El espíritu de Absalón

Marcos Canela

El espíritu de Absalón

El espíritu de Absalón

La historia de Absalón, llena de violencia a todos los niveles, sirve de base para que el autor nos muestre todos los efectos que se ocasionan cuando no perdonamos, independientemente de si lo que nos hicieron fue injusto o no. Estos efectos pueden impedir una buena relación con Dios, con los demás y/o con nosotros mismos. Calificación de 9.5.

El abecedario de Dios no es a, b, c, d, sino o, be, de, ce.

Lo que más daña el corazón de una persona es ser maltratado injustamente.

El hombre por naturaleza es sociable, constantemente estamos en contacto con otras personas. A menudo ese contacto se vuelve fricción, la fricción se convierte en molestia, la molestia en tensión, luego viene la ruptura por la ofensa y por supuesto, de ésta proviene la herida, que al no ser tratada da lugar a la amargura. Esto pasa a todos en la casa, en la oficina, en la escuela, en la calle.

La iglesia es como el Arca de Noé, a veces huele mal e incómoda, pero definitivamente… ¡afuera está peor!

No se puede entender lo que a la gente le duele cuando no se ha pasado por una situación semejante, por lo tanto, se debe respetar su sentir y no menospreciarlo.

Cuando un corazón está herido lo primero que pide no es sanidad ni restauración sino “justicia”, o mejor dicho, venganza.

Cuando un cristiano se va de la iglesia por problemas, no se va solo, los problemas se van con él.

Si no perdona las heridas que se le infringen justa o injustamente, tarde o temprano brotará una raíz de amargura.

Dios quiere enseñarnos a perdonar, sin embargo ¿cómo aprenderemos a perdonar si no hay quien nos ofenda? Todos en la iglesia podemos ser buenas personas hasta que se meten con nosotros o con nuestra familia. Mientras nadie nos toque somos casi ángeles, pero cuidado y alguien se atreve a meterse con nosotros porque, repentinamente, aflora lo que en realidad somos y el nivel de madurez que tenemos.

La autoridad está directamente relacionada con la obediencia, es decir, cuanto más obedezco, tanto más autoridad tengo.

No debo hablar de la autoridad pero si puedo hablar con la autoridad.

Muéstrame u nombre rebelde a la autoridad y puedo asegurar que el algún momento de su vida, sea en su infancia, adolescencia o juventud, alguien le ofendió causándole una herida, amargándose por no haber perdonado.

Callar no sana la herida, sólo la infecta más. Callar hace la herida más grande, más profunda. […] Cuando usted no habla lo que le duele, es como vendar la herida sin haberla desinfectado.

Una de las cosas que más causan ir en la familia o en la iglesia, es saber que hay un problema, pero que el papá o el Pastor no tienen el valor de tomar una decisión. Es muy fácil criticar las acciones de los que están en autoridad. La pregunta es: ¿usted qué haría en lugar del rey?

La fe no niega la realidad, la cambia.

Un cristiano amargado toma un texto lo saca de contexto y lo toma de pretexto.

El tiempo no sana las heridas. La distancia no sana las heridas. El único remedio para esto, es tomar la decisión de perdonar permitiendo que la sangre de Jesucristo lave, desinfecte y restaure nuestras vidas.

El perdón no fluye de nuestras emociones, sino de nuestra voluntad, pues el perdón no es una emoción, es una decisión. […] Perdonar significa renunciar a tu derecho a vengarte.

Cuando nos sentimos la víctima o el bueno de la película, es síntoma de que estamos heridos. Y se nos olvida que así como nos han ofendido, nosotros también hemos ofendido.

Cuando no tenemos acceso a la presencia de Dios, lugar donde se aprende humildad y nuestro corazón es tratado hasta ser transformado a la imagen y semejanza de Cristo, entonces comenzamos a centrar nuestra atención en nuestras propis capacidades. En vez de caminar en lo celestial preferimos lo terrenal, en lugar de confiar en Dios, ahora confiamos en la carne.

Lo peor que puede pasar a alguien con un corazón amargado es que de repente algo le funcione bien. Ello le motiva a justificar su proceder –pues al fin y al cabo Dios lo está usando-. El día que tiene la oportunidad de orar por los enfermos y éstos sanan, se justifica con el argumento: “Si yo estuviera mal Dios no me usaría”.

La amargura corrompe la sabiduría.

Es más fácil convertir a un hombre fiel en idóneo, que a un idóneo hacerlo fiel.

Lo que determina el futuro eterno del hombre, no es el pecado que comete, sino l actitud que toma después de cometer el pecado.

Pocas personas la honestidad emocional. ¿Qué tiene de malo decir que tienes problemas? ¿Acaso no están los hermanos y líderes para orar por los afligidos? ¿Por qué nos da miedo mostrarnos tal cual somos?

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Los mil y un velorios

Carlos Monsiváis

Los mil y un velorios

Los mil y un velorios

Monsiváis hace un veloz repaso de cómo se ha ido transformando la llamada nota roja en México, con casos y personajes que fueron de todos conocidos, hasta llegar a los tiempos de la guerra contra el narcotráfico, enfrentamiento que tristemente trivializó dicha sección a fuerza de una violencia cotidiana, extrema y sin sentido. Calificación de 8.

Asonada: Protesta violenta y sonora de un grupo numeroso de personas que suele ser reprimida.
Ensalmo: Conjunto de oraciones y prácticas curativas que los curanderos realizan para sanar a los enfermos.
Ditirambo: Alabanza o elogio exagerados

Nunca me dijeron que el dolor fuese tan parecido al miedo. C.S. Lewis.

La masificación del delito es, también, la deshumanización masiva.

Desde la década de 1920 los sectores ilustrados o semiilustrados condenan las publicaciones de nota roja, no por sus errores (deformación ilimitada de los hechos, manipulación de la ignorancia, prosa de noticieros del fin del mundo, endiosamiento del prejuicio), sino por sus consumidores más notorios, los pobres, a quienes suponen complacidos en su degradación: “Eso leen porque eso les da gusto”. Son su lectura entre líneas, su falso sentido del escándalo. Gracias a la nota roja, las descripciones de la violencia se protegen de la crítica multiplicando reprimendas y ascos verbales. En la retahíla de adjetivos límite (“escabroso, monstruoso, tétrico, vomitivo, abracadabrante, macabro, repugnante, pavoroso, atroz”), la reseña convulsa triunfa sobre el genuino horror moral.

Si tienes dinero la pasas bien hasta en la cárcel.

En mi vida de gatillero profesional, yo, Pepe González y González, autor del presente trabajo [Lo negro del Negro Durazo], comencé a matar desde los 28 años de edad, y teniendo en mi conciencia una cifra superior a 50 individuos despachados al otro mundo, agradezco la intervención de los funcionarios por cuyas gestiones no me quedaron antecedentes penales. Advierto que maté por órdenes de gente como Gustavo Díaz Ordaz, Alfonso Corona del Rosal y muchos más. Sólo cumplí órdenes.

Un millón de compradores de Lo negro del Negro Durazo y (por lo menos) 10 millones de lectores, más un film abominable. El lector le da un vistazo a los sótanos del poder, tan afines a la cúspide, y merodea en el nuevo espacio de la ostentación criminal, ya no las prisiones sino el laberinto de oficinas de lujo, de restaurantes y colonias exclusivas, de juzgados en donde los narcotraficantes obtienen su libertad con fianzas descomunales, de campos de aterrizaje clandestinos, de asesorías especializadas en borrar las huellas del lavado de dinero, de discotecas en donde los vástagos del Establishment compran las sensaciones que sus padres obtuvieron a través del alcohol. Y queda arrinconada aquella nota roja cuyos casos sólo dependes, mera artesanía del mal, de las pasiones humanas “de antes”. En 1983 Durazo huye de México. La DEA lo descubre en Río de Janeiro, adonde lo delata su afición por una vedette, y lo sigue hasta San Juan, Puerto Rico, donde va a las discotecas con una peluca rubia. Allí se le detiene y se le envía a Los Ángeles. El trámite de extradición es lento, y el proceso penal en México resulta inconvincente, al acusarse a Durazo de delitos menores. La cárcel lo destruye y muere poco después de salir.

En una estima moderada –se dice extraoficialmente-, la banda ha robado mil millones de pesos y, durante siete años (84 meses), ha dado un golpe mensual. Eso sin contar los atracos no denunciados. Ríos [Galeana] tenía bajo sus órdenes a más de 20 personas, divididas en grupos distintos de asaltantes según las especialidades: bancos, instituciones oficiales y privadas, robos en el Distrito Federal, asaltos en provincia.

¿Qué cuánto me llevé en los asaltos? No sé, no llevo contabilidad, fue muchísimo. Con los millones ayudé a mucha gente pobre. Incluso di medio millón a través de otras personas para las víctimas de San Juan Ixhuatepec. No soy héroe ni pretendo constituirme en un Chucho el Roto, pero también traté de ayudar económicamente a las familias de los policías que maté. Desgraciadamente, nunca pude hacerlo. No se trata de negar los hechos que construyen la imagen, y Ríos Galeana nunca lo hace. Declararse inocente sería además de inútil, indigno. Él asume las causas de su fama. Con avidez, Ríos pregona su implacabilidad, su astucia, su sangre fría, su deseo de proseguir.

No me siento orgulloso de lo que hice; sin embargo puedo decir que nunca me arrepentiré de mis acciones; viví bien, me gusta el dinero, pasearme y convivir con mujeres, me divertí todo cuanto quise y pude, visité todos los estados de la República, disfruté de los mejores vinos, mujeres y alimentos. Y todo esto lo podría lograr con robos.

A él lo maté porque me hizo proposiciones indecorosas que van en contra de mi dignidad de hombre. Le apreté el cuello, le di de patadas y luego otros golpes más hasta que le até las manos. No merecía seguir viviendo. Esto lo dice King Kong luego de haber vivido una temporada larga con el de las “proposiciones indecorosas”.

Los crímenes de odio se dirigen contra una persona y hacia lo que simboliza, representa y encarna, y son en este sentido acciones de furia contra la especie. Los victimarios no conocen previamente a la víctima y al liquidarla se sienten en posesión de ese poder sin límite, el exterminio del mal (en el vocabulario homicida el mal es el comportamiento detestado y es la debilidad física y social de la víctima). Los crímenes de odio más conocidos son los enderezados contra los gays, y este agravio histórico cobra cada año en México decenas de víctimas. Pero nada supera en número y en continuidad a los asesinatos de mujeres solas, en especial jóvenes, lo que se llama justamente feminicidios, un término que corrige el patriarcal de homicidios, pero insuficiente para describir el fenómeno.

Al sexismo se añade el clasismo. Las desaparecidas y aparecidas entre malezas son, en elevadísima proporción trabajadoras de la maquila, de familias de escasos recursos. Apenas figuran en los planes electorales, se les califica de “altamente manipulables”, y si son madres solteras el clero y la derecha las juzgan de “pecaminosas”. ¿Cuántas veces, en los regaños clericales y panistas, se le niega el estatus de familia a las formadas por madres solteras o separadas? Por eso, lo de Ciudad Juárez obliga a imprimirle visibilidad y concederle respeto a las mujeres de los ámbitos de la pobreza.

La leyenda es perfecta mientras no se le quiera comprobar.

Durante la segunda Guerra Mundial –lo ha descrito Antonio Haas en varios artículos- el gobierno norteamericano, requerido de heroína y morfina, usadas como anestésicos en los hospitales, alienta el cultivo de la adormidera en México, porque el gobierno de Turquía, el país con la mayor producción de amapola, simpatiza con el nazismo. En Sinaloa, Durango y Sonora un grupo de técnicos chinos, a las órdenes del ejército norteamericano. Cultiva intensa y extensamente la amapola. Al término de la guerra, las mafias norteamericanas privatizan el negocio.

En la comprensión de lo que es el narco es enorme la deuda con el cine (el de México y el de Estados Unidos), que entre otras cosas afecta la idea que de sí mismos tienen los causantes directos del subgénero fílmico. Ésta sería su conclusión: “no éramos así hasta que distorsionaron nuestra imagen, y entonces ya fuimos así porque ni modo de hacer quedar mal a la pantalla”. El narco del cine tiene automóviles de portento, vive parte del tiempo en Florida, ostenta anillos de diamantes, revólveres con cacha de oro y plata y botas de piel de víbora. ¿Por qué no se van a apropiar de estas imágenes los narcos de las butacas?

Del caso Camarena se desprende otro paisaje de la corrupción, en un panorama donde la seguridad pública se erosiona, narcos y jefes policiacos fraternizan, al hampa también la integran judiciales, el lavado de dinero es una tentación empresarial y Muy Altos Funcionarios (nunca identificados formalmente, así sean muy identificables) o son socios del narco o han tarifado el intercambio de favores. Además, se transparenta la conversión de ciudades enteras en “casas de seguridad” del narco; el vislumbramiento del Estado paralelo del narco.

Los autores de los corridos de la Revolución se formaron en la rima y la acústica del romanticismo, y poseían cierto don metafórico; los compositores y letristas de los narcocorridos no suelen disponer de los mínimos requerimientos técnicos, no pretenden la rima y –más o menos- las metáforas los tienen sin cuidado.

Más que celebración del delito, los narcocorridos difunden la ilusión de las sociedades donde los pobres tienen derecho a las oportunidades delincuenciales de Los de Arriba. En la leyenda ahora tradicional, los pobres, que en otras circunstancias no pasarían de manejar un elevador, desafían la ley de modo incesante. El sentido profundo de los corridos es dar cuenta de aquellos que por vías delictivas alcanzan las alturas del presidente de un banco, de un dirigente industrial, de un gobernador, de un cacique regional felicitado por el Presidente de la República. Al ya no inventar personajes de todos llorados, los narcocorridos relatan de modo escueto la suerte de compadres, hermanos o primos. Para ellos, ya fenecidos o que al rato bien pueden morirse, aquí les va la despedida. ¡Qué joda! Ni en el delito dejan de existir las clases sociales. La impunidad es el manto invisible que, al frente de sus atropellos y designios delincuenciales, todavía exigen prestigio y honores.

Maquila del secuestro: grupos de hampones menores que secuestran casi al azar, fiándose de la apariencia (aspecto, automóviles, relojes, colonias residenciales) y le “venden” luego el “botín” a un grupo organizado.

Los signos del dominio del narco suelen multiplicarse: funcionarios desaparecidos en olor de corrupción, suicidios “inexplicables” de funcionarios, balaceras en hoteles de lujo, abogados que portan 20 tarjetas de crédito, atentados a funcionarios como socios traicionados, comerciantes modestos que en 10 años se hacen de fortunas para ellos mismos inconcebibles, gobernadores que huyen con tal de no perjudicar su inocencia, burgueses “de la mejor sociedad” que esperan del lavado de dinero lo que no les conseguirá su talento financiero, jóvenes ansiosos de salir del ghetto del billar y el salto a pequeña escala, animadores de televisión que distribuyen polvos en los pasillos de sus empresas para auspiciar la risa, mujeres atractivas que negocian sus favores en contextos de riesgo, periodistas que no ven nada malo, empresarios hoteleros que jamás indagan el origen de la fortuna de sus socios repentinos, figuras medianas del espectáculo incapaces de fijarse en el comportamiento de sus amigos más generosos, dueños de agencias automovilísticas que necesitan del circulante de clientes inesperado… el repertorio es muy amplio.

Los más de 15 mil muertos de las guerras del narco que se contabilizan en el sexenio de Calderón aún no apuntan en lo mínimo a la eficacia de la estrategia gubernamental. El temor sustituye a la presunción (“Esto no es cosa mía, que se maten entre ellos”);

La gente identifica de inmediato los signos de la narcocultura: los automóviles y las camionetas de lujo, el modo de entrar a un restaurante como a las postrimerías de una batalla, los estilos del derroche. No sin obituarios mentales, todos recuerdan al pariente que anda metido en esto, o a la viuda del primo que se fue del pueblo cuando un el cadáver le entregaron. Y jamás pasan inadvertidos los anillos de diamantes y las esclavas de oro y las chamarras de superlujo, y los fistoles de oro y diamantes y las festas en donde el champagne se va como agua.

A través de la esperanza

Nancy Guthrie

Aferrándose a la esperanza

Aferrándose a la esperanza

La autora se basa en el libro de Job para describir y entender su proceso de duelo al sufrir la muerte de dos hijos. Su testimonio es entonces de gran ayuda para quienes se encuentran en un proceso donde lo que se ha perdido es la esperanza. Además en la parte final, hay una sección de “Recursos de las escrituras”, en las que se encuentran versículos escogidos de La Palabra para cada uno de los capítulos del libro y que nos ayudarán a encontrar respuestas. Calificación de 9.5

Job fue elegido específicamente para experimentar gran sufrimiento. Evidentemente fue elegido no porque merecía sufrir o porque estaba siendo castigado, sino debido a su gran fe. Y me pregunté en cuanto a mi propia fe —si yo tenía la clase de fe que soportaría aflicción extrema e inmerecida. Una fe que permaneciera cuando todo tipo de esperanza hubiera desaparecido.

Bueno, creo que ahora ha llegado el momento de la verdad. Aquí es donde encontraré si en realidad creo lo que digo que creo.

Nuestra fe evita que nos dejemos llevar por la desesperación. Pero no creo que haga que nuestra pérdida duela menos.

Nuestra cultura no se siente cómoda con la tristeza. La tristeza es difícil de manejar. Nos deja perplejos. Viene y va y toma su propia forma. Pide ser compartida. Se manifiesta en lágrimas, y nosotros no sabemos qué hacer con las lágrimas. Muchas personas temen hablar de mi pérdida. No quieren hacerme sentir mal. Pero las lágrimas son la única forma que tengo de dejar salir la profunda tristeza que siento. Les digo a las personas: “No se preocupen en cuanto a llorar delante de mí y ¡no teman hacerme llorar! Sus lágrimas me dicen que ustedes se preocupan y mis lágrimas les dicen a ustedes que me han tocado en un lugar que tiene mucho significado para mí —y que nunca olvidaré su disposición de compartir mi sufrimiento.”

Nuestra cultura quiere poner el curita del cielo en nuestro dolor por perder a alguien que amamos. A veces parece que las personas a nuestro alrededor piensan que porque sabemos que el ser que amamos está en el cielo, no deberíamos estar tristes. Pero no entienden lo lejos que se siente el cielo y lo extenso que parece el futuro cuando vemos delante de nosotros los años que tenemos que pasar en la tierra antes de ver de nuevo a la persona que amamos. Afortunadamente, no estamos solos en nuestra tristeza.

Un día después de que enterramos a Esperanza, por primera vez entendí por qué tanta gente trata de aliviar su dolor de maneras tan dañinas. Ese día yo traté de dormir para evitarlo. Y en los días siguientes, descubrí que no podía dormir para evitarlo, comprar para evitarlo, comer para evitarlo, beber para evitarlo o viajar para evitarlo. Simplemente tenía que sentirlo. Y dolía. Físicamente. Me di cuenta de que tenía una elección —podía tratar de ocultar todo el dolor en un armario y fingir que no estaba allí y desear que desapareciera, o podía revelarlo, exponerlo a la Luz, sondearlo, aceptarlo y permitir que sanara.

Una cosa es ir a la iglesia; otra cosa es adorar.

Cuando nuestra piel es aguijoneada por una espina, lo que sale es lo que está adentro: sangre. Cuando nuestras vidas son aguijoneadas por la dificultad, lo que sale es lo que está adentro. Para algunos de nosotros, lo que sale es egoísmo, orgullo, amargura y enojo. Para otros, es el fruto del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5:22-23). Lo que salió cuando Job no sólo fue aguijoneado, sino traspasado, fue adoración.

Adoramos porque Dios es digno, no necesariamente porque “sentimos ganas” de hacerlo. En medio de una crisis, si sólo hiciéramos lo que tenemos ganas de hacer, podríamos permanecer detenidos en un ciclo de autocompasión. Pero cuando adoramos, quitamos los ojos de nosotros mismos y de nuestro sufrimiento o problemas, y los enfocamos en Dios, lo cual pone nuestras dificultades en la perspectiva correcta.

¿No parece que todos nos están observando muy de cerca cuando la tragedia golpea nuestras vidas? Seguramente nuestra adoración en medio del dolor y la aflicción le es particularmente preciosa a Dios, debido a que nos cuesta tanto. La adoración no se hace más fácil, pero es mucho más significativa cuando la ofrecemos con un corazón que sufre. La verdad es que la adoración en estos tiempos puede ser la más significativa que jamás experimentaremos. Tal vez estemos mejor capacitados que antes para adorar porque llegamos a ser conscientes de nuestra desesperada necesidad de Dios y de nuestras propias y asfixiantes debilidades. Tal vez sea porque comprendemos que nuestra impotencia e insuficiencia están en la perspectiva correcta con el poder y la soberanía de Dios.

La respuesta apropiada a un regalo es la gratitud. Eso es lo que vemos en Job. Cuando cayó al suelo en adoración a Dios, aun cuando acababa de perder todo, Job le estaba dando gracias a Dios por todo lo que le había dado. Cuando Job dijo: “El SEÑOR ha dado; el SEÑOR ha quitado,” vemos que Job reconoció que todo lo que tenía era un don de Dios y que Job había aprendido a sostener esos dones con la mano abierta. Es evidente que Job, mucho antes, se había dado cuenta de que sus enormes riquezas no sólo habían venido de Dios, sino que todavía eran de Dios, mientras que él mismo era sólo un mayordomo.

Dios da, y Dios quita. Pero seamos honestos. Nosotros sólo queremos que él dé, ¿no es verdad? Y por cierto que no queremos que nos quite las cosas o a las personas que amamos. Tenemos la tendencia de pensar que el dinero en nuestras cuentas bancarias y las posesiones que tenemos son nuestros —que los hemos ganado. Que los merecemos. Pero la verdad es que todo lo que tenemos es un don.

¿Estaría dispuesto a agradecerle a Dios por un don que le ha dado y que ahora le ha quitado? Tal vez haya sido su cónyuge, su reputación, su seguridad financiera, su salud, su casa. . . . Gracias.

Muchas veces, cuando sufrimientos injustos o inmerecidos llegan a nuestra vida, exigimos que alguien sea responsable —el doctor que cometió un error drástico de juicio, el conductor que había bebido demasiado, el abogado del divorcio que sacó tanta ventaja. Pero al que hacemos responsable la mayor parte de las veces por el sufrimiento en nuestras vidas es a Dios.

Tal vez no lo digamos, pero en el fondo de nuestra mente de alguna forma pensamos que debido a que Job era tan piadoso, él debería haber sido librado del sufrimiento. Pero la verdad es que a menudo la gente que sigue a Dios sufre —no menos sino más. ¿Se ha dado cuenta de que las personas que sufren están marcadas con una cierta belleza, profundidad y transformación? Sin embargo, esto sólo ocurre cuando experimentan el sufrimiento y buscan a Dios en medio de él. De otra manera, están marcadas con amargura y soledad.

El mundo nos dice que huyamos del sufrimiento, que lo evitemos a toda costa, que clamemos al cielo para que nos lo quite. Muy pocos elegiríamos sufrir. Sin embargo, cuando sabemos que Dios ha permitido el sufrimiento en nuestra vida por un propósito, lo podemos recibir en lugar de correr de él y podemos buscar a Dios en medio del sufrimiento. Aceptar el sufrimiento nos lleva a más profundidad en nuestra devoción. “Cualquiera que quiera venir conmigo tiene que dejarme guiarlo. Tú no estás sentado detrás del timón —yo lo estoy. No corras del dolor; abrázalo. Sígueme y te mostraré cómo hacerlo. La autoayuda no es ayuda alguna. La abnegación es el camino, mi camino, para encontrarte a ti mismo, a tu verdadera naturaleza. ¿De qué te serviría conseguir todo lo que quieres y perderte a ti mismo, a tu verdadera esencia?“ Lucas 9:23-25, The Message. Jesús está sugiriendo que hagamos más que simplemente aguantar el sufrimiento. Él nos está invitando a que dejemos de sentir lástima por nosotros mismos y que en cambio nos enfoquemos en aprender del sufrimiento. Jesús no sólo nos invita a aceptar el sufrimiento, sino que también nos muestra lo que representa.

La Cruz es el ejemplo por excelencia de la habilidad de Dios de hacer que todas las cosas obren para bien —aun los hechos más malvados que la Oscuridad jamás haya concebido.

Por cierto que si Dios requirió un sufrimiento tan intenso de su propio Hijo, a quien amaba, para lograr un propósito tan santo, él tiene un propósito para su dolor y para mi dolor. Y tal vez parte de ese propósito sea aprender obediencia de lo que sufrimos.

Debido a que creo que los planes de Dios para mí son mejores de lo que yo planearía para mí misma, en lugar de alejarme corriendo del camino que él ha establecido para mí, quiero correr hacia él. No quiero tratar de cambiarle la mente a Dios —sus pensamientos son perfectos. Quiero tener sus pensamientos. No quiero cambiar el tiempo de Dios —su tiempo es perfecto. Quiero la gracia de Dios para amoldarme a su tiempo. No quiero cambiar el plan de Dios —su plan es perfecto. Quiero aceptar su plan y ver cómo él es glorificado por eso. Quiero someterme. Sé que ha sido muy difícil para algunas personas alrededor de nosotros entender por qué no hemos clamado al cielo pidiendo sanidad. ¿Es porque creemos que es demasiado difícil para Dios? En absoluto. Dios puede hacer cualquier cosa. A menudo, veo al cuerpo de Cristo poner mucho en buscar a Dios para la sanidad. Con gran valor, pasión y persistencia clamamos a Dios, rogando por sanidad física. Y en esas oraciones, a menudo hay una pequeña posdata en la cual decimos: “Si es tu voluntad.” ¿Pero no deberíamos hacerlo al revés? Quizás deberíamos clamar a Dios con osadía, pasión y persistencia en una oración que dice: “Dios, por favor, que se cumpla tu voluntad. Dame un corazón dispuesto para aceptar tu plan y tu propósito? Moldéame en una vasija que puedas usar para lo que tienes en mente.” Y entonces, tal vez podríamos incluir una pequeña posdata que dijera: “Si eso incluye la sanidad, estaremos agradecidos.”

A veces se requiere el dolor para refinar nuestro carácter y para quitar las actitudes egoístas y pecaminosas. El dolor puede hacer eso, o nos puede amargar. Podemos amargarnos cuando no recibimos lo que queremos de la vida.

Al comienzo de mi travesía, le dije a Dios: “Está bien, si tengo que pasar por esto, entonces dame todo. Enséñame todo lo que me quieres enseñar a través de esto. No permitas que este terrible dolor sea desperdiciado en mi vida.”

En lugar de huir de su sufrimiento y tratar de orar para que se vaya, ¿quisiera aceptarlo y buscar a Dios en él? ¿Dejaría que el sufrimiento fuera su maestro para que pueda aprender algo de él que nunca hubiera podido aprender de las situaciones cómodas y fáciles? ¿Estaría dispuesto a aferrarse a la verdad de que para un hijo de Dios no existe el sufrimiento que no tiene significado, y estaría dispuesto a rehusar permitir que el dolor sea desperdiciado en su vida?

A veces se siente como que no hay nada que alivie el dolor, ¿no es así? La gente pregunta qué es lo que pueden hacer por nosotros, pero sabemos que no hay nada que puedan hacer para que el dolor desaparezca.

¿Se encuentra queriendo abandonar la fe que había reclamado ahora que ha sido puesta a la prueba de la adversidad? Así que, ¿adónde va a ir? En su desaliento, ¿adónde va a encontrar el consuelo que anhela con tanta desesperación?

En lugar de continuar preguntando “¿Por qué?” ¿Estaría dispuesto a cambiar su pregunta a: “¿Para qué propósito?”

Confiar en Dios cuando el milagro no llega, cuando la oración urgente no recibe respuesta, cuando sólo hay tinieblas —esta es la clase de fe que tal vez Dios valora más de todas. Esta es la clase de fe que puede ser desarrollada y exhibida solamente en medio de circunstancias difíciles.

Job reconoció que el proceso de entender, de responder a la pregunta “¿Por qué?” no sería completado durante el transcurso de su vida —que sólo en la vida venidera, en la presencia de Dios, todo llegaría a estar claro. Y Job continuó caminando en la oscuridad.

Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. 2 Corintios 4:16-18

Una fe como la de Job no puede ser sacudida, porque es el resultado de haber sido sacudido.

Cuando usted pierde a alguien que ama, el cielo llega a ser mucho más real, mucho más que un concepto teológico o un cliché teatral.

Yo he llegado al lugar en el que creo que anhelar el cielo es uno de los propósitos y uno de los privilegios de sufrir y de perder a alguien que se ama. Yo nunca había tenido ese anhelo antes, pero lo tengo ahora. Una parte de mí está allí, ¿sabe? Y demasiado pronto, tendré a dos hijos esperándome allí. Ahora veo de una manera mucho más completa que esta vida no es sino una sombra de nuestra vida verdadera —la vida eterna en la presencia de Dios. ¿Ha notado cómo algunos de los himnos antiguos tienen una estrofa sobre el “cielo,” y lo maravilloso que será estar “más allá del sol”? Pero hoy en día ni hablamos ni cantamos tanto sobre el cielo porque no anhelamos el cielo —porque estamos muy cómodos aquí. Tendemos a pensar que esta vida en la tierra es todo lo que existe, y por cierto que vivimos de esa forma mucho de nuestro tiempo. Dios quiere cambiar por completo esa perspectiva. Él quiere que vivamos con una perspectiva eterna, poniendo la vida en esta tierra en su lugar apropiado y viviendo en anticipación de una eternidad en su presencia. Si en realidad creemos que la vida verdadera, la plenitud del gozo y una vida libre del dolor se encuentran en una eternidad en la presencia de Dios, ¿por qué nos aferramos a esta vida terrenal con tanto vigor?

Isaías 57:1-2 (rv60) es una porción bíblica que me ha mostrado la perspectiva de Dios y me ha ayudado a cambiar mi perspectiva: Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.

¿Reconocería que lo que a veces se siente como una tragedia en realidad y a luz de la eternidad no lo es?

No sé por qué, pero tenemos la tendencia de querer comparar el dolor. Esto es más difícil que eso. . . esto es más fácil que aquello. . . . Creo que me estoy dando cuenta de que en realidad no se puede hacer comparaciones con el dolor. Todo simplemente duele.

No perdonamos a las personas porque lo merezcan; las perdonamos porque Dios nos ha perdonado por muchas cosas y porque queremos mantenernos en una relación íntima con Dios. Y el beneficio es que a través del perdón somos liberados.

[Dios] nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. Pues así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo. Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. Firme es la esperanza que tenemos en cuanto a ustedes, porque sabemos que así como participan de nuestros sufrimientos, así también participan de nuestro consuelo. 2 Corintios 1:4-7

A veces lo que nos causa más dolor y confusión no es lo que Dios nos dice sino el hecho de que en medio de la dificultad parece que no nos dice nada.

El sufrimiento es un misterio . . . y Job llegó a respetar ese misterio. Job llegó a entender que debido a que sabía quién es Dios, él podía aceptar lo que da Dios —aun cuando no lo entendiera. Dios no eligió revelarle todo a Job. Tampoco él nos revela todas las cosas a nosotros. Y la verdad es que no tiene que hacerlo. Él es Dios. Es el Creador y nosotros somos los creados. Dios no nos debe una explicación. ¿Y qué si Dios lo hubiera revelado todo? ¿Qué si él hubiera explicado su plan y propósito completo para el sufrimiento de Job? Tendemos a pensar que si sólo supiéramos por qué estamos sufriendo, lo podríamos soportar. Pero ¿es cierto eso? De alguna forma creo que aunque Dios anotara todas las razones por las cuales él ha permitido que usted perdiera a su ser amado, contrajera la enfermedad, o sufriera rechazo, todavía, desde su perspectiva limitada, no le parecería algo que valiera la pena. En cambio, él amplía nuestra perspectiva dándonos un vistazo de su habilidad de manejar el universo en contraste con nuestro limitado entendimiento y experiencia.

A menudo escuchamos a la gente hablar acerca de la “vida cristiana victoriosa.” ¿Pero no es la vida de un creyente más acerca de doblar las rodillas, humillarnos y tomar nuestra cruz? Jesús dijo que lo es. “Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.“ Mateo 16:24

Tal vez la lección más importante del libro de Job es que no hay respuestas simples —que aunque Dios puede ser conocido, es también misterioso.

Pérdida:

Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. (Isaías 43:2)

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: “Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!” Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. (Romanos 8:35-39)

Lágrimas:

Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado? (Salmo 56:8)

Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir. (Apocalipsis 21:4)

Adoración:

Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el SEÑOR, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! (Habacuc 3:17-18)

Pero el rey le respondió a Arauna: “Eso no puede ser. No voy a ofrecer al SEÑOR mi Dios holocaustos que nada me cuesten. Te lo compraré todo por su precio justo.” Fue así como David compró la parcela y los bueyes por cincuenta monedas de plata. (2 Samuel 24:24)

Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe. (Salmo 42:8)

Gratitud:

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. . . . Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4:6-7, 12-13)

Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4:18)

Culpa:

Pero el SEÑOR cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor. . . . Que tu gran amor, SEÑOR, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti. (Salmo 33:18, 22)

Sufrimiento:

Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo. . . . Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4:10, 16-18)

De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. (Romanos 8:18)

Desesperación:

Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: “¿Dónde está tu Dios?” Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios. Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! (Salmo 42:3-5)

¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna. (Salmo 73:25-26)

Pero algo más me viene a la memoria, lo cual me llena de esperanza: . . . Por tanto, digo: “El SEÑOR es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!” . . . Bueno es esperar calladamente a que el SEÑOR venga a salvarnos. (Lamentaciones 3:21, 24, 26)

¿Por qué?:

Así que nos regocijamos . . . en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. (Romanos 5:2-4)

Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. (Romanos 8:28)

Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo. (2 Corintios 4:8-10)

Por eso mantenemos siempre la confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del SEÑOR. Vivimos por fe, no por vista. Así que nos mantenemos confiados, y preferiríamos ausentarnos de este cuerpo y vivir junto al SEÑOR. Por eso nos empeñamos en agradarle, ya sea que vivamos en nuestro cuerpo o que lo hayamos dejado. (2 Corintios 5:6-9)

El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. (1 Pedro 1:7)

Eternidad:

Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. (Eclesiastés 3:11)

Devorará a la muerte para siempre; el SEÑOR omnipotente enjugará las lágrimas de todo rostro, y quitará de toda la tierra el oprobio de su pueblo. El SEÑOR mismo lo ha dicho. (Isaías 25:8)

Consoladores:

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. (Salmo 23:4, rv60)

Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. (1 Pedro 5:10)

Misterio:

Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. (Hebreos 11:13-16)

Como está escrito: “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.” (1 Corintios 2:9)

Sumisión:

Sadrac, Mesac y Abednego le respondieron a Nabucodonosor: —¡No hace falta que nos defendamos ante Su Majestad! Si se nos arroja al horno en llamas, el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad. Pero aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua. (Daniel 3:16-18)

Pero yo, SEÑOR, en ti confío, y digo: “Tú eres mi Dios.” Mi vida entera está en tus manos. (Salmo 31:14-15)

Me has hecho pasar por muchos infortunios, pero volverás a darme vida; de las profundidades de la tierra volverás a levantarme. (Salmo 71:20)

Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer! (Salmo 62:1-2)

Si vivimos, para el SEÑOR vivimos; y si morimos, para el SEÑOR morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del SEÑOR somos. (Romanos 14:8)

El SEÑOR recorre con su mirada toda la tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles. (2 Crónicas 16:9)

Intimidad:

El SEÑOR es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia. En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, SEÑOR, jamás abandonas a los que te buscan. (Salmo 9:9-10)

Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. (Santiago 4:8)

Barrabrava

Daniel Stevens

Barrabrava

Barrabrava

Una mirada a través del mundo de las barras bravas del fútbol argentino, vista por uno de los integrantes que estuvo al lado del principal líder de la Barra de Independiente. Así, conocemos los hilos de una compleja red que involucra a los dueños de los clubes, jugadores y políticos principalmente. Esta edición, para Amazon Kindle, bastante descuidada en redacción y ortografía. Calificación de 8.

Changa: Persona bribona.

Nunca uno se pone a pensar que ciertas situaciones en la vida pueden cambiar tanto nuestra vida y como tenía que pasar al caerse los cimientos de una familia, todo lo demás hizo lo mismo.

Un hombre siempre debe tomar decisiones aunque se equivoque en las que eligió.

La barra obtenía sus ingresos de la reventa de entradas, por seguridad en las tribunas, por actos de sindicatos y de políticos incluso para actuar de guardaespaldas de empresarios que llegaban al país.

Las grandes barras bravas empezaban a obtener ingresos de un producto que daba sus primeros pasos en el negocio del futbol, la droga, el turco llamó a reunión de jefes, debían organizar su venta dentro y fuera de las canchas.

Tenía enfrente de mí una persona que con 27 años y sin ninguna educación reformaba una organización a nivel mundial, así es, aunque parezca que mis palabras exageran solo verdad de mi boca sale.

Del dinero recaudado mensualmente ya sea por reventa de entradas, custodias, donaciones de políticos y jugadores se dividirá equitativamente entre todos los jefes.

Las tentaciones del músico

Martín Valverde

Las tentaciones del músico

Las tentaciones del músico


Como ministro de alabanza se está sujeto a sutiles tentaciones que pueden dar al traste con cualquier buena intención: el protagonismo, la soberbia y el ruido. Existe una extra, la tentación X que dependiendo de las propias concupiscencias, estará al acecho. Para ello, el autor nos sugiere tres poderosas armas: la oración, resistir y huir. Excelente la reflexión basada en el pasaje del pollino, hijo de asna. Calificación de 9.5

Dios te llama para su servicio, y tu disponerte al servicio, también debes prepararte para la prueba: Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. (Eclesiástico 2,1). Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeado por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento (Santiago 1,2-3ss).

La vida es una prueba de principio a fin, y la Gracia es el puente para pasarla con la consoladora certeza de que todo valdrá la pena. Quienes desprecian este puente inevitablemente se ahogan en los problemas de la vida.

En los peores momentos, las pruebas pueden estar rodeadas de una terrible oscuridad, pero cuando estés en ella recuerda que no te encuentras en el fondo de un pozo, sino atravesando un túnel que finalmente tiene salida, Dios te permitirá ver una luz que te conducirá al final del camino.

Cuando somos capaces de entregarle al Señor nuestro arte, éste sufre una transformación radical: de ser un simple talento se convierte en un Don. Un Don que Dios puede utilizar con gran provecho en beneficio de muchos; nuestros instrumentos dejan de ser solo una voz, guitarras, teclados y platillos y se convierten en armas espirituales de alto poder.

En manos de Moisés, un simple cayado fue el instrumento para que obrara prodigios tales como separar en dos murallas las aguas del mar Rojo y para que extrajera gua de la roca. Del mismo modo puede ser la música en tus manos una magnífica herramienta para la liberación de tus hermanos que satisfaga también su sed de Dios, o por el contrario, una peligrosa serpiente de la que tengas que escapar lleno de miedo, porque se te ha ido de las manos y no te encuentras cerca del único que te puede decir como domarla.

La tentación más frecuente de un músico entregado al servicio del Reino es apropiarse del talento que ha recibido de las manos del Señor y pensar que importa más el don del Señor que el Señor de los dones.

El músico cristiano, no importa que tan experimentado pueda ser, cuando canta sin la unción del Señor, a los oídos de Dios, más que cantar, rebuzna.

Si entendiéramos que es Dios y sólo Él a quien debemos agradar, nos ahorraríamos miles de problemas y adelantaríamos enormidades en la calidad de nuestro servicio para la construcción del Reino.

Los grandes públicos son capaces de tirarte ramos y mantos un domingo, gritándote todo pulmón ¡Hosanna!, y el viernes siguiente condenarte a muerte, gritando con la misma fuerza: ¡crucifíquenlo!”.

¿En cuántas ocasiones hemos dejado de servir al Señor poniendo al sonido o a los instrumentos primero que el mandado del Maestro?

La casta de un músico o de un artista no se mide solo cuando todo está en orden, sino cuando somos capaces de sacar lo mejor de nosotros con lo poco que hay para hacerlo y contra el reloj para lograrlo.

No es lo mismos un artista que entona cantos sobre Dios que Dios entonando su propia música a través de la persona del artista.

Este asunto de la soberbia es tan grave que, curiosamente, no sólo es un pecado de hombres. Los mismos ángeles fueron tentados con esta trampa como veremos en el pasaje siguiente: ¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la aurora! ¡Cómo has sido precipitado por tierra, tú que subyugabas a las naciones, tú que decías en tu corazón: “Subiré a los cielos; por encima de las estrellas de Dios erigiré mi trono, me sentaré en la montaña de la asamblea divina, en los extremos del norte; escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo!”. ¡Pero te han hecho bajar al Abismo, a las profundidades de la Fosa! (Isaías 14,12-15).

La caída de Luzbel no fue resultado de su pecado sino su deseo de estar sobre el Creador mismo.

La soberbia es el peor veneno para poder ser hijos de Dios.

Hace muchos cientos de siglos, allá en el Cielo, había una hermosa e inigualable orquesta sinfónica con su respectivo coro, dirigida por el ángel más bello de la creación. Le llamaban el Ángel Artista. Tal era su calidad como compositor e intérprete, que el mismo Mozart era un aprendiz de violín al lado suyo. Este ángel era consciente de su habilidad y su talento y empezó a tomarle gusto a todo eso. Poco a poco fue surgiendo un plan en lo profundo de su corazón: deseó que fuera a él a quien se le cantara y se le compusiera toda esa música magistral. Aspirar a ello significaba ocupar un lugar que le correspondía a Dios, y esto provocó que se armara una trifulca fenomenal en el Cielo. El final lo conocemos bien: él, que era el más bello de los ángeles, acostumbrado a siempre vivir en la Luz, terminó expulsado y degradado a demonio en jefe, artífice del engaño y príncipe de las tinieblas. Fue tan grande su caída que junto con él, la tercera parte de la orquesta fue arrojada de la presencia del Amor. Hoy por hoy, la misión y el servicio del que habían sido exclusivos de estos ángeles, ha sido encomendada a hombres que llenan las vacantes dejadas por los millones de serafines expulsados. Y no sería nada raro, que el espíritu perverso, que siempre ha sido enemigo de los hombres, sienta un odio muy particular por quienes ahora hacen lo que a él le era exclusivo, pues son llamados a adorar y servir al Señor con ofrendas musicales.

Si llegas a creer que estás sobre el resto del Pueblo de Dios y te ocupas sólo de tu propia gloria dejarás de ser útil l Señor. Si nada más piensas en ti, es imposible que trabajes de verdad por tus hermanos.

La humildad no es tener la cabeza baja sino mantenerla a su altura exacta.

Cuando nuestros sueños y luchas se rebajan al nivel de la más avanzada tecnología y nos preocupamos más porque los micrófonos estén calibrados, en perfecta ecualización y volumen, que por escuchar la propia de la conciencia que nos advierte sobre el peligro en que nos encontramos, nos salimos de la verdadera guerra y quedamos expuestos a una herida mortal de los francotiradores de nuestro enemigo.

Es difícil concebir que el compositor del salmo veintitrés pudo hacer algo tan terrible, pero eso nos puede suceder a ti y a mi sin importar las grandes canciones que hayamos compuesto o interpretado, y si nos mentimos y permitimos la entrada de “pecadillos sin importancia” a nuestra vida.

Dios no corrige al músico sino al hijo al que otorgó el don del arte.

La mayoría de las veces que hemos caído en alguna tentación ha sido por cometer la estupidez de creernos el cuento de que podemos vencerla con un poco de esfuerzo, o de creer que no podemos resistirla y no hacemos nada. ¡Huye, colega amigo, de todo aquello que destruirá sin duda tu persona y tu ministerio!

Cuando alguno se siente tentado en hacer lo malo, no piense que es tentado por Dios, porque Dios ni siente la tentación de hacer lo malo, ni tienta a nadie para que lo haga. Al contrario, uno es tentado por sus propios deseos, que lo atraen y lo seducen. De estos malos deseos nace el pecado; y del pecado, cuando llega a su completo desarrollo, nace la muerte. Santiago 1,15

El día de mi vida

Antonio Rosique.
Juan Carlos Vázquez.

El día de mi vida

El día de mi vida

Doce deportistas nos dan su testimonio del día en que compitieron y lograron ganar una medalla. Las horas anteriores, la prueba en sí, las horas posteriores, son contadas con singular emoción,
aunque asi odos covergen al final del día: después de haber ganado, de la vorágine emocional aumentada por los medios de comunicación y autoridades deportivas, el atleta queda solo… solo con su medalla.
Es de destacarse también cómo es que culminan su carrera profesional, salvo contadas excepciones: ocupando posiciones dentro del gobierno, es decir, en la política. Uff! Calificación de 9.

  1. Ernesto Canto, Oro, Caminata, Los Ángeles 1984 | Cargos en el PRI, IMSS, ISSSTE, Asambleísta en el DF.
  2. Raúl González, Oro y Plata, Caminata, Los Ángeles 1984 | Director de la CONADE.
  3. Bernardo Segura, Bronce, Caminata, Atlanta 1996 | Miembro del PRD, Morena, Diputado, Director del Deporte en el DF.
  4. Noé Hernández, Plata, Caminata, Sidney 2000 | Falleció en un tiroteo.
  5. Daniel Aceves, Plata, Lucha Grecorromana, Los Ángeles 1984 | Asambleísta en el DF, cargos en LICONSA, CONALEP, PROFECO, Prospera.
  6. Soraya Jiménez, Oro, Halterofilia, Sydney 2000 | Culpable de Dopaje y Falsificación de documentos, Falleció de un infarto.
  7. Víctor Estrada, Bronce, Tae Kwon Do, Sydney 2000 | Fundador del partido Nueva Alianza, presidente municipal de Cuautitlán Izcalli por el PRI-VerdeEcologista-Nueva Alianza.
  8. Óscar Salazar, Plata, Tae Kwon Do, Atenas 2004 | Entrenador de la disciplina.
  9. Carlos Girón, Plata, Trampolín 3 m., Moscú 1980 | Conferencista motivacional.
  10. Jesús Mena, Bronce, Plataforma 10 m., Seúl 1988 | Director de la CONADE.
  11. Fernando Platas, Plata, Trampolín 3 m., Sydney 2000 | Director del Instituto Mexiquense de Cultura Física y Deporte, Candidato a diputado por el PAN.
  12. Felipe Muñoz, Oro, 200 m. pecho, México 1968 | Director de la CONADE, COM, Diputado por el PRD.

Preferí no meter a Dios en el dilema de pedirle una medalla, porque yo estaba seguro que siempre iba a estar ahí para ayudarme, como lo había hecho toda mi vida, así que no había falta que se lo pidiera.

A pesar de que Raúl y Marcelino venían en el grupo líder, no teníamos planeado trabajar en equipo. Era una competencia individual, cada uno iba por su propia gloria.

Ya había logrado el objetivo principal: salir del circuito en primer lugar y con una buena ventaja para encarar el último kilómetro. En esos instantes había que apelar a la emoción, al corazón, los sentimientos, a la fortaleza mental para aguantar.

Cuando di el último paso, y no fui capaz de escuchar ni pensar en nada más. El estadio estalló de alegría, los decibeles alcanzaron su máximo, y la emoción me desbordó .ahí me quedé unos momentos, tratando de recuperarme y sobretodo, asimilar que la competencia había terminado. Ese es un momento para el cual yo no estaba preparado. Los 20 kilómetros anteriores los había planeado minuciosamente, pero el primer metro, tras cruzar la meta, y no. No siquiera volteé a ver dónde venía el segundo lugar. Mis ojos estaban llenos de banderas de México y me acerqué a la tribuna para que me dieran una. Cuando la tomé, sentí el abrazo de Mauricio Damilano. Hasta ahí, tenía la idea de que Damilano había terminado segundo. Después vi a Raúl y al abrazarlo le dije: “¿tercero?”. “Segundo”, me contestó. Y fue ahí cuando me di cuenta de que México había logrado algo histórico, el uno-dos. No podía ser más perfecto para nuestro país.

Me impactó mucho saber que esa tarde, las calles habían estado vacías .Todo el mundo había estado pendiente de la transmisión, que por primera vez era llevada en su totalidad por dos canales de televisión mexicana al mismo tiempo. La gente había estado viendo la televisión en los aparadores de las tiendas, en los restaurantes, en todas partes. Esas imágenes me ayudaron a darle a mi triunfo la dimensión que merecía.

Uno no vuelve ser el mismo luego de un triunfo olímpico. Algo indescriptible te pasa en el corazón, en el alma, en la mente. Esa medalla me acompañará para siempre.

Me tomé unos minutos para rezar, para decirle a Dios que me diera capacidad para hacer lo que yo podía hacer, sólo eso, nada más. No le pedí que me hiciera ganar, porque yo siempre he pensado que a Dios no se le piden esas cosas, a Dios sólo se le dan las gracias.

Uno sueña toda su vida con una medalla olímpica, y cuando la ganas, no sabes qué decir.

Una cosa es la que piensa uno y otra la que te nace de muy adentro. Esa es la más auténtica.

Al salir del Centro Internacional de Televisión, de repente me encontré solo. Ya no había nadie de las televisoras mexicanas ni de la Delegación Nacional. Así que no me quedó otra opción que irme yo solo a la Villa.

Esa noche, tumbado sobre mi cama, recordé aquel tiempo en el que jugaba futbol, de hecho era bueno. Estaba en las reservas del club Toros Neza, y el entrenador de ese entonces, Alberto Guerra, ya me había echado el ojo por que corría bien, tenía un buen resorte y era duro en el juego. Jugaba de mediocampista y durante muchos años esa fue mi ilusión para salir adelante. Mi vida cambió aquel día en que me dijeron que a partir del lunes siguiente entrenaría con el equipo de Primera División, sin embargo, alguien en el club me dijo que para poder entrenar tenía que “mocharme” con diez mil pesos. Como siempre, hay algún abusivo que quiere hacer negocio con la ilusión de los chavos. Y la verdad es que yo no tenía ni para comer, si jugaba era porque mi cuñado me prestaba sus zapatos de futbol. Tenía capacidad, pero no dinero. ¿Y cómo iba yo a conseguir diez mil pesos? Si apenas juntaba 50 pesos por día para comer, y me iba caminando desde mi casa, en el barrio de Xochiaca, hasta la cancha de entrenamiento para no gastar en transporte. Pero por algo suceden las cosas. Me acuerdo que me desilusioné mucho y los mandé al demonio. Decidí no regresar más al club.

De pronto, mientras Bernardo estaba hablando con el Presidente, vi a un juez que venía rumbo a donde estábamos. “¡Ah chinga!, y o este juez lo vi en la ruta, sí… lo vi en la ruta, y viene con la paleta roja. ¡Ya valí madres!”, pensé, me asusté mucho, pensé que era para mí, lo recuerdo muy bien, como creo que todo México lo recuerda, gordo, güero, de bigote y con su sombrerito. Yo sabía que existía esa posibilidad de ser descalificado, que un atleta puede ser expulsado después de la carrera, incluso ya cuando estás hasta en el hotel. Los jueces tienen ese poder. Y éste árbitro estaba frente a mí con la paleta roja de descalificación en l mano .sudé frío. “No puede ser, por favor no…” Todo mi cuerpo se estremeció, hasta me dieron ganas de orinarme. ¡No manches, a mí no me veas!”, pensaba. Se paró a un metro de mí, como a dos de Bernardo. Me asomé a su lista para ver si traía mi número, el 2559. Y él se nos quedaba viendo a los números que traíamos en el pecho .me veía a mí, y luego a él, otra vez a mí, y luego a él, hasta que miró a Bernardo a los ojos, le dijo su número en inglés, el 2569, y le mostró la tarjeta roja .en ese momento tuve sentimientos encontrados como nunca antes en mi vida. Por un lado, como por instinto de supervivencia, me tranquilizó que no fuera yo al que estaban descalificando, pero un segundo después, sentí feo, muy feo por lo que le acababa de pasar a Bernardo y en general a México. Nos acababan de echar a perder la fiesta de las dos medallas.

De niño cuando jugaba futbol en la calle o cuando corría, imaginaba que yo era el mejor del mundo, que le ganaba a los mejores, que nadie podía vencerme, que yo era el protagonista de victorias increíbles y que, al final, México se sentía orgulloso de mí. Y por primera vez, aquellas fantasías, que alegraban mi imaginación, se hicieron realidad y me llenaron el corazón.

Seguí sin poder dormir. Toda la noche tuve una gran angustia. Era algo indescriptible, algo que en lugar de dejarme disfrutar el momento, me dejó una experiencia dura, casi traumática. Estaba preocupado. Tenía miedo. Miedo a perder…

Le pedí a mi cuerpo que me ayudara en esta misión, que diera lo mejor de sí.

Cuando llegué a la Villa me fui directo al comedor. Tenía mucha hambre. Los comedores estaban abiertos las 24 horas así que aproveché para darme una gran comida, un banquete que me merecía desde hace muchos meses. Comí como si no hubiera mañana, como si fuera un gran premio. Y lo era. […] Y ahora sí, sin preocupación alguna, sin necesidad de pensar en mi peso, en mis rivales, en mis miedos, dormí profundamente, tranquilo, como nunca antes lo había hecho en mi vida.

Aventé las pesas y pegué un brinco tremendo, grité de la emoción con el puño derecho en lo más alto. Lo había conseguido, había terminado mi competencia con seis intentos limpios. Eufórica, me quité el cinturón y corrí con Koev, me aventé en sus brazos y me recibió con otro fuerte abrazo. Todo sin saber que había ganado la medalla de oro.

La vida me cambió a partir de ese momento, porque me di cuenta lo que había hecho y las responsabilidades que había adquirido. Sabía que de ahora en adelante las cosas eran distintas. Los años de entrenar como desconocida habían terminado. Ahora era la primera mujer mexicana en ganar el oro olímpico. Ahora era Soraya Jiménez, y mi nombre pasaría a la historia y se quedaría ahí para siempre.

Se acercó el iraní, mi primer rival, junto con su entrenador, también me felicitaron. “estoy muy apenado con ustedes”, les dije, “era para que yo hubiera llegado a la final y ustedes hubieran ganado el bronce. No es justo, fueron los jueces”. En ese momento el entrenador tomó una moneda, me la mostró y dijo, muy tranquilo, con su limitado inglés: “La vida es así… veces te toca estar arriba, y a veces abajo, la vida, esta vida, es solo un pequeño momento, lo importante viene después, no hay problema”. Eso me tocó por dentro. Me dio una lección de vida, pues ellos, los musulmanes tienen una filosofía muy especial. Y para finalizar, el iraní, Madjid, mi contrincante, señaló hacia el cielo y me dijo: Iaw sha’a Allh, lo que Dios quiera, Dios decide, así fue hoy y hay que aceptarlo, él lo ha querido así. Confieso que envidié su madurez, su paz mental, su capacidad para asumir su destino. Él no había ganado nada y estaba más tranquilo que yo, que seguía mentando madres.

Muchos competidores no recordamos porque iniciamos en el deporte, siendo que la mayoría de las veces lo hacemos por diversión, porque nos gusta, acuérdate de todo lo que siempre has querido, lo que has sacrificado y has soñado para estar en unos Juegos Olímpicos. Hora que estás aquí no sufras, vívelo y lo que pase ya será la voluntad de Dios.

Los minutos previos al primer combate, ya cuando estás caliente, son muy difíciles. Se pasa miedo, angustia, nervios. La mente tiende a pensar muchas cosas y no todas ellas son positivas, por eso el autocontrol es básico para un combatiente. Hay que dosificar la energía, mantener la adrenalina concentrada para que pueda explotar cuando la necesitas, y no antes.

Cuando estás en combate vives sensaciones opuestas dependiendo de cómo esté el marcador. Si vas ganando, los rounds se te hacen muy largos, si vas perdiendo, los percibes muy cortos.

Una vida de esfuerzo para un instante de perfección.

Mi competencia no e ganaba en el momento, sino con meses de anticipación, con la preparación previa. Aprendí a ser un psicólogo en los trampolines, a estar seguro al momento de saltar y no mostrar duda alguna.

En competencia, el que hacía algo fuera de lo entrenado, fallaba el 90% de las veces.

Había un espacio ente clavado y clavado de 10 a 15 minutos y mis entrenamientos de ocho horas diarias se veían reducidos ejecuciones de un segundo o 45 centésimas. Sólo me iba a tirar once, por lo que mi competencia real duró 10 segundos aproximadamente. Qué crueldad, entrené toda la vida para 10 segundos.

El día de mi vida, 23 de Julio, terminó y no fue el mejor a pesar de ganar mi medalla Olímpica. Tuve momentos muy agradables, como haberle ganado al campeón olímpico, Klaus De Biasi, en Suecia, en 1972 cuando yo no era nadie, pero sobre todo, uno de los días de mi vida, fue cuando mi esposa, me convirtió en padre.

Cuando te bajes del podio, cada minuto que pase eres menos importante.

Mi pequeño ritual culminaba sentándome en el lugar que había elegido, ahí abajo, completamente solo y sin monitor alguno para ver la competencia. Me ponía la sudadera, la gorra, mis chanclas y enredaba la toalla en mi cintura. Le daba un trago pequeño a un vaso de Coca Col y me dedicaba visualizar el siguiente clavado, repetirlo en mi mente, dibujarlo simbólicamente en esa pared de azulejos, hasta que volvía a llegar mi turno. Nunca me adelanté. Ni visualicé el clavado anterior, sólo “veía” el que seguía.

Enfrenté mi temor y lo vencí en un momento donde la mayoría de los medallistas, se separan del resto de los competidores.

Tu vida es diferente a partir de este momento y debes tener conciencia de que llevas una responsabilidad moral muy distinta y muy alta. Tienes un compromiso muy grande con la juventud mexicana .las personas te van a reconocer, así que procura tener una conducta intachable, condúcete bien, sé un buen ejemplo.

Lo que viene para ti es muy bonito pero procura mantenerte bien, dentro de tus cabales.

Desfilamos por la orilla de la alberca y vi de cerca las cámaras de televisión. Una de las cámaras portátiles me siguió cuando pasé junto ella y me puse a cotorrear .le hice señas con las manos y algunas caras curiosas, cosas que nunca hacía, yo que era muy serio en la competencia. Le saqué la lengua a la cámara. Ese fue un síntoma clarísimo: estaba nervioso.

– … ¿Estás nervioso? –La verdad… Sí. –Qué bueno porque así compites bien.

La competencia es hasta la competencia, antes no cuenta nada de lo que has hecho. No cuentan los triunfos ni las derrotas, sólo el momento y ahí todos son iguales.

Previo a la competencia, los nadadores nos rasuramos las piernas y los brazos porque está comprobado que te deslizas mejor y bajas tus tiempos algunas décimas de segundo. Además, el cuerpo depilado te produce una sensación diferente dentro del agua. Te sientes muy distinto y se convierte en un ritual antes de salir a dar tu máximo esfuerzo. Hay quienes hasta se rasuran las cejas, lo cual siempre me pareció una exageración.

El atleta debe imaginarse compitiendo, debe visualizar cada detalle, debe verse con su uniforme, en la alberca, ante el público; debe repasar sus sueños, porque son los sueños lo que le impulsan, son su combustible.

Cuando se encendió la pizarra todo cambió, aquello fue un instante mágico que me desbordó: “1.- Felipe Muñoz – México – 2:28:7. Fue ahí cuando mi vida cambió para siempre.

Una madre

Alejandro Palomas

Una madre

Una madre


Una familia se reúne para la cena de año nuevo: dos hermanas, un hermano, un tío y la madre, que recién se ha separado luego de un conflictivo matrimonio. Ahora están ante la oportunidad de rehacer su vida, individual y como familia, teniendo que enfrentar sus propias vicisitudes y siendo la mamá, con su paciencia y amor, el hilo conductor. Calificación de 9.5

Funámbulo: Equilibrista.
Barrunta: Conjetura.
Tutiplén: En abundancia.
Escaques: Cada una de las casillas cuadradas e iguales, blancas y negras alternadamente, y a veces de otros colores, en que se divide el tablero de ajedrez y el del juego de damas.
Deslavazó: Desunión.
Mohair: Pelo de la cabra de Angora
Exultar: Mostrar una gran alegría, no caber en sí de gozo.
Patena: Platillo de metal, generalmente de oro o plata, en el cual se ponen las hostias consagradas de la Eucaristía durante la misa.
Podenco: sabueso, can.
Farragoso: Confuso por tener muchas cosas desordenadas o superfluas.
Morro: Labio.

Cómo me gustaría que me gustara la cerveza.

A Emma siempre le pasa algo y a Silvia nunca le pasa nada. –Tiene razón. En su mecanismo mental de peculiar andamiaje caben verdades que a veces suenan como bofetadas y que a todos nos desarman. Siempre ha sido así–.

Sabe hablar así, en perpendicular a las intervenciones de los demás.

Hay que saber cambiar de marcha a tiempo, aunque la dirección sea la misma y la velocidad también.

¿Por qué será que en esta familia nunca nos decimos las cosas que realmente importan?

Qué baratas vendes tus alegrías, mamá –suelta entre dientes. Luego aspira el humo del cigarrillo y baja ella también la mirada, quizá lamentando no el comentario, sino el tono. Ha sonado feo, como una tos llena de flemas. –Puede ser –dice mamá sentándose en una de las sillas de la mesa. Lo dice con esa voz de mujer mayor que no sabe defenderse de los ataques de la gente a la que quiere, porque desde siempre prefiere dolerse a dañar. Mamá es así y todos lo sabemos. Y eso, esa fortaleza tan… débil, es algo con lo que Silvia no puede porque la puede.

Mamá sufre por nosotros y suele hacerlo en silencio y normalmente a priori, imaginando cosas que a veces no son porque no se atreve a preguntar y arriesgarse a descubrir una realidad peor de la imaginada.

Mamá odia los conflictos por encima de todo, de ahí que se pase media vida intentando que las cosas no se tuerzan, dando mil oportunidades a quien normalmente no las pide –y las merece menos–, y confiando, confiando en que las cosas son y serán siempre mejores de lo que suponemos, aunque la realidad no siempre esté de su parte y casi nunca juegue a darle la razón.

Ella me miró a los ojos, cerró los puños y sonrió. Fue una sonrisa triste y metálica. De hermana mayor.

«¿Por qué nos costará tanto decir las cosas en esta familia?», quiero decirle. «¿Por qué se nos da tan mal compartir lo que sale mal? ¿Es vergüenza? ¿Es miedo? ¿Qué es?»

Es que no sabía que la vida podía ser de otra manera –añade–. Que podíamos estar así, tan bien.

–Qué cierto es eso de que hay gente a la que no deberían dejar tener hijos –dice, levantando la cabeza–. Todavía no entiendo por qué a las parejas que adoptan les hacen pasar por todos esos calvarios y al resto no los controlan un poco más. Otro gallo cantaría.

Como decía la abuela, todos hemos sido algo que muchas veces explica lo que somos ahora.

A las mujeres hay que hacerles sentir que tienen lo que tú buscas, aunque no sea verdad.

No es valiente, simplemente desconoce el peligro.

El cuerpo es una maquinaria extraña, perfecta pero extraña.

Seguramente, y de forma totalmente inconsciente, ella reclamará que ocupéis el papel que hasta ahora venía ocupando vuestro padre. No caigáis en eso. Dadle cuerda, pero no la perdáis de vista. Necesita tiempo para asumir que ya no tiene a nadie que pueda hacerle daño simplemente por ser como es.

Los animales, sobre todo los adoptados, no se equivocan.

Con el tiempo aprendemos que los mapas son de quien los dibuja, no de quien los persigue, y que en la vida sonríe más quien mejor dibuja, no quien más empeño pone en la búsqueda.

A pesar de las impertinencias con las que Silvia lleva bombardeándole desde que ha llegado, él no se inmuta porque sabe, como sabemos los demás, que Silvia no tira a dar. La que salta sobre él es una niña de pataleta que castiga a su mayor por haberla dejado demasiado tiempo sola en un parque poblado de cosas que no le gustan. Silvia está diciéndole a tío Eduardo que le ha echado de menos, lo cubre de reproches desde su búnker, y él, que lo entiende así, la deja hacer, encantado con su atención. Sabe que con ella llega primero el ruido y después la calma, y que la calma bien vale lo primero.

lgunas veces pasan cosas que impactan sobre nosotros de tal modo que en un principio importan solo en sí mismas, porque tienen tanta carga y tanta dimensión humana que el cerebro solo es capaz de entenderlas como un conjunto cerrado. Luego el tiempo se encarga de mostrarnos que, a pesar de lo brutal del impacto, lo que realmente importa no es tanto el golpe como su onda expansiva, la misma que recoloca las fichas sobre el tablero de la vida y cambia un paisaje que hasta entonces creíamos inalterable.

La vida no siempre es lo que ocurre, sino las secuelas de lo que parece ser.

Los labios son el altavoz de los ojos.

A lo mejor se le pasa –dijo con una voz pequeña que a mí me cortó por la mitad. Había tan poca esperanza en esa voz que enseguida supe que mamá había empezado a divisar también los huecos del rompecabezas y que su mente buscaba respuestas, motivos, material de urgencia con el que tapar agujeros, porque el dolor que anticipaba amenazaba con poder con ella. Entonces, inspirando hondo y dejando escapar luego el aire por la nariz, dijo–: No podemos dejarla así. –No podemos hacer nada, mamá – le dije. Ella me miró. Su voz, la que articuló lo que articuló a continuación, fue el primer signo de que algo en ella había empezado a cambiar. –Podemos mirarla –dijo–.

Si hay algo que la vida me ha enseñado es que esperar lo que nunca ocurrirá es una muerte demasiado horrible. Y yo no voy a dejar que eso le pase a una hija mía.

Yo daría la vida por poder abrazar a mi madre una sola vez, una sola, y por poder decirle que lo he conseguido, que he salido de lo que he salido y que me falta su mirada para saber que lo he hecho bien. Daría todo lo que tengo, hija – dijo con una voz triste–. Todo menos a vosotros tres, porque sin vosotros, sin tus hermanos y sin ti, no me quedaría nada que dar y tampoco nada que esperar. Y eso no. Vivir sin tener nada que esperar, no.

Querer no es esperar lo que no te van a dar.

Empezar a vivir de mayor duele, pero más duele no volver a hacerlo.

Los mismos ojos llenos de huecos y cada uno con sus historias escritas, cada uno con el hierro que la vida había ido acumulándonos sobre los hombros.

Siempre nos queda el derecho de querer saber.

Y espero. No sé a qué, pero espero.

Ese «pero yo» con el que siempre lo excusas todo, con el que todo el mundo lo excusa todo, porque así es más fácil: yo hago, yo pienso, yo decido, yo juego y tú, tú te jodes.

Es que siempre estás de viaje, hija. Hasta cuando no viajas.

Mientras ellas se balancean a mi lado, el reloj de la plaza da las cuatro y cuarto y, en el silencio que nos envuelve cuando la campanada es solo la estela de su propio ruido.

Te contaré que me gusta sentarme aquí, a esta mesa, y pensar que todavía queda alguien que me espera todos los años a pesar de los años. Que esto a mí me da la vida y me ayuda a seguir, porque desde que los abuelos murieron lo de la orfandad no se me da bien y creo que ya es tarde para aprender.

Te contaré que me gusta veros reír, haceros reír –dice, apartando la vista de Silvia y recorriéndonos a todos con los ojos–. Y que si hubiera tenido una hija, habrías sido tú. No como tú, sino tú. Así de terca, de intensa, de tozuda, y de equivocada, tan parecida a mí en muchas cosas y tan tú en otras. Y que me habría gustado ser más para ti, más grande, más fuerte, estar más cerca y no dejarte tan sola con tanto. Y que siento muchísimo haberte fallado.

Te equivocas si crees que no hacer es vivir mejor. No, no hacer es vivir menos, y eso tú deberías saberlo.

Y te contaré que estoy solo y que me siento solo. Y también que desde que tu padre ya no está y podemos pasar juntos la Nochebuena, vengo todos los años con la ilusión de que me pidáis que me quede, porque me da vergüenza preguntaros si me echáis de menos. Me da miedo la respuesta. –Baja la mirada e intenta una sonrisa–. Soy un viejo tonto, ya lo sé.

Todas las cosas en nuestra vida tienen un sentido; todos los finales son también comienzos. Lo que ocurre es que en su momento no lo sabemos.

Yo no necesito una manta, y tú vas a dejarte la vista, ¿no te das cuenta? Ha arrugado el morro. –¿Y en qué otra cosa mejor que en un regalo para ti se te ocurre que puedo dejarme la vista?

Cuando yo ya no esté, tendrás esta manta. Te taparás con ella siempre que te eches a dormir la siesta en invierno y yo estaré feliz porque será como si te diera todos esos abrazos que necesitas y que nunca te dejas dar.

–No sé por qué nos cuesta tanto decir las cosas en esta familia – suelta mamá de pronto, como si llevara un buen rato pensando en cómo decirlo–. Con la de cosas que nos pasan, ¿no? No digo nada. –Y con lo sano que es contar – vuelve a la carga al cabo de un instante–. Fíjate lo a gusto que se han ido todos. Seguimos andando en silencio. –Es que no hay nada como sacar lo que uno lleva dentro. Sobre todo porque muchas veces creemos que una cosa es terrible o algo, y luego resulta que ¡pum! –agita la mano que tiene libre en el aire–, en el fondo nunca nada es tan grave como parece.

Sentía un vacío tan grande en el estómago que de haber podido, habría vomitado. Y pena. También había pena. Y muchas cosas que en ese momento dolían porque parecían diseñadas para eso, para hacer daño.

Me volví a ver en la cafetería con el papel de mis porqués en la mano y me sentí idiota por esperar que la gente cambie. Como mamá, como la abuela. Como Emma. Como todos los que no somos papá.

Lo importante es que te hayas atrevido a preguntar. A querer saber. Eso no lo hace todo el mundo. –Nos quedamos en silencio unos instantes mientras un siseo apagado se pierde por alguna calle cercana. Es el camión de la basura. La ciudad no descansa–. Yo no lo hice –dice, bajando la cabeza–. Viví casi cincuenta años de mi vida con miedo a preguntar.

Tienes que salir y darte una oportunidad –dice–, porque si sigues así, así de asustado, llegarás a mis años y un día recordarás solamente todo lo que nunca fuiste. Y eso es tan triste, hijo.

Arde la calle

Fabrizio Mejía Madrid

Arde la calle

Arde la calle


A través de objetos o conceptos icónicos de la década de los ochenta (el walkman, el cubo de Rubik, el derrumbe o la huelga), el autor nos brinda una novela que describe cómo es que los personajes vivieron esos años, sin dejar de notarse un dejo de autobiografía entre quienes también compartimos esa época. Calificación de 8.

Turgente: Abultado o hinchado
Hierático: Que es solemne e inexpresivo, se mueve poco y no exterioriza sentimientos.

Toda familia es una forma peculiar de la tristeza.

Un día despertaremos en la abundancia, y nos hartaremos de ella, aunque después sobrevenga el desastre.

Supuso que así funcionaba el deseo: alguien te lo señala antes de que lo quieras.

A la plaga ya no le gustaba bailar, ahora lo consumía todo, suspendiendo tus defensas del mundo, de la fiebre, la diarrea, los sarcomas, lo hongos. La generación anterior sólo debía buscar un lugar para quitarse la ropa. La tuya tenía que otear una farmacia cercana. Del sexo libre habíamos pasado al sexo seguro. Una vida sin tocar al otro, sólo al látex. Nos habían jodido el futuro y, ahora, también el sexo.

La idea de besarte y subirme en ti. Esa idea valía la pena ser sudada de vergüenza y miedo en el mostrador de la farmacia para pedir un “preservativo”, porque la sola palabra “condón” ya contenía una atrocidad, una vulgaridad y un desacato. No había duda para el despachador de la farmacia. Sus ojos cambiaban de tono en cuanto sabía que tú, el cliente, tenía una cita y fantaseaba con tener sexo. Lo veías en sus ojos, en una sonrisa a medias, entre cómplice y burlona –así que vas a ver si hoy tienes suerte-, que él se enteraba de tus maquinaciones, de las ideas que tenías para esa tarde. Y sudabas y tenías culpa de pedirlo, pero tú lo valías. Toda esta angustia era para ti. Lo que pensara el despachador de la farmacia, con su ridícula bata blanca –como si fuera un médico- lo valías. Lo merecías todo porque era mejor indagar tu saliva y tu calor que pasar una era en el hielo, en una nueva glaciación.

-Pónganse las máscaras de Halloween, cabrrrrones-dijo en español afrancesado el jefe.
-Pero si nos ponemos las máscaras nos van a reconocer.
-Qué tontería –respondió el francés-. Para eso son las máscaras, para ocultarse.

Cuando una vida se va por un vertedero siempre lo primero que se pierde, que se ausenta, son los dientes, como si la capacidad de morder se fuera cuando más se le necesita.

Una línea es una secuencia infinita de puntos –explica el profesor de matemáticas. Con fuerza toma el gis en el borde del dibujo de un punto y lo sigue por todo el pizarrón. Infinita –dice casi gritando pero el cigarro ha hecho sus estragos en las cuerdas vocales. Y entonces sucede lo insólito: el profesor de matemáticas continúa la línea infinita de puntos a la pared, doble la esquina, sigue por la del costado, llega a la puerta negra que queda rayada por la línea blanca y sale al patio. Los alumnos, asombrados, intrigados, siguen a su profesor de matemáticas por las paredes del patio. Ven como el gis sigue trazando la línea por las paredes de los demás salones, los de secundaria, los de primaria. Cómo raya las paredes de los patios y del estacionamiento, de la dirección y del mantenimiento. – Infinita –va repitiendo más para sí que para los demás -. Infinita. El profesor de matemáticas raya la puerta de entrada de la escuela y sale a la calle. Los alumnos, detrás, preguntándose qué está ocurriendo. Él, sin voltear atrás, va trazando su línea por las bardas de las casas de junto, la gasolinera, la tienda de abarrotes, hasta que llega hasta avenida Insurgentes. Nunca lo volvieron a ver.

Pensó en llamar a su madre que todavía vivía en la Unidad Latinoamericana pero los teléfonos no servían. La ciudad estaba comunicada solo por el radio: -La señora Irma García de la colonia Postal, manda decir a su tía, la señora Gaytán de Contadero, que todos están bien.

Estuvo años entre ellos, de marcha en marcha, de mitin en mitin, de reunión informativa al desánimo de ver que a los diez mil solicitantes se les unían cada semana otros miles que no tenían casas, no por el temblor sino porque nunca las habían tenido.

-A mi pueblo en Oaxaca –recuerda que le dijo uno de los damnificados del Parque Joaquín Pardavé en la colonia Narvarte- le dotaron hace unos años de tierras ejidales de cultivo. ¿Y sabes qué? La mitad de las tierras quedaban debajo del mar. Así trabajan sus planes estos cochinos: desde una oficina con un lápiz y un mapa mal hecho.

Se trataba de desalojar a gente que dormía en unas bodegas que les subarrendaban ilegalmente. Según el notario del desalojo de la gente era porque ese espacio sólo tenía permiso de alojar mercancías, no gente. Las ciudades, el mundo, se estaban convirtiendo en lugares donde lo ilegal era la genta, no los objetos.

Pero las chicas querían sus camisetas del Mundial, entusiasmadas por el evento internacional que no había suspendido ni un terremoto ni menos lo pobres que insistían en quedarse en una ciudad que no los quería, que les había derrumbado todo lo que poseían. Ellas veían las camisetas verdes con el bordado de la mascota de los juegos, “Pique” (un chile con un sombrero), y jamás pensaron de dónde venía semejante objeto. En realidad lo fabricaban las costureras e San Antonio Abad. Las chicas de centro comercial se probaban las camisetas verdes, con los colores de la bandera, y jamás se les ocurrió que quienes las habían hecho con sus manos estaban muertas. Las chicas con sus coletas alegres, sus zapatillas ligeras, sus vestidos hampones no se imaginaban que la ropa de marca que vendían Liverpool, Palacio de Hierro, París-Londres y Sears se confeccionaban en los oscuros y aceitosos talleres de San Antonio Abad que se habían derrumbado con costureras adentro. En empresas de ropa que cambiaban cada seis meses de razón fiscal para no pagarle a sus trabajadoras el seguro social.

Hay muchas cosas que no se pueden volver a pegar –dijo el rescatista encogiéndose de hombros en medio de las ruinas de la ciudad.

-El papel de Estado en la crisis que hemos tenido se puede explicar con sencillez: utilizamos recursos del pueblo para evitar pérdidas patrimoniales de banqueros y capitalistas. A los viejos empresarios, como los de Monterrey, les habían prestado millones de dólares para que no quebraran. Luego, les habían vendido empresas estatales subvaluadas y casi llevadas a la quiebra. Más tarde, los rescataríamos de sus dispendios y fracasos como empresarios. Pero la autoimagen era otra: todos, salvo el gobierno, éramos “iniciativa privada”. Todos nos podíamos- enriquecer en la Bolsa Mexicana de Valores.

-Es lo mejor que podemos hacer. Era el argumento de la venta del Estado, de la quiebra de empresas, de que los nuevos dueños fueran igual de ineficientes y corruptos que los anteriores: era el argumento de siempre. No hay de otra. Es lo mejor que conseguimos. Tómalo o déjalo. Igual ya se decidió así. Vive con las consecuencias.

En el instante en que, en su casa, sonaba el teléfono, él se sentaba en un sillón de la Secretaría de Hacienda con De la Vega Domínguez que le pedía “una aportación” para la campaña de Salinas de Gortari: -Tómalo como inversión, Carlos –le dijo con sus ojitos verdes el presidente del Partido, acompañado del subsecretario de Hacienda-, quién sabe cuáles empresas paraestatales se vayan a vender en el otro sexenio. A lo mejor te interesará alguna y nosotros sabemos cuida a nuestros aliados. ¿O no?

Cuarenta y seis por ciento de las casillas del 6 de julio de 1988 nunca fueron contadas. El representante de la derecha en Gobernación, Diego Fernández de Cevallos, dijo después de las seis y media de la tarde: “Se cayó el Sistema”, refiriéndose a que los datos electorales habían dejado de fluir. Las órdenes del presidente Miguel de la Madrid, a su secretario del interior, Manuel Bartlett, fueron precisas: -No diga que va ganando Cuauhtémoc Cárdenas porque si luego hacemos ganar a Carlos Salinas de Gortari, nadie nos va a creer.

¿Por qué cuando uno obtiene lo deseado, ya no es más algo deseable?

Yo había pensado decirle que ella era como los mismísimos años ochenta: presumía que quería un cambio pero todos sabíamos que iba a terminar con un licenciado, muy trajeado, y con los zapatos relucientes.

Me pregunté todo el rato si son esas historias de cuando acabas de conocer a alguien lo que realmente somos, si nos constituyen de tal forma que terminas por ser lo que narras a los demás. Que llegas al punto en que te extravías entre tus propias historias que te sepultan.

Tras un tiempo uno ya no sabe por qué atesoró ciertos objetos. Por qué frecuentó a ciertas personas. Un día descubres que en el cajón de lo memorable –el que sólo abres para decirte que tu vida melancólica debió valer, alguna vez, la pena- hay boletos de avión a una ciudad que no recuerdas, de concierto de una banda que ya no te gusta; o cajas de cerillos que ya no encienden, monedas extravagantes fuera de circulación, y tus credenciales de los distintos años en las escuelas de las qye ahora no solo guardas, ni siquiera, el recuerdo de una clase, menos del nombre de tus compañeros. Con la gente es un poco distinto. Primero, se te olvidan sus voces, luego sus rostros y, hasta el último, por qué necesitabas oírlos y verlos. Sucede con los meses, con los años. El tiempo borra las ilusiones sobre sí mismo y un día sientes que has vuelto a empezar. Las preguntas en ese momento son otras. ¿Qué habrá pasado con esa persona? ¿Dónde vivirá y si estará acompañada o sola? ¿Será feliz? ¿Cómo se verá y escuchará ahora?

Nuestras pérdidas lo son en la medida en que inoculan el futuro. Lo perdido nunca se recupera pero deja sus estelas, nebulosas, difusas, empapadas en vapores, a veces dulces, casi siempre avinagradas, por el resto de las vidas de quienes lo frecuentaron.

¿Quién dice que los pretextos para emborracharse tienen que ser legítimos?

Las ilusiones desaparecen más rápido que los objetos y las personas.

-¿A veces piensas en nosotros? –me arrepentí mientras hice la pregunta.

El socialismo, en el que realmente nunca creímos –los que lo vivían, lo padecían; los que lo apoyaban sólo lo imaginaban- se había terminado con picos, martillos y sierras eléctricas.

Contracorriente

Luis Enrique Barrientos

Contracorriente

Contracorriente

El autor lo dice muy claro en el libro, la intención es «Conocer lo que cree el prójimo que no conoce de Dios, con el único fin de poder guiarle a conocerlo». Y de esta manera se irrumpe en temas “escabrosos” como la creación y la evolución de las especies. A fin de cuentas de lo que s trata es que el viaje de la vida a contracorriente, por lo menos sea bien cimentado. Calificación de 8.

Para evangelizar, si hace falta, habla.

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Juan 3:12

Hay muchas formas de interpretar lo que Jesús le dijo respecto a lo nacido por agua y por espíritu. Algunos consideran que se refiere al bautismo en agua y por el espíritu. Sin embargo esta interpretación no es la más adecuada por que la salvación no viene por “rituales”, es decir, ¿Qué del cristiano que aún no fue bautizado y muere?… se va al infierno?— NO .Entonces, ¿ qué se refirió Jesús cuando le dijo esto a Nicodemo? Se refirió al Antiguo Testamento, específicamente a Ezequiel: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” (Ezequiel 36:25-27). Este era el tipo de cosas que un fariseo, estudioso de la Ley debía saber.

La teoría de la evolución y la selección natural de Darwin son aceptadas por la comunidad científica. Por lo mismo, como Cristianos, comprendemos dichas cosas aunque no las compartimos, como bien sabe, estamos en el mundo más no somos del mundo. Si usted está siendo enseñado de estas teorías y se topa con exámenes o evaluaciones relacionadas, usted deje claro que la comunidad científica establece la supuesta veracidad de ellas y afirme en su corazón que no las comparte para evitarle inconvenientes innecesarios […]. La presión social y reputación de las personas hacen complicado llevar a Cristo a un grupo. Por lo mismos si desea impactar en la vida de las personas, hágalo en el momento apropiado e individualmente.

[Con el pecado] Esas características de Dios en nosotros se desorientaron y hoy en día en lugar de reflejar a Dios, buscan sentido y justificación que jamás encontraremos. Entonces las características las tratamos de llenar:
1. En lo Espiritual. Con Espiritismo, “El Más allá”, con Religión, Devoción, etc.
2. En lo Personal. Por medio del Éxito y prosperidad personal.
3. En lo Moral. A través de vanas filosofías buscando hacer lo “correcto” cuando sin Dios, lo “bueno” es relativo la realidad en que se vive.
4. Seres Relacionales: Buscando llenar el vacío con Sexo y otros vicios.
5. Seres Racionales: Tratando de acumular conocimiento en búsqueda de una justificación para nuestro pecado y forma de vivir y que le dé sentido nuestra existencia.
6. En lo Emocional: Buscando cosas que nos hagan sentir aceptados y parte de la sociedad.
7. En lo Creativo: Generando y creando cosas que ocupen nuestra mente y que nos lleven al Éxito.

La teoría de la evolución es una búsqueda desenfrenada por encontrar sentido a nuestra existencia y justificar, a través de ella, la razón de nuestra forma de vivir (justificar el pecado que mora en nosotros). Las personas que la creen es porque no están dispuestos a reconocer que necesitan de Dios por miedo a dejar atrás sus deseos pecaminosos. Pero a través del sacrificio de Jesús encontramos salvación, restituyendo nuestra comunicación con Dios para llegar a la santidad y verdad que Él dispuso desde un principio.

Dado todas las probabilidades en contra de la evolución, si la evolución ocurriera, sería un milagro –y eso sería prueba de la existencia de Dios.

Una persona que se considera atea niega la existencia de Dios mientras que el agnóstico considera inaccesible para el ser humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende o va más allá de lo experimentado o experimentable.

La comprensión de la creación no elimina la necesidad del creador, más bien es al contrario.

De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, [a] ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Éstos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo testigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan. Romanos 2:14-15 (NVI). Entonces, para terminar la respuesta. Creo que en efecto, es posible que un Maya, un Inca o de cualquier otra cultura ancestral, pudieran ser salvos. Eso, si y solo si, alcanzaron gracia y favor de Dios, y estos en respuesta creyeron, depositando su confianza en él. Creo que pudo ocurrir que en la época de los mayas, por ejemplo, no todos adoraron a la multitud de dioses que tenían, y que pudo existir alguien que conoció al Dios verdadero. La verdad, no me sorprendería conocer a un primo de Tecun Uman en el cielo, pero eso solo Dios lo sabrá.

No hay situación más engañosa que aquella cuando creemos que vivimos una vida moralmente correcta. No hay momento más incómodo que descubrir que necesitamos un cambio. Y no hay nada que sea más ignorado que ese cambio que debemos hacer a causa de esa misma incomodidad.

Lo que se percibe que es bueno está sujeto a la realidad provocada por todos los agentes externos en lo que un individuo vive. Es decir, lo que una cree que es bueno, para otra persona probablemente no.

Todos los hombres sin Dios pecan desmedidamente. Pero no únicamente ellos, aun los que ya conocen a Dios y han sido lavados por la sangre de Jesucristo caen en pecado. La diferencia está en que unos saben que pecan y otros no.

Los fariseos eran evangelistas: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito (seguidor) y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. Mateo 23:15.

Los fariseos erad diezmadores: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis l menta y el eneldo y el c omino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. Mateo 23:23.

Los fariseos leían su Biblia: Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Jun 5:39

Los fariseos oraban: Recordemos que Jesús hablo respecto a esto y de la forma en que lo hacían, siempre en lugares públicos para que todos los vieran. Mateo 23. Si bien su forma de orar era despreciable, por lo menos se tomaban el tiempo a orar.

Existe una base en común para el cristiano evangélico independientemente de la denominación. […] Esta base recibe el nombre de “Las 5 Solas”. Estas surgieron durante la Reforma Protestante y resumen las creencias teológicas básicas de los reformadores o protestantes que entraban en contraposición con la doctrina católica. La palabra latina “sola” significa en español “solo” o “solamente”. Las cinco solas expresan cinco creencias fundamentales, que los reformadores entendían como pilares esenciales para la vida y prácticas cristianas.

Sola Scriptura (“Sólo por medio de le Escritura) […] solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, es decir, la única fuente de doctrina cristiana, y que es accesible para todos.

Sola Fide (“Solo por la fe Dios salva”) […] La justificación […] se recibe sólo por la fe, sin ninguna mezcla ni necesidad de buenas obras.

Sola Gratia (“Solo por la gracia”) […] la salvación viene sólo por la gracia divina o gracia de Dios.

Solus Christus o Solo Christo (“Solo Cristo” o “Solo a través de Cristo”) […] Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, y que no hay salvación por medio de ningún otro.

Soli Deo Gloria (“La Gloria solo para Dios”) […] toda la gloria es solo para Dios.

Orden bíblico de prioridades de un cristiano: Dios […], Familia ([…] Matrimonio […], Hijos […], Padres […], Resto de parientes), Trabajo […], Comunión entre hermanos de Cristo (Iglesia).

Los primeros convertidos al cristianismo fueron judíos, y la iglesia estaba centrada en Jerusalén. Por esta razón, inicialmente el cristianismo fue visto como una secta judía, semejante a los fariseos, saduceos o esenios.

El Antiguo Testamento proporcionó el fundamento para el Nuevo, y es imposible comprender plenamente el cristianismo sin un conocimiento básico del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento explica la necesidad de un Mesías, contiene la historia del pueblo del Mesías, y predice la llegada del Mesías. En consecuencia, todo el Nuevo Testamento trata de la llegada del Mesías y su obra de salvarnos del pecado. En su vida, Jesús cumplió más de 300 profecías específicas, probando que Él era Aquel de quien el Antiguo Testamento había profetizado.

En el 312 d.C., el emperador romano Constantino, declaró haber sido convertido. Entonces, después de él, los cristianos y no fueron perseguidos. Con el tiempo, fueron los paganos quienes estuvieron bajo persecución, menos que se “convirtieran” al cristianismo. Tal conversión forzada, condujo a mucha gente a entrar a l iglesia sin un verdadero cambio de corazón. Los paganos trajeron con ellos a sus ídolos y las prácticas que ellos acostumbraban, y la iglesia cambio: a la sencillez de la adoración de la iglesia primitiva, fueron añadidos íconos, arquitectura elaborada, peregrinaciones y la veneración a los santos. Por este mismo tiempo, algunos cristianos se retiraron, eligiendo vivir en aislamiento como monjes. Conforme el imperio Romano se debilitaba, la iglesia se hizo más poderosa, y surgieron muchos desacuerdos entre las iglesias del occidente y las del oriente. La iglesia occidental, con su base en Roma, declaró tener la autoridad apostólica sobre todas las otras iglesias. Aún el obispo de Roma comenzó a llamarse sí mismo el “Papa” (el Padre). Esto no fue bien recibido por la iglesia oriental (griega), con base en Constantinopla. Las diferencias teológicas, políticas, de procedimientos y lingüísticas, contribuyeron a que la iglesia Católica Romana y la iglesia Oriental Ortodoxa se separaran rotundamente y rompieran toda relación.

Una vida demasiado corta

Ronald Reng

Una vida demasiado corta

Una vida demasiado corta

Se trata de la biografía de Robert Enke, portero alemán de extraordinaria calidad que llegó incluso a formar parte de la selección teutona. Su trágico final como consecuencia de su enfermedad, la depresión, nos llama, como el propio autor lo menciona, a tratar de entender y conocer la depresión para estar atentos y saber cómo enfrentar alguna situación semejante. Aunque ese consejo, en mi caso, llegó con 23 años de retraso 😥 La narrativa, esta vez, sí me hizo llorar. Calificación de 10.

Alevín: Que engloba a los deportistas mayores que los de la categoría benjamín y menores que los infantiles.
Caniche: Perro poodle.
Pastiche: Mezcla desordenada, mezcolanza.
Zulo: Agujero. || Escondite subterráneo.
Baremo: Conjunto de normas establecidas convencionalmente para evaluar los méritos personales, la solvencia de empresas, etc..
Taxativamente: Específicamente.

Las agencias de noticias declararon que la asistencia al entierro había batido todos los records […]. Tales dimensiones solo podían explicarse por el hecho de que, hoy en día, incluso la muerte se ha convertido en un espectáculo. Sin embargo, en lo más íntimo, yacía un dolor real, una parálisis profunda. La muerte de Robert Enke nos reveló la mayor parte de nosotros lo poco que sabemos de esa enfermedad llamada depresión. Algunos fuimos consciente de golpe de lo difícil que nos resulta hablar sobre ella. Al igual que Robert Enke, pensábamos que era mejor ocultar nuestra enfermedad o la de algún familiar y mantenerla en secreto.

Un portero, el último bastión, no puede padecer depresión, al menos no en una sociedad enfocada siempre a obtener resultados. Por eso Robert se esforzó mucho por mantener su enfermedad en secreto, se encerró en ella.

A veces, a pesar de que pongamos nuestras mejores intenciones, hacemos muy mal las cosas.

La mayoría de personas con depresión que intentan suicidarse no quieren morir, solo quieren acabar con esa oscuridad que inunda sus pensamientos. Con Robert Enke, no fue distinto: «Si pudieras entrar en mi mente solo durante media hora, entenderías por qué me estoy volviendo loco», le dijo una vez a Teresa.

Tardamos muy poco en darnos cuenta de que teníamos los mismos intereses. Mejor dicho, sobre todo compartíamos los mismos desintereses.

En la vida de todo deportista siempre hay un momento en el que unos dicen: «¡Qué suerte!», y otros: «Es obra del destino». A Muhammad Ali le robaron su bicicleta Schwinn cuando tenía doce años, y el policía que tramitó la denuncia le dijo que dejara de llorar y se hiciera boxeador. Robert Enke estaba destacando como delantero en el equipo alevín del Carl Zeiss cuando el padre del portero, Thomas, se trasladó Moscú por cuestiones de trabajo. El equipo necesitaba un nuevo guardameta. «El entrenador no lo tenía nada claro –cuenta Andy Meyer-, así que nos hizo probar a todos qué tal lo hacíamos bajo los palos. Todo quedó resuelto rápidamente: nuestro chico con suerte paró dos disparos y se convirtió en el nuevo portero.» Sin saber cómo, lo hacía todo bien: salía con decisión, paraba el balón con los pulgares extendidos al agarrar el esférico, y sabí cuándo salir por arriba y cuándo no arriesgarse a hacerlo. Robert descubrió una nueva sensación que le fascinaba. Cuando volaba, cuando sentía el balón apretado entre sus manos, entonces sabía qué era sentirse feliz.

El miedo a cometer errores hizo que, en su interior, Robert pensara: si no soy el mejor, entonces soy el peor. Seguramente esa tortura empezó cuando con solo dieciséis años jugaba con el equipo sub-18.

Esa es la tortura del portero: la insostenible autoexigencia de no cometer nunca errores. Ninguno puede olvidar sus errores. Pero un portero tiene que poder reprimirse, porque, si no lo hace, llega el siguiente partido y todo se gira en su contra.

Durante los seis meses que quedaban de temporada, en los que volvió a ser el joven portero suplente del que nadie esperaba nada, Robert volvió a sentirse feliz.

Robert entró en el once inicial en un partido amistoso contra un equipo de segunda división, el Fortuna Köln. El Borussia perdió 4-1. Volvió a sentir aquel color, aquel latido incesante. El miedo que había sentido en el equipo sub-18, el miedo a decepcionar los mayores, había vuelto. Tenía miedo de no poder llegar a ser nunca como Kamps, de no poder resistir siempre la presión. Sentía que a nadie le importaba lo que hiciera el tercer portero, que era invisible, pero al mismo tiempo temía que los jugadores más veteranos del equipo se enfadaran aún más si cometía errores durante el entrenamiento. Era todo contradictorio, pero ese tipo de miedo ya es por sí mismo una paradoja.

Los médicos de los equipos de fútbol profesionales están sometidos a mucha presión. Semana tras semana, el entrenador los atosiga para que actúen en contra de su conciencia médica y den analgésicos a los futbolistas para que así puedan salir al terreno de juego a librar su batalla, sin respetar las necesidades de su cuerpo.

Unas semanas más tarde, sin motivo aparente, el miedo había desaparecido.

Durante un lapso de tiempo en el que nadie es capaz ni de completar un pensamiento, un portero tiene que decidir si va a salir a buscar el balón o no.

A un portero debutante no le importa si un gol es imparable o no; después de cada gol, Robert le daba vueltas cómo hubiera podido detenerlo.

Cuando Robert sentía que los demás dudaban de él, entonces empezaba a dudar de sí mismo; cuando sentía que los demás le estaban presionando demasiado, se sentía inseguro. En cambio, cuando recibía muestras de apoyo, era increíblemente fuerte.

En otoño de 1998, el Borussia Mönchengladbach entró en una dinámica muy negativa, Durante seis semanas y siete partidos, encadenaron una derrota tras otra. Entonces Robert se convirtió en un deportista individualista. La literatura del mundo del fútbol ha exagerado y ha lamentado la soledad del portero, pero para un portero que está en un equipo en decadencia, esa soledad es una bendición. Juega su propio partido y en las derrotas encuentra su propia victoria. Para Robert, perder 0-2 contra el Bayern de Múnich también significaba haber detenido cinco balones difíciles. Al menos continúa deteniendo balones, decían los expertos, escribían los periódicos.

Antes del partido, los hinchas ovacionaban los jugadores; después del partido, los amenazaban.

Tenían que ganar el partido en Friburgo, esta vez sí era la última oportunidad del equipo, la definitiva. Perdieron 2-1. Tras 34 años en la Bundesliga, por primera vez el Borussia Mönchengladbach descendía de categoría. Fue una especie de liberación. El equipo llevaba semanas jugando cada sábado con la sensación de estar a punto de descender. En ese momento por fin lo supieron definitivamente.

Teresa, Dörthe y Jörg eran plenamente conscientes de que reírse resultaba del todo inapropiado y por eso hicieron lo único que podían hacer: reírse.

En el fútbol no hay nada más fascinante que la promesa renovada cada temporada de que todo puede cambiar, de que todo puede ir mejor.

Cuando Robert iba a entrenar, se tumbaba en el jardín y leía una novela policiaca. Se saltaba los párrafos que describían lugares con demasiado detalle, la ponían nerviosa, en los libros tenía que pasar algo.

A esa hora de la noche en la que el teléfono solo suena para recibir la llamada de una amante o una mala noticia, Marco Villa se despertó sobresaltado.

Aquella era la enfermedad del futbolista. Los futbolistas profesionales están muy acostumbrados a que les hagan preguntas todo el tiempo, a que todos quieran saber más sobre ellos, así que muchos se olvidan de mostrar interés por los demás.

No puedes disfrutar de la vida solo cuando las cosas salen bien.

Qué suerte tenemos de tener la vida que tenemos.

Llevo aquí dos años y medio y ya soy un veterano en el equipo. He visto pasar a tantos compañeros que ni siquiera los puedo recordar a todos. Así no se consigue construir un equipo ganador. Este año ya me han nombrado capitán, y sí, es genial, pero siendo sinceros, ¿un extranjero como capitán del equipo a los veinticuatro años? Eso evidencia que han vendido todos los demás jugadores representativos, que algo no funciona bien en el club.

Antes del partido contra el Marítimo de Madeira, Shaker [entrenador de porteros] colocó un cubo con agua junto a él en el campo de entrenamiento y mojó el balón antes de cada disparo.
–¿Y ahora qué se supone que hace?
-Chuva –contestó Shaker. Lluvia. En Madeira llovía mucho, así que quería que estuvieran preparados.
-Ya –dijo Robert-. ¿Y no sería mejor mojar toda el área de penalti?
Samir Shaker sonrió, no había entendido a Robert.

Hay pocas cosas que un futbolista no puede hacer: pasar del Barcelona al Real Madrid, del Celtic al Rangers, o del Benfica al Porto. Los feudos tradicionales de estos eternos rivales representan las últimas oportunidades en la Europa civilizada de poder dar rienda suelta al odio. Y, evidentemente, cientos de miles de personas aún sienten a veces esa necesidad de odiar. En los derbis futbolísticos, los clichés no resultan ridículos, sino que de algún modo la gente los espera para alimentar así la rivalidad entre los dos equipos.

No quiero traicionar al Benfica por dinero. Prefiero jugar aquí o en otro sitio ganando menos –dijo Robert, tratando de convencerse a sí mismo.

Cuando 100.000 espectadores llenan el Camp Nou, desde lo alto se puede admirar la fragilidad humana en todo su esplendor.

En Lisboa, Teresa y Robert habían vivido en su propio mundo, con solo unos pocos amigos. Pensaban que la vida de un futbolista tenía que ser así ¿Cómo iban a encontrar amigos?, se preguntaba Robert. ¿Cómo sabría si le valoraban a él o a su estatus? En un intento de escapar de la gente que solo quería acercarse a él porque era futbolista profesional, también se había alejado del resto. «En Barcelona las cosas fueron totalmente diferentes desde el principio», recuerda Teresa.

Su entrenador, Antoni Teixidó, escribió en una pizarra magnética cómo tenían que defender los córners y les dijo que el partido era una recompensa por lo mucho que se habían esforzado la temporada anterior, que iba a ser el día más bonito de sus carreras y que tenían que disfrutarlo, jugar como siempre lo hacían y no lesionar a nadie.

Cuando empezó el partido, lo único que quería Teresa era que acabara rápido.

Un gol es capaz de conseguir algo que mucha gente le gustaría poder hacer: lo cambia todo en un instante.

Un portero que se culpa por un gol vive los minutos restantes del partido con una mezcla insoportable de indiferencia y pánico. Para él, la tarde ya ha acabado, ya no se puede salvar, independientemente del resultado final. Al mismo tiempo, quiere que las cosas vuelvan a ir bien pero teme empeorarlo aún más en el siguiente movimiento que haga.

Es una regla tácita del fútbol profesional: nunca critiques en público un compañero de equipo.

El médico le diagnosticó trastornos del humor, una especie de profunda melancolía que muchos experimentan tras una muerte, tras una pérdida o después de algún tipo de acoso.

Algo hacía que se bloqueara cuando veía al equipo unido entrenar .Solo era una vaga sensación, pero Robert quería que los demás vieran que se sentía rechazado. Quería que alguien en el club se diera cuenta de lo mal que se sentía, pero al mismo tiempo no quería que nadie viera lo deprimido que estaba.

Robert anotó esta rotunda cita en su agenda: «No importa si lo que cree es verdad o no. Lo que importa es si te ayuda».

Como solía hacer siempre, unas horas antes del inicio del encuentro llamó a Teresa. […] Qué tal, hemos salido a dar una vuelta, hora estamos tomando un café, todo bien, de acuerdo, nos vemos esta noche. Pero ésta vez, él le dijo: -Por favor, deséame suerte .Teresa se estremeció. Robert nunca había dejado que le deseara suerte. Aquello solo podía traer mala suerte. Nunca había podido sentir tan claramente lo atormentado que Robert se sentía por su miedo al fracaso. Y lo único que podía hacer era decirle esas palabras que apenas podía pronunciar: -Te deseo mucha suerte –pensó que no decía las palabras, sino que más bien las escupía. «Después de aquello, me encontré mal», añade Teresa.

De repente –como siempre pasan las cosas en el fútbol.

En la vida solo se tienen tres o cuatro amigos de verdad, y raras veces se tenía la fortuna de vivir en la misma ciudad que ellos.

Robert oía como aquel silencio le gritaba. Se habían olvidado de él.

Si lo único que tienes es el fútbol y eso no va bien, solo te quedan las dudas.

Simplemente me gustaría vivir sin este miedo y estos nervios. Sé que romper el contrato va a tener graves consecuencias, pero ahora mismo no puedo pensar en eso. Ya no sé qué hacer ni cómo seguir.

-Tengo que dejar el fútbol.
-Robert, ¿qué pasa?- le preguntó Eike.
-Ya no puedo más. Solo siento miedo. Miedo a salir de la habitación del hotel, miedo a abrir el periódico, miedo a ponerme los guantes de portero.

No existe ningún sitio en el que el agua tenga tanta fuerza como en Estambul. Puedes quedarte mirando el Bósforo toda la vida y los movimientos lentos y regulares de los barcos te embargan de una nostalgia que tan pronto hace que desees irte como volver cientos de veces.

Un profesional nunca renunciaba. Ya lo decía la misma palabra, profesional. Eso significa reprimir las emociones y tirar hacia adelante. Y si las cosas en el campo no van bien, el profesional se sienta en el banquillo y en secreto empieza a buscar un nuevo equipo, y así mientras tanto sigue cobrando su sueldo.

Robert sabía que estaba enfermo. El doctor Geldschläger se lo había explicado. No era porque estuviera descuidándose, porque tuviera que esforzarse más. En aquel estado, su cerebro ya no podía gestionar el estrés, su sistema nervioso solo registraba estímulos negativos: miedo, rabia, desesperación .si los médicos hubieran abierto su cabeza habrían encontrado entre otras cosas que su córtex prefrontal (la zona en la que se originan los impulsos) no estaba activo y que por eso sentía tan débil. Había una explicación médica para todos aquellos comportamientos que no era capaz de entender. Padecía depresión. Y la gente con depresión no ve las cosas de manera realista; todo es negro, pesimista, negativo.

Robert pensaba que, si no era el mejor, entonces era el peor. Y eso es un gran error. Esa es la mentalidad de alguien que cree que solo pueden quererle por sus logros y no por el mero hecho de existir.

Por las mañanas, no tenía ganas de hacer nada durante lo que quedaba del día y por la noche se odiaba a sí mismo porque no había hecho nada de provecho durante el día.

Para los depresivos, pensar en el suicidio puede llegar a ser un alivio .pensar que les queda una solución les ayuda en el día a día. La situación se vuelve peligro cuando ese pensamiento ya no supone suficiente consuelo. La visión negativa que tienen de las cosas hace que se vuelvan irracionales y que busquen una manera de salir de esa oscuridad.

Cada día iba a ver al doctor Markser. El psiquiatra le explicó a Robert que nunca había sabido aceptar los errores, y que tenía que aprender a hacerlo. El mejor portero, tal vez la persona más feliz, era el que era capaz de cometer errores y aceptarlos sin más. Robert tenía que aprender que un solo error no decidía un parido, que un partido no decidía una temporada, y que una temporada no decidía una carrera. Pero sobre todo, que una carrera no representa una vida.

La depresión no se debía a ser débil de carácter, sino que era una enfermedad que afectaba a la gente independientemente de su estatus, el éxito que tuvieran en la vida o lo fuertes que fueran. No importaba si tenía todo lo [que] creemos que es necesario para ser feliz.

Correr es bueno para luchar contra la depresión, porque los músculos se relajan y la hormona del estrés se debilita. Robert odiaba correr, era la prueba de su declive: era portero y salía a correr.

La mayoría de la gente es propensa a sufrir depresión solo una vez en la vida, y suele durar entre tres y seis meses.

Cuando cobró la primera nómina del Tenerife, Robert se quedó mirando el extracto de la cuenta bancaria durante un buen rato. Siete meses después, por fin volvía a haber un ingreso. «La sensación de que solo había gastos daba mucho miedo -Robert se detiene unos instantes-. Como futbolista, no te atreves a decirlo, porque hay gente que está pasando por situaciones más duras, pero la sensación de estar en el paro no es mejor para un futbolista que para un electricista. Sientes que no vales para nada.»

No puedo evitar acordarme de lo que me dijiste: que regalaba sus guantes a los demás porteros; qué gran gesto. Era como si dijera a sus rivales: toma, te doy las mismas armas que uso yo.

Cuando tomamos la decisión de seguir con el embarazo de Lara, pensamos que estábamos preparados. Y no me malinterpretes, volvería a hacer lo mismo, no tengo ninguna duda, pero ahora también sé que nadie está preparado para vivir con un hijo enfermo, porque el miedo te consume.

Un hombre sobrio rodeado de borrachos en seguida aprende el significado de la soledad.

Hacerse el gracioso era la tarea más importante de un utilero.

Un futbolista profesional tiene que acatar las decisiones que toman sus superiores sin protestar, no le queda más remedio que ponerse al servicio del club, aunque eso vaya en contra de sus propias opiniones. Esa es la principal regla tácita del fútbol.

La felicidad no consiste en estar en lo más alto. […] La felicidad es saber hasta dónde puedes aguantar la presión. La felicidad es alejarse de la gente que te adora por algo que no eres, no intentar complacerlos, no estar completamente preocupado por parecer mejor de lo que uno es.

En el mundo del fútbol no hay nada más difícil de conseguir que la sencillez.

La muerte de Lara le había regalado algo a Robert: una mayor sensibilidad hacia las necesidades de los demás y también la certeza de saber cómo hacer que sus vidas fueran un poco más felices.

¿Por qué siempre le tenían que pasar cosas?

Aquella felicidad, el mero hecho de poder ver a su hija bebiendo un biberón normalmente, era algo desconocido para ellos.

En el Hanóver todo el mundo le quería, y allí Robert se sentía como en casa. No importaba si eran octavos o undécimos, n ose cavaba el mundo. Al fin y al cabo, solo era fútbol.

Nadie culpa a un portero por un gol así –nadie, excepto el propio portero-.

La verdad es que la muerte un hijo no se puede olvidar nunca.

La depresión no sigue ningún esquema determinado. Si alguien es propenso a la enfermedad, puede que sea capaz de lidiar sin problemas con las situaciones más estresantes pero que, en un momento dado, todo se vaya al garete por culpa de algo que, desde fuera, puede parecer insignificante.

El momento decisivo era la mañana, porque era cuando se levantaba con el miedo al día que tenía por delante y, si tardaba unos segundos más de lo que debía, entonces el miedo se apoderaba de él.

Esa era la trampa de la depresión: le arrebataba las fuerzas para hacer las cosas más simples y después la sensación de no ser capaz de conseguir nada hacía que se hundiera aún más en la enfermedad.

La depresión acababa con todos los pensamientos positivos, «de repente todo deja de tener sentido, te desesperas», le contó a Hanno. Era como si la entrada a su cerebro se hubiera reducido a una pequeña rendija a través de la cual solo pasaban los sentimientos negativos: el miedo, el estrés, la tristeza, la rabia, la exigencia excesiva, el agotamiento. La gente que no sufrí depresión pocas veces podía entender la fuerza de esta, porque no entendían que se trataba de una enfermedad. La gente se preguntaba por qué lo veía todo de un modo tan negativo, por qué no era capaza de volver a ser el de siempre. No entendían que Robert no tenía fuerzas para cambiar aquella visión tan oscura, que ya no fuera capaz de controlar la situación. Su función cerebral estaba alterada, apenas podía expresarse, porque la sinapsis de su sistema nervioso no se producía correctamente. Cada vez le resultaba más difícil concentrarse, pero el mismo tiempo era capaz de hablar de su enfermedad con todo lujo de detalles y lucidez.

Robert se sentía como atrapado entre dos paredes. Tenía dos grandes sueños: jugar el Mundial y dejar de esconder su enfermedad de una vez por todas. Y sabía que las dos cosas eran incompatibles, que una excluía generalmente a la otra. Sentía que daba igual lo que hiciera, porque no sería capaz de escapar de los muros que le rodeaban.

3 de septiembre de 2009. No he dormido. Parece que nada tiene sentido. Me es muy difícil concentrarme.

-Estoy de camino al aparcamiento del hotel.
-Vaya, me alegro de que la charla con Valentin haya durado tanto.
-No, no ha durado tanto.
-¿Y dónde has estado tanto rato?
-He estado conduciendo por la ciudad.
-Robbi, ¿y por qué has estado conduciendo por la ciudad?
-No hay ninguna razón. Simplemente he estado conduciendo.
-Quiero que me digas por qué has estado conduciendo por la ciudad
-He estado buscando un sitio para suicidarme.
-¿Es que te has vuelto loco?

Si pudieras entrar en mi cabeza durante media hora, sabrías como me siento.

En mayor o menor grado, las ganas de morir que sobrevienen con la mayor parte de la enfermedad.

Robert se esforzaba para sobrellevar el resto del día, pero le había vuelto a invadir el miedo, el miedo original: el miedo de que todos sus miedos regresaran.

Durante un partido, puedes estar afuera del estadio y saber qué está pasando dentro solo por la reacción de los espectadores: los silbidos cuando el rival ataca, la rabia y la indignación cuando cometen una falta sobre un jugador local, la alegría que se esfuma cuando el portero visitante consigue detener el balón, el silencio cuando un jugador está a puno de lanzar un penalti.

A menudo la gente que sufre depresión está de mejor humor durante los días previos al suicidio. Se sienten aliviados por la decisión que finalmente han tomado, pues sienten que es la única manera que tienen de acabar con su situación. Pero se equivocan, porque su percepción de las cosas está alterada. Al mismo tiempo, estar de mejor humor les sirve de fachada tras la que ocultar sus verdaderas intenciones a sus allegados.

Muchos periódicos usaron erróneamente la palabra «Freitod» -literalmente, «muerte libre» en alemán- para hablar del suicidio. La muerte de una persona con depresión nunca es una decisión libre. La enfermedad enturbia la percepción hasta el punto de que el que la sufre ya no entiende lo que significa la muerte. Lo único en lo que piensa es en acabar con la enfermedad.

Era un portero con una poderosa capacidad de salto y grandes reflejos, que no alardeaba de sus virtudes y que creía firmemente que la ambición también se podía vivir desde el respeto y la educación.

Los cuadernos de Don Rigoberto

Mario Vargas Llosa

Los cuadernos de Don Rigoberto

Los cuadernos de Don Rigoberto


Dos Rigoberto se ha separado de Lucrecia por un bochornoso asunto. Para poder hacer frente al rompimiento, se inventa una serie de fantasías eróticas en las que participan ambos y que plasma de manera elegante en un cuidadoso libro de apuntes. Al final, el amor triunfará. Calificación de 9.5.

Revejido: Envejecido antes de tiempo:
Munuficencia: Generosidad espléndida, especialmente la de un rey, magnate, soberano, etc.
Rientes: Que es alegre o muestra alegría.
Sierpe: Cualquier cosa que se mueve como si fuera una serpiente.
Embridar: Colocar la brida a las caballerías.
Cacaseno: Que es necio o estúpido.
Muerma: Estado de abatimiento o somnolencia producido por el aburrimiento, la fatiga o motivado por la ingestión de alcohol o drogas.
Cachafaz: Pícaro, sinvergüenza.
Crótalo: Catañuelas.
Meliflua: Excesivamente dulce, suave o delicado.
Cuchufleta: Broma o burla.
Hiatos: Encuentro de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas.
Posma: Se dice de la persona lenta y parsimoniosa.
Estulticia: Necedad, ignorancia, tontería.
Deicidas: los que dieron muerte a Jesucristo.
Lisurienta: Atrevida.
Curcuncho: Jorobado o joroba.
Behetría: Antiguamente, población cuyos vecinos podían elegir por señor a quien quisiesen.
Bituminosa: Que tiene betún o semejanza con él.
Lúcuma: Fruto del lúcumo, del tamaño de una manzana pequeña.
Hipogrifo: Animal fabuloso, mitad caballo y mitad grifo alado.
Vaharada: Exhalación de vaho o respiración.
Meandro: Adorno de líneas sinuosas y repetidas.

Ya sé que estás casada con un honorable caballero limeño, viudo y gerente de una compañía de seguros. Yo lo estoy también, con una gringuita de Boston, médica de profesión de seguros, y soy feliz, en la modesta medida en que el matrimonio permite serlo.

¿Sabías que el burro, el mono, el cerdo y el conejo eyaculan en doce segundos, a lo más? – Pero, el sapo puede copular cuarenta días y cuarenta noches, sin parar.

Sus modelos se levantan las faldas, muestran todo, se les ve en posturas rarísimas, pero nunca parecen vulgares. Siempre, unas reinas. ¿Por qué? Porque tienen majestad. Como tú, madrastra.

¿Ya borracho? Camino de estarlo, pues los whiskies se sucedían en sus manos como cuentas de rosario en las de una devota.

Estaban peleando y fornicando a la vez, como tiene que ser, como tendría que ser siempre.

¿Dónde está el heroísmo en hacerse mazamorra al volante de un bólido con motores que hacen el trabajo por el humano o en retroceder de ser pensante a débil mental de sesos y testículos apachurrados por la práctica de atajar o meter goles a destajo, para que unas muchedumbres insanas se desexualicen con eyaculaciones de egolatría colectivista a cada tanto marcado? Al hombre actual, los ejercicios y competencias físicas llamadas deportes, no lo acercan a lo sagrado y religioso, lo apartan del espíritu y lo embrutecen, saciando sus instintos más innobles: la vocación tribal, el machismo, la voluntad de dominio, la disolución del yo individual en lo amorfo gregario.

El sexo era demasiado importante para compartirlo.

El cuaderno, en ese momento le regaló una cita propicia, de Borges: «El deber de todas las cosas es ser una felicidad; si no son una felicidad son inútiles o perjudiciales». A don Rigoberto se le ocurrió una apostilla machista: «¿Y si en vez de cosas pusiéramos mujeres, qué?».

Los artistas son personas complicadas, que te lo explique tu papá. No tienen que ser unos santos. No hay que idealizarlos, ni satanizarlos. Importan sus obras, no sus vidas.

Al mismo tiempo que estoy a favor de la fe, las religiones en general me incitan a taparme la nariz, porque todas ellas implican el rebañismo procesionario y la abdicación de la independencia espiritual. Todas ellas coartan la libertad humana y pretenden embridar los deseos. Reconozco que, desde el punto de vista estético, las religiones —la católica, acaso, más que ninguna otra con sus hermosas catedrales, ritos, liturgias, atuendos, representaciones, iconografías, músicas— suelen ser unas soberbias fuentes de placer que halagan el ojo, la sensibilidad, atizan la imaginación y nos combustionan de malos pensamientos. Pero, en todas ellas hay emboscado siempre un censor, un comisario, un fanático y las parrillas y tenazas de la inquisición. Es cierto, también, que, sin sus prohibiciones, pecados, fulminaciones morales, los deseos —el sexual, sobre todo— no hubieran alcanzado el refinamiento que tuvieron en ciertas épocas.

Y por verte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma…

Manuel explicó a Lucrecia la diferencia entre el eunuco, variante principalmente sarracena practicada desde el medioevo con los guardianes en los serrallos, a quienes la ablación inmisericorde de falo y testículos volvía castos, del castrado, versión occidental, católica, apostólica y romana, que consistía en privar sólo de los mellizos —dejando en su sitio lo demás— a la víctima de la operación, a quien no se quería privar de la cópula, sino, simplemente, impedir la transformación de la voz del niño que, al llegar a la adolescencia, baja una octava. Manuel contó a Lucrecia la anécdota, que ambos habían festejado, del castrati Cortona, quien escribió al Pontífice Inocencio XI pidiéndole permiso para casarse. Alegaba que la castración lo había dejado indemne para el refocilo. Su Santidad, que no tenía nada de inocente, de puño y letra escribió al margen de la solicitud: «Que le castren mejor». («Esos eran Papas», se alegró don Rigoberto.)

Lo más cobarde y sucio que existe: mandar anónimos.

Metido en el escritorio, oyendo música, contemplando sus grabados. Pero, es un pretexto. No se encierra ahí para leer, ver pinturas ni oír sus discos. Sino, para pensar en ti.

No hay manía o fobia que carezca de grandeza, ya que ellas constituyen la originalidad de un ser humano, la mejor expresión de su soberanía.

La ficción es una fuga a lo imaginario que enmienda la vida.

De modo que estas cosas existen. No sólo en los malos pensamientos, en el arte o las fantasías de los poetas; también, en la vida real. De modo que un culo así es posible en la realidad de carne y hueso, en las mujeres que pueblan el mundo de los vivos.

¿Quién podía hablar de los puntitos rojos de mis axilas, de las rosadas nervaduras de las cavidades ocultas entre los dedos de mis pies, de esa «fruncida boquita circundada por una circunferencia en miniatura de alegres arruguitas de carne viva, entre azulada y plomiza, a la que hay que llegar escalando las lisas y marmoleas columnas de tus piernas» ? Sólo tú, amor mío.

La única patria que reverencio es la cama que holla mi esposa, Lucrecia (Tu luz, alta señora / Venza esta ciega y triste noche mía, fray Luis de León dixit) y, su cuerpo soberbio, la única bandera o enseña patria capaz de arrastrarme a los más temerarios combates, y el único himno que me conturba hasta el sollozo son los ruidos que esa carne amada emite, su voz, su risa, su llanto, sus suspiros, y, por supuesto (tápese los oídos y la nariz) sus hipos, eructos, pedos y estornudos. ¿Puedo o no puedo ser considerado un verdadero patriota, a mi manera?

Schiele pintando una modelo desnuda delante del espejo (1910) (Graphische Sammlung Albertina, Viena) leyó doña Lucrecia. Mientras lo examinaba, intrigada por algo que no sabía qué era, salvo que no estaba en el cuadro mismo, una presencia, o más bien una ausencia, oía a medias a Fonchito, ya en ese estado de excitación progresiva al que lo llevaba siempre hablar de Schiele. Le explicaba a Justiniana que el espejo «está donde estamos nosotros, los que vemos el cuadro». Y que, la modelo vista de frente no era la de carne y hueso, sino la imagen del espejo, en tanto que sí eran reales, no reflejos, el pintor y la misma modelo vista de espaldas. Lo que quería decir que, Egon Schiele, había empezado a pintar a Moa de espaldas, frente al espejo, pero, luego, atraído por la parte de ella que no veía directamente sino proyectada, decidió pintarla también así. Con lo cual, gracias al espejo, pintó dos Moas, que, en verdad, eran una: la Moa completa, la Moa con sus dos mitades, esa Moa que nadie podría mirar en la realidad porque «nosotros sólo vemos lo que tenemos delante, no la parte de atrás de ese delante».

Mi odio a Playboy, Penthouse y congéneres no es gratuito. Ese espécimen de revista es un símbolo del encanallamiento del sexo, de la desaparición de los hermosos tabúes que solían rodearlo y gracias a los cuales el espíritu humano podía rebelarse, ejercitando la libertad individual, afirmando la personalidad singular de cada cual, y crearse poco a poco el individuo soberano en la elaboración, secreta y discreta, de rituales, conductas, imágenes, cultos, fantasías, ceremonias, que, ennobleciendo éticamente y confiriendo categoría estética al acto del amor, lo desanimalizaran progresivamente hasta convertirlo en acto creativo. Un acto gracias al cual, en la reservada intimidad de las alcobas, un hombre y una mujer (cito la fórmula ortodoxa, pero, claro, podría tratarse de un caballero y una palmípeda, de dos mujeres, de dos o tres hombres, y de todas las combinaciones imaginables siempre que el elenco no supere el trío o, concesión máxima, los dos pares) podían emular por unas horas a Hornero, Fidias, Botticelli o Beethoven.

La pornografía despoja al erotismo de contenido artístico, privilegia lo orgánico sobre lo espiritual y lo mental, como si el deseo y el placer tuvieran de protagonistas a falos y vulvas y estos adminículos no fueran meros sirvientes de los fantasmas que gobiernan nuestras almas, y segrega el amor físico del resto de experiencias humanas. El erotismo, en cambio, lo integra con todo lo que somos y tenemos. En tanto que, para usted, pornógrafo, lo único que cuenta a la hora de hacer el amor es, como para un perro, un mono o un caballo, eyacular, Lucrecia y yo, envídienos, hacemos el amor también desayunando, vistiéndonos, oyendo a Mahler, conversando con amigos y contemplando las nubes o el mar.

En lo relativo a pintura y escultura, mi criterio de valoración artístico es muy simple: todo lo que yo podría hacer en materia plástica o escultural es una mierda. Sólo califican, pues, los artistas cuyas obras están fuera del alcance de mi mediocridad creativa, aquellos que yo no podría reproducir. Este criterio me ha permitido determinar, al primer golpe de vista, que toda la obra de «artistas» como Andy Warhol o Frida Kahlo es una bazofia, y, por el contrario, que hasta el más somero diseño de Georg Grosz, de Chillida o de Balthus son geniales.

El mundo de fantasía, de placer, de deseos en libertad, mi única patria querida, no hubiera sobrevivido indemne a la escasez, la estrechez, las angustias económicas, el agobio de las deudas y la pobreza. Los sueños y los deseos son incomestibles. Mi existencia se hubiera empobrecido, vuelto caricatura de sí misma.

—Con unas orejas así, uno debe oír más que las personas normales —decía—Y, con semejante nariz, oler lo que no huele el común de los hombres.

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Toda felicidad es fugaz. Una excepción, un contraste. Pero, tenemos que reavivarla, de tiempo en tiempo, no permitir que se apague. Soplando, soplando la llamita.

Qué poco había durado, que cortísima esa abrumadora felicidad. Ahí estaba, de nuevo, cruda y dura, Rigoberto, la vida real.

Los náufragos se agarran de lo que se les pone delante sin hacer ascos.

Oportunidades y retos sociales

John Stott

Oportunidades y retos sociales

Oportunidades y retos sociales

El libro forma parte de una serie de cuatro volúmenes que contienen temas que el autor pone en el tintero como un desafío para los cristianos. Temas en los que la iglesia debería tener mayor presencia para ser una alternativa real para todo el mundo, y aunque cuenta con información de más de 10 años de antigüedad, las cifras no han cambiado mucho y siguen siendo de actualidad. En esta tomo, el trabajo, los negocios, la diversidad étnica y modos de vida. Calificación de 10.

Necesitamos aprender a agradecerle a Dios el trabajo como un regalo de él, protestar contra las prácticas injustas y opresoras donde estas existan y animar a la gente a trabajar con integridad, en un mundo laboral que a menudo le falta integridad.

Muchas personas trabajan en su casa, y colaboran en trabajos voluntarios para cuidar niños u otros que dependen de la familia. Esos trabajos pueden ser arduos, pero pasan desapercibidos. Muchas personas que están «retiradas» trabajan tanto en los trabajos voluntarios como lo hicieron en los trabajos pagos que tenían. De hecho, el trabajo de esos que no reciben pago es una contribución tan grande a la sociedad que dependemos de la disposición para hacer trabajo voluntario al igual que dependemos de las personas que están dispuestas a trabajar recibiendo pago por un empleo.

El trabajo es una parte importante en la vida, no lo es todo. No obstante, el trabajo es una de las formas más importantes a través de las cuales expresamos lo que significa ser humano.

El fin del trabajo es la realización del obrero. Es decir, una parte importante de nuestra autorealización como seres humanos se haya, de acuerdo al propósito de Dios, en nuestro trabajo.

El trabajo no es principalmente algo que alguien hace para vivir, sino que uno vive para hacer.

Los seres humanos somos más humanos no cuando trabajamos, sino cuando dejamos el trabajo a un lado para adorar. El día de reposo «hace relativo el trabajo del ser humano, el contenido de los seis días de trabajo. Esto protege al hombre de la absorción total de la tarea de someter la tierra, esto anticipa la distorsión de hacer que el trabajo sea la razón y el propósito de la vida humana».

Las personas retiradas son sabias si buscan un retiro activo, en el que tengan oportunidades para el servicio constructivo, aunque no reciban pago.

«He visto, pues, que nada hay mejor para el hombre que disfrutar de su trabajo» (Eclesiastés 2:20, 24; 3:22).

«El mundo moderno cuida mucho que el cuerpo del trabajador no sufra accidente o daño» y si sufre daño provee compensación. Pero, ¿qué acerca de «su alma y su espíritu»? «Si su trabajo le hace daño, reducirlo a un robot, no importa».

Los cristianos creen que la tercera y más alta función del trabajo es glorificar a Dios a través de este, es decir que se revele y realice su propósito.

«Dios hará todas las cosas a través de ti, él ordeñará las vacas a través de ti y él hará los trabajos domésticos a través de ti, y todos los trabajos, desde el más importante hasta el más insignificante, le agradarán a él».

Laborare est orare, «trabajar es adorar», significa que vemos cómo nuestro trabajo contribuye, aunque sea pequeña e indirectamente, al plan preconcebido de Dios para la humanidad. Entonces cualquier cosa que hagamos se puede hacer para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31).

Trabajo es el gasto de la energía (manual, mental o ambas) para el servicio de otros, la cual trae satisfacción al trabajador, beneficio a la comunidad y gloria a Dios.

¿Cuántos de nosotros miramos nuestras posesiones y nos preocupamos por las circunstancias en las cuales se hicieron esos productos?

El trabajo es un regalo de Dios. Debe satisfacernos, aunque sabemos que la Biblia nos dice en Génesis 3 que desde la caída el ambiente en el que trabajamos puede ser hostil y el trabajo puede ser una lucha.

Cuando uno entiende el lugar central que ocupa el trabajo en los propósitos de Dios para los hombres y las mujeres, se ve al momento que el desempleo es un ataque serio a nuestra humanidad. William Temple, hablando de las personas desempleadas al norte de Inglaterra durante los años de la Depresión, escribió: «La más grave y amarga herida de su estado no es la queja animal (física) de hambre o incomodidad, ni siquiera la queja mental de vacío y aburrimiento; es la queja espiritual de no habérseles dado la oportunidad de contribuir a la vida en general y al bienestar de la comunidad». Perder un trabajo es una experiencia chocante y muchos viven con el temor de que esto les pueda suceder.

Los psicólogos han asociado el desempleo con un duelo, la pérdida de un trabajo en algunos aspectos es similar a la pérdida de un familiar o amigo.

Muchos de los retos emocionales, éticos y espirituales más profundos los enfrentarán dentro del contexto de trabajo. Entonces, es esencial que las iglesias muestren lo importante que es el trabajo, incluyéndolos en sus enseñanzas y al orar por las personas de la iglesia que trabajan y no solo como miembros de la familia o por lo que hagan en la iglesia.

Si el trabajo es importante en la sociedad, entonces debe ser importante en la iglesia.

Aunque es bueno ver que el gobierno apoya la importancia de las iniciativas basadas en la fe, es esencial que esto nunca se haga para que el gobierno evite sus propias responsabilidades de proveer a los que tienen necesidades.

Las comunidades sufren donde hay un trabajo que deprime y degrada el espíritu humano. En tales casos es posible que la iglesia necesite dar mensajes no solo del amor de Dios y del valor de cada ser humano, sino también protestar con lucidez y persistencia para que las condiciones cambien para mejorar.

El trabajo debe ser la forma de salir del empobrecimiento y no la causa para quedarse allí.

Los cristianos no solo necesitan tener interés por la excelencia en la vida de los negocios y, por lo tanto, tener éxito en sus logros, sino que también necesitan interesarse en la reconciliación cuando hay conflicto y en la justicia para todas las personas.

La reconciliación tiene prioridad en la agenda cristiana, porque es el corazón del evangelio. El pecado desbarata las relaciones interpersonales; la salvación las reconstruye. Jesús vino con la misión de la reconciliación. Él es el supremo pacificador; él le dice a sus seguidores que también sean pacificadores.

Oprimir al pobre es insultar a su Hacedor; servirle a ellos en honrar a Dios (ver Proverbios 14:31; 17:5; 22:2). Esta verdad está detrás de muchas de las instrucciones sociales detalles en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, pagarle al siervo su salario el mismo día, preocuparse por el sordo y el ciego, tener compasión de la viuda y el huérfano, dejar la espiga de la cosecha al pobre y al extranjero y administrar justicia imparcial en el tribunal. Este mismo principio también está en el Nuevo Testamento en las instrucciones para los amos y los siervos de respetarse el uno al otro, porque ellos sirven al mismo Señor y son responsables ante el mismo Juez.

Cuando se crea un equipo de trabajadores que sienten que tienen valor y que tienen dignidad, tanto el amor como la justicia son importantes.

A lo que los cristianos deben oponerse es a la inigualdad de privilegios, y lo que debemos asegurar es que las diferencias se deban al mérito y no al privilegio.

Lo que hacen los animales por instinto, el hombre lo hace por decisión.

La tradición cristiana siempre ha enseñado esta verdad bíblica, la libertad moral es un ingrediente esencial en la dignidad del ser humano.

Tomar decisiones es un derecho básico del ser humano, un componente esencial de nuestra dignidad humana.

Los cristianos deben oponerse a todas las formas de trabajo en las que alguien use a los seres humanos. Es cierto, el mal es menor, porque el trabajo es voluntario y lo regula un contrato. Sin embargo, es un contrato que rebaja la humanidad si involucra la renuncia de la responsabilidad personal y obliga a obedecer sin opinar.

Lo que desea el amor, la justicia lo exige.

La función de los cristianos en el mundo de las corporaciones es usar cualquier poder del que puedan disponer para alcanzar la justicia.

El ambiente de los negocios es muy estimulante y exige un nivel profundo de fe práctica al estar rodeados diariamente de «no cristianos» enfrentando con regularidad decisiones difíciles que involucran enormes recursos financieros y pueden afectar el bienestar de miles de personas. Algunos aspectos en particular (donde por lo general los ángeles temen meterse) que a menudo se ven como los aspectos «sucios» del trabajo y donde se espera que el compromiso moral sea inevitable —ventas, publicidad, periodismo y negociaciones— son, desde luego, los que más necesitan una mayor participación de los cristianos. Son estas áreas de tantas exigencias las que exigen niveles altos de integridad y valor y, por supuesto, pueden ser las que más éxitos logren y las que hagan una gran diferencia en la vida diaria de la gente a través del mundo. Hay una larga y honorable tradición de los cristianos que forman el ambiente de los negocios, y como resultado de esto se afectan directamente otras esferas poderosas de influencia, incluyendo el mundo político.

La incompetencia, flojera, entrega tardía o rudeza de los empleados no se debe tolerar más en una compañía cristiana de lo que se tolera en una secular. De hecho, como representante del reino de Dios, debe ser un placer hacer negocios con cualquier organización cristiana.

Es triste, aunque es comprensible, que todavía haya debates acerca de si es bueno ser ético en los negocios. Después de todo, ¿cómo se puede medir el resultado? Realmente es importante ser ético, no importa el resultado.

La gente cumple las promesas porque creen que es correcto hacerlo, no porque sea un buen negocio.

Nestlé vendió leche en polvo para niños a madres en países donde la higiene del agua hacía peligroso su uso. De hecho, esta es una continua crítica a Nestlé.

El salario miserable pagado a los trabajadores de zapatos deportivos por las compañías. Nike alega que en 1992 le pagó $20 millones de dólares al jugador Michael Jordan por patrocinar los zapatos. Esto excede el pago anual de las fábricas de Indonesia que hicieron los zapatos y que lo emplearon para que él hiciera la propaganda.

Cuál es la diferencia entre Tanzania y Goldman Sachs? Uno es un país de África que gana $2,200 millones de dólares al año y lo comparte con 25 millones de personas. El otro es un banco de inversión que gana $2,600 millones de dólares y lo comparte con 161 personas.

Uno de los mecanismos principales que usan las compañías para influir en los gobiernos aparte de la presión política directa, es la amenaza de retirarse del país.

Necesitamos recordar que esos que ejercen poder lo pueden ejercer para bien.

Los negocios no son solo empresas que existen para lograr metas mediante el uso de escasos recursos. También son comunidades de personas, hechas a la imagen de Dios, que necesitan dignidad y respeto. Por lo tanto, es importante que cuando miremos la función de los negocios desde una perspectiva cristiana, veamos que tanto el amor como la justicia son necesarias si la vida del negocio es para honrar a Dios.

El racismo es un penoso pecado que ninguna persona o iglesia debe defender ni practicar […] Como una aberración moral, priva al ser humano de la dignidad, sus obligaciones y sus derechos. Se debe rechazar y oponernos en todas las formas en que se manifieste» (párrafo 112). De nuevo, «Apartheid […] una separación forzada y una división de la gente, no se debe considerar un mandato bíblico. El intento de justificar tal comportamiento como derivado de la Biblia se debe reconocer como un error y denunciar» (párrafo 305), este «contradice la verdadera esencia del amor al prójimo y la justicia entre vecinos, y en forma inevitable la dignidad humana de todos los involucrados.

Yo no estoy en contra de nadie. Yo estoy en contra de ubwana, la mentalidad del jefe.

Una de treinta y cinco personas en el mundo es un emigrante internacional.

Existe una gran cantidad de personas que huyen pero no pasan una frontera para convertirse en refugiados o buscadores de asilo. Se calcula que hay 25 millones de personas desplazadas internamente en todo el mundo, más que el doble del número de refugiados.

Es necesario recordar que la emigración puede tener efectos positivos en la sociedad y en la economía de los países que los recibe. La mayoría de los emigrantes legales que llegan a los países industrializados son personas educadas, el 88% de emigrantes a la OECD tienen educación secundaria y dos tercios de ellos tienen educación más avanzada.

En muchas áreas de la economía británica hay una gran necesidad de tales personas. De acuerdo a la Autoridad del Gran Londres, el 23% de los médicos y el 47% de las enfermeras en Inglaterra nacieron en otros países. Estas personas no le están quitando el trabajo a los ciudadanos, como creen con frecuencia los que practican la discriminación contra los emigrantes. De hecho, son una respuesta para los vacíos laborales en el mercado.

Lo que es «natural» es dado por Dios y heredado; lo que es «cultural» es hecho por el hombre y aprendido. La cultura es una amalgama de creencias, valores, costumbres e instituciones que cada sociedad desarrolla y transmite a la próxima generación. Las culturas humanas son ambiguas porque los seres humanos son ambiguos. «Debido a que el hombre es una criatura de Dios, mucho de su cultura es rico en belleza y bondad. Como ser caído, todo se ensució con el pecado y algo de esto es demoníaco»

No podemos tolerar rivales de Cristo Jesús, si creemos que Dios habló por medio de él y a través de él y que él es el único Salvador que murió y resucitó otra vez y que vendrá algún día a juzgar al mundo. No obstante, nunca debemos permitir que una persona, cualquiera que sea su religión, se discrimine como ha ocurrido con tantos musulmanes en el Occidente después de los sucesos del 11 de septiembre. Debemos luchar por la justicia de todos, aunque proclamemos que Cristo es el único.

En el Antiguo Testamento está la historia de la humanidad dispersa, de naciones alejándose unas de otras, de contención, de peleas. Pero en el Nuevo Testamento está la historia divina de las naciones reunidas en una sociedad internacional. En el versículo 34 hace una alusión, que pocos hombres creyeron, a uno que se llamaba Dionisio, a una mujer llamada Dámaris y a otros más. Así que aquí está el núcleo de la nueva comunidad, en la que hombres y mujeres de todas las edades y de todo origen racial, cultural y social, encuentran su unidad en Cristo.

El «internacionalismo» cristiano no significa que el ser miembros de Cristo y de su iglesia destruya nuestra nacionalidad, masculinidad o feminidad. Por el contrario, esto significa que aunque permanezcan nuestras distinciones étnicas, nacionales, sociales y sexuales, ya no nos dividirán más. Estas se han superado en la unidad de la familia de Dios (Gálatas 3:28).

Combatir el racismo debe comenzar por la forma en que criemos a nuestros hijos. Desde una temprana edad se les puede enseñar el aprecio por una sociedad multiétnica. Las escuelas ahora tienen programas y planes de estudios que destacan la importancia del respeto mutuo entre los diferentes grupos étnicos, y estas enseñanzas se deben reforzar en nuestras casas, iglesias y grupos de la comunidad.

Solo una verdadera teología, la revelación bíblica de Dios, nos puede liberar del racismo. Por ser el Dios de la creación, afirmamos la unidad de la raza humana. Por ser el Dios de la historia, afirmamos la diversidad de las culturas étnicas. Por ser el Dios de la revelación, afirmamos la finalidad de Cristo Jesús. Y por ser el Dios de la redención, afirmamos la gloria de la iglesia cristiana.

Debido a la unidad de la humanidad, pedimos derechos y respeto iguales para las minorías étnicas. Debido a la diversidad de los grupos étnicos, renunciamos a la cultura imperialista y buscamos preservar todas las riquezas culturales que son compatibles con el señorío de Jesús. Debido a la finalidad de Cristo, afirmamos que la libertad en la religión incluye el derecho de propagar el evangelio. Debido a la gloria de la iglesia, necesitamos tratar de librarnos del prolongado racismo y esforzarnos para hacer un modelo de armonía, en donde los sueños multiétnicos se hagan realidad.

[Se] define la pobreza como una amalgama de diferentes problemas: ser invisibles, tener pocos recursos, ser excluidos, no tener poder y ser culpados por los problemas de la sociedad.

Los Obispos latinoamericanos de la Iglesia Católica Romana dijeron en Puebla, en 1979, lo que todavía resuena hoy día: «El cruel contraste entre la lujosa riqueza y la extrema pobreza, que es bastante visible a través de todo nuestro continente y que agrava más la corrupción que con frecuencia invade la vida pública y profesional, muestra hasta qué grado el ídolo de la riqueza domina a nuestras naciones».

El diezmo regular era para apoyar a los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas. (Deuteronomio 15:7ss; Levítico 25:35ss; Deuteronomio 14:29; Levítico 26:12).

«Si el hombre cierra sus oídos al clamor del pobre, llorará también sin que nadie le responda» (Salmo 112:1-9; Proverbios 21:13; 29:7; cf. 14:20ss; 19:7; 31:20; Job 31:16ss; Ezequiel 16:49).

«Servir al pobre es hacerle un préstamo al Señor» (Proverbios 17:5a; 19:17a).

«No tuerzas la justicia contra los pobres de tu pueblo en sus demandas legales […] No aceptes soborno, porque nubla la vista y tuerce las sentencias justas». «No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia». «No le niegues sus derechos al extranjero ni al huérfano». Sobre todo, la razón por la cual repite esto es porque ellos fueron oprimidos en Egipto, y el Señor fue quien los liberó (Éxodo 23:6, 8; Levítico 19:15; Deuteronomio 24:17; 27:19; 15:15).

En Proverbios 31, la madre del Rey Lemuel lo exhorta: «¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos!», «¡Levanta la voz, y hazles justicia!» y «¡Defiende a los pobres y necesitados!» (Salmo 82:1-3; Proverbios 31:8-9; cf. Job 29:11ss; Proverbios 22:22ss; 29:7, 14).

La perspectiva bíblica no es de «supervivencia del más hábil» sino de «protección del débil». Ya que Dios mismo habló por ellos y vino a ayudarlos, su pueblo también debe ser la voz de los que no tienen voz y los defensores de los indefensos.

La iglesia necesita proclamar las buenas noticias del reino a los materialmente pobres, darles la bienvenida, tener comunión con ellos y compartir sus luchas.

Gran parte de la culpa de que haya pobreza es de la sociedad y no de los mismos pobres.

En el contexto de la riqueza Occidental, tenemos tres opciones ante nosotros. La primera es convertirse en pobre, la segunda es quedarse rico y la tercera es cultivar la generosidad, simplicidad y satisfacción.

Enseñaba desde un bote prestado, entró a Jerusalén en un burro prestado, pasó su última noche en una habitación prestada y lo enterraron en una tumba prestada.

Cuando dijo que nadie puede ser su discípulo a menos que «renuncie» a todas sus posesiones y «odie» a sus familiares, necesitamos entender que ambos verbos se usaron como figuras literarias dramáticas. No debemos odiar literalmente a nuestros familiares, ni literalmente debemos renunciar a nuestras posesiones. Lo que debemos hacer es colocar a Jesucristo primero, por encima de nuestra familia y nuestras posesiones.

El antídoto cristiano para el materialismo no es el ascetismo; ser austeros solo por serlo es rechazar los buenos regalos del Creador.

En 1 Timoteo 6:6-10, Pablo elogia el estar satisfechos con lo que tenemos como sigue: Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene. Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores.

Nuestro enemigo no son las posesiones sino los excesos. Nuestro grito de batalla no es “nada” sino “suficiente”». La sencillez dice «si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso».

Tres «ismos» que debemos evitar: el materialismo (obsesión por cosas), el ascetismo (una austeridad que niega las cosas buenas de Dios) y el fariseísmo (atarnos con reglas). En su lugar, debemos quedarnos con los principios.

La vida sencilla es incompatible con vivir más allá de las posibilidades económicas de uno, es decir, pedir prestado para comprar lo que no podemos pagar.

Nuestro Dios es un Dios generoso. Si su amor mora en nosotros, debemos relacionar lo que «tenemos» (las posesiones), con lo que «vemos» (las necesidades de otros) y tomar acción.

El liderazgo no se limita a una minoría de estadistas o mandamases en el ámbito nacional. Este toma diferentes formas en cada sociedad. Los clérigos son los líderes en la iglesia local y en la comunidad. Los padres son los líderes en su hogar y su familia. Lo mismo que los maestros en las escuelas y los profesores en las universidades. Los gerentes en los negocios y en las industrias; los jueces, médicos, políticos, trabajadores sociales y jefes de sindicatos, tienen responsabilidades de liderazgo en su esfera respectiva. También la tienen los formadores de la opinión pública que trabajan en los medios de comunicación: autores y dramaturgos, periodistas, los que trabajan en el cine y en la televisión, los artistas y los productores. Los líderes estudiantiles, en especial desde la década de 1960, han ejercido una influencia que supera sus años y experiencia. En todas estas áreas hay una gran necesidad de líderes con una visión más clara, que sean más valientes y dedicados.

¿Qué es una visión? Es el acto de ver, por supuesto, una percepción imaginaria de las cosas, que combina la perspicacia y la previsión. Pero en una forma más particular, en el sentido que estoy usando la palabra, se compone de una profunda insatisfacción de lo que es y una clara comprensión de lo que podría ser. Comienza con una indignación ante el status quo que se convierte en la búsqueda de una alternativa.

La indignación y la compasión forman una poderosa combinación. Son indispensables para una visión y, por lo tanto, para el liderazgo (ver por ejemplo, Juan 11:32-37).

Apatía es aceptar lo inaceptable; el liderazgo comienza con un rechazo decisivo de dicha aceptación.

En el presente hay una gran necesidad de indignación, ira y afrenta justa por causa de toda la maldad que ofende a Dios. ¿Cómo podemos tolerar lo que él considera intolerable? Pero la ira es estéril si no provoca en nosotros una acción positiva para corregir lo que nos causa ira. «Es necesario oponerse a aquellas cosas que uno considera incorrectas».

Tan pronto como empieza la campaña, se reúnen las fuerzas de oposición, los privilegios arraigados se afianzan todavía más, los intereses comerciales se sienten amenazados y dan la voz de alarma, los cínicos se burlan de la locura de los «que hacen buenas obras» y la apatía se convierte en hostilidad. Pero en la oposición prospera la verdadera obra de Dios. Su plata se refina y el acero se endurece. Por supuesto, pronto capitularán los que no tienen una visión, los que se dejan llevar solo por el impulso de la campaña. Tal es así que los jóvenes que protestan en una década se convierten en los conformistas de la próxima. Los jóvenes rebeldes se hunden en una mediocridad de clase media, de mediana edad, moderada. Hasta los revolucionarios, cuando se termina la revolución, tienden a perder sus ideales.

El liderazgo en equipo es más saludable que el liderazgo solitario, por varias razones. Primero, los miembros de un equipo se complementan unos a otros, se apoyan unos a otros con sus talentos y se compensan unos a otro en sus debilidades. Ningún líder tiene todos los dones, ningún líder debe tener todo el control del liderazgo en sus manos. Segundo, los miembros del equipo se animan unos a otros, identificando los dones de cada uno y motivándose unos a otros para desarrollarlos y usarlos. […] Tercero, los miembros del equipo se rinden cuentas unos a otros. El trabajo compartido significa compartir las responsabilidades.

La gente fuerte también tiene fuertes debilidades.

El justo Noé se emborrachó. El fiel Abraham fue lo suficientemente vil como para arriesgar la castidad de su esposa por su propia seguridad. Moisés perdió los estribos. David quebrantó los cinco mandamientos de la segunda tabla de la ley al cometer adulterio, asesinato, robo, dar falso testimonio y codiciar, todo en ese solo episodio con Betsabé. El coraje solitario de Jeremías se dañó con la autocompasión. A Juan el Bautista, a quien Jesús describió como el más grande hombre que haya vivido jamás, lo abrumaron las dudas. Y la impetuosidad arrogante de Pedro era sin lugar a dudas un disfraz de su profunda inseguridad personal. Si estos héroes de las Escrituras fallaron, ¿qué esperanza hay para nosotros?

Esos líderes que piensan que son fuertes en sus propias fuerzas son las personas verdaderamente más débiles de todas; solo los que conocen y reconocen sus debilidades pueden volverse fuertes con la fuerza de Cristo.

Paralíticos en sillas sin ruedas

Maximiliano Hebeling

Paralíticos en sillas sin ruedas

Paralíticos en sillas sin ruedas

El título me pareció excelente, pero el contenido ya no lo fue tanto. La idea es muy buena: basta de ser oyentes porque el tiempo se acaba y el desafío es a ser practicantes. Además una edición muy descuidada con errores ortográficos y de redacción que por momentos tenía que adivinar lo que el autor quería decir. Calificación de 7.

He aquí que yo hago cosa nueva, pronto saldrá a la luz- ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la soledad. Isaías 43:19

Imagínese a Dios mismo, delante de la rueda, con sus manos llenas de lodo de nuestro pecado, y limpiando todas aquellas impurezas que van saliendo en el momento de pasar sus manos por nuestra vida. Me lo imagino, con tanta delicadeza sacando basurita por basurita, piedra por piedra, impureza por impureza.

Para Dios no es un problema perdonar un pecado, pues está la sangre del cordero de por medio; para el Padre no es difícil sanar un enfermo, pues están las llagas de Cristo, pero créame que los planes de Dios se postergan cuando uno de sus hijos, prefiere estar en una silla de ruedas, rendido ante un insignificante pecado.

Israel no salió de Egipto con una meta desconocida, o con un veremos a dónde vamos, como muchos cristianos hay que perdieron la brújula. ¡No! Ellos tenían la promesa de Canaán; la seguridad en Dios que esto terminaría en un descanso sin igual. […] Cuando salimos del pecado […], Dios nos sacó de es inmundicia con una promesa, no con probabilidades. Pero el error no solo es quejarse o desanimarse cuando la situación no da para más (el mar), sino también olvidar lo que Dios nos aseguró.

Sé de mujeres que al llegar al camino de Dios, hasta de su esposo e hijos se olvidan, pasándose todo el tiempo metidas en el templo y no hacen más que llenarse la lengua de chismes y descuidar el primer ministerio que es la familia; sé de hombres que por ser tan religiosos hasta le elijen la pareja con quien sus hijos “deben” casarse porque según ellos tienen toda la razón.

Hay una verdadera parálisis en la Iglesia, un estancamiento terrible en muchos hijos del Señor, hay un verdadero agotamiento. Una noche orando al Padre por esto, me hizo entender, que hay paralíticos en sillas sin rudas, están sentados en las Iglesias, perdiendo el tiempo, añorando cosas del pasado, sufriendo consecuencias, martirizándose por cosas que Dios no pidió; algunos masoquistas espirituales que pareciera ser que les gusta que les golpeen, les ultrajen y les saquen dinero, les prohíban cosas que Dios no prohíbe, que les impongan deseos de hombres corruptos y les priven de la verdadera vida y revelación de Jesucristo.

La Religión es enemiga directa del Reino de Dios, porque la religión o la religiosidad que es religión aplicada, son inspiradas en las conveniencias humanas y no basadas en las escrituras ni en la revelación del Espíritu del Señor. No es necesario que usted asista a una institución religiosa para ser como tal; pues la religiosidad se adquiere hablando de la Biblia y no poniendo en práctica lo dicho.

Veamos algunos síntomas de los religiosos: 1) siempre tienen alguna objeción cuando se propone algo que fue dado por medio espiritual; tienen que “analizar” las cosas, y no activan la fe. 2) Dudan si los milagros que son dados por testimonios son reales o preparados de antemano. Piensan muy distinto a personas que buscan algo nuevo continuamente. 3) Se oponen a los cambios; si se los corrige lo toman como ataque; conservan sus ideales aunque con su boca declaran querer lo nuevo. 4) Son extremadamente caprichosos en sus convicciones; siempre tendrán una opinión, más no una experiencia. 5) Son cuestionadores de lo sobrenatural por excelencia; acuden más a los médicos que a la oración; buscan primero el defecto de un hermano antes que una virtud; a todo le ven algo malo o raro; creen lo que les conviene y dudan de lo que les demanda compromiso; son lógicos no espirituales.

Qué triste es saber que a veces somos más rápidos en opinar que en interceder por la situación o problema que vemos en otra persona; comúnmente es más rápido sacar conclusiones que orar.

[Los errores no se cometen] porque Dios no estaba, sino sencillamente por no haber buscado la guía suficiente de Él.

Con la alabanza y la adoración, tenemos el acceso libre a Dios, por eso se tiene que hacer con el mayor respeto, reverencia y santidad. La alabanza y la adoración no es una experiencia pasiva, sino que implica una acción y actitud del corazón. La alabanza y la adoración tienen un poder especial, preparan el corazón para recibir la palabra de Dios y nos lleva a un encuentro con nuestro Dios. En la alabanza y la adoración hay un orden, Dios es un Dios de orden, cuando en la alabanza o adoración hay un desorden, eso se debe a que el adorado no estuvo en Su presencia o bien no preparó de antemano lo que le entregaría al Señor. La alabanza y la adoración tienen poder para menguar el “yo”, para engrandecer y poner en primer lugar al nombre y persona de Jesús. También tiene como objetico unir el cuerpo, el alma y el espíritu. La alabanza y la adoración es una decisión personal producto de nuestro dominio propio.

La alabanza no es solo cantar, se puede alabar al Señor de muchas maneras. La adoración es un servicio en el cual uno reconoce Dios por sobre todas las cosas y expresa su amor y gratitud hacia Él, manifestando un temor reverencial, una admiración y respeto a Dios.

Existe una gran diferencia entre la alabanza y la adoración a pesar de que van de la mano y llevan un solo propósito. Podemos alabar a Dios sin adorarlo, pero nunca vamos a poder adorar a Dios sin alabarlo. Siempre como resultado de una adoración vendrá una alabanza. Las alabanzas no son las canciones rápidas y adoración las canciones lentas. La alabanza es una actitud de vida, significa encontrar una virtud, es cuando comienzo a hablar todo lo que Dios es, sus atributos y características. Significa hablar acerca de Dios, de lo que Él hace y produce en mi vida, no importando las circunstancias que estés pasando, ya sean buenas o malas. Cada actitud de alabanza o de adoración, cambiarán tu vida y tu entorno. Otra diferencia que hay es que la alabanza trae la presencia de Dios al pueblo, la adoración te lleva a Su presencia. La alabanza es la puerta que te permite entrar a la presencia de Dios y la adoración es el tiempo de intimidad con Él. La alabanza y la adoración producen un impacto en el ambiente espiritual. Cada vez que alabamos y adoramos a Dios se desata una guerra en le atmósfera espiritual. Satanás y los demonios no soportan la alabanza y adoración a Dios, por eso ofrecen batalla para evitarlo.

Lo más extraordinario de nuestro Dios no es, de ninguna manera, que puede caminar sobre el agua, ni calmar las tempestades. Estas son manifestaciones sin trascendencia cuando las comparamos con la clase de ser que Él es. El comprender esto es la base de la verdadera adoración.

¿Hay algo o alguien en su ida que recibe más lealtad, de su tiempo o atención, que lo que recibe Dios?

¿Cuántos de nosotros antes de conocer al Señor, vivíamos “cómodos y sin problemas”; pero el día que decidimos aceptar a Jesús en nuestros corazones, los problemas de toda índole empezaron y pareciera que en vez de avanzar con Cristo, comenzaríamos a retroceder, pero esto es por una ceguera espiritual, pues es allí donde el hombre fuerte comienza a trabajar sus estrategias contrarias a nosotros. Muchas personas me cuentan que antes de su vida cristiana, jamás nadie les había despreciado o manipulado, hasta que llegaron a la Iglesia. Triste, pero real.

El llamado no es todo, hay una comisión que se ha entregado, hay una herencia que reclamar, pero es necesario que se levante un Josué para reclamar la herencia y hacerla propia. Un Josué que confíe en Dios ciegamente, alguien en quien Él pueda poner su total confianza, alguien que sin cuestionar la comisión que Dios ha dado siga al pie de la letra las instrucciones. ¿Serás tú el Josué que Dios busca? ¿O tendrá que levantarse alguien de tu siguiente generación?

BPM

Bernhard Hitpass

BPM

BPM

Una muy útil revisión de lo que es BPM, dando una semblanza de dónde se ubica dentro de las distintas disciplinas que tienen que ver con la organización y operación de las empresas e incluye distintos casos prácticos de cómo se puede implementar. Calificación de 9.

La capacidad que tienen las organizaciones de adaptar sus ofertas de bienes y servicios es parte fundamental del nuevo concepto de valor para los clientes. Los productos en sí mismos no son lo suficientemente atractivos porque generalmente existe una sobre oferta y el elemento diferenciador son sobre todo los servicios alrededor de estos productos.

El concepto de agilidad de negocio se entiende como la capacidad que tiene una organización de adaptarse a los cambios del entorno a través de los cambios en sus procesos integrados.

Eficacia se entiende como la capacidad que tiene una organización para lograr en mayor o menor medida los objetivos estratégicos o de negocio.

Eficiencia es la relación entre los resultados obtenidos y los recursos utilizados, es decir el grado de producción de un resultado.

A partir de principios de los años 90 nace la idea en los países industrializados de integrar las diferentes disciplinas de gestión corporativas directamente con la operación de los procesos.

BPM es una disciplina integradora que engloba técnicas y disciplinas, que abarca las capas de estrategia, negocio y tecnología, que se comprende como un todo integrado en gestión a través de los procesos.

El BPR [Business Process Reengineering, Reingeniería de Procesos de Negocio] es el primer enfoque end to end en introducir como gestión los procesos de negocio transversales a las organizaciones funcionales, centrados en las necesidades del cliente y no en los procesos de producción.

Los procesos de negocio están sobre los sistemas o aplicaciones.

[Un proceso es] Una concatenación lógica de actividades que cumplen un determinado fin, a través del tiempo y lugar, impulsadas por eventos.

Un proceso de negocio es un conjunto de actividades que toman uno o más tipos de inputs y crean un output que es de valor para un cliente.

Por lo general corresponden los macroprocesos con las grandes áreas de negocio de una empresa como por ejemplo, abastecimiento, producción, bodega, venta, etc. […] Los procesos de negocio se encuentran debajo de los macroprocesos y los atraviesan.

Los procesos deben seguir la estrategia y la tecnología debe seguir los procesos.

BPM es un enfoque sistemático para identificar, levantar, documentar, diseñar, ejecutar, medir y controlar tanto los procesos manuales como automatizados, con la finalidad de lograr a través de resultados en forma consistente los objetivos de negocio que se encuentran alineados con la estrategia de la organización. BPM abarca el apoyo creciente de TI con el objetivo de mejorar, innovar y gestionar los procesos de principio a fin, que determinan los resultados de negocio, crean valor para el cliente y posibilitan el logro de los objetivos de negocio con mayor agilidad.

BPM normalmente se focaliza en procesos repetitivos con flujos muy estrictos.

Si hablamos de automatización de procesos no significa que este se encuentre completamente automatizado.

La calificación más importante de un analista de procesos no es el comunicar sino el captar o escuchar a los participantes.

Los BPMS son entornos especializados para especialistas de TI, no para usuarios de negocio.

Lo que no se puede medir, no se puede mejorar.

Si no se considera la implantación de un cuadro de mando respecto de los principales indicadores de gestión y un procedimiento que permita al supervisor o gestor del proceso poder actuar en tiempo real para dar solución a los problemas detectados, no se puede decir que se está aplicando BPM.

Calidad es el grado de conformidad entre lo prometido y lo efectivamente recibido por el cliente.

La optimización de los tiempos de ciclo persigue el objetivo de mejorar la efectividad y la eficiencia de los procesos, mientras que la optimización de los tiempos de entrega se concentra en mejorar el grado de satisfacción de los clientes.

La idea central de gestionar el costo de los procesos es asignar el consumo de recursos a cada subproceso o actividad (la obtención de esta información es un proceso separado al de modelamiento), por ejemplo: consumo de materiales, obra de mano, energía, tiempo de máquina, etc., obteniendo así un costo para cada subproceso o actividad. La unidad encargada de monitorear los costos debería observar las desviaciones entre el costo esperado y el costo observado en la ejecución de las actividades.

Una regla de negocio es una declaración que define o restringe algún aspecto del negocio; intenta definir, controlar o influenciar el comportamiento y la estructura del negocio.

No se recomienda modelar las reglas en un flujo de proceso, sino sólo identificar donde se utilizan e invocar éstas en las actividades que las requieran.

Modelar condiciones que representan «reglas de negocio» no es una «buena práctica» en el modelamiento de procesos. Para evitar que esto suceda, el analista debe aprender a diferenciar entre «reglas de negocio» y «reglas de ruteo». En el modelamiento de procesos tenemos que distinguir claramente entre las reglas de negocio y reglas de ruteo, siendo sólo estas últimas las que se deben modelar. Para editar y mostrar reglas de negocio por lo general se usan tablas de decisión.

Las reglas de ruteo son evaluadas por compuertas exclusivas (XOR-Gateways), compuertas condicionales (OR-Gateways) o flujos de secuencia. Las reglas de ruteo son generalmente estables, simples y no entrelazadas.

Six Sigma es una metodología de mejora continua que fue desarrollada por Motorola en los años 80 con el objetivo de mejorar la calidad de los productos y servicios basado en un concepto estadístico de gestión de calidad tendiente a reducir errores en el proceso de producción de una empresa manufacturera.

El método Six Sigma, conocido como DMAIC (Define – Measure – Anlyze – Improve – Control), consiste en la aplicación de un proyecto estructurado en cinco fases que por lo general no dura más de 90 días: 1. Definir el problema (Define) 2. Observar y medir el problema (Measure) 3. Analizar el problema (Analyze) 4. Actuar sobre las causas (Improve) 5. Estudiar los resultados y estandarizar las mejores prácticas (Control).

Las organizaciones excelentes añaden constantemente valor para los clientes comprendiendo, anticipando y satisfaciendo necesidades, expectativas y oportunidades.

Las organizaciones excelentes producen un impacto positivo en el mundo que les rodea porque incrementan su propio rendimiento al tiempo que mejoran las condiciones económicas, ambientales y sociales de las comunidades con las que tienen contacto.

Las organizaciones excelentes valoran a las personas que las integran y crean una cultura de delegación y asunción de responsabilidades que permite alcanzar tanto los objetivos personales como los de la organización.

Los modelos de excelencia postulan además, que el rendimiento general de una organización depende del «Liderazgo» que dirige e impulsa la estrategia, la cual se materializa través de las «Personas» y sobre todo el control de sus «Procesos».

Podemos decir que el concepto ha sido [Arquitectura Empresarial] adoptado con bastante éxito para mapear y documentar las estructuras empresariales, principalmente los procesos de las organizaciones. Sin embargo, ninguno de los autores estudiados ha podido responder porque hasta el momento no se le ha dado la suficiente importancia estratégica al tema en las empresas para utilizarlo como instrumento de planificación, alineamiento y control de requerimientos de cambio y proyectos.

Una arquitectura empresarial es un conjunto de modelos que describe la empresa como una estructura coherente, documenta el estado actual de la organización, el estado deseado y la brecha entre ambos.

Se entiende en marketing bajo «time to market» el tiempo que se requiere para introducir un nuevo producto o servicio (innovación) al mercado desde que es concebido hasta que esté disponible para su venta.

Si el time to market de una innovación de una empresa es significativamente menor que la de sus competidores. La empresa se posiciona como pionera logrando importantes ventajas competitivas: Mejor cobertura de mercado. Curva de retorno de inversión más rápida, debido que al principio se puede comercializar a precios más altos. Se convierte en referente; los demás en seguidores.

Si la empresa tiene documentado en un repositorio integrado sus procesos, productos y servicios, mapa estratégico y objetivos de negocio, aplicaciones e infraestructura de TI, entonces puede revisar en qué componentes impacta le nuevo producto. Se ahorra tiempo de levantar y validar toda esta información. Por otro lado, muestra relaciones de negocio documentadas que fácilmente se olvidarían al levantar por primera vez l información requerida.

El grado de éxito de los proyectos se manifiesta finalmente en la calidad de los productos que se entregan al finalizar éstos.

La globalización está demandando mayores exigencias, tanto a las empresas privadas como a las organizaciones públicas, en su capacidad de reacción frente a los cambios exigidos por el mercado.

La gestión de calidad debiera orientarse a los procesos de negocio, porque la calidad de los procesos está directamente relacionada con la calidad de los productos y servicios. La calidad es una propiedad o un atributo del bien y el conjunto de propiedades definidas de forma que se puedan medir, representan el grado de «calidad» de un producto o servicio. La gestión de riesgo tiene como objetivo manejar la incertidumbre relativa a la ocurrencia de un suceso negativo (amenaza) que puede, si sucede, afectar, parar o destruir la marcha de uno, varios o todos los procesos organizacionales. Por consiguiente, la gestión de riesgo se centra primero en identificar y evaluar los posibles riesgos. Al igual que en calidad, el riesgo es una propiedad de una actividad o de un proceso completo relacionado con los productos y servicios destinados al cliente.

La capa de AE (Arquitectura Empresarial) es una representación abstracta y descriptiva de la organización en general. Su objetico es describir las componentes de la organización y sus relaciones a muy alto nivel. La descomposición y descripción en detalle no es un ámbito de una AE .la capa de BPM se focaliza en la descripción de los procesos y su respectiva lógica de flujo. La lógica de negocio se escribe a detalle. La capa de SOA tiene el objetivo de diseñar una arquitectura de software basada en el concepto de servicios para implementar técnicamente los procesos de negocio.

Zachman sostiene que cada sistema (una organización también es un sistema) se puede describir en forma completa respondiendo a las siguientes preguntas: ¿Qué? Los datos, sus relaciones y significados. ¿Cómo? Los procesos y funciones de la corporación. ¿Dónde? La red, tecnologías, distribución y localización de procesos, funciones y sistemas. ¿Quién? La gente que forma parte de la compañía, considerando aspectos como seguridad y roles hasta la organización de la compañía y los flujos de trabajo existentes. ¿Cuándo? El tiempo, representando ciclos, estructuras de proceso, de control y eventos de negocio. ¿Por qué? Las motivaciones en los diferentes segmentos de la compañía: objetivos de negocio, planes estratégicos, diseño y especificación de reglas, etc.

CMMI (Capability Maturity Model Integration) nace en el año 2001 y el fundamento principal es definir que «la calidad de un producto o de un sistema es, en su mayor parte, consecuencia de la calidad de los procesos empleados en su desarrollo y mantenimiento»

Buenos procesos no pueden sobrevivir a menos que la organización posea la suficiente madurez para sustentarlos o mantenerlos.

Junto a las dimensiones normalmente tratadas en BPM: Estrategia, Procesos y Tecnología, nos encontramos con una nueva dimensión a considerar: las Personas.

Todo cambio en los procesos afecta la rede de conocimiento organizacional. Por ejemplo, si se suprime una tarea, también se suprime un dominio de conocimiento que un participante aplica. Si la tarea es modificada y el participante no cuenta con el conocimiento para realizarla se genera una brecha entre lo implementado y la aplicación del conocimiento actual en la organización. También sucede si agregamos nuevas tareas, las dividimos o las paralelizamos.

BPMN parte de la base que en un diagrama pueden representarse uno o más participantes. […] Un participante es para BPMN en primer lugar un elemento lógico, cuya aplicación obedece a las siguientes reglas: En un proceso existe sólo un participante. […] Este participante posee el control absoluto sobre la lógica del proceso. Otros participantes no pueden influenciar este proceso, en algunas ocasiones ni siquiera saben cómo está organizado. El participante es por definición el responsable del proceso. Si varios participantes deben interactuar con otros procesos, deben hacerlo por medio del intercambio de información (flujos de mensaje), información que lógicamente apoya la operación del proceso.

Las actividades son la espina dorsal de los procesos, debido a que son las actividades las que transforman el estado de un objeto de negocio para que el proceso puede llegar a producir valor para los clientes. Las actividades se pueden definir como «acción sobre un objeto», es decir una actividad se denomina siempre con un verbo (acción) y un sustantivo (objeto). Por ejemplo «revisar solicitud» y no «primero hay que revisar la solicitud».

La idea y el concepto [deseado], es que la [BPM] Suite se alimenta de un modelo de negocio (administrado por usuarios de negocio), integra en forma automática las diferentes soluciones de negocio y se encarga del HumanWorkFlow-Management. Finalmente la Suite entrega a los ejecutivos a través de un cuadro de mando (inglés: Dashboard) indicadores de negocio, a través de los cuales el área de negocio puede resolver los problemas encontrados y hacer ellos mismos los cambios en tiempo real. Este escenario suena demasiado bien para ser real, y así es en la práctica. Puede ser que una Suite Mágica de BPM muestre la visión actual hacia donde se quiere llegar en el futuro, pero esta visión está aún lejos de ser realidad. Hay que advertir sobre las falsas expectativas que despiertan los proveedores tanto medianos como grandes de BPMS al respecto; el marketing les promete que existe esta suite mágica. Muchos clientes y usuarios se dan cuenta, luego de haber adquirido estas plataformas, que sus proveedores no pueden cumplir estas expectativas, lo que se traduce en desilusión y en algunas veces en una oposición a la metodología de BPM.

BPM Governance debe instalarse a nivel de la dirección general como un «staff».

Los procesos siguen a la estrategia y la tecnología a los procesos.

El proceso de divulgación de una cultura basada en procesos es el primer paro que tiene que dar una organización para la adopción de BPM. […] La dirección de la empresa debe además valorar que BPM no es sólo documentar y automatizar procesos, sino una nueva forma de gestión integrada que permite mejorar la agilidad y la calidad del negocio.

Un objetivo es un estado o condición que debe alcanzar el negocio como consecuencia de la ejecución de sus actividades.

No se recomienda modelar las reglas [de negocio] en los diagramas de procesos que se van a ejecutar, sino solo identificar donde se utilizan e invocar éstas en las actividades que las requieran.

Más importante que evaluar las funcionalidades técnicas de la plataforma ofrecidas, se recomienda evaluar la calidad de los servicios que entregan los proveedores en torno a sus productos en la región.

La orientación al servicio proporciona la capacidad de conectar aplicaciones del mundo interno (sistemas, bases de datos, procesos) y externo (proveedores, clientes, instituciones) de forma flexible y así crear un sistema de aplicaciones distribuidas e integradas a través de la comunicación de servicios estandarizados.

El servicio implementa una función de negocio y ésta es a su vez parte del proceso de negocio (no de una aplicación). Un proceso de negocio implementa (en forma manual y/o automatizada) un modelo de negocio y éste a su vez es parte de la estrategia de negocio de una organización. El servicio utiliza para procesar la información un documento, el cual define en un formulario la estructura de datos requerida. El servicio define sus interfaces a través de un contrato de servicio que está relacionado con la función de negocio. El servicio tiene una versión técnica implementada con la definición técnica de las direcciones que utiliza, las políticas de negocio policy) que implementa y puede invocar una aplicación si se requiere.

[Se] Define un ESB [Enterprise Service Bus] como una plataforma integrada que se basa en estándares y que permite coordinar mensajería, servicios web, transformación de datos, y ruteo inteligente para conectar y coordinar la interacción de diferentes aplicaciones empresariales resguardando la integridad transaccional.

La reina del sur

Arturo Pérez-Reverte

La reina del sur

La reina del sur


Una mujer que huye de sí misma, atrapada entre su pasado y su futuro, logra controlar su presente y sobresalir a través de un resquicio en el que parece sentirse cómoda: el narcotráfico. Al final volverá al sitio desde el que comenzó todo… pero con una nueva oportunidad de vida. Por momentos demasiado “mexicanizado” el lenguaje de la historia. Calificación de 9.5

Trufar: Rellenar de trufas las aves, embutidos y otros alimentos.
Noray: Poste para afirmar las amarras de los barcos.
Farlopa: Cocaína.
Estiba: Paliza.
Patera: Pequeña embarcación empleada para el contrabando de hachís, y también de personas.
Abarloar: Situar una embarcación de costado, muy pegada al muelle o en contacto con otro barco:
Muecín: Musulmán que desde el alminar convoca a los fieles a la oración.
Restinga: Lengua de arena o de piedra que se halla debajo del agua a poca profundidad:
Trirreme: Embarcación antigua de tres órdenes superpuestos de remos.
Peculio: Dinero que poseen los presos en cartones o tarjetas.
Sirla: Atraco en el que el delincuente amenaza con un arma blanca o con un objeto contundente.
Achicoria: Bebida que se obtiene por la infusión de la raíz tostada de esta planta [achicoria] y que se utiliza como sucedáneo del café:
Calima: Bruma, neblina por evaporación de agua que se produce en verano.
Almagre: Óxido de hierro de color rojo, más o menos arcilloso, abundante en la naturaleza:
Chaperos: Hombre que se prostituye con otros hombres.
Napias: Narices, especialmente si son grandes.
Prolijo: Detallado, minucioso.

La realidad suele quedar por debajo de las leyendas.

O muerta. Aunque siempre es preferible eso a que te lleven viva al desierto, y con un soplete de acetileno y mucha paciencia te hagan preguntas. Porque lo malo de las preguntas no es que conozcas las respuestas -en ese caso el alivio llega pronto-, sino que no las conozcas. Ahí está el detalle, que decía Cantinflas. El problema. Cuesta mucho convencer al del soplete de que no sabes cosas que él supone que sabes y que también le gustaría saber.

Sabía que los amigos sólo se probaban visitándote en el hospital, en la cárcel o en el panteón. Lo que venía a significar que los amigos eran amigos hasta que dejaban de serlo.

Alguien te sonreirá, recordó. Y un momento después estarás muerta.

Todo era mucho peor de lo que había creído que era.

Había perdido la cuenta de los hombres y mujeres que aseguraron no saber nada antes de que los matara rápido o despacio, según las circunstancias, en una tierra donde morir con violencia era morir de muerte natural -veinte mil pesos un muerto común, cien mil un policía o un juez, gratis si se trataba de ayudar a un compadre-.

No era ella la que hablaba, sino una desconocida cuyas palabras imprevisibles la sobresaltaran. Una desconocida imprudente que ignoraba la urgencia del silencio.

Era demasiado tarde para el miedo, porque éste se experimenta antes de que las cosas pasen, y el consuelo cuando éstas llegan es que todo tiene un final. El único auténtico miedo es que el final se demore demasiado.

Uno es presentado a alguien por un amigo en quien ese alguien confía, y ese alguien confía en ti porque confía en quien te avala. Después, si algo se tuerce, el avalista responde con su vida, y tú con la tuya. Bang, bang. Los cementerios del noroeste mejicano están llenos de lápidas con nombres de gente de la que alguien se fió una vez.

En este oficio, lo que mata es la envidia.

El Batman Güemes era tan peligroso, me habían advertido, que cuando subía a la sierra los coyotes encendían fogatas para que no se les acercara.

Ganó una feria jugándose la piel con vuelos al límite, de noche y de día: maniobras extrañas, aterrizajes y despegues en dos palmos de tierra y lugares inverosímiles, a fin de desviar la atención lejos de los grandes Boeing, Caravelles y DC8 que, comprados en régimen de cooperativa por los traficantes, transportaban en un solo viaje de ocho a doce toneladas con la complicidad de la policía, el ministerio de Defensa y la propia presidencia del Gobierno mejicano. Eran los tiempos felices de Carlos Salinas de Gortari, con los narcos traficando a la sombra de Los Pinos.

Entre otras cosas lo perdió la boca, que al cabo pierde hasta a los tiburones. Se apendejaba gacho alardeando de lo hecho y de lo por hacer. Mejor, solía decir, cinco años como rey que cincuenta como buey.

-Cuando se vive torcido -puntualizó el Batman Güemes aquella tarde, con la cerveza en una mano y el plato de carne asada en la otra- hay que trabajar derecho.

Aquí hay reglas, comentó. Uno no las elige, sino que se las encuentra hechas cuando entra. Todo es cuestión de reputación y de respeto. Igual que los escualos. Si flojeas o sangras, los demás te vienen encima. Esto es hacer un pacto con la muerte y la vida: equis años como un señor. Digan lo que digan, el dinero sucio quita el hambre lo mismo que el limpio. Además, proporciona lujo, música, vino y mujeres. Luego te mueres pronto, y en paz. Pocos narcos se jubilan, y la salida natural es la cárcel o el panteón; salvo los muy suertudos o muy listos que saben desmontar a tiempo, como Epifanio Vargas, por ejemplo, que se voló la barda comprando media Sinaloa y matando a la otra media, después se metió a farmacéutico y ahora anda en política. Pero eso es lo raro. Aquí la raza desconfía de quien llevando mucho tiempo en el negocio sigue en activo.

En Sinaloa, como en el resto de México, desde el patrullero en busca de mordida -chamarra cerrada para que no vieras el número de placa-, hasta el superior que cada mes recibía un fajo de dólares del narcotráfico, tratar con la ley era a veces meterse en la boca del lobo.

El santo Malverde había sido en vida mortal Jesús Malverde, el buen bandido que robaba a los ricos, decían, para ayudar a los pobres. Los curas y la autoridad nunca lo reconocieron santo; pero los curas y la autoridad no tenían ni idea de esas cosas, y el pueblo lo canonizó por cuenta propia. Tras su ejecución, el Gobierno había ordenado que no se diera sepultura al cuerpo, para escarmiento; pero la gente que pasaba junto al lugar iba poniendo piedras, una sola cada vez para no incumplir, hasta que de esa manera se le dio tierra cristiana, y luego se hizo la capilla y lo demás.

Elegir. Había creído estar a salvo de eso, al margen, mientras alguien lo hacía por ella. Tú tranquila, prietita -aquello era al principio-. Limítate a quererme, y yo me ocupo. Era dulce y cómodo.

Pero nadie se queda para siempre. Nadie está a salvo, y toda seguridad es peligrosa. De pronto despiertas con la evidencia de que resulta imposible sustraerse a la mera vida; de que la existencia es camino, y que caminar implica elección continua. O esto o lo otro. Con quién vives, a quién amas, a quién matas. Quién te mata. Queriendo o sin querer, cada cual recorre sus propios pasos. La Situación. A fin de cuentas, elegir.

A ti se te tiene como a una reina, o no se te tiene. Ni enchiladas haces; y para qué, habiendo restaurantes.

No había nada tan sucio en el mundo como esa indecisa penumbra gris de los amaneceres.

-Nunca me cuentas nada de México -dijo Santiago. Ella se apoyaba en él, poniéndose los zapatos. -No hay mucho que contar -respondió-… Allí la gente se chinga entre ella por el narco o por unos pesos, o la chingan porque dicen que es comunista, o llega un huracán y se los chinga a todos bien parejo.

-No pregunto. Sólo digo que no lo sé. Así fue el pacto. -¿Qué pacto? No recuerdo ningún pacto. -Nada de preguntas chuecas. Tú vienes, yo estoy. Tú te vas, yo me quedo. -¿Y el futuro? -Del futuro hablaremos cuando llegue.

Teresa había aprendido que lo malo no era la espera, sino las cosas que imaginas mientras esperas.

Aquella larga calma previa donde los pensamientos se convertían en el peor enemigo. Hasta la amenaza concreta, el eco hostil que aparecía de pronto en la pantalla de radar, el rugido del motor luchando por la velocidad y la libertad y la vida, la huida a cincuenta nudos con una patrullera pegada a la popa, los pantocazos sobre el agua, las violentas descargas alternativas de adrenalina y miedo en plena acción, suponían para ella situaciones preferibles a la incertidumbre de la calma, a la imaginación serena. Qué mala era la lucidez. Y qué perversas las posibilidades aterradoras, fríamente evaluadas, que encerraba lo desconocido.

Ningún miedo es insoportable, concluyó, a menos que te sobren tiempo y cabeza para pensar en él.

Si me gasto el dinero, tengo demasiados amigos o confío en mucha gente, nunca llegaré a viejo ni tendré nada de eso: cuantos más eslabones, menos puedes fiarte de la cadena.

Lo confesó una vez, al hilo de otro asunto. Nunca pude tenerme a flote, dijo. Me da raro.

La mitad de los gallegos no sabemos nadar, dijo al fin. Nos ahogamos resignados, y punto. Y al principio ella no supo si hablaba del todo en broma, o del todo en serio.

Siempre echaba una mano cuando podía, sin importarle en qué lado de la ley militase cada cual, en parte por relaciones públicas y en parte porque, pese a los resabios de su oficio, decían, no era mala gente.

Los críos jugaban a traficantes y guardias civiles en la orilla del mar, persiguiéndose con cajas vacías de Winston encima de la cabeza; sólo los más pequeños querían desempeñar el papel de guardias.

Unas veces se pierde, otras se gana, y otras se deja de ganar.

Teresa sentía la impotencia de todo cuanto no era posible.

Ojalá esta existencia intermedia entre la vida y la muerte, suspendida en lo alto de un extraño abismo, pudiera prolongarse hasta que un día yo pronuncie palabras que de nuevo sean verdad.

Se murió nomás, como todos nos morimos, pero antes.

Ata más pelo de coño que cuerda de esparto.

A quien empujas cuando subes por una escalera, puedes tropezártelo cuando bajas.

Trabajar con las manos, le había oído decir una vez, hace mejor al hombre. Te devuelve cosas que has perdido o que estás a punto de perder.

La vida era a veces tan hermosa que no se parecía a la vida.

Y razonó: qué voy a hacer ahora con el pinche barquito de vela que está sobre la mesa en la casa de Palmones, a medio hacer, y ya no lo terminará nadie. Y supo que estaba sola por segunda vez, y que en cierta forma era para siempre.

Detesto a esos bichos demasiado silenciosos y demasiado inteligentes para mi gusto -no hay nada como la estólida lealtad de un perro estúpido-;

No se trata sólo de leer libros, Mejicana, sino del placer físico y el consuelo interior que da tenerlos en las manos.

-Tengo un tesoro escondido, afuera -añadió Pati por fin. Teresa escuchó su propia risa antes de pensar que se estaba riendo. -Híjole -comentó-. Como el abate Faria. -Eso mismo -ahora Pati también se reía-. Pero yo no tengo intención de morirme aquí… La verdad es que no tengo intención de morir en ninguna parte. -¿Qué clase de tesoro? -quiso saber Teresa. Algo que se perdió y todos buscaron, y nadie encontró porque quienes lo escondieron están muertos… Se parece a las películas, ¿verdad? -No creo que se parezca a las películas. Se parece a la vida.

Lo único bueno de estar aquí es que no hay más de lo que hay, y eso evita pensar en lo que dejaste afuera. O en lo que aguarda afuera.

Lo que decimos nos aprisiona mucho más que lo que hacemos, o lo que callamos. El peor mal del ser humano fue inventar la palabra. Mira si no los perros. Así de leales son porque no hablan.

-En esta vida todo se paga -dijo tras pensarlo un momento-. Lo que pasa es que algunos pagan antes, otros durante y otros después…

A veces la suerte, de tanto jugar malas pasadas, termina poniéndote un piso.

A lo mejor ocurre que esto es la vida, se decía desconcertada, y el paso de los años, y la vejez, cuando llega, no son sino mirar atrás y ver la mucha gente extraña que has sido y en la que no te reconoces.

No hay dos libros iguales porque nunca hubo dos lectores iguales. Y que cada libro leído es, como cada ser humano, un libro singular, una historia única y un mundo aparte.

Necesitaba esperar a que amaneciera y analizarlo con la luz gris del alba, cuando tuviese miedo. Aquella noche todo parecía engañosamente fácil.

-Creo que hay sueños que matan -alumbraba alrededor, las paredes de piedra negra con pequeñas estalactitas en lo alto-… Más todavía que la gente, o la enfermedad, o el tiempo.

Siempre resulta fácil entenderse con un sinvergüenza. Lo difícil son los otros; pero de ésos hay menos.

Era la suya una sonrisa de las que hacen confiar, pensaba Teresa mirándolo. O desconfiar de tanto que te confías.

En esta clase de transas, cuando una tiene prisa lo rápido es caminar despacio.

-No siempre sé lo que es adecuado… Combinar es difícil. -Pues atente a una regla que no falla: mitad y mitad. Si de cintura para abajo vas provocativa o sexy, de cintura para arriba debes ir discreta. Y viceversa.

Entraron en aquella tienda. Era un comercio muy elegante, y las empleadas vestían uniformadas con faldas cortas y medias negras. Parecían ejecutivas de película gringa, pensó Teresa. Todas altas y guapas, muy maquilladas, con aspecto de modelos o azafatas. Amabilísimas. Nunca me habrían dado trabajo aquí, concluyó. Chale. La pinche lana.

Los zapatos son fundamentales, opinó en ésas Pati. Más que los bolsos. Recuerda que, por muy vestida que vayas, unos malos zapatos te hunden en la miseria. A los hombres se les perdonan, incluso, esas cochinadas sin calcetines que puso de moda Julio Iglesias. En nuestro caso todo es más dramático. Más irreparable.

-La ropa -prosiguió Pati, sin cambiar de expresión- debe adaptarse a cada momento. Siempre choca si estás comiendo y llega alguien con chal, o cenando y con minifalda. Eso sólo demuestra falta de criterio, o de educación: no saben lo adecuado, así que se ponen lo que parece más elegante o más caro. Es lo que delata a la advenediza.

A lo mejor, pensó de pronto, estaba dándole vueltas a algo que no era más que la vida.

De noche parece todo más serio.

Los amigos son buenos hasta que se vuelven malos. Entonces hay que actuar rápido. Pero existe un problema. Descubrir el momento exacto. Cuándo dejan de ser amigos. -Hay algo necesario. Sí. En este negocio -Yasikov se indicaba los ojos con los dedos índice y corazón-. Mirar a un hombre y saber en seguida dos cosas. Primera, por cuánto se va a vender. Segunda, cuándo lo tienes que matar.

Son los silencios propios, hábilmente administrados, los que hacen que los otros hablen.

Daba mucho frío ser libre.

Entiendo, aunque no lo justifique, que alguien que cobra un sueldo reducido vea la oportunidad si le dicen: oye, mañana cuando estés en tal sitio, en vez de allí mira hacia allá. Y a cambio pone la mano y obtiene un fajo de billetes. Es humano. Cada uno es cada uno. Todos queremos vivir mejor de lo que vivimos… Lo que pasa es que unos tienen límites, y otros no.

De esa mujer que acompañaba a su novio en la planeadora hasta la que yo conocí, hay mucho camino. Usted ha visto los reportajes de prensa, supongo. Las fotos en el ¡Hola! y demás. Se refinó mucho, obtuvo unos modales y una cultura. Y se hizo poderosa. Una leyenda, dicen. La Reina del Sur. Los periodistas la apodaron así… Para nosotros siempre fue la Mejicana.

Nunca dudes en público, había dicho Yasikov. Rodéate de consejeros, escucha con atención, tarda en pronunciarte si hace falta; pero después nunca titubees delante de los subalternos, ni dejes discutir tus decisiones cuando las tomes. En teoría, un jefe no se equivoca nunca. No. Cuanto dice ha sido meditado antes. Sobre todo es cuestión de respeto. Si puedes, hazte querer. Claro. Eso también asegura lealtades. Sí. En todo caso, puestos a elegir, es preferible que te respeten a que te quieran.

Lo que se había de cocer lo iban remojando. El miedo siempre es más intenso cuando eres capaz de imaginar lo que te espera.

Recuerda que, en este negocio, un problema sin resolver es como un cáncer. Tarde o temprano, mata.

Al final todos ganaban tanto dinero que nadie podía prescindir de ella. Ésa era su protección y su fuerza.

El miedo no hay que avivarlo de golpe, porque entonces puede convertirse en sorpresa o irreflexión y enloquecer a quienes creen que ya no hay remedio. Eso los vuelve imprevisibles y requetepeligrosos. El arte reside en infiltrarlo poquito a poco: que dure, y desvele, y madure, porque de ese modo se convierte en respeto. La frontera es sutil, y hay que tantearla suave hasta que encaja.

Hay responsabilidades pasivas que son tan graves como las otras. Hay silencios que no podemos excusarnos de haber escuchado con absoluta claridad. Sí. A partir de cierto momento en la vida, cada cual es responsable de lo que hace. Y de lo que no hace.

El desprecio lleva a la arrogancia, y a partir de ahí se cometen errores. El exceso de confianza quiebra más que los plomazos.

Resultaba bien extraño el afán de algunos hombres por establecer, aclarar, definir, justificarse, hacer cuentas que nadie pedía. Ninguna mujer necesitaba tantas chingaderas.

Estas cosas, dijo el abogado -de vez en cuando miraba a Teresa de soslayo, el aire pensativo-, empiezan con una noticia perdida entre los sucesos y terminan en titulares de primera página.

A veces la vida se desquita concediendo lo que deseas.

Tampoco yo sé adónde voy. Pues cuídate de no saberlo, Mejicana… Porque puedes llegar.

Lo normal en México es que quienes se roban el país lo guarden todo para ellos… El PRI pasó setenta años haciéndolo.

Todos hijos de su pinche madre, en guerras sordas por el poder y el dinero, los cárteles de la droga y los amigos de los respectivos cárteles y las distintas familias políticas relacionadas o no con la droga. Gobierne quien gobierne. México lindo, como de costumbre.

Del mismo modo que en otro tiempo lo fueron los corridos de la Revolución, los narcocorridos eran ahora la nueva épica, la leyenda moderna de un México que estaba allí y no tenía intención de cambiar, entre otras razones porque parte de la economía nacional dependía de aquello. Un mundo marginal y duro, armas, corrupción y droga, donde la única ley que no se violaba era la ley de la oferta y la demanda.

Todos los pinches hombres aspiraban a eso. Como el Güero Dávila. Como el mismo Pote. Como, a su manera, Santiago Fisterra. Figurar en la letra de un corrido real o imaginario, música, vino, mujeres, dinero, vida y muerte, aunque fuese al precio del propio cuero.

Devolvió cuidadosamente la foto a la cartera, apagó el cigarrillo en el cenicero, calculó los tres pasos que la separaban del váter, y tras recorrer con calma esa distancia se arrodilló para vomitar el tequila y el resto de sus lágrimas.

Los narcos y los policías son iguales pero no siempre, aunque a veces sí… ¿Me comprende?

La espera siempre resultaba peor que la bronca, por pesada que ésta fuese.

Uno sigue vivo hasta que deja de estarlo.

¿Qué ganas con perjudicarme? ¿Ayudar a esos gringos que consumen la mitad de las drogas del mundo mientras deciden, según les conviene, cuándo el narco es bueno y cuándo es malo? ¿A los que financiaban con droga a las guerrillas anticomunistas del Vietnam, y luego vinieron a pedírnosla a los mejicanos para pagar las armas de la contra en Nicaragua?

A lo mejor me río de puro miedo a morirme, dijo ella. O de miedo a que me duela mientras me muero.

También cuenta mentalmente la bala en la recámara y las quince en el cargador, el primer tiro en doble acción, un poquito más duro y luego los demás ya salen solos, y así uno tras otro, los cuarenta y cinco del parque de reserva que le pesan en los cargadores que lleva en los bolsillos de los tejanos. Hay para quemar, aunque todo depende de lo que traigan los malandrines. En cualquier caso, es la recomendación de Pote Gálvez, mejor irlo quemando de poquito a poco, patrona. Sin nervios y sin prisas, jalón a jalón. Dura más y se desperdicia menos. Y si acaba el plomo, tíreles mentadas, que también duelen.

Don Epifanio Vargas puede comprar a mucha gente, pero nadie puede comprar a todo el mundo.

Escuchando canciones de la rockola entre parroquianos bigotudos y silenciosos, lamenté carecer de talento para resumirlo todo en tres minutos de música y palabras. El mío iba a ser, qué remedio, un corrido de papel impreso y más de quinientas páginas. Cada uno hace lo que puede.