Tres pasos adelante dos para atrás

Charles R. Swindoll

Tres pasos adelante dos para atrás

Tres pasos adelante dos para atrás


El autor no insta a mantener la perseverancia a través de las presiones. Presiones que van desde los malentendidos, temores y ansiedad hasta los errores, pérdidas y defecciones. Los capítulos referentes a los imposibles y la paciencia son bastante interesantes. Calificación de 10.

Defección: Acción de separarse con deslealtad de la causa o parcialidad a que pertenecían.

Personas como usted y yo nos encontramos sosteniendo peligrosamente cargas pesadas de ansiedad que penden de los muy delgados hilos de la paciencia. Con frecuencia tales hilos se cortan y necesitan reparación.

Dios no nos promete una burbuja de protección ni una liberación garantizada de la calamidad. ¡Pregunte eso a individuos como Job, José, Daniel o Pablo!

Primer error: Por el hecho de que usted es cristiano, todos sus problemas están resueltos. Le hacemos un servicio muy malo al inconverso cuando le decimos: “Acuda a Cristo, y todos sus problemas se habrán acabado”. La Biblia nunca dice eso. Ella promete que seremos nuevas criaturas; nos asegura que tendremos un destino cierto; pero no nos garantiza que, tan pronto como Cristo entra en la vida de una persona, ésta se deslizará sin contratiempos. ¡De hecho, en algunos casos los problemas aumentan y el camino se hace más duro!

Segundo error: Para todos los problemas que vaya a enfrentar hay solución en la Biblia. No la hay. Es muy imprudente hacer declaraciones amplias y generales en aspectos acerca de los cuales no hablan las Escrituras. Hay muchas ocasiones en que no hallamos una respuesta explícita en la Biblia para nuestro problema particular. En tales ocasiones nos vemos obligados a andar por fe, confiando que el Señor nos indicará el siguiente paso que debamos dar. La Biblia simplemente no ofrece una respuesta específica para todos los problemas de la vida.

Tercer error: Si tiene problemas, no es espiritual. ¿No es una vergüenza que esta idea se comunique en muchos lugares hoy? ¡El hecho de tener un problema simplemente prueba que usted es humano! Todos tenemos problemas, y usted no carece de espiritualidad por el hecho de que esté luchando con un dilema. En efecto, algunos de los hombres y mujeres más espirituales que jamás haya conocido yo, han luchado con algunos de los más profundos problemas de la vida.

Cuarto error: El hecho de estar recibiendo sana doctrina bíblica automáticamente resuelve los problemas. La enseñanza bíblica sola no dará como resultado la solución instantánea de los problemas. No importa cuán confiable sea la enseñanza ni cuán dotado sea el maestro, la declaración de la verdad no ofrece la remoción de las dificultades.

Pensemos en las Escrituras como un mapa absolutamente exacto. Un mapa nos dice cómo llegar a cierto destino. Pero el solo hecho de examinar el mapa no nos transportará automáticamente a Arizona, a Inglaterra o al Perú. Para llegar a esos lugares, usted tiene que hacer el esfuerzo . . . pagar el costo . . . apartar el tiempo para viajar .. . seguir el viaje hasta llegar. Así es en la vida cristiana. El mapa de Dios es confiable y está a la disposición. También es claro y directo. Pero en sus páginas no hay fórmulas mágicas que automáticamente despachen a sus lectores por la vía de la alfombra mágica

La madurez es un proceso que a mí me gusta llamar “osmosis espiritual”. Oímos y absorbemos la verdad bíblica, y luego, permitimos que esa verdad penetre en nuestras vidas internas profundamente hasta donde se forman las actitudes y se hacen las decisiones. Luego, cuando surjan circunstancias que exijan una respuesta sobrenatural, el Espíritu Santo que mora en nosotros tiene suficiente munición para darnos estabilidad y poder para que les hagamos frente. Esto obra en toda clase de experiencias difíciles. Cuando lleguen las irritaciones, obedezca a Dios y, al hacerles frente, ponga en práctica su Palabra. Cuando lleguen las tentaciones, aplique los principios bíblicos que le ayudan a hacerles frente de manera victoriosa. Cuando surjan los pecados de la carne, aplique las verdades que se le han enseñado. Mediante la experiencia de toda esta aplicación, llegará a ser sabio y más maduro.

Nuestras mentes caídas son así. Y cuando decidimos entender mal, avivamos el fuego de la exageración. Y si alguna vez usted ha sido mal entendido, ya sabe de qué estoy hablando. A medida que el tiempo pasa, el asunto va empeorando, en vez de mejorar. Eso es parte del aguijón que se sufre al ser mal entendido.

El único músculo que usted necesita para quebrantar la dignidad de otra persona es uno que está escondido dentro de su boca. Puede destruir una vida con su lengua. Leí de un caso en que una mujer que se suicidó dejó una nota que simplemente decía: “Ellos dijeron . . .”. Nunca terminó. “Ellos dijeron” algo que la mató.

Nosotros crecemos espiritualmente a través de los malentendidos. Por medio del malentendido llegamos a ver al Señor como nuestro Defensor. Usted puede acostarse tranquilo por las noches al saber que, aunque la lengua de su acusador puede estarse moviendo, Dios tiene a su cargo la situación.

Usted nació en la familia de Dios; así que no se contente en vivir como un huérfano.

Dios nos susurra en los placeres, nos habla en la conciencia, pero nos grita en nuestros dolores: es su megáfono para despertar a un mundo sordo.

Los humanos somos criaturas extrañas. Cuando nos perdemos del camino, andamos más rápido. En vez de hacer una pausa para reagruparnos, vamos de lugar en lugar.

El doctor Thomas H. Holmes y sus colegas de la Universidad de Washington han hecho una considerable investigación en el área de la tensión humana. Ellos midieron la tensión en “unidades de cambio de vida”. En la escala de ellos, la muerte del cónyuge equivalió a 100 unidades de cambio de vida. El divorcio equivalió a 73 unidades. El embarazo, a 40, la remodelación de la casa, a 25 … y la agitación por las fiestas navideñas llegó a 12 unidades (¡lo cual no es sorprendente!). Ellos llegaron a la conclusión de que, desde el punto de vista estrictamente humano, ninguna persona puede manejar con su propia fuerza 300 unidades o más de cambio de vida en un período de 12 meses, sin que sufra física o emocionalmente en el transcurso de los siguientes dos años.

Nuestras pruebas no son superficiales ni carecen de importancia. Son vehículos de gracia que Dios usa para traernos crecimiento.

Dios dice que él es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. El está inmediatamente disponible. ¿Se da cuenta usted de que en cualquier parte donde esté viajando, y a cualquiera hora del día, puede llamarlo, y él le responderá? El ni siquiera exige nunca que establezca una entrevista. Nunca lo coloca en una “lista de espera”. No; él dice: “Te ayudaré ahora mismo”. El es un Auxilio pronto e inmediato.

¿Cuándo llegaremos a comprender que las ventiscas de nuestras vidas son permitidas por Dios? Esas tormentas amenazantes están diseñadas para que reduzcamos la velocidad, para hacer que nos subamos a sus brazos, para obligarnos a depender de él.

¿Ha pensado alguna vez en el mensaje de Dios cuando pierde a algún ser amado?

Tenga en mente que la Biblia es un libro de realidades. Eso fue lo que me atrajo a ella hace años. Ella no ensalza a los santos; dice la verdad acerca de ellos. Los pinta como son. Cuando actúan como hombres de Dios, ella los presenta como tales. Y cuando fracasan, descubre eso. La Biblia no anda con rodeos.

Job no merecía sufrir las pérdidas que experimentó. Todas las pérdidas no vienen por causa de hacer lo malo. Algunos del pueblo de Dios que sufren grandemente, no lo merecen, desde el punto de vista humano.

Cuando ustedes vean que su sueño muere, y piensen que llegó el fin; cuando vean que el romance fracasa, Dios dice: “¡Oye! Aún estoy aquí. ¿Me recuerdas?” Tales tiempos difíciles nos sazonan, nos atemperan . . . nos maduran. Las pérdidas dan temple a nuestras vidas, que de otro modo serían frágiles.

Bayly menciona en su libro que una de las mejores contribuciones que podemos dar a una persona que está pasando por intensos sufrimientos y pérdida es hacer acto de presencia sin decir palabra, ni siquiera descargar versículos bíblicos en el oído del que está afligido. El escribió: No trate de probar algo al que sufre. Ponerle el brazo sobre el hombro, tomarle fuertemente la mano, darle un beso: éstas son las pruebas que necesita el afligido, no razonamientos lógicos. Yo estaba sentado, desgarrado por la aflicción. Alguien llegó y me habló acerca de los tratos de Dios, de la razón por la cual esto sucedía, de la esperanza después del sepulcro. Me habló constantemente, me decía cosas que yo sabía que eran ciertas. Yo estaba inmóvil, lo único que deseaba era que él se fuera. Al fin se fue. Vino otro y se sentó junto a mí. No habló nada. No hizo preguntas fundamentales. Simplemente, se sentó junto a mí durante una hora o más, oyó cuando yo dije algo, respondió brevemente, oró sencillamente, y se fue. Me conmoví. Me sentí consolado. Lamenté que se fuera.

Crea en Jesucristo, y usted entrará en un mundo de pruebas que nunca antes conoció, por cuanto habrá llegado a ser objeto del mismo Jesús, y en su vida han de ser formados los rasgos del carácter de él. Y francamente, no se pueden formar sin el fuego y la pérdida. Puesto que nuestra meta es glorificar a Cristo, podemos esperar alguna pérdida. Cuando usted sufre y pierde, eso no significa que está desobedeciendo. De hecho, eso pudiera significar que está precisamente en el centro de la voluntad de Dios. El sendero de la obediencia se caracteriza a menudo por tiempos de sufrimiento y pérdida.

Si usted no está actualmente en tal aprieto, no pasará mucho tiempo sin que lo esté. Si las cosas parecen un poco difíciles hoy, simplemente espere: ¡pronto serán imposibles!

Probablemente, Felipe no era el más inteligente del grupo. (Personalmente creo que Judas era el más aguzado de los 12 apóstoles. A propósito, a menudo se cumple eso cuando se trata de lobos y de falsos profetas.)

Cuando uno se enfrenta a una imposibilidad, hay que dejarla en las manos del Especialista. Niéguese usted a calcular. Niéguese a dudar. Niéguese a resolverla por su propia cuenta. Niéguese a preocuparse o a animar a otros para que se preocupen. Opóngase a eso. En vez de ello, diga: “Señor, tengo algo que no puedo manejar. Como tú no sólo puedes, sino que también estás dispuesto y ansioso de ayudarme, quita esto de mis manos. Para mí es imposible, pero para ti no lo es”. La perseverancia a través de las presiones de las imposibilidades exige esa clase de confianza. Ahora bien, nuestro problema está en que nos aferramos a nuestros problemas. Si usted nota que su reloj suizo de pulsera no funciona, no se sienta en la casa con un destornillador y comienza a arreglarlo por su propia cuenta. Lo lleva al especialista. ¿Qué pasa si se pone a trabajar con el reloj y luego se lo lleva al especialista? —Señor, mi reloj dejó de funcionar. — ¡Ah, verdad! Vamos a ver qué le pasa . . . ¿Qué le hizo usted a este maravilloso reloj? El problema está en que el Señor recibe los desechos. Nosotros cometemos todos los errores y hacemos incontables nudos mal hechos, y luego tiramos el asunto al regazo del Señor y le decimos: “Aquí lo tienes, Señor”. ¡No! En el mismo comienzo, diga: “Es imposible. No lo puedo manejar. Señor, antes que yo lo eche a perder, te lo entrego”. El puede manejarlo.

Algunos de nosotros preferiríamos hacer lo malo en vez de esperar.

No creo que necesitemos amplia enseñanza sobre esperar. ¡Lo que necesitamos son largos períodos de práctica!

Nosotros crecemos y aprendemos, no cuando las cosas vienen instantáneamente por nuestro camino, sino cuando nos vemos obligados a esperar. Así es como Dios nos atempera y nos sazona; nos ablanda y nos madura.

Hay una diferencia definida entre las pruebas y las tentaciones. Las pruebas son experiencias severas que fortalecen nuestra fe. Normalmente, en una prueba no hay nada inmoral. Es simplemente una penuria, una experiencia difícil. Pero por lo general, no es algo malo, ni producido por el mal. […] La tentación es el acto de incitar a hacer el mal mediante una promesa de placer o ganancia. […] La tentación lo motiva a uno a hacer lo malo mediante la promesa de algo bueno. ¿No es ésa precisamente la obra del diablo?

Dios permite que en nuestra vida ocurran los eventos tal como ocurren. Pero cuando nosotros nos rendimos a las tentaciones que se nos presentan, Dios no tiene, en absoluto, parte en el acto nuestro. En vez de ello, lo que ocurre es que usted y yo hemos desobedecido, y nos hemos entregado a la tentación.

El pecado se produce cuando estamos de acuerdo con la tentación y la seguimos.

Usted es un necio, un simplón, si, sabiendo qué es lo que lo debilita, de todos modos sigue alimentándose con ello. Al traer constantemente tentaciones ante sus ojos y permitir que se asienten en su mente, usted está jugando a caer directamente en las garras del diablo. Si las relaciones con ciertas personas lo debilitan, absténgase de ellas.

“Los deleites temporales del pecado”. ¡Qué elocuente expresión! ¡Y qué verdadera! ¿El pecado es deleitoso? ¡Sin duda! Es tan deleitoso que las personas arriesgan su propia reputación para probarlo. Al hacerlo, todos los esfuerzos de nuestra mente para alertarnos sobre el peligro del pecado quedan neutralizados. Nos apartamos de las advertencias internas cuando nos volvemos al deseo.

Controle su vida pensante aprendiendo de memoria la Palabra de Dios.

Cuando uno comete un error por causa del pánico, simplemente comete el primero, y ése conduce rápidamente al siguiente, y así sucesivamente, como si fuera una fila de personas que juegan al dominó.

Esa es otra característica, de paso, de los errores bien intencionados. Uno piensa que todo el mundo lo entenderá.

Es notable el hecho de que los errores causados por algún punto débil pueden ser obvios para todos, menos para la víctima.

Inmediatamente, después de haber cometido un error, póngase de rodillas, caiga delante de Dios, y expóngale su vergüenza y desilusión.

Mark Twain escribió una vez: “Cada uno es una luna, y tiene un lado oscuro que nunca le muestra a nadie”. Pero Dios conoce ese lado oscuro. El lo ve claramente.

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades (Hebreos 4:15). Hay un gran consuelo en esas palabras. ¿Pero ha leído usted alguna vez los dos versículos que preceden al 15? El versículo 13 dice que nada está escondido de la mirada de Dios. “Todas las cosas están desnudas y abiertas ante sus ojos”, ¡y aun así él simpatiza con nosotros! Le diré que esto me llena de ánimo. Aunque nos aflija lo externo y nos perturbe lo interno, aunque seamos propensos a las equivocaciones, ¡él entiende!

“Los cristianos no son perfectos, sólo son perdonados”.

Sí, ni siquiera el hecho de llegar a ser cristianos borra nuestras imperfecciones. Todavía cometemos errores; aun errores estúpidos. Pero, gracias a Dios, el perdón nos da esperanza. Aún necesitamos mucho de esto.

¡A menudo, los que son sumamente inteligentes, que tienen un coeficiente de inteligencia de 130 o más, sufren más de sentimientos de inferioridad que los que están por debajo de ese número! De hecho, en los experimentos, tales individuos sufrieron mucho más que los otros. Y los que tuvieron un coeficiente de inteligencia relativamente bajo, en relación, tenían pocos problemas relacionados con sentimientos de inferioridad.

Una cubierta común consiste en adoptar el tipo de personalidad que frecuentemente llamamos el complejo de superioridad. Este es el tipo de persona que siempre parece estar por encima de las cosas. Estas personas frecuentemente tienen imágenes inferiores de sí mismas, pero no se puede ver eso en la superficie. Otro método para enmascarar el complejo de inferioridad es el sarcasmo. Un proceder sarcástico a menudo no es otra cosa que una cubierta o una compensación de los sentimientos de inferioridad.

Dios tomará nuestras incapacidades y las cambiará, y nos dará las palabras que debemos decir. Las incapacidades no tienen que descalificarnos.

Si usted va a hablar el mensaje de Dios, ha de expresar las palabras de Dios. El colocará sus palabras, no las de usted, en su boca. Alguien ha dicho que la diferencia real entre el predicador que habla en la carne y el que habla del Espíritu es que el que habla de la carne tiene que decir algo, mientras que el que habla del Espíritu tiene algo que decir.

Y Amasias dijo a Amos: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, y come allá tu pan, y profetiza allá (Amos 7:12) […] Entonces respondió Amós, y dijo a Amasias: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Vé y profetiza a mi pueblo Israel (Amós 7:14, 15). ¿Dónde tiene Amós fijos los ojos? En el Señor. Amós no solicitó este trabajo; Dios lo llamó. El Señor le dijo: “Vé y profetiza a mi pueblo Israel”.

Si no hubiera sido por sus pecados y por los míos, no hubiera habido necesidad de un Salvador. Dios lo amó de tal manera que envió a su Hijo. Incluso él busca que usted lo adore (Juan 4:23). A él le encanta estar con sus hijos.

El que frecuentemente se siente inferior es el que se concentra en aquella parte que no está terminada, en vez de concentrarse en la que se está perfeccionando o en la que ya está terminada. Dios está obrando en usted, pero él no ha acabado la obra todavía. Recuerde usted la palabra clave: ¡perseverar!

Los órganos vitales no son realmente los que se ven.

Una de las características del cuerpo es que se preocupa por sí mismo. Usted no puede decir nunca: “Me duele el dedo, pero me siento bien en todo el resto del cuerpo”. Eso no es normal.

Cuando estamos intimidados, cuando carecemos de confianza, invariablemente estamos más conscientes de la persona que nos ataca que del Señor.

Los que estudian sicología nos dicen que la ira tiene varias fases. Todos nosotros hemos experimentado algunas de esas fases. La ira puede comenzar con una irritación leve, que no es otra cosa que tal vez una experiencia inocente de disgusto, un suave sentimiento de molestia producido por alguien o por algo. Luego, la ira puede pasar de la irritación a la indignación, que es un sentimiento del que hay que responder a algo; tiene que haber una venganza del mal que se nos hizo. Pero tanto, la irritación como la indignación pueden producirse sin ser expresadas. Si se alimenta la indignación, conduce a la ira, que siempre se expresa. Los sicólogos nos dicen que la ira es un fuerte deseo de venganza. Luego, a medida que crece, la ira se convierte en furia. Esta palabra sugiere violencia, aun la pérdida del control emocional. La última fase de la ira es la cólera. Obviamente, la cólera, o rabia, es la forma más peligrosa de la ira.

La cólera es una pérdida temporal del control que envuelve actos de violencia; la persona airada escasamente comprende lo que ha hecho.

¡La ira es una emoción dada por Dios! Hay algo inhumano en la persona que nunca se aíra. Tiene una rara constitución. Nosotros seríamos rápidos en decir que el que no muestra compasión realmente no tiene corazón. Y el que no ama, bueno, hay algo terriblemente malo en él. Estas emociones fueron dadas por Dios, y él dice que las expresemos. Lo mismo es cierto con respecto a la ira. Dios dice: “Airaos”.

A menudo, los padres somos dados a la impaciencia, a la falta de comprensión real de los sentimientos de nuestros pequeños, de nuestros adolescentes, de nuestros jóvenes adultos que aún vivan en el hogar. Cuando exasperamos a nuestros hijos al tratarlos injustamente, y ellos responden con ira, esa ira se justifica. ¡No provoque a ira a sus hijos!

Sea sensible a su esposa y a sus hijos. No utilice el concepto de autoridad como un garrote brutal y sangriento, para enseñorearse de su familia. En vez de ello, sea una autoridad que sirve.

Cuando tenemos envidia de alguna otra persona, con frecuencia nuestra reacción es de ira, especialmente cuando dicha persona recibe alguna clase de elogio o promoción o atención de parte de otras personas. “ ¡Eso no es justo! Yo sí tengo el derecho de disfrutar de eso, ¡él no!” Esa clase de ira no se justifica.

La prueba real no se produce en el culto del domingo por la mañana. Se produce en el restaurante el viernes por la noche, cuando las cosas no nos salen como queremos.

Sinceramente, nunca llegaremos a ser hombres y mujeres de Dios sin experimentar algo de soledad.

Ante los ojos de Dios, es una gloria que usted sea suficientemente grande como para pasar por alto la ofensa. Cristiano, no busque pelea. No busque camorra. No defienda su punto de vista, ni su derecho. Esté dispuesto a conceder.

El único instrumento afilado que adquiere más filo con el uso es la lengua.

Ninguna persona se vuelve vil de improviso. No existe nada que se llame “defección instantánea”. La erosión se produce a lo largo de un período. Un pequeño compromiso es seguido por otro, y los dos son tolerados con un compromiso aun mayor. La defección a menudo comienza en la vida pensante y luego se abre camino hacia el corazón (hacia lo profundo, donde se toman las decisiones atrevidas, donde se forman las convicciones), y luego pasa a las acciones de la vida. Pero se necesita tiempo para que se desarrolle la defección.

En la primera epístola a los Tesalonicenses, Pablo escribió: “Absteneos de toda especie de mal” (1 Tesalonicenses 5:22). Si sólo tiene apariencia de malo, apártese de ello. Las personas que se comprometen y comienzan a desertar tienden a tolerar lo malo.

Muy a menudo, la defección se produce en tiempo de bendición y prosperidad, no en tiempo de prueba. ¿Sabe usted cuándo pecó David? En el cenit de su carrera. La vida de David pudiera representarse como el desplomarse de un avión que cuanto más sube, más impresionante es su caída. El se había movido desde la función de pastor de ovejas hasta la de rey de Israel. El pueblo lo amaba; lo elogiaban. Nunca había perdido en el campo de batalla. El había ampliado el reino de Israel hasta llegar a alturas increíbles. Y en este tiempo de prosperidad, David se hundió en su ruina. Cuando vienen las pruebas, somos purificados; pero cuando viene la prosperidad, entonces somos vulnerables.

Nuestros momentos más vulnerables son aquellos en que disfrutamos de prosperidad.

¡Es más duro permanecer victorioso que llegar a ser victorioso!

Nuestro Padre Dios nunca rechaza el verdadero arrepentimiento. El lo honra cada vez que se produce.

No importa qué tipo de defección sea la suya, cualquiera de estos días se ha de manifestar y va a ser una calamidad. Satanás está haciendo que usted piense que, si no es atrapado en lo que está haciendo, todo está bien. Amigo mío, usted está atrapado.

Desde el principio me preguntó si no estaba grabando la conversación. Le dije que por supuesto que no, pero como insistía se lo juré: “Por Jesucristo, no la estoy grabando”. Con los eclesiásticos pasa algo curioso, que apenas uno pone al jefe como testigo les da algo de temor.

La razón por la cual tantísimas personas son infelices hoy y buscan ayuda para hacer frente a la vida es que no entienden en qué consiste la existencia humana. Mientras no reconozcamos que la vida no es sólo algo para disfrutar, sino más bien una tarea que a cada uno se nos asigna, nunca hallaremos significado en nuestras vidas, y nunca seremos verdaderamente felices.

¿Por qué continuar perseverando? ¿Por qué continuar firmes contra las fuertes corrientes de la tentación, del temor, de la ira, de las pérdidas, de la tensión, de las imposibilidades, de los mal entendidos, de los errores? ¿Por qué luchar contra la defección? ¿Por qué dominar el complejo de inferioridad? ¿Por qué seguir esperando? ¿Por qué? Le diré por qué. Porque ése es el terreno real donde se forja, se forma, se atempera y se pule el verdadero carácter. Por el hecho de que allí es donde a la vida de Jesucristo se le da la máxima oportunidad para reproducirse en nosotros, de reemplazar una delgada y frágil teología interna por un conjunto de convicciones firmes y confiables que nos capaciten para manejar la vida, en vez de escapar de ella.

Cuando se conmueven los fundamentos, cuando los amigos cristianos, aun los líderes, son inmorales y caen en la apostasía, cuando perdemos la base de sustentación y los golpes brutales intentan lanzarnos al rincón de la duda y de la incredulidad, necesitamos lo que ofrece la perseverancia: disposición para aceptar lo que venga, fuerza para hacerle frente, determinación para estar firmes y discernimiento para ver la mano del Señor en todo ello. Sin la perseverancia, tropezamos y caemos. Y Dios se apesadumbra. Con la perseverancia, sobrevivimos y vencemos. Y Dios es glorificado.

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A matar gigantes a sacar espinas

Charles R. Swindoll

Somos atacados y puestos a prueba de diferentes formas: ya sea por gigantes despiadados que nos golpean de manera brutal y frontal, o por medio de espinas que mediante un ataque liviano, casi invisible, buscan alcanzar su objetivo: derrumbarnos. El autor nos enlista algunos gigantes y ciertas espinas (de los y las más comunes), con el fin de conocerles y hacerles frente. No por nuestras fuerzas, sino mediante Aquél que nos amó. Muy interesante las espinas de los clichés que utilizamos en la iglesia. Calificación de 9.5
A matar gigantes a sacar espinas

A matar gigantes a sacar espinas

La aflicción es para el consuelo y la salvación de otros.

No se consigue prevalecer sobre los gigantes usando sus mismas técnicas.

Usar la honda y piedra del Espíritu es algo mucho más delicado que usar el garrote de la carne, pero cuán dulce y definitiva es la victoria cuando la piedra da en el blanco.

¿Está usted enfrentando un gigante? […] ¿Está siendo intimidado por uno de esos gigantes? ¿Ha llegado la intimidación a un nivel insoportable? ¿Le duelen los oídos por sus constantes amenazas? Le ruego que no corra, pero tampoco lo animo a que comience a buscar un garrote más grande. Actúe como David. Entregue su Goliat al Señor, el matador de gigantes. Explíquele al Señor cuán deseoso está usted de que Él gane la victoria y no el gigante; y reconozca que tampoco puede ganar usted, sino Él.

El temor. ¿Alguna vez ha conocido a esta bestia? Seguro que sí. Ella se desliza hacia donde usted se encuentra por decenas de entradas diferentes. El temor a fallar. El temor a las multitudes o a las enfermedades. El temor al rechazo, al desempleo o a lo que otros dicen de usted. El temor de alejarse, el temor de las alturas o a las profundidades, el temor a la distancia o a la muerte. El temor a ser usted, el temor a comprar o a vender o a un desastre económico. El temor de la oscuridad o el temor a estar solo.

Es imposible vivir para Cristo victoriosamente sin tener valor.

El valor real no está limitado al campo de batalla, a la pista de automóviles de carrera de los 800 kilómetros de Indianápolis o a atrapar a un ladrón en la sala de su casa. Las pruebas reales del valor son más amplias, más profundas y más silenciosas. Las verdaderas pruebas son las pruebas interiores tales como permanecer fiel cuando nadie lo está mirando, soportar el dolor cuando no hay compañía, o permanecer firme cuando nos entienden mal.

Los ganadores de medallas de oro divinas lo hacen en secreto, pues la mayoría de sus actos de valor ocurren muy profundos, en el interior, lejos del aplauso de la opinión pública, allá en el desván, o quizás cuando se encuentra solo frente a un gigante.

No existe un tormento como el tormento interior de un espíritu que no perdona. Ese es un espíritu que rechaza ser apaciguado, que se opone a ser sanado, que se niega a olvidar.

Los celos son el dolor de perder lo que tengo porque no quiero que pertenezca a otro y siento que lo voy a perder a pesar de todos mis esfuerzos por mantenerlo.

Cuando la lujuria le sugiera un tentador lugar de cita, envíe a Jesucristo como su representante. Que Él le diga a su indeseable pretendiente que usted no desea nada con ella, nada. Que el Señor le recuerde que debido a que usted y Cristo han sido unidos, usted ya no es esclavo de gigantes. Su muerte y resurrección lo liberó de la sofocación del pecado y le dio un nuevo Señor. Y antes de dar al gigante de la lujuria un fuerte empujón para sacado de su vida, que Cristo le informe que la paz permanente y el placer de que está disfrutando en su nuevo hogar con Cristo, son mucho más grandes que la excitación temporal de la lujuria y que usted no necesita su compañía nunca más para mantenerle feliz.

La soledad, aquel huésped no invitado de nuestras almas, llega al atardecer y se queda para la cena. Usted no ha conocido lo más profundo de la melancolía hasta que la soledad no le haga una larga visita.

Cuando nos sentimos solos, necesitamos un amigo comprensivo. Jesucristo es Aquel que es ”más unido que un hermano”. Cuando nos sentimos solos necesitamos fortaleza, aun para poner un pie delante del otro. Jesucristo es el “que me fortalece”. Cuando nos sentimos solos, necesitamos dejar de miramos a nosotros mismos. Jesucristo es “el autor y consumador” de la vida de fe, quien nos invita a poner nuestros ojos en El (Hebreos 12: 1-3) Y negamos a sucumbir.

Las estadísticas de la muerte son muy impresionantes. Uno de cada uno muere. George Bernard Shaw.

Esté quieto. Más que sus palabras, es su presencia lo que será más apreciado. El grueso manto de la aflicción ha caído sobre su amigo, ha traído tinieblas y pesar inexplicable. La abundancia de palabras y el intento de instruir sólo revelará un espíritu insensible a la persona que sufre.

Los que consuelan no se acercan para citar versículos bíblicos o con el fin de prestarle un montón de libros para que el afligido los lea. Simplemente se acercan para decir que se preocupan. No tratan de borrar el dolor del presente poniendo énfasis en la esperanza del futuro. Están comprometidos a apoyar; desean comprender al que sufre. Pocas cosas pueden sanar tan bien los espíritus como el bálsamo de un abrazo de apoyo.

Todos se acercarán a los que sufren, el primero o el segundo día. Pero ¿qué ocurrirá un mes después? ¿Qué pasará después que las flores se marchiten, cuando hayan pasado cinco meses? ¿O qué sucederá después cuando el pasto haya crecido sobre la tumba? La vida seguirá su paso, como un río turbio. Lamentablemente, también siguen llegando los recuerdos de aquel pequeño que partió y cuyo lugar en la mesa permanece vacío. Es en esos momentos cuando se necesita la mano consoladora de un amigo. Se necesita consuelo cuando los demás niños van a nadar, cuando se toman una galleta sin permiso o montan sus bicicletas. Esté comprometido a consolar más tarde, tal como lo está ahora.

Tal como Jesús, cuando estuvo con las hermanas de Lázaro en el crisol de la aflicción, sea verdadero (Jesús lloró), esté quieto (Jesús soportó sus reclamos cargados de enojo), dé apoyo (Jesús fue conmovido) y esté disponible (Jesús estuvo a su lado). No hubo sermones, no dejó folletos, no intentó corregir su mala comprensión, ni siquiera frunció el ceño en señal de desaprobación. Para matar gigantes se necesita tiempo. Nuestro Señor creyó, como nosotros debiéramos hacerlo, que somos sanados de la aflicción solamente cuando la expresamos totalmente. Tal vez esto explique por qué hay tantos que viven acongojados y tan pocos que consuelan.

El dolor humilla a los orgullosos, suaviza a los tercos, derrite a los duros. Silenciosa e implacablemente, el dolor gana batallas en lo profundo de un alma solitaria. Sólo el corazón conoce sus propios pesares y ninguna otra persona puede compartido totalmente. El dolor opera solo, no necesita ayuda. Sea a un hombre de estado, a un siervo, a un predicador, a un pródigo, o a una madre o su hijo, el dolor comunica su propio mensaje. Al permanecer, rechaza ser pasado por alto. Al herir, el dolor deja a sus víctimas en el profundo abismo de la aflicción. Es en ese punto de la aflicción que quien sufre puede someterse o aprender, desarrollar la madurez y el carácter, o resistir y convertirse en alguien lleno de amargura, abrumado por la autocompasión, y asfixiado por su propia voluntad.

Los rumores son así. En ellos, la información es divulgada a pesar de que faltan hechos que tengan autoridad, ni hay fuentes directas de información. Sin embargo, crean inquietud y perjuicio. Les dan vida los entremetidos que hacen concesiones a la actitud malsana de individuos criticones. Los rumores encuentran satisfacción al deambular por callejones poco iluminados y van lanzando bombas sutiles que explotan en la mente de otros al tocar el fusible de la sugerencia. Los rumores se alientan al ser el “inocente” canal de la información insegura, pero evitan informar de la fuente. Las omnipresentes frases tales como: “dicen que” o “he oído decir” o “me dijeron que”, permiten una puerta de escape para el hipócrita mercader de rumores.

Una lengua afilada es la única arma con filo que mientras más se usa, más se afila. Washington Irving.

Si sus labios van a evitar deslizarse cinco cosas observe con cuidado: A quién habla, de quién habla; y cómo, y cuándo y dónde. William Norris

A medida que nos volvemos menos tolerantes, también recibe un corto circuito nuestra disposición a aceptar las imperfecciones de otros o de aceptar una circunstancia que esté por debajo del ideal que nos hemos trazado. Lo peor de todo es que la encantadora espontaneidad de la amistad es deformada. Esa cadena de obligaciones construidas con los eslabones de las expectativas nos encierra en el calabozo de las decepciones.

¿Qué clase de funcionamiento tendría su automóvil si cada mañana antes de ir a su trabajo usted le echara un poco de tierra en el carburador? Ese motor bien afinado, muy pronto estaría chisporroteando y tosiendo. Finalmente, rechazaría arrancar. Lo mismo ocurre en la vida. Si usted piensa y tiene una actitud estrecha y destructiva de sí mismo y de otros, producirá un lento pero constante desgaste en su motor mental. Esto lo sacará del camino mientras los demás lo pasan.

Las cadenas del hábito son muy pequeñas como para ser percibidas hasta que sean demasiado fuertes como para ser rotas. Benjamín R. Dejung.

Parece que algunos cristianos han desarrollado como un arte de usar palabras gastadas, rutinarias y trilladas, es decir, ciertos clichés. En realidad cliché es un término francés. Originalmente significaba “estereotipo”: que es definido como algo que se repite sin variación. Son repeticiones frecuentes y casi mecánicas de la misma, cosa, algo que se conforma a un patrón.

Admitamos francamente que nuestras respuestas de línea de montaje y declaraciones rancias están cubiertas con la telaraña de la tradición tejida por la araña de la flojera.

Muchas de nuestras actividades en estos días no son más que un anestésico barato para amortiguar el dolor de una vida vacía.

El deterioro nunca es repentino. Ningún jardín repentinamente se cubre de espinas. Ninguna iglesia repentinamente se divide. Ningún edificio repentinamente se desploma. Ningún árbol, cae, como tampoco ningún matrimonio se destruye repentinamente. Ninguna nación se convierte repentinamente en un poder mediocre. Ninguna persona se convierte repentinamente en ruin. Lentamente, casi en forma imperceptible, ciertas cosas que antes eran rechazadas comienzan a ser aceptadas. Cosas que antes eran consideradas hirientes, ahora secretamente son toleradas. Al comienzo apetecen como inofensivas, incluso hasta emocionantes, pero la brecha que abren deja un espacio que se va ampliando mientras la erosión moral junta sus manos con el decaimiento espiritual. La brecha se convierte en una inmensa quebrada. El camino que al hombre parece derecho, se convierte en realidad en camino de muerte.

De algunas formas, la aprensión lo deja paralizado, inmóvil. Es un desasosiego indefinido, un sentimiento de incertidumbre, recelo e intranquilidad. Lo que la frustración es con respecto al ayer, la aprensión es con respecto al futuro.

A nosotros no nos gusta esperar. Las demoras son irritantes, provocadoras. Son como ruidos estridentes que alteran nuestros nervios. Con seguridad puedo decir que somos constantemente —y debiera decir, groseramente— exigentes. Queremos lo que queremos cuando lo queremos. Nadie piensa que las demoras son fáciles de aceptar.

Las mejores pruebas de mi crecimiento cristiano ocurren en el andar de la vida y no en la quietud de mi oficina. Cualquiera puede caminar en victoria cuando está rodeado de libros y silencio mientras los rayos calientes del sol atraviesan su ventana. Pero el atraso del avión en su salida, esas largas filas en el supermercado, aquellos restaurantes muy ocupados y esos cruces de ferrocarriles: ¡qué grandes fertilizantes para las espinas de la impaciencia!

A las auxiliares de vuelo no les interesaba mi teoría cristiana. No les importaba si yo creía en el rapto antes de la tribulación. Al camarero del restaurante no le impresionaría si pudiera comprobarle quién fue el escritor del pentateuco, ni la cajera del supermercado le miraría con reverencia si usted le informara de las características distintivas de la infalibilidad de las Escrituras que son parte de su creencia (aunque si usted habla de eso, tal vez ella sí se quede mirándolo). Sin embargo, una cualidad —una sola virtud poco común, tan escasa como los diamantes y el doble de preciada— los atraerá hacia usted y suavizará su espíritu. Esa cualidad es la capacidad de aceptar las demoras con gracia, calma, tranquilidad y comprensión. Y con una sonrisa. Si la túnica de la pureza es mejor que los rubíes, la de la paciencia es aun mucho mejor. ¿Por qué? Porque las fibras del desinterés y la bondad están tejidas en el telar divino y dirigidas hacia el interior de nuestra vida por el Espíritu de Dios.

Pasame otro ladrillo.

Charles R. Swindoll

Basado en el libro de Nehemías, el autor repasa una serie de características y conductas que un líder debería de proseguir y mantener. Cuando uno se encuentra en tal posición, se vuelve difícil mantener un plan de acción y además que esté alineado con nuestras convicciones. Nehemías, al tomar una monumental obra, nos marca la pauta. Calificación de 9.
Pasame otro ladrillo.

Pasame otro ladrillo.

No es envidiable la vocación de ser dirigente. Parece encantadora y gloriosa; pero a menudo es solitaria y desagradecida.

Uno dirije a otro individuo en la medida en que influye en él.

Cuando Salomón murió, hubo una división en las filas militares de la nación. Israel se convirtió en un reino dividido: diez tribus emigraron hacia el norte y establecieron su capital en Samaria; las otras dos se marcharon hacia el sur y se establecieron en Jerusalén y en sus zonas circundantes. Durante este período de división y guerra civil, a las tribus del norte se les dio el nombre de Israel, y al grupo del sur, Judá.

Dios no se limita a trabajar sólo con su pueblo. Cuando así lo decide, el trabaja en las vidas y en las mentes de los que no creen en El. Mueve los corazones de los reyes para que cambien de un plan a otro.

Nehemías llegó a la ciudad y reconstruyó el muro. En el capítulo 8, leemos que el pueblo se juntó en un gran tribunal y pidió que se sacara el libro de la ley de Moisés. Desde un púlpito de madera, Esdras leyó en alta voz a todo el pueblo. El pueblo permaneció oyendo desde la mañana hasta el mediodía y alabó el nombre de su Dios. Como usted ve, estas personas habían estado en cautividad. Eran hijos de personas que estaban en cautividad. Habían conocido la desolación espiritual. Y por primera vez veían que su ciudad mostraba indicios de comenzar de nuevo. ¡Qué momento tan emotivo tuvo que haber sido aquel en que Esdras les dijo: “Puestos de pie, oigamos la Palabra de Dios”! Cuando él abrió el rollo y lo leyó, la gente lloraba.

Algunos de los seguidores de Cristo que leen estas páginas viven con los muros de sus vidas rodeados de ruinas, y todo comenzó muy lentamente. Primero se aflojó un ladrillo o una parte de la mezcla. Luego apareció una grieta en el muro. Luego la parte agrietada se hizo trizas, y se abrió un agujero. Por causa del descuido, la maleza de la carnalidad comenzó a crecer a través del muro. Poco a poco, el enemigo logró acceso a sus vidas.

Nadie se vuelve repentinamente vil.

Tal vez usted se halle en una posición de gran importancia. Esa es una posición vulnerable. Cada futuro ascenso pone más en peligro su vida espiritual; su puesto amenaza su caminar con Dios.

El líder tiene un claro reconocimiento de las necesidades.

Usted nunca alivia la carga, a menos que antes haya sentido la presión en su propia alma. Usted no será nunca usado por Dios para llevar bendición, hasta que Dios le haya abierto los ojos y le haya hecho ver las cosas como son.

Dios ha escogido al padre para una de las más difíciles posiciones de dirección en el mundo: la de dirigir su hogar. El motiva, establece el paso, ofrece dirección y estímulo y maneja la disciplina.

“Los peores muchachos del mundo son los de la iglesia”. Se le echa la culpa a la iglesia. Pero este no es un problema de la iglesia, sino del hogar. Raras veces puede la iglesia resucitar lo que el hogar ha sentenciado a muerte.

¿Qué significa ayunar? Significa dejar de disfrutar de una comida con el fin de cumplir un propósito mayor: el de centrar la puntería en la andanza con Dios.

Dios no promete a la ligera. El dice: “Prometo que si tú me entregas tu carga, yo la llevaré. Si buscas primero mi reino, yo te daré todas estas cosas por añadidura. Si tú enderezas tu corazón delante de mí, te dirigiré por senderos de estabilidad y prosperidad”. Eso no significa necesariamente que El llenará la cartera de usted. Significa que le dará paz, como el mundo no la puede dar. “Te ascenderé a un puesto de acuerdo a mi juicio, y te sentirás satisfecho”.

¿Ha orado usted alguna vez así? “Señor, dame éxito. Haz que yo halle en tu voluntad aquel lugar en que reposa la prosperidad celestial, en cualquier nivel que sea. Que yo alcance lo máximo para que sea, ante tus ojos, próspero. ¡Y Señor, concédeme favor de parte de aquellos que tienen autoridad sobre mí!” Esa es una petición osada.

Un capitán permanece con su compañía y el jefe de un pelotón permanece con su pelotón. Cuando más crece la intensidad de la batalla es cuando más significado tiene su presencia. A los comandantes se los instruía a estar disponibles, a meterse en la batalla. El alejamiento continuado de los jefes militares debilita la moral de los que están bajo su mando. Los dirigentes de la obra de Dios harían bien en recordar este principio. La oración es de primaria importancia. Pero no la oración teórica. La oración que logra que se hagan las cosas es la que incluye la siguiente convicción: “Estoy disponible Señor, listo y dispuesto”.

Tengo que esperar hasta que termine la oración para actuar. La oración me obliga a abandonar la situación en las manos de Dios; me hace esperar.

No puedo preocuparme y orar al mismo tiempo. Hago la una cosa o la otra. La oración me tranquiliza. Reemplaza a la ansiedad por un espíritu calmado. ¡No se pueden dar golpes con las rodillas cuando estamos arrodillados!

Dios se especializa en las cosas que crees imposibles. El hace lo que otros no pueden hacer.

Es posible mover a los hombres por medio de Dios mediante la oración solamente.

Como canales de irrigación que llevan agua, así está el corazón del rey en la mano de Jehová. El hace que se doble y se incline hacia cualquier dirección que le plazca. Proverbios 21:1.

Nehemías había abandonado su preocupación en manos del Señor: “Señor, tómalo en tus manos. A ti te corresponde decir cuándo es el tiempo. Yo lo dejo todo en tus manos”. En consecuencia, pudo informar honestamente: “. . . yo no había estado antes triste en su presencia”.

¿Se ha encontrado usted en la circunstancia en la que es contestada una oración? Usted ora y espera, ora y espera, y finalmente, la puerta se abre de par en par. Por breves momentos usted se queda ahí casi incapaz de creer la realidad de la respuesta. Su mente se apresura mientras usted espontáneamente busca la dirección de Dios: “Oh Dios, este es un punto decisivo. Ayúdame a seguir de un modo muy cuidadoso”.

Cuando uno tiene el corazón en alguna otra parte es realmente difícil realizar la tarea que se tiene a mano.

La presencia de la fe no significa ausencia de organización.

El corazón del hombre piensa su camino; Mas Jehová endereza sus pasos. Proverbios 16:9

Admitimos que es difícil planificar. Pensar no es tan emocionante como actuar, pero si no se dedica tiempo a pensar, la confusión es inevitable.

Los soldados de la antigua Guerra de Revolución acostumbraban a decir: “Confía en Dios, pero mantén tu pólvora seca”. Ora a Dios, pero haz tus planes, establece tus puntos de vista, piensa completamente en los obstáculos.

El hecho de experimentar la crítica y la oposición no significa necesariamente que uno está fuera de la voluntad de Dios. Más bien, eso puede reforzar el hecho de que uno está en el mismo centro de su plan.

El cambio de corazón es asunto de Dios. No intente usted de cambiar a las personas para que se adapten a sus especificaciones. Repito, no lo intente. No intente manipular a los individuos, ni hacer juegos, ni planificar esquemas, trucos o engaños con ellos. En vez de eso, ¡hable con Dios con respecto a ellos!

Dios dice: “Déjamelas a mí. Yo las cambiaré de un modo que jamás creerás posible. Ahora, no lo voy a hacer según tú itinerario. Yo lo haré en el momento que crea oportuno”. Así que, hasta entonces, simplemente tranquilícese.

¿Cuánto tiempo ha malgastado murmurando de su jefe en vez de orar por él?

Los líderes de éxito saben manejarse en la soledad.

El carácter es aquello que usted es cuando nadie lo está mirando.

Cuando uno echa la culpa a otros y critica, suprime la motivación. Cuando uno se identifica con el problema, estimula la motivación.

Si usted realmente quiere verificar la habilidad que tiene una persona para dirigir, sólo fíjese si alguien lo está siguiendo.

Parte de los requisitos de trabajo no escritos para un dirigente es la capacidad para manejar la crítica. Esa es parte del liderato. Si usted no es criticado, es probable que no está logrando hacer nada. Un líder sabio evaluará la oposición del espíritu y de la actitud con que se da la crítica. También considerará la voz a la cual pone atención la oposición. Si las personas que lo critican a usted están atentas a la voz de Dios, es mejor que usted les ponga atención.

Nunca ponga sus ojos en algún miembro de la directiva de la iglesia, ni en ningún funcionario, ni en ningún amigo. Es la mejor manera de echar a perder sus pasos. En vez de ello, mantenga sus ojos fijos en Dios.

En cualquier organización, los que son más críticos contra el cambio son los más inflexibles. Se resisten a cambiar, y se vuelven especialmente suspicaces de los cambios que conduzcan al progreso y al crecimiento.

En todo dirigente se tiene que desarrollar la capacidad de medir el valor de la crítica. Tiene que determinar la fuente y el motivo, y tiene que oír con discernimiento. Algunas veces, lo mejor que se puede hacer es responder a la crítica y aprender de ella. Otras veces hay que pasarla por alto por completo.

¿Qué hacemos nosotros cuando se nos expresan palabras duras? Usualmente gritamos más fuerte. La última discusión que se produjo en su hogar duró tanto tiempo porque uno de los dos continuó gritando. Las discusiones nunca son calles de una sola vía. Siempre tienen dos vías; y a veces se producen en grupos. Si usted quiere acabar con una discusión, cierre la boca. Generalmente, con esto se le acabará la cuerda a la otra persona. Si usted quiere que siga la discusión, responda a la queja o critique de una manera fuerte.

Lo primerísimo que debe venir como resultado de la crítica es la oración. Este principio debe aplicarse en los negocios, en el hogar, en la escuela, y también en la iglesia. Nunca soy más significativamente usado por Dios que cuando estoy orando por los que me critican.

Ocasionalmente tiene que prevalecer la persistencia del sentido común. ¿Teme usted que alguien va a meterse en su hogar? Ciertamente, usted debe confiar en Dios, pero no olvide cerrar las puertas. No ore simplemente. Es una necedad dejar las puertas sin seguro, cuando está orando para que su hogar no sea asaltado de noche. ¿Se quedó sin trabajo? ¡Ore! Pero salga también a buscar trabajo. Haga una solicitud de trabajo. Llene planillas. Haga contactos. Póngase en contacto con tantas oportunidades como le sea posible. El Señor no tiene ninguna dificultad en dar en el blanco que se mueve. En efecto, es más fácil timonear un vehículo que se mueve que uno que está inmóvil.

¡En la mitad del camino está el desánimo! […] La pérdida de fuerza pone una fatiga emocional sobre nuestros cuerpos.

Hay muchos aspectos de la vida a los que nos aferramos por una seguridad tangible. Uno de esos aspectos es el relacionado con nuestro trabajo. Si toda su seguridad está relacionada con su trabajo, entonces lo único que se necesita es que usted pierda su trabajo para que el desánimo se apodere de usted.

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente … (Isaías 26:3, 4).

Amar en alguna forma es ser vulnerable. Ame a alguna cosa, y su corazón ciertamente será torturado y posiblemente sea quebrantado. Si usted quiere estar seguro de mantener el corazón intacto, no debe darlo a nadie, ni siquiera a un animal. Envuélvalo cuidadosamente con pasatiempos favoritos y pequeños lujos; evite todos los enredos; enciérrelo con seguridad en el estuche o ataúd de su egoísmo. Pero en ese ataúd, seguro, oscuro, inmovil, sin aire, cambiará. No será quebrantado; se volverá inquebrantable, impenetrable, irredento … El único lugar fuera del cielo donde usted puede estar perfectamente seguro de todos los peligros … del amor es el infierno.

Cuando el desaliento llegue a su corazón, una de las mejores cosas que puede hacer es acordarse de las promesas del Señor.

Decida voluntariamente abandonar el mal, ahora mismo. Usted no puede dejar de pecar en forma gradual.

La mayoría de nosotros puede pasar firmemente por una degradación, y no es capaz de pasar firmemente por una promoción. Y en este nivel es precisamente donde el líder piadoso se manifiesta fuerte. Cuando los buenos dirigentes son promovidos, saben manejar el honor.

Muchos cristianos parecen tener temor de aceptar responsabilidades que están más allá de sus capacidades.

En cada promoción hay privilegios, pero uno no debe aprovecharlos.

Parece que el pueblo nunca comprende lo grande que fue su dirigente o jefe anterior hasta que se va. De repente se citan sus palabras casi como si fuera un santo.

El hombre que es impaciente con la debilidad será defectuoso en su liderato. La evidencia de nuestra fortaleza no está en marchar rápidamente hacia adelante, sino en la disposición a adaptar nuestro caminar al paso más lento de nuestros hermanos más débiles, sin olvidar nuestra dirección. Si vamos demasiado adelante, perdemos nuestra capacidad para influir.

Debemos tener cuidado para que las cosas agradables no se apoderen de nosotros. No retengamos las cosas tan fuertemente, para que Dios pueda desprendernos de ellas cuando le plazca.

Cuando estamos bajo los ataques verbales de un público que intimida es cuando mostramos lo que somos.

Francamente, algunos de los días más desanimadores han sido los lunes. No puedo explicar por qué. Después de un gran domingo en que hemos sido elevados en cada uno de los servicios religiosos, cuando hemos oído testimonios y palabras de estímulo, cuando hemos cantado, tenido compañerismo, adorado y realmente disfrutado de la presencia del Señor conjuntamente, el lunes siguiente me sumo en el desánimo. También he descubierto que cuando me estoy aproximando a una tremenda experiencia cumbre, tiendo a caer súbitamente en una baja ola. Tal vez usted también haya descubierto que esto es cierto.

Una de las señales de madurez es la capacidad de decir no, sin necesidad de dar explicaciones.

Un rumor se distingue en primer lugar, por cuanto que nunca se declara su fuente. En segundo lugar, el rumor se distingue por la exageración y la inexactitud.

Porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Juan 4:4).

Los edificios satisfactorios y la operación bien organizada son esenciales. Pero tener a su gente agrupada, protegida y bien relaciona entre sí es igualmente vital. Los “muros” hay que construirlos, pero un líder efectivo y verdadero debe asegurarse de que lo que sucede adentro también sea real.

Los frecuentes cambios de último momento, las decisiones apresuradas, irritan á los que las siguen. Temen que las consecuencias los afecten.

Nunca ha dejado de asombrarme el hecho de que los cristianos tenemos que desarrollar cierta clase de visión selectiva que nos permite estar profunda y sinceramente envueltos en las actividades de culto y de la iglesia y, sin embargo, somos totalmente paganos en las cosas diarias de nuestras vidas de negocios, y nunca lo comprendemos.

Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Hebreos 6:10 .

El corazón alegre hermosea el rostro; Mas por el dolor del corazón el espíritu se abate. Proverbios 15:13.

¿Le produce usted gozo a las personas que dirige? ¿Se caracteriza su liderato por un buen sentido del humor? Son pocas las cosas que conozco que sean más magnéticas que una sonrisa o una disposición alegre, especialmente entre aquellos que trabajan en la obra de Dios.

Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

Nuestros compañeros ayudan a determinar nuestro carácter. Llegamos a ser como aquellas personas con las cuales pasamos el tiempo. ¿Tiene usted alguna idea sobre el efecto que sus amigos están produciendo en su vida? Ya perdí la cuenta de los padres que me han dicho: “Usted sabe, todo comenzó con una mala compañía”. Muchos hombres me han dicho: “Usted sabe, todo comenzó cuando permití que este individuo hiciera impacto en mi vida. Ese impacto me derribó”.

Cualquiera que sea el mal que haya en su vida, le va a cobrar su impuesto.