Allende en su laberinto

Allende en su laberinto

Allende en su laberinto


Basada en hechos reales. Últimas dos horas de vida de Salvador Allende, presidente de Chile, quien por su gobierno socialista fue derrocado por un golpe de Estado. Calificación de 9.
Allende en su laberinto

Allende en su laberinto

7:19 la hora del temblor

7:19 la hora del temblor

7:19 la hora del temblor


Basada en hechos reales. Es el 19 de septiembre de 1985, en el DF, en lo que fuera la recepción de un edificio derrumbado, se vive el drama del terremoto más devastador de la ciudad. Calificación de 7.
7:19 la hora del temblor

7:19 la hora del temblor

The odyssey

The odyssey

The odyssey


Luego de la caída de Troya, Odiseo encara a los dioses al pregonar que fue él quien derrotó a los troyanos. Ahora para emprende el regreso a casa, tendrá que sortear las dificultades que su osadía le costaron. Calificación de 9.
The odyssey

The odyssey

High fidelity

High fidelity

High fidelity


Tras su última separación sentimental, el dueño de una tienda de discos hace un recuento de sus fracasos amorosos para tratar de identificar en donde ha estado su falla. Calificación de 7.
High fidelity

High fidelity

Ice age 5

Ice age 5

Ice age 5


Un meteorito se acerca a la tierra y amenaza con la destrucción del planeta como ocurrió con los dinosaurios. La manada tiene que salvarse y será Buck quien los diriga. Además, Morita está a punto de iniciar su vida en pareja. Calificación de 7.
Ice age 5

Ice age 5

Hunt for the wilderpeople

Hunt for the wilderpeople

Hunt for the wilderpeople


Ricky Baker parece haber finalizado su búsqueda de un hogar al llegar a la casa de Bella y Hec. Con la repentina muerte de Belle y para evitar regresar con el área de cuidado a menores, huye al bosque y en un giro inesperado junto a Hec se convierten en fugitivos de la ley, aprendiendo a convivir y a encariñarse. Calificación de 10.
Hunt for the wilderpeople

Hunt for the wilderpeople

Ice age 4

Ice age 4

Ice age 4


Los continentes se están formando y una inundación afecta al grupo. Morita está creciendo y Manny no lo acepta. Un nuevo enemigo acecha en los mares. La abuelita de Sid y una pareja para Diego se agregan a la manada. Calificación de 7.
Ice age 4

Ice age 4

The wizard of Oz

The wizard of Oz

The wizard of Oz


Con la intención de rescatar a su mascota de las garras de su vecina, una adolescente huye buscando un sitio donde pueda vivir sin apuros. Un tornado la llevará a un mágico lugar donde sus sueños parecen realizarse, sólo para darse cuenta que lo que buscaba, se encuentra en casa. Calificación de 8.
The wizard of Oz

The wizard of Oz

Alive

Alive

Alive


Basada en hechos reales. El equipo de Rugby uruguayo sufre un accidente aéreo en la cordillera de los Andes. Tendrán que buscar su propio rescate, con los medios menos pensados y bajo las condiciones más adversas. Calificación de 9.
Alive

Alive

Butch Cassidy and the Sundance Kid

Butch Cassidy and the Sundance Kid

Butch Cassidy and the Sundance Kid


Dos famosos bandoleros han robado a un magnate quien con tal de capturarlos está dispuesto a pagar lo que sea. Ahora los asaltantes inician una épica huída. Calificación de 8.
Butch Cassidy and the Sundance Kid

Butch Cassidy and the Sundance Kid

The Magdalene sisters

The Magdalene sisters

The Magdalene sisters


Basada en hechos reales. A manera de escarmiento y para esconder su pecado, jovencitas son recluidas en un internado irlandés. En el lugar, sufren todo tipo de vejaciones por parte de las hermanas Magdalenas. Calificación de 9.5
The Magdalene sisters

The Magdalene sisters

The grand seduction

The grand seduction

The grand seduction


Un pequeño puerto pesquero está a punto de colapsar por falta de trabajo. Una empresa petroquímica está interesada en instalarse en el puerto, pero se deben cumplir algunos requisitos, entre ellos un médico de planta. Por azares del destino el Dr. Lewis llega al pueblo y todos los habitantes harán lo imposible para lograr que se quede a vivir con ellos y cumplir con el requisito final. Calificación de 9.5
The grand seduction

The grand seduction

Anormal

Craig Groeschel

Anormal

Anormal


Cuando los cristianos hacen cosas que están dentro de los parámetros que la sociedad impone como normales, algo anda mal. Esa es la premisa del autor, es necesario ser anormal para reflejar el sentir de Cristo, y lo ejemplifica en algunas áreas específicas: tiempo, dinero, relaciones, sexo y valores. Calificación de 9. Del Reading Challenge, reto 46 Un libro escrito por un autor con tus mismas iniciales.

Pergeñar: Idear, disponer o ejecutar una cosa con más o menos habilidad y rapidez:

Lo normal es que odies a tus enemigos. Jesús te dice que los ames.
Lo normal es que busques vengarte de los que te ofenden o lastiman. Jesús te muestra que tienes que ser bueno con ellos.
Si alguien te pega, lo normal es que le pegues de vuelta. Pero Jesús te dice que pongas la otra mejilla.
Seamos sinceros. Todo eso no solo es contrario a nuestra intuición y a todo lo que aprendimos en el patio de la escuela primaria. Es todo lo opuesto, anormal, extraño. Y eso que no son las enseñanzas más inusuales de Jesús. Porque también enseñó que tenemos que orar por quienes nos persiguen. ¡Qué anormal! Además, dijo que si queremos encontrar la vida, tenemos que perderla. Más anormal todavía. Y que si no aborrecemos a nuestros padres es que, en realidad, no nos hemos comprometido con él. ¡De lo más anormal!

Para seguir a Jesús en verdad, y para conocerle, iba a tener que ser distinto a mis amigos, a todos los demás. Pero yo no quería serlo, como esos cristianos que parecían bobos, con sus guitarritas y folletitos que se suponía no tenían que verse como folletitos. Los cristianos eran diferentes, lo cual era anormal, y yo lo que quería era ser normal. Estaba comprometido con eso.
Y como no quería ser anormal, no iba a cambiar de rumbo para seguir a Jesús.

En términos de dinero, es normal endeudarse al punto que ya ni ves cómo salir de ello. El dinero se vuelve un pozo sin fondo, lleno de preocupación, miedo, ansiedad, tensión y peleas. Casi toda la gente que conozco vive de salario en salario. Ganan mucho más que antes, pero nunca les alcanza. Ahora, más que nunca, es caro ser normal, con tantas cosas buenas que hay que comprar y cuidar, con tantas experiencias normales que uno quiere que su familia pueda disfrutar. Lo único es que resulta difícil disfrutar de todo eso si la horca del dinero te aprieta un poco más con cada pago mensual.

En las iglesias, lo normal es el cristianismo tibio, el consumismo espiritual egocéntrico, superficial, la fe centrada en uno mismo. Dios se ha vuelto un medio para llegar a un fin, un utensilio en nuestra caja de herramientas que nos permite conseguir algo más. La mayoría de la gente afirma que conoce a Dios, pero sus acciones lo niegan.
Y todo eso es normal.
Pero ser normales no resulta.

Dios quiere que lo conozcas y lo ames; no que lo reconozcas y consideres un papito cósmico, uno que flota en el cielo.

Vivimos en una sociedad que está desesperada por tener más tiempo, que implacablemente nos empuja al límite y no solo en época de Navidad. Comprar más, hacer más, lograr más, conquistar más. Correr, correr. Rápido, rápido. Más productivo, más eficiente, más expeditivo, más, más, más. La locura parece ser la norma.

Siempre estamos apurados, siempre corriendo, siempre nos falta tiempo. Casi toda la gente que conozco no tiene espacio para equivocarse al organizar sus días. Es lamentable, pero la mayoría casi no tiene tiempo para esas cosas de la vida que dicen que tanto les importan. Cuando nos buscamos demasiadas actividades, creyendo que podemos hacerlo todo, dejamos de ser humanos y tratamos de ser dioses, algo que no solo es imposible, sino que además muestra una arrogancia asombrosa. La mayoría vivimos a un ritmo que no solo es imposible de sostener, sino que además, es contrario a la Biblia.

Dios te ha dado todo lo que necesitas para cumplir con todo lo que quiere que hagas, y eso incluye el tiempo suficiente (2 Pedro 1:3). No necesitamos más tiempo. Lo que necesitamos es utilizar de manera diferente el que ya tenemos. Tienes tiempo para aquello en lo que elijas invertir tus horas. Todos los días decimos: «No tengo tiempo para hacer gimnasia … para leer la Biblia … para ir a la iglesia esta semana … para ir a almorzar con alguien … para agregar algo más». Pero en verdad, siempre encontramos tiempo para lo que nos importa. Si el golf es una prioridad, entonces encontramos tiempo para jugarlo. Si nos importa cenar con los amigos, nos hacemos tiempo para ello. Si la prioridad es tomar sol, hacer ejercicio o cortarnos el cabello, siempre parece que encontramos el tiempo que necesitamos. La próxima vez que estés a punto de decir: «No tengo tiempo» para algo, piénsalo. Y repite esta verdad en tu mente: o no es una prioridad y estás guardándote tu tiempo por una buena razón, o sencillamente no tienes ganas de usar tu tiempo para esto.

¿Cuándo fue la última vez que te detuviste lo suficiente como para aprovechar un momento superimportante?

«Si el diablo no logra que seamos malos de veras, intentará que estemos siempre muy ocupados». Y es cierto. Lo más importante casi nunca es lo que parece tan urgente. Cuando algo pequeño clama a gritos por nuestra atención, su ruido a menudo ahoga el susurro de lo que tiene una enorme importancia.

El solo hecho de que todos hagan algo no implica que ese algo esté bien (¡Ah, acabo de decir una frase que mamá me decía todo el tiempo!). Es más, cuando todos hacen algo, eso indica que habrá que estudiarlo en lugar de seguir al rebaño por instinto y hacer lo que todos hacen.

La mayoría de las personas normales piensan que Dios nunca nos dará más cosas de las que podamos tratar. Pero el problema está en que Dios nunca afirmó eso. Lo que dijo fue que no permitiría que tuviéramos tentaciones sin que hubiera una salida (1 Corintios 10:13), pero jamás dijo que no nos daría más de lo que pudiéramos manejar. ¿Estás listo para verlo como lo ven los anormales? Dios muchas veces te dará más de lo que puedas manejar para que aprendas a depender de él más que de ti mismo. Si pudieras con todo, no necesitarías a Dios.

El solo hecho de que podamos hacer algo no implica que tengamos que hacerlo.

La consecuencia de la ocupación excesiva nos destruye más que la tensión que nos causa precisamente el tener tanto que hacer.

Hay que tener valentía para decir que no. Empezar a decir que no a las cosas buenas para poder decir que sí a las mejores.

La razón principal por la que tanta gente se rinde al ritmo normal que le abruma, que le pesa y le resulta insostenible […], es que no tiene fe. Sinceramente, no creemos que Dios esté en su trono, que pueda ocuparse de los detalles de nuestras vidas, que quiera lo que es verdaderamente mejor para nosotros, ni que su forma de hacernos vivir sea la mejor. […] —Tememos que si no corremos sin parar y no probamos todo lo que este mundo nos ofrece, vamos a perdenos algo. Tenemos miedo de perdernos esa única cosa que resultaría ser la elusiva pieza de nuestro rompecabezas que finalmente llenaría el hueco, el vacío que sentimos muy dentro. Pero no hay nada que pueda llenarlo. Porque no hay tal cosa como la sana adicción.

La idolatría no es solo falta de obediencia a Dios. Es poner todo el corazón en otra cosa, además de Dios.

«¿Tienes idea de lo importante que soy? ¡No puedo dejarlo todo así, sin más!». Cuando lo dices (aunque no sea en voz alta, pero sí en tu corazón), lo que estás diciendo en realidad es que los principios de Dios no son verdad. Que no crees en Dios. No crees que él sepa qué es lo mejor para ti: que el reposo te hará más productivo, más saludable espiritualmente. Necesitas fe. Y probablemente, también necesites una siesta.

Si tu iPad se ha convertido en tu íDolo, es hora de dejarlo.

Somos ricos únicamente por lo que damos y pobres por lo que negamos. RALPH WALDO EMERSON

Si eres como yo, es muy probable que en algún momento hayas pensado: «Si tuviera todo ese dinero, sería mejor persona que ellos. Gastan su dinero en cosas estúpidas. Yo jamás lo haría. Solo lo gastaría en cosas buenas, en lo que corresponde, como ayudar a otras personas». ¡El problema es que hay alguien leyendo este libro ahora mismo que piensa exactamente eso con respecto a ti! Para esa persona, tú tienes mucho dinero y piensa que gastarían tu dinero mucho mejor que tú (y tal vez tenga razón).

El autor de Eclesiastés observa: «Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente» (5:10).

Ser rico es un objetivo móvil. Y eso explica por qué los estadounidenses normales, incluso cuando les va mucho mejor que a la mayoría del resto del mundo, no se sienten ricos. Por eso nunca estamos satisfechos y siempre queremos más, sin apreciar jamás todo lo que se nos ha dado. Una vez más, el ser normales nos está matando.

«Además, a quien Dios le concede abundancia y riquezas, también le concede comer de ellas, y tomar su parte y disfrutar de sus afanes, pues esto es don de Dios» (Eclesiastés 5:19).

Como la gente normal no cree que es rica, por lo general apenas mirará o pasará por alto todo lo que le diga la Biblia a los ricos. Si te cruzas con un pasaje de la Biblia que se dirige directamente a ellos, ¿cómo respondes? Por mi experiencia sé que la mayoría diríamos: «Sí, absolutamente sí. Los ricos realmente necesitan oír la Palabra de Dios. Seguramente recordaré este versículo si llego a ser rico». Pero tenemos que recordar lo siguiente: la Palabra de Dios es atemporal y es para todo el planeta. Cuando nos comparamos con el resto del mundo, tenemos que reconocer que Dios nos está hablando a nosotros en este momento. ¡Nosotros somos esa gente rica!

«Hay gente tan rica ¡que tiene un auto! No son muchos, por supuesto. Leí que solo entre un tres y un cinco por ciento de la población global tiene auto. Pero hay gente tan rica ¡que tienen dos autos! Y de ellos, hay algunos que tienen una casa para el auto, que llaman garaje y es como una casita que protege al coche de la intemperie. ¿Y sabes qué más hacen? Esta gente rica se sube al auto y conduce, pasando por veinte o más de esos lugares donde hay comida —los que llaman restaurantes — y son tan ricos que les pagan a otros para que les preparen comida y se las sirvan. ¡Así de ricos son! «Y algunos de esos ricos comen tanto en tantos restaurantes, que engordan mucho, pero siguen comiendo más y más. Luego tienen que ir a unos lugares que se llaman gimnasios y les pagan a otros para hacer ejercicio. Así de ricos son. «Y de estos ricos, algunos tienen cuartos especiales que se llaman clósets, que están llenos de ropa. ¡Son cuartos para guardar ropa! Nadie duerme allí, solo la ropa, que está en perchas o estantes, como en una tienda. Hay gente tan rica que hasta tienen un cuarto grande para la ropa del hombre, y otro para la ropa de la mujer. ¡Tanta ropa! Para los días fríos, para los días cálidos, para el trabajo, para la iglesia. ¡Es una locura! Así vive la gente rica. Nunca lo he visto con mis propios ojos. No, no, no. Pero lo he oído».

Si sigues a Cristo, él te ha dado abundancia para que puedas ocuparte de los demás, y no para que compres pantalones capri para el verano que viene o para que tapices con cuero el interior de tu nuevo auto todoterreno. Mientras no asumas la responsabilidad de haber recibido la bendición de tener recursos que puedes dar para aliviar a quienes te rodean, puedes mantenerte enfocado en comprar más y más cosas para ti mismo.

Si ganas treinta y siete mil dólares al año, estás dentro del cuatro por ciento de los asalariados activos de hoy, y bajo cualquier definición, eres rico. Si ganas cuarenta y cinco mil dólares al año o más, entonces estás dentro del uno por ciento de los asalariados más ricos del mundo. Para honrar a Dios con tu riqueza, ante todo deberás admitir que eres rico. Y la mayoría de las personas no lo hacen. Porque no es normal.

La mayoría de los estadounidenses nunca ha tenido que orar: «Jesús, dame el pan de hoy». Sé que no es así para todos, pero sí para la mayoría. ¿Por qué? Porque siempre hubo pan en la cocina (o Twinkies, o tortillas de queso). Jamás hemos sabido de veras lo que es depender de, y confiar en, Dios para que nos provea lo del día, porque siempre tuvimos para hoy. Y probablemente también para mañana. Y quizá hasta para el invierno que viene, con todo eso que guardamos en el congelador que está en el garaje. Sé que algunos de los que administran tan bien sus recursos no solo están libres de preocupaciones, sin tener que confiar en Dios, sino que además se han asegurado de que tampoco sus hijos tengan que depender de él. Tienen seguro, seguro de salud, planes de jubilación y todo tipo de redes de seguridad.

La peor pobreza es la deuda. THOMAS FULLER

Bueno, al menos sé que mis problemas son normales.

El oxígeno económico te da más lugar para respirar. Puede ayudarte a sentir que descansas. Sin preocuparte, sin ansiedad, sin sentir miedo todo el tiempo. Ya sabes … para vivir como alguien normal.

Hay una forma sabia de administrar el dinero que Dios te confía. Y también hay una forma necia y tonta de despilfarrar lo que Dios te confía. La decisión, en realidad, es tuya.

En 1 Timoteo 6:6-8 escribe: «Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene. Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso». […] En los versículos 9 y 10, Pablo describe el doloroso ciclo en el que se encuentran muchas personas: «Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores».

Allí donde va tu dinero, irá tu corazón. El cristiano promedio de Estados Unidos da más o menos un dos por ciento de sus ingresos a la ayuda social y al avance del reino de Dios en la tierra. Eso significa que el noventa y ocho por ciento restante va al mundo. Lo cual implica que el noventa y ocho por ciento del corazón va al mundo. Si te preguntas por qué querrías más del mundo y no estás satisfecho con Dios, será porque tienes un problema espiritual. Pensamos que con más seríamos más felices.

Las dos opciones que hay en el camino al margen financiero, son sencillas:
1. Ganar más
2. Gastar menos
Es eso nada más. El secreto para salir de las deudas en cuatro palabras. Lo sabías.

Es mejor algo que pagas por completo, que se usa, se disfruta, se comparte y se gasta, que tener algo nuevo, brillante y lindo que no terminarás de pagar hasta el 2019 y que no disfrutas por culpa del estrés.

Para mantener la salud y vivir el gozo de la riqueza eterna, ha llegado la hora de no ser normal: hay que ser anormales.

Con lo que obtenemos, vivimos. Con lo que damos, creamos vida. WINSTON CHURCHILL.

Estoy convencido de que Dios no nos bendice porque lo merezcamos o porque nos lo ganemos. No nos bendice para que sintamos culpa y vergüenza. Nos bendice para que podamos ser distintos.

«No tengo tanto como para dar», en realidad lo que están diciendo es que no tienen tanto de sobra como para dar sin cambiar su estilo de vida. Es normal, por supuesto. Pero lo cierto es que siempre tienes algo que dar. Y cuando menos tienes, más sacrificio implica el dar a los demás.

No hablo de que le des a la iglesia todo el dinero posible. Esa no es la economía de Dios. Además, francamente sería holgazanería de tu parte. Porque no es eso lo que tienes que hacer. Puedes darle un diez por ciento —un mínimo, al menos— a tu iglesia local. Para apoyarla. Para regar el suelo en que te has plantado. Ayúdala a crecer. Y a medida que aumentes el porcentaje a lo largo del tiempo, mira más allá de tu iglesia y encuentra otros lugares que puedas ayudar a crecer. Ministerios serios. Oportunidades en tu barrio, en la escuela de tus hijos. Causas que te apasionen para que avance el reino de Dios. Aprovecha los recursos que tienes para cambiar la eternidad. Aprende a ahorrar y ganar más recursos para poder dar más.

Cuando ves a tu cónyuge (o potencial cónyuge) como salvador o salvadora, rápidamente te dispondrás a negociar tus parámetros de vida.

Cuando crees que el matrimonio es tu respuesta, muchas veces terminarás dando algo que en última instancia los hiere a ambos.

Cuando te enamoras de un ideal, es imposible no sentir desilusión ante la persona que tienes al lado. Muchas veces nos proponemos casarnos con Raquel, la personificación de lo perfecto, que nos completará y cumplirá todos nuestros deseos. Y terminamos con la realidad de Lea, un ser humano de carne y hueso, con defectos como tenemos todos.

Poner primero a Dios no te dará la garantía de un matrimonio fácil, pero sí te resultará más sencillo eso que luchar con la negociación, con el creerse con derechos (el uno o el otro) y con la amargura.

¿Has notado que solemos juzgar a los demás por sus acciones, pero a nosotros mismos nos juzgamos por las intenciones? Esto vale en especial para la relación conyugal.

No te preocupes porque tus hijos nunca te escuchen. Preocúpate porque siempre te están observando. —ROBERT FULGHUM

Lo normal es afanarse por estar en el centro del estilo de vida mundano. Lo anormal es vivir para estar en el centro de la voluntad de Dios.

No existen las fórmulas a prueba de todo en materia de crianza. Pero aunque no hay garantías, sí hay determinados principios bíblicos a los que apuntamos. En vez de tratar de guiar a nuestros hijos para que se parezcan a quienes los rodean, debiéramos guiarlos para que se parezcan a Cristo. Romanos 12:2 dice en la Traducción en Lenguaje Actual: «Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto».

¿Cómo podemos convertirnos en padres anormales? No es fingiendo ser perfectos, ni haciendo creer que tenemos todas las respuestas. Más bien, tenemos que dejarles ver nuestras dificultades, así como nuestros puntos fuertes. Los padres y madres que son anormales no solo intentan reflejar el carácter de Dios a diario, sino que también muestran su humanidad, con sus propias preguntas, dudas y defectos. Hablan de las respuestas a sus oraciones y también de las oraciones no respondidas. Pierden los estribos y tienen la suficiente humildad como para pedir perdón. Es imposible ser buenos padres si no dependemos de Dios para tener la fuerza, la paciencia, el rumbo, la sabiduría y el discernimiento que nos permitan enseñarles a nuestros hijos a hacer lo mismo.

Nuestro objetivo no debiera ser el de criar chicos totalmente independientes. Más bien, debe ser criarlos para que dependan, no de nosotros ni de nadie más, sino del verdadero Señor Dios. Él es el único que sabe lo que es mejor para ellos y que puede guiarlos a su perfecta voluntad.

Nuestro objetivo no es criar chicos que puedan soportar las películas prohibidas para menores y aun así ser adolescentes productivos, ni criar chicos tan sobreprotegidos que piensen que HP significa Hewlett Packard. Más bien, oramos que nuestros hijos al crecer ya no nos necesiten, sino que necesiten a Dios y lo conozcan íntimamente, y que luego, por su parte —y en su gracia y verdad— tengan fuerzas como para decir que no a las influencias peligrosas y a la tentación, viviendo con la gracia de amar a los que no viven en la verdad que ellos sí abrazan y albergan en sus corazones.

Lamentablemente, es algo muy normal separar la vida espiritual de la cotidiana. En realidad no hay distinción, ya que todo lo que hacemos es espiritual: estudiar para un examen, jugar a la pelota, ir a la casa de los abuelos. Necesitamos a Dios en todos esos momentos y lugares, en especial si tienes seis hijos y un perro, todos dentro de una camioneta. Si bien la gente normal separa su vida en compartimentos (escuela, hogar, deportes, trabajo, amigos y, ah sí, la iglesia y lo espiritual), la gente anormal sabe que todo es espiritual. No recordamos a Dios en oración solamente cuando el día finaliza. Vivimos conscientes de él momento a momento. Dios no forma parte de nuestras vidas. Dios es nuestra vida.

1. Enseñarles a administrar el dinero de Dios (Proverbios 3:9-10).
2. Educarlos para que sepan elegir amigos con cuidado (Proverbios 13:20).
3. Enseñarles a cuidar sus palabras (Proverbios 4:24).
4. Enseñarles a ser responsables (Proverbios 6:6-8).
5. Enseñarles a guardar sus mentes (Proverbios 23:7).
6. Enseñarles a ser generosos (Proverbios 11:25).
7. Enseñarles a reverenciar y temer a Dios (Proverbios 1:7).

No vemos que al negociar, con tal de complacer, lo que sucede es que la gente nos pierde el respeto.

Tómate un momento para meditar en lo que sientes en esas situaciones. Dios es el artista que creó esas escenas, no un policía enojado que te quiere poner una multa. Nuestro Padre celestial es el creador y sustentador del universo. Lo sabe todo, lo puede todo y está siempre presente. Es tan santo que los mortales no pueden verle en su más pura esencia y seguir viviendo. El mismo Dios que pronunció la existencia de todo lo que vemos te conocía incluso antes de que te formaras en el vientre de tu madre. Es al mismo tiempo el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el amante íntimo de tu alma. Dios conoce cada uno de los cabellos que hay en tu cabeza y ve cada una de las lágrimas que derramas. Es el grandioso «Yo soy». Se le llama fuego consumidor, roca, refugio, escondite, sanador, proveedor. Es el Dios que te amó tanto que su Hijo se despojó de toda gloria celestial para vivir como un pobre carpintero judío, de manera que pudiera derramar su sangre, sufrir y morir por el perdón de nuestros pecados. Es un Dios que está más allá de toda descripción. Y nos ama. Se trata de un temor reverencial, puro, inalterable.

Todos los días hay gente normal que termina haciendo cosas que dañan, cosas que no planeaban hacer.

En Proverbios 5:8-11, Salomón le advierte a su hijo acerca de los peligros de la mujer adúltera: «Aléjate de la adúltera; no te acerques a la puerta de su casa, para que no entregues a otros tu vigor, ni tus años a gente cruel; para que no sacies con tu fuerza a gente extraña, ni vayan a dar en casa ajena tus esfuerzos. Porque al final acabarás por llorar, cuando todo tu ser se haya consumido». El simple consejo de Salomón contiene gran sabiduría. «Haz lo que sea por evitar la tentación». Ni siquiera te acerques. No coquetees con el desastre. No finjas que todo está bien. Haz lo que haga falta. Sé todo lo diferente, drástico, radical y anormal que tengas que ser para minimizar el riesgo (porque nadie puede eliminarlo del todo).

El amor es la respuesta. Pero mientras la esperas, el sexo te presenta algunas preguntas muy buenas. —WOODY ALLEN

Las personas caen en cualquiera de los pecados sexuales porque se acercan demasiado a las oportunidades.

La Biblia no nos dice que huyamos de la glotonería, de los chismes, de la mentira o de cualquier otra categoría de pecado. Sí dice que huyamos, ahora mismo, de la inmoralidad sexual. La gente normal pregunta: «¿Cuánto puedo acercarme sin ir demasiado lejos?». Yo contesto con algunas preguntas: «¿Qué tanto puedes acercarte a una serpiente de cascabel sin que sea peligroso?». «¿Durante cuánto tiempo puedes tocar un cable pelado sin electrocutarte?». La gente sabia y sensata pone toda la distancia posible entre ellos mismos y la tentación sexual. No solo se apartan, sino que además trazan una ruta de escape.

Exceder el límite de velocidad, decir una mentirita blanca y cometer adulterio son todos pecados. Pero las consecuencias no son las mismas.

El sexo genial según la intención de Dios empieza por lo que piensas y no por lo que sientes. El sexo que honra a Dios, que te mueve el piso y te hace vibrar, empieza por tu mente, y no por lo que hay entre tus piernas.

Imagina que tomas una larga tira de tela adhesiva, bien pegajosa, y que la pegas a tu camisa. ¿Y si la quitas y luego la pegas en la camisa de otra persona? ¿Y si vuelves a hacerlo? ¿Y si lo haces diez veces? ¿O veinte? ¿O cien? Después de determinado momento, por mucho que lo intentes no lograrás que se pegue a nadie, porque ya no cumple su función. Porque en la camisa de cada una de las personas ha quedado parte de lo que servía para pegar. Y es cierto que el sexo es mucho más potente que la tela adhesiva. La intimidad física con otra persona apega. Une. Es pegajosa. Pero luego, cuando terminas esa relación y vas con otra persona, va perdiendo parte de su pegajosidad. Cuanto más lo haces, menos especial será. Cuanto menos quede de tu corazón, tu alma y tu condición de persona única para darle a la próxima persona, verás que con el tiempo ya no hay pegamento. Es más difícil el apego. Es más difícil unir. No logras mantener una relación. La otra persona no se siente conectada a ti y tú ya no puedes conectarte con nadie. Enséñales a tus hijos a mantener su pegajosidad hasta que llegue la persona con quien quieran estar pegados por el resto de sus vidas.

Si tienes que vestirte de manera provocadora para que un chico (o chica) te preste atención, entonces no te conviene esa persona. Mereces algo mejor

Tus hijos tienen enormes oportunidades para pecar y para el mal, y las tentaciones que enfrentan son mucho más grandes que las que enfrentabas tú cuando tenías su edad. Afortunadamente, también es cierto lo contrario: la próxima generación tiene un potencial mayor para disfrutar de la justicia y la rectitud de Jesús que el que hayamos tenido nosotros.

Hay personas que no se han dado cuenta, pero Dios también está afuera del edificio de la iglesia. Puedes adorar a Dios donde sea. Incluso en tu auto (claro que pensarán que eres anormal si lo haces).

Es normal dar gracias por las cosas buenas: «¡Gracias, Dios, por bendecirme con buena salud». «Te doy gracias porque me aumentaron el salario». «Dios nos bendijo con otro hijo. Una niña esta vez». «Dios nos favoreció y conseguimos una linda casa a buen precio. ¡Qué bendición!». Pero las bendiciones de Dios no siempre son más grandes, mejores, más bellas. Es más, creo en serio que Dios les da a sus líderes escogidos una bendición muy inusual. Hasta podríamos llamarla una bendición anormal, porque la mayor parte del tiempo la llamamos … carga.

Cuando sientes esta carga, tal vez también sientas frustración y te preguntes por qué a los demás no les importa tanto como a ti. La razón por la que te importa y a otros no quizá sea porque Dios dirigió esta carga directamente a tu corazón. Y es posible que sea debido a lo que viviste, o a la forma en que te han lastimado, o a algo que sencillamente no puedes explicar. Sea cual sea la razón, te importa, y mucho. Te importa porque Dios te dio esta bendición inusual: la de una carga que te hará distinguir.

Si el dinero no tuviera uso para ustedes, ¿qué harían con el resto de su vida?

A medida que tu carga vaya creciendo, y rompa tu corazón, y abra tus ojos, no dudes en actuar. Como Nehemías, quizá llores, ayunes y ores. Luego, levántate y haz algo. Pide ayuda. Recauda fondos. Viaja. Escribe un capítulo. Inicia un blog. Apadrina a un pequeño. Conviértete en un Gran Hermano. Lanza un ministerio. Haz algo. No puedes hacerlo todo. Pero puedes hacer algo.

En los meses previos al Año Nuevo, oro constantemente preguntándole a Dios: «¿Cuál es la única cosa que quieres que cambie en mi vida el año que viene?» En vez de terminar con una larga lista de resoluciones de Año Nuevo, centro mi atención en esa sola cosa que Dios me revela. Y como confío en la sabiduría divina para dirigir mis pasos más de lo que confío en mis propias intenciones, con toda intención pido y escucho su voz para saber cuál es esa única cosa.

Uno de los principales desafíos para los matrimonios de hoy es el hecho de que muchas personas no pueden dejar el pasado atrás. Entonces, si alguien los hirió, siguen castigándolo por lo que haya hecho.

«Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9). Desde entonces, y durante estos más de diez años, hemos seguido levantando y construyendo nuestra iglesia, no basándonos en nuestras fuerzas, sino en nuestras debilidades. Es solo en la debilidad que se hace perfecta la fuerza de Dios, su poder.

No somos muy diferentes de los que no son cristianos. Somos normales. Usamos nuestro tiempo y nuestro dinero igual que las personas normales. Nos conducimos como casi todo el mundo. Tenemos los mismos problemas matrimoniales que los demás. Y los mismos problemas con los hijos. La tasa de divorcios entre los cristianos no es inferior a la de los no creyentes. Sí, afirmamos que creemos en Dios, pero no queremos creer tanto como para ser distintos. No queremos ser exagerados con este asunto de la religión. Sí, claro que queremos creer en Dios, pero no nos gusta sobresalir y que otros nos malinterpreten o nos etiqueten.

Aunque Laodicea era una ciudad muy rica, no contaba con una fuente local de agua que pudieran usar sus habitantes. Toda el agua tenía que traerse desde dos lugares. Uno era una fuente de agua termal, y aunque podían utilizar tuberías, para cuando el agua llegaba ya se había enfriado bastante. La otra era un arroyo de agua fresca a unos kilómetros de la ciudad, pero para cuando el agua llegaba ya se había entibiado a temperatura ambiente. De modo que Laodicea no tenía ni agua caliente ni agua fría. Solo agua tibia. «Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca» (Apocalipsis 3:16). El término griego es emeo, que significa escupir o vomitar (sabías que iba a volver al tema, ¿verdad?). Jesús los acusa: «Deberían saber quién soy, pero no son distintos a todos los demás. No puedo tragarlos. Me dan ganas de vomitar».

¿Quieres saber de la iglesia de Jesús que es caliente? ¿Quieres ver fuego? Visita un país donde si confiesas a Cristo te meten en prisión o incluso te ejecutan. En esos lugares, si dices que eres cristiano, estás diciendo algo. Lo estás diciendo todo. Porque identificarte como cristiano puede costarte la vida, literalmente. Estos seguidores de Jesús se ven obligados al sacrificio. Dan. Oran. Son diferentes. Creen de verdad.

Cuando escapas de lo normal y te vuelves el tipo de persona anormal por Dios, habrá quien se burle de ti. No te preocupes cuando eso suceda. Forma parte de seguir a Cristo. Solo debes preocuparte cuando nadie se burle. Porque si eres normal, nadie lo hará.

Apertura 2016 (3/3)

Jornada 13
Puebla 0 – Chivas 2
Goles de Zaldívar y Marco Bueno. Puebla con 10 jugadores.

Puebla 0 - Chivas 2

Puebla 0 – Chivas 2

Jornada 14
Guadalajara 1 – Pachuca 2
Con tal de ganar, el equipo se descobijó y en un excelente contragolpe nos mataron.
Gol de Marín. Pachuca con 10 jugadores.

Guadalajara 1 - Pachuca 2

Guadalajara 1 – Pachuca 2

Jornada 15
Guadalajara 3 – Cruz Azul 2
Goles de Zaldívar, Bueno y Pulido. Este último de penal en tiempo de compensación.

Guadalajara 3 - Cruz Azul 2

Guadalajara 3 – Cruz Azul 2

Jornada 16
León 1 – Chivas 1
Gol de López. León con 10 jugadores, pero las chivas con 9.
En la semana, se perdió la final de la Copa MX ante el Queretaro en penales.

León 1 - Chivas 1

León 1 – Chivas 1

Jornada 17
Guadalajara 1 – Necaxa 1
Golazo de tiro libre de Pulido. Necaxa con 10 jugadores. Se califica a la liguilla, en cuarta posición en la tabla y ahora contra el América.

Guadalajara 1 - Necaxa 1

Guadalajara 1 – Necaxa 1

Good bye Lenin

Good bye Lenin

Good bye Lenin


Alex vive en Alemania del Este junto a su hermana y su madre Cristina, una socialista ortodoxa. Días antes de la caída del muro de Berlín, Cristina cae en coma cuando ve a Alex ser arrestado por participar en una manifestación política, perdiéndose todos los cambios con la unificación de Alemania. Tres meses después, Cristina despierta y Alex pretende hacerle creer que la situación política no ha cambiado con tal de mantener sus ideales intactos. Calificación de 10.
Good bye Lenin

Good bye Lenin