What the health

What the health

What the health


Decidido a no ser víctima de las enfermedades de las que han muerto sus antepasados, quien dirige el documental inicia una investigación en la que concluirá que la verdadera causa de las enfermedades se encuentra en la carnívora dieta que seguimos, respaldada por quienes deberían cuidar el régimen alimenticio. Da para ponerse a pensar. Calificación de 10.
What the health

What the health

28 days later

28 days later1

28 days later1


En Londres se ha desatado una epidemia de un virus que vuelve a las personas rabiosas y con ganas de comer gente. 28 días después, un joven despierta en un hospital para darse cuenta, en medio de una ciudad solitaria, de la magnitud de los hechos, y tendrá que empezar a arreglárselas para sobrevivir. Buena película, antes del boom por los zombies. Calificación de 10.
28 days later1

28 days later1

The zookeeper’s wife

The zookeeper's wife

The zookeeper’s wife


Basada en hechos reales. Otra de nazis. Esta vez, sobre una familia polaca que administra un zoologico en Varsovia. Tras el ataque e invasión alemán, están a punto de perderlo todo. Sin embargo aprovechan la situación para ser el medio por el cual muchos judíos pueden alcanzar la salvación. Calificación de 10.
The zookeeper's wife

The zookeeper’s wife

Frankenweenie

Frankenweenie

Frankenweenie


Víctor es un niño retraído que la mayor parte del tiempo la pasa junto a su perro Sparky. Tras un accidente en el que pierde la vida la mascota y como parte del proyecto de la feria de ciencias escolar, decide probar un experimento con el que buscará recuperar a su fiel amigo. Pero las envidias de sus compañeros, harán que todo se salga de control. Calificación de 10.
Frankenweenie

Frankenweenie

Aligere su equipaje

Max Lucado

Aligere su equipaje

Aligere su equipaje

¿Quién no ha sentido descontento, cansancio o está lleno de preocupaciones? ¿En algún momento quién no se ha quedado sin esperanza, sin vergüenza, desilusionado y con dudas? ¿O ha estado lleno de culpa, de tristeza y de temor a la soledad o a la muerte? Pues bien, Max Lucado nos guía a un análisis del conocido Salmo 23 para encontrar respuestas a todas esas sensaciones (y otras más) que significan una carga en nuestras vidas. El consejo es fácil: aligere su carga, tiene a Alguien a su lado. Lo difícil es creerlo. Calificación de 10.

En algún punto entre el primer paso al salir de la cama y el último al salir de casa, tomó algún equipaje. Caminó hasta la estera del equipaje y tomó su carga. ¿No recuerda haberlo hecho? Es porque lo hizo sin pensar; automáticamente. No recuerda haber visto una cinta transportadora. Es porque no es la del aeropuerto; esta otra está en la mente. Las valijas que llevamos no son de cuero; están hechas de cargas. La maleta de la culpa. Llevas un talego de descontento en un hombro y una bolsa de mano llena de penas en el otro. Agréguese a esto una mochila de dudas, un saco de dormir de soledad y un baúl de temores. Pronto estará llevando más cargas que un maletero de aeropuerto. No es extraño que al final del día esté tan cansado. Arrastrar equipaje es agotador.

«Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» ( 1 Pedro 5.7 ).

Los israelitas consideraban el nombre demasiado santo para ser pronunciado por labios humanos. Cuando necesitaban decir Jehová, sustituían la palabra por Adonai , que significa Señor. Si era necesario escribir el nombre, los escribas se bañaban antes de escribirlo, y luego destruían la pluma.

¿No ha tenido demasiados cambios en su vida? Las relaciones cambian. La salud cambia. El tiempo cambia. Pero el Jehová que gobierna la tierra hoy es el mismo que la gobernaba anoche. Las mismas convicciones. El mismo ánimo. El mismo amor. Él nunca cambia.

Los consejeros pueden consolarle en la tormenta, pero usted necesita un Dios que pueda calmar la tormenta. Los amigos pueden sostenerle la mano en el lecho de muerte, pero usted necesita un Jehová que haya vencido al sepulcro. Los filósofos pueden discutir el significado de la vida, pero usted necesita un Señor que declare el significado de la vida. Necesita a Jehová.

Todo lo que necesitaba era pedir perdón, pero me puse a discutir. Todo lo que necesitaba era oír, pero tuve que abrir la bocaza. Todo lo que necesitaba era ser paciente, pero tuve que tomar el control. Todo lo que tenía que hacer era dejárselo a Dios, pero traté de arreglarlo por mí mismo.

Los humanos queremos hacer las cosas a nuestra manera. Olvidamos la vía sencilla. Olvidamos el camino común. Olvidamos el mejor método. Olvidamos el camino de Dios. Queremos hacer las cosas a nuestra manera. Y según la Biblia ese es exactamente nuestro problema. «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino» ( Isaías 53.6 ).

¿A qué se debe que quienes más necesitan un pastor lo resisten tanto?

Lo que tiene no es suyo. Pregúntele a cualquier médico forense. Pregúntele a cualquier embalsamador. Pregúntele a cualquier director de una funeraria. Nadie se lleva nada consigo.

¿Y sabes algo más acerca de todas esas cosas? No son usted. Lo que usted es nada tiene que ver con la ropa que usa ni con el coche que conduce. Jesús dijo: «La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» ( Lucas 12.15 ). El cielo no lo conoce como el tipo del traje hermoso ni como la mujer de la casa grande ni el muchacho de la bicicleta nueva. El cielo conoce su corazón. «Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» ( 1 Samuel 16.7 ). Cuando Dios piensa en usted, se fija en su compasión, su devoción, su ternura o ligereza de mente, pero no en sus cosas.

Si se define por las cosas que tiene, se sentirá bien cuando tiene mucho y mal cuando tiene poco.

¿Espera que un cambio de circunstancias traerá un cambio en su actitud? Si es así, usted está en prisión, y necesita aprender un secreto para aligerar su equipaje. Lo que tiene en su Pastor es mayor que lo que no tiene en la vida. Permítame entrometerme por un momento. ¿Qué cosa específicamente se interpone entre usted y su gozo? ¿Cómo llenaría la línea siguiente?: «Seré feliz cuando __________________». Cuando sane. Cuando ascienda. Cuando me case. Cuando esté solo. Cuando sea rico. ¿Cómo podría terminar esta oración? Con su respuesta bien en mente, responda esto. ¿Si su barco nunca llega, si su sueño nunca se hace realidad, si su situación nunca cambia, podría ser feliz? Si dice que no, está durmiendo en la fría mazmorra del descontento. Está preso. Y necesita saber lo que tiene en su Pastor. Tiene un Dios que lo escucha, el poder del amor que lo respalda, el Espíritu Santo que vive en usted, y todo el cielo por delante. Si tiene al Pastor, tiene la gracia a su favor en todo pecado, dirección para cada decisión, una luz para cada rincón y un áncora para cada tormenta. Tiene todo lo que necesita.

¿Qué ganará usted con el contentamiento? Puede ganar su matrimonio. Puede ganar horas preciosas con sus hijos. Puede ganar respeto por sí mismo. Puede ganar gozo. Puede ganar la fe para decir: «Jehová es mi pastor; nada me faltará».

Vemos las olas en lugar de al Salvador que camina sobre ellas. Vemos nuestras míseras provisiones y no vemos a Aquel que puede alimentar a cinco mil hambrientos. Nos quedamos con los oscuros viernes de la crucifixión y nos perdemos los brillantes domingos de resurrección.

De las diez declaraciones grabadas en las tablas de piedra, ¿cuál ocupa más espacio? ¿El adulterio? ¿El homicidio? ¿El robo? Uno tiende a pensar así. Cada uno de ellos merece que se le dé espacio. Pero es curioso: estos mandamientos son un tributo a la brevedad. Dios necesitó sólo tres palabras en castellano para condenar el adulterio y sólo dos para denunciar el robo y el homicidio. Pero cuando se llegó al tema del reposo, no bastó una oración. «Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó» ( Éxodo 20.8–11 ).

Los pastos verdes no eran el paisaje natural de Judea. Las colinas de Belén donde David cuidaba su rebaño no eran fértiles ni verdes. Aún en la actualidad son casi desérticas. Los pastos verdes de Judea se deben al trabajo de algunos pastores. Han limpiado el terreno áspero y rocoso. Han quitado los tocones y las han quemado junto con la maleza. Riego, cultivo. Ese es el trabajo de un pastor. Por eso cuando David dice «en lugares de delicados pastos me hará descansar», en realidad dice: «Mi pastor me hace descansar en su obra terminada». Con sus manos horadadas, Jesús creó una pradera para el alma. Arrancó los espinosos arbustos de la condenación. Arrancó los enormes peñascos del pecado. En su lugar puso simiente de gracia y cavó lagunas de misericordia. Y nos invita a reposar allí. ¿Puede imaginarse la satisfacción en el corazón del pastor cuando, acabado el trabajo, ve a sus ovejas descansando en lugares de delicados pastos? ¿Puede imaginar la satisfacción en el corazón de Dios cuando hacemos lo mismo? Sus pastos son su don para nosotros. No son pastos que hemos cultivado. Tampoco son pastos que merecemos. Son un don de Dios. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios» ( Efesios 2.8 ).

La ansiedad divide nuestra energía entre las prioridades de hoy y los problemas de mañana. Parte de nuestra mente está en el ya; el resto está en el todavía no. El resultado es una vida con la mente dividida. Ese no es el único resultado. La preocupación no es una enfermedad, pero causa enfermedades.

«No sé qué haré si mi esposo muere». Lo sabrás en el momento oportuno. «Cuando mis hijos dejen la casa, no creo que pueda soportarlo». No será fácil, pero la fortaleza llegará en el momento oportuno.

Enfrente los problemas de hoy con la energía de hoy. No se fije en los problemas de mañana hasta mañana. Aun no tiene las fuerzas de mañana. Ya tiene suficiente para el día de hoy.

Nuestro claro deber no es ver lo que apenas se ve en la distancia, sino hacer lo que tenemos al alcance de la mano.

Anoche estaba preocupado en mi sueño. Soñé que se me diagnosticaba la misma enfermedad degenerativa de los músculos que le quitó la vida a mi padre. Desperté del sueño y, en medio de la noche, comencé a preocuparme. Entonces vinieron a mi mente las palabras de Jesús: «No os afanéis por el día de mañana». Y definitivamente, decidí no hacerlo. Arrojé ese pesado saco. Después de todo, ¿por qué permitir que los problemas imaginarios del mañana nos roben el reposo nocturno? ¿Puedo evitar la enfermedad si permanezco despierto? ¿Retardaré la aflicción pensando al respecto? No, por supuesto. Así que hice la cosa más espiritual que pude haber hecho. Me volví a dormir.

El Señor nos promete una lámpara a nuestros pies, no una bola de cristal para mirar el futuro. No tenemos que saber lo que ocurrirá mañana. Basta saber que Él nos guía y que vamos a «alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» ( Hebreos 4.16 ).

«Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo» ( Mateo 28.20 ). Necesitamos ese recordatorio. Todos lo necesitamos. Porque todos necesitamos esperanza.

La humildad es una virtud tan escurridiza. Una vez que uno piensa que la tiene, ya no está, o no debería pensar que la ha alcanzado.

Ser humilde no significa que usted piense que no tiene nada para ofrecer; significa que sabe exactamente lo que puede ofrecer y nada más.

[Adquirí] el hábito de expresarme con palabras de modesta timidez, y dejé de usar expresiones anticipadas que pudieran quedar desmentidas como: con toda seguridad, indudablemente, absolutamente, o cualquiera otra que diese una autoridad positiva a una pura opinión. Más bien digo: Pienso que … Esto lo entiendo así … Creo que este hábito ha sido de gran utilidad para mí».

¿Siente que necesita palabras que lo animen? ¿Necesita atención su autoestima? No es necesario que ande mencionando nombres importantes ni de que se ande luciendo delante de los demás. Sólo necesita detenerse al pie de la cruz y acordarse de esto: El Creador de las estrellas prefirió morir por usted antes que vivir sin usted. Ese es un hecho. Si necesita gloriarse, gloríese en eso.

El ejercicio puede darnos unos pocos latidos más. La medicina puede concedernos algunos respiros más. Pero a la postre, hay un fin. La mejor manera de enfrentar la vida es ser sincero acerca de la muerte.

«En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» ( Juan 14.2–3 ). Nótese la promesa de Jesús: «Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Promete llevarnos al hogar. No delega esa tarea. Puede enviar misioneros que te enseñen, ángeles que te protejan, maestros que te guíen, cantores que te inspiren y médicos que te curen, pero no envía a otro para que te lleve. Esa tarea la reserva para sí mismo. «Vendré otra vez, y os tomaré conmigo». Él es su Pastor personal. Es personalmente responsable de llevarlo al hogar. Dado que Él está presente cuando muere alguna de sus ovejas, podemos decir lo que dijo David: «No temeré mal alguno».

Lo que Dios dijo a Moisés se lo dice a usted: «Mi presencia irá contigo, y te daré descanso» ( Éxodo 33.14 ). Lo que Dios dijo a Jacob se lo dice a usted: «Yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres» ( Génesis 28.15 ). Lo que Dios dijo a Josué se lo dice a usted: «Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé» ( Jos 1.5 ). Lo que Dios dijo a la nación de Israel se lo dice a usted: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo» ( Isaías 43.2 ). El Buen Pastor está con usted. Porque está con usted, puede decir lo que David dijo: «No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento».

Isaías 57.1–2 : «Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz, descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios». La muerte es el método de Dios para sacar del mal a la gente. ¿De qué clase de mal? ¿Una enfermedad extensa? ¿Una adicción? ¿Una tenebrosa ocasión para la rebelión? No sabemos, pero sí sabemos que ninguna persona vive un día más ni un día menos de lo establecido por Dios.

En el plan de Dios, cada vida es suficientemente larga y cada muerte ocurre en el momento oportuno. Aunque usted y yo pudiéramos desear una vida más larga, Dios sabe mejor las cosas. Y, esto es importante, aunque usted y yo quisiéramos una vida más larga para nuestros seres amados, ellos no. Irónicamente, el primero que acepta la decisión de Dios acerca de la muerte es el que muere.

A la muerte no se le resta importancia, ni se pasa por alto. Enfréntela, luche contra ella, cuestiónela o condénela, pero no la niegue. Como dijo su hijo Salomón: Es «tiempo de llorar» ( Eclesiastés 3.4 ). No oiga, pero perdone a quienes lo exhortan a no llorar. Dios le guiará a través, no alrededor, del valle de sombra de muerte.

No mida la altura de la montaña; hable a aquel que la puede mover. En vez de llevar el mundo a sus espaldas, háblele al que sostiene el universo en las suyas. Tener esperanza es mirar hacia adelante.

La soledad no es la ausencia de rostros. Es la ausencia de intimidad. La soledad no proviene de estar solo; proviene de sentirse solo. Sentir como si usted estuviera enfrentando la muerte solo, enfrentando la enfermedad solo, enfrentando el futuro solo. Sea que ocurra en su cama durante la noche o mientras se dirige al hospital, en el silencio de una casa vacía o en medio de un bar muy concurrido, la soledad se presenta cuando uno piensa: Me siento tan solo. ¿Le importa a alguien?

Puede enfrentar la muerte, pero no está solo al enfrentarla; el Señor está con usted. Puede enfrentar el desempleo, pero no está solo al enfrentarlo; el Señor está con usted. Puede enfrentar graves luchas matrimoniales, pero no está solo al enfrentarlas; el Señor está con usted. Puede enfrentar deudas, pero no está solo al enfrentarlas; el Señor está con usted. Subraye estas palabras: No está solo.

Por temor de no caer bien, tomamos drogas. Por temor de no destacarnos, usamos cierta clase de ropa. Por temor de parecer poca cosa, nos endeudamos y compramos una casa. Por temor de pasar inadvertidos, nos vestimos para seducir o para impresionar. Por temor de dormir solos, dormimos con cualquiera. Por temor de no ser amados, buscamos amor en lugares malos. Pero todo eso cambia cuando descubrimos el perfecto amor de Dios.

¿Es Pedro la única persona que ha hecho lo que prometió que no haría jamás? «¡Basta de infidelidades!» «De ahora en adelante voy a poner freno a mi lengua». «No más tratos oscuros. He aprendido la lección». ¡Qué volumen el de nuestra jactancia! ¡Qué quebranto el de nuestra vergüenza! En vez de resistir el coqueteo, lo correspondemos. En vez de desoír el chisme, lo difundimos. En vez de apegarnos a la verdad, la escondemos. El gallo canta, y la convicción de pecado nos taladra, y Pedro halla un compañero en las sombras. Lloramos como Pedro lloró, y hacemos lo que Pedro hizo. Nos vamos a pescar. Volvemos a nuestra vida antigua. Volvemos a nuestras prácticas de antes que conociéramos a Jesús. Hacemos lo que viene en forma natural, en vez de hacer lo que viene en forma espiritual. Y dudamos que Jesús tenga un lugar para tipos como nosotros.

Jesús preparó mesa en la presencia del enemigo. Permitió que Judas viera la cena, pero no le permitió quedarse. No eres bien recibido. Esta mesa es para mis hijos. Puedes tentarlos. Puedes ponerles tropiezos. Pero nunca te sentarás con ellos. Mucho nos ama. Si quedase alguna duda, en el caso de que hubiera algunos «Pedros» que se preguntan si habrá lugar en la mesa para ellos, Jesús les da un tierno recordatorio cuando pasa la copa: «Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados» ( Mateo 26.27–28 ). «Bebed de ella todos ». Los que se sienten indignos, beban. Los que se sienten avergonzados, beban. Los que se sienten confundidos, beban.

Lo que se hace en secreto es mejor no hacerlo.

Podemos seguir el ejemplo del apóstol Pablo. Su meta era ser misionero en España. Sin embargo, en vez de enviar a Pablo a España, Dios lo puso en prisión. Sentado en una cárcel romana, Pablo podría haber tomado la misma decisión que la señorita Haversham, pero no lo hizo. En cambio, dijo: «Mientras esté aquí voy a aprovechar y escribir algunas cartas». Por eso nuestra Biblia tiene las Epístolas a Filemón, a los Filipenses, a los Colosenses y a los Efesios. 1 Nos hay dudas de que Pablo habría hecho una gran obra en España. Pero, ¿sería comparable con la obra de esas cuatro cartas? Usted se ha sentado donde Pablo se sentó. Sé que sí. Usted estaba bien entusiasmado en su camino a España o a la universidad o al matrimonio o a su independencia … pero se presentó el despido o el embarazo o la enfermedad de sus padres. Y terminó encarcelado. Chao, España. Hola, Roma. Adiós ilusiones. Hola desilusión. Hola, tristeza. ¿Cómo se las arregló? Mejor, ¿cómo se las está arreglando? ¿Necesita alguna ayuda? Tengo exactamente lo que necesita. Cinco palabras en el versículo cinco del Salmo 23 : «Unges mi cabeza con aceite».

En el antiguo Israel los pastores usaban el aceite con tres propósitos: repeler los insectos, prevenir los conflictos y curar las heridas.

Muchas de las desilusiones de la vida comienzan como irritaciones. La mayor porción de nuestros problemas no son de proporciones similares al ataque de un león, sino más bien del enjambre de frustraciones y quebrantos del día a día. No nos invitan a la fiesta. No nos incluyen en el equipo. No obtuvimos la beca. El jefe no toma nota de nuestro arduo trabajo. El marido no se da cuenta del traje nuevo de la esposa. El vecino no nota el desorden que tiene en el patio. Uno se siente más irritable, más melancólico, más … bueno, más herido.

Dice: «Unges mi cabeza con aceite». No dice «tus profetas», «tus maestros» ni «tus consejeros». Otros pueden guiarnos a Dios. Otros pueden ayudarnos a entender a Dios. Pero nadie hace la obra de Dios, porque solo Dios puede sanar.

Su copa podría estar baja en dinero o ropa, pero rebosa en misericordia. Podría no tener un estacionamiento de lujo, pero tiene suficiente perdón. «Será amplio en perdonar» ( Isaías 55.7 ). Su copa rebosa en gracia.

La esperanza de Dios entra en nuestro mundo. Sobre el enfermo, Él envía el rayo de curación. Para el afligido, da la promesa de reunión. Para el moribundo, prepara la llama de la resurrección. Al confundido, ofrece la luz de las Escrituras. Dios da esperanza.

Antes que desear lo que otros tienen, ¿no deberíamos preguntarnos si tienen lo que nosotros tenemos? En vez de estar celosos de ellos ¿no es mejor sentir lástima de ellos?

Confíe en su fe y no en sus sentimientos.

La más grande calamidad no es sentirse lejos de su casa cuando lo está, sino sentirse como en su casa cuando no lo está.

¿Qué palabra describe su cuerpo? ¿Mi cuerpo canceroso ? ¿Mi cuerpo artrítico ? ¿Mi cuerpo deformado ? ¿Mi cuerpo limitado ? ¿Mi cuerpo adicto ? ¿Mi cuerpo que engorda permanentemente ? Las palabras pueden ser diferentes, pero el mensaje es el mismo: los cuerpos son débiles. Comenzaron a decaer en el minuto en que comenzamos a respirar. Y, según Dios, es una parte del plan. Cada arruga y cada fastidio es un paso más cerca del último paso, cuando Jesús cambie nuestros cuerpos comunes en cuerpos eternos. No más dolor. No más depresión. No más enfermedad. No más fin. Esta no es nuestra casa permanente. Puede servir por ahora. Pero no hay nada como el momento en que entremos por la puerta de nuestra casa para siempre.

Freaks

Freaks

Freaks


En un circo cuya principal atracción son personas con deformidades, surge una historia de amor mezclada con burla, egoísmo y abuso. Calificación de 10.
Freaks

Freaks

El Sicario – Room 164

El Sicario - Room 164

El Sicario – Room 164


Testimonio de un experimentado sicario que durante 20 años trabajó bajo las órdenes de algún cártel del narcotráfico mexicano y su posterior conversión cuando es enfrentado consigo mismo. Calificación de 10.
El Sicario - Room 164

El Sicario – Room 164

Al final del túnel

Al final del túnel

Al final del túnel


Un hombre en silla de rudeas decide alquilar una habitación a una mujer y su hija. Será el inicio de una serie de sucesos que pondrán al límite su vida. Calificación de 10.
Al final del túnel

Al final del túnel

The eagle huntress

The eagle huntress

The eagle huntress


Aisholpan tiene 13 años, vive en Mongolia y contra todos los pronósticos quiere continuar la tradición de sus antepasados: ser una cazadora con águila. El problema es que es mujer y eso nunca ha sucedido. Loo bueno es que su familia la apoya. Calificación de 10

The eagle huntress

The eagle huntress

Cuando Dios dice no

Leith Anderson

Cuando Dios dice no

Cuando Dios dice no


¿Por qué las oraciones no son contestadas, o por qué no se concede mi petición? ¿Por qué tarda tanto en llegar una respuesta? Son sólo algunas de las interrogantes que durante la vida nos hacemos respecto a nuestras necesidades puestas en oración. El autor nos da algunas posibles respuestas y nos encamina más bien a tener una mejor relación con el Creador, que sea independiente de si nuestras necesidades son cubiertas o no. Además, cada capítulo termina con un modelo de oración que se puede aplicar al tema respectivo. Calificación de 10. Muy inspirador y necesario para estos tiempos que corren.

En defensa de Dios, los cristianos explican que siempre responde pero que sus réplicas pueden caer en tres categorías (1) «Sí», (2) «No» o (3) «Luego». El «Sí» se nos dificulta poco. ¡Es una respuesta que deleita! Rápida y correctamente les contamos a la mayor cantidad posible de personas que experimentamos una «verdadera respuesta a la oración», aunque algunas veces nuestras celebraciones parece que nos asignan más crédito por nuestro orar que lo que le damos a Dios por responder. Nuestros problemas son con el «No» y el «Luego». Algunos cristianos profesantes abandonan su fe porque Dios no les respondió como querían o como lo esperaban.

Reconozco que tengo mis dudas y mis luchas con las oraciones no contestadas, no al punto de unirme a las filas de los que abandonan a Dios, pero sí al de expresarle a Dios cuán profundamente me frustra. Casi todos los días, por más de veinte años oro la misma petición: que Dios realice su gran bien en la vida de una persona amada en particular.

Job fue uno de los mejores hombres. Merece ser recordado en la Biblia por su consagración, carácter, éxito y fama. Es irónico que en vez de eso se le recuerde más por su dolor.

Si Job me hubiera pedido ayuda, lo habría ayudado como hubiera podido. Pero se la pidió a Dios. Dios pudo haberlo ayudado en un sinnúmero de maneras. Pero Dios dijo que no.

Como pastor he estado cerca cuando los padres escuchan a Dios decir no. El silencio del cielo puede ser ensordecedor. La muerte de un niño es más espantosa de lo que jamás pudiera describirse, una combinación incomprensible de pérdida de vida, sueños incumplidos y descorazonamiento doloroso, envuelto en un profundo sentimiento de que se rompe el orden esencial de las generaciones (se supone que los niños entierren a los padres, no al revés). He llorado con padres que lucharon no por encontrar explicaciones de la muerte de un niño, sino por la explicación de sus incapacidades y disfunciones. Se culpan a sí mismos si la imperfección es genética, como si pudieran controlar el comportamiento inesperado de sus genes. Se autoincriminan de que «se hubiera podido hacer algo más», preguntándose mil veces qué habría pasado. Los padres se culpan a sí mismos cuando el producto de sus mejores sueños en el mejor de los hogares termina en un tribunal juvenil, un hijo pródigo. Se autoincriminan por las malas elecciones de los hijos adultos, como si la influencia de los padres tuviera la responsabilidad de todo lo que su progenie haga. Les recuerdo gentilmente que aun el padre perfecto tuvo niños que pecaron y murieron. Ni siquiera al mejor de los padres se le garantizan resultados perfectos. Algunas veces parece que las palabras los consuelan. Muchas otras las pasan por alto como jerga teológica impotente contra los dolores más duros de la vida.

Dios no actúa de la manera que queremos. No siempre da la respuesta que deseamos. No es una palabra común en el vocabulario divino respecto a la oración, aun al responderle al más grande de los santos.

¿Cómo superar el dolor y llegar a creer que Dios tiene razón y es bueno cuando dice que no a nuestras oraciones más dolorosas? ¿Cómo creer aún? ¿Cómo entender? Y, lo más importante de todo, ¿cómo continuar cuando toda la esperanza se va y el no divino es definitivo? Esto es algo más que preguntas académicas a discutirse en un aula. Son cuestiones del corazón. Las grandes preguntas de la vida y la fe. Las respuestas no son cortas, sencillas ni fáciles.

Hay respuestas que nos permiten continuar cuando desaparece toda esperanza, cuando el no de Dios es firme y definitivo. Las respuestas se encuentran en la Biblia, en las experiencias de otros, y especialmente en una relación personal con Dios. Algunas respuestas son obvias, otras jamás satisfacen perfectamente. Algunas son respuestas para el intelecto; la mayoría son respuestas para el corazón. Jesús nos invita a explorar estas respuestas: Él dijo: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mateo 7.7).

Dios, jamás quiero escucharte decir que no. No pediría si realmente no quisiera un sí. Si no vas a decir que sí, ¿podrías al menos decirme por qué dices no? Ayúdame a entender tus caminos y tu sabiduría, Muéstrame en términos humanos sencillos la complejidad de tus decisiones. Por mi parte, comenzaré a confiar en que siempre tienes la razón aunque no pueda entenderlo. Trataré de no forzar las respuestas que deseas que permanezcan en secreto. Reconozco que no tengo derecho a exigir información que decides no ofrecer. No es que debo recibir explicaciones específicas para cada oración que rehúsas, pero ayúdame a entenderte lo suficiente como para clasificar correctamente el orden de tus razones y a creer que siempre hay una explicación divina válida para cada no, a pesar de que posiblemente jamás se me aclare. Amén.

Cuando le rogamos algo a Dios creemos que pedimos lo mejor para nosotros. Solo las oraciones más pervertidas le piden algo malo a Dios a sabiendas. El problema es este: no siempre sabemos qué es lo mejor. A veces eso nos resulta obvio mucho después de pedirlo, y de que se nos niega.

Lo que queremos de Dios no es lo mejor para nosotros. Dios tiene algo mejor que no podemos imaginar –ni tratar de orar por ello-, en ese momento.

¡No, puede ser uno de los mejores regalos de Dios para nosotros!

«Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras; y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron. Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios» 2 Reyes 19.15-19.

Cuando enfrentamos la muerte solo hay una petición lógica, solo una respuesta deseable para nuestras oraciones. Queremos que Dios nos conceda sanidad y vida. Cualquier otra cosa parece cruel y odiosa. Es increíble que la muerte sea nuestra mejor alternativa.

Me avergüenza reconocer que la mayoría de mis oraciones son egoístas. Lo sé. Deseo que no lo fueran. Trato de ser menos egoísta pero me resulta difícil. Vuelvo a caer en patrones que me interesan. Francamente, hasta mis aparentes oraciones abnegadas a menudo tienden a servir a mis propósitos. Por ejemplo, oro para que mejore el matrimonio de dos amigos, consciente de que mi vida sería más feliz si no se divorcian. Dios usa su gracia cuando filtra el egoísmo antes de responder a lo que le pido. No trata de escapar a su promesa de oír y responder a mis oraciones. En vez de eso, se ocupa lo suficiente como para arreglar mis oraciones antes de responderlas. Aunque lo conozco en teoría, lucho con ello en la realidad. Con demasiada frecuencia me irrita que Dios no me dé lo que pido exactamente de la manera que quiero. Casi siempre prefiero que Dios lo haga a mi modo en vez de al suyo, que es mejor.

La búsqueda de la facilidad está relacionada con el egoísmo ciego. Muchas de nuestras oraciones le piden a Dios que nos lleve por el camino más fácil de la vida. ¿Quién desea que Dios dificulte la vida? Supongo que fue la arte naturalmente humana de la oración de Jesús que pidió sobrepasar la copa de la cruz. Los humanos están ideados para evitar el dolor, y las cruces siempre son dolorosas. Pero el camino fácil frecuentemente ni es el correcto ni el mejor. Así como cortar una mariposa de su capullo podría facilitar su escape pero dejar sus alas demasiado debilitadas para volar, las alternativas fáciles con frecuencia nos dejan poco preparados para todo lo que Dios se propone en nuestras vidas. Haga una encuesta de cualquier grupo cristiano. Pregunte: «¿Cuándo estuvo más cerca de Dios en su vida y cuándo creció más espiritualmente?» Con pocas excepciones las respuestas serán «durante los momentos más difíciles». Imagínese cómo serían nuestras vidas sin luchas ni dolor. ¿Acaso una existencia libre de problemas parece deleitosa? Podría no valer la pena vivirla. Nos consumiríamos en el placer, nos creeríamos autosuficientes, nos sumiríamos en la autoindulgencia y jamás conoceríamos a Dios. El sufrimiento tiene grandes beneficios: «la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Romanos 5.3-4). Cuando el sufrimiento se entiende desde la perspectiva de Dios, se convierte en una fuente de gozo: «Gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría» (1 Pedro 4.13). El sufrimiento no solo edifica el carácter sino que también da solidaridad con Jesucristo, que sufrió por nosotros. El carácter y la semejanza con Cristo son mucho mejor que la comodidad. Sabiendo todo esto, Dios muchas veces dice no a nuestras oraciones que buscan comodidad para preservar los mayores beneficios del sufrimiento.

No critico a los que buscan la facilidad. Yo lo hago todo el tiempo. (Me preocuparía más por el masoquista que disfruta del dolor). Cuando oramos por el camino fácil Dios responde con mayor amor que el padre terrenal más bondadoso. Él nos ama demasiado como para permitir vidas fáciles para que no nos desanimemos por completo y niega suficientes peticiones como para que no nos convirtamos en malcriados impíos e indisciplinados. También tendemos a orar por velocidad. Los humanos y Dios viven bajo relojes distintos. Debido a que nuestras vidas típicamente duran unos setenta años, la presión interna hace que estallemos para obtenerlo todo de inmediato. El Dios eterno que jamás comenzó y jamás terminará no está muy apresurado. Los estadounidenses aceleraron el paso de la vida a un nivel sin precedente, Tenemos más experiencias en la niñez que lo que la mayoría de las personas tienen durante toda una vida. Pero seguimos atiborrando más. Somos moldeados por una era de gratificación instantánea, queremos productos, placeres y dominios sin postergarlos. Y diez minutos después esperamos algo más y que sea diferente. Nuestra generación ha reducido los problemas de la vida a los dramas de televisión en los que surgen los asuntos más profundos y se resuelven en menos de una hora.

Cuando Dios dice que no, a veces es para sosegarnos. Otras nos acelera. De todas maneras, Él es tan bueno para reconocer cuando nuestras oraciones no nos son provechosas que nos lo dice mediante su respuesta negativa a nuestras peticiones.

La felicidad no es obtener lo que deseas, es desear lo que tienes.

La oración misma es un reconocimiento de nuestra posición inferior y la superior de Dios. Si siempre supiéramos qué es lo mejor no habría necesidad de Dios ni de oración.

Cuando Jesús dice no a nuestras oraciones no significa que nos ama menos, El verdadero amor puede dar respuestas sorprendentes.

Muchas amistades de Jesús lo han llamado cuando sus seres amados están enfermos o muriéndose. Cuando Jesús no llegó o arribó tarde, ellos también se decepcionaron no solamente por el resultado sino decepcionados con Jesús. Dudaron de su amor y el dijeron que «si hubiera estado allí» todo sería diferente. No era que a Jesús no le importaba. Lloró tan sincera y profusamente que hasta los extraños supieron que amaba a Lázaro. Jesús sencillamente tenía una causa mayor. Y Lázaro era parte de ella. Jesús resucitó a Lázaro, probándoles a su generación y a toda la historia que tenía el poder definitivo sobre la tumba. Piense cuán diferente habría sido todo si Jesús hubiera venido como se le pidió y sanado a Lázaro de su enfermedad como se esperaba. A pesar de lo extraño que parezca, habría sido simplemente otra sanidad milagrosa. Más importante aún la historia habría visto una persona menos levantada de entre los muertos. Frecuentemente nos preguntamos: «¿Y qué si…?», cuando se niegan nuestras oraciones. ¿Y si Dios no se hubiera negado? Aquí tenemos que hacernos otro tipo de pregunta. ¿Y si Jesús hubiera asentido a las oraciones de las hermanas? Indudablemente Lázaro se habría decepcionado de haberse enterado de lo que se perdió. Recibió algo mejor.

El asunto definitivo de la fe no es la posibilidad de obtener el don que buscamos, sino si confiamos o no en que el Dador es bueno. La fe no es asunto de respuestas. La fe es asunto de Dios.

Cuando Dios die no, no es que nos rechace. No nos ama menos. Sabemos que al final estará en lo correcto. Nuestra fe es en Dios, no en las cosas que esperamos recibir. Nuestra relación con Él es el mejor regalo de todos.

[Dios] Por favor, protégeme de mi ignorancia, impaciencia y egoísmo.

Oramos por una cosa. Dios concede otra. Esta clase de contradicción es una de las ironías de la oración. Pero hay una segunda contradicción relacionada que acontece muchas veces en la oración. Cuando docenas de personas oran por algo parece inevitable que las oraciones no seas idénticas. Oramos en direcciones diferentes. No solo eso, parece probable que cuando un grupo de personas ora algunas oraciones serán completamente contradictorias, con distintas personas pidiendo respuestas opuestas. Cuando una amistad está enferma algunos oran por una muerte tranquila, una bienvenida rápida y misericordiosa al hogar del cielo. Sabemos que otros continúan orando por recuperación, creyendo que lo mejor que puede ofrecer Dios es la sanidad aquí y ahora. Hasta un individuo solitario podría cambiar de parecer y dejar de orar por algo y comenzar a orar por otra cosa, o cambiar entre dos oraciones opuestas.

Dios muchas veces responde a la médula de nuestra oración aunque parezca olvidar la petición superficial. Podríamos orar por clima seco para reunir familiares en relaciones positivas. Dios convierte un paseo lluvioso en una oportunidad para la unión familiar que no habría sucedido acostado en una playa soleada. Un agricultor ora por lluvia para obtener la mejor cosecha. Dios podría usar la sequía para llevar al agricultor a sembrar una cosecha que probará ser mucho mejor.

Cuando Dios le dice no a nuestras oraciones más importantes, podría no haber explicación o razón que nuestras emociones puedan aceptar rápidamente. Pero si Dios es Dios, es Él quien debe establecer las prioridades y no nosotros. Él ve el futuro anticipado. Conoce el final desde el principio. Solo Dios puede saber que el hijo que murió habría vivido una existencia dolorosa sin procrearse. Que está mucho mejor en el cielo que en la tierra. Solo Dios puede saber que el hijo que vivió va a tener un hijo cuyo nieto será el líder de Dios para algún gran movimiento que realizará los propósitos divinos en la tierra y cosechará beneficios eternos en el cielo. No es posible que ninguna madre pueda tener esta información o pueda integrarla adecuadamente en sus pensamientos y oraciones.

Cuando Jesús finalmente se apareció en Betania su amigo estaba muerto por lo que lloró. Su pena era tan grande que los llorones profesionales presentes se percataron de cuánto amaba a Lázaro. Tenía una prioridad mayor que la vida de Lázaro, pero eso no facilitó la elección.

Dios tiene una perspectiva infinitamente aérea. Ve todo lo que está sucediendo y escucha toda oración pronunciada. Cuando los que nos encontramos en el gragor de los conflictos de la vida llamamos por radio a Dios porque «es imposible que ganemos», Él replica confiadamente que «es imposible que perdamos». Por supuesto, es una respuesta de fe creer en la contestación de Dios respecto a nuestra experiencia propia. Es la misma clase de confianza que necesitan los que pronuncian oraciones contradictorias y dejan que Dios se ocupe de cuáles aceptará y cuáles rechazará. Debemos aceptar que ve lo que no podemos ver, sabe lo que no sabemos, elige más sabiamente de lo que podamos elegir, y no responderá a las oraciones de la mejor manera. Cuando sus respuestas confronten nuestro sentido y experiencia se convierte en un acto de fe aceptar su perspectiva como la mejor de siempre.

Todas las oraciones son actos de fe. La fe requiere tanto confianza como sumisión, confianza en el poder de Dios para actuar y sumisión a su infinita superioridad. Él es superior. Su voluntad debe dominar nuestra voluntad. Si fuera al revés, nosotros seríamos dios en lugar de serlo él. A pesar de lo retador que pueda ser, lo «mejor» no aplica primordialmente a nosotros. Es útil primeramente a Dios. Él organiza y responde a nuestras oraciones basado en lo que le resulte mejor. Lo mejor para Dios a su vez siempre es lo mejor para nosotros.

Dios, que no tienes contradicción, eres sorprendente. Uno de tus muchos atributos que me atrae a ti es tu congruencia. En eso eres tan sencillo y directo; nosotros somos tan complejos y torcidos. Gracias por hacernos a todos tan diferentes. Me gusta ser un individuo. Aunque hay problemas, me alegra que cada uno de nosotros sea lo suficientemente distinto como para poder pronunciar oraciones singulares, aunque puedan contradecirse. No busco expresar oraciones contradictorias. Lamento ser tan frecuentemente egoísta en lo que pido. Es cierto que oro de manera competitiva, deseando ganarle a las oraciones de los que piden lo opuesto. Te pido perdón por mi egoísmo, que toleres mis contradicciones y que me des tu gracia para orar mejor. Pero siento que preferirías que haga cualquier oración en lugar de dejar de hacerlo por temor a que mis oraciones no sean correctas. Tú enderezas con gracia todos los favores conflictivos que buscan tus hijos, con paciencia y amor y simpatía. Que nuestras conversaciones sean más frecuentes y nuestra relación más íntima. Que entonces conozca tu voluntad, sienta tus emociones, agarre tus pensamientos, para que mis oraciones contradictorias puedan revisarse rápidamente y que pueda orar lo que deseas que ore. Amén.

La experiencia personal dice que Dios pudo no haberse negado tan a menudo a mis oraciones como creí. Pudo no haber dicho nada porque no escuchó nada. No es que Dios sea sordo o ignorante, pero a veces nuestras oraciones realmente no lo son. Lo que llamamos orar a menudo podría ser poco menos que pensar i hablarnos a nosotros mismos.

Nos acercamos a Dios a medida que le expresamos nuestros secretos más íntimos. Solo Dios nos entiende y está con nosotros en las alturas de nuestro gozo y en las profundidades de nuestras penas.

«En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor. » Lucas 6.12-16. Una de las decisiones más importantes de Jesús fue seleccionar a los doce apóstoles. La elección correcta incluyó a Pedro, que declaró a Jesús como el cristo; Mateo, Juan y Santiago, que escribieron gran parte del Nuevo Testamento; y Tomás, que fue transformado de dudoso serio a apóstol en India. Estos fueron los hombres que llevaron las buenas noticias de Jesús al mundo y para todas las generaciones futuras. La elección tenía que ser la correcta. Durante toda la noche antes de su decisión final, Jesús oró. Podría sorprendernos que Él, con toda su sabiduría y poder sobrenatural, requiriera esa oración preparatoria. Su ejemplo debe despertarnos de una sacudida. Tomamos nuestras decisiones principales con mucho menos sabiduría y poder, por lo tanto necesitamos al menos mucha oración preparatoria. Me impresiono cuando escucho a los cristianos decir: «Debo orar primero» antes de tomar decisiones en cuanto al empleo, el matrimonio, los contratos de negocios, el cuidado médico y otras elecciones que alteran la vida. Orar toda la noche podría ser bueno, aunque gastamos esas energías con mucha mayor facilidad en nuestras crisis de hospital que en nuestras decisiones venideras. El patrón que Jesús estableció para sus discípulos era orar antes de elegir, nutrir todas las decisiones en el contexto de la comunicación con Dios, en vez de parecer que tratamos a Dios como un apéndice y sello de goma para las decisiones que tomamos independientemente de su consejo.

La oración es mucho más que expresarle una petición a Dios diciéndole qué es lo que deseamos. En algunos casos, ese acercamiento es muy inapropiado, audaz y ofensivo, es como pedirle a un extraño adinerado que le entregue un millón de dólares. Usted no tiene relación con él, ningún derecho sobre él. Él meramente tiene lo que usted desea. Millones de oraciones pueden no serlo del todo. Son deseos de fantasía. Exigencias egoístas. Tienen poco o ningún interés por quién Dios es o lo que Dios desea. Causan tanto daño que es mejor que ni se pronuncien. No son oraciones a las cuales Dios les dice no; ni siquiera son oraciones, en primer lugar. Lo que les falta es entendimiento alguno o esfuerzo para comulgar con Dios. Si no hay relación no hay oración.

A medida que comulgamos con Él todos los días, en todas las circunstancias de la vida, edificamos una relación íntima. Desarrollamos canales claros de comunicación. Cuando le hacemos peticiones a Dios expresamos nuestra relación, no buscamos favores.

La oración siempre debe ser un medio de comunicación en la relación, donde las peticiones solo son parte de la comunicación. La oración nos deja adorar a Dios, amar a Dios, escuchar a Dios, confesarle a Dios y someternos a Dios, no simplemente hacerle peticiones. ¿Y si oro y Dios dice que no pero mejora mi relación con Él? ¿Podría esto no ser una respuesta mejor que un sí? Muchas personas reconocen con franqueza que preferirían obtener lo que desean a tener a Dios. Unos pocos le venderían sus almas al diablo si fuera necesario.

Tú eres a quien deseo, Dios. Significas más para mí que todas las respuestas a todas las peticiones que jamás se me puedan conceder. Anhelo conocerte mejor. Pienso diariamente en ti una y otra vez. Me encanta descubrir nuevas expresiones de lo que eres. Me emociona conocerte más y más. Por favor, perdóname por todas las veces que traté de usarte. Reconozco que a menudo te he tratado como si fueras creado para mí e lugar de yo ser creado para ti. Recuerdo demasiadas «oraciones» que estaban completamente centradas en mí y en lo que deseaba, y casi ni pensaban en ti o lo que tú querías. Simplemente deseaba sacarte lo que pudiera. Lo siento. Más que nada, sé mi Dios. Luego, en base a nuestra relación, contigo como Soberano y yo como sujeto, enséñame a orar. Enséñame a disfrutarte a ti y a nuestra comunión en silencio. Enséñame a deleitarme más en conseguir lo que desean que en obtener lo que pueda pedir. Enséñame a pedir lo que deseas dar y a deleitarme más en tu respuesta que en mi petición. ¡Que mis oraciones verdaderamente sean oraciones! Amén.

Las relaciones son importantes para Dios. Cuando están mal, Él es reacio a escuchar y responder a nuestras oraciones. Nuestras relaciones descompuestas podrían ser con nuestro cónyuge, un familiar, vecino o compañero de trabajo. La relación errónea más perjudicial para la oración es una relación errónea más perjudicial para la oración e una relación errónea con Dios. Si esta relación está mal, Dios podría decirnos que no oremos hasta que comencemos a obedecer.

Dios toma las relaciones en serio. No tiene intención de convertirse en un vendedor impersonal de favores. Desea dar su gracia en el contexto de la amistad y la comunión. Debido a que siempre es el iniciador y nuestro extraordinariamente generoso Creador, da sin que lo pidamos y en muchas ocasiones nos concede nuestras peticiones inmerecidas. El deseo de Dios es ganarse nuestros corazones y nuestra lealtad con la generosidad. Pero, cuando ese acercamiento fracasa, lo forzamos a decir que no hasta que reconozcamos la importancia de una relación correcta con Él e implementemos pasos correctivos. No es que Dios desee obediencia completa o perfección excelsa antes de volver a contestar nuestras oraciones. Es que desea que nos arrepintamos (que significa «volverse y echar a andar en la dirección opuesta») antes de volver a beneficiarnos de su gracia.

Algunos cristianos piensan erróneamente que el llamado de la Biblia a la fe significa creer que Dios responderá una oración precisamente como se pide. La fe no es fe en una respuesta. No es fe en la oración. Es fe en Dios. La fe es la creencia de que un Dios invisible es real, poderoso y personal. La fe constituye la base para que haya una relación. Solo cuando una persona se convierte en un verdadero creyente puede tener una relación que forme la base para la comunicación y la petición a Dios.

No buscamos la amistad con Dios por lo que podamos obtener de Él sino por Dios mismo. La relación debe ser tanto el fin como el medio. Debemos satisfacernos con Dios a pesar de que nunca nos conceda una sola petición. Cuando conocemos y amamos a Dios desarrollamos la intimidad que resulta en oraciones escuchadas y peticiones concedidas.

La oración es comunicación. No es pedir. Es lamentable usar «pedir» y «oración» como si significaran lo mismo. Pedir realmente es una categoría menor para toda nuestra comunicación con Dios. Cuando las peticiones componen la mayoría de nuestra interacción con Dios nuestras oraciones se distorsionan y las respuestas positivas de parte de Él no son muy factibles.

Quejarse es parte de la mayoría de las relaciones interpersonales y las oraciones de queja son sorprendentemente comunes en la Biblia. El Salmo 142.1-2 dice: «Con mi voz clamare a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia. Delante de Él expondré mi queja; delante de Él manifestaré mi angustia. » Jeremías es mucho más directo cuando se queja de que Dios lo engañó y se las arregló para que otros se burlaran de él: «Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.» Jeremías 20.7.

«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». Filipenses 4.6-7

No se preocupe en cuanto a que la oración alga «correcta». A Dios le encanta escuchar de parte suya, en cualquier momento, en cualquier lugar, sobre cualquier tema. Le puede pedir dinero, rogar por comodidad o simplemente hablar en cuanto a lo que sucedió en la oficina durante el día. Durante el transcurso de su relación sus oraciones alcanzará toda la gama de emociones, sobre cada asunto y sobre cada cosa. Dios tiene una tolerancia sorprendente. Él entiende. Da la bienvenida. Así que no lo olvide. No se lo pierda. No lo trate como si no estuviera allí como si estuviera de último en la lista.

Si comenzamos con el deseo principal de que Dios cambie su no en sí para que nos dé lo que pidamos, estamos condenados al fracaso. Jamás encontraremos la intimidad de lo que buscamos si Dios es meramente el medio para el fin de obtener lo que deseamos. Eso es usar a Dios, no amarlo. El sí de Dios es un beneficio, un efecto secundario, de una relación íntima con Él. La ironía es que la personas que verdaderamente ama a Dios y tiene una relación íntima con Él se preocupar poco por conseguir respuestas positivas a sus peticiones. Cuando una persona tiene un vínculo de corazón a corazón con Dios, ya las otras cosas no importan tanto como antes.

Sobre todo, anhelo una buena relación contigo. Deseo tener un corazón para ti. Tengo un corazón para ti. Perdóname por mi inadecuado deseo de tener una buena relación contigo para conseguir lo que quiero de ti. De hoy en adelante eres la meta de mi vida y el deseo de mis afectos. Te oro por más de lo que puedas hacer. Deseo respuestas a la oración como producto de nuestra amistad, no como razones para ella. Te amo por lo que eres, no simplemente por el bien que puedas darme. Te amo. Amén.

«En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre den mi nombre, os lo dará» Juan 16.23. Pese a que Jesús insiste en que esto es la verdad, muchos están en desacuerdo. Oran a Dios en el nombre de Jesucristo, y no reciben lo que pidieron. Para los cristianos que creen haber satisfecho los requisitos de Dios, el no escuchar el si de Dios les estremece la fe. Confiaron en una promesa tan clara. Dios no satisfizo su parte del contrato. Esto hace que muchos se pregunten si se puede confiar en Dios o en cualquier otra cosa que Jesús afirme como cierta. Empero hay mayor conocimiento en 1 Juan 5.14: «Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye».

Alguien ora por algo que Dios niega y entonces usa su «respuesta equivocada» para alcanzar otra cosa, quizás una generación o hasta generaciones posteriores. La voluntad de dios se ejecuta en muchas áreas aparte de lo físico.

El Hijo de Dios, dicen los teólogos, es una de las tres Personas eternas de la trinidad, «persona» definida como que posee intelecto, emoción y voluntad. Así que mientras que la Trinidad es un Dios, el Padre, Hijo y Espíritu, cada uno tiene su propia mente, sentimientos y voluntad. Esto ayuda a explicar por qué Jesús muchas veces dijo que había cosas que conocía el Padre pero Él no, como el tiempo exacto de acontecimientos futuros. Cuando el Hijo se convirtió e humano en la persona de Jesús, cedió parte del uso independiente de sus atributos divinos, llegó a ser temporalmente dependiente del Padre y del Espíritu para su conocimiento y poder. Jesús todavía era Dios, empero una persona independiente. Tenía una voluntad propia. El padre deseaba que Jesús muriera en la cruz. Jesús no quería morir. Cuando el Padre y Jesús vieron el futuro, eligieron cursos de acción opuestos. Indudablemente la humanidad de Jesús tuvo una parte significativa en su deseo de vivir. Cuando Jesús oro en el jardín de Getsemaní le pidió específicamente al Padre que encontrara alguna manera para evitar la crucifixión. Rogó no tener que beber esta «copa» de muerte, que le fuera quitada. Jesús aparentemente sabía qué era lo que el Padre deseaba en cuanto a eso, que se realizara la crucifixión tal y como fue planificada. Sin embargo, oró por otra manera. La respuesta del Padre fue un compasivo pero claro no. Debido a que el Padre amaba al mundo insistió en que Jesús muriera (Juan 3.16).

Nuestros deseos personales contrarios a la voluntad de Dios no son necesariamente malos. Jesús no pecó cuando deseó su voluntad y oró para que las cosas salieran a su manera en vez de a la del Padre. Dios conoce nuestra individualidad y reconoce la independencia de cada voluntad humana. No hay nada malo con desear algo distinto a o que Dios quiere para nosotros.

Nuestras peticiones repetidas son adecuadas, aun luego de que Dios diga que no. Dios podría cambiar su no en sí. Pero aun si Dios dice que no Él acoge nuestra comunión continua. Nos ayudará a través del difícil proceso de la desilusión. Entiende cuando deseamos algo de tal manera que somos lentos en aceptar el no como respuesta final.

Nuestro propósito final es someternos a la voluntad de Dios, concordemos o no. No creo que Jesús dejara el jardín esa noche completamente persuadido. No estaba más entusiasmado con la crucifixión cuando salió que al llegar. Siguió siendo muy duro para él, es más, ¡casi murió anticipando la muerte! Sin embargo su mayor y definitiva elección fue doblegar su voluntad para que se conformara a la del Padre. Eligió seguirle la corriente a lo que Dios deseaba aunque no tenía inclinación a hacerlo. Eso no es fácil en los momentos más difíciles de la vida. No lo fue para Jesús, y no lo será para nosotros. Como cristianos, tomamos esa elección definitiva por la fe, convencidos de que Dios está en lo correcto aun si no podemos ver o concordar con ello, habiendo determinado por adelantado seguir la voluntad de Dios a pesar de que preferiríamos no hacerlo. Nuestra oración final es «que se haga tu voluntad y no la mía».

Las revelaciones de la Biblia se enfocan primordialmente en cómo vivir de manera cristiana dentro de una amplia gama de experiencias humanas. La Biblia no nos ofrece declaraciones específicas en cuanto a la voluntad de Dios respecto a qué trabajo aceptar, a cuál escuela asistir o con quién casarse. Desafortunadamente, muchos agonizamos en cuanto a los detalles que no tenemos e ignoramos la amplia avenida de información que poseemos. Es sabio pensar que Dios nos ha dicho la mayoría de las cosas que necesitamos para discernir su voluntad y que lo que no nos ha dicho es comparativamente menos importante. Nuestra tarea es leer la Biblia, aprender la voluntad revelada de Dios y luego orar de acuerdo con esa voluntad con plena expectativa de que Dios responderá que sí a esas oraciones. En los casos en los que la Biblia no revela la voluntad específica de Dios tenemos varias alternativas: 1. Pídale sabiduría a Dios en cuanto a su voluntad. Santiago 1.5 dice que: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada». En otras palabras, nuestra primera oración debe ser primero conocimiento en cuanto a la voluntad de Dios para que seamos guiados por el Espíritu a fin de orar conforme a la voluntad de Dios. 2. Crea que Dios da libertad en cuanto a este asunto. Cuando Dios no nos deja conocer su voluntad, y lo que desea no puede deducirse de otros principios bíblicos, podría ser que nos está permitiendo elegir una cosa o la otra. Cuando oramos es útil reconocer ante Dios y nosotros mismos que este es nuestro método. Podría orar más o menos de esta manera: Señor, no he podido averiguar cuál es tu voluntad en este asunto. Creo que tengo la libertad para elegir entre alquilar el apartamento del cuarto piso o el séptimo. Así que te pido que me ayudes a conseguir este último. Te pido ayuda para encontrar los vecinos correctos y usar este apartamento de manera que te glorifique. Si te estoy malinterpretando en esto, por favor, acláramelo. 3. Reconozca que no es capaz de determinar la voluntad de Dios y diría la oración al Espíritu Santo para que Él la presente. No importa cuánto nos esforcemos, a veces somos incapaces de conocer la voluntad de Dios. Él podría mantener en secreto su voluntad o podríamos estar en un rumbo equivocado. Cualquiera sea la razón, cuando no sabemos cómo orar le pedimos al Espíritu Santo que ore por nosotros. Romanos 8.26-27 dice que: « Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.»

El poder del tiempo afecta de manera significativa nuestra comprensión de la oración sin respuesta. Muchas veces Dios responde a nuestros ruges con «No, por ahora». No es que haya rechazado nuestras peticiones sino que pospuso la respuesta. Como el niño que concluye que lo que su madre y padre quieren decir con «veremos» es «jamás», creemos que la llamada a la espera de Dios implica que aguardaremos para siempre.

Hasta en las situaciones urgentes Jesús no parecía apurarse. Un día un hombre llamado Jairo se acercó a Él con una oración urgente por su hija moribunda. Se postró ante los pies de Jesús y le oró, pidiéndole que viniera y la sanara antes de que se muriera. Jesús avanzó a la casa de Jairo pero se demoró por la muchedumbre. En esa multitud había una mujer que también estaba enferma, con una hemorragia desde hacía doce años. Ella tocó a Jesús y fue sanada al instante, aunque podemos pensar que había orado, y esperado, por esa sanidad durante doce años. Mientras Jesús hablaba con ella llegó un mensaje de que la hija de Jairo había muerto. Era muy tarde. «Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro», le dijo el mensajero a Jairo (Lucas 8.49). Pero Jesús andaba bajo otro reloj. Continuó hacia la casa de la niña, la levantó y se mejoró. Respondió a la oración de Jairo de manera tal que los sorprendió a él y a su esposa, no sucedió en el momento que esperaban pero la oración recibió respuesta afirmativa.

Jesús demostró que hay muchas ocasiones en las cuales escucha las oraciones, ama a las personas que oran, tiene toda la intención de concederles sus peticiones, pero dice: No… por ahora. Obviamente no siempre tiene nuestro apuro. Aunque hay situaciones cuando Jesús nos impone su urgencia y somos nosotros los lentos, parece importarle más qué es lo que vamos a hacer que cuándo se hará. Seguramente una de las razones por las cuales la Biblia nos da estos ejemplos es ayudarnos a entender y aceptar que luego no significa jamás. Un componente vital de nuestra fe es la confianza en que el tiempo de Dios es mejor que el nuestro. Él se ocupará de lo que nos parece urgente en un momento y de una manera que sabe será mejor. Esta no es una lección fácil de aprender cuando tememos a nuestras circunstancias o sufrimos un dolor aplastante en el presente.

« Ciertamente yo buscaría a Dios, y encomendaría a él mi causa; El cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número». Job 5.8-9

Los que sufren deben rogarle a Dios, que verdaderamente responde a la oración y realiza milagros. Lo que Elifaz no consideró fue el tiempo de Dios, lo que llamaríamos la «tardanza divina». Como Dios no respondió con un sí inmediato, Elifaz asumió que algo andaba mal con Job o con sus oraciones. Ese fue su error.

En su severo dolor Job perdió la perspectiva del plan mayor de Dios. Para Job los grandes asuntos eran la falta de sabor en la comida y su falta de apetito (Job 6.6-7) y tratar de dormir de noche (Job 7.4). Necesitaba que Dios filtrara sus oraciones inapropiadas e irracionales, respondiéndolas con un no. Necesitaba la equilibrada sabiduría de Dios para decidir qué oraciones conceder y cuándo concederlas. Es fácil ser un Elifaz que racionaliza y espiritualiza los dolores ajenos. Otro asunto es ser un Job, que sufre angustia constante, que tiene que esperar por Dios. Para el que sufre y los que verdaderamente sufren juntamente con el doliente, esperar puede ser la prueba mayor de la fe. Esperar por el remedio divino cuando cada segundo es doloroso puede ser indescriptiblemente difícil.

« Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días.» Daniel 10.12-14. En este discurso angelical hay varias ideas excepcionales en cuanto a la oración sin respuesta: Dios respondió a la oración de Daniel de manera inmediata en el cielo. La respuesta divina se tardó tres semanas en llegar desde Dios hasta Daniel, aunque fue enviada a través de un ángel. Poderosas fuerzas malvadas, en este caso un demonio llamado «el príncipe del reino persa», se opusieron a la respuesta a la oración de Daniel. Daniel no sabía la razón para la tardanza, aunque era válida. El mensaje del ángel incluía un anuncio de mayores tardanzas antes de que se implementaran por completo las respuestas a las oraciones de Daniel.

El paciente crónicamente enfermo necesita un trasplante de órganos que requiere la muerte de una persona cuyo tiempo no ha llegado. Una demora dolorosa para alguien es una tardanza agradable para el otro. Dios coordina las dos.

Cuando no vemos respuesta o la contestación de Dios es no, debemos elegir si confiamos en Él o no, aunque no entendamos o no deseemos aceptar su respuesta. La confianza requiere que creamos, como cristianos, que Dios está en lo correcto, estemos de acuerdo o no. Es la confianza de Romanos 8.26-31: « Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?».

No siempre estoy seguro de mí mismo, Señor. Tengo mis dudas. Siempre parezco estar apurado. Cuando oro deseo tu respuesta no solo a mi manera, sino a mí tiempo. Puedo desilusionarme pensando que es posible que la oración de hoy no recibirá respuesta por tres semanas, o por trescientos años. Simplemente no estoy seguro de cuánto pueda aguantar. Y realmente no estoy seguro en cuanto a los demás. Comparativamente, mi situación es segura y cómoda. Pero, ¿y qué de aquellos que tienen dolo crónico? ¿Qué de los que están desesperadamente solitarios? ¿Qué de las personas que son muy pobres? Me parece que si tuviera la alternativa preferiría que le dieras lo que piden ahora y me permitas esperar mucho más. Mis dolores parecen pocos; mis posesiones son muchas; mis preguntas pueden esperar. No, no estoy seguro de mí mismo. Pero estoy seguro de ti. Verdaderamente creo que sabes lo que estás haciendo. Eres más sabio que el entendimiento. El tic tac de tu reloj lleva mil años por cada minuto mío o un minuto tuyo implica mil años míos. No solo ya lo averiguaste todo, sino que tienes todo planificado. Tus planes para nosotros son que hagamos el bien y que no hagamos daño. Sabes exactamente cuándo debemos escuchar tus respuestas y cuándo debemos recibirlas. Mi problema es reconciliar mi impaciencia con tu providencia. Por favor, enséñame. Anímame. Hazme paciente. Dame esa gracia abundante que prometiste.

Cuando Dios dice que no me siento tentado a ofenderme. Años después obtuve una perspectiva diferente que muestra que Dios estaba en lo correcto al rechazar mi oración.

Creo que él siempre hace lo mejor para nosotros, aunque nos parezca muy duro o demasiado exigente. Como cualquier padre amoroso, Dios desea e insiste en que sus hijos aprendan a obedecer. A su parecer nuestra obediencia es más importante que obtener un sí, aun a las raciones presentadas con pasión y lágrimas.

Dios nos llama a la fidelidad y a la obediencia aun cuando nos opriman y el resultado parezca incierto. Es bueno orar, rogar y llorar. Pero no desobedezcamos. Dejemos que Dios decida qué es más importante.

Dios a menudo dice que no porque tiene algo mejor planeado para aquellos a quienes ama. Nuestros corazones pueden henchirse con agradecimiento a Dios que sabe qué es lo mejor y qué es lo más importante. « Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» (Jeremías 29.11).

Dios le dijo que no a la oración de Pablo por sanidad. El Señor le dijo que era más importante para él ser humilde que sanado. La humildad es muy importante para Dios.

¿Qué se prueba en cuanto a Dios si una persona que es saludable, adinerada y fuerte vive de manera cristiana? Cualquiera que lo tiene todo realmente no necesita a Dios. Por otro lado, el mejor lugar para que Dios muestre su grandeza podría ser en una persona débil y enferma y que esté luchando. Si una persona ama a Dios y vive para Dios cuando la vida es difícil, entonces en verdad vale la pena vivir por Dios y amarlo. Pablo concluyó que Dios podría verse mejor cuando Pablo estaba débil. Un Pablo orgulloso, fuerte y presumido bloquearía a Dios.

Dios de Israel, de Elías, de la madre de Juan y Santiago, y de Pablo, he aquí mi petición una vez más. La has oído antes. Conoces cada palabra que voy a decir. Sabes qué deseo antes de pedirlo. Pero esto pidiendo de nuevo. Lo que deseo podría no ser tan importante para ti como lo es para mí. Eso me resulta difícil de entender y aceptar. Te someto mis prioridades como mejor puedo. Estoy convencido de que harás lo más importante aunque tengo que esperar por lo que deseo o aceptar un no permanente. Señor, cuando me dices que no, ¿qué buscas? ¿Cuál es el bien superior que intentas alcanzar? Por favor, dame ojos para ver lo que ves. Ayúdame a desear lo que deseas. Enséñame a orar por aquellas cosas de suprema importancia en tu lista. Realmente deseo tener la actitud humilde y la vida de Jesús. Oro por esa semejanza a Cristo en el nombre de Jesús. Amén.

Asegúrate de tomar prestado del banco lo suficiente como para que este se convierta en algo más que tu prestamista. Si el préstamo es grande el banco se convierte en socio tuyo.

Las respuestas a la oración dependen de Dios, no de nosotros. Él muchas veces rechaza oraciones o no las contesta porque se basan en motivos inapropiados. Pero hasta los buenos motivos no son garantía de un sí. Los malos motivos pueden bloquear las respuestas de Dios. Los buenos no cumplen necesariamente con su voluntad. Algunas veces cristianos maravillosos se encuentran en situaciones difíciles y oran como si eso no fuera cierto. Están convencidos de que Dios responderá a cada oración justamente como lo han pedido, de poder realizar sus oraciones de una manera exactamente correcta. Creen que lo vasto de su fe es lo que provoca la respuesta positiva de Dios. Suponen que mientras más personas se reúnan a orar habrá mayor probabilidad de conseguir la respuesta que desean. Algunos hasta afirman que las oraciones en voz alta e intensas aseguran resultados correctos.

Dios se ocupará de nuestro placer. Debemos buscar primordialmente nuestro placer en Dios como Persona, no en lo que nos da.

He aquí una verdad sobria: Las personas con los peores motivos son las que probablemente jamás se molestan en robar su motivación o considerar lo que Dios piensa. Oran a Dios por ayuda para vengarse. O por espaldas en que apoyarse mientras suben la montaña empresarial. O hasta por destreza para robar un banco, matar a un enemigo o seducir a alguien por placer sexual. El egoísmo es enceguecedor. No nos deja ver la realidad, mucho menos la justicia. Con egoísmo extremo llega la racionalización extrema, preparando excusas mentales que hacen parecer las oraciones más pecaminosas en algo legítimo y culpando a Dios por no conceder lo que se pidió. Para aquellos cuyos corazones están endurecidos con egoísmo solo hay una solución. La convicción sobrenatural de que el Espíritu Santo le da al pecador una conciencia profunda de su pecaminosidad. Dicha conciencia debe llevar al hombre o a la mujer al arrepentimiento, a un cambio de parecer, a una reorientación de la vida. La persona que experimenta la intervención de Dios abandonará las oraciones egoístas y ofrecerá oraciones de perdón. Cuando Dios perdona el pecado y cambia un corazón, la oración será motivada por amor a otros.

La oración es comunicación dentro de una relación. Desde un punto de vista bíblico, el cambio no es el asunto primordial de la oración. Es más un asunto de amor y de relación con Dios.

Busco a Dios en las circunstancias. Creo que es Señor de todo y mediante su poder y providencia cumple sus propósitos en los cientos de millones de circunstancias que ocurren cada día. Eso no quiere decir que cada circunstancia es provocada por Dios o que le agrade. Ciertamente el mal también se cumple a través de las circunstancias. No obstante e un mundo en donde Dios nunca interviene en respuesta a nuestras peticiones no tiene esperanza. Si Dios no cambia las circunstancias, entonces la oración llega a ser absurda. Peor aún, si Dios no cambia las circunstancias, entonces su poder y su presencia misma también llegan a ser increíbles y no confiables. Creer que Dios es tan poderoso como presente significa que reconozco que trabaja mediante las circunstancias. Si no, estoy forzado a decir que Dios es poderoso pero demasiado distante como para involucrarse en nuestro mundo y en mi vida, o que lo está pero es demasiado débil como para hacer una diferencia. Eso hace que sea más apropiado que le hable a Dios en cuanto a mis circunstancias y que espere experimentarlo a través de lo que pasa. Nada es demasiado grande. Nada es demasiado pequeño. Dios puede cambiar las circunstancias para encontrar un estacionamiento o para detener los preparativos para usar una bomba nuclear.

«Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad» 1 Timoteo 2.1-2

Quizás la parte más dolorosa de orar por otros es la falta de garantías. […] La responsabilidad de orar la da Dios. Él espera que ejerzamos ese privilegio. Responderá a esas oraciones actuando con una influencia poderosa contra el pecado y hacia la justicia en la vida de la otra persona. Empero Dios también permitirá que esa persona elija, y que peque.

Cada cristiano está amenazado por las minas en el suelo y las balas en el aire. La tentación hace que corramos el riesgo de ser despedazados por el pecado. Orar por nosotros mismo es la mejor protección. Las oraciones mismas no son las que nos protegen. Son el medio de utilizar las grandes fuerzas de Dios en nuestras vidas. La primera meta de la oración no es hacer que Dios cambie de parecer para que hágalas cosas a mi manera. Es cambiarme para hacer las cosas a la manera de Dios. Es como llevar el auto para alinearlo. Guiarlo, tomar las curvas, los hoyos y los bultos desalinean las llantas del chasis del auto. Los técnicos no doblan el chasis para que se ajuste a las llantas. Ajustan las llantas para que se alineen con el chasis. Lo mismo es cierto conmigo. Cada día necesito realinearme con Dios: mis pensamientos con sus pensamientos; miv voluntad con su voluntad; mi vida con su vida. Sí, la oración me cambia a mí.

Jamás considere la oración como una manera de empujar el botón de Dios y demandar resultados inmediatos. Recuerde que la oración a Dios siempre está conectada con una relación con Él.

¿Acaso hace la oración alguna diferencia? ¡Absolutamente!… pero no siempre como lo pedimos.

Dios no ve las cosas como nosotros. Él percibe el tiempo como un todo. Nosotros lo vemos en parte y secciones.

Dios, te pediré algo de nuevo. Has escuchado esta misma oración muchas veces. La he hecho de cada manera que he podido imaginar. Cada vez que has dicho no o no has dicho nada. Pero regreso con la misma petición. Y no voy a rendirme. Si toma diez mil vece o más, voy a pedir, a pedir y a pedir. Mi persistencia no proviene de la falta de fe. Es la expresión más profunda de mi fe en ti. Creo que eres Dios. Creo que puedes hacer cualquier cosa. Creo que escuchas cada oración que elevo. Creo que quieres lo mejor para mí. Creo que un día responderás afirmativamente. Pero esas no son las razones principales por las que continúo pidiendo. Pido una y otra vez porque Jesús me dijo que lo hiciera. Dijo que no debo rendirme, así que no lo haré. Hasta que me digas claramente que me rinda, voy a pedirte cada día. Me emociono contigo y lo que hará pronto. En el nombre de Jesús. Amén.

Cuando el autor cristiano Larry Burkett habló públicamente en cuanto a su batalla con el cáncer, reconoció la realidad de un futuro incierto. Convencido de la firme atención y el amor de Dios, dijo «¿No le pregunte a Dios “Por qué” De todas maneras es probable que no le conteste. Pregúntele a Dios; “Y ahora, ¿qué quieres que haga?”». La manera en que respondemos al no divino es tan importante como nuestras oraciones. Puede ser la diferencia entre la amargura y la victoria.

Cómo lidian con el no de Dios se decide por su respuesta individual e interna. Algunos se vuelven contra Él por no salirse con la suya. Otros se vuelven hacia Dios convencidos de que los ama pese a lo que suceda.

«Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho» (Santiago 5.16). Es interesante ver cuán frecuentemente los cristianos citan la última parte de Santiago 5.16, el clamor de nuestras oraciones es poderoso y efectivo. Empero en escasas ocasiones incluimos la primera parte del versículo, la exhortación a confesarnos nuestros pecados los unos a los otros en la iglesia.

Creo que los cristianos deben ser precavidos cuando animan a otros a creer que Dios realizará milagros en sus vidas. Dios hace muchas cosas que no entendemos; debemos ser sinceros en cuanto a eso y evitar la aplicación inadecuada de su Palabra a la vida de otros. En nuestro celo de edificar su fe, podemos destruirla.

Los cristianos son diferentes por las respuestas que vivimos y no por los problemas que enfrentamos.

No es responsabilidad de la iglesia ni de los ancianos saber quién está enfermo y salir corriendo a ofrecer oración. Es responsabilidad del cristiano pedir ayuda.

Los ancianos son los líderes espirituales de la iglesia. No son simplemente los que tienen títulos oficiales o posiciones en la iglesia. En algunas ocasiones las necesidades podrían ser mucho mayores que lo que un puñado de líderes pueda tratar. La iglesia puede asignar la responsabilidad a hombres y mujeres reconocidos por su liderazgo espiritual aunque en el momento no tengan posiciones oficiales. Cuando surge una petición, los ancianos han de reunirse con le persona enferma y orar en fe por sanidad. Eso no significa que no tienen fe en sus oraciones. No significa que tienen fe en la sanidad. Y no significa que tengan fe en la fe. Significa que tienen fe en Dios. Los ancianos han de orar con absoluta confianza en que Dios escucha, Dios se interesa y Dios tiene el poder para sanar. Si esa fe está ausente fallan como ancianos y sus oraciones no sirven para nada. La oración debe ser sincera, fuerte y compasiva, que desee apasionadamente la sanidad, completamente confiada en Dios. Los ancianos, cuando se lo pidan, podrían ungir a la persona enferma con aceita en el nombre del Señor. […] En el primer siglo el aceite de oliva y otros similares se utilizaban ampliamente como medicina. […] Santiago5.14, entonces, en términos modernos podría traducirse como «oren por él y denle penicilina en el nombre del Señor». Los cristianos deben aprovecharse por completo de los beneficios de los médicos y la medicina moderna, aunque asegurándose de que la ayuda médica esté precedida e impregnada de oración y que la medicina se toma «en el nombre del Señor». Los médicos tratan la enfermedad, pero Dios es quien sana. [… Parece que es mejor entender el aceite como un símbolo de la presencia y el poder de Dios, como cuando se unge a la persona para que sea rey, o se le imponen las manos como símbolo del toque de Dios. Cuando estamos enfermos muchas veces necesitamos algo más que palabras para ayudarnos a experimentar a Dios. El aceite es un recuerdo físico del Señor invisible. No se describe la manera de ungir con aceita. Quizá lo derramaban sobre la cabeza o en la parte enferma del cuerpo. En muchas iglesias actuales, sencillamente se aplica un poco de aceite de oliva en la frente de la persona que pide la unción. Más importante que el aceite es «el nombre del Señor». Es el reconocimiento formal de que Jesucristo marca la diferencia. Los ancianos oran y ungen presentándole al paciente al Señor y el Señor al paciente. Podría no importar mucho si se omite el aceite, pero de omitirse Jesucristo habría una enorme diferencia.

La razón verdadera por la cual algunos son sanados y otros no es porque Dios elige hacerlo o no hacerlo. Nos gustaría librarnos de esa conclusión, culpara a cualquier otro excepto a Dios. Pero la verdadera fe cree que la mejor y más decisiva elección la toma Dios y no nosotros. Usualmente no sabemos cómo Dios decide; creemos que lo que decida hacer está bien. Eso es fe en Dios.

Dios es el Gran Médico. Dios es quien levanta al enfermo. Suyo es el poder. Suya es la decisión. Suya es la sanidad. Suyo es el crédito. Dios podría dar sanidad completa y permanente, o la sanidad podría ser parcial y temporal. La sanidad podría ser directa, sin que haya medicina o médico de por medio; o indirecta, utilizando cualquier método que Dios elija. La sanidad podría ser inmediata, en el momento de la oración; gradual o llegar de súbito.

¿Qué haría con toda esta información si mañana me diagnosticaran una enfermedad mortal? Es difícil predecir nuestras respuestas futuras. Sé lo que la Biblia dice. Sé lo que debo hacer y qué espero hacer. Esta es mi lista de deseos para aferrarme a Dios durante los momentos difíciles: Oraría de inmediato. Le pediría a Dios que me cuidara, que me diera su perspectiva en cuanto a mi enfermedad y su voluntad para mi vida o la muerte. Probablemente oraría por sanidad, mientras más pronto mejor, tan fácilmente como sea posible, a través de cualquier medio que Dios elija. Usaría cada recurso que Dios me ha dado, incluyendo el mejor tratamiento médico y las oraciones y el apoyo de compañeros cristianos en la iglesia. Le pediría específicamente a los ancianos de mi iglesia que vinieran a mi casa, que oraran por mí y me ungieran con aceite en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Le pediría a Dios que, de no recibir respuesta a mis oraciones, me explicara el porqué, y que me mostrara si hay algo malo conmigo o en mis oraciones. Le pediría a otros que continúen orando por mí´. Me comprometería a darle a Dios la gloria independientemente del resultado. Concordaría con que Dios sabe qué es lo mejor y sometería mi voluntad a su voluntad.

Escucha, ¡Señor! Por favor, ¡escucha! Vengo en el nombre de Jesucristo para plantearte mi pregunta más importante. ¿Por qué? ¿Por qué dices no? ¿Es por algo que he hecho mal? De ser así, por favor muéstrame mi pecado y te lo confesaré, sé que me perdonarás. Perdona mi egoísmo, mi orgullo, mis contradicciones, mis motivos mal dirigidos. ¿Acaso es por una mala relación? Muéstrame a quien he ofendido. Dirígeme hacia ellos con los cuales mi relación no es correcta. Enséñame todo lo que debo hacer para enmendarme, para reconectarme, para sanar y amar. Dame gracia para estar en paz con todas las personas. ¿O es contigo, Señor? ¿Cómo te he ofendido? ¿Estás herido por mi falta de interés en ti? ¿Acaso es porque te he sacado tantas veces de mi vida? ¿Qué mal he cometido que debo confesar? ¿Qué debí hacer que no hice? Más que nada, quiero que todo entre tú y yo esté bien. Por favor, mi Señor y Amigo, reconcílianos en uno con el otro. ¿Estás diciéndome que espere? Entonces, con la ayuda de tu paciencia, esperaré hasta que llegue tu tiempo indicado. Hasta entonces, ¿debo continuar orando una y otra vez hasta que continúe sintiendo en mi corazón la necesidad de pedir? Dios, ¿deseamos algo opuesto? ¿Acaso lo que deseo no es lo que deseas, y lo que quieres no es lo que quiero? Someto mi voluntad a la tuya. Aceptaré que lo que digas es correcto y bueno. Debido a que creo en ti, también creo en lo que elijas. No en mi voluntad sin o la tuya, Padre mío. Y si no hay respuesta, aceptaré tu mensaje de silencio. En cierta manera, eso sería lo más difícil de todo, pero no me corresponde hacer que hables o decirte qué decir. Si tu respuesta es el silencio, confiaré que hasta esa respuesta proviene de ti. Amén.

¿A dónde acudimos cuando ha pasado el momento de orar? ¿Qué hacemos cuando la persona que amamos ha muerto, cuando nuestro cónyuge se ha marchado y se ha casado con otro, cuando el hijo pródigo ha dicho adiós para siempre? ¿Qué queda cuando el no de Dios es eterno? Hay un vacío en el alma que parece residir permanentemente en donde una vez vivió la esperanza. Es difícil continuar, mucho menos confiar en Dios o ni siquiera hablarle. La cruel expresión «Ya pasó el tiempo de orar», adquiere un significado duro.

No hay palabras de consuelo adecuadas cuando se pierde la esperanza, se quebrantan los sueños, se pierden vidas y el no de Dios llega a ser permanente. Los que no hemos viajado por el sendero de otros debemos ser muy cuidadosos y no ofrecer respuestas enlatadas y soluciones fáciles. El dolor es real. No entendemos completamente y Dios se ha quedado con muchas de las respuestas que deseamos.

Finalmente es asunto de confiar. Cuando se han pronunciado todas las oraciones y se han recibido todas las respuestas, debemos decidir si creeremos que Dios es bueno aunque lloremos por las respuestas que ha enviado. Poner nuestra confianza en el Señor no es simplemente contar con que nos dé lo que queremos sino creer que nos ama y se ocupa de nosotros hasta en el albor de una tragedia. Es la convicción de que Dios sabe qué es lo mejor y que en el cielo podremos pedirle que explique qué es lo que no tiene sentido aquí en la tierra. Es la profunda creencia en que Dios tiene una explicación buena y correcta.

Confiar en Dios es colocar todo nuestro peso sobre Él. Cuando no entendemos, cuando estamos dolidos, cuando sufrimos el desengaño, cuando ya no queremos pedir por algo o alguien, cuando nos sentimos furiosos por el resultado, entonces confiar en Dios finalmente es tirarse exhaustos sobre Él. Ahí es cuando la oración vuelve a su significado más puro como comunión. Cuando estamos al otro lado de pedir simplemente venimos a Dios por quién es y nos conectamos con Él en la expresión más elemental de la fe.

Recuerde. Dios es demasiado sabio como para cometer un error y demasiado bondadoso como para hacer algo cruel.

Buen y sabio Dios, a veces no es fácil decir: «Confío en ti». No me diste lo que tanto quería. Cuando estaba tan seguro de que dirías que sí dijiste que no. Cuando aún tenía esperanza se acabó para siempre. ¿Puedes sentir mi dolor? ¿Entiendes lo que trato de decirte? ¿Estás oyéndome? ¿Escucharás y responderás a esta oración? Ya no tengo más palabras. Deja que mi corazón se comunique con el tuyo. Confiaré en ti lo mejor que pueda. Dame más fe. Pondré todo mi peso sobre ti. Creeré en t para todo lo que no pueda saber. Interpretaré la vida por quien eres y no por lo que suceda. Confiaré en que me darás nueva esperanza y mayor fe. Si pierdo todo lo demás, te tendré a ti. Y eres todo lo que necesito. Gracias, Jesús. Amén.

Kajaki

Kajaki

Kajaki


Basada en hechos reales. Tres soldados británicos que pertenecen a un destacamento que opera en Afganistán, son enviados a un acantilado en una misión de patrullaje. Lo que les espera es un campo minado que pone en riesgo a todo el pelotón. Calificación de 10.
Kajaki

Kajaki

I, Daniel Blake

I, Daniel Blake

I, Daniel Blake


Daniel Blake es un trabajador mayor que a causa de un infarto sufrido ve complicada su situación laboral, por lo que tienen que recurrir a solicitar ayuda del gobierno. Pero los requisitos que le ponen se contraponen entre sí y resulta imposible obtener algún ingreso. Calificación de 10.
I, Daniel Blake

I, Daniel Blake

I don’t feel at home in this world anymore

I don't feel at home in this world anymore

I don’t feel at home in this world anymore


Una enfermera está al borde del colapso por culpa de las personas que se cruzan en su camino y que actúan con bandera de voy derecho y no me quito. La gota que derrama el vaso ocurre cuando sufre un asalto a su casa. Junto a un tímido vecino, planea la venganza. Calificación de 10.
I don't feel at home in this world anymore

I don’t feel at home in this world anymore

Zero days

Zero days

Zero days


Con la intención de frenar la producción de energía nuclear de Irán, los Estados Unidos junto a Israel desarrollan un poderoso malware. El problema es que se sale de control y ahora se ha convertido en una amenaza para el mundo. Calificación de 10.
Zero days

Zero days