El ilustre pigmeo

Roberto Gómez Junco

El ilustre pigmeo

El ilustre pigmeo

Roberto Gómez Junco nos da a conocer la vida y obra de su bisabuelo Don Celestino y como no queriendo, casi sin querer, nos confirma y comparte sus ideas respecto al fútbol. Así pasa dos pájaros de un tiro: conocemos a un hombre de letras y a uno del futbol. Calificación de 9.

Diletante: Que tiene afición por una o varias artes o disciplinas del saber.
Cortapisa: Condición o problema que limita y dificulta la realización de una cosa.
Estulticia: Ignorancia, necedad o estupidez de una persona.
Remís: Coche de alquiler que se estaciona en un garage (=”remise”), más lujoso que el que se estaciona afuera​) es un servicio de transporte privado usado en Argentina, Paraguay, Uruguay y recientemente también en Bolivia.

Reyes, la indescifrable providencia
Que administra lo pródigo y lo parco,
Nos dio a los unos el sector o el arco,
Pero a ti la total circunferencia.

Es un contraste que no concibo
Pero que ahora claro se ostenta
Por un servicio que no recibo
Pago un recibo de ocho cincuenta.

Blanco es el novio de Irene
Por eso dice Vivanco
Que la chica siempre tiene
Puestos los ojos en blanco.

Es Marcial un colegial
Jorobado y contrahecho
(nada tiene de marcial)
Pero es joven de provecho
En opinión general,
Y el declara, muy formal,
Que está estudiando Derecho.

Si quieres ver en gracia
Y ser el que siempre venza,
Haz que te sobre la abundancia
Y te falte la vergüenza.

A diferencia de los arribistas y escaladores, lambiscones con los de arriba y prepotentes con los de abajo, él mostraba caridad y respeto para los aparentemente inferiores en la escala social y económica; y ningún asomo de servilismo hacia los poderosos y encumbrados.

El sol en el cenit tiene esplendores,
Tiene hermosos crepúsculos el cielo;
El ruiseñor sus trinos y su vuelo
Corriente el río, el céfiro rumores.
Tiene el iris sus múltiples colores,
Todo intenso dolor tiene consuelo,
Tienen mujeres mil pecho de hielo,
Y el pomposo vergel olientes flores.
Tienen sus religiones los creyentes,
Tiene mucho de feo ser beodo,
Tiene poco de pulcro decir MIENTES.
Todo lo tiene el que lo tiene todo,
Y tiene veinte mil inconvenientes
Escribir los sonetos de este modo.

-¿Y para ti qué es jugar bien?
-Para jugar bien es necesario cumplir con varios requisitos en diferentes renglones.
-¿Cómo cuáles?
-Saber cerrar los espacios al defender y abrirlos al atacar, por ejemplo.
-La cuestión es cómo conseguirlo.
-Siendo coordinados en los movimientos y solidarios en los esfuerzos. Funcionando como conjunto y en bloque al contraerse pero también como acordeón al desplegarse.
-Como inicio y en teoría suena bien.
-Además, manejar el balón con solvencia y pulcritud, teniéndolo poco en lo individual para tenerlo mucho en lo colectivo.
-Pero primero es necesario arrebatárselo al rival.
-Sí, trabajar con eficiencia en la recuperación de la pelota, logrando con la mayor frecuencia posible imponer superioridad numérica cerca de ella.
-Y también saber manejar el balón de acuerdo a la zona de la cancha en que está.
-Claro, con seguridad atrás, con claridad e imaginación en medio y corriendo más riesgos adelante.
-Defendiendo todos y atacando todos.
-Cada uno con tareas específicas con las cuales cumplir cuando se tiene el balón y cuando se pierde.
-Sí, y ahí es donde te topas con la capacidad de cada director técnico para acertar al encomendar esas tareas pensando en el beneficio colectivo.
-En ése y en todos los rubros mucho puede y debe influir el entrenador.
-¿Algo más?
-Como conjunto, grupalmente, ser capaces de producir con tersura, con naturalidad, la transición de labores defensivas a labores ofensivas.
-Solidaridad y convicción al recuperar, precisión y claridad al distribuir.
-Sí, y entender que tener el balón es la mejor forma de defenderse.
-¿La mejor defensa es el ataque?
-Puede y suele serlo, pero debe entenderse también que el mejor de los ataques debe tener como sustento la necesaria solidez defensiva.
-Solo partiendo de una buena defensa puede aspirarse al pleno desarrollo del propio potencial ofensivo.
-Así es, y entre mejor defienda un equipo más rápido recuperará el balón y más cerca podrá hacerlo de la portería contraria, para así inicias sus ataques en posición ventajosa, propicia para exhibir su poderío ofensivo a plenitud.
-Y también está lo de la actitud y la disposición para correr todos parejo.
-No sé si parejo. Pero sí repartirse equitativa o razonablemente el terreno y el esfuerzo.
-No, pues haciendo todo eso no te gana nadie.
-Quién sabe, porque tampoco podemos olvidarnos de una premisa irrefutable.
-¿Cuál?
-En el futbol siempre haces y dejas de hacer en función de los adversarios que tienes enfrente.
-Pinche premisa tan obvia.

Yo no tengo vela que me entierren.

Nada más te recuerdo: más pronto cae un hablador si es cojo.

No me salgas con la tangente y contéstame eso.

Estos cabrones no ven la tempestad cuando se hincan.

Te voy a dar un tic muy bueno para mejorar en tu cabeceo, pero acuérdate que al ataque no te conviene ir en todas, sino sólo esperiódicamente.

Para conseguirlo él tendría que pasar bajo mi cadáver, porque estoy decidido a ir al Mundial y voy a conseguirlo a cuesta de lo quesea; y cuando así se lo dije, cara a cara y en frente de él, se puso como loco y me armó todo un San Fermín. Pero le salió el tiro por la cubeta, porque yo, ni raudo ni perezoso, le respondí muy aireado y lo puse en su lugar.

“Y no fui, esa firma es hipócrifa”. Y cuando le aseguramos habernos enterado por fuentes fidedignas, solamente respondió: “Para empezar, yo ni siquiera conozco a ninguna Fuentes ni a ninguna Fidedigna”.

Por equis o por mangas decidí mejor no hacer nada.

Tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le mete la pata.

No, para nada es caro; eso vale una vil coca.

Aproveché el momento y maté un pájaro de dos tiros.

Esa chava es muy fría, es tun tímpano de hielo.

El futbol y la lectura
Me parece bueno y sano
Conjugarlos con tersura,
Caminando de la mano.
Que así lo que hagas no me apura,
Lo percibo muy humano,
Pues conozco la cultura
Del rincón regiomontano.
Haces bien, eso sí “engancha”
Se enriquece tu quehacer,
Alimentas a tu ser,
Tu saber así se ensancha;
Nada más con que en la cancha
No te pongas a leer.

Algo tiene el futbol para provocar tantas reacciones irracionales entre las diferentes culturas, para despertar y movilizar en México a tanta por desgracia inmóvil y apática cuando se trata de asuntos más importantes, de indignarse ante las injusticias y la impunidad de los innumerables crímenes y criminales, de exigir gobernantes honestos, de preocuparse por la inequitativa distribución de la riqueza, de conmoverse con la demoledora pobreza y actuar en consecuencia.

Desde el futbol se puede filosofar pero no se puede hacer futbol desde la filosofía.

La mayoría deambula entre la desidia para leer sobre lo que entiende y la incapacidad para entender lo que lee.

Sin el balón es necesario correr; y al tenerlo pensar.

Tantos equipos juegan como pueden, pero no siempre como deberían jugar.

– Solo en el futbol, por ejemplo, se aceptan como buenas “premisas” como esa de: “Lose verdaderos aficionados son aquellos que apoyan a su equipo en las buenas, pero sobre todo en las malas”
– ¿Cómo?
– Sí, eso ismo no lo ves en ningún otro ámbito. A un escritor pidiendo que por favor los lectores lo apoyen comprando y leyendo sus peores libros porque los buenos se venden solos. O a un actor o a un director de cine pidiéndonos ir a ver sus películas malas porque es con ésas con las que más nos necesita como espectadores, como consumidores.

Han abusado con eso de poner como dizque analistas a ex jugadores que no tienen mucha idea ni cuentan con el mínimo y más jodido decoro en el manejo del lenguaje.

Muchos no logran expresar bien lo que sí saben, y muchos otros son capaces de hablar impecablemente de lo que no entienden, por no mencionar a esa mayoría conformada por quienes no saben qué decir ni cómo decirlo.

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Besando mis rodillas

Jesús Adrián Romero

Besando mis rodillas

Besando mis rodillas


En este libro, Jesús Adrián Romero nos da su punto de vista sobre distintos temas de actualidad, con algunas ideas poco ortodoxas, lo que le ha valido que ha últimas fechas su popularidad haya decaído. Puede uno estar de acuerdo o no, pero hay que leerlo para conocer. Calificación de 8.5

Veranda: es una galería o porche techado abierto.​

La misión de Editorial Vida es ser la compañía líder en satisfacer las necesidades de las personas con recursos cuyo contenido glorifique al Señor Jesucristo y promueva principios bíblicos.

Los conceptos de este libro no traen resolución, más bien te presentan un espacio para que puedas continuar su composición.

En una ocasión escuché a alguien decir que cuando estaba en casa anhelaba estar de viaje y cuando estaba de viaje anhelaba estar en casa. Será que ¿no encontramos nuestro hogar?

Casi siempre el inicio de la vida cristiana parece una eterna primavera. Los nuevos creyentes no conocen el invierno o el desierto. Están viviendo una luna de miel, pero la luna de miel no dura todo el tiempo. Tenemos que dejar de ser niños, tenemos que crecer, madurar.

El verano es un tiempo de mucho trabajo, de mucho sol, de crecimiento y cosecha. En esta etapa, la tierra es fértil y nuestros esfuerzos dan fruto, los ministerios florecen, las iglesias crecen.

La necesidad nos enseña… nos ubica… nos regresa al centro. Así que después de la cosecha y la abundancia, después de las conquistas y las vacas gordas, inevitablemente llegará el otoño y con el otoño llegarán los días grises. El otoño es un tiempo de cambio, parecido a la primavera pero al revés. Las flores se secan y comienzan a morir. Las hojas de los árboles se apergaminan y empiezan a caer. El viento sopla y la lluvia cae. Los días se hacen más cortos. El cielo se nubla y nuestra actitud también.

Durante el otoño, muchos sufren de depresión y ansiedad, y aunque suene a tabú, los cristianos también sufren de depresión y ansiedad, y van a terapia con el psicólogo. La depresión y la ansiedad son sentimientos que vienen con el otoño espiritual, y con mucha frecuencia son el resultado de haber perdido la conexión con Dios, esa conexión que nos da vida, significado e identidad. En el otoño muere el verano, y mientras más productivo haya sido nuestro verano, más gris veremos nuestro otoño, porque es mucho más lo que estamos perdiendo, mucho más lo que estamos dejando. Muchos se aferran a cosas que tienen que soltar; un ministerio, una relación, un sueño… y aunque el otoño no siempre significa que dejaremos de hacer lo que estábamos haciendo, sí significa que vienen cambios. Durante los otoños, el trabajo que antes era un deleite se convierte en una carga. Entonces, los resultados que antes se lograban con facilidad, ahora se alcanzan con mucha dificultad. Al igual que en los veranos, nos cansamos, pero este tipo de cansancio nos quita el sueño, y a veces sufrimos de insomnio, nuestra mente da vueltas y quisiéramos poder apagarla. Este es el tiempo de la rutina. Caminamos en automático… hacemos las cosas por inercia y responsabilidad más que por pasión.

En el invierno enfrentamos la desesperanza y perdemos la confianza.

Por mucho tiempo no entendí a las personas que piensan en el suicidio, tenía compasión de ellas pero no las entendía. Mi mente decía: con tanta belleza, tanta vida, tanta alegría, tantas cosas buenas, ¿cómo puede alguien pensar en el suicidio? Y aunque nunca he pensado en el suicidio, sí he conocido por momentos la desesperanza del invierno, y cuando cruzas por un crudo invierno puedes llegar a entender a los que no tienen esperanza.

En el invierno todo muere y en el invierno espiritual debemos morir. Aunque la muerte suene como el fin, en la vida espiritual no lo es. Fue a través de la muerte que Jesús triunfó sobre sus enemigos.

Cada invierno es un tiempo para pensar en las cosas que deben morir en nosotros. Mientras más tiempo nos tome entenderlo, más largo será nuestro invierno.

Hay ministerios que deben morir para descubrir lo nuevo que Dios tiene para nosotros. No podemos dar la bienvenida a Isaac si nos hemos conformado con Ismael. Aunque en los inviernos Dios parece distanciarse, es cuando más cerca está de nosotros. Jesús camina a nuestro lado, pero como los caminantes a Emaús, no le reconocemos porque nuestros ojos están vendados. Es durante los inviernos que más oramos y, aunque nuestras oraciones parecen no encontrar respuestas, es cuando más crecemos. Curiosamente, después de haber atravesado un invierno, después de haber pasado por una situación devastadora en la vida, la mayoría de las personas dicen: fue lo mejor que me pudo haber sucedido.

No hay crecimiento espiritual sin invierno.

Lo largo de nuestro invierno dependerá de qué tan dispuestos estemos a morir.

Somos parte de una generación que se ufana de practicar una fe urbana, moderna y sofisticada, pero el peligro de practicar una fe moderna es que podemos perder la conexión tan necesaria con el pasado.

Hay tres ramas de la iglesia cristiana; la católica, la evangélica y la ortodoxa. La ortodoxa es la más antigua de todas. Sus orígenes datan de los primeros apóstoles. Se encuentra mayormente en el Medio Oriente y partes de Europa. Turquía tiene algunas de las iglesias más antiguas del cristianismo.

Para los artistas religiosos de la antigüedad había una diferencia entre pintar una pintura y crear un icono. Aunque ambos eran hechos por un artista, la pintura se pintaba mientras que el icono se escribía, por eso es que ese tipo de cuadros con iconos eran llamados iconografías. A través de los iconos contaban la historia bíblica, la historia de la redención y la fe. Los iconoclastas eran los destructores de iconos. Así es la iglesia moderna.

Nuestras reuniones tienen muy poco misterio. Somos parte de una generación que quiere entender y solucionar todos los rompecabezas. Queremos resolver el misterio de Dios.

Las oraciones litúrgicas son oraciones escritas. Algunas de ellas se escribieron hace cientos de años y han sido utilizadas por creyentes ortodoxos a través de los siglos. Estas oraciones están llenas de Biblia e historia.

La iglesia se ha convertido en un ejército de personas que visten, piensan, cantan, adoran y oran de la misma manera. Al desarrollar este tipo de iglesia estamos menospreciando la inmensa creatividad de Dios. Dios nos hizo distintos, y debemos practicar la vida espiritual de distintas maneras.

Por mucho tiempo rechacé mi temperamento hasta que un día me di cuenta de que los dones y el llamado que Dios tenía para mí iban a fluir a través de mi temperamento, y empecé el proceso de aceptarme tal y como Dios me había hecho. Algo muy interesante empezó a suceder, un río de canciones empezó a surgir dentro de mí. Lo que sucedió fue algo muy simple, acepté mi temperamento de músico. Como tal, soy melancólico, introspectivo y hasta bohemio, y al aceptarlo, el don de Dios de la música empezó a fluir en mí.

Los artísticos crecen espiritualmente a través de expresiones de arte. Muchas personas artísticas se sienten incómodas con expresiones emocionales fuera de control.

El problema moderno no es el escepticismo, sino la credulidad.

Molesto con los judíos que estaban instigando a los gálatas a circuncidarse, Pablo les dice que deberían de castrarse. «¡Ojalá que quienes los molestan no sólo se circunciden, sino que de una vez se lo corten todo!» (Gálatas 5.12, TLA).

La Biblia no es como cualquier otro libro, pero se debe de leer como se leen otros libros. La diferencia estará en lo que provoca en nosotros.

Para que la palabra penetre, necesitamos leerla, disfrutarla, meditarla e impregnarnos de ella hasta que penetre y llegue hasta los tuétanos.

Hay tantas historias que nos van a desafiar y nos llevarán a cuestionar muchas cosas. Al leer la historia del joven rico debe hacer que nos preguntemos: ¿estaría yo dispuesto a venderlo todo y darlo a los pobres? La historia de la negación de Pedro. ¿Actuaría como Pedro? ¿Haría yo lo mismo? ¿Lo negaría? ¿Cuántas veces has luchado con esos pasajes? ¿Cuántas veces después de leer este pasaje has cuestionado tu fidelidad, tu amor, tu fe, tu cristianismo? A menos que experimentes la Biblia de una manera interactiva, no la has leído.

Después de pensarlo muchas veces me di cuenta de que ambos, Abraham e Isaac, estaban llenos de temor, pero confiados en su padre. Isaac estaba confiado en su padre Abraham, y Abraham estaba confiado en su padre Dios. Ese enfoque me llevó a cuestionar si yo realmente confío como lo hicieron Isaac y Abraham. El pasaje me ha hecho interactuar muchas veces.

«Hagamos tres enramadas» (Marcos 9.5), dijo Pedro cuando el monte en el que estaban se convirtió en un santuario. Aquí me quiero quedar, aquí me siento seguro. Los santuarios son lugares de refugio donde nos sentimos seguros. Cuando David huye de Saúl, está luchado por sobrevivir, sabía que en cualquier momento le podían quitar la vida. Muchos de los salmos que hablan de confianza fueron escritos por David en estos días difíciles de persecución. En su huida, David encuentra refugio en el santuario en Nob, donde Abimelec era el sacerdote y allí es alimentado de pan. El pan consagrado, el pan de la presencia. Además de haber llegado con hambre, David también había llegado al santuario sin espada, y le pide una al sacerdote. Abimelec le responde que la única espada que tenía era la del filisteo Goliat, y David la toma diciendo que no podía haber otra mejor. Cuando David sale del santuario, ha sido fortalecido físicamente y lleva en sus manos la espada de Goliat. Una espada que representaba el respaldo de Dios a su vida. En el santuario, Dios nos recuerda nuestras victorias y recobramos la confianza.

Tradicionalmente se relaciona la palabra «santuario» con la palabra «iglesia» o el lugar donde la gente se congrega para adorar, pero hay una generación emergente que está descubriendo un santuario en su lugar de trabajo, en su escuela, en la casa donde viven y hasta en el baño. Dios está presente en su creación, declara el poeta/profeta: «Toda la tierra está llena de su gloria» (Isaías 6.3).

Hemos encerrado a Dios en las cuatro paredes de un templo, pero Dios está en todas partes y el mundo entero es un santuario.

Eugene Peterson nos dice en su libro Leap Over a Wall: «En los textos bíblicos ser ungido significa que Dios te dio un trabajo. Significa empleo. Se nos está diciendo que hay un trabajo para hacerse, nos ha asignado un trabajo y lo podemos hacer». Jesús fue ungido para su trabajo, David fue ungido para el suyo y después se va al palacio del rey a trabajar como escudero y a tocar el arpa. El ser ungido para el trabajo no se limita al trabajo «espiritual».

El trabajo dignifica, nos da valor y propósito. Nos lleva a proveer para los nuestros.

Haz de tu lugar de trabajo un santuario. Mira las cosas que tienes y que tu trabajo ha provisto. La ropa que usas, los zapatos que traes puestos, la comida que tienes en el refrigerador o en la alacena, la mesa en la que comes, el coche que conduces, aunque no sea mucho es mejor que nada. Dile al Señor gracias porque hay comida para dar en esta casa. Te doy gracias porque pude pagar el recibo de electricidad, el recibo del agua.

Me suena lógico que mientras más cerca estás de Dios, más creativo serás, pero algo sucedió con el arte y los cristianos. De repente se empezó a pasar el arte por un filtro de supuesta espiritualidad por el que muy pocas cosas pueden pasar, y el arte empezó a ser rechazado. El único arte que realmente se acepta en la iglesia es la música.

En muchas ocasiones he estado con algunos de mis músicos escribiendo y de repente surge una melodía, una canción. Sabes que cruzaste el umbral de la creatividad. Se te eriza la piel, sabes que algo extraordinario acaba de suceder, te conectaste con esa voz creativa. Realmente no puedes tomar demasiado crédito por lo que acaba de suceder, el único crédito que puedes tomar es el de haber sido sensible a esa voz creativa de Dios.

En las últimas décadas muchas personas en la iglesia se han vertido en contra de todo. En contra de Hollywood, el cine, las caricaturas, la música, la navidad, y la lista continúa. Dicen que el diablo está en La bella y la bestia, en La cenicienta, en Blancanieves. ¿Por qué será que los cristianos tan fácilmente encuentran al diablo en todo, pero difícilmente encuentran a Dios? ¿No dijo el profeta/poeta que toda la tierra está llena de la gloria de Dios?

De niño creía en Santa Claus, en Superman y en el ratón que me traía dinero cuando se me caía un diente y lo ponía debajo de mi almohada. Ahora que soy grande no creo en ninguno de ellos, pero todos ellos de alguna manera me invitaron a creer, me iniciaron en el campo de la fe y finalmente me dirigieron a Dios. ¿Por qué privar a nuestros hijos de una imaginación que los llevará a Dios? ¿Por qué privarnos nosotros de imaginar y encontrar a Dios en el arte?

La realidad es que si no tenemos relaciones significativas, aunque tengamos a Dios, seguiremos estando solos y fue Dios quien lo diseñó así.

C. S. Lewis tenía muchos amigos, y pasaba muchas horas disfrutando su compañía. En una de sus cartas preguntó: «¿Habrá un placer más grande que el de un círculo de amigos al lado de una fogata?». La gente más feliz es aquella que conecta, que se relaciona con los demás.

C. S. Lewis dijo: «El amor eros nos lleva a tener cuerpos desnudos, pero el amor fileo nos lleva a tener personalidades desnudas».

Como Adán y Eva, todos negamos nuestra necesidad de conexión y nos escondemos, pero no podemos estar siempre escondidos, algún día tendremos que salir de nuestra guarida.

No hay verdadera comunidad sin transparencia.

No hay sustituto para la verdadera comunidad, y no se puede dar en las redes sociales.

Cuando Dios ve a Adán y Eva con hojas de higuera cubriendo su desnudez, hace algo: «Dios el SEÑOR hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió» (Génesis 3.21, NVI). Para darles estas pieles un animal tuvo que ser sacrificado. Este animal era una figura, una profecía de lo que Dios haría miles de años después a través del sacrificio del cordero del Dios que es Cristo Jesús. Así lo declara el autor de Hebreos. Él quiere limpiar tu conciencia para que seas libre, para que disfrutes la relación con Él y con los demás sin esconderte.

Los que son padres de niños con frecuencia se preguntan: ¿cómo les puedo enseñar a mis hijos acerca de Dios?, y aunque esta pregunta es relevante, hay otra pregunta que nos debemos hacer; ¿de qué manera pueden mis hijos enseñarme de Dios? ¿De qué manera mis hijos me pueden acercar a Dios?

En una ocasión cuando Jesús era niño se perdió, y sus padres no lo encontraban. Imagina tal situación, se les perdió, ¡Dios¡ Tal vez María le pregunta a José: «¿Has visto a Jesusito?». «¡Yo pensé que estaba contigo!», le responde José. «¡Y yo pensé que estaba contigo!», replica María. Se les extravió el creador de las galaxias. Después de haberlo buscado por tres días, lo encontraron en el templo hablando con los maestros de la ley, y como padres, cuando lo encuentran, se ponen a regañarlo. Primero pierden a Dios y luego lo regañan.

Los niños viven en un mundo diferente al nuestro. Ellos viven en un mundo espontáneo y natural, donde todo es personal. En cambio, nosotros los adultos dejamos de ser espontáneos y naturales. Nos volvemos almidonados, acartonados y desconectados, batallamos para las relaciones. Hay personas que no se hallan bien con nadie, aunque de niños no eran así.

La paternidad de nosotros los hombres apunta hacia la paternidad de Dios. Nosotros somos padres porque Él fue padre primero. Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar les dijo que empezaran diciendo: «Padre nuestro que estás en los cielos». Los únicos que nos pueden enseñar a ser padres y parecernos más a Dios son los niños.

Creo que tal vez esa sea la razón por la que inconscientemente no queremos que nuestros hijos crezcan. Nos acercan a Dios, nos hacen mejores personas. Queremos que se queden como niños un poco más de tiempo.

Dicen los expertos en ejercicio que si tú haces ejercicio constante por un periodo de tres años, tus células, que tienen memoria independiente, empezarán a actuar como si hubieras hecho ejercicio toda la vida. ¡Asombroso! Tú puedes tener cincuenta años de edad, y si el día de hoy empiezas a hacer ejercicio, en tres años tu cuerpo actuará como si hubieras hecho ejercicio toda la vida.

Una sinécdoque es un recurso del lenguaje literario que utiliza una parte de algo para referirse a un todo. Por ejemplo, cuando se dice que una señorita cumplió quince primaveras, se está utilizando la estación de la primavera (parte del año) para representar el todo (el año total).

Mi identidad estaba estrictamente ligada a mis actividades, yo era lo que hacía, y cuando dejé de hacerlo entré en una crisis de identidad.

Tim Keller, hablando del tema de buscar identidad en el amor y utilizando la historia de Jacob como ejemplo, dice que Jacob pensaba que Raquel vendría a darle lo que su alma necesitaba. Después de haber engañado a su padre y haber obtenido la bendición del primogénito a base de mentiras. Después de haber huido de la casa de su padre porque su hermano lo quería matar. Jacob está en una tierra lejana, solo y lejos de su familia. Tal vez está lamentando todo lo que había sucedido. Cuando ve a Raquel piensa que ella le solucionará todos sus problemas. Que le dará lo que realmente necesita. El escritor de Génesis dice que cuando Jacob la vio «la besó y rompió en llanto». Nunca he visto a un hombre romper en llanto de la manera que este pasaje lo describe. Jacob ve a Raquel como su salvación. Tan seguro está de esto que se dispone a trabajar siete años para que Labán se la dé en matrimonio, mucho más de lo requerido, pero a Jacob no le importa y los siete años le parecieron muy poco tiempo. El desenlace de la historia es conocido por todos. La noche de bodas, en medio de la oscuridad, Jacob no se da cuenta de que le cambiaron a la novia. En vez de dormir con Raquel, Jacob terminó durmiendo con Lea su hermana, la hermana mayor que no era tan atractiva como Raquel. Tim Keller dice: «Ninguna persona, ni la mejor, le puede dar a tu alma lo que necesita. Vas a pensar que te fuiste a la cama con Raquel pero cuando te levantes siempre será Lea».

¿Cuántas veces oramos por algo y continuamos preocupados? Decimos que hemos puesto las cosas en las manos de Dios, pero aún continúan en las nuestras. Creemos que somos nosotros los que vamos a cambiar las cosas y arreglar a las personas. Creo que a veces Dios no contesta nuestras oraciones porque no se lo permitimos.

Le pregunté si no estaba preocupada por lo que estaba pasando en casa y su respuesta inmediata fue que no. «En el momento en que puse esta carga en las manos de Dios, allí la dejé, ya no es mi carga; si no puedo descansar en Dios, entonces realmente no creo lo que dice su Palabra».

Cuando tomamos un día libre, cuando dejamos de hacer las cosas, y dejamos de preocuparnos por ellas, le estamos diciendo a Dios: mi vida es tuya, tú estás en contro, mi trabajo es tuyo, mi negocio es tuyo. Mi ministerio es tuyo.

«En paz me acostaré, y así mismo dormiré; porque solo tú, oh Señor, me haces vivir confiado» (Salmos 4.8). Hemos enfocado este versículo para poner a dormir a los niños, pero no es un versículo que los niños necesitan oír. Es un versículo para adultos que necesitan aprender a confiar y descansar en Dios.

Aunque como iglesia hablamos de ir por los perdidos y rescatarlos, hemos desarrollado una cultura para los triunfadores. Al igual que los hombres de David, se nos ha olvidado que en un tiempo nosotros también estuvimos rezagados. «David se fue de Gat y huyó a la cueva de Adulán […] Además, se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David llegó a tener bajo su mando unos cuatrocientos hombres». (1 Samuel 22.1–2, NVI)

La mayoría de los cristianos no saben cuáles son las preguntas que el mundo está haciendo porque no escuchan. Estamos fascinados con el sonido de nuestra propia voz y listos a dar respuestas. Y aunque nuestra respuesta sea la correcta, a la gente le suena a intolerancia, juicio, odio y condenación.

«Ciertamente el SEÑOR está en este lugar y yo no lo sabía» (Génesis 28.16, LBLA).

Nuestros días corren tan de prisa que no nos detenemos a mirar las zarzas que arden a nuestro alrededor.

La zarza está en llamas cuando me reúno con mis amigos y reímos hasta llorar. La zarza está en llamas cuando juego con mis hijos. Cuando paseo en bicicleta, cuando corro por los campos. La zarza está en llamas cuando veo el sol ponerse. Cuando veo las olas del mar llegar a donde están las rocas y las baña. Una antigua leyenda rabínica cuenta de dos hombres que tuvieron el privilegio de experimentar uno de los milagros más extraordinarios de la historia. Rubén y Simón eran parte de los cientos de miles que Dios liberó de Egipto a través de Moisés. Cuando salieron de Egipto, el ejército de Faraón los iba persiguiendo y llegaron al Mar Rojo. Ellos no estaban a un lado de Moisés cuando este pone su vara sobre el mar y se abre. Empezaron a caminar entre la multitud, sin darse cuenta de lo que estaba sucediendo, no sabían que estaban caminando en medio del mar que se había abierto. Había algo así como el lodo de arena que se hace cuando baja la marea en el mar y dice Rubén: «¡Esto es terrible!, ¡hay lodo por todas partes!». «¡Sí, qué asco!, responde Simón, estoy lleno de lodo hasta los tobillos». «¿Sabes qué?, le dice Rubén, cuando éramos esclavos en Egipto teníamos que hacer ladrillos de lodo, exactamente como este». «Sí, le contesta Simón, no hay diferencia entre ser esclavos en Egipto y estar libres aquí». Y así siguieron, quejándose y lamentándose, sin darse cuenta de que estaban participando de uno de los milagros más extraordinarios de la historia. Tal vez en este momento estés cruzando el mar. Tal vez ahora mismo estás pisando tierra santa y sea necesario remover el calzado. Tal vez en este momento el cielo se está conectando con la tierra en el lugar donde estás. ¿Te has dado cuenta?

Redimir también significa devolverle la dignidad y el valor a alguien que los ha perdido.

Tu prójimo son todos, especialmente aquellos que no son como tú.

Nuestra interpretación del amor está más de acuerdo al Antiguo Testamento que al nuevo. No amamos como Cristo amó, hacemos una distinción entre nosotros y ellos, entre los de adentro y los de afuera. Creemos en el amor condicional, el amor que se gana, el amor que se merece. Por eso tenemos la palabra amable. Alguien digno de ser amado. Lo experimento cada vez que viajo, en los aeropuertos, en los hoteles. «Gracias, eres muy amable». Como me trataste bien, me caíste bien, te trataré bien, eres digno de amor.

Hay mucha gente a nuestro alrededor que se siente devaluada, olvidada, sola y sin esperanza. Entender la obra redentora en su totalidad implica ayudar a las personas en sus diferentes problemas y regalarles esperanza, no ayudar a la distancia, sino ser amigo de los pobres y débiles. Hay tanto sufrimiento que necesita ser mitigado, tantos daños que necesitan ser corregidos, y aquí es donde entra la obra de la redención. Si cada creyente alrededor del mundo decidiera redimir a alguien, el mundo entero entendería más fácilmente el otro mensaje de la redención. Antes de predicar la redención debemos vivir la redención. Busca alguien a quién devolverle el valor, la dignidad, la honra… que Dios ponga en tu corazón a quién redimir. Cuando leí el versículo de Proverbios 23.10–11 que vimos anteriormente: «No cambies de lugar los linderos antiguos, ni invadas la propiedad de los huérfanos, porque su Defensor es muy poderoso y contra ti defenderá su causa», me quedé pensando en la frase «su defensor es muy poderoso». Seguramente no todas las personas que en el Antiguo Testamento decidían redimir a sus parientes eran poderosas. Seguramente había personas que con dificultad hacían la obra de la redención, pero este pasaje afirma, asume, que todos los defensores son poderosos. Esta es la razón: Cuando nos hacemos del lado de los marginados, nos hacemos del lado de Dios. Cuando decidimos redimir a alguien, estamos haciendo equipo con Dios. Cuando defendemos la causa de los pobres, los oprimidos y los débiles, nos hacemos parte de la causa de Dios. Dios es poderoso y quien decida ser parte de su equipo también lo será. No hay mejor inversión que podamos hacer en esta tierra que redimir al necesitado. «Si ayudas al pobre, le prestas al SEÑOR, ¡y él te lo pagará!» (Proverbios19.17, NTV). De la misma manera, el ignorar al necesitado es una receta para nosotros terminar en necesidad. «Los que tapan sus oídos al clamor del pobre tampoco recibirán ayuda cuando pasen necesidad». (Proverbios 21.13, NTV) «Al que ayuda al pobre no le faltará nada, en cambio, los que cierran sus ojos ante la pobreza serán maldecidos». (Proverbios 28.27, NTV)

Dios no creó el alimento solo para nuestro sustento, también para nuestro deleite.

La realidad es que en la cultura moderna la gente no come de una manera apropiada y mucho menos a la medida.

El comer kosher transforma el comer, llevándolo desde la perspectiva nutricional hasta el terreno de la fidelidad. Si mantienes una dieta kosher, el protagonista de tu comida no eres tú; es Dios.

Antes había cosas que no se comían por algunos meses del año porque no las encontrabas en el mercado. Era muy común que cuando quería comer algo, mi mamá me decía que no era temporada. Ahora encuentras todo en el mercado. Los mercados de antes asaltaban todos tus sentidos, olías y veías la carne de la vaca que acababan de traer del matadero. El pescado que había llegado en la madrugada del puerto más cercano parecía estar todavía vivo. Las verduras aún tenían tierra en sus raíces. Ahora todo lo traen de alguna parte del mundo. No anticipamos nada. No esperamos nada. El placer es inmediato porque todos los alimentos están a nuestro alcance. Tal vez esa sea la razón por la que en nuestra cultura no sabemos posponer la gratificación o la satisfacción en otras áreas. Estamos acostumbrados a que todo lo que queremos lo podemos tener ahora.

El sexo no sacia…

El sexo se ha convertido en el espejismo más engañoso. Promete mucho, pero cumple poco.

Los antiguos convertían las cosas buenas en ídolos. Los ídolos son cosas a las que les damos atributos que solo Dios posee. Cuando esperamos que el dinero, el trabajo, o en este caso el sexo vengan a llenar nuestros anhelos más profundos, los convertimos en ídolos.

Me fascinan los ruidos en las casas de madera. Crujen cuando sienten el calor, el frío y la humedad y a veces pienso que se acuerdan de cuando eran árboles.

«Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: “Éste es el camino; síguelo”». (Isaías 30.21, NVI)

A veces leemos libros, y a veces los libros nos leen a nosotros.

A veces he estado hablando con personas cuyos pensamientos se sienten dispersos. Parecen tener un déficit de atención. Platican, pero lo hacen volteando a los lados como buscando algo. Juegan con su teléfono y hacen de todo menos concentrarse. A veces me pregunto si Dios se sentirá así con nosotros. No ponemos atención. No estamos presentes.

En una ocasión, Jesús sanó a un hombre de ceguera. Después que puso sus manos sobre él, le preguntó qué era lo que veía. El hombre respondió que veía a los hombres como árboles. Jesús volvió a poner sus manos sobre él para que pudiera ver completamente bien. Tal vez lo mismo necesita suceder con nosotros. A veces nuestra visión no es lo suficientemente clara.

Cartas de amor a los muertos

Ava Dellaira

Cartas de amor a los muertos

Cartas de amor a los muertos

Como parte de una tarea de Literatura, una adolescente envía cartas a distintos personajes que han muerto, y así, mientras detalla algunos datos biográficos de los difuntos, aprovecha para desahogarse contando su vida, sus miedos y temores, sus alegrías y tormentas, y sobre todos, sus tragedias. Mención aparte es la temática “dura” que la autora aborda: homosexualidad, suicidio y abuso sexual. Dura porque son temas difíciles de tratar, pero que existen. Sobre todo porque es un libro orientado a adolescentes. Bien por el esfuerzo. Calificación de 9.5

Cartas enviadas a: Kurt Cobain, Judy Garland, Elizabeth Bishop, Amelia Earhart, River Phoenix, Janis Joplin, Jim Morrison, Amy Winehouse, Heath Ledger, Allan Lane, E.E. Cummings, John Keats y May, hermana de la protagonista.

Hay algunas cosas que no le puedo contar a nadie, excepto a las personas que ya no están aquí.

Ahora temo acercarme a él por miedo a que derrame toda la angustia que esconde en su interior.

Kurt, tengo la sensación de que nos conoces a May, a Hanna, a Natalie y a mí. Puedes comprendernos a la perfección. No temiste hablar sobre los miedos, la angustia y otros sentimientos humanos que muchas veces intentamos ocultar. Sé que tu intención no era convertirte en un héroe, no querías ser un ídolo. Solamente deseabas expresarte a través de tu música, ser tú mismo.

Los relatos de nuestros padres quedan grabados en la memoria de una manera especial. Se diferencian del mundo actual y también de nuestros propios recuerdos. Tienen un color particular. No me refiero a que estén en blanco y negro, porque mis padres son bastante jóvenes. Pero guardan un brillo propio, único.

Una vez que tienes miedo de una cosa, ese miedo puede diversificarse y expandirse.

A veces, los adultos son impostores, pensé. Siempre actúan como si desearan ayudarnos o cuidarnos, pero en el fondo solo quieren algo a cambio.

Tal vez en eso consiste el amor, en atesorar para siempre una vida, una persona o un momento.

No conozco a nadie que posea una familia perfecta. Creo que esa es la razón por la cual ansiamos crear una nueva cuando crecemos. Las amistades también entran en esa categoría.

Sé que es muy difícil entender el gran amor que alguien puede sentir por nosotros, sobre todo cuando tenemos miedo ser nosotros mismos o cuando ni siquiera sabemos con certeza quienes somos.

Adoro las tradiciones porque mantienen vivas las memorias del pasado.

Me pregunto si será verdad… si tendremos una herida oculta que siempre encuentra la manera de resurgir.

Recordé tu nota de suicidio en la que afirmabas que tu hija sería mucho más feliz cuando tú no estuvieras. Déjame decirte algo. Creo fervientemente que estabas muy equivocado. No tolerabas la vida y esa era una buena excusa para sentirte mejor, ya que íntimamente sabías que tu pequeña niña te necesitaba y no quería que te fueras.

He descubierto que algunos momentos de la vida permanecen en nuestro cuerpo, anclados debajo de la piel al igual que semillas de asombro, tristeza o temor. Si nos caemos, alguna de ellas podría liberarse y disolverse en la sangre o crecer hasta convertirse en un árbol. A veces, basta con que una sola se esparza para que las demás hagan lo mismo.

Simplemente amo a las personas… tanto que me hacen sentir tremendamente triste.

Nirvana significa liberación del sufrimiento. Algunas personas dirían que esta liberación se alcanza con la muerte. Felicitaciones por haberte liberado. El resto de nosotros permanece aquí lidiando con las ausencias.

Los malos acontecimientos nunca vienen solos, sino que siempre están acompañados del angustiante sentimiento de lástima de los demás. La reacción de los otros confirma el lamentable suceso.

Amaba sentir su mano contra la mía cuando chocábamos los cinco, aunque fuera tan solo un instante.

En determinadas circunstancias las palabras están de más, pero a veces hay que intentarlo.

Trajiste una hija al mundo, pero jamás la conocerás. No la verás crecer ni preparará la cena con ella cuando, durante el verano, regrese de la piscina oliendo a cloro. Tampoco presenciarás el momento en el que aprenda a andar en bicicleta sin usar las manos. No asistirás a su concierto de coro, en el que todos los padres estarán sentados en el suelo húmedo del gimnasio observando como cada uno de sus hijos cierra los ojos antes de comenzar a cantar. Al cubrirse el jardín con nieve, no la contemplarás echada sobre ella haciendo angelitos. No te encontrarás presente cuando se enamore por primera vez. Y si le rompen el corazón y se esconde bajo las sábanas a llorar, tampoco podrás escucharla. Cuando más te necesite, no estarás allí para acompañarla. ¿Acaso no te importa? ¿Cómo pudiste hacerle algo tan atroz?

¿Sabes lo que tendrá en lugar de un padre? La nota de suicidio. Mientras la redactabas, ¿pensaste en que aquellas palabras marcarían su vida por completo? Escribiste que tenías una hija, llena de vida y alegría, que solía besar a cada persona que se cruzaba porque todo el mundo era bondadoso con ella y nadie la lastimaría. Aquello te aterrorizaba, ya que no podrían soportar que creciera y se convirtiera en alguien como tú. Pero yo me pregunto… ¿alguna vez te detuviste a pensar en que tu carta y tu suicidio le quitarían la inocencia que tanto anhelabas para ella y entristecerían su alegre corazón? Fuiste el primero en hacerle daño, el primero que la expuso a los peligros de la vida. No sé por qué te he escrito tantas cartas a ti. Creía que eras especial, pero claramente me he equivocado. Tú también te marchaste, al igual que todos los demás.

Tengo un inmenso nudo en el estómago y la terrible sensación de que ya no existen los finales felices.

A veces necesitamos que nuestro cuerpo exponga aquellas historias secretas que nos lastiman y que no somos capaces de confesar en voz alta.

A medida que crecemos, las historias van cambiando e incluso, a veces, pierden por completo el sentido que antes tenían.

A veces actuamos de acuerdo con lo que sentimos internamente, sin tener en cuenta el efecto que causaremos en los que nos rodean.

Deseaba hallar las palabras justas para transformar todo lo malo en algo agradable, pero las busqué en vano.

¿Podrías olvidarte por un segundo de lo que debería ser y enfrentar lo que realmente es?

Nada es peor que ser abandonada por alguien que supuestamente te ama.

Ella tomó sus propias decisiones. Tú debes ocuparte de ti misma ahora, es lo mejor que puedes hacer por ella porque es lo que ella querría.

A menudo, los gestos más pequeños ocupan más espacio.

Quizás al crecer comprendemos cosas que antes nos eran incomprensibles.

Hay muchas situaciones injustas. Frente a ellas podemos enojarnos de por vida o intentar hacer las cosas bien de ahí en adelante.

Si queremos que alguien nos conozca debemos estar dispuestos a desnudar nuestro interior.

Alguna vez dijiste que pensabas que las personas le temían demasiado a volar sobre sus propios Atlánticos.

Ni la culpa ni el enojo ni la nostalgia pueden cambiar lo ocurrido.

Tú eres mejor que tu padre. Pero tal vez no sea tu responsabilidad compensar sus errores para siempre.

Después de confesar algunas cosas, solemos percibir el silencio o los simples ecos que brotan de nuestro interior, lo cual resulta bastante solitario. Sin embargo, eso solo ocurre cuando aún no estamos preparados para escuchar. Porque la verdad es que cada vez que hablamos, la voz del universo nos responde.

Recién ahora comprendo que mi error no fue haberte confesado lo de Billy, sino no habértelo dicho antes.

Cristiano generación Facebook

Josué Barrios

Cristiano Generación Facebook

Cristiano Generación Facebook

En estos tiempos que corren donde Internet y sobre todo las redes sociales por ese medio han hecho su aparición de extraordinaria manera, el autor nos da algunas advertencias y consejos de lo que ocurre con nuestro comportamiento en esas áreas de nuestra vida. Resumiendo: debemos comportarnos de igual forma en todos los lugares, incluyendo las redes sociales. Calificación de 7.

Es muy fácil cometer errores en las redes sociales. Por eso tanta gente lo hace.

Ignoramos que las redes sociales son gratuitas porque el producto somos nosotros.

A muchas personas les parece normal que alguien se tome un montón de selfies, pero una vez que piensas en eso, te das cuenta de que es un acto bastante loco e inútil. Míralo de esta manera: ¿Te imaginas a alguien tomarse fotos para pegarlas en una pared, en la calle más transitada de la ciudad, para que la gente le diga si es atractivo, le dé likes, lo apruebe o simplemente para que lo vean?

Presumir es lo que hacemos cuando no tenemos gozo en Jesús.

Hay personas que piensan que la idolatría es cosa del pasado. Que se trata solamente de rendir culto a figuritas hechas con madera o piedra, o lo que sea, arrodillándote ante ellas y adorándolas, pero se equivocan. La idolatría es más que eso. Es en esencia, atribuir a algo más lo que sólo Dios merece. Es buscar tu máximo gozo, no en ¬Dios, sino en cualquier otra cosa. Es darle más valor a algo pasajero, a lo creado, o a una criatura, que al Eterno Dios Todopoderoso.

Hay gente tan pobre que lo único que tienen son seguidores y fama.

Pascal escribió: “La distracción es la única cosa que nos consuela por nuestras miserias. Sin embargo, es la mayor de nuestras miserias. Por encima de todo, es la que nos impide pensar en nosotros y así nos conduce imperceptiblemente a la destrucción. Pero para esto deberíamos estar aburridos, y el aburrimiento nos llevaría a buscar algunos medios más confiables de escape, pero la distracción pasa nuestro tiempo y nos trae imperceptiblemente a nuestra muerte”.

Lo que creo que es malo […] es cuando usamos la distracción para tratar de llenar nuestras vidas con ella.

¿Por qué y cómo Facebook puede entristecernos? El estudio sugiere que posiblemente sea por la envidia que nos puede causar ver sólo el lado feliz de la vida de los demás. Mullins escribe que “algunos investigadores se han referido a este efecto como el ‘síndrome del mundo amigable’, en el que parece que todos la pasan mejor en la vida que uno”. En Facebook las personas suelen hablar sólo de las cosas buenas que les pasan. Debido a que somos pecadores, eso puede invitarnos a ser envidiosos y presumidos

Al ver que, por ejemplo, parece que somos menos populares que otros. Facebook puede ayudarnos a tener una imagen distorsionada de la vida.

Creo que toda generación tiene sus ídolos característicos… y el ídolo de la generación Facebook es sin duda la social media.

En palabras de David Foster Wallace, “No hay una cosa como no adorar. Todos adoramos. La única elección que tenemos es qué adorar”.

Cuando sabes en tu corazón que tienes la atención infinita de Dios que te ama con un amor que supera todo entendimiento (Efesios 3:19), no necesitas la atención de las personas para ser feliz. Los cristianos no viven para los aplausos como Lady Gaga. Cuando sabes que en Cristo lo tienes todo, sabes que las cosas que no tienes no las necesitas y eso, entre muchas cosas, te lleva a renunciar cada día más a la vanidad, hasta en Facebook (por ejemplo).

El evangelio no es “obedezco y por tanto soy salvo”. El evangelio es “soy salvo, por tanto obedezco” (cf. Juan 14:15).

El apóstol Pablo escribe: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Allí no habla de hacer algunas cosas para la gloria de Dios y otras no, sino TODAS las cosas. Ese breve versículo resume un universo de cosas para hacer si es posible hacer para la gloria de Dios algo que nos resulta tan normal como comer o beber, también es posible escribir un tweet, subir una foto en Instagram y compartir una imagen en Facebook para la gloria de Dios. No sólo es posible comer o beber para la Gloria de Dios, sino hacer todo en nuestro día a día para Su gloria.

Hacer algo para la gloria de Dioses hacerlo reconociendo y mostrando que Él vale más que todo lo demás. “No de la manera que un microscopio magnifica, sino de la manera en que un telescopio magnifica”. En otras palabras, no tratando de mostrar a Dios más grandioso de lo que Él realmente es (esto es imposible), sino buscando mostrarlo de la forma más cercana a la realidad, tan grandioso como Él realmente es. Fuimos creados para ser prismas que reflejen la luz de la gloria de Dios en todos los aspectos de la vida.

¿Qué significa glorificar a Dios? Piper escribe: “Significa reconocer Su gloria, valorarla por encima de todas las cosas y darla a conocer”.

La gente suele asumir que usar las redes sociales para la gloria de Dios es sólo compartir en ellas contenido bíblico y edificante.

Usar las redes sociales para la gloria de Dios se trata de extender el ministerio que todos los cristianos tenemos.

Las redes sociales no son para olvidarnos de la vida fuera de ellas, sino que son un arma de guerra para compartir con más personas lo que ya compartimos fuera de internet y servirles de esta manera a quienes están lejos.

Dios es glorificado cuando somos cuidadosos con quienes aceptamos como contactos en Facebook porque eso da a entender que buscamos estar firmes en la verdad, huir de las tentaciones, no distraernos innecesariamente lidiando con algunas personas que no admiten sus errores, y no tolerar lo que está mal.

Usar las redes sociales para la gloria de Dios es más que compartir versículos, frases, vídeos o imágenes cristianas. Se trata también de hacer lo correcto cuando estés en ellas. De dar un ejemplo de conducta en tu trato con el prójimo, y no sólo un ejemplo de publicaciones.

Es posible amar más ser conocidos por hablar de Dios, que lo que amamos a Dios. Es posible amar más tuitear sobre Dios que a Dios.

Cada cristiano necesita recordar que debe vivir como para una audiencia de una sola Persona: Dios, el creador del Universo.

También están los que denuncian falsos maestros y critican constantemente a otras personas en Internet, no con intención de edificar, sino por el arte de sonar como radicales, expertos en teología y lucir bien.

Procura ser bíblicamente correcto en todo lo que compartas en Internet. Y es que las personas necesitan la verdad y no algo que luzca como la verdad. El amor se goza de la verdad.

En Internet solemos escribir cosas de las cuales podemos arrepentirnos.

Dios no es glorificado en nuestras vidas cuando tenemos nuestras prioridades mal ajustadas. Las redes sociales pueden acercarnos a personas que se encuentran lejos de nosotros, apartándonos sin que nos demos cuenta de las personas que se encuentran cerca. Cuídate de cometer el error de estropear tus relaciones cercanas por estar muy pendiente de las lejanas.

Apartarte de las redes sociales por un periodo prolongado para no distraerte tanto y enfocarte en lo realmente importante, es algo que recomiendo mucho, porque cuando regresas a la web, empiezas a ver todo desde una perspectiva más realista y no la usas de la misma manera.

Recuerda que lo que dices en Internet tiene un impacto fuera de Internet.

“Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él. Responde al necio como merece su necedad, para que no se estime sabio en su propia opinión” (Proverbios 26:4-5)

(Mateo 7:12) La gente suele interpretar mal ese mandamiento al asumir que cuando tratemos al prójimo como queremos ser tratados. Entonces el prójimo nos tratará de la misma manera. La Biblia en varias ocasiones da testimonio de que la gente nos perseguirá y odiará por ser cristianos y amarles. El punto es: No trates a las personas bien para agradarles y que te amen, sino trátalas así aunque no te amen porque Dios es más que suficiente para ti.

Resuelvo no darle a las redes sociales más importancia de la que merecen, quiero usarlas de tal manera , que cuando Jesús regrese no me pregunte por qué estuve tanto tiempo en Facebook y tan poco tiempo estudiando la Palabra de Dios y orando.

La década inolvidable

Heriberto Murrieta

La década inolvidable

La década inolvidable

La década de los 70s visto desde la perspectiva de tres grandes periodistas encabezados por Heriberto Murrieta (Roberto Gómez Junco y Héctor Huerta). La colección de fotografías es en verdad de antología. Lo mejor (o peor) es que a algunos de ellos los vi jugar. Calificación de 9.5

Raigambre: Conjunto de antecedentes, intereses o hábitos que hace que una cosa sea estable o segura o que ligan a una persona a un lugar determinado.

El azteca es más grande cuando está semivacío.

Los equipos saltaban a la cancha cada uno por su lado como las entidades independientes que eran. Los jugadores corrían hacia el círculo central y los vítores de sus partidarios se desgranaban desde las tribunas. Liego saludaban al público con los brazos en alto. ¿A quién se le ocurrió suprimir tan gallarda entrada a la grama? No había esa cursilería de ahora en la que los dos cuadros aparecen al mismo tiempo ante los ojos de la multitud, haciendo que se confundan aplausos y silbidos. Una cosa es el fair play y otra muy distinta, entrar al terreno en fila india, muy recatados y ceremoniosos.

Por ridículo que hoy parezca, había un solo balón para jugar los encuentros y si se llegaba a ir a la tribuna, había que esperar a que fuera devuelto por los aficionados para reanudar las “hostilidades”. Cuando caía un gol, los fotógrafos se metían a la cancha para tomar de cerca sus “placas” al anotador.

Jugadores que en general permanecían en sus equipos durante más torneos que ahora (y de los largos), y por lo tanto alcanzaban otros niveles de identidad con las respectivas camisetas y los distintos seguidores. Un futbol sin espinilleras, sin tatuajes ni zapatos de colores, sin festejos preparados de coreografías ensayadas, de menos aviones y más viajes por carretera; y con balones que al mojarse podían pesar lo que ahora no.

Dice Milan Kundera que “el crepúsculo de la desaparición” se “baña con la magia de la nostalgia”.

Marcel Proust: “No hay paraíso hasta que se ha perdido”.

Historia del narcotráfico en México

Guillermo Valdés Castellanos

Historia del Narcotráfico en México

Historia del Narcotráfico en México

Obra dividida en dos partes: la primera, una muy buena historia cronológica del narcotráfico en nuestro país, la segunda, una radiografía detallada del momento en que el autor se desempeñaba como director del CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) en el sexenio de Felipe Calderón y que vivió como parte de la guerra que dicho presidente emprendió contra el crimen organizado. Eso me lleva a una conclusión: tal pareciera que se trata de demostrar que la estrategia seguida en ese periodo fue la única y la mejor. Es cierto que son muchos los factores que hay que tomar en cuenta para dar una solución a la problemática, pero no se nota un ápice de autocrítica y sólo deja un sabor de: “Esto es lo que se debía hacer”. Calificación de 9.

Criba: Selección que se efectúa entre varias cosas o personas para separar las que se consideran buenas o apropiadas para algo de las que no lo son.
Boato: Ostentación de lujo o riqueza que se manifiesta en las formas externas.
Anomia: Falta de normas.

Y si la decapitación de 5 personas y parecía una muestra extrema de violencia, por el número y la forma, faltarían palabras y adjetivos para nombrar y calificar los episodios de violencia que tendrían lugar en los últimos años: un par de granadas aventadas contra la multitud inerme que celebraba el Grito de Independencia en Morelia, con un saldo de nueve muertos y más de 100 heridos; 72 inmigrantes centroamericanos ejecutados salvajemente en Tamaulipas por no pagar una extorsión de dos mil pesos; 52 personas quemadas e intoxicadas, la mayoría adultos mayores, en un casino de Monterrey incendiado por criminales dedicados la extorsión; 17 jóvenes de una colonia marginal de Ciudad Juárez asesinados con ráfagas de AK 47 disparadas por otros jóvenes drogados y probablemente con nula conciencia de lo que hacían; 11 miembros de una familia tabasqueña –entre ellos niños y adultos de la tercera edad– cuyo “delito” era que formaban parte de la familia de un marino muerto en el operativo en el que fue abatido Arturo Beltrán Leyva; nueve soldados desarmados y vestidos de civil –habían salido del cuartel en Monterrey en su día de descanso- fueron secuestrados y torturados sin piedad hasta la muerte por pertenecer al ejército; una segunda masacre en San Fernando, Tamaulipas, de más de 200 viajeros que abordaban autobuses de pasajeros en Michoacán con rumbo a Matamoros, por lo que fueron confundidos con gatilleros de La Familia michoacana. Fueron tantos los asesinatos y con tal frecuencia –y en muchas ocasiones con desmesurada crueldad-, que comenzamos a perder la capacidad de asombro e indignación.

En las aproximaciones existentes al problema del narcotráfico y del crimen organizado en general, ha predominado el enfoque periodístico, con gran valor testimonial en algunos casos, pero poco útil en términos explicativos.

Los chinos fueron traídos a México para construir el ferrocarril y explotar las minas, primero en Baja California y luego en Sinaloa, durante las últimas décadas del siglo XIX. Ellos trajeron las semillas de la amapola y el conocimiento para cultivarlas y transformar su flor en opio. Lo producían evidentemente para su consumo. No es raro por eso que los primeros y más numerosos fumadores de opio estuvieran en esa entidad.

Hubo un periodo de seis a doce años –entre 1914 cuando se regulan las drogas en Estados Unidos, en 1920 cuando en México se prohíbe la marihuana y en 1926 cuando se legisla en contra de los opiáceos- en que la disparidad de legislaciones provocó una situación inmejorable para los incipientes narcotraficantes mexicanos, pues durante esos periodos pudieron producir legalmente opio y marihuana en nuestro país y exportarlos a Estados Unidos donde, por la prohibición, ya habían ganado un sobreprecio, iniciándose de esa manera el gran negocio del narcotráfico. Fue una época para organizar, sin problemas legales, la logística del contrabando hacia el vecino del norte.

Dado que en las boticas se podían adquirir las drogas como cualquier otro medicamento, algunos boticarios comenzaron a dedicarse por completo al negocio hasta lograr grandes fortunas (…) hubo quien para asegurarse un éxito más completo se metiera a la política.

Los datos del INEGI de 2010 sobre el ingreso promedio de los habitantes de los municipios muy pobres (como los de Guerrero, Michoacán y Sinaloa) donde se cultiva la marihuana y de municipios donde no se cultiva revelan que prácticamente ganan lo mismo. Por tanto, l igual que el Estado, las organizaciones del narcotráfico han fallado en brindar oportunidades de desarrollo a las comunidades campesinas. Con estos datos, la respuesta a la pregunta sobre la razón por la cual los campesinos optan por los cultivos ilegales no sería la de enriquecerse, sino que ante la ausencia de apoyos estatales y de otras opciones productivas, para no empobrecerse más no tienen otra alternativa que participar, por las buenas o las malas, en la producción de enervantes.

Hemos visto en películas la brutal represión de la que fueron víctimas los judíos […] y las escenas de cómo fueron transportados como animales. Bueno, lo mismo ocurrió en Sinaloa pero con los chinos. Ver esas escenas en la vida real fue sobrecogedor.

El funcionamiento de los mercados de bienes y productos ilegales se da por definición sin el Estado y en contra del Estado. Al producir y comercializar bienes y servicios que están prohibidos por la ley, las empresas que los proveen actúan necesariamente fuera del marco legal y no pueden recurrir al Estado que provee la protección legal a los ciudadanos y empresas que sí operan legalmente.

En vez de dirimir las diferencias e incumplimientos en los juzgados, ante una autoridad imparcial que una vez que conoce las versiones de ambas partes y valora las evidencias presentadas, decide quién violó la norma y establece un castigo y una reparación por los daños infligidos, los conflictos entre criminales son resueltos de manera diferente: recurren a los AK-47 y sin pedir muchas explicaciones eliminas, con o sin razón, a quien los defraudó o intentó hacerlo. De esa manera, el uso de la ley del más fuerte y la violencia suplen al Estado de derecho, y la confianza como base de las transacciones es sustituida por el miedo.

Esta es la razón por la cual el mercado de la protección tiende a ser monopólico, y sus implicaciones en términos de violencia son muy relevantes, pues significa que habrá fuertes luchas entre las organizaciones que pretenden convertirse en la empresa monopólica de la protección en un territorio o en un mercado de bienes ilegales. Presentarse como la organización criminal más violenta no es asunto teórico sino concreto: se tiene que acreditar de manera pública y fehaciente que se poseen los medios (gentes entrenadas, asesinos profesionales y armas al por mayor) y que se han utilizado de manera convincente en contra de sus adversarios y enemigos. La reputación como proveedor de protección confiable es lo que vale. Y para ganársela hay que haber ejercido ostensible y convincentemente, sin ningún prurito ético, violencia en todas sus formas posibles. Cuanto más cruel y despiadada, mejor.

La participación de las autoridades en el narcomenudeo no se da por iniciativa de los criminales, no hay una invitación, ni un soborno o amenaza de por medio para provocar que los policías se involucren; es iniciativa de los jefes de la policía pagar los sueldos de sus agentes con estupefacientes […] Habría que preguntarse qué concepto de la ley tendrían esos jefes policiacos que no consideraban un problema, y seguramente tampoco un delito, usar como medio de pago sustancias prohibidas y obligar a sus agentes a delinquir (vender drogas era un delito) para poder subsistir. Estamos frente a un fenómeno más grave que cuando un criminal soborna a una autoridad, pues la misma autoridad no concede importancia a la existencia de la ley. Simplemente la ignora y la desprecia o se cree por encima de ella. De esa manera desaparece cualquier posibilidad de existencia del Estado.

Se cuenta que el gobierno de Estados Unidos, mediante un acuerdo, solicitó a México –su vecino que ya producía amapola y además tenía la ventaja de la cercanía, lo que facilitaría su transporte seguro y a tiempo- incrementar los sembradíos de amapola y la producción e goma de opio. El trato debía ser secreto, pues al tratarse de una sustancia prohibida por la leyes de ambos países, no sería bien visto que después de reclamarle a México que frenara la producción de amapola, ahora le solicitara lo contrario.

La fraternidad en las rancherías y comunidades en realidad está basada en los acuerdos que logran establecer los miembros de distintas familias para la realización exitosa del trabajo agrícola, desde la etapa de preparación de las rozas, el cuidad y preparación de las plantas, hasta su entrega final a las personas encargadas de hacer la compra a todos los sembradores. De esta forma, las cosechas están vendidas de antemano, aunque existen también las siembras libres, pero sin la seguridad de que el producto se venda, pues al no entrar en trato, hay mayor posibilidad de que estas cosechas sean destruidas por el ejército, que a su vez está enterado del convenio. Esto en lo mejor de los casos, pues también puede ocurrir que el cargamento sea interceptado en carretera por las fuerzas federales. Por tales razones, las familias prefieren organizarse previamente en el interior de las comunidades, durante la fase inicial de la producción. Para ilustrar de mejor manera lo anterior, ofrecemos el siguiente testimonio: “Saben cuáles son los tiempo de siembra, los precios y hasta dónde puedes avanzar la producción, cuando rompes estas reglas, surgen los enfrentamientos, acuerdos que se hayan pactado con los representantes de las autoridades y del gobierno, hay acuerdos previos, todo mundo lo sabe, lo saben en la comunidad, en los pueblos cercanos y saben quiénes trabajan. El ejército sube a quemar y cortar algunas rozas, las de los sembradores independientes, pero no queman todos los plantíos.”

La organización tiene como base para funcionar el control de una “plaza”, es decir, un territorio en el cual puede desarrollar las actividades de narcotráfico sin problema, siempre y cuando exista un arreglo con las autoridades que son quienes otorgan la concesión de la plaza. No sólo hay que pagar por ella sino, además, tener los recursos y las capacidades para explotarla adecuadamente […]. Sin embargo, la plaza no es sinónimo de empresa sino de un ámbito geográfico de acción más un acuerdo de protección oficial.

Los mercados ilegales tienen en la violencia el mecanismo por excelencia para dirimir diferencias y castigar deslealtades y, además, tienden a ser monopólicos en cuanto al liderazgo.

El crimen refleja no sólo el carácter de quienes lo cometen, sino el carácter de la sociedad entera (…) lo que los criminales son y lo que han experimentado es producto de la sociedad, de la influencia de ella y de sus antepasados.

Para justificar y darle mayor legitimidad a la guerra contra las drogas que pronto entraría en acción, hacía falta otra operación conceptual, política y mediática: primero, equiparar la marihuana con las drogas duras; segundo, vincular el consumo de marihuana con la rebelión y los valores antiestadounidenses, es decir, con el comunismo; y, tercero, vincular el movimiento de la comunidad afroamericana por los derechos civiles con el movimiento antibélico de los jóvenes blancos universitario y ambos con el uso de las drogas.

La Secretaría de Hacienda no proveía fondos suficientes a otras instituciones gubernamentales, tales como la PGR y la Policía Judicial Federal (PJF) y que estas agencias habían tenido que encontrar la manera de obtener fondos para las operaciones. Por muchos años, la PGR y la PJF han asignado agentes a sus oficinas (plazas) por todo el país esperando que cumplieran sus deberes con honestidad, al mismo tiempo que les daban muy poco o nada de dinero para operar. Esos funcionarios llegaban a sus puestos y debían encontrar maneras de conseguir recursos para pagar al personal y los gastos de la oficina, y sobrevivir con sus escasos salarios. Era a través de arrestos de figuras del crimen organizados y el decomiso de bienes de contrabando [tales como coches robados, drogas, armas, televisiones, etcétera] […] Era de esa manera como sobrevivía la policía.

La escasez de presupuesto obedecía más bien a la casi nula importancia que le daban los gobiernos de la época al Estado de derecho. Simplemente era cómodo evadir la responsabilidad de hacerse cargo adecuadamente de la PGR y dejar que el crimen organizado lo hiciera.

De la misma manera que el Estado organizó en corporaciones únicas a los trabajadores [CTM] y campesinos [CNC} con la finalidad de facilitar su control, una gran empresa o corporación de narcotraficantes encajaría muy bien en el modelo de operación y control estatal.

La DFS hizo mucho más que simplemente proteger a los narcotraficantes más importantes. En realidad los juntó a todos en un cártel, centralizó y racionalizó sus operaciones, eliminó a sus competidores y a través de sus conexiones con la CIA, consiguió para ellos la protección internacional necesaria para asegurar su éxito.

El pacto que prevaleció puede formularse de esta manera: “Vamos a hacer un gran negocio ilegal juntos; yo, gobierno, controlaré el consejo de administración y pondré la reglas del juego porque soy el Estado; ustedes, empresas de narcotráfico, lo operan con mi bendición y protección, a cambio de que me compartan una tajada de las ganancias. Además, deben prometer comportarse como crimen organizado ‘decente’, es decir se va a portar bien y no van a actuar en contra de las instituciones ni de la sociedad. Si alguno de ustedes hace mucho escándalo, no respeta mis reglas o yo me veo incomodado por presiones externas, tendré que actuar en contra de algunos de ustedes, pero no se preocupen; será limitado el daño”.

Recuérdese la importancia de la confianza como el sustrato básico de los intercambios económicos, en especial en los mercados ilegales, y cómo la mejor manera de garantizar esa confianza es por medio de la existencia de vínculos familiares, ya que reducen significativamente los riesgos de traiciones y deslealtades. No es gratuita, por tanto, la presencia de esas familias en la estructura criminal sinaloense. Éstas conformaron una poderosa red de empresas que han dominado casi la totalidad del narcotráfico los últimos 30 años. Primero lo hicieron de manera unida (con el liderazgo de Ernesto Fonseca y Miguel Ángel Félix Gallardo que le darían una dirección y cohesión sorprendentes durante la década de los ochenta, es decir, logró impedir los conflictos que después serían encarnizados entre familias) y a partir de los años noventa, de forma separada.

A diferencia de la heroína o el LSD, no enviaba a la gente a un trance interior sino que provocaba irse de fiesta, sexo prolongado y no maldecía a quien la consumía con una cruda prolongada. De hecho, no hacía otra cosa que provocar un subidón de energía por un par de horas antes de que el usuario necesitara otra línea. Ese es el gran truco de la cocaína: no es nada especial. Así, la droga de la discotheque se ganó una imagen de ser limpia, glamorosa, sexy y de moda.

Ronald Reagan lo dijo, si se trataba de una guerra de verdad, tenía que haber soldados de verdad.

Comenzó a cerrarse la ruta del Caribe, pero no la llegada de la cocaína a Estados Unidos y en particular a Florida. Incluso los precios bajaron, señal clara de que la oferta de la droga había crecido. El grado de contrabando de Estados Unidos no disminuyó, a no ser el que entraba por el sur de la Florida. Los estados vecinos comenzaron a registrar incremento de contrabandos. “Me temo que van a cerrar la puerta delantera y dejar la puerta trasera abierta” se quejó el procurador de Tennessee. Y la frontera de tres mil kilómetros con Estados Unidos sería la puerta trasera. Pocas decisiones afectarían tanto a nuestro país como la de cerrar la ruta del Caribe.

Matta Ballesteros también sería un personaje clave en la operación que montó el gobierno de Estados Unidos para financiar a la “contra” nicaragüense que luchaba por desestabilizar al gobierno sandinista, con recursos obtenidos del narcotráfico. La CIA contrató aviones de Matta Ballesteros para traficar droga a Estados Unidos y regresarlos cargados de armas para los rebeldes. Otro de sus contactos para distribuir la droga era Alberto Sicilia Falcón –el cubano ya vinculado a la organización de Sinaloa- a quien le comienza a surtir coca colombiana. Creadas las redes de distribución, decidió que era más seguro operar desde Honduras […] sin el riesgo de ser encarcelado y se trasladó a su tierra. Instalado en Tegucigalpa lo buscaron los colombianos para que los ayudara a establecer el contacto con los ¬narcotraficantes mexicanos. Para Matta Ballesteros, que conocía a algunos de ellos como Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo, por su relación con Sicilia Falcón […] no fue difícil hacerlo. […] Con este acuerdo se inició un tercer impulso y cambio decisivo, de grandes consecuencias, en la composición, estructura y rentabilidad de la delincuencia organizada mexicana. El primero, como vimos, fue la demanda de opio durante la Segunda Guerra Mundial y los años cincuenta; el segundo, el boom de la marihuana en los años sesenta y setenta.

Es probable que la bonanza que significó la diversificación de mercados –el opio y la marihuana se adicionó la joya de las drogas, la cocaína- haya ensoberbecido a la dirigencia de la organización de Sinaloa, radicada en Guadalajara. El caso es que cometieron un error garrafal, el asesinato del agente de la DEA, Enrique “Kiki” Camarena, que tendría consecuencias muy graves para la organización de Sinaloa y para el narcotráfico en general, y repercusiones de fondo en los aparatos de seguridad del Estado. Ambos factores provocarían en pocos años una profunda transformación de la delincuencia organizada y de sus relaciones con el Estado. La historia es ampliamente conocida. En noviembre de 1984, después de que el piloto Alfredo Zavala detectó el sembradío de marihuana más grande en la historia del narcotráfico, el rancho el Búfalo en el sur de Chihuahua, y le avisara a Enrique Camarena, éste logró, vía la intervención de las autoridades de su país, que el gobierno mexicano actuara en consecuencia por lo que el ejército destruyó los plantíos de marihuana. Rafael Caro Quintero, el propietario de la droga, montó en cólera y con sus compañeros líderes de la organización planearon el castigo a los autores del operativo en su contra. El 7 de febrero de 1985 en las afueras del consulado de Estados Unidos en la ciudad de Guadalajara un comando, en el que participaban policías judiciales del estado de Jalisco, secuestró a Camarena y otro fue por el piloto Zavala al aeropuerto. Después de dos días de torturas, fueron asesinados. El gobierno de Estados Unidos se enfureció.

El presidente Miguel de la Madrid tomaría otra decisión de enorme trascendencia que trastocaría las relaciones entre el Estado mexicano y la delincuencia organizada dedicada el narcotráfico. El 18 de abril la Secretaría de Gobernación [SG] ordenó una reestructuración en las dilas de la Dirección Federal de Seguridad [DFS], a fin de detener y consignar a todos aquellos miembros de la corporación que hubieran tenido vínculos con narcotraficantes, contrabandistas o cualquier otro tipo de delincuentes.

La presión de la DEA para castigar a todos los presuntos implicados se mantenía inalterada; sin embargo, ya en la cárcel Rafael Caro y Ernesto Fonseca, a partir de mediados de 1985 y hasta fines de 1988, todo indica que en México había una dualidad de posiciones al respecto: continuar con la cacería de narcotraficantes y al mismo tiempo el deseo de recomponer las relaciones entre autoridades y criminales. De otra manera no se explicaría la actuación prácticamente pública de Félix Gallardo en ese periodo ni la amistad entre Guillermo González Calderoni y el capo. Es interesante por eso la promesa hecha por Calderoni a Félix Gallardo de cuidarlo cuando cambiara el sexenio [“Mira, con el que hablé es con quien llevó la investigación del caso donde se te menciona. Esto es para llenar el requisito de joderte, pero no hay nada firme en tu contra; en el cambio de sexenio te ayudaré a que te presentes …”]. Indica que si lo llevaba a declarar durante la administración de Miguel de la Madrid, el capo hubiera sido detenido, es decir, en el nivel más alto del gobierno [procurador y presidente al menos] permanecía la voluntad de perseguir a los líderes del narco, pero en el ámbito de la Policía Judicial Federal [PJF] el deseo era hacer que las cosas volvieran a ser como antes, sólo que ahora la contraparte de los narcotraficante ya no sería la DFS sino la PJF; pareciera que Calderoni quería sustituir a José Antonio Zorrilla. En otras palabras, era la esquizofrenia del Estado en pleno, ya que una parte del Estado [el aparato político del gobierno federal] tenía una visión completamente diferente de qué hacer al respecto, en clara discrepancia con la de sus superiores. El Estado contra el Estado mismo.

Al completar el descabezamiento de la organización de Sinaloa con la captura de Féliz Gallardo, apareció la oportunidad para la siguiente generación de capos sinaloenses que ya venían operando en diversas plazas y le darían un nuevo rostro al narcotráfico mexicano: el de la fragmentación y la violencia.

La desaparición de la Dirección Federal de Seguridad significó el fin de un modelo de “control” o administración de la delincuencia organizada por el Estado que, construida, funcionó alrededor de cuarenta años.

Ahora había multiplicidad de actores del lado criminal y en el Estado entraría al relevo la PGR, una institución compleja y heterogénea; asimismo, aumentaría la participación del ejército. A partir de los noventa, nuevos jugadores, nuevo juego, nuevas reglas, todo en medio de las balas.

Después de la desaparición de los cárteles de Medellín y Cali, buscaron y encontraron otros proveedores, como sucedió con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo guerrillero más antiguo de Colombia que se convirtió en una de las principales organizaciones de narcotraficantes después de la caía de los cárteles de Cali y Medellín. La relación con los Arellano Félix está documentada en el libro de Jorge Fernández Menéndez con todo detalle. En agosto de 2000, la PGR detuvo en la Ciudad de México al médico colombiano Carlos Ariel Charry Guzmán, quien era el mensajero de uno de los principales líderes de las FARC, Jorge Briceño, alias “El Mono Jojoy”. La compra de cocaína a los guerrilleros colombianos comenzó por lo menos desde 1988 y al principio la pagaban en efectivo y al final con armas, traficadas por el director general de la Policía Federal de Caminos en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, Enrique Harari Garduño.

No hubo durante 20 años poder capaz de capturar a los Arellano Félix, ni en México, ni en Estados Unidos. Tres presidentes no pudieron hacerles nada, procuradores ni se diga […] Comandantes de la Policía Judicial Federal o delegados integran una nómina interminable […] No hay antecedente en este país de una pandilla, una banda o un cártel con tantos años de actividad […] En realidad tuvieron más poderío e inteligencia que tres gobiernos federales juntos, más de diez procuradores, cientos de comandantes federales, miles de policías mexicanos y muchos funcionarios estadounidenses. Su receta: el soborno. Algo así como el agua para chocolate […] La corrupción.

Un día el ejército detuvo a dos narcotraficantes de los Arellano Félix con una tonelada de cocaína; los entregaron al ministerio público federal quien les tomó la declaración y cuando dijeron que fueron capturados con mil kilos de cocaína, el escribiente consignó un kilo en vez de mil kilos. Al terminar la declaración y leerla, el ministerio público leyó mil kilos pero nadie se fijó que lo escrito era un kilo. Todos firmaron el acta ministerial. El expediente fue turnado al juez quien al leer que los acusados habían sido detenidos con un kilo de droga los soltó. “¿Por qué no los corre?”, le preguntó Blancornelas a Ibarra y éste le respondió: “Es una maldita mafia, se protegen aquí y desde México; es una maldita mafia”. A principio de 2002 vendieron en 300 mil dólares la plaza de comandantes de la judicial federal en Tijuana. Se supo y retiraron al avorazado que la vendía, pero en su lugar enviaron a un gran amigo de los Arellano. La prensa lo denunció, fue dado de baja, pero es inexplicable que todavía suceda eso.

El narcotráfico requiere de una base social para operar y prosperar. Diversos sectores sociales conforman esa base social. En el caso de la organización de los Arellano Félix ya se mencionó el apoyo de un grupo de jóvenes acomodados que se unió al ejército de sicarios; muchos empresarios apoyaron la intrincada red de lavado de dinero (el negocio inmobiliario era de los favoritos de don “Chuy” Labra) e incluso tuvieron el respaldo o comprensión de algunos sacerdotes; como el padre Gerardo Montaño, que en un par de ocasiones consiguió a los hermanos Arellano Félix entrevistas con el nuncio apostólico del Vaticano, Girolamo Priggione, a quien querían convencer de que ellos no tuvieron nada que ver con el asesinato del cardenal Juan José Posadas cometido en mayo de 1993 en el estacionamiento del aeropuerto de Guadalajara, durante el enfrentamiento sostenido entre sicarios de Tijuana y del “Chapo” Guzmán.

Una característica del cártel del Golfo es la existencia de liderazgos sin relaciones familiares, múltiples, efímeros, conflictivos y violentos entre ellos.

Osiel siempre fue un líder autoritario, violento y paranoico, características que se acentuaron por la forma como se hizo del mando de la organización (Asesinando y engañando a su compadre “Chava”) por lo que vivía con el temor de ser asesinado por cualquiera de sus subalternos. Ésa habría sido la razón por la cual tenía especial interés en contar con un servicio de protección personal y de contrainteligencia…y dormir tranquilo, ya que pasaba las noches en vela atrapado por su paranoia: el miedo lo paralizaba. Así fue como se le ocurrió crear una guardia personal que lo cuidara y mantuviera informado de los movimientos de sus colaboradores más cercanos: los Zetas.

Muchos soldados de diferentes niveles de la escala militar habían recibido sobornos para proteger al narco, pero era impensable la posibilidad de deserción y su incorporación al lado de los delincuentes; los soldados podían ser corruptos, pero no traidores al Estado y a la Patria.

Los Zetas aprovecharon sus capacidades militares para someter a cuanto grupo criminal había en las entidades donde operaba el cártel del Golfo. El modo de operación era más o menos el siguiente: en cualquier ciudad grande o pequeña de las diversas rutas de trasiego –Villahermosa, Macuspana, Coatzacoalcos, Veracruz, Poza Rica, Tampico, etcétera- identificaban a las bandas de robacoches, de secuestradores, de ladrones de casas, de robo de hidrocarburos, de traficantes de indocumentados centroamericanos, de narcomenudistas y les fijaban un impuesto o el cobro de piso por dejarlos trabajar a cambio de protección; si se rehusaban mataban al líder o a sus guardaespaldas (su superioridad en armamento y en experiencia era muy evidente) y al día siguiente tenían sometido al grupo. Además, los obligaban a abrir nuevas líneas de negocio: el narcomenudeo pero ya controlado por ellos, la extorsión a los pequeños negocios comenzando por los giros negros (bares, cantinas, prostíbulos, table dance) y siguiendo después con farmacias, fondas y restaurantes; gasolineras, hoteles, talleres mecánicos, etcétera. Parte de las ganancias de esas nuevas actividades eran para ellos. Para que el modelo funcionara nombraban a un jefe de plaza de Los Zetas que se convertía en el zar de todo el crimen de la ciudad y varias unidades militares, llamadas “estacas”, que vigilaban al resto de bandas de delincuentes y las sometían si no pagaban su derecho de piso. Un contador completaba el equipo de trabajo. Además, compraban a la policía municipal entera para que no estorbara sus operaciones, protegiera a quienes no lo hacían y aportaran información sobre los operativos de las autoridades federales (Policía Judicial Federal o ejército). En otras palabras, implantaron un modelo nuevo: sin dejar de operar el tráfico de drogas se dedicaron a quitarle una parte de sus ingresos y del patrimonio a los ciudadanos, potenciando las capacidades de la delincuencia ya existente, al mismo tiempo que anulaban a las policías y en muchas ocasiones las sumaban a las actividades criminales. Crimen fuerte, Estado anulado y débil en sus instituciones responsables de la seguridad y justicia, y la sociedad totalmente indefensa. El infierno. Porque conforme pasaron los años y el Cártel del Golfo y los Zetas fueron ampliando su presencia, lo que construyeron fue una enorme federación criminal de alcance casi nacional, pues por medio de la red de líderes y sicarios que dejaban en las plazas de decenas de ciudades de 16 estados de la república (Tamaulipas. Nuevo León, Coahuila, Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes, Hidalgo, Puebla Michoacán, Guanajuato, Guerrero, Veracruz, Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Chiapas), controlaban cientos de bandas delincuenciales de extorsionadores, secuestradores, ladrones de todo tipo, de tráfico de personas y trata de mujeres, redes de narcomenudeo. Un verdadero imperio del crimen creado mediante el terror y la violencia para someter a cuanto delincuente pudiera ser extorsionado. Un crimen de segundo piso, el mismo nombre de la organización daba cuenta de ese nuevo modelo operativo: ya no se le denominaba el Golfo, sino en todos lados se le comenzó a llamar Golfo-Zetas, cosa que no ocurrió con las otras organizaciones. El Pacífico nunca sería el Pacífico-Los Pelones, o el de Juárez, Juárez-LA Línea, pues en éstas los brazos armados permanecieron subordinados.

Fueron ellos [los colombianos] quienes les recomendaron que adoptaran el perfil más bajo posible: nada de ostentación de la riqueza ganada, coches normales, nuca de lujo; de ser posible no traer guardaespaldas; no entrar en conflicto con el resto de las organizaciones para no “calentar” la plaza. Los Valencia siguieron al pie de la letra las instrucciones. Eran gente seria y llegaron a tener una relación respetuosa y fructífera con colombianos y mexicanos.

Los michoacanos que colaboraban con los Zetas decidieron que era necesario hacer algo para modificar el esquema de criminalidad. Se rebelaron contra sus jefes, se presentaron como una organización nueva, La Familia, y le declararon la guerra a Los Zetas para expulsarlos de Michoacán. La Familia se presentó ante los michoacanos con dos sucesos en 2006 (para 2008 prácticamente los habían expulsado de la entidad). El primero, el 6 de septiembre. Un comando del nuevo grupo irrumpió en un centro nocturno de Uruapan y lanzó a la pista de baile seis cabezas decapitadas de miembros de Los Zetas. Dejaron una nota que decía: “La Familia no mata por dinero, no asesina mujeres, ni gente inocente; sólo ejecuta a quienes merecen morir. Todos deben saber esto… esto es justicia divina.” Un par de semanas después. Publicaron un desplegado en varios periódicos michoacanos en el que expresarían, por un lado, las razones y los objetivos de su organización: imponer el orden en Michoacán, erradicar el secuestro, la extorsión telefónica y de persona a persona, los asesinatos por paga, los asaltos en carretera y el robo a casas habitación; añaden que van a terminar con la venta en las calles de la droga conocida como ice (una metanfetamina) con lo cual aludían a los realizado por Los Zetas y el cártel del Milenio en su entidad. En la definición de quiénes la conformaban, el desplegado dice que La Familia está integrada por “trabajadores de la región Tierra Caliente organizados por la necesidad de terminar con la opresión, la humillación a la que han estado sometidos por la gente que siempre ha detentado el poder”, y aseguraba que en ese momento su organización ya cubría todo el estado de Michoacán en su cruzada contra el crimen. El manifiesto termina con un llamado a la sociedad michoacana para que otorgue su comprensión y ayuda a la cruzada de La Familia contra el crimen. Todo fue inédito: las cabezas cercenadas, la presentación pública y, a través de los periódicos locales, el discurso utilizado (la mezcla de un lenguaje de banda criminal paramilitar y grupo guerrillero), el llamado a la sociedad a unirse y apoyarlos. La Familia inauguraría, sobre la base del modelo criminal instaurado por Los Zetas (narcotráfico más extracción de rentas sociales), un nuevo estilo delincuencial con una estrategia diferente: a) un discurso novedoso en el cual La Familia dice ser una organización producto de la misma sociedad para defenderla de los criminales fuereños y los malos gobiernos que la oprimen y b) el intento de esconder su naturaleza criminal detrás de una supuesta base social de apoyo, construida mediante el reparto de algunos beneficios sociales (centros de atención a drogadictos, negocios con empresarios locales; obras públicas en ayuntamientos controlados por La Familia). Pero bajo la piel de oveja permanece el lobo: la participación en mercados ilegales y actividades delictivas mediante el uso indiscriminado y brutal de la violencia… aunque la llamen justicia divina.

Pero hay un elemento adicional en el modelo michoacano de delincuencia organizada. Al igual que las otras organizaciones de narcotraficantes, necesitaban y conseguían la colaboración de las policías municipales y de la estatal, pero La Familia fue más allá y se apoderó de los ayuntamientos enteros. No se trataba de incorporar a su nómina al director de seguridad pública municipal, sino al alcalde mismo para nombrar ellos a otros funcionarios municipales. La forma como conseguían dominar a los ayuntamientos pequeños era simple: llegaba a la presidencia municipal un convoy de sicarios formado por 10 camionetas cada una con cuatro sicarios armados hasta los dientes; la policía municipal no podía hacer nada, pues eran encañonados. Luego llamaban al alcalde y le dictaban las reglas que iban a seguir; a la gente reunida le prometían acabar con los borrachos y rateros; si sabían de algún joven que golpeara a su mamá, lo castigaban públicamente; si lo hacía de nuevo, lo mataban. Ganaban simpatía y miedo al mismo tiempo.

No importaba de qué partido fueran los alcaldes; eventualmente podían apoyar y financiar a algún candidato afín para convertirlo en alcalde suyo; en ocasiones lo hacían para impedir la llegada de otro con el que pudieran tener más problemas; pero sabían que tenían los medios para someterlos, ganara quien ganara. Anulaban de paso la incipiente democracia- ¿De qué servía hacer elecciones para que la gente decidiera quién los gobernaría, si La Familia anulaba todo eso y de manera violenta se apropiaba del gobierno municipal entero?

[Los Amezcua formaron] Una empresa que supo aprovechar dos factores. Primero, un “nicho” del mercado ilegal de las drogas que crecía en Estados Unidos, las drogas sintéticas, y lo hizo más con una estructura empresarial propiamente dicha (servicios logísticos de proveedores, transporte, almacenamiento y trasiego por la frontera) que con una estructura orientada por la violencia. Se concentraron en dos productos (efedrina y pseudoefedrina) y en sus derivados, metanfetaminas y anfetaminas, y no se metieron al terreno de las otras organizaciones (marihuana, cocaína y amapola) para no tener conflictos porque no podrían ganar. El segundo factor que facilitó su operación fue la disparidad de legislaciones, pues mientras en Estados Unidos estaba prohibida la importación de esas materias primas, en México era legal, lo que dificultaba que las autoridades la persiguieran. Lo penado era importarla con el fin de transformarla en metanfetaminas, lo cual era un delito muy difícil de probar si no existía evidencia física.

Uno de los perfiles psicológicos que se le realizaron (cuando estuvo preso) subraya la tenacidad con que se empeña en demostrar “superioridad intelectual” y alcanzar un “estatus de omnipotencia”. De acuerdo con el diagnóstico, “en su realidad interna no existe la culpa”, posee habilidades para “manipular su entorno” y pretende mantenerse en el “centro de la atención”. Seductor, afable, espléndido, el Chapo sabe generar “sentimientos de lealtad y dependencia hacia su persona”. Es tolerante a la frustración, “pero no indulgente con sus detractores”. Sus respuestas son siempre calculadas y define claramente sus metas […] Cuatro años después de la fuga [de Puente Grande] el subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos lo definió como el criminal más inteligente y con mayor capacidad de reacción que la PGR ha enfrentado.

Además de utilizar aviones pequeños de su propiedad, escondían la cocaína en maletas de turistas en vuelos comerciales, contenedores en grandes barcos; lanchas rápidas, botes semisumergibles y luego submarinos construidos en la Amazonia y cuyas partes eran trasladadas por el río armados en la costa, cuyo costo podía superar el millón de dólares; cuando los estadounidenses construyeron la cerca de alambre y vigilancia electrónica para impedir el cruce de migrantes y drogas, “El Chapo” ideó y construyó catapultas que aventaban los paquetes de mariguana de 50 kilos desde el lado mexicano por encima de la valla y su gente la recogía en territorio de Estados Unidos –la tecnología de punta utilizada en el muro fronterizo fue derrotado por tecnología de hace 2 500 años […]-. “El Chapo” también recurrió a producir marihuana en territorio estadounidense; un cazador se topó en el norte del estado de Winsconsin, casi en la frontera con Canadá, en un parque nacional, un sembradío de marihuana con riego custodiado por mexicanos con rifles AK-47; de acuerdo con la DEA, pertenecía a la organización de Sinaloa y su producción era vendida en Chicago. En cuanto a la heroína, aunque es más fácil de contrabandear es más difícil producirla y “El Chapo” estaba especialmente orgulloso del trabajo de su organización al respecto. Él personalmente negociaba los cargamentos a Estados Unidos y aseguraba que su pureza era de 94 por ciento. En los primeros años de la década de los noventa inició la producción de metanfetaminas en Guadalajara, trabajo que le encargó a otro de sus amigos, Ignacio Coronel; al principio, para introducirlas en el mercado frente a sus competidores, enviaba dos kilos de metanfetaminas en cada cargamento de marihuana, que regalaba; una vez que tuvieron sus clientes construyeron grandes laboratorios para producirla. Pero la gran contribución de “El Chapo” a la tecnología del narcotráfico, […] fueron los túneles. A fines de los ochenta contrató un arquitecto para que le diseñara un túnel que cruzara la frontera desde una casa que tenía en Agua Prieta, Sonora. Lo que parecía el excusado de un baño era en realidad una palanca que ponía en marcha un sistema hidráulico para abrir una puerta escondida bajo la meda de billar, en una sala de la casa. El pasadizo era de más de 70 metros de largo y desembocaba en una bodega de la organización en Douglas, Arizona. Una vez terminado, le ordenó a uno de sus lugartenientes que pidiera a los colombianos enviaran toda la cocaína que pudiera. Los aviones que llevaban la droga aún no habían regresado a Colombia, cuando ésta ya estaba en Los Ángeles. Cuando el túnel fue descubierto, Joaquín Guzmán Loera abrió una fábrica de chiles en conserva, pero en vez de enlatar jalapeños enlataba cocaína, marca “Jalapeños Comadre”; también utilizaba camiones refrigerados llenos de pescado que eran revisados rápida y muy superficialmente.

Como parte de los múltiples enfrentamientos ocurridos entre sicarios y líderes de las dos organizaciones, el 24 de mayo de 1993 ocurrió uno de gran repercusión, llevados desde San Diego hasta Guadalajara para asesinar al “Chapo” Guzmán, el que resultó muerto de 14 balazos fue el cardenal Juan José Posadas Ocampos, quien había llegado al aeropuerto a recoger al nuncio apostólico Girolamo Priggione. “Esto se va a poner de la chingada” le habría dicho el “Chapo” a su administrador, Hernán Medina, pocas horas después de los hechos. Y efectivamente así se puso. El escándalo obviamente fue mayúsculo y el gobierno del presidente Carlos Salinas se vio obligado a actuar rápido. En menos de tres semanas, el 9 de junio, logró que el ejército de Guatemala detuviera a Joaquín Guzmán Loera y lo entregara a las autoridades mexicanas, quienes lo enviaron al penal de máxima seguridad en Almoloya, sentenciado a 20 años de prisión. Uno de los Arellano Félix, Rafael, sería detenido en diciembre de ese mismo año.

Vicente Fox se había comprometido a combatir a fondo el narcotráfico, lo cual no parecía una buena noticia. Las circunstancias se volvían inciertas y eventualmente peligrosas. Había que actuar rápido. No llevaba ni dos meses en Los Pinos cuando la política contra el narcotráfico del nuevo mandatario sufrió un revés: en enero de 2001, “El Chapo” se escapó de Puente Grande con la complicidad de mucha gente que trabajaba en esa cárcel de máxima seguridad. Jorge Tello, subsecretario de Gobernación y responsable de los centros penitenciarios, declaró: “lo que sucedió en Jalisco es evidencia de la capacidad de corrupción, podríamos decir de la erosión estructural de las instituciones nacionales por parte del crimen organizado, particularmente del tráfico de drogas. Las rejas de la prisión y los millones de pesos (invertidos) en sistemas de seguridad no servirán de nada si los prisioneros salen por la puerta. Dicen que el señor Guzmán no escapó, sino que lo dejaron salir.”

En 1989, a la caída de Miguel Ángel Félix Gallardo, los principales jefes se reunieron en Acapulco para dividirse el país. El acuerdo fue muy simple: ‘una ciudad para cada uno’. Sin embargo. ‘ya repartidos, nadie respetó el acuerdo y todo mundo quiso meterse en el territorio del otro. Por eso comenzaron las matanzas.

“Fue durante el bautizo de una hija de Benjamín. ‘El Rayo’ venía a pedir permiso para trabajar Tijuana; llegó a la fiesta, al bautizo, y estaba tomado y coco y todo loco. Y venía con una muchacha. ‘El Rayo’ decía pinche escuincle, por qué no me invita a la fiesta. Los demás le decían: cálmate, que Ramón se va a enojar. Y por fin salió Ramón y al salir por la puerta nada más hizo así, pau, y le tiró aquí y allí y lo dejó muerto” […] Tiempo después, “El Chapo” aceptó que la muerte del “El Rayo” le había partido el alma –“era como mi hermano”- y que a partir de esa muerte se habían desatado las otras, los dieciséis mil muertos que el narcotráfico arrojó durante los sexenios de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo.

“El Chapo” Guzmán se reunió en Cuernavaca con otros capos de Sinaloa y Juárez (Vicente Carrillo, “El Mayo” Zambada, Arturo y Alfredo Beltrán) para la “reestructuración de la organización en todo el país”. Se acordó quitarle la plaza al cártel del Golfo, tarea que se le encargó a Arturo Beltrán Leyva, quien contrató a Edgar Valdés Villarreal, “La Barbie”. Éste habría llevado gente de Michoacán y contratado maras salvatruchas además de conseguir la protección del entonces director de operaciones la AFI, Domingo González Díaz.

Aunque varios grupos que se disputaban Nuevo Laredo pertenecieran al Golfo, la existencia de varios jefes –“Tony Tormentas”, “El Cos” y ahora también “El Lazca”- significaba que era importante quién se quedaba con las jugosas ganancias de la actividad delictiva. Además, para triunfar en el conflicto, disponer de lealtad y la cobertura de las policías locales era un tema de enorme importancia. Por eso también eran frecuentes loa tentados y las ejecuciones de jefes y agentes policiacos, os cuales se vieron atrapados en el complejo juego de cambio de lealtades entre líderes de grupos criminales. Si, por ejemplo, “El Lazca” se hacía del control de Nuevo Laredo, los policías que obedecían al anterior jefe eran enemigos y debían ser eliminados y el nuevo comandante de la policía se enfrentaba a la implacable ley de plata o plomo. Por eso varios jefes policiacos de Nuevo Laredo fueron eliminados a los pocos días e incluso horas después de haber asumido los cargos. Fue el caso de Alejandro Domínguez Coello, empresario de esa ciudad que aceptó el cargo de director de seguridad pública a sabiendas del riesgo y lo completo de la tarea, pero con la voluntad de cambiar la situación de indefensión de los ciudadanos. Seis horas después de haber tomado posesión, recibiría 30 balazos disparados por policías a los que iba a comandar.

Lazcano y Treviño establecerían una especie de frontera entre los territorios de Sinaloa y del Golfo en la ciudad de Torreón, ciudad que era paso obligado de las drogas y de los miembros de la organización de Sinaloa hacia Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas. La Laguna comenzaría a convertirse en otro escenario de los enfrentamientos cotidianos entre los “Pelones del Chapo” y los Zetas del Golfo.

Al desmontar el autoritarismo con que el Ejecutivo gobernaba, México avanzó en la construcción de un régimen democrático, con división real de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y un federalismo más real que le daba mayor autonomía a los diversos niveles de gobierno (federal, estatal y municipal). Estos cambios en la estructura de poder, acordes con las normas de la democracia, han hecho más complejo el funcionamiento del Estado. Los márgenes de independencia de los gobiernos estatales y municipales respecto al gobierno federal crecieron, lo que ha dificultado que las políticas y programas establecidos en la Ciudad de México se cumplan con eficiencia en las entidades; la coordinación y la disciplina del aparato del gobierno federal y de los gobiernos estatales se ha relajado por la alternancia en el poder y por la existencia dentro de ese aparato de equipos de distintos partidos.

Un subsecuente proceso, denominado Reconfiguración Cooptada del Estado sucede en situaciones de corrupción avanzada y compleja, y presenta las siguientes características: I) participación de individuos y grupos sociales legales e ilegales; II) beneficios perseguidos no sólo de carácter económico sino político e incluso de legitimación social; III) coerción y establecimiento de alianzas políticas que complementan o sustituyen el soborno, y IV) afectación de diferentes ramas del poder público y distintos niveles de la administración […] Estas prácticas las desarrollan con el objetivo de obtener beneficios de largo plazo y asegurar que sus intereses sean validado política y legalmente, pada así obtener legitimidad social en el largo plazo.

La situación de Zorrilla se hizo insostenible, pues las agencias norteamericanas tenían noticias de sus ligas con Caro Quintero. De la Madrid “empezó [este verbo emplea el mismo ex presidente, cuando comentó, en sus memorias, el caso Zorrilla] a recibir noticias de que la DFS andaba mal. Bartlett (el secretario de Gobernación y jefe de Zorrilla, la había pedido a De la Madrid, en diciembre de 1982, que lo ratificara el frente de la DFS) siempre defendía a Zorrilla. Cuando se da el secuestro de Camarena […] Bartlett estuvo de acuerdo en que había que quitar a Zorrilla. Sin embargo, me dijo que ya que era un elemento tan informado, que le abriéramos una oportunidad política. Y así fue como llega de candidato a diputado por el estado de Hidalgo.

La debilidad del Estado de derecho –la no aplicación de las normas que rigen la vida de una sociedad- puede generarse por varias razones: las leyes no son adecuadas; el sistema de procuración y administración de justicia no puede, o no quiere aplicarlas, o lo hace de una manera selectiva; la población no las respeta. En todos estos casos, se produce una distancia entre las leyes, entendidas como normas que rigen las acciones y el comportamiento de la gente, y las formas de vida reales, las prácticas cotidianas de las sociedades. En el caso de México, es evidente que la brecha entre la norma y la conducta de los ciudadanos es enorme. Existe, además, una creencia muy extendida en el sentido de que la causa de ello es una cultura particular de los mexicanos, según la cual somos portadores de una mentalidad y una tradición premodernas que nos hacen incumplir de manera sistemática las normas. Sin embargo, esa cultura de ilegalidad, que sí existe, es producto de la historia política del país y del tipo de instituciones políticas y jurídicas que no producen incentivos para respetar las normas.

El Estado de derecho consiste en la vigencia efectiva de un orden constitucional, con leyes estables e iguales para todos, que el gobierno respeta en forma cabal y que reducen al mínimo la coerción necesaria para que los ciudadanos las cumplan. No es casualidad que los mexicanos veamos a la ley como algo relativo, siempre sujeto a vaivenes y cambios, según soplen los vientos. México cuenta con leyes, pero no con un cabal Estado de derecho.

Prácticamente todos los países del mundo, no sólo México, tienen un orden jurídico, o partes de él, que no concuerdan con los comportamientos de la población. Esto puede ocurrir por varias razones. La primera es que una buena parte de las leyes tienen un carácter aspiracional, es decir, que representan una aspiración, un modelo de organización social o de vida ideal, que no existe en la realidad y mediante la aprobación de ese tipo de leyes se pretende que la sociedad evolucione y haga suya esa nueva forma de organizarse y comportarse. Por ejemplo, la Constitución mexicana le dio carácter de ley a los derechos sociales y políticos de los mexicanos, sin que en ese momento el Estado tuviera la capacidad de que se volvieran realidad. Por ejemplo, el voto libre y secreto, el acceso a la educación básica y a la salud, durante muchas décadas fueron normas a las que estaban obligados los gobiernos que no las cumplían a cabalidad.

Otro obstáculo severo lo representa la forma como se aplican, e incluso los intentos por nulificarlas. En este caso, el impacto es sobre la pérdida de credibilidad y confianza en las instituciones, lo cual deriva en incumplimientos severos de la población. Con respecto al primer punto, la aplicación deficiente o parcial, el no cumplimiento de la ley obedecía, en algunos casos, a la imposibilidad económica –por ejemplo, no se tenía dinero para construir hospitales o escuelas que ofrecieran esos servicios a la población- pero en muchas otras ocasiones, la ley se aplicaba solo parcialmente por razones políticas, en beneficio de unos y perjuicio de otros. Esto fue especialmente relevante en la legislación referente a os derechos sociales y en la normatividad económica es el caso, por ejemplo, de las leyes laborales que beneficiaban a trabajadores afiliados a sindicatos controlados por el PRI y se les negaban a sindicatos independientes; o la discrecionalidad con que se hizo el reparto de tierra y se solucionaban los conflictos agrarios; el otorgamiento de permisos a comerciantes ambulantes o de placas de taxi sólo a miembros de las organizaciones priístas; la discrecionalidad con que se otorgaron las concesiones de radio y televisión. […] La sociedad aprendió que la ley se negociaba; la obligación de las instituciones públicas de aplicarla sin distingos era una utopía y para negociar se tenía que pertenecer al partido oficial o tener buenas relaciones en el mundo de la política y dinero para inclinar la balanza de la ley y la justicia (corrupción). Esa normatividad aplicada de manera selectiva, sin el criterio de universalidad, ha dejado una huella profunda en la sociedad con respecto a la discrecionalidad del Estado de derecho en México, y una ola de desconfianza en las instituciones.

Por la fragmentación del poder presidencial a partir de la década de los noventa, ya no era viable un acuerdo nacional o general entre el narcotráfico y el Estado; por tanto, cada organización tenía que comprar la protección de muchas policías municipales y estatales; agentes del ministerio público, alcaldes, secretarios de seguridad pública, jueces; directores de cárceles; comandantes de la judicial federal, militares de guarniciones y zonas militares, etcétera. Y cuando la protección no les alcanzaba o los operativos en su contra eran ordenados desde áreas que no estaban sobornadas, necesitaban un sistema de información sofisticado que les permitiera de antemano conocer los movimientos de policías federales y del ejército. Para monitorear a las autoridades fuera de su control y a las organizaciones del narcotráfico con las cuales competían, desarrollaron sistemas de inteligencia y contrainteligencia muy avanzados que incluían miles de informantes o “halcones” (taxistas, despachadores de gasolina, limpiadores de zapatos en las terminales de autobuses, vendedores de periódicos, etcétera) y sistemas de comunicación encriptados que operan sobre redes de antenas y retransmisores propias, instaladas en ocasiones sobre la infraestructura de la Secretaría de Comunicación y Transportes o de empresas privadas.

Esa diversificación de fuentes de ingreso mediante secuestros, extorsiones y venta de protección, era producto de la necesidad de financiar a esos grupos de sicarios cada vez más grandes y costosos; y la manera más sencilla de hacerlo era poniendo en práctica ese tipo de delitos que lesionan directamente a la sociedad, pues ya tenían la infraestructura para hacerlo en gran escala. Por ejemplo, usaban teléfonos encriptados para llamar a los extorsionados o a las familias de los secuestrados; tenían armamento y sicarios para cumplir la amenaza del uso de la violencia; controlaban casas de seguridad don de recluir a los secuestrados; poseían sistemas de cobro, etcétera. Otro factor que se debe agregar es la creciente autonomía con que operaban los grupos de sicarios con respecto a sus jefes, pues el poder que otorgan las armas neutralizaba la sujeción que pudieran ejercer éstos. En otras palabras, Los Zetas y la mayoría de los grupos paramilitares de las organizaciones de narcotraficantes eran verdaderos Frankensteins: monstruos que tarde o temprano se saldrían de control.

En los bares de toda la República hay siempre un encargado que sabe quién es el que vende la droga y detrás de ese siempre hay un policía, un director de Seguridad Pública, un presidente municipal […] Los funcionarios del gobierno, como muy pocos , son unos atascados. Y no se conforman con el dinero, los muy hijos de puta piden que hasta se les mande su bolsita de perico [Cocaína] […] El dinero que se mueve es mucho y toda la gente metida en esto quiere que se le deje trabajar en paz. No así la policía ni las autoridades. El gobierno siempre quiere la rebanada más grande del pastel […] Pinches agentes federales: los placas no tienen llenadera. Primero se les da un aviso: se les rafaguea. La cosa es que aquí, en realidad, no hay ni un segundo ni tercer aviso. Si con eso no entienden, pues a chingar a su madre. Asesiné a muchos funcionarios que no cumplieron con sus partes del trato.

¿Qué pasa cuando las fuerzas criminales son mayores y superan las capacidades de las policías? La operación criminal se hizo pública, descarada, cínica. Literalmente se paseaban por las calles como por su casa. Al no haber una fuerza concreta que opusiera resistencia a su presencia y a sus actividades, los comandos de 10, 15 o hasta 20 camionetas con cuatro sicarios cada una, podían armar balaceras en el centro de las ciudades sin interferencia alguna; podían llegar a una prisión y liberar a todos los presos; podían desplegar mantas y cadáveres de sus enemigos en los puentes más transitados y asesinar mujeres en las puertas de un palacio de gobierno estatal; podían llegar a los palacios municipales, tomarlos y someter al alcalde y a la policía municipal entera; podían tomar discotecas y cerrarlas para celebrar sus fiestas; podían llegar a una aduana y secuestrar a sus funcionarios, en medio de la sorpresa y temor de los testigos. Era el poder de las armas, de pequeños ejércitos con gran movilidad y capacidad de fuego frente a policías locales incapaces, atemorizadas, sin preparación para enfrentarlos y en no pocas ocasiones en colusión con ellos. Y una policía federal con sólo 10 mil policías para un territorio de dos millos de kilómetros cuadrados. Al unísono con esas debilidades –capacidades escasas y corrupción- el panorama institucional se agravaba porque empezó la captura de ayuntamientos por parte de la delincuencia organizada, lo que suponía ya una complicidad mayor de autoridades no sólo policiacas y la búsqueda de legitimidad política y social; es decir, la transformación gradual de instituciones públicas en instituciones mafiosas, en las cuales ya no se busca el bien común sino los intereses de un grupo criminal.

Debe quedar claro que la afirmación de que la mayoría de los muertos son producto de conflictos entre narcotraficantes no implica ningún juicio de valor del tipo: ¡Qué bueno que se maten entre ellos! Aunque fueran miembros del crimen organizado, forman parte de la terrible tragedia que ha vivido México y que obliga a formular otra pregunta: ¿por qué el crimen organizado se convirtió en opción de “vida” para tantas personas?

Es importante realizar dos precisiones con respecto a la estrategia y los operativos del gobierno federal. La primera se refiere a la razón por la cual se tomó la decisión de combatir al crimen organizado. Sea manejado mucho la tesis de que las operaciones contra el narcotráfico ordenadas por el presidente Calderón obedecieron a la necesidad de ganar legitimidad política, la cual era escasa debido al reducido margen con el que derrotó en las urnas a Andrés Manuel López Obrador. Esa tesis supone además que el problema de la violencia y el narcotráfico no ameritaba una respuesta como la que dio el gobierno. Dos datos al respecto. Uno, la legitimidad del presidente es producto de los resultados de la elección avalados por las autoridades electorales, por tanto, en ese sentido, el presidente no careció de esa legitimidad otorgada por los electores y constatada por el IFE y el TRIFE. Que una parte de la población (alrededor de 30 por ciento) no creyera en esa legitimidad, no eliminaba el hecho de que él era efectivamente el presidente legítimamente electo. Además, el nivel de respaldo social a Felipe Calderón en sus primeros meses de gobierno era elevado, según las diversas encuestas de opinión de los medios de comunicación (Consulta Mitofsky registró 64 por ciento de aprobación en noviembre de 2006), por lo que no existía la necesidad de “legitimar” la figura presidencial con el uso del ejército en el combate a los narcotraficantes. Además, el sector que cuestionaba la legitimidad del presidente era la izquierda, los seguidores de López Obrador, a quienes difícilmente se hubiera ganado con una política en materia de seguridad; si hubiera habido la intención de buscar respaldo de ese grupo social, se hubieran definido otras políticas del agrado de los perredistas.

En 2007, ante la irrupción cada vez más violenta de las organizaciones criminales y sin la posibilidad de implementar acciones de contención, control y debilitamiento de la delincuencia organizada por la insuficiencia, debilidad y corrupción de las policías locales, el gobierno de Felipe Calderón no tenía otra opción que recurrir a la única fuerza pública del Estado con las capacidades numéricas y de fuego para comenzar a hacer frente al despliegue criminal. En ese entonces, la policía federal apenas superaba los 10 mil elementos y la mayoría de las policías estatales y municipales no tenían esas capacidades. Por eso la participación del Ejército y la Marina. No son policías, es cierto; lo óptimo era que las policías se encararan del problema; pero era lo único con que contaba el Estado mexicano para hacer frente a las organizaciones criminales. Su participación no fue, por tanto, una decisión para mostrar el respaldo del Ejército a un “presidente débil”, como algunos analistas han afirmado. Los gobernadores lo sabían y lo entendían muy bien y por eso comenzaron a solicitar la presencia de las fuerza armadas en sus estados. La salida de los militares de los cuarteles a realizar tareas de seguridad pública fue indispensable para generar las condiciones y el espacio temporal para la depuración y el fortalecimiento de las policías locales. No fue un capricho presidencial.

Ante la crisis de las policías municipales de numerosas ciudades, la decisión de sustituirlas por el ejército provocó la ruptura de los pactos locales; ello creó condiciones para que aflorara la violencia indiscriminada.

Al conocer el testimonio que prestó ante un jurado, en un juicio contra los nazis, un comandante responsable de organizar los campos de concentración y la ejecución masiva de los judíos en las cámaras de gas, descubrió que ello fue posible por la participación de cientos de personas que no eran demonios, ni la encarnación del mal, sino soldados comunes y corrientes, que formaban parte de una cadena de decisiones y acciones pequeñas y aparentemente intrascendentes vistas de manera separada. A eso le llamó el mal banal.

Por razones desconocidas, las autoridades migratorias de ese país [EU] decidieron repatria por Ciudad Juárez a buena parte de los mexicanos indocumentados que detenían en todo su territorio. Desde california, Arizona, Illinois, Colorado, Nueva York, etcétera, los trasladaban a El Paso y luego los hacían cruzar la frontera sin aviso a las autoridades mexicanas. Todos los días entraban a Juárez 300 o más ciudadanos (más de 100 mil al año), sin un peso en la bolsa que les permitiera mantenerse, ni trasladarse a sus lugares de origen. Para agravar el problema, entre esos repatriados llegaban mexicanos que habían estado presos. Podían haber sido arrestados sólo por no tener papeles migratorios, pero también podían ser delincuentes de todo tipo. Al no tener información, no había manera de que las autoridades mexicanas hicieran algo con esa población potencialmente peligrosa. Muchos de esos miles de mexicanos abandonados a su suerte y si recursos eran presa fácil de las organizaciones criminales de todo tipo.

El sistema de persecución criminal mexicano se diseñó para funcionar en un contexto político autoritario y en un país con baja incidencia delictiva. Al desaparecer estas dos condiciones que lo hacían funcionar, lo que ha quedado es una procuración de justicia obsoleta, ineficiente e impotente para alcanzar resultados medianamente satisfactorios para la ciudadanía.

Las cárceles no sólo están fuera de la ley, sino en manos de los mismos delincuentes. […] Ésa es la razón de los numerosos motines en las cárceles, de decir, las disputas por el control del penal y de las actividades criminales que se desarrollan en su interior; motines en los que resultaban muertos decenas de reclusos de los grupos en pugna, normalmente vinculados a alguna organización del narcotráfico; o el caso prototípico del reclusorio de Gómez Palacio, Durango, por el hecho de que las autoridades y los custodios prestaban a los reclusos vehículos y armas oficiales para que en las noches salieran a asesinar miembros de una organización criminal enemiga y después de cometer los homicidios regresaban al penal. O las fugas masivas de los penales de Tamaulipas, especialmente el de Matamoros, o aquel asalto en que alrededor de 40 sicarios tomaron la cárcel de Fresnillo, Zacatecas y liberaron a 52 reclusos.

La decisión de privilegiar el uso de la fuerza (despliegue del ejército y la policía) con relación a otras estrategias posibles (avanzar en la legalización de las drogas: aplicar medidas sociales y preventivas; darle énfasis al uso de la inteligencia y a instrumentos para neutralizar el lavado de dinero, y afectar las finanzas de las organizaciones del narcotráfico) era la causante de tanta violencia. El gobierno respondía que, exceptuando la legalización de las drogas, se llevaban a cabo las acciones para combatir la delincuencia organizada que la sociedad reclamaba, pero sin éxito en l tarea de convencer a los críticos. Esta polarización se trasladó al Congreso cuando le enviaron las polémicas iniciativas, es decir, el modelo de un mando policial único en cada estado; la participación del ejército en tareas policiacas y las facultades que debían otorgársele para combatir a las organizaciones criminales; el fuero militar, la ley de víctimas y de extinción de dominio, entre otras, razón por la que algunas quedaron pendientes.

El gobernador de un estado con fuerte presencia de organizaciones del narcotráfico inició su administración con una gran voluntad política para enfrentar el problema; entonces creó una unidad de élite en la policía estatal de alrededor de 40 integrantes. Para ello seleccionó a los mejores elementos considerando su honestidad y capacidad, y les encargó la tarea de perseguir a los grupos más violentos del crimen organizado. A los pocos días, la delincuencia organizada emboscó a un convoy en el que se trasladaban 15 policías de esa unidad y los asesinó a todos. El golpe fue devastador. El mandatario estatal pidió ayuda al gobierno federal, por lo que acudió a una reunión del Gabinete de Seguridad: “Mándenme al ejército o a la policía federal, por favor”, solicitó de entrada. Le respondieron que se haría un esfuerzo para ayudarlo, pero también se le dijo que mandar mil o dos mil soldados no resolvería el problema, ya que no podría permanecer indefinidamente, pus ni con el ejército ni la policía federal enteras se podrían cubrir las necesidades de seguridad de todo el país de manera permanente, “Pero entonces, ¿qué hago?” preguntó el gobernador. La respuesta fue simple: “Tiene que renovar todas las policías de su entidad”. “Pero todas están infiltradas y si se les despide se van a pasar a trabajar para los narcotraficantes”, afirmó el mandatario. La réplica fue: “No se van a pasar, porque ya se pasaron hace tiempo; además es mucho mejor que si ya están del lado del crimen organizado, como usted dice, el Estado mexicano deje de pagarles y les retire la placa y la pistola.” Es intolerable que siendo criminales se ostenten como policías al servicio de los ciudadanos y que, además, con impuestos de éstos reciban un salario para atacarlos.

Es a mediados de la década de los ochenta que el narcotráfico, en ese entonces con ya seis décadas de experiencia y crecimiento ininterrumpido, comienza una nueva etapa de enriquecimiento (por su participación en el multimillonario tráfico de cocaína) y fortalecimiento, que le permite cambiar las reglas del juego en su relación con el Estado. Encuentra en la debilidad y la corrupción de las instituciones de seguridad y justicia un factor decisivo para su expansión. Si antes existió un arreglo tácito en el cual el Estado permitía y regulaba el negocio a cambio de una parte de las ganancias y poniendo algunos límites a la actividad criminal, tanto en términos de violencia como de no realizar otro tipo de delitos; a partir de la década de los noventa y en particular a principios del presente siglo, el acuerdo se modificó drásticamente.

En 2004, el presidente Bush no renovó la prohibición, establecida diez años antes por el presidente Bill Clinton, de vender armas de asalto o de alto poder a cualquier persona, lo que facilitó el proceso de equipamiento de los cada vez más profesionales y letales ejércitos privados al servicio del narcotráfico. Un estudio reciente demuestra la relación positiva entre el incremento de la violencia en México y el fin de esa prohibición.

El ministerio del tañedor

Barry López

El ministerio del tañedor

El ministerio del tañedor

El autor nos lleva por un recorrido para saber o recordar lo que significa el ministerio de un tañedor (aquel que toca un instrumento), basando el estudio en que Dios busca adoradores en espíritu y en verdad. Calificación de 8

Demuda: Alterar repentinamente una cosa, especialmente el color o la expresión de la cara de una persona.

La palabra hebrea que cumple con las más amplias y holgadas expectativas de Dios con respecto a la adoración verdadera sólo la encontramos en el verbo hebreo ‘shachah’ [shajah], y también en el griego ‘proskuneo’. Ambas significan hacer reverencia postrados e incluyen hacer una postura de todo corazón.

Se necesita más que un simplemente postrarse para adorar a Dios, se trata de una entrega de todo corazón, de un sacrificio de alabanza.

La verdadera adoración se trata siempre de ofrecer, de hacer una entrega.

Todo aquello que no sea una verdadera adoración, se puede definir como idolatría o falsa adoración.

La adoración no es una opción, sino un mandamiento.

Nuestra adoración debe cumplir con dos vertientes: Lo primero es unificar al pueblo, ¿y qué es esto? Sino que todos seamos como uno, de un mismo sentir y un mismo espíritu; operando en el poder del acuerdo, renunciando a toda contienda, iras y disensiones y cancelando todo espíritu de competencia. Lo segundo es alabar y dar gracias a Dios reconociendo que Él es bueno y para siempre es su misericordia.

Hoy día se ha tergiversado el verdadero significado del culto de adoración. Este es el medio que nos acerca más a Dios. La idea de congregarnos debe ser para adorar y provocar su habitación. Muchos creen que lo más importante con relación a congregarse es solo para oír la Palabra de Dios. […] El culto es la parte que nosotros le damos a Dios. La definición del culto es el honor que se tributa religiosamente a lo que se considera divino o sagrado, en nuestro caso es, sólo Dios.

La Palabra no dice que Dios busca verdaderos oradores o verdaderos predicadores. Dios sólo busca a los verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.

Debemos entender que la adoración no es para el disfrute personal o el de la congregación, sino para conquistar el corazón de Dios.

La función de los levitas, además de ser un regalo de parte de Dios a los sacerdotes (hoy apóstoles y pastores), era la de reconciliar al pueblo. Es decir, que la adoración tiene la encomienda de tornar sensible el corazón de un pueblo y luego la Palabra los demuda y los transforma.

Adorar en verdad es adorar con el entendimiento.

Nuestra alabanza debe ser anunciada. Yo puedo orar en silencio, pero mi alabanza debe ser expresada con sonidos y alardeos.

Si queremos ver cosas nunca antes vistas, entonces, hagamos cosas nunca antes hechas.

Buscar el reino de Dios es, acercarnos a Dios.

No se trata de tener para dar, sino de dar para tener.

El orden de prioridad a seguir para verla gloria de Dios debe ser: Adoración, oración y petición.

Un viejo que se pone de pie y otros cuentos

Eduardo Alfredo Sacheri

Un viejo que se pone de pie y otros cuentos

Un viejo que se pone de pie y otros cuentos


Colección de cuentos, de la vida y de fútbol, que en su mayoría están basados por recuerdos de tiempos pasados. Los que más me gustaron: Pericón, Los miércoles de Urrutia y Biciletas. Calificación de 10.

Resúmen en 5 palabras:
Un viejo que se pone de pie. Por sus jugadas lo conoceréis. (Con solo verlo jugar futbol, un abuelo sabrá identificar al nieto que nunca conoció).
Frío. Todo lo debo al Rubio. (Cada que siente frío, un hombre recuerda lo que otro hizo por él en la guerra).
En paz descansa. El barrio ayuda a madurar. (Añoranzas de los años de infancia en el barrio).
Pericón. Tan cercanos amor y odio. (De cómo en tiempos escolares una pareja pasa de una amistad a un odio cimentado en el amor).
Montes, en el patio. Empate con sabor a vida. (Un hombre dispuesto al suicidio, se lo piensa de nuevo cuando escucha que su equipo ha logrado el campeonato con un agónico empate).
Valperga. La importancia de estar alerta. (Un hombre hubiera encontrado a su hermano tras años de búsqueda, si a quienes les contó su peregrinar no hubieran estado borrachos).
El apellido terminaba con A. (Lo importante es el apellido. Un hombre detalla santo y seña de un gran jugador, pero no recuerda su apellido).
Fuego. El valor de los libros. (El fantasma de una persona se manifiesta con el único fin de rescatar su biblioteca de la insensibilidad de los huéspedes).
Volver. La genialidad nunca se pierde. (Un crack venido a menos tiene la oportunidad de demostrar el gran jugador que es).
Los miércoles de Urrutia. Las mentiras son verdades crudas. (Un hombre paga a una mujer por escuchar mentiras, que luego se tornan en verdades).
Bicicletas. No hay mal que dure. (Un hombre encargado de un taller de bicicletas, rememora la lesión de un pupilo suyo y al mismo tiempo lo alienta a continuar su carrera en las canchas).
Topadoras. Qué padre fue mi padre. (Recuerdos de un hombre por su padre cuando ve una obra en construcción).
Una sonrisa exactamente así. Ver.
Señor Pastoriza. La muerte y un campeonato. (La muerte de un entrenador da pie para que un hombre recuerde el último campeonato de su equipo que pudo festejar con su padre).

Y las palabras domingueras:
Ñato: Que tiene la nariz aplastada o poco prominente.
Engrupido: Que es engreído o vanidoso.
Colimba: Hombre joven que cumplía con el servicio militar obligatorio..
Pergeñar: Hacer el esbozo o idea previa de un trabajo o una acción, generalmente de manera rápida y con mayor o menor habilidad, o sin concederle mucha importancia.
Benteveo: Ave de unos 25 cm de largo, de color pardo oliváceo en la región dorsal, con el pecho y vientre amarillos y la cabeza negra con una ancha ceja blanca
Yuyal: Paraje poblado de diversas hierbas silvestres.
Chicanear: Mostrar o mentar algo públicamente y con intención de atraer admiración o aplauso sobre uno mismo.
Opa: Fingir o simular [una persona] que no ve o no entiende algo presente o manifiesto para no verse obligado a contestar o a actuar en consecuencia.
Pollerudo: Dicho de un varón casado o en pareja con una mujer, que tiende a someterse y acatar las decisiones de esta.
Fondillo: Parte trasera de los calzones o pantalones.
Curda: borrachera.
Mamúa: borrachera.
Pilcha: Prenda de vestir, particularmente si es elegante y cara
Munificencia: Generosidad espléndida.

Cuando somos capaces de encontrar explicaciones, o por lo menos de buscarlas echando mano a las palabras, ya no estamos asombrados. Podemos estar conmovidos, felices o dañados, pero ya no asombrados.

El dolor es algo que se reparte con criterio más o menos igualitario, y que cada ser humano se lleva una dosis más o menos equivalente. Que unos sufren primero y que otros sufren después, pero que a fin de cuentas a todos nos corresponde sufrir más o menos lo mismo.

Jugadores distintos que aprovechan lo mucho que tienen y que suplen con huevos lo poco que les falta.

Una cosa es que las cosas te sucedan y otra cosa es saber que te están sucediendo. En todas las vidas hay cosas que no se saben. Que pasan sin que se sepan. Y algunas no se saben hasta que uno se da cuenta. Porque uno se da cuenta o porque se las dicen. O a veces sucede que cuando a uno se las dicen uno se da cuenta de que las sabía, o casi.

No sé si a los demás les pasa lo mismo, pero a mí me cuesta mucho pensar en el frío si no estoy teniendo frío en el momento de querer pensar en el frío.

No es que los hijos se parezcan a los padres sino que uno ve a los dos y le busca el parecido.

Decir una cosa hace que uno diga otra y a la final tenga que decirlas todas y no puedo.

Ese invierno asistí a mi primer velorio, y todavía hoy me angustia el olor marchito y abombado que dan muchas flores cuando yacen juntas. Lloré el primer día y después me quedé seco.

¿Por qué me había pasado justo a mí, habiendo tantos pibes por todos lados? ¿Por qué no les había pasado a ellos? ¿Qué mierda había hecho yo para merecerme semejante castigo? ¿A ver? ¿Por qué justo a mí? No eran preguntas de fácil respuesta. Por añadidura, yo no estaba dispuesto a formularlas en voz alta. Me las hacía para adentro

Los jugadores eran todos iguales. De plástico, con pelo oscuro y raya al costado. Tenían una sonrisa triste y eran medio cachetudos. Lástima que no permanecían de pie. Se caían permanentemente, pero a mí no me importaba. Me servían para reproducir los partidos.

La ventaja era que en la cancha de alfombra, debajo de la mesa, no había sorpresas. Independiente ganaba siempre. Ningún imprevisto, ninguna noticia tremenda, ningún Dios injusto.

En el primer baile que pergeñamos, su madre cometió el desatino de venir a buscarla antes de las diez. Durante el resto de la noche aprendí a extrañar a una mujer.

Fue triste comprobar que había cambiado tanto que ya no teníamos en común ni siquiera los recuerdos.

Cuando uno recuerda es porque ya no tiene aquello que recuerda. No hay certificado de defunción más preciso que ese.

El único modo de contar historias felices es tomar la precaución de detener el relato a tiempo.

Nos gustan las historias felices, pero si ya nos han advertido que no lo son las preferimos tristes pero completas. Nada de engañosas amputaciones.

Duró mucho menos que en mis sueños. Todavía me faltan unos cuantos años para aprender que siempre sucede así.

Las mujeres adivinan nuestros secretos porque están condenadas a entender mejor el mundo.

De repente la tuve enfrente de mí. Alta como yo porque todavía le faltaba un tiempo para superarme, con su delgadez que empezaba a poblarse de inquietantes sinuosidades, con la piel morena y suave, con los labios llenos que yo, además, fantaseaba tibios, con esos ojos negrísimos y brillantes. Creo que ese día empecé a enamorarme de Mariana. Cuando la maestra encendió la música y empezamos a practicar los pasos básicos, uno junto al otro, intuí lo que debían sentir las almas al ingresar al cielo de los justos.

La de Mariana fue la primera mano de mujer que aferré. Claro que antes había tomado otras manos femeninas. Pero esta fue la primera mano de mujer que tomé sabiendo lo que hacía. Y ahí radica toda la diferencia.

Sabía que estaba respirando el aire que ella soltaba.

El cielo está gris, con uno de esos grises parejos que no amenazan con lluvia sino con quedarse para siempre ensombreciendo las cosas.

Montes recuerda haber leído algo, alguna vez, sobre lo atroces que son las noches de los domingos para los depresivos. Algo sobre un aumento drástico de los suicidios. Algo sobre el peor momento de la semana.

La brisa sopla un poco más fuerte y Montes siente frío. Qué curioso es el cuerpo humano. Su piel se ha erizado al contacto con el viento frío. Hace diez segundos, cuando se apoyó el caño de un arma en la cabeza, su cuerpo no se inmutó en absoluto. Pero sopla este vientito manso y toda la piel de su cuerpo se conmueve. Qué cuerpo idiota: no es capaz de advertir por dónde pasa el verdadero peligro.

Para qué vive uno si no es para darse un gustito de vez en cuándo.

Solo los cambios, los movimientos, las mutaciones de los seres y de las cosas, nos permiten corroborar que existimos.

Movido por la curiosidad del deseo (¿existe acaso otro móvil para nuestras acciones?) tomé la decisión de incorporarme.

No son las cosas sino las personas las que nos causan daños verdaderamente irreparables.

No obstante, por gratitud, o por temor a que el astro resucitase de su eclipse, permanecíamos en silencio cuando nos preguntaban qué ocurría, mirábamos para otro lado si Contini le pifiaba feo a la pelota, fingíamos una súbita distracción si un rival joven y entero le sacaba seis metros de ventaja en un pique de diez.

Si ese año el club hubiese tenido una buena campaña la cosa habría sido diferente. Pero naufragábamos casi en el fondo de la tabla y habíamos perdido todos los clásicos de la temporada. Y esas cosas destruyen todas las lealtades y sepultan todas las gratitudes.

Tenía cincuenta años, una calvicie pronunciada, los hombros enjutos y la expresión de quien sabe que casi todas las puertas de la vida se han cerrado para siempre, si es que alguna vez han estado verdaderamente abiertas.

El tono del comentario pretendía ser el de una reconvención, pero para los dos era claro que se trataba de una broma, o de una caricia.

Si don Lecci le gritaba «qué hiciste» a Cachito, de ese modo, quería decir que Cachito lo había roto, ni más ni menos. Y aunque era raro hasta un poco lo tranquilizaba, eso de saberse roto. Porque al muchacho la pierna le dolía como nunca jamás le había dolido nada, y si ese era el dolor de haberse roto, entonces por lo menos lo que le pasaba tenía nombre. De manera que así dolían las fracturas. Por eso el fuego y la sensación rara de sentir la pierna en los dedos de las manos pero no los dedos de las manos en la pierna. Como si esa pierna ya no fuese suya.

A muchos adultos les gustaba hacer eso de decir «te lo dije». Pero don Lecci no era de esos. Aunque fuera cierto que supiera que iba a pasar lo que terminó pasando.

A veces me parece que somos lo que hacemos.

lo que hacemos, pibe. No lo que decimos. Lo que hacemos.

No sé cuánto nos demoramos ahí viendo el trajín de las topadoras. Es cierto que el tiempo en la infancia no se ciñe fácilmente a los cronómetros. Pero es bien posible que hayamos permanecido allí una hora, o cosa parecida. Mi padre tenía la particular virtud de encontrarle sitio a las cosas importantes, y esas topadoras bien que lo eran. Cuando en su compañía miraba topadoras, o aviones, o películas de Disney, no me sentía al lado de un adulto que teme estar perdiendo el tiempo. En absoluto.

Mi padre era probablemente el único adulto en el mundo con la sensibilidad necesaria para comprender un dolor semejante. Comprender y acompañar, que para el caso son sinónimos.

Las astillas del pasado nunca se clavan de a una. Y lo que recuerdo se mezclará con lo que no recuerdo. Con lo que dudo. Con lo que olvidé. Con lo que nunca supe y no tengo a quién preguntar. Y enfrente estará mi padre. Alto. El pelo escaso peinado hacia atrás con fijador. Las cejas pobladas, el gesto serio, los labios gruesos, la voz profunda, los ojos divertidos y tiernos.

A veces es más fácil elegir cuando uno piensa que no tiene más remedio.

Lo normal no se recuerda casi nunca.

Cuando me enteré, casi no pude decir palabra sobre su muerte, señor Pastoriza. No sé muy bien por qué. Aunque supongo que siempre me ocurre eso con las cosas que me lastiman. No puedo nombrarlas mientras me duelen, o mientras me duelen mucho, o mientras son un dolor nuevo y desconocido, un dolor que busca su sitio en el cementerio de tristezas que todos tenemos en algún lugar del alma.

Tengo esos recortes guardados en mi casa. Tal vez alguna vez junte el valor de ir a buscarlos. No lo sé. Temo que si abro la bolsa verde en la que los tengo escondidos se escapen, también, todas las lágrimas.

Grandes necios de la Biblia

Stephen M. Miller

Grandes necios de la Biblia

Grandes necios de la Biblia

Necios siempre ha habido y siempre habrá. Pero más necio se es si no se aprende de las necedades, ya sea de uno mismo o de los demás. El autor nos enlista grandes necios que aparecen en la Biblia. Así tenemos a quienes no saben cuándo decir que no (Adán y Eva), los autoritarios (David), egoístas (Esaú), que discriminan (Amán), que divinizan a los ministros (Ofni y Finees), irresponsables (Jonás), ávaros (Jefté), que hacen un mal ejercicio del poder (Jezabel), que tienen amor al dinero (Judas), son testarudos (Faraón), con ambición desmedida (Nabal), que hacen caso a palabras necias (Sansón) o quienes equivocan el camino (Salomón). ¿Con cuál nos identificamos? Aprendamos. Calificación de 9.

Ese es el punto en este libro: aprender de los errores de los demás.

No es muy difícil ser un necio, solo se necesita un error increíblemente ridículo. Eso es todo.

Algunas personas quienes han estado con la muerte cuentan que la experiencia de estar al borde de la muerte pareciera ser otro tipo de seguridad de Dios.

Adán y Eva sabían que era algo malo comer del fruto, pero lo hicieron de todas formas. Los humanos desde entonces continuamos haciendo lo mismo; ellos saben que algo está mal, pero lo hacen de todas formas.

Decisiones necias, Resultados corrompidos.

Los hombres son propensos a mirar. Pero también están hechos para reconocer los problemas cuando los ven. Es un buey muy necio el que sigue a una bella bovina hacia la tienda del carnicero.

Para muchos de nosotros, un corcho en la boca mejoraría nuestra vida y probablemente haría del mundo un lugar mejor. Tendemos a apuntar con la boca primero, y después reunir los hechos, si podemos reconocerlos hechos pedazos.

Puedo entender el deseo del joven por la otra mujer: de seguro ella era muy amorosa. Pero ella era la mujer amorosa de otra persona. La esposa amorosa de otro hombre. La mamá amorosa de otra familia. El muchacho se la había sacado a todos ellos, pensó que no solo tenía un deseo por ella, pero un derecho por ella sin importar quién quedaba herido. No tenemos idea de cuán lejos llega el dolor.

Si tenemos que hablar, y no podemos ser tan precisos, debemos elegir nuestras palabras cuidadosamente. Debemos traer buenas palabras a vida.

Él [Dios] no quiere que pongamos a un grupo en un nivel inferior a otro. Él nos hizo a todos a su imagen y nos dio una de sus características más importantes: el poder pensar, elegir, amar y crear. Jesús dijo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 19.19). Eso es difícil de hacer cuando pensamos que somos superiores que nuestros vecinos.

«Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él. Y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, vé y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido» (Lucas 14.8-11). No encontrarás muchas enseñanzas como estas en los libros de hoy sobre el éxito. Todavía el mensaje suena verdad. La gente que más respetamos son aquellos que nos tratan como de igual y de amigos, aquellos que nos dejarían su asiento favorito y tomarían un asiento en la fila trasera.

Antes de hacer algo insensato, una buena idea es pasar un momento considerando cuán lejos la insensatez puede llegar.

Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?» (1 Samuel 2. 25)

Tratamos de inflar nuestra fe ya que estamos convencidos de que si tenemos la suficiente fe podríamos hacer cualquier cosa.

La historia de Jonás está en la Biblia por una razón primordial: Para enseñarnos un poco sobre el implacable amor de Dios. Él siempre nos está buscando. No como alguien que está al asecho buscando por personas con extraños placeres. Pero como un padre en búsqueda de su hijo perdido, por ninguna razón que no sea la de ayudarnos. Dios nunca se rinde con nosotros, no importa a donde huyamos y por cuanto tiempo.

Cuando hacemos promesas ridículas a Dios en momentos de desesperación, ¿piensas que es un pecado romperlas?

Jefté sacrificó a su hija en el nombre de Dios. Hay personas en la historia reciente que han matado a otros en el nombre de Dios, más reciente en el enfrentamiento entre judíos, musulmanes y cristianos. ¿Deberíamos matar a los asesinos en el nombre de Dios?

Es normal querer usar los dones que Dios nos dio, fueran musicales, de liderazgo, o el de tener una cubeta llena de inteligencia. Pero cuando usamos esos dones para enaltecernos y tirar a otros en una fosa, estamos yendo demasiado lejos. Somos cristianos. No tenemos la tarea de ayudarnos a nosotros mismos a obtener lo que queremos. Tenemos la tarea de ayudar a los demás en lo que fuere que necesiten. Pedro el apóstol lo puso de esta forma: «Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 Pedro 4.10).

Para dejarlo en nuestra muerte [un legado], debemos construirlo en nuestra vida.

Hemos interpretado mal a Judas, ¿pudiera ser? ¿Qué si no hubiese sido él, quien hizo uno de los hechos más insensatos en la historia de la humanidad, traicionando a Jesús? ¿Qué si fue Jesús el que lo traicionó a él?

Si nosotros no somos las personas tercas, algunas veces no hay mucho más que hacer, más que abrir nuestro caso, observar y orar. Pero si somos nosotros los obstinados, tenemos la opción de eliminar nuestro orgullo, con una cucharada de sentido común, una cubeta de consejos de las personas que ven por nosotros, un camión lleno de la gracia de Dios y si es necesario una pequeña píldora que nivele el desequilibrio químico que lleva a nuestro cerebro al lado de la testarudez.

Hay tantas personas necesitadas que es fácil sentirse abrumado y no hacemos nada por que nos damos cuenta que no podemos hacerlo todo. Pero Dios no nos pide que hagamos todo. Él nos pide que hagamos algo.

La inteligencia de Dios utiliza la necedad humana. Dios no está limitado por nuestra necedad. Su carácter es amor y su misión es la de salvar a las personas del daño que causa el pecado. Nada puede cambiar, ninguna de las dos cosas.

La insistencia constante nos puede derribar, especialmente si viene de alguien que nos importa y aun más si lo tienen todo planeado. Gritos, llanto, y escupir acusaciones designadas para imponer culpa pueden rápidamente derribarnos, haciendo que cumplamos los deseos de los demás, fuera de nuestro sano juicio. Así sea en una reunión de comité en el trabajo o en una discusión familiar en la sala de nuestro hogar, las personas con el tono justo al hablar para obtener lo que desean son poco menos que terroristas, tratando de mantenernos como rehenes y manipular nuestras emociones. No debemos tomar nuestras decisiones por ninguna razón que haga calmar a esta clase de personas. Si están enojados, es su problema. Esta fuera de nuestro control la reacción de las personas a las decisiones que tomamos de nuestro interés. Pero si dejamos que las emociones nos manipulen y nos lleven a tomar una decisión mal, entonces ahí sí es nuestro problema. Piénsalo de esa manera. Ellos tienen un problema y prefieren que lo tengamos nosotros.

La única forma en que el ciclo de represalia termina es cuando alguien decide no hacer lo mismo. Cuando decide hacer lo que no era de esperar, y da la otra mejilla. Nada se ve fuera de lo común, hasta que podemos ser testigos del poder del perdón para sanar las heridas y restaurar las relaciones.

Muchas veces queremos algo de tal manera que haríamos lo que sea por conseguirlo. Establecemos la meta, y la meta se convierte en nuestro dios. Nos entregamos a la misma. Nos obsesionamos. Vamos a la guerra para conseguirlo. Puede ser un trabajo de promoción, un amor interesado, un ahorro, una casa más grande, o una linda carroza llevada por cuatrocientos caballos. Para alcanzar esa meta, mantenemos a nuestros ojos fijos como acero en el allá y entonces, cegados por el aquí y el ahora. En el jardín a nuestros pies pisoteamos a nuestros hijos, esposas, amigos, y colegas. Nadie puede interponerse entre nosotros y la meta.

Los humanos tendemos a meternos en problemas de la misma forma que lo hacen las ovejas. No queremos llegar al borde buscando un precipicio sin fondo. Pero nos vamos acercando allí.

Los límites no están allí para restringirnos, lo están para protegernos, para hacernos saber cuan cerca estamos del problema. La cosa más necia que podemos hacer, es encaminarnos a pasar los límites.

La geometría de la euforia

Daniel Muñoz «Danielopski»

La geometría de la euforia

La geometría de la euforia

En esta ocasión el futbol es un buen pretexto para escribir un libro que haga referencia a anécdotas que ayuden a tratar de explicar la pasión que despierta este deporte en quienes somos aficionados a él; de lo más interesante porque de nuevo puedo decir que todas las anécdotas las conocí y las recuerdo. También son memorables la crónica del juego de Ramón Ramírez y la remembranza del capítulo de la entrañable serie “los años maravillosos”, respecto al futbol soccer. Calificación de 9.5

Escribir es un oficio exquisito que equilibra los mundos que habitamos, los reales con los ficticios.

De niños vemos el futbol sin tantos juicios, solo concentramos nuestra afición en un equipo, que la mayoría de las veces es una herencia paterna.

No es lo mismo fallar el quinto penal después de que todos han notado, que todos fallen. Perder hasta el último cobro no es igual que si la culpa se reparte entre varios. Quizá por eso erran, por solidaridad a los que ya fallaron y a los que se sabe que van a fallar.

Cuando era adolescente no tenía ni idea de los intereses económicos que giran en torno a la selección. Cuando tienes 13 años, todavía tienes un nexo con la inocencia a través de la ilusión que te produce, en todos sentidos, el futbol. Me era imposible pensar en intereses, mafias, corrupción y amaños rodeando a la organización del balompié. Creces y todo pierde sentido.

Lo más hermoso de este deporte es toda la subjetividad que le colgamos. ¿Cómo explicar que una tribuna detone en llano después del triste destino del esférico? Sin esa geometría no hay euforia.

El futbol nunca pone pretextos. Es un instinto que nos emana; siempre vamos a ir a jugar. Dos postes y un travesaño; el zaguán de la cochera de tu casa, dos árboles, dos mochilas y un árbol; suéteres, botes de basura, piedras… Dos cosas materiales separadas por una línea terrenal que crea el espacio que da el sentido primario a este deporte: el gol. El futbol irradia nobleza para adaptarse a nuestras necesidades de euforia.

El futbol es una escena que va más allá de 90 minutos. Se alarga hasta el análisis de los programas deportivos.

Ser futbolista es algo que siempre quieres ser cuando seas grande. Esta expresión nos hace perder la noción del tiempo. Nos damos cuenta de que las grandes figuras del balompié mundial tienen diez años menos que nosotros.

Sin sufrimiento, no hay razón de que exista el futbol. No hay un vínculo. La peor forma de ver un partido es cuando no se le va a ningún equipo.

Los fanáticos no cambian de equipo; se aferran a los colores en buenas y malas, y permanecen fieles a esa imagen abstracta y a todo lo que les significa.

Tenía que venir el desencanto; tenía que llegar el momento de crecer, de despertar y entender lo que es el futbol. Lo que entendió Calogero en la película de Robert De Niro, yo lo comprendí hasta los dieciocho años. En diciembre del ’98, se rumoraba que Ramón [Ramírez] iría al América, el gran enemigo del Rebaño Sagrado. El último partido que Ramón jugó con Chivas en esa etapa, fue contra el Necaxa en la final del torneo de invierno 1998 (partido que Chivas perdió 2-0 en el Jalisco). Lo que parecía ser una broma de mal gusto se convirtió en una realidad; para enero del ’99 veríamos a Ramón vestido con el uniforme Adidas de las Águilas del América. Yo como Calogero, desde ese momento no volví a sentir lo mismo por Chivas. Se me acabaron los ídolos para siempre. Solo me queda el recuerdo de la tremenda importancia que le di a esos seres inalcanzables.

Los aficionados mexicanos tenemos el ml hábito de construir escenarios paralelos, nos encanta imaginar todo aquello que nos hubiera gustado que fuera, pero no fue. En 1998 nos quedamos a poco tiempo del quinto partido, pero en frente teníamos a los alemanes. Luis Hernández, autor del 1-0 a favor de México, tuvo en sus pies la oportunidad de marcar el segundo gol.[…] Sí, ese 2-0 que nunca existió, quizá hubiera hecho revolotear a la mariposa para causar un efecto único en México: a lo mejor Peña Nieto nunca hubiera sido presidente y hoy nuestro principal rival fuera Finlandia en el terreno educativo.

El sufrimiento es la base anímica de un partido de futbol cuando el marcador depende de solo un gol. El sufrimiento es la delgada línea que separa al gozo de la muerte. El tiempo siempre es el mismo, pasa segundo a segundo, bajo el concepto de relatividad: es eterno para quienes defienden una mínima ventaja, pero insuficiente para el equipo que necesita marcar un tanto. El cronómetro es el testigo más frívolo en los partidos de futbol. No hay elemento omnisciente dentro de un estadio; todo puede pasar cuando creíamos que todo había pasado. Fernando Marcos, gran cronista mexicano, acuñó la frase “El último minuto también tiene sesenta segundos”.

La remontada es una de las expresiones de mayor euforia dentro de un estadio, igualmente representa una mancha en la historia del equipo remontado. La gloria que se esfuma es el sabor más amargo del futbol. Ese momento cuando los jugadores ya se imaginan bañados en champagne al ritmo de Freddie Mercury cantando ‘We are the champions’ y de pronto, tienen que subir al podio por sus medallas de segundones. ¡Qué dolor! Perder 5-0 una final es humillante, pero no se compra con el dolor de la victoria que se esfuma en los dos últimos minutos de juego. No hay imagen que explique mejor el dolor de ser remontado, que ver a 11 jugadores regados por el campo ahogándose en su llanto después del silbatazo final, cuando dos minutos antes, imaginaban la copa en sus manos.

El futbol es un excelente medio para superar los complejos. El problema es que si no se superan, se acrecientan.

Hay derrotas que arden, que solo una patada o un golpe al rival sirven para anestesiar el dolor.

En una de las consultas, platicando con el traumatólogo, le pregunté: “Doctor ¿usted qué deporte practica?” “Después de lo que yo veo en este consultorio, si puedo evitar caminar, lo evito”, me contestó.

Celebrar un gol es una forma de celebrar la vida; algo parecido a la culminación del coito (la euforia en fracción de segundos). […] El gol convertido en festejo es el monosílabo que más se alarga al ser pronunciado, al que se da vida a través de miles de voces.

El futbol no es solo lo que pasa en la cancha, sino lo que se discute después.

Como la vida moderna exige agilizarse, de pronto todo se volvió algoritmo y resulta que automáticamente tenemos pagado teléfono, SKY, gas, agua y hasta la tarjeta; entonces, ¿con quién carajos vamos hablar de futbol? La domiciliación de los pagos es la antesala del alzheimer. Cada vez hacemos menos por recordar cosas y también, nos vemos menos las caras.

El absurdo equipo que Dios eligió

Nelson Durón

El absurdo equipo que Dios eligió

El absurdo equipo que Dios eligió


Si suponemos que vamos a iniciar un proyecto y necesitamos un equipo de trabajo, estamos seguros que en él no incluiríamos a un joven pastor, tal vez a un millonario, pero no un hombre frustrado, ni a un anciano, ni a un hombre solitario, ni a un campesino, ni a una mujer extraña y menos a un asesino. Pues bien, Dios eligió a hombres y una mujer con esas características para formar un equipo de trabajo. Incluyó a David, Job, Pedro, Moisés, Noé, Gedeón, Rut y Pablo. Un singular equipo que supo cumplir el propósito para el que fueron llamados. El autor nos cuenta la manera en que esto fue hecho. Calificación de 9.5

Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Deuteronomio 6:5. Lo hemos escuchado en sermones. Lo hemos leído en volantes. Se nos enseñaba en la escuela dominical. Tenemos un cuadro colgado en nuestras casas con estas palabras. Pero Job decidió llevar este mandamiento a lo más profundo de su corazón. Su integridad no estaba regulada por sus posesiones. ¿Está usted pasando una situación similar? Tal vez no le ha sido quitado sus posesiones materiales, pero si algo de mucho más valor: su dignidad. ¿Le es arrebatado su entusiasmo por la vida= ¿Le han despojado de la paz por una traición que no imaginaba? Desde la niñez hasta la adultez las personas sufren del despojo. Al niño se le despoja de sus padres cuando un asaltador decide ponerle fin a los días de mamá y papá. La jovencita se le despoja de su dignidad el día que un inconsciente violador encontró la oportunidad para obtener por la fuerza lo que no obtendría por voluntad. A los trabajadores se les despoja de su empleo por reclamar sus derechos. A usted se le despojó de la paz que antes disfrutaba a causa de las preocupaciones, por los compromisos sin cumplir. La pobreza le ha robado al mundo entero los valores. Y Satanás pelea arduamente por despojarlo de lo más importante. De Dios. ¿No cree que esto sea injusto? Lo es. ¿Ha sido despojado de manera injusta? ¿De sus bienes? ¿De su familia? ¿Su salud? Tranquilo. Dios tiene el control. […] Satanás tendrá permiso para despojarnos de algunas cosas. Pero Dios tiene el control.

Demuestre que su amor a Dios no está regulado por sus bendiciones, sino que sus bendiciones vienen por su amor a Dios.

Satanás no puede despojar definitivamente lo que Dios le ha dado. Pero Dios si puede devolverle todo lo que el enemigo le ha robado.

Cuando usted fue colocado en este planeta no traía nada; venía completamente desnudo, pero en su corazón Dios había colocado un propósito. No uno suyo, uno de Dios.

Todos nosotros llevamos un Saulo de Tarso en el fondo. El enojo hacia alguien es evidente.

A Dios no le importó tanto lo que Saulo había hecho como lo que podía hacer en él.

Intentarlo toda la noche es correr una maratón, llegar en último lugar, creer que el resultado es injusto y exigir que se repita la carrera. Intentarlo toda la noche no es simplemente no darse por vencido. Es creer firmemente que las cosas no son como el resultado que se obtiene al primer intento.

Antes de iniciar un nuevo intento, recuerde que debe incluir al Creador.

Dios desafía las leyes de este mundo.

Dios primero mira nuestras cualidades y luego especifica su propósito con nosotros.

Obediencia parcial equivale a desobediencia.

[Satanás] Intenta hacerle creer que las situaciones difíciles representan la ausencia del amor de Dios.

La palabra “odio” la encontramos en 18 versículos de la Biblia .el reglo de Dios, “el amor” lo encontramos aproximadamente en 217 versículos.

¿Quién nos separará del amor de Cristo? Romanos 8:35 ¿Ha navegado alguna vez en esta frase? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Su jefe? ¿Su vecino? ¿Su familia?… ¿Satanás?… No señor. Su jefe le puede robar su tranquilidad por un momento, pero no el amor de Dios. Su vecino lo puede difamar, pero no podrá alejarlo del amor de Dios. Su familia podrá robarle el entusiasmo en alguna cosa que quiso emprender, pero no tiene opción en arrebatarle el amor de Dios. Satanás podrá agrandar sus refugios, pero no puede hacerse ilusiones en despojarle el amor de Dios.

Piense en las peores palabras que represente una de las sensaciones que no quisiera que se volviera a repetir en su vida y luego agréguele… me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. NI la infidelidad de mi cónyuge me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. NI el resultado médico me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. NI mi situación económica me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Ni los desprecios de las personas me podrán separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. NI la tristeza, NI la intranquilidad, NI la ansiedad, NI el desconsuelo, NI la desesperación, NI la incertidumbre, NI el dolor, NI l zozobra… NADA, NI NADIE, me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

No confunda una mala situación con ausencia de Dios. ¿Recuerda la palabra NI? Utilícela siempre que esté pasando por un momento difícil. NI _______ me podrá separar del amor de Dios, de mi padre.

El porvenir de mi pasado

Mario Benedetti

El porvenir de mi pasado

El porvenir de mi pasado

Colección de cuentos al puro estilo de Benedetti, donde se cuenta el desamor, las relaciones, la niñez, en fin.. la vida.
Calificación de 10.

Albufera: laguna litoral de agua salada.
Esmirriado: delgado, raquítico y con aspecto débil o enfermizo.
Manes: almas de los muertos.
Garufa: Que le gusta la juerga y la diversión.
Bocharon: Reprobar.
Zamarra: Prenda amplia de vestir, rústica, de abrigo, que cubre el cuerpo hasta medio muslo, hecha de piel con lana o pelo por fuera o por dentro.
Bonhomía: Cualidad de la persona que es muy buena pero algo ingenua.
Bártulos: Conjunto de utensilios, instrumentos y otros enseres de uso cotidiano que pertenecen a una persona o son propios de una actividad.
Indemne: ileso.
Mamúa: borrachera.
Turgente: Abultado.
Esperanto: Lengua creada artificialmente en 1887 por Zamenhof con la idea de que sirviera como un sistema de comunicación universal.

Eso fui. Una suerte de botella echada al mar. Botella sin mensaje. Menos nada. Nada menos.

VIUDECES

Eugenia, Iris, Lucía y Nieves eran amigas desde Primaria. Salvo cuando alguna estaba de viaje, se reunían cada dos viernes para intercambiar chismes y nostalgias. Las cuatro estaban casadas, pero no tenían hijos. Gracias a las lucrativas profesiones de sus maridos (un abogado, dos contadores, un arquitecto), gozaban de un buen nivel de vida y lo aprovechaban para manejarse en un plausible estrato cultural. Fue en uno de esos viernes que Iris aguardó a sus amigas con un planteo original.
-¿Saben qué estuve pensando? Que nuestros queridos maridos nos llevan algunos años, así que lo más probable es que se mueran antes que nosotras. Ojalá que no, pero es bastante probable. Mientras tanto ¿qué podemos hacer? Pensando y pensando, de insomnio en insomnio, llegué a la conclusión de que en ese caso infortunado, nosotras, cuatro viudas todavía presentables, podríamos alquilar (o adquirir) una casa bien confortable, con un dormitorio para cada una, con una sola mucama y una sola cocinera (¿para qué más?). Y un solo automóvil, a financiar colectivamente. ¿Qué les parece? Ya hablé con el Flaco y me dio su visto bueno.
Las otras tres se miraron casi estupefactas, pero al cabo de una media hora esbozaron una sonrisa no exenta de esperanza. Seis meses después de ese viernes tan peculiar, una de las cuatro, la pelirroja Lucía, sucumbió como consecuencia de un infarto totalmente inesperado. Para las otras tres fue un golpe sobrecogedor, algo así como si la infancia se les hubiera quebrado para siempre. También a Edmundo, el viudo de Lucía, le costó sobreponerse. Sin embargo no había pasado un año desde aquella desgracia, cuando citó a su hogar de viudo a los otros tres maridos y les expuso su planteo:
-¿Saben qué estuve pensando? Que así como yo quedé viudo, eso también les puede ocurrir a ustedes. No es un pronóstico, entiéndanme bien, es sólo una posibilidad, un juego del azar. Y si eso ocurriera ¿qué harían? Pensando y pensando llegué a la conclusión de que en ese triste caso, nosotros, cuatro viudos con cierto margen de supervivencia, podríamos alquilar (o comprar) una casa bien cómoda, con cuatro dormitorios independientes, con una mucama, una cocinera y un solo coche de segunda mano pero en buen estado, que usaríamos y financiaríamos entre los cuatro. ¿Qué les parece?
Los otros tres quedaron con la boca abierta. Al fin uno estornudó, otro bostezó y el tercero se pellizcó una oreja. De pronto, y sin que ninguno lo advirtiera, en las tres miradas de hombres mayores, algo cansados, nació una expectativa.

CINCO SUEÑOS

En total, soñé cinco veces con Edmundo Belmonte, un tipo esmirriado, cuarentón, con expresión más bien siniestra, malquerido en todos los ambientes y tema obligado de conversación en las mesas de funcionarios o de periodistas. En el primero de esos sueños, Belmonte discutía larga y encarnizadamente conmigo. No recuerdo bien cuál era el tema, pero sí que él me repetía, como un sonsonete: «Usted es un atrevido, un inventor de delitos ajenos», y a veces agregaba: «Me acusa y es perfectamente consciente de que todo es mentira». Yo le mostraba los documentos más comprometedores y él me los arrebataba y los rompía. Era en medio de ese desastre que yo despertaba. En el segundo sueño ya me tuteaba y sonreía con ironía. Sus sarcasmos se basaban en mis canas prematuras. Generalmente, la broma explotaba en una sonora carcajada final, que por supuesto me despertaba. En el tercer sueño yo estaba sentado, leyendo a Svevo, en un banco de la plaza Cagancha, y él se acercaba, se acomodaba a mi lado y empezaba a contarme los intrincados motivos que había tenido, allá por el 95, para herir de muerte a un comentarista de fútbol. Lógicamente, yo le preguntaba cómo era que ahora andaba tan campante, señor de la calle, y él volvía a sonreír con ironía: «¿Querés que te cuente el secreto?», pero fue precisamente en esa pausa que me desperté. En el cuarto sueño me contaba con lujo de detalles que el gran amor de su agitada vida había sido una espléndida prostituta de El Pireo, a la que, tras un quinquenio de maravilloso ensamble erótico, no había tenido más remedio que estrangular porque lo engañaba con un albanés de poca monta. De nuevo insistí con mi pregunta de siempre (cómo era que andaba libre). «El narcotráfico, viejo, el narcotráfico.» Mi estupor fue tan intenso que, todavía azorado, me desperté. Por fin, en mi quinto y último sueño, el singular Belmonte se apareció en mi estudio de proyectista, con una actitud tan absurdamente agresiva que no pude evitar que mis dientes castañetearan. -¿Por qué me vendiste, tarado? -fue su vociferada introducción-. Te crees muy decente y pundonoroso, ¿verdad? Siempre te advertí que con nosotros no se juega. Y vos, estúpido, quisiste jugar. Así que no te asombres de lo que viene ahora. Abrió bruscamente el portafolios y extrajo de allí un lustroso revólver. Me incorporé de veras atemorizado, pero antes de que pudiera balbucear o preguntar algo, Belmonte me descerrajó dos tiros. Uno me dio en la cabeza y otro en el pecho. Curiosamente, de este último sueño aún no me he despertado.

Si en alguna tarde neblinosa, sin estruendo y sin ángelus, tomara esa decisión, sería simplemente por curiosidad. Para saber qué hay después. Puede que sea fascinante.

Después de los cincuenta, la barriga es un signo de experiencia y sabiduría.

No pongas esa cara de pasmado. No somos fantasmas. Somos muertos.

TÉMPANO

No sabía de dónde venía el frío. No estamos en invierno, pensó. Sin embargo, las manos se le habían vuelto rígidas, las rodillas le temblaban, el alma no era alma sino témpano. Se recostó en el muro, que le pareció excesivamente rugoso. Quería reflexionar, refugiarse por un rato en la cordura, sacar cuentas, imaginar con serenidad. Aún no estaba en condiciones de asimilar ni de borrar la imagen de su Viejo muerto. Durante el último mes que el enfermo pasó en el sanatorio, Fermín fue a verlo, pero sobre todo a escucharlo. Nunca el Viejo le había dedicado tanto tiempo ni le había hablado con tanta franqueza.
-A tu madre la quise de veras pero no siempre le fui fiel. Esa doblez me provocaba amargura y hasta pesadillas. ¿Qué me pasaba? Que yo a veces me aburría de mi propio estilo de amar. Por otra parte, me parecía que ella, de tan ingenua, no era capaz de albergar celos o meras sospechas. Precisamente esa calma no me gustaba. ¿Por qué? Porque en el fondo quizá significara (al menos, eso creía) que no me juzgaba lo suficientemente atractivo como para provocar la atracción de otras mujeres. De mis varias relaciones clandestinas, la más prolongada fue la que mantuve con Amelia. ¿Te acordás de ella?
Fermín se acordaba, pero le dijo que no. No quería darle ese gusto. No quería que Amelia fuera el nombre de una triste deslealtad a su madre, cuando ella aún vivía, rozagante y vital. Que después, en su etapa de viudo alegre, tuviera sus amoríos, devaneos y chifladuras, no le afectaba. Allá él con su frivolidad. En esta última visita, Fermín encontró al Viejo especialmente desmejorado. Balbuceaba, tartamudeaba, tenía dificultad para respirar. No obstante, llegó un momento en que se sobrepuso a sus señales de agonizante y retomó el hilo de sus testimonios.
-Bueno, después de todo no era tan ingenua. Me consta que en verdad yo me lo merecía, pero nunca imaginé que ella, nada menos que ella, me fuera infiel, me hiciera cornudo con no sé qué cretino. Quizá vos ignores que en sus relaciones conmigo nunca consiguió quedar encinta, que era una de las metas de su vida. Pero con el cretino, sí quedó.
Ante esa revelación de última hora, Fermín quedó anonadado, vacío de toda piedad. Y entonces fue él quien balbuceó:
-O sea que yo…
-O sea que vos (ya era hora de que te enteraras) no sos mi hijo.
El Viejo ya casi no podía hablar y Fermín se había arrollado en sí mismo.
-¿Me podrías decir, como último favor, quién es entonces mi padre verdadero?
-Puedo y quiero decírtelo. Es mi postumo desquite. Pero acércate un poco más. Ya casi no tengo voz. Tu padre, o sea el cretino que preñó a tu madre, es… o fue…
Fermín no podía creerlo, pero la revelación quedó poco menos que arrugada, en un hueco del último estertor. Y fue allí que Fermín empezó su invierno, fue allí que supo que su alma no era alma sino témpano.

ALGUIEN

Alguien va a venir. Estoy seguro. Sé que alguien vendrá. Aunque me haya ido del mundo, no por muerte sino por soledad y algo de cobardía. Nunca he podido soportar el odio y sin embargo el odio me alcanzó. Fue en la primavera del 2000. No estaba solo entonces. Tenía por lo menos cinco amigos de toda confianza. Especialmente uno: Matías. Nos reuníamos los fines de semana para practicar el ajedrez o el golf. Deportes no muy agitados, por cierto, pero que nos unían. Otro tipo, un tal Freiré, en varias ocasiones había tratado de incorporarse a nuestras reuniones, pero de una u otra manera le hicimos entender que no nos era grata su compañía. La verdad es que era insoportable. Todo aconteció un jueves de octubre. Yo venía solo en mi coche. La carretera estaba completamente vacía. De pronto, junto a un muro semiderruido, vi una escena que me resultó espeluznante. Un hombre, de mameluco azul y zapatos sport, le estaba asestando varias puñaladas a una mujer que parecía joven. Estuve a punto de detenerme, pero no estaba armado y aquel tipo era capaz de cualquier violencia. Simplemente, aminoré la marcha. El tipo por fin abandonó la horrible tarea y levantó la cabeza. Sólo entonces lo reconocí: era Freiré. No estaba seguro de si él, a su vez, me había reconocido. Agitado y confuso, aceleré de nuevo y una hora más tarde llegué a mi casa. Al día siguiente el crimen fue titular de casi todos los diarios. La muchacha, una azafata aérea, había muerto. No había datos del asesino, que estaba prófugo. Al parecer, no había testigos de la agresión. Pasé un día entero cavilando y al fin me decidí: concurrí a la policía e hice la denuncia. Esa misma tarde apresaron a Freiré. Tuve que ir a reconocerlo y él me dedicó una mirada de odio y murmuró entre dientes: «De algo podes estar seguro: me la vas a pagar». La amenaza me golpeó. Seguramente él iba a ser condenado, pero esa misma noche dejé la capital. Sin avisar a nadie, ni siquiera a mis colegas de golf y de ajedrez, alquilé un chalecito en Colonia y allí me instalé. Transcurrido el primer mes, el aislamiento me resultó insoportable y decidí llamar a mi amigo Matías. Le di las señas de mi nuevo alojamiento y le pedí que viniera cuanto antes. A los tres días, o sea hoy, sonó el llamador. Pensé: debe ser Matías. Antes de abrir, miré por la ventana. No era Matías, sino el mismísimo Freiré. Abrí un cajón del armario y tomé el revólver. Me moví con cautela hasta la puerta y la abrí. Freiré me dedicó una irónica sonrisa, y dijo: «No aceptaron tu testimonio. Llegaron a la conclusión de que no había testigos. Además, tengo ahora buenos amigos en el poder. Ya ves, estoy libre». Yo sabía lo que me esperaba. Vi que introducía la mano derecha en el bolsillo, pero le gané de mano y le metí dos balazos en el pecho. Ahí está ahora, en el umbral, agonizando. Pero pudo escucharme: «Lo que son las cosas. Hoy tampoco hay testigos». Después, veré lo que hago. Por lo pronto, borré a Matías de mi lista de amigos.

Alguien me había anunciado que la borrachera es como un sueño. Un sueño del que uno sólo se despierta cuando ingresa en un sueño de verdad.

Supe que había recuperado la famosa sobriedad cuando el corazón me volvió a latir del lado izquierdo y sobre todo cuando el tedio del mundo me empalagó de nuevo.

Es horrible, pero ya no te quiero. Y lo peor es que quiero a otro. Vos, que me ayudaste tanto, no te merecías este abandono, pero qué voy a hacer.

Los amores olvidados son pesadillas dulces.

SOÑAR EN VOZ ALTA

Luciano no se encontraba muy a menudo con su padre. A la madre, en cambio, la veía más frecuentemente, pero más por sentido de responsabilidad que por cariño. Como cualquier hijo de padres divorciados, Luciano se sentía un poco huérfano. No bien pudo se independizó, y después de un noviazgo normal y no muy dilatado se había casado con Cecilia. Un sábado, cerca del mediodía, se encontró con su padre, y por iniciativa del Viejo se metieron en un café del Centro.
-Voy a aprovechar este encuentro casual ⎯dijo Luciano— para hacerte una pregunta no tan casual.
-Venga nomás.
-¿Por qué te separaste de mamá?
-No es tan sencillo de explicar, sobre todo para el que no lo vivió. A tu madre le tuve siempre bastante afecto. No pasión, entendelo bien, pero sí afecto. Y creía que ella también sentía algo parecido hacia mí. Pero una noche llegué a casa bastante tarde por razones de trabajo y ella dormía profundamente. De pronto sentí que murmuraba algo en pleno sueño y alcancé a distinguir un nombre: Anselmo, Anselmo. Era un vecino con el que teníamos una buena relación. A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, le pregunté qué le pasaba con Anselmo. Se echó a llorar y sin atreverse a mirarme, me confesó que eran amantes. Y ése fue el final.
Meses más tarde, Luciano le hizo a la madre la misma pregunta.
-¿Por qué nos separamos? Nunca hablé de eso contigo porque lo considero un hecho muy privado. Con tu padre nos habíamos llevado bien durante dieciocho años de matrimonio. Reconozco que no estábamos enamorados, pero soportábamos nuestras diferencias y las frecuentes discusiones hacían más entretenida la relación conyugal. Una tarde, a la hora de la siesta (él siempre la duerme; yo, nunca) empezó a hablar entre sueños y dijo varias veces el mismo nombre: Inés, Inés. Lo pronunciaba con un tono amoroso que por cierto nunca me había dedicado. Inés es una compañera de mi estudio, que muchas veces almorzaba o cenaba con nosotros. Linda y muy simpática. Cuando tu padre despertó y se dio una ducha, le hice la pregunta de rigor: «¿Soñás siempre tan amorosamente con Inés?». Tal como yo lo esperaba, me confesó que hacía por lo menos dos años que tenían relaciones. Y ahí terminó todo.
Después de esas revelaciones (¿cuál de las dos era cierta?, ¿ambas serían verdad?) Luciano se sintió más huérfano que de costumbre. Durante dos o tres horas vagó como un zombi por las calles más concurridas, pensando que la multitud podía borrarle la tristeza. Por fin decidió refugiarse en su casa. Ya era tarde y Cecilia se había acostado. En pleno sueño, ella se dio vuelta en la cama y se abrazó a la almohada. En dos etapas dijo: Luciano, Luciano. Él se sintió orgulloso y satisfecho. La dejó dormir tranquila y fue a la cocina a hacerse un café. Lo tomó con gusto y estaba lavando el pocilio cuando se le encendió la lamparita. Carajo, había un primo que también se llamaba Luciano. El era Luciano Gómez y el primo Luciano Estévez. ¿Sería posible? No quería creerlo, pero la duda le produjo palpitaciones. Más o menos angustiado, regresó al dormitorio. Cecilia seguía abrazada a la almohada y volvió a articular claramente: Luciano, Luciano. Él se recostó en la pared y sólo alcanzó a preguntarse: ¿Por qué será que las mujeres nunca sueñan con apellidos?

Estaba tan borracho que no llegó haciendo eses sino equis.

En vez de dos ojos verdes, tenía dos odios grises.

En el cuerpo femenino no hay centímetro (o centímetros) más seductor (o seductores) que el (o los) del ombligo.

BRINDIS

Brindo por los aparecidos y los desaparecidos brindo por el amor que se desnuda por el invierno y sus bufandas por las remotas infancias de los viejos y las futuras vejeces de los niños brindo por los peñascos de la angustia y el archipiélago de la alegría brindo por los jóvenes poetas que cuentan las monedas y las sílabas y finalmente brindo por el brindis y el vino que nos brindan.

ECHAR LAS CARTAS

Querida muchacha: No te extrañe que te llame así. A pesar de los años transcurridos, para mí seguís siendo la muchacha de entonces, la que atravesaba la plaza de lunes a viernes, a las siete menos cuarto, cosechando las lúbricas miradas de los varones de la tarde. Todos te quitábamos con la imaginación el vestido floreado, aunque cada uno se quedaba con una revelación distinta. Nunca dejaré de agradecerle al doctor Anselmi la noche en que nos presentó en el café Gloria y luego se fue discretamente, dejándonos por primera vez a solas con nuestro mutuo asombro. Y allí empezó todo. Tres meses después tuve el privilegio de quitarte el vestido floreado (eran otras flores, claro) y encontré que superabas en mucho los prodigios de la intuición. Por suerte no eras perfecta, pero tu imperfección le otorgaba un signo irrepetible a mi enamoramiento. Te preguntarás por qué te cuento todo esto que sabes de memoria, por qué rememoro el origen de los tiempos, o sea de nuestro tiempo. Tal vez porque estoy solo frente al mar y evocarte es una forma de sobrellevar la soledad. Las golondrinas, veloces como nunca, pasan y repasan el aire en su estreno de la primavera, y a mi vez yo, lento como siempre, paso y repaso mis inviernos. No sé por qué miro las varices azules de mis tobillos, flacos y cansados, y admito lo que fui y también lo que quise ser y nunca fui. En cada invierno pasado está tu imagen, ese retrato encuadrado que me espera en la pared del fondo de mi estudio. Y de la colección de inviernos surge nítido aquel en que me dijiste: No va más. Querida Andrea: Hoy supe, por tu amiga Natalia, que te casaste por segunda vez y que aparentemente sos feliz. Te conozco lo suficiente como para decirte que sos merecedora de una felicidad cualquiera, pero soy lo bastante honesto como para declararte que esta bienaventuranza tuya no me deja contento, ya que por supuesto habría preferido que la tuvieras conmigo. ¿Por qué no fuiste feliz en nuestro quinquenio de convivencia? Es cierto que discutíamos con frecuencia, pero eso ocurría porque éramos (y somos) muy distintos. Para mí esa desemejanza era un atractivo más, ya que es sabido que las parejas que son (valga la redundancia) demasiado parejas, se aburren como ostras. Por otra parte, aunque muchas veces te dije en broma que yo era fiel pero no fanático, la verdad es que nunca te engañé. Una vez estuve a punto, pero en mi corazón (perdona la cursilería) sólo había sitio para vos. ¿También me fuiste leal? ¿Había en tu corazón una celdilla para mí y otra que estaba disponible? No puedo saberlo. Al menos me consta que sólo reiniciaste tu vida en pareja dos años después de nuestro punto y aparte, ¿o fue punto final? ¿Qué tal es tu marido? No. Mejor no me lo cuentes. El infarto por celos nunca es benigno. Ojalá lo disfrutes y te disfrute. Al menos ya tenes experiencia de cuáles son los parámetros de la parábola sexual, dónde están los límites y dónde las fronteras. Seré curioso. ¿En alguna ocasión reservaste un silencio para rememorar nuestra antigua amalgama, que lamentablemente, todavía no sé bien por qué (y aquí viene bien la nomenclatura futbolística), perdió el invicto? Pasará el tiempo. En el futuro habrá otras primaveras, otras golondrinas reanudarán su vértigo, pero yo soy tozudo en mis evocaciones y puedo asegurarte que no te olvidaré. Tengo ganas de mandarte un abrazo. Pero no te lo mando, de bueno que soy, sólo para que no tengas problemas si te pillan esta epístola a los tesalonicenses.
Querida Andrea: No te alarmes. Esta carta sólo será un parte de viaje. Hace cuatro días que llegué a París, movido por asuntos profesionales. Agosto no es el mejor mes para apreciar monumentos. Tampoco para reencontrar a alguno que otro amigo parisiense. ¿Te acordás de Claude Moreau? No bien llegué, llamé a su teléfono. Me atendió su nuera. «¿Claude? Murió en noviembre.» Balbuceé un breve pésame y me metí en el café de la Paix, donde tantas veces nos habíamos encontrado. Recuerdo que aun la última vez que estuve con él no había asimilado su viudez. Tenía dos hijos, que lo cuidaban y casi lo mimaban, pero no era lo mismo. Años atrás yo había conocido a Angelines, una asturiana que escribía cuentos, por cierto bastante buenos, y realmente era muy querible. ¿Te acordás de Odile? Bueno, se casó con un nigeriano bien oscurito y se fueron a vivir a Canadá. Al parecer, ambos se han especializado en informática, y están trabajando y ganando bien. Me chimentan, además, que Odile está embarazada y que ambos hacen conjeturas, con explicable curiosidad, sobre cuál será el color del primogénito. Ah, como corresponde, estuve en el Louvre ¿y sabes con qué me encontré? Con que la sonrisa de la Gioconda es igualita a la tuya. Al menos, a la que desplegabas en épocas idílicas. Me parece sensato que me hayas enviado el número de tu casilla de correo. De todos modos, el tema de la carta de hoy no iba a despertar ninguna suspicacia. ¿Sabes por qué? Porque me casé. Sí, aunque te cueste creerlo, yo también he desembocado en mis segundas nupcias. Así que, por las dudas, te mando aquí mi número de casilla: 14043. Ahora bien, hoy me he dado cuenta de que hace casi un año que no te escribo. Te aseguro que la demora no tiene que ver con mi nuevo estado. Simplemente, se me fueron acumulando las tareas y los problemas. Y no sólo no te he escrito a vos, sino tampoco a ninguno de mis habituales interlocutores postales. Mi despacho de abogado se ha llenado de papeles, documentos, comprobantes burocráticos, copias fotostáticas, códigos y otras menudencias. Me he pasado la vida en juzgados, palacios de justicia, tribunales, audiencias, etcétera. También la boda me ha reducido el tiempo disponible. Conseguir una vivienda más adecuada, familiarizarme con mis nuevos suegros y sus manías, repartirnos con Patricia, mi nueva mujer, las responsabilidades cotidianas, todo ello me ha hecho trasnochar y hasta provocado insomnios, calamidad esta que nunca antes había padecido. Patricia es tolerante y afectuosa. Es un vínculo bastante distinto del que mantuve contigo. Menos apasionado, más tranquilo y estable, y sin embargo llevadero. Te diré cómo la conocí. Un viernes apareció en mi despacho (ella también es abogada) acompañada de un veterano cargado de problemas: familiares, comerciales, inmobiliarios, administrativos. Eran tantos y aparentemente tan complejos, que les pedí me dejaran todo aquel papeleo para estudiarlo con la debida atención y que volvieran a verme dentro de una semana. Aquel lío era impresionante pero no de difícil solución, de manera que el viernes siguiente, cuando volvió Patricia, sola, sin su cliente, le expuse mi opinión y ella quedó asombrada. Quizá por ello simpatizamos y quedamos en almorzar el próximo martes. Fue el primero de una serie de almuerzos y cenas y todo siguió su curso. La verdad es que yo ya estaba un poco aburrido de mi vida de asceta, sobre todo considerando que, como vos bien sabes, nunca tuve vocación de misántropo. Ella también estaba disponible. Era soltera y el exceso de trabajo profesional no le impedía apreciar que los años iban pasando con su ritmo inexorable. O sea: que tal para cual. Ya llevamos cinco meses de convivencia y aparentemente todo va bien. El mes pasado nos tomamos quince días de vacaciones y nos fuimos a Piriápolis, donde casi te diría que empezamos verdaderamente a conocernos, a ponernos al día con nuestras respectivas biografías (por las dudas no le conté la etapa nuestra), que por cierto no eran demasiado espectaculares. Así pues, ésta es la historia. La verdad es que me siento bien. El tiempo sigue pasando y no hay pesadumbre ni tortura. Ojalá que a vos también te rueden bien las cosas. Cuando puedas, mándame noticias. Como ésta va a la casilla de correos, ahora sí te puedo enviar un abrazo, con viejo y nuevo afecto.
Querida Andrea: No sé por qué, pero hoy me dio por extrañarte; por echar de menos tu presencia. Será tal vez porque el primer amor le deja a uno más huellas que ningún otro. Lo cierto es que estaba en la cama, junto a Patricia plácidamente dormida, y de pronto rememoré otra noche del pasado, junto a vos, plácidamente dormida, y sentí una aguda nostalgia de aquel sosiego de anteayer. Alguien dijo que el olvido está lleno de memoria, pero también es cierto que la memoria no se rinde. Dos por tres suenan como campanitas en el ritmo cardíaco y una escena se hace presente en la conciencia como en una pantalla de televisión. Y aquel cuerpo que las manos casi habían olvidado vuelve a surgir como un destello hasta que otra vez suenan las campanitas y el destello se apaga. ¿Te ocurre a veces algo así? ¿O será que me estoy volviendo un poco loco? Puede ser. Mientras tanto este probable loco te envía un invulnerable abrazo.
Querida Andrea: Antes que nada, eufórico como estoy, me siento obligado a transcribir tu cartita: «Yo también estoy loca. Yo también sueño contigo, dormida y despierta. Yo también oigo campanitas. Yo también añoro, no sólo tus manos en mi cuerpo, sino también mis manos en el tuyo. No voy a dejar a mi marido, porque es bueno y lo quiero, pero quiero encontrarme contigo con o sin campanitas, pero estar contigo. ¿Puede ser?»
Es claro que puede ser, mujer primera. Tampoco pienso dejar a Patricia, la verdad es que la quiero. Pero la otra poderosa verdad es que necesito estar contigo. Tengo la impresión de que vos y yo, que no funcionamos demasiado bien como marido y mujer, sí funcionaremos espléndidamente como amantes. ¿Recordás aquello de «fiel pero no fanático»? Hasta el viernes, muchacha, en el café de siempre.

EL TIEMPO PASA

-¿Alguna vez hiciste eso? -preguntó Gloria con una sonrisa tan espontánea que Sebastián, a sus quince recién cumplidos, sintió que le temblaban las orejas.
-No. Nunca.
Hacía tantos años de ese diálogo, pero Seba no olvidaría jamás su continuación. Gloria era, como su nombre (falso, por supuesto) lo indica, la puta más gloriosa de la calle Finisterre, pero su gran atractivo estribaba en que no tenía aspecto de ramera, ni se vestía como tal, ni se movía como tal. Era tan sólo una veinteañera sencillamente hermosa, que atraía a los hombres con prolija honestidad, informándoles desde el vamos que no tenía vocación de amor único.
-¿Querés inaugurarte conmigo?
-Si usted lo permite.
Ante aquel inesperado tratamiento respetuoso, Gloria estalló en una franca carcajada, que por fin logró quebrar la timidez de Sebastián. Así, con el mejor de los humores, ambos penetraron casi corriendo en el bosquecito de los sauces orilleros. Cuando Gloria halló el sitio que le pareció adecuado y protegido de curiosos y viejos verdes, atrajo con suavidad a Seba, le desabrochó lentamente el short, hizo que él la desnudara a medias, y de inmediato dio comienzo al curso preparatorio que culminó en un coito, tan elemental y tan tierno, que Seba estuvo a punto de llorar. De alegría, claro. A pesar de su inocencia, Seba tuvo la precaución de no comunicar su ficha (apellido, domicilio, familia, etcétera). Después de todo, sabía que ésas eran las reglas del juego. El curso completo incluyó cinco clases, al cabo de las cuales Seba obtuvo de su ufana y generosa amiga el certificado de candida destreza, y si el adiestramiento no se prolongó fue porque el padre de Seba, un tal Basilio Aceves, viudo prematuro, decidió cambiar de casa, debido a que la actual contenía demasiados recuerdos y añoranzas de su mujer, fallecida muy joven en un absurdo accidente de carretera. Basilio exageró el deseo de alejamiento y encontró una linda casita con jardín en el otro extremo de la ciudad. Para despedirse cumplidamente de Gloria, Seba tuvo que esperar, a la hora del crepúsculo, a que ella volviera de atender a un cliente exigente, avaro y remiso. Lo cierto es que fue un adiós sobrio, pero con una buena dosis de sentimiento y gratitud. Durante un par de años Sebastián mantuvo aquel estreno en el ordenado desván de su memoria. Sabía que algún día le sería útil en el desarrollo de su carrera amatoria. En el nuevo barrio, Seba, comunicativo y bien humorado, hizo amistades de ambos sexos. Ya en época universitaria, su entrenada malicia le llevó a dejar varias novias en el camino. El padre no hacía preguntas; a lo sumo algún comentario irónico, que Seba recibía como una muestra de compañerismo, algo así como un intercambio entre muchachos. La viudez de Basilio y la orfandad de Sebastián los habían acercado, aunque rara vez mencionaran el nombre de la ausente. El día en que Sebastián cumplió veintitrés años, Basilio le pidió que cenara en casa. «Te reservo una sorpresa. Ya verás.» A medida que avanzaba la tarde, Basilio se fue poniendo alegremente tenso. Había encargado la cena conmemorativa en un restorán de cinco tenedores. Con un gesto de paternal condescendencia, sirvió dos whiskies, y a mediados del segundo la frase sonó como un disparo: «Sebastián, me caso». Seba se levantó y, sin decir palabra, lo abrazó. A Basilio le brillaron los ojos. «Me hace feliz que te parezca bien. De todas maneras, podes estar seguro de que la imagen de tu madre permanecerá intacta entre nosotros. Pese a mis cuarenta y pico, ya era muy duro permanecer sin amor, sin un cuerpo en la cama. ¿Lo entendés, verdad?» -Sí, claro. A las ocho sonó el timbre y un Basilio exultante se puso de pie. «Seguramente es ella. Quise aprovechar tu cumpleaños para que se conocieran.» Seba escuchó que se abría la puerta de calle. Diez minutos después entró el padre con una mujer todavía joven y atractiva, que examinó a Sebastián con una mirada que mezclaba el encanto con la turbación. «Bueno, bueno», dijo Basilio. «Ha llegado el momento crucial de las presentaciones. Este es Sebastián, mi único hijo. Y ésta es Carmela, mi futura.» Como culminación de aquel trance épico, Basilio no pudo contener una carcajada nerviosa. Pero Sebastián sabía (y ella también) que esta Carmela no era Carmela, sino la cautivante Gloria de sus quince abriles.

NlÑO QUE PIENSA

Vino el Viejo y dijo basta cuando Mamá le contó con lujo de detalles el lío de la maceta lo dijo con la furia de costumbre y esos ojos saltones que tiene cada vez que en la oficina alguno de los malandras le arruina la digestión y después él viene y se desquita conmigo mandándome a la cama y aquí estoy despatarrado como un rey mirando las goteras del techo metiendo el dedo gordo del pie en el agujero de la sábana claro lo lamento más que nada por el flan que hizo la Vieja pero a lo mejor queda para mañana y es mucho mejor comerlo frío dijo basta como si la maceta fuera suya y era en cambio de la gorda de al lado la que tiene várices y también esa nena asquerosita que en la escuela se cree la mona sabia pero nunca se acuerda de la capital de Bolivia y yo en cambio sé todas las capitales de América primero Honduras capital Tegucigalpa después Venezuela capital Caracas después Nicaragua capital Managua total una maceta no es para tanto pero la Vieja claro tiene que adular a la gorda y llevar el cuento para que el otro chinchudo diga que soy imposible esto no puede seguir así vamos a tener que meterte pupilo como si yo fuera a tragarme esa milanesa y no supiera que la Vieja sin mí se vuelve loca por lo menos le dijo la otra noche a la tía Azucena si algo le pasa al nene yo memato memato memato pero claro ella tiene que lucirse con la gorda porque miran juntas la telenovela y lloran juntas y se desesperan y el Viejo se agarra cada luna porque en vez de hacerle la comida se pasan como una hora comentando te das cuenta qué sinvergüenza pero la institutriz tampoco es trigo limpio fíjate que el mayordomo les había dado la cana en la glorieta pero el conde es tan bueno que se lo perdonó por la hija ma qué hija grita el Viejo quiero la sopa o me van a tener esperando hasta las calandrias griegas la macana es que hoy había fútbol y yo aquí despatarrado como un rey todo por querer explicarle a Cacho cómo había sido el gol del puntero izquierdo la maceta estaba tan disponible que la patié despacio nada más que para que entendiera el amague del penal y viene el centro saltan varios goooool la cama es una peste estoy aburrido aburrido aburrido cuando sea grande voy a quemar todas las camas y voy a comprar una pila de macetas para romperlas a patadas y ahora como anticipo podría romper la sábana haciendo fuerza con el dedo gordo pero capaz que después la Vieja ve la rotura y dice que fui yo y va con el cuento y mañana yo quiero comer flan y además tengo que ir al colegio porque van a dar cine para que después hagamos la composición sobre qué buenos son los padres jajá y la maestra que es bruta lora me sienta casi siempre con la niña Fernández pero a mí me gusta la niña Menéndez porque la niña Fernández es flor de naba y sostiene que el que copia no aprende pero ella no copia y tampoco aprende en cambio la niña Menéndez es lo más pierna y de una familia fenómena y platuda yo cuando sea grande quiero ser platudo y tener auto gratis y que me paguen el sueldo mientras paso flor de vida en Punta del Este pero en cambio mi primo Tito dice que a él le gustaría estudiar bailes clásicos y entonces el Viejo pone rostro de arcada y yo estoy aburrido aburrido aburrido y además tendría que ir al baño y el Viejo me dejó encerrado y a oscuras ojalá venga un apagón así ellos también quedan a oscuras ojalá se les pierda la llave y queden encerrados ojalá se le rompa a la Vieja una maceta así el Viejo la mete en la cama y se pasa aburrida aburrida aburrida y no puede ver la telenovela y yo vengo y le digo a que no sabes qué dijo el conde en la glorieta y hago el ruido de la puerta que se abre y de la pata de palo que se acerca y nada más o sea que tendrá que esperar a que venga la gorda y se lo cuente y cuando venga la gorda voy a hacerle fau a la nena asquerosita y ya va como media hora que estoy en la cama así que sólo faltan dieciocho horas y media y voy a ponerme a contar hasta un millón o sea uno-dostrescuatrocincoseissieteocho ya me aburrí pero también podría buscar algo para que lo pongan en penitencia al Viejo así que en cuanto tenga el teléfono a mano voy a llamar al jefe para contarle que el Viejo estuvo hablando de él y dijo que era un imbécil un tarado un ladrón y otra cosa que no me acuerdo bien pero que sonaba algo así como cornudo.

La muerte es acordarnos de que olvidamos algo.

DIALÉCTICA DE MOCOSOS

-¿Nunca?
-Nunca.
-Para vos ¿qué significa la palabra nunca?
-Jamás.
-Ah, no. A mí «jamás» me parece mucho más categórico, negativo.
-Yo los veo como sinónimos.
-A ver si me entendés. Pensá en la palabra «siempre».
-Pienso.
-Trata de encontrarle un sinónimo. No meras aproximaciones, como «permanentemente» o algo por el estilo, sino un sinónimo puro, certero, incanjeable.
-No lo encuentro.
-¿Viste? Si «siempre» no tiene un sinónimo puro, tampoco va a tenerlo «nunca», que es su oponente.
-¿Y «jamás»?
-Es una aproximación, apenas eso.
-¿Cuántos años tenes?
-Trece. ¿Y vos?
-Doce y medio.
-¿Y por qué tenes siempre cara triste?
-Será porque estoy triste.
-¿Nunca estás alegre?
-¿O jamás?
-He dicho nunca.
-¿Y cuándo empezaste a estar triste?
-La primera vez que la vieja me llevó al shopping. Es muy desalentador ver tanta gente que mira y no compra.
-Yo he ido pocas veces, pero recuerdo que un sábado encontré a un viejo, como de treinta años, que no sólo miraba sino que también compraba.
-Sería un turista.
-Puede. En pleno verano se compró una bufanda y todos empezamos a sudar. Y eso que yo jamás sudo.
-¿No sudas nunca?
-Dije jamás.
-Sorry.
-Pero ¿qué es lo que te da tristeza?
-Ver a la gente tan abandonada (aunque vayan de a dos) enfrentándose a las vidrieras como si contemplaran una camisa, cuando en realidad están usando el cristal como espejo.
-¿Vos te miras?
-¿Para qué? Ya me sé de memoria.
-Te aseguro que hay gente que compra. O por lo menos entra en algún puesto.
-Sí, entran al boliche de una gran confitería, y al rato salen chupando un caramelo.
-Y bueno, la tristeza es dulce.
-También me entristece ver a las empleadas, todas planchaditas, mirando con ansia a los muchachos de atuendo deportivo que recorren invictos las avenidas del shopping.
-¿Ansia o seducción?
-Cuando el ansia es invasora no queda sitio para la seducción.
-Qué frasecita, eh. ¿Sabes lo que ocurre? Lo que ocurre es que vos, además de triste incurable, sos un pesimista del carajo.
-¡Si tu abuela te oyera ese vocabulario!
-Bah, mi abuela es más posmoderna que vos y que yo. A menudo dice palabras como pelotudo, mierda, coño, hijo de puta, enchufe.
-Enchufe no es mala palabra.
-En su caso sí lo es, porque la dice escupiendo.
-¿ Jugás al fútbol?
-Por supuesto. Soy golero.
-¿Te han metido algún gol?
-Nunca.
-¿O jamás?
-No, aquí sí es nunca, porque una sola vez me metieron un gol pero fue de penal.
-¿Qué vas a ser de grande? ¿Futbolista?
-No, ingeniero, como mi viejo. ¿Y vos?
-Deshonesto.
-¿Como tu viejo?
-Sí, pero un poco más profesional.
-¿No tenes miedo de caer en cana? ¿Nunca?
-jamás.

CASA VACÍA

Después de tantos años, me encaminé con una moderada expectativa a la casa vacía. El Abuelo, que llevaba varios años de viudez finalmente asumida, me la había dejado en su testamento, con la expresa condición de que no la pusiera en venta; más aún, de que me instalara en ella. Antes de decidir si iba a obedecer o no esa última voluntad, quise volver, en una mera visita de inspección, a aquel albergue que en cierto sentido también había sido mío. Gracias a la amable gestión de un vecino, que fuera buen amigo del Abuelo, tan amigo que tenía una llave de la casa, dos laborantes de toda confianza se habían encargado de una limpieza a fondo, de modo que cuando traspasé el veteado umbral de mármol, me encontré con una prolija casa vacía. Vacía de personas, claro, pero no de mobiliario, cuadros, lámparas, apliques. Me acomodé en un sillón de balance y desde allí empecé mi revisión. Verdadera calistenia de la memoria. En la tercera gaveta del armario el Abuelo guardaba celosamente elementos de su vida en dibujos, apuntes, fotografías. Había una de éstas, cuyo original en blanco y negro se había transformado con los años en pajizo y sepia. Allí estaba el Abuelo, cuando niño, rodeado de familiares, en un puerto de Italia, no sé cuál, todos con expresión de angustia porque habían llegado tarde y el barco había partido sin ellos. Junto con esa imagen y unida a ella con un ganchito, había otra foto, tan vetusta como la otra, también con el Abuelo niño, rodeado de familiares en el mismo puerto, pero esta vez con caras de satisfacción porque se habían enterado de que aquel barco que habían perdido meses atrás había naufragado en pleno Atlántico. Alargué un brazo y las fotos seguían allí, tal vez para que no olvidáramos aquella indigna euforia. Frente a mí había un sofá algo apolillado que todavía conservaba un marchito recuerdo de su verde primario. Allí solía sentarse el Abuelo a leer los diarios de la mañana. Aquello era un rito tan obligatorio como el mate amargo. De vez en cuando hacía un alto en la lectura para introducir un comentario como «no puede ser» o «hijos de putas» o «qué maravilla». Si advertía mi hasta ese momento ignorada presencia, me apuntaba con el índice y decía: «Vos no me hagas caso». Pero yo sí le hacía caso. Sus esporádicas aleluyas se me borraban, pero en cambio no se me olvidaba ninguna de sus imprecaciones, que pasaban a integrar mi diccionario privado. De pronto sentí necesidad de levantarme para completar el inventario y mis consiguientes visiones. Allí, a pocos pasos, estaba el dormitorio, con su gran lecho nupcial, del que yo siempre elogiaba su magnitud, al punto de crear la siguiente etiqueta: «Cama especial, con verificada capacidad para marido, esposa y amante». Como mis padres habían encontrado una muerte prematura en un accidente de carretera, yo viví toda mi infancia con el Abuelo. Luego me independicé, alquilé un apartamento más bien minúsculo, y fui estudiante, siempre sostenido, vigilado y financiado por el Abuelo, que solía estar metido en negocios más o menos complicados (siempre legales, no piensen mal) y en esos períodos me pedía que le cuidara su querida vivienda. Yo estaba terminando el tercer año de Universidad cuando conocí, un poco por azar, a una guapísima chiquilina alemana que quería practicar español. Y vaya si lo practicamos, en todas sus ramas y desarrollos. Una tarde le sugerí que recapituláramos una clase práctica en casa del Abuelo, que precisamente en esos días estaba en México. Aceptó y allí fuimos. Fue mi estreno del famoso lecho nupcial, en el que de seguro había sido concebido mi pobre padre. La alemana no podía creer que existiera en el para ella enigmático Occidente una cama tan amplia y con tantas posibilidades amatorias. Pues existía. Y la berlinesa y yo la honramos con la más creadora de nuestras lecciones bilingües. Ahora, tantos lustros más tarde, cuando ya no está el Abuelo porque el último de sus viajes fue sin regreso, yo y mi memoria nos tendemos en el lecho mayúsculo. No puedo dejar de pensar en el artículo alusivo del testamento del Abuelo. Por fin mido con optimismo erótico mi futuro y tomo una decisión. Voy a quedarme con este confortable y estimulante lecho. Y de paso, aunque importe mucho menos, con el resto de la casa vacía.

En nuestro caso, yo diría que seguimos juntos porque la soledad es una porquería.

VlEJO HUÉRFANO

A los ochenta y dos años, los sueños forman parte de la vida; son probablemente su zona más activa. En la realidad, uno camina con lentitud, las piernas torpes y pesadas; en el sueño, uno corre, salta vallas, dice alegres disparates. En la realidad, uno esconde sus rabias, que se refugian en el hígado; en el sueño, uno propina certeras trompadas al enemigo de ese minuto. En la realidad, uno mira con envidia a los que bailan; en el sueño, uno baila. En mi capítulo onírico más asombroso, yo estaba en una estación de ferrocarril y el tren apareció con sus bufidos de siempre, y quedó, provocativo frente a mí, el primer vagón de la primera clase. Yo había adquirido ese pasaje de privilegio sólo por curiosidad: quería comprobar qué gente de pro, sobria o borracha, disfrutaba de esa prerrogativa. Ascendí, con la ligereza de la alucinación, y en el segundo vagón había un grupo de infantes que sostenían una larga pancarta: Huerfanitos de Santa Catalina. ¿Dónde quedaría eso? No me importaba. Los niños parecían felices, jugaban a los manotazos y la cuidadora los hacía reír, aunque de vez en cuando les dedicaba uno que otro coscorrón. La escena no me sirvió para evocar mi propia infancia. Sólo pensé: «Soy un viejo huérfano, sin cuidadora y sin Santa Catalina». Recorrí dos vagones más y en el segundo me encontré con la bendita sorpresa. En el último asiento, junto a la ventanilla, estaba mi padre, bien entero, todavía maduro, sin canas y casi sin arrugas. Concienzudamente me olvidé de que treinta años atrás había asistido llorando a su velatorio. Como el asiento contiguo estaba libre, allí me situé, le puse una mano sobre el brazo y dije: «Hola». Casi de inmediato él dejó de mirar el paisaje para mirar ese otro paisaje que era yo. Entonces abrió tremendos ojos, después esbozó un gesto de estupor, que se fue ampliando hasta convertirse en su clásica y rotunda sonrisa del siglo pasado. Y dijo: «Qué bueno encontrarte aquí, en medio de este viaje hasta ahora bastante tedioso. Qué lindo. Te confieso que en el primer momento tuve la impresión de que era un sueño».

Por primera vez en su vida gris, Emiliano fue invadido por la alegría. Sintió que la cercanía de la muerte era una reivindicación y confirmación de la vida.

Llega un momento en que cualquier realidad se acaba. Y entonces no hay más remedio que inventarla. Por ejemplo, la infancia suele terminar de sopetón con algún juguete destrozado, o con la muerte entrañable y cercana de un perro o de un abuelo. Y entonces hay que volverla a concebir, aunque ya no se tengan siete sino treinta años o setenta. Si un amor concluye intempestivamente, es urgente improvisar otro, ya que sin amor los resortes de la cotidianidad se oxidan. Y si llega el eco de otro amor vacante, disponible, hay que cazarlo al vuelo. Mejor dicho, abrazarlo al vuelo, besarlo, acariciarlo, penetrarlo. La primera señal de que una realidad se acaba es el estallido del silencio, la detonación de la soledad. La última señal, en cambio, es el fogonazo de la muerte. Ese cruento final de la realidad es inapelable. Y no es posible inventar otra, porque en el vacío, por augusto que sea o nos hayan prometido que va a ser, no existe la invención. Cuando esa realidad cierra su paréntesis, la nada no abre ningún otro. Ni siquiera nos vamos a dar cuenta de que el mundo se ha callado.

Hasta ahora había sido muy satisfactorio ser adúltero, pero no soportaba ser cornudo.

El silencio se incorporaba a mi insomnio, que es como un sueño pero sin sueño.

El suicidio es una institución europea, tal vez norteamericana, y afecta no sólo a los infieles, cornudos y estafados, sino también a los políticos que descienden en las encuestas y a los empresarios corruptores y/o corruptos.

Escribir es una forma de hablar sin ser interrumpido.

EN FAMILIA

Asdrúbal nunca tuvo novia ni esposa ni compañera estable. No las tuvo porque en su corazón no cabían dos imágenes de mujer. Y él, desde la adolescencia, había estado enamorado de Inés. El problema consistía en que Inés era la mujer de Eduardo Sienra, su amigo del alma. Asdrúbal jamás le había dado a Inés el menor indicio de sus sentimientos. Simplemente se había integrado al clan de los Sienra (en el que también figuraba Andrés, hermano menor de Eduardo). Una vez por semana, por lo general los sábados, se reunían para almorzar en un casi silvestre restaurante de la costa. Allí imperaba el buen humor, la puesta al día de los chismes políticos de la semana, el recuento de lo que cada uno estaba haciendo: Eduardo era abogado; Andrés, editor; Inés, acuarelista; Asdrúbal, profesor universitario. De los cuatro, Andrés era el único que no siempre concurría. Los compromisos editoriales, los congresos internacionales, lo llevaban a menudo al exterior. Mientras tanto, Asdrúbal sufría. Inés estaba cada vez más apetecible, más candida, más seductora. Las abiertas sonrisas que solía dedicar a Asdrúbal, éste las iba archivando en el cofre de su memoria, pero a él no se le escapaba que, con sonrisa o sin ella, quien noche a noche la tenía en su cama era Eduardo el afortunado. Pero además, Asdrúbal soñaba pormenorizadamente con Inés. Ella era la dueña de sus insomnios y sus duermevelas. «No puedo seguir así, lamiendo un imposible.» Y ahí fue cuando sonó el teléfono. De inmediato reconoció la voz temblorosa de la secretaria de Eduardo: «Malas noticias, don Asdrúbal. El doctor Eduardo falleció esta mañana de un paro cardíaco». La conmoción fue tremenda. Eduardo sólo tenía cuarenta y dos años. Asdrúbal salió poco menos que corriendo hacia el piso de los Sienra. Inés estuvo llorando, larga y conmovedoramente, abrazada a Asdrúbal. Ni siquiera estaba Andrés, que asistía a la Feria de Frankfurt. -Eramos felices -balbuceó Inés, con un tono de diagnóstico forzoso, inapelable. Tras el velatorio y el sepelio, Asdrúbal volvió a su casa, todavía acongojado. Sin embargo, cuando se sirvió un whisky y se acomodó en la mecedora que era como su hogar, en el largo vaso de Bohemia surgió un extraño reflejo, y él lo interpretó como una señal, como un anuncio. Y ya que estaba solo, lo transformó en palabras. -Ahora Inés está libre. El pecho se le llenó de un júbilo y una ternura egoístas. Dejó pasar unos días antes de llamar nuevamente a Inés, pero cuando por fin se decidió, ella se había ido a Salto, donde vivía su madre. Pasaron seis meses antes de que la viuda regresara. Fue entonces que Asdrúbal se hizo de coraje y resolvió tender su red de seducción. Inés lo recibió con los brazos abiertos, cariñosa como de costumbre. Dijo que se había quedado más tiempo en Salto para acompañar a su madre, para quien la muerte de Eduardo también había representado un rudo golpe. Habló largamente del sosiego del paisaje salteño, de los atardeceres junto al río, del talante tranquilo y afectuoso de la gente pueblerina. Se produjo un silencio más o menos estéril, y precisamente cuando Asdrúbal iba a empezar a hablar de un futuro compartido, ella esbozó su sonrisa de siempre antes de decir: -¡Qué suerte que viniste! Justamente hoy te iba a mandar la invitación. No sé si sabes que el mes que viene me caso con Andrés, mi cuñado. Una suerte de continuidad familiar, ¿no te parece? Además, Andrés y yo estuvimos de acuerdo en pedirte que seas el padrino de boda.

Mi nombre es Servando -dijo el del farol. Dicen que soy un delincuente y por eso escapo.

Luego llegó el perro, con ojos fulgurantes, que más bien parecían de gato.

Oportunidades de empleo

Linda Gourdine-Hunt

Oportunidades de empleo

Oportunidades de empleo

Para aquellos que buscamos un trabajo digno, en este libro se encuentran buenas ofertas. Se solicitan: consejeros para jóvenes y pastores; ministros para adultos mayores, encarcelados, enfermos; mentores para pandilleros; misioneros y obreros de la Palabra. Como todo proceso de contratación se incluyen las vacantes ofertadas, los medios para la capacitación y qué hacer para la postulación junto con el formulario de solicitud de empleo. Calificación de 9.

Aprendí que Dios utiliza a personas como mí para hacer Su ministerio. Somos, pues, Sus manos, Sus pies, Su sonrisa y Sus brazos amorosos en este mundo. Nosotros, a quien Él ha dado dones irrevocables, somos la respuesta a cada mal social desde el hambre en reservaciones de los indios norteamericanos hasta las matanzas insensatas en Darfur, África.

Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como si vosotros estuvierais en su mismo cuerpo. Hebreos 13:3.

Los guardias son más corruptos que los presos enjaulados.

Algunos nos moriremos a mano de los hombres, otro por la falta de esperanza.

A veces el Señor Jesús nos envía a los muchos. En otras ocasiones, a una sola.

Cuando comas el trabajo de tus manos, bienaventurado serás y te irá bien. Salmo 128:2

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro y trabajo en el Señor no es en vano. 1 Corintios 15:58

Para esto también trabajo, luchando según la fuerza de él, la cual actúa poderosamente en mí. Colosenses 1:29

Como madre adolescente, quería ir a la iglesia, pero cada vez que iba, me hacían sentir avergonzada por lo que había hecho. Las madres adolescentes necesitan una iglesia que puedan asistir, y sentirse amadas y recibir ayuda, a pesar de que hayan fracasado en su vida personal.

[Los varones] Nos jactamos de ser la cabeza de nuestros hogares, mas con demasiada frecuencia nuestras mujeres deben recoger los pedazos de la vida que dejamos, porque nos hicimos débiles y nos rendimos.

Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le serán perdonados. Santiago 5:15

El Reino del Señor Jesucristo no discrimina a ninguna persona por razones de raza, religión, origen nacional o étnico, color o sexo.

Hacerle al cuento

Hacerle al cuento

Hacerle al cuento

Antología de cuentos breves de autores mexicanos que la editorial pone a consideración, algunos bastante buenos. Calificación de 8.

Se despertó y se levantó de la cama. Había algo raro en el ambiente. Vio alrededor: nada extraño. Vio sus manos. Seis. No, diez dedos. Todo bien. Se puso de pie y trató de caminar. Le costó trabajo, como si le faltaran las cuatro patas de una andadera. Llegó al baño. Se acercó al espejo. Al verlo, se dio cuenta de qué estaba mal. Era horrible, nunca había visto esa cara. Gritó lo más fuerte que pudo y su voz lo aterró más todavía. “Despierta, ¿qué pasa?”, le dijo su pareja sacudiéndolo, “¿Por qué gritas?”. “Soñé, soñé que era un ser humano”, dijo la cucaracha mientras se acurrucaba nuevamente en el hueco detrás del refrigerador de la cocina, tratando de conciliar el sueño nuevamente.

Estaba harto de todos. La gente le disgustaba por sus actitudes, su hipocresía, su negatividad. Así que decidió irse a vivir a otro mundo. Creo un casco para pasar todos sus pensamientos al disco duro de la computadora y vivir en sus circuitos para siempre. Incluso la desconectó de internet, no fuera que alguien lo fuera a buscar en alguna red social. Cuando estuvo todo listo, se puso el casco e inició el proceso de transferencia. Después de doce horas, quedaba un cuerpo vacío y una computadora llena de su mente. Lo malo fue que no dejó pagada la luz.

Ella estaba al borde del llanto, lo único que tuvo que hacer fue empujarla.

El padre Abel hizo acopio de valor, pidió al señor Servando esperar en el confesionario. Fue a la sacristía. Sacó con la mano temblorosa, un revólver escondido en un cajón. Regresó y disparó. Luego marcó el número de su hermano, el padre Caín. “Debo confesarte algo”, le dijo. Colgó, verificó que hubiera una bala más en la recámara, se santiguó y se fue.

Después de la presentación fueron a un hotel. Charlaron, bebieron vino, se besaron, se despojaron de sus ropas. Él eyaculó en menos de un minuto. Ella lo miró desconcertada, desilusionada, encabronada. Él, cínico, le aclaró: “No olvides, mujer, escribo minificciones”.

Esto es lo mismo de siempre. Pienso mientras juego con mi amigo Pablo en el parque. En eso, ve a Laura, se detiene a platicar con ella. Ya estuvo, estos tienen para rato. Me hago el loco y volteo para el otro lado. Laura me saluda, pero le respondo con desgano. Pierdo la mirada en el horizonte, en eso veo que algo se mueve en un arbusto. Me acerco y algo increíble. ¡Un bebé en el pasto, solito! Chupa su mano cerrada en un puño. Me mira y sonríe. Corro a decirle a Pablo. Él voltea y me dice: Sí, Max, sí, Max. Ahora voy. Pablo nunca entiende cuando ladro cosas importantes.

Era lunes y quedamos de vernos en el café de siempre, nuestro ritual de charla, café y luego entrega a cuatro paredes durante más de un año, era para mí ya un estadío de amor y compartir. Pasó un buen rato, nunca llegabas tarde. El mesero se acercó algo contrito: “¿Café solo?” “Sí, esta vez solo”, y ambos empezamos a llorar.

Dejaste una sensación distinta en mi piel, me sentía humana, acabábamos de ser lo más humanos, porque a veces, ser humano significa estar roto, y yo junto a ti tenía rota hasta el alma, pero eso a su manera también fue hermoso. Supiste cómo hacerle el amor a una mujer dañada, como desastre natural, como huracán.

Cuéntame otra vez cómo es la vida allá, no te saltes ningún detalle y cuéntamelo de nuevo. Cómo es que el aire huele a especias y la brisa de mar deja en tu boca ese sabor a sal… O cómo aquella vez que comiste ese postre de ron y miel, súbitamente recordaste mis besos. Aquí la vida sigue sin ti, aunque este extrañarte empieza a costarme cada día más: soy como el pan que no levanta o la vainilla que ya se seca en su vaina triste y sin mimos. Así que cuéntamelo otra vez, de forma que yo huela saboree y perciba ese mundo en el que ahora estás y por el que yo daría hasta el alma por compartir contigo. Cuéntame otra vez porque tú estás allá y yo aquí. Lentamente mi vida y yo vamos perdiendo el sabor y no me queda mucho más a qué aferrarme. Y preparo tartas, tus preferidas, pero la mesa se queda servida y yo cada día pierdo más la cabeza. Dime que me amas y déjame saborear la dulzura de tu voz, soñando con recorrer la tersura de tu piel una vez más. Mientras, te contaré historias fantásticas, horneadas con mis mejores deseos, para que no sepas cuánto me duele tu ausencia y que este vacío agridulce no enfríe tu felicidad. Apenas te has ido y ya quiero tenerte de vuelta, para que vuelvas a darle forma y color a esta vida sin ti.

La muerte miró por la cerradura y lo encontró teniendo relaciones sexuales. Muy excitada, no se aguantó las ganas, se encueró e irrumpió en la habitación- -Te perdono –le dijo la muerte- si me haces lo que estabas haciendo a ella. El hombre se echó a llorar a sus pies. El frasco de viagra ya estaba vacío.

Su obra toma la fantasía como la única forma posible de realidad.

A mitad del sueño ella me dijo: ¡no seas tan realista!

Murió hace un año pero la ve muy seguido. Incluso más que antes.

La vida se iba muy rápido pero el tiempo pasaba lento.

Abres la puerta. Entras. Cierto, nadie espera tu llegada. Vuelves antes de tiempo. Caminas por el pasillo. Entras en la recámara. Miras el cuerpo yaciendo en su lecho. Eres tú, felizmente dormido, soñando que abre la puerta, entras…

de platini Publicado en Libros

El espíritu de Absalón

Marcos Canela

El espíritu de Absalón

El espíritu de Absalón

La historia de Absalón, llena de violencia a todos los niveles, sirve de base para que el autor nos muestre todos los efectos que se ocasionan cuando no perdonamos, independientemente de si lo que nos hicieron fue injusto o no. Estos efectos pueden impedir una buena relación con Dios, con los demás y/o con nosotros mismos. Calificación de 9.5.

El abecedario de Dios no es a, b, c, d, sino o, be, de, ce.

Lo que más daña el corazón de una persona es ser maltratado injustamente.

El hombre por naturaleza es sociable, constantemente estamos en contacto con otras personas. A menudo ese contacto se vuelve fricción, la fricción se convierte en molestia, la molestia en tensión, luego viene la ruptura por la ofensa y por supuesto, de ésta proviene la herida, que al no ser tratada da lugar a la amargura. Esto pasa a todos en la casa, en la oficina, en la escuela, en la calle.

La iglesia es como el Arca de Noé, a veces huele mal e incómoda, pero definitivamente… ¡afuera está peor!

No se puede entender lo que a la gente le duele cuando no se ha pasado por una situación semejante, por lo tanto, se debe respetar su sentir y no menospreciarlo.

Cuando un corazón está herido lo primero que pide no es sanidad ni restauración sino “justicia”, o mejor dicho, venganza.

Cuando un cristiano se va de la iglesia por problemas, no se va solo, los problemas se van con él.

Si no perdona las heridas que se le infringen justa o injustamente, tarde o temprano brotará una raíz de amargura.

Dios quiere enseñarnos a perdonar, sin embargo ¿cómo aprenderemos a perdonar si no hay quien nos ofenda? Todos en la iglesia podemos ser buenas personas hasta que se meten con nosotros o con nuestra familia. Mientras nadie nos toque somos casi ángeles, pero cuidado y alguien se atreve a meterse con nosotros porque, repentinamente, aflora lo que en realidad somos y el nivel de madurez que tenemos.

La autoridad está directamente relacionada con la obediencia, es decir, cuanto más obedezco, tanto más autoridad tengo.

No debo hablar de la autoridad pero si puedo hablar con la autoridad.

Muéstrame u nombre rebelde a la autoridad y puedo asegurar que el algún momento de su vida, sea en su infancia, adolescencia o juventud, alguien le ofendió causándole una herida, amargándose por no haber perdonado.

Callar no sana la herida, sólo la infecta más. Callar hace la herida más grande, más profunda. […] Cuando usted no habla lo que le duele, es como vendar la herida sin haberla desinfectado.

Una de las cosas que más causan ir en la familia o en la iglesia, es saber que hay un problema, pero que el papá o el Pastor no tienen el valor de tomar una decisión. Es muy fácil criticar las acciones de los que están en autoridad. La pregunta es: ¿usted qué haría en lugar del rey?

La fe no niega la realidad, la cambia.

Un cristiano amargado toma un texto lo saca de contexto y lo toma de pretexto.

El tiempo no sana las heridas. La distancia no sana las heridas. El único remedio para esto, es tomar la decisión de perdonar permitiendo que la sangre de Jesucristo lave, desinfecte y restaure nuestras vidas.

El perdón no fluye de nuestras emociones, sino de nuestra voluntad, pues el perdón no es una emoción, es una decisión. […] Perdonar significa renunciar a tu derecho a vengarte.

Cuando nos sentimos la víctima o el bueno de la película, es síntoma de que estamos heridos. Y se nos olvida que así como nos han ofendido, nosotros también hemos ofendido.

Cuando no tenemos acceso a la presencia de Dios, lugar donde se aprende humildad y nuestro corazón es tratado hasta ser transformado a la imagen y semejanza de Cristo, entonces comenzamos a centrar nuestra atención en nuestras propis capacidades. En vez de caminar en lo celestial preferimos lo terrenal, en lugar de confiar en Dios, ahora confiamos en la carne.

Lo peor que puede pasar a alguien con un corazón amargado es que de repente algo le funcione bien. Ello le motiva a justificar su proceder –pues al fin y al cabo Dios lo está usando-. El día que tiene la oportunidad de orar por los enfermos y éstos sanan, se justifica con el argumento: “Si yo estuviera mal Dios no me usaría”.

La amargura corrompe la sabiduría.

Es más fácil convertir a un hombre fiel en idóneo, que a un idóneo hacerlo fiel.

Lo que determina el futuro eterno del hombre, no es el pecado que comete, sino l actitud que toma después de cometer el pecado.

Pocas personas la honestidad emocional. ¿Qué tiene de malo decir que tienes problemas? ¿Acaso no están los hermanos y líderes para orar por los afligidos? ¿Por qué nos da miedo mostrarnos tal cual somos?