Mot naturen

Mot naturen

Mot naturen


Una caminata en las montañas es la oportunidad para que un hombre entre en contacto consigo mismo y con la naturaleza y se cuestione lo que pasa en su vida. En un intento de hacer un golpe de timón y cuando las condiciones están dadas para ese cambio, no lo puede hacer, por lo que debe regresar a su vida normal. Calificación de 10.

González. Falsos profetas.

González. Falsos profetas.

González. Falsos profetas.


González busca trabajo. Tras ardúa búsqueda consigue ser operador de call center de una de esas llamadas mega-iglesias brasileñas, donde lo que se ofrece es el alto al sufrimiento de las personas. Ahí se percata de como opera en realidad y cual es el verdadero objetivo de los dirigentes. Y entonces se pregunta: ¿por qué yo no? Calificación de 10.

Partisan

Partisan

Partisan


Gregori recoge a mujeres solas que llegan a dar a luz a los hospitales. Así se ha hecho de una especie de harem donde a los pequeños los adiestra para realizar trabajos poco ortodoxos. La buena vida se complica cuando aparecen los niños que empiezan a cuestionarse las cosas. Calificación de 10.

Disparos en la oscuridad

Fabrizio Mejía Madrid

Disparos en la oscuridad

Disparos en la oscuridad

Con una excelente prosa, mezcla de ficción y realidad, Mejía Madrid desgrana la vida y obra de Gustavo Díaz Ordaz, un político en cuyos orígenes se explica mucho de su proceder como burócrata, y que reflejó en su máxima expresión cuando ocupó el más alto puesto de la política mexicana. Es además una buena radiografía del poder, de cómo se maneja la política en México, en los años en que el Partido hegemónico era ley. Aunque a pesar del tiempo no creo que las formas hayan variado mucho. Calificación de 10.

El poder tiene la facultad de atemorizar a quienes se apoderan de él por métodos espurios, antes incluso de aterrorizar a quienes en principio debieran estar destinados a sufrirlo. Guglielmo Ferrero.

La derrota de los republicanos españoles es mantenida por México como mantiene la memoria de todos los derrotados de su propia Revolución: Madero, Pancho Villa y Zapata.

-Carlos Fuentes renunció a la embajada en Francia, licenciado…
-Fuentes se erige en juez de acontecimientos que no presenció. Yo no sabía que él estaba aquí en México en esos días. Si hubiera estado, quizás hubiera ido a la cárcel y no fue. Y no fueron centenares de muertos. Hubo algunos, no centenares. Tengo entendido que no pasaron de treinta y no llegaron a cuarenta, entre soldados, alborotadores y curiosos.

Sabrá que es muy fácil ocultar y disminuir –dice Díaz Ordaz-. Que se hicieron desaparecer cadáveres, que se sepultaron clandestinamente, se incineraron. Eso es fácil. No es fácil hacerlo impunemente, pero es fácil hacerlo. Pero los nombres no se pueden desaparecer. Si hay un nombre, que lo pongan en una lista. Ese nombre corresponde a un hombre, a un ser humano que dejó un hueco en una familia. Hay una novia sin un novio, una madre sin su hijo, un hermano sin hermanos, un padre sin hijo. Hay un banco en la escuela que quedó vacío, hay un taller en la fábrica, en el campo, que quedó vacío. Si hacen la lista de los muertos, no voy a admitir nombres inventados, que cojan dos o tres páginas del directorio telefónico. Vamos a comprobar dónde está el hueco porque el hueco no se puede destruir. Cuando se trata de destruir un hueco de esos, se agranda. Porque, para que no se quede un hueco en una familia, habría que acabar con la familia entera. –Pero el 2 de octubre ensombreció a México… -No a México. Ensombreció a unos cuantos hogares mexicanos. Y no vine a dar una clase de historia. Mire muchachito –Díaz Ordaz se le queda viendo fijamente al reportero José Reveles de la revista Proceso; para él es un universitario imberbe con un cuadrado que debe ser una grabadora-, estoy muy orgulloso de haber podido ser Presidente y haber podido así servir a México. Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años es del año de 1968 porque me permitió servir y salvar al país, le guste o no le guste -reacciona al gesto de desprecio del reportero- con algo más que horas de trabajo burocrático, poniéndolo todo: vida, integridad física, horas, peligros, la vida de mi familia, mi honor, y el paso de mi nombre en la historia. Todo eso se puso en la balanza. Afortunadamente salimos adelante. Y, si no ha sido por eso, usted no tendría la oportunidad, muchachito, de estar aquí preguntando. –Usted salvo a México, ¿de qué? –pregunta el muchachito. Del desorden, del caos, de que terminaran las libertades de las que disfrutamos. Quizás usted estaba muy chavito y por eso no se dio cuenta. –Pero hay un país antes y después de 1968… -Para mí, México es México, antes y después de Tlatelolco, esta plaza cercana –dice Díaz Ordaz, viendo las persianas del Salón Magno en Relaciones Exteriores moviéndose con los ventiladores-. Es un incidente penoso, pero México ya existía –y mira a los periodistas como una sombra compacta-. Yo les puedo decir a ustedes que a España va un mexicano limpio que no tiene las manos manchadas de sangre. Hubiera querido borrarlos a todos: a los reporteros, a los estudiantes, a sus familia. Limpiar, arrasar con todo. Quedarse solo en su ceguera, después de mirar que los españoles que creyó que lo festejarían como primer embajador de México, en realidad, le decían “asesino”. Gustavo Díaz Ordaz se levanta, exasperado, todavía con la pistola en la mano. Suda, siente la camisa pegada al cuerpo. Piensa en tacos de nopales y chilaquiles, platillos que no existen en ninguna parte de Madrid. Habla con el mayor Bellato: -¿Siguen ahí? –¿Quiénes?- le pregunta el militar, asomándose a la ventana-. No hay más que árboles.

No tenía amigos médicos porque los había encarcelado. Ni amigos ferrocarrileros, porque los había mandado golpear y arrestar. Ni maestros, ni telegrafistas, ni universitarios. No le tenía confianza a ningún gremio: todos habían atentado contra la paz y la estabilidad de su gobierno. Los primeros en hacerlo fueron los médicos. Habían estallado una serie de paros en los hospitales públicos del país a sólo cuatro días de su toma de posesión como Presidente de la República.

Yo no le digo nada a los sindicatos –explica Díaz Ordaz-. Eso lo deciden otras autoridades. Yo estoy aquí platicando con ustedes para cuidar la calidad de Presidente electo. Pero sí les digo algo, doctores: fuera del Partido no hay sino la muerte. La entrevista fue por lo menos tensa. Al cerrar la puerta los médicos, Díaz Ordaz llama al procurador de Justicia: -Acuse a los médicos de homicidio. Empiezan los despidos, pero los médicos se adelantan: renuncian a sus puestos en los hospitales y ofrecen consultas gratuitas en sus consultorios particulares. Es una idea de Ismael Cosío Villegas que apoyará al rector de la Universidad Nacional, el cardiólogo Ignacio Chávez. Cosío será despedido de su plaza de profesor universitario después de treinta y ocho años de tenerla. A Chávez se le hará renunciar a la rectoría de la Universidad Nacional un año después de que apoyara a los médicos. La noticia la dará su jefa de prensa, la escritora Rosario Castellanos. Ahora el doctor francés le está tomando placas radiográficas para saber por qué le sale sangre del intestino. Díaz Ordaz mira el techo iluminado, blanco: es un lugar donde se espera la salvación inmediata. Los médicos tienen esa aura de santos que nos curan, esa mano salvadora. Y cuando no pueden, te exigen resignación.

-Que el presidente López Portillo andaba muy ocupado llevando y trayendo el avión presidencial a París con el piano de su esposa y, luego, lo voló de regreso a México sólo porque se le había olvidado el perro y le querían medir un collar de diamantes en Chanel. Cerraron la tienda para la comitiva presidencial. ¿Cómo iba a tener cabeza para pensar en su embajador en Madrid?
-Exacto y el otro ex presidente. – Tu amigo Echeverría. -No es mi amigo. Ese hijo de la chingada no es mi amigo: yo acepté la responsabilidad por Tlatelolco, pero nunca la culpa. La culpa fue de todos, hasta de Agustín Yáñez, que tenía que haber hecho algo desde la secretaría de Educación. Y luego Echeverría se lava las manos y hace un minuto de silencio “por los caídos”.

Los sacerdotes, desesperados por el ambiente anticatólico desatado por el enfrentamiento entre la iglesia y el presidente Plutarco Elías Calles, obligan a los estudiantes –de los que Gustavo es uno de los mayores, casi debería estar en la preparatoria pero apenas cursa el sexto año- a sacar piedras y polvo del suelo para construir un túnel que conecte el Colegio Salesiano con la Catedral. Para Gustavo la idea del túnel es toda una revelación: hay formas de hacer cosas sin ser visto, la ley humana puede doblarse, todo es cuestión de saber hacer el túnel, hay una ley por encima de las leyes, una voluntad por encima de las voluntades, un poder sobre los demás. Durante semanas los alumnos del Salesiano son obligados a ser mineros. A Gustavo no le importa, de hecho es uno de los más entusiastas: le satisface demostrar que se ha esforzado para luego, humildemente, recibir la aprobación del padre Fulgencio Ramos, el director del colegio. Sus compañeros no le satisfacen: unos le dicen cosas como “ey, Gustavo, ya termínate el pozole”, o, “Gustavo, bájate del caballo”, en referencia a su hocico animal lleno de dientes como granos de mazorca, y los otros, los tímidos, los pobres, los indios, no le importan. Gustavo quiere pertenecer a los que son sus iguales por derecho familiar: los herederos de un gobernador de Oaxaca o de un político poblano prominente.

Gustavo odiaba a Jesús Reyes Heroles porque les había avisado a los estudiantes lo que iba a suceder en Tlatelolco. Afortunadamente no le hicieron caso.

[López Mateos decía] “el que no tenga un amigo Libanés, que se consiga uno”. En el caso de Díaz Ordaz era Salim, el abogado de la policía del Distrito Federal durante la regencia de Uruchurtu, y a quien él había nombrado director de guanos, un año antes de que se casara con su hija. Había sido casi una broma, pero Salim había hecho una fortuna de los guanos, de la mierda de los murciélagos, de la mierda de las gaviotas, de la mierda a secas. –Sólo así se hace dinero, suegro –le había dicho Salim en una ocasión-: metiendo la nariz hasta el fundillo del mundo. Luego se respira profundo, profundo, hasta llenarse los pulmones, y así, con el tiempo, ya cuando ni arrugas la nariz, se llenan las cuentas del banco.

Puebla de los Ángeles o Puebla de Zaragoza, según la historia que se prefiera. De los Ángeles quiere decir que es una ciudad vista en un rapto místico por un colonizador español, Julián Garcés, que en 1531, ve en un sueño la traza de una nueva ciudad sólo para los españoles, sin indios, sin México, la ciudad ideal que los ángeles desean para sí. De Zaragoza es la del general, Ignacio, trescientos años después, derrotando, durante el 5 de mayo de 1862, la invasión francesa a México. La ciudad de Puebla, la ideal, la de los puros ángeles, siempre quiso estar en un lugar distinto al resto de México: a favor del emperador Maximiliano y del ejército francés. Zaragoza, el general que ayudó a derrotar franceses, le recomendó a Benito Juárez quemar la ciudad, acabar con ella, borrarla de los mapas y volver a empezarla, no soñada por un místico, sino proyectada como libera: “Puebla es una vergüenza. Celebraron nuestras derrotas y cada victoria de los franceses. Hay que quemarla”. Pero Juárez no hizo tal cosa. Simplemente le infligió el apellido de su libertador.

Acepto que se reciba con una tesis sobre “el derecho de queja”, pero no es la queja lo importante, sino el derecho. La Revolución se hizo para que la queja se ajuste a lo que hay. Y lo que hay es, casi siempre, nada. Tiempo después, Díaz Ordaz adaptaría esa idea a una frase propia: “Los principios no existen, sólo los pactos, en el caso extraordinario en que uno se viera obligado a pactar”.

Los Camisas Doradas creían que Hitler dejaría vivos a los mexicanos porque tenían un origen puro, al igual que los arios. Si tan sólo se exterminara a los judíos, chinos y protestantes, el país sería, de pronto, un contingente militar bien ordenado, próspero y limpio. Creían que la conjura contra México la habían encendido los obreros sindicalizados, los zapatistas descontentos, los cardenistas y su “educación socialista”. Todos conspiraban contra la Unidad desde las fábricas, escuelas, ejidos y, con el general Cárdenas desde el mismísimo Palacio Nacional. Para evitar esos peligros estaban ellos, los Camisas Doradas, que traducían a términos universitarios el desalojo violento de los judíos de La Merced en 1931, y la resistencia a la llegada masiva de españoles “rojos” que traían en sus baúles la desestabilización para un México en paz: “el catolicismo hace de México una isla en medio del caos”, decía el rector Márquez desde su silla labrada. Traducción en la cabeza de aquel mediocre estudiante de Derecho: los que no sean católicos no son mexicanos. El rector Márquez habría cabalgar hacia atrás los temerarios de la universidad poblana introduciendo, de nuevo, materias como “Piedad” y “Vida de los Santos”. Al menos en el año en que resistió como rector, antes de que los estudiantes se rebelaran. A Gustavo lo recibió, como una deferencia, en marzo de 1937, en su oficina del edificio Carolina: -Me viene usted altamente recomendado por mis compadres Maximino y Gonzalo Bautista- le dijo, solemne, la papada que se agitaba con cada frase-. ¿Qué piensa hacer ahora que fue abogado? –Casarme y trabajar para el bien común, como todo buen católico –respondió Gustavo. Ya dominaba el arte de decir lo que los superiores quieren escuchar. –Pues apúrese, porque usted ya es abogado. Exculpado de sostener su tesis frente a un jurado, Gustavo entró pasante y salió licenciado. Pero, antes, se le exigió un favor. En política no hay regalos, sólo intercambios.

Por la mañana el gerente del rancho de Rosendo Cortés lo alcanzó mientras preparaban los caballos para ir de regreso a Teziutlán y, luego, a Puebla de los Ángeles, a informar “que la posible toma de tierra del Gobernador había tomado un cauce legal”. El gerente de la hacienda de Cortés le extendió una hoja doblada en cuatro. –Se la manda el patrón. Gustavo la abrió. Era un acta de nacimiento suya donde se decía que había nacido “vivo” en Chalchicomula, no en Oaxaca, no en el pueblo de los sepulcros, sino en el de los ángeles. Se sonrió, mirando a una Aurora ocupada en trapear el frente de la casa. Ahora era poblano. Era como si Díaz Ordaz regresara al sitio donde la Revolución los avasalló, los pulverizó y los hizo huir. Al que ahora Gustavo regresaba para cobrar su venganza.

El desenlace de una historia no tiene atajos. La ley no se rebasa a sí misma. Y mientras llegaba el Paraíso: a aguantar y a aplicar las leyes vigentes. Entre la violencia latente de los pobres y la ostentación de los ricos, sólo estaban ellos, el Grupo. Había que apoyar a los ricos para que generaran empresas, haciendas, escuelas católicas y, aguantar a los necesitados, decirles que no dejarían de serlo pronto y que más les valía trabajar duro y resignarse.

Jenkins era alguien cuyo sólo nombre inspiraba pesadumbre, reverencia o miedo. Los únicos gestos que desatan la percepción de que alguien tiene el poder.

Y Gustavo, pecho a tierra dentro de la camioneta, pensaba “a esto suena la justicia, a esto huele la ley, así se oye el Estado de Derecho”. A pólvora, a disparos, a incendios.

Las cosas que se asientan por escrito son más reales que los acontecimientos, recuerda sus enseñanzas en la Puebla de Maximino Ávila Camacho. Una cosa asentada en actas es la realidad de lo que ocurrió. Es el truco de la memoria, es decir, de la inexistencia.

–A eso debemos aspirar, Gustavito –le dijo Maximino a Díaz Ordaz un día de visita en la oficina de Conciliación-. Los electos se eligen, antes de la elección, por mí. Es una feliz conciliación: los votan todos, pero los elijo yo.

Al siguiente año, 1940, su candidato a la gubernatura, su compadre Gonzalo Bautista, gana por 230 mil 235 votos contra cero de su contrincante fuera del Partido, el general Rubén García. -¿Cero?– le dirá Gustavo en la fiesta de la victoria-. O sea que, ¿ni el general García votó por sí mismo? –Así de grande es mi poder de convencimiento- responderá Maximino, eufórico, pero sin poder carcajearse. Ese mismo día, su hermano, Manuel Ávila Camacho, ha ganado la Presidencia de la República. Si bien a Gustavo le consta que Maximino nunca estuvo de acuerdo con que su hermano fuera candidato del Partido al puesto más alto del país –“pero si no ha sido ni regidor de Teziutlán. Esa candidatura debería ser para mí” o “mi hermano no puede ser Presidente de la República: es un bistec con ojos”-, sabe también que el Jefe de Jefes en Puebla hizo todo lo posible por sumar diputados, caciques, industriales, hacendados y organizaciones, como la de los paleteros, en apoyo a su hermano, A los que no quisieron cooperar, los asesinó. A los que sí, les impuso El Pacto, firmado el 3 de enero de 1939 –todavía ciegos de coñac por el fin de año- con los “allegados”, como Gustavo Díaz Ordaz y los diputados de la XXXII Legislatura de Puebla: Uno. La única orientación que se reciba en materia política y social será del Jefe Nato del Avilacamachismo, Maximinio. Dos. Los firmantes se comprometen a responderle en la forma en que las circunstancias lo requieran, con lealtad cooperación y disciplina. Tres. Formarán un grupo cerrado que excluirá de los asuntos políticos a los no nacidos en Puebla. Gustavo lo firmó con su acta de nacimiento falsificada. La inexistencia era una mera cuestión de papelería.

El poder no se pregunta por cómo llegó ahí –es más, borra su pasado, lo limpia, lo altera, lo purifica-, sino por cómo se ejerce aquí y ahora.

-Para ser el próximo Presidente de México, necesito una secretaría de Estado- dijo y enfiló una caravana de autos desde Puebla hacia la Ciudad de México. Sin nombramiento de su hermano, el presidente Manuel Ávila Camacho, Maximino llegó con doscientos automóviles y motocicletas, armado con una metralleta Thompson. Iba disfrazado con zapatos de charol y sombrero de fieltro andaluz. Como si fuera a una de sus tientas de vaquillas, rodeó el edificio con pistoleros y entró. Detrás de él, los “tinterillos”, abogados, como Gustavo, que tenían instrucciones de “recibir” del secretario, Jesús de la Garza, la oficina. La secretaria, Trinidad, Pascualón, el chofer y El Chorreado, su guardaespaldas, entraron detrás de ellos. Gustavo escuchó a Maximino decir: -Mientras le aviso a mi hermano de mi nombramiento, quiero que este cuarto tenga una cama redonda de espejos. –¿No te nombró el Presidente?- preguntó Díaz Ordaz, todavía genuinamente asombrado. Era joven. –No, pero ahorita se entera- le respondió Maximino dando órdenes con un puro desde su nueva silla labrada de ministro.

Gustavo había desarrollado una segunda piel para las contradicciones de la realidad mexicana: impartir Derecho para un alumnado que muy probablemente acabaría torciendo la ley para avanzar por la senda del éxito económico. En medio, quedaba la gente. Al carajo con la gente. –Si ustedes quieren torcer la ley –solía decirle a los alumnos-, más les vale que la ley no se entere. Se reía solo, de su ingenio.

Si bien Gustavo había oído al gobernador Bautista referirse a la masonería de Lázaro Cárdenas o al comunismo de su secretario de Comunicaciones y Obras, Francisco Mújica, para La Vanguardia los enemigos de México vendrían del extranjero en forma de caos, desmembramiento de las familias, penetración de costumbres “modernas” en el islote de la mexicanidad.

Todo lo que recibió el general Cesáreo Castro fue un aplauso de la Cámara de Diputados, en reconocimiento efímero a su lucha en la Revolución. Escaños para los amigos; a los reconocidos, un sentido aplauso. Así se iban los revolucionarios y llegaban los licenciados. Otros, como Antonio Ulíbarri, que fue declarado –con el voto de Gustavo Díaz Ordaz- diputado por el distrito décimo en la Ciudad de México, sólo porque era dueño de una cantina, La Cabaña, en el poblado de Magdalena Contreras. Y en esa cantina bebía, apostaba y gozaba el presidente Manuel Ávila Camacho. En 1943 se iban los méritos de batallas ganadas y entraban los contubernios. Era un momento para subir a la tribuna a decir lo primero que se te viniera a la cabeza; el poder estaba tan seguro de sí mismo que se permitía cantinflear.

-No se preocupe, mi amigo- le había dicho el senador por Puebla, Gustavo Díaz Ordaz-. Esas cosas se arreglan. Siempre hay modo. En efecto, los senadores acabaron por descartar las acusaciones y le dieron a Adolfo López Mateos su escaño por el Estado de México. “El modo”: por órdenes del diplomático Isidro Fabela. La carta la llevó su secretario, Carlos Hank González.

La reforma para ampliar los alcances del delito de disolución social fueron idea de Miguel Alemán: “Incurre en disolución social el extranjero o nacional mexicano que realice propaganda política, defendiendo ideas, programas o normas de acción de cualquier gobierno extranjero que perturben el orden público”. Era un nuevo delito, aplicable a todos los mexicanos que trataran de leer el libro Cómo hicimos la revolución de octubre, de León Trotsky, en una plaza.

En política, la dignidad es como una pierna rota: nomás estorba.

Gustavo Díaz Ordaz, un destacado ex senador “alemanista” (pero, claro, antes juez avilacamachista, universitario gonzalista, ahora funcionario ruizcortinista).

El poder se deleita en lo absoluto cuando escatima palabras y abunda en acontecimientos en los que se demuestra. El poder no está hecho de palabras, sino de silencios.

Si el Presidente, cuyo papel es cuidar que el rebaño no se descarríe, cree que no hay poderes en Guerrero, debe ser por algo. “Por algo”, se levantan las manos para votar y los diputados se van de día de asueto.

Para deshacerse de su otro gobernador incómodo, Bartlett, manda a Díaz Ordaz urdir un plan que involucre tácticas de desestabilización. El 14 de marzo, desde la Oficialía Mayor de Gustavo Díaz Ordaz se lanza el rumor de que los transportes de Villahermosa subirán de precio. […] Ese mismo día, los estudiantes del Instituto Juárez, más proclives a su ex compañero diputad, Carlos Madrazo, incendian la cooperativa de los camioneros y comienza así una semana negra para el gobernador Bartlett. Al día siguiente, en una manifestación en el Parque Juárez, el ejército dispara contra la multitud y matan a un muchacho. Las siguientes horas son de saqueos, robos al banco de Tabasco, incendios, y atacan los automóviles de la comitiva del Gobernador. Ahí, Bartlett se da cuenta de que no tiene más opción que renunciar: trata de hablar con el presidente Ruiz Cortines, pero la llamada se corta. El 19 de marzo de 1955, un capitán, Ignacio de la Cruz, incendia el puerto de Frontera. La prensa local hace añicos al Gobernador por inútil y éste viaja a la Ciudad de México el 22 de marzo. El secretario del Presidente lo hace pasar con Gustavo Díaz Ordaz: -Más vale que digan “aquí renunció” que “aquí murió”- le dice con sorna. Es un gobernador caído pero al Oficial Mayor no le da pena patear a la gente en el suelo: son los deseos del Señor Presidente. Es lo divertido del poder: ver, sentir, oler, tocar su existencia: los demás agachando la cabeza ante ti, en su inexistencia, dejándose patear, ya fantasmas. Como Maganda, Bartlett, tuvo que hacer una antesala de horas para entregar su renuncia. Ambos, se desesperaron, se sintieron humillados, con funcionarios, soldados, secretarias, que pasaban sin voltearlos a ver, pues ya no existían. El misterio del poder es el de la obediencia. Los dos aceptaron la espera, aunque ya no valía de nada.

El método de designación es lo que se conoce como El Dedazo, el dedo del único elector del país, El Señor Presidente, cayendo sobre alguno de sus subalternos. Como no se conocía el nombre del sucesor hasta noviembre de cada seis años, los “posibles” eran “tapados”, un término que viene de las peleas de gallos: los tapan con toallas para que las apuestas sean ciegas, sin valorar el peso, las garras, el pico. En un Partido encabezado por el Presidente, su elección, era, en realidad, un nombramiento hereditario que, para cubrir apariencias, medir el nivel de lealtades dentro del Partido, pulsar descontentos y oposiciones soterradas, pasaba por unas elecciones generales en las que se convocaba a la ciudadanía a votar poe el Candidato del Presidente y del Partido. Todos trataban de estar con “el bueno” antes de que se hiciera público el nombramiento presidencial. Por lo tanto, si no apostabas por el que ganaría, estabas frito durante seis años. En México, adivinar la voluntad del Presidente se convirtió en la principal lotería. Y se vivía como un juego de una Presidencia Barroca, de un Partido de Masas que dirigía una Corte del siglo XVIII, una monarquía sin descendientes biológicos y sí con ungidos revolucionarios. Había que reconocer cada gesto, cada detalle, cada alegoría del discurso para saber con quién irse, a quién apoyar. Los que adivinaban antes de que se diera a conocer el nombre del siguiente Presidente por boca del Presidente que salí, estaban salvados: eran los leales. Los que nos, no importaba que, después, a toro pasado, dieran su apoyo incondicional y hasta su “afecto eterno”; estaban fuera. Eran considerados menos avezados en el arte de leer los gestos, de no saber ver los signos en algo que se decidía a ciegas.

Cada Presidente, desde el primer día perdía poder frente a los que deseaban sucederlo. Y los que querían sucederlo debían cuidarse del poder absoluto del Presidente que podía sacarlos o alentarlos –dependiendo de qué tan absoluto siguiera siendo su poder- en esa contienda por la sucesión. Después, los ciudadanos, partícipes y ajenos a ese juego de la Corte Barroca, salían a votar como si tuvieran los ojos vendados y debieran, por fuerza, que atinar a la piñata: a refrendar las reglas y al ganador. Igual que en la cúspide de la pirámide del poder, se votaba por quien iba a ganar. Como en una lotería. Este juego barroco que el país jugó siete décadas no era, por supuesto, una democracia, sino una charada en la que todo mundo creía algo sobre México. Los profesionales de la política sostenían que México era esas reglas del juego, su estabilidad, la resolución jocosa a la que habían llegado distintas facciones en diez años de Revolución. Los votantes creían que salir a votar era cumplir una obligación: refrendar la ocurrencia sucesoria del Presidente saliente. No había explicación posible, más que la fe en que con este nuevo gobernante sí nos irá bien. Todos sabían lo que Díaz Ordaz sabia: fuera del Partido no hay más que la muerte. Dentro, hay que jugar el juego de la obediencia y el disimulo. Ése era, como siempre, el caso, cada vez que un Presidente que salía nombraba a su sucesor. Nadie, ni él, sabía por qué. Nunca se habló de razones, sólo se daba a conocer y, entonces, empezaban los elogios, los aplausos, los apoyos al nuevo ungido.

Había cierto gusto en sobrevivir a los demás. Ésa era la historia de la política. Es un cuento de sepultureros. No de héroes, sino de personas que fueron todos los días a una oficina y tomaron decisiones. Que vieron cómo fueron cayendo, a su paso, los demás, los amigos y los enemigos, quienes después, serán parte de la Historia, la que cuenta las hazañas de los que ya no pudieron oírlas porque estaban bien muertos. La narración de la política era justo lo contrario: sobrevivir sin leyenda, por el gusto de ver a los demás caer de bruces en la polvareda. Los caídos, a veces, se convertían en ficciones. Los políticos sólo sonríen cuando se habla de héroes.

Hay una sola regla de la sucesión presidencial en México: un Presidente no le deja un problema al que sigue.

Díaz Ordaz consideraba el negociar y ceder como “unas mariconadas”. A lo que llamaba “pantalones”, era precisamente a lo contrario: no dialogar, no recibir, aplastar.

Tienen garantías para manifestarse, profesor –dijo un Díaz Ordaz afable por primera vez en las tres veces que habían hablado-, pero sólo le pido un favor, profesor, no desquicie el tráfico marchando. Haga un mitin. Le aseguro: el acuerdo para que sea respetada su elección como líder de los profesores de la Ciudad de México es cuestión de Díaz –bromeó para sí-. Sea paciente. Más vale comer nabo que comer ansias, ¿eh? Seguimos dialogando.

En la desazón, dos batallones de granaderos los disolvieron a punta de bayoneta y golpe de macana. Hubo cientos de maestros detenidos. –El mismo Salazar facilitó las cosas: convocó a un mitin y no a una marcha. Un mitin es más fácil de disolver y los tienes a todos ahí, listos para ser aprehendidos –presumió Díaz Ordaz a Echeverría, a quien ya había escogido como subsecretario para la nueva Gobernación. Brindaron con refresco, ya que los dos eran poco dados al alcohol: Díaz Ordaz se quejaba de gastritis y a Echeverría no le gustaba contradecirlo.

Parar los trenes por mejoras a sus empleados –le dice Díaz Ordaz- es egoísta y estúpido porque afecta al país, a su economía, al comercio, la vecindad con Estados Unidos. ¿No pueden protestar de otra forma? –Me puedo parar encuerado en la lluvia –le responde Vallejo-, pero para usted, licenciado, hasta la lluvia es disolución social.

Sería una “firma” de Díaz Ordaz: mañana negociamos, pero te arresto hoy, después de que te dije que mañana negociamos. El poder nunca es en pasado ni futuro, es sólo en el instante. Es su verdadero rostro: no es historia patria ni proyecto de nación: no es lo valeroso que fuimos ni lo felices que seremos. Es sólo un coche sin placas al que te meten y terminas entregando, adolorido en los huesos, en la cara, en la piel, tus llaves, tus dos pesos, tu peine de bolsillo, al custodio de la cárcel.

De pronto, la mirada de Díaz Ordaz capta a un empleado vestido con el uniforme polvoriento del cementerio. Se parece e Rubén Jaramillo, el líder campesino en Morelos. El hombre se agacha para arrancar unas hierbas. Es Rubén Jaramillo y ha vuelto para asesinarlo. Díaz Ordaz saca la pistola. El empleado ya no está. Seguro es Rubén Jaramillo. El único problema es que está muerto. Díaz Ordaz mira al cielo y le cae, de tajo, una nueva certeza: los muertos están volviendo para increparlo, humillarlo y asesinarlo. […] No eran reporteros lo que lo interrogaron en Tlatelolco, sino muerto del 68 que regresaban para burlarse. Lo nombraron embajador en el momento en que volvían los espíritus en pena para que él les resarciera algo. Se lleva las manos a los ojos y se topa con sus lentes. Se los quita. Se talla la cara. Tiene que salir de allí. Rubén Jaramillo lo está cazando. Y tenía fama de buena puntería.

Tenemos argumentos para afirmar que muchas de las cosas que están sucediendo en nuestra ciudad de Puebla, como la toma de la Universidad, están profundamente ligadas a conjuras internacionales, a todo un plan mundial de destrucción de nuestra civilización cristiana, a un titánico esfuerzo de los poderes del mal para adueñarse de nuestra patria. La monstruosidad del comunismo es arrancar a los padres de familia los sagrados derechos que tienen sobre sus hijos y sobre la educación de los mismos. Esa abominación son los libros de texto gratuitos. Os decimos –los sacerdotes mexicanos hablan como si acabaran de desembarcar en América- “con toda la fuerza de nuestro espíritu: mirad la táctica diabólica del enemigo. Desde la Rusia soviética nos mandan sus emisarios.

Esa mañana, entre cigarros y tazas de café negro, Adolfo López Mateos se convirtió en informador de la CIA, bajo el nombre de Litensor. Unos días más tarde se lo comentó a Gustavo Díaz Ordaz: – Todo lo que tienen estos gringos es dinero para repartir. Les das dos o tres datos y te tienen en su nómina. Y podríamos pedirles que, si descubren algo, nos lo avisen. Díaz Ordaz se convirtió en Litempo-1, siendo Litempo el grupo de autoridades mexicanas dispuestas a darle información a la CIA sobre las actividades de los ciudadanos que creían en la Unión Soviética y en la revolución cubana. Con el tiempo, Fernando Gutiérrez Barrios, desde la Dirección Federal de Seguridad fue Litempo-4 y Luis Echeverría sólo alcanzó el número ocho.

Winston Scott, alguna vez un genio matemático capaz de descifrar cualquier mensaje encriptado de los nazis, ahora vivía la vida ebria, lujosa, aventurera, de los poderosos en los años sesenta mexicanos. Así, borracho, asistió a su propia boda en Las Lomas de Chapultepec, en la que las dos máximas autoridades de México eran sus testigos formales. El Presidente y el Secretario de Gobernación, en la nómina de la CIA, exigiendo autos para sus amantes. El decoro en política es que la indecencia permanezca en secreto.

Y empezó a pensar, otra vez, en el cáncer. Decían que la mariguana ayudaba a los dolores, a las náuseas de la quimioterapia, al cansancio de las radiaciones. Se rio. Él que había mandado detener una marcha de hippies en el Parque Hundido en 1967; él, que había militarizado Huautla, Ayautla y Tenango porque hasta ahí llegaban las caravanas de chavos a meterse hongos alucinógenos de la mano de una bruja que se llamaba como su madre, María Sabina; él, que mandó al Estado Mayor Presidencial a desalojar a su propio hijo, Alfredo –al que le decía “El Alfredazo”- y a JimMorrison porque se habían metido ácidos en la casa de Los Pinos. Nada más eso le faltaba: ahora compraría mariguana para los achaques.

Era un político del país ensimismado que describiría Octavio Paz en El laberinto de la soledad, libro que a Díaz Ordaz le parecía que denigraba a los mexicanos. Y es que no hablaba de México, sino de los priístas, de los licenciados enjutos, de los ingenieros taimados, de los artistas acomodándose en el presupuesto con cada nuevo sexenio. Del rencor, la obediencia y el favor. Los tres pilares de la política mexicana.

La enfermedad de López Mateos fue el boleto de Díaz Ordaz para la candidatura del Partido. Él era quien había llevado las decisiones que López Mateos simplemente no estaba en condiciones de tomar, tirado, doliéndose del cerebro. Y López Mateos nunca lo ocultó como es la costumbre en el “tapadismo”.

Miles de venganzas más: suspender a una comediante de la televisión que confundió a Díaz Ordaz con Porfirio Díaz. Y el 23 de junio de 1966, cerrar El Diario de México porque había publicado en portada una foto de él con los sindicatos y una foto de dos gorilas recién llegados al zoológico: los pies de foto fueron invertidos por error. Al día siguiente, el periódico desapareció. El punto de los enemigos en la cabeza de Díaz Ordaz mientras se atragantaba de confeti en su nominación era ése: las humillaciones.

“La Convención Nacional elegirá al candidato que apoye al Partido”. Y la Convención se reunió diez días después del “destape” de Díaz Ordaz. ¿Quién era el Partido?, era una pregunta que variaba con los meses: a veces los poderosos caían en desgracia y, otras, subían. En medio de ese sube y baja, el Partido era una ocurrencia del Presidente en turno. Lo que a él se le ocurría una tarde: el que debe sucederé es… Corona del rosal era autor de la regla que permitía que una ocurrencia se convirtiera en unanimidad. Se votaba por quien ya había sido elegido. ¿Quién lo había elegido? El enfermo presidente saliente y un artículo redactado por Corona del Rosal.

Así que, desde la toma de posesión, Díaz Ordaz se sintió inseguro. Un movimiento en falso y se destaparían las ambiciones, los juegos dobles y triples, las conjuras, las burlas. Visualizaba un mundo de dolor para él. Sus primeras palabras con su gabinete fueron: -Aunque no lo crean, desde hoy van a empezar a candidatearlos para ser los próximos presidentes de México. Les pido que no se me adelanten. –Como le digo, licenciado- respondió Echeverría a solas en la oficina de Palacio Nacional-. Hay que atacar lo que se apoya y apoyar a lo que se ataca. –O como sigo yo –terció Díaz Ordaz-: primero, chíngate a quien quiera quitarte la silla, luego, a quien te la dio.

Pero lo que nunca calculó Díaz Ordaz era que la Ciudad de México no era Atenancingo. Los estudiantes de clase media no eran los obreros azucareros. No se dejaban. No se arredrarían ante una orden de militarizar los planteles de la universidad, como había sido el sueño de Gonzalo Bautista y de su vicerrector Díaz Ordaz en Puebla. El 31 de julio, al día siguiente, el rector de la universidad, Javier Barros Sierra, suspende las clases e iza la bandera nacional a media asta, en señal de luto. La Universidad Nacional, el Politécnico Nacional, Chapingo, La Salle, El Colegio de México, la Iberoamericana se van, todas a la huelga.

-Si libero a los presos políticos, acepto que no son delincuentes –reflexiona Díaz Ordaz, haciendo una lista en su despacho-. Si despido a los jefes de las policías, daño a la autoridad. Si castigo funcionarios, acepto que no tengo el control del país. Si termino con el delito de disolución social de la Segunda Guerra Mundial, dejo al país a expensas de la propaganda subversiva. –Hay que tratar de que los estudiantes se armen para contar con una justificación como para dispararles –concluye el secretario de Gobernación, Luis Echeverría.

Pero fíjese usted, general Durazo –le dice desde la mesita donde están las botellas y el hielo-. No sólo es entrar a romper madres. Se debe contar con una estrategia de conjunto. –La estrategia es llegar bien servidos, casi inconscientes con coca y golpear a todos –le responde Durazo. Díaz Ordaz no está de acuerdo. En la violencia del Estado hay una estética. Para él es, todavía, un tipo de barroco, contiene un enigma que, al descifrarse, es un mensaje. La intimidación es sólo una forma de restaurar la sumisión.

El 27 de agosto sus intentos de que tomen Palacio Nacional se ven recompensados: después de que una señora subida en el camión del Politécnico llama a parir más hijos para que los mate el Presidente, un dirigente del Consejo Nacional de Huelga, Sócrates Amado Campus Lemus –contactado por Gutiérrez Barrios días antes para que tratara de venderle armas y dinamita a los demás dirigentes-, secuestra el micrófono, fuera del programa –los oradores debían entregar por escrito y con antelación sus discursos para que el Consejo Nacional de Huelga los aprobara- para decir: -Queremos el diálogo público con Díaz Ordaz el primero de septiembre, día de su informe de gobierno. ¿Dónde quieren que sea el diálogo? –Aquí –respondió el medio millón-. Zócalo. Zócalo. –Aprobado –dice Campos Lemus confundiendo el mitin con la asamblea de universitarios-. Aquí nos quedamos a esperarlo. Hasta el primero de septiembre a las diez de la mañana. Algunos estudiantes han arriado en el asta bandera un trapo –como decía Maximino Ávila Camacho- rojinegro. Es otro incidente fuera del programa aprobado por el consejo de los estudiantes: unos jóvenes de provincia se pasan por el hombro de Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca y suben la bandera de huelga en el Zócalo de la capital. Saben cómo amarrarla, cómo jalar el cordón.

-Han insultado a la bandera nacional poniendo un trapo de huelga en el asta centra –le dice por la red Díaz Ordaz a Luis Echeverría y a Alfonso Corona del Rosal-. Mañana quiero a todo el gobierno en las calles. Nosotros también podemos llenar el Zócalo. Que cada burócrata venga a desagraviar la bandera nacional, a riesgo de perder su trabajo. Quiero a los nuestros apoyando. A la mañana siguiente sucede algo que nadie imaginó: los burócratas de la secretaría de Hacienda marchan, obligados, como todos los que pertenecen al Partido, pero salen de sus oficinas gritando: -Somos borregos. Nos llevan. Beeeee. A dóóóónde nos lleeeeevan. Díaz Ordaz, que está recién bañado y cafeteado para salir al balcón de Palacio Nacional a saludar a los “auténticos” mexicanos, a los que sí responden a su “mano tendida”, baja el patio, sin lentes, los ojos refulgentes, y le ordena a su Estado mayor que vuelva a salir, ahora a desalojar a los empleados de su propio gobierno. No le cabe la ira. Los tanques arrasan con los propios trabajadores de su sexenio, al que le faltan dos años, una Olimpiada y un Mundial de Futbol, pero que parece desvanecerse en el aire. Él ya no lo ve, pero los burócratas comienzan a jugar a torear a los tanques. Los estudiantes, que no se han ido del todo, se sacan los suéteres y se unen a la corrida. El jefe del Estado Mayor Presidencial, José Luis Gutiérrez Oropeza, parado en la puerta del Palacio Nacional mira eso y le dice a Francisco Quiroz Hermosillo, otro general: -esto ya valió madre. No sólo no nos tienen miedo, sino que ahora, hasta somos su burla.

A partir del 2 de septiembre. Los miembros del gabinete no saldrán más de sus oficinas. No llegarán a casa a ver a la mujer y a los hijos. Sólo los saludarán por teléfono. Hasta nuevo aviso. Díaz Ordaz dejará que vengan a verlo sus parientes a la oficina de Palacio Nacional, pero Lupita no se atreve a salir a la calle, a exponer a sus hijos. Así que la única que va es su novia, La Tigresa, que entra y sale por un túnel del Palacio que desemboca en la calle de Moneda, custodiada por los batallones, la policía, los agentes secretos. La amante le pregunta por uno de los dos licenciados que negocian con los estudiantes, de la Vega Domínguez, su primer novio, a los catorce años: -¿No crees que los convenza con esos ojazos que se gasta? –No es de ojos, Pelusita –le responde el presidente, que nunca le dijo “Tigresa”, que fue el nombre de un personaje suyo en una película, sino por un apodo que viene de su pubis rasurado-, la comisión con los estudiantes nomás es para distraer a todo mundo de lo que realmente va a pasar. -¿Qué va a pasa? –Usted no se angustie. Todo esto va a terminar muy pronto..

Todos los gremios que él había atacado durante su carrera burocrática comienzan a aliarse: los maestros de Othón Salazar, los telegrafistas, los telefonistas, los universitarios de Coahuila, Morelos, Veracruz, Sinaloa, se solidarizan con los estudiantes a partir de su amenaza. Piden la libertad para el ferrocarrilero Demetrio Vallejo. No responden con un amago, sino con la solicitud de que el diálogo público se realice cuanto antes. Y siguen desarmados, a pesar de que los dos estudiantes contactados por Gutiérrez Barrios y Echeverría, Ayax Segura y Sócrates Campus Lemus, lograron introducir armas en el movimiento: una calibre .22 para Florencio López Asuna y una carga de dinamita que dejaron en el Politécnico.

Los seis puntos del pliego del medio millón de estudiantes del Zócalo, reciben como única respuesta la de siempre, la de las oficinas burocráticas del Gobierno-Partido: “Ingrese sus formularios llenados en letra negra impresa, original y veinte copias. En horario de 12:00 a 13:00”. A ver a qué horas entran los estudiantes a hacer filas, salas de espera, el deporte nacional que los funcionarios poderosos le infligen a los débiles ciudadanos: hacerlos esperar dos días para recibirlos durante tres minutos y nunca resolverles nada. Para la burocracia, no existen demandas, sólo quejas.

-Tenemos que poner una fecha límite- interviene el General García Barragán, vestido de militar, pero arremangado y sin corbata: no se ha bañado en días-, Señor Presidente. ¿Cuántos días antes de la Olimpiada tomamos una decisión final? –Diez días antes. No más –dice Díaz Ordaz. Echeverría saca un calendario: -Dos de octubre. Ésa es la fecha.

Con los estudiantes detenidos y golpeados en frente los ministerios públicos dicen: “Permanecerán detenidos hasta que alguien nos diga de qué se les acusa”.

-Tendermos dos operaciones separadas y al mismo tiempo: una militar y una civil. Serán dos cercos. Nadie saldrá vivo de ahí –comentó Echeverría, sin saber que parafraseaba a Jim Morrison. Así comenzó la planeación de la matanza de Tlatelolco que estaba pensada como había aprendido. Díaz Ordaz de Maximino Ávila Camacho: masacrar y después decir que había un enfrentamiento entre las propias víctimas. Detener a los dos mil líderes que la policía política identificaba. Acabar con todo de una buena vez enfilar la atención a la Olimpiada. Pero el país del 68 no era la Puebla de los cuarentas. Eso jamás lo entendieron el Presidente, ni su gabinete, los empresarios, los diputados y senadores, ni el Partido.

A las siete de la mañana del 2 de octubre de 1968, La Operación Galeana (así se llamaba la Quinta, el rancho, del secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán) comienza con una reflexión de Díaz Ordaz en su cuarto de guerra: -El ejército no puede sentir que tiene el control. Será un golpe de mano ordenado por civiles, usando a los soldados. No vamos a ordenar que el ejército le dispare a los estudiantes, sino que responda al fuego. Sería defensa propia.

A los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga los desnuda y los ponen de cara al muro de la iglesia de Santiago Tlatelolco. Muchos tienen las bocas y narices rotas, la ropa interior blanca a manchada con sangre. No hay luz en toda la zona de guerra. Son alumbrados por linterna, por fotógrafos de las policías, por los faros de los tanques. Empieza a llover. Lo único que queda en la plaza son miles de zapatos.

La noche del 3 de octubre Díaz Ordaz hablará por última vez con su amigo de la adolescencia, el doctor Julio Glockner. –Mi yerno, Gustavo –le dice el médico poblano de las enfermedades venéreas, su compañero en el equipo de basquetbol Cronos en la ciudad de Oaxaca, cuarenta años antes-, mi yerno desapareció en Tlatelolco. No sabemos nada. Mi hija Julieta está desesperada. ¿Puedes ayudarnos? –No tenemos todavía los nombres de los detenidos –le responde Díaz Ordaz-. Si no, con todo gusto, Julio. Yo me comunico en cuanto sepa algo. Nunca lo hizo. La hija del doctor Glockner acabaría muerta a balazos en 1975, en el escozor de la Guerra Sucia de Echeverría.

Asumo íntegramente la responsabilidad persona, ética, social, jurídica, política de las decisiones del gobierno en rulación, en relación con los sucesos del año pasado. La Cámara, los invitados, los soldados, los militares, el gabinete –Echeverría, el más emocionado porque entendió que él podía ser Presidente sin la sombra del pájaro negro- volvieron a aplaudir, como siempre, de pie. Él, Díaz Ordaz, hizo una caravana a su público. En lo alto de la cabeza todo mundo pudo ver unas antenas metálicas. Eran unos cuarzos que Lupita, delirante, ya sola por los pasillos de Los Pinos, le había rogado que usara para que no lo atacaran telepáticamente los estudiantes presos, sus familias, sus novias o una larga lista de encarcelados. El hueco. Cuando se lo pidió, se lo rogó, se hincó para que se pudiera los cuarzos en la cabeza, Díaz Ordaz se le quedó viendo a Lupita, mientras su secretario le ponía la banda presidencial frente al espejo. –Ta bien –le dijo y le tendió la mano. La que lo vestía, Alfonsina, le puso los cuarzos en lo alto de la cabeza con un prendedor. Y por eso la escena cuando asume la responsabilidad de los tanques en 1968, de las golpizas en 1968, de las tomas militares de escuelas, hospitales, calles, conventos, departamentos, oficinas, techos en 1968, de los encarcelados en 1968, de los enterrados en el Campo Militar Número Uno en 1968, de las persecuciones en 1968, del espionaje en 1968, del nuevo miedo en 1968, del hueco en 1968, tienen esa ridícula imagen de un licenciado frente a seis micrófonos con unas antenas brillosas sobre la cabeza. Son los cuarzos.

Lo cierto es que no le quedaba ni un solo amigo. El presidente López Portillo está en a funeraria durante diez minutos y declara a la prensa: “Un hombre que tomó decisiones históricas, solo”. En una frase, exculpa a la clase política que emergió contra la Revolución, a los empresarios, a los curas, al Partido, a la clases ociosa.

Los presidentes se van construyendo en su entorno una columna de autojustificaciones para lo que hicieron y no. Para razonar lo irracional: el error, la omisión, la matanza, la venganza, la ira, el miedo, la resignación y el rencor. Casi todos se encierran en esa columna de ladrillos de argumentos, de razones de anécdotas, de nostalgia por el poder, y ya no alcanzan a ver nada ahí, afuera, donde vivimos todos los demás. Sólo algunos dejan un hueco en lo alto de la muralla, al que si brincan a su altura, alcanzan a ver lo arbitrario, gratuito, vano de todas sus acciones.

Cartel land

Cartel land

Cartel land


Documental que muestra dos botones en la lucha contra el narcotráfico: México y las autodefensas en Michoacán con su líder José Manuel Mireles. EU y los Arizona Border Recon encabezados por Tim Foley. De una manera cruda se retrata la realidad de esta problemática binacional. Calificación 10.

Chce sie zyc

Chce sie zyc

Chce sie zyc


Basada en hechos reales. Mateusz sufre de parálisis cerebral, sin embargo eso no fue impedimento para que a lo largo de su vida, encontrara la manera de comunicarse con los demás y hacerles saber sus necesidades y anhelos. Calificación de 10.

Les héritiers

Les héritiers

Les héritiers


Basada en hechos reales. Una maestra de historia atiende un complicado grupo de adolescentes. Para tratar de encausarlos, les propone iniciar un trabajo con el que participarán en un concurso. Dicho concurso está basado en plasmar lo que significó para niños y adolescentes vivir en campos de concentración nazis. El grupo muestra un cambio radical al finalizar el trabajo. Calificación de 10.

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea

Annabel Pitcher

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea

Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea


James es un niño de 10 años que vive junto a su padre y su hermana Jasmine. El núcleo de familia se resquebrajó a raíz de la muerte de Rose, gemela de Jasmine, en los ataques terroristas de Londres. Su madre se fue con otro hombre y su padre se hundió en la depresión y el alcohol. James se enfrenta a diferentes situaciones emocionales: su amistad con Sunya, una niña musulmana, el rencor de su padre por todo lo que tenga que ver con la cultura musulmana a quienes culpa de la muerte de su hija, su deseo de reconciliar a sus padres, su preocupación por la falta de apetito de Jasmine. Todo cambia cuando James vive en carne propia el dolor de la pérdida, por cierto, muy emotiva. Calificación de 10.

Mi cuarto era enano pero no me permitían cambiarme al de Rose porque está muerta y sus cosas son sagradas. Ésa era la respuesta que me daban siempre que les preguntaba si podía cambiar de cuarto. El cuarto de Rose es sagrado, James. No entes ahí, James. Es sagrado. Yo no veo qué tienen de sagrado un montón de muñecas viejas, un edredón rosa maloliente y un oso de peluche calvo.

Las únicas cajas que no hemos abierto son esas enormes en las que pone SAGRADO. Están en el sótano, cubiertas con bolsas de plástico para que se mantengan secas si hay una inundación o lo que sea. Cuando cerramos la puerta del sótano, a Jas se le empañaron los ojos y se le pusieron húmedos. Dijo A ti no te agobia, y yo dije No y ella dijo Por qué no, y yo dije Rose está muerta. Jas arrugó el gesto. No digas esa palabra, Jamie. No entiendo por qué no. Muerta. Muerta. Muerta muerta muerta, Mamá lo que dice es Se nos fue. La frase de papá es Está en un lugar mejor. Él nunca va a la iglesia, así que no sé por qué lo dice. A menos que ese lugar mejor del que habla no sea el Cielo, sino el interior de un ataúd o una urna dorada. En Londres, mi orientadora me dijo te niegas a admitirlo y sigues afectado por el shock. Me dijo Un día te vendrá de golpe y llorarás. Parece ser que no he llorado desde el 9 de septiembre de hace casi cinco años, que fue cuando ocurrió lo de Rose. El año pasado, papá y mamá me mandaron a ver a esa señora gorda porque les parecía raro que yo no llorara por aquello. Me habría gustado preguntarles si ellos llorarían por alguien de quien no se acuerdan, pero me callé. De eso es de lo que parece que nadie se da cuenta. Yo no me acuerdo de Rose. No del todo.

Un día nos pusieron de deberes en el colegio que describiéramos a alguien especial, y me pasé quince minutos para escribir una página entera sobre Wayne Rooney. Mamá me hizo romperla y escribir en su lugar sobre Rose. Como yo no tenía nada que decir, se sentó enfrente de mí con la cara toda roja y sudorosa y me dijo exactamente lo que tenía que escribir. Sonrió entre las lágrimas y dijo Cuando tú naciste, Rose señaló a tu pilila y preguntó si era un gusano y yo dije No pienso poner eso en mi cuaderno de Literatura. A mamá se le borró la sonrisa. Las lágrimas le resbalaron de la nariz a la barbilla y me hicieron sentirme tan mal que lo escribí. A los pocos días, la profesora leyó mi redacción en clase, y me gané una estrella dorada de ella y las burlas de todos los demás.

Las cosas buenas vienen siempre en paquetes pequeños.

Oímos en el salón el clas-psst de una lata que se abría, y Jas tosió para que no se notara tanto que papá estaba bebiendo el día de mi cumpleaños. Vamos a tomar un poco de tarta dijo, empujándome hacia la cocina. Como no había ninguna vela clavó un par de varitas de incienso de esas suyas en el bizcocho. Yo cerré muy fuerte los ojos y deseé que el regalo de mama llegara pronto. Deseé que fuera el paquete más grande del mundo, tan grande que el cartero se deslomara al traerlo. Luego abrí los ojos y vi a Jas sonriéndome. Me sentí un poco egoísta así que añadí y Por favor que Jas consiga hacerse un piercing en el ombligo antes de coger aire con todas mis fuerzas. Había humo por todas partes pero fue imposible apagar las varitas de un soplido aí que mis deseos no se van a cumplir.

El corazón volvió a estrellárseme contra el pecho haciéndome un agujero negro por el que mi felicidad se derramó por todo el suelo de la clase. No era una pulsera. No había sido en ningún momento una pulsera: sólo un puñado de flores aplastadas.

Hoy hace cinco años que ocurrió. En la tele no hablan de otra cosa, un programa tras otro sobre el 9 de septiembre. Es viernes y no hemos podido ir al mar porque hay colegio. Creo que vamos a ir mañana. Papá no ha dicho nada pero le he visto mirar en internet Saint Bees, la playa que hay más cerca de aquí, y anoche estuvo acariciando la urna como para despedirse. Lo más probable es que al final no se decida así que yo todavía no me pienso despedir. Me despediré si por fin logra desprenderse de las cenizas de Rose y esparcirlas en el mar. Hace dos años me hizo tocar la urna y decirle unas últimas palabras en voz baja y me sentí estúpido porque sabía que ella no podía oírme. Y todavía me sentí más estúpido al día siguiente cuando vi que había vuelto a aparecer sobre la repisa de la chimenea y que mi despedida no había servido de nada.

Rose no era tan buena. De hecho era bastante mala y según Jas se portaba fatal en el colegio, pero parece que de eso nadie se acuerda ahora que está muerta y es perfecta.

Un hombre de los que habían muerto no tenía que estar en Londres. Su tren de la estación de Euston a la de Picadilly de Mánchester había sido cancelado por un fallo en el sistema de señales. En lugar de quedarse allí esperando a otro tren, él decidió darse una vuelta por Covent Garden. Le entró hambre así que se compró un sándwich y fue a tirar el papel a la basura y entonces murió. Si el sistema de señales no hubiera fallado o si él no se hubiera comprado un sándwich, o incluso si se lo hubiera comido un par de segundos más despacio o un par de segundos más rápido, entonces puede que no se hubiera acercado a la papelera a tirar el papel en el preciso instante en que explotó la bomba. Y eso me hizo darme cuenta de una cosa. Si nosotros no hubiéramos estado en la plaza de Trafalgar, o si las palomas no existieran, o si Rose hubiera sido una niña obediente en lugar de una niña traviesa, entonces todavía estaría viva y mi familia sería feliz.

Le pregunté Quieres jugar a adivinar anuncias, que es un juego que me inventé yo en el que hay que decir lo que están anunciando antes de que lo digan en la tele. Dijo que sí con la cabeza pero justo salió un anuncio que no habíamos visto nunca así que no pudimos jugar. En él se veía un gran teatro y un hombre que decía El Mayor Concurso de Talentos de toda Gran Bretaña hace tus sueños realidad. Llama a este número y cambia tu vida y pensé en lo agradable que sería coger el teléfono como un adulto y encargar una vida diferente como si fuera una pizza o algo así. Pediría un padre que no bebiera y una madre que no se hubiera largado, pero a Jas no la cambiaría en lo más mínimo.

Las cenizas de Rose son tan finas como los granos de arena de modo que se habrían mezclado con ellos. Yo en realidad no debería saberlo, pero eché una mirada dentro de la urna cuando tenía ocho años. Eso sí que fue emocionante. Me había imaginado que las cenizas eran de todos los colores, de color carne las de la piel y blancas las de los huesos. No me esperaba que tuvieran un aspecto tan soso.

La abuela dice que la gente se pone verde de envidia. A mí no me lo parece. El verde es la calma. El verde es salir. El verde es limpio y fresco, como la pasta de dientes de menta. La envidia es roja. Hace que te hierva la sangre y que sientas fuego en el estómago.

Es de mala educación quedarse mirando.

Y entonces sonó el silbato y me puse a jugar el primer partido de mi vida sin estar de portero.

Papá estaba dormido en el sofá, con un álbum de fotos abierto en las rodillas. Una foto de Rose parpadeaba a la luz de la tele. Con su vestido de flores, su chaqueta y sus zapatos planos con hebilla. Me quedé mucho rato mirando a papá y, aunque tenía el cuerpo machacado y el ojo se me había hinchado tanto que me abultaba el doble de lo normal, nunca me había sentido tan invisible. Tampoco es un superpoder estupendo, a fin de cuentas.

Sunya dijo Cuéntame lo de tu hermana y le metí a la pelota un golpe demasiado fuerte y se estampó contra la puerta secreta. Dije Tiene el pelo rosa y Sunya dijo Me refería a la otra. Sunya es musulmana y los musulmanes mataron a mi hermana. Yo no sabía qué decir. Pensé en mentirle pero me pareció que tampoco estaría bien y deseé que Rose se hubiera ahogado sin más o se hubiera muerto en un incendio porque eso habría sido mucho más fácil de explicar. Y entonces me eché a reir porque era un deseo muy extraño y Sunya se echó a reír conmigo y ya no podíamos parar. Y en medio de tanta risa conseguí decir aquellas siete palabras. A mi hermana la mataron los musulmanes. Y Sunya no puso cara de horror, ni dijo Cómo lo siento, ni intentó aparentar que estaba triste como todos los demás cuando se enteraban. Dijo No tiene gracia, ay no tiene ninguna gracia pero se reía todavía más, agarrándose la tripa, con las lágrimas saltándosele por las mejillas morenas. Y yo me reía también y los ojos se me humedecieron por primera vez en cinco años. Y me pregunté si no sería a eso a lo que se refería la orientadora cuando dijo Un día te vendrá de golpe y entonces llorarás. Aunque, no sé por qué, no creo que se refiriera a llorar de risa.

El viernes pasado, en Matemáticas, le pregunté a Sunya si alguna vez se quita el hiyab y ella soltó una carcajada. Sólo me lo pongo cuando salgo de casa o si viene gente a vernos. Dije Por qué tienes que taparte y ella dijo Porque lo dice el Corán. Y yo dije Qué es el Corán y ella dijo Es más o menos como la Biblia. Y eso es lo que pasa con los cristianos y los musulmanes, que los dos tienen un Dios y los dos tienen un libro. Sólo que no los llaman de la misma forma.

Del velo rosa de Sunya se salió un mechón entero de pelo, que es lo más brillante que le he visto ahora. Era fuerte y brillante y más bonito que todas esas melenas de esos anuncios de champú en los que las mujeres salen moviendo la cabeza de un lado para otro. Y le dije que era triste que el Corán le hiciera taparse el pelo como si fuera una cosa mala. Sunya sorbió el último trago de su batido de chocolate y dijo No me lo tapo porque sea una cosa mala. Me lo tapo porque es una cosa buena. Eso resultaba desconcertante así que me quedé callado haciendo una pompa de chocolate. Sunya dejó su vaso y dijo Mi madre guarda su pelo para mi padre. No se lo deja ver a ningún otro hombre. Así es más especial y yo pregunté Como un regalo y ella dijo Eso. Pensé en cuánto mejor habría sido que mamá hubiera guardado su pelo para papá en lugar de enseñárselo a Nigel, y dije Comprendo.

Éramos como una familia normal y por una vez no eché de menos a mamá.

Papá estaba diciendo algo pero con tantos mocos y tantas lágrimas que las únicas palabras que logré entender fueron Siempre y Mis niñitas. Jas es mayor y guapa y rosa y con un piercing y papá se la está perdiendo por desear que se hubiera quedado en los diez años. La abuela dice La gente siempre quiere lo que no puede tener y yo creo que es verdad. Papá quiere que rose esté viva y que Jas tenga diez años, pero lo que tiene es a mí. Yo tengo la edad que él quiere pero soy chico, Jas es chica pero no tiene la edad que él quiere, Rose es chica y tiene la edad que él quiere. Pero está muerta. Hay gente que nunca está satisfecha suele decir también la abuela.

Me imaginé que la cara de mamá estaba entre el público y que a su lado estaba sentado papá y que se agarraban de la mano de lo orgullosos que estaban de nosotros. Se olvidaban de todas sus peleas y se olvidaban de todo lo de Rose y ya no importaba lo más mínimo que Jas hubiera crecido y hubiera cambiado. Después del concurso, Mamá telefoneaba a Nigel y le decía Te dejo. Le decía hasta que era un cerdo y todos nos reíamos y nos metíamos en el mismo coche y volvíamos todos a la misma casa. Papá tiraba todo el alcohol que tenía en la basura. Mamá me decía Te queda estupenda tu camiseta y yo por fin podía quitármela y ponerme un pijama. Luego me metía en la cama y mamá me arropaba bien con las mantas como solía hacer antes de largarse con el tipo del grupo de apoyo hace ciento sesenta y ocho días.

A Sunya por una vez le estaba costando y no había escrito más que cuatro líneas. Le susurré Qué te pasa y dijo Es que yo no celebro la Navidad. A eso no supe qué decir.[…] Sunya dijo Me gustaría ser normal.

Me dieron ganas de salir de aquella cocina y correr por toda la calle y subir la colina hasta casa de Sunya. Habría querido plantarme ante su ventana y gritar Lo siento lo siento lo siento hasta que ella me mirara con los ojos brillantes y dijera Vale pero lo dijera de verdad. Pero como no podía, no lo hice, y me quedé ahí sentado en la mesa.

Y aunque papá seguía gritando y el viento sacudía las ventanas y el café iba cayendo gota a gota de la mesa y formando un charco en el suelo, yo lo único que oía eran las palabras de Sunya. Me gustaría ser normal. Me dieron ganas de acercarme a ella y cogerle los puños y ponerle el anillo y decirle Yo me alegro de que no lo seas.

Mira lo que le hicieron, James dijo, levantando la urna. Mira lo que le hicieron los musulmanes a tu hermana. Ya no parecía enfadado, sólo más triste que la persona más triste en la que soy capaz de pensar, que ahora mismo es Spiderman cuando muere el tío Ben. Jas lloró todavía más fuerte y yo deseé que mis ojos pudieran llorar también.

Me parecía que estaba haciendo una cosa tan mala al Salir así en Nochebuena que todo el rato esperaba que empezaran a sonar sirenas de la policía y empezaran a encenderse luces intermitentes azules y alguien gritara Está detenido. Pero no ocurrió nada. Todo estaba en silencio. Lo único que vi fue la luna reflejándose en los picos helados de las negras montañas. Yo era libre.

Me volvió aquel presentimiento, más fuerte que nunca, y por primera vez entendí exactamente qué era. Duda. Si la envidia es roja la duda tiene que ser negra y la sala se me puso toda oscura.

No vino en Navidad dijo Jas con la voz más finita que le he visto poner nunca. Una lágrima empezó a correr por su mejilla mientras en el escenario empezaba la música de Thriller de Michael Jackson. No dije con un nudo en las tripas. Pero igual fue porque pensó que no estaba invitada. Jas me miró con los ojos húmedos. Yo la invité murmuró y el nudo se me apretó aún más. Me acordé de que día de Navidad Jas no paraba de mirar a cada poco a la ventana. Le mandé una tarjeta y le pedí que viniera y nos hiciera el pavo. Ahora estaba llorando fuerte y resultaba difícil oír lo que decía y me costaba concentrarme de lo mucho que me dolía la tripa. Y también le escribí antes. Le conté todo lo de papá y le dije que necesitamos ayuda porque bebe demasiado y no se ocupa de nosotros como debería. Pero ella no vina, Jamie. Nos ha abandonado. En la tele, el anuncio que menos me gusta es uno que se llama Apadrina Un Perro. Se ven varios perros distintos que han sido abandonados por sus amos en contenedores o en cajas o en la cuneta de alguna carretera solitaria. Siempre se oye una música triste y los perros están con la cola caída y se les ve en los ojos la pena. Y el tipo ese con acento de Londres se pone a contar que los han abandonado y que a nadie en el mundo le importan lo bastante como para ocuparse de ellos. Y eso es lo que significa abandonado.

Pues no dijo Jas y yo me paré y giré en redondo y los miembros del jurado levantaron las cejas. Que no qué dijo el hombre. Con voz alta y clara Jas replicó No me verán en la próxima ronda. El público dio un respingo. El hombre parecía estupefacto. No digas tonterías dijo. Es la oportunidad de tu vida. Este concurso te puede cambiar la vida. Jas me agarró de la mano y me la apretó. Y qué pasa si no queremos que nos la cambien dijo y entonces miró no al jurado, sino al público. Levantó la voz y me di cuenta de para quién estaba hablando. No pienso cantar sin Jamie. NO pienso abandonar a mi hermano. Las familias tienen que mantenerse juntas.

No hablamos porque nuestra felicidad era demasiado grande para las palabras.

Si el sentimiento de culpa fuera un bicho, sería un pulpo. Todo viscoso y retorcido y con cientos de tentáculos que se te enroscan en las tripas y te las aprietan fuerte.

Echaba de menos a mí gato. Lo echaba de menos tanto que el fuego de la garganta y el de las mejillas se me extendieron hasta los ojos haciendo que me ardieran también. Me empezaron a gotear. No a gotear. A llorar. Lloré. Por primera vez en cinco años. Y mis lágrimas plateadas iban cayendo sobre el pelo naranja de Roger.

Papá me ayudó a ponerme de pie y me dio el primer abrazo que yo recuerde. Fue fuerte y apretado y tranquilizador y hundí la cara en su pecho. Los hombros me temblaban y me costaba respirar y mis lágrimas le mojaron la camiseta. No me hizo Chissst ni me dijo Tranquilízate ni me preguntó Qué te pasa. Él sabía que era u dolor demasiado grande para decirlo con palabras.

A veces la señora Farmer decía que hacía demasiado frío para llover y así mismo tenía papá la cara. Demasiado triste para llorar.

Yo sé que no me voy a olvidar de que Roger murió el de enero en lo que me quede de vida, aunque tenga un millón de animales, porque ninguno podrá compararse nunca con mi gato.

Papá no es perfecto. Y yo tampoco. Él se está esforzando, y eso es lo que de verdad importa. No es que siempre lo haya hecho bien, pero lo ha hecho un millón de veces mejor que mamá. Él no nos ha abandonado. Sólo está triste por lo de Rose y eso es lógico. Que te maten un gato ya es bastante malo. Que te vuelen en pedazos a una hija tiene que ser horroroso.

Tampoco es que hayan sido unas Navidades fabulosas pero han estado bien porque Jas estaba conmigo. Era lo mejor que había escrito hasta entonces.

Si la envidia es roja y la duda es negra, la felicidad tiene que ser marrón. Mis ojos fueron de la pequeña piedra marrón a la minúscula peca marrón y de ahí a sus enormes ojos marrones.

A la madre de Sunya no le gusto yo. A papá no le gusta Sunya. Pero que ellos seas adultos no significa que vayan a tener siempre razón.

Sunya sonrió. Subió las manos hasta la cabeza. Sus dedos morenos se curvaron sobre la tela amarilla. Se fue bajando el hiyab. La frente. El pelo. Pelo liso y brillante desde la cabeza hasta los hombros en una cortina negra de seda. Ella pestañeó con timidez. Yo me acerqué. Sin el velo estaba todavía más guapa. Miré a Sunya, la miré de verdad, intentando retenerlo todo. Entonces me eché muy rápido hacia delante y le besé la peca, y fue emocionante y me dio vértigo, exactamente como había dicho el Director que debían ser nuestros propósitos.

Battalion

Battalion

Battalion


Basada en hechos reales. Durante la primera guerra mundial, los soldados rusos fueron sobornados por los alemanes para evitar que siguieran peleando en el frente. Entonces el ejército ruso lanzó la iniciativa para formar un batallón de mujeres, quienes tras su preparación y los problemas de genero que enfrentaron, lograron pelear estar en batalla con resultados mejores de los esperados. Muy conmovedora. Calificación de 10.

Durak

Durak

Durak


Un plomero ruso que trabaja para el gobierno, se percata de que en un edificio hay daños profundos en su estructura y con seguridad se derrumbará. Al tratar de ayudar a los habitantes, acude a la autoridades, sólo para darse cuenta del estado de corrupción que impera en las altas esferas. El seguir sus principios le costará caro. Calificación de 10.

Socorro, Señor. Mi iglesia se renovó y no la entiendo

Carlos Mraida

Socorro, Señor. Mi iglesia se renovó y no la entiendo

Socorro, Señor. Mi iglesia se renovó y no la entiendo


Un muy buen libro que nos abre la perspectiva de lo que está sucediendo alrededor de la iglesia, con temas que a veces pueden parecer controversiales, pero que el autor aborda de manera magistral. Cuestiones como adoración, unción, sanidad, revelación, demonología y apostolado son puestos sobre la mesa. Calificación de 10.

El mensaje que Jesús trae es el evangelio del reino de Dios. Es el evangelio de la buena noticia de que el reinado de Dios está por establecerse entre los seres humanos. Este reino no es un territorio físico o geográfico, ni una soberanía política o económica; más bien, se trata de que Jesús establece en la tierra la autoridad soberana de Dios.

En lugar de predicar el mensaje del reino, de la autoridad soberana de Dios sobre nuestras vidas, hemos predicado un evangelio egocéntrico, el de la autoridad soberana del yo sobre nuestras vidas. Hemos predicado un evangelio que se limita a decir: ‘Acepten a Jesucristo como Salvador.’ Insistimos: acéptelo, acéptelo, como si con aceptarlo la persona le hiciera un favor a Cristo. Digamos que en ningún lugar de la Biblia se nos dice esto. No se trata de que yo tenga que aceptar a Jesucristo, sino de que él me acepte a mí en su reino: ‘No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros’ (Juan 15.16).

El pecado original no fue el sexo ni la manzanita, como ilustran los humoristas. El pecado original es querer ser iguales a Dios (Génesis 3.5).[…] Consiste en rebelarnos ante la autoridad de Dios en nuestra vida, y ponernos a nosotros mismos como gobierno y autoridad, como los dioses de nuestra existencia.

Es un golpe de estado, un cambio de autoridad y gobierno. Derroc;amos a Dios del gobierno de nuestras vidas y nos sentamos nosotros a gobernar. En mi vida, mando yo. Si el pecado original consiste en una usurpación de gobierno, la salvación requiere volver a colocar a Dios como la autoridad suprema en mi vida. En ninguna parte de la Biblia se nos dice que debemos aceptar a Jesucristo como Salvador. No hay un solo versículo así. A lo largo del Nuevo Testamento siempre se nos dice que la única manera de ser salvos es reconocer a Jesucristo como el Señor de nuestras vidas, como el Rey. Por eso el mensaje de Jesús es el evangelio del reino.

Aunque hoy la monarquía está en tela de juicio y su popularidad en baja, tradicionalmente los ingleses han expresado un gran respeto y reverencia por sus monarcas. Les rinden honores y homenajes en forma permanente. Sin embargo, en Inglaterra la reina no manda. El que manda es el primer ministro. Algo así ocurre en nuestra vida. Adoro a Jesucristo, le rindo honores, canto, alabo y ofrendo; pero en mi vida yo soy el que manda. Lo llamo Rey de Reyes; pero el primer ministro, el que gobierna, soy yo.

Si Jesucristo es Rey, yo soy súbdito. Si él es Señor, yo soy siervo, esclavo. Un siervo no discute con el señor, ni el súbdito con el rey. Lo que hace es obedecer. La única manera de entrar en el reino de Dios es aceptar ser súbditos, reconocer su autoridad sobre nuestra vida, y obedecerle en todo. La única manera de ser parte de su reino es tener a Jesucristo como centro en nuestra vida y en nuestra iglesia.

‘Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo’ (Apocalipsis 3.20). A los predicadores nos encanta usar este versículo en mensajes evangelísticos, y no está mal hacerlo. Sin embargo, no es un mensaje dirigido a los inconversos; es una palabra dirigida a una iglesia, la de Laodicea. ¿ Qué estaba pasando allí? En aquella iglesia estaban cantando, orando, ofrendando, predicando … pero Cristo estaba afuera, golpeando la puerta. Estaba a la intemperie. ¿Por qué, mientras la iglesia estaba desarrollando su culto, supuestamente alrededor de la presencia de Cristo, en realidad el Señor estaba afuera, pidiendo entrar? Porque en aquella iglesia había cristianos cuyo centro no era Cristo.

Cuando el culto solamente nos produce entusiasmo, tengamos cuidado; es posíble que no sea otra cosa que retóríca, espuma inconsistente. ‘La Palabra de Dios no es delicia para los oídos, sino un martillo’ dice Thielicke.

Bruno Maggioni dice que lo que caracteriza al discípulo es la palabra seguir, no la palabra aprender. Discípulo no es el que aprende una doctrina, sino el que sigue un proyecto de vida. No es alguien que discute con su maestro; simplemente lo obedece.

Que el culto debe estar dirigido a Dios parece algo obvio, Sin embargo, como veremos, no lo es, La mayor parte de nuestros cultos está dirigida a los seres humanos, A veces, a los creyentes a quienes hay que edificar; y otras, a los incrédulos a quienes hay que convertir. Pero no a Dios.

Seguramente también escuchaste: ‘Hermanos, vamos a cantar un himno para prepararnos a escuchar la Palabra de Dios.’ Como resulta claro, no cantamos ese himno para alabar o adorar a Dios, sino para preparar un clima propicio entre nosotros, los hombres y las mujeres presentes, una actitud que nos permita recibir adecuadamente el mensaje. Porque el culto, es culto de predicación. y en algunas iglesias se ha convertido en un culto al predicador …

Las letras de himnos y canciones deben expresar nuestra forma de hablar. ‘Oh, aldehuela de Belén’, no es nuestra manera cotidiana de expresarnos. ‘Tan sólo una chispa puede encender el fuego y los de alrededor caliéntanse muy luego’ tampoco lo es. Si estas frases se usaran en las predicaciones, seguramente sonarían ‘raras’. De la misma manera, son un impedimento para la adoración; distraen la atención del objetivo del culto, que es expresar amor y consagración a Dios.

Teológicamente hablando, el fundamento del culto cristiano es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, a diferencia de la tradición judía, los cristianos centraron la celebración del culto en el domingo, el día del Señor, es decir, el día en que Jesucristo resucitó. A diferencia de la misa que celebra la iglesia católica romana, cuyo eje es la muerte de nuestro Señor, el culto evangélico tiene como base teológica a la resurrección.

La cultura anglosajona privilegia la razón, la reflexión, el libro. Nuestra cultura latina no privilegia el estudio sino la fiesta. Dos latinos se encuentran por la calle y enseguida se invitan a sus casas a comer, a celebrar el reencuentro. Cuando un equipo de fútbol gana un campeonato, el festejo se hace en el centro de la ciudad, con bombos y cornetas. Cualquier motivo es bueno para hacer una fiesta, y de bemos tener esto en cuenta en toda la tarea de la iglesia, especialmente en el culto de adoración.

El objetivo de la adoración es que nos parezcamos cada día más a él. Cuando entendemos la adoración como comunión íntima con Dios, podemos comprender su finalidad: Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor. 2 Corintios 3.18 Nuestra vida es transformada, no por meros esfuerzos humanos sino por estar en comunión íntima con Dios. Entonces su santidad se impregna en mí, su poder se refleja en mí, su amor me inunda más y más. A medida que, por medio de la adoración, penetro en su gloria, voy siendo transformado de gloria en gloria, porque reflejo su imagen. La adoración es una relación amorosa entre la iglesia y su Esposo, por medio de la cual ella se parece cada vez más a él.

El culto no es la actuación de los especialistas, sino la expresión del pueblo de Dios.

El culto no es un espectáculo que se realiza desde la plataforma; es la ofrenda amorosa que toda la congregación eleva a Dios. Por lo tanto, se canaliza a través de formas participativas y accesibles a todos. No debe ser la ejecución de expertos sino la expresión anónima de toda la comunidad.

Además de ser todopoderoso, es un Dios coherente. Él nos dio albedrío. El omnipotente Dios limita su acción en nuestras vidas, porque respeta nuestra libertad. Por esa razón, cualquier obra divina en la vida de un ser humano, sea salvación, sanidad, liberación, plenitud del Espíritu u otro tipo de bendición, requiere de una respuesta voluntaria de la persona.

La plenitud del Espíritu se recibe por gracia. Como todo lo bueno que sucede en la vida cristiana, se nos da por gracia. Algunos piensan que antes deben ser perfectos o muy espirituales. Se esfuerzan, oran mucho. Sin embargo la Biblia nos dice, y nuestra experiencia cotidiana confirma, que la única manera de tener una vida cristiana victoriosa y profunda, la única manera de ser espirituales es mediante la plenitud del Espíritu otorgada por la gracia de Dios. Primero la plenitud, después la vida de santidad. Primero ser llenos del Espíritu Santo, después crecer en nuestra relación con Dios. No pongas el carro delante de los caballos. No puedes invertir el orden, porque todas estas cosas son fruto de la obra del Espíritu Santo. Si tu vida está seca, si estás herido o frustrado, no esperes primero arreglar tu vida para luego pedir la unción. Lo primero que necesitas es la plenitud del Espíritu, para que entonces sea posible la vida de santidad, gozo, testimonio y transformación interior.

Dios decidió revelarse a la humanidad por medio de su Palabra, pero no hizo descender un libro del cielo. Tampoco sentó a sus ángeles en un gran pupitre celestial y les dictó sus mensajes. Lo que hizo fue inspirar por su Espíritu a seres humanos de carne y hueso. Así tenemos la Biblia, Palabra de Dios, pero escrita por hombres.

La razón por la cual Dios quiere ungirte es que seas de bendición para otros. Él quiere usarte para la salvación de los perdidos, para sanar a los enfermos, para liberar a los oprimidos por Satanás, para sanar a los quebrantados de corazón, para transformar tu sociedad. No te llenará con su Espíritu Santo simplemente para que te sientas bien, para que te goces en tu comunión con Dios y te regodees en los dones y talentos preciosos que él te dio. El Señor te unge para producir un avivamiento que transforme al mundo; él quiere bendecirte para que seas canal de bendición.

Un destacado cirujano francés, Ambrois Pare, decía: ‘Yo lo atendí, Dios lo sanó.’

Hay quienes argumentan que la medicina es un medio que los pecadores tienen para procurar la sanidad, pero que los creyentes en Jesucristo tienen a Dios como su fuente de salud. Esta actitud es un signo de fanatismo e ignorancia. La Biblia no condena ni rechaza la ciencia médica.

Yo he tenido familiares enfermos en estado terminal. Cuando hablaba con los médicos, algunos me pronosticaban cuántos días de vida le quedaban al enfermo. Al principio, ese tipo de comentarios me desalentaba. Hoy me inspira a orar, porque Dios es especialista en hacer lo que para el ser humano es imposible. Él es quien avergüenza a la sabiduría arrogante del mundo. Cuando escucho sus pronósticos, me gusta decirles a los médicos: ‘Doctor, yo me sujeto a su diagnóstico y sigo obedientemente su tratamiento. Pero, en cuanto al pronóstico de vida, el único que puede decir cuánto tiempo queda es Dios, porque él es el único que da la vida y la quita.’

Este hombre había aprendido a confiar en Dios para los grandes desafíos, pero no hizo lo mismo a la hora de la enfermedad. Dice la Biblia que Asa murió porque ‘en su enfermedad tampoco buscó a Jehová, sino a los médicos’ (2 Crónicas 16.12).

Insisto, no tenemos que optar entre Dios y la medicina, pero sí tenemos que distinguir entre ambos. Dios es el que sana. La ciencia médica es uno de los medios que Dios usa para sanar. Primero debemos orar y luego ir al médico. y cuando consultamos, debemos hacerlo en oración y dependencia de Dios. Tal vez ni siquiera tendremos que recibir un tratamiento, porque los médicos mismos nos dirán que hemos sido sanados. Y si hemos orado y seguimos enfermos o los médicos no tienen respuestas, debemos seguir confiando en Dios, porque para él no hay nada imposible.

Las iglesias y los teólogos que toman la posición dispensacionalista afIrman que los dones del Espíritu Santo mencionados en 1 Corintios 12 cesaron con el fin de la era apostólica y el cierre del canon de las Escrituras. Según esta manera de pensar, Dios adopta diversas maneras de obrar en las distintas dispensaciones o eras de la historia. Hay una frontera entre lo milagroso y lo no milagroso, dicen, y esa línea es la que delimita la era apostólica de la del resto de la iglesia. Dios se valió de las señales, y en este caso de la sanidad física, con el propósito de autenticar la predicación del evangelio, primero de Jesús y luego de los apóstoles, en medio de un ambiente hostil. Una vez establecida la iglesia y completado el canon de la Biblia, los dones ‘prodigiosos’, y entre ellos la sanidad física, ya no tienen vigencia.

Pensemos en el milagro como un cable de electricidad. Para que conduzca electricidad y pase hasta el artefacto que funcionará con la energía, es preciso que haya dos polos. La sanidad de Dios opera de la misma manera, mediante la oración. Uno de los polos es la voluntad divina. El otro polo es la fe humana. Si falta alguno de los dos polos, no hay milagro. Por más fe que tenga la persona, si por alguna razón Dios no desea sanarlo no habrá milagro. Y si la voluntad de Dios es sanar a alguien, él requiere que también haya una actitud de fe hacia él. Cuando Jesús quiso hacer milagros en Nazaret, no pudo, a causa de la incredulidad de sus paisanos (Marcos 6.5-6). La falta de fe ahoga el milagro.

No oremos ‘si es tu voluntad’, como si tuviéramos dudas, sino ‘conforme a tu voluntad’. Cuando oramos a Dios, debemos clamar por lo que deseamos de manera persistente. Es lo que hace un niño cuando le pide algo a su papá. Cuando Gabriel o Florencia me piden algo, no me dicen: ‘Papá, si es tu voluntad cómprame un paquete de caramelos: Cuando piden, piden … ‘¡Papá, quiero caramelos!’ Como son hijos obedientes, aceptan mi decisión cuando, por alguna razón, les digo que no. Pero cuando piden no están pensando si será o no mi voluntad satisfacer su pedido. De la misma manera, cuando pedimos a Dios que sane a alguien, lo que nos debe interesar es orar con fe. Luego, si por alguna razón no es la voluntad de Dios sanarlo, aceptamos su voluntad con la confianza de que será lo mejor.

Si bien es cierto que hay casos en los que Dios permite la enfermedad con fines disciplinarios, o para probar la fe, o con propósitos superiores, la voluntad general de Dios es nuestra salud. Él está del lado de la salud y no de la enfermedad.

Sé claro en lo que pides; es mejor orar por los síntomas, en lugar de pretender utilizar un lenguaje técnico.

Algunos creyentes se excusan: ‘Dios es soberano. Si él quiere, vaya sanar; y si no quiere, por mucho que yo haga no me va a sanar.’ Grave error. Recuerda siempre que Dios opera juntamente con nosotros. No olvides que siempre se necesitan dos polos para que haya electricidad.

Jesucristo redime, cambia y sana solamente lo que nosotros le entregamos. Lo que la mayor parte de las personas entrega al Señor en el momento de su conversión son sus pecados. Reciben el amor perdonador de Dios y su paz, y se liberan de la angustia de la culpa. Son pocos los que le entregan en ese momento sus heridas del pasado. Por lo tanto, no reciben la sanidad de sus recuerdos, de sus experiencias traumáticas, de sus vivencias dolorosas. Lo grave es que esos asuntos no son cosa del pasado, sino que continúan condicionando el presente. Impiden que el convertido tenga una vida cristiana plena, yeso le produce sensación de fracaso y frustración.

Hay profundas raíces de amargura en el pueblo evangélico, raíces de amargura contra Dios. Estoy convencido de que esas raíces son más difíciles de erradicar en nosotros que en las personas que no creen, porque los cristianos las escondemos; no queremos reconocerlas, por miedo a ser irreverentes contra el Señor o a sentir que somos malos creyentes. El incrédulo insulta a Dios cuando está frente a una situación en la que piensa que Dios ha sido injusto; el creyente, en cambio, siembra raíces de amargura que lo deprimen y le impiden vivir el gozo cristiano.

Es importante que entiendas que la cura que Jesús aplica a nuestros corazones quebrados resultó muy costosa. Fue necesario que su corazón fuera roto, y también el de su Padre, cuando su Hijo amado fue a la cruz. Dios sí que sabe de la pérdida de seres queridos. Debió soportar nada menos que la muerte de su único y amado Hijo. Dios sí que sabe de infidelidad. Su pueblo elegido le fue infiel una y otra vez. Jesús sí que entiende de maltratos físicos. Cada bofetada, cada escupida, cada lanzazo le dolió tanto a él como a su Padre. Jesús conoce la sensación de abandono; cuando estaba en la cruz clamó a gran voz a su Padre y dijo: ‘¿Por qué me has desamparado?’ (Marcos 15.34). Jesús sufrió odios y resentimientos. Todo el odio del mundo se descargó sobre la cruz. ¡Él sí que sabe de tu dolor, de tu herida, de tu sufrimiento! La cruz es el lugar para llevar las cosas que están partiendo nuestro corazón, si queremos que él las sane definitivamente. Allí ‘ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ‘” y por sus llagas fuimos nosotros curados’ (Isaías 53.4-5).

Tal vez digas: ‘A mí Dios no me habla: En ese caso hay dos opciones: o la Biblia miente, o el problema está en ti. Como la Biblia no miente, tal vez tu problema simplemente sea que no te das cuenta que Dios te está hablando. Quizás piensas que tienes que escuchar una voz audible. O quizás tu relación con Dios no es lo suficientemente íntima como para que puedas escuchar su voz.

Los creyentes saben de todo, menos reconocer la voz de Dios.

En muchas iglesias la única clave que dan para seguir a Jesús es aprender contenidos; Jesús dice que la clave para el discipulado es conocer su voz. Es lamentable la cantidad de creyentes que no saben cuál es la voluntad de Dios para su vida. Toman decisiones que no tienen el respaldo de Dios. Viven equivocándose, porque no conocen la voz de Dios y no pueden seguirlo.

Si la iglesia conoce la dirección general de la voluntad de Dios, podrá aplicar ese marco bíblico a diferentes situaciones y reconocer la guía de Dios en su vida personal. No estarán dependiendo eternamente del pastor, preguntándole a cada paso qué hacer con sus vidas.

Hay personas que viven de la renovación de ayer, de las experiencias pasadas. La unción de ayer no nos sirve para hoy. Necesitamos abrirnos a lo nuevo que Dios tiene para darnos hoy. Es posible estar enseñando sobre cómo se movió el Espíritu en otra época y sin embargo estar cerrados a lo que Dios quiere hacer en el presente.

La profecía nunca puede ir en contra de lo que dice la Biblia. Si lo hace, es una profecía falsa. La revelación subjetiva nunca puede ir en contra de la revelación objetiva de la Palabra de Dios.

No es la profecía la que interpreta a la Biblia; es la Biblia la que juzga a la profecía.

El que da una palabra tiene que ser cuidadoso al decir que esa palabra es de Dios. La Escritura es muy severa en esto: si alguno no recibió palabra de Dios y dice que la ha recibido, queda bajo juicio de Dios como falso profeta (Deuteronomio r8.20-22). Hay quienes usan con mucha liviandad la expresión ‘Dios me dilo’; debemos ejercer el ministerio profético sin miedo, pero con profundo temor de Dios.

‘Cuando quiero algo, lo declaro con fe para que se cumpla’ dicen algunos. Si fuera asÍ, yo tendría el mando en mi vida, no Dios. No se trata de declarar con fe lo que yo quiero, sino de recibir la voluntad de Dios por medio de su rhema [palabra que Dios revela a una persona para responder a una situación específica], y entonces actuar con fe.

Es un error ver demonios por todas partes, es decir, atribuir todo lo negativo a lo demoníaco. También es un error negar la existencia de Satanás y sus huestes. Ambas posiciones extremas, dice Lewis, complacen al diablo. Este mira con la misma satisfacción a quien tiene una filosofía materialista, como a quien tiene una visión mágica de la realidad.

No todas las enfermedades físicas o psíquicas, ni toda situación de injusticia es provocada de manera directa por la acción de demonios. También debemos aceptar la propia responsabilidad por el pecado. Echarle la culpa a Satanás de nuestras malas decisiones voluntarias es incurrir en el mismo error que cometieron Adán y Eva.

Pecar es ceder a la tentación. Es decidir, por acción o por omisión, algo contrario a la voluntad de Dios. Lo grave no es ser tentado sino caer en la tentación, es decir, pecar. La tentación no es responsabilidad nuestra. Es acción del diablo, el tentador, que se vale de nuestra naturaleza para in citarnos a pecar.

Los seres humanos preferimos disimular la cuestión y utilizamos vocablos con connotaciones psicológicas como hábito, dependencia, adicción. Pero en lenguaje espiritual eso se llama atadura.

¿Quién ministra a un pastor o líder que está pasando por problemas en su iglesia? ¿A quién le confiesa sus tentaciones y pecados? ¿A quién consulta si tiene un desajuste matrimonial? Dios está restaurando el apostolado en su iglesia. El apóstol no es un funcionario de la iglesia, no responde a una estructura formal. Tampoco es un jerarca de la organización; no es alguien que ejerce mando, sino alguien con autoridad espiritual. No es elegido por una votación, porque la autoridad espiritual no se impone, se reconoce.

En estos tiempos de renovación de la iglesia, se está produciendo una sorprendente recuperación de los dones del Espíritu Santo y de los ministerios que aparecen en el Nuevo Testamento.

La palabra apóstol significa literalmente enviado. Describe a alguien que es enviado en representación y con la autoridad de aquel que lo envía. Esta palabra, utilizada para designar un ministerio particular dentro de la iglesia, se aplicó en primer lugar a los doce apóstoles. Estos eran los doce nombrados por Jesús, testigos oculares de la resurrección. Después de la traición y muerte de Judas, se incluyó a Matías (Hechos 1.26). Estos hombres anunciaron el evangelio y fundaron la iglesia. Luego se agregó a Pablo dentro de este grupo, por haberse encontrado personalmente con el Cristo resucitado y por la misión que el Señor le encomendó. Apóstol, entonces, era un testigo directo de la resurrección de Cristo, enviado con autoridad para compartir el mensaje con palabra y poder.

En un sentido estricto, un apóstol es alguien enviado por Dios, que sale al mundo a predicar a Cristo, a fundar iglesias y a confirmarlas; alguien a quien los pastores y líderes de la iglesia reconocen autoridad espiritual y un ministerio específico.

Tenemos la manía de etiquetar a las personas diferentes para no hacer el esfuerzo de comprenderlas; en consecuencia no puede hacerse realidad la oración de Jesús por la unidad de su iglesia.

La iglesia de Jesucristo se describe en la Biblia en una doble dimensión: universal y local. Por un lado, la iglesia es el pueblo que Dios ha venido formando y por medio del cual ha estado actuando en la historia. Incluye a los creyentes en Jesucristo en todo tiempo yen todo lugar. Por otro lado, esta iglesia universal se hace visible en comunidades locales. La iglesia local es la encarnación del evangelio en una cultura y en un contexto geográfico particular.

El énfasis bíblico está en una sola iglesia formada por diversas congregaciones. Cada una mantiene sus respectivas tradiciones, convicciones, matices, características, a la vez que trabajan juntas por un mismo proyecto de misión y comparten recursos, liderazgo, fuerzas.

En los siglos XVII y XVIII surgió un movimiento cultural llamado modernismo; según esta perspectiva, la razón gobierna las acciones humanas y la humanidad se dirige hacia su perfección. La iglesia absorbió el espíritu de la época y tomó el paradigma de la razón para definirse a sí misma. Al dar énfasis a lo conceptual, a lo doctrinal, nos dividimos a partir de conceptos y doctrinas. Si un grupo era premilenialista y otro era amilenialista, ya era razón suficiente para que se dividieran y no pudieran disfrutar de una comunión real y práctica.[…] La era posmoderna ya no privilegia la razón sino la experiencia. Pero una vez más la iglesia se está contagiando del espíritu de su época; la iglesia comenzó a privilegiar la experiencia no solamente por encima de la razón, sino por encima de la voluntad de Dios. Ahora ya no nos peleamos por cuestiones doctrinales o conceptuales; ya no se discute si la salvación se pierde o no, si el bautismo del Espíritu Santo viene con lenguas o no. Estamos aprendiendo a trabajar con otros aunque piensen distinto, pero ahora nos dividimos por las diferentes experiencias que tenemos. Los que están a favor de la unción acompañada de manifestaciones externas y los que no. Los que están a favor de la caída en el Espíritu, y los que no. Los que aceptan la risa santa y los que no. Los que gritan y los que no. Los que dan vueltas alrededor de la manzana y hacen mapeos espirituales y los que no.

Es necesario hacer una distinción entre iglesia y denominación. La iglesia es parte del vino nuevo del evangelio, las denominaciones son solamente odres. La iglesia es una realidad espiritual y es válida para todas las culturas, mientras que las denominaciones están cultural mente limitadas y determinadas. La esencia de la iglesia es permanente, las denominaciones son las formas en que la iglesia se ha estructurado para el cumplimiento de su misión. La iglesia es creación de Dios, las denominaciones creación humana. La iglesia es un hecho espiritual, mientras que las denominaciones son un hecho sociológico. La iglesia debe ser entendida y evaluada bíblicamente; las denominaciones se analizan con criterios sociológicos. La iglesia muestra su relevancia y validez por sus cualidades espirituales y su fidelidad a las Escrituras; las denominaciones, por ser solamente estructuras, muestran su validez en función de la misión de la iglesia. La iglesia es el resultado de la revelación divina, mientras que las denominaciones son el fruto de la tradición humana. El propósito de la iglesia es glorificar a Dios, mientras que el de las denominaciones es servir a la iglesia.

El templo de Jerusalén tenía tres atrios: el de los sacerdotes, el de los laicos varones y el de las mujeres. Separado por una muralla, un intervalo, y otra pared, se encontraba el atrio de los gentiles. Desde allí los gentiles podían ver el templo, pero no podían acercarse; estaban separados por una pared de aproximadamente un metro y medio de espesor. Sobre los pilares de esa muralla había carteles que advertían castigo de muerte para quien cruzara y contaminara el templo del Señor. Los gentiles no podían entrar allí. Pero Cristo, en la cruz, de ambos pueblos hizo uno.

Pablo dice que tenemos que ser solícitos en ‘mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz: (Efesios 4· 3). La unidad del Espíritu sólo se puede guardar en el vínculo de la paz. Notemos que no dice en el víncul0 de la verdad; es imposible guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la verdad, porque la apreciación de la verdad es subjetiva: lo que para mí es la verdad, no lo es para otro. En la iglesia de Cristo no somos uno porque todos pensemos igualo tengamos las mismas experiencias espirituales; pero estamos comprometidos a mantener la unidad del Espíritu, que trae paz. El vínculo de la unidad no lo da la teología ni el dogma; nos une el vínculo de la paz.

Cristo nos dio a todos entrada al Padre por un mismo Espíritu. El Espíritu Santo que mora en cada uno de nosotros dice ‘¡Abba, Padre!’ Si tenemos el mismo Padre, ¡entonces somos hermanos! y si somos hermanos, no lastimemos más el corazón de papá.

Por mucho tiempo en las iglesias nos preocupamos por la ortodoxia, es decir, por cuidar la sana doctrina. Yen nombre de la sana doctrina, lastimábamos el corazón de Dios porque nos peleábamos entre hermanos. Luego el énfasis cambió, y nuestra preocupación fue la ortopraxis, es decir, nos obsesionamos por tener una práctica vital y sana. En nombre de la ortopraxis, nos enfrentamos nuevamente con nuestros hermanos, con lo cual herimos el corazón del Padre.

Tuya

Tuya

Tuya


Inés encuentra una carta de amor diriga a su marido y firmada simplemente con un: Tuya. Ahora el único objetivo será la venganza por la infidelidad, para lo cual mostrará la inteligencia de que es capaz. Calificación de 10.

Mysteries of the unseen world

Mysteries of the unseen world

Mysteries of the unseen world


Documental que se aprovecha de la tecnología para revisar aquello que no es posible captar para la vista humana, ya sea lo que es muy lento o muy rápido o muy pequeño, o lo último descubierto: el nanomundo. Calificación de 10.

La revolución de las letras rojas

Tony Campolo & Shane Claiborne

La revolución de las letras rojas

La revolución de las letras rojas


Más que un libro es un diálogo sobre distintas temas entre los autores y que fundamentan sus opiniones basados en lo que Jesús dijo, que en la mayoría de las biblias viene marcado con letras rojas. Los temas principales son
Teología: liturgia, el infierno, el islam.
Modo de vida: homosexualidad, inmigración, desobediencia civil.
El mundo: deudas públicas, oriente medio, misiones.
Calificación de 10.

Dondequiera se utilice la palabra evangélico, un estereotipo se nos presenta en la mente. Se podría debatir si esa imagen está o no justificada, pero no hay mucha discusión en cuanto a que la palabra evangélico evoca la imagen de ciertos cristianos anti homosexuales, anti feministas y anti ecológicos, que están a favor de la guerra y de la pena de muerte, y que simpatizan con el Partido Republicano conservador. Sin embargo, muchos de nosotros que somos evangélicos en cuanto a la teología, no coincidimos con esa imagen. Tratando de escapar a esa definición, un grupo de nosotros nos unimos para adoptar un nuevo nombre: Cristianos de las Letras Rojas. A partir del año 1899 se han publicado Biblias que destacaban las palabras de Jesús escribiéndolas en rojo. Adoptamos el nombre de Cristianos de las Letras Rojas no solo para diferenciarnos d los valores sociales generalmente asociados con los evangélicos, sino también para enfatizar que somos cristianos que tomamos las enseñanzas radicales de Jesús en serio y que estamos empeñados en vivirlas en nuestra vida cotidiana.

La revista Christianity Today publicó un artículo de una página entera criticando nuestro nombre, en el que decía: «Ustedes actúan como si las letras rojas de la Biblia fueran más importantes que las letras negras». A eso respondimos: «¡Exactamente! ¡Y no solo somos nosotros lo que decimos que en la Biblia las letras rojas son superiores a las letras negras, sino que Jesús lo señaló también!». Jesús, una y otra vez durante el Sermón del Monte, declaró que algunas de las cosas que Moisés había enseñado sobre cuestiones como el divorcio, el adulterio, el asesinato, la venganza hacia aquellos que nos lastiman, y el uso del dinero debían ser superadas por una moralidad más alta.

Como el teólogo Soren Kierkegaard lo dijo en 1800: «La cuestión es simple. La biblia se comprende muy fácilmente. Pero nosotros, los cristianos,… fingimos ser incapaces de comprenderla porque sabemos muy bien que en el momento en que la comprendamos estaremos obligado a actuar según ella».

No me preocupo por dilucidar cada ínfima cuestión teológica como por leer las simples palabras de Jesús y tratar de vivir mi vida como si él hubiera querido decir lo que dijo.

A diferencia de lo que señalan el Corán y el Libro del Mormón, nuestro Dios no desciende para dictar palabra por palabra lo que contiene la Biblia. En lugar de eso, nuestro Dios se revela a través de lo que hace, y la Biblia es el registro infalible de esas poderosas acciones. Aquella letras negras que componen las palabras del Antiguo Testamento son el registro de esas acciones poderosas en las que vemos a Dios revelado.

Los antiguos griegos utilizaban términos como omnipotente, omnisciente, y omnipresente para describir a Dios, pero esas palabras simplemente no aparecen en el Antiguo Testamento. Los antiguos judíos nunca hubieran hablado de Dios en términos abstractos. Si le hubiéramos pedido a los antiguos judíos que describieran a Dios, ellos hubieran dicho: «Nuestro Dios es el Dios que creó el mundo, que escuchó nuestro clamor cuando fuimos esclavizados y que nos sacó de la tierra de Egipto y nos introdujo a la tierra prometida. Nuestro Dios es el que venció a los ejércitos de Senaquerib. El Dios al que adoramos nos permitió levantarnos por encima de los temibles poderes del mundo que podrían habernos destruido. Adoramos al Dios que obró en la vida de Abraham, de Moisés y de Jacob.» Lo que los antiguos judíos conocían de Dios les había llegado a través de las cosas que Dios había hecho. Fueron las poderosas acciones de Dios en la historia lo que les permitió comenzar a comprender cómo era Dios.

Si nuestro evangelio solo tiene que ver con la salvación personal, entonces es incompleto. Si nuestro evangelio solo tiene que ver con una transformación social y no con un Dios que nos conoce personalmente y tiene contados los cabellos de nuestra cabeza, entonces también resulta incompleto.

No soy salvo porque sea bueno, pero intento ser bueno porque he sido salvo.

La prueba determinante de que algo sea o no cristiano tiene que ver con esta pregunta: ¿me hace más parecido a Jesús? Algunos individuos dicen ser cristianos, pero cada vez se parecen menos a Jesús. También hay algunos que nunca se han declarado cristianos, y sin embargo, su corazón y la pasión que demuestran lentamente se van acercando al corazón de Jesús. Está en manos de Dios resolver eso. Ser más parecidos a Jesús es lo que intentamos hacer como Cristianos de las Letras Rojas; tiene que ver con el lugar del que venimos y aquel hacia donde vamos.

A través de internet y otras tecnologías, los individuos toman conciencia de que el mundo que hemos recibido es frágil, y si nuestra fe solo le promete a la gente vida después de la muerte y no se pregunta si hay vida antes de la muerte, vamos a perder a esas personas. En este momento se están utilizando toneladas de energía para pensar acerca de lo que Jesús tiene que decir con respecto a cuestiones como la economía y la violencia. Porque vemos cosas de este tipo por todas partes en nuestro tiempo: la pobreza y la guerra, por ejemplo. La buena noticia es que Jesús tuvo mucho que decir con respecto a esas cosas. Él no habló solo sobre lo que sucede después que morimos, sino acerca de cómo vivimos ahora. Hablaba de las viudas y los huérfanos, de los trabajadores y los sueldos: precisamente las mismas cosas sobre las que los jóvenes hablan hoy.

Uno de mis estudiantes me dijo una vez: «¡Conozco no cristianos que llevan vidas más parecidas a la de Cristo que la que usted vive!». Mi respuesta fue: «Si son tan maravillosos sin Jesús, ¿puedes imaginar cuánto más maravillosos serían con Jesús? Y si piensas que estoy tan mal teniendo a Jesús, ¿puedes imaginar lo que sería sin Jesús?» No me juzgues en términos de lo que soy, sino en términos de hasta dónde he llegado y de lo que espero recorrer en mi vida. Espero transitar una gran distancia hacia la meta de vivir una vida parecida a la de Cristo desde dónde estoy ahora.

Elegimos el sueño americano en lugar del sueño del evangelio.

Cierta vez un periodista le dijo a la Madre Teresa que él no podría hacer lo que ella hacía aunque le pagaran un millón de dólares. Ella le respondió: «Si, por un millón de dólares yo tampoco lo haría.»

Lenny Bruce, conocido por ser un comediante malhablado, dijo: «Cualquier hombre que se considere a sí mismo líder religioso y posea más de un atraje es un estafador si hay alguien en el mundo que no tenga un traje».

En lugar de quejarnos de la iglesia por la que hemos pasado, trabajamos por convertirnos en la iglesia con la que soñamos.

Uno de los pastores de mi vecindario dijo: «Me gusta considerar a la iglesia como el arca de Noé. Aquel viejo barco debió oler muy mal adentro. Pero si alguien intentaba dejarlo, se ahogaba».

Como dijo un pastor de nuestro vecindario: «Tenemos que ponernos en orden porque Jesús va a regresar. Y él vuelve a buscar una esposa, no un harem»

Cuando los jóvenes me dicen: «No puedo formar parte de la iglesia porque la iglesia está llena de hipócritas», siempre les digo: «Esa es la razón por la que te vas a sentir como en casa entre nosotros.»

Me he dado cuenta de esto: la gente no espera que los cristianos sean perfectos, pero sí espera que sean sinceros. El problema es que la mayor parte del tiempo no hemos sido francos. Hemos fingido ser perfectos y apuntando con el dedo a los demás. Así que cuando nos atrapan haciendo las mismas cosas que les hemos reprochado a otros, somos doblemente culpables.

Recuerdo que poco después de que el programa de televisión de Jim Bakker, el PTL Club, quedó expuessto por la incorrección sexual de él y de que luego él fuera llevado a juicio por fraude financiero, me tocó hablar en una conferencia de pastores presbiterianos. El moderador de ese grupo, antes de presentarme, dijo: «Debemos aprender a tomar distancia de personas como Jim Bakker, o de lo contrario el mundo pensará que todos somos como él». Cuando me levanté a hablar, dije: «Antes que nada, este no es un tiempo para tomar distancia de Jim Bakker. Es momento de abrazar a u hermano cristiano que está sufriendo. Si no lo hacemos, negamos todo lo que tiene que ver con Jesús y contradecimos todo lo que decimos sobre el amor incondicional. Deberíamos abrazarlo y no establecer una distancia con él en su soledad y tiempo de necesidad.» «En segundo lugar, la única diferencia entre Jim Bakker y el resto de nosotros es que no nos han descubierto todavía. Hay bastante basura en cada una de nuestras vidas como para que, si todo lo que es cierto con respecto a nosotros se colocara en una pantalla en medio de la reunión del domingo en la mañana, renunciaríamos y escaparíamos a escondernos. Casi todos tenemos secretos, pero no hemos sido expuestos, así que no nos conviene condenar a alguien que ha quedado expuesto». Hubo un sacudón a través de ese encuentro de pastores, pero ninguno de ellos elevó una protesta.

La liturgia tiene que ver con los patrones y ritmos de la oración que han sido practicados por los cristianos durante casi dos mil años. Rituales, tradiciones y hábitos sagrados como tomar la comunión y bautizarse, orientar la vida según la historia y el calendario de la iglesia, y recordar los días santos como la Pascua y la Navidad (y no solo las fiestas nacionales como el 4 de julio). La liturgia incluye nuestra adoración pública y la lectura de las Escrituras. Cuando Jesús abrió el rollo y leyó en Isaías, según cuenta Lucas, estaba leyendo la liturgia. Él celebraba la Pascua e iba al templo. Muchas de las cosas que hacía eran parte de la tradición judía. A algunos, eso los desafiaba. Y a algunos les trajo nueva vida.

He visto que el misterio de la Comunión sucede cuando llevábamos a cabo la Cena del Señor con familias sin techo, con roscas de pan donadas y jugo de manzanas.

Muchas veces usamos la oración como un pretexto para eximirnos de actuar. Ya saben, como cuando alguien expone un profundo dilema que está enfrentando y los demás le dicen: «Voy a orar por ti». Con frecuencia suelen ser sinceros y no saben qué otra cosa hacer. Y es verdad que necesitamos orar unos por los otros. Pero, en ocasiones, decir: «Voy a orar por eso», constituye una especie de código que implica «no voy a hacer ninguna otra cosa por ti». Así que debemos cuidar que la oración y la acción vayan juntas. Si escuchamos que alguien pide oración vez tras vez porque necesita que se realice una reparación en un techo que está filtrando agua, deberíamos seguir orando, ¡pero también podríamos dejar la comodidad de nuestros asientos y juntarnos con algunos para arreglar el techo! Cuando le pedimos a Dios que mueva una montaña, tal vez él nos pase una pala.

Leer teniendo la Biblia en una mano y el periódico en otra.

La liturgia, según Durkheim, cumple la función de enseñar y también de traer a la memoria lo que nunca debe ser olvidado.

La Lectio Divina, que en latín significa «lectura divina», por ejemplo. Es una forma de leer en oración las Escrituras que permite que ellas se graben en nuestras almas. La forma en que funciona es esta: se toma un pasaje de la Biblia, que no necesita ser largo, y se lo lee una vez lentamente. La primera vez uno simplemente lo escucha. Luego se lo vuelve a leer, y si se está en un grupo, se comparte una palabra o una frase que haya llamado la atención; nada más, solo una palabra o frase. Entonces se lo vuelve a leer por tercera vez, y cada persona señala por qué esa palabra o frase lo ha tocado. Por último, se lo lee por última vez, lentamente. En los monasterios de todo el mundo, la gente practica algo de este tipo cada día. Algunos de ellos señalan que es una forma de darse un banquete con la escrituras, permitiendo que se digieran y dejen un sabor en la boca.

Cada vez que Martin Luther King, organizaba una marcha en pro de justicia social a favor de los afroamericanos, convocaba a los posibles participantes a reunirse por lo menos dos días antes para prepararse espiritualmente para la marcha. La gente no siempre puede ver el cuadro completo cuando piensa en el activismo del doctor King, porque lo que él quería era que toda la gente que marchara primero pasara un tiempo en oración. Él sabía que allá en las calles la gente podría burlarse de ellos, la policía sería capaz de golpearlos, y era factible que se le ordenara a los perros que los mordieran. Tenían que estar preparados espiritualmente para amar a sus enemigos y para hacerles el bien a aquellos que los lastimaran, como Jesús les había mandado hacer. De otra manera, se sentirían paralizados desde lo emocional y lo espiritual antes las hostilidades que se les presentaran.

Una de las citas atribuidas a Francisco [de Asís] constituye una crítica simple y aguda a nuestro mundo, así como lo fue también al suyo: «Cuántas más cosas tenemos, más garrotes necesitamos para protegerlas». Nos lleva a preguntarnos si él no hubiera ido a protestar en Wall Street en nuestros tiempos.

Conozco el camino al cielo, así que hablo sobre eso. Me imagino que si uno conociera la cura para el cáncer no andaría por allí hablando del cáncer todo el tiempo. Le contaría a la gente acerca del remedio. No estoy seguro cuándo fue que nos obsesionamos con el infierno. Jesús habla algo acerca de él, pero ni cercanamente tanto como habla del reino de Dios.

En lo que tiene que ver conmigo, yo no escogí a Jesús porque me aterrorizara el infierno. Ni porque deseara mansiones en el cielo y calles de oro. Elegí a Jesús porque él es maravilloso, absolutamente maravilloso. Podemos vivir sin temor. Después de todo, nada puede separarnos del amor de Dios (Romanos 8:38-39). Nada.

Si me preguntan si hay gente fuera de la iglesia que podría ser salva por Jesús, solo puedo responder que no emito juicios sobre quién está adentro y quién fuera. Yo creo que el mensaje de la Biblia no tiene que ver con que la salvación llegue a través del grupo al que uno pertenece, ni al nombre que uno adopte, sino con que Jesús es el único camino a la vida eterna. Las personas son salvadas por lo que Jesús hizo por ellas en la cruz.

Billy Graham: «Mi tarea es dar testimonio. La tarea del Espíritu Santo es convencer. Y la atrea de Dios el padre es juzgar».

En el cielo Pedro está a cargo de controlar a la gente que entra por los portones. Pablo, opr otro lado, siendo el gran administardor que demostró ser en la tierra, está a catrgo de llevar un registro de la gente que hay en el cielo. Lo inquita el hecho de que siempre encuentra más gente en el cielo de la que Pedro va recibiendo, Esta discrepancia los incomoda mucho a los dos. Entonces un día Pablo llega corriendo hasta donde está Pedro y le dice: «¡Descubrí lo que sucede! ¡Es Jesús! ¡Él está haciendo pasar gente por encima del muro!». A Peggy le gusta mucho esa historia porque ella cree que nos dice que aun cuando la iglesia a veces piensa que puede determinar quién entrará y quién no entrará al cielo, Jesús puede estar obrando fuera de la iglesia, amando a la gente elevándolos para que entren a su reino.

Una de mis escenas teológicas favoritas de las Escrituras es cuando el velo del templo se rasga y se abre. Cuando Jesús muere en la cruz, el velo del templo (los que saben dicen que era tan grueso como una mano y tan grande como una cancha de básquetbol; y que se precisaban docenas de sacerdotes para trasladarlo) se rompe y se abre. Como para decir: Dios no puede ser retenido como un rehén. Dios es mayor que nuestras imágenes, íconos y templos. Dios no necesita mediadores y no está confinado al Lugar Santísimo. Dios está vivo en el mundo y anda por las calles. Dios puede sanar a la gente con tierra y saliva. Dios puede freír pescado. Dios está con nosotros. Ya no tenemos que ir a los templos para encontrar a Dios. Dios ha venido y nos ha encontrado. En Jesús.

De entro toda la gente, deberíamos ser nosotros los cristianos los que construyéramos amistades y protegiéramos la dignidad de los seres humanos, aun de aquellos que pertenecen a otra fe.

Me resulta muy interesante que Jesús emitiera su más duro juicio dentro de su grupo más cercano. Después de todo, a la única persona a la que Jesús llamó «Satanás» fue al que luego se convertiría en una roca dentro de la iglesia: Pedro. Jesús permanentemente reprendía y trataba de afinar a sus discípulos. Los acusaba de falta de fe y de juzgar a otros. Y trataba de sacar a relucir lo mejor de los demás, celebrando la fe de personas como el centurión, la mujer sirofenicia, los samaritanos, y los recaudadores de impuestos. Jesús hizo exactamente lo opuesto a lo que hacemos la mayoría de nosotros. Muchos procuramos destacar lo mejor de nosotros mismos y lo peor de los demás. Jesús nos invita a encontrar lo peor de nosotros y buscar lo mejor de los otros.

Una de las mejores ilustraciones que he escuchado acerca de cómo construir la comunidad me llego de un granjero: «Hay dos formas de mantener a las vacas adentro, ¿sabes? Una es construyendo cercos. La otra es teniendo una fuente de alimentos realmente buena. Entonces no se necesitan los cercos.»

Con frecuencia deseamos hacer de Dios nuestra posesión exclusiva, y lo mismo hacían también los antiguos judíos. Hubo tiempos en que querían creer eso porque ellos eran el pueblo escogido por Dios, y Dios solo los amaba a ellos. Esa fue la razón por la que cuando Dios envió a Jonás a Nínive para decirle a las personas de esa ciudad que se arrepintieran de sus pecados y se convirtieran en parte de la familia de Dios para ser amados por Dios, Jonás se rehusó a ir. La idea de que Dios pudiera amar a los ninivitas tanto como a los judíos le resultaba impensable.

Mientras los conduce fuera de Egipto, Dios establece algunas nuevas leyes y patrones para esas personas. Dios los está formando a ellos como un nuevo pueblo, una «nación santa» (Éxodo 19:6). Santo significa «llamado afuera» o «separado». Ellos son la pequeña contracultura de Dios, el pueblo peculiar de dios llamado a salir de los patrones destructivos de su mundo para mostrarle al mundo cómo es una sociedad de amor. A medida que Dios va formando esta contracultura santa, coloca en su lugar las nuevas leyes. Guardar el sábado es uno de los Diez Mandamientos, lo que incluye el descanso de nuestros cuerpos y de la tierra, de modo que no nos matemos trabajando ni nosotros ni nuestros animales. Al trabajo se lo mantiene santo y no se convierte así en un trabajo duro y sin sentido. A los hebreos se les manda practicar la hospitalidad hacia los forasteros y tomar con especial cuidado a los inmigrantes extranjeros. (Tal vez los políticos de Washington D.C. que hablan sobre la inmigración harían bien en realizar un pequeño estudio bíblico de Levítico, ¿no es verdad?) Los hebreos deben promulgar prácticas como la del rebusque, en la que los granjeros dejan los bordes de sus cosechas sin recoger para que los pobres puedan tomarlas gratuitamente. Y, por supuesto, está el Jubileo. El Jubileo, o año de la emancipación, tiene que ver con el desmantelamiento sistemático y regular que hace Dios de la inequidad, y en él los esclavos son liberados, la propiedad redistribuida y las deudas gratuitamente perdonadas. Es como si Dios les dijera a través de todo eso: «Si ustedes no hacen estas cosas, entonces acabarán tal como estaban en Egipto otra vez». Dios es un Dios de abundancia cuando nosotros confiamos, y un Dios de redistribución cuando no lo hacemos. El pueblo de Dios no tiene que acumular cosas para el mañana, sino compartir indiscriminadamente, teniendo la confianza escandalosa y santa de que Dios proveerá para el mañana. Entonces no precisamos acopiar cosas en almacenes, en especial cuando hay alguien en necesidad.

Como dice uno de mis amigos católicos, «Mientras haya un estómago que duele de hambre, la Eucaristía está incompleta».

En mis clases aquí en la Universidad Eastern, les digo a mis alumnos que la Biblia no aboga ni por el capitalismo ni por el socialismo. Como nos lo dice cualquier libro sobre capitalismo, la motivación de la producción es el beneficio, y los Cristianos de las Letras Rojas no se manejan fundamentalmente por una motivación que los lleve a obtener beneficios, Más bien son motivados por el amor al tratar de suplir necesidades de la gente. No hay nada malo en obtener beneficios; de hecho, aquellos que no producen beneficios no se van a mantener en su negocio el tiempo suficiente como para suplirá las necesidades de nadie. Pero es el amor y no la obtención de beneficios lo que motiva a los cristianos. Por otro lado, la economía de Dios tampoco es socialista. Cuando Dios colocó a Adán y a Eva en el jardín del Edén, les dio liberta para tomar decisiones que determinaran su destino, lo que incluye su destino económico. En el socialismo, es el estado político el que determina el destino económico del pueblo. Al darle libertad a la humanidad, Dios le presta credibilidad a un sistema de libre empresa en el que el propósito primario de la producción es bendecir a la gente produciendo bienes y servicios que suplan sus necesidades. De eso se trata el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22.37-40). Al hacerlo, los de alrededor podrán «ver nuestras buenas obras y alabar al Padre que está en el cielo» (Mateo 5.16, parafraseado).

Algunas monjas y monjes célibes me han enseñado que nuestro principal anhelo es de amor, de comunidad. No de sexo. Hay individuos que realizan toda suerte de prácticas sexuales y no encuentran el amor. Y otros, como mis amigos célibes, que nunca han mantenido relaciones sexuales en toda su vida, pero experimentan profundamente el amor y la intimidad. Así que con resolución tenemos que ir en pos de aquello que nos permite buscar primero el reino de Dios.

Tengamos cuidado de no pintar con colores gloriosos lo que le sucederá a la vida familiar cuando algunos miembros se convierten en Cristianos de las Letras Rojas. Aun las relaciones entre marido y mujer pueden quedar sujetas a presión cuando uno de ellos se vuelve un seguidor comprometido de Cristo y el otro no.

Los cristianos podemos tener que experimentar el dolor del distanciamiento de nuestra propia familia, literalmente hablando, pero recibimos una familia eterna en cambio. La iglesia tendría que dar un paso adelante y convertirse en la nueva familia de aquellos nuevos cristianos que se encuentren distanciados o en conflicto con los suyos.

Cuando el candidato presidencial Rick Perry celebró sus ejecuciones como gobernador de Texas durante el debate presidencial del Partido Republicano, el 7 de septiembre de 2011, la audiencia, formada mayormente por miembros de la Coalición Cristiana, estalló en aplausos. Como cristiano, encontré aquello profundamente perturbador.

Cuanto más cerca estamos de Dios, menos deseamos arrojarles piedras a otras personas.

Conozco a muchas víctimas de delitos violentos, y aquellos que han alcanzado mayor sanidad son los que consiguieron perdonar. Una mujer, familiar de una víctima de crimen, me dijo que trabaja en contra de la pena de muerte porque en la medida en que va conociendo a más víctimas descubre que las menos sanas son aquellas que buscan el castigo y la venganza. La justicia restauradora es una de las tareas más redentoras y de características más cristianas que tienen lugar dentro del sistema de justicia. Mucho de eso fue comenzado por los cuáqueros, que no creían en una justicia punitiva, sino en una justicia restauradora. Es la idea de que la justicia de Dios no solo tiene que ver con lo que merecemos, sino con restaurar lo que se ha quebrado: tiene que ver con la sanidad y el perdón. Eso es lo que hace a la justicia bíblica diferente de otras justicias.

El músico Drek Webb dice: «Asesinar para mostrar que matar está mal es tan errado como intentar enseñar la santidad a través de la fornicación».

Siempre que escucho a alguien decir «Mi pecado es tan grande que Dios nunca podrá perdonarme», pienso en lo que esa persona está diciendo en realidad es que su pecado es mayor que Dios. Hablar de esa manera, en un sentido, puede ser el mayor de todos los pecados.

Barney Frank, un congresista liberal demócrata, en una conversación personal señaló de un modo desafiante que el problema con los evangélicos es que piensan que la vida comienza con la concepción y finaliza con el nacimiento. Básicamente quiere decir que estamos dispuestos a proteger la vida desde el momento de la concepción y hasta el momento del nacimiento, pero una vez que el bebé ha nacido, no queremos hacer lo necesario para cuidar del bebé. Como evangélicos, aun con todas nuestras políticas en pro de la vida, raramente deseamos aportar el dinero necesario para los servicios de salud, los cuidados diarios y la educación.

Casi el setenta por ciento de los abortos que se llevan a cabo en Estados Unidos son motivados por factores económicos, según el Instituto Guttmacher. Muchas mujeres abortan un bebé porque les faltan los medios económicos como para cuidar a un bebé. Consideremos, por ejemplo, a una mujer que trabaja en Walmart por un sueldo mínimo, que no tiene cobertura hospitalaria, y que está embarazada por una relación extramatrimonial. Sabe que no puede sostener a un hijo, Tiene dificultades para sostenerse ella misma, así que se practica un aborto. Ella es una de esas personas a las que llamamos «trabajadores pobres», y vive en una sociedad que le dice: «No vamos a mantenerte si tienes un bebé. No vamos a cubrir tu cuenta de hospital, ni vamos a cubrir los gastos de guardería para que puedas trabajar. No vamos a proveerte ningún tipo de cuidados prenatales, y no estamos dispuestos a incrementar el salario mínimo de modo que puedas ganar lo suficiente como para sostenerte por ti misma y también a tu hijo». La sociedad le dice que no se hará cargo de ninguna responsabilidad una vez que nazca el bebé. Estar a favor de la vida no es solo comprometerse a proteger a aquel que no ha nacido aún, sino también al niño después de que lo han dado a luz. Estar a favor de la vida va mucho más allá de criminalizar los abortos. Cuando me preguntan si el óvulo se convierte en un ser humano en el momento de la concepción, yo respondo: «No lo sé, y dado que no sé exactamente cuando el nonato se convierte en un ser humano, he elegido estar a favor de la vida». Prefiero equivocarme del lado de la vida que poyar el asesinato de un niño por nacer.

Cuando estuve en la India, descubrí que la gente de allí no la llamaba «Madre Teresa» sino simplemente «Madre». La razón es que ella ha sido una madre. Una y otra vez conocí niños que ella había criado. Se ganó ese título y su credibilidad como defensora de la vida no porque anduviera realizando demostraciones en contra de las clínicas de aborto y portando carteles con la leyenda «El aborto es asesinato». Era un adalid de la vida porque acompañaba a las mujeres y a los niños en situaciones difíciles; tenía una integridad que no se puede discutir.

Las corporaciones han sido astutamente malvadas al idear formas de lograr que nosotros compremos cosas que no necesitamos. Hay ingeniero que utilizan su imaginación para aquello que se opone a la vida: para diseñar semillas de modo que las plantas que ellos cultivan no se reproduzcan, y hagan necesario que la gente compre semillas todos los años.

En nuestro vecindario las drogas constituyen una de las mayores industrias, y ellos querían cambiar eso. Ahora tienen esta estación de biodiesel. La filosofía que respalda su negocio es que las cosas que descartamos todavía tienen valor. Algunas personas han sido tratadas como basura. Así que cuando recogen aceites vegetales descartados y hacen de ellos combustible para los automóviles, son guiados por una teología de la resurrección. Las cosas muertas pueden traerse de nuevo a la vida.

¿Nuestros hábitos dietarios se relacionan con la destrucción del planeta? La mayoría de los científicos dirían que los estadounidenses comen demasiado y que además comen la comida equivocada. Nos abarrotamos de comida mientras muchos en el mundo están a las puertas de la muere por la falta de proteínas en sus dietas. Los científicos señalan que si los granos que producen proteínas fueran consumidos directamente por las personas en vez de ser comidos por el ganado que luego nosotros comemos, la cantidad de proteínas disponibles para la gente pobre del mundo se aumentaría en un noventa por ciento.

¿Por qué confiar en las mujeres y considerarlas lo suficientemente agudas como para ser médicas, científicas, pilotos o trabajadores sociales, pero no pastoras? ¿Confiamos en que las hermanas pudieran disparar un M16 pero no usar la espada del Espíritu? Algo anda mal.

Nosotros los Cristianos de las Letras Rojas, seguimos a Jesús, que era dulce, amable y gentil. Sin embargo, él también era fuerte y firme. Jesús tenía los atributos que nuestra cultura define como masculinos, y también muchas de aquellas características consideradas como femeninas. Él unió en sí mismo todas las características que hacen a un ser humano completo.

La feminista Kate Millet una vez dijo: «Un hombre de cuarenta y cinco años es maduro, pero una mujer de cuarenta años está obsoleta». Ella no quiso decir que una mujer no fuera atractiva a los cuarenta, sino que si una mujer era atractiva a los cuarenta es porque no parece tenerlos.

Cuando nuestra comunidad hace una recolección de juguetes para el tiempo de Navidad, no aceptamos ni revólveres de juguete ni muñecas Barbie. Sí a las muñecas que representan bebés. Pero no a las muñecas Barbie y a las armas de fuego de juguete. No hay lugar para ellos en el reino.

Demasiados líderes cristianos están molestos por lo que la revista Playboy le hace a la imaginación sexual de los hombres, pero ignoran lo que les hace a las mujeres representadas por aquellas páginas centrales de la revista y a la mujeres que no se parecen para nada a ellas.

No vamos a resolver el problema del tráfico sexual simplemente por arrestar a los hombres que trafican con mujeres o a los hombres que utilizan a esas mujeres. Habrá otros que ocupen sus lugares. Tenemos que tratar con la horrible realidad de que nuestra sociedad está adoctrinando a los hombres con conceptos funestos acerca de lo que puede encenderlos sexualmente. Esas cosas erradas formas parte de nuestra cultura, y es responsabilidad de la iglesia hacer que se levanten hombres que no se conformen a la cultura (Romanos 12:1-2) y que en cambio trabajen para cambiarla.

Tenemos que celebrar lo que hacen todos. Algunos le dan pescado a la gente. Otros le enseñan a pescar. Otros preguntan: «¿Quién es el dueño del estanque? ¿Y por qué cuesta tanto una licencia para pescar?»

No les decimos que el propósito de la educación es obtener las credenciales que cuentan para alcanzar el éxito socioeconómico. Les enseñamos a los estudiantes latinos y afroamericanos que el propósito de la educación es equiparlos para ser agentes más eficaces de Dios para colaborar con él para cambiar el mundo. No me sorprende que luego de la facultad muchos de ellos regresen a sus antiguos vecindarios como maestro, pastores, abogados, trabajadores sociales o empresarios.

Para comprender la realidad del racismo, todo lo que tenemos que hacer es buscar en las prisiones; según las estadísticas, uno de cada tres hombres negros es encarcelado en algún momento de su vida. Son estadísticas increíbles. Los eruditos señalan que en Estados Unidos no hemos abolido por completo la esclavitud. Simplemente ha cambiado de forma. La Decimotercera Enmienda, para abolir la esclavitud, dice: «No deberá existir dentro de Estados Unidos ni esclavitud ni servidumbre involuntaria, a excepción de que sea un castigo por un crimen por el que el implicado haya sido debidamente condenado». Tenemos todo un legado, una cicatriz, que la esclavitud y el racismo nos han dejado.

Es importante que reconozcamos que hay una buena razón para que las Escrituras nos digan que Dios no desea que se hagan imágenes de talla de él, ni que tampoco se pinte ningún cuadro de él. Porque es muy probable que lo representemos a nuestra propia imagen, y por lo tanto transformemos la adoración a Jesús en adoración a nosotros mismos, lo que sería idolatría.

Cuando estuve en la India, trabajé en el primer hogar de la Madre Teresa, el Hogar para Moribundos. Había allí docenas de voluntarios, algunas de las personas más extraordinarias que jamás haya conocido. Cada día viajábamos juntos de ida y de vuelta en el ómnibus. En una de esas ocasiones, una de las voluntarias me confió que era gay. Estaba luchando por descubrir qué hacer con eso, y cómo llevar una vida que honrara a Dios siendo lesbiana. Mientras hablábamos, le pregunté si había pensado en hablar con la Madre Teresa al respecto. ME dijo que lo había estado pensando. Así que unos pocos días después le volví a preguntar si había hablado con la Madre Teresa. Me dijo que sí. Cuando quise indagar cuál había sido tu respuesta, la mujer se sonrió y señaló: «No dijo mucho». Eso solo ya era profundo, pero yo seguí intentando. «Bueno, pero dijo algo, ¿no?». Mi amiga respondió: «Mayormente escuchó. Pero luego de que acabé de abrirle mi corazón, me preguntó si estaba dispuesta a leer las Escrituras en la misa del día siguiente». ¿Cuánta belleza tiene eso? Muy a menudo pensamos que nuestra tarea es presionar a la gente, y en realidad constituye una falta de fe en que el Espíritu ya esté trabajando con ellos, conduciéndolos. Creemos que el Espíritu no puede obrar sin que nosotros saltemos en su ayuda para asegurarnos de que la gente sepa lo que dice la Biblia, o esto, o aquello. Con demasiada frecuencia confundimos nuestro rol. […] Cuando se le preguntó a Billy Graham sobre la cuestión gay, dio esta respuesta: «Es tarea del Espíritu Santo convencer, la de Dios Juzgar y la mía amar».

Debería rompernos el corazón el hecho de que a menudo seamos más conocidos por los asuntos a los que nos oponemos que por los que apoyamos. Nos conocen mejor por aquellos a los que hemos excluido que por aquellos a los que hemos abrazado. Eso no era lo que la gente pensaba cuando se encontraba con Jesús. Los individuos no tenían un encuentro con Jesús para luego salir diciendo: «Hombre, con seguridad no le gustan los tipos gays».

Siempre le digo a nuestra comunidad que nosotros deberíamos atraer a la gente que Jesús atraía y frustrar a la gente a la que Jesús frustraba. En verdad, nunca es nuestra meta frustrar a nadie, pero vale la pena notar que la gente que constantemente se mostraba agitada ante él eran los santurrones, la elite religiosa, los ricos y los poderosos. Y que la gente que estaba fascinada con él, con su amor y su gracia, eran individuos que ya habían sido heridos y excluidos, individuos que no tenían mucho que perder, que sabían muy bien que estaban quebrantados y necesitaban un Salvador. Y eso es lo que significa ser iglesia.

Independientemente de las diferencias que los cristianos puedan tener sobre este tema controversial, deberíamos concordar en que los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales son el prójimo al que debemos amar como nos amamos a nosotros mismos (Mateo 22.39).

Los cristianos que vivían en México se acercaban hasta el muro donde los cristianos que vivían en Estados Unidos se encontraban con ellos. Cantaban, adoraban a Jesús, y luego se sevían la Comunión los unos a los otros arrojando el pan y las botellas de vino por encima del muro. El muro, creado por la gente, por los gobierno de este mundo, no constituye una barrera para el pueblo de Dios, que es uno en el Espíritu.

Todos somos ilegales en el reino, y Jesús nos hizo entrar en él.

Jesús es aquel que nos metió en el reino de Dios cruzándonos por sobre la frontera, y ni siquiera nos ha cobrado el derecho a ser ciudadanos. Jesús siempre se ha metido en problemas por recibir a los «ilegales» en el banquete. Se lo acusaba de ser un glotón y un borracho por haber andado con la gente equivocada. Pero constantemente él desafió y frustró a los fariseos, que pensaban que era obedeciendo todas las reglas y guardando todas las leyes que se entraba al cielo.

Toda la Biblia está llena de gente de afuera convertida en la de adentro por la gracia. El nacimiento de Moisés es escandaloso, porque él fue introducido ilegalmente, de contrabando, en este mundo, en un acto de desobediencia civil. Su madre lo salvó de la espada y lo hizo flotar en el río, y la hija de Faraón se lo apropio y lo crió ilegalmente con una nodriza hebrea (que en realidad era su verdadera madre), según Éxodo 2. A Rut, «la moabita» (en código, «la forastera»), l e muestra hospitalidad Booz, con quien luego se produce un bello romance, y aquel matrimonio intercultural forma parte de la genealogía que nos lleva hasta Jesús (Rut 2-4). O sea que Jesús tenía una bisabuela «ilegal». Aun el nacimiento de Jesús entra dentro de esta dinámica. Nació sin que hubiera lugar para él en el mesón. Nació en el camino, durante un trayecto; era un refugiado. Y ahí fue que Herodes comenzó a matar a los pequeños. Hay muchos elementos que reflejan la situación de aprietos que sufren los inmigrantes contemporáneos y los que buscan asilo.

Recientemente en mi vecindario una congregación comenzó por abrir el edificio de la iglesia, como muchas congregaciones lo hacen alrededor del mundo, a los sin techo, de modo que ellos tuvieran un lugar seguro y abrigado para dormir por las noches. El gobierno de la ciudad escuchó acerca de ellos y comenzó a tomar medidas. Al pastor le dijeron que no se le permitía tener un refugio, porque no contaban con los permisos apropiados, ni tampoco se los concederían porque la ciudad no deseaba tener un albergue allí. Pero uno no se puede meter con los pentecostales. Así que la congregación oró y el Espíritu se movió. Volvieron a hablar con los funcionarios de la ciudad y les anunciaron que ellos seguirían no teniendo un refugio, pero que tendrían una reunión de avivamiento todas las noches desde las 8 p.m. hasta las 8 a.m. Fue fantástico ver cómo los noticieros cubrieron la historia. La ciudad no se animó a detener ese avivamiento: ¡fue algo maravilloso! Comenzaban con canto, adoración y participación de la gente. Luego de unas dos horas, el pastor se ponía de pie y decía: «Bien, con esto concluye el servicio formal de esta noche. Las siguientes ocho horas serán de una meditación silenciosa. Que todos pasen una buena noche». ¡Hasta donde sé, esas reuniones de avivamiento todavía continúan! Ese es el valor que necesitamos.

La gran ironía es que si miramos un par de generaciones atrás, encontraremos a algunas de estas personas en nuestra propia familia. Hemos desarrollado amnesia y olvidado que la mayoría de nosotros tenemos ascendientes que fueron inmigrantes.

A la gente pobre se le están haciendo muchas cosas horribles, y nosotros no prestamos atención a ello. Esto sucede debajo de nuestras narices.

Sin lugar a dudas necesitamos someternos a las autoridades, pero creo que hay dos maneras diferentes de hacerlo. Una es obedecer las buenas leyes, y la otra es sufrir las consecuencias por desobedecer las malas leyes.

Cuando hablamos sobre lo que las Escrituras dicen con respecto a la desobediencia civil, resulta importante que notemos que la meta del pueblo de dios nunca es quebrantar la ley; la meta del pueblo es obedecer a Dios. No tiene que ver con la desobediencia civil, sino con la obediencia a los divino.

La Biblia deja en claro que los reyes no fueron idea de Dios, sino de nosotros. Desde el mismo principio, cuando el primer rey ocupó ese lugar, a Dios no le gustó la idea. No se suponía que Israel tuviera rey, pero ellos lo pidieron, así que lo obtuvieron. Dios les dijo explícitamente que el rey iba a oprimirlos, convertirlos en esclavos, quitarles su dinero, y hacer que pelearan en sus guerras (1 Samuel 8).

Todos los principados y poderes del mundo tienen la tendencia a afirmar que están haciendo la voluntad de Dios.

El doctor King dijo: «Tenemos que sacar a la luz la injusticia y hacer que esa injusticia resulte tan incómoda que obligue a prestarle atención». Y eso fue lo que el movimiento de los derechos civiles hizo: la gente vio que personas desarmadas eran golpeadas, atacadas por os perros, empapadas con mangueras (y otras maldades del racismo). Jesús hizo precisamente eso en la cruz: sufrió sin ejercer violencia, experimentó el odio y la maldad sobre él, y los desenmascaró. El apóstol Pablo dice que Jesús exhibió públicamente a los poderes y a las autoridades en la cruz (Colosenses 2.15). El teólogo menonita John Howard Yoder llamó a esta idea una «subordinación revolucionaria». A través del sufrimiento, más que por el conflicto armado, desenmascaramos la maldad y exhibimos la injusticia. Cuando mis amigos y yo fuimos a la cárcel en Filadelfia por alimentar a los sin techo y dormir en los parques públicos, hicimos que se levantaran grandes interrogantes acerca de la pertinencia de las leyes contrarias a los sin techo que la ciudad estaba dictando. Finalmente nos encontraron no culpables. Y hasta el juez dijo: «Si no fuera por la gente que quebranta las malas leyes, no tendríamos la libertad que tenemos ahora. Todavía tendríamos la esclavitud. Esa es la historia de este país desde el Tea Party de Boston hasta el movimiento por los derechos civiles. Estos individuos no son criminales: son luchadores por la libertad». De hecho, hasta los oficiales de policía fueron a la corte a argumentar que las leyes eran erróneas. Y todo eso porque nosotros quebrantamos leyes malas, y abierta y voluntariamente sufrimos las consecuencias.

Muchos jóvenes cristianos están donando mucho más a asociaciones sin fines de lucro y a algunas ONG de lo que dan a la iglesia porque quieren marcar una diferencia en el mundo y no están seguros de que la iglesia sea el mejor administrador de su dinero para lograr ese fin.

Soren Kierkegaard, sentado en una catedral, exclamó: «¡Tanto dinero gastado en construir edificios para honrar a alguien que dijo “Yo no habito en templos hechos de manos”!». Jim Wallis, fundador de Sojourners, cree que un presupuesto es un documento moral, y que cuando uno mira el presupuesto de una iglesia, sabe a qué se dedica esa iglesia y qué es lo que valora. En muchos casos, uno descubre que los presupuestos de las iglesias muestran que están centradas en ellas mismas. La realidad es que muchas iglesias gastan poco en alguien o algo que no pertenezca a la iglesia. Cuando uno analiza el presupuesto de cualquier iglesia, probablemente encuentre que la iglesia solo para sus cuentas y se hace cargo de sus propias necesidades. Se ha dicho que la iglesia tendría que ser el único club del mundo que existiera en beneficios de aquellos que no son miembros. Pocos de los presupuestos de las iglesias dan evidencias de eso.

La mejor crítica a algo equivocado es practicar algo mejor.

Como lo dijo la Madre Teresa que «Cuanto más tenemos, menos podemos dar».

En 2007 Barack Obama declaró, en el programa de David Letterman: «este país todavía es la mejor esperanza que queda sobre la tierra». Esta es otra teología que se parece mucho a la de los imperios anteriores.

La palabra Babilonia, en código, se refiere a cualquier sociedad dominante en la que la comunidad cristiana se encuentre inmersa. Si uno forma parte de la comunidad cristiana en Francia, su Babilonia es Francia. Si uno forma parte de la comunidad cristiana en Brasil, su Babilonia es Brasil. Tú y yo somos ciudadanos de Estados Unidos de América. Nuestro sistema social dominante son Estados Unidos de América. No me malinterpreten. Amo a nuestro país. ¡Creo que es la mejor Babilonia sobre la faz de la tierra! Pero sigue siendo Babilonia. No es el reino de Dios. Apocalipsis 18 y 19 tiene que ver con todas las Babilonias que ha habido desde entonces.

Me causa preocupación el que solo se exhiba la bandera de una nación, cualquiera sea, al frente de una iglesia. ¿No es la iglesia un lugar en el que declaramos nuestra ciudadanía como perteneciente a un nuevo reino que abraza a toda la humanidad en un solo pueblo en Cristo? La Biblia dice que en Cristo ni hay judío ni griego, esclavo ni libre, bárbaro ni escita, varón ni mujer (Gálatas 3.28). Esa unidad en la identidad debería resultar evidente en todas y cada una de las iglesias.

He visto padres que se sentían orgullosos de que sus hijos fueran a morir por Estados Unidos, pero que se ponían furiosos si sus hijos desearan ir al África o a Asia como misioneros.

La democracia, como les he dicho a mis alumnos vez tras vez, no constituye una sociedad en la que la mayoría gobierna, sino una sociedad en la que resulta seguro pertenecer a la minoría. Los estadounidenses se inclinan a pensar que se crea democracia cuando cada ciudadano tiene el derecho a votar, y ese concepto es erróneo. En 2005, luego de la ejecución del dictador iraquí Saddam Hussein, se realizaron elecciones libres y abiertas en Irak. La mayoría shiita ganó y procedió a establecer una república islámica. Ahora, por primera vez en la historia de Irak, los cristianos son perseguidos y se queman iglesias en Bagdad. Anteriormente, los cristianos iraquíes vivían en paz con los otros ciudadanos iraquíes y eran libres de practicar su fe y hasta de evangelizar. Me gustaría señalara que antes de la segunda Guerra del Golfo, tuve una invitación del vicepresidente de Irak, que estaba bajo las órdenes de Saddam Hussein y era cristiano, para ir y realizar reuniones de evangelización. En ese entonces había libertad religiosa. Pero ahora que los shiitas han tomado control del país a través de elecciones libres, esa libertad religiosa está restringida y los cristianos son perseguidos. El regocijo por la finalización de la dictadura opresiva de Saddam Hussein se ha cambiado a causa de lo que les ha estado sucediendo a las hermanas y hermanos cristianos. Irak ha bajado de 1,5 millones de cristianos a alrededore de medio millón. La cantidad de cristianos se ha reducido en unos dos tercios. Están huyendo fuera de Irak a Jordania y otros países, en busca de refugio. Algunos de esos refugiados cristianos viven rayando la inanición debido a que Jordania no puede alimentarlos. Los jordanos no cuentan con suficientes puestos de trabajo ni para su propio pueblo, así que ni pensar en los cientos de miles de refugiados que han huido hacia allí. Todo esto ha sucedido a causa de las buenas intenciones de Estados Unidos de procurar crear una democracia en Irak.

Una de las razones por las que amo a Estado Unidos es porque cuando tenemos elecciones y gana la mayoría, la minoría no tiene que preocuparse de que la mayoría se organice para perseguirla. Irak nos muestra cuáles son los resultados cuando ese no es el caso. Podemos vivir en la mejor Babilonia del mundo, pero solo es porque los otros sistemas políticos y económicos son mucho peores.

Un gobierno puede aprobar buenas leyes, pero ninguna ley logra cambiar el corazón humano. Solo Dios puede hacerlo. Un gobierno tiene la posibilidad de proporcionar buenas viviendas, pero la gente puede tener una casa sin tener un hogar. Es posible que mantengamos a la gente con vida a través de una buena atención médica, pero de todos modos las personas pueden no sentirse realmente vivas. El trabajo comunitario de amor, reconciliación, restauración es una obra que no podemos dejar librada a los políticos. No podemos esperar que los políticos cambien al mundo. No podemos esperar que los gobiernos legislen sobre el amor. Y no permitimos que sean las políticas las que definan la manera en que debemos tratar a las personas; al contrario, el modo de tratar a las personas le da forma a nuestras políticas.

No estás haciendo un llamado a que no nos involucremos en política. En lugar de eso tú adviertes a los cristianos que no deben poner toda su confianza en los poderes políticos. Los llamas a ejercitar una participación que acompañe el proceso político para poder hablarle la verdad constantemente al poder en aquella áreas en las que el poder parece estar afirmándose de maneras contrarias a la voluntad de Dios.

Votar es algo así como ejercer un control de daños. Intentamos disminuir la cantidad de daño causado por los poderes. Y para los cristianos, el votar no es algo que llevamos a cabo cada cuatro años. Votamos cada día. Votamos por la manera en que gastamos el dinero y por las causas que apoyamos. Votamos por la cantidad de combustible que usamos y por los productos que compramos.

Si vamos al libro de Colosenses, encontraremos que todos los principados y poderes fueron creados por Dios y para los propósitos que Dios tiene en el mundo (Colosenses 1.16-17). Es tarea del gobierno, que es uno de esos principados y poderes, hacer la voluntad de Dios así como es tarea de la iglesia institucional cumplir con la voluntad del Señor. Si la iglesia fracasa en cumplir con la voluntad de Dios, yo soy llamado a ayudarla a descubrir y hacer esa voluntad; y también estoy llamado a ayudar al gobierno a hacer lo mismo. No solo se espera que yo desafíe al gobierno a hacer la voluntad de Dios, sino que haga lo mismo con los otros poderes. Estos principados y poderes incluyen a las estructuras corporativas tales como sindicatos, y empresas como General Motors, Ford, IBM, Apple y WalMart. Tengo que preguntarles a esas entidades suprahumanas si están funcionando de acuerdo con la voluntad de Dios, porque ellos se imponen sobre la gente e influyen sobre sus vidas cotidianas.

En Mateo 25.31-46 leemos que Dios juzgará a las naciones según la manera en que cada nación se haya ocupado de los pobres y de aquellos que están en prisión y por la forma en que hayan aceptado a los extranjeros. Notemos que dios responsabiliza a las naciones, y no solamente a la iglesia, por el cuidado de los pobres. Ese pasaje de las Escrituras responde a aquellos que cuestionas si existe o no una responsabilidad nacional en cuanto al cuidado de los necesitados.

Nunca olvidaré a un muchacho que se acercó a mí en una universidad después de que acabé de hablar. Con lágrimas corriéndole por el rostro me contó que había arrojado bombas en Irak y no podía vivir con todo lo que había visto y con lo que había hecho. Tenía diecinueve años; no era lo bastante mayor como para comprar alcohol, pero sí como para arrojar bombas. Oramos juntos, y pude sentir que la carga que llevaba sobre sus hombros se desvanecía. Entonces se quitó las placas de identificación, me las entregó, y me dijo: «Necesito liberarme de estas cadenas. Me han tenido cautivo demasiado tiempo».

No creo que Jesús jamás nos haya pedido que seamos pasivos, pero él sí nos llama a resistir el mal de una manera no violenta.

El escritor y profesor Walter Wink realizó una tarea brillante al demostrar la creatividad de Jesús en su enseñanza del Sermón del Monte sobre aquellos famosos versículos de «poner la otra mejilla». Señala Wink que Jesús no estaba sugiriendo que en forma masoquista le permitiéramos a la gente pasarnos por arriba. Jesús enseñó un amor al enemigo llevado a cabo con imaginación. Nos dio tres ejemplos específicos acerca de cómo interactuar con nuestros adversarios. En cada instancia, Jesús nos señaló algo que desarmaría al otro. Nos enseñó a rehusarnos a resistir el mal en sus propios términos. Nos invitó a trascender la pasividad y la violencia encontrando un tercer camino. Cuando te golpeen en la mejilla, vuélvete y mira a la persona a los ojos. {Dentro de la cultura ordenada de los judíos, se golpeaba con la mano derecha (en algunas comunidades judías el golpear con la mano izquierda significaba ser excluido por diez días). Y para poder golpear a alguien en la mejilla derecha era necesario darle la bofetada con el dorso de la mano. Resulta claro que Jesús estaba describiendo un sopapo con el revés de la mano, como lo haría un marido abusivo con su esposa o un amo con su esclavo. Era una bofetada para insultar, para degradar y humillar, no dirigida a un igual, sino a alguien inferior: una bofetada para «ponerlo en su lugar». Al volverle la otra mejilla, la persona hacía que el abusador la mirara a los ojos, y solo podía golpearla como a un igual. Al volverle la otra mejilla, esa persona estaba diciendo: «Yo soy un ser humano, hecho a imagen de Dios. Y no puedes destruir eso»}. No te acobardes y tampoco le devuelvas el golpe. Asegúrate de que te miren a los ojos y vean tu sagrada humanidad, y se les volverá cada vez más difícil lastimarte. Solo los pobres estaban sujetos a semejante abuso. Si una persona pobre era demandada y no tenía ninguna posesión, la podían llevar a la corte para quitarle su manto (Deuteronomio 24.10-13), algo que no era infrecuente entre los campesinos que lo perdían todo en beneficio de los terratenientes y recaudadores de impuestos. Así que aquí Jesús les estaba diciendo a los deudores pobres, que no tenían nada más que esa prenda sobre sus espaldas, que se desnudaran y exhibieran la avaricia del acreedor. La desnudez era algo tabú para los judíos; pero la vergüenza caía menos sobre la persona desnuda y más sobre el que miraba o causaba la desnudez (Génesis 9.20-27). «¿Quieres mi manto? Aquí lo tienes. También te puedes llevar mi ropa interior; pero no puedes llevarte mi alma ni mi dignidad». Aquí parece otra instancia en cuanto a la manera de tratar los problemas de la vida cotidiana: «Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos» (Mateo 5.41). Esta puede parecer una situación extraña, pero para los judíos del primer siglo era un incidente común que algún soldado le pidiera que caminara junto a él un kilómetro. No contaban con vehículos Humvee ni con tanques, así que los soldados viajaban a pie y llevaban gran cantidad de cosas de modo que dependían de que los civiles acarrearan sus provisiones. Estoy seguro de que había bastantes zelotes escuchando a Jesús, y ellos deben haber sacudido los puños en el aire cuando se les pedía que caminaran junto a un soldado. La ley romana especificaba que los civiles tenían que caminar una milla (1,6 kilómetros), y que eso era todo (de hecho, el ir una segunda milla constituía una infracción al código militar, sin mencionar que sería simplemente un absurdo para un judío mostrarse amistoso con un soldado de la ocupación y desear caminar con él una milla extra). Es hermoso imaginar la escena en la que un soldado pide su mochila de vuelta, pero la otra persona insiste en ir una milla más. Para conocerlo no como un enemigo, sino como persona. Hablar con él y tratarlo con amor. En cada una de esas instancias, Jesús enseña el «tercer camino». Es aquí que vemos a un Jesús que aborrece tanto la pasividad como la violencia forjar un tercer camino, que no es ni la sumisión ni la agresión, ni la pelea ni la huida. Pero todo esto solo tiene sentido si nos damos cuenta de que Jesús no habla sobre la mejor manera de ganar exitosamente la antiquísima batalla para refrenar el mal. Él reencauza ese deseo diciendo: «No resistan al que les haga el mal»; tiene una manera completamente diferente de visualizar la maldad (Mateo 5.39). Es este tercer camino el que nos enseña que «el mal puede enfrentarse sin necesidad de replicarlo… que a los opresores se los puede resistir sin emularlos… que a los enemigos se los puede neutralizar sin destruirlos». Esta es la imaginación profética que puede interrumpir la violencia y la opresión. Si este peculiar pueblo de Dios tuviera que transformar el mundo a través de fascinarlo, me parece que estas enseñanzas asombrosas resultarían centrales. Entonces podríamos mirar a los ojos a un centurión y no ver a una bestia, sino a una criatura de Dios, y luego caminar con esa criatura por un par de millas. Miraríamos a los ojos a los recaudadores de impuestos mientras ellos nos llevan a juicio en la corte, veríamos su pobreza y les daríamos nuestro manto. Miraríamos a los ojos a las personas más difíciles de soportar, y veríamos a Aquel al que amamos. Porque Dios ama activamente a los buenos y a los malos. Y hasta manda la lluvia para que riegue los campos de los justos y de los injustos (Mateo 5.45). El amor a los enemigos hace a una persona semejante a Dios: perfecta.

Hacer la paz es tan costoso como iniciar una guerra. A menos que estemos preparados para pagar el precio de buscar la pacificación, no tenemos derecho a etiquetarnos en ella o predicar ese mensaje.

Cuando les doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué la gente no tiene comida, me llaman comunista.

Una vez que realmente intentamos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, el capitalismo tal como lo conocemos no resulta posible, y el comunismo no es necesario.

Con demasiada frecuencia construimos paredes y portones para protegernos, y terminamos descubriendo después que somos nosotros los que estamos allí como rehenes. Creemos que dejamos a los demás afuera al cerrar, pero en realidad nos estamos encerrando nosotros adentro.

Las resoluciones de las Naciones Unidas (UN por sus siglas en inglés) llamando a poner fin a la ocupación israelí. Eso resulta significativo porque el estado de Israel no hubiera existido si la UN no hubiera creado la nación de Israel a través de una resolución en 1947. El gobierno de Israel quiere contar con resoluciones de las Naciones Unidas que garanticen la continuidad de la existencia del estado israelí, pero cuestionan aquellas resoluciones de la UN que llaman a una justa devolución del territorio ocupado, a los palestinos. Es política de las Naciones Unidas que cuando finaliza una guerra ninguna nación tenga el derecho a quedarse con las tierras ocupadas durante la guerra como resultado de conquistas militares.

Abraham tuvo un hijo llamado Isaac con su esposa Sara y otro hijo llamado Ismael, cuya madre fue Agar. Los judíos son descendientes de Isaac, y los musulmanes descendientes de Ismael, pero ambos perteneces a la simiente de Abraham.

Parece que, se trate de una congregación pequeñita o de una inmensa, si solo existe en beneficio propio, implosionará. Tenemos que existir para la visión del reino de Dios que tenía Jesús, para la misión fuera del a iglesia. Si no lo hacemos, entonces nuestras iglesias se enferman y mueren.

Mucho del cristianismo que hemos exportado ha sido enfermizo. Hemos sido depredadores a través del evangelio de la prosperidad. Hemos explotado el anhelo de los pobres por milagros, prosperidad y bendiciones, y les hemos vendido un mensaje narcisista, obsesionado por las bendiciones y centrado en sí mismo. Hemos capitalizado el sufrimiento y el dolor hasta llegar a una forma de evangelio que en realidad no tiene que ver con las letras rojas; no se parece a lo que Jesús dice. De hecho, no se lo escucha mucho a Jesús en todo aquello. Oímos mucho acerca de tu vida, tu prosperidad y tu bendición, y muy poco sobre el llamado de Jesús a nosotros cuando dijo: «Bienaventurados los pobres… Bienaventurados los misericordiosos» (Mateo 5). A la gente le resulta confuso.

Cuando como sociólogo intento hacer una distinción entre religión y magia, utilizo como definición operativa que la magia es un intento de manipular las fuerzas sobrenaturales para lograr lo que deseamos; en cambio la verdadera religión es rendirse a lo que Dios desea hacer a través de nosotros. Lamentablemente, hay predicadores que han convertido el cristianismo en una suerte de magia al promover la teología de la prosperidad en la que el cristianismo se vuelve un poco más que un intento de manipular a Dios para que nos envíe riquezas y bienestar. Con demasiada frecuencia a la gente pobre de los países en desarrollo se le promete salud y prosperidad como recompensa por dar un diezmo sobre lo poco que tienen a predicadores que disfrutan de un estilo de vida espléndido. Comparemos la teología de la prosperidad con las palabras de Jesús, que dijo: «Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! ¡Ay de ustedes lo que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre!» (Lucas 6.24-25). Jesús les dijo a sus discípulos: «Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos, pero si ustedes me siguen, pueden acabar sin un lugar en el que recostar su cabeza» (Mateo 8.20, paráfrasis). Les dijo a sus seguidores: «Los siervos no son más grandes que el amo. Si ellos me han perseguido a mí, los van a perseguir a ustedes» (Juan 15.20, paráfrasis). Se vuelve obvio que el las letras rojas Jesús no promete salud y riquezas a aquellos que siguen sus pisadas. Me pregunto cómo se las hubiera arreglado el apóstol Pablo en una reunión en la que se predicara la teología de la prosperidad. Lo imagino poniéndose de pie durante el tiempo de testimonio, y diciendo: «Ha sido una maravillosa experiencia seguir a Jesús. Estuve en naufragios tres veces, fui golpeado casi hasta el punto de la muerte cinco veces, estuve enfermo, afligido y abandonado por muerto» (2 Corintios 11.24-26). Sin embargo, Pablo pudo decir: «He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre» (Filipenses 4.11). Qué contraste entre el cristianismo de Pablo y aquello a lo que denominamos teología de la prosperidad. Si la fidelidad y la donación de dinero garantizan las riquezas y el bienestar, resulta difícil explicar el sufrimiento, la pobreza y el martirio que les acontecieron a los doce discípulos originales.

También están los problemas de homofobia en diversos países africanos, como Uganda, donde los líderes cristianos que han ganado bastante influencia dentro del gobierno han intentado que se aprobaran leyes que impusieran la pena de muerte a los homosexuales o cadena perpetua. Además, ha habido intentos de aprobar una ley que enviara a la cárcel a cualquier persona que no le diera a la policía los nombres de los homosexuales que conociera. ¿Qué clase de cristianismo es ese?

La primera cosa que un misionero debe hacer al interactuar con otro grupo étnico, o vivir en otra sociedad de un lugar distante, es no comenzar declarando sus convicciones personales. Más bien el misionero debería escuchar a la gente autóctona del lugar y analizar las maneras en las que Dios ya se ha revelado a ellos.

El misionero no está llevando a Dios a un lugar en el que él no está, sino uniéndose a lo que Dios ya está haciendo en medio de esa gente.

John estaba entusiasmado con la idea de que una iglesia más amplia le permitiera a este pueblo redimir las formas de arte de su propia cultura y utilizarlas como un medio de adoración a Jesús.

En el reino de Dios todo lo corrupto de cada cultura se limpiará. Cada una será purificada, y en esa pureza, lo que sea único de cada grupo será disfrutado no solo por su propia gente, sino por todo el pueblo de Dios. Acabaremos disfrutando de aquello con lo que cada grupo étnico contribuya a la gloria de Dios. ¡Esa no es una perspectiva nada mala del cielo ni del nuevo mundo que Dios quiere crear aquí en la tierra!

Pentecostés, que significa «cincuenta días», se celebra siete semanas después de la Pascua (por eso lo de los cincuenta). Marca el nacimiento de la iglesia, y se nos dice que el Espíritu Santo cayó sobre la comunidad de los cristianos primitivos como fuego del cielo. Por esa razón muchos cristianos llevan prendas rojas o decoradas en colores relacionados con el fuego.

En Babel, Dios dispersó a una raza humana pretenciosa. Y en Pentecostés, Dios reunió a la gente dispersa en una nueva y amada comunidad, no hecha por sus propias manos ni por un solo idioma compartido, sino por el Espíritu de Dios.

Ivan Illich, un especialista en misiones, que sirvió en el Brasil, en resumen dijo: «Mantengan los grupos de las iglesias en su país. Si vienen, por favor vengan a disfrutar de la cultura, a conocer a nuestra gente, a adorar con ellos, a escucharlos, y a aprender de ello. Pero dejen de hacer lo que ellos pueden hacer por ellos mismos. Dejen de desvalorizarlos».

Con frecuencia ponemos el énfasis, injustamente, en los últimos, en los que se trasladan; cosa lamentable, porque lo que comunica es que uno tiene que ir a algún otro lado para vivir de forma misionera. Esa mentalidad también resulta problemática porque transmite la idea de que los que se trasladan son misioneros heroicos y sacrificados que dejan de lado todo el confort y los privilegios para vivir en los guetos o barrios marginales. Y es terrible porque les resta valor a los que son de los guetos o de los barrios marginales.

Uno de los versículos más sutiles dice: «No vi ningún templo en la ciudad» (Apocalipsis 2.22). Podemos escuchar el eco del velo del templo cuando se rasga. No hay necesidad de templo en la Nueva Jerusalén. Dios vive con nosotros otra vez, como lo hizo en el jardín. No hay necesidad de una iglesia: Dios vive en las calles de la Nueva Jerusalén.

Es importante que construyamos nuestra escatología a partir de Jesús en lugar de derivarla de los libros o películas de nuestra cultura pop. En Mateo 13.24 al 30 y en los versículos 38 al 43, él dice que su reino es como un sembrador que sale a sembrar trigo. El trigo, nos dice Jesús, en verdad simboliza el reino de Dios. Luego señala que mientras el trigo está creciendo viene el maligno y siembra malas hierbas, o, como dice la versión Reina Valera 1960, siembra «cizaña». Resulta claro, por lo que Jesús dice, que aquel que viene y siembra malezas es Satanás, y que las malezas representan el reino del mal. Esos dos reinos, como se menciona, crecerán juntos. En esta parábola Jesús cuenta que los sirvientes van a su amo y le preguntan: «¿Qué hacemos? ¿Intentamos quitar la cizaña?». El amo les responde: «¡No!» si ustedes hacen eso destruirán gran parte del trigo junto con la mala hierba. Si tratan de arrancar la cizaña, van a estropear el trigo». Y añade: «En lugar de eso dejen que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta el final. Entonces separaremos el trigo de la cizaña» (paráfrasis). Lo que Jesús deja muy en claro es que el reino del mal (la mala hierba) crece más fuerte y eso se hace manifiesto cada día. Nunca el mal se había observado en una manera tan destacada en la h historia que como en el mundo de hoy, pero no tenemos que desanimarnos. No es solo el reino del mal lo que está creciendo con mucha fuerza y haciéndose más evidente cada día, sino que también sucede eso con el reino de Dios.

Se ha dicho que antes de cada revolución, esta parecía imposible; y luego de cada revolución, esta se veía como inevitable.

Cuando era niño, una vez caminamos mi madre y yo en el parque Fairmount de Filadelfia en una tarde tranquila de verano. Los pájaros cantaban y podíamos escuchar el zumbido de los insectos. Mi madre me preguntó: «¿Escuchas esos sonido?». Le respondí que sí, y ella prosiguió diciendo: «Escúchalos cuidadosamente. ¿Te hacen feliz o te ponen triste?». Lo pensé un rato y luego dije: «Mamá, para ser completamente sincero, me ponen triste». Entonces ella me explicó que m e sentía de esa manera porque todos los sonidos de la naturaleza están en el modo menor, y cuando una música está escrita en tono menor, produce un sentimiento de tristeza. Cuando Jesús regrese, toda la música de la naturaleza, pasará del modo menor al modo mayor. «Y eso», me dijo mi madre, «producirá una música gozosa a través de todo el planeta.»

X + Y: A brilliant young mind

X + Y:  A brilliant young mind

X + Y: A brilliant young mind


Nathan tiene problemas para relacionarse con las personas y solamente mantenía una relación cordial con su papá… y con los números. Al morir su padre, se refugia en los números y tiene como meta participar en la Olimpiada Internacional de Matemáticas. En su preparación, conoce a Zhang Mei, una estudiante china que lo hará modificar sus prioridades en la vida. Aunque un poco predecible, el final es bastante emotivo. Calificación de 10.