Rayuela

Julio Cortázar

Rayuela

Rayuela

La historia de un hombre argentino y sus andanzas en París, donde forma un club de amigos y encuentra el amor. Luego vuelve a su tierra, sólo para darse cuenta que el viaje no sirvió para cambiar, ni a él ni a su entorno. Creo que algo que hizo única a esta novela, es la propuesta de forma de su lectura, sugiriendo una ruta, pero con la posibilidad de que el lector elija la que más le agrade, así como la creación de un nuevo lenguaje, contar historias paralelas a líneas alternadas, una historía cíclica, uso a discreción de la h y faltas de ortografía que siguen un patrón: la k por c, la b por v, la y por i, las que llevan h sin h, ll por y, qu, por k, s por c, s por z. Calificación de 8.

Triclinio: Diván de tres plazas, especialmente el utilizado por griegos y romanos para comer reclinados en él.
Áulicos: De la corte o el entorno humano de palacio, o relacionado con ellos.
Meandros: Curva pronunciada que forma un río en su curso.
Borborigmo: Ruido intestinal producido por el movimiento de los gases y los líquidos a través del intestino.
Tesela: Pieza de los dibujos de un mosaico.
Melopea: Composición poética para ser recitada con acompañamiento musical; es un canto monótono.
Patafísica: una ciencia paródica, dedicada «al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones»
Bacán: Que vive sin privaciones y goza de una posición acomodada.
Piorrea: Supuración o flujo de pus, en especial el de los alveolos dentales que lleva a la degeneración progresiva de las encías y a la falta de fijación de los dientes, que acaban cayéndose.
Autarquía: Sistema económico en el que un estado se abastece con sus propios recursos, evitando en lo posible las importaciones.
Astenia: Debilidad o fatiga general que dificulta o impide a una persona realizar tareas que en condiciones normales hace fácilmente.
Ataraxia: Estado de ánimo que se caracteriza por la tranquilidad y la total ausencia de deseos o temores.
Falleba: Varilla de hierro curvada en sus extremos que va sujeta mediante varios anillos al marco de una puerta o una ventana y sirve para cerrarlas.
Concitar: Promover [una persona o cosa] sentimientos o actitudes hacia sí misma o hacia otros.
Rabdomancia: Procedimiento adivinatorio que consiste en buscar objetos ocultos, yacimientos, manantiales, etc., por medio de varas o péndulos que se utilizan como detectores.
Delicuescente: Que tiene la propiedad de absorber la humedad del aire y disolverse en ella.
Lunfardo: Jerga de delincuentes que se desarrolló principalmente en Buenos Aires a finales del siglo XIX y comienzos del XX
Nefario: Que es malvado.
Pavana: Antiguo baile cortesano de origen italiano, de aire reposado y solemne y de pasos simples y repetitivos.
Didascalia: en la antigua Grecia, era la «enseñanza» de un ditirambo, comedia o tragedia al coro y a los actores que iban a representar una obra, dirigida por el dramaturgo.
Poyo: Banco de piedra u obra de albañilería que se construye adosado a la pared de una casa, en el interior o en el exterior, generalmente junto a la puerta.
Birome: Utensilio para escribir que consiste en un tubo hueco de plástico o de metal con un depósito cilíndrico de una tinta viscosa en su interior y una bolita metálica en la punta que gira libremente y hace salir la tinta de forma uniforme.
Inquina: Antipatía o aversión que se experimenta contra una persona o una cosa y que impulsa a tratarla de forma negativa o injusta, o a apartarse de ella.
Piolín: Cordel delgado y resistente de cáñamo, algodón u otra fibra.
Eupéptica: Que ayuda a hacer la digestión.
Escorchar: Molestar o importunar a una persona.
Conchabo: Contratación al margen de la ley del servicio doméstico, por lo general mediante un intermediario.
Húsar: Soldado perteneciente a un antiguo cuerpo de caballería ligera de la Rusia zarista caracterizado por vestir un uniforme militar similar al del ejército húngaro.
Barrunto: Sensación o sospecha de que algo va a ocurrir.
Acezante: Anhelante, ansioso.
Soma: Harina más gruesa que se saca del trigo.
Pamema: Hecho o dicho insignificante al que se ha querido dar importancia.
Coprolitos: Masa de materia fecal endurecida.
Mitopoyética: persona o grupo de personas que crea o inventa mitos.
Nefelibata: Persona soñadora.
Aveja: Vivo, despierto, astuto.
Proemio: Introducción de un discurso o de un tratado.
Banzai: Una expresíon de alegría o gritar “viva”. Una exclamación japonesa que significa “Diez mil años”.
Alcaucil: Alcachofa silvestre.
Ecolalia: Perturbación del lenguaje que consiste en repetir el enfermo involuntariamente una palabra o frase que acaba de oír o pronunciar él mismo.
Añagaza: Señuelo para cazar aves que generalmente consiste en un ave de la misma especie de la que se quiere cazar.

A veces, una lectura te llega en el momento justo.

«En realidad, nosotros somos como las comedias cuando uno llega al teatro en el segundo acto. Todo es muy bonito, pero no se entiende nada». O muy feo, pero sigue sin entenderse.

«La risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra.»

Cortázar sabe muy bien que todo lo que hemos vivido nos influye para nuestra visión del mundo.

Las haches se emplean sobre todo en el caso de las grandes palabras, para limpiarlas un poco de la costra retórica que las ha ido cubriendo durante años.

Una frase interrumpida, dos palabras bastan, alguna vez, para expresarlo todo. «A menos que.» Nada más.

Es la noción de lo que yo llamo figuras. Es como el sentimiento -que muchos tenemos, sin duda, pero que yo sufro de una manera muy intensa- de que aparte de nuestros destinos individuales somos parte de figuras que desconocemos. Pienso que todos nosotros componemos figuras. Por ejemplo, en este momento podemos estar formando parte de una estructura que se continúa quizás a doscientos metros de aquí, donde a lo mejor hay otras tantas personas que no nos conocen como nosotros las conocemos. Siento continuamente la posibilidad de ligazones, de circuitos que se cierran y que nos interrelacionan al margen de toda explicación racional y de toda relación humana.

Nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.

Qué es el recuerdo, sino el idioma de los sentimientos.

«Y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo»

«Un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre»; más de lo que es menos de lo que puede ser.

Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.

Un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil.

Desde la infancia apenas se me cae algo al suelo tengo que levantarlo, sea lo que sea, porque si no lo hago va a ocurrir una desgracia, no a mí sino a alguien a quien amo y cuyo nombre empieza con la inicial del objeto caído. Lo peor es que nada puede contenerme cuando algo se me cae al suelo, ni tampoco vale que lo levante otro porque el maleficio obraría igual.

La felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad.

Poner al día, vaya expresión. Hacer. Hacer algo, hacer el bien, hacer pis, hacer tiempo, la acción en todas sus barajas. Pero detrás de toda acción había una protesta, porque todo hacer significaba salir de para llegar a, o mover algo para que estuviera aquí y no allí, o entrar en esa casa en vez de no entrar o entrar en la de al lado, es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer, la protesta tácita frente a la continua evidencia de la falta, de la merma, de la parvedad del presente. Creer que la acción podía colmar, o que la suma de las acciones podía realmente equivaler a una vida digna de este nombre, era una ilusión de moralista. Valía más renunciar, porque la renuncia a la acción era la protesta misma y no su máscara.

Vos pensás demasiado antes de hacer nada.

Para gentes como ella el misterio empezaba precisamente con la explicación.

«¿Y si no me hubieras encontrado?», le preguntaba. «No sé, ya ves que estás aquí…» Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta.

A Gregorovius lo exasperaba la presencia de Oliveira en el mismo momento en que se lo encontraba, después de haberlo estado buscando sin confesárselo.

«Increíble cómo nos estamos empobreciendo todos», pensó Oliveira mirando a la Maga que miraba a Gregorovius que miraba el aire.

Los recuerdos sólo pueden cambiar el pasado menos interesante.

Y yo no podía hacer nada, ni gritar siquiera porque sabía que me iba a matar si gritaba y no quería que me mataran, cualquier cosa era mejor que eso, morir era la peor ofensa, la estupidez más completa.

De cuando en cuando ocurría que las palabras de los muertos coincidían con lo que estaban pensando los vivos (si unos estaban vivos y los otros muertos).

La cosidad es ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo.

Quizá había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizás había otros caminos, y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre.

-Yo creo que te comprendo —dijo la Maga, acariciándole el pelo—. Vos buscás algo que no sabés lo que es. Yo también y tampoco sé lo que es. Pero son dos cosas diferentes.

Yo me llamo Lucía pero vos no tenés que llamarme así —dijo la Maga—.

Tu vida, ¿es una unidad para vos?
—No, no creo. Son pedazos, cosas que me fueron pasando.

Lo importante de este hejemplo es que el hángulo es terriblemente hagudo, hay que tener la nariz casi hadosada a la tela para que de golpe el montón de rayas sin sentido se convierta en el retrato de Francisco I o en la batalla de Sinigaglia, algo hincalificablemente hasombroso.

—Decime cómo hace el amor Ossip —murmuró Oliveira, apretando los labios contra los de la Maga—. Pronto que se me sube la sangre a la cabeza, no puedo seguir así, es espantoso.
—Lo hace muy bien —dijo la Maga, mordiéndole el labio—. Muchísimo mejor que vos, y más seguido.
—¿Pero te retila la murta? No me vayas a mentir. ¿Te la retila de veras?
—Muchísimo. Por todas partes, a veces demasiado. Es una sensación maravillosa.
—¿Y te hace poner con los plíneos entre las argustas?
—Sí, y después nos entreturnamos los porcios hasta que él dice basta basta, y yo tampoco puedo más, hay que apurarse, comprendés. Pero eso vos no lo podés comprender, siempre te quedás en la gunfia más chica.
—Yo y cualquiera —rezongó Oliveira, enderezándose—.

Yo pienso a veces en matarme pero veo que no lo voy a hacer. No creas que es solamente por Rocamadour, antes de él era lo mismo. La idea de matarme me hace siempre bien.

Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas.
—Precioso, lo que decís.
—Era así, el piano iba por su lado y el violín por el suyo y de eso salía la sonata, pero ya ves, en el fondo no nos encontrábamos.

En realidad después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás.

Estar de acuerdo es la peor de las ilusiones.

Qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos.

Una pareja aplaudió rabiosamente, Oliveira se encontró aplaudiendo a su vez sin saber por qué (y cuando supo por qué le dio rabia y dejó de aplaudir).

Hay ausencias que representan un verdadero triunfo.

Es mucho más fácil hablar de las cosas tristes que de las alegres.

La desgracia es, digamos, más tangible, quizá porque de ella nace el desdoblamiento en objeto y sujeto. Por eso se fija tanto en el recuerdo, por eso se pueden contar tan bien las catástrofes.
—Lo que pasa —dijo la Maga, revolviendo la leche sobre el calentador— es que la felicidad es solamente de uno y en cambio la desgracia parecería de todos.

Pobre amor el que de pensamiento se alimenta.

Ya lo dijo Shakespeare, por lo demás, y si no lo dijo era su deber decirlo.

Lo que no entendemos es por qué eso tiene que suceder así, por qué nosotros estamos aquí y afuera está lloviendo. Lo absurdo no son las cosas, lo absurdo es que las cosas estén ahí y las sintamos como absurdas. A mí se me escapa la relación que hay entre yo y esto que me está pasando en este momento. No te niego que me esté pasando. Vaya si me pasa. Y eso es lo absurdo.

La razón sólo nos sirve para disecar la realidad en calma, o analizar sus futuras tormentas, nunca para resolver una crisis instantánea.

Los milagros nunca me han parecido absurdos; lo absurdo es lo que los precede y los sigue.

Todo dura siempre un poco más de lo que debería.

A esta hora se siente la noche aunque no se la vea.

Todo había empezado porque todo tenía que acabar.

Arropándose con un sobretodo negro que le llegaba hasta los tobillos, se acercó al nuevo. El nuevo estaba de acuerdo en que el frío era casi peor que la policía. Cuando le alcanzó un cigarrillo y se lo encendió, la clocharde pensó que lo conocía de alguna parte. El nuevo le dijo que también él la conocía de alguna parte, y a los dos les gustó mucho reconocerse a esa hora de la madrugada.

Heráclito había dicho que si no se esperaba jamás se encontraría lo inesperado.

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo (Et tous nos amours, sollozó Emmanuèle boca abajo), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar.

En realidad no había vuelto sino que lo habían traído.

Jugando con la hallulla, el hámago, el halieto, el haloque, el hamez, el harambel, el harbullista, el harca y la harija.

Escuchaban discos viejos en un aparato que andaba por milagro, que es como deben escucharse los discos viejos.

Enderezar clavos martillándolos en una baldosa (cualquiera sabe lo peligroso que es enderezar un clavo a martillazos, hay un momento en que el clavo está casi derecho, pero cuando se lo martilla una vez más da media vuelta y pellizca violentamente los dedos que lo sujetan; es algo de una perversidad fulminante), martillándolos empecinadamente en una baldosa (pero cualquiera sabe que) empecinadamente en una baldosa (pero cualquiera) empecinadamente.

¿Para qué querés los clavos?
—Todavía no sé —dijo Oliveira, confuso—. En realidad saqué la lata de clavos y descubrí que estaban todos torcidos. Los empecé a enderezar, y con este frío, ya ves… Tengo la impresión de que en cuanto tenga clavos bien derechos voy a saber para qué los necesito.

«Hartos del cliente y de sus cleonasmos, le sacaron el clíbano y el clípeo y le hicieron tragar una clica. Luego le aplicaron un clistel clínico en la cloaca, aunque clocaba por tan clivoso ascenso de agua mezclada con clinopodio, revolviendo los clisos como clerizón clorótico.»

En el jonuco estaban jonjobando dos jobs, ansiosos por joparse; lo malo era que el jorbín los había jomado jitándolos como jocós apestados.

No habrá tragedia, para desencanto de las chicas de abajo que tanto nos quieren. Para ellas nada de esto tiene sentido hasta que alguien se rompe el alma en la calle. La vida, que le dicen.

Me revientan las cosas que sobran y que cuelgan; es diabólico.

Son dos cosas que se parecen desde sus diferencias.

La diferencia entre Manú y yo es que somos casi iguales.

El veinticuatro de agosto era uno de los tres días en que el mundo se abría;

Esos pliegues de la vida, comprendés, esas inesperadas mostraciones de algo que uno no se había sospechado y que de golpe ponen todo en crisis. Tendrías que comprender.

Las amputaciones violentas son malas, después te duele el muñón toda la vida.

Música, melancólico alimento para los que vivimos de amor.

Cuando los amigos se entienden bien entre ellos, cuando los amantes se entienden bien entre ellos, cuando las familias se entienden bien entre ellas, entonces nos creemos en armonía. Engaño puro, espejo para alondras. A veces siento que entre dos que se rompen la cara a trompadas hay mucho más entendimiento que entre los que están ahí mirando desde afuera.

La explicación es un error bien vestido.

Ahora sentía cada vez más miedo (y cuando sentía el miedo miraba su reloj pulsera, y el miedo subía con la hora);

Las mujeres son la muerte.

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia.

Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo.

La risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra.

La gente se cree amiga porque coincide algunas horas por semana en un sofá, una película, a veces una cama, o porque le toca hacer el mismo trabajo en la oficina.

Un velorio donde todos se sienten un poco más unidos (y es cierto, pero se acaba a la hora de la soldadura).

Cierto individuo nada metafísico me dijo, creyendo hacer un chiste, que defecar le causaba una impresión de irrealidad. Me acuerdo de sus palabras: «Te levantás, te das vuelta y mirás, y entonces decís: ¿Pero esto lo hice yo?».

Una coartada, como los hijos suelen ser la coartada de las madres para no hacer nada que valga la pena en esta vida.

En las ceremonias iniciáticas los movimientos más sencillos se ven trabados por Fuerzas que hay que vencer con Paciencia y Astucia.

Inevitable que una parte de su obra fuese una reflexión sobre el problema de escribirla.

Lo malo no es el sueño. Lo malo es que eso que llaman despertarse… ¿A vos no te parece que en realidad es ahora que yo estoy soñando?

¿A vos no te pasa que te despertás a veces con la exacta conciencia de que en ese momento empieza una increíble equivocación?

La vida de los otros, tal como nos llega en la llamada realidad, no es cine sino fotografía, es decir que no podemos aprehender la acción sino tan sólo sus fragmentos eleáticamente recortados.

«La novela que nos interesa no es la que va colocando los personajes en la situación, sino la que instala la situación en los personajes. Con lo cual éstos dejan de ser personajes para volverse personas. Hay como una extrapolación mediante la cual ellos saltan hacia nosotros, o nosotros hacia ellos. El K. de Kafka se llama como su lector, o al revés.»

¿Por qué razón mi amigo Mr. Marshall, que exhumó entre las reliquias del pasado precedentes que harían enrojecer de vergüenza a un salvaje, no leyó esta frase de Blackstone: »Si un niño de menos de catorce años, aunque sea juzgado incapaz de culpa prima facie es, en opinión del tribunal y el jurado, capaz de culpa y de discernimiento entre el bien y el mal, puede ser convicto y condenado a muerte.’? Así, una niña de trece años fue quemada por haber muerto a su maestra. Un niño de diez y otro de once años que habían matado a sus compañeros, fueron condenados a muerte, y el de diez ahorcado. ¿Por qué? Porque sabía la diferencia que hay entre lo que está bien y lo que está mal. Lo había aprendido en la escuela dominical.

En el fondo las autoridades son sabias. Uno se caga todo el tiempo en ellas, pero hay que decir que saben lo que hacen.

Actualmente se puede concebir a una etapa tercera de civilización, contando desde el año 1953, hasta el futuro año 2000. Etapa que consiste en que todo marche firmemente hacia el arreglo eficaz de las cosas.

Hay una diferencia bien conocida entre el ignorante y el tonto, y cualquiera lo sabe menos el tonto, por suerte para él. Creía que el estudio, ese famoso estudio, le daría inteligencia. Confundía saber con entender. La pobre entendía tan bien muchas cosas que ignorábamos a fuerza de saberlas.

No tenía ninguna fe en que ocurriera lo que deseaba, y sabía que sin fe no ocurriría. Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir, y con fe casi siempre tampoco.

Vamos a fumar, aprovechando que me lo han prohibido.

En el fondo la Maga tiene una vida personal, aunque me haya llevado tiempo darme cuenta. En cambio yo estoy vacío, una libertad enorme para soñar y andar por ahí, todos los juguetes rotos, ningún problema. Dame fuego.

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Safari accidental

Juan Villoro

Safari accidental

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Para Villoro, la crónica es como un ornitorrinco pues es un género que se compone de otros tantos: ficción, novela, relato, nota periodística. Y es así como nos da una probada de algunas de las suyas: las referentes a entrevistas con estrellas de rock, con escritores, recuerdos de su vida, sus viajes, o asuntos tan triviales como el chile o el concurso Miss Universo. A fin de cuentas, creo yo, lo que nos cuenta el cronista es también una buena forma de aprender. Calificación de 9.

Aporía: Paradoja.
Abstrusa: De difícil comprensión.
Otredad: Capacidad de tomar consciencia de la individualidad, mirándose desde una perspectiva ajena a sí mismo.
Hagiografía: Historia de la vida de un santo.
Falangsterio: Alojamiento colectivo para numerosa gente.
Palafito: Vivienda propia de civilizaciones primitivas que se construye sobre estacas de madera, normalmente dentro de un lago o un río.
Tramoya: Parte que queda oculta en un asunto o negocio.
Palimpsesto: Manuscrito en el que se ha borrado, mediante raspado u otro procedimiento, el texto primitivo para volver a escribir un nuevo texto.

O ya no entiendo lo que está pasando o ya no pasa lo que estaba entendiendo. Carlos Monsiváis.

La ficción no trabaja con la mentira sino con lo inverificable; las tramas literarias no aspiran a la falsificación, sino a ser ciertas de otro modo, a construir una segunda realidad: “La verdad no es necesariamente lo contrario de la ficción […] No se escriben ficciones para eludir, por inmadurez o irresponsabilidad, los rigores que exige el tratamiento de la ‘verdad’, sino justamente para poner en evidencia el carácter complejo de la situación […] La paradoja propia de la ficción en que, si recurre a lo falso, lo hace para aumentar su credibilidad”.

Mencionar problemas es más grave que tenerlos.

Si la ignoro en forma calculada, sabrá que me intereso en ella.

Daniel Defoe escribió acerca de una asombrosa plancha de metal, tan grande como la puerta de una iglesia, que servía para decapitar con pulcritud a un hombre. En caso de que el condenado lograra saltar antes de la ejecución y cruzar a nado un río próximo al cadalso, quedaba en libertad. La proeza se consideraba posible, pero nunca se supo de nadie que la llevara a cabo. La memoria es una guadaña de ese tipo. Es concebible escapar de ella, pero nadie escapa.

México es en gran parte responsable de la educación sentimental de los latinoamericanos […] Una vez, mientras cenaba en un restaurante en Estados Unidos, se me acercó un mesonero y me anunció que también él era venezolano. Me dijo que para combatir la nostalgia cada noche oía nuestra música. ‘¿Qué escuchas?, pregunté. ‘Pedro Infante’, respondió con patriótica seguridad. La canción ranchera es tan bogotana como caraqueña. A fin de cuentas, solo lo que se siente es real.

No escuchen lo que la gente dice sino lo que quiere decir a pesar de lo que dice.

John Lennon dijo que la gente que más sufre es la que tiene mejor sentido del humor. Si esto es cierto, los mexicanos somos una superpotencia humorística.

Existe una forma específicamente mexicana de relajarse. El “yoga azteca” incluye oír mariachis durante seis horas, recibir toques eléctricos, comer chiles que hacen sudar la coronilla y pelearse cuchillo en mano por el privilegio de pagar la cuenta. No en todas partes esto se considera divertido.

De acuerdo con Ryszard Kapuscinski, la experiencia central de la vida africana es la espera. Esto pone a prueba al cronista: lo más arduo no es registrar lo que pasa sino sobreponerse a lo que no pasa.

El mayor recurso de un intocable, figura cuya identidad es forzosamente imaginaria, es la ausencia.

Lo más significativo en su maratón de la perseverancia es la falta de nostalgia. El grupo se resiste a revisar proustianamente su pasado tanto como a perpetuar su imposible juventud. Su estrategia para refutar el tiempo no se basa en lo que fueron sino en su apetito por el presente. Voraces vejestorios, los Stones mejoran con cada segundo adicional.

La gente se vuelve muy pensativa en los coches.

Entre 1968 y 1970, Lennon contribuyó a la desesperación planetaria con su progresivo alejamiento de los Otros Tres. En la torturada era de Vietnam y Tlatelolco, el presidente del club de los corazones solitarios fraguaba el mayor golpe sentimental de la especia. Los peldaños del enfriamiento son archiconocidos: John se acostó en una cama para protestar contra la guerra, John se enfundó en una bolsa para no “afectar” a sus interlocutores con su presencia, John compuso Revolución número 9, John cambió su segundo nombre (el de Winston, que lo distinguía como un niño de la Batalla de Inglaterra, por Ono). John filmó la película de 42 minutos Autorretrato, que trataba de su pene en erección, John lucía absolutamente chiflado, más allá de la terapia y el cariño de sus fans. Por último, John pronunció las cuatro palabras más deprimentes de la lengua inglesa desde “lo demás es silencio”: “el sueño ha terminado”. Los Beatles no se volverían a reunir.

Evtushenko dice que quien nace en una jaula extraña la jaula.

En la mesa de un restaurante de Puerto Rico se producen 250 contactos corporales en una hora; en una mesa de París, 30, y en una de Londres, dos, el saludo y la despedida.

Las ideologías, las religiones establecidas, todo se ha puesto en tela de juicio y parece haber poco margen para la acción. Pero precisamente porque es difícil cambiar las cosas hay que hacer algo.

Ninguna aventura supera a la de estar de vuelta y vivir para cantarlo.

Vivida como presente, la historia es un amasijo que rara vez cobra sentido. Se necesitan años, a veces décadas para que los fragmentos, las basuras del tiempo, se expongan como una instalación de Beuys [artista alemán] y cobren insólito sentido.

La principal desventaja de ser capitalino es que se nota.

Los coyotes han mandado tantos oaxaqueños a San Diego que ya se habla de Oaxacalifornia y Michoacán tiene una composición demográfica similar a la de Uruguay: hay tantos michoacanos en el extranjero como en el país.

En la colina de tierra suelta, frecuentemente visitadas por temblores, las llantas sirven de cimiento y amortiguador. Vi bardas, columpios y ladrillos hechos de llanta. En este refugio de los nómadas, el emblema del movimiento se ha vuelto sedentario. Daban las once de la mañana cuando la camioneta tomó un rumbo inesperado, hacia la calle Coahuila. Era tarde para muchas cosas, pero un poco pronto para visitar un centro nocturno. “El principal inconveniente de ser fusilado es que hay que madrugar.” Recordé esta frase de Carlos Fuentes al entrar al cabaret con la gente del Colegio. Hay quienes van a un strip-joint para excitarse y quienes van para excitarse con los excitados (“no te pierdas El Bambi –me recomendó un amigo-: ¡puedes ver soldados besándose!”).

Los años de 1993 a 1996 trajeron la cocina sin ingredientes o la cocina “como si”. La curiosa obsesión insular por la comida continental (el pescado sabroso es el que sabe a carne) llevó a disfrazar de carne los enseres domésticos. Cuentan que en los muelles de La Habana desapareció un container y que llevaba trapos de cocina. Una mente ingeniosa, en rigor no muy alejada de la cocina de investigación de Ferran Adrià, sumergió las jergas en jugo de limón hasta que perdieron su consistencia original; luego las empanizó con dedos de pianista y las vendió como sándwiches de “milanesa”.

Para conocer un país hay que saber de qué se rie.

De acuerdo con Alejo Carpentier, la tradición urbanística de Cuba hace que ahí nada se conserve tan bien como el deterioro.

En las esquinas, la gente aguarda en largas colas los camellos que sustituyeron a las guaguas, vagones jorobados que pueden llevar hasta 300 personas bien aplastadas y no parecen un medio de transporte sino de deportación.

La Habana produce una sensación de tiempo detenido aún más radical para quienes nacimos con la Revolución cubana. Imposible caminar por esas calles sin sentir que ese deterioro es el tuyo.

En el poema “Testamento”, Eliseo Diego encerró el enigma del porvenir entre sus versos:
no poseyendo más
entre cielo y tierra que,
mi memoria en este tiempo;
decido hacer mi testamento.
es
éste: les dejo
el tiempo, todo el tiempo.

Umberto Eco advirtió que cada atracción de Disney World, desemboca en “un supermercado disfrazado donde compras obsesivamente, creyendo que todavía estás jugando”.

Disney World sigue el principio de las excursiones infantiles, donde nada es tan divertido como el viaje en autobús. “Aunque la meta sea el paraíso, lo que más les gusta es el camión”.

Umberto Eco observó por aquella época que el discurso operativo de Mac se parecía al catolicismo (un evangelio con imágenes) y el de PC al protestantismo (el código puritano de la letra). En esta nueva versión de la historia, la Reforma protestante consistió en copiar las imágenes de la Iglesia rival. El programa Windows de Microsoft, llegó con la ambigua seducción de las propuestas ecuménicas. Para quienes ya estábamos convertidos a la fe de Mac, aquello fue como si los calvinistas nos invitaran a una misa con diapositivas de la virgen. Las noticias de Bill Gates, dueño de Microsoft y creador del programa Windows, reforzaban la confianza en Mac. El motor vital del cibernauta de Seattle es convertir la información en dinero. Cuando IBM creía que el negocio estaría en los aparatos (el hardware), él patentó el contenido (el software), y a diferencia de Steve Jobs, fundador de Apple, no limitó a aplicar su sistema operativo en una marca sino que lo vendió al mejor postor. Mientras IBM se convertía en una fábrica de cacharros tan elementales como tostadores de pan y Apple en una empresa demasiado chic para el gran público, Microsoft acaparó carriles en la autopista de la información.

En el planeta digital resulta imposible renunciar a la computación, y una vez probado el fruto de Apple no hay modo de tragar la mermelada de PC.

El ciudadano posmoderno se compadece más de los perros de un mendigo que del mendigo.

En un ámbito donde los adolescentes usan la cinta métrica con más constancia que los sastres para medir su dotación fálica, los chiles ofrecen una cultura alterna en la que se puede triunfar con menos envoltura. La quintaesencia del picor nunca se encuentra en los chiles voluminosos, que sólo mejoran rellenos de queso o carne molida.

El discípulo ya no sabe si le gusta lo que le pica o le pica lo que le gusta.

De acuerdo con Foucault, la noción de “autor” surge con la idea de que alguien puede ser castigado. No es el reconocimiento sino la necesidad de encontrar a un responsable lo que explica que se firmen las obras.

La visita a Tequila desembocó en una comida donde un estupendo mariachi demostró el sentido profundo de la música nacional: ahorrarnos la molestia de hablar.

El pasado es su gran acervo, sobre todo por lo que tiene de irrecuperable.

Cuando el último príncipe moro fue expulsado de España, abandonó sus tierras llorando mientras su madre le decía: “No llores como una mujer o que no has sabido defender como un hombre”. Así dio comienzo el trauma y la crisis del Islam, es imposible saber con certeza cuánto va a durar esta rabieta global antes de que las mujeres se levanten y los autoengaños del hombre islámico sean neutralizados.

Después del 11 de septiembre escribí un artículo en el que afirmaba que la gran dificultad para los estadunidenses –y es una enseñanza que tardará una dolorosa generación en asentarse- es que son odiados. No lo comprenden: “tiene que haber algún error porque somos gente muy generosa, muy simpática”, dicen (y en muchos aspectos lo son). Se perdió una valiosa oportunidad para educar a los estadunidenses cuando, en su discurso de 2002, Bush identificó un “eje del mal” compuesto por tres países: Irán, Irak y Corea del Norte. En el borrador de dicho discurso, el “eje del mal” era originalmente el “eje del odio”. Si hubieran mantenido ese lema y lo hubieran repetido en todo lugar y ocasión, hubiéramos tenido alguna esperanza de que la idea de que son odiados acabara permeando la conciencia americana. Pero Bush prefirió la frase “eje del mal” porque evocaba al Eje de la segunda Guerra Mundial, era un eco del “imperio del mal” empleado por Ronald Reagan y, según dijo finalmente, resultaba más “teológico”. ¿Por qué razón, cuando el mundo tiembla de miedo queremos que las cosas se vuelvan más teológicas? Lo curioso es que cuando los soldados estadunidenses fueron a Irak esperaban ser festejados en las calles, en la creencia de que, porque se aman a sí mismos, también los iraquíes los amarían. Este es el ideal en que se funda Estados Unidos: ellos creen que hacen lo correcto porque son América. Así que padecieron un terrible baño de realidad, gracias al cual tal vez comprendan más adelante que el odio es real.

Alguien dijo, por último, que Estados Unidos, militarmente, no tiene parangón con ningún otro imperio de la historia, pero que diplomáticamente es un país muy mediocre, hace enemigo con mucha facilidad.

Cuando uno escribe ficción, está escribiendo sobre ansiedades silenciosas, sobre las preocupaciones que uno no sabe que tiene. Es sólo al terminar el libro cuando de repente identificas o articulas lo que te estaba inquietando.

Cuando Shevardnadze fue a Washington como ministro de relaciones exteriores de Gorbachov, declaró: “Les voy a hacer lo peor que se les puede hacer a ustedes: les voy a quitar un enemigo”.

En un mundo donde el mérito se tasa en dinero, el verdadero lujo es el derroche: obtener algo difícil para renunciar a ello.

Pascal vuelve a tener razón: se escriben textos largos por falta de tiempo para reducirlos.

La exclusiva es el incesante trofeo del periodismo. En pocos oficios se trabaja en tal densidad; cada noticia se mide con otra. Publicar algo bueno nunca es tan bueno como saber que nadie más lo publicó.

Desafíate

Salomón Melgares Jr.
Jibsam Melgares

Desafíate

Desafíate


Los autores, de profesiones relacionadas con la computación pero con estudios teológicos, presentan retos que los cristianos latinoamericanos de esta época deben afrontar. La tecnología, ecología y política, entre otros, son temas que suponemos parecen estar lejos del radar de Dios y por lo mismo no los vivimos de la manera adecuada. Es tiempo de recapacitar. Calificación de 9.

Inopia: pobreza o indigencia.
Epítome: Resumen de una obra extensa en el que se exponen las ideas o las nociones fundamentales del tema que trata esta.
Perentorio: Que es urgente o no puede ser aplazado.
Clámide: Capa corta y ligera usada antiguamente por los griegos y los romanos.
Asaz: formal

La iglesia de hoy no vive su mejor momento. Y no todo marcha como debe marchar o se hace en la forma que Dios quiere y espera que se haga.

“Muchos pasarán por los sufrimientos anunciados, y saldrán de ellos purificados y perfeccionados. Los malvados seguirán cometiendo maldades, sin entender lo que pasa, pero los hombre sabios lo comprenderán todo”. (Dn 12:10 DHH).

Mientras más nos acercamos a Dios más caemos en cuenta de que lo necesitamos. Mientras más nos separamos, menos lo necesitamos.

Mucho del problema emparentado al detenimiento y enseguida decrecimiento espiritual se establece en la propia idiosincrasia de nuestros pueblos [latinoamericanos]. Una idiosincrasia producto de una academia que priorizó la intransigencia y desatendió la comprensión. Que deseaba, al pie de la letra, sometimiento a una doctrina o práctica establecida y no priorizó el discernimiento o la penetrabilidad. Por lo tanto, se hizo costumbre de manera ostensible un excesivo paternalismo por parte de sus maestros –la tradición, el consejero, los misioneros, el pastor, el líder o el predicador de turno- y una especie de sopor impenetrable por parte del alumno, que le impulsó a “apagar el cerebro” (y toda chispa de consciencia) en espera de las explicaciones que le dieran respuesta a sus “qués” y sus “cómos” […], descuidando así el sentido de búsqueda y aprehensión por sí mismo.

La salvación de Dios no es un boleto que lo desvincula del infierno, sino un nuevo nacimiento que le demanda a usted, entre otras cosas, voluntad y decisiones para crecer día con día.

La mediocridad –sea “santificada” o no- en el reino de Dios, no va, no hace clic.

El cristiano es llamado a ser diferente, y esa disimilitud involucra excelencia y calidad total en todo.

No sigamos siendo ingenuos creyendo que la publicidad de los medios de comunicación (de la cual la tecnología es parte al aportar una variedad de medios electrónicos para transmitir un flujo constante de publicidad) es sólo para que compremos determinado producto. La estrategia sutil satánica es instituir necesidades ficticias en nuestra mente; “necesidades” que a menudo desconocemos la medida en que constantemente nos hacen apetecer más, y que nos incrusta en un ciclo de significado y felicidad que nunca será saciado, porque nunca llenará nuestros vacíos existenciales.

La iglesia cristiana, esta nueva comunidad de Dios ¿dónde se la encuentra? De uno de los primeros siglos del cristianismo viene este refrán: ‘Donde está Cristo, allí está la iglesia’. Dondequiera que haya una comunidad para la cual Cristo sea el único Señor y salvador, que manifieste en su propia vida el modo de ser el Cristo, buscando la semejanza con Él y dedicada a hacer las obras de Cristo allí está la comunidad de Dios. Nada importa la estructura eclesiástica (incluyendo aquí su nombre, denominación y recursos), la organización particular que los miembros cumplan bajo la dirección del Espíritu Santo, el verdadero fin de la iglesia”. [John A. Mackay].

No obstante, el hecho crucial radica, creemos, no tato en la tecnología como tal o en la cantidad de tecnología con la que se cuente, sino en sentirse pulsionado a hacer algo con lo que se tiene y en ambicionar hacerlo bien, con excelencia y con virtud, y “en conformidad más cercana a la voluntad de Dios revelada sobre una base permanente y consistente”. Ya si Él, en un momento dado, posibilita el crecimiento y la expansión o la adquisición de una mejor tecnología y el acceso a otras, ¡bienvenido sea! Pero mientras eso sucede, comencemos a hacer algo con lo que disponemos ahora.

La tecnología en sí misma no es mala, deletérea o diabólica como muchos podrían argumentar, y algunos hasta asegurar, porque es algo amoral, carente de voluntad y espiritualidad. De ahí que todo dependerá del uso que se le dé, para que se torne mala o buena, dañina o benéfica, venenosa o inerme, peligrosa o segura, diabólica o consumadamente espiritual.

La vida se mide en tiempo y el tiempo perdido es abusar de la vida. El diablo [no] es muy bruto para crear cosas malas. Él crea osas buenas para entretenernos de lo que en verdad nos da vida (entendiendo aquí el verbo “crear” como aprovecharse de lo que no es malo ni bueno, para conseguir sus propósitos malignos).

En el capítulo 2 se profundiza más esto al recordarnos que el ser humano fue tomado del polvo de la tierra (v. 7). En hebreo –el idioma original de Génesis- hay un juego de palabras que revela enfáticamente la relación estrecha entre el hombre y el medio ambiente: adam (hombre) – adamah (tierra). Nunca podremos atesorar una susceptibilidad ecológica si, primero, no reconocemos que nuestro destino está unido al de la creación. Somos parte de ella y si l tierra se consume, nos consumimos nosotros .si el mundo se arruina, nos arruinamos nosotros. Si el planeta se muere, nosotros también morimos.

“’Todo me está permitido’, pero no todo es para mi bien. ’Todo me está permitido’, pero no dejaré que nada me domine” (NVI). Vivimos en una atmósfera de opciones. Muchas de ellas procedentes del extranjero. Esto propicia a que las alternativas de selección con las que se cuenta sean varias. Y, acorde al versículo, nosotros tenemos la completa libertad de opa por cualquiera de ellas, según lo que nuestra preferencia nos indique. ¡Ah!, pero es justo allí donde, para asegurarnos de hacer una correcta elección, debemos considerar los dos parámetros que nos presenta el apóstol: uno, meditar en el nivel de daño que lo seleccionado pueda provocarle al cuerpo o a la vida: las verdades éticas que encontramos en la Biblia son nuestra guía para comprender mejor qué es lo que conviene; y dos, meditar en el nivel de dominio que se debe tener sobre lo seleccionado: si eso me encamina –o me puede encaminar- a esclavitud, debo desestimarlo, o mejor, no seleccionarlo, y en el objetivo que incita a hacerlo: ¿qué es lo que hay en mi corazón que me empuja hacia ello? ¿Cuál es la verdad que rueda en torno a esa acción?

¿Dónde encuentro al prójimo? Pronzato nos sugiere un lugar “insólito” donde pocos sospechan que se puede hallar el prójimo: en ti.

Hay individuos que no se soportan, que acopian rencor contra sí mismos. No se perdonan aquel palmo de estatura de menos, los dos dedos de celulitis de más, el no haber sabido aprovechar una ocurrencia favorable en la vida. Personas desdichadas que se acusan de continuo por una infinidad de motivos: carácter, defectos, fracasos, tropiezos, talentos limitados, males físicos, un árbol genealógico con alguna rama seca… Por eso tienes que amarte a ti mismo. Tienes que perdonarte, tenerte paciencia, confianza en ti mismo. Es bueno que ejercites la fe, la esperanza y la caridad también contigo mismo. Tienes el deber de “hacerte prójimo” del pobre desgraciado que eres. Se te pide que te respetes y te ames como a “cualquier otro pobre miembro del cuerpo místico de Cristo”, conforme a la expresión de G. Bernanos. Es absurdo que mantengas distancias con respecto a ti mismo tienes que acercarte, mirarte a la cara, decirte quiero “vivir en armonía”, estar de acuerdo conmigo mismo, y ya no faltarme el respeto. Convéncete. No podrás ser fiel a Dios ni a otra persona si no aprendes a ser fiel a ti mismo.

Prosperidad y abundancia en Dios no es lo que ofrecen en algunos medios 2ofrende y recibe tu milagro”. Eso es picardía. Abundancia es levantarse en la mañana y saber que el fruto de tu trabajo viene de Dios y que lo que recibimos de Él es lo que nos hace bien. Abundancia es luchar contra el pecado, vencerlo y, cuando pecamos, saber que tenemos a Alguien que nos comprende y nos perdona. Abundancia es disfrutar de la gracia inmerecida de Dios y disfrutar el proceso hacia sus promesas.

Jesús no vino a decirnos “deje de sufrir” ni ofreció bienestar continuo en esta tierra. Vino a decirnos: que si confiamos en Él, que si ponemos nuestra mirada entera, entonces tendremos nuevas fuerzas y, un poder sobrenatural nos ayudará a enfrentar apropiadamente los problemas y seremos levantados… Sin trueques, sin sectas comercializando con el evangelio, para gloria de Él y no nuestra.

En la vida cristiana también se vale aquilatar, investigar, criticar constructivamente, adaptar y crear. Que la teología es dinámica y puede ser constantemente mejorada y cuestionada. Quizá no exista ningún otro argumento bíblico que se mantenga tan inflexible como éste ante el fárrago de cuestiones –útiles sólo para que nos atasquemos en ellas- que se le plantean, y cuyo testimonio atraviese un camino tan estrecho como el filo de un cuchillo.

El mayor mal del ser humano no es la pobreza, ni la enfermedad, ni los sucesos adversos, ni las decepciones del corazón, ni la misma muerte, el mayor mal es la desgracia de ignorar para qué nace, sufre y muere.

La Gran Comisión según Mateo 28:16-20 no es un “mandato evangelístico” que dé base a la idea que la preocupación central de la Iglesia debe ser la conversión de individuos y el establecimiento de iglesias. Es, más bien, un llamado que el Señor resucitado hace a la Iglesia a dedicarse a formar hombres y mujeres que reconozcan su señorío universal, se integren al pueblo de Dios y emprendan el seguimiento de Jesús, que abarca todo aspecto de la vida humana. Es, en otras palabras, un llamado a la misión integral, una convocación a participar en la formación de ciudadanos del Reino de Dios dispuestos a obedecerlo a él en todo, para lo cual la Iglesia cuenta con la presencia constante del Espíritu (“el otro Jesús”) “hasta el fin del mundo”.

El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

¿Usted quiere que su país cambie? Bueno, lidérelo.

En el sentido estricto de la palabra, el reino de los cielos es política. La expresión “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” es política. Ser una contracultura es política. Amar al prójimo como a uno mismo y al gran Yo Soy por sobre todas las cosas es política. Las recurrentes palabras en las enseñanzas del Maestro: “oísteis que fue dicho… Pero yo os digo…” es política. El resto de ordenanzas por medio de las cuales se rigen los cristianos y a través de las cuales se debería regir el remanente de personas afuera de ese grupo (es decir, la cultura del reino) es política ¿Por qué? Porque la política es, según lo manifiesta la definición, “el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”. Y el reino de los cielos es substancialmente eso: gobierno. El gobierno excelente de Dios ante todo lo creado. El cual ya se avecinó con la venida del Hijo de la tierra (ver Mt 3:1-2, 10:5-7; Lc 11:17-20; 17:20-25; Jn 18:36), el cual se desempeña actualmente en la Iglesia (ver Lc 12:32; Ef 1:22; Mt 28:19-20) y que será completo cuando el Hijo del hombre venga otra vez, ahora sí, con el firme propósito de adjudicarse “el mando del pueblo” (1 Co 15:24-28; Ap 20, 21 y 22).

Dios está presente en revoluciones, solevantamientos, penetraciones, victorias. Cuando la Palabra habla de Dios es, casi siempre, en un lenguaje político. Habla de pactos (que quiere decir “tratados”), de jueces, reyes y del Mesías –Uno quien trajo un nuevo reino, una especie de revolucionario (en el sentido de precursor de un cambio profundo en el conjunto de todo lo que existe). De ahí que esto signifique que es el mundo, el mundo de la política y no solo de la iglesia, el escenario de la actividad transformadora y liberadora de Dios. La iglesia participa en esta liberación sólo en la medida en que se involucra en el mundo. Darle la espalda al mundo es darle la espalda al lugar donde Dios está obrando.

La política de Jesús fue “espiritualmente fundacional, no moralmente dictatorial. Él deseó gobernar en los corazones de los hombres y mujeres con el imperativo del amor y la verdad, no con la espada y los imperativos del miedo y el legalismo”.

La política, como todo aquello que adolece de voluntad, no es mala ni buena; sucio o limpia; petardista o decorosa; moral o inmoral; roñosa o meritoria. Dependerá del uso y la dirección que se le dé por las mismas personas, para que tome y afiance alguna de esas connotaciones.

La justicia en le Biblia no es meramente distributiva ni retributiva sino más bien restitutiva, que se preocupa por devolver al débil, al pobre, al menesteroso, lo que le ha negado por tanto tiempo la sociedad.

La ideología que debe seguir el político creyente no es ni de derecha (capitalismo) ni de izquierda (socialismo). Su ideología debe ser el reino de Dios y su justicia. El cristiano involucrado en la política debe ser un crítico de las ideologías (no su portavoz), sabiendo obtener el provecho de ellas y desechando lo malo o lo inconveniente.

Es verdad que el pecado se tiene por malo, pero no todo lo malo se tiene por pecado. Herbert Haag.

Abraham era pagano, adorador del dios Marduk, que gobernaba su pueblo caldeo.

La forma de maniobrar de Dios escapará muchas veces a nuestro raciocinio, a este intelecto humano limitado e imperfecto y carente de todos los pormenores.

Todos estos retos serán imposibles de superar si no toma en serio el desafío principal que debe afrontar: reproducir los valores del reino de Dios en su propia vida (su nueva cultura). En otras palabras: el principal y más apremiante desafío del cristiano norteamericano, centroamericano, sudamericano y caribeño es eso mismo, ser un cristiano verdadero en cada una de las áreas de su vida (iglesia fuera de las “cuatro paredes”).

El verdadero cristiano sabe examinarlo todo cuidadosamente (ciencia, filosofía, tecnología, arte…) y retener lo bueno; sabe poner a prueba todo lo que se dice y rechazar lo malo o con apariencia de mal.

Fiebre

Daniel Krauze

Fiebre

Fiebre


Siete historias de niños-adolescentes, experiencias vividas entre la escuela, la casa, los amigos, compañeros y vecinos. Tal vez en alguno nos sintamos más identificados, pues las historias ocurren a la par de acontecimientos históricos del México contemporáneo. Calificación de 6

Insularidad: Cualidad de insular (hecho de ser isla o relacionado con las islas).
Aterida: Que está paralizado o entumecido a causa del frío.

1985. Dónde te agarró el temblor? (La historia de unos vecinos en los tiempos posteriores al temblor de 1985).
Dálmata. El mejor amigo del niño. (Las consecuencias de la falta de comunicación entre un padre y su hijo son sufridas por la mascota del vástago).
Mientras llovía. Nadie nunca salva a nadie. (La mala relación entre un padre y su hija se complica aún más con la muerte del mejor amigo de ella)
Juego de manos. Vámonos donde nadie nos juzgue. (La diferencia de clases y la relación patrón-trabajador, vista desde los ojos de un niño).
La jaula. Cuando los amigos se alejan. (Dos amigos pelean por salir de sus respectivas jaulas)
Yo no fui. En México nunca pasa nada. (Luego de ver por primera vez un cadáver, un niño se insertará en el círculo vicioso de no asumir las responsabilidades)
Fiebre. El cobarde y el valiente (Historia de cómo un niño salió triunfante del bullying)

A IT y EK, que me dieron de leer.

México es tierra de ojetes, que aquí las cosas no son como en Gringolandia.

La clave de mentir con éxito es no decir demasiado.

Nunca sabemos quién quiere a la gente que queremos.

Hace meses sentías que la semana era demasiado corta. Despertabas temprano incluso los fines de semana, ansiosa de hacer cuanto pudieras. Ahora sientes que a los días les sobran horas.

Jamás habías sentido el peso de una distancia irrevocable cayendo sobre tu espalda.

No parabas de reír. Tu padre encontró un callejón por Tizapán y estacionó el coche.
-Ven, ven, ven –te dijo sucesivamente, en una cadena de sonidos idénticos.
Te tomó de los hombros, te abrazó y esperó con paciencia a que tu risa se encauzara por el camino que estaba buscando. No tuvo que esperar mucho. Apretaste su espalda, te acercaste al ojal de su camisa y, por primera vez, lloraste por Rodrigo.

Esa semana llovieron pájaros. Cayeron desde sus nidos en las ramas de los árboles alrededor del colegio, llenando el patio con crías de colibríes, golondrinas y palomas, como un archipiélago de plumas y picos diminutos.

Pasé la adolescencia arrepentido de mi infancia. Desde que cumplí veinte años me he arrepentido de mi adolescencia. Me pregunto si a mis treinta me arrepentiré de mis veinte.

Ya sabes cómo son los niños: se divierten con cualquier madre. Les das un desodorante usado y lo usan como si fuera un revólver. Nomás crecemos y nos amargamos.

¿Cómo podemos probar el éxito y la alegría si no sabemos bien a bien a qué saben la derrota y el polvo.

Estrellas fugaces

Robyn Schneider

Estrellas fugaces

Estrellas fugaces

Una historia de amor entre dos adolescentes recluídos en un centro para enfermos de tuberculosis, en donde conocerán el amor y los avatares que conllevan vivir con su enfermedad. Calificación de 8.

Ragú: Estofado de carne
Baremos: Conjunto de normas establecidas convencionalmente para evaluar algo.

No quería darte un beso de despedida (he ahí el problema), quería darte un beso de buenas noches (y la diferencia es inmensa)”. Ernest Hemingway

Ése es el problema con las probabilidades. Tiras el dado dos veces y esperas obtener dos resultados distintos .sin embargo, la cosa no funciona así. Es posible sacar el mismo número una y otra vez, las leyes del universo fijas e idénticas con cada tirada. Sólo cuando tienes en cuenta el pasado, las probabilidades cambian. Solamente entonces se tornan las cosas cada vez más improbables.

-El arte es dolor- repuse, simulando un tono solemne.
-Y también la vida. Intervino Charlie-. De ahí que la vida sea un arte que nos aflige a todos.

El aburrimiento se te metía en los huesos, y pronto tenías la sensación de que el día tenía demasiadas horas, en lugar de sentir que te faltaban.

Todo lo que fui un día y quería llegar a ser había sido desalojado para dejarle sitio a la enfermedad.

Al traspasar la puerta, percibías el tufillo a hospital una combinación de antiséptico y desgracia.

-¿Cuánto tiempo tendré que quedarme aquí?
No me di cuenta de lo peligrosa que era esa pregunta hasta que la hube formulado.

Lo malo de ser un desastre en la adolescencia es que la sensación de bochorno nunca te abandona del todo.

La tuberculosis no es como el cáncer, un enemigo al que te enfrentas con tu familia y amigos sentados alrededor de la cama para decirte lo valiente que eres. Nadie te toma la mano; contienen el aliento. Te envían a sitios como Latham para proteger a los demás, porque es lo mejor para ellos, no para ti.

Es curioso cómo un instante de nada lo puede estropear todo.

Los comienzos marcan el rumbo de lo que sucederá después.

No es lo mismo estar muerto que estar muriéndose.

Cuando Sadie se había sentado conmigo en el kiosko, habíamos pasado un rato agradable charlando de todo un poco. Aquel día, yo estaba tan inmerso en mi desgracia que no me había dado cuenta de lo bien que te sientes cuando alguien te comprende, alguien que está pasando por lo mismo.

-Nadie quiere que le hagan daño.
-Bueno, es posible, pero a veces vale la pena.

Corroboraba la teoría de Nietzsche de que el infierno son los demás.

La vida que uno planea y la que luego acontece son dos cosas distintas.

Todo el mundo cree haber nacido en la época equivocada.

Entonces me di cuenta de que no había tenido una vida, sino un plan de vida.

Ojalá nos atreviéramos a pronunciar la palabra correcta en lugar de optar deliberadamente por la equivocada.

Nos lamentamos por el futuro porque duele menos que reconocer que somos desgraciados en el presente.

Los muertos nunca escuchan lo que les queremos decir.

Ése es el problema de la muerte, o de las experiencias relacionadas con la muerte. Acontecen, pero nunca terminan.

La pena es rara. Yo siempre había pensado que lo peor de Latham era el dolor de la incertidumbre. Vivir o morir. Volver a casa o sucumbir. Pero eso no era el dolor en absoluto .era miedo.

Una relación no está rota hasta que alguien lo dice en voz alta.

Es muy raro perder algo que aún sigue ahí. Que algo pueda surgir de la nada para separarte de aquello que más quieres. Que las cosas que más duelen sean aquellas que tuviste un día.

Las cosas no son menos trascendentales por el hecho de ser temporales, y porque lo que importa no es su duración sino el que hayan existido.

Hay cosas que uno no debería escuchar desde detrás de una puerta, cosas que son demasiado horribles de asimilar mientras otras personas discuten acerca de ellas, aunque te estén pasando a ti.

Las células del organismo se reemplazan cada siete años, lo cual significa que algún día tendré un cuerpo formado íntegramente por células que nunca enfermaron. Pero también significa que las partes de mí que conocieron y amaron a Sadie desaparecerán. Recordaré haberla amado un día, pero ya no seré el Lane que se enamoró de ella. Y puede que, si conseguimos seguir adelante, sea gracias a eso. A que desarrollamos nuevas células para reemplazar a las que siguen llorando, hasta que el dolor se diluye y pierde fuerza. El porcentaje de piel en mi cuerpo que algún día rozó la suya se irá reduciendo hasta que, algún día, mis labios no serán los mismos que besaron a Sadie y solamente me quedarán recuerdos.

-¿Puedes puntuar el grado de dolor en una escala del uno al diez?
Pero no podía. Me parecía tan absurdo que las opciones se redujeran a diez, que se contemplaran únicamente diez tipos de dolor… Porque estoy seguro de que las formas de sufrimiento en este mundo se cuentan por cientos, por millares tal vez. Y ninguno de esos números pertenece a la misma escala. Todos te lastiman de manera distinta y no hay modo de cuantificarlos. Duelen demasiado y no lo bastante al mismo tiempo.

Echar de menos a alguien no es lo mismo que llorarlo. Y yo sabía que algún día dejaría de llorar a Sadie y me limitaría a recordarla, esbozaría una sonrisa triste, y luego seguiría mi camino. Porque en este mundo no se puede hacer otra cosa, por más que la corriente lo impida, por pesada que sea tu carga o trágica tu historia de amor. Sólo seguir adelante. Me había costado mucho darme cuenta de eso. Empezar a ver el camino y no el destino.

Rescatando al 9

Juan David Guirales Gutiérrez

Rescatando al 9

Rescatando al 9

Si algo es cierto es que en el mundo del fútbol escasean los goleadores. Y para ayudar a que esos goleadores se “hagan”, el autor propone una serie de ejercicios que convertirán, asegura, de un jugador común a un goleador implacable, junto con una pizca de autosuperación y pensamiento mental positivo. Redacción bastante pobre que incluye sendas faltas ortográficas. Así tampoco se construye un buen jugador, yo creo. Calificación de 6.

La diferencia entre un jugador bueno y un jugador malo es que el jugador malo hace lo fácil difícil y el jugador bueno lo difícil lo hace fácil.

Copiar no es malo, lo malo es copiar lo malo.

Un delantero no debe salir del área por más que no le llegue el balón, porque cuando le llegue que puede llegar al minuto 90, el balón que está esperando debe ser gol.

Una de las claves para enseñarle a tu hijo es tenerle una paciencia infinita para que el niño o joven no se tensione y sea más receptivo a la hora de aprender.

Así como se tiene un entrenador para arqueros para que eviten los goles de la misma manera se debe tener un entrenador para delanteros para que ellos los hagan.

Un alumno aprende según lo mucho que quiera el profesor. Emilio Duro.

Los grandes delanteros a menudo hacen pases a la red.

Darwin no mató a Dios

Antonio Cruz

Darwin no mató a Dios

Darwin no mató a Dios

La teoría de la evolución de la especies formulada por Darwin y bajo la cual se pone en duda la existencia del Dios creacionista, es puesta a prueba desde la perspectiva misma de la ciencia, ofreciendo evidencias de distintas disciplinas que concluyen que la teoría más probable para explicar la creación es la existencia de un diseñador inteligente. Así se comprueba quién está más vivo: Dios o Darwin. Calificación de 9.5

Invaginar:Doblar [los bordes de la boca de un tubo o de una vejiga], haciendo que se introduzcan en el interior del mismo.
Sotobosque: Vegetación formada por matas y arbustos que crece bajo los árboles de un bosque o monte.

La placenta es pues un órgano ventajoso para los animales que la poseen y sumamente interesante desde el punto de vista zoológico. Las funciones que realiza son variadas. Por una simple diferencia de presión, el embrión es capaz de absorber oxígeno y eliminar dióxido de carbono a través de ella. Los glúcidos la atraviesan sin obstáculo, mientras que las proteínas son seleccionadas meticulosamente. La placenta no es simplemente un filtro, sino un dispositivo capaz de seleccionar lo que conviene y lo que no. Puede expulsar los desechos del embrión y fabricar varios tipos de hormonas.

Los dipnoos son unos peces muy especiales. El hecho de poseer pulmones, además de las típicas branquias, constituye su característica fundamental. Por este detalle se les denomina también peces pulmonados. Los tres géneros que viven actualmente se localizan en los ríos y marismas de las regiones tropicales. Todos presentan un cuerpo alargado y, para respirar, utilizan bastante más los pulmones que las branquias. Viven en regiones en las que se da la alternancia de las estaciones. Durante la estación seca el nivel de las aguas suele descender hasta que aparece el lodo del fondo. Es entonces cuando estos animales se entierran en el barro húmedo formando una especie de saco vertical con la secreción de un mucus de su piel. El extremo superior de este saco se comunica por medio de un corto tubo con el exterior. De esta manera el pez puede vivir, gracias a la respiración pulmonar y sin tomar alimento, durante meses o incluso años. Son animales, pues, muy resistentes y capaces de subsistir utilizando sus materias de reserva. Cuando vuelve la estación húmeda y el agua inunda de nuevo los cauces fluviales, los dipnoos salen de sus sacos y regresan a la actividad.

El corazón de los cocodrilos está perfectamente diseñado para funcionar en su particular modo de vida semiacuática. Existe un orificio que une los dos arcos aórticos y durante el buceo la circulación cambia para favorecer la permanencia del animal bajo el agua. Las aves poseen un corazón que es proporcionalmente más grande que el de los mamíferos, con el fin de suministrar mayor volumen de oxígeno a unos músculos que se mueven muy rápidamente y requieren un suministro superior. Tanto las aves como los mamíferos tienen un corazón con dos aurículas separadas y dos ventrículos también separados entre sí. Por lo tanto las dos circulaciones, pulmonar y general, están completamente separadas. Estos dos circuitos suponen una notoria adecuación a la vida terrestre. La presión sanguínea es distinta en cada circuito. Mayor en los tejidos que en los pulmones. Esto supone para los mamíferos y aves una gran ventaja.

Los peces pueden tener corazones más simples y pequeños que los mamíferos porque sus tasas metabólicas son aproximadamente la décima parte de la de estos, no porque sean el primer eslabón evolutivo de los vertebrados. Menores necesidades biológicas requieren corazones más sencillos.

Estos gigantes del mar poseen, por ejemplo, el sentido magnético; pueden orientarse en la oscuridad del abismo oceánico siguiendo las líneas de fuerza del campo magnético terrestre. De este modo consiguen viajar desde el ecuador hasta los polos. Si alguna vez tal sentido les falla, por ciertas perturbaciones magnéticas provocadas por metales de rocas volcánicas existentes en el fondo del mar, esto hace que grupos enteros de dichos animales embarranquen en las playas.

Las focas, morsas y leones marinos; todos estos son mamíferos perfectamente adaptados al mar, y sin embargo, siguen teniendo el cuerpo cubierto de pelo, y desde luego no muestran evidencias de que este les estorbe o se halle en regresión. Todos estos animales están tan perfectamente adaptados al medio marino que la mayor parte de sus vidas las pasan en el agua, solo van a tierra durante los cortos periodos de la reproducción. Aunque el apareamiento tiene lugar en el agua, el parto y el amamantamiento de las crías se realiza en tierra firme. Son capaces de recorrer largas distancias en sus migraciones hacia los apartados lugares de cría. Durante sus inmersiones pueden descender a más de cien metros de profundidad y permanecer alrededor de media hora sin respirar. Para conseguir estas increíbles apneas, reducen el ritmo de su corazón, pasan de ciento veinte a tan solo cuatro latidos por minuto.

El estudio de los orígenes continúa siendo uno de los principales retos para la ciencia del tercer milenio. En lo más hondo del alma humana sigue latiendo el deseo de desentrañar los misterios que hay detrás de las leyes que rigen el universo y de los seres vivos que lo habitan. Es el eterno desafío de intentar comprender la mente del Creador. Pero conviene reconocer que hay cosas que la ciencia nunca podrá hacer, como revelar el carácter del supremo diseñador o su plan de salvación para la criatura humana. Esto es algo que pertenece a la teología.

La biología experimentó durante el pasado siglo XX tres grandes revoluciones. La primera fue la revolución darwiniana, que introdujo en la ciencia la creencia del origen único de todos los seres vivientes, incluido el propio hombre. Se empezó a aceptar que la complejidad y el aparente diseño de todo lo vivo se debía solo a las leyes de la evolución que actuaron al azar sobre la materia simple y desordenada. La segunda revolución vino provocada por el descubrimiento del ADN como molécula poseedora de la información genética de los organismos. Y la tercera, que en mi opinión se opone a la primera, es la revolución que supone el descubrimiento de la universalidad del diseño genético de los animales. Hoy se ha hecho evidente que todos los habitantes de este planeta presentan un plan original escrito en sus genes, minuciosamente concebido para que sean como son y puedan sobrevivir en el medio que lo hacen o adaptarse a otro, si es que las condiciones lo requieren.

William Paley (1743-1805), en su Teología natural. Supongamos que, al cruzar un brezal, mi pie tropezara con una piedra, y me preguntaran cómo llegó la piedra a estar allí; yo podría responder que, según mis conocimientos, la piedra pudo haber estado allí desde siempre; y quizá no fuera muy fácil demostrar lo absurdo de dicha respuesta. Pero supongamos que encontrara un reloj en el suelo, y me preguntaran cómo apareció el reloj en ese lugar; ni se me ocurriría la respuesta que había dado antes, y no diría que el reloj pudo haber estado ahí desde siempre. ¿Pero por qué esta respuesta no serviría para el reloj como para la piedra, por qué no es admisible en el segundo caso como en el primero? Pues por lo siguiente: cuando inspeccionamos el reloj, percibimos algo que no podemos descubrir en la piedra, que sus diversas partes están enmarcadas y unidas con un propósito, es decir, que fueron formadas y ajustadas para producir movimiento, y que ese movimiento se regula para indicar la hora del día; que si las diferentes partes hubieran tenido una forma diferente de la que tienen, o hubieran sido colocadas de otro modo o en otro orden, ningún movimiento se habría realizado en esa máquina, o ninguno que respondiera al uso que ahora tiene … Observando este mecanismo, se requiere un examen del instrumento, y quizás un conocimiento previo del tema, para percibirlo y entenderlo; pero una vez observado y comprendido, como decíamos, es inevitable la inferencia de que el reloj debe tener un creador, que tiene que haber existido, en algún momento y lugar, un artífice o artífices que lo formaron para el propósito que actualmente sirve, que comprendió su construcción y diseñó su uso».

Si algo no concuerda con la concepción humana de cómo deberían ser las cosas, entonces se concluye que no puede existir tal proyectista original.

La lista con más de doscientos órganos humanos considerados rudimentarios a principios del siglo XX se ha ido reduciendo hasta prácticamente desaparecer, ya que se ha descubierto que cada uno de ellos cumple con alguna función útil por reducida que sea.

Cada uno de nosotros se sabe, en lo más íntimo de su ser, distinto y muy diferente de Dios, así como del resto de la creación. Esta es inmanente, es decir, sujeta a la experiencia de nuestros sentidos materiales, pero el Creador es trascendente, ya que supera dicha experiencia. A Dios no se le puede ver con los ojos o con el telescopio, ni medir con el sistema métrico o investigar en el laboratorio, porque su esencia trasciende la realidad creada. Pues bien, esto nos lleva a creer que lo inmanente no puede ser causa de sí mismo, sino que requiere de la existencia previa de un ser trascendente que lo haya originado. Un Creador incausado que sea la causa primera de todo. Estamos convencidos de que este argumento es mucho más sólido que el de suponer que la naturaleza se haya hecho a sí misma a partir de la nada.

La idea de progreso está íntimamente ligada a la teoría de la evolución. Según esta, todos los seres vivos que hoy existen en el planeta serían los descendientes transformados de organismos anteriores mucho más simples que ellos. Empezando por el principio, se asume que las células microscópicas habrían dado lugar después de millones de años a pequeños animales marinos sin esqueleto interno, de estos surgirían los vertebrados más complejos y así sucesivamente todas las formas sofisticadas que viven en la actualidad. El cambio progresivo que se propone iría generalmente de lo simple a lo complejo pero casi nunca al revés, si se exceptúan algunos parásitos. No obstante, esta idea fundamental asumida durante tanto tiempo por el evolucionismo está siendo hoy muy criticada. La noción de progreso, por ejemplo, es incapaz de explicar la existencia de las minúsculas y ubicuas bacterias. ¿Por qué unos seres tan simples, si se comparan con el hombre, han sobrevivido tantos años sin apenas experimentar cambios importantes en su estructura y funcionamiento? Es obvio que su organización interna debe ser sumamente perfecta y eficiente, ya que llevan funcionando bien desde el principio de la vida. Aunque la mayoría resultan beneficiosas para los ecosistemas y el ser humano, como bien sabe la industria láctea, otras continúan matando personas con la misma nefasta eficacia que hace miles de años, a pesar de tantos antibióticos como se conocen. Pues bien, las bacterias no han progresado apenas; nacen, se nutren y reproducen como han hecho siempre, siguiendo las órdenes que les dicta su programa biológico interno. De manera que la idea del progreso de las especies se estrella contra estos microbios invisibles que son hoy tan complejos como lo fueron siempre.

Quizá muchos de los conflictos y problemas que padece hoy la humanidad se deban precisamente al desconocimiento de la esencia del hombre, así como al origen divino de todo lo material. El respeto a la humanidad y a la naturaleza pueden desvanecerse cuando se cree que solo somos el producto de una casualidad improbable. Pero si por el contrario, una inteligencia trascendente es la causa de todo lo que vemos, entonces debe ser también capaz de darse a conocer a sí misma, de manifestarse o revelarse al mayor intelecto conocido de la creación, el ser humano.

Si, por ejemplo, a la orilla de un río se descubren guijarros redondeados, resulta fácil deducir que son el producto de la erosión pluvial. Pero si entre ellos aparece un teléfono portátil, un celular, la única explicación razonable es que semejante artefacto debe ser el resultado de un designio ingenioso. Es imposible que se haya formado por casualidad o por medio de las leyes de la naturaleza. Esto es precisamente lo que sugiere el principio antrópico, que en el universo hay evidencia de diseño porque existen formas irregulares que no se pueden explicar mediante leyes naturales y que, al mismo tiempo, presentan una alta especificidad, una disposición misteriosamente compleja para permitir y sustentar la vida. Este principio apunta hacia la existencia de un Creador inteligente que diseñó el universo con un plan determinado.

“Se trata, en mi opinión [de los genes Hox], del conjunto de hechos más sorprendente y enigmático que la genética ha descubierto en toda su historia, porque revela que toda la deslumbrante diversidad animal de este planeta, desde los ácaros de la moqueta hasta los ministros de cultura pasando por los berberechos y los gusanos que les parasitan, no son más que ajustes menores de un meticuloso plan de diseño que la evolución inventó una sola vez, hace unos seiscientos millones de años. Y que, sin embargo, es tan eficaz y versátil que sirve para construir casi cualquier cosa que uno quiera imaginar, nade, corra, vuele o resuelva ecuaciones diferenciales. Nadie, absolutamente nadie, se hubiera imaginado una cosa semejante hace veinte años, no digamos ya en tiempos de Darwin” (Sampedro).

También hay fanatismo en el seno de la ciencia.

Quienes continúan defendiendo el evolucionismo prefieren seguir creyendo que todos los animales de Cámbrico descienden de una primitiva especie que debió aparecer mucho antes y que, desde luego, todavía no se ha encontrado. Este hipotético animal ancestral, aunque siga siendo un perfecto desconocido, tiene ya un nombre, Urbilateria. Se trata de la invención de un perfecto fantasma. Nunca se ha encontrado su fósil. No se sabe de dónde salió, qué forma tenía, si existió o no, pero se le ha puesto nombre porque la teoría de la evolución necesita de su existencia. Todo menos admitir que quizá lo que ocurrió fue una creación sobrenatural de todos los tipos básicos. Algo a lo que la ciencia ya no tendría acceso.

Como confiesa el físico agnóstico Paul Davies: «El Big Bang es el lugar en el universo donde hay espacio para que aún el materialista más tenaz, admita a Dios». Pero no solo se cree que hubo un gran comienzo, sino que además la ciencia está reconociendo últimamente que la estructura física del universo ofrece asombrosa evidencia de propósito y designio. Se ha propuesto el llamado principio antrópico, que afirma que la estructura del cosmos es exactamente la que debe ser para que haya vida y vida inteligente. La asombrosa cantidad de coincidencias cósmicas que hacen posible la vida en la Tierra (como su órbita precisa, la temperatura adecuada, su distancia del sol, la estructura del átomo de hidrógeno, la forma molecular del agua, etc.), ¿se deben al azar o a un designio inteligente? Esto preocupa hoy a físicos y astrónomos porque comienza a parecer que las leyes de la física fueron calibradas exquisitamente desde el comienzo para la creación de la vida humana. La ciencia abre hoy la puerta a la fe en el Dios Creador.

Si Dios es sabio, bueno y todopoderoso, ¿por qué permite el mal, el sufrimiento y la injusticia? ¿Por qué a la gente buena le pasan cosas malas? La Biblia dice que Dios nos amó tanto que nos otorgó la dignidad singular de ser agentes morales libres, criaturas con capacidad de tomar decisiones, de elegir entre lo bueno y lo malo. Sin embargo, el ser humano eligió mal, prefirió su autonomía moral antes que su dependencia de Dios. Y mediante tal elección, mediante tal rechazo del camino divino, el mundo quedó abierto a la muerte y a la maldad. Esta catástrofe moral es lo que la Biblia llama la caída. Es decir, que parte de la responsabilidad del mal recae directamente sobre la raza humana. No todo el mal es culpa del hombre. Antes de él ya existía un mal que el Génesis simboliza en la serpiente. Pero, desde luego, el ser humano es responsable desde el instante en que le da la espalda a Dios y pretende ser autosuficiente. El problema de esta explicación no es que sea difícil de entender, sino que a la gente no le gusta. Porque implica a cada ser humano. La idea de pecado parece dura y hasta degradante para la dignidad humana. Por eso muchos pensadores, a lo largo de la historia, la han desechado.

El apóstol Pablo escribió: «La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios» (Romanos 8:19). Los cristianos hemos sido salvados del pecado para hacer que el señorío de Cristo reine sobre todas las cosas. Restaurar la creación de Dios significa influir con el evangelio en la moralidad privada y en la pública, en la vida individual y en la vida familiar, en la educación y en la comunidad, en el mundo laboral, en la política y en las leyes, en la ciencia y en la medicina, en la literatura, el arte y la música. El objetivo redentor debe impregnar todo lo que hacemos, ya que no hay una línea divisoria entre lo sagrado y lo secular. Debemos hacer que «todas las cosas estén bajo el señorío de Cristo».

Los cristianos estamos llamados a ser diferentes porque fuimos transformados por Cristo. El discípulo de Jesús debe experimentar los frutos del Espíritu que le lleven a amar a sus enemigos, ser humilde, actuar con justicia, decir siempre la verdad, ser misericordioso y pacificador, saber poner la otra mejilla, no recrearse en la lujuria, no buscar los primeros puestos, practicar la generosidad, etc., etc. Es decir, debe estar loco, pues todo esto es locura a los ojos de la sociedad.

Los amos del fútbol

Montserrat Gutiérrez

Los amos del fútbol

Los amos del fútbol

Cuando me encontré con el titulo de este libro, pensé que se trataba de un análisis de los mejores jugadores del momento. Pero cuando empecé a leerlo, me di cuenta de lo errado que estaba. Se trata de los verdaderos dueños del fútbol: los dueños de dinero. Conceptos como fondos de inversión, derechos económicos y deportivos de los jugadores, promotores y clubes, son analizados y se muestra el papel que juegan en el futbol moderno, haciendo un señalamiento especial a la dudosa relación promotor-entrenador ejemplificada con los portugueses Jose Mourinho y Jorge Mendes que han hecho de las suyas en el Chelsea, Milán y Real Madrid. En fin, con dinero baila el perro. Calificación de 9.

Liza: disputa o controversia.

El fútbol es un sector más de la actividad económica de un país, sobre todo en los de las grandes ligas, que con la crisis se ha visto forzado a buscar nuevas vías de financiación para seguir manteniendo su estatus. De esa necesidad, han surgido instrumentos financieros novedosos, como los fondos especializados, consistentes en reunir a un grupo de inversores para sacar partido a los traspasos de los jugadores.

El inversor o inversores privados, aportan dinero para lograr los “derechos económicos” de los jugadores con el objetivo de obtener beneficios con los futuros traspasos de uno o varios jugadores.

Otro eslabón […] son los clubes ‘puente’, utilizados por los inversores para generar un contrato laboral previo del jugador que permita justificar el importe de un traspaso, evitando así que el jugador pueda quedar libre .a veces son propiedad de los mismos inversores. Obtienen una contraprestación económica y también un pequeño porcentaje del beneficio del primer traspaso, aunque no siempre están presentes en este tipo de operaciones.

Con respecto a la representación de las jóvenes promesas hay bastante unanimidad entre los agentes. La mayoría de estos cree que la representación de futbolistas es útil cuando el jugador está en un club profesional, pero que hacerlo en equipos humildes es una pérdida de tiempo y sólo sirve para marear a chicos que se están formando. Y no sólo eso, aseguran que cuando un padre se obsesiona porque su hijo brille resulta negativo para el jugador y suele acabar mal.

Portugal se ha convertido en un importante canal entre los mercados, gracias a los dirigentes y técnicos de clubes que identifican a talentos donde se consagran y luego se venden a los equipos de las grandes ligas europeas. Y ahí está el gran negocio.

Los clubes, a pesar de sus protestas, dependen de los agentes para conseguir a los jugadores que necesitan y también para ubicar a los que ya no quieren, y los jugadores estarían desamparados sin sus agentes. Existe pues una total dependencia de ellos.

Los famosos fondos de inversión, en virtud de los cuales se transfiere a un jugador de un club a otro y por el que pagan cantidades millonarias. En contraprestación, dichos inversores obtienen un porcentaje de los derechos económicos del jugador que luego podrán poner en valor en futuros traspasos, dado que, obviamente, estos inversores lo que persiguen es obtener una rentabilidad sobre el capital invertido.

El fundamento principal de los F.I. [Fondos de Inversión] es el de “apostar” por un activo (que no es otro que el valor económico de los “derechos federativos” de un jugador), con la intención de que se revalorice y repercuta en beneficios para el fondo.

Para que puedan generarse beneficios con los “derechos económicos” es imprescindible que el jugador tenga contrato en vigor con un club. Si el jugador está libre o en el último año de su contrato, sus derechos económicos no tendrán ningún valor, al desaparecer la necesidad de que un club pague un traspaso. Surge aquí una de las claves de la gestión de “derechos económicos”: la imperiosa necesidad de los inversores de que el jugador tenga siempre un contrato laboral firmado con tiempo por delante y de que no quede libre en ningún momento. De hecho, estos jugadores suelen firmar contratos largos para que haya más margen de maniobra y más periodo de revalorización que garantice ganancias económicas.

Ellos [UEFA] entienden que estos fondos no son éticos porque deciden sobre el futuro del futbolista. Además, para el organismo europeo, solo buscan que el profesional sea traspasado varias veces, para ganar más dinero en las operaciones, generando un beneficio que se sale del ámbito el deporte. Es más, llega hasta el extremo de considerar que se puede adulterar campeonatos porque si un mismo fondo tiene los derechos de jugadores de varios equipos puede crear conflicto de intereses. Por todo ello, quiere solicitar a la FIFA la prohibición de estos fondos.

LA UEFA lo tiene claro, según varios estudios realizados por expertos, con los fondos de inversión de por medio hay un problema de integridad que se deriva de una falta de transparencia entre los que invierten en los fondos y la posibilidad de presionar sobre los jugadores, los entrenadores y los propietarios de los clubes. Más grave aun, la práctica se ha relacionado incluso con el amaño de partidos.

Entre los aficionados los fondos tampoco gustan y generan desconfianza, ven en ellos sólo a unos especuladores que venderán a los mejores jugadores buscando el máximo beneficio en contra de las necesidades del propio club, socavando el vínculo de lealtad entre el club y el jugador.

En cualquier caso, y pese a toda la problemática que estos fondos de inversión han suscitado y el debate internacional consiguiente, no es menos cierto que en el marco de la crisis financiera y económica en la que la mayor parte de los clubes se hallan inmersos, la financiación facilitada por Fondos de Inversión para la realización de fichajes de jugadores, a cambio de una participación futura en los derechos económicos derivados de su posterior salida del club, ha sido en los últimos años una muy importante fuente de financiación para los clubes. Por tanto, el veto a los fondos podría suponer el estrangulamiento de las depauperadas cuentas de muchos clubes.

One hit wonder

Joselo Rangel

One hit wonder

One hit wonder

Primero, la sorpresa de saber que el bajista de Café Tacuva era escritor y luego la sorpresa mayor de encontrarme su última publicación: una colección de cuentos, la mayoría de ellos girando en torno a la música, el amor y las relaciones. Un poco (o un bastante) simples, aunque destacan: En sueños, Truco y Piñata. Calificación de 7.

Gubias: Herramienta para labrar la madera y otros materiales, parecida al formón y al escoplo, pero de menor tamaño y de hoja curva.

La banda está lista: Fracasar esperando el momento adecuado. (Una banda de rock ve pasar el tiempo esperando el éxito, pues nunca parece estar lista)
Trenes: Nunca conocemos a las personas. (Una faceta desconocido del marido recién casado, será la causa de la separación).
El futuro: No cambio presente por futuro. (El futuro de todos es pronosticado en una boda).
El primer hombre: Tapándole el ojo al macho. (El génesis si Adán no hubiera sido heterosexual).
Indie: Lo importante es el éxito. (El génesis continúa ahora desde el punto de vista del show business).
Rockstar: Si eres feo serás rockstar. (La odisea de un grupo de amigos sirve para darse cuenta de lo que se necesita para ser una estrella de rock).
En sueños: Que la vida sueños son. (Historia de sueños que parecen complicarlo todo en la vida real).
Enorme: El cazador resultará bastante cazado. (Un joven asiste a una entrevista con una estrella porno, sin saber que le espera una sorpresa).
Escuela del rock: Rockeando hasta en la escuela. (Las personalidades de algunos rockeros, afloran en un salón de clases).
Huevos: Protegiendo a la madre naturaleza. (Un par de niñas que cuidan huevos de tortuga de manera sui generis).
Puesta del sol: Atardecer, marihuana, confesiones, mala combinación. (En una puesta de sol, una pareja decide contar cada uno sus secretos íntimos).
One hit wonder: La fama efimera no vale. (Una banda que quiere alcanzar la fama plena).
Truco: Nada por aqui, ni acá. (Un truco de magia hace que una pareja se vea como es, con resultados inesperados.).
Asco infinito: La verdad, guacala que rico. (Una bella mujer que no soporta los humores del cuerpo humano, aprenderá a darle su verdadero valor).
Piñata: Y tu tiempo se acabó. (Una mamá desahoga su ira contenida, en la fiesta de su hija).
Zorra: Aprovecha el talento que tienes. (Una mujer aprovecha su talento para formar una banda de rock).
La sonrisa: Donde hubo fuego cenizas quedan. (La presentación del hijo es la oportunidad para limar asperezas)
Béisbol: El que a batazo mata. (Los usos de un mini bat que se anda cargando en el auto)
Anuncio: Cuando los ex se encuentran (Lo que sucede cuando en las bocinas del aeropuerto se escuchan dos nombres conocidos. Muy conocidos)
¡Y.A!: Un día a la vez. (Un club de novias/esposas de integrantes de grupos de rock que pueden poner en duda la continuidad de la banda).

Era de esas bellezas “de salón de clases”. Al principio del curso te llama la atención pero no mucho, y conforme pasan los días, las semanas, los meses, te va gustando más y más y, al final, en el último día, cuando sabes que ya no la volverás a ver jamás, eres capaz de hincarte y declararle tu amor, pues te fuiste enganchando sin notarlo.

-¿Crees que debamos salir? Al menos vernos más seguido.
-No, no. Yo tengo novio. Y lo quiero mucho. No podría. No quiero nada contigo, al menos no despierta.
-¿No despierta?
-Si, por eso te lo cuento. ¿Está bien para ti que nos veamos así? ¿En sueños?

La mayoría de los amantes que tuvo pensaban que Perla sería recatada sólo al principio. Todos esperaban que, pasadas unas semanas, unos meses, después de varias sesiones de sexo, las cosas irían cambiando. Es lo normal. Ninguna mujer quiere que piensen que es una puta por hacer cosas demasiado aventuradas la primera vez que se acuesta con alguien. Pero, con Perla, ese no era el caso.

Yenia sabía que los bajistas en el mundo del rock son los menospreciados. Pocas veces se les ha dado el lugar que merecen, aunque su papel en una banda es fundamental. Hay gente que nunca en su vida ha logrado escuchar lo que hace el bajista. No oyen la línea melódica o el golpe repetitivo que lleva la canción hacia adelante.

Los papás suelen ser los último en advertir el verdadero talento de sus retoños, y más cuando esperan que se dediquen a otra cosa.

El gato que venía del cielo

Takeshi Hiraide

El gato que venía del cielo

El gato que venía del cielo

Ahora sí que como caído del cielo, el gato de los vecinos llega a una casa donde vive un matrimonio sin hijos, situación que aprovechan para poder adoptarlo como mascota. Y a la vez que se nos cuenta las andanzas del gato, conocemos los caracteres del matrimonio, de sus vecinos y de sus amigos. Un tiempo para reflexionar sobre circunstancias comunes a las que pocas veces les dedicamos tiempo para pensar. Calificación de 7.

Enfoscar: Recubrir un muro con argamasa o cemento.
Somero: Que está elaborado superficialmente, sin tener en cuenta detalles.
Linde: Línea real o imaginaria que marca los límites de un terreno, una finca, una región, etc., y lo separa de otros.
Parterre: Parte de un jardín con plantas o flores, que constituye una unidad separada del resto.
Lasitud: Estado de desfallecimiento o falta de fuerzas.
Damero: Tablero del juego de las damas.
Colza: Planta forrajera, variedad del nabo, de tallo ramificado, hojas enteras y flores de color amarillo, agrupadas en racimo; de la semilla se extrae aceite.
Futón: Colchón de algodón, según técnica tradicional japonesa, que se tiende directamente sobre el suelo o sobre una superficie dura.
Veranda: Galería o balcón cubierto y cerrado, generalmente con cristales.
Bricolaje: Trabajo manual de carpintería, electricidad, etc., no profesional, que hace una persona, por afición, para arreglar, amueblar o decorar su casa.
Zorzal: Pájaro cantor de unos 18 a 26 cm de largo, pico fino, alas largas y cuerpo esbelto; anida en las copas de los árboles o en matorrales y forma bandadas para migrar; hay muchas especies, que difieren en tamaño, coloración y costumbres.
Chamarilero: Persona que tiene por oficio comerciar con objetos viejos o usados.
Ánade: Ave palmípeda de plumaje denso, patas cortas y pico más ancho en la punta que en la base, que vive en estado salvaje o domesticada; nada y bucea muy bien pero camina con torpeza; hay muchas especies, que varían en tamaño y color.
Morrongo: Gato.
Exultante: Que exulta o muestra alegría u otro sentimiento con gran excitación.

Los enamorados de los gatos consideran que el suyo es la maravilla entre las maravillas, como si estuvieran ciegos ante todos los demás.

Maquiavelo, según dicen, tenía la siguiente idea del destino: la Fortuna dominaba más de la mitad de la vida humana, y la otra mitad, o más bien lo que quedaba de ella, trataba de hacerle frente con lo que él denominaba virtú.

Todos los animales, los gatos sin ir más lejos, tienen su propio carácter, lo cual les confiere un interés particular, mucho más que si los metemos a todos en el saco de una misma especie –dijo mi mujer en una ocasión-. Para mi Chibi es un amigo que me comprende, un amigo con apariencia de gato.

«¡Es nuestro gato!», decía mi mujer a pesar de ser perfectamente consciente de que no era cierto. Se lo comía con los ojos. Estaba convencida de que era un regalo del cielo.

Chibi y fanguito mantuvieron un día una conversación íntima a la que mi mujer tuvo oportunidad de asistir. «Ha sido una charla de lo más íntima –me explicó-. No parecían maullar cada uno por su cuenta. Creo que hablaban del futuro…».

Sabía que los gatos únicamente abren su corazón a sus dueños, solo a ellos les muestran su verdadero esplendor. Como matrimonio no habíamos llegado realmente a comprender lo que significaba tener un gato, pero al menos disfrutábamos de la ambigüedad de la situación, por mucho que no pudiéramos reclamar el derecho a los mimos de Chibi.

Atrapar cualquier cosa que se produce espontáneamente, como un destello, es inazumadori. Atrapar los colores que se presentan a la velocidad de un destello es inazumatori.

Los gatos que salen de las casas no dudan un instante en cruzar fronteras que solo existen para los humanos.

La mirada es capaz de engalanar con colores un lugar o, or el contrario, despojarlo de ellos.

A menud hablamos de tristeza violenta. ¿No será que al mezclarlos confundimos dos sentimientos distintos, tristeza e indignación? Alrededor de la muerte de una persona siempre reina la confusión. Se reúne gente abatida que llega de todas partes. Es un tiempo convulso, aunque limitado, en el que se tienen que decidir sobre la marcha muchos detalles imprevistos.

No me gustan las despedidas cuando soy yo la que tiene que irse.

Conmovido por la crueldad de la desaparición y lo ilusorio de un nuevo renacimiento, recordé a los que ya no estaban, a los que nunca volvería a encontrar.

Las aversiones son algo extraño. Nos obligan a reflexionar sobre vínculos especialmente fuertes que conservamos de una vida anterior, pero como la sola idea de mantener ese vinculo nos repugna, tendemos a alejarlo de nosotros como si fuera una amenaza.

En aquella pequeña y olvidada zona residencial, las casas antiguas, llamadas a ser divididas o destruidas, se erguían como testigos de otra época que imprimían un aire melancólico al paisaje.

Mis recuerdos sobre lo ocurrido, sometidos a pesar de toda precaución al inevitable desorden de los innumerables elementos de la realidad, están confusos.

Yo soy un cortador

Lynda L. Irons

Yo soy un cortador

Yo soy un cortador

Las autolesiones en niños-adolescentes o cortadores, como se les conoce comúnmente, han aumentado de manera considerable en una sociedad que no ha sabido (o no ha podido) prestar la atención y el auxilio necesarios. Es por eso que surgen libros con estos temas. Aunque en este caso la traducción es verdaderamente lamentable (hay algunos párrafos que literalmente tuve que acomodar para poder entenderlos), esfuerzos como este son de gran valor. La autora nos dice que existe un círculo vicioso en el que el cortador vive. Pero de igual manera, hay formas en que se puede ayudar a través de un ciclo: confesión, aceptación, perdón, y renuncia. Al final, la autora sugiere algunos tipos de oración con los que se puede ayudar al cortador. Calificación de 8

Los cortadores están frustrados, temerosos, y heridos. En lugar de expresar una de esas emociones primarias, muestran enojo. Su ira está velada. El verdadero objetivo de su ira puede no estar disponible o demasiado intimidante para acercarse. Como no cortan a su enemigo real o imaginario, laceran sus propios cuerpos, almas y espíritus en su lugar.

No han aprendido habilidades de afrontamiento más positivas que les permitan expresar su ira de manera apropiada. Es la forma en que han aprendido a expresar emociones intensas.

El corte es un grito de ayudo. Al igual que en el ejemplo anterior, el cortador quiere ayuda, busca ayuda y pide ayuda. Sin embargo, hay renuencia a ser transparente por toda una vida de traiciones grandes y pequeñas, reales e imaginadas.

El corte se vuelve adictivo. La tensión y la anticipación al corte, estimula las glándulas suprarrenales que producen hormonas que preparan el cuerpo para el estrés.

Al ver la sangre me hizo sentir como si estuviera purgando todo lo malo de mí.

La capacidad de prever las consecuencias a corto y largo plazo se desarrolla a medida que el cerebro madura. Debido a que los cortadores tienden a comenzar como adolescentes o más jóvenes, hay que reconocer que no van a entender todas las consecuencias de sus cortes.

La tricotilomanía es un impulso para tirar de los cabellos del cuero cabelludo, las cejas, los párpados u otra área del cuerpo.

El corte es adictivo. Su moto es la hormona epinefrina o adrenalina potente que es secretada por las glándulas suprarrenales cuando el miedo o la ira se hacen presentes. […] Es una respuesta corporal involuntaria dada por Dios a situaciones en la que existe el peligro o la injusticia. Se permite al cuerpo prepararse para el peor de los casos. La oleada de adrenalina puede ser la respuesta al miedo o la ira. El miedo puede ser en previsión del acto de corte, sin saber si esto va ser una herida mortal. La ira puede ser la respuesta a una injusticia o a una queja actual.

El cerebro funciona por asociación. Vincula una cosa con otra similar, sin evaluar la conexión. Un recuerdo, época del año, un lugar, ver al abusador o a alguien que le recuerda al abusador, el aniversario, color, olor, temperatura, o cualquier cosa que funciona como un componente de un evento traumático puede ser un desencadenante.

Parte del atractivo del corte es la preocupación por el dolor, el sangrado, la gestión de la costra y disimular la cicatriz. Esta es una distracción de los verdaderos problemas originales que nunca se tratarán y actuarán como un vendaje temporal que cubre la herida histórica.

A medida que la adrenalina disminuye, la tensión en el cuerpo se calma. Las emociones se gastan y parece que el corte ayudó a traer esta paz temporal. Este bajón físico y emocional es la base de la falsa creencia de que “me hace sentir mejor”.

El corte es el síntoma, no la enfermedad, el fruto, no la raíz.

Arrepentíos – esta palabra en el griego es metanoia. Esto significa un cambio de mente. Nos arrepentimos para cambiar nuestra opinión acerca de algo. Yo pensaba que estaba bien ser cortador, y ahora creo que no lo es.

Un padre que le dice a un niño que no vale nada y nunca llegará a nada, ha maldecido al niño. Si el niño lo acepta como verdad, va a cumplir esa maldición.

Pelota de Papel

Pelota de papel

Pelota de papel

Colección de cuentos relacionados al fútbol, esta vez hechos por futbolistas en activo (incluyendo una mujer), ex futbolistas y entrenadores. Cada uno de ellos consta de tres tiempos: la presentación que funciona como un prólogo, el cuento en sí y una alusiva ilustración. Los tres que más me han gustado: El coleccionista, Atajada al cielo y Barrio de fútbol. Calificación de 9.5

El juego: Mientras hay vida hay esperanza. (Un futbolista a punto de dejar el juego por ser siempre banca.)
El Maracaná de la calle España: Golazo en el fútbol llanero. (La crónica de un gol de rabona.)
De barrio: Un viejo con buen ojo. (Un viejo entrenador pronostica la suerte de un gran futbolista.)
Un mundo sin fútbol: Un crack mató el fútbol. (Debido a cracks-robots construídos, en el futuro el futbol desaparece.)
Sueño de debut: La amistad más que el futbol. (Aunque el sueño de un futbolista es debutar en primera, es más grande la convivencia con los amigos.)
El coleccionista: El portero un gran espectador. (Un portero gusta de ver el mejor futbol y de coleccionar jugadas que terminan en golazos… aunque caigan en su portería.)
Botines rotos: Los tacos no juegan futbol. (De cuando no importa los tacos que usas, sino el entusiasmo que se le pone al jugar.)
El mozo y el sabio: Los sueños no conocen oficio. (Un mesero busca su última oportunidad para probarse en un equipo y para ello cuenta con un as bajo la manga: la estrategia del equipo rival en turno.)
Bicampeón: Los sueños se hacen realidad. (Un jugador sueña con ganar el campeonato local.)
Creo, vieja, que tu hijo la cagó: Nunca te confíes de ti. (En el partido decisivo el más confiable falla.)
Opyo: El amor en el futbol. (Crónica de un jugador que se enamora y cómo es que ello le afecta a él, a la novia, y a la hinchada.)
El loco del pueblo: La pobreza devora los sueños. (Un hombre pierde la cordura cuando debido a su condición social no puede hacer realidad su sueño de ser jugador de futbol.)
Ángel para un final: El mejor amigo del hombre. (Un ex jugador salva la vida gracias al fútbol y a un can.)
Hola y adiós: Casi debuto, pero mejor no. (Un jugador que está a punto de alcanzar el estrellato, sufre del “síndrome del Jamaicón”.)
Al maestro con cariño: Mejor enseñar con el ejemplo. (Un entrenador marca la vida de un jugador.)
El portón de Lelio: La práctica hace al maestro. (Cómo es que un gran ejecutor de tiros libres se hizo experto.)
La pregunta no respondida: Del doping en el futbol. (Las consecuencias de tomar sustancias para mejorar el rendimiento, no para jugar mejor.)
¿Ese es el “Terror” Gutiérrez?: Basta con que me reconozcan. (La vida difícil de un ex jugador.)
Técnico con árbol: Un Zaqueo en la cancha. (A falta de tribunas, un entrenador busca su lugar para seguir viendo el juego de su equipo.)
Tragarse la llave: Los hombres no deben llorar. (A través de la tragedia un jugador de 7 años debe madurar.)
Atajada al cielo: El sueño de un arquero. (Un portero que lo único que busca es volver a ver a su padre.)
El gol de todas: El futbol también es mujer. (El futbol visto desde el punto de vista de la mujer jugadora.)
Barrio de fútbol: En el futbol hay igualdad. (Un partido de futbol entre los pequeños contra los galanes del barrio, sirve para poner a los rivales en igualdad de circunstancias.)
Eterno: Más que un director técnico. (Testimonio personal ante la noticia, enfermedad y muerte de Tito Vilanova.)

Bajo su égida: defendido por determinada persona.
Gurises: Niño, adolescente.
Habitué: Persona que frecuenta un lugar.
Ñata: Nariz de una persona.
Fulero: Que es muy feo o desagradable
Grogui: Que está aturdido o ha perdido el conocimiento a causa de los golpes.

Sin duda lo mejor que podés dar cuando querés ayudar no es el dinero. Es tu tiempo y trabajo. Y ese es el desafío.

Una costumbre tan humana como lamentable es naturalizar lo maravilloso. Vemos algo asombroso por primera vez y nos asombra. Lo vemos por segunda vez y nos deleita. Lo vemos por tercera vez y nos parece normal. La cuarta apenas nos despierta un interés escaso, cuando no un liso y llano escepticismo. Recién cuando una situación maravillosa deja de ocurrir para siempre, algunos de nosotros, los más sensibles, los más nostálgicos, los más memoriosos, advertimos nuestro error y nos lamentamos. Aquello era realmente maravilloso y digno de asombro. No solo una vez. No solo la primera vez. Sino todas las veces. Siempre.

El buen jugador siempre es un poeta. Todo poema, todo pase entre líneas, es una conexión de conceptos y simetrías, pero también un juicio acerca de la condición humana.

Si se mantienen así las cosas, el técnico debería hacer cambios. Recapituló. Y recapituló bien porque quedaba claro lo que no pronunció, pero sí pensó: “En el banco hay dos defensores y yo. El único delantero, el “Negro” Ruiz, no vino. Me tendrá que meter”. Un sobresalto, un detalle que no constituía un detalle, una contradicción, un problema moral: no le gustó su cálculo. Lo sorprendió, por primera vez el lado áspero del fútbol. Qué cosa: la competencia, especular a su favor. La verdad: se sintió miserable por eso.

Estar en el arco le daba la posibilidad de contemplar con claridad y con lujo de detalles esas bellezas que en ocasiones nos regala el fútbol. Además, muchas veces podía elegir. Porque no siempre la pelota entraba en el ángulo, pero, si la jugada había tenido más de veinticinco o treinta toques, el “Loco” automáticamente empezaba a aplaudir, como si estuviera en el teatro, emocionado, casi hipnotizado por la propia jugada. Y si para él valía la pena, hacía todo lo posible para poder sumar una reliquia más a su colección.

Le alcanzaba con un par de gestos para darse cuenta de que su marido transitaba el preámbulo de un problema.

“Hagan un gol”, tela blanca, letras negras, fue colocada detrás de la cabecera local en soledad y en uno de los gestos sin necesidad de canciones agresivas para con los futbolistas profesionales que durante esa derrota contra Huracán no habían podido sacar la vista de ese mensaje cada vez que tenían un córner a favor.

La esperanza es el sueño de los despiertos.

– ¿Cómo te va, embrague?
– ¿Por qué embrague? –preguntó el entrenador con poca prudencia.
– Porque primero metés la pata y después hacés los cambios.

Fútbol y literatura se mezclan. De qué otra manera se puede definir el segundo gol de Diego Maradona a los ingleses. Dura once segundos. Es un poema. El mínimo común denominador de la belleza. Lo saben los sensibles. Lo intuyen lo amantes del juego más injusto y maravilloso del mundo. Lo entienden todos aquellos que, a pesar de los tramposos y los mercaderes, viven en estado de pasión por los colores que marcan desde la infancia. Y esa lealtad, que no conoce de agachadas, tiene relación directa con el toque de imprevisibilidad que todavía tiene el fútbol. En un campo de juego, once contra once, todavía el más débil tiene alguna chance de vencer al poderoso. Y aunque la necesidad solo apueste a los buenos resultados, es la habilidad la que nos regala los momentos más hermosos.

¿De qué hablamos cuando hablamos de fútbol? Es cierto que las historias de amor son la sal del hombre. ¿Es cierto que las historias de amor son la sal de hombre? De todas maneras esta no es una historia de amor, es una historia de fútbol. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de fútbol? ¿Y de amor? El casamiento resulta ser una barbarie. O sea, el protocolo nupcial al que se somete el ser humano es en general una barbarie, un desperdicio de dinero o un dinero malgastado. Un juego de caprichos y rituales religiosos, ceremoniales, de ancestros.

Pasearon en el Batimóvil hasta una canchita donde los amigos de ella peloteaban. El partido se frenó sin más, se olvidaron de los descuentos, de que el que metía el gol ganaba, y se abalanzaron los pebetes sobre el crack con el amor de un hincha que es un amor verdadero. Ella no salía del asombro. Era la única de todo el enjambre enérgico a la que aquel pibe no le generaba más rumor inminente al que sus mejillas estaban dispuestas porque el cuerpo reclama. El miedo a lo desconocido del cuerpo del otro puede paralizar, hacer temblar, divagarse por un rato en una conversa nerviosa que no va en los hechos a ningún lado, pero que viaja por el abanico de chanches de la fantasía, ese invento creativo que está desde el huevo o la gallina, que a veces nos enferma, pero que es también el motor del alma.

Como gambeteando en un rincón del Nuevo Gasómetro, él le roba un beso con osadía que afloja las barreras mentales, destraba los barrotes del cuerpo, abre las celdas de las comisuras. La lengua recorre la lengua del otro con timidez. El habla con distinto canto calla. Ese ruido de anchuras frescas invade la nave hasta que uno de los dos sube el volumen de la radio. Son minutos donde las bocas hablan sin palabras, tan cerca, tan adentro del decir del otro, divulgando entre alientos intensos lo que canta el cuerpo. Ella se estremecerá cuando las manos de él asalten su blusa. Él la tranquilizará con carpeta. Ella se dejará ir con la humedad y sostendrá la escultura de sus piernas deportivas, luego su entrepierna creciente. Él la desnudará a medias, el aire acondicionado hará el resto. Ella envolverá aquel miembro lampiño con sus dedos, sacudirá las vergüenzas llegando a la cima. Se trepará atrevida al asiento reclinable del Batimóvil. Él será un súperhéroe con cierta inseguridad. Cuando la penetre no podrá evitar el canto de la tribuna en su mente. Los cuatro ojos penderán del techo del auto, y serán un ratito nomás, con la intensidad necesaria para no verse nunca más. Ambos mentirán en los cuentos de vestuario y camarín.

Espero que te guste el presente y mucho más el futuro que tengo para darte.

La capacidad de soñar. La fuerza del sueño como fecunda medida de integración entre dos mundos: el que se abre paso entre las brumas del pasado y el que pulsa en la certeza del presente. El Hombre es el único animal que suela despierto y cada hombre es la medida de sus sueños, sea en la alfombra mágica de un deseo escrito en el horizonte, sea en el tamizado eco de un tiempo que fue hermoso.

Lo mejor de la vida es soñar y, a pesar de que los años se van, los sueños nos acercan en tiempo y distancia.

Escribo estas líneas durante una práctica de treinta chicos sobreinformados de fútbol global hasta el detalle de soñar –una vez los escuché hablar del asunto- casarse con una modelo rusa con la que ir a recibir el Balón de Oro. Uno de los temas más transitados de las narraciones futboleras es que las metas de ahora no tienen el romanticismo de los sueños de entonces, cuando el futuro crack de Estudiantes, Racing, Chacarita y Newell’s reventaba a pelotazos el portón del vecino. Pero aquello que sutilmente evoca el cuento sigue estando aquí mismo, donde desde hace horas unos pibitos no pueden resistir la tentación de pegarle a una botellita de plástico, tratando de embocarla no sé dónde. No lo sé porque mientras esquivo botellazos y les grito –como el vecino del “Mago”- que vayan a patear a otro lado, estoy tratando de concentrarme en lo mío. En descubrir la jugada oculta de Capria. El ángulo al que va a patearle con esta historia, que no es sobre el pasado, ni la nostalgia, ni el paraíso perdido. Al contrario. Este cuento es sobre la fuerza irresistible del desafío, sobre el deseo que nos impulsa al futuro.

Ahí está la clave del asunto. Porque acaso alguien, inclusive alguien con buena intención, interprete que molestábamos por molestar, o que, de verdad, deberíamos haber ido a patear a otra parte y dejar de joderle el portón y la calma a Lelio. ¿Pero cómo hacerlo? ¿Cómo evitarlo? Lo comprenderá cualquiera, chico o grande, que alguna vez haya tenido adelante ese paisaje y haya aprendido que no hay un paisaje mejor en el planeta: una paleta, un ángulo, un desafío, una fiesta posible. Realmente, si el fútbol durante un ratito no es eso, si la vida durante un ratito no es eso, ¿qué son, al cabo, el fútbol y la vida? Por eso, va de nuevo: la nuestra era una tentación irresistible.

Amalia, la esposa de Lelio, que nos decía con la calidez de una abuela que no hiciéramos tanto ruido. No reclamaba que dejáramos de jugar, tal vez porque los abuelos, se sabe, vuelven a sentirse jóvenes cuando ven a un niño jugar apasionadamente y disfrutar de ese juego.

Porque muchas veces eso también es el fútbol. Un buen partido que termina en derrota. Un buen desempeño que no se refleja en el tanteador. Una carrera pareja sostenida en años y años de trayectoria, que sin embargo no termina pagando las cuentas cuando uno se acerca a los cuarenta.

Ya sabemos que el que sale a empatar termina perdiendo.

Piensa en lo cansado que está de los discursos magistrales, de las recetas para ser feliz. Como si en el desierto alcanzara la palabra agua para saciar la sed.

El fútbol, sabemos, usa el usted para demostrar cariño y el vos para el maltrato.

Mi padre siempre me decía: ‘encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día’.

Pasó todo muy rápido y Leo debió empezar una nueva vida. Una vida que no había soñado y para la que no estaba preparado. Una vida nueva: la del ex jugador. Una vida nunca prevista y recién imaginada cuando ya está muy cerca de ser una cereza. Una vida incompleta o completamente diferente, depende c cómo se quiera mirarla. Una vida de menos adrenalina y repleta de circunstancias desconocidas, humanas, monótonas e intrascendentes, que forman parte de la rutina de todos pero no de la de un futbolista.

Cuanto más lejos estuviese del consultorio, más cerca estaría del campo de juego.

Bienvenidos los futbolistas que escriben y que leen.

Tenía una familia preciosa que solo veía a primera y a última hora, o en las fotos del living, ya que durante el día desaparecían. O, mejor dicho, él había dejado su carrera y ahora aquel tiempo libre se había transformado en un monstruo. Era una sobredosis de tiempo neto, lento y abrumador que lo devoraba. Lo atontaba. Y el “Terror”, en su segundo año como ex jugador, solo vivía de recuerdos. De goles inolvidables, jugadas espectaculares y ovaciones de piel de gallina que aún lo desvelaban en las madrugadas. Ahora eran solo sueños, pero tan reales y palpables que le hacían trasladarse otra vez a su hábitat natural, rectangular, a un césped recién regado. Y añorar quizás lo más cotidiano y sencillo, pero a la vez entrañable: el clima de vestuario. Del cual no podía despegarse ni su cuerpo ni su alma. El ambiente de la convivencia, con momentos dulces y otros duros, con las jodas y los problemas resueltos mirándose de frente en medio de la tensión. Los compañeros, los amigos, los utileros, los masajistas y el olor. No a sudor ni a huevos, no. El olor a la emoción, al vértigo, a lo más increíble del mundo esperando ahí, al otro lado del túnel.

Yo no sé jugar al fútbol. No tengo pasión por ninguna camiseta (me hice de Boca por mis hijos). Me explicaron la ley del orsai mil veces sin éxito. Ni siquiera sé hacer una pelota de papel. Entonces leí el cuento de Kurt Lutman y lloré.

Los chicos del barrio necesitaban reflexionar sobre el contexto histórico, sociopolítico, convertirse en sujetos de cambio. Y para eso había llegado yo.

Yo elegía dos equipos para hacerlo parejo. Oficiaba de árbitro de fútbol y otras veces de box, cuando alguno le arrimaba un patadón a otro y se iban a las manos, luego de algún episodio aí, yo sentía que era el momento justo y, con la pelota bajo el brazo, hacía un discurso sobre la solidaridad y el respeto. Discurso que siempre era interrumpido por alguno que me arrebataba la pelota para seguir jugando mientras el resto gritaba de alegría.

El hermano más chico del “Pipi” tenía 6 meses y en forma accidental se había caído de la mesa, de espaldas. No quise ni pude saber más nada y empecé a buscar al “Pipi” para abrazarlo y no soltarlo más. Lo encontré corriendo y jugando con los chicos a la vuelta y lo sentía a salvo. Con 7 años era imposible dimensionar tanto dolor junto. Era impresionante ver a los hombres del barrio en la sala, sin poder llorar. Con los ojos y el cuerpo a punto de estallar, pero sin poder hacerlo. Dejamos pasar una semana y volvimos a encontrarnos para jugar, pero el “Pipi” no vino. Quise ir a buscarlo a la casa pero no me animé. Sentí que yo tampoco estaba preparado para pechar ese dolor. Volvió como al mes. Lo trajo de la mano el hermano. Estaba serío. Mientras jugaban, yo estaba más atento a él que a ninguno. Estaba esperando que, como de costumbre, tuviera un encontronazo con un compañerito y pudiera llorar todo lo que quisiese. El momento llegó después de una trabada. Se cayó al suelo y se agarró fuerte la pierna. Apretó los dientes, reprimió un sonido parecido al llanto y se secó los ojos y los mocos con el antebrazo. No lloró. Tenía 7 años y desde ese día, al igual que los hombres del barrio, pasó a formar parte de los que no lloran.

El fútbol también es mujer.

Yo sueño con hacer la atajada de mi vida, una volada que me despegue tanto del suelo que me saque del estadio, donde el lente angular de los fotógrafos no llegue y por fin pueda alcanzar el cielo y sentir, como cuando era un niño, rozar la pelota para desviarla al córner, y ya no será la pelota lo que sienta en mis manos, ya no será el murmullo de una popular llena lamentándose por el gol que no fue. En su lugar, sentiré sus manos y su voz diciéndome: “Te amo hijo”.

Todo lo que hacemos los hombres es con el único propósito de conquistar mujeres.

Nosotros, en cambio, éramos un rejuntado de pendejos apasionados por el fútbol, al que jugábamos en la calle y cada día de nuestras vidas, con frío, con calor o con lluvia. Pero ante todo éramos amigos y eso tenía más valor que un decreto presidencial.

Te confieso que jugar una Champions es fácil. Estadios perfectos, campos inmaculados, indumentaria espléndida, suena el himno de la UEFA, los adversarios se saludan cordialmente y un árbitro dictamina de forma imparcial. Pero yo te digo que había que ser muy valiente para jugarte la cabeza y las piernas contra los codazos y los patadones asesinos de esos salvajes, para arriesgar la vida cayendo entre los hierros de las vías o sobre los trozos de cristal esparcidos por borrachos vagabundos que habitaban los vagones abandonados. Juro que jamás vi tanta entrega, tanto amor propio y tanta devoción en un partido de fútbol como la de mis amigos. Y te firmo que he visto muchísimos partidos, en directo, por la tele, hasta en la radio diría, aparte de los que jugué como amateur y más tarde de profesional.

El rocío no anuncia nada especialmente malo. Si amanece nublado, el día todavía puede arreglarse. Si no, pasa y vendrán otros mejores.

Nunca terminamos de creer lo que no queremos que suceda.

de platini Publicado en Libros

Entre cachacos

Gabriel García Márquez

Entre cachacos

Entre cachacos


Segundo volúmen de la colección Obra Periodística que conjunta las críticas mordaces de cine, algunos reportajes de sucesos de la época (que incluyen el relato de un náufrago) y algunas columnas que considero son lo mejor y en donde ya se perfilaba el estilo del Gabo, y que corresponden a los años 1954 y 1955. Calificación de 9.5

Greguería: Gritería.
Sinécdoque: Designación de una cosa con el nombre de otra, de manera similar a la metonimia, aplicando a un todo el nombre de una de sus partes, o viceversa, a un género el de una especie, o al contrario, a una cosa el de la materia de que está formada, etc., como en cien cabezas por cien reses, en los mortales por los seres humanos, en el acero por la espada, etc.
Epatar: Producir asombro o admiración.
Gamonal: Tierra en que se crían muchos gamones (Planta de la familia de las liliáceas).
Abalear: Balear.
Atarván: Que es brusco, de mal carácter, de modales groseros y disfruta ofendiendo y golpeando a los más débiles.
Delectación: Deleite.
Astracán: Piel de cordero nonato o recién nacido, muy fina y con el pelo rizado.
Cisco: Hacer trizas.
Adocenada: Vulgar y de muy escaso mérito.
Marconigrama: Despacho transmitido por la telegrafía o telefonía sin hilos, radiograma.
Periclitar: Decaer o declinar.
Hieratismo: Cualidad hierática (Dicho de un estilo o de un ademán) de los estilos y formas que afectan solemnidad extrema.
Tajamar: Parte de un apoyo o pila de un puente para cortar el agua y disminuir su empuje.
Triscar: Enredar, mezclar algo con otra cosa.
Chontaduro: Árbol de las palmáceas.
Trocha: Vereda o camino angosto y escusado, o que sirve de atajo para ir a una parte.
Montuno: Perteneciente o relativo al monte.
Palustre: Paleta de albañil.
Intemperancia: Falta de templanza.
Tiple: Guitarra pequeña de voces muy agudas.
Estragar: Dañar física o moralmente.
Dehesa: Tierra generalmente acotada y arbolada, por lo común destinada a pastos.

Para las malas películas habrá siempre público. Para las buenas no siempre.

Los veteranos no son héroes, sino víctimas.

Barranquilla festeja intensamente cinco días de Carnaval. Los otros trescientos sesenta son de trabajo intenso, que en el caso de la capital del Atlántico no son sino una manera de esperar intensamente el Carnaval.

Jean Peters, que es una elegante envenenadora, y Joseph Cotten, su cuñado, ni siquiera juegan al gato y al ratón para distraer al público porque él sabe que es ella quien está envenenando a sus sobrinos, y sabe que ella lo sabe, y ella a su vez sabe que él lo sabe como lo sabe el público desde la quinta escena.

El velorio es un pintoresco y bullicioso espectáculo de feria, donde lo menos importante, lo circunstancial y anecdótico es el cadáver. Cuando una persona muere en La Sierpe, otras dos salen de viaje en sentidos contrarios: una hacia La Guaripa, a comprar el ataúd, y otra hacia el interior del pantano, a divulgar la noticia. Los preparativos comienzan en la casa con la limpieza del patio y la recolección de cuanto objeto pueda obstaculizar esa noche y en las ocho siguientes el libre movimiento de los visitantes. En el rincón más apartado, donde no constituya obstáculo, donde estorbe menos, es acostado el muerto a ras de tierra, puesto de largo sobre dos tablas.

Genio de plañideras entre las plañideras de La Sierpe fue la Pacha Pérez, una mujer autoritaria y escuálida, de quien se dice que fue convertida en serpiente por el diablo a la edad de 185 años. Como a La Marquesita, a la Pacha Pérez se la tragó la leyenda. Nadie ha vuelto a tener una voz como la suya, ni ha vuelto a nacer en los enmarañados pantanos de La Sierpe una mujer que tenga como ella la facultad alucinante y satánica de condensar toda la historia de un hombre muerto en un alarido. La Pacha Pérez estuvo siempre al margen de la competencia. Cuando de ella se habla, las plañideras de ahora tienen una manera de justificarla, que es a la vez una manera de justificarse a sí mismas: «Es que la Pacha Pérez tenía pacto con el diablo».

Lo que al atardecer era un alegre y pintoresco mercado, en la madrugada empieza a voltear hacia la tragedia. La artesa ha sido llenada varias veces y varias veces consumido su torcido aguardiente. Entonces se le forman nudos a las conversaciones, al juego y al amor. Nudos apretados, indesatables que romperían para siempre las relaciones de aquella humanidad intoxicada, si en este instante no saliera a flote, con su tremendo poderío la contrariada importancia del muerto. Antes del amanecer alguien recuerda que hay un cadáver dentro de la casa. Y es como si la noticia se divulgara por primera vez, porque entonces se suspenden todas las actividades y un grupo de hombres borrachos y de mujeres fatigadas, espantan los cerdos, las gallinas, ruedan las tablas con el muerto hacia el centro de la habitación, para que rece Pánfilo. Pánfilo es un hombre gigantesco, arbóreo y un tanto afeminado, que ahora tiene alrededor de cincuenta años y durante treinta ha asistido a todos los velorios de La Sierpe y ha rezado el rosario a todos sus muertos. La virtud de Pánfilo, lo que lo ha hecho preferible a todos los rezadores de la región, es que el rosario que él dice, sus misterios y sus oraciones, son inventados por él mismo en un original y enrevesado aprovechamiento de la literatura católica y las supersticiones de La Sierpe. Su rosario total, bautizado por Pánfilo, se llama «Oración a nuestro Señor de todos los poderíos». Pánfilo, que no tiene residencia conocida, sino que vive en la casa del último muerto hasta cuando tiene noticia de uno nuevo, se planta frente al cadáver llevando con la mano derecha levantada la contabilidad de los misterios. Hay un instante de grandes diálogos entre el rezador y la concurrencia, que responde en coro: «Llévatelo por aquí», cada vez que Pánfilo pronuncia el nombre de un santo, casi siempre de su invención. Como remate de la «Oración a nuestro Señor de todos los poderíos», el rezador mira hacia arriba, diciendo: «Ángel de la guarda, llévatelo por aquí». Y señala con el índice hacia el techo.

El ataúd llega antes del amanecer. Entonces se transforma el ambiente, porque algo parece indicar a la gente de La Sierpe que lo que proporciona a la muerte una dimensión de pavor, no es propiamente el cadáver, sino la caja mortuoria que el carpintero de La Guaripa fabrica a la carrera, con tablas mal claveteadas y sin cepillar, cada vez que de los pantanos surge un hombre con una soga cortada a la medida del muerto. A cualquier hora del día o de la noche en que un mensajero de La Sierpe toque a las puertas del carpintero de La Guaripa, el hombre se levanta dispuesto a trabajar, pues sabe que por muy diligente que sea el mensajero, quien está necesitando el ataúd tiene por lo menos seis horas de estar tirado en un rincón, pudriéndose entre los cerdos y las gallinas.

Pero luego empezó a precisar voces en la oscuridad. Y oyó otra vez las pisadas conocidas y vio las sombras estiradas en la pared del zaguán. Entonces supo que después de muchos años de aprendizaje, después de muchas noches de vacilación y arrepentimiento, el hombre que abría la verja de hierro había decidido entrar.

La otra mujer rodó una silla hasta la mesa. El hombre se sentó, cruzó una pierna y desató el cordón de la bota. La otra se sentó junto a él, hablándole con espontaneidad de algo que ella, en el mecedor, no alcanzaba a entender. Pero frente a los gestos sin palabras ella se sentía redimida de su abandono y advertía que el aire polvoriento y estéril olía de nuevo como antes, como si fuera otra vez la época en que había hombres que entraban sudando a las alcobas, y Úrsula, atolondrada y saludable, corría todas las tardes a las cuatro y cinco, a despedir el tren desde la ventana. Ella lo veía gesticular y se alegraba de que el desconocido procediera así; de que entendiera que después de un viaje difícil, muchas veces rectificado, había encontrado al fin la casa extraviada en la tormenta.

El cómico solo, girando en el vacío y sin recursos originales, consigue divertir — gracias a la costumbre que ya tenemos de que Cantinflas nos divierta— pero sin agregar una sola nota meritoria y distinta a su apreciable carrera.

La maravillosa calidad de la fotografía y la sostenida y ladina explotación del silencio —que según Bresson es la gran conquista del cine sonoro— contribuyen definitivamente a la creación de este terrible clima de ansiedad, más severo, más profundo y humano que aquel en que Alfred Hitchcock ha cimentado su fama y su gloria. En medio de ese ambiente angustioso, de esa intensidad que podría palparse, analizarse con el tacto casi tan bien como con la vista, podría surgir una pregunta demoledora: «¿Quién mandó a estos cuatro hombres a embarcarse en semejante empresa?». Es entonces cuando resultan lamentables los cortes que se han hecho a la primera parte del film, y que no parecen obedecer a ningún criterio religioso o moral, sino simplemente político. Quienes tuvieron oportunidad de ver en Europa El salario del miedo en su copia intacta convienen en asegurar que más de media hora de película ha sido cortada en la primera parte. Eso podría explicar la no muy clara justificación humana de la segunda parte. El salario del miedo comienza con una larga y rapidísima sucesión de planos, con breves secuencias que tienen al parecer dos objetos: uno estético y otro técnico. El primero se propone plantear cuidadosamente la situación en que vive un grupo de hombres en una pobre aldea probablemente centroamericana, aunque existen versiones de que Arnaud vivió y padeció muchos años en Venezuela, donde los petroleros son dueños y señores y de cuya voluntad depende prácticamente el destino de los hombres. Gentes de todos los países —un italiano, un maltés, varios franceses— aguardan su oportunidad, la última oportunidad de sus vidas, en esa aldea insalubre, primitiva, tórrida y brutal donde la vida humana no vale cinco centavos. Las cosas han llegado a agravarse de tal modo, que la oportunidad de ganarse dos mil dólares jugándose la vida con un camión cargado de nitroglicerina es la más apetecible que podría presentársele a cualquier hombre en ese medio. La escena de crudo matonismo que hace Jo al italiano, el ambiente de ternura bruta y hasta de bárbaro homosexualismo que Clouzot logra crear en la primera parte no tienen otro propósito que el de justificar la segunda parte del film y marcar un fuerte contraste entre el comportamiento de los mismos hombres frente a dos situaciones distintas. Desde el punto de vista técnico, se trata de lograr igualmente un contraste entre la narración esquemática y el montaje rápido (planos de Mario hablándole del pueblo a Jo; salto directo de Jo cubierto de barro por un jeep; a Jo tratando de limpiar el vestido) y la narración lenta, minuciosa y penetrante de la segunda parte. De igual manera, los intensos comentarios musicales, de Georges Auric —en la primera parte— preparan al espectador para los angustiosos silencios de la segunda parte.

Lo malo no es el cine político. Lo grave para el arte cinematográfico es el cine político que no es nada más que eso: la demostración gratuita de que lo bueno está de un lado y lo malo de otro, no importa cuál sea un lado y cuál el otro.

Los norteamericanos están empeñados en presentar a los norteamericanos como ellos mismos creen que son los norteamericanos. Y si los norteamericanos célebres fueran como los presentan sus compatriotas en el cine, puede asegurarse que los Estados Unidos no habrían podido intentar nunca la comandancia del mundo. Parece evidente que la falla de Hollywood, al novelizar la biografía de sus héroes, es la confusión en que se incurre al tratar de distinguir entre lo esencial y lo anecdótico.

A causa de la confusión de las noticias, del clamor de las sirenas, de la cívica derogación de las disposiciones de tránsito, originada por la emergencia, la ciudad se preparó en una hora para socorrer con amplitud a 10 000 heridos. Un sereno balance final demostró que sólo hubo 65, ninguno de extrema gravedad.

La gran mayoría de los participantes en el rescate se empeñaban en localizar una víctima de su familia, porque alguno de sus parientes no estaba en casa cuando se conoció la noticia, o había hablado de ella y luego no había sido visto, o sencillamente porque no había ido a comer a la hora habitual. En la policlínica municipal, una familia reclamó el cadáver de un niño identificado por todos como uno de los suyos. Cuando la familia llegó a casa con el cadáver, encontró al niño verdadero, aturdido porque al llegar y no encontrarla creyó que toda su familia había perecido en la tragedia. El caso contrario fue el de Cristina López, residente en Villahermosa, que identificó como el de su hijo Marco Antonio López, de 35 años, un cadáver a medio vestir. Cristina López se despojó de parte de sus ropas y fue a su casa a preparar las velaciones. Cuando regresó al «cuarto del olvido» del Hospital de San Vicente, donde una multitud desesperada trataba de identificar los cadáveres, el supuesto cadáver de Marco Antonio López había sido entregado a otra persona: una mujer que lo identificó y lo sepultó como el de su esposo, Crisanto Arango. Hasta el viernes pasado, Cristina no había encontrado a su hijo, ni vivo ni muerto, e insistía en que era suyo el cadáver disputado, que no sufrió desfiguraciones.

Medellín se repone rápidamente de la conmoción. El barrio de Las Estancias, que por su cercanía a la Media Luna sufrió la mayoría de las víctimas, ha vuelto a recobrar su sereno y pintoresco aspecto de pesebre de Navidad. Ni siquiera ha dejado de repartirse la leche, todas las mañanas a las 6, a pesar de que el lechero, Francisco Antonio Hernández, murió en la catástrofe. El 13 de julio, estando aún el cadáver en la casa, su mujer, Carmen Rosa Bedoya, y sus dos hijos, repartieron la leche como de costumbre, y desde entonces no han dejado de repartirla.

Estos cuentos: son fragmentos de cartas que se quedaron sin escribir, párrafos inéditos de aquellos periodísticos telegramas que nos mandaba de los Estados Unidos, y que por no venir por cable sino por correo llegaban con la precisa cantidad de retraso que necesita una noticia para empezar a ser recuerdo.

Quibdó no tiene aeródromo: su pista de aterrizaje es el Atrato, en el que dos veces por semana acuatiza un avión que por más de un motivo se parece a los aviones expedicionarios que buscaban a Tarzán. Allí se viaja, por el aire, en condiciones muy poco diferentes a como se viaja en las lanchas del Atrato: entre grandes bultos de fibra para fabricar escobas, comestibles y textiles. Cuando ese avión atraviesa una tormenta —y esto ocurre probablemente en cada viaje, pues en el Chocó llueve 360 días al año— el agua se filtra por las goteras del fuselaje, y a 800 pies de altura se tiene la sensación del naufragio.

Desde hace años, los chocoanos están pidiendo una carretera. No importa hacia dónde vaya esa carretera, siempre que rompa el cerco de la selva.

Es difícil llegar a Quibdó. Pero es más difícil salir.

El negocio de hotel es allí un mal negocio. En toda la sección, desde las bocas del Atrato hasta las del San Juan, no hay un solo pueblo con restaurante: cada viajero come donde el primo de su tía, y duerme donde su cuñado o donde el cuñado de su cuñado. Cualquier chocoano raizal que explore su ascendencia en más de dos generaciones, encuentra la manera de ser pariente de su vecino. Y si no lo es, tampoco importa, porque tarde o temprano tendrá la oportunidad de ser su compadre.

Lo alarmante es que la nación en toda su historia no haya contribuido en forma efectiva a estimular, con adecuados medios de comunicación, esa unidad chocoana que tan útil y ejemplar puede ser para el resto del país. Lo único que se ha hecho es una carretera interna, teóricamente de Yuto a Istmina, que muy probablemente es la única carretera del mundo que en realidad no sale de ninguna parte, ni llega a ninguna parte. El embotellamiento del Chocó es crítico en tal extremo que hasta su única carretera interna es una carretera embotellada.

El transbordo de la lancha al camión, no es el único que se hace en el viaje de Quibdó a Istmina. Hay que hacer un segundo transbordo, «en Cértegui», según se dice. Pero también esa es una manera de decir las cosas, sencillamente porque la carretera de Yuto a Cértegui, que no pasa por Yuto, tampoco pasa por Cértegui.

Al revés de lo que ha ocurrido siempre, en el Chocó son los pueblos los que tienen que pasar forzosamente por las carreteras y no las carreteras por los pueblos.

Bahía Solano ignora a qué saben las naranjas de Cupica, a pesar de que en el mapa figuran a una pulgada de distancia.

La muchacha que atiende a los huéspedes en el hotel de Istmina, que estudió hasta el segundo año de pedagogía y no pudo continuar por falta de recursos, se sentaba en la mesa con los pasajeros, la semana pasada, y decía: «Nosotros hemos aceptado que nos dejen sin carreteras, que se lleven el platino y todo lo que quieran. Pero no podemos aceptar que nos descuarticen y nos echen a los perros». Allí el pasado no se fue sencillamente, como se ve en todas partes. Fue arrastrado por un oscuro ventarrón de fatalidad.

Cada silla descolorida y remendada, puesta contra el rincón, puede ser una pieza de museo si el dueño de casa recordara con precisión quiénes se sentaron en ella.

A la hora de matinée —una palabra francesa metida a empujones en el castellano— en el interior de los teatros se respira una atmósfera lúgubre. Parece como si las pisadas sonaran menos en el piso alfombrado, pero la realidad es que quienes asisten a la proyección de esa hora procuran, inconscientemente, pasar inadvertidos. «Es el sentimiento de culpa del matinée», ha dicho alguien, definiendo en esa forma la atmósfera de misterio y clandestinidad que tienen los teatros a las tres de la tarde. Antes de que comience la función vespertina, que es la función de los enamorados y de quienes no lo están aunque parecen estarlo, se oyen palabras sueltas, frases interrumpidas. En la función nocturna, la gente aguarda a los invitados en la antesala; saluda a los conocidos, conversa con ellos. Hay un ambiente de saludable entretenimiento. En matinée no se oye una palabra. No se oye un ruido. Es como si cada uno de los asistentes —quince, veinte, veinticinco — se hubiera refugiado a esa hora en la oscuridad de un teatro para esconderse de su propio sentimiento de culpa.

Si a un verdadero cineísta se le dice en la calle que una película es insoportablemente mala, asistirá entusiasmado a la próxima exhibición, para convencerse de que es mala en realidad.

«Cuando tenga un problema sin solución, váyase a matinée», le decía hace algún tiempo el gerente de una importante empresa a su jefe de relaciones públicas. El miércoles de la semana siguiente se encontraron a la salida de un matinée.

Aunque el espectador no entienda el idioma, es preferible la magia de la voz original que el artificioso recurso del doblaje, cuyo carácter de cosa postiza es imposible disimular aun en los casos en que el trabajo ha sido realizado aceptablemente.

El buen cine no tiene por qué ser nada distinto de la reconstrucción de lo cotidiano, del reflejo fiel de ese montón de cosas minúsculas, en apariencia inútiles, pero cargadas de un profundo significado, que hacen los hombres en cualquier hora de su vida.

Veteranos de guerra víctimas de la paz.

Entre los campos de batalla de Colombia y las ciudades de batalla de Colombia, en donde la simple, la ordinaria tentativa de conseguir trabajo era todo un problema de guerra, muchos prefirieron los campos de batalla de Corea.

Hay un último aspecto del problema de los veteranos, que parece no haber merecido mayor interés: el de los que pudiendo trabajar y teniendo oportunidades de empleo, continúan cesantes porque su nueva mentalidad de héroes les ha trastornado el sentido de la realidad y aspiran a mucho más de lo que realmente se les puede ofrecer en las actuales circunstancias. Es bastante probable que algunos de estos últimos —seguramente muy escasos— se hubieran enrolado en el Batallón Colombia precisamente para no trabajar. Mayores motivos para aspirar a una vida reposada deben de tener hoy que son héroes.

Un día llegó Santa Claus a Colombia, y desde ese día nació un nuevo oficio para un número muy limitado de colombianos: disfrazarse de Papá Noël —que es el nombre francés de Santa Claus— durante la época de Navidad. Para ganarse unos pesos a las puertas de un almacén de juguetes, repartiendo golosinas a los niños y listas de precios a los adultos, un colombiano no necesita tener más de veinte años ni parecerse a Santa Claus. La edad y el parecido estaban en las máscaras con cabellos y barbas de espumoso algodón, que constituyeron una nueva industria cuando se admitió que Santa Claus participara de la Navidad colombiana.

El estilo de estos dos directores es tan parecido, que uno de los dos sobraría en la historia del cine italiano si no sobraran ambos.

Una historia igual a la vida había que contarla con el mismo método que utiliza la vida: dándole a cada minuto, a cada segundo la importancia de un acontecimiento decisivo.

Más que arte, el cine es una distracción.

Todo el epílogo es una formidable obra de teatro de un solo acto y a cargo de un solo y estupendo actor. Pero sobra en la película.

Un gobierno duraba cuatro años, antiguamente. Un congresista duraba dos. Un gobernador podía durar cuatro años o cuatro días. En Colombia, lo que un gobierno emprende el siguiente lo interrumpe, lo modifica o lo continúa a su manera. La historia de Bocas de Ceniza con sus cumbres y sus abismos, sus indecisiones, interrupciones y tropiezos es un reflejo fiel de la historia de la administración nacional en los últimos cincuenta años. Han sobrado ideas, han sobrado manos y a veces han faltado manos e ideas, pero siempre ha faltado un sistema.

En 1953 regresó a Barranquilla, cuando todavía no habían cesado los últimos estampidos del escándalo periodístico. La draga venía más famosa, más flamante y más veloz que la primera vez. Pero todavía no servía para nada.

El zapatero fue el primero que se dio cuenta de que Luis Alejandro Velasco no había muerto, porque oyó decir a alguien que pasaba que alguien le había dicho a alguien que lo había oído decir en la radio. Pero el zapatero no tuvo tiempo de dar la noticia a la familia, a la 1.45 de la tarde, porque en ese mismo instante Dolores de Zipa la estaba recibiendo por teléfono en la casa de enfrente. Su padre la transmitía desde algún lugar de la ciudad, donde lo había oído por la radio, pero no llamaba a su casa con tanto interés por dar la noticia, como por pedir que le mandaran ropa al aeródromo porque se iba para Cartagena, como en efecto se fue.

La mejor manera de conocer un pueblo es leyendo las páginas judiciales de sus periódicos

El drama que cuenta Kanheto Shindo no es el drama de los muertos, sino el de los sobrevivientes, a través del espanto, el terror, el desconcierto y la inocencia de los niños de Hiroshima.

Debajo de mi litera, el marinero primero Luis Rengifo roncaba como un trombón. No sé qué soñaba, pero seguramente no habría podido dormir tan tranquilo si hubiera sabido que ocho días después estaría muerto en el fondo del mar.

El sol me abrasaba el rostro y las espaldas y los labios me ardían, cuarteados por la sal. Pero en ese momento no sentía sed ni hambre. La única necesidad que sentía era la de que aparecieran los aviones.

Yo sabía que en el piso de la balsa estaría a salvo de animales, porque la red que protege el piso les impide acercarse. Pero eso se aprende en la escuela y se cree en la escuela, cuando el instructor hace la demostración en un modelo reducido de la balsa, y uno está sentado en un banco, entre cuarenta compañeros y a las dos de la tarde. Pero cuando se está solo en el mar, a las ocho de la noche y sin esperanzas, se piensa que no hay ninguna lógica en las palabras del instructor. Yo sabía que tenía medio cuerpo metido en un mundo que no pertenecía a los hombres sino a los animales del mar y a pesar del viento helado que me azotaba la camisa no me atrevía a moverme de la borda.

Lo que hizo más larga mi primera noche en el mar fue que en ella no ocurrió absolutamente nada.

Es imposible que la noche sea tan larga como el día. Se necesita haber pasado una noche en el mar, sentado en una balsa y contemplando un reloj, para saber que la noche es desmesuradamente más larga que el día.

El hambre es soportable cuando no se tienen esperanzas de encontrar alimentos.

Un momento antes había pensado que era capaz de comerme un tiburón entero. Pero al segundo bocado me sentí lleno. Mi terrible hambre de siete días se aplacó en un instante. Volví a sentirme fuerte, como el primer día. Ahora sé que el pescado crudo calma la sed. Antes no lo sabía, pero observé que el pescado no sólo me había aplacado el hambre, sino también la sed.

Más que la sed, el hambre y la desesperación, me atormentaba el deseo de contar lo que me había pasado.

También en arte la honestidad tiene un valor que no puede menospreciarse.

Hay un instante en que ya no se siente dolor. La sensibilidad desaparece y la razón empieza a embotarse hasta cuando se pierde la noción del tiempo y del espacio.

Me resultaba más difícil morir que seguir viviendo.

Antes había sentido miedo de la noche, ahora el sol del nuevo día me parecía un enemigo. Un gigantesco e implacable enemigo que venía a morderme la piel ulcerada, a enloquecerme de sed y de hambre. Maldije el sol. Maldije el día. Maldije mi suerte que me había permitido soportar nueve días a la deriva en lugar de permitir que hubiera muerto de hambre o descuartizado por los tiburones.

En tierra, la primera impresión que se experimenta es la del silencio. Antes de que uno se dé cuenta de nada está sumergido en un gran silencio. Un momento después, remoto y triste, se percibe, el golpe de las olas contra la costa. Y luego, el murmullo de la brisa entre las palmas de los cocoteros infunde la sensación de que se está en tierra firme. Y la sensación de que uno se ha salvado, aunque no sepa en qué lugar del mundo se encuentra.

Nunca creí que fuera buen negocio vivir diez días de hambre y de sed en el mar. Pero lo es: hasta ahora he recibido casi diez mil pesos. Sin embargo, no volvería a repetir la aventura por un millón.

Durante mis diez días en el mar no tuve en ningún momento la sensación de que me volvería loco. La tuve por primera vez esa mañana, cuando daba vueltas al coco buscando un punto por donde penetrarlo, y sentía batirse entre mis manos el agua fresca, limpia e inalcanzable.

Resulta imposible establecer, por la experiencia de Hiroshima, los verdaderos efectos de la bomba atómica. El lugar donde estalló —a 600 metros de altura, pues fue lanzada en un paracaídas— era el centro geográfico y al mismo tiempo el centro comercial de la ciudad. En torno a ese centro, en un área de dos kilómetros y medio, los habitantes fueron víctimas inmediatas de la radiactividad, el calor y la explosión. En el área de dos kilómetros y medio en torno al centro de radiactividad fueron víctimas de las reacciones térmicas y de la explosión. De allí en adelante, en un área de seis kilómetros en la cual se encontraba el noviciado de la Compañía de Jesús, las víctimas fueron ocasionadas exclusivamente por la explosión.

En la actualidad, y en virtud de una ley japonesa que ordena sea construida en concreto toda casa con más de dos plantas, la ciudad está completamente modernizada, y tiene la calle más ancha del mundo: más de cien metros. Pero para transitar por esa calle hacen falta las 240 000 personas que murieron en la explosión.

«De pronto vi un resplandor como el de la bombilla de un fotógrafo», dice el padre Arrupe. Pero no recuerda haber escuchado la explosión. Hubo una vibración tremenda: las cosas saltaron de su escritorio y la alcoba fue invadida por una violenta tempestad de vidrios rotos, de pedazos de madera y ladrillos. Un sacerdote que avanzaba por el corredor fue arrastrado por un terrible huracán. Un segundo después surgió un silencio impenetrable, y el padre Arrupe, incorporándose trabajosamente, pensó que había caído una bomba en el jardín.

Gente humilde de las aldeas vecinas trataban de llegar al centro de la catástrofe. Pero era imposible. Las enormes llamaradas de más de un ciento de metros de altura impedían el acceso a la ciudad. Antes del mediodía comenzaron a desarrollarse fantásticos fenómenos atmosféricos.

Los ciclistas urbanos son audaces, porque saben —o esperan— que los conductores de vehículos automotores se cuiden de no atropellarlos.

Cuando llegué al parquecito de Laureles, que con ocasión del evento había sido adornado con papel de colores, me sentía desconcertado: no veía el comité de recepción por ninguna parte. Ni siquiera sabía dónde era la meta. A alguien que pasaba por el parque, le pregunté:
—¿Dónde está la gente?
—Uf —me respondió—. Todos se fueron hace rato.

—Di que no me pienso casar, porque quiero seguir corriendo por un tiempo.
—¿Y el matrimonio sería un obstáculo?
—No —respondió—. Pero ya no sería lo mismo.

Para lo que hay que ver con un ojo basta.

No pensaba en la catástrofe, pues no había podido formarme la idea de que era cierto. Sólo cuando llegué a la avenida Jiménez toda la verdad se me metió turbulentamente por los oídos. Un voceador de prensa pasó junto a mi automóvil, gritando que «la familia de Ramón Hoyos pereció en la catástrofe». Compré el periódico, sin poder dar crédito a mis ojos. Costó tanto trabajo convencerme que antes de preguntar en las oficinas de la empresa aérea si había cupo para Medellín fui a las oficinas de los periódicos a que me confirmaran la noticia.

Me alarma mi compromiso con el público. Con este público colombiano que cada día exige más y más, cuando ya uno sólo vive para darle a ese público todo lo que puede.

Un chofer es un obrero que recorre en su vehículo, diariamente, un promedio de 300 kilómetros. Con una edad media de 38 años, hace de 12 a 14 viajes al día, y tiene que entendérselas, en la realización de uno de los trabajos más dispendiosos y agotadores que puedan existir, con 800 personas de diferente educación, diferente temperamento y diferente volumen, cosa que en la industria del transporte es muy importante.

Una Cleopatra de mármol que cierto impertinente arqueólogo francés descubrió la semana pasada en el norte de África, parece ser enteramente distinta de la Cleopatra de vértigo y de sueño que los hombres de varios siglos hemos conocido en el corazón. Falta por demostrar cuál de las dos es igual a la Cleopatra auténtica. Sin descartar la posibilidad de que incluso después de comprobada la semejanza de la Cleopatra de mármol con la Cleopatra real, nuestra íntima, imaginaria y apócrifa Cleopatra siga siendo la verdadera.

En Buckingham Palace se ha presentado un grave problema doméstico que es un grave problema de estado: hay que entretener al ama de casa, una viuda digna, discreta y apacible que colaboró con su esposo en el gobierno del imperio más grande y complicado del mundo, y ahora no sabe cómo gobernar su soledad.

Hasta hace dos años su soledad era entrañablemente compartida con la soledad del rey, en una íntima y armoniosa soledad total de los dos en compañía.

Día a día se restringe la originalidad temática del cine y se fortalece amplia y lamentablemente su dependencia de otros géneros con los cuales el verdadero cine, el cine puro y auténtico, puede tener elementos y hasta intereses comunes, pero a los cuales no debe sacrificar sus elementos propios. La crisis de argumentos originales —que es realmente una crisis de argumentistas de cine— no debe considerarse sino como una crisis del cine. Una crisis ante la cual no pueden conformarse los verdaderos cineastas, aunque ella sea resuelta con algo tan respetable y tan parecido al cine como el teatro fotografiado o la novela relatada en imágenes parlantes.

Henry Green, un criminal de Atlanta, debía estar muerto desde hace 48 horas, de acuerdo con la sentencia. Pero al llegar la fecha fijada para la ejecución, el sentenciado no se sentía bien de su hernia, y no es propio de una nación civilizada sentar en la silla eléctrica a un hombre que está en peligro de morir por una causa distinta de la dispuesta por los jueces.

Vale la pena investigar si es más cruel sentar en la silla eléctrica a un Henry Green agonizante de hernia que concederle la oportunidad de curarse de su hernia en veintidós días a un Henry Green agonizante de su silla eléctrica.

Un grado de primitivismo tal vez no le vendría mal a la pena de muerte. Por lo menos se evitarían episodios extremadamente civilizados, como el del pobre Henry Green, que para conservar su vida indefinidamente debe estar rogándole a Dios que le permita seguir muriéndose indefinidamente de su hernia. Que la pongan presa.

Un ciudadano de Buenaventura se apoderó de una lancha sin autorización del propietario. Lo pusieron en la cárcel, como era apenas natural, porque se justifica judicialmente que un hombre haya perdido el empleo, pero no se justifica que junto con el empleo haya perdido la honradez. De manera que lo pusieron en la cárcel. También en Buenaventura otro hombre perdió su empleo, pero en vez de apoderarse de una lancha se dedicó al progresista y honorable oficio de lotero. Hace dos días el honrado lotero fue a la cárcel —como el que se robó la lancha—, pero no en calidad de detenido, sino en calidad de lotero, que está dispuesto a vender sus últimas fracciones aunque para lograrlo sea preciso perturbar la paz de las cárceles, que algo tiene que ver sin duda con la paz de los sepulcros. El honrado lotero se encontró con el aprehensor de lanchas ajenas, y éste adquirió con el dinero derivado de ilícito alquiler del vehículo la última fracción del lotero. Si la fracción no hubiera resultado favorecida, esta sería una edificante historia moral. Pero ocurrió exactamente todo lo contrario. Total, el lotero se ganó cincuenta centavos y el presidiario diez mil pesos. Parece entonces como si en este enigmático episodio hubiera algo que no es enteramente correcto. Algo ante lo cual nada se puede hacer, como no sea poner a la suerte en la cárcel. Por abuso de confianza, tal vez.

Ayer, para celebrar sus bodas de plata, Wilhelm se vistió de chaqué y chistera y Melitta de traje largo y velo. Parecían exactamente lo que eran: dos enanos vestidos de novios para celebrar sus veinticinco años de vida conyugal.

Al fin de tanta maravilla progresista, de tan desaforado entusiasmo científico, nada de extraño tendría el hecho de que un día de estos progresáramos tanto, que un invento supremo nos pusiera de un golpe en la edad de piedra, para empezar otra vez por el principio.

Tratando de aislar por un tiempo a Guareschi de la sociedad, se le ha puesto en contacto muy probablemente con una realidad más tenebrosa y real que la que el escritor ha tratado de combatir en la calle. Al menos si estuviera en Colombia.

Lo dejó zarpar con esa ingenuidad de que disponen las mujeres perspicaces cuando se les dice todo, absolutamente todo, menos la verdad.

El problema es que todo inventor, antes de inventar algo, debe inventarse a sí mismo como inventor.

Suicida es una persona que se mata porque le tiene miedo a la muerte.

El hombre que inventó el celofán.
En Zurich, a los 82 años de edad, acaba de morir uno de los grandes benefactores de la humanidad: Jacques Edwin Brandenberg, químico suizo, inventor del papel celofán. Como homenaje a él, eliminamos emocionadamente las comillas y escribimos: papel celofán, sin las muletas que le han servido a esa palabra para transitar por el idioma castellano, cuyos académicos envueltos en papel celofán, no se han dignado entregar las cartas credenciales a su propia envoltura. Jacques Edwin Brandenberg ha muerto, sin pensar acaso que a él debe la humanidad algo más poético que una substancia impermeable. Su hermosa imaginación de sabio interesado en encontrar una luminosa materia que sirviera para envolver los bombones, descubrió el maravilloso secreto para civilizar el vidrio. Tal vez los académicos de la lengua castellana hayan tenido razón al vacilar en la legitimación del papel celofán, porque acaso el celofán no sea papel sino sencillamente vidrio: vidrio dócil, manso, domesticado, puesto al alcance de las manos y la imaginación de los niños. No se puede concebir que alguien haya inventado el papel celofán sin relacionar automáticamente ese invento con una mentalidad infantil. Sólo la curiosidad de ver el interior de las cosas, de conocer el contenido de los aguinaldos sin necesidad de estropear su envoltura, pudo sugerir a un sabio suizo la idea de que los objetos fueran envueltos en vidrio, que era la única manera de conservar en ellos el hermoso atractivo que tenían en los escaparates, antes de ser comprados. No es posible pensar en la utilidad y al mismo tiempo en el papel celofán. Esto último es la fantasía, una necesidad de juguete que permite llevarse a casa los objetos con vitrina y todo, como lo soñaron los niños de todo el mundo antes de que se inventara el papel celofán. Por eso Jacques Edwin Brandenberg es una gloria de la humanidad. Por haber creado una útil y muy higiénica realidad de mentirijillas, al lado de la realidad verdadera que sirve para muchas cosas menos para que sean más bellos los bombones. El autor de semejante prodigio, muerto ayer, merece que su cadáver sea conservado a la vista de las generaciones futuras, no en un suntuoso ataúd de cedro, sino en una transparente, impermeable y gloriosa envoltura de papel celofán.

La fiesta brava no vive tanto de los toros como de la posibilidad de que siempre haya un español dispuesto a prolongarla. Si se piensan las cosas con cuidado, un torero es un español que no sabe nada más que lidiar un toro. Si supiera hacer algo más, él sería el primero en consagrarse a su oficio y dejar la lidia para las vacaciones.

Los diabéticos han empezado a ser más saludables desde el momento en que decidieron hacer un oficio de su enfermedad. No es un simple entretenimiento, porque su dolencia es lo esencial de su vida. Una vida que bien llevada, bien orientada y, sobre todo, vivida con orden y optimismo, vale más y sin duda durará mucho más que esas vidas al garete, cuya enfermedad más peligrosa es su atolondrada y rebosante salud.

Cuando el pueblo lo dice es porque el pueblo lo sabe.

El tigre de Juan Mina es tan voraz como famoso, de manera que los vecinos han resuelto sacrificar la fama del implacable felino y abatirlo a tiros en la primera oportunidad, que para el tigre será la última.

Uno de los secretos de la propaganda moderna es la sobriedad, es hacer que la propaganda no se parezca a la propaganda. Nada menos indicado — pues si lo que se quiere con los noticieros a que nos hemos referido es hacer propaganda— que mortificar al presunto cliente de tal propaganda imponiéndole a la fuerza el martirio de ver repetidas hasta el cansancio unas mismas escenas cinematográficas. La fuerza no es buena aliada de la propaganda como no es la fuerza buena aliada de ninguna obra encaminada a lograr simpatías.

Se dice que todo hombre es viudo desde los 16 años, pero en cambio no todo hombre es soltero aunque no esté casado, porque la soltería no es un estado civil sino una manera de pensar.

La psicología del dentífrico
No parece razonable que un hombre se divorcie porque su esposa apriete por el centro el tubo de la pasta dentífrica. Pero es razonable. Precisamente por serlo, en Copenhague acaba de serle concedido el divorcio a un caballero cuya mujer apretaba por el centro el tubo de la pasta dentífrica. Lo único que es poco razonable en este caso es que se hayan mantenido en reserva los nombres de los divorciados y permitido así que la mujer se convierta en un peligro ambulante. Cualquier día contrae segundas nupcias, y el otro incauto tendrá también que divorciarse, por los mismos motivos del primero. A primera vista, una mujer que insiste en apretar por el centro el tubo de pasta dentífrica es sencillamente una mujer que no sabe hacerlo de otra manera. Pero si se le indica la manera adecuada de hacerlo y a pesar de eso insiste en sus métodos bárbaros, entonces es bastante probable que la distinguida y respetable dama sea todo un problema de psiquiatría. Un matrimonio que no se pone de acuerdo en cuanto a la manera de apretar el tubo de pasta dentífrica es un matrimonio perdido, que nunca acabará por ponerse de acuerdo en la manera de hacer ninguna cosa. Si en el país donde eso ocurre existe el divorcio, es razonable que se disuelva el matrimonio. Si no existe el divorcio, tal vez lo más razonable sea que se firme un tratado de paz, con base en dejar para siempre de usar pasta dentífrica.

No se cayó muerto porque no tenía dónde caerse muerto

En realidad, diciendo que nunca pasa nada extraordinario se está diciendo mucho, y de paso se está diciendo lo mejor.

Es increíble que un inglés, siendo inglés y además acaudalado y graduado en Eton, haya hecho lo que dice el cable que hizo Richard de Wendfenton, un acaudalado inglés graduado en Eton.

Tarde o temprano se sabrá qué piensa la gente de estos insólitos elefantes, que acaso sean quién sabe qué clase de animales enormes disfrazados de elefantes.

Usos y abusos del paraguas.
Si se levantara un cuidadoso cuadro estadístico de los hombres que usan paraguas se establecería que cuando llegan las lluvias desaparecen los paraguas. Es natural: el paraguas es una prenda demasiado fina, demasiado delicada y hermosa para permitir que lo destruya el agua. El paraguas, como su nombre no lo indica, no se hizo para la lluvia. Se hizo para llevarlo colgado del brazo, como un enorme murciélago decorativo, y para facilitarle a uno la oportunidad de hacerse el inglés, cuando las condiciones atmosféricas lo exijan. Si se investigara la historia del paraguas, se descubriría que fue hecho con una finalidad muy distinta de la que quieren atribuirle los paragüistas formales, que son aquellos equivocados caballeros que sacan a la calle el paraguas cuando parece que va a llover, no sabiendo que exponen su preciosa prenda a un lavatorio que no figuraba en su programa. Para la lluvia se han inventado los sombreros de corcho y los periódicos de más de ocho páginas. Más aún: antes del sombrero de corcho y de los periódicos de más de ocho páginas, se había inventado la lluvia precisamente para eso: para que le cayera encima al feliz transeúnte que no tiene ningún motivo para no disfrutar de un chaparrón de agua pura y celeste, el mejor preventivo que hasta hoy se ha inventado contra la calvicie. La disminución de los paraguas durante las épocas de lluvia demuestra que todavía quedan muchos caballeros de los que saben para qué se hizo ese árbol negro hormado con ramas metálicas, inventado por alguien que se desesperaba ante la tentadora idea de no poder cerrar un arbusto y salir a pasear con él, colgado del brazo. Una inteligente dama ha dicho: «El paraguas es un artículo de escritorio». Y así es, y está muy bien que así sea, porque se supone que junto a cada escritorio debe de haber un perchero y en el perchero un paraguas. Pero un paraguas seco. Pues un paraguas mojado es un accidente, un barbarismo, un error de ortografía, que es preciso abrir en un rincón hasta cuando se corrija por completo y vuelva a ser un paraguas verdadero. Una cosa de llevar por la calle, para asustar a los amigos y en el peor de los casos para defenderse de los acreedores.

El desvío

Marcelo Luján

El desvío

El desvío

En pleno viaje nocturno, un conductor encuentra a una mujer que pide auxilio pues ha tenido un accidente en su auto y su hija ha quedado atrapada en él. Sin pensarlo, el chofer se lanza al rescate. Lo mejor es cuando al día siguiente aparece en el diario la noticia del accidente. Calificación de 10.

Yuyal: Paraje poblado de diversas hierbas silvestres.
Refucilo: Relámpago

Pasó frente al bar: estaban cerrando. La cuadrilla de perros nocturnos hacía guardia cerca de la puerta con esa perseverancia con que suelen hacer guardia cerca de las puertas las almas que poco tienen.

Luque lo miró con las manos sobre el volante, como si esperara eso que nunca debemos esperar.

¿No será eso la madrugada?, pensó: cualquier luz enseñando cualquier camino.

El tiempo, a veces, es difícil de medir.

La mujer parecía tranquila. Y de su boca brotaban tantos silencios.

Supo que esa era la verdadera oscuridad: rotunda, pendenciera, frágil, un mundo paralelo en donde pocos saben moverse y donde el entorno es apenas un recuerdo de lo que alguna vez quisimos olvidar.

Y pensó en las esperas: en las malas y en las buenas, en las que alguna vez nos recomendaron y hasta obligaron, en las inevitables.

Decía el sabio Cortázar que, en el ring donde contienden la literatura y los lectores, una buena novela gana por puntos mientras que un buen relato debe hacerlo por K.O.

El evangelio que no me enseñaron

Javier A. Ramón

El evangelio que no me enseñaron

El evangelio que no me enseñaron

El autor nos comparte su testimonio cuando, al ser enfrentado con lo aprendido del evangelio durante su vida, una nueva perspectiva le es revelada y entonces modifica su visión del amor del Padre. Así, conceptos como la iglesia, el asistir a la misma, orar, leer la Biblia, el servicio, la voluntad de Dios, la conciencia, la gran comisión, la santidad y el descanso, toman un renovado matiz, enterrando viejos significados y basándolos ahora en el profundo amor de Dios. Calificación de 10.

Lo bueno en muchas ocasiones es el mayor obstáculo de lo mejor porque crea conformismo. El conformismo crea rutinas y las rutinas matan la pasión por el Ser Amado.

No es lo mucho que asista a la iglesia, o que ore, o que lea la biblia, o que evangelice lo que determina mi bendición. Mi bendición está en cristo y solamente en Él.

La iglesia no es un lugar al que se asiste. El “lugar” somos nosotros. Además, juntos formamos el cuerpo y la persona de Cristo. Y esa persona está fusionada a la Cabeza que es Cristo.

El congregarse tiene como propósito el que Cristo sea manifestado y revelado entre los participantes de tal manera que Él sea glorificado. Cristo es la cabeza de las reuniones de la iglesia. En muchas ocasiones Cristo tiene que estar sujeto a los programas de las iglesias y no hay cabida para que Él sea manifestado y revelado.

Juan 5:39-40 (RVC), “Ustedes escudriñan las Escrituras, porque les parece que en ellas tienen la vida eterna; ¡y son ellas las que dan testimonio de mí! Pero ustedes no quieren venir a mí para qye tengan vida.”

No busques Vida en la lectura o estudio de la Biblia porque la vida no está en el estudio o la lectura, la Vida es Cristo.

Leamos la Biblia para encontrar a Cristo, no para aprender qué hacer en este mundo. Cuando experimentamos a cristo en Su realidad, Su vida nos enseña qué hacer y cómo hacerlo.

El servicio es el resultado de una experiencia de amor y comunión

El servicio no puede ser un fin en sí mismo porque se convierte en una carga.

Tu identidad no la determina tus sentimientos. Tu identidad es determinada en cristo. Eres hijo. Eres hija. Si se lee la Escritura como siervo, se actuará como tal. Si se lee la misma como hijo, de igual manera se actuará. Somos hijos por nacimiento. Hemos sido engendrados por Dios.

El servicio no es “Yo hago para Dios”. El servicio es “Él hace por medio de mí.”

La voluntad de Dios no se busca, es revelada. No nos corresponde buscar la voluntad de Dios, nos corresponde recibir la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios se revela en la persona de Cristo. No hay que buscarla o hacerla porque ya ha sido cumplida. (Juan 4:34, 6:38) Juan 6:40 dice, Porque ésta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquél que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna.”

Las decisiones personales que tomamos no determinan si estoy o no en la voluntad de Dios. Mi unidad con Él hace que siempre esté en Su voluntad. Si me salen las cosas bien, estoy en Su voluntad. Si me salen las cosas mal, estoy en Su voluntad. No importa lo que viva en esta tierra siempre ando en la voluntad de Dios porque mi vida está en Cristo permanentemente.

El evangelio verdadero te lleva a tener conciencia de la vida de Dios en tu vida. No a decidir qué está bien o qué está mal.

Tomemos decisiones conscientes de Dios de tal manera que el poder de Su resurrección se manifieste a cada instante.

Los creyentes no viven fundamentados en responsabilidades, viven fundamentados en el amor de Dios.

“Yo no sé si es un pecador, pero lo que sé es que yo antes era ciego, ¡y ahora puedo ver!” (Juan 9:25).

Las buenas noticias son todas aquellas que señalan o apuntan hacia la persona de Cristo, su persona y su obra. Cristo es la Buena Noticia. Esto quiere decir que no hay un contenido restrictivo al evangelizar. […] Se puede compartir buenas noticas del amor de Dios, de la compasión de Dios, del consuelo de Dios, de la fortaleza de Dios, de la grandeza de Dios, de la salvación de Dios, del carácter de Dios, de la bondad de Dios, del poder de Dios, de la gracia de Dios. No hay límites para las buenas noticas en Cristo. Decir que Dios salva por medio de Cristo es una buena noticia. Decir que Dios sana es una buena noticia. Decir que Cristo te ama es una buena noticia. Decir que Dios me ha consolado es una buena noticia.

La santidad no tiene que ver con pecar o dejar de pecar. La santidad es la vida de Cristo en la vida de cada uno de sus hijos e hijas. Por fe fuimos salvos y permanecemos salvos. Por fe somos santos y permanecemos santos.

Dios no depende de nuestras acciones para amarnos y expresar Su amor a nosotros en una forma personal, íntima y genuina. Nadie lo merece, pero Él lo da como quiera.

Cumplir con lo requerido ha sustituida amar a lo querido.

Del árbol del cual comiera Adán, produciría que el estilo de vida que representaba cada uno gobernaría su vida por siempre. Si comía del árbol de la vida entonces la vida de Dios gobernaría en su ser. Si comía del árbol del conocimiento del bien y del mal, que fue lo que ocurrió, provocaría que ese estilo de vida gobernara sobre él. […] La naturaleza adámica es gobernada por el bien y el mal. Ésta se fundamenta en leyes y reglas. Las leyes y reglas te dicen lo que tienes que hacer, pero no te dan la fuerza para hacerlo. En las mismas no hay misericordia. Todo el que vive tratando de hacer el bien y evitando el mal, vive fundamentado en el árbol equivocado llámese creyente o no. Es por eso que Dios destruye la naturaleza de Adán en la cruz. Su muerte permitió que se pudiera entonces comer del árbol de la vida, cristo, lo cual era la intención de Dios desde el principio.

El evangelio no es para hacer el bien y evitar el mal. La vida cristiana se trata de ser amado y amar. En el amor de Dios hay libertad. Cuando se ama, se cumple en forma natural con el llamado “bien” y se evita el llamado “mal”.

Su amor sustituye el egoísmo que hay en nosotros y permite que se pasen por alto las heridas y laceraciones cometidas. El amor es absoluto. El amor no está bien ni mal. El amor ama y punto .el amor cubre multitud de faltas. El amor nunca deja de ser. El amor siempre consuela y restaura. El amor construye. El amor comprende. El amor levanta.