vida hay esperanza. (Un futbolista a punto de dejar el juego por ser siempre banca.)
El Maracaná de la calle España: Golazo en el fútbol llanero. (La crónica de un gol de rabona.)
De barrio: Un viejo con buen ojo. (Un viejo entrenador pronostica la suerte de un gran futbolista.)
Un mundo sin fútbol: Un crack mató el fútbol. (Debido a cracks-robots construídos, en el futuro el futbol desaparece.)
Sueño de debut: La amistad más que el futbol. (Aunque el sueño de un futbolista es debutar en primera, es más grande la convivencia con los amigos.)
El coleccionista: El portero un gran espectador. (Un portero gusta de ver el mejor futbol y de coleccionar jugadas que terminan en golazos… aunque caigan en su portería.)
Botines rotos: Los tacos no juegan futbol. (De cuando no importa los tacos que usas, sino el entusiasmo que se le pone al jugar.)
El mozo y el sabio: Los sueños no conocen oficio. (Un mesero busca su última oportunidad para probarse en un equipo y para ello cuenta con un as bajo la manga: la estrategia del equipo rival en turno.)
Bicampeón: Los sueños se hacen realidad. (Un jugador sueña con ganar el campeonato local.)
Creo, vieja, que tu hijo la cagó: Nunca te confíes de ti. (En el partido decisivo el más confiable falla.)
Opyo: El amor en el futbol. (Crónica de un jugador que se enamora y cómo es que ello le afecta a él, a la novia, y a la hinchada.)
El loco del pueblo: La pobreza devora los sueños. (Un hombre pierde la cordura cuando debido a su condición social no puede hacer realidad su sueño de ser jugador de futbol.)
Ángel para un final: El mejor amigo del hombre. (Un ex jugador salva la vida gracias al fútbol y a un can.)
Hola y adiós: Casi debuto, pero mejor no. (Un jugador que está a punto de alcanzar el estrellato, sufre del “síndrome del Jamaicón”.)
Al maestro con cariño: Mejor enseñar con el ejemplo. (Un entrenador marca la vida de un jugador.)
El portón de Lelio: La práctica hace al maestro. (Cómo es que un gran ejecutor de tiros libres se hizo experto.)
La pregunta no respondida: Del doping en el futbol. (Las consecuencias de tomar sustancias para mejorar el rendimiento, no para jugar mejor.)
¿Ese es el “Terror” Gutiérrez?: Basta con que me reconozcan. (La vida difícil de un ex jugador.)
Técnico con árbol: Un Zaqueo en la cancha. (A falta de tribunas, un entrenador busca su lugar para seguir viendo el juego de su equipo.)
Tragarse la llave: Los hombres no deben llorar. (A través de la tragedia un jugador de 7 años debe madurar.)
Atajada al cielo: El sueño de un arquero. (Un portero que lo único que busca es volver a ver a su padre.)
El gol de todas: El futbol también es mujer. (El futbol visto desde el punto de vista de la mujer jugadora.)
Barrio de fútbol: En el futbol hay igualdad. (Un partido de futbol entre los pequeños contra los galanes del barrio, sirve para poner a los rivales en igualdad de circunstancias.)
Eterno: Más que un director técnico. (Testimonio personal ante la noticia, enfermedad y muerte de Tito Vilanova.)

Bajo su égida: defendido por determinada persona.
Gurises: Niño, adolescente.
Habitué: Persona que frecuenta un lugar.
Ñata: Nariz de una persona.
Fulero: Que es muy feo o desagradable
Grogui: Que está aturdido o ha perdido el conocimiento a causa de los golpes.

Sin duda lo mejor que podés dar cuando querés ayudar no es el dinero. Es tu tiempo y trabajo. Y ese es el desafío.

Una costumbre tan humana como lamentable es naturalizar lo maravilloso. Vemos algo asombroso por primera vez y nos asombra. Lo vemos por segunda vez y nos deleita. Lo vemos por tercera vez y nos parece normal. La cuarta apenas nos despierta un interés escaso, cuando no un liso y llano escepticismo. Recién cuando una situación maravillosa deja de ocurrir para siempre, algunos de nosotros, los más sensibles, los más nostálgicos, los más memoriosos, advertimos nuestro error y nos lamentamos. Aquello era realmente maravilloso y digno de asombro. No solo una vez. No solo la primera vez. Sino todas las veces. Siempre.

El buen jugador siempre es un poeta. Todo poema, todo pase entre líneas, es una conexión de conceptos y simetrías, pero también un juicio acerca de la condición humana.

Si se mantienen así las cosas, el técnico debería hacer cambios. Recapituló. Y recapituló bien porque quedaba claro lo que no pronunció, pero sí pensó: “En el banco hay dos defensores y yo. El único delantero, el “Negro” Ruiz, no vino. Me tendrá que meter”. Un sobresalto, un detalle que no constituía un detalle, una contradicción, un problema moral: no le gustó su cálculo. Lo sorprendió, por primera vez el lado áspero del fútbol. Qué cosa: la competencia, especular a su favor. La verdad: se sintió miserable por eso.

Estar en el arco le daba la posibilidad de contemplar con claridad y con lujo de detalles esas bellezas que en ocasiones nos regala el fútbol. Además, muchas veces podía elegir. Porque no siempre la pelota entraba en el ángulo, pero, si la jugada había tenido más de veinticinco o treinta toques, el “Loco” automáticamente empezaba a aplaudir, como si estuviera en el teatro, emocionado, casi hipnotizado por la propia jugada. Y si para él valía la pena, hacía todo lo posible para poder sumar una reliquia más a su colección.

Le alcanzaba con un par de gestos para darse cuenta de que su marido transitaba el preámbulo de un problema.

“Hagan un gol”, tela blanca, letras negras, fue colocada detrás de la cabecera local en soledad y en uno de los gestos sin necesidad de canciones agresivas para con los futbolistas profesionales que durante esa derrota contra Huracán no habían podido sacar la vista de ese mensaje cada vez que tenían un córner a favor.

La esperanza es el sueño de los despiertos.

– ¿Cómo te va, embrague?
– ¿Por qué embrague? –preguntó el entrenador con poca prudencia.
– Porque primero metés la pata y después hacés los cambios.

Fútbol y literatura se mezclan. De qué otra manera se puede definir el segundo gol de Diego Maradona a los ingleses. Dura once segundos. Es un poema. El mínimo común denominador de la belleza. Lo saben los sensibles. Lo intuyen lo amantes del juego más injusto y maravilloso del mundo. Lo entienden todos aquellos que, a pesar de los tramposos y los mercaderes, viven en estado de pasión por los colores que marcan desde la infancia. Y esa lealtad, que no conoce de agachadas, tiene relación directa con el toque de imprevisibilidad que todavía tiene el fútbol. En un campo de juego, once contra once, todavía el más débil tiene alguna chance de vencer al poderoso. Y aunque la necesidad solo apueste a los buenos resultados, es la habilidad la que nos regala los momentos más hermosos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de fútbol? Es cierto que las historias de amor son la sal del hombre. ¿Es cierto que las historias de amor son la sal de hombre? De todas maneras esta no es una historia de amor, es una historia de fútbol. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de fútbol? ¿Y de amor? El casamiento resulta ser una barbarie. O sea, el protocolo nupcial al que se somete el ser humano es en general una barbarie, un desperdicio de dinero o un dinero malgastado. Un juego de caprichos y rituales religiosos, ceremoniales, de ancestros.

Pasearon en el Batimóvil hasta una canchita donde los amigos de ella peloteaban. El partido se frenó sin más, se olvidaron de los descuentos, de que el que metía el gol ganaba, y se abalanzaron los pebetes sobre el crack con el amor de un hincha que es un amor verdadero. Ella no salía del asombro. Era la única de todo el enjambre enérgico a la que aquel pibe no le generaba más rumor inminente al que sus mejillas estaban dispuestas porque el cuerpo reclama. El miedo a lo desconocido del cuerpo del otro puede paralizar, hacer temblar, divagarse por un rato en una conversa nerviosa que no va en los hechos a ningún lado, pero que viaja por el abanico de chanches de la fantasía, ese invento creativo que está desde el huevo o la gallina, que a veces nos enferma, pero que es también el motor del alma.

Como gambeteando en un rincón del Nuevo Gasómetro, él le roba un beso con osadía que afloja las barreras mentales, destraba los barrotes del cuerpo, abre las celdas de las comisuras. La lengua recorre la lengua del otro con timidez. El habla con distinto canto calla. Ese ruido de anchuras frescas invade la nave hasta que uno de los dos sube el volumen de la radio. Son minutos donde las bocas hablan sin palabras, tan cerca, tan adentro del decir del otro, divulgando entre alientos intensos lo que canta el cuerpo. Ella se estremecerá cuando las manos de él asalten su blusa. Él la tranquilizará con carpeta. Ella se dejará ir con la humedad y sostendrá la escultura de sus piernas deportivas, luego su entrepierna creciente. Él la desnudará a medias, el aire acondicionado hará el resto. Ella envolverá aquel miembro lampiño con sus dedos, sacudirá las vergüenzas llegando a la cima. Se trepará atrevida al asiento reclinable del Batimóvil. Él será un súperhéroe con cierta inseguridad. Cuando la penetre no podrá evitar el canto de la tribuna en su mente. Los cuatro ojos penderán del techo del auto, y serán un ratito nomás, con la intensidad necesaria para no verse nunca más. Ambos mentirán en los cuentos de vestuario y camarín.

Espero que te guste el presente y mucho más el futuro que tengo para darte.

La capacidad de soñar. La fuerza del sueño como fecunda medida de integración entre dos mundos: el que se abre paso entre las brumas del pasado y el que pulsa en la certeza del presente. El Hombre es el único animal que suela despierto y cada hombre es la medida de sus sueños, sea en la alfombra mágica de un deseo escrito en el horizonte, sea en el tamizado eco de un tiempo que fue hermoso.

Lo mejor de la vida es soñar y, a pesar de que los años se van, los sueños nos acercan en tiempo y distancia.

Escribo estas líneas durante una práctica de treinta chicos sobreinformados de fútbol global hasta el detalle de soñar –una vez los escuché hablar del asunto- casarse con una modelo rusa con la que ir a recibir el Balón de Oro. Uno de los temas más transitados de las narraciones futboleras es que las metas de ahora no tienen el romanticismo de los sueños de entonces, cuando el futuro crack de Estudiantes, Racing, Chacarita y Newell’s reventaba a pelotazos el portón del vecino. Pero aquello que sutilmente evoca el cuento sigue estando aquí mismo, donde desde hace horas unos pibitos no pueden resistir la tentación de pegarle a una botellita de plástico, tratando de embocarla no sé dónde. No lo sé porque mientras esquivo botellazos y les grito –como el vecino del “Mago”- que vayan a patear a otro lado, estoy tratando de concentrarme en lo mío. En descubrir la jugada oculta de Capria. El ángulo al que va a patearle con esta historia, que no es sobre el pasado, ni la nostalgia, ni el paraíso perdido. Al contrario. Este cuento es sobre la fuerza irresistible del desafío, sobre el deseo que nos impulsa al futuro.

Ahí está la clave del asunto. Porque acaso alguien, inclusive alguien con buena intención, interprete que molestábamos por molestar, o que, de verdad, deberíamos haber ido a patear a otra parte y dejar de joderle el portón y la calma a Lelio. ¿Pero cómo hacerlo? ¿Cómo evitarlo? Lo comprenderá cualquiera, chico o grande, que alguna vez haya tenido adelante ese paisaje y haya aprendido que no hay un paisaje mejor en el planeta: una paleta, un ángulo, un desafío, una fiesta posible. Realmente, si el fútbol durante un ratito no es eso, si la vida durante un ratito no es eso, ¿qué son, al cabo, el fútbol y la vida? Por eso, va de nuevo: la nuestra era una tentación irresistible.

Amalia, la esposa de Lelio, que nos decía con la calidez de una abuela que no hiciéramos tanto ruido. No reclamaba que dejáramos de jugar, tal vez porque los abuelos, se sabe, vuelven a sentirse jóvenes cuando ven a un niño jugar apasionadamente y disfrutar de ese juego.

Porque muchas veces eso también es el fútbol. Un buen partido que termina en derrota. Un buen desempeño que no se refleja en el tanteador. Una carrera pareja sostenida en años y años de trayectoria, que sin embargo no termina pagando las cuentas cuando uno se acerca a los cuarenta.

Ya sabemos que el que sale a empatar termina perdiendo.

Piensa en lo cansado que está de los discursos magistrales, de las recetas para ser feliz. Como si en el desierto alcanzara la palabra agua para saciar la sed.

El fútbol, sabemos, usa el usted para demostrar cariño y el vos para el maltrato.

Mi padre siempre me decía: ‘encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día’.

Pasó todo muy rápido y Leo debió empezar una nueva vida. Una vida que no había soñado y para la que no estaba preparado. Una vida nueva: la del ex jugador. Una vida nunca prevista y recién imaginada cuando ya está muy cerca de ser una cereza. Una vida incompleta o completamente diferente, depende c cómo se quiera mirarla. Una vida de menos adrenalina y repleta de circunstancias desconocidas, humanas, monótonas e intrascendentes, que forman parte de la rutina de todos pero no de la de un futbolista.

Cuanto más lejos estuviese del consultorio, más cerca estaría del campo de juego.

Bienvenidos los futbolistas que escriben y que leen.

Tenía una familia preciosa que solo veía a primera y a última hora, o en las fotos del living, ya que durante el día desaparecían. O, mejor dicho, él había dejado su carrera y ahora aquel tiempo libre se había transformado en un monstruo. Era una sobredosis de tiempo neto, lento y abrumador que lo devoraba. Lo atontaba. Y el “Terror”, en su segundo año como ex jugador, solo vivía de recuerdos. De goles inolvidables, jugadas espectaculares y ovaciones de piel de gallina que aún lo desvelaban en las madrugadas. Ahora eran solo sueños, pero tan reales y palpables que le hacían trasladarse otra vez a su hábitat natural, rectangular, a un césped recién regado. Y añorar quizás lo más cotidiano y sencillo, pero a la vez entrañable: el clima de vestuario. Del cual no podía despegarse ni su cuerpo ni su alma. El ambiente de la convivencia, con momentos dulces y otros duros, con las jodas y los problemas resueltos mirándose de frente en medio de la tensión. Los compañeros, los amigos, los utileros, los masajistas y el olor. No a sudor ni a huevos, no. El olor a la emoción, al vértigo, a lo más increíble del mundo esperando ahí, al otro lado del túnel.

Yo no sé jugar al fútbol. No tengo pasión por ninguna camiseta (me hice de Boca por mis hijos). Me explicaron la ley del orsai mil veces sin éxito. Ni siquiera sé hacer una pelota de papel. Entonces leí el cuento de Kurt Lutman y lloré.

Los chicos del barrio necesitaban reflexionar sobre el contexto histórico, sociopolítico, convertirse en sujetos de cambio. Y para eso había llegado yo.

Yo elegía dos equipos para hacerlo parejo. Oficiaba de árbitro de fútbol y otras veces de box, cuando alguno le arrimaba un patadón a otro y se iban a las manos, luego de algún episodio aí, yo sentía que era el momento justo y, con la pelota bajo el brazo, hacía un discurso sobre la solidaridad y el respeto. Discurso que siempre era interrumpido por alguno que me arrebataba la pelota para seguir jugando mientras el resto gritaba de alegría.

El hermano más chico del “Pipi” tenía 6 meses y en forma accidental se había caído de la mesa, de espaldas. No quise ni pude saber más nada y empecé a buscar al “Pipi” para abrazarlo y no soltarlo más. Lo encontré corriendo y jugando con los chicos a la vuelta y lo sentía a salvo. Con 7 años era imposible dimensionar tanto dolor junto. Era impresionante ver a los hombres del barrio en la sala, sin poder llorar. Con los ojos y el cuerpo a punto de estallar, pero sin poder hacerlo. Dejamos pasar una semana y volvimos a encontrarnos para jugar, pero el “Pipi” no vino. Quise ir a buscarlo a la casa pero no me animé. Sentí que yo tampoco estaba preparado para pechar ese dolor. Volvió como al mes. Lo trajo de la mano el hermano. Estaba serío. Mientras jugaban, yo estaba más atento a él que a ninguno. Estaba esperando que, como de costumbre, tuviera un encontronazo con un compañerito y pudiera llorar todo lo que quisiese. El momento llegó después de una trabada. Se cayó al suelo y se agarró fuerte la pierna. Apretó los dientes, reprimió un sonido parecido al llanto y se secó los ojos y los mocos con el antebrazo. No lloró. Tenía 7 años y desde ese día, al igual que los hombres del barrio, pasó a formar parte de los que no lloran.

El fútbol también es mujer.

Yo sueño con hacer la atajada de mi vida, una volada que me despegue tanto del suelo que me saque del estadio, donde el lente angular de los fotógrafos no llegue y por fin pueda alcanzar el cielo y sentir, como cuando era un niño, rozar la pelota para desviarla al córner, y ya no será la pelota lo que sienta en mis manos, ya no será el murmullo de una popular llena lamentándose por el gol que no fue. En su lugar, sentiré sus manos y su voz diciéndome: “Te amo hijo”.

Todo lo que hacemos los hombres es con el único propósito de conquistar mujeres.

Nosotros, en cambio, éramos un rejuntado de pendejos apasionados por el fútbol, al que jugábamos en la calle y cada día de nuestras vidas, con frío, con calor o con lluvia. Pero ante todo éramos amigos y eso tenía más valor que un decreto presidencial.

Te confieso que jugar una Champions es fácil. Estadios perfectos, campos inmaculados, indumentaria espléndida, suena el himno de la UEFA, los adversarios se saludan cordialmente y un árbitro dictamina de forma imparcial. Pero yo te digo que había que ser muy valiente para jugarte la cabeza y las piernas contra los codazos y los patadones asesinos de esos salvajes, para arriesgar la vida cayendo entre los hierros de las vías o sobre los trozos de cristal esparcidos por borrachos vagabundos que habitaban los vagones abandonados. Juro que jamás vi tanta entrega, tanto amor propio y tanta devoción en un partido de fútbol como la de mis amigos. Y te firmo que he visto muchísimos partidos, en directo, por la tele, hasta en la radio diría, aparte de los que jugué como amateur y más tarde de profesional.

El rocío no anuncia nada especialmente malo. Si amanece nublado, el día todavía puede arreglarse. Si no, pasa y vendrán otros mejores.

Nunca terminamos de creer lo que no queremos que suceda.

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de platini Publicado en Libros

Entre cachacos

Gabriel García Márquez

Entre cachacos

Entre cachacos


Segundo volúmen de la colección Obra Periodística que conjunta las críticas mordaces de cine, algunos reportajes de sucesos de la época (que incluyen el relato de un náufrago) y algunas columnas que considero son lo mejor y en donde ya se perfilaba el estilo del Gabo, y que corresponden a los años 1954 y 1955. Calificación de 9.5

Greguería: Gritería.
Sinécdoque: Designación de una cosa con el nombre de otra, de manera similar a la metonimia, aplicando a un todo el nombre de una de sus partes, o viceversa, a un género el de una especie, o al contrario, a una cosa el de la materia de que está formada, etc., como en cien cabezas por cien reses, en los mortales por los seres humanos, en el acero por la espada, etc.
Epatar: Producir asombro o admiración.
Gamonal: Tierra en que se crían muchos gamones (Planta de la familia de las liliáceas).
Abalear: Balear.
Atarván: Que es brusco, de mal carácter, de modales groseros y disfruta ofendiendo y golpeando a los más débiles.
Delectación: Deleite.
Astracán: Piel de cordero nonato o recién nacido, muy fina y con el pelo rizado.
Cisco: Hacer trizas.
Adocenada: Vulgar y de muy escaso mérito.
Marconigrama: Despacho transmitido por la telegrafía o telefonía sin hilos, radiograma.
Periclitar: Decaer o declinar.
Hieratismo: Cualidad hierática (Dicho de un estilo o de un ademán) de los estilos y formas que afectan solemnidad extrema.
Tajamar: Parte de un apoyo o pila de un puente para cortar el agua y disminuir su empuje.
Triscar: Enredar, mezclar algo con otra cosa.
Chontaduro: Árbol de las palmáceas.
Trocha: Vereda o camino angosto y escusado, o que sirve de atajo para ir a una parte.
Montuno: Perteneciente o relativo al monte.
Palustre: Paleta de albañil.
Intemperancia: Falta de templanza.
Tiple: Guitarra pequeña de voces muy agudas.
Estragar: Dañar física o moralmente.
Dehesa: Tierra generalmente acotada y arbolada, por lo común destinada a pastos.

Para las malas películas habrá siempre público. Para las buenas no siempre.

Los veteranos no son héroes, sino víctimas.

Barranquilla festeja intensamente cinco días de Carnaval. Los otros trescientos sesenta son de trabajo intenso, que en el caso de la capital del Atlántico no son sino una manera de esperar intensamente el Carnaval.

Jean Peters, que es una elegante envenenadora, y Joseph Cotten, su cuñado, ni siquiera juegan al gato y al ratón para distraer al público porque él sabe que es ella quien está envenenando a sus sobrinos, y sabe que ella lo sabe, y ella a su vez sabe que él lo sabe como lo sabe el público desde la quinta escena.

El velorio es un pintoresco y bullicioso espectáculo de feria, donde lo menos importante, lo circunstancial y anecdótico es el cadáver. Cuando una persona muere en La Sierpe, otras dos salen de viaje en sentidos contrarios: una hacia La Guaripa, a comprar el ataúd, y otra hacia el interior del pantano, a divulgar la noticia. Los preparativos comienzan en la casa con la limpieza del patio y la recolección de cuanto objeto pueda obstaculizar esa noche y en las ocho siguientes el libre movimiento de los visitantes. En el rincón más apartado, donde no constituya obstáculo, donde estorbe menos, es acostado el muerto a ras de tierra, puesto de largo sobre dos tablas.

Genio de plañideras entre las plañideras de La Sierpe fue la Pacha Pérez, una mujer autoritaria y escuálida, de quien se dice que fue convertida en serpiente por el diablo a la edad de 185 años. Como a La Marquesita, a la Pacha Pérez se la tragó la leyenda. Nadie ha vuelto a tener una voz como la suya, ni ha vuelto a nacer en los enmarañados pantanos de La Sierpe una mujer que tenga como ella la facultad alucinante y satánica de condensar toda la historia de un hombre muerto en un alarido. La Pacha Pérez estuvo siempre al margen de la competencia. Cuando de ella se habla, las plañideras de ahora tienen una manera de justificarla, que es a la vez una manera de justificarse a sí mismas: «Es que la Pacha Pérez tenía pacto con el diablo».

Lo que al atardecer era un alegre y pintoresco mercado, en la madrugada empieza a voltear hacia la tragedia. La artesa ha sido llenada varias veces y varias veces consumido su torcido aguardiente. Entonces se le forman nudos a las conversaciones, al juego y al amor. Nudos apretados, indesatables que romperían para siempre las relaciones de aquella humanidad intoxicada, si en este instante no saliera a flote, con su tremendo poderío la contrariada importancia del muerto. Antes del amanecer alguien recuerda que hay un cadáver dentro de la casa. Y es como si la noticia se divulgara por primera vez, porque entonces se suspenden todas las actividades y un grupo de hombres borrachos y de mujeres fatigadas, espantan los cerdos, las gallinas, ruedan las tablas con el muerto hacia el centro de la habitación, para que rece Pánfilo. Pánfilo es un hombre gigantesco, arbóreo y un tanto afeminado, que ahora tiene alrededor de cincuenta años y durante treinta ha asistido a todos los velorios de La Sierpe y ha rezado el rosario a todos sus muertos. La virtud de Pánfilo, lo que lo ha hecho preferible a todos los rezadores de la región, es que el rosario que él dice, sus misterios y sus oraciones, son inventados por él mismo en un original y enrevesado aprovechamiento de la literatura católica y las supersticiones de La Sierpe. Su rosario total, bautizado por Pánfilo, se llama «Oración a nuestro Señor de todos los poderíos». Pánfilo, que no tiene residencia conocida, sino que vive en la casa del último muerto hasta cuando tiene noticia de uno nuevo, se planta frente al cadáver llevando con la mano derecha levantada la contabilidad de los misterios. Hay un instante de grandes diálogos entre el rezador y la concurrencia, que responde en coro: «Llévatelo por aquí», cada vez que Pánfilo pronuncia el nombre de un santo, casi siempre de su invención. Como remate de la «Oración a nuestro Señor de todos los poderíos», el rezador mira hacia arriba, diciendo: «Ángel de la guarda, llévatelo por aquí». Y señala con el índice hacia el techo.

El ataúd llega antes del amanecer. Entonces se transforma el ambiente, porque algo parece indicar a la gente de La Sierpe que lo que proporciona a la muerte una dimensión de pavor, no es propiamente el cadáver, sino la caja mortuoria que el carpintero de La Guaripa fabrica a la carrera, con tablas mal claveteadas y sin cepillar, cada vez que de los pantanos surge un hombre con una soga cortada a la medida del muerto. A cualquier hora del día o de la noche en que un mensajero de La Sierpe toque a las puertas del carpintero de La Guaripa, el hombre se levanta dispuesto a trabajar, pues sabe que por muy diligente que sea el mensajero, quien está necesitando el ataúd tiene por lo menos seis horas de estar tirado en un rincón, pudriéndose entre los cerdos y las gallinas.

Pero luego empezó a precisar voces en la oscuridad. Y oyó otra vez las pisadas conocidas y vio las sombras estiradas en la pared del zaguán. Entonces supo que después de muchos años de aprendizaje, después de muchas noches de vacilación y arrepentimiento, el hombre que abría la verja de hierro había decidido entrar.

La otra mujer rodó una silla hasta la mesa. El hombre se sentó, cruzó una pierna y desató el cordón de la bota. La otra se sentó junto a él, hablándole con espontaneidad de algo que ella, en el mecedor, no alcanzaba a entender. Pero frente a los gestos sin palabras ella se sentía redimida de su abandono y advertía que el aire polvoriento y estéril olía de nuevo como antes, como si fuera otra vez la época en que había hombres que entraban sudando a las alcobas, y Úrsula, atolondrada y saludable, corría todas las tardes a las cuatro y cinco, a despedir el tren desde la ventana. Ella lo veía gesticular y se alegraba de que el desconocido procediera así; de que entendiera que después de un viaje difícil, muchas veces rectificado, había encontrado al fin la casa extraviada en la tormenta.

El cómico solo, girando en el vacío y sin recursos originales, consigue divertir — gracias a la costumbre que ya tenemos de que Cantinflas nos divierta— pero sin agregar una sola nota meritoria y distinta a su apreciable carrera.

La maravillosa calidad de la fotografía y la sostenida y ladina explotación del silencio —que según Bresson es la gran conquista del cine sonoro— contribuyen definitivamente a la creación de este terrible clima de ansiedad, más severo, más profundo y humano que aquel en que Alfred Hitchcock ha cimentado su fama y su gloria. En medio de ese ambiente angustioso, de esa intensidad que podría palparse, analizarse con el tacto casi tan bien como con la vista, podría surgir una pregunta demoledora: «¿Quién mandó a estos cuatro hombres a embarcarse en semejante empresa?». Es entonces cuando resultan lamentables los cortes que se han hecho a la primera parte del film, y que no parecen obedecer a ningún criterio religioso o moral, sino simplemente político. Quienes tuvieron oportunidad de ver en Europa El salario del miedo en su copia intacta convienen en asegurar que más de media hora de película ha sido cortada en la primera parte. Eso podría explicar la no muy clara justificación humana de la segunda parte. El salario del miedo comienza con una larga y rapidísima sucesión de planos, con breves secuencias que tienen al parecer dos objetos: uno estético y otro técnico. El primero se propone plantear cuidadosamente la situación en que vive un grupo de hombres en una pobre aldea probablemente centroamericana, aunque existen versiones de que Arnaud vivió y padeció muchos años en Venezuela, donde los petroleros son dueños y señores y de cuya voluntad depende prácticamente el destino de los hombres. Gentes de todos los países —un italiano, un maltés, varios franceses— aguardan su oportunidad, la última oportunidad de sus vidas, en esa aldea insalubre, primitiva, tórrida y brutal donde la vida humana no vale cinco centavos. Las cosas han llegado a agravarse de tal modo, que la oportunidad de ganarse dos mil dólares jugándose la vida con un camión cargado de nitroglicerina es la más apetecible que podría presentársele a cualquier hombre en ese medio. La escena de crudo matonismo que hace Jo al italiano, el ambiente de ternura bruta y hasta de bárbaro homosexualismo que Clouzot logra crear en la primera parte no tienen otro propósito que el de justificar la segunda parte del film y marcar un fuerte contraste entre el comportamiento de los mismos hombres frente a dos situaciones distintas. Desde el punto de vista técnico, se trata de lograr igualmente un contraste entre la narración esquemática y el montaje rápido (planos de Mario hablándole del pueblo a Jo; salto directo de Jo cubierto de barro por un jeep; a Jo tratando de limpiar el vestido) y la narración lenta, minuciosa y penetrante de la segunda parte. De igual manera, los intensos comentarios musicales, de Georges Auric —en la primera parte— preparan al espectador para los angustiosos silencios de la segunda parte.

Lo malo no es el cine político. Lo grave para el arte cinematográfico es el cine político que no es nada más que eso: la demostración gratuita de que lo bueno está de un lado y lo malo de otro, no importa cuál sea un lado y cuál el otro.

Los norteamericanos están empeñados en presentar a los norteamericanos como ellos mismos creen que son los norteamericanos. Y si los norteamericanos célebres fueran como los presentan sus compatriotas en el cine, puede asegurarse que los Estados Unidos no habrían podido intentar nunca la comandancia del mundo. Parece evidente que la falla de Hollywood, al novelizar la biografía de sus héroes, es la confusión en que se incurre al tratar de distinguir entre lo esencial y lo anecdótico.

A causa de la confusión de las noticias, del clamor de las sirenas, de la cívica derogación de las disposiciones de tránsito, originada por la emergencia, la ciudad se preparó en una hora para socorrer con amplitud a 10 000 heridos. Un sereno balance final demostró que sólo hubo 65, ninguno de extrema gravedad.

La gran mayoría de los participantes en el rescate se empeñaban en localizar una víctima de su familia, porque alguno de sus parientes no estaba en casa cuando se conoció la noticia, o había hablado de ella y luego no había sido visto, o sencillamente porque no había ido a comer a la hora habitual. En la policlínica municipal, una familia reclamó el cadáver de un niño identificado por todos como uno de los suyos. Cuando la familia llegó a casa con el cadáver, encontró al niño verdadero, aturdido porque al llegar y no encontrarla creyó que toda su familia había perecido en la tragedia. El caso contrario fue el de Cristina López, residente en Villahermosa, que identificó como el de su hijo Marco Antonio López, de 35 años, un cadáver a medio vestir. Cristina López se despojó de parte de sus ropas y fue a su casa a preparar las velaciones. Cuando regresó al «cuarto del olvido» del Hospital de San Vicente, donde una multitud desesperada trataba de identificar los cadáveres, el supuesto cadáver de Marco Antonio López había sido entregado a otra persona: una mujer que lo identificó y lo sepultó como el de su esposo, Crisanto Arango. Hasta el viernes pasado, Cristina no había encontrado a su hijo, ni vivo ni muerto, e insistía en que era suyo el cadáver disputado, que no sufrió desfiguraciones.

Medellín se repone rápidamente de la conmoción. El barrio de Las Estancias, que por su cercanía a la Media Luna sufrió la mayoría de las víctimas, ha vuelto a recobrar su sereno y pintoresco aspecto de pesebre de Navidad. Ni siquiera ha dejado de repartirse la leche, todas las mañanas a las 6, a pesar de que el lechero, Francisco Antonio Hernández, murió en la catástrofe. El 13 de julio, estando aún el cadáver en la casa, su mujer, Carmen Rosa Bedoya, y sus dos hijos, repartieron la leche como de costumbre, y desde entonces no han dejado de repartirla.

Estos cuentos: son fragmentos de cartas que se quedaron sin escribir, párrafos inéditos de aquellos periodísticos telegramas que nos mandaba de los Estados Unidos, y que por no venir por cable sino por correo llegaban con la precisa cantidad de retraso que necesita una noticia para empezar a ser recuerdo.

Quibdó no tiene aeródromo: su pista de aterrizaje es el Atrato, en el que dos veces por semana acuatiza un avión que por más de un motivo se parece a los aviones expedicionarios que buscaban a Tarzán. Allí se viaja, por el aire, en condiciones muy poco diferentes a como se viaja en las lanchas del Atrato: entre grandes bultos de fibra para fabricar escobas, comestibles y textiles. Cuando ese avión atraviesa una tormenta —y esto ocurre probablemente en cada viaje, pues en el Chocó llueve 360 días al año— el agua se filtra por las goteras del fuselaje, y a 800 pies de altura se tiene la sensación del naufragio.

Desde hace años, los chocoanos están pidiendo una carretera. No importa hacia dónde vaya esa carretera, siempre que rompa el cerco de la selva.

Es difícil llegar a Quibdó. Pero es más difícil salir.

El negocio de hotel es allí un mal negocio. En toda la sección, desde las bocas del Atrato hasta las del San Juan, no hay un solo pueblo con restaurante: cada viajero come donde el primo de su tía, y duerme donde su cuñado o donde el cuñado de su cuñado. Cualquier chocoano raizal que explore su ascendencia en más de dos generaciones, encuentra la manera de ser pariente de su vecino. Y si no lo es, tampoco importa, porque tarde o temprano tendrá la oportunidad de ser su compadre.

Lo alarmante es que la nación en toda su historia no haya contribuido en forma efectiva a estimular, con adecuados medios de comunicación, esa unidad chocoana que tan útil y ejemplar puede ser para el resto del país. Lo único que se ha hecho es una carretera interna, teóricamente de Yuto a Istmina, que muy probablemente es la única carretera del mundo que en realidad no sale de ninguna parte, ni llega a ninguna parte. El embotellamiento del Chocó es crítico en tal extremo que hasta su única carretera interna es una carretera embotellada.

El transbordo de la lancha al camión, no es el único que se hace en el viaje de Quibdó a Istmina. Hay que hacer un segundo transbordo, «en Cértegui», según se dice. Pero también esa es una manera de decir las cosas, sencillamente porque la carretera de Yuto a Cértegui, que no pasa por Yuto, tampoco pasa por Cértegui.

Al revés de lo que ha ocurrido siempre, en el Chocó son los pueblos los que tienen que pasar forzosamente por las carreteras y no las carreteras por los pueblos.

Bahía Solano ignora a qué saben las naranjas de Cupica, a pesar de que en el mapa figuran a una pulgada de distancia.

La muchacha que atiende a los huéspedes en el hotel de Istmina, que estudió hasta el segundo año de pedagogía y no pudo continuar por falta de recursos, se sentaba en la mesa con los pasajeros, la semana pasada, y decía: «Nosotros hemos aceptado que nos dejen sin carreteras, que se lleven el platino y todo lo que quieran. Pero no podemos aceptar que nos descuarticen y nos echen a los perros». Allí el pasado no se fue sencillamente, como se ve en todas partes. Fue arrastrado por un oscuro ventarrón de fatalidad.

Cada silla descolorida y remendada, puesta contra el rincón, puede ser una pieza de museo si el dueño de casa recordara con precisión quiénes se sentaron en ella.

A la hora de matinée —una palabra francesa metida a empujones en el castellano— en el interior de los teatros se respira una atmósfera lúgubre. Parece como si las pisadas sonaran menos en el piso alfombrado, pero la realidad es que quienes asisten a la proyección de esa hora procuran, inconscientemente, pasar inadvertidos. «Es el sentimiento de culpa del matinée», ha dicho alguien, definiendo en esa forma la atmósfera de misterio y clandestinidad que tienen los teatros a las tres de la tarde. Antes de que comience la función vespertina, que es la función de los enamorados y de quienes no lo están aunque parecen estarlo, se oyen palabras sueltas, frases interrumpidas. En la función nocturna, la gente aguarda a los invitados en la antesala; saluda a los conocidos, conversa con ellos. Hay un ambiente de saludable entretenimiento. En matinée no se oye una palabra. No se oye un ruido. Es como si cada uno de los asistentes —quince, veinte, veinticinco — se hubiera refugiado a esa hora en la oscuridad de un teatro para esconderse de su propio sentimiento de culpa.

Si a un verdadero cineísta se le dice en la calle que una película es insoportablemente mala, asistirá entusiasmado a la próxima exhibición, para convencerse de que es mala en realidad.

«Cuando tenga un problema sin solución, váyase a matinée», le decía hace algún tiempo el gerente de una importante empresa a su jefe de relaciones públicas. El miércoles de la semana siguiente se encontraron a la salida de un matinée.

Aunque el espectador no entienda el idioma, es preferible la magia de la voz original que el artificioso recurso del doblaje, cuyo carácter de cosa postiza es imposible disimular aun en los casos en que el trabajo ha sido realizado aceptablemente.

El buen cine no tiene por qué ser nada distinto de la reconstrucción de lo cotidiano, del reflejo fiel de ese montón de cosas minúsculas, en apariencia inútiles, pero cargadas de un profundo significado, que hacen los hombres en cualquier hora de su vida.

Veteranos de guerra víctimas de la paz.

Entre los campos de batalla de Colombia y las ciudades de batalla de Colombia, en donde la simple, la ordinaria tentativa de conseguir trabajo era todo un problema de guerra, muchos prefirieron los campos de batalla de Corea.

Hay un último aspecto del problema de los veteranos, que parece no haber merecido mayor interés: el de los que pudiendo trabajar y teniendo oportunidades de empleo, continúan cesantes porque su nueva mentalidad de héroes les ha trastornado el sentido de la realidad y aspiran a mucho más de lo que realmente se les puede ofrecer en las actuales circunstancias. Es bastante probable que algunos de estos últimos —seguramente muy escasos— se hubieran enrolado en el Batallón Colombia precisamente para no trabajar. Mayores motivos para aspirar a una vida reposada deben de tener hoy que son héroes.

Un día llegó Santa Claus a Colombia, y desde ese día nació un nuevo oficio para un número muy limitado de colombianos: disfrazarse de Papá Noël —que es el nombre francés de Santa Claus— durante la época de Navidad. Para ganarse unos pesos a las puertas de un almacén de juguetes, repartiendo golosinas a los niños y listas de precios a los adultos, un colombiano no necesita tener más de veinte años ni parecerse a Santa Claus. La edad y el parecido estaban en las máscaras con cabellos y barbas de espumoso algodón, que constituyeron una nueva industria cuando se admitió que Santa Claus participara de la Navidad colombiana.

El estilo de estos dos directores es tan parecido, que uno de los dos sobraría en la historia del cine italiano si no sobraran ambos.

Una historia igual a la vida había que contarla con el mismo método que utiliza la vida: dándole a cada minuto, a cada segundo la importancia de un acontecimiento decisivo.

Más que arte, el cine es una distracción.

Todo el epílogo es una formidable obra de teatro de un solo acto y a cargo de un solo y estupendo actor. Pero sobra en la película.

Un gobierno duraba cuatro años, antiguamente. Un congresista duraba dos. Un gobernador podía durar cuatro años o cuatro días. En Colombia, lo que un gobierno emprende el siguiente lo interrumpe, lo modifica o lo continúa a su manera. La historia de Bocas de Ceniza con sus cumbres y sus abismos, sus indecisiones, interrupciones y tropiezos es un reflejo fiel de la historia de la administración nacional en los últimos cincuenta años. Han sobrado ideas, han sobrado manos y a veces han faltado manos e ideas, pero siempre ha faltado un sistema.

En 1953 regresó a Barranquilla, cuando todavía no habían cesado los últimos estampidos del escándalo periodístico. La draga venía más famosa, más flamante y más veloz que la primera vez. Pero todavía no servía para nada.

El zapatero fue el primero que se dio cuenta de que Luis Alejandro Velasco no había muerto, porque oyó decir a alguien que pasaba que alguien le había dicho a alguien que lo había oído decir en la radio. Pero el zapatero no tuvo tiempo de dar la noticia a la familia, a la 1.45 de la tarde, porque en ese mismo instante Dolores de Zipa la estaba recibiendo por teléfono en la casa de enfrente. Su padre la transmitía desde algún lugar de la ciudad, donde lo había oído por la radio, pero no llamaba a su casa con tanto interés por dar la noticia, como por pedir que le mandaran ropa al aeródromo porque se iba para Cartagena, como en efecto se fue.

La mejor manera de conocer un pueblo es leyendo las páginas judiciales de sus periódicos

El drama que cuenta Kanheto Shindo no es el drama de los muertos, sino el de los sobrevivientes, a través del espanto, el terror, el desconcierto y la inocencia de los niños de Hiroshima.

Debajo de mi litera, el marinero primero Luis Rengifo roncaba como un trombón. No sé qué soñaba, pero seguramente no habría podido dormir tan tranquilo si hubiera sabido que ocho días después estaría muerto en el fondo del mar.

El sol me abrasaba el rostro y las espaldas y los labios me ardían, cuarteados por la sal. Pero en ese momento no sentía sed ni hambre. La única necesidad que sentía era la de que aparecieran los aviones.

Yo sabía que en el piso de la balsa estaría a salvo de animales, porque la red que protege el piso les impide acercarse. Pero eso se aprende en la escuela y se cree en la escuela, cuando el instructor hace la demostración en un modelo reducido de la balsa, y uno está sentado en un banco, entre cuarenta compañeros y a las dos de la tarde. Pero cuando se está solo en el mar, a las ocho de la noche y sin esperanzas, se piensa que no hay ninguna lógica en las palabras del instructor. Yo sabía que tenía medio cuerpo metido en un mundo que no pertenecía a los hombres sino a los animales del mar y a pesar del viento helado que me azotaba la camisa no me atrevía a moverme de la borda.

Lo que hizo más larga mi primera noche en el mar fue que en ella no ocurrió absolutamente nada.

Es imposible que la noche sea tan larga como el día. Se necesita haber pasado una noche en el mar, sentado en una balsa y contemplando un reloj, para saber que la noche es desmesuradamente más larga que el día.

El hambre es soportable cuando no se tienen esperanzas de encontrar alimentos.

Un momento antes había pensado que era capaz de comerme un tiburón entero. Pero al segundo bocado me sentí lleno. Mi terrible hambre de siete días se aplacó en un instante. Volví a sentirme fuerte, como el primer día. Ahora sé que el pescado crudo calma la sed. Antes no lo sabía, pero observé que el pescado no sólo me había aplacado el hambre, sino también la sed.

Más que la sed, el hambre y la desesperación, me atormentaba el deseo de contar lo que me había pasado.

También en arte la honestidad tiene un valor que no puede menospreciarse.

Hay un instante en que ya no se siente dolor. La sensibilidad desaparece y la razón empieza a embotarse hasta cuando se pierde la noción del tiempo y del espacio.

Me resultaba más difícil morir que seguir viviendo.

Antes había sentido miedo de la noche, ahora el sol del nuevo día me parecía un enemigo. Un gigantesco e implacable enemigo que venía a morderme la piel ulcerada, a enloquecerme de sed y de hambre. Maldije el sol. Maldije el día. Maldije mi suerte que me había permitido soportar nueve días a la deriva en lugar de permitir que hubiera muerto de hambre o descuartizado por los tiburones.

En tierra, la primera impresión que se experimenta es la del silencio. Antes de que uno se dé cuenta de nada está sumergido en un gran silencio. Un momento después, remoto y triste, se percibe, el golpe de las olas contra la costa. Y luego, el murmullo de la brisa entre las palmas de los cocoteros infunde la sensación de que se está en tierra firme. Y la sensación de que uno se ha salvado, aunque no sepa en qué lugar del mundo se encuentra.

Nunca creí que fuera buen negocio vivir diez días de hambre y de sed en el mar. Pero lo es: hasta ahora he recibido casi diez mil pesos. Sin embargo, no volvería a repetir la aventura por un millón.

Durante mis diez días en el mar no tuve en ningún momento la sensación de que me volvería loco. La tuve por primera vez esa mañana, cuando daba vueltas al coco buscando un punto por donde penetrarlo, y sentía batirse entre mis manos el agua fresca, limpia e inalcanzable.

Resulta imposible establecer, por la experiencia de Hiroshima, los verdaderos efectos de la bomba atómica. El lugar donde estalló —a 600 metros de altura, pues fue lanzada en un paracaídas— era el centro geográfico y al mismo tiempo el centro comercial de la ciudad. En torno a ese centro, en un área de dos kilómetros y medio, los habitantes fueron víctimas inmediatas de la radiactividad, el calor y la explosión. En el área de dos kilómetros y medio en torno al centro de radiactividad fueron víctimas de las reacciones térmicas y de la explosión. De allí en adelante, en un área de seis kilómetros en la cual se encontraba el noviciado de la Compañía de Jesús, las víctimas fueron ocasionadas exclusivamente por la explosión.

En la actualidad, y en virtud de una ley japonesa que ordena sea construida en concreto toda casa con más de dos plantas, la ciudad está completamente modernizada, y tiene la calle más ancha del mundo: más de cien metros. Pero para transitar por esa calle hacen falta las 240 000 personas que murieron en la explosión.

«De pronto vi un resplandor como el de la bombilla de un fotógrafo», dice el padre Arrupe. Pero no recuerda haber escuchado la explosión. Hubo una vibración tremenda: las cosas saltaron de su escritorio y la alcoba fue invadida por una violenta tempestad de vidrios rotos, de pedazos de madera y ladrillos. Un sacerdote que avanzaba por el corredor fue arrastrado por un terrible huracán. Un segundo después surgió un silencio impenetrable, y el padre Arrupe, incorporándose trabajosamente, pensó que había caído una bomba en el jardín.

Gente humilde de las aldeas vecinas trataban de llegar al centro de la catástrofe. Pero era imposible. Las enormes llamaradas de más de un ciento de metros de altura impedían el acceso a la ciudad. Antes del mediodía comenzaron a desarrollarse fantásticos fenómenos atmosféricos.

Los ciclistas urbanos son audaces, porque saben —o esperan— que los conductores de vehículos automotores se cuiden de no atropellarlos.

Cuando llegué al parquecito de Laureles, que con ocasión del evento había sido adornado con papel de colores, me sentía desconcertado: no veía el comité de recepción por ninguna parte. Ni siquiera sabía dónde era la meta. A alguien que pasaba por el parque, le pregunté:
—¿Dónde está la gente?
—Uf —me respondió—. Todos se fueron hace rato.

—Di que no me pienso casar, porque quiero seguir corriendo por un tiempo.
—¿Y el matrimonio sería un obstáculo?
—No —respondió—. Pero ya no sería lo mismo.

Para lo que hay que ver con un ojo basta.

No pensaba en la catástrofe, pues no había podido formarme la idea de que era cierto. Sólo cuando llegué a la avenida Jiménez toda la verdad se me metió turbulentamente por los oídos. Un voceador de prensa pasó junto a mi automóvil, gritando que «la familia de Ramón Hoyos pereció en la catástrofe». Compré el periódico, sin poder dar crédito a mis ojos. Costó tanto trabajo convencerme que antes de preguntar en las oficinas de la empresa aérea si había cupo para Medellín fui a las oficinas de los periódicos a que me confirmaran la noticia.

Me alarma mi compromiso con el público. Con este público colombiano que cada día exige más y más, cuando ya uno sólo vive para darle a ese público todo lo que puede.

Un chofer es un obrero que recorre en su vehículo, diariamente, un promedio de 300 kilómetros. Con una edad media de 38 años, hace de 12 a 14 viajes al día, y tiene que entendérselas, en la realización de uno de los trabajos más dispendiosos y agotadores que puedan existir, con 800 personas de diferente educación, diferente temperamento y diferente volumen, cosa que en la industria del transporte es muy importante.

Una Cleopatra de mármol que cierto impertinente arqueólogo francés descubrió la semana pasada en el norte de África, parece ser enteramente distinta de la Cleopatra de vértigo y de sueño que los hombres de varios siglos hemos conocido en el corazón. Falta por demostrar cuál de las dos es igual a la Cleopatra auténtica. Sin descartar la posibilidad de que incluso después de comprobada la semejanza de la Cleopatra de mármol con la Cleopatra real, nuestra íntima, imaginaria y apócrifa Cleopatra siga siendo la verdadera.

En Buckingham Palace se ha presentado un grave problema doméstico que es un grave problema de estado: hay que entretener al ama de casa, una viuda digna, discreta y apacible que colaboró con su esposo en el gobierno del imperio más grande y complicado del mundo, y ahora no sabe cómo gobernar su soledad.

Hasta hace dos años su soledad era entrañablemente compartida con la soledad del rey, en una íntima y armoniosa soledad total de los dos en compañía.

Día a día se restringe la originalidad temática del cine y se fortalece amplia y lamentablemente su dependencia de otros géneros con los cuales el verdadero cine, el cine puro y auténtico, puede tener elementos y hasta intereses comunes, pero a los cuales no debe sacrificar sus elementos propios. La crisis de argumentos originales —que es realmente una crisis de argumentistas de cine— no debe considerarse sino como una crisis del cine. Una crisis ante la cual no pueden conformarse los verdaderos cineastas, aunque ella sea resuelta con algo tan respetable y tan parecido al cine como el teatro fotografiado o la novela relatada en imágenes parlantes.

Henry Green, un criminal de Atlanta, debía estar muerto desde hace 48 horas, de acuerdo con la sentencia. Pero al llegar la fecha fijada para la ejecución, el sentenciado no se sentía bien de su hernia, y no es propio de una nación civilizada sentar en la silla eléctrica a un hombre que está en peligro de morir por una causa distinta de la dispuesta por los jueces.

Vale la pena investigar si es más cruel sentar en la silla eléctrica a un Henry Green agonizante de hernia que concederle la oportunidad de curarse de su hernia en veintidós días a un Henry Green agonizante de su silla eléctrica.

Un grado de primitivismo tal vez no le vendría mal a la pena de muerte. Por lo menos se evitarían episodios extremadamente civilizados, como el del pobre Henry Green, que para conservar su vida indefinidamente debe estar rogándole a Dios que le permita seguir muriéndose indefinidamente de su hernia. Que la pongan presa.

Un ciudadano de Buenaventura se apoderó de una lancha sin autorización del propietario. Lo pusieron en la cárcel, como era apenas natural, porque se justifica judicialmente que un hombre haya perdido el empleo, pero no se justifica que junto con el empleo haya perdido la honradez. De manera que lo pusieron en la cárcel. También en Buenaventura otro hombre perdió su empleo, pero en vez de apoderarse de una lancha se dedicó al progresista y honorable oficio de lotero. Hace dos días el honrado lotero fue a la cárcel —como el que se robó la lancha—, pero no en calidad de detenido, sino en calidad de lotero, que está dispuesto a vender sus últimas fracciones aunque para lograrlo sea preciso perturbar la paz de las cárceles, que algo tiene que ver sin duda con la paz de los sepulcros. El honrado lotero se encontró con el aprehensor de lanchas ajenas, y éste adquirió con el dinero derivado de ilícito alquiler del vehículo la última fracción del lotero. Si la fracción no hubiera resultado favorecida, esta sería una edificante historia moral. Pero ocurrió exactamente todo lo contrario. Total, el lotero se ganó cincuenta centavos y el presidiario diez mil pesos. Parece entonces como si en este enigmático episodio hubiera algo que no es enteramente correcto. Algo ante lo cual nada se puede hacer, como no sea poner a la suerte en la cárcel. Por abuso de confianza, tal vez.

Ayer, para celebrar sus bodas de plata, Wilhelm se vistió de chaqué y chistera y Melitta de traje largo y velo. Parecían exactamente lo que eran: dos enanos vestidos de novios para celebrar sus veinticinco años de vida conyugal.

Al fin de tanta maravilla progresista, de tan desaforado entusiasmo científico, nada de extraño tendría el hecho de que un día de estos progresáramos tanto, que un invento supremo nos pusiera de un golpe en la edad de piedra, para empezar otra vez por el principio.

Tratando de aislar por un tiempo a Guareschi de la sociedad, se le ha puesto en contacto muy probablemente con una realidad más tenebrosa y real que la que el escritor ha tratado de combatir en la calle. Al menos si estuviera en Colombia.

Lo dejó zarpar con esa ingenuidad de que disponen las mujeres perspicaces cuando se les dice todo, absolutamente todo, menos la verdad.

El problema es que todo inventor, antes de inventar algo, debe inventarse a sí mismo como inventor.

Suicida es una persona que se mata porque le tiene miedo a la muerte.

El hombre que inventó el celofán.
En Zurich, a los 82 años de edad, acaba de morir uno de los grandes benefactores de la humanidad: Jacques Edwin Brandenberg, químico suizo, inventor del papel celofán. Como homenaje a él, eliminamos emocionadamente las comillas y escribimos: papel celofán, sin las muletas que le han servido a esa palabra para transitar por el idioma castellano, cuyos académicos envueltos en papel celofán, no se han dignado entregar las cartas credenciales a su propia envoltura. Jacques Edwin Brandenberg ha muerto, sin pensar acaso que a él debe la humanidad algo más poético que una substancia impermeable. Su hermosa imaginación de sabio interesado en encontrar una luminosa materia que sirviera para envolver los bombones, descubrió el maravilloso secreto para civilizar el vidrio. Tal vez los académicos de la lengua castellana hayan tenido razón al vacilar en la legitimación del papel celofán, porque acaso el celofán no sea papel sino sencillamente vidrio: vidrio dócil, manso, domesticado, puesto al alcance de las manos y la imaginación de los niños. No se puede concebir que alguien haya inventado el papel celofán sin relacionar automáticamente ese invento con una mentalidad infantil. Sólo la curiosidad de ver el interior de las cosas, de conocer el contenido de los aguinaldos sin necesidad de estropear su envoltura, pudo sugerir a un sabio suizo la idea de que los objetos fueran envueltos en vidrio, que era la única manera de conservar en ellos el hermoso atractivo que tenían en los escaparates, antes de ser comprados. No es posible pensar en la utilidad y al mismo tiempo en el papel celofán. Esto último es la fantasía, una necesidad de juguete que permite llevarse a casa los objetos con vitrina y todo, como lo soñaron los niños de todo el mundo antes de que se inventara el papel celofán. Por eso Jacques Edwin Brandenberg es una gloria de la humanidad. Por haber creado una útil y muy higiénica realidad de mentirijillas, al lado de la realidad verdadera que sirve para muchas cosas menos para que sean más bellos los bombones. El autor de semejante prodigio, muerto ayer, merece que su cadáver sea conservado a la vista de las generaciones futuras, no en un suntuoso ataúd de cedro, sino en una transparente, impermeable y gloriosa envoltura de papel celofán.

La fiesta brava no vive tanto de los toros como de la posibilidad de que siempre haya un español dispuesto a prolongarla. Si se piensan las cosas con cuidado, un torero es un español que no sabe nada más que lidiar un toro. Si supiera hacer algo más, él sería el primero en consagrarse a su oficio y dejar la lidia para las vacaciones.

Los diabéticos han empezado a ser más saludables desde el momento en que decidieron hacer un oficio de su enfermedad. No es un simple entretenimiento, porque su dolencia es lo esencial de su vida. Una vida que bien llevada, bien orientada y, sobre todo, vivida con orden y optimismo, vale más y sin duda durará mucho más que esas vidas al garete, cuya enfermedad más peligrosa es su atolondrada y rebosante salud.

Cuando el pueblo lo dice es porque el pueblo lo sabe.

El tigre de Juan Mina es tan voraz como famoso, de manera que los vecinos han resuelto sacrificar la fama del implacable felino y abatirlo a tiros en la primera oportunidad, que para el tigre será la última.

Uno de los secretos de la propaganda moderna es la sobriedad, es hacer que la propaganda no se parezca a la propaganda. Nada menos indicado — pues si lo que se quiere con los noticieros a que nos hemos referido es hacer propaganda— que mortificar al presunto cliente de tal propaganda imponiéndole a la fuerza el martirio de ver repetidas hasta el cansancio unas mismas escenas cinematográficas. La fuerza no es buena aliada de la propaganda como no es la fuerza buena aliada de ninguna obra encaminada a lograr simpatías.

Se dice que todo hombre es viudo desde los 16 años, pero en cambio no todo hombre es soltero aunque no esté casado, porque la soltería no es un estado civil sino una manera de pensar.

La psicología del dentífrico
No parece razonable que un hombre se divorcie porque su esposa apriete por el centro el tubo de la pasta dentífrica. Pero es razonable. Precisamente por serlo, en Copenhague acaba de serle concedido el divorcio a un caballero cuya mujer apretaba por el centro el tubo de la pasta dentífrica. Lo único que es poco razonable en este caso es que se hayan mantenido en reserva los nombres de los divorciados y permitido así que la mujer se convierta en un peligro ambulante. Cualquier día contrae segundas nupcias, y el otro incauto tendrá también que divorciarse, por los mismos motivos del primero. A primera vista, una mujer que insiste en apretar por el centro el tubo de pasta dentífrica es sencillamente una mujer que no sabe hacerlo de otra manera. Pero si se le indica la manera adecuada de hacerlo y a pesar de eso insiste en sus métodos bárbaros, entonces es bastante probable que la distinguida y respetable dama sea todo un problema de psiquiatría. Un matrimonio que no se pone de acuerdo en cuanto a la manera de apretar el tubo de pasta dentífrica es un matrimonio perdido, que nunca acabará por ponerse de acuerdo en la manera de hacer ninguna cosa. Si en el país donde eso ocurre existe el divorcio, es razonable que se disuelva el matrimonio. Si no existe el divorcio, tal vez lo más razonable sea que se firme un tratado de paz, con base en dejar para siempre de usar pasta dentífrica.

No se cayó muerto porque no tenía dónde caerse muerto

En realidad, diciendo que nunca pasa nada extraordinario se está diciendo mucho, y de paso se está diciendo lo mejor.

Es increíble que un inglés, siendo inglés y además acaudalado y graduado en Eton, haya hecho lo que dice el cable que hizo Richard de Wendfenton, un acaudalado inglés graduado en Eton.

Tarde o temprano se sabrá qué piensa la gente de estos insólitos elefantes, que acaso sean quién sabe qué clase de animales enormes disfrazados de elefantes.

Usos y abusos del paraguas.
Si se levantara un cuidadoso cuadro estadístico de los hombres que usan paraguas se establecería que cuando llegan las lluvias desaparecen los paraguas. Es natural: el paraguas es una prenda demasiado fina, demasiado delicada y hermosa para permitir que lo destruya el agua. El paraguas, como su nombre no lo indica, no se hizo para la lluvia. Se hizo para llevarlo colgado del brazo, como un enorme murciélago decorativo, y para facilitarle a uno la oportunidad de hacerse el inglés, cuando las condiciones atmosféricas lo exijan. Si se investigara la historia del paraguas, se descubriría que fue hecho con una finalidad muy distinta de la que quieren atribuirle los paragüistas formales, que son aquellos equivocados caballeros que sacan a la calle el paraguas cuando parece que va a llover, no sabiendo que exponen su preciosa prenda a un lavatorio que no figuraba en su programa. Para la lluvia se han inventado los sombreros de corcho y los periódicos de más de ocho páginas. Más aún: antes del sombrero de corcho y de los periódicos de más de ocho páginas, se había inventado la lluvia precisamente para eso: para que le cayera encima al feliz transeúnte que no tiene ningún motivo para no disfrutar de un chaparrón de agua pura y celeste, el mejor preventivo que hasta hoy se ha inventado contra la calvicie. La disminución de los paraguas durante las épocas de lluvia demuestra que todavía quedan muchos caballeros de los que saben para qué se hizo ese árbol negro hormado con ramas metálicas, inventado por alguien que se desesperaba ante la tentadora idea de no poder cerrar un arbusto y salir a pasear con él, colgado del brazo. Una inteligente dama ha dicho: «El paraguas es un artículo de escritorio». Y así es, y está muy bien que así sea, porque se supone que junto a cada escritorio debe de haber un perchero y en el perchero un paraguas. Pero un paraguas seco. Pues un paraguas mojado es un accidente, un barbarismo, un error de ortografía, que es preciso abrir en un rincón hasta cuando se corrija por completo y vuelva a ser un paraguas verdadero. Una cosa de llevar por la calle, para asustar a los amigos y en el peor de los casos para defenderse de los acreedores.

El desvío

Marcelo Luján

El desvío

El desvío

En pleno viaje nocturno, un conductor encuentra a una mujer que pide auxilio pues ha tenido un accidente en su auto y su hija ha quedado atrapada en él. Sin pensarlo, el chofer se lanza al rescate. Lo mejor es cuando al día siguiente aparece en el diario la noticia del accidente. Calificación de 10.

Yuyal: Paraje poblado de diversas hierbas silvestres.
Refucilo: Relámpago

Pasó frente al bar: estaban cerrando. La cuadrilla de perros nocturnos hacía guardia cerca de la puerta con esa perseverancia con que suelen hacer guardia cerca de las puertas las almas que poco tienen.

Luque lo miró con las manos sobre el volante, como si esperara eso que nunca debemos esperar.

¿No será eso la madrugada?, pensó: cualquier luz enseñando cualquier camino.

El tiempo, a veces, es difícil de medir.

La mujer parecía tranquila. Y de su boca brotaban tantos silencios.

Supo que esa era la verdadera oscuridad: rotunda, pendenciera, frágil, un mundo paralelo en donde pocos saben moverse y donde el entorno es apenas un recuerdo de lo que alguna vez quisimos olvidar.

Y pensó en las esperas: en las malas y en las buenas, en las que alguna vez nos recomendaron y hasta obligaron, en las inevitables.

Decía el sabio Cortázar que, en el ring donde contienden la literatura y los lectores, una buena novela gana por puntos mientras que un buen relato debe hacerlo por K.O.

El evangelio que no me enseñaron

Javier A. Ramón

El evangelio que no me enseñaron

El evangelio que no me enseñaron

El autor nos comparte su testimonio cuando, al ser enfrentado con lo aprendido del evangelio durante su vida, una nueva perspectiva le es revelada y entonces modifica su visión del amor del Padre. Así, conceptos como la iglesia, el asistir a la misma, orar, leer la Biblia, el servicio, la voluntad de Dios, la conciencia, la gran comisión, la santidad y el descanso, toman un renovado matiz, enterrando viejos significados y basándolos ahora en el profundo amor de Dios. Calificación de 10.

Lo bueno en muchas ocasiones es el mayor obstáculo de lo mejor porque crea conformismo. El conformismo crea rutinas y las rutinas matan la pasión por el Ser Amado.

No es lo mucho que asista a la iglesia, o que ore, o que lea la biblia, o que evangelice lo que determina mi bendición. Mi bendición está en cristo y solamente en Él.

La iglesia no es un lugar al que se asiste. El “lugar” somos nosotros. Además, juntos formamos el cuerpo y la persona de Cristo. Y esa persona está fusionada a la Cabeza que es Cristo.

El congregarse tiene como propósito el que Cristo sea manifestado y revelado entre los participantes de tal manera que Él sea glorificado. Cristo es la cabeza de las reuniones de la iglesia. En muchas ocasiones Cristo tiene que estar sujeto a los programas de las iglesias y no hay cabida para que Él sea manifestado y revelado.

Juan 5:39-40 (RVC), “Ustedes escudriñan las Escrituras, porque les parece que en ellas tienen la vida eterna; ¡y son ellas las que dan testimonio de mí! Pero ustedes no quieren venir a mí para qye tengan vida.”

No busques Vida en la lectura o estudio de la Biblia porque la vida no está en el estudio o la lectura, la Vida es Cristo.

Leamos la Biblia para encontrar a Cristo, no para aprender qué hacer en este mundo. Cuando experimentamos a cristo en Su realidad, Su vida nos enseña qué hacer y cómo hacerlo.

El servicio es el resultado de una experiencia de amor y comunión

El servicio no puede ser un fin en sí mismo porque se convierte en una carga.

Tu identidad no la determina tus sentimientos. Tu identidad es determinada en cristo. Eres hijo. Eres hija. Si se lee la Escritura como siervo, se actuará como tal. Si se lee la misma como hijo, de igual manera se actuará. Somos hijos por nacimiento. Hemos sido engendrados por Dios.

El servicio no es “Yo hago para Dios”. El servicio es “Él hace por medio de mí.”

La voluntad de Dios no se busca, es revelada. No nos corresponde buscar la voluntad de Dios, nos corresponde recibir la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios se revela en la persona de Cristo. No hay que buscarla o hacerla porque ya ha sido cumplida. (Juan 4:34, 6:38) Juan 6:40 dice, Porque ésta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquél que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna.”

Las decisiones personales que tomamos no determinan si estoy o no en la voluntad de Dios. Mi unidad con Él hace que siempre esté en Su voluntad. Si me salen las cosas bien, estoy en Su voluntad. Si me salen las cosas mal, estoy en Su voluntad. No importa lo que viva en esta tierra siempre ando en la voluntad de Dios porque mi vida está en Cristo permanentemente.

El evangelio verdadero te lleva a tener conciencia de la vida de Dios en tu vida. No a decidir qué está bien o qué está mal.

Tomemos decisiones conscientes de Dios de tal manera que el poder de Su resurrección se manifieste a cada instante.

Los creyentes no viven fundamentados en responsabilidades, viven fundamentados en el amor de Dios.

“Yo no sé si es un pecador, pero lo que sé es que yo antes era ciego, ¡y ahora puedo ver!” (Juan 9:25).

Las buenas noticias son todas aquellas que señalan o apuntan hacia la persona de Cristo, su persona y su obra. Cristo es la Buena Noticia. Esto quiere decir que no hay un contenido restrictivo al evangelizar. […] Se puede compartir buenas noticas del amor de Dios, de la compasión de Dios, del consuelo de Dios, de la fortaleza de Dios, de la grandeza de Dios, de la salvación de Dios, del carácter de Dios, de la bondad de Dios, del poder de Dios, de la gracia de Dios. No hay límites para las buenas noticas en Cristo. Decir que Dios salva por medio de Cristo es una buena noticia. Decir que Dios sana es una buena noticia. Decir que Cristo te ama es una buena noticia. Decir que Dios me ha consolado es una buena noticia.

La santidad no tiene que ver con pecar o dejar de pecar. La santidad es la vida de Cristo en la vida de cada uno de sus hijos e hijas. Por fe fuimos salvos y permanecemos salvos. Por fe somos santos y permanecemos santos.

Dios no depende de nuestras acciones para amarnos y expresar Su amor a nosotros en una forma personal, íntima y genuina. Nadie lo merece, pero Él lo da como quiera.

Cumplir con lo requerido ha sustituida amar a lo querido.

Del árbol del cual comiera Adán, produciría que el estilo de vida que representaba cada uno gobernaría su vida por siempre. Si comía del árbol de la vida entonces la vida de Dios gobernaría en su ser. Si comía del árbol del conocimiento del bien y del mal, que fue lo que ocurrió, provocaría que ese estilo de vida gobernara sobre él. […] La naturaleza adámica es gobernada por el bien y el mal. Ésta se fundamenta en leyes y reglas. Las leyes y reglas te dicen lo que tienes que hacer, pero no te dan la fuerza para hacerlo. En las mismas no hay misericordia. Todo el que vive tratando de hacer el bien y evitando el mal, vive fundamentado en el árbol equivocado llámese creyente o no. Es por eso que Dios destruye la naturaleza de Adán en la cruz. Su muerte permitió que se pudiera entonces comer del árbol de la vida, cristo, lo cual era la intención de Dios desde el principio.

El evangelio no es para hacer el bien y evitar el mal. La vida cristiana se trata de ser amado y amar. En el amor de Dios hay libertad. Cuando se ama, se cumple en forma natural con el llamado “bien” y se evita el llamado “mal”.

Su amor sustituye el egoísmo que hay en nosotros y permite que se pasen por alto las heridas y laceraciones cometidas. El amor es absoluto. El amor no está bien ni mal. El amor ama y punto .el amor cubre multitud de faltas. El amor nunca deja de ser. El amor siempre consuela y restaura. El amor construye. El amor comprende. El amor levanta.

Asuntos internos. El lado secreto del liderazgo.

Dante Gebel & Lucas Leys

Asuntos internos. El lado secreto del liderazgo

Asuntos internos. El lado secreto del liderazgo

Ambos autores, líderes en sus respectivos ministerios orientados principalmente a los jóvenes, ponen en la mesa sus experiencias para que el liderazgo de la iglesia actual pueda tomar en cuenta sus vivencias y evitar caer en errores que oasionen costos altos a quienes los siguen.
Calificación de 9.

Desopilante: Que causa risa o carcajadas.
Usina: Rumor.
Lindar: limitar.

La gente solo quiere ser famosa para luego ponerse gafas oscuras y que nadie los reconozca.

Nuestra relación personal con Dios, ¿es proporcional a lo que esperamos obtener en nuestro ministerio?

Si aspiramos a disfrutar los beneficios de la unción, debemos soportar las molestias de la unción.

No hay nada que desgaste más la energía y subestime tanto el tiempo de las personas como un líder fluctuante que maneja su ministerio con el método de prueba y error.

Aprendices de todo y maestros de nada.

Muchas veces me encuentro con jóvenes que quieren saber la voluntad específica de Dios para sus vidas o quieren discernir el llamado de Dios para ellos, pero todavía no han comenzando a hacer lo que ya saben que Dios pretende de nosotros en general. Comienzan haciendo eventos o subiéndose a un púlpito porque les resulta atractivo hacerlo, o porque «alguien lo tiene que hacer». Toman la batuta de un ministerio porque son los más simpáticos, o tocan la guitarra porque son el hijo del pastor, pero no tienen en claro qué es lo que quieren lograr. Deciden hacer un congreso porque fueron a un congreso y les gustó lo que vieron, deciden ser líderes de alabanza porque les gustaría ser cantantes famosos o porque les gusta cómo Hillsong mueve a las masas, o quieren ser pastores porque les seduce el poder y el rol de decirle a la gente lo que tiene que hacer. Por eso es fundamental poner los propósitos a los que Jesús nos convoca en claro para todos los líderes cristianos. Ese es el punto de partida, porque sin apuntar a los intereses de Dios no es posible ser un líder cristiano eficaz a los ojos del cielo.

Si quieres alcanzar el éxito en el ministerio y en la vida no puedes estar siempre haciendo cosas diferentes sin comprometerte con ninguna. Debes tomar muy en serio tu llamado. Sea que sea al pastorado, a la abogacía, a la industria, al arte o a las finanzas, si Dios te llama a algo te toca hacerlo bien y cada vez mejor. No importa si otros tienen un llamado más espectacular o mejor recompensado a los ojos de los hombres. Si ese es tu llamado no hay nada más importante que puedas hacer con tu vida. Es TU vida y no puedes desperdiciarla intentando agradar a los demás o copiando a otros. Es imposible sentirnos realizados comparándonos con alguien más o haciendo las cosas para imitar o competir con otras personas. No podemos hacer todo. Tenemos que empeñar nuestro mejor esfuerzo en algo que nos apasione, y siempre asegurarnos de estar siguiendo los intereses de Dios al hacerlo.

En vez de hacer un poquito de todo hay que hacer de todo por ese poquito que nos toca.

Una de las facetas en las que más se nota si un líder o un ministerio tienen propósitos claros es cuando realizan eventos especiales. Mirando entre líneas las publicidades y los comunicados de prensa se puede descubrir bastante acerca de a quién quieren impresionar o a quién están tratando de imitar. O, peor, se puede notar que no saben a quién quieren impresionar.

Si no hay propósitos santos, habrá propósitos pecaminosos. Sí. Eso es lo que ocurre cuando no tenemos un foco claro.

En el mundo complejo de hoy, los líderes más sobresalientes son especialistas. Tienen un foco definido y, si bien permanecen sensibles a las necesidades que hay a su alrededor, tienen en claro qué es lo que pueden y deben hacer y qué es lo que no, independientemente de lo que los opinólogos digan.

Herejía no es solo aquello que no está en la Biblia, sino también las doctrinas que se sacan fuera de contexto.

Nunca subestimes a Dios suponiendo que se transformó en un pusilánime en el trayecto de Malaquías a Mateo, porque el día que lo subestimes dejarás de temerle, y un líder sin temor de Dios es la peor catástrofe que puede sucederle al Reino.

El postrarse sobre su rostro era una señal de humillación extrema. Lo importante, entonces, no es saltar, rugir como un búfalo, temblar, gritar desaforadamente o deslizarse por el suelo de la iglesia como un reptil. Lo medular, y lo único realmente importante, es que el corazón de la persona quede expuesto, lo oculto salga a la luz, y solo le reste adorar con una convicción profunda de su necesidad de arrepentimiento.

El Señor había determinado hasta el aroma que el incienso debía tener, «un incensario lleno de brasas, junto con dos puñados llenos de incienso aromático en polvo …». (Levítico 16:12)

Todos recordamos la tristemente célebre historia de Uza, quien de alguna manera fue víctima de la negligencia y la subestimación de las leyes por parte del rey David al intentar traer el arca a Jerusalén a su modo. Una vez más, esto demuestra que cuando Dios traza directivas puntuales, las buenas intenciones no logran equilibrar la balanza. Quizás los hijos de Aarón cometieron el mismo error, pensando: «Tal vez podamos preparar el incensario a nuestra manera». Si aún no entiendes por qué pensar así pudo haber sido una torpeza, entonces echa un vistazo a los fariseos y a los judíos que trataban de meter a Cristo en su pequeña «cajita feliz». Lo etiquetaban de revolucionario, pero él afirmaba que había que darle al César lo que le correspondía. Decían que era un simple carpintero, pero él dejaba boquiabiertos a los doctores de la ley. Era un judío, pero se relacionaba bien también con los gentiles. Un rabino que prefería las calles a las sinagogas. Un hombre santo que se codeaba con prostitutas.

Tal vez el hecho de no haber podido etiquetarlo fue la razón por la cual decidieron llevarlo a la cruz. Les resultaba más que obvio que este Mesías que hablaba con samaritanos y sanaba en el día de reposo no era el que estaban necesitando.

A largo plazo quien imita a otros termina siendo siempre número dos.

No seamos tan necios de querer construir enramadas en donde solo debe haber adoración genuina.

La innovación es lo que distingue a un líder de un seguidor. Steve Jobs.

Si bien hay propósitos sagrados, no hay metodologías que lo sean. La Biblia no cambia, y Dios menos, pero cada generación de la iglesia debe encontrar cómo ser efectiva en cumplir con los propósitos de Dios en su particular contexto temporal y espacial, y por eso es tan urgente la creatividad.

Hay cosas que no cambian, pero nuestros formatos, lenguajes y ritmos ministeriales se deberían acoplar a las tendencias y códigos de la generación que intentamos alcanzar.

No es el templo ni nuestras costumbres lo que nos define como iglesia. Es la misión y el amor de Dios hacia nosotros y entre nosotros lo que nos hace iglesia, y por lo tanto podemos usar nuestra creatividad mientras mantengamos firme esto que sí es sagrado.

Puede que no todas tus «locuras» sean ideas creativas. Teñirte el cabello de verde y tatuarte «Jesús» en el brazo no te convierte en un precursor. Y en algunas naciones, usar traje y corbata puede resultar un acto de rebeldía.

Se cela lo que otro tiene cuando creemos tener derecho a tenerlo nosotros.

Desde la perspectiva del liderazgo cristiano invertir en otros es también invertir en tu propio crecimiento.

Hacer lo correcto es más importante que hacer las cosas correctamente

¿Qué es, entonces, lo que nos diferencia del mundo? Obviamente no es el que no seamos pecadores, sino el hecho de que hemos reconocido el milagro de la cruz y ahora, en agradecimiento a esa misericordia, intentamos no pecar. Pero, siguiendo al apóstol Pablo, no es que ya lo hayamos alcanzado. Proseguimos a la meta, pero seguimos teniendo nuestras luchas.

Este es un nuevo mundo que necesita un nuevo liderazgo, y que la autenticidad y la transparencia son más apreciadas hoy que nunca antes en la historia. Y las redes nos van abriendo un gran ventanal a eso.

Cuando todo está bien, está todo bien. Pero cuando tuviste una semana difícil, estás pasando una prueba o algo en particular de la vida cristiana te cuesta mucho, no está mal ni te va a robar autoridad el confesarlo. Incluso hace bien en dos niveles. Es un desahogo para el que confiesa, y de alguna misteriosa manera es un consuelo para el que lo escucha porque de repente no se siente tan solo ante sus propios desánimos.

Cada vez que oigas a alguien hacer alarde de su unción y de su inquebrantable santidad, puedes estar seguro de que las alarmas ya están sonando y que en realidad ese líder está luchando con algo mucho más grave de lo que imaginas. La historia es testigo de que cada vez que algún predicador levanta su dedo acusador (lo cual no estaría mal si defendiera la santidad en general, pero se pone a él mismo como ejemplo inmaculado), es porque se avecina la catástrofe.

¿Será imprescindible que un teclado haga una música melódica para ayudar al Espíritu Santo al final de la predicación, y que al terminar el mensaje se cante la misma canción cuatrocientas veces y media para que el público llore? Yo sé. son costumbres que muchas veces se hacen solo por inercia y no por pretender manipular un resultado en las emociones de la gente. Pero, ¿no están de acuerdo conmigo en que valdría la pena revisar por qué hacemos lo que hacemos y decimos lo que decimos?

Necesitamos despojarnos de tanto modismo evangélico y comenzar a practicar un cristianismo más real.

Un líder espiritual y ungido no es aquel que vive una vida color de rosa, alejado de las cosas cotidianas y negando la realidad para darle una aspirina espiritual a sus oyentes. Es aquel que a pesar de los desafíos de la vida mantiene el rumbo y da cuenta de cómo Cristo también se manifiesta en una vida normal, urbana y actual.

No es la gente la que tiene que aprender a ubicarse en su rol de ovejas, sino nosotros los que tenemos que comprender hasta donde llega nuestro rol de pastor.

Y tú que ahora que estás en el llano, toma lista de lo que nunca harías y contrata a alguien para que te lo recuerde cuando estés en las grandes ligas.

Y por sobre todas las cosas, tengas la posición que tengas, cuídate de alguien muy peligroso y destructivo que ya ha demostrado que no es confiable y que ha hecho fracasar a muchos consiervos. No lo escuches. No permitas que te critique ni te que halague. No tienes buenas referencias suyas como para que tengas que dignarte a oírlo. No, no hablaba del diablo. Cuídate de ti mismo.

«Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿quisiera hacer lo que voy a hacer hoy?». Si la respuesta es «no» durante demasiados días seguidos, entonces sé que necesito cambiar algo en mi lista de prioridades.

La falta de tiempo no es del diablo, la falta de tiempo ¡ES el diablo!

Asumimos que a mayor activismo, mayor unción. Pero casualmente es todo lo contrario: No hay nada que atente tanto contra la unción y la consagración como el agotamiento físico, mental y espiritual.

No quiero llegar a viejo queriendo remediar como abuelo lo que no hice como padre.

Por supuesto que todo tiene dos puntos de vista: el equivocado, ¡y el mío!

Hay una generación que clama por transparencia en los mensajes, y que necesita que se le hable de manera frontal, directa y sin eufemismos. El enemigo no manda sus mensajes de manera subliminal, sino que abierta y descaradamente ofrece su mercadería a quien quiera tomarla. Nosotros no podemos seguir hablando a través de metáforas cuando se trata de alertar sobre peligros reales que pueden ocasionar la muerte espiritual de los líderes cristianos.

Un sueño que no incluye ningún peligro no es digno de ser soñado.

En el prólogo de tu vida está tu familia, tus experiencias pasadas, tu llamado. Pero el epílogo depende de tu persistencia. Muchos que comienzan bien terminan mal, y muchos que comienzan mal terminan bien. Por eso la clave es luchar hasta al final sin importar cuál fue el punto de partida.

Futbol Mexicano

Deporte, pasión, identidad e influencia de los medios de comunicación.
Héctor Gabriel Legorreta Cantera
Raquel García López

Futbol Mexicano

Futbol Mexicano

Según el prólogo se pretendía demostrar cómo es que los medios de comunicación influyen en las personas, y en particular en los aficionados al fútbol. No se descubrió el hilo negro pues sus conclusiones no fueron algo que no supiéramos. Lo que sí es muy bueno, es el trabajo de investigación para detallar la historia del fútbol. Calificación de 7.

El fútbol es un negocio que genera muchas ganancias para muchos y que, a su vez, no quieren que se sepa el monto real de las ganancias producidas por éste deporte.

El 8 de diciembre de 1863 fue el día en que el fútbol se separó del rugby. Esta separación fue más evidente seis años más tarde, cuando en las reglas de fútbol se prohibió en general el juego con la mano (no sólo llevar el balón con la mano). Ocho años después de la fundación, en 1871, la Asociación Inglesa de Fútbol contaba ya con 50 clubes. En este año se celebra la primera competición organizada de fútbol del mundo: la Copa Inglesa, la cual nación 17 años antes que el campeonato de liga.

Con el nacimiento de la televisión, se ampliaron las posibilidades de difusión y expansión del fútbol. Durante el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial, Hitler consideraba a la televisión como un excelente medio de propaganda. Fue así que el primer partido televisado fue el Italia contra Alemania en 1936. Sin embargo, éste fue diferido, pues se le hicieron las ediciones pertinentes.

Para la Copa Mundial de la FIFA México 1986, Televisa le impuso a la FIFA los horarios para la transmisión de los partidos, siendo jugados éstos a las 12 del día, para tener la mayor cobertura y que a su vez, coincidieran los horarios en la mayor cantidad de países posibles.

Los medios no comienzan a masificar el fútbol (que ya de por sí era un deporte popular), sino que la mismos popularidad del fútbol empujó a los medios a comenzar a darle cobertura y, en el caso de los medios electrónicos, a transmitir éste deporte para acaparar espectadores, que comenzó a significar patrocinios durante las transmisiones así como ganancias rentables.

Venden a los jugadores a precios altísimos para que, a la hora de repartir el total de la transacción entre los capitalistas del fútbol, puedan obtener la mayor cantidad de ganancias con el menor esfuerzo posible, agregando que el jugador es vendido como mercancía al mejor postor.

Vázquez Montalbán define al fútbol como fenómeno social de la siguiente forma: “Un club de fútbol es como una patria, un equipo de fútbol se convierte en un ejército simbólico desarmado que escenifica el juego dramático de la derrota o la victoria. Si tu equipo gana, el lunes será menos lunes. Si tu equipo pierde, el lunes será la evidencia misma de que hay días nefastos dentro de años nefastos inscritos en una vida nefasta”.

A pesar de que existe el concepto de fidelidad al equipo, nosotros descubrimos que específicamente en éstos dos casos que mencionamos [miembros de una familia que no le van al equipo que, por herencia y tradición, le ha ido el resto de la familia y los denominados “villamelones”] son grupos de personas que determinaron su identidad deportiva, no por una influencia personal determinada por el entorno, la cultura, su clase social, sus grupos sociales con los que mantiene vínculo, su familia o por determinaciones situacionales, sino específicamente por la influencia de los medios de comunicación sobre el individuo.

El hombre moderno, aprensado en un departamento, o sometido a una rutina de trabajo pesada, tiene oprimido el instinto de liberta y de agresividad, y el fútbol es el lugar ideal para darle un pequeño paseo.

El deporte pertenece al mundo del juego y el tiempo libre. Sin embargo las elites de los negocios, los medios de comunicación, el gobierno y los dirigentes políticos reconocen que es un ámbito muy abundante para lucrar, diseminar propaganda y provocar orgullo.

Los medios de comunicación, por otra parte, deben ser medios con un enfoque social, responsables, destinados a la preservación de valores y enfocados a mejorar la calidad de vida de la sociedad en su conjunto, pues la influencia que tienen puede determinar, en gran medida la idiosincrasia de todo un pueblo. Suena totalmente utópico esto último, pues lo que menos quieren las élites es la concientización de la población, pues dejaría de ser manipulable, y a su vez dejaría de ser consumista en exceso, lo que generaría grandes pérdidas para aquellas empresas que venden productos chatarra. Finalmente, creemos conveniente revisar el papel que están teniendo los medios de comunicación en la transformación de las grandes instituciones sociales, pues actualmente la televisión educa (sustituyendo la labor de la familia) y la televisión gobierna (sustituyendo la labor del Estado). Y es aquí donde la sociología debe preguntarse si en realidad las instituciones tradicionales (gran parte del ámbito de estudio de la sociología) corren el peligro de ser sustituidas o, incluso desaparecer, por obra e influencia de los medios de comunicación, pues éstos actualmente educan, forman y crean modelos estratificados de individuos según su cultura, educación, clase social y otras variables más.

El G-14 es una agrupación de los clubes más conocidos de Europa, que inicialmente eran 14, pero tras una reciente expansión han pasado a ser 18. Éstos equipos son: Alemania: Bayern Munich, Bayern Leverkusen y Borussia Dortmund; España: FC Barcelona, Real Madrid y valencia CF; Francia: Olimpique de Marsella, Paris Saint-Germain y Olimpique Lyonnais; Inglaterra: Manchester United, arsenal y Liverpool; Italia: AC Milán, Inter de Milán y Juventus de Turín; y Portugal: Oporto.

Señoras bien… que se portan mal

Javier Araiza

Señoras bien... que se portan mal

Señoras bien… que se portan mal


Pensé que se tratarían de relatos eróticos y el primero así lo parecía. Pero a partir del segundo se vuelven francamente pornográficos, rudos, directos y sin sutileza. Aun así, hubo espacio para palabras domingueras. Calificación de 6.

Cadejo: Parte del cabello muy enredada que se separa para desenredarla y peinarla.
Tráfago: Conjunto de negocios, ocupaciones o faenas que ocasionan mucha fatiga o molestia.
Derrengado: Torcer, inclinar a un lado más que a otro.
Piafar: Dicho de un caballo: Alzar las patas delanteras alternativamente, haciéndolas caer con fuerza y sin avanzar.
Vestal: Perteneciente o relativo a la diosa Vesta.
Indemne: Libre o exento de daño.
Felonía: Deslealtad, traición, acción fea.
Breñal: Sitio de breñas (Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza).

El sexo es el eje del mundo.

Invertí en el amor. Es la peor inversión.

Minas terrestres en el camino del creyente

Charles F. Stanley

Minas terrestres en el camino del creyente

Minas terrestres en el camino del creyente


El ser creyente no es garantía de inmunidad a los problemas de la vida. Lo que se tiene a la mano es la manera de enfrentarlos. Y menos si esos problemas son ocasionados por situaciones que a menudo son provocadas por uno mismo. Estas situaciones son como minas terrestres que pueden hacer explosión cuando menos se le espera. Orgullo, Celos, envidia, inseguridad, transigencia, rencor, desilusión, temor, inmoralidad e indolencia, son algunas de las minas que el autor nos detalla, pero también nos muestra la manera en que podemos evadirlas o minimizar los daños. Calificación de 8.

Agostada: Que ha rendido todo el fruto posible y ya no tiene casi vida.
Cáustica: Que es crítico, tiene ironía aguda y malintencionada.
Ominosa: Que es abominable y merece ser condenado y aborrecido.

Usted debe asimilar dos cosas. Primero, Dios es más grande que cualquier arma que Satanás pueda usar contra usted. A pesar de lo horrendo que pueda parecer el ataque de Satanás, Dios es omnipotente. Segundo, para vencer esos pecados, debe reconocer que Dios los ha prohibido todos y cada uno. Son minas que han sido colocadas en su senda, pero no tienen por qué llevarle a la destrucción.

Si el Espíritu de Dios detecta algo que está mal en usted, Él no le pide que lo corrija [ni que explique lo que ha hecho]; le pide que acepte la luz [de Dios] acerca de su situación, y Él lo corregirá. Un hijo de Dios confiesa al instante y se desenmascara delante del Señor. Un hijo de las tinieblas dirá: «Oh, puedo explicar eso». Cuando aparezca la luz y llegue la convicción de maldad, sea un hijo de la luz y confiese, y Dios se encargará de lo que está mal; si usted se justifica a sí mismo, demostrará que es un hijo de las tinieblas.

Los problemas son una parte natural de la vida, y la única persona que puede sastisfacer de manera perfecta nuestras necesidades es Jesucristo.

Los incrédulos tienen motivos para temer. Sus nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero. Se acumulan las presiones, llegan los problemas y no tienen la sabiduría que Dios ha dado a los que le han entregado su corazón y su vida a Él.

Cuando su corazón esté vuelto hacia Él, sentirá Su voz que le dirige y le guía en cada situación. Eso no significa que usted vaya a librarse de todos los embotellamientos del tránsito, las aflicciones y los desengaños de la vida, pero sí significa que Él va a estar con usted en cada paso del camino, le guiará, le dirigirá y responderá sus oraciones.

De todas las luchas que se analizan en este libro, el orgullo es la que tiene los resultados más devastadores.

Dios nunca rescinde su llamado. Puede que cambie las circunstancias, pero nunca pedirá que abandonemos su voluntad.

El orgullo siempre precede a la caída, mientras que la humildad recorre un largo camino hasta el éxito.

Siempre que empecemos a creer que somos tan importantes que no tendremos que dar cuenta por lo que hacemos o decimos, es seguro que vamos hacia una caída. O cuando rehusamos obedecer a Dios en un área específica, podemos esperar experimentar su disciplina en nuestra vida.

Muchas veces cedemos al pecado y pensamos: Oh, bueno, eso no tuvo importancia. Una vez que la persona siente que ha pecado sin consecuencias rara vez, o nunca, piensa: No voy a hacer eso más, porque sé que desagrada a Dios. En lugar de eso, cuando viene la tentación, la persona orgullosa repite la misma acción, solo que en un grado mayor.

Si usted está más interesado en vivir la vida a su manera que en agradar a Dios, entonces está enredado en el orgullo y Dios tendrá que quitarlo.

Si usted quiere de veras eliminar el orgullo de su vida, pida a Dios que le muestre cómo puede servir a otra persona.

La mejor manera de eliminar el orgullo de su vida es rodearse de personas que lo aprecien por las razones correctas y no para alimentar su ego. El orgullo es una piedra de tropiezo para muchos líderes debido a que hay una tendencia a rodearse de aquellos que dicen lo que creen que el líder desea escuchar. Si ve que eso se aplica también a usted, necesita entonces pedir a sus amigos que le sean honestos.

Cuando nos volvemos orgullosos, el discernimiento de Dios en nuestra vida se apaga. Comenzamos a tomar decisiones horrendas porque ya no tenemos disponible Su sabiduría. Es como si fuéramos chiquillos malcriados que exigieran hacer su voluntad, hasta que al fin nuestra madre o padre nos dice: «Bien. Haz lo que quieras». Cuando lo hacemos, por lo general terminamos tomando decisiones tontas y cosechando las consecuencias. Las personas con discernimiento conocen la diferencia entre el bien y el mal. Pueden sentir a Dios decir: «¡Deténte!», «¡Espera!» o «¡Más despacio!». Pero la persona orgullosa nunca presta oído a la instrucción de Dios y se lanza de cabeza a los problemas.

Habrá momentos en que Dios eche fuera el orgullo al permitirle pasar por la desilusión e incluso por tiempos de quebrantamiento. Recuerde, sin embargo, que Él nos quebranta solo con el propósito de bendecirnos. El quebrantamiento es siempre una vía hacia la bendición.

En el momento en que permita que la ingratitud crezca en su corazón, estará a punto de pisar la mina del orgullo.

Cuando nos ponemos celosos nos arriesgamos a perder sus mejores dones, porque estamos concentrados solo en lo que no tenemos.

Dios no está celoso de nosotros; está celoso por nosotros, lo que quiere decir que desea nuestro compañerismo y amor.

Nosotros hacemos lo mismo al dedicarles tiempo y energía a los dioses de nuestro tiempo: la prosperidad material, la posición social y mucho más. Si no recibimos lo que creemos que merecemos, nos volvemos celosos, y al hacer eso perdemos de vista la santidad y la bondad de Dios. Dejamos a un lado la oportunidad maravillosa de tener una relación más profunda con Él. Terminamos adorando a los dioses de este tiempo y después nos preguntamos por qué nuestras vidas están tan vacías, incompletas e insatisfactorias. A eso es a lo que nos lleva el celo: a pensar en lo que no tenemos más que en las bendiciones que Dios nos ha dado.

«Sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará a los que andan en integridad» (Salmo 84.11).

El pecado siempre lleva implícita una decisión.

El pecado siempre comienza por un solo pensamiento. Es en ese momento cuando podemos escoger entre aferrarnos a él o dejarlo escurrirse de nuestra mente.

Es de común conocimiento que las minas como el rencor, el temor, los celos, la envidia, etc., tienen consecuencias en nuestro cuerpo. Tenemos que eliminar esas minas emocionales o sufrir las consecuencias, que por lo general se hacen sentir en nuestra salud física.

Después de la Resurrección le preguntó a Jesús sobre el apóstol Juan: «Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este? Jesús le dijo: Si quiero que quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú» (Juan 21.20-22). Esta es una respuesta perfecta al asunto de los celos. «¿Qué a ti? Sígueme tú». En otras palabras, dirige tu corazón hacia el Salvador. Deja de sacar cuentas y sumar puntos inexistentes. Cuando tus ojos estén fijos en Jesús no estarás preocupado por quién está delante ni quién se queda atrás.

El tiempo es un factor primordial en el plan de batalla de Dios. Aunque los hermanos de José lo maltrataron, Dios no se apuró en socorrerlo. En lugar de ello preservó la vida de José. Estuvo con él en tiempos de pena, aflicción y desilusión extrema. Podemos clamar a Dios repetidas veces y pedirle que nos libere de nuestras circunstancias problemáticas, sin sentir su mover en favor nuestro. Él usó la situación de injusticia con José a fin de entrenarlo para un propósito mayor. Un día llegó a ser el líder de sus hermanos. Su sueño se hizo realidad, pero no hasta después que José fuera quebrantado, humillado y disciplinado. Cuando estamos listos para las bendiciones de Dios, Él abre las puertas. Hasta ese entonces, nos llama a esperar en una obediencia humilde y vigilante.

He descubierto que cuando nos dedicamos a tener más, ganar más o recibir más, empezamos a perder nuestra sensación de paz. Nos quedamos atrapados en el esquema de pensamiento del mundo. En otras palabras, dejamos de ver la vida desde el punto de vista de Dios. Es en este momento en que empezamos a preocuparnos por nuestro estatus. Trabajamos más duro y más horas para alcanzar metas que Dios jamás ha pretendido que persigamos. Terminamos exhaustos y desgastados porque no estamos viviendo en sintonía con Él. Estamos viviendo solo con nuestras metas, fabricadas por nosotros mismos, en la mente.

La solución para los celos no es negarlos, pues nunca podrá derrotar la envidia ni el resentimiento por sus propios medios. La solución es admitirlos ante el Señor, pedirle que lo perdone y orar después para que Él le ayude a ver la vida desde Su perspectiva.

Nadie tiene que dejarse pisotear por los demás, pero es cierto que necesitamos que Dios nos use y nos enseñe a tener corazones humildes y dóciles para Él.

La mayoría de los retos que enfrentamos requieren fe en un Dios infinito y omnipotente. Sea cual sea la tarea, si estamos convencidos de que no podemos tener éxito, no lo tendremos. Por otra parte, si confiamos en la soberanía y la fortaleza de Dios que obran en nuestra vida, lograremos triunfar.

Si le exige a su hijo obtener sobresaliente en todas las asignaturas, cuando solo es capaz de obtener notables y aprobados, la presión y el esfuerzo por lograr más crearán un sentimiento de incapacidad en lo profundo de esa joven persona. Usted siempre tiene que hacer el mayor esfuerzo, lucir lo mejor posible y estar en su mejor forma. Sin embargo, si su «mejor posible» está a un cierto nivel, tiene que pedirle a Dios que le ayude a aceptar esto.

Trazarse metas no realistas que Dios no quiere que usted tenga puede conducir a sentimientos de inseguridad, en especial para los niños pequeños. Eso puede crear un sentimiento de frustración y tensión en ellos que les puede llevar a la inseguridad. En vez de crecer creyendo que puede lograr su máximo potencial, un niño puede creer lo contrario: No sirvo para nada. No soy digno. No puedo hacer nada bien. Los padres tienen que establecer principios piadosos para que sus hijos los cumplan.

Alguna gente demanda de sí misma más que lo que Dios les exige. El resultado es una serie de fracasos tras otra.

La mayoría de la gente que está en la cumbre con toda probabilidad podría decirle que la lucha y la frustración que les ha costado llegar hasta ahí no han valido la pena. Por el camino, sus relaciones personales sufrieron y en algunos casos se disolvieron amistades de toda la vida. La amistad y la familia son las cosas que Dios usa para alentarnos y edificar la seguridad de nuestras vidas. No obstante, por lo común esas cosas son las que más sufren cuando estamos tratando de dejar atrás a todos los demás. Nuestra lucha contra la inseguridad nos impulsa a lograr más, pero deja un temible regusto de inseguridad dentro de nuestras emociones que impide que lleguemos a ser todo lo que Dios quiere que seamos.

Entrene su corazón y su mente a concentrarse en el Señor y no solo en las circunstancias en que se halle. Como dije antes, lo que capte su atención lo captará a usted.

Nadie es adecuado, excepto Dios. Él es la fuente de nuestra fortaleza y nuestra suficiencia.

Él no le dará nunca más de lo que usted pueda recibir, y si le da una oportunidad, también le dará poder para hacer el trabajo. Ni una sola vez le dejará pelear solo las batallas de la vida. Él es fiel y verdadero y puede confiar en Él a plenitud (Apocalipsis 19.11).

Dios sabe todo lo que ocurre y nada de lo que enfrentamos es mayor que su soberanía.

La gente puede decir que se siente bien cuando están solos, pero Dios no nos creó para que estuviéramos aislados de los demás. Nos creó para que tuviéramos comunión en primer lugar con Él y luego con las demás personas. La forma en que asumimos nuestra relación con Él indica cómo estaremos en la relación con los compañeros de trabajo, los miembros de la familia y otros seres queridos.

Un espíritu valiente no es algo que recibamos al nacer. Obtenemos el coraje por medio de la fe en Dios.

El concepto que tiene de usted mismo no es necesariamente la forma en que usted es. Demasiada gente se ve a sí misma desde un punto de vista negativo.

La persona que está inmersa en el pecado rara vez cuestiona lo que está bien o está mal. En lugar de eso, empieza a ver al pecado como asuntos sociales que necesitan ser definidos por alguien que no sea la Iglesia.

No perderá su salvación cuando comprometa sus convicciones y haga lo contrario a lo que sabe que es lo correcto. Pero se arriesga a perder lo único que tiene la capacidad de mantenerlo estable en tiempos de problemas, que es su comunión íntima con el Salvador. Dios no va a competir con el pecado. Cuando la transigencia y el pecado están presentes, Él puede escoger retirar Su guía y amistad hasta que usted confiese su maldad.

La transigencia se produce cuando usted y yo hacemos concesiones para creer o actuar de una forma determinada. Sabemos que lo que hemos hecho o dicho es imprudente y pecaminoso. También puede ser destructivo.

La transigencia de Lot lo llevó a Sodoma. La transigencia de Abraham casi le costó su esposa. La transigencia de David en cuanto a Betsabé le costó un hijo. La transigencia de Pilato en cuanto a lo que sabía que era cierto le costó la oportunidad de conocer al Salvador. La transigencia es costosa.

Ir a la iglesia no nos asegura un puesto en el reino de Dios. Somos salvos por la fe, pero una falta de deseo de estar en su casa por lo común indica que hay algo mal, desbalanceado; es el primer paso hacia el fracaso. Es solo mediante el tiempo invertido en la adoración y el estudio de la Palabra de Dios que aprendemos Sus caminos y principios.

Habrá momentos en que Él le guiará de una forma que no parece tener sentido desde la perspectiva humana. No obstante lo que usted piense, manténgase en el sendero que Dios le ha escogido para el viaje, porque Él sabe lo que más le conviene. No ceda en cuanto a lo que usted cree que es verdadero. Él sabe lo que le espera en el futuro. Puede que permita que pase por un tiempo de incertidumbre porque le va a bendecir en abundancia. Aprender a esperar y confiar en Él para ver los resultados es una tremenda lección.

Cuando llega un desafío, las primeras preguntas que necesita hacer son: «Señor, ¿cómo quieres que yo responda a esta situación? ¿Cómo quieres que yo considere esto? Ayúdame a conocer tu voluntad, o al menos a aceptar lo que no puedo cambiar».

Nunca debemos olvidar que no tenemos derechos en lo que concierne al perdón y la obediencia a Dios. Perdonamos porque Él nos manda a que lo hagamos. Eso no significa que lo que le hayan hecho a usted esté bien. Dios no deja escapar a la persona que le hizo daño. Usted perdona porque eso es lo que Él desea que haga.

Nuestro mundo no tiene las herramientas adecuadas para reparar este tipo de pena y quebranto. Los consejeros seculares pueden alentar a la persona a seguir la vida, a mirar más allá del momento, a apretarse los pantalones y no ceder a los sentimientos de miedo, pero solo Jesucristo puede llegar a lo profundo del alma de la persona y sanar la confianza destruida que el pecado ha dañado tan en lo profundo.

Ore por la persona que le ha ofendido. Al principio podrá ser difícil, pero la forma más rápida de desactivar la mina del rencor es mediante la oración.

Dios usa la gente quebrantada, a los que han sufrido heridas indecibles, pero es difícil que use a personas airadas y amargadas que en lo único que piensan es en cómo pueden recibir justicia por un mal que se les ha hecho.

El perdón no significa que neguemos que el hecho que nos ha acontecido está mal. En vez de eso, trasladamos nuestras cargas al Señor y le permitimos llevarlas por nosotros.

No hay duda de que los que han pecado contra nosotros van a sufrir; no obstante, sufrimos también cuando nos negamos a hacer lo que Dios nos manda: a perdonar y a permitir que Él trate con los que nos han ofendido. Puede que nunca veamos la retribución que Él da de parte nuestra. Ese no es el asunto. Si eso se convierte en el asunto, nos estamos condenando a convertirnos en amargados y, antes de que nos demos cuenta, nos estaremos apartando de nuestra devoción al Señor.

La consecuencia más trágica del rencor es la incapacidad de amar.

Nunca perdemos cuando obedecemos a Dios. Él nos bendice incluso cuando lo que estamos haciendo es difícil y duro de entender.

Cuando llegue la desilusión, no se rinda ni ceda a los pensamientos de desaliento. Uno nunca sabe lo que Dios tiene en espera para uno. Como David, puede pasar por una larga temporada de espera en que el desaliento parece seguir cada uno de sus pasos. Sin embargo, cada secuencia de pruebas preparó a David para algún aspecto del trabajo que iba a tener un día.

Con frecuencia lo que más necesitamos escuchar en tiempos de problemas es a Cristo diciendo esas mismas palabras a nuestro corazón. «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14.18).

La pregunta que hay que hacerse cuando lleguen las pruebas es esta: «Señor ¿qué es lo que tú quieres que yo aprenda de esta dificultad? ¿Cómo puedo parecerme más a ti por padecer este dolor, por viajar por este camino, por someterme a esta aflicción?».

Con frecuencia, al enfrentarnos a la desilusión, queremos culpar a alguien de nuestros problemas, o culpamos a Dios. Hay veces que nadie tiene la culpa. Los problemas llegan porque son parte de la vida. Sin embargo, la reacción de usted ante ellos es lo importante.

La definición de la depresión es sencilla: la ira vuelta hacia adentro.

«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10.13). En este contexto Pablo usó la palabra tentación para decir sufrimiento, desilusión y prueba.

David admitió que había un problema. No trató de negarlo ni de desatenderlo. Fuera lo que fuera lo que enfrentaba, se sentía en tinieblas y presionado. Recuerde: había sido ungido como rey de Israel, pero Dios todavía no le había colocado en el trono. Cada día lo vivía con una promesa de Dios guardada en lo profundo de su corazón.

Una persona temerosa se pregunta qué dificultad o situación de prueba le está aguardando en el siguiente recodo del camino. Le preocupa que algo salga mal y que esté mas allá de su capacidad resolverlo. No se da cuenta de que al entregarse al miedo ha pisado uno de los artefactos más destructivos que existen: la mina del temor.

Por lo común, el temor llega cuando nos sentimos inseguros de nuestra situación.

Puede que la tormenta ruja alrededor suyo. Puede haber perdido su trabajo, o acabar de recibir noticias de que tiene una enfermedad grave. Su corazón se acelera de solo pensarlo y no sabe lo que va a hacer. Pero Dios sí, y aunque parezca que está callado o «dormido», no lo está. El salmista nos asegura: «Ni se dormirá el que te guarda» (Salmo 121.3). Por lo tanto, puede confiar en Él para que le mantenga firme cuando las tormentas de la vida soplen duro contra usted. La victoria sobre el miedo la obtendrá cuando aprenda a enfocarse en el Salvador y en las enseñanzas que tiene para usted.

Cuando usted ignora la soberanía y el tremendo cuidado providencial de Dios, termina por enfrentarse al miedo. Puede preguntarse: «¿Sabía Dios que yo iba a quedar cesante en el trabajo?». La respuesta es sí. Entonces la pregunta cambia: «¿Por qué no hizo nada para impedir que eso ocurriera?».

Nunca podré estar agradecido lo suficiente a Dios por mi lucha contra el temor, porque fue el catalizador que me llevó a una relación más cercana con Él. Considere esta posibilidad: Dios puede haber permitido que usted sintiera miedo para revelarle más de sí.

La mayoría de los eventos que tememos nunca se realizan. Nuestros temores son infundados. Mientras nos preocupamos por el próximo fracaso, muerte y destrucción, Satanás se sonríe, porque sabe que tiene toda nuestra atención. Lo que cautiva su atención le cautiva a usted.

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. Buscarás a todos los que tiene contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra. Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo (Isaías 41.10-13).

Aunque el temor no pueda matarle desde el punto de vista físico, puede paralizarle y crearle tal sensación de ansiedad que adquirirá una enfermedad, emocional y física. Esta es una de las armas más poderosas de Satanás, y a él le agrada usarla contra nosotros en cada oportunidad. Vigila cada uno de nuestros pasos, buscando una brecha en nuestras emociones.

Una mujer anciana admitió que no salía mucho de noche: «Suceden cosas», dijo con un suspiro, «y hay muchas cosas malas que pueden ocurrir». Tener precaución es bueno, pero estar temeroso no está de acuerdo con el plan de Dios para su vida. Las cosas malas pueden suceder y le suceden a cualquiera, en cualquier momento. Pero el temor se vuelve un problema de verdad cuando nos concentramos en él. Juan escribió: «El perfecto amor [el amor de Dios] echa fuera el temor» (1 Juan 4.18). Cuando usted tiene el amor de Dios en su corazón, puede vencer la mina del temor porque tiene la mayor fuente de aliento, esperanza y fortaleza morando dentro.

Dios quiere que saquemos provecho de nuestros temores al no permitirles que nos controlen. En lugar de eso, podemos aprender a usarlos como peldaños para ascender a un nivel mayor de fe en Cristo al confiar en Él para que nos guíe, nos mantenga seguros y supla nuestras necesidades.

«Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen» (Salmo 34.9).

Las personas que no leen ni estudian la Palabra de Dios son como barcos sin timón. Puede que estén flotando, pero no tienen un sentido real de dirección en su vida. Cuando uno tiene la Palabra de Dios oculta en el corazón, al llegar la pena, la desilusión o el temor, el Espíritu de inmediato le recordará las palabras del Salmo 27: Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?… Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón. Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado (vv. 1, 3).

En el Salmo 46, el salmista escribe: Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar (vv. 1, 2).

El mundo no consuela a los fracasados, a las personas que son marginadas o están entregadas sin esperanza a una adicción o a pasiones desaforadas.

Al principio el pecado parece una aventura, pero con rapidez se convierte en un lugar de mucha ansiedad, secreto y preocupación.

En momentos de arrepentimiento, usted coincide con Él en que sus acciones y actitudes estaban equivocadas y que está dispuesto a apartarse del pecado. Eso es lo que quiere decir arrepentimiento. Nos apartamos del pecado que ha causado la separación de Dios, pero también nos volvemos hacia Él, y reconocemos nuestra necesidad de Él y de Su verdad.

Dios es fiel y enviará un aviso a nuestro espíritu si estamos a punto de hacer algo que no está de acuerdo con Su verdad y voluntad. Si lo ignoramos, Él puede persistir. Sin embargo, puede que permita que cosechemos lo que sembramos, para mostrarnos los efectos devastadores del pecado.

Durante su vida usted cometerá errores. Además, lo mejor suyo tal vez no sea igual que lo mejor de otro. Nunca compare lo que hace con lo que hacen otros. Dios conoce las limitaciones que usted tiene y también sabe lo que es capaz de alcanzar.

Nunca se concentre en lo difíciles que puedan ser sus circunstancias; en vez de eso, concéntrese en Dios, Su fidelidad y Sus recursos y sea agradecido por lo que Él le ha dado.

¿Ha pensado usted en el hecho de que Dios le está tratando de enseñar algo por medio de sus circunstancias? Lo está haciendo. Está en el proceso de entrenarle para un trabajo mayor. Sin embargo, lo que puede echar por tierra sus esfuerzos es una actitud de pereza.

Habrá momentos en que lucharemos contra una fuerte tentación y prueba. A veces será como resultado del pecado, y otras vendrá como parte de la vida en un mundo caído. Las minas pueden estallar en ambos casos.

¡Dios! ¿Dónde estabas?

Diario de un hombre con cáncer.
Roberto Colín “Pplon”

Dios Dónde Estabas

Dios Dónde Estabas


Testimonio de un hombre diagnosticado con cáncer y cómo a partir de esta vivencia pudo hacer suyas las palabras de Job: “De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven”. Y el encuentro se da justo en lo más álgido del proceso. Cada capítulo se va contando por un narrador que contextualiza la experiencia, el propio autor que la desglosa, y remata con algún apunte hecho en redes sociales. Calificación de 10.

Jaculatoria: Oración breve y fervorosa

Nada es para siempre. Nadie está solo.

Ser un creyente no garantiza que se sepa reaccionar ante las cosas que arrebatan la paz y enfrentan al ser humano con su fragilidad. Una pelea surge en la mente del enfermo y las voces del pecado tratan de ganar terreno, tratan de asustar y confundir. Al final, esto es sólo el inicio del camino. La única actitud sensata será confiar en algo más grande y empezar a vivir con una idea: Tengo cáncer.

México es un país donde el precio de enfermarse se paga con crueles realidades. En el sistema de salud pública se pierden las barreras socioeconómicas y es posible voltear a ver las muchas realidades que convergen en una sala de espera. Sin duda, enfrentarse al aparato de salud pública, es un drama aparte.

Es cierto que el sistema tiene burócratas deshumanizados; es cierto que hay gente prepotente que busca saltarse la fila; es cierto que los fondos destinados a la salud terminan en bolsillos de funcionarios corruptos, etc…; pero creo que existe un problema más complicado de resolver y que afecta de fondo nuestras relaciones y acciones como ciudadanos. Somos muchos y no nos damos cuenta. Las instituciones se ven rebasadas, los protocolos superados y existe una gran masa de gente formada para ejercer sus derechos como parte de este estado. Los egoístas jalan agua para su molino sin importar que se trate de grandes presupuestos federales o el $1.50 que cuesta una copia en los pasillos de un hospital.

Dios no mandó el cáncer, no es una “Dioscidencia”, castigo o prueba. Él ha creado un mundo perfecto donde la libertad y la felicidad eran el único plan, pero el hombre ha querido vivir por encima de esos ideales modelando el mundo a su conveniencia, convirtiendo su libertad en un poder para hacer lo que quiera y su felicidad en el hartazgo del placer para los sentidos. Mas al cerrar nosotros mismos la puerta del paraíso, Dios también nos siguió y camina a la distancia para acompañar nuestras decisiones y bendecir a quienes, a pesar del dolor, son capaces de crear por amor.

Suele ser más fácil ser constante cuando se tiene que caminar por caminos difíciles, pues los senderos tranquilos nos hacen confiados y distraídos.

Aprendí que la salud, no es un milagro que se gana cuando uno hace oración con mucha fe, o cuando dice las palabras correctas. La salud se conquista en las cosas pequeñas, en el “abc” del amor personal, en ser fiel en lo poco para poder ser dignos de lo mucho.

Ni quiero que piensen que busco compartirles el terrible viacrucis que he pasado, la verdad es que me ha ido muy bien. Los trámites han sido más o menos ágiles, los doctores son buenos y el miedo es más grande cuando pierdes un papel que cuando te muestran la aguja.

El enfermo es capaz de ver cosas que la gente en la calle no percibe.

Vivimos en un mundo donde Dios inventó las acciones y el hombre las reacciones.

Una mujer admirable que sabe justamente como malabarear las palabras justas y las sonrisas perfectas.

Que la cultura del placer, no olvide que el dolor enseña cosas importantes para vivir.

La adolescencia marca sin duda una nueva pauta de relación que tristemente deja atrás los abrazos y besos que eran tan comunes en edades más tempranas y se aprenden nuevas formas de decir lo que sentimos, más distantes, más disimuladas.

Aprendí a leer su preocupación [del papá] oculta tras la mirada confiada, aprendí a disfrutar nuestros silencios sin sentir el incómodo forcejeo de la necesidad de llenar el vacío con palabras, aprendí a pedirle la ayuda que mucho tiempo no quise pedirle para no incomodarlo.

Mi madre se acercó y me besó en la frente y me dijo: “descansa mi hijo”, pero luego, al alzar la vista para darle el acostumbrado saludo lejano de mano alzada a mi papá, sentí sus manos tomándome del hombro y dándome un tierno beso en la mejilla y diciéndome: “que te recuperes pronto hijo”. Puede ser que las palabras no logren reflejar el gran regalo que me ha dado esta enfermedad al ofrecerme la posibilidad de romper las barreras heredadas de un estilo de vida familiar de relación, lo único que puedo yo concluir es que gracias a esa tarde, cada vez que saludo o me despido de mi papá, ese beso se repite sin pena, sin complejo, sin miedo o prejuicio. Ese beso se lo da el primogénito, un hijo que jamás ha dejado de ver a su padre como el más grande héroe de toda la historia.

Señor. No me cures, sáname. No me sorprendas, acompáñame, no me evites dolor, dale sentido. No busco tu milagro, busco tu camino de cruz y sepulcro vacío…

Ni el dolor de cabeza, ni el persistente vómito, ni los múltiples intentos por encontrar una vena, ni el asco por cualquier cosa que entre a mi boca, ni las incómodas horas tratando de encontrar una posición en la camilla, se equiparan con un dolor más profundo: la ausencia de la mano que se supone corre en auxilio de los que sufren, el Padre, que aguarda asomado a la ventana esperando mi regreso, el consolador, el hombre que curaba si tan solo rozabas su manto. Un dolor que se vuelve grito: Dios, ¿dónde estabas?

Regreso a la cama y ella se da cuenta que estoy sentado con la cabeza entre las manos, me toca y me dice dulcemente: ¿qué tienes amor? Y como si esa ternura fuera el tiro de gracia, mis ojos se cierran con lágrimas de desesperación. Me pongo a llorar, como nunca había llorado y como espero nunca volver a llorar. Duele cada sollozo, no puedo parar de llorar, han sido dos años que me he guardado estas lágrimas, estos reclamos, estos golpes sin explicación, estos silencios, estas ganas de gritarle a Dios en la cara: ¡No existes! Le digo a Cyn, “No siento a Dios, no está aquí, no sé si alguna vez estuvo, no sé si todo esto fue una bonita mentira contada para pasar el rato, si en el momento de la verdad la realidad se impone con el peso de la ausencia de Dios”. Me siento solo, me siento desesperado, esto no tenía que pasar, esto iba a ser una enfermedad de novela donde el autor subraya las cosas heroicas y evita mencionar los terribles momentos de dolor, esto va más allá de lo que mi cabeza pueda manejar, supera mi experto sistema para acomodar piezas de rompecabezas y dar explicaciones convincentes a cosas sobrenaturales. Se me han olvidado las citas bíblicas, se me perdieron las frases, historias y libros que con tanta astucia esgrimía frente al ateo que atacaba a mi Padre, a mi Iglesia, a mi fe. En este momento, no llego ni siquiera a decir: “Elí, Elí, lemá sabactani” pues soy infinitamente más débil que Jesús y estoy perdido, no sabría a donde dirigir la cabeza. Cyn me abraza y comienza a llorar conmigo. Siento su mano tibia y logro reconocer su aroma que me arrebata de ese pequeño infierno, su voz se ha tornado clara y segura a pesar de tener sus ojitos llenos de lágrimas y me dice: “todo va a estar bien amor, dios no nos va a dejar”. Son las palabras más simples que he escuchado en mi vida, la frase más estereotipada, el cliché más común en los casos de la consolación tradicional. No tienen la profundidad de sanación o una oración profunda de sanación y, sin embargo, estoy seguro que ha sido lo más cerca que he estado de escuchar la voz real de Dios.

Fue hasta que me vi desbordado, hasta que dejé de querer usar a Dios, hasta que lloré desconsolado y me dejé verdaderamente en sus manos, que sentí la paz. No quitó el dolor, pero si me sentí en paz. Sólo cuando somos capaces de rendirnos y olvidarnos de los trucos para hacer a Dios a nuestra conveniencia, es cuando tocar el fleco de su manto, escuchar una palabra suya basta para sanar, recibir las migajas que caen de la mesa o gritar sin parar “Ten compasión de mí”, serán la materia de fe madura con la que se hacen los milagros.

No existe un camino divino para enfrentar el dolor. Job reclamó, Elías se enojó, Moisés se desesperó, cristo mismo pidió que apartaran la copa, pero ninguno dejó de hablar con Él.

La vida no acaba con la muerte, sino con la decisión de no vivirla.

Gracias Señor, por estos 1022 días en los que pude dejar de oír de ti y empezar a sentirte en mi realidad desbordada de amor.

Hoy me tomé un café mientras hablaba de proyectos y mientras disfrutaba de la plática, valoré el sabor de las cosas, tanto el de un rico capuchino como el de una buena conversación. Esto lo tuve que aprender a apreciar por causa del químico en la boca, que no te deja hablar y te enseña a escuchar.

Así que te invito a que compartas tu vida con los demás, tu dolor, tu problema, tu divorcio, tu pérdida. Que tomes papel y lápiz como le propuse a Roberto y hagas un recuento de momentos, pues es la única forma de tomar distancia y verme junto a ti.

El Evangelio según Jesucristo

José Saramago

El evangelio según Jesucristo

El evangelio según Jesucristo


Si alguien que se declaró ateo y que se dio a la tarea de escribir un libro de algo que no cree, más bien parece que demuestra lo contrario, pues en su incredulidad revela el deseo por aprender más de ese Misterio, mostrando a un Jesús más humano y más cercano a como Saramago lo percibía. Interesante colección de palabras domingueras. Calificación de 8.

Alpendre: Cobertizo para guardar herramientas.
Barreño: Recipiente grande de forma cilíndrica, poco profundo y generalmente más ancho por la boca que por la base, que se usa para fregar el suelo o lavar en él.
Facundia: Abundancia y facilidad de palabra.
Poyo: Banco de piedra u obra de albañilería que se construye adosado a la pared de una casa, en el interior o en el exterior, generalmente junto a la puerta.
Meandro: Adorno de líneas sinuosas y repetidas.
Poyete: Poyo.
Támara: Especie de planta arecácea originaria de Medio Oriente.
Caravasar: antiguo tipo de edificación surgido a lo largo de los principales caminos donde las caravanas que hacían largos viajes de muchas jornadas —de comercio, peregrinaje o militares— , podían pernoctar, descansar y reponerse los viajeros y animales.
Torpor: Estado físico, generalmente transitorio, caracterizado por la lentificación de los reflejos, la disminución de la sensibilidad y el embotamiento de la mente.
Embreñarse: Meterse entre breñas (Tierra quebrada entre peñas y poblada de maleza).
Ronzal: Cuerda que se ata al pescuezo o a la cabeza de las caballerías para sujetarlas o para conducirlas caminando.
Macelo: Matadero.
Bodes: macho de la cabra.
Terraplén: Desnivel con una cierta pendiente.
Berzas: Persona ignorante o necia.
Pífanos: Flautín de tono muy agudo, usado en las bandas militares.
Aedo: Cantor épico de la antigua Grecia.
Linfa: Pus.
Preces: Ruegos, súplicas.
Execrar: Condenar y maldecir con autoridad sacerdotal o en nombre de cosas sagradas.
Berrocal: Sitio lleno de berruecos (‖ peñascos graníticos).
Protervia: Perversidad, obstinación en la maldad.
Dilacerar: Lastimar, destrozar la honra, el orgullo.
Túmulo: Sepulcro levantado de la tierra.
Grupa: Ancas de una caballería.
Renitente: Que se resiste a hacer o admitir algo.
Escolopendra: Miriópodo del que existen varias especies, de hasta 20 cm de longitud, cuerpo brillante y numerosas patas dispuestas por parejas, que vive bajo las piedras y puede producir dolorosas picaduras mediante dos uñas venenosas que posee en la cabeza.
Soalzar: Alzar ligeramente algo o a alguien.
Bacía: Vasija.
Lego: Falto de instrucción, ciencia o conocimientos.
Túmida: Tumefacta, hichada.
Zurriagazo: Golpe dado con una cosa flexible como el zurriago (látigo).
Tesela: Cada una de las piezas con que se forma un mosaico.
Exultar: Mostrar alegría, gozo o satisfacción.
Connubio: Matrimonio.
Vituallas: Conjunto de cosas necesarias para la comida, especialmente en los ejércitos.
Piara: Manada de cerdos.
Condumio: Manjar que se come con pan, como cualquier cosa guisada.
Heterónimo: Seudónimo.
Ribazo: Porción de tierra con elevación y declive.
Bucólico: Que trata de cosas concernientes a los pastores o a la vida campestre.
Canchales: Peñascal, Sitio cubierto de peñascos.
Renitente: Que se resiste a hacer o admitir algo.

Sólo una mujer que hubiese amado tanto como imaginamos que María Magdalena amó, podría mirar de esa manera.

El Bien y el Mal no existen en sí mismos, y cada uno de ellos es sólo la ausencia del otro.

Una voz dentro de sí preguntó, Qué es lo que en nosotros sueña lo que soñamos, Quizá los sueños son recuerdos que el alma tiene del cuerpo, pensó, y esto era una respuesta.

Pronunció aquella oración, terrible sobre todas, a los hombres reservada, Alabado seas tú, Señor, nuestro Dios, rey del universo, por no haberme hecho mujer.

Le intimidaba la idea de tener que enfrentarse a solas con su mujer, por aquel su modo particular de estar ahora, con los ojos bajos, es cierto, según manda la discreción, pero también con una evidente expresión provocativa, la expresión de quien sabe más de lo que tiene intención de decir, pero quiere que se le note. En verdad, en verdad os digo, no hay límites para la maldad de las mujeres, sobre todo de las más inocentes.

La mentira, se dice, es lo mismo que la infidelidad.

De nada vale que clame quien pocas esperanzas tiene de ser oído, aunque no pida nada y sólo esté alabando.

Ya sabes cómo son las cosas, una palabra tira de la otra, las buenas tiran de las malas, y acabamos diciendo siempre más de lo que queríamos.

Recordemos que todo esto es sucio e impuro, desde la fecundación al nacimiento, aquel terrorífico sexo de mujer, vórtice y abismo, sede de todos los males del mundo, el interior laberíntico, la sangre y las humedades, los corrimientos, el romper de las aguas, las repugnantes secundinas

Desierto no es aquello que vulgarmente se piensa, desierto es toda ausencia de hombres, aunque no debamos olvidar que no es raro encontrar desiertos y secarrales de muerte en medio de multitudes.

El hijo de José y de María nació como todos los hijos de los hombres, sucio de la sangre de su madre, viscoso de sus mucosidades y sufriendo en silencio. Lloró porque lo hicieron llorar y llorará siempre por ese solo y único motivo.

Tuvo un pensamiento aún más triste, el de que los hijos mueren siempre por culpa de los padres que los generan y de las madres que los ponen en el mundo, y entonces sintió pena de su propio hijo, condenado a muerte sin culpa.

José ni vergüenza llegó a sentir, ese sentimiento que es, cuántas veces, pero no las suficientes, nuestro más eficaz ángel de la guarda.

Puede decirse que despierto sueña el sueño de cuando duerme y, dormido, al mismo tiempo que intenta desesperadamente huir de él, sabe que es para volver a encontrarlo, otra vez y siempre, este sueño es una presencia sentada en el umbral de la puerta que está entre el sueño y la vigilia, al salir y al entrar tiene José que enfrentarse con ella.

Marginada, María se iba dando cuenta de que había cosas que no podía preguntar, se trata de un método antiguo de las mujeres, perfeccionado a lo largo de los siglos y milenios de práctica, cuando no las autorizan a preguntar, escuchan y al poco tiempo lo saben todo, llegando incluso a lo que es el súmmum de la sabiduría, a distinguir lo falso de lo verdadero.

Ya lo dice el Talmud, Del mismo modo que es obligatorio alimentar a los hijos, también es obligatorio enseñarles una profesión manual, porque no hacerlo será lo mismo que convertir al hijo en un bandido.

Uno no puede elegir los sueños que tiene, Son los sueños los que eligen a las personas.

El sueño es el pensamiento que no fue pensado cuando debía y ahora lo tengo conmigo todas las noches, no puedo olvidarlo.

No es preciso tener culpa para ser culpable.

Entre el río Jordán y el mar lloran las viudas y los huérfanos, es una antigua costumbre suya, para eso son viudas y huérfanos, para llorar, después todo se reduce a esperar el tiempo de que los niños crezcan y vayan a una guerra nueva, otras viudas y otros huérfanos vendrán a relevarlos, y si mientras tanto han cambiado las modas, si el luto, de blanco, pasó a ser negro, o viceversa, si sobre el pelo, que se arrancaba a manojos, se pone ahora una mantilla bordada, las lágrimas son las mismas, cuando se sienten.

Siempre llega un momento en que el dolor es más fuerte que el temor a la muerte.

Cuando ya habían dejado Séforis atrás, empezó a llover, primero unos goterones que hacían en el polvo espeso del camino un ruido blando, si emparejadas tales palabras tienen sentido.

Esa blanca sangre que son las lágrimas.

Poco a poco, los niños fueron dejando a la madre, los mayores, por esa especie de pudor que nos exige sufrir solos

En esto los niños son como los viejos, que lloran por nada, hasta cuando dejan de sentir, o porque han dejado de sentir.

Porque está escrito, Llora amargamente y rompe en gritos de dolor, observa el luto según la dignidad del muerto, un día o dos por causa de la opinión pública, después consuélate de tu tristeza, y escrito está también, No debes entregar tu corazón a la tristeza, sino que debes apartarla de ti, recuerda tu fin, no te olvides de él, porque no habrá retorno, en nada beneficiarás al muerto y sólo te causarás daño a ti mismo.

Hasta un hombre adulto, si llora, se transforma en criatura,

Un día llorarás por tu padre y no lo tendrás,

El recuerdo vivo de su padre, inesperado, lo alcanzó como un chorro de luz insoportable.

No será menor la alegría por ser breve la ausencia, la ausencia es también una muerte, la única e importante diferencia es la esperanza.

No es posible ver la muerte y continuar como antes.

El cuerpo, aunque defiendan lo contrario los partidarios del ayuno místico, recibirá mejor la palabra de Dios si el alimento ha fortalecido en él las facultades del entendimiento.

Si los soldados hubieran sido romanos, todavía se comprendería, pero así, que nuestro propio rey mande matar a sus súbditos, niños de tres años, alguna razón tendría que haber, La voluntad de los reyes no es para nuestro entendimiento, quede el Señor contigo y te proteja, Ya no tengo tres años, A la hora de la muerte, los hombres tienen siempre tres años, dijo la mujer, y se alejó.

A los viejos, a todos, se les debe responder siempre, porque siendo ya tan poco el tiempo que tienen para hacer preguntas, extrema crueldad sería dejarlos privados de respuestas, recordemos que una de ellas bien pudiera ser la que esperaban.

Los gestos no totalmente sinceros llegan siempre con retraso.

Dicen los entendidos en las reglas del bien contar cuentos que los encuentros decisivos, tal como sucede en la vida, deberán ir entremezclados y entrecruzarse con otros mil de poca o nula importancia, a fin de que el héroe de la historia no se vea transformado en un ser de excepción a quien todo le puede ocurrir en la vida, salvo vulgaridades. Y también dicen que es éste el proceso narrativo que mejor sirve al siempre deseado efecto de la verosimilitud, pues si el episodio imaginado y descrito no es ni podrá convertirse nunca en hecho, en dato de la realidad, y ocupar lugar en ella, al menos ha de procurarse que pueda parecerlo

Ante la muerte no hay palabras.

No hacemos las preguntas porque aún no estábamos preparados para oír las respuestas, o, simplemente, por tener miedo de ellas. Y, cuando encontramos valor suficiente para hacerlas, es frecuente que no nos respondan

Comer al animal que matamos es la única manera de respetarlo, lo malo es que se coman unos lo que otros tuvieron que matar.

No necesitó Jesús pedir limosna para que le fuese dado, ahora, sin la seguridad de que le darán, se verá obligado a pedir. Tiene ya la mano tendida, postura que de tan elocuente dispensa explicaciones, y tan fuerte en expresión que lo más común es que desviemos de ella los ojos como los desviamos de una llaga o de una obscenidad.

Andando, siempre se acaba por llegar.

Se respiraba en la atmósfera la tensión que anuncia las tormentas y, para confirmarlo, el primer relámpago desgarró los aires en el momento preciso en que el rebaño apareció ante los ojos de Jesús. No llovió, era una de aquellas tormentas que llamamos secas, que asustan más que las otras porque ante ellas nos sentimos realmente sin defensa, sin la cortina, por decirlo de alguna forma, y que nunca imaginaríamos protectora, de la lluvia y del viento, en verdad esta batalla es un enfrentamiento directo entre un cielo que se rasga y atruena y una tierra que se estremece y se crispa, impotente para responder a los golpes.

Y ahora, este cordero, qué vas a hacer con él, Nada, lo he traído para que se quede con el rebaño, Los corderos blancos son todos iguales, mañana ya no lo reconocerás en medio de los otros, {él me conoce, Llegará el día en que empezará a olvidarte, además llegará a cansarse de ser él quien siempre te busque, el remedio sería marcarlo, darle un tajo en una oreja, por ejemplo, Pobre animalillo, No sé por qué, también tú estás marcado, te han cortado el prepucio para se sepa a quién perteneces, No es lo mismo, No debería serlo, pero lo es.

Este desierto es más amedrentador que los formados sólo de lisas arenas y de aquellas dunas inestables que mudan constantemente de forma y de hechura, en este desierto cada colina oculta y anuncia la amenaza que nos espera en la colina siguiente, y, cuando a ésta llegamos, temblando, sentimos de inmediato que la amenaza, la misma, pasó para detrás de nuestras espaldas.

Ninguna salvación es suficiente, cualquier condena es definitiva.

Qué estúpido soy, No eres estúpido, sólo inocente, Ya no soy inocente, Por haber conocido mujer, No lo era ya cuando me acosté contigo.

Gracias a todo esto, reunido y puesto en orden, se pudieron juntar padre e hijo, pese a que la culpa de uno no tenía perdón y el dolor del otro no tenía remedio.

El silencio tiene, si le damos tiempo, una virtud que aparentemente lo niega, la de obligar a hablar.

Empecé a esperarte desde el mismo momento en que partiste.

Tendrías que ser mujer para saber lo que significa vivir con el desprecio de Dios, y ahora tendrás que ser mucho más que un hombre para vivir y morir como su elegido.

Tu segundo gran error es pensar que la belleza y la facundia de los hombres existen a imagen y semejanza del Señor, cuando el sistema del Señor, te lo digo yo que soy de la casa, es ser siempre lo contrario de como los hombres lo imaginan.

La ocasión puede siempre crear una necesidad, pero si la necesidad es fuerte, tendrá que ser ella la que haga la ocasión.

Hubo un silencio tan denso, tan alto, tan profundo, que parecía que era un silencio del mar y de los montes concertados.

Un árbol gime si lo cortan, un perro gruñe si lo golpean, un hombre se crece si lo ofenden.

María de Magdala no conoce, por propia experiencia, el amor de la madre por su hijo, conoció al fin el amor de la mujer por su hombre, después de haber aprendido y practicado antes el amor falso, los mil modos del no amor. Quiere a Jesús como mujer, pero desearía quererlo también como madre, tal vez porque su edad no esté tan lejos de la edad de la madre verdadera.

Las palabras pronunciadas por el corazón no tienen lengua que las articule.

Dijo Andrés, el hermano de Simón, Nosotros sí que debemos estar contigo, porque si a un hombre común, como tú dices ser, le fueron dados tales poderes y el poder de usarlos, pobre de ti, porque tu soledad será más pesada que una piedra atada al cuello.

Esto de las noticias ya sabemos cómo es, van perdiendo convicción con el tiempo y la distancia, y cuando la nueva, que ya lo era tan poco, llegó a Nazaret, no se sabía si hubo milagro realmente, o si fue apenas una feliz coincidencia.

No diremos, como dijo un poeta, que lo mejor del mundo son los niños, pero gracias a ellos logran dar a veces los adultos, sin desdoro de su orgullo, ciertos difíciles pasos, aunque después se venga a ver que el camino no iba más allá.

Las cuentas son fáciles de hacer. Pero no de pagar.

La verdad y la mentira pasan por la misma boca y no dejan rastro, el Diablo no es menos Diablo por decir alguna verdad de vez en cuando.

Con una niebla así hasta los peces se pierden bajo el agua.

Ahora soy un hombre, No tienes miedo, No, Lo tendrás, tranquilo, el miedo llega siempre, hasta a un hijo de Dios.

Hijo mío, no olvides lo que voy a decirte, todo cuanto interesa a Dios, interesa al Diablo.

Y cuál es el papel que me has destinado en tu plan, El de mártir, hijo mío, el de víctima, que es lo mejor que hay para difundir una creencia y enfervorizar una fe.

Lo mucho puede ser compartido, lo poco no.

La única palabra que ningún hombre puede rechazar como cosa no suya es Arrepiéntete, porque todos los hombres cayeron en pecado, aunque sólo fuese una sola vez, tuvieron un mal pensamiento, infringieron una costumbre, cometieron un crimen mayor o menor, despreciaron a quien los necesitaba, faltaron a sus deberes, ofendieron a la religión o a sus ministros, renegaron de Dios, a esos hombres no tendrás que decirles más que Arrepentíos Arrepentíos Arrepentíos.

El miedo común es así, une fácilmente las diferencias.

Este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres, un Bien que tuviese que existir sin ti sería inconcebible, hasta el punto de que ni yo puedo imaginarlo, en fin, que si tú acabas, yo acabo, para que yo sea el Bien, es necesario que tú sigas siendo el Mal, si el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios, la muerte de uno sería la muerte del otro.

Dios no se muestra de una forma, tanto puede aparecer en una nube, en una columna de humo, como venir de judío rico, lo conocemos más bien por la voz, después de haberlo oído una vez.

De entre la multitud llegó entonces una voz, Danos una prueba de que eres el Hijo de Dios y yo te seguiré, Tú me seguirás siempre si tu corazón te trajese a mí, pero tu corazón está aprisionado en un pecho cerrado, por eso me pides una prueba que tus sentidos puedan comprender, pues bien, voy a darte ahora una prueba que dará satisfacción a tus sentidos, pero que tu cabeza rechazará, y, estando tú dividido entre tu cabeza y tus sentidos, no tendrás más remedio que venir a mí por el corazón, Quien pueda entender que entienda.

Cómo ha sido, cómo ha sido, es una idea que siempre nos acude ante lo que ya no tiene remedio, preguntar a los otros cómo fue, desesperada e inútil manera de distraer el momento en que tendremos que aceptar la verdad, es eso, queremos saber cómo fue, y es como si todavía pudiésemos poner en el lugar de la muerte, la vida, en el lugar de lo que fue, lo que podría haber sido.

Sólo falta que Jesús, mirando aquel cuerpo abandonado por el alma, tienda hacia él los brazos como el camino por donde ella ha de regresar, y diga, Lázaro, levántate, y Lázaro se levantará porque Dios lo ha querido, pero es en este instante, en verdad último y final, cuando María de Magdala pone una mano en el hombro de Jesús y dice, Nadie en la vida tuvo tantos pecados que merezca morir dos veces, entonces Jesús dejó caer los brazos y salió para llorar.

Temían saber lo que saber ansiaban.

Pilatos sólo conocía dos especies de acusados, los que bajaban los ojos y los que de ellos se servían como carta de desafío, a los primeros los despreciaba, a los segundos los temía siempre un poco, y por eso los condenaba más deprisa.

Hizo una señal a los soldados para que se llevaran de allí al condenado y mandó que trajeran agua para lavarse las manos, como era costumbre después de dictar sentencia.

La muerte del 10

Stanys Sirutis

La muerte del 10

La muerte del 10


Serie de cuentos en los que a veces de pasada se relaciona el futbol. Con referencias a jugadores y situaciones del futbol colombiano, de donde es originario el autor. Los mejores cuentos, por orden de aparición: La libreta del profe, #Chikungunya y La muerte del diez. Calificación de 7.

Ad portas: En las puertas de, cercano
Estuco: Pasta de grano fino compuesta de cal apagada, mármol pulverizado, yeso, pigmentos naturales, etc.

Resúmen en 5 palabras:
Yugoslavia FC. El futbol no necesita manos. (Historia de un jugador que perdió los brazos en un enfrentamiento de la guerrilla colombiana y un entrenador yugoslavo).

Volver. El amor en Buenos Aires. (Una pareja colombiana viaja a Buenos Aires donde parece que se les queda el amor).

La libreta del profe. El devenir de un entrenador. (Mediante sus anotaciones y entrevistas se atestigua la vida de ruleta de un entrenador: siempre dependiendo de los resultados).

#Chikungunya. El amor y el futbol. (Un prometedor joven futbolista está a punto de echar por la borda su carrera por culpa del amor).

El espía. La pelota no se mancha. (Una especia de nacionalismo futbolero toma posesión del gobierno de un país, implementando una dictadura difícil de creer).

Por un brazalete. Y dónde quedó la bolita. (La historia de la pérdida de un brazalete de capitán en la que se entremezclan, para variar, el deporte, la política y el amor).

Final. La ruleta de la vida. (Un vistazo a la vida de un goleador que participa en un encuentro de fase final a ida y vuelta).

La muerte del diez. Tropezar con la misma piedra. (La investigación del asesinato de un crack del futbol llanero).

El fin de la espera. El fútbol y el teatro. (Crónica del estreno de una obra de teatro, mientras que con el mismo dramatismo el Club Millonarios de Colombia, juega la final para volver a ser campeón luego de más de 20 años).

Amigo periodista, me dirá que para hacer el trabajo periodístico hay que caminar, hay que moverse por la ciudad. Pero, le pregunto de vuelta, ¿entrena usted escalando montañas? ¿Se entiende? Para jugar bien al fútbol hay que prepararse para el fútbol, y eso quiere decir realizar trabajos que simulen de verdad los esfuerzos, los cambios de ritmo, las aceleraciones y retrocesos específicos al fútbol.

En el fútbol se corre siempre en relación al juego. No vengo a entrenar maratonistas. Quiero jugadores de buen pie y de buen criterio, que sepan cuándo y para qué se corre, y que con ellos el equipo se ordene alrededor de la tenencia del balón

No proponer un fútbol ofensivo es caer, de entrada, en manos del rival.

Cuando era un pibe, tuve la oportunidad de encarar a una mina, de hablarle a una chica. No lo hice, pero si lo hizo mi amigo y la conquistó. No saben cuánto tiempo me tomó superar ese error, y me prometí que no quería ser ese tipo nunca más. No se puede dejar todo en manos del rival y de la suerte. Hay que ir por lo que uno quiere, darle una mano al azar, y si no sale, bueno, se asume la derrota con la tranquilidad que trae haberlo intentado.

Sí, hay una provocación previa, y no coincido con el criterio del árbitro, pero no veo por qué vamos a hablar de esa jugada y no de cómo el conflicto rentre los dos jugadores es consecuencia de una superioridad en el mediocampo que, en ese momento, lograba nuestro rival a través de las salidas de su lateral y el apoyo constante del 10 a los volantes centrales.

No creo en lo inevitable y por eso siempre procuré aprende a evitar lo evitable.

La vida es una acumulación de cosas donde nuestras intenciones se enfrentan, se compaginan y se contaminan con las intenciones de los demás y con las circunstancias.

Ganar es esto. Es hacerlo bien independientemente del resultado. […] Para mí la victoria es otra cosa. No es el anverso de la derrota. Antes creía que sí, pero no es el caso. La victoria es hacer las cosas bien, a conciencia, dando lo mejor de sí en cuanto a tiempo, esfuerzo y lucidez de ideas trabajadas en los años. El anverso de la victoria es la mediocridad, pero la mediocridad es mediocridad simplemente y no alcanza a llamarse derrota. Es una especie de limbo. Ganar o perder son certidumbres, la mediocridad es no terminar de ser bueno ni malo.

Que las cosas estén mal no quiere decir que no puedan mejorar y lo peor que puedo hacer es equivocar el camino. Amigo, es fácil confundirse en la vida y dejar que el atrevimiento y la osadía se conviertan en miedo, en dependencia de la seguridad.

Mis ideas son las que he construido con mis errores y mis aciertos a lo largo de toda mi carrera. Alguna razón de ser tienen, hay que tener perspectiva de mediano plazo. El mal funcionamiento de hoy es parte del camino al buen funcionamiento de mañana o pasado mañana.

Le tengo mucho respeto a los teoremas del catedrático Betancourt, pero nuestro estilo es otro, el fútbol se mide en goles, no en posesión, ni en pases laterales. Lo nuestro es el gol y en eso trabajamos toda la semana.

Cuando falla, dicen los hinchas que es un “tronco”, que no sirve, pero cuando anota dicen que lo suyo es el gol, que para eso está y que no hay que pedirle más al delantero.

Es muy difícil ganarles. Los obreros corren mucho y todos ayudan en la marca, juegan directo, buscando llegar rápido aposición de gol. Traban duro, pero no con mala intención, simplemente no le temen al roce. Nosotros, en cambio, somos más tácticos, tocamos con paciencia y solo rematamos cuando estamos en clara posición de gol. Si no, seguimos rotando el balón hasta encontrar un espacio para enviar un pase o ensayar una pared. Cualquier balón regalado nos puede costar un gol en contra, así que lo cuidamos, aunque para nosotros lo de la apuesta es poca plata, comparado con lo que les representa el gasto a ellos.

El ilustre pigmeo

Roberto Gómez Junco

El ilustre pigmeo

El ilustre pigmeo

Roberto Gómez Junco nos da a conocer la vida y obra de su bisabuelo Don Celestino y como no queriendo, casi sin querer, nos confirma y comparte sus ideas respecto al fútbol. Así pasa dos pájaros de un tiro: conocemos a un hombre de letras y a uno del futbol. Calificación de 9.

Diletante: Que tiene afición por una o varias artes o disciplinas del saber.
Cortapisa: Condición o problema que limita y dificulta la realización de una cosa.
Estulticia: Ignorancia, necedad o estupidez de una persona.
Remís: Coche de alquiler que se estaciona en un garage (=”remise”), más lujoso que el que se estaciona afuera​) es un servicio de transporte privado usado en Argentina, Paraguay, Uruguay y recientemente también en Bolivia.

Reyes, la indescifrable providencia
Que administra lo pródigo y lo parco,
Nos dio a los unos el sector o el arco,
Pero a ti la total circunferencia.

Es un contraste que no concibo
Pero que ahora claro se ostenta
Por un servicio que no recibo
Pago un recibo de ocho cincuenta.

Blanco es el novio de Irene
Por eso dice Vivanco
Que la chica siempre tiene
Puestos los ojos en blanco.

Es Marcial un colegial
Jorobado y contrahecho
(nada tiene de marcial)
Pero es joven de provecho
En opinión general,
Y el declara, muy formal,
Que está estudiando Derecho.

Si quieres ver en gracia
Y ser el que siempre venza,
Haz que te sobre la abundancia
Y te falte la vergüenza.

A diferencia de los arribistas y escaladores, lambiscones con los de arriba y prepotentes con los de abajo, él mostraba caridad y respeto para los aparentemente inferiores en la escala social y económica; y ningún asomo de servilismo hacia los poderosos y encumbrados.

El sol en el cenit tiene esplendores,
Tiene hermosos crepúsculos el cielo;
El ruiseñor sus trinos y su vuelo
Corriente el río, el céfiro rumores.
Tiene el iris sus múltiples colores,
Todo intenso dolor tiene consuelo,
Tienen mujeres mil pecho de hielo,
Y el pomposo vergel olientes flores.
Tienen sus religiones los creyentes,
Tiene mucho de feo ser beodo,
Tiene poco de pulcro decir MIENTES.
Todo lo tiene el que lo tiene todo,
Y tiene veinte mil inconvenientes
Escribir los sonetos de este modo.

-¿Y para ti qué es jugar bien?
-Para jugar bien es necesario cumplir con varios requisitos en diferentes renglones.
-¿Cómo cuáles?
-Saber cerrar los espacios al defender y abrirlos al atacar, por ejemplo.
-La cuestión es cómo conseguirlo.
-Siendo coordinados en los movimientos y solidarios en los esfuerzos. Funcionando como conjunto y en bloque al contraerse pero también como acordeón al desplegarse.
-Como inicio y en teoría suena bien.
-Además, manejar el balón con solvencia y pulcritud, teniéndolo poco en lo individual para tenerlo mucho en lo colectivo.
-Pero primero es necesario arrebatárselo al rival.
-Sí, trabajar con eficiencia en la recuperación de la pelota, logrando con la mayor frecuencia posible imponer superioridad numérica cerca de ella.
-Y también saber manejar el balón de acuerdo a la zona de la cancha en que está.
-Claro, con seguridad atrás, con claridad e imaginación en medio y corriendo más riesgos adelante.
-Defendiendo todos y atacando todos.
-Cada uno con tareas específicas con las cuales cumplir cuando se tiene el balón y cuando se pierde.
-Sí, y ahí es donde te topas con la capacidad de cada director técnico para acertar al encomendar esas tareas pensando en el beneficio colectivo.
-En ése y en todos los rubros mucho puede y debe influir el entrenador.
-¿Algo más?
-Como conjunto, grupalmente, ser capaces de producir con tersura, con naturalidad, la transición de labores defensivas a labores ofensivas.
-Solidaridad y convicción al recuperar, precisión y claridad al distribuir.
-Sí, y entender que tener el balón es la mejor forma de defenderse.
-¿La mejor defensa es el ataque?
-Puede y suele serlo, pero debe entenderse también que el mejor de los ataques debe tener como sustento la necesaria solidez defensiva.
-Solo partiendo de una buena defensa puede aspirarse al pleno desarrollo del propio potencial ofensivo.
-Así es, y entre mejor defienda un equipo más rápido recuperará el balón y más cerca podrá hacerlo de la portería contraria, para así inicias sus ataques en posición ventajosa, propicia para exhibir su poderío ofensivo a plenitud.
-Y también está lo de la actitud y la disposición para correr todos parejo.
-No sé si parejo. Pero sí repartirse equitativa o razonablemente el terreno y el esfuerzo.
-No, pues haciendo todo eso no te gana nadie.
-Quién sabe, porque tampoco podemos olvidarnos de una premisa irrefutable.
-¿Cuál?
-En el futbol siempre haces y dejas de hacer en función de los adversarios que tienes enfrente.
-Pinche premisa tan obvia.

Yo no tengo vela que me entierren.

Nada más te recuerdo: más pronto cae un hablador si es cojo.

No me salgas con la tangente y contéstame eso.

Estos cabrones no ven la tempestad cuando se hincan.

Te voy a dar un tic muy bueno para mejorar en tu cabeceo, pero acuérdate que al ataque no te conviene ir en todas, sino sólo esperiódicamente.

Para conseguirlo él tendría que pasar bajo mi cadáver, porque estoy decidido a ir al Mundial y voy a conseguirlo a cuesta de lo quesea; y cuando así se lo dije, cara a cara y en frente de él, se puso como loco y me armó todo un San Fermín. Pero le salió el tiro por la cubeta, porque yo, ni raudo ni perezoso, le respondí muy aireado y lo puse en su lugar.

“Y no fui, esa firma es hipócrifa”. Y cuando le aseguramos habernos enterado por fuentes fidedignas, solamente respondió: “Para empezar, yo ni siquiera conozco a ninguna Fuentes ni a ninguna Fidedigna”.

Por equis o por mangas decidí mejor no hacer nada.

Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le mete la pata.

No, para nada es caro; eso vale una vil coca.

Aproveché el momento y maté un pájaro de dos tiros.

Esa chava es muy fría, es tun tímpano de hielo.

El futbol y la lectura
Me parece bueno y sano
Conjugarlos con tersura,
Caminando de la mano.
Que así lo que hagas no me apura,
Lo percibo muy humano,
Pues conozco la cultura
Del rincón regiomontano.
Haces bien, eso sí “engancha”
Se enriquece tu quehacer,
Alimentas a tu ser,
Tu saber así se ensancha;
Nada más con que en la cancha
No te pongas a leer.

Algo tiene el futbol para provocar tantas reacciones irracionales entre las diferentes culturas, para despertar y movilizar en México a tanta por desgracia inmóvil y apática cuando se trata de asuntos más importantes, de indignarse ante las injusticias y la impunidad de los innumerables crímenes y criminales, de exigir gobernantes honestos, de preocuparse por la inequitativa distribución de la riqueza, de conmoverse con la demoledora pobreza y actuar en consecuencia.

Desde el futbol se puede filosofar pero no se puede hacer futbol desde la filosofía.

La mayoría deambula entre la desidia para leer sobre lo que entiende y la incapacidad para entender lo que lee.

Sin el balón es necesario correr; y al tenerlo pensar.

Tantos equipos juegan como pueden, pero no siempre como deberían jugar.

– Solo en el futbol, por ejemplo, se aceptan como buenas “premisas” como esa de: “Lose verdaderos aficionados son aquellos que apoyan a su equipo en las buenas, pero sobre todo en las malas”
– ¿Cómo?
– Sí, eso ismo no lo ves en ningún otro ámbito. A un escritor pidiendo que por favor los lectores lo apoyen comprando y leyendo sus peores libros porque los buenos se venden solos. O a un actor o a un director de cine pidiéndonos ir a ver sus películas malas porque es con ésas con las que más nos necesita como espectadores, como consumidores.

Han abusado con eso de poner como dizque analistas a ex jugadores que no tienen mucha idea ni cuentan con el mínimo y más jodido decoro en el manejo del lenguaje.

Muchos no logran expresar bien lo que sí saben, y muchos otros son capaces de hablar impecablemente de lo que no entienden, por no mencionar a esa mayoría conformada por quienes no saben qué decir ni cómo decirlo.

Besando mis rodillas

Jesús Adrián Romero

Besando mis rodillas

Besando mis rodillas


En este libro, Jesús Adrián Romero nos da su punto de vista sobre distintos temas de actualidad, con algunas ideas poco ortodoxas, lo que le ha valido que ha últimas fechas su popularidad haya decaído. Puede uno estar de acuerdo o no, pero hay que leerlo para conocer. Calificación de 8.5

Veranda: es una galería o porche techado abierto.​

La misión de Editorial Vida es ser la compañía líder en satisfacer las necesidades de las personas con recursos cuyo contenido glorifique al Señor Jesucristo y promueva principios bíblicos.

Los conceptos de este libro no traen resolución, más bien te presentan un espacio para que puedas continuar su composición.

En una ocasión escuché a alguien decir que cuando estaba en casa anhelaba estar de viaje y cuando estaba de viaje anhelaba estar en casa. Será que ¿no encontramos nuestro hogar?

Casi siempre el inicio de la vida cristiana parece una eterna primavera. Los nuevos creyentes no conocen el invierno o el desierto. Están viviendo una luna de miel, pero la luna de miel no dura todo el tiempo. Tenemos que dejar de ser niños, tenemos que crecer, madurar.

El verano es un tiempo de mucho trabajo, de mucho sol, de crecimiento y cosecha. En esta etapa, la tierra es fértil y nuestros esfuerzos dan fruto, los ministerios florecen, las iglesias crecen.

La necesidad nos enseña… nos ubica… nos regresa al centro. Así que después de la cosecha y la abundancia, después de las conquistas y las vacas gordas, inevitablemente llegará el otoño y con el otoño llegarán los días grises. El otoño es un tiempo de cambio, parecido a la primavera pero al revés. Las flores se secan y comienzan a morir. Las hojas de los árboles se apergaminan y empiezan a caer. El viento sopla y la lluvia cae. Los días se hacen más cortos. El cielo se nubla y nuestra actitud también.

Durante el otoño, muchos sufren de depresión y ansiedad, y aunque suene a tabú, los cristianos también sufren de depresión y ansiedad, y van a terapia con el psicólogo. La depresión y la ansiedad son sentimientos que vienen con el otoño espiritual, y con mucha frecuencia son el resultado de haber perdido la conexión con Dios, esa conexión que nos da vida, significado e identidad. En el otoño muere el verano, y mientras más productivo haya sido nuestro verano, más gris veremos nuestro otoño, porque es mucho más lo que estamos perdiendo, mucho más lo que estamos dejando. Muchos se aferran a cosas que tienen que soltar; un ministerio, una relación, un sueño… y aunque el otoño no siempre significa que dejaremos de hacer lo que estábamos haciendo, sí significa que vienen cambios. Durante los otoños, el trabajo que antes era un deleite se convierte en una carga. Entonces, los resultados que antes se lograban con facilidad, ahora se alcanzan con mucha dificultad. Al igual que en los veranos, nos cansamos, pero este tipo de cansancio nos quita el sueño, y a veces sufrimos de insomnio, nuestra mente da vueltas y quisiéramos poder apagarla. Este es el tiempo de la rutina. Caminamos en automático… hacemos las cosas por inercia y responsabilidad más que por pasión.

En el invierno enfrentamos la desesperanza y perdemos la confianza.

Por mucho tiempo no entendí a las personas que piensan en el suicidio, tenía compasión de ellas pero no las entendía. Mi mente decía: con tanta belleza, tanta vida, tanta alegría, tantas cosas buenas, ¿cómo puede alguien pensar en el suicidio? Y aunque nunca he pensado en el suicidio, sí he conocido por momentos la desesperanza del invierno, y cuando cruzas por un crudo invierno puedes llegar a entender a los que no tienen esperanza.

En el invierno todo muere y en el invierno espiritual debemos morir. Aunque la muerte suene como el fin, en la vida espiritual no lo es. Fue a través de la muerte que Jesús triunfó sobre sus enemigos.

Cada invierno es un tiempo para pensar en las cosas que deben morir en nosotros. Mientras más tiempo nos tome entenderlo, más largo será nuestro invierno.

Hay ministerios que deben morir para descubrir lo nuevo que Dios tiene para nosotros. No podemos dar la bienvenida a Isaac si nos hemos conformado con Ismael. Aunque en los inviernos Dios parece distanciarse, es cuando más cerca está de nosotros. Jesús camina a nuestro lado, pero como los caminantes a Emaús, no le reconocemos porque nuestros ojos están vendados. Es durante los inviernos que más oramos y, aunque nuestras oraciones parecen no encontrar respuestas, es cuando más crecemos. Curiosamente, después de haber atravesado un invierno, después de haber pasado por una situación devastadora en la vida, la mayoría de las personas dicen: fue lo mejor que me pudo haber sucedido.

No hay crecimiento espiritual sin invierno.

Lo largo de nuestro invierno dependerá de qué tan dispuestos estemos a morir.

Somos parte de una generación que se ufana de practicar una fe urbana, moderna y sofisticada, pero el peligro de practicar una fe moderna es que podemos perder la conexión tan necesaria con el pasado.

Hay tres ramas de la iglesia cristiana; la católica, la evangélica y la ortodoxa. La ortodoxa es la más antigua de todas. Sus orígenes datan de los primeros apóstoles. Se encuentra mayormente en el Medio Oriente y partes de Europa. Turquía tiene algunas de las iglesias más antiguas del cristianismo.

Para los artistas religiosos de la antigüedad había una diferencia entre pintar una pintura y crear un icono. Aunque ambos eran hechos por un artista, la pintura se pintaba mientras que el icono se escribía, por eso es que ese tipo de cuadros con iconos eran llamados iconografías. A través de los iconos contaban la historia bíblica, la historia de la redención y la fe. Los iconoclastas eran los destructores de iconos. Así es la iglesia moderna.

Nuestras reuniones tienen muy poco misterio. Somos parte de una generación que quiere entender y solucionar todos los rompecabezas. Queremos resolver el misterio de Dios.

Las oraciones litúrgicas son oraciones escritas. Algunas de ellas se escribieron hace cientos de años y han sido utilizadas por creyentes ortodoxos a través de los siglos. Estas oraciones están llenas de Biblia e historia.

La iglesia se ha convertido en un ejército de personas que visten, piensan, cantan, adoran y oran de la misma manera. Al desarrollar este tipo de iglesia estamos menospreciando la inmensa creatividad de Dios. Dios nos hizo distintos, y debemos practicar la vida espiritual de distintas maneras.

Por mucho tiempo rechacé mi temperamento hasta que un día me di cuenta de que los dones y el llamado que Dios tenía para mí iban a fluir a través de mi temperamento, y empecé el proceso de aceptarme tal y como Dios me había hecho. Algo muy interesante empezó a suceder, un río de canciones empezó a surgir dentro de mí. Lo que sucedió fue algo muy simple, acepté mi temperamento de músico. Como tal, soy melancólico, introspectivo y hasta bohemio, y al aceptarlo, el don de Dios de la música empezó a fluir en mí.

Los artísticos crecen espiritualmente a través de expresiones de arte. Muchas personas artísticas se sienten incómodas con expresiones emocionales fuera de control.

El problema moderno no es el escepticismo, sino la credulidad.

Molesto con los judíos que estaban instigando a los gálatas a circuncidarse, Pablo les dice que deberían de castrarse. «¡Ojalá que quienes los molestan no sólo se circunciden, sino que de una vez se lo corten todo!» (Gálatas 5.12, TLA).

La Biblia no es como cualquier otro libro, pero se debe de leer como se leen otros libros. La diferencia estará en lo que provoca en nosotros.

Para que la palabra penetre, necesitamos leerla, disfrutarla, meditarla e impregnarnos de ella hasta que penetre y llegue hasta los tuétanos.

Hay tantas historias que nos van a desafiar y nos llevarán a cuestionar muchas cosas. Al leer la historia del joven rico debe hacer que nos preguntemos: ¿estaría yo dispuesto a venderlo todo y darlo a los pobres? La historia de la negación de Pedro. ¿Actuaría como Pedro? ¿Haría yo lo mismo? ¿Lo negaría? ¿Cuántas veces has luchado con esos pasajes? ¿Cuántas veces después de leer este pasaje has cuestionado tu fidelidad, tu amor, tu fe, tu cristianismo? A menos que experimentes la Biblia de una manera interactiva, no la has leído.

Después de pensarlo muchas veces me di cuenta de que ambos, Abraham e Isaac, estaban llenos de temor, pero confiados en su padre. Isaac estaba confiado en su padre Abraham, y Abraham estaba confiado en su padre Dios. Ese enfoque me llevó a cuestionar si yo realmente confío como lo hicieron Isaac y Abraham. El pasaje me ha hecho interactuar muchas veces.

«Hagamos tres enramadas» (Marcos 9.5), dijo Pedro cuando el monte en el que estaban se convirtió en un santuario. Aquí me quiero quedar, aquí me siento seguro. Los santuarios son lugares de refugio donde nos sentimos seguros. Cuando David huye de Saúl, está luchado por sobrevivir, sabía que en cualquier momento le podían quitar la vida. Muchos de los salmos que hablan de confianza fueron escritos por David en estos días difíciles de persecución. En su huida, David encuentra refugio en el santuario en Nob, donde Abimelec era el sacerdote y allí es alimentado de pan. El pan consagrado, el pan de la presencia. Además de haber llegado con hambre, David también había llegado al santuario sin espada, y le pide una al sacerdote. Abimelec le responde que la única espada que tenía era la del filisteo Goliat, y David la toma diciendo que no podía haber otra mejor. Cuando David sale del santuario, ha sido fortalecido físicamente y lleva en sus manos la espada de Goliat. Una espada que representaba el respaldo de Dios a su vida. En el santuario, Dios nos recuerda nuestras victorias y recobramos la confianza.

Tradicionalmente se relaciona la palabra «santuario» con la palabra «iglesia» o el lugar donde la gente se congrega para adorar, pero hay una generación emergente que está descubriendo un santuario en su lugar de trabajo, en su escuela, en la casa donde viven y hasta en el baño. Dios está presente en su creación, declara el poeta/profeta: «Toda la tierra está llena de su gloria» (Isaías 6.3).

Hemos encerrado a Dios en las cuatro paredes de un templo, pero Dios está en todas partes y el mundo entero es un santuario.

Eugene Peterson nos dice en su libro Leap Over a Wall: «En los textos bíblicos ser ungido significa que Dios te dio un trabajo. Significa empleo. Se nos está diciendo que hay un trabajo para hacerse, nos ha asignado un trabajo y lo podemos hacer». Jesús fue ungido para su trabajo, David fue ungido para el suyo y después se va al palacio del rey a trabajar como escudero y a tocar el arpa. El ser ungido para el trabajo no se limita al trabajo «espiritual».

El trabajo dignifica, nos da valor y propósito. Nos lleva a proveer para los nuestros.

Haz de tu lugar de trabajo un santuario. Mira las cosas que tienes y que tu trabajo ha provisto. La ropa que usas, los zapatos que traes puestos, la comida que tienes en el refrigerador o en la alacena, la mesa en la que comes, el coche que conduces, aunque no sea mucho es mejor que nada. Dile al Señor gracias porque hay comida para dar en esta casa. Te doy gracias porque pude pagar el recibo de electricidad, el recibo del agua.

Me suena lógico que mientras más cerca estás de Dios, más creativo serás, pero algo sucedió con el arte y los cristianos. De repente se empezó a pasar el arte por un filtro de supuesta espiritualidad por el que muy pocas cosas pueden pasar, y el arte empezó a ser rechazado. El único arte que realmente se acepta en la iglesia es la música.

En muchas ocasiones he estado con algunos de mis músicos escribiendo y de repente surge una melodía, una canción. Sabes que cruzaste el umbral de la creatividad. Se te eriza la piel, sabes que algo extraordinario acaba de suceder, te conectaste con esa voz creativa. Realmente no puedes tomar demasiado crédito por lo que acaba de suceder, el único crédito que puedes tomar es el de haber sido sensible a esa voz creativa de Dios.

En las últimas décadas muchas personas en la iglesia se han vertido en contra de todo. En contra de Hollywood, el cine, las caricaturas, la música, la navidad, y la lista continúa. Dicen que el diablo está en La bella y la bestia, en La cenicienta, en Blancanieves. ¿Por qué será que los cristianos tan fácilmente encuentran al diablo en todo, pero difícilmente encuentran a Dios? ¿No dijo el profeta/poeta que toda la tierra está llena de la gloria de Dios?

De niño creía en Santa Claus, en Superman y en el ratón que me traía dinero cuando se me caía un diente y lo ponía debajo de mi almohada. Ahora que soy grande no creo en ninguno de ellos, pero todos ellos de alguna manera me invitaron a creer, me iniciaron en el campo de la fe y finalmente me dirigieron a Dios. ¿Por qué privar a nuestros hijos de una imaginación que los llevará a Dios? ¿Por qué privarnos nosotros de imaginar y encontrar a Dios en el arte?

La realidad es que si no tenemos relaciones significativas, aunque tengamos a Dios, seguiremos estando solos y fue Dios quien lo diseñó así.

C. S. Lewis tenía muchos amigos, y pasaba muchas horas disfrutando su compañía. En una de sus cartas preguntó: «¿Habrá un placer más grande que el de un círculo de amigos al lado de una fogata?». La gente más feliz es aquella que conecta, que se relaciona con los demás.

C. S. Lewis dijo: «El amor eros nos lleva a tener cuerpos desnudos, pero el amor fileo nos lleva a tener personalidades desnudas».

Como Adán y Eva, todos negamos nuestra necesidad de conexión y nos escondemos, pero no podemos estar siempre escondidos, algún día tendremos que salir de nuestra guarida.

No hay verdadera comunidad sin transparencia.

No hay sustituto para la verdadera comunidad, y no se puede dar en las redes sociales.

Cuando Dios ve a Adán y Eva con hojas de higuera cubriendo su desnudez, hace algo: «Dios el SEÑOR hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió» (Génesis 3.21, NVI). Para darles estas pieles un animal tuvo que ser sacrificado. Este animal era una figura, una profecía de lo que Dios haría miles de años después a través del sacrificio del cordero del Dios que es Cristo Jesús. Así lo declara el autor de Hebreos. Él quiere limpiar tu conciencia para que seas libre, para que disfrutes la relación con Él y con los demás sin esconderte.

Los que son padres de niños con frecuencia se preguntan: ¿cómo les puedo enseñar a mis hijos acerca de Dios?, y aunque esta pregunta es relevante, hay otra pregunta que nos debemos hacer; ¿de qué manera pueden mis hijos enseñarme de Dios? ¿De qué manera mis hijos me pueden acercar a Dios?

En una ocasión cuando Jesús era niño se perdió, y sus padres no lo encontraban. Imagina tal situación, se les perdió, ¡Dios¡ Tal vez María le pregunta a José: «¿Has visto a Jesusito?». «¡Yo pensé que estaba contigo!», le responde José. «¡Y yo pensé que estaba contigo!», replica María. Se les extravió el creador de las galaxias. Después de haberlo buscado por tres días, lo encontraron en el templo hablando con los maestros de la ley, y como padres, cuando lo encuentran, se ponen a regañarlo. Primero pierden a Dios y luego lo regañan.

Los niños viven en un mundo diferente al nuestro. Ellos viven en un mundo espontáneo y natural, donde todo es personal. En cambio, nosotros los adultos dejamos de ser espontáneos y naturales. Nos volvemos almidonados, acartonados y desconectados, batallamos para las relaciones. Hay personas que no se hallan bien con nadie, aunque de niños no eran así.

La paternidad de nosotros los hombres apunta hacia la paternidad de Dios. Nosotros somos padres porque Él fue padre primero. Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar les dijo que empezaran diciendo: «Padre nuestro que estás en los cielos». Los únicos que nos pueden enseñar a ser padres y parecernos más a Dios son los niños.

Creo que tal vez esa sea la razón por la que inconscientemente no queremos que nuestros hijos crezcan. Nos acercan a Dios, nos hacen mejores personas. Queremos que se queden como niños un poco más de tiempo.

Dicen los expertos en ejercicio que si tú haces ejercicio constante por un periodo de tres años, tus células, que tienen memoria independiente, empezarán a actuar como si hubieras hecho ejercicio toda la vida. ¡Asombroso! Tú puedes tener cincuenta años de edad, y si el día de hoy empiezas a hacer ejercicio, en tres años tu cuerpo actuará como si hubieras hecho ejercicio toda la vida.

Una sinécdoque es un recurso del lenguaje literario que utiliza una parte de algo para referirse a un todo. Por ejemplo, cuando se dice que una señorita cumplió quince primaveras, se está utilizando la estación de la primavera (parte del año) para representar el todo (el año total).

Mi identidad estaba estrictamente ligada a mis actividades, yo era lo que hacía, y cuando dejé de hacerlo entré en una crisis de identidad.

Tim Keller, hablando del tema de buscar identidad en el amor y utilizando la historia de Jacob como ejemplo, dice que Jacob pensaba que Raquel vendría a darle lo que su alma necesitaba. Después de haber engañado a su padre y haber obtenido la bendición del primogénito a base de mentiras. Después de haber huido de la casa de su padre porque su hermano lo quería matar. Jacob está en una tierra lejana, solo y lejos de su familia. Tal vez está lamentando todo lo que había sucedido. Cuando ve a Raquel piensa que ella le solucionará todos sus problemas. Que le dará lo que realmente necesita. El escritor de Génesis dice que cuando Jacob la vio «la besó y rompió en llanto». Nunca he visto a un hombre romper en llanto de la manera que este pasaje lo describe. Jacob ve a Raquel como su salvación. Tan seguro está de esto que se dispone a trabajar siete años para que Labán se la dé en matrimonio, mucho más de lo requerido, pero a Jacob no le importa y los siete años le parecieron muy poco tiempo. El desenlace de la historia es conocido por todos. La noche de bodas, en medio de la oscuridad, Jacob no se da cuenta de que le cambiaron a la novia. En vez de dormir con Raquel, Jacob terminó durmiendo con Lea su hermana, la hermana mayor que no era tan atractiva como Raquel. Tim Keller dice: «Ninguna persona, ni la mejor, le puede dar a tu alma lo que necesita. Vas a pensar que te fuiste a la cama con Raquel pero cuando te levantes siempre será Lea».

¿Cuántas veces oramos por algo y continuamos preocupados? Decimos que hemos puesto las cosas en las manos de Dios, pero aún continúan en las nuestras. Creemos que somos nosotros los que vamos a cambiar las cosas y arreglar a las personas. Creo que a veces Dios no contesta nuestras oraciones porque no se lo permitimos.

Le pregunté si no estaba preocupada por lo que estaba pasando en casa y su respuesta inmediata fue que no. «En el momento en que puse esta carga en las manos de Dios, allí la dejé, ya no es mi carga; si no puedo descansar en Dios, entonces realmente no creo lo que dice su Palabra».

Cuando tomamos un día libre, cuando dejamos de hacer las cosas, y dejamos de preocuparnos por ellas, le estamos diciendo a Dios: mi vida es tuya, tú estás en contro, mi trabajo es tuyo, mi negocio es tuyo. Mi ministerio es tuyo.

«En paz me acostaré, y así mismo dormiré; porque solo tú, oh Señor, me haces vivir confiado» (Salmos 4.8). Hemos enfocado este versículo para poner a dormir a los niños, pero no es un versículo que los niños necesitan oír. Es un versículo para adultos que necesitan aprender a confiar y descansar en Dios.

Aunque como iglesia hablamos de ir por los perdidos y rescatarlos, hemos desarrollado una cultura para los triunfadores. Al igual que los hombres de David, se nos ha olvidado que en un tiempo nosotros también estuvimos rezagados. «David se fue de Gat y huyó a la cueva de Adulán […] Además, se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David llegó a tener bajo su mando unos cuatrocientos hombres». (1 Samuel 22.1–2, NVI)

La mayoría de los cristianos no saben cuáles son las preguntas que el mundo está haciendo porque no escuchan. Estamos fascinados con el sonido de nuestra propia voz y listos a dar respuestas. Y aunque nuestra respuesta sea la correcta, a la gente le suena a intolerancia, juicio, odio y condenación.

«Ciertamente el SEÑOR está en este lugar y yo no lo sabía» (Génesis 28.16, LBLA).

Nuestros días corren tan de prisa que no nos detenemos a mirar las zarzas que arden a nuestro alrededor.

La zarza está en llamas cuando me reúno con mis amigos y reímos hasta llorar. La zarza está en llamas cuando juego con mis hijos. Cuando paseo en bicicleta, cuando corro por los campos. La zarza está en llamas cuando veo el sol ponerse. Cuando veo las olas del mar llegar a donde están las rocas y las baña. Una antigua leyenda rabínica cuenta de dos hombres que tuvieron el privilegio de experimentar uno de los milagros más extraordinarios de la historia. Rubén y Simón eran parte de los cientos de miles que Dios liberó de Egipto a través de Moisés. Cuando salieron de Egipto, el ejército de Faraón los iba persiguiendo y llegaron al Mar Rojo. Ellos no estaban a un lado de Moisés cuando este pone su vara sobre el mar y se abre. Empezaron a caminar entre la multitud, sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo, no sabían que estaban caminando en medio del mar que se había abierto. Había algo así como el lodo de arena que se hace cuando baja la marea en el mar y dice Rubén: «¡Esto es terrible!, ¡hay lodo por todas partes!». «¡Sí, qué asco!, responde Simón, estoy lleno de lodo hasta los tobillos». «¿Sabes qué?, le dice Rubén, cuando éramos esclavos en Egipto teníamos que hacer ladrillos de lodo, exactamente como este». «Sí, le contesta Simón, no hay diferencia entre ser esclavos en Egipto y estar libres aquí». Y así siguieron, quejándose y lamentándose, sin darse cuenta de que estaban participando de uno de los milagros más extraordinarios de la historia. Tal vez en este momento estés cruzando el mar. Tal vez ahora mismo estás pisando tierra santa y sea necesario remover el calzado. Tal vez en este momento el cielo se está conectando con la tierra en el lugar donde estás. ¿Te has dado cuenta?

Redimir también significa devolverle la dignidad y el valor a alguien que los ha perdido.

Tu prójimo son todos, especialmente aquellos que no son como tú.

Nuestra interpretación del amor está más de acuerdo al Antiguo Testamento que al nuevo. No amamos como Cristo amó, hacemos una distinción entre nosotros y ellos, entre los de adentro y los de afuera. Creemos en el amor condicional, el amor que se gana, el amor que se merece. Por eso tenemos la palabra amable. Alguien digno de ser amado. Lo experimento cada vez que viajo, en los aeropuertos, en los hoteles. «Gracias, eres muy amable». Como me trataste bien, me caíste bien, te trataré bien, eres digno de amor.

Hay mucha gente a nuestro alrededor que se siente devaluada, olvidada, sola y sin esperanza. Entender la obra redentora en su totalidad implica ayudar a las personas en sus diferentes problemas y regalarles esperanza, no ayudar a la distancia, sino ser amigo de los pobres y débiles. Hay tanto sufrimiento que necesita ser mitigado, tantos daños que necesitan ser corregidos, y aquí es donde entra la obra de la redención. Si cada creyente alrededor del mundo decidiera redimir a alguien, el mundo entero entendería más fácilmente el otro mensaje de la redención. Antes de predicar la redención debemos vivir la redención. Busca alguien a quién devolverle el valor, la dignidad, la honra… que Dios ponga en tu corazón a quién redimir. Cuando leí el versículo de Proverbios 23.10–11 que vimos anteriormente: «No cambies de lugar los linderos antiguos, ni invadas la propiedad de los huérfanos, porque su Defensor es muy poderoso y contra ti defenderá su causa», me quedé pensando en la frase «su defensor es muy poderoso». Seguramente no todas las personas que en el Antiguo Testamento decidían redimir a sus parientes eran poderosas. Seguramente había personas que con dificultad hacían la obra de la redención, pero este pasaje afirma, asume, que todos los defensores son poderosos. Esta es la razón: Cuando nos hacemos del lado de los marginados, nos hacemos del lado de Dios. Cuando decidimos redimir a alguien, estamos haciendo equipo con Dios. Cuando defendemos la causa de los pobres, los oprimidos y los débiles, nos hacemos parte de la causa de Dios. Dios es poderoso y quien decida ser parte de su equipo también lo será. No hay mejor inversión que podamos hacer en esta tierra que redimir al necesitado. «Si ayudas al pobre, le prestas al SEÑOR, ¡y él te lo pagará!» (Proverbios19.17, NTV). De la misma manera, el ignorar al necesitado es una receta para nosotros terminar en necesidad. «Los que tapan sus oídos al clamor del pobre tampoco recibirán ayuda cuando pasen necesidad». (Proverbios 21.13, NTV) «Al que ayuda al pobre no le faltará nada, en cambio, los que cierran sus ojos ante la pobreza serán maldecidos». (Proverbios 28.27, NTV)

Dios no creó el alimento solo para nuestro sustento, también para nuestro deleite.

La realidad es que en la cultura moderna la gente no come de una manera apropiada y mucho menos a la medida.

El comer kosher transforma el comer, llevándolo desde la perspectiva nutricional hasta el terreno de la fidelidad. Si mantienes una dieta kosher, el protagonista de tu comida no eres tú; es Dios.

Antes había cosas que no se comían por algunos meses del año porque no las encontrabas en el mercado. Era muy común que cuando quería comer algo, mi mamá me decía que no era temporada. Ahora encuentras todo en el mercado. Los mercados de antes asaltaban todos tus sentidos, olías y veías la carne de la vaca que acababan de traer del matadero. El pescado que había llegado en la madrugada del puerto más cercano parecía estar todavía vivo. Las verduras aún tenían tierra en sus raíces. Ahora todo lo traen de alguna parte del mundo. No anticipamos nada. No esperamos nada. El placer es inmediato porque todos los alimentos están a nuestro alcance. Tal vez esa sea la razón por la que en nuestra cultura no sabemos posponer la gratificación o la satisfacción en otras áreas. Estamos acostumbrados a que todo lo que queremos lo podemos tener ahora.

El sexo no sacia…

El sexo se ha convertido en el espejismo más engañoso. Promete mucho, pero cumple poco.

Los antiguos convertían las cosas buenas en ídolos. Los ídolos son cosas a las que les damos atributos que solo Dios posee. Cuando esperamos que el dinero, el trabajo, o en este caso el sexo vengan a llenar nuestros anhelos más profundos, los convertimos en ídolos.

Me fascinan los ruidos en las casas de madera. Crujen cuando sienten el calor, el frío y la humedad y a veces pienso que se acuerdan de cuando eran árboles.

«Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: “Éste es el camino; síguelo”». (Isaías 30.21, NVI)

A veces leemos libros, y a veces los libros nos leen a nosotros.

A veces he estado hablando con personas cuyos pensamientos se sienten dispersos. Parecen tener un déficit de atención. Platican, pero lo hacen volteando a los lados como buscando algo. Juegan con su teléfono y hacen de todo menos concentrarse. A veces me pregunto si Dios se sentirá así con nosotros. No ponemos atención. No estamos presentes.

En una ocasión, Jesús sanó a un hombre de ceguera. Después que puso sus manos sobre él, le preguntó qué era lo que veía. El hombre respondió que veía a los hombres como árboles. Jesús volvió a poner sus manos sobre él para que pudiera ver completamente bien. Tal vez lo mismo necesita suceder con nosotros. A veces nuestra visión no es lo suficientemente clara.

Cartas de amor a los muertos

Ava Dellaira

Cartas de amor a los muertos

Cartas de amor a los muertos

Como parte de una tarea de Literatura, una adolescente envía cartas a distintos personajes que han muerto, y así, mientras detalla algunos datos biográficos de los difuntos, aprovecha para desahogarse contando su vida, sus miedos y temores, sus alegrías y tormentas, y sobre todos, sus tragedias. Mención aparte es la temática “dura” que la autora aborda: homosexualidad, suicidio y abuso sexual. Dura porque son temas difíciles de tratar, pero que existen. Sobre todo porque es un libro orientado a adolescentes. Bien por el esfuerzo. Calificación de 9.5

Cartas enviadas a: Kurt Cobain, Judy Garland, Elizabeth Bishop, Amelia Earhart, River Phoenix, Janis Joplin, Jim Morrison, Amy Winehouse, Heath Ledger, Allan Lane, E.E. Cummings, John Keats y May, hermana de la protagonista.

Hay algunas cosas que no le puedo contar a nadie, excepto a las personas que ya no están aquí.

Ahora temo acercarme a él por miedo a que derrame toda la angustia que esconde en su interior.

Kurt, tengo la sensación de que nos conoces a May, a Hanna, a Natalie y a mí. Puedes comprendernos a la perfección. No temiste hablar sobre los miedos, la angustia y otros sentimientos humanos que muchas veces intentamos ocultar. Sé que tu intención no era convertirte en un héroe, no querías ser un ídolo. Solamente deseabas expresarte a través de tu música, ser tú mismo.

Los relatos de nuestros padres quedan grabados en la memoria de una manera especial. Se diferencian del mundo actual y también de nuestros propios recuerdos. Tienen un color particular. No me refiero a que estén en blanco y negro, porque mis padres son bastante jóvenes. Pero guardan un brillo propio, único.

Una vez que tienes miedo de una cosa, ese miedo puede diversificarse y expandirse.

A veces, los adultos son impostores, pensé. Siempre actúan como si desearan ayudarnos o cuidarnos, pero en el fondo solo quieren algo a cambio.

Tal vez en eso consiste el amor, en atesorar para siempre una vida, una persona o un momento.

No conozco a nadie que posea una familia perfecta. Creo que esa es la razón por la cual ansiamos crear una nueva cuando crecemos. Las amistades también entran en esa categoría.

Sé que es muy difícil entender el gran amor que alguien puede sentir por nosotros, sobre todo cuando tenemos miedo ser nosotros mismos o cuando ni siquiera sabemos con certeza quienes somos.

Adoro las tradiciones porque mantienen vivas las memorias del pasado.

Me pregunto si será verdad… si tendremos una herida oculta que siempre encuentra la manera de resurgir.

Recordé tu nota de suicidio en la que afirmabas que tu hija sería mucho más feliz cuando tú no estuvieras. Déjame decirte algo. Creo fervientemente que estabas muy equivocado. No tolerabas la vida y esa era una buena excusa para sentirte mejor, ya que íntimamente sabías que tu pequeña niña te necesitaba y no quería que te fueras.

He descubierto que algunos momentos de la vida permanecen en nuestro cuerpo, anclados debajo de la piel al igual que semillas de asombro, tristeza o temor. Si nos caemos, alguna de ellas podría liberarse y disolverse en la sangre o crecer hasta convertirse en un árbol. A veces, basta con que una sola se esparza para que las demás hagan lo mismo.

Simplemente amo a las personas… tanto que me hacen sentir tremendamente triste.

Nirvana significa liberación del sufrimiento. Algunas personas dirían que esta liberación se alcanza con la muerte. Felicitaciones por haberte liberado. El resto de nosotros permanece aquí lidiando con las ausencias.

Los malos acontecimientos nunca vienen solos, sino que siempre están acompañados del angustiante sentimiento de lástima de los demás. La reacción de los otros confirma el lamentable suceso.

Amaba sentir su mano contra la mía cuando chocábamos los cinco, aunque fuera tan solo un instante.

En determinadas circunstancias las palabras están de más, pero a veces hay que intentarlo.

Trajiste una hija al mundo, pero jamás la conocerás. No la verás crecer ni preparará la cena con ella cuando, durante el verano, regrese de la piscina oliendo a cloro. Tampoco presenciarás el momento en el que aprenda a andar en bicicleta sin usar las manos. No asistirás a su concierto de coro, en el que todos los padres estarán sentados en el suelo húmedo del gimnasio observando como cada uno de sus hijos cierra los ojos antes de comenzar a cantar. Al cubrirse el jardín con nieve, no la contemplarás echada sobre ella haciendo angelitos. No te encontrarás presente cuando se enamore por primera vez. Y si le rompen el corazón y se esconde bajo las sábanas a llorar, tampoco podrás escucharla. Cuando más te necesite, no estarás allí para acompañarla. ¿Acaso no te importa? ¿Cómo pudiste hacerle algo tan atroz?

¿Sabes lo que tendrá en lugar de un padre? La nota de suicidio. Mientras la redactabas, ¿pensaste en que aquellas palabras marcarían su vida por completo? Escribiste que tenías una hija, llena de vida y alegría, que solía besar a cada persona que se cruzaba porque todo el mundo era bondadoso con ella y nadie la lastimaría. Aquello te aterrorizaba, ya que no podrían soportar que creciera y se convirtiera en alguien como tú. Pero yo me pregunto… ¿alguna vez te detuviste a pensar en que tu carta y tu suicidio le quitarían la inocencia que tanto anhelabas para ella y entristecerían su alegre corazón? Fuiste el primero en hacerle daño, el primero que la expuso a los peligros de la vida. No sé por qué te he escrito tantas cartas a ti. Creía que eras especial, pero claramente me he equivocado. Tú también te marchaste, al igual que todos los demás.

Tengo un inmenso nudo en el estómago y la terrible sensación de que ya no existen los finales felices.

A veces necesitamos que nuestro cuerpo exponga aquellas historias secretas que nos lastiman y que no somos capaces de confesar en voz alta.

A medida que crecemos, las historias van cambiando e incluso, a veces, pierden por completo el sentido que antes tenían.

A veces actuamos de acuerdo con lo que sentimos internamente, sin tener en cuenta el efecto que causaremos en los que nos rodean.

Deseaba hallar las palabras justas para transformar todo lo malo en algo agradable, pero las busqué en vano.

¿Podrías olvidarte por un segundo de lo que debería ser y enfrentar lo que realmente es?

Nada es peor que ser abandonada por alguien que supuestamente te ama.

Ella tomó sus propias decisiones. Tú debes ocuparte de ti misma ahora, es lo mejor que puedes hacer por ella porque es lo que ella querría.

A menudo, los gestos más pequeños ocupan más espacio.

Quizás al crecer comprendemos cosas que antes nos eran incomprensibles.

Hay muchas situaciones injustas. Frente a ellas podemos enojarnos de por vida o intentar hacer las cosas bien de ahí en adelante.

Si queremos que alguien nos conozca debemos estar dispuestos a desnudar nuestro interior.

Alguna vez dijiste que pensabas que las personas le temían demasiado a volar sobre sus propios Atlánticos.

Ni la culpa ni el enojo ni la nostalgia pueden cambiar lo ocurrido.

Tú eres mejor que tu padre. Pero tal vez no sea tu responsabilidad compensar sus errores para siempre.

Después de confesar algunas cosas, solemos percibir el silencio o los simples ecos que brotan de nuestro interior, lo cual resulta bastante solitario. Sin embargo, eso solo ocurre cuando aún no estamos preparados para escuchar. Porque la verdad es que cada vez que hablamos, la voz del universo nos responde.

Recién ahora comprendo que mi error no fue haberte confesado lo de Billy, sino no habértelo dicho antes.

Cristiano generación Facebook

Josué Barrios

Cristiano Generación Facebook

Cristiano Generación Facebook

En estos tiempos que corren donde Internet y sobre todo las redes sociales por ese medio han hecho su aparición de extraordinaria manera, el autor nos da algunas advertencias y consejos de lo que ocurre con nuestro comportamiento en esas áreas de nuestra vida. Resumiendo: debemos comportarnos de igual forma en todos los lugares, incluyendo las redes sociales. Calificación de 7.

Es muy fácil cometer errores en las redes sociales. Por eso tanta gente lo hace.

Ignoramos que las redes sociales son gratuitas porque el producto somos nosotros.

A muchas personas les parece normal que alguien se tome un montón de selfies, pero una vez que piensas en eso, te das cuenta de que es un acto bastante loco e inútil. Míralo de esta manera: ¿Te imaginas a alguien tomarse fotos para pegarlas en una pared, en la calle más transitada de la ciudad, para que la gente le diga si es atractivo, le dé likes, lo apruebe o simplemente para que lo vean?

Presumir es lo que hacemos cuando no tenemos gozo en Jesús.

Hay personas que piensan que la idolatría es cosa del pasado. Que se trata solamente de rendir culto a figuritas hechas con madera o piedra, o lo que sea, arrodillándote ante ellas y adorándolas, pero se equivocan. La idolatría es más que eso. Es en esencia, atribuir a algo más lo que sólo Dios merece. Es buscar tu máximo gozo, no en ¬Dios, sino en cualquier otra cosa. Es darle más valor a algo pasajero, a lo creado, o a una criatura, que al Eterno Dios Todopoderoso.

Hay gente tan pobre que lo único que tienen son seguidores y fama.

Pascal escribió: “La distracción es la única cosa que nos consuela por nuestras miserias. Sin embargo, es la mayor de nuestras miserias. Por encima de todo, es la que nos impide pensar en nosotros y así nos conduce imperceptiblemente a la destrucción. Pero para esto deberíamos estar aburridos, y el aburrimiento nos llevaría a buscar algunos medios más confiables de escape, pero la distracción pasa nuestro tiempo y nos trae imperceptiblemente a nuestra muerte”.

Lo que creo que es malo […] es cuando usamos la distracción para tratar de llenar nuestras vidas con ella.

¿Por qué y cómo Facebook puede entristecernos? El estudio sugiere que posiblemente sea por la envidia que nos puede causar ver sólo el lado feliz de la vida de los demás. Mullins escribe que “algunos investigadores se han referido a este efecto como el ‘síndrome del mundo amigable’, en el que parece que todos la pasan mejor en la vida que uno”. En Facebook las personas suelen hablar sólo de las cosas buenas que les pasan. Debido a que somos pecadores, eso puede invitarnos a ser envidiosos y presumidos

Al ver que, por ejemplo, parece que somos menos populares que otros. Facebook puede ayudarnos a tener una imagen distorsionada de la vida.

Creo que toda generación tiene sus ídolos característicos… y el ídolo de la generación Facebook es sin duda la social media.

En palabras de David Foster Wallace, “No hay una cosa como no adorar. Todos adoramos. La única elección que tenemos es qué adorar”.

Cuando sabes en tu corazón que tienes la atención infinita de Dios que te ama con un amor que supera todo entendimiento (Efesios 3:19), no necesitas la atención de las personas para ser feliz. Los cristianos no viven para los aplausos como Lady Gaga. Cuando sabes que en Cristo lo tienes todo, sabes que las cosas que no tienes no las necesitas y eso, entre muchas cosas, te lleva a renunciar cada día más a la vanidad, hasta en Facebook (por ejemplo).

El evangelio no es “obedezco y por tanto soy salvo”. El evangelio es “soy salvo, por tanto obedezco” (cf. Juan 14:15).

El apóstol Pablo escribe: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Allí no habla de hacer algunas cosas para la gloria de Dios y otras no, sino TODAS las cosas. Ese breve versículo resume un universo de cosas para hacer si es posible hacer para la gloria de Dios algo que nos resulta tan normal como comer o beber, también es posible escribir un tweet, subir una foto en Instagram y compartir una imagen en Facebook para la gloria de Dios. No sólo es posible comer o beber para la Gloria de Dios, sino hacer todo en nuestro día a día para Su gloria.

Hacer algo para la gloria de Dioses hacerlo reconociendo y mostrando que Él vale más que todo lo demás. “No de la manera que un microscopio magnifica, sino de la manera en que un telescopio magnifica”. En otras palabras, no tratando de mostrar a Dios más grandioso de lo que Él realmente es (esto es imposible), sino buscando mostrarlo de la forma más cercana a la realidad, tan grandioso como Él realmente es. Fuimos creados para ser prismas que reflejen la luz de la gloria de Dios en todos los aspectos de la vida.

¿Qué significa glorificar a Dios? Piper escribe: “Significa reconocer Su gloria, valorarla por encima de todas las cosas y darla a conocer”.

La gente suele asumir que usar las redes sociales para la gloria de Dios es sólo compartir en ellas contenido bíblico y edificante.

Usar las redes sociales para la gloria de Dios se trata de extender el ministerio que todos los cristianos tenemos.

Las redes sociales no son para olvidarnos de la vida fuera de ellas, sino que son un arma de guerra para compartir con más personas lo que ya compartimos fuera de internet y servirles de esta manera a quienes están lejos.

Dios es glorificado cuando somos cuidadosos con quienes aceptamos como contactos en Facebook porque eso da a entender que buscamos estar firmes en la verdad, huir de las tentaciones, no distraernos innecesariamente lidiando con algunas personas que no admiten sus errores, y no tolerar lo que está mal.

Usar las redes sociales para la gloria de Dios es más que compartir versículos, frases, vídeos o imágenes cristianas. Se trata también de hacer lo correcto cuando estés en ellas. De dar un ejemplo de conducta en tu trato con el prójimo, y no sólo un ejemplo de publicaciones.

Es posible amar más ser conocidos por hablar de Dios, que lo que amamos a Dios. Es posible amar más tuitear sobre Dios que a Dios.

Cada cristiano necesita recordar que debe vivir como para una audiencia de una sola Persona: Dios, el creador del Universo.

También están los que denuncian falsos maestros y critican constantemente a otras personas en Internet, no con intención de edificar, sino por el arte de sonar como radicales, expertos en teología y lucir bien.

Procura ser bíblicamente correcto en todo lo que compartas en Internet. Y es que las personas necesitan la verdad y no algo que luzca como la verdad. El amor se goza de la verdad.

En Internet solemos escribir cosas de las cuales podemos arrepentirnos.

Dios no es glorificado en nuestras vidas cuando tenemos nuestras prioridades mal ajustadas. Las redes sociales pueden acercarnos a personas que se encuentran lejos de nosotros, apartándonos sin que nos demos cuenta de las personas que se encuentran cerca. Cuídate de cometer el error de estropear tus relaciones cercanas por estar muy pendiente de las lejanas.

Apartarte de las redes sociales por un periodo prolongado para no distraerte tanto y enfocarte en lo realmente importante, es algo que recomiendo mucho, porque cuando regresas a la web, empiezas a ver todo desde una perspectiva más realista y no la usas de la misma manera.

Recuerda que lo que dices en Internet tiene un impacto fuera de Internet.

“Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se estime sabio en su propia opinión” (Proverbios 26:4-5)

(Mateo 7:12) La gente suele interpretar mal ese mandamiento al asumir que cuando tratemos al prójimo como queremos ser tratados. Entonces el prójimo nos tratará de la misma manera. La Biblia en varias ocasiones da testimonio de que la gente nos perseguirá y odiará por ser cristianos y amarles. El punto es: No trates a las personas bien para agradarles y que te amen, sino trátalas así aunque no te amen porque Dios es más que suficiente para ti.

Resuelvo no darle a las redes sociales más importancia de la que merecen, quiero usarlas de tal manera , que cuando Jesús regrese no me pregunte por qué estuve tanto tiempo en Facebook y tan poco tiempo estudiando la Palabra de Dios y orando.