Cuando No Se Disipan Las Tinieblas

John Piper

El vivir en tinieblas, bajo la melancolía y la depresión, no es algo alejado de la vida de un cristiano. Ya sea por el pecado, por razones físicas o algún otro motivo, estas circunstancias de la vida suelen ser complicadas de sobrellevar. Es entonces cuando se debe volver al origen y recordar que es un mandato el estar siempre gozosos. A través del sacrificio de alabanza, podremos encontrar la luz. Esto es lo que el autor sugiere como la mejor forma de disipar las tinieblas: rendirnos ante Dios. Calificación 10.
Cuando No Se Disipan Las Tinieblas

Cuando No Se Disipan Las Tinieblas

La culpabilidad audaz significa aprender a vivir en la verdad bien fundada en la roca de lo ocurrido para nosotros cuando Jesucristo murió en la cruz y resucitó de entre los muertos. Significa darse cuenta de que en esta vida siempre seremos pecadores imperfectos. Por consiguiente, en nosotros mismos siempre seremos culpables. Esto resultará ser emocionalmente devastador si no descubrimos la realidad de la justificación por fe, es decir, el secreto de la culpabilidad audaz.

La verdad bíblica de la justificación expresa que mi rescate del pecado y de la ira de Dios es primero un rescate legal y sólo después un rescate moral. En primer lugar, soy legalmente eximido de culpa y se me acredita una justicia que no tengo. Es decir, soy declarado justo en el tribunal del cielo, donde Dios se sienta como juez, y donde yo, sin la justificación, estaría condenado por su ley. Eso es lo que la palabra “justificación” quiere decir: No hecho justo, sino declarado justo. Podemos observar esto en Lucas 7:29 [Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.] donde las personas “justificaro a Dios”. Es decir, declararon que Él era justo. No lo hicieron justo. La diferencia es que somos pecadores y no tenemos justicia propia. Deberíamos, pero no la tenemos. Por esto es que somos culpables y destinados al castigo eterno. Esta es la más profunda raíz de todas nuestras desdichas. Si pudiéramos cortar esa raíz, batallaríamos por el gozo como vencedores. El regalo de dios de justificación por la sangre y la justicia de Cristo corta esa raíz de sufrimiento.

Pido al Eterno que usted haga lo que solo personas desesperadas pueden hacer: Postrarse ante Cristo. Y decirle a Él: “Tú eres mi única esperanza. No tengo justicia en mí mismo. Estoy agobiado por el pecado y la culpa. Estoy bajo la ira de Dios. Mi conciencia me condena y me hace miserable. Perezco. La oscuridad me rodea. Ten piedad de mi. Yo confío en ti”. Él ha prometido no rechazarlo. “Al que a mí viene, no le hecho fuera” (Jn 6:37). Por este acto de fe Dios le unirá a Jesús. Usted estará “en Él” y en Él usted será ahora y para siempre amado, perdonado, justificado. La luz se alzará en su oscuridad a su debido tiempo. Dios lo guardará (Judas 24) [Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría]. Usted lo logrará. Esa es su promesa: “y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Ro. 8:30). La gloria viene. Mientras tanto, “esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Co. 4:17-18)

No tengo duda de que el mundo cambió a mediados de la década del 90. La acción ahora está en su cuerpo. Es lo que adquirió de mamá y papá, no lo que ellos le hicieron. Lo emocionante es lo relacionado con las funciones del cerebro, no las disfunciones familiares. Lo novedoso está en la fuerte investigación de la ciencia médica y la psiquiatría, no en las blandas y suaves psicologías de filosofía de la vida y de “siente tu dolor”.

Y la vida de incontables personas, cuyos problemas normales de la vida ahora se tratan con medicamentos, no estarán cualitativamente cambiados y reencauzados. Sólo el arrepentimiento inteligente, la fe viva y una tangible obediencia pueden volver este mundo a su posición normal.

Será muy provechosos para el cristiano que lucha recordar que esos tiempos de tinieblas son normales en la vida cristiana.

Los creyentes que claman para que el Señor los libre del pozo de las tinieblas deben aprender a esperar pacientemente al Señor.

Es absolutamente importante que en nuestras tinieblas ratifiquemos que la sabia y fuerte mano de Dios nos sostiene, aun cuando no tenemos fuerzas para sujetarnos de Él.

Hay momentos cuando nuestra fe es del tamaño de la semilla de mostaza y apenas visible. De hecho, la experiencia más oscura para el hijo de Dios es cuando su fe naufraga desde su propia visión. No desde la visión de Dios, sino desde la suya. sí, es posible estar tan abrumado por las tinieblas que usted no sabe si es cristiano… y aún lo sigue siendo.

Y esta noche [la noche oscura de nuestra alma] llega para casi todos los cristianos. Y cuando llega, debemos esperar en el Señor, clamar a Él, y conocer que nuestra propia acta de acusación, traducida en tinieblas, no es tan segura como la Palabra de Dios habalda en la luz.

Deje de mirar a su fe y fije su atención en Cristo. La fe se sustenta al mirar a Cristo, crucificado y resucitado, no apartándonos de Cristo para analizar su fe.

No demande el tipo de seguridad en su relación con Dios que no exige de otras relaciones en su vida.

Cruce los brazos de su fe, y espere en la quietud hasta que se encienda la luz en sus tinieblas. Cruce los brazos de la fe, yo digo, pero no los de la acción: sopese algo que usted debe hacer, y hágalo, aunque fuera barrer la habitación, o preparar la comida, o una visita a un amigo. No preste atención a sus sentimientos: Haga su trabajo.

Un cristiano, no importa cuán oscuro sea el tiempo de su tristeza, nunca está completamente sin gozo en Dios. Quiero decir que allí permanece en su corazón la semilla del gozo en alguna forma, quizá solo como un recordado sabor de bondad y una poca disposición a abandonar la bondad.[…] El gozo pudiera estar solo en lo más profundo de nuestra alma en forma de arrepentida tristeza porque no podemos desear a Dios como debiéramos. Dentro de esa tristeza está la semilla de lo que una vez conocimos del gozo.

Mientras usted puede cumplir con parte de su deber, pida a Dios que le sea restaurado el gozo. Es decir, no se siente y espere por el gozo, diciendo: “Seré un hipócrita si hago un acto de misericordia, ya que no siento el gozo de la misericordia”. No, usted no será un hipócrita, si sabe que el gozo es su deber, se arrepiente de no tenerlo, y le pide fervientemente a Dios que restaure el gozo aun mientras hace la obra.

Decida pasar más de su tiempo en dar gracias y alabar a Dios. si no puede hacerlo con el gozo que debiera, no obstante hágalo como pueda. Usted no tiene el poder de su bienestar: ¿Peron o tiene el poder de su lengua? No diga que es incapaz de agradecer y alabar a menos que tengaun corazón lleno de alabanza y sea el hijo de Dios: Porque cada hombre, bueno y malo, está sujeto a alabar a Dios, a ser agradecido por todo lo que ha recibido y a hacerlo tan bien como él pueda, antes que dejarlo de hacer… HAcerlo como usted pueda es la forma de ser capaz de hacerlo mejor. La acción de gracias estimula la gratitud en el corazón.

La casi increíble esperanza de confesar y renunciar al pecado es que entonces el Señor no nos lo echará en cara, sino que lo cancela.

Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Isaías 58:10-11

Confundimos la presionada vida de la familia y la tensión en el trabajo con el sacrificio cristiano, cuando de hecho la mayoría de estas cosas no tiene mucho que ver con la satisfacción de las necesidades del hambriento, el afligido, el que perece.

En medio de las tinieblas, los creyentes pudieran no tener las fuerzas para seguir tras […] sueños. Pero pudiera ser, en la misercordia de Dios, que mientras esperamos por la luz para levantarnos, opdeamos hacer en menor escala lo que nos gustaría hacer bien.

Cuando escucho un toque en la puerta de mi estudio, escucho un mensaje de parte de Dios; pudiera ser una lección de instrucción; quizás una lección de contrición; pero, como es su mensaje, debe ser interesante.

Es absolutamente importante que en nuestras tinieblas ratifiquemos que la sabia y fuerte mano de Dios nos sostiene, aun cuando no tenemos fuerzas para sujetarnos de Él”

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Los Peligros del Deleite

John Piper

Siempre había pensado que el gozo era el medio por el cual los cristianos nos movemos para agradar a nuestro Dios. El autor busca modificar esa idea promoviendo el hedonismo cristiano como el fin que nuestro Señor tiene para nosotros, reforzando con los pasajes que hablan al respecto. Interesante tema. Calificación de 9.0
Los Peligros del Deleite

Los Peligros del Deleite

Si encuentro en mi un deseo que ninguna experiencia en este mundo logre satisfacer, lo más probable es que me hayan creado para vivir en otro mundo. C.S. Lewis

“Hedonismo cristiano” es un nombre controversial para una antiquísima manera de vivir. Se remonta a Moisés, el que escribió los primeros libros de la Biblia y amenazó con cosas terribles si no estábamos felices: «Pues no serviste al SEÑOR tu Dios con gozo y alegria [ … ] serás esclavo de los enemigos» (Deuteronomio 28:47-48).

Todos los hombres buscan la felicidad, sin excepción alguna. Sean cuales sean los medios que utilicen, todos apuntan a este fln [ … ] La voluntad jamás da un solo paso que no tenga este objetivo. Es el motivo de cada acción de todos los hombres, incluso de los que se ahorcan.

El gozo es un acto de obediencia. Se nos manda a que nos alegremos en Dios. Si la obediencia es hacer lo que Dios manda, el gozo no es una simple consecuencia de la obediencia, sino que es obediencia, La Biblia nos dice una y otra vez que busquemos el gozo: “¡Alégrense, ustedes los justos; regocíjense en el SEÑOR! ¡canten todos ustedes, los rectos de corazón!. (Salmo 32: J J), “Alégrense y canten con jübilo las naciones” (Salmo 67:4).

Si deleitarse en hacer el bien es parte de lo que es hacer el bien, la búsqueda del placer es parte de la búsqueda de la virtud.

A Dios no solo se glorifica mostrando su gloria, sino a través de gozarse en ella. Cuando los que la ven se deleitan en ella, Dios se glorifica más que si lo único que hacen es verla. Entonces, toda el alma recibe su gloria, tanto a través del entendimiento como del corazón. Dios creó el mundo a fin de comunicarles su gloria a sus criaturas y para que estas la reciban; y para recibirla tantO de mente como de corazón. El que da testimonio de la idea que tiene de la gloria de Dios no glorifica tanto a Dios como aquel que testifica también de su deleite en ella.

La alabanza no solo expresa el placer, sino que lo completa.

La adoración no se agrega al gozo y el gozo no es una consecuencia de la adoración. La adoración es la valoración de Dios. Y cuando esta valoración es imensa, es gozo en Dios. Por lo tamo. la esencia de la adoración es el deleite en Dios que muestra el valor que Él tiene para satisfacernos por completo.

Eso es lo que representa la muerte para los cristianos: llevarnos a una mayor intimidad con Cristo. Partimos y estamos con Cristo, y eso es ganancia.

A través de las Escrituras, se nos manda a sentir, no solo a pensar ni decidir. Se nos ordena que experimentemos decenas de emociones, no solo que realicemos actos de la voluntad.

Los filántropos pueden jactarse. Los que reciben la caridad no.

La naturaleza y la profundidad del orgullo humano se ven con mayor claridad al comparar la jactancia con la autocompasión. Ambas son manifestaciones del orgullo. La jactancia es la respuesta del orgullo al éxico. La autocompasión es la respuesta del orgullo al sufrimiento. La jactancia dice: «Merezco admiración por todo lo que he logrado». La autocompasión dice: «Merezco admiración por todo lo que he sufrido». La jactancia es la voz del orgullo en el corazón del fuerte. La autocompasión es la voz del orgullo en el corazón del débil. La jactancia suena a autosuficiencia. La autocompasión suena a sacrificio.

Si el amor es el desbordamiento y la expansión del gozo en Dios, el cual con alegría suple las necesidades de los demás, y si Dios ama al que da con alegría, este gozo de dar es una obligación cristiana, y no buscarlo es pecado.

Si el bien de los demás no nos produce ningún placer, no sentiremos ninguna clase de dolor cuando se vea el impedimento del bien.

El hecho de daber que Dios les ofrecía una recompensa mejor y eterna era lo que les daba libertad a los cristianos para correr el riesgo de pagar el costo del amor. El poder para amar se sostenía en la búsqueda de un gozo mejor y eterno.

[Moisés] Soportó sufrimientos increíbles en el servicio al pueblo de Dios, a pesar de que hubiera podido pasar toda su vida en medio de los lujos de Egipto. El poder del amor fue la búsqueda de placeres mayores en la presencia de Dios, en lugar de los placeres pasajeros del pecado en Egipto.

El acto de amor más grande que jamás haya existido fue posible porque Jesús buscó el mayor gozo que se pueda imaginar, a saber, el gozo de ser exaltado a la diestra de Dios en la reunión de un pueblo redimido. ¡Por el gozo puestO delante de El sufrió la cruz!

¿Qué refrena el amor en el mundo de hoy? ¿Será que todos tratamos de complacernos a nosotros mismos? ¡No! La razón es que somos demasiado fáciles de complacer. El mensaje que se debe gritar desde las azoteas es: ¡Mundo. escucha! ¡Todavía no eres lo bastante hedonista! Eres demasiado fácil de complacer. Eres como los niños que hacen pasteles de lodo en un chiquero porque no son capaces de imaginar lo que son unas vacaciones junto al mar. Dejen de acumular tesoros en la tierra donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. ¡Acumulen tesoros en los cielos! (Mateo 6: 19-20). Ya no se queden satisfechos con el pequeño rendimiento de dos por ciento de placer que se devora la polilla de la inflación y el óxido de la muerte. Inviertan en los bonos de alto rendimiento y de primera calidad del cielo, que están divinamente asegurados. Entregar la vida a los placeres y las comodidades materiales es como arrojar dinero al agujero de una rata. No obstante, una vida invertida en obras de amor produce dividendos de gozo sin par y sin fin , aun cuando nos cuesten las posesiones y la vida en esta tierra. Ven a Cristo en cuya presencia hay plenitud de gozo y delicias para siempre. Únete a las obras del hedonismo cristiano, pues el Señor del cielo y de la tierra, Jesucristo, habló: ¡Hay más dicha en amar que vivir en el lujo!

La adoración es la acción moral más alta que pueda realizar un ser humano; por lo tanto, el único fundamento y la única motivación que la gente puede concebir para este acto es el concepto moral del cumplimiento desinteresado del deber.

La persona que tiene la vaga idea de que pasar por alto el interés personal es una virtud y que es un vicio buscar placer, apenas estará en condiciones de adorar, pues la adoración es la tarea más hedonista de la vida y no se debe arruinar con el más simple pensamiento de desinterés. El gran obstáculo de la adoración no es que estemos buscando el placer, sino que estemos dispuestos a conformarnos con algunos placeres dignos de compasión.

No hay nada que eleve a Dios a un lugar más supremo y central que la condición de una persona que se encuentra convencida por entero de que nada (ni el dinero, ni el prestigio, ni el tiempo libre, ni la familia, ni el trabajo, ni la salud, ni los deportes, los juguetes, ni los amigos), le traerá satisfacción a su corazón dolorido aparte de Dios. Esta convicción forma personas que van con todas sus fuerzas en busca de Dios cada domingo por la mañana. Si el centro de atención pasa a ser lo que nosotros le damos a Dios en lugar de lo que Él nos da a nosotros, uno de los resultados es que sutilmente Dios deja de estar en el centro y, en cambio, ese lugar lo ocupa la calidad de lo que damos. ¿Cantamos como es digno para el Señor? ¿Los músicos tocan sus instrumentos con la calidad adecuada al Señor? ¿ La predicación es una ofrenda apropiada para el Señor? A primera vista, estO suena noble. pero poco a poco el centro deja de ser la presencia del todo indispensable del Señor mismo y pasa a ser la calidad de nuestra actuación. Y hasta comenzamos a definir la excelencia y el poder de la adoración en términos de la calidad técnica de nuestras acciones artísticas.

Si la esencia de la adoración es la satisfacción en Dios, no puede ser un medio para ninguna otra cosa. Sencillamenre no se le puede decir a Dios: «Deseo satisfacerme en ti para poder tener alguna otra cosa». Eso querría decir que, en realidad. no estás satisfecho en Dios, sino en otra cosa. Y así se deshonra a Dios, no se le rinde adoración. No obstante, lo cierto es que para muchas personas y pastores, el acto de «adoración» del domingo por la mañana se concibe como un medio para lograr algo más que adoración. «Adoramos» para juntar dinero; «adoramos» para atraer a las multitudes; «adoramos» para sanar las heridas humanas; «adoramos» para reclutar obreros; «adoramos» para mejorar la moral de la iglesia; «adoramos» para darles una oportunidad a los músicos talentosos de llevar a cabo su llamado; «adoramos» para enseñarles a nuestros niños el camino de la rectitud; «adoramos” para ayudar a los matrimonios a que permanezcan juntos; «adoramos» para evangelizar a los perdidos que se encuentran entre nosotros; «adoramos» para darles a nuestras iglesias la sensación de familia, etc, etc.

De acuerdo con este texto, [Efesios 5:29-30] el amor es la búsqueda de nuestro gozo en el santo gozo del amado. No hay manera de excluir del amor el interés personal, pero el interés personal no es lo mismo que el egoísmo. El egoísmo busca su propia felicidad a expensas de los otros. El amor busca su felicidad en la felicidad del ser amado. Hasta llegará a sufrir y a morir por el ser amado a fin de que su gozo se complete en la vida y en la pureza de ese ser amado.

El dinero es la moneda del hedonismo cristiano. Lo que hagas con él, o lo que desees hacer, puede construir o destruir tU felicidad para siempre. La Biblia deja en claro que lo que sientes con respecto al dinero es capaz de destruirte: «Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción» (1 Timoteo 6:9).

Trabajar para ganar dinero para la causa de Cristo no es lo mismo que desear ser rico. La advertencia de Pablo no va en contra del deseo de ganar dinero para satisfacer nuestras necesidades y las necesidades de los demás; su advertencia va en contra del deseo de tener cada vez más dinero con la estimulaci6n del ego y los lujos materiales que eso puede traer.

El Señor no está en contra de las inversiones; está en contra de las malas inversiones, es decir, de que pongamos nuestros corazones en las comodidades y la seguridad que nos puede dar el dinero en este mundo.

La respuesta a cómo debemos acumular tesoros en los cielos es invirtiendo los tesoros terrenales con propósitos misericordiosos en el nombre de Cristo aquí en la tierra. Dale a los que se encuentran en necesidad, esa es la manera de llegar a tener bolsas en el cielo.

La evidencia de que el materialismo occidental ha engañado a muchos que profesan ser cristianos es lo poco que damos y lo mucho que poseemos. Y por una ley casi irresistible del consumismo, hemos comprado más casas cada vez mayores, más autos cada vez más nuevos, más ropa de mayor estilo, más carne de mejor calidad, y toda clase de baratijas, artilugios, contenedores, dispositivos y equipos para hacer que la vida sea más divertida.

La vida es guerra. En medio de esta atmósfera, suena hueco todo lo que se diga del derecho que tiene un cristiano de vivir en el lujo «como un hijo del Rey», sobre todo porque el mismo Rey se quitó la ropa para la batalla.

Pon toda tu esperanza en Dios; cuídate del orgullo y permite que tu gozo en Dios se desborde en una riqueza de liberalidad que alcance a un mundo perdido y necesitado.

El grito de batalla del hedonismo cristiano son las misiones mundiales que sacrifican las comodidades y la seguridad del hogar para alcanzar a las personas sin evangelizar del mundo. Es paradójico que aquí, donde los sacrificios son mayores, las alegrías son más profundas.

La medida de nuestro anhelo por la vida es la cantidad de comodidad a la que estamos dispuestos a renunciar para obtenerla.

No es un tonto aquel que entrega lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder.

No escogemos el sufrimiento solo porque esto es lo que debemos hacer, sino porque Aquel que nos dice que lo hagamos lo describe como el camino al gozo eterno. No nos llama para que lo sigamos en la obediencia del sufrimiento a fin de que demostremos la fuerza de nuestra devoción hacia el deber, ni para revelar la fuena de nuestra resolución moral, ni para que probemos los elevados niveles de nuestra tolerancia frente al dolor, sino más bien para manifestar, con una fe infantil , el valor infinito de sus promesas que lo satisfacen todo. Esta es la esencia del hedonismo Cristiano. En la búsqueda del gozo a través del sufrimiento, magnificamos el valor absolutamente satisfactorio de nuestra Fuente de gozo. El mismo Jesucristo brilla como la luz al final de nuestro túnel de dolor.