The towering inferno

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The towering inferno


En San Francisco está por inaugurarse el edificio más alto del mundo y la fiesta ya está programada. Cuando llega el arquitecto a supervisar la obra, se da cuenta que no se usaron los materiales apropiados para la instalación eléctrica. Esto desencadenará un incendio mortal. Una película que continuamente veía en mi infancia. Calificación de 9.
The towering inferno

The towering inferno

The tiger an old hunter’s tale

The tiger an old hunter's tale

The tiger an old hunter’s tale


El ejército japonés llega a un pueblo sudcoreano con el firme propósito de terminar con el Señor de la Montaña, un gigantesco tigre. La cacería no será fácil y además no cuentan con el experto cazador de la región. Calificación de 10.
The tiger an old hunter's tale

The tiger an old hunter’s tale

Radical

David Platt

Radical

Radical


Si consideramos lo radical como lo tajante, que no admite términos medios, según el diccionario, el autor nos invita a volver a lo radical del evangelio dejando de lado las recompensas efímeras e instantáneas que la vida moderna englobadas en el llamado sueño americano, nos entrega. Al final lanza un reto interesante. Calificación de 9.5 Del Reading Challenge, Reto 15, Un popular primer libro de un autor.

Los fundamentos del «sueño americano» son el materialismo y la autosuperación, dos elementos que contradicen la enseñanza del evangelio. […] Estos «vicios» que se interponen entre nosotros y los planes de Dios para nuestra vida no se circunscriben a la realidad de Estados Unidos, sino que aquejan a todos los cristianos. La confianza en los bienes que poseemos (sean muchos o pocos), el amor al dinero y el deseo de alcanzar el éxito por nuestros propios medios (aun en el crecimiento de la iglesia) amenazan con impedirnos entrar a la esfera de una entrega radical al Señor Jesucristo.

Los seguidores de Cristo no tienen garantía de que sus necesidades básicas de refugio estarán cubiertas.

En alguna parte del camino hemos perdido lo que es radical de nuestra fe y lo hemos sustituido por lo que es cómodo.

«Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo»7. Ahora bien, esto ya está subiendo de tono. Levanta un instrumento de tortura y sígueme. Esto se vuelve bastante extraño… y un tanto espeluznante. Imagina a un líder que sube a escena hoy e invita a todos los que quieran seguirlo a tomar una silla eléctrica y ser sus discípulos. ¿Alguien quiere?

Estamos comenzando a redefinir el cristianismo. Estamos cediendo a la peligrosa tentación de tomar al Jesús de la Biblia y torcerlo hasta obtener una versión con la que nos sintamos más cómodos.Un Jesús agradable, de clase media y estadounidense. Un Jesús que no se preocupe por el materialismo y que nunca sea capaz de pedirnos que demos todo lo que tenemos. Un Jesús que no espere que abandonemos nuestras relaciones más estrechas para que Él reciba todo nuestro afecto. Un Jesús que no tenga problema con la devoción nominal que no invade nuestras comodidades porque, después de todo, Él nos ama tal cual somos. Un Jesús que quiere que seamos equilibrados, que evitemos los peligros extremos y que, en realidad, quiere que evitemos toda clase de peligro. Un Jesús que nos consuele y nos dé prosperidad mientras vivimos nuestro paseo cristiano en el sueño americano.

El peligro es que cuando nos reunimos en nuestros templos para cantar y levantar las manos en adoración, es probable que no estemos adorando al Jesús de la Biblia. En cambio, podemos estar adorándonos a nosotros mismos.

Veintitrés millones de dólares para un adornado santuario y cinco mil dólares para cientos de miles de hombres, mujeres y niños que morían de hambre, sin tener fe en Cristo en su mayoría. ¿Adónde nos equivocamos? ¿Cómo llegamos al punto en que esto resulta tolerable?

Esta es la pregunta que muchas veces me persigue cuando estoy parado frente a la multitud de miles de personas en la iglesia que pastoreo. ¿Qué pasaría si sacáramos la música de onda y las sillas acolchadas? ¿Qué pasaría si desaparecieran las pantallas y no se decorara más la plataforma? ¿Qué pasaría si se apagara el aire acondicionado y se quitaran las comodidades? ¿La Palabra seguiría siendo suficiente para que esta gente se reuniera? En Brook Hills decidimos tratar de responder esta pregunta. Lo que hicimos fue quitar el elemento del entretenimiento e invitamos a la gente a reunirse solo para estudiar la Palabra de Dios durante horas seguidas. Le pusimos el nombre de Iglesia Secreta. Fijamos una fecha, un viernes por la noche; nos reuniríamos desde las seis de la tarde hasta la medianoche, y durante seis horas no haríamos otra cosa más que estudiar la Palabra y orar. Interrumpiríamos cada cierto tiempo el estudio bíblico de seis horas para orar por nuestros hermanos alrededor del mundo que se ven obligados a reunirse en secreto. También oraríamos por nosotros mismos, de modo que aprendiéramos a amar la Palabra como ellos.

Si examinamos a fondo el mercado cristiano, encontraremos una plétora de libros, canciones y cuadros que pintan a Dios como un Padre amoroso. Y así es Él. Con todo, no es solo un Padre amoroso, y limitar nuestro entendimiento de Dios a este cuadro, en definitiva, distorsiona la imagen de Él que tenemos en nuestra cultura. Es verdad, Dios es un Padre amoroso, pero también es un Juez airado. En su ira, aborrece el pecado. Habacuc oró a Dios: «Son tan puros tus ojos que no puedes ver el mal; no te es posible contemplar el sufrimiento»2. En algún sentido, Dios aborrece a los pecadores. Te preguntarás: «¿Qué sucede con lo de que “Dios aborrece el pecado pero ama al pecador”?». Bueno, lo que sucede es lo que dice la Biblia. Un salmista dijo de Dios: «No hay lugar en tu presencia para los altivos, pues aborreces a los malhechores».

Nuestra comprensión de quién es Dios y quiénes somos nosotros afecta de manera drástica nuestra comprensión de quién es Cristo y por qué lo necesitamos. Por ejemplo, si Dios no es más que un Padre amoroso que quiere ayudar a la gente, veríamos a Cristo como un simple ejemplo de ese amor. Veríamos la cruz como una simple demostración del amor de Dios por el que permitió que los soldados romanos crucificaran a su Hijo, a fin de que el hombre pecador pueda saber cuánto nos ama. Sin embargo, este cuadro de Cristo y de la cruz es tristemente inadecuado y pierde todo el contenido del evangelio. No somos salvos de nuestros pecados porque los judíos y los oficiales romanos juzgaron a Jesús con falsedades y Pilato lo sentenció a muerte. Tampoco somos salvos porque los verdugos romanos clavaran clavos en las manos y en los pies de Cristo y lo colgaran en la cruz. ¿Creemos de verdad que el falso juicio al que sometieron a Cristo pagaría la deuda de los pecados de toda la humanidad? ¿Creemos de verdad que una corona de espinas, unos azotes, unos clavos y una cruz de madera junto con todas las otras facetas de la crucifixión que hacemos atractivas son lo bastante poderosas como para salvarnos? Imagina a Cristo en el jardín de Getsemaní. Al arrodillarse ante su Padre, de su cabeza caen gotas de sudor mezcladas con sangre. ¿Por qué está en medio de semejante agonía y dolor? No es porque le tema a la crucifixión. No tiembla por lo que los soldados romanos están a punto de hacerle. Desde ese día, un sinnúmero de hombres y mujeres en la historia del cristianismo ha muerto por su fe. A algunos no solo los colgaron de una cruz, sino que los quemaron vivos crucificados. Muchos de ellos fueron cantando hacia la cruz.

¿Por qué Jesús temblaba en el jardín mientras lloraba lleno de angustia? Podemos estar seguros de que no era un cobarde a punto de enfrentar a los soldados romanos. Por el contrario, era un Salvador que estaba a punto de soportar la ira divina. Escucha estas palabras: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa». La «copa» no hace referencia a la cruz de madera, sino al juicio divino. Es la copa de la ira de Dios [Apocalipsis 14:10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;]. Esto fue lo que lo hizo querer retroceder a Jesús cuando estaba en el jardín. Toda la santa ira de Dios hacia el pecado y los pecadores, acumulada desde el principio del mundo, estaba a punto de derramarse sobre Él, y suda sangre ante semejante pensamiento.

Un predicador lo describió como si tú y yo estuviéramos parados a unos escasos noventa metros de una represa de agua de quince mil kilómetros de alto por quince mil kilómetros de ancho. De repente, esa represa se rompe y un torrente de agua se abalanza sobre nosotros. Justo cuando está a punto de alcanzarnos, se abre la tierra frente al lugar donde nos encontramos y se traga toda el agua. En la cruz, Cristo bebió toda la copa de la ira de Dios y cuando acabó la última gota, le dio vuelta a la copa hacia abajo y exclamó: «Consumado es». Este es el evangelio. El Creador justo y amoroso del universo miró a la pecaminosa gente sin esperanza y envió a su Hijo, Dios hecho carne, para ejemplar de muestra – adquiere el original en tu libreria amiga soportar en la cruz su ira contra el pecado y mostrar su poder sobre el pecado en la resurrección, de modo que todos los que confían en Él se reconciliaran con Dios para siempre.

No encontrarás un versículo en la Escritura en el que se le diga a la gente: «Inclina la cabeza, cierra los ojos y repite después de mí». No encontrarás un lugar donde se mencione siquiera la oración supersticiosa de un pecador. Y no encontrarás un énfasis en aceptar a Jesús8. Hemos tomado al infinitamente glorioso Hijo de Dios, que soportó la infinitamente terrible ira de Dios y que ahora reina como el infinitamente digno Señor de todo, y lo hemos reducido a un pobre e insignificante Salvador que tan solo nos ruega que lo aceptemos. ¿Aceptarlo? ¿De verdad pensamos que Jesús necesita nuestro arrepentimiento? ¿No es que nosotros lo necesitamos a Él?

Se nos ha enseñado que todo lo que se requiere es una decisión, tal vez hasta una aceptación solo intelectual de Jesús y que, luego, no debemos preocuparnos por sus demandas, sus normas ni su gloria. Tenemos un boleto para el cielo y podemos vivir como se nos dé la gana en la tierra. Se nos tolerará el pecado durante el camino. Hoy en día, gran parte de la evangelización moderna se construye sobre la idea de conducir a la gente por este camino, y las multitudes van en tropel detrás de estas premisas, pero al final es un camino construido sobre arena que se hunde y corre el riesgo de desilusionar a millones de almas.

No solo somos salvos para que nuestros pecados sean perdonados ni para asegurarnos la eternidad en el cielo, sino que somos salvos para conocer a Dios.

El problema que tenemos es que, en nuestra cultura, nos sentimos tentados a cada instante a confiar en nuestro propio poder.

James Truslow Adams, a quien se le adjudica haber acuñado la frase «sueño americano» en 1931, se refirió a él como «un sueño […] en el cual cada hombre y cada mujer pueden llegar al máximo de su capacidad innata y pueden ser reconocidos por los demás por lo que son»

Mientras que el objetivo del sueño americano es engrandecernos, el objetivo del evangelio es engrandecer a Dios.

Lee el resto de Josué 6 y verás cómo tomaron la ciudad de Jericó tal como lo ordenó Dios. Entonces, fíjate con cuidado en lo que no ves. No ves a todos estos israelitas dirigiéndose a los que tocaron la trompeta para decirles el trabajo tan increíble que realizaron ese día. Casi puedo oírlos hoy: «Abisai, nunca te había oído tocar la trompeta tan bien». «Nimrod, vaya hombre, estuviste impecable cuando tocaste ese Mi alto». No. En su lugar, vemos al pueblo de Israel reconociendo que solo Dios podía haber hecho aquello. Esa es la manera en que obra Dios. Pone a sus hijos en posiciones donde necesiten con urgencia su poder y, luego, muestra su provisión de modo tal que despliega su grandeza.

Los cristianos estamos viviendo el sueño americano en el contexto de nuestras comunidades de fe. Nos hemos convencido de que si podemos ubicar nuestros recursos y organizar las estrategias, seremos capaces de lograr en la iglesia, como en todas las demás esferas de la vida, cualquier cosa que nos propongamos.

Es verdad que planeamos, organizamos y creamos, pero todo lo hacemos mientras ayunamos, oramos y confesamos sin cesar nuestra necesidad de provisión de Dios. En lugar de depender de nosotros mismos, expresamos una radical desesperación por el poder de su Espíritu y confiamos en que Jesús está listo para darnos todo lo que pidamos de modo que pueda engrandecer a nuestro Padre en este mundo.

El mensaje del cristianismo bíblico no es «Dios me ama, punto y aparte», como si fuéramos el objeto de nuestra propia fe. El mensaje del cristianismo bíblico es «Dios me ama para que yo dé a conocer entre las naciones sus caminos, su salvación, su gloria y su grandeza».

Tomamos el mandamiento de Jesús en Mateo 28 de hacer discípulos a todas las naciones y decimos: «Esto se refiere a otros». Entonces, miramos el mandamiento de Jesús en Mateo 11:28: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso», y decimos: «Bueno, esto se refiere a mí». Tomamos la promesa de Jesús en Hechos 1:8, donde dice que el Espíritu nos guiará a los confines de la tierra y decimos: «Eso se refiere a algunos». En cambio, tomamos la promesa de Jesús en Juan 10:10 de que tendremos vida abundante y decimos: «Esto se refiere a mí».

En este proceso, hemos trazado de manera innecesaria (y antibíblica) una línea de distinción que les asigna las obligaciones del cristianismo a unos pocos, mientras que mantiene los privilegios del cristianismo para todos. De esta misma manera, decidimos enviar a otros a llevar a cabo el propósito global del cristianismo, mientras el resto de nosotros se cruza de brazos solo porque «no tenemos ese llamado».

Una mayoría de los individuos que se supone que han sido salvos de la condenación eterna mediante el evangelio, ahora se cruzan de brazos e inventan excusas para no testificarle del evangelio al resto del mundo.

Los que dicen que no se puede hacer deberían apartarse del camino de los que lo están haciendo.

«Te he bendecido para mi gloria. No para que tengas una vida cómoda con una gran casa y un bonito auto. No para que gastes fortunas en vacaciones, educación o ropa. Estas cosas no son malas, pero te he bendecido para que las naciones me conozcan y vean mi gloria».

Hacer discípulos no es un proceso fácil. Es fatigoso. Es complicado. Es lento, tedioso y hasta doloroso algunas veces. Tiene todas estas características porque se basa en relaciones.

En primer lugar, conforme a lo que dijo Jesús, para hacer discípulos es necesario ir. Es necesario llevarles el evangelio a las personas a donde viven, trabajan y juegan. Hacer discípulos no es un llamado para que los demás vengan a oír el evangelio, sino que es un mandamiento a ir y entregarles el evangelio. Es un mandamiento a vivir y hablar el evangelio en todo momento y en todo contexto donde nos encontremos.

Hacer discípulos no tiene que ver con un programa ni un suceso, sino con una relación. Al dar el evangelio, impartimos vida y esta es la esencia de hacer discípulos. Es compartir la vida de Cristo. Por esa razón, hacer discípulos no es solo ir, sino también bautizar.

Era un ex alcohólico, adicto y traficante de droga que había sido salvo de manera radical por la gracia de Dios. (Como comentario al margen, diré que hace poco se acercó a los muchachos de nuestra iglesia que lideran el trabajo en el extranjero y les dijo que tenía habilidades para contribuir con el contrabando a fin de pasar clandestinamente Biblias en las fronteras. Es decir, ¡preguntó si estábamos interesados en usar su experiencia!).

Para enseñarle a otro cómo orar, nosotros debemos saber orar. Para ayudar a alguien a que aprenda cómo estudiar la Biblia, necesitamos estar activos en el estudio de la Biblia. Sin embargo, esto es lo bello de hacer discípulos. Cuando asumimos la responsabilidad de ayudar a otros a creer en Cristo, esto lleva de forma automática nuestra relación con Cristo a un nuevo nivel.

En una cultura donde lo mayor es siempre lo mejor y lo deslumbrante es siempre lo más eficaz, Jesús nos llama a cada uno de nosotros a concentrar nuestra vida de manera sencilla y humilde en los demás. Lo cierto es que no se puede compartir la vida de este modo con las masas ni con las multitudes. Jesús no lo hizo. Pasó tres años con doce hombres. Si el Hijo de Dios pensó que era necesario concentrar su vida en un pequeño grupo de hombres, nos engañamos a nosotros mismos si pensamos que podemos producir discípulos en serie hoy en día. El diseño de Dios para llevar el evangelio a todo el mundo es un proceso lento, deliberado y simple que implica que cada uno de sus hijos sacrifique todas las facetas de su vida para multiplicar la vida de Cristo en otros.

Esterilizar a un cristiano contra el mundo implica aislarlo en una caja de seguridad espiritual llamada el edificio de la iglesia y enseñarle a ser bueno. En esta estrategia, el éxito de la iglesia se define según lo grande que sea el edificio que tienes para albergar a todos los cristianos, y el objetivo es reunir la mayor cantidad de personas posible durante un par de horas todas las semanas en ese lugar donde estamos aislados de las realidades del mundo que nos rodea. Cuando alguien pregunta: «¿Dónde está tu iglesia?», señalamos un edificio o les damos una dirección y todo se centra alrededor de lo que sucede en ese lugar. Cuando nos reunimos en el edificio, aprendemos a ser buenos. Ser buenos significa evitar al mundo. Somos santos por esas cosas de las que no participamos (y en este sentido, debemos ser la única organización en el mundo que define el éxito por lo que no se hace). Llevamos vidas decentes, en hogares decentes, con trabajos decentes y familias decentes, como ciudadanos decentes. Somos miembros decentes de la iglesia con un poco más de impacto en el mundo de lo que teníamos antes de ser salvos. Aunque se nos puedan unir miles, a fin de cuentas les hemos dado las espaldas a miles de millones que no han oído hablar de Jesús. Discipular es algo muy distinto.

Buenas intenciones, cultos regulares y hasta el estudio de la Biblia no nos impiden la ceguera. Parte de nuestra naturaleza pecaminosa escoge por instinto ver lo que queremos ver y no tomar en cuenta lo que deseamos no tener en cuenta. Puedo vivir mi vida cristiana y hasta liderar la iglesia mientras que, sin querer, paso por alto el mal.

Cualquiera que desee proclamar la gloria de Cristo hasta los confines de la tierra debe considerar no solo cómo declarar el evangelio con palabras, sino cómo demostrar el evangelio de manera visible en un mundo donde hay tantos con un hambre desesperante. Si voy a tratar la urgente necesidad espiritual al transmitir el evangelio de Cristo o edificar al cuerpo de Cristo alrededor del mundo, no puedo pasar por alto su necesidad física cuando lo haga.

¿Cuál es la diferencia entre alguien que de manera deliberada se permite placeres sexuales mientras pasa por alto la Biblia respecto a la pureza moral y alguien que adrede se permite la búsqueda egoísta de cada vez más posesiones materiales mientras que hace caso omiso de lo que dice la Biblia respecto al cuidado de los pobres? La diferencia es que uno está relacionado con un tabú social en la iglesia y el otro está relacionado con una norma social dentro de la iglesia.

Atender a las necesidades de los pobres no es la base de nuestra salvación, no quiere decir que el uso de la riqueza que tenemos esté desconectado por completo de la misma. En realidad, cuidar de los pobres (entre otras cosas) es evidencia de nuestra salvación. La fe en Cristo que nos salva de nuestros pecados implica una transformación interna que tiene consecuencias externas. Según lo que dijo Jesús, puedes decir si alguien es seguidor de Cristo por el fruto de su vida. Además, los escritores del Nuevo Testamento nos muestran que el fruto de la fe en Cristo implica una preocupación material por los pobres3. Cuidar de los pobres es una consecuencia natural y una evidencia necesaria de la presencia de Cristo en nuestros corazones. Si no hay señales de que cuidemos de los pobres, existe una razón para al menos cuestionarse si Cristo está en nuestros corazones.

Cuando volvemos la vista atrás y vemos a los que asistían a la iglesia y tenían esclavos hace ciento cincuenta años, nos preguntamos: «¿Cómo podían tratar a sus congéneres de esa manera?». Me pregunto si los seguidores de Cristo dentro de ciento cincuenta años mirarán a los cristianos de Estados Unidos del día de hoy y se preguntarán: «¿Cómo podían vivir en semejantes casas? ¿Cómo podían conducir esos autos tan lujosos y vestirse con ropa tan costosa? ¿Cómo podían vivir con tanta riqueza mientras que miles de niños morían debido a que no tenían comida ni agua? ¿Cómo podían seguir adelante con sus vidas como si no existieran miles de millones de pobres?».

La riqueza no es mala por naturaleza. La Escritura no condena a los ricos ni a las posesiones en sí. Por cierto, enseña que Dios nos da los recursos materiales para nuestro bien. Como dice Pablo, Dios «nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos»6. Sería un gran error si alguien terminara este capítulo y pensara que el dinero y las posesiones son por necesidad malas; en realidad, son buenas dádivas de la mano de Dios cuyo fin es que las disfrutemos y que las usemos para hacer correr su gloria.

El solo hecho de ser pobre no hace recta a una persona delante de Dios para que vaya al cielo. Sin embargo, al mismo tiempo, una hojeada rápida de la Escritura muestra que Dios oye, alimenta, satisface, rescata, defiende, levanta al pobre que confía en Él y le asegura la justicia.

¿Existe entre muchos cristianos en nuestra cultura la suposición oculta de que si seguimos a Dios las cosas nos irán bien en el aspecto material? Este modo de pensar está explícito en la enseñanza de la salud y la prosperidad, y está implícito en las vidas de los cristianos que usan sus posesiones casi de la misma manera que lo hacen sus vecinos que no son cristianos.

Algunos tratan de universalizar las palabras de Jesús y dicen que siempre les ordena a sus seguidores que vendan todo lo que tienen y que se lo den a los pobres. Sin embargo, el Nuevo Testamento no apoya esta postura. Incluso, algunos de los discípulos, que por cierto abandonaron mucho para seguir a Cristo, seguían teniendo una casa, quizá hasta un barco y tal vez alguna clase de sustento material. Entonces, es obvio que seguir a Jesús no necesariamente implica la pérdida de toda nuestra propiedad privada y de nuestras posesiones.

Debemos ver el otro error en la interpretación de Marcos 10, que es suponer que Jesús nunca les pide a sus seguidores que abandonen todas sus posesiones para seguirlo. Si Marcos 10 nos enseña algo, eso es que Jesús algunas veces le pide a la gente que venda todo lo que tiene y se lo dé a los pobres20. Esto quiere decir que puede llamarnos a ti o a mí a hacer esto. Me encanta cómo lo enuncia un escritor. Él dice: «Solo esos a los que va dirigido este mandamiento son los que se sienten aliviados de que Jesús no les haya ordenado a todos sus seguidores que vendan sus posesiones».

Cuando Jesús nos pide que nos liberemos de las cosas, que las sacrifiquemos, que las vendamos, que las regalemos, no es fácil. ¿Qué haremos? ¿Dónde viviremos? ¿Y si nos sucede algo inesperado en el futuro? Nuestro sentido de seguridad y estabilidad se ve amenazado de inmediato cuando pensamos en dejar que Jesús reine de verdad sobre nuestras posesiones.

Cuando Dios nos dice que demos de manera extravagante, podemos estar seguros de que Él hará lo mismo con nosotros. Y, en realidad, este es el verdadero quid de la cuestión. ¿Confiamos en Él? ¿Confiamos en Jesús cuando nos dice que demos radicalmente por el bien de los pobres? ¿Confiamos en que Él proveerá para nosotros cuando comencemos a usar los recursos que nos ha dado para proveer para los demás? ¿Confiamos en que sabe lo que es mejor para nuestras vidas, nuestras familias y nuestros futuros financieros?

Casi todos nosotros en nuestra cultura y en la iglesia estadounidense no le creemos a Jesús ni a Pablo. No creemos que nuestra riqueza pueda ser una barrera para entrar al reino de Dios. Nos conformamos con pensar que nuestra riqueza, nuestra comodidad y nuestras posesiones materiales son bendiciones. No podemos verlas como barreras. Pensamos como piensa el mundo, que la riqueza siempre es para nuestro bien. No obstante, Jesús dice justo lo contrario. Afirma que la riqueza puede ser un obstáculo peligroso.

1 Timoteo 6 […] : «Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción».

2 Corintios 8—9, destaca que Dios «nos ha impuesto la frugalidad y la temperancia, y ha prohibido que alguno tenga en exceso y saque ventaja de su abundancia. Entonces, los que tengan riquezas […] consideren que su abundancia no tiene como propósito la intemperancia ni el exceso, sino el alivio de las necesidades de sus hermanos». Como manifestación práctica de esta verdad, Calvino dijo una vez que la mitad de los fondos de la iglesia deberían asignarse de manera específica a los pobres (algo que está muy lejos de los presupuestos de la mayoría de las iglesias hoy en día). Aunque no esperaba que todos disfrutaran de los mismos recursos, Calvino llegó a la conclusión de que «no se puede permitir que nadie muera de hambre».

¿Qué sucedería si juntos dejáramos de darles las sobras a los pobres y comenzáramos a dar el exceso? ¿Qué sucedería si comenzáramos a dar no solo lo que podemos dar, sino más de lo que podemos?

Cuanto más espacio hay en una casa, más cosas se «necesitan» para llenarla.

La manera en que usamos nuestro dinero es un barómetro de nuestra condición espiritual actual. El descuido de los pobres ilustra mucho respecto a dónde está nuestro corazón. Sin embargo, aun más, la manera en que usamos nuestro dinero es un indicador de nuestro destino eterno. La marca de los seguidores de Cristo es que sus corazones están en el cielo y sus tesoros se gastan allí.

En definitiva, a la gente no la condenan por no creer en Jesús. Las condenan por rechazar a Dios.

«No alcanzados» significa que determinado grupo étnico no tiene una comunidad indígena de cristianos evangélicos con números y recursos adecuados para esparcir el evangelio dentro de ese grupo étnico. «No comprometido» significa que ninguna iglesia ni organización está trabajando de manera activa dentro de ese grupo a fin de esparcir el evangelio.

Jesús les dijo a sus discípulos: «Los envío a lugares peligrosos, donde se encontrarán en medio de personas malas y feroces. Además, estarán allí por mi designio». También les dijo: «Vayan donde hay gran peligro y dejen que se diga de ustedes lo que se diría de ovejas que andan en medio de los lobos. “¡Están locos! ¡No tienen idea! ¡No saben en qué clase de peligro se están metiendo!” Esto es lo que quiere decir ser mi discípulo». Nosotros no pensamos de esa manera. Algunas de nuestras frases favoritas expresan algo así: «El lugar más seguro para estar es el centro de la voluntad de Dios». Pensamos: Si es peligroso, Dios no debe estar allí. Si es arriesgado, si es inseguro, si es costoso, no debe ser la voluntad de Dios. Sin embargo, ¿qué sucedería si estos factores fueran en realidad el criterio mediante el cual determinamos que algo es la voluntad de Dios? ¿Qué sucedería si comenzáramos a ver el designio de Dios como la opción más peligrosa que tenemos ante nosotros? ¿Qué sucedería si el centro de la voluntad de Dios es, en realidad, el lugar más inseguro para nosotros?

La clave es darse cuenta, y creer, que este mundo no es nuestro hogar. Si esperamos liberarnos alguna vez de los deseos mundanos, del pensamiento mundano, de los placeres mundanos, de los sueños mundanos, de los ideales mundanos, de los valores mundanos, de las ambiciones mundanas y de los elogios mundanos, debemos concentrar nuestras vidas en otro mundo. Aunque tú y yo vivamos en Estados Unidos ahora, debemos fijar nuestra atención en «una patria mejor, es decir, la celestial».

Sacrificio es regalar lo que cuesta dar. Sacrificio no es dar según nuestra capacidad; es dar más allá de nuestra capacidad.

Es sabio gastar en lo que puede promover sustento a largo plazo entre los necesitados, en lugar de satisfacer las necesidades a corto plazo.

Recordé que cuando Dios decidió traernos la salvación a ti y a mí, no envió oro o plata, efectivo ni cheque. Se envió a sí mismo, al Hijo. Me sentí culpable por haber considerado siquiera la posibilidad de enviar dinero en lugar de venir en persona a Sudán. ¿Cómo le mostraré el evangelio al mundo si todo lo que les mando es dinero? ¿Era tan superficial en verdad como para pensar que mi dinero era la respuesta a las necesidades del mundo?

Vivas donde vivas, se nos ordena que vayamos y hagamos discípulos allí. A la luz del ejemplo de Jesús, nuestro impacto principal a las naciones se producirá a través de hacer discípulos justo a nuestro alrededor. Recuerda que Jesús no viajó a cada lugar del mundo mientras estaba en la tierra, y tampoco fue a todas las multitudes. Derramó su vida sobre unos pocos hombres por el bien de las multitudes en lugares a los que jamás iría Él. Por lo tanto, nuestro hogar, nuestra comunidad y nuestra ciudad son los lugares principales y albergan a la gente principal con la cual impactaremos las naciones para la gloria de Cristo.

Considera lo que sucedería si todos nosotros comenzáramos a mirar nuestras profesiones y campos de experiencia no solo como un medio para generar ingresos o como el desarrollo de una profesión en nuestro propio contexto, sino como plataformas para proclamar el evangelio en contextos alrededor del mundo. Considera lo que sucedería cuando la iglesia no solo envíe misioneros tradicionales al mundo, sino que también mande hombres y mujeres de negocios, maestros y estudiantes, médicos y políticos, ingenieros y técnicos que pongan en práctica el evangelio en contextos donde nunca iría un misionero tradicional.

Si la manera simple y radical de vivir de la que hablaba Jesús fuera más común en la iglesia, nos resultaría mucho más fácil vivir con sencillez. En cambio, miramos a nuestro alrededor y todos tienen bonitos autos, bonitas casas y estilos de vida caracterizados por los lujos, así que aceptamos que esta debe ser la norma para los cristianos. Tal vez cuando leemos la Biblia nos sintamos culpables, pero cuando nos miramos los unos a los otros, suponemos que debe estar bien, porque todos los demás viven de esa manera.

Ahora, creo en un Dios al que no puedo ver, hablo con Él en oración y procuro una relación con Él. He encontrado la salvación en Cristo, a quien no puedo ver. Anhelo la eternidad en una futura creación que no se ha visto. Ahora, busco la seguridad en mi fe. Todo esto le hubieran parecido tonterías al hombre que era hace un año. Sin embargo, el hombre que era hace un año y la vida mundana que conocía están en proceso de destrucción.

Ni siquiera la muerte como mártir se clasifica como obediencia extraordinaria cuando sigues a un Salvador que murió en la cruz. De repente, la muerte como mártir parece obediencia normal.

Tú y yo tenemos un promedio de setenta u ochenta años en esta tierra. Durante estos años, estamos bombardeados por lo temporal. Ganar dinero. Comprar bienes. Estar cómodos. Vivir bien. Divertirnos. En medio de todo eso, se nos ciega la vista a lo eterno. No obstante, allí está. Tú y yo estamos en el umbral de la eternidad. Pronto estaremos delante de Dios para rendirle cuentas de cómo hemos administrado el tiempo, los recursos, las dádivas y, en definitiva, el evangelio que nos ha confiado. Cuando llegue ese día, estoy convencido de que no desearemos habernos entregado más a vivir el sueño americano. No desearemos haber ganado más dinero, adquirido más bienes, vivido de manera más confortable, tomado más vacaciones, mirado más televisión, buscado una jubilación mejor o haber tenido más éxito a los ojos de este mundo. En cambio, desearemos habernos entregado más a vivir para el día en que toda nación, tribu, pueblo y lengua se inclinen alrededor del trono y canten alabanzas al Salvador que se deleita en la obediencia radical, y en el Dios que merece adoración eterna.

Creador soberano: Nehemías 9:6.
Conoce todas las cosas: 1 Juan 3:20
Sostiene todas las cosas: Salmos 104:24-30.
Dueño de todo: Deuteronomio 10:14.
Santo: 1 Samuel 2:2.
Recto: Deuteronomio 32:4.
Justo en la ira: Romanos 3:5-6.
Amoroso: 1 Juan 4:16.

Oye: Job 34:28.
Alimenta: Salmo 68:10.
Satisface: Salmo 22:26.
Rescata: Salmo 35:10.
Defiende: Salmo 82:3.
Levanta: 1 Samuel 2:8.
Asegura la justicia: Salmo 140:12.

Quiero tener mucho cuidado aquí de no implicar que el cuidado de los pobres es la base de nuestra salvación. Como vimos en el capítulo dos, la obra de Cristo en la cruz es la base de nuestra salvación y la fe en él es el medio por el cual Dios nos salva. Un fruto de nuestra fe es la preocupación por el pobre (lee Santiago 2:14-19 y 1 Juan 3:16-18). Entonces, cuando el pueblo de Dios estudia la verdad de la Palabra de Dios y ve la necesidad que lo rodea en el mundo, subsecuentemente responderá con la compasión de Cristo.

«El Nuevo Testamento siguió adelante con los principios fundamentales del Antiguo Testamento y del judaísmo intertestamentario con una notable omisión: nunca se prometió la riqueza material como recompensa garantida de la obediencia espiritual o del trabajo esforzado».

The man who knew infinity

The man who knew infinity

The man who knew infinity


Basada en hechos reales. Ramanujan es un hindú que de forma innata tiene amplios conocimientos matemáticos. Tratando de hacerse camino, logra ser aceptado en la Universidad de Cambridge donde además de enfrentar a los exigentes profesores, tiene que hacer frente a la discriminación en medio de la primera guerra mundial. Calificación de 8.
The man who knew infinity

The man who knew infinity

Lost and delirious

Lost and delirious

Lost and delirious


Una tímida adolescente llega a un internado y comparte habitación con otras dos chicas. Al poco tiempo se percata de que existe una relación entre ellas. Cuando el resto del mundo se entera, se desata un tiempo de desconcierto que termina en tragedia. Calificación de 5.
Lost and delirious

Lost and delirious

All things must pass

All things must pass

All things must pass


Documental que muestra la historia de la tienda musical Tower Records, desde sus orígenes hasta su caída. Sí, yo fui a la tienda en el DF y era impresionante la cantidad de música que uno podía encontrar. Calificación de 9.5
All things must pass

All things must pass