Lo raro empezó después

Eduardo Alfredo Sacheri

Lo raro empezó después

Lo raro empezó después


De nuevo el autor nos deleita con estupendos cuentos, la mayoría de futbol, pero otros tantos de situaciones ordinarias que bajo su estilo, se vuelven grandes historias. Los que más me gustarón: Lo raro empezó después, Un verano italiano y Lunes. Calificación de 10.

Resúmen en 5 palabras:
Lo raro empezó después. El futbol vive de fe. (Un importante partido que finaliza con un milagro).
Un verano italiano. La música, invocadora de recuerdos. Una historia de amor en el mundial Italia 90.
Los informes de Evaristo Romero. Por sus escritos lo conoceréis. Un hombre deja algunos escritos como evidencia de su mayor virtud: la paciencia de esperar.
El golpe del hormiga. Hay de tesoros a tesoros. La descripción detallada de un robo significativo.
Cerantes y la tentación. Gran tentación es el futbol. Un apasionado medio de contención no puede dejar de jugar pese a sus lesiones.
Lunes. La soledad de la muerte. La muerte del padre, vista desde los ojos de un niño de 10 años.
El apocalipsis según el Chato. No podemos perder un clásico. Crónica de un partido entre acérrimos rivales que se sirven de todo con tal e que el otro sea minimizado.
El retorno de Vargas. Ver.
Reuniones de egresados. Cuando el amor es verdadero. Historia de amor que perdura más allá de los tiempos escolares.
Hechizo indio. El fin justifica los medios. Un jugador que juega al fubtol con la intención de construir su casa.
Motorola. Ver.
La multiplicación de Elenita. Cuando la presión nos desborda. El trabajo excesivo hace que una mujer pierda la cordura… y algo más.
Por Achával nadie daba dos mangos. Ver.
Un buen lugar para esperar sin prisa. Claro que recordar es vivir. Un anciano ex futbolista llega a un asila para bien morir.
Correo. El verdadero amor al trabajo. En una oficina se ve pasar el tiempo a través del clima y de los despidos.
Segovia y el quinto gol. Ver.
El rulo y la muerte. El que meta gol vive. Una serie de penalties que decidirá sobre la vida o la muerte de un hombre.
Geografía de tercero.Con el látigo del olvido. Un estudiante cobra venganza de su maestra luego de años de angustia y tormento.
Fotos viejas. Una foto sirve para recordar. Una disertación sobre ese momento en que uno se dedica a ver fotos.
Mito y realidad sobre el dos a cero. Ver.

Palabras domingueras:
Sabiola: Cabeza de una persona.
Julepe: Poción de aguas destiladas, jarabes y otras materias medicinales.
Opúsculo: Obra científica o literaria de poca extensión.
Catafalco: Túmulo adornado con magnificencia, el cual suele ponerse en los templos para las exequias solemnes.
Ligustros: arbusto oleáceo.
Carpir: Dejar a alguien pasmado y sin sentido.
Bidón: Recipiente con cierre hermético, que se destina al transporte de líquidos o de sustancias que requieren aislamiento.
Otario: Tonto, necio, fácil de embaucar.

¿Existe, acaso, para una historia, mejor destino que ayudar a alguien a atravesar inmune la desolación de su noche?

Todos, quien más quien menos, estuvimos de acuerdo en que el Tití se hiciera cargo del manejo táctico. Sobre todo porque en nuestra barrita somos como dieciséis, y en el desafío íbamos a jugar de once, y nadie quería decirles a tipos como Beto o como Lalo —que son horribles jugadores pero pibes macanudos— que tenían que quedarse afuera. Pero al Tití esos detalles sentimentales le importan un carajo, con perdón. Él dice que un buen técnico tiene que saber evitar los amiguismos y las camarillas y que los hombres de carácter se ven en los momentos difíciles. Al final nadie le hizo problema. Primero porque armó el equipo con lo mejorcito que tenemos y segundo porque el Tití cuando quiere es medio loco y no le gusta que lo contradigan.

Cuando vas ganando, se hace de noche apenas las primeras nubes se ponen rosaditas. Cuando vas perdiendo, te parece que sigue siendo de día aunque la bola la veas sólo cuando la tenés a veinte centímetros de la jeta y necesites una brújula luminosa para ubicar el arco contrario. Al final hicimos el arreglo que tienen los veteranos para los partidos que juegan ahí los domingos a la tarde. Se haría de noche cuando se encendiera la luz de mercurio del poste blanco de la calle, delante del campito. Con eso no podía haber confusiones.

No les quedó más remedio que arrastrarlo hasta los árboles y meter un cambio. Por supuesto que cobraron penal, y la yegua de Zalaberri casi lo incrusta al Peluca en el arco del chumbazo que pegó, pero bien valía el dos a dos a cambio de haber neutralizado a uno de sus cracks.

El Gato se acercó sin prisa al tal Angeli, que esperaba un poco afuera del tumulto con la idea de armar el contraataque. El Gato se detuvo a treinta centímetros de la nuca del rival. Lanzó un eructo poderoso. Y a continuación le vomitó encima los fideos con tuco. Mientras veía resbalar el vómito por la espalda de Angeli, yo pensaba que el Tití es un genio, porque sabe explotar a fondo las habilidades de sus jugadores. Hay tipos que escupen bien. Otros que saben tirar piedras como si fueran artilleros. Otros pueden lanzar el chorro de pis a dos metros. Bueno, lo del Gato pasa por el vómito. Puede vomitar cuando se le canta, sin necesidad siquiera de tocarse el paladar con los dedos, por puro efecto de concentración mental.

Nos reunimos alrededor del Tití confiando tal vez en que nuestro líder técnico fuese capaz de aplacar nuestras angustias. Tenía los ojos fijos adelante, sin mirar a nadie ni nada en particular, como quien busca respuestas dentro de sí mismo. Por fin habló, aunque fue breve: “Cagamos”, declaró, y bajó la mirada.

La sorpresa puede ser una emoción difícil de manejar.

—Gracias, Señor, mil gracias. Aunque el turro de Atilio diga que fue un eclipse, yo sé bien, Dios, que éste es un regalo que nos hacés porque te lo pedimos con fe, como dice el cura Antonio en la parroquia, y porque te gusta la justicia y sabés que el Cañito Zalaberri es un malparido y no se merece jugar a las cuatro, pero se aprovecha de los más chicos porque ya cumplió los quince. ¡Gracias, Dios, mil gracias de nuevo! Te pido perdón por el incrédulo de Atilio, pero igual te doy las gracias por él y por todos nosotros. ¡Gracias, Dios querido!

Yo mismo recuerdo mi cara porque es mía. Si no fuera mía difícilmente la recordaría. Imagino que a los demás les pasa lo mismo.

Miré un partido de la liga inglesa, y no sé a cuento de qué pasaron algunas imágenes de Italia ‘90 con la musiquita de fondo. Y fue como si me tiraran un cañonazo al pecho. Me derrumbé en un sillón y empecé a recordar. No pienso siempre en eso. Pero a veces me ocurre. Más si escucho la musiquita, como me pasó esta noche. Fui paso por paso, día por día, sensación por sensación, hasta que me quedé vacío de recuerdos. Cuando miré el reloj había pasado como una hora. Entonces me levanté y vine aquí, a la computadora, y escribí que no puedo escuchar la música de Italia ‘90 sin entristecerme.

Serás lo que debas ser, o si no serás abogado o contador.

Cuando me miraba yo me sentía nadando en agua tibia. Mejor cuando corrija estas páginas tacho lo último que puse. ¿Qué boludez es eso del agua tibia? Aunque no sé, tal vez lo dejo y alguien me entiende.

Me preguntó con quién íbamos a jugar si pasábamos a Yugoslavia. Contesté maquinalmente que la semifinal era el miércoles, contra Italia. Sin dejar de mirarme me dijo que le encantaría que la viésemos los dos juntos. El corazón se me salió por la boca y escapó dando saltitos por las baldosas grises del pasillo. Con lo que me quedaba de vida le devolví la sonrisa. Recuerde, amigo lector, lo que usted sintió durante esa definición del partido por penales en que la Argentina lo tuvo para ganarlo, lo tuvo para perderlo, y finalmente lo ganó gracias a Goycochea. Imagine lo que pude haber sentido yo, que además de un pasaje a la semifinal del Mundial me jugaba un encuentro a solas con Victoria. Cuando ganó la Argentina el bar se convirtió en un quilombo. Cualquiera abrazaba a cualquiera, y a la primera de cambio terminé en sus brazos y ella en los míos. Fue un segundo, porque cuando nos dimos cuenta nos soltamos, turbados. Pero el perfume de esa chica… no sé, prefiero no describirlo para no quitarle lo sagrado.

Victoria no estaba diciendo que nos juntásemos a ver la final. Hablaba de encontrarnos después. Y ésa era la puerta hacia el futuro. El Mundial nos había unido. Terminado el Mundial arrancaría nuestra historia.

Me sentía parte del milagro o, más bien, protagonista de mi propio milagro paralelo. Yo era como la Argentina, que seguía avanzando contra todos los pronósticos y desafiando todas las leyes de probabilidades. Los jugadores no lo sabían, pero al ganarles a los rusos me habían mantenido en carrera a mí. Al eliminar a Brasil me habían entreabierto las puertas del Paraíso. Yo me había colgado con ellos del travesaño en el primer tiempo. Yo había esquivado las camisetas amarillas del mediocampo junto al Diego. Mi alma había corrido con el viento y la melena rubia del Cani cuando lo sobró al arquero por la izquierda. Todo mi futuro se había encomendado en las manos sagradas de Goycochea en esos penales memorables.

El destino guarda para los hombres dardos insospechados.

El médico se lo había adelantado. Nada bueno saldría de remover heridas viejas. No debía compadecerse. Debía concentrarse en lo que había ganado, no en lo que había perdido. “Cuando se sienta flaquear acuérdese de la pesadilla por la que pasó, Cerantes. Acuérdese.” Así decía el médico, y él se acordaba. De veras se acordaba. Y su mujer también. Por algo ella volvía en el auto con el gesto adusto y sin dirigirle la palabra.

Las viejas compañías son el pasaje directo a la reincidencia.

Se acordó de las advertencias del médico, pero las hizo a un lado sacudiendo la cabeza. Mucho más tardó en quitarse de la mente a su mujer. ¿Qué iba a decirle a la vuelta? No tenía perdón, y lo sabía. Le iba a decir la verdad, que fue a jugar pero livianito, levantando apenas las patas del pasto. Que no fue a saltar en ninguna. Que sacó la pierna en todas las pelotas divididas. O no. Capaz que no le decía nada y se quedaba callado hasta que a ella se le pasase la calentura, que por lo que sospechaba Cerantes iba a demorar dos o tres milenios. Tal vez si le dijera la verdad, la verdad en serio. Pero no podía, porque ni él sabía qué era lo que lo llevaba una vez y otra vez a estar ahí, con la panza en ciernes pero ahí, escupiendo los pulmones pero ahí, con las patas en ruinas y cruzadas de cicatrices pero ahí. Seguro que lo que decía el médico tenía sentido. Seguro que había otros modos de pasar los sábados a la tarde. Por supuesto que tenía que establecer un orden de prioridades y respetarlo. Sin duda que había mil maneras de tener una vida feliz. Pero Cerantes no conocía ninguna que no incluyera esto. Esto de cortar un par de pelotas bien parado de último. Esto de sentir las voces cálidas de los suyos. Esto de ir tomando confianza y salir con pelota al pie. Esto de trepar por el mediocampo sintiéndose mejor en cada pique. Esto de decirle al ocho que te aguante atrás porque vas a ir a buscar el córner. Esto de esperar un poquito afuera para poder tomar impulso cuando venga el centro. Esto de saltar con todas las fuerzas y la cara crispada por el esfuerzo allá, bien allá, bien arriba, en el fresco, y esperar al balón como a una novia.

El chico sabe que todos saben y eso le pesa en las entrañas.

Su hermana siempre dice cosas que a uno lo tranquilizan, por eso el chico la quiere tanto.

Dice que no va a ir a trabajar. Que no, que no puede, porque falleció su cuñado. El chico tiembla. Conoce esa palabra, fallecer. Es la que usan los grandes para hablar de los muertos. Los chicos dicen morir, murió, muerto. Los grandes usan eso de falleció, que significa morirse.

Y el chico hunde la cara en la almohada y llora a los gritos pero pega la cara a la almohada porque no quiere que lo escuchen porque no quiere que nadie le diga nada, porque tiene que ser mentira, porque él una vez preguntó cuando era más chico y le dijeron que los papás se mueren de viejos cuando uno es grande y él no es grande, aunque sea más grande que cuando tenía cinco o seis todavía es chico porque está en quinto grado y eso es ser chico, entonces no puede ser o le mintieron o Dios es un maldito, pero no puede ser porque él tomó la primera comunión el año pasado y fue bueno y fue a confesarse cuando se mandó alguna macana y no puede ser que Dios lo castigue así porque a ninguno de los chicos de la escuela le pasó eso, o su tío de enfrente es más malo todavía de lo que él pensaba y lo dice a propósito para lastimarlo, pero entonces no se entiende qué hace su tío en su casa a las siete y diez de la mañana y por qué no vino su mamá a despertarlo.

El chico duda porque nunca ha estado en un velorio y cuando ha preguntado le han contestado medio confuso, y se pone a pensar si será tan terrible, y capaz que el tipo se lo dice por su bien. Y justo el enfermero le dice eso, que es por su bien, porque el último recuerdo que se va a llevar es verlo en un cajón todo con flores, y esa imagen lo horroriza de tal manera que acepta, porque el chico piensa que no quiere verlo en un cajón con flores y que seguro que no hay nada peor que eso, así que mejor acompañar al enfermero hasta la otra habitación.

Y entonces se acerca y encienden un velador y lo destapan y está todo blanco y con los ojos cerrados y le han puesto una tela adhesiva en la nariz, y el chico no sabe para qué cuernos se la pusieron y nunca en la vida va a preguntarlo pero siempre se va a acordar de esa imagen de su papá acostado con la tira de tela adhesiva cerrándole la nariz, y le dicen que se acerque y le dicen que lo bese y el chico obedece pero no quiere porque intuye que cuando lo roce con los labios va a ser cualquier cosa menos un beso, y tiene razón porque cuando lo roza en la frente con los labios siente frío, tanto frío como cuando se despertó en la cama mojada pero peor porque está la piel, encima la piel, que no se siente como la piel, y llora porque se quiere ir pero el tarado del enfermero supone que llora por la tristeza porque no sabe que el chico no llora de tristeza delante de cualquier estúpido como él, sino que llora del horror y de la impresión y porque se quiere ir.

Se aleja de la cama, y no lo retienen ahí, pero antes de irse ve que apagan la luz y vuelven con lo de la cintita en la nariz y la sábana hasta arriba de la cabeza, y el chico se espanta porque no quiere que lo dejen así, quiere que abran la ventana y que entre el sol y le destapen la cara y lo dejen tranquilo, porque si es tan cierto que ahora está mejor y que ya no le duele y no sufre por qué cuernos no lo dejan en paz y lo tapan todo y lo dejan a oscuras y lo dejan así solo y oscuro que es lo peor que pudieron haberle hecho, y mientras el chico sale al pasillo y a la luz y respira piensa que el velorio debe ser la porquería más grande del mundo porque si no no entiende que pueda existir algo peor que lo que acaban de obligarlo a hacer.

Y parece que un velorio es para eso, para que venga un montón de gente de todos lados y de familiares que hace una pila de tiempo que no se ven para alzarlo a él hasta el borde del cajón para que le dé un beso, y lloran un poco y él se aguanta aunque quiere irse porque alguno le dijo que aproveche a mirarlo ahora porque no lo va a ver más, y se parece al asunto ese de mirarlo en casa porque el velorio iba a ser peor.

Y entonces el chico piensa que lo peor de lo peor debe ser el cementerio pero cuando mira ve que no tanto, porque es un campo grande grande, hasta donde se pierde la vista no hay nada, apenas una filita de cruces delante de todo, y alguien comenta que es un cementerio nuevo y alguien dice que la Municipalidad se hace cargo de todo porque su papá tenía un puesto ahí muy importante y el chico se siente un poco orgulloso de que digan eso, y cuando bajan el cajón a la fosa tiran como unos cañonazos, o unos balazos, y eso le gusta porque suena como que lo respetan, pero no le gusta nada el ruido que empieza a hacer la tierra cuando empiezan a tapar el cajón, y le vuelve el temor de que en serio su papá esté ahí adentro porque entonces qué va a sentir, y no está seguro del todo pero llora, el chico se larga a llorar como un loco, y la mamá lo abraza y él llora y no puede parar, y le dicen bueno bueno, pero cada vez llora más fuerte, hasta que al final su mamá le dice que tienen que ser fuertes y parar de llorar, y entonces para, sigue un poco pero para, y piensa que mejor no va a llorar más porque si no seguro lo empiezan a mirar con esa cara de pobrecito y es lo último que quiere en el mundo.

Está sentado en el borde de la cama, igual que a la mañana temprano cuando empezó esa pesadilla. Pasa su hermano y le acaricia el pelo y le dice que cuente con él, que no está solo. El chico piensa lo mal que pinta la cosa para que su hermano, que nunca le dice nada, se anime a decirle eso.

Le gusta la sopa de cabellos de ángel. Todos comen callados. Cuando termina, el chico decide hacer lo que tiene ganas. Levanta el plato con las dos manos y chupa a los lengüetazos los restos de queso rallado del fondo. Su hermano lo reta. Su madre dice algo de que hoy lo deje, que lo tiene permitido. El chico entiende que la vida ha cambiado. Si su madre lo ha dejado chupar el plato de sopa es porque el futuro viene complicado. El chico se acuesta. Recibe los besos de su madre y su hermana. Le dicen que mañana no va a ir a la escuela. Y que si quiere faltar hasta el otro lunes puede hacerlo. Tarda en dormirse. No reza. Al final Dios debe ser un mentiroso. Encima tomó sopa, y como estaba salada tomó agua, y capaz que de nuevo moja la cama.

Físicamente son parecidísimos: dos negrazos gigantescos, grandes como roperos, de esos que si te los cruzás de noche por una calle oscura te conformás con que lo que te vayan a hacer dure lo menos posible.

Al Alelí le dicen así porque se llama Alberto Elías, y bastó que una vez el Chato le dijera que tenía iniciales de florcita para que el otro se pusiera violeta de la rabia y lógicamente le quedara el apodo para toda la vida.

Yo soy amigo del Chato desde primer grado y amigo de los amigos del Chato. Eso me convierte en enemigo del Alelí y en enemigo de los amigos del Alelí.

El campeonato es largo como esperanza de pobre, pero nadie se queja porque cuantos más equipos son, más plata se junta para el premio.

En el auditorio estaba Lalo, que juega de siete para ellos, y que como win derecho es una flecha pero que tiene de bruto lo que su hermana la Pupi tiene de fea, y como usa el cerebro apenas para acolchar por dentro los huesos del cráneo.

Así están las cosas ahora. El Alelí acaba de salir y tiene una furia que mastica durmientes de ferrocarril. Jura a los gritos que ya llegará el tiempo de su venganza. Igual nosotros estamos tranquilos. Primero porque el Chato está contentísimo, y la felicidad de los amigos es el mejor pan para nutrirnos el alma. Y segundo porque este año venimos hechos un violín en el campeonato, y no creo que se nos escape, Amén.

Éramos como un espejo que reproducía con aumento la imagen del otro. Y así como nos iluminábamos con revelaciones de epopeya, nos desangrábamos en rabietas feroces. Podíamos entonces decirnos cosas horribles, acusarnos de pecados espantosos, desearnos los tormentos más horrendos.

Nunca hay que quejarse, decía una tía mía, porque las cosas siempre pueden ponerse peor.

Pero después me entró a tirar con todo lo que tenía. Es un modo decir, eso de “con todo lo que tenía”. Cecilia siempre parecía dueña de un arsenal flamante e inagotable, como si sus comentarios cáusticos, sus puñales gélidos, se reprodujeran en algún infierno recóndito con la ferocidad urgente de las hormigas o las abejas. Me dejó en paz con el tema de mi trabajo, pero me acribilló por el lado de esa demora inexplicable en contraer matrimonio. Dios mío, pensé, lo que me faltaba.

No sé si a los demás les pasa eso de volverse aparatosos y torpes en el peor momento. A mí sí. Siempre.

Cuando era chico me gustaba jugar con una especie de rompecabezas de piezas cuadradas, cuyo nombre no recuerdo. Eran unos bastidores también cuadrados, sobre los que corrían quince piezas en dieciséis posiciones posibles. Había que acomodar, mover, ordenar, rotar esas piezas, sin levantarlas, aprovechando el único espacio en blanco, hasta ubicarlas en su orden correcto. El juego terminaba al ubicar las quince en su sitio y dejar vacío el extremo inferior de la derecha. Bueno, esa noche, cuando miré los ojos de Cecilia, fue como volver a jugar a aquello, porque sin pestañear, sin sacarle los míos del volcán de los suyos, fui haciendo a un lado su furia, acomodando su altivez, ordenando su ironía, desplazando su artificiosidad, cuadrando su resquemor, alineando su enojo, emplazando su arrogancia, y cuando llegué al fondo lo que vi me alumbró como un relámpago, y por eso con la naturalidad de quien sabe que lo que va a decir es cierto le contesté intuyendo que estaba pronunciando las palabras secretas que desde la noche de los tiempos le daban sentido a su vida y a la mía: “Vengo porque necesito comprobar, de vez en cuando, todo el amor que me seguís teniendo”.

Al salir nos demoramos a propósito con Luis y con Romualdo para que Aniceto nos sacara cierta ventaja, porque no queríamos ponerlo en el aprieto de tener que darnos las gracias.

Ese muchacho jugaba a otra cosa. Tenía el raro privilegio de los cracks: no necesitaba mirar ni sus pies ni la pelota mientras gambeteaba. Observaba al rival que tenía enfrente y lo dormía en cada enganche.

Su economía emocional le confería una concentración absoluta en los avatares del juego.

No me le acerqué, porque no tenía nada especial para decirle y porque Aniceto era de esas personas que atesoran las palabras para utilizarlas sólo en casos de emergencia.

Resulta que el jueves habíamos discutido con papi por un asunto de su higiene personal, que no viene al caso, y él se puso muy enojado y yo también y él me dijo algunas cosas muy feas y yo también perdí un poco la paciencia y le alcé la voz y después, como me pasa siempre, cuando me serené me dio lástima y me sentí mal porque el pobrecito ya está grande y es natural que se le pasen ciertas cosas y no está bien que yo me impaciente, porque ya habrá que ver cómo estoy yo cuando llegue a la edad de él.

A mí hay dos cosas que me ponen muy nerviosa. Una son las sorpresas porque me asusta que me pasen cosas que yo no sabía que me iban a pasar sin haber tenido tiempo de pensar qué hacer. Y la otra son las cosas que no entiendo, porque yo soy mucho de pensar las cosas y cuando me pasa algo raro de repente me angustio y seguro que no sé qué hacer.

—Es insoportable el calor que hace —la mujer habló mientras se abanicaba con una revista que había sacado de su bolsa de compras. Antes de responder el hombre consideró si valía la pena iniciar una conversación que tuviera que ver con el calor que hacía. En lo que iba de la mañana había tolerado una docena de esas charlas y sospechaba que para lo único que servían era para provocar más calor aún.

—Buenas tardes —saludó la Muerte, y el Rulo respondió en un murmullo porque lo sobresaltó la voz ronca y gastada propia de un hombre, aunque uno hablase siempre de “la” Muerte, como mujer.

Cuando el Rulo se lo alcanzó vio con un poco de asco cómo la Muerte derramaba el líquido en el agujero negro de sus fauces, abierto entre los dientes amarillentos.

Ella ni siquiera me había mirado. No me había visto, pero yo me sentía como desnudo delante de una multitud. Y lo peor de todo era justamente comprobar el poder inmenso que, más allá de los años apilados unos sobre otros, esa mujer conservaba sobre mis emociones.

No me atrevo a decir que eso volvía estúpida su crueldad, porque supongo que cualquier crueldad es estúpida. Pero al menos diré que su ignorancia tornaba aún más estéril esa crueldad.

Yo soy de esas personas que suelen lamentarse de las contestaciones que dan y de las reacciones que tienen. Cuando discuto con alguien, cuando alguna persona me trata con descortesía, cuando alguno se pasa de piola y se me adelanta o se burla de mí, suelo ser tímido, corto, torpe, y nunca elijo las respuestas adecuadas. Por supuesto que después me arrepiento de mi estupidez y se me suelen ocurrir respuestas ingeniosas capaces de desarmar a mis rivales. Pero es tarde. Nunca se me ocurren en el momento oportuno. Lo raro de aquel encuentro fue que el modo en que actué fue tan espontáneo como siempre, pero mucho menos torpe que de costumbre, como si de pronto hubiese aprendido cómo tratarla.

Para algunos malparidos no hay mejor castigo que el olvido.

Mirar fotos viejas constituye un pasatiempo peligroso. Es cierto que, a primera vista, parece una actividad inofensiva. Pero es tal vez allí, en su aparente candidez, donde reside buena parte del riesgo. La situación toda habla de la parsimonia, de la nostalgia, de la mansedumbre, y no parece que bajo esa dulzura puedan agazaparse amenazas. Pero lo hacen, y vaya que lo hacen. Para contemplar viejas fotografías uno necesita cierta disposición de ánimo. Difícilmente emprenda la tarea al volver de un paseo dichoso, o rodeado del bullicio de la familia en pleno en un día festivo. Nada de eso. Uno tiene que llevar en el alma, en el momento de la decisión, una extraña conjunción de nostalgia y de recogimiento y de un no sé qué de tristeza y de algo perdido que busca asir nuevamente entre sus dedos. ¿Para qué mira uno fotos, si no es para mejor ejercitar y dirigir la facultad de la memoria?

Fotos, fotos propiamente dichas, fotos en el sentido cabal de la palabra, son aquellas que retratan a personas. Fotos son porque atraparon a la gente y la fijaron como estatuas en dos dimensiones. Nada de cataratas ni de montañas nevadas ni de mares grises y estáticos. Esas son simples postales y no cuentan. Ni aun cuando haya alguien posando en medio de paisajes gigantescos. Porque ahí las personas son excusas, simples extras que están para justificar lo otro, o para dar la real dimensión gigantesca de la catarata o de la montaña o del océano. No. Nada de eso. Fotos-fotos son las de la gente, donde el fondo que hay atrás es simplemente eso: un fondo detrás de lo importante. Fotos de rostros que miran en la cándida ingenuidad de desconocer a su interlocutor, ese otro mudo que es uno y que los observa desde el sillón bien iluminado sin otra labor que esa de explorarlos.

Porque una foto es eso. Es la vida como era entonces. Por supuesto que no hablo de la foto del mes ni del año pasado. Hablo de fotos en serio, o las que para mí son fotos en serio. Fotos de… yo qué sé, treinta años para atrás, por lo menos. Porque las que cuentan son ésas. Esas que te hablan desde una vida que era otra, otra totalmente distinta, donde el mundo era otro, y el sol que les pegaba de costado y les dejaba medio en sombra un lado de la cara también era otro, y esa magnolia que se ve borrosa en segundo plano hace años que se secó para siempre apestada por un pulgón que no hubo manera de sacarle, y el colectivo que no se ve pero que pasa detrás de la medianera (y que hace que la nena de la foto entrecierre apenas los ojos aturdida por el ruido), hace años que dejó de andar porque ni siquiera sirve para usarlo de reparto de verduras, tanto tiempo hace de aquella tarde de sol brillante.

Quedarán las fotos. Ellas sí han de trascendernos en algún cajón de la cómoda. Y tarde o temprano llegará el tiempo de que alguien nos exhume y nos vea así: silenciosos, convencidos, sonrientes, descorazonadoramente ingenuos.

Marcial Maciel

Historia de un criminal.
Carmen Aristegui

Marcial Maciel

Marcial Maciel


Carmen Aristegui nos presenta este trabajo que recoge los testimonios y puntos de vista de distintas personas (algunos involucrados directamente), respecto a los abusos del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Entrevistas que muestran la cruda realidad de éste personaje, el silencio cómplice de sus superiores y la red que permitió el abuso en todas sus dimensiones. Para subrayar son algunos de los comentarios de Miguel Ángel Díaz Rivera, que son casi diabólicos. Calificación de 10.

Carcaj: Funda de cuero para el rifle.
Estulticia: Necedad, tontería.

Es necesaria una acción urgente para contrarrestar aquello que ha tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias, y que ha oscurecido de tal manera la luz del evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución.

El caso de los Legionarios compromete seriamente a Joseph Ratzinger. Como pocos en el Vaticano ha tenido información directa, durante años, sobre las conductas criminales del fundador de los Legionarios de Cristo. Conoció lo que él mismo describió a principios de mayo como el sistema de relaciones que a Maciel “le permitió ser inatacable durante mucho tiempo”. Él sabe de primera mano de lo que está hablando. El caso Maciel tan siniestro como prolongado, y otros ahora conocidos, coloca al pontífice en el delicado papel de juez y parte. Hoy como nunca, en los tiempos modernos, queda la puerta abierta para llamar a cuentas al más alto jerarca de la Iglesia.

The New York Times ha documentado que Ratzinger, cuando era obispo de Munic, encabezó una reunión en enero de 1980, en la que se autorizó que un sacerdote pederasta, el padre Hullermann, fuera trasladado a la congregación de Essen en Alemania, en donde vuelve a tener contacto con otros niños. Pocos años después Hullermann es encontrado culpable de abusar sexualmente a menores en una parroquia de Bavaria. ¿cómo responde hoy el pontífice de su propia conducta en aquellos años, eludiendo la justicia y la acción penal en contra del sacerdote? el mismo NYT documentó que Joseph Ratzinger -encargado de la Congregación de la Doctrina de la Fe de 1981 a 2005-, teniendo conocimiento de los hechos y con un cargo de responsabilidad en el Vaticano, tampoco hizo nada frente a las atroces conductas del reverendo norteamericano Lawrence Murphy, acusado de abusar a cerca de 200 niños sordos en un caso que se remonta al periodo de 1950 a 1974. Ratzinger recibió al menos dos misivas sobre el escandaloso asunto y, según lo informado por el diario, ni siquiera respondió al arzobispo de Milwaukee, quien lo alertaba de la situación. En materia de justicia, Joseph Ratzinger es un hombre de claroscuros. Tiene acciones que lo reivindican, pero en cuanto empieza a avanzar algunos pasos se topa con su propia figura. Benedicto XVI vive una crisis de confianza y liderazgo sin precedentes, no solo por los recientes escándalos de pederastia dentro de la Iglesia católica, sino por el fracaso para enfrentarlos retos que el presente le impone a la humanidad y a la propia Iglesia.

Según el semanario L’Espresso, se estima que los haberes de la Legión ascienden a 25 000 millones de euros. En The Wall Street Journal se publicó que los Legionarios de Cristo manejan un presupuesto de 650 millones de dólares. Cantidades suficientes para que el Vaticano se vaya con tiento. Nadie quiere matar a la gallina de los huevos de oro, pero tampoco puede prevalecer, sin más, el diseño perverso de Marcial Maciel. Roberto Blancarte, uno de los brillantes especialistas que participan en este libro, dejó caer en su análisis que la situación puede compararse con el momento en que murió Adolfo Hitler pero quedó ahí, viviendo, el partido nazi. El paralelismo, que es brutal, lleva sin embargo a la gran interrogante sobre lo que debería ocurrir con los Legionarios de Cristo como organización religiosa, educativa y empresarial. ¿Refundar o refundir a los Legionarios?

Berry publicó en 2010, en el National Catholic Reporter, un texto donde identifica a Marcial Maciel como “el hombre que compró Roma”. Explica como Maciel sobornó y capturó con dinero y prebendas a los más altos circuitos vaticanos. La corrupción mexicana elevada hasta el nivel celestial. Más que una orden religiosa, es ésta una especie de holding eclesiástico empresarial. Con 15 universidades, 177 colegios, casi 150 000 alumnos y miles de empleados, esta organización genera cantidades millonarias que ahora el Vaticano está decidido a identificar, y veremos si también a administrar. Cuenta también con un brazo laico poderoso e influyente, el Regnum Christi, formado, de acuerdo con sus cálculos, por 75 000 miembros repartidos en varias partes del mundo y, según también sus estimaciones, con un millar de consagradas -esa extraña y terrible figura creada por Maciel, de la rama femenina de le Legión-, que sin ser monjas son sometidas a una vida de restricción y sometimiento que las convierte casi en autómatas y parece reducir sus vidas a recaudar dinero y atraer a otros para la Legión. Afirman tener 3450 sacerdotes quienes en lo personal sólo pueden poseer como propiedad un crucifijo y nada más. Ni siquiera un reloj o una computadora. Los sacerdotes y las consagradas renuncian a sus bienes, herencias y patrimonios familiares para ponerlo todo a disposición de la Legión. Estos son algunos de los capítulos que se han ido conociendo. La verdad sobre Marcial Maciel ha ido quedando al descubierto. Desenmascarado ya nadie puede hoy decir que es falsa la acusación de sus abusos a seminaristas o que sobre su condición de sacerdote llevó carias vidas en paralelo procreando, en relaciones estables y prolongadas, por lo menos tres hijos con dos mujeres, en un juego de malabarismos y simulación para el cual contaba con identidades diversas, con documentos y pasaportes falsos, y con una notable habilidad para mentir.

El teólogo alemán Hans Küng, contemporáneo, ex colega, amigo y ahora agudo crítico de Benedicto XVI, lanzó un llamado a la rebelión de los obispos del mundo frente a un Vaticano al que considera fracasado frente a los retos del presente. Lo acusó de cerrarse sistemáticamente a los esfuerzos de renovación del catolicismo y de no responder apropiadamente a la peor crisis de los tiempos modernos, desde la reforma protestante. Llamó a los obispos a no guardar silencio ante directivas del Vaticano que consideren erróneas y a no dar más señales de obediencia a Roma sin exigencias de reformas. El teólogo disidente se refirió, por supuesto, a los recientes escándalos de pederastia que han generado “una crisis de confianza y liderazgo sin precedentes”. Recordó que la práctica de ocultar esos casos fue establecida por la Congregación para la Defensa de la Doctrina de la Fe, cuando el cardenal Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, era prefecto. Küng tocó en donde más duele: “Con razón muchos piden un mea culpa personal del prefecto de entonces y actual papa. Pero lamentablemente dejó pasar la oportunidad”. Con el caso Maciel, la biografía del pontífice alemán permanecerá por siempre marcada por una larga estela de claroscuros, de discursos y acciones contradictorias, de una voluntad que pareció verdadera, pero que no tuvo la fuerza para culminar la tarea.

Jeff R. Anderson. Abogado que encabeza la demanda de Raúl González Lara contra los Legionarios

No hay duda de que Juan Pablo II -a pesar de lo bueno que fue como papa- sí protegió a Maciel porque éste tenía un gran poder e influencia, aportaba dinero mucho al Vaticano, y el papa tomó la decisión de mantenerlo en el ministerio durante años, aunque sabía que era un criminal. También creo que el papa Benedicto, el cardenal Ratzinger, hizo lo mismo: optó por ignorar los crímenes de Maciel y de otros. Eligió mantenerlos en secreto en lugar de dar a conocer lo que sabían y así proteger a las víctimas. Es un problema que comienza en el Vaticano y toda la responsabilidad está depositada a sus puertas.

Y he presentado otras más [demandas] contra el cardenal Norberto Rivera por encubrir al pederasta Nicolás Aguilar, un sacerdote violador. En esa época recibí una carta de las autoridades de migración diciéndome que yo había sido expulsado de México. Creo que eso provino del cardenal Rivera, porque yo lo estaba exhibiendo ante la opinión pública. Estábamos diciendo la verdad y yo sostengo hoy todo lo que dijimos entonces. Él ha participado en una conspiración para proteger su reputación y a sí mismo, y con ello, ha puesto en grave peligro a muchos niños. Me parece que se requiere una gran labor de purificación y limpieza en México, porque el cardenal Rivera y otros jerarcas se niegan a reconocer que ellos mismos son el problema, cuando mantienen en el ministerio a un sacerdote que abusa de los niños, teniendo el poder para retirarlo, pero eligen no hacerlo, se rehúsan a enviarlo a prisión.

El contexto de Maciel y de otros criminales poderosos a quienes se les ha permitido operar en México, en Estados Unidos y en todo el mundo es un ambiente que les permite gozar de una posición de confianza. La gente confía ciegamente en ellos y han abusado de ese poder, que usan para protegerse a sí mismos. Hay una frase que dice que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. Yo creo que eso es cierto. Me parece que el entorno de la jerarquía de la Iglesia católica es de corrupción absoluta, porque se consagra a la secrecía y el silencio en vez de a la honestidad y la transparencia.

Alberto Athié. Renunció al sacerdocio y denunció abuso sexual de sacerdotes católicos a menores .

Les decía a mis alumnos: es un encuentro inesperado con la realidad, en el que surge un llamado al que puedes responder o no. Si no respondes, te sigues de largo, como el samaritano, porque tienes muchas cosas que hacer; y eres muy religioso y todo lo que quieras, pero este cuate estaba ahí herido, en medio de tu camino, ¡de tu camino!, y tú te vas. Tu respuesta es lo que hará o no de ti un sujeto ético. ¿Y eso te sucedió con Fernández Amenábar? Sin duda. Él tenía un conflicto entre perdonar o buscar justicia. Bueno, no; se puede perdonar y al mismo tiempo buscar justicia. Me dijo: “Yo tengo un enorme resentimiento en mi vida y no me quiero morir así, pero tampoco lo quiero superar simplemente perdonando”. Le pregunté que le había pasados. “El padre Maciel destrozó mi vida. Yo entré muy pequeño a la Legión, con la ilusión de estar en una fundación nueva. Por un lado, tenía toda una parte maravillosa que eran las albercas, las canchas de juegos [toda esa parte de atracción] una capilla preciosa. Queda uno enganchado con eso. Pero empieza a darse la otra parte. El padre Maciel me llamaba a la enfermería y me empieza a contar que tiene unos dolores terribles en el estómago que le impiden ejercer su misión en el mundo, que esto lo platicó con el papa Pío XII y que, viendo como le impedía servir a la Iglesia, a cristo y al mundo, le autoriza que le den masajes para calmar sus dolores.

En el evangelio no se contraponen perdón y justicia. No es que Jesús te diga: “Tú perdona y luego a ver si algún día hay justicia”. No. Jesús te dice que perdones a este individuo que te ha hecho un daño espantoso y que destrozo tu vida, pero al mismo tiempo te enseña que se puede caminar hacia la justicia. Yo te invito a que perdones al padre Maciel y vamos juntos a buscar justicia.

En nombre de la iglesia te pido perdón por lo que te han hecho y a partir de ahora vamos a buscar la justicia.

Talavera se va a Roma y de regreso lo busco para preguntarle cómo le había ido y si había podido entregar la carta. La respuesta de Talavera es muy importante, tanto por el contenido de la respuesta de Ratzinger como por la actitud del mismo Talavera. Talavera es un obispo cien por ciento institucional, un hombre que además me enseño o trató de enseñarme la obediencia como el valor más importante de un sacerdote. Me dijo dos frases que encuadran exactamente lo que vivió. La primer fue: “Alberto, me quedé helado”. Y entonces me cuenta lo que pasó: le entregó la carta y Ratzinger la leyó delante de él. A continuación viene la respuesta del cardenal: “Monseñor, lo lamento mucho pero el padre Maciel es una persona muy querida del santo padre y ha hecho mucho bien a la Iglesia. No es prudente abrir el caso”. Y Talavera me dice su segunda frase: “¡Se me cayó Ratzinger!” Que él diga eso es tremendo.

Elaboro mi carta y pongo que el motivo de mi renuncia es que no pude ejercer plenamente mi ministerio sacerdotal, que no es sólo predicar la Palabra de Dios o celebrar los sacramentos, sino también construir la justicia en la comunidad con base en el Evangelio. Y que, como no pude ejercer, me retiro. Renuncia irrevocable. Roqueñí me dijo: “La única diferencia que existe entre tú y yo es que tú te brincaste las trancas y yo no. Pero comparto plenamente contigo que es una atrocidad lo que ha pasado; pero yo no me voy a salir y respeto tu decisión. El caso de Juan Manuel es muy emblemático; tú ayudas a regresar a alguien que estaba fuera y tú te vas. ¡Qué doloroso!”.

José Barba. Ex legionario, denunció el abuso por parte de Maciel ante el papa Juan Pablo II.

Desde el principio me preguntó si no estaba grabando la conversación. Le dije que por supuesto que no, pero como insistía se lo juré: “Por Jesucristo, no la estoy grabando”. Con los eclesiásticos pasa algo curioso, que apenas uno pone al jefe como testigo les da algo de temor.

El propósito esencial era que el más allegado al papa, Dziwisz, no pudiera pasar por alto una acrta que le llegaba en polaco. Creíamos que así sí se la transmitiría al papa. Lo más importante era que la leyeran y que investigaran, para que se dieran cuenta de lo que estaba en juego. No era siquiera Marcial Maciel. Era Juan Pablo II, porque o es un encubridor o es un hombre trágicamente engañado como en las obras de Shakespeare. Uno de sus caballeros más allegados lo estaba engañando. -¿Engañado o cómplice? -Yo he llegado a pensar varias cosas. Parece que queda claro que la carta no fue entregada; algo salió en la prensa de Varsovia de que Dziwisz nunca se la dio. No lo sé. Si se la hizo llegar, hay una mayor responsabilidad del santo padre. Yo recurro a la lógica legal y a la lógica de la obediencia: el cardenal Ratzinger por sí solo no tenía autoridad para enmendar el derecho canónico; sin la anuencia de Juan Pablo II no podría haber modificado la cláusula 1378, la de no prescripción, que daba título a nuestra querella del 17 de octubre de 1998. Porque al quitar esa cláusula dejaba libre a Marcial Maciel y establecía un peligroso precedente legal: el de aplicar retroactividad a favor del acusado y en contra de las víctimas. Para hacerlo tuvo que haber si no una orden por lo menos una connivencia por parte del papa. Eso es lo grave. Esto después de que Alberto Athié le envió en 1999 una carta por medio de su amigo y mentor, el obispo Carlos Talavera. Y Ratzinger responde: “Sí, esto es muy delicado, pero Marcial Maciel es muy amigo del santo padre y ha traído muchos bienes y vocaciones a la Iglesia”.

Las constituciones de la Legión van dirigidas a un grupo de hombres que quieren tomar esa bandera para salvar al mundo, porque no se trataba de nada menos que de eso, con las precisiones de cuáles eran los males concretos del mundo, que en nuestra época estaban representados por el comunismo. Entonces todo se justificaba en función de la eficacia que debía tener un cuerpo de hombres bien organizado, con unos propósitos que exigían una absoluta renuncia personal. Ante esos ideales todo el mundo estaba de acuerdo; no había ninguno de nosotros, ni españoles, ni los pocos alemanes que había, mexicanos y españoles, no habían llegado todavía los irlandeses, y todos estábamos unidos con esa idea de que nos estábamos preparando en una especie de exilio para regresar a México, para regresar a nuestros países o a donde nos enviaran, para salvar al mundo del comunismo. Y en ese tiempo estaba el papa Pío XII, que si algo tenía es que era anticomunista.

A nivel personal, te puedo decir que yo me preparé un tiempo para luchar contra el comunismo, pero nunca me preparé para combatir a Marcial Maciel.

Saúl Barrales. Ex legionario, denunció el abuso por parte de Maciel ante el papa Juan Pablo II.

Ya con el tiempo nos dimos cuenta de que apenas había sacado los estudios y creo que ni siquiera legales. Se brincaba las trancas. Eso era Maciel: un hombre que buscaba brincarse las trancas y las normas de todo con gran habilidad, porque como que él tenía prisa de llegar a un destino: sobresalir.

Yo pongo en tela de juicio al papa actual y al anterior, porque sí conocieron estas cosas. A un primo mío sacerdote, el obispo Talavera, le dijeron en Roma: “Más vale que sufran injusticia ocho individuos a que se sepa la verdad de esto”.

-¿El papa era un cómplice o un gran tonto que se dejó engañar? -Yo no creo que haya sido cómplice.

Después vinieron sus hijos y eso ya es ¡súper espantoso! ¿Por qué? Porque dijo: “Ahora sí ya tengo mi harén”. Les daba universidades, viajes, ropa, todo, y así los callaba indirectamente. Y de las mujeres, pues ahí está los ornis. ¿Sabes qué son los ornis? Objetos religiosos no identificados. Son las monjas de la Legión, las consagradas. También son un ejemplo de cómo veía Maciel a las mujeres. Ahora, ¿por qué Ratzinger no dice: “Vamos a hundirlos a éstos, a refundirlos”? Porque ¡a fuerza los alumnos han copiado algo de Maciel! Mentiras, falsedades, invenciones.

Porque con la cruz compras a los pueblos, y más a los pueblos latinos. Les vendes el más allá, y hasta la gente de dinero, con tal de buscar la tablita de salvación, va a aplaudir y a decir: “Yo estoy con Dios”. Un elemento muy importante dentro de la religión es vender el más allá. “Pago un vitral, lo pongo en una iglesia, compro unas bancas, pongo un aula y mi nombre va a estar ahí preservado; ese egoísmo me satisface, me llena, y así compro el más allá”.

Bernardo Barranco. Analista Experto en asuntos religiosos.

Para mí probablemente lo más interesante de esta crisis es que en internet, sobre todo, se condensa y se retoman muchas investigaciones, muchos temas que aparentemente habían quedado ahí y que, dada la circunstancia, el clima mediático que se vive, son catapultados. Pero no es que en ese momento se hayan dado. Y a mí me recuerda mucho lo que se refleja en la gran crisis que señala Hans Küng, que es la Reforma. Las ideas de Lutero no pudieron haberse desarrollado y expandido sin la invención de la imprenta. Son crisis que también pasan por la tecnología; me parece muy interesante tomar ese paralelismo.

El papa quiere retomar una teología de saneamiento, de purificación, frente al pragmatismo que reina en el Vaticano. Y la perversión política es precisamente ese modelo de Iglesia que sacraliza el poder. Sacraliza el poder económico, el mediático y el político. Maciel, dice, es el ejemplo simbólico de esta sobre perversión que está presente en la Iglesia. Esta doble perversión se manifiesta en que Maciel lleva una doble vida, tiene un doble discurso, una práctica contradictoria. Pero la mayor perversión de Maciel no sólo se da en sus perversiones sexuales, sino en el modelo de Iglesia que detenta. Y pone el caso concreto de los vínculos económicos con grupos de Monterrey.

Primero hay que ver hasta dónde va a llegar el papa. En esas pugnas internas se va a definir el carácter de la intervención. Segundo comentario: el que interviene a la Legión es el papa, no el delegado. El delgado es alguien que va a tener un mandato; el que toma las decisiones es el papa. Y una tercera cuestión es precisamente el modelo, pero habría que preguntarse cuál es la esencia del modelo de los Legionarios. Para mí es un modelo empresarial. Hay una frontera muy delgada entre una empresa religiosa y una iglesia empresarial. Su nicho son los ricos. Los pobras, las obras de caridad y las obras de asistencia, son complementos de un modelo. Son vínculos de un tenue compromiso social, pero la esencia del modelo es cómo adaptar el Evangelio al mundo de los ricos. Cómo ofrecer un proceso pastoral de salvación, cómo consolar a los ricos por el hecho de ser ricos, sobre todo en países con altos niveles de contradicción como los de América Latina.

Les resulta difícil reaccionar porque no sólo es un discurso, también es una práctica pastoral. Es una práctica de relación, de compromisos y de complicidades que se fueron creando a través de lazos muy fuertes de estos instrumentos aleatorios que creó la Legión, como el Teletón, la Mano Amiga, los colegios para los pobres, las fundaciones de caridad, los fondos de alimentos que tienen (Un Kilo de Ayuda), Compartamos Banco… Esos instrumentos no sólo son obras de caridad, sociales, de asistencia, etcétera; sino estructuras de vínculos y de prácticas de estos sectores que forman lazos e identidades y a su vez son parte de este modelo. No sólo es un deslinde por parte de la élite, un deslinde político, sino que estamos hablando de aspectos subjetivos, de afinidades, de relaciones; estamos hablando de un deslinde muy complejo, de prácticas de decenios que están ahí. La operación de reconversión o de reingeniería de los Legionarios no va a ser una tarea sencilla; no es simplemente cambiar a la élite. Es algo profundo, complejo, delicado, que va a encontrar resistencia en Roma y aquí. El documento indica que va por una transformación radical y que lo que está en el fondo no es un cambio de personas, sino que se trata de cambiar el modelo de la sacralización del poder que los Legionarios han instituido. Los Legionarios han creado una teología del poder.

Maciel refleja nuestro lado oscuro como sociedad mexicana. Los Legionarios de Cristo surgieron en los años cuarenta, en el periodo de los “cachorros de la Revolución”, en ese sueño de modernización de la sociedad mexicana caracterizado por una gran corrupción, que es también la que refleja Maciel. Y ahí no concuerdo con muchos, como Ciro Gómez Leyva, que dice: “¡Ya basta del caso Maciel! ¡Me da asco!”. Me extraña. No, yo creo que tenemos que ir más al fondo en la reflexión de lo que representa Maciel en la cultura mexicana, en la élites, entre los empresarios, en los medios de comunicación. El caso Maciel no hay que cerrarlo, es una gran oportunidad que tenemos como país para ver esos lados oscuros que tenemos. Son tan importantes las voces que cuestionan, como los silencios. Y uno de los grandes silencios es el de la propia iglesia católica que se hace como que la virgen le habla.

No confundamos pecado con delito, ni perdón con justicia.

Los medios de comunicación en este país han sido los grandes aliados de los Legionarios y de ese modelo eclesial. Y también han sido los grandes promotores de sus obras y de estos accesorios que forman parte del modelo de Marcial Maciel. El Teletón es una gran alianza de los medios, como también lo es este modelo replicado en la Iniciativa México.

Es también este componente pentecostal que tiene la fórmula mediática, la utilización de la emoción, de la exaltación, del sentimiento, que es la esencia del Teletón. Los grandes donantes del Teletón no son las grandes empresas, ni los grandes capitales; es la masa a la cual llegan y conmueven, es la conmoción del ciudadano, de la persona que vibra frente al hecho de la desgracia, al discapacidad, etcétera. La gran bolsa del financiamiento que tiene el Teletón no son las grandes empresas: son Chalco, Ciudad Nezahualcóyotl.

-¿Y cómo definirías a los Legionarios de Cristo? -Empresarios de Dios.

Jason Berry. Periodista que realizó la primer investigación sobre los abusos de los Legionarios.

Cuando comenzó la investigación, fue el primer inicio de que el cardenal Sodano estaba perdiendo poder, porque él era el protector de Maciel. Sabemos que Maciel y los Legionarios le daban dinero a Sodano. Sabemos que le pagaron al sobrino de Sodano para construir la universidad de la Legión en Roma. Como tú bien sabes yo soy un escritor de política; yo me fijo en el dinero, me fijo en el poder, y sí, ésa es la historia de la Legión. Es una historia de dinero y poder. Cuando Sodano comienza a perder el control de la protección para Maciel a finales de 2004, y cuando el papa Juan Pablo II empezó a enfermar, la Legión ya no estaba en la misma posición de fuerza y control que Maciel había creado.

Recientemente se hizo público que el arzobispo Velasio de Paolis se va a hacer cargo. Lo que resulta muy interesante son sus antecedentes: en esencial es un banquero, un experto en finanzas.

Hay un artículo en el Wall Street Journal que escribió José de Córdoba con el hermano de Luis Garza Medina, Dionisio, en 2006, en el que se lee que la Legión es el más éxitos ejemplo de la religión como una corporación multinacional. o algo muy parecido. Lo que quiero subrayar es que Maciel construyó una corporación usando la religión. No pagaba impuestos ni en México ni en Estados Unidos. y por lo que he leído en L’Espresso de Italia, en Los Angeles Times y en México, se habla de 25 000 millones de euros. Bueno, la mayor parte de eso está invertido en propiedades: ¿cuánto vale la Universidad Anáhuac? Está invertido en terrenos que cuestan mucho en la ciudad de México. Lo mismo en Roma: ¿cuánto vale la Universidad Regina Apostolorum? son bienes raíces muy bien cotizados. Sin embargo, no pueden vender la universidad; bueno, supongo que podrían hacerlo pero son activos que el Vaticano no permitirá que venda la Legión.

Creo que De Paolis está en su posición por dos razones. Primero porque es un banquero; esa es la razón principal, por eso Ratzinger lo puso ahí, para entender el dinero. Para encontrar el dinero. Es como en la política: ¡encuentra el dinero! Esa es la primera razón. La segunda es que yo supongo que De Paolis tiene una capacidad de negociar con hombres difíciles, con adversarios seres.

-¿Qué regalos hacen los Legionarios a los jerarcas del Vaticano? -Coches, dinero. Cuando un obispo o monseñor va a la Basílica de Guadalupe o a otra iglesia en Roma para las ordenaciones de sacerdotes Legionarios, me dicen que es normal que le den al arzobispo 2000 o 3000 dólares por las tres horas que dura la misa. Les dan dinero por celebrar la misa cuando ordenan los sacerdotes. Y mientras más importante sea el arzobispo o el cardenal, más dinero le dan. Esto ha ocurrido así desde hace muchos años.

Para mí está claro que Juan Pablo II no quería investigar a Maciel y no quería que fuera castigado.

Este hombre [Juan Pablo II], que había sido un joven seminarista en una sociedad bajo el poder comunista, de repente se convierte en papa a la edad, ¿de qué?, de 58 años. Pasa de una sociedad sometida por la bota comunista y de pronto se convierte en rey; literalmente, en un monarca. A partir de 1978 y durante los siguientes 11, 12 años, trabaja con diligencia y valentía para tratar de desmantelar la dictadura soviética. Claro que con mucha ayuda de la OTAN, de Reagan, etcétera, y básicamente occidente se impone. A los ojos de Juan Pablo II, la iglesia ha salido victoriosa. Esto es muy importante para entender su relación con Maciel. Juan Pablo comienza a redirigir su atención, pasando del comunismo ya derrotado a la iglesia global y al interior de la iglesia. No le agradan los jesuitas; son demasiado liberales, demasiado de izquierda. Entonces ve a la Legión de Cristo. Esos jóvenes que marchan como un ejército. Y ve a Maciel recaudando dinero, brindando apoyo financiero de manera constante, y piensa: “Él es alguien en quien sí puedo confiar”. Va a México, un país muy importante a los ojos del Vaticano. Es 1979, el primer viaje de Juan Pablo II a México, el país católico más grande del mundo. Quizá hoy ya lo haya rebasado Brasil, no lo sé. Y Maciel está con él en el avión. Maciel va a su lado. Unos 18 años después, cuando surgen estas acusaciones, no quiere creerlas. No quiere creer que el hombre y el movimiento religioso que él tanto admira sean tan fraudulentos. Considero que ésa fue su mayor falla como papa. Y no sólo es lo de Maciel. Está claro que Juan Pablo II tampoco quiso creer que la pederastia fuera un problema grave en la iglesia. Pensó: “Bueno, hay algunos sacerdotes, muy pocos, que han hecho eso. Sí, está mal, pero el sacerdocio es una gran institución y no podemos permitir que la iglesia sea víctima de un escándalo”. De nuevo, creo que hay que tener presente su experiencia en Polonia. Los comunistas siempre estaban al acecho de sacerdotes que tuvieran problemas de mujeres, de pederastia, de lo que fuera, para poder usarlos como informantes. Hace un par de años hubo un artículo formidable en L’Espresso acerca del número de sacerdotes informantes en Cracovia, en el tiempo que Wojtyla era cardenal; ¡es asombroso! Tantos sacerdotes en situaciones inconfesables, que recibían dinero por dar información al servicio secreto, a la CIA polaca, y el cardenal -antes de ser papa- estaba rodeado de ellos. Así que me parece que Juan Pablo II era muy receloso de cualquiera que criticara a los sacerdotes. Y además era increíblemente ingenuo. No podía decidirse a confrontar la realidad histórica de los patrones de conducta sexual con hombres, con mujeres, con niños, con niñas, entre los sacerdotes. No quería creer que pudiera ser cierto. Por eso no pudo hacer frente a esta crisis; no sólo en lo que se refiere a Maciel, sino en los casos de Boston y Louisiana, de los que escribí en 1985. Ya había una larga historia de casos de abuso sexual en Estados Unidos, que habían sido difundidos ampliamente en los medios antes de lo de Boston, y Juan Pablo II ignoró todo; simplemente no quiso enterarse.

Tengo entendido que en Monterrey ya no reciben el mismo apoyo. Cuando la gente rica da dinero y luego descubre que le vieron la cara, que la estafaron, no quiere ponerse de pie y decir: “Yo soy una víctima”. Lo que estas personas quieren es que todo esto desaparezca. No quieren quedar en ridículo. Así, que no es de sorprender que esos mexicanos adinerados guarden silencio. Es una vergüenza para ellos. NO quieres reconocerlo: “Sí, yo le di mi dinero a un pedófilo; sí, yo le di mi dinero al hombre que el papa corrió de Roma; sí, yo le di mi dinero a un sacerdote que abusó de su propio hijo”. No quieren reconocerlo. Sólo quieren que desaparezca. No es sorprendente. A nadie le gusta reconocer sus errores.

-¿Qué palabras emplearías para definir a Marcial Maciel? ¿Qué es lo primero que pasa por tu cabeza? -Lo considero el peor criminal en la historia moderna de la Iglesia católica. Es un criminal que supera con mucho a cualquiera en le historia, hasta donde sé. Uno no suele pensar en criminales dentro de una iglesia, pero él lo fue a un nivel descomunal. Es el mayor criminal de la iglesia moderna. -Y si tuvieras que definir a los Legionarios, ¿qué dirías de esa organización? -Me parece que la Legión es una máquina de dinero. Utilizan la religión para obtener dinero.

Roberto Blancarte. Sociólogo e historiador experto en religión.

Creo que el papa considera particularmente grave lo que sucede en los Legionarios de Cristo. Las evidencias que conocimos, hace 13 años por lo menos, ya eran tan fuertes que más de alguno dentro de la propia curia romana quiso hacer algo; yo creo que uno de ellos fue, claramente, Ratzinger, pero no lo dejó Juan Pablo II -porque no hay nadie más que pudo haberlo impedido. No me imagino a nadie más; quizá a Angelo Sodano junto con el papa. Una vez que él asume, e incluso un poco antes, desde que él puede, inmediatamente ataca el problema de los Legionarios. Curiosamente, más que otros problemas de pederastia en otros lugares de la iglesia, que seguramente también le preocuparon pero que tal vez no eran simbólicamente tan importantes y significativos como éste. Porque va más allá de la pederastia y tiene que ver con la corrupción y con el abuso del poder.

– No me cabe duda de que Ratzinger tenía conocimiento del asunto, pero estamos en una burocracia estrictamente piramidal y centralizada; no sé qué capacidad tenía él para llevar adelante un juicio cuando Maciel tenía toda la protección de Juan Pablo II. -Así justifican la obediencia debida de los militares en las dictaduras… -Claro, nada más que aquí estamos hablando de una Iglesia en la que el papa es el sumo pontífice y Ratzinger era su prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe. Él puede adelantarle el caso, pero si recibe instrucciones de su jefe, que es el vicario de Cristo según ellos… Hay que meterse en la mentalidad de ellos, y en efecto puedes hacer la comparación de los militares, nada más que ahí nadie dice que habla en nombre de Dios. Acá estamos en otro mundo, estamos en el mundo de un tipo que cree que es el vicario de Cristo, de Dios. Y por lo tanto, todo lo que el papa les diga a sus subordinados directos, evidentemente ellos saben que está sujeto a error, pero no lo pueden alterar. A menos que tuvieran la honestidad suficiente para decir: “No, yo por este caso voy a renunciar; yo no puedo seguir siendo prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe”, y se salgan. Pero esto no es una institución, digamos como El Colegio de México, donde podemos decir: “Yo no estoy de acuerdo con esta política y me voy”. ¡No! Ésta es otra cosa, ésta es una iglesia que cree que tiene otros fines. Si lleva el asunto a la máxima instancia que es el papa, y si el papa les dice que no, a Ratzinger no le queda más que esperar a ver si él en efecto algún día es papa y entonces pueda hacerlo avanzar. Cosa que ocurrió. Estoy dándole el absoluto beneficio de la duda a Ratzinger, pero no me parece ilógico dado lo que sucedió. Porque si de veras no hubiera querido hacerlo, pues como papa lo oculta y ya.

Si se quiere profundizar, tendrían que abordar muchos temas que no estoy seguro que quieran tocar. Por ejemplo, el tema del celibato y el tema de la homosexualidad. La Iglesia católica es una de las pocas organizaciones homofóbicas institucionalmente y eso es una cosa rarísima. Si yo dijera “A El Colegio de México no deben entrar alumnos homosexuales”, mañana me sacan, con justa razón. Pero el papa ha dicho en circulares que la Iglesia no debe admitir homosexuales en sus seminarios y eso a todo el mundo le parece normal. La homofobia dentro de la iglesia parece normal y es aceptada. Otro tema es la relación entre la sociedad civil y la autoridad civil y lo que se puede hacer dentro de instituciones religiosas que pudieran ir en contra de los derechos humanos, tal como nosotros los concebimos. Ellos no están, por supuesto, ni de broma interesados en entrar a discutir. Y un acercamiento serio los tendría que llevar hasta allí. Un tercer tema es el del sacerdocio de las mujeres. Entonces es igual con el tema de la pederastia: realmente no lo pueden abordar en serio, sino únicamente como un señalamiento. “Tengamos más cuidado, pongamos medidas firmes y ahora sí avísenle a la autoridad civil”, pero no está atacando verdaderamente el problema. Eso es lo que digo que Ratzinger no puede ni va a hacer.

En el caso de los Legionarios es muy importante ligar a Marcial Maciel con su obra, con el modelo de congregación que tuvo y que existe todavía. No es sólo su pederastia. Es como si Hitler se hubiera muerto y el partido nazi todavía estuviera ahí. Hay muchos Legionarios que, así como sirvieron a Maciel hasta el final, ahora quisieran responsabilizarlo de todo lo que sucedió ahí, para poder salvarse y no asumir ninguna responsabilidad. Y hay otros que no necesariamente participaron igual, que fueron un poco más engañados, y que dicen: “¡No, espérense! Tenemos que hacer una revisión más profunda”. Hay quienes se asumen como responsables por haber sido ciegos frente a lo que estaba pasando y están tratando de ver cómo componen las cosas, por ejemplo, redirigiendo sus donativos a otros lugares o a sus hijos a otras escuelas. Pero hay quienes no quieren asumir ninguna responsabilidad y simple y sencillamente se presentan como parte de un engaño general y no quieren afrontar una posición mínimamente crítica para replantear lo que debe pasar dentro de la congregación y las formas, las estructuras y las instituciones que hicieron posible eso. Hay empresarios que no se han cuestionado, porque no se asumen como responsables de la pederastia; entonces dicen: “Yo no tuve nada que ver con eso”. No se asumen como responsables de toda la lógica de poder que hizo posible eso y que se sigue perpetuando.

Había una serie de prácticas institucionales que les parecían normales, como la de poner dinero que recibían no en cuentas normales, no en el Vaticano, sino en las Islas Caimán. Eso no puede ser algo que escape de la atención a los dirigentes. Es una cosa institucional. Si puede hacerse es porque se concibe que institucionalmente así debe hacerse y así se hace.

Vamos entonces al tema de cuál es el carisma de esa congregación. ¿A qué se dedicaba? Porque se supone que cada congregación se dedica a algo; ése es el carisma, ¿no? Los dominicos surgieron en el siglo XII o XIII como una orden de predicadores, y tenían la capacidad, y ése era su carisma, de predicar en contra de las herejías que había en el sur de Francia y el norte de Italia. Santo Domingo funda esa orden y se les da la capacidad a los miembros de esa orden de ser predicadores. Los franciscanos se dedican a los pobres, se dedican a compartir el sufrimiento de Cristo y la pobreza con los más marginados, etcétera. ¿Cuál es el carisma de la Legión? Bueno, era un champurrado de cosas, porque lo único que hizo fue copiar de todo lo que pudo; pero al final, en la práctica, el carisma de la Legión era atender a los ricos. No sé cuál sea su carisma en sus estatutos, pero en la práctica se dedicaron a atender a los ricos y a enriquecerse de los ricos. Ese carisma también es institucional. Así se estableció y así lo dedicaron. El problema ahora es reconocer que eso va más allá de Maciel y que para cambiar a la Legión realmente tienes que cambiar de carisma, porque sigue funcionando así.

-¿Y cómo son esas personas [que ayudan, que donan]? Muy conservadoras, absolutamente obedientes a la autoridad, eclesiástica o de cualquier otro tipo, con poco interés en la crítica de las realidades sociales. -Por eso es tan importante que alguien relacionado con el hombre más rico del mundo diga: “Los seguiremos apoyando porque nos gusta cómo educan”, porque no forman revoltosos. -Así es. Los jesuitas ya no les sirven para ese modelo, porque aunque son muy buenos y mejores para educar, educan de una manera que no les gusta. Esa conexión que ha hecho que el dinero fluya en cantidades importantes hacia un sector de la Iglesia no se ha roto, ni se ha profundizado en todas sus extensiones.

Cada obispo tiene control sobre lo que sucede en términos gubernamentales, legislativos y judiciales en su diócesis o arquidiócesis, así que todo lo que hicieron los Legionarios de Cristo en la arquidiócesis de México era responsabilidad del arzobispo de México. Y todo lo que sucedía y sucede en el arzobispado de Monterrey con los Legionarios y todas las congregaciones, es responsabilidad del obispo o arzobispo local.

Miguel Ángel Díaz Rivera. Ex-legionario quien se retracto de firmar la primer carta de denuncia de los abusos de Maciel.

En primer lugar, dolor, pena. Ahí se declaró que en la conducta del padre Maciel hubo muchos aspectos no solamente penosos, sino incluso punibles; se habló prácticamente de que eran delitos. Eso es un dato histórico y no se puede negar. Me afectó mucho, lo puedo reconocer ahora porque la misma Santa Sede lo ha reconocido. Yo sabía de esto por un testimonio de altísimo nivel: nunca vi lo que dicen los que lo denunciaron, porque eran cosas en la intimidad, pero sí, por una serie de circunstancias, incluso en una ocasión personal, me pude dar cuenta de que sí, todo ese bloque de información sobre el abuso era una cosa absolutamente innegable. Ellos dicen que sufrieron mucho y les creo, pero cada quien siguió su camino y yo sé que son catedráticos, académicos; digo, el sufrimiento quién sabe dónde quedó.

-Nunca me presionaron los amigos. Fueron insinuándose poco a poco; no digo que de mala voluntad, pero fue una estrategia que a mí, a la distancia, no me parece honesta. Fue un acuerdo entre amigos de hacer una acción en conjunto. Los motivos los tenían ellos. Barba es el cerebro. -Pero cuando usted puso su firma ahí, ¿estaba convencido de que lo que ahí se decía era verdad? -Si. -Y cuando Marcial Maciel le pide que se retracte, ¿por qué va contra esa verdad? -Usted me pone la pregunta más complicada de mi vida. Yo no dije que no fuera verdad; no lo dije. Yo dije que a mí el padre Maciel no me había hecho nada parecido a lo que les había hecho a ellos. Yo nunca desmentí lo que ellos dijeron, nunca. -Aunque así fue usado su escrito. -Ah, bueno, pero que lo lean. Nunca lo desmentí, dije: “Si ellos lo afirman, es su problema”.

-¿No era un psicópata? ¿Qué era? -Para mí fue un hombre excepcional, en lo bueno y en lo malo. -Lo bueno lo ha dicho, ¿lo malo? -En lo que hizo. Abusó de la gente. Eso de que tuvo hijos ya me vale gorro. Hay curas que tienen tres o cuatro hijos y están tan campantes. – Pero ¿que abusó de los hijos? Ah, eso sí no lo sé. Ahí si que ya no me meto. Aparecen tardíamente; si se supone que la bronca fue en 1997, ¿por qué dice esta señora de Tijuana que lo supo por un periódico? Si ha estado en todos los medios, ¿por qué hasta hora? Usted tuvo su programa del “Círculo Rojo” cuando precisamente vino a verme. Mientras tanto Ciro Gómez Leyva envío, de la manera más infame, a una reportera. Me sorprendió en mi despacho del Registro Civil. Le explique mi retractación apelando al diccionario y a san Agustín, que escribió todo un libro de retractaciones. Se fue muy molesta y luego fue a grabar afuera de mi casa. Hablé por teléfono con Gómez Leyva; le dije que era un abuso: “¿Qué, acaso soy un delincuente?”. Y me colgó.

-¿Qué fue lo más trascendente que hizo usted con Marcial Maciel? -Mantener la relacion con esas personas influyentes a través de cartas; acercarlas a la legión para que la apoyaran económicamente, y también moralmente.

[Flora Barragán] Una de las grandes bienhechoras; fue con quien tuvo el padre el contacto más estrecho y duradero de toda su vida. Ella asistió a mi ordenación; le dio al padre Maciel los fondos para el Cumbres. Y muchas cosas más. El primer autobús Mercedes que tuvimos nos lo compró ella también. No sé cómo se la recomendaron unos señores de Monterrey. En 1951, la primera vez que fue a Roma, ahí fue cuando la conoció. A partir de entonces la relación se estrechó; fue con la que más correspondencia mantuvo y buena parte de esa correspondencia se la hice yo.

Ante todo es un proyecto de apostolado. De acercar el mensaje de Cristo sobre todo a la gente rica. Ésa era la idea del padre Maciel. Sí “yo quiero a los ricos para que ayuden a los pobres”. Si quieres usted es un proyecto muy rudimentario, muy utópico pero justificado, real. No puede tirarse a la basura. Son como dos mil y pico de personas que están dentro, y de buena fe, ¡por favor! ¡No se les puede castigar! ¡No se les puede destruir, de ninguna manera! ¡Por favor, entiéndame! El historiador y el periodista tienen todo el derecho de reconstruir los hechos, en efecto, todo eso y lo de más allá, pero el tema fundamental para mí es que fue un padre.

-Usted quiere quedarse con él como su padre. -Por un elemental sentido de gratitud, Carmen. ¡Es que esto no lo puede entender nadie! ¡Nadie, nadie, en la Legión de Cristo, ha recibido del padre Maciel los beneficios que yo recibí! ¡Nadie!

Le cuento esta anécdota de Juan XXIII. La noche de su elección pidió que le llevaran el tomo de la Historia de los papas que habla de Julio II y León X, los Borgia, ¡cosas inauditas! Dijo el papa: “Lo quiero releer como un antídoto, para animarme al cargo que me encomendaron”, porque la iglesia superó aquello. Y si superó eso, supera todo lo demás. Ha habido tiempos peores. O sea que hay iglesia para rato.

Flora Garza Barragán. Hija de la primer benefactora de Maciel.

Después el padre Maciel -esto me lo dijo mi mamá- le pidió dos millones de dólares cuando ocurrió el problema de Polonia, porque el papa necesitaba una radio especial para comunicarse con Lech Walesa y que nadie pudiera intervenir sus llamadas; entonces mamá se lo tenía que regalar y mamá le dio dos millones de dólares a Maciel supuestamente para que se los diera al papa y comprara ese radio.

-Pero cundo mamá no pudo ayudar a la Legión, ni le volvió a hablar Maciel ni hubo cartas de los seminaristas, ¡nada!. -Se le acabó el dinero y se acabó la relación. -Todo se acabó. Los últimos 12 años que vivió mamá, Maciel ¡no volvió a hablarle por teléfono nunca!

Don Ricardo Margáin Sosaya, un licenciado muy famoso de Monterrey, muy católico y todo, fue a pedirnos a Roberto y a mí que le diéramos tres terrenos a Maciel, para que mamá subiera el último escalón al cielo. Roberto dijo que sí y el licenciado me dijo: “Pues me supongo que tú también”. Y le dije “Pues está suponiendo mal, porque sobre mi cadáver mamá da esos terrenos. Qué lástima que el cielo tenga escalones, porque mamá no los va a subir, y con permiso, que yo tengo muchas cosas que hacer y esos terrenos no los da”.

-¿Cuántas veces recuerdas haberlo visto así, embobado? -No, pues muchas veces. Y eso cuando aparecía, porque había veces que se quedaba en la recámara; pero así que aparecía en la sala, yo creo que fueron, no sé, quizá 10 o 15 veces que estaba allí pero no hablaba; estaban los seminaristas con nosotros, mamá y yo. Y ahí estaba Maciel sentado sin hablar; duraba una hora, hora y pico sin hablar. -¿Y qué decía tu mamá? -Mamá decía que él estaba con Dios. “Es que está meditando, mijita”. Pero era horrible porque se quedaba embobado y con la boca medio abierta. Pero feo, feo, feo. -Y los seminaristas ahí parados, sentados, ¿viéndolo? No, platicando con mamá. -Él sentado en la sala y ellos esperando que regresara de la meditación. -Sí, ¡horrible, horrible! ¡Ay!, decía yo, ¡qué impresión! ¿Qué es lo que tendrá? Decía yo a mamá “¿Por qué no habla, mamá?” “Mijita, no preguntes, él está con Dios. Está meditando”. “¡Ah! ¡Qué meditando ni qué meditando! ¡Éste está bien drogado!”.

El señor Barba era el que hacía el aseo en el cuarto donde estaba este padre [Jorge Ortiz]. Dice que la primera vez que entró, vio el brassiere y toda la ropa de mujer allí. Dijo que se asustó tanto que cogió un tintero y lo echo allí en la alfombra, para que el padre Maciel ya no lo dejara entrar a hacer el aseo, ¡del asco que le dio! ¡Que se pusiera ropa de mujer debajo de la sotana! Eran amigos de Maciel, medio raritos los dos. [Samuel Lemus y Jorge Ortiz].

Luis Garza Medina. Vicario General de la Legión de Cristo desde 1992

Bueno, entonces se empezó a comunicar a los directores territoriales, a los superiores, un poco para saber dónde estábamos parados, qué teníamos que hacer y cuáles eran los pasos que teníamos que dar, o los tiempos que estas cosas toman, porque evidentemente la Legión es grande y no es que puedas mandar una carta para explicar esto. Jamás hubo intención de esconder algo o de no ser transparente, de no decir las cosas, sino de cuidar una serie de principios que creo no debemos olvidar. Uno es el principio de preservar la fama, la intimidad de una persona; por lo tanto, aunque yo haya sabido cosas malas de alguien, no tengo por qué andarlo anunciando. Y el segundo principio es evitar el mal que se puede causar con una noticia semejante. Ciertamente, estos principios podrían haberse añadido a otros principios, como el derecho de los Legionarios a tener información suficiente sobre la vida de su fundador, y también el principio del mal menor; porque si esto iba a llegar a ser sabido por otras vías, pues mejor que te lo diga yo a que lo sepas por fuera. En el momento, el padre Álvaro tal vez no tomó en cuenta estos otros dos principios y consideró sólo los dos primeros, y por eso tomó esas decisiones de ser más bien cuidadoso en la forma. En lo que yo he visto en el padre, no ha habido la intención de esconder o de engañar o de no ser transparente, sino simplemente la dificultad real para él como persona y como sacerdote de tener que revelar estas cosas. Digo, si lo han escuchado hablar de esto, cuenta que él sufre enormemente. Es una forma de ser, una psicología, un don que Dios le ha dado; por eso es tan bueno, ¿verdad?

Un señor que tiene dos frentes, la esposa y la otra, pues, ¡hombre!, uno los descubre más fácilmente, porque de pronto pueden comentar algo, no sé; dicen un chiste, no sé. Hay aspectos por los cuales se nota que tiene otras formas, ¿verdad? Y otras maneras de vivir. Pero acá, pues debe ser una psicología realmente trastocada, porque yo no me explico cómo pudiera él ser tan terriblemente coherente con todo lo que decía, escribía, pensaba, etcétera, si no había una psicología que estaba tocada. Con esto no lo justifico; simplemente no me explico de otra manera; pero, como digo, esto es lo que yo podía ver y podían ver ustedes, porque si se sentaban un día a desayunar con él, hablaba del apostolado, de la iglesia, de las almas y de no sé qué, y esa noche podría haberse ido con la señora a vivir una vida marital. O sea, así de fácil. Si eso lo hiciera yo, la verdad no llegaba a la mañana siguiente, no podría; no sé si me explico. Vamos, me sentiría como chinche. No estaría hablando de esas cosas, de pronto sí llegaba ahí, la conciencia se tarda un poco en romperse, pero no me pondría ahí en el candelero, a hablar de cosas y de las almas, no podría. Pero, bueno, entonces, como digo, esto no justifica lo que ha sucedido; creo que ha habido errores, pero tal vez sí explica, vamos… pretendo que explique las motivaciones de fondo.

Pero colaboramos todos. ¿Por qué? Porque esto no hubiera sucedido; es decir, hubiéramos sabido con mucha más antelación, se hubiera evidenciado un comportamiento de este calibre con estas características mucho antes, si los Legionarios, todos nosotros, no hubiéramos idealizado esa figura y esa persona, al punto de que a él lo poníamos más allá del bien y del mal. Y de aquí, el que esté sin pecado, que tire la primera piedra. Porque en lo personal, también yo le dejaba hacer muchas cosas. No es que yo viera, ¿verdad?, pero, vamos, siempre pensé que lo que él hacía estaba bien; veía a muchos de ustedes llegar y decir: “Nuestro Padre por aquí y Nuestro Padre por allá”. Y lo que él dijera estaba bien aunque estuviera mal; o sea, aunque una opinión moral fuera un poco arriesgada de Nuestro Padre, uno decía: “Bueno, ¿y esto cómo?”. Y todos decían: “Sí, sí, sí”. Nadie se atrevía a decirle: “No, Nuestro Padre, el principio es éste por esto y por esto”. O rarísima vez, ¡y así le iba a esa persona! Todos participamos, todos colaboramos en ese sentido. Ahora digo esto porque todos tenemos que hacer una reflexión y tratar de que algo parecido no vuelva a suceder.

“Padre [Alfredo Torres], si usted sabía, ¿por qué no lo dijo?” La respuesta que me dio fue la siguiente: “Mire, yo consulte en conciencia a una persona, en confesión, a un sacerdote, que me dijo: ‘¿Tú tienes la posibilidad de cambiar esto?’ Y yo le dije, ‘No, no tengo esa posibilidad de remediarlo’. Entonces me dijo: ‘Bueno, pues si no estás en posibilidad de remediarlo, no estás en obligación de decirlo’.

Fue la demencia de Nuestro Padre la que provocó ese bajar la barrera entre un mundo y otro; nos hizo estar en contacto con la niña y con la señora. Evidentemente le llamó la atención a algnuos; a otros no tanto. Muy pocos llegaban a pensar que había ahí alguna relación inadecuada y los que pensaban así, querían no pensarlo; creían que estaban haciendo un juicio temerario. Cuando ya llegamos a concluir con certeza que efectivamente la niña era hija de él, fue en septiembre de 2006. Evidentemente, cuando de un mosaico se te cae una de las piececitas, como que las otras piececitas se van cayendo también. Y empiezas a pensar que efectivamente todo lo demás también es verdad.

Con los menores a los que, de alguna manera, se les pudo haber arruinado la vida, ¿qué responsabilidad hay? No me consta y no sé de casos más modernos; puede ser que los haya, no niego que los haya; no me consta a mí en lo personal. Los casos más antiguos tienen la prescripción y eso ya prescribió. Legalmente no creo que sea admisible que exijan: “Mi vida se echó a perder, por favor dame tanto”; se puede llegar a un acuerdo de otro tipo. Yo creo que mucho más por la vía de resolver algunas cuestiones menores, psicológicas, psiquiátricas, de atención de ese tipo. Y yo creo que lo que esas personas quieren es austero; no han pedido dinero, cantidades importantes. Más bien lo que yo creo que van a querer es que la Legión admita que efectivamente ellos fueron abusados o que es posible que hayan sido abusados. Esas personas se han sentido doblemente abusadas, es lo que dicen; primero abusadas porque de niños les sucedió esto, y segundo, abusadas porque durante muchos años todo el mundo decía que eran unos mentirosos y unos falsarios. Supongo que eso es lo que va a pasar ahora. En el futuro, si un religioso comete delitos de este tipo, digo, ciertamente hay normas civiles tremendamente estrictas, ustedes lo saben, creo que pretender más de lo que las normas civiles exigen tampoco es bueno. Creo que ya estamos yendo al exceso. La Legión evidentemente si está dispuesta a cumplir lo que las normas piden para estos casos de religiosos que hoy puedan cometer estos hechos.

¿Cómo sacaba el dinero? A Nuestro Padre nadie le pedía cuentas. Mientras no pidas cuentas, siempre vas a correr el riesgo de que alguien haga algo inadecuado con el dinero, porque el dinero puede comprar cosas buenas y cosas malas. Entonces, volvemos al principio del problema: que había personas más allá del bien y del mal, más allá de las normas y más allá de los procedimientos. Ciertamente era el fundador, pero no debíamos haber hecho las cosas como las hicimos. Eso es lo primero. Lo segundo es que la Legión no ha tenido ninguna contabilidad sino hasta 2006 y por lo tanto era muy difícil saber la dimensión del problema.

Andrea González. Acompañó al rector de la Universidad Anáhuac, Juan Fernández Amenábar, los últimos días antes de morir.

Pues por esas fechas iba a operar a Juan Manuel [Fernández Aménabar]. Lo fui a visitar el día antes de que muriera; lo vi bien. No estaba para morirse, de ningún modo. Estaba cansado porque no había dormido nada y le dije: “Mañana vengo a visitarte”. Me fui, y al día siguiente, como a las cinco de la tarde, regreso a mi casa de la natación de los niños y me dice la muchacha: “¡Señora, que se murió el padre! Hablaron del Hospital Español”. Salí corriendo al hospital. Encontré cerrado su cuarto; unas enfermeras me dijeron que se lo habían llevado a la torre del hospital. Ahí me dijo un policía: “Los muertos están abajo”. Bajo las escaleras, entro a un lugar espantoso y me encuentro una plancha de mármol con una momia, porque eso fue lo que vi ahí: una momia. De un lado del cadáver estaban el padre Gregorio López, de la Universidad Anáhuac, y Lupita Espinosa; del otro, Pepe Barba. Me abracé al cuerpo y ahí me quedé llorando, ¡como viuda! Llora y llora y llora ante una momia. –¿Puedes describir lo que viste? –Un ser vendado, completamente blanco de arriba abajo. No había ninguna parte del cuerpo descubierta, nada; todo, absolutamente todo, estaba vendado. Ahora con más malicia digo: “¿Cómo no lo destapé?. ¿cómo no quise verlo, tocarle las manos?”.

No entendía por qué había muerto. Dijeron que se le atoró la carne cuando comía, pero él no tenía problemas para comer. Además, qué raro, si estaba comiendo y yo llego ahí a las seis y ya lo tenían amortajado. Ahí empezó el diálogo con Pepe Barba, porque nos fuimos juntos a Gayosso. Yo iba verdaderamente desconsolada, diciendo en voz alta pero para mí: “Es que no es justo, es que una vida así… ¡no hay derecho! ¡Tanto dolor! ¡Pobre hombre!”. Y de repente Pepe me dijo: “¿Qué no es justo? ¿Qué es lo que sabes?”. Le contesté: “No sé qué sepas tú, pero lo que yo sé es tremendo”. Entonces él me dijo: “Si Juan Manuel te tuvo la confianza de decírtelo, yo también puedo contarte entre mis amigos”. Así empezó nuestra amistad; también con mucho dolor, porque entonces vino la historia de Pepe y de todos sus amigos. En Gayosso estábamos Pepe, Gabi –que llegó más noche, después de sus clases- y mi cuñado Fernando, al que llamé porque yo estaba desencajada, mal; fue a acompañarme y además él también había estudiado en el Irlandés y quería mucho a Amenábar. También llegó Domit, y párale de contar.

Estoy segura de que siguen mi vida perfectamente. Cuando me cambié de casa, la primera carta que recibí fue de la Universidad Anáhuac, sin haber dado mi nueva dirección. ¿Se imaginan? Obviamente me asusté. ¿Quién les dijo que vivo aquí? ¡Tienen una red!

Fernando González. Sociólogo y psicoanalista.

Las conclusiones de Anastacio Ballestero tras la primera investigación a los Legionarios, hacia 1956, fueron contundentes: circunscríbase la congregación a Cuernavaca, no se acepten nuevo novicios, desígnese a un obispo mexicano para que los vigile, nómbrese a un superior de otra congregación para que se haga cargo de los Legionarios, redúzcase a Marcial Maciel, vigílesele y apártesele de toda relación con sus miembros, evítese que dé confesión y dirección espiritual y analícense las constituciones. Más o menos lo que está pasando ahora en este comunicado, 53 años después.

Abelardo Alvarado dice algo insólito: “Hasta ahora la política que se ha seguido es la de guardar en el máximo secreto y discreción este tipo de casos por el bien de las víctimas, para salvaguardar su buen nombre –cosa rarísima que para guardar el buen nombre de las víctimas se guarde silencio-, también parar guardar el de la Iglesia y, eventualmente, el de los abusadores. Hasta ahora la política ha sido desplazarlos hacia otras parroquias, ya se vio que esto no ha servido y entonces vamos a iniciar una etapa de purificación”. Es increíble, porque es el secretario del Episcopado Mexicano el que explicita el juego de una manera abierta.

Otros obispos dicen: “La ropa sucia se lava en casa; lo que quieren es atacar a la Iglesia. Es un complot. Hay que denunciar a los pederastas, pero los que los denuncian son gente que lo que busca es ganar dinero y atacar”. O sea, todas las ambivalencias típicas del Episcopado Mexicano.

El ejemplo más acabado es el de Francisco González Parga, quien pasa por las tres descripciones; no todos pasan por las tres, es decir, unos se quedan en ciegos, otros en cómplices y otros en impotentes. Él pasó por las tres. Primero fue ciego porque no vio venir el tipo de seducción que les iba aplicando a sus compañeros; cuando lo llama a la enfermería no sabía qué le iba a ocurrir. En este sentido, mientras no entró en esa zona de lo compartimentado, era ciego. Estaba ahí, sin saber, avalando una situación. Cuando ya pasa por él, entonces es cómplice irremediable y años después se pregunta: “¡Qué me duele más, lo que me hizo Maciel o mi respuesta a lo que me hizo? Quise ser el elegido: bueno, está bien, ya abusó de mí, pero soy el elegido”. Luego se da cuenta de que no, que es parte de un círculo rojo; entonces trata de distinguirse y dice: “Me empecé a drogar como Maciel y traté de usar sus estrategias de poder para seducir a las señoras para pedir dinero”. “Eso es lo que más me dolió, mi manera de responder, mi manera de implicarme”. Luego viene este terrible y doloroso testimonio de él mismo cuando están en Irlanda y duerme con él en 1964 y después Maciel va a decir misa devotamente frente a los novicios. Luego Maciel sale a pasear con los novicios y González Parga, y Maciel dice: “Yo no entiendo a estos padres del concilio que quieren casarse; yo no tocaría jamás a una mujer y después iría a decir misa”. Y se le queda viendo a González Parga. Ahí es cómplice e impotente. Se cumplen las otras dos categorizaciones del pacto perverso. Al otro día todavía da un paso más cuando, frente a los novicios, que otra vez no saben lo que se está jugando, dice: “Hay algunos Legionarios que ya no quieren pertenecer y son capaces de inventar cosas terribles contra sus superiores”, y se le queda viendo a los ojos a Francisco González Parga. A ver quién te cree, es volver inverosímil el pacto. Ahora, ¿cómo era eso para los de afuera? Digamos, si yo me relaciono con alguien como Santiago Galas o como los Garza Sada, obviamente yo me relaciono como sacerdote y sé que he generado ofertas; ellos tendrán su demanda a mi oferta, que va desde el bautizo, la comunión, el matrimonio, la muerte. Yo soy el administrador de eso. Cuando vienen a Roma los ricos, la visita tiene que rematar viendo al papa y recibiendo la bendición apostólica. Entonces los Legionarios hacen, como otras congregaciones, una especie de oficina de turismo donde generan ese tipo de bienes. Yo te consigo la entrevista con el papa, tú me das tanto dinero. El siguiente paso es la educación. No sólo te santoleo; no sólo te bautizo y te caso, sino que además te ofrezco la educación integral. Como el pan Bimbo de Servitje, el plus de lo integral. “Te ofrezco un club exclusivo; aquí vas a pasar por un tipo de socialización donde vas a tener a tus hijos, a los futuros miembros de la cúpula política y económica, porque yo también soy como tú, soy un empresario educativo”.

-¿Cómo logró mantener durante décadas su fachada impecable? –Lo logró precisamente porque parcializaba conductas y sólo aquellos que tenían acceso a todas sus conductas, aquellos que habían sido abusados en la enfermería, luego lo veían decir misa con el máximo fervor y luego lo acompañaban a comprar droga; esa minoría lo podía ligar perfectamente. La mayoría conocía sólo comportamientos parciales. Como dice Jorge Semprún: “No basta con que algo sea verdadero, es necesario que sea verosímil”. Si tú se lo cuentas a alguien que no ha asistido más que a una de las partes de los contextos, resulta totalmente inverosímil. “Es imposible, usted está inventando, yo lo veo cuando dice misa, cuando nos da pláticas, dirección espiritual”. Hay una sensación toal de inverosimilitud porque es un experto en manejar contextos; el único lugar donde pierde pisada públicamente, y la perdió en un momento dado, fue cuando se drogaba, porque entonces sí quedaba a merced de la droga. El manejo de los contextos es clave en Marcial Maciel y el manejo de un grupo, de un círculo rojo que sabe todas sus actuaciones y lo va protegiendo ¿Por qué lo protege? Por diferentes razones: porque yo he sido abusado por él, porque yo le he conseguido la droga, porque sé de sus manejos, porque a cambio de ello me hace parte de su grupo de elegidos. Por diferentes pero sólo puede prosperar gracias a un grupo que es cómplice totalmente.

Tengo entendido, no tengo datos duros, que entre otras muchas cosas Maciel apoyó con millones a Solidaridad en Polonia, lo cual se aviene con una de las características muy fuertes de la ideología de Maciel, formado en el Nacional Catolicismo español, la derecha más conservadora. Años después del concilio, entra Juan Pablo II y viene la Restauración. Entonces las órdenes que más se le podían acercar eran el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. Y además los Legionarios aportando dinero. Anticomunista, pro Solidaridad, por eso yo creo que se establece esa relación.

Pero siempre son las víctimas de los denunciantes y siempre empieza en una cultura anglosajona donde sí es permitida la denuncia penal, donde hay una tradición cultural, que no es el caso mexicano, donde es mal visto desde pedir dinero hasta denunciar a un cura. Y no sólo hacia dentro del clero, ir a denunciar a un cura con un cura, sino hacia afuera, con los jueces. Donde los jueces también tienen una complicidad con la gente de la Iglesia. Evidentemente se está dando un juego de poder desde que salió la información, fundamentalmente desde afuera hacia adentro, e impactó al interior, porque empiezan los juicios civiles y penales.

-Define a los Legionarios de Cristo. –Es una secta conformada por un tipo de caudillaje que le da a la parte sacerdotal una dimensión empresarial, una cultura empresarial que otras congregaciones no tienen. Toda secta tiende a estar cerrada sobre sí misma, manejando al máximo la idealización de su fundador y la verticalidad, pero es una secta compleja porque está transversalizada por una institución mayor, que es la Iglesia católica. -¿Y el contexto que lo hizo posible? –Son múltiples actores desde diferentes perspectivas: padres de familia crédulos con toda esta cultura poscristera de la que ya hemos hablado, empresarios que han sido educados para sacralizar a los sacerdotes católicos, políticos que participan de esa cultura, viudas al borde de un ataque de líbido no realizada, que en este tipo de relaciones obtienen un grado de excitación libidinal notable sin tener que pecar desde el punto de vista de su religión. “Yo te adoro y a cambio tú me das tu dinero”. –Finalmente, define a Marcial Maciel. –Querer encerrarlo en uno solo de los escenarios es los que se movía –empresario educativo, fundador, director espiritual, promotor de donativos, líder de opinión, negociador con las altas esferas eclesiásticas, conspirador, mediador, seductor de viudas, etcétera-, es fallar el tiro. Su arte de seducción consiste precisamente en su capacidad para poder trasladarse de uno a otro usando como moneda de cambio su investidura sacerdotal y la sacralidad que trae aparejada, la cual le abre las puertas de la credulidad y la confianza. Lo mismo vale para su vida sexual. Habría que renunciar a enmarcarlo en las categorías demasiado fijas de la perversión, homosexualidad o heterosexualidad. Porque los actos de Maciel terminan por desestabilizarlas, desbordarlas y las transversalizan.

Familia González Lara. Familia formada por Maciel en México.

Consideramos que también fuimos víctimas de mi papá, desgraciadamente. Consideramos que el vaticano, antes de pensar en restaurar la congregación, ya debió haberse acercado a las víctimas para pedirles perdón. Antes de estar pensando en qué van a hacer con sus bienes, en qué van a hacer con su dinero. El Vaticano tiene que reconocer públicamente, con todas sus letras, que a lo largo de décadas han cometido crímenes. Tienen que pedirles perdón a todas las víctimas de abuso sexual. Y tienen que resarcir el daño de todas las víctimas, porque es tremendo que el Vaticano siga permitiendo estos actos. Y más tratándose de una congregación tan allegada a Juan Pablo II.

Pasan meses, me envían un correo y me dicen que ya tienen información; esta información era el fideicomiso que me fue entregado por manos de Jaime Durán en presencia de Jesús Quirce, quien me dice: “Te acompañamos a las instalaciones de Banamex”. Llegamos a Banamex Reforma, las oficinas centrales. La recepcionista nos recibe: Jaime Durán le expone que estamos buscando quien nos oriente para encontrar este documento. –Una recepcionista. Como cualquier cliente que va al banco. –Así es. Sin resultados, nos dirigimos a otras instalaciones de Banamex; total que ese día no se esclareció nada. Pasan como tres días o una semana y Jaime Durán me vuelve a citar y me lleva; nos volvemos a presentar, por segunda ocasión, en Banamex en Reforma. Llegamos, nos recibe la recepcionista y me llevan como a un palacio: la sorpresa es que me recibe la vicepresidenta de Citigroup, Carolina Cater. Aquí la pregunta es si cualquier persona tiene dudas respecto a sus cuentas, ¿puede hacer una cita con la vicepresidenta de Citigroup? Jaime Durán, en su red de mentiras, se presenta con la vicepresidenta como el asesor. Le entrega su tarjeta y le dice: “Necesito que usted me ayude a rastrear este documento”. Hablamos del fideicomiso. -El fideicomiso que dices dejó tu padre para ustedes. –Yo nunca les comenté que mi papá me había platicado que la cuenta iba a estar en Suiza, y es interesante porque ellos me dan un documento de las Bahamas. Jaime Durán me dijo que una persona que hacía la limpieza para la señora Norma en Sevilla, la otra esposa de mi papá, guardaba el documento. Eso quién se los va a creer, ¿no? Durán me dice en un correo: “No sabemos si este fideicomiso lo retiró Norma”. Porque ellos me querían poner en contra de Norma, para que yo la atacara, especialmente Jaime Durán. Entonces hay tres cosas que me envía en ese correo: una de ellas es que Norma falsificó firmas; segundo, que mi papá lo retiró como retiró el de mi hermano, y tercero, que nunca constituyó ningún fideicomiso. Ese fideicomiso me fue entregado de manos de personas de la Legión de Cristo. Entonces si nunca lo constituyó, ¿por qué lo tienen ellos? Puedo especular que aquí hay una red de complicidad. Queremos una investigación para que esta situación no quede impune, no hablo específicamente de mi familia sino de las víctimas de abuso sexual que son un caso criminal espantoso porque te arruina la vida. Que el Vaticano reconozca que a los largo de décadas los Legionarios de Cristo abusaron sexualmente de seminaristas y de otras personas, que lo haga públicamente antes de empezar a dar su informe.

Mi papá siempre nos expresó su última voluntad, y no en una ocasión como ellos mencionan, sino en varias ocasiones; la voluntad de mi papá fue equis cantidad de dinero. -¿seis millones de dólares? –Así es. Sin embargo, estudiando bien la situación, armando el rompecabezas, nos damos cuenta de que compró nuestro silencio para que nunca lo denunciáramos.

Arturo Jurado. Ex legionario, denunció el abuso por parte de Maciel ante el papa Juan Pablo II.

Era 1950, o sea que tenía 12. Ya estaba en España; no había comunicaciones ni nada. Creo que teníamos orden de escribir una vez cada mes, pero nunca nos enseñaban las cartas o muy de repente. Siempre leían nuestras cartas, y si estaban bien las mandaban; si no, no. En 1953 me enviaron a Roma para hacer el noviciado. Viendo las cosas en retrospectiva, yo diría que Maciel siempre me tenía ganas a mí. Siempre me decía que por qué no iba a su cuarto. Yo nunca fui. Porque él siempre, según esto, estaba enfermo, y como que me echaba indirectas pero en público, y yo nunca acepté nada. Solamente lo acepté una vez que en Roma me mandó llamar; entonces ahí sí ya eran órdenes. Me llamó porque quería estar conmigo; siempre decía que estaba enfermo, que le dolía mucho el estómago, la ingle, y que tenía permiso del papa para masturbarse; que el papa Pío XII aparentemente le había dado permiso de aliviarse con monjas o con mujeres, pero él no quería porque era muy santo y prefería sufrir solo sin esa ayuda de la cual tenía dispensa, según él. Días después me envió con un chofer a la iglesia de Santa María della Valle, en Roma, para que hablara con el cura de ese lugar acerca de la masturbación, pidiéndome que le mencionara que en la Biblia no censura a David por dormir con la Sulamita. Yo pensé: “Sí, pero en ese caso es hombre con mujer, no hombre con hombre”, pero no le dije nada a Maciel. Creo que me mandó allá porque él quería encontrar alguien que le dijera que lo que hacía estaba bien, se quería justificar… se quería justificar. -¿Pero por qué a través tuyo? –Ah, porque yo estuve ahí un día y no vio que yo gozara con eso o algo así. Ten en cuenta que ahí era cien por ciento tipo nazi, tipo militar. El cuarto voto. Sin cuestionar. –Entonces en Roma él te llama y no tienes otra más alternativa que ir. Vas con él, ¿y qué sucede? – Me masturbó; pero vio que no me gustaba eso. Yo fui como su enfermero un tiempo. Un día estaba todo desnudo en la cama y me pidió de favor que le diera un masaje y le aplicara talco o crema. Mucha gente no entiende, pero uno está hecho tipo militar, como me imagino que un nazi le dice a otro: “Mata a ése”, y ¡pum!, lo mata. Punto. Algo así, sin pensar. ¡Es obediencia ciega! Entonces yo le di masaje, y en un momento dado me preguntó: “Yo no te gusto, ¿verdad?” ¡No supe ni qué decir! Pero se veía que él me estaba observando y como que vio que conmigo no había chance. Me quedé helado. Yo lo hacía como enfermero; no le andaba diciendo, “¡Ay, qué piernotas!”¡No, uno era muy inocente! Eso es lo que la gente no alcanza a ver. Ignorante, tonto e inocente. Creo que vio que no era uno de los suyos. -¿Qué edad tenías en ese momento? -Como 15 años. –Y cuando trabajabas como enfermero, ¿seguías realizando eso contra tu voluntad? Pocas veces más, porque luego ya no duré. ¿Sucedió en varias ocasiones? –Sí, pero sospecho que él veía que yo no era de su tipo. No vio nada que dijera: “A éste si le gusto”. -¿Eso cuánto tiempo duró? –Lo cuidé como una semana entera, día y noche. -¿Qué significaba cuidarlo? –Estar todo el tiempo ahí con él. Día y noche. Le ponía inyecciones. -¿De Dolantina? –Pues mira, yo hoy mismo no sé nada de drogas. -¿Aún crees que estaba enfermo? –Era adicto a las drogas. Él mismo se las ponía también. Yo se las conseguía a veces. En la Salvator Mundi, una clínica en Roma propiedad de unas monjas que varias veces nos dieron drogas.

Después de eso regresé a mi comunidad y me acuerdo de un detalle que pasó con mi superior, que era el padre Lagoa, de España. Muchos decían que era corto de mente y era bajito, pero con un carácter súper duro. Un día le dije: “No tengo hambre, no voy a comer”. Se enojó, me castigó. Porque decía que yo estaba razonando y eso era un crimen para ellos. Sólo tenías que obedecer. Obedecer nada más, a ciegas, sin pensar ni nada. Lagoa dio una mala evaluación mía y Maciel me mandó a Salamanca con la orden de que no hablara con nadie.

Siempre te predican que si te sales te vas a ir al infierno y que te están esperando todos los demonios para torturarte, y todo el mundo lo creía.

Para él no existían las reglas. Voto de obediencia, de castidad, pobreza, eso no existía para nada. Para él no, pero para los demás sí. Lo que predica la iglesia creo que es bueno, aunque ellos no lo cumplan. Yo sí creo en la disciplina.

En 1956 Maciel se compró un carro de dos colores, un Chrysler New Yorker, precioso coche, todo automático, una mentada de madre para los pobres. Según él, se lo regalaron. El doctor Barba supo que lo compró en Tánger, que era un puerto libre. A nosotros nos decían que el coche era necesario para el Reino de Cristo.

Cuenta el doctor Barba que uno de sus benefactores dijo al final de su vida, en el lecho de muerte: “Este hombre fue un pillo, nos engañó a todos”.

José Antonio Pérez Olvera. Ex legionario, denunció el abuso por parte de Maciel ante el papa Juan Pablo II.

Nos levantábamos a las cinco y media de la mañana; teníamos 10 minutos para los hábitos de higiene, aunque no teníamos agua caliente; con agua fría aunque lloviera o hiciera calor. Eso es buena disciplina. Después pasábamos al a capilla a las primeras oraciones; nos subíamos a nuestro cuarto y había 50 minutos de meditación; aunque nunca nos enseñaron a meditar, nunca. Era una meditación cerebral; no es como la meditación oriental en la que te tienes que relajar, visualizar, y que de veras te imprime cambios muy buenos.

-Maciel ha quedado marcado para la historia como un gran monstruo. –Como un gol histórico de la perversión y la corrupción del Vaticano. No hablo de los católicos; hablo de la curia, y no de todos. Nos molesta que digan que estamos atacando a la Iglesia. La Iglesia somos mil millones de católicos y lo único que estamos haciendo es señalar con el dedo a aquella gente que nos hace sentir vergüenza de ser católicos.

Entonces vino don Ángel Morta Figultz, un vasco, que era capellán de la embajada de España en el Vaticano y daba ejercicios espirituales a ministros de Franco. Don Ángel Morta vino, nos impuso unos ejercicios de mes en Salamanca, ejercicios espirituales. Había venido a México; lo trajo Maciel. Le habían hecho un libro sobre la castidad; siempre adelantándose a todo Maciel. Y tratamos con él de forma familiar, de tal manera que te puedo decir que ya había un trato casi de amistad. Entonces, casualmente nos imparte ejercicios de mes y pido hablar con él. “Don Ángel, quiero salirme.” “¿Por qué te quieres salir?” No le dije: “Abusó de mi Maciel”, no. “No me siento a gusto.” “Y ¿por qué no te has salido?” Así. Él había escrito un libro sobre la elección de estado. Porque Maciel era de la teoría de que si Dios te llama y tienes vocación, si te sales, o si no respondes al llamado que Dios te hizo, ¡fíjate!, entonces Dios no está obligado a darte las gracias que te hubiera dado si hubieras sido consecuente con tu vocación y corrías el peligro de condenarte. Así, atrapado sin salida. Entonces le digo a don Ángel: “Porque no me siento a gusto”. “¿Y por qué no te has salido?” “Porque el padre Maciel me dice que si me salgo me condeno.” Todavía creía que se desayunaba, como yo digo irónicamente, con el Sagrado Corazón todos los días. Acordaba con él. Y entonces me dice: “¿Quién te puede decir que tienes vocación o no la tienes?” Me lo dijo enojado. “¿Me permites hablar con el padre Maciel y que me diga todo lo que les has dicho aún en confesión?” “Sí”, le dije. Al fin que nunca me había confesado con ese pelafustán. Pasan unos días y me llama: “¡Pepe Toño, ven!” “Sí, don Ángel.” “Ya hablé con Maciel.” Fíjate qué hermoso, me dice: “Bajo mi responsabilidad, ¡salte! Yo asumo este compromiso con Dios; tú no vas a tener ninguna responsabilidad de lo que yo te estoy diciendo”. –Fue la liberación. –Soy muy chillón, me eché a llorar. “Ese compromiso lo asumo yo con Dios.” Luego fui a hablar con el pérfido de Maciel y me dice: “¡Pipi Toño, ya te saliste con la tuya! Pero yo sigo diciendo que tienes vocación ¡y estás jugando tu condenación! ¿Y cuántos años estuviste aquí?” “Dieciséis años.” “Ponle a dos dólares por día. Vamos a hacer cuentas; me debes tanto.” Y yo le dije: “Nuestro Padre, todo lo bueno que soy se lo debo a usted”. No sabía decir groserías, si no le hubiera dicho: “¡Chinga tu madre!” -¿Se lo dijiste irónicamente o creyéndolo? No, creyéndolo. Le digo: “Nuestro Padre, todo lo que he recibido, no tengo con qué pagárselo”. Se lo conté a mi tía Pachita, Francisca Pérez, una de las principales benefactoras de Maciel en sus inicios, y me dijo: “Pero si yo te daba la beca, Pepe Toño. ¡Yo te daba la beca! ¡No le debes nada!”

Un tipo seductor, con encanto. No tenía doble personalidad. ¡Al mango con eso! Tenía doble vida. Una personalidad de juego piadoso aparente y de perversidad interna. No tenía escrúpulos; te puedo decir que era ateo. No creía en Dios, me atrevo a decirlo. ¿Por qué lo dices? ¡Porque veías que no lo sentía! En su actitud era un ateo, no creía en Dios. Porque si hubiera creído en Dios no hubiera hecho las barbajanadas que hizo; hubiera tenido un freno. Es el engañador más grande que ha tenido la iglesia católica en el siglo XX. ¡Es una afrenta a la iglesia católica! Y te digo, no hubiera podido llegar tan alto si no hubiera tenido apoyo dentro del Vaticano. Mi teoría es que Maciel sedujo a Juan Pablo II. Lo envolvió en su encanto. Logró conquistarlo. Mira cómo le otorgó su sala de audiencias para que le hicieran un homenaje a este pelafustán. Por eso te digo, lo sedujo, no sexualmente, sería aventurado y no soy quién para decirlo, pero que lo sedujo, lo sedujo, y lo hizo una piltrafa a sus órdenes. Tenía derecho de picaporte. -¿Juan Pablo II hacía lo que Maciel decía? -Yo creo que sí. Personalmente me pongo a analizar cuál fue la vida de Juan Pablo II: actor, escritor de teatro, vivió en dos regímenes totalitarios, uno nazi y otro marxista. Como quieras, con su autonomía de arzobispo de Cracovia, lo que tú quieras, vivía aislado del mundo occidental. Llega al papado, joven, apuesto, con una voz cautivadora y encuentra a un pillo que lo seduce y le dice: “Su Santidad, usted se debe a las multitudes”. Y empieza a organizarle, tipo nazi. -¿Es Maciel el que le da ese tono a su papado? -Sí, Carmen. Sí. ¿Quién trajo al papa? ¿Quién viajó en el avión que traía al papa? Maciel.

¿A quién llevó Juan Pablo II en el aniversario de la conquista de América? No llevó a los jesuitas, a los franciscanos, a los dominicos; ¡llevó a Maciel! A Santo Domingo. Estábamos ¡indignados! ¿Por qué estaba dándole la espalda a toda la labor de evangelización? Y Maciel representa evidentemente la idea esa de la neoevangelización.

-¿Tenía cuates de parranda? –Parranda espiritual, digamos. Oye, se estaba sabiendo, yo no sé, pero son chismes, que el Vaticano sabía de sus viajes a Tailandia, a Bangkok. -¿Turismo sexual? -Pato [Patricio Cerda] me comentó vía telefónica que un día en Ibiza cerró un bar gay. No sé si te lo comentó Raúl [González Lara], que en Bogotá lo llevó a un espectáculo de zoofilia. ¡Es tremendo!

Él tenía un sexto sentido para saber dónde y cómo seducía. Sabía hacer regalos bien. Era muy bien parecido. Era fino, tenía trato, aunque esporádico, porque no podía sostener una conversación. De veras. Para mí Maciel es un fuori serie. ¿Cómo, en palabras de él, sin haber llegado al sexto de primaria, conquistó a los más picudos de la cura vaticana? Sabía halagar. Y luego su doble vida. Te aseguro que el Vaticano sabía de su vida privada. ¿Por qué no hizo nada? Y por otro lado, Maciel tenía una gran intuición para hacer negocios. -¿Lícitos o ilícitos? –De todos. Le valía gorro. No tenía escrúpulos. El comisario va a tener que investigar dónde está la fuente de toda la potencia económica que tenía Maciel y va a encontrarse que no es de los Legionarios de Cristo. Como buen empresario, no ponía nada a nombre de la Legión. Por ejemplo, te doy el caso de mi tía Pachita: Maciel no esperó a que lo heredara; inmediatamente le quitó de manera elegante la propiedad de su casa y de un edificio, y lo puso a nombre de un fideicomiso Fuentes Brotantes. Antonio Roqueñí nos dijo que lo que tienen registrado los Legionarios, por ejemplo de la Universidad Anáhuac, era la capilla, ¡nada más!

Lucile Servitje. Teóloga, hija de Lorenzo Servitje, dueño de Bimbo, quien boicoteó los medios de comunicación que denunciaron a Maciel.

Era satisfacer las necesidades de una persona por estar bien con Dios o bien con su conciencia; lo confunden muchísimo en esos estratos: ofrecer una salida a través de una forma de vivir la religión en la cual puedo legitimar el sentirme superior a los demás y puedo legitimar un nivel de vida, un estilo de familia, poco solidaria y poco abierta a los demás; puedo legitimarlo allí, sin ninguna preocupación, porque está sancionado por las donaciones que yo dé a esta obra en concreto… -Eso me salva. -¡Sí, eso me salva! Y más bien eso justifica que yo siga donde estoy y todavía haciéndome más poderoso; porque eso es lo bueno, según lo entienden ellos. Que hayan tomado como nombre el Reino de Cristo ¡es de las cosas más duras! No sé si fue una gran habilidad o no sé qué haya sido, porque después del Vaticano II, la Teología de la Liberación dice concretamente: “Lo que importa para una persona que ha entendido el Evangelio no es que la iglesia siga o no siga; la Iglesia es una mediación para que se pueda vivir aquí como si Dios mandara, es decir, el Reino de Dios o el Reino de Cristo”. Y entonces el Reino es una categoría muy importante para la Teología de la Liberación. Es la categoría que le da la iglesia su papel de mediación y no de centro. –No un fin en sí misma. -¡Para nada! Hans Küng, que no es de la Teología de la Liberación, dice: “Cuando el Reino sea posible no habrá necesidad de la iglesia”. Que Maciel se haya centrado en el Reino es muy hábil.

Hay que ver qué está pasando en nuestra sociedad para que la mala cepa de Maciel se haya implantado con tal fertilidad y con tal fuerza. Debemos revisar los tres frentes de los Legionarios: familia, educación y moral. Son familias fundamentalmente insolidarias, donde el sistema patriarcal pesa muchísimo y no hay posibilidad de vivir este trenzado o tejido de lo materno y lo paterno bien armado. Porque idealmente lo materno y lo paterno hacen un tejido de solidaridad y autonomía; en cambio, lo que nos encontramos en los regímenes patriarcales es un padre ausente, autoritario, que genera una gran idealización en el hijo que al mismo tiempo se siente que no lo merece, pero que lo idealiza; y una madre gratificadora, presente, pero obligadamente presente, cuya gratificación no es valorada. Esto genera un acto de pedir y pedir más, una dependencia no agradecida. En lugar de un agradecimiento maduro que lo lleve a ser una persona que da, se queda con esta idea: “No me dieron y por eso me tienen que seguir dando”, y lo que se forma ahí es insolidaridad. Es la familia nuclear conyugal que propicia mucho el estilo neoliberal y legionario. Los Legionarios propician este modelo de familia, muy consumista, porque el consumismo sirve para que la familia nuclear se mantenga unida y ése es su valor principal, la solidaridad hacia fuera es secundaria. Y de muy poca consideración a la mujer, a lo mejor podía salir, hacer cosas y ocuparse, pero ellos decían: “Nada de ir a cuidar a los niños de las muchachas y dejar a tus hijos con las muchachas”. Genera el “primero me ocupo de mi núcleo” y eso también es el “divide y vencerás”. Familias aisladas. Ahora, a nivel educativo, toda esta educación competitiva, individualista, que algunos podrían llamar “muy moderna”, porque quieren estar al día de todas las técnicas y los adelantos que puedan tener al alcance con sus grandes recursos, sigue generando insolidaridad. Lo que importa más es el indivualismo. Finalmente es: “Mi triunfo sólo es posible si hay otros que no triunfan”. Esto sí es muy característico; obviamente no sólo de los Legionarios. Puedo decirte que a los jesuitas se les va a veces por ahí, pero no es un diseño.

A veces el saber poco ayuda a poder mucho, porque uno se cuestiona menos, porque es el “Voy derecho y no me quito”. Una de las grandes ayudas que tuvo Maciel en este gran poder fue precisamente poseer muy poca cultura; entonces muy probablemente no lo sabía pero se montó sobre lo que había.

-¿Qué decir de esas personas que creyeron hasta el final en Maciel? –Es como cuando uno ve a una persona en una relación de abuso y le dice: “Ya salte de allí, ¿Por qué insisten en no darte cuenta?” Y que te dice: “Pues no puedo, ¡no puedo!” Y busca todo tipo de racionalizaciones de ahora son más peligrosas que las de antes. Es entendible que alguien idealice al idealizado, pero que ahorita, a sabiendas se quieran quedar adentro… Están arañando las paredes con argumentos casi sin fondo. Unos tan dolorosos como decir: “Maciel fue un perverso, pero fue un genio y bendito sea Dios que no dio este genio, porque si no, no tendríamos una obra como la que tenemos”. El retorcimiento moral que hay ahí… Están volviendo a la doble moral, a la justificación de las malas acciones para generar un bien, que puede ser, en mi opinión, muy peligroso.

También es cierto que esta otra reacción de quererlo tapar es quizá más fuerte. El grueso de la élite quisiera más darle carpetazo al asunto que buscar un verdadero cambio. Se prefiere eso a meterse y a comprometerse con una verdadera reforma de loa Iglesia, una reforma de la sociedad.

-Ante la disyuntiva de refundar o refundir a la Legión, ¿qué debería ocurrir? –Si refundar es ir a las fuentes, pues obviamente refundar. Irse a las fuentes del Evangelio es incluso decir que no hace falta que haya Iglesia; lo que hace falta es que haya un genuino Reino de Dios. Los obispos no tendrían que preocuparse por quedarse sin trabajo; nunca van a estar sin trabajo, porque su deber no es únicamente atender a los que se denominan católicos en un censo, sino que su función es que se gobiernen como Dios manda.

Imagino que Maciel no se la pasó tan bien en épocas de Juan XXIII y de Paulo VI. De alguna manera; su gran puente fue haber podido librarla durante estos dos papados y pasar de Pío XII a Juan Pablo II, donde vuelve a vender esta idea de que se está perdiendo el poder de la Iglesia: “Yo le ayudo en lo que usted necesite para que la Iglesia no pierda el poder”.

Hay que entender que nuestras autoridades son seres humanos, tan humanos como nosotros, y que si tienen una función es responsabilidad de ellos ver cómo la van a cumplir; pero eso no quita que también nosotros debamos asumir nuestra responsabilidad en esto.

Una cosa es el perdón y otra cosa mucho más difícil es la reconciliación. La mayoría de las veces casi todos podemos perdonar. Si leemos la biografía de Maciel podemos entender una infancia que lo llevó a eso y a decir seguramente si Dios es enormemente misericordioso, Maciel está perdonado. Como de lo interno nadie juzgamos, como no puedo entender por qué actúas como actúas, te puedo perdonar. Otra cosa es que yo me reconcilie contigo. La reconciliación es un proceso que lleva muchas etapas. La otra cuestión es que jamás se nos puede ocurrir otorgarle perdón a nadie en nombre de otras personas. Es un proceso doloroso y difícil, pero creo que atreverse a pasar por procesos de reconciliación es lo que realmente nos libera. –Perdón, reconciliación sí, pero ¿dónde dejas a la justicia? -Como un elemento de la reconciliación. Sabiendo que la mayoría de las veces en muchas circunstancias históricas jamás va a haber una justicia matemática, una justicia plena de las cosas. Yo pienso – ahí si no lo sé de casos graves, de injusticias graves -, que de las injusticias normales que yo he recibido en vida, no me interesa que la persona que me ofendió viva lo que yo viví; no me interesa la venganza o la revancha. Pero sí me interesa que la otra persona lo reconozca. En el caso, por ejemplo, de Pinochet, a mí no me interesaba que sufriera las torturas y la muerte que él dio a otras personas, pero sí me interesaba muchísimo que ya no fuera reconocido como un hombre de bien. Y que de alguna manera él se viera por lo menos en una situación de humildad frente a aquellos a quienes dañó. Esa parte la considero básica en un momento de justicia.
Maciel era equiparable a Hitler y Mussolini, sólo que Maciel tuvo la genialidad de no pararse sobre una ideología que fue muy fuere, perversa, pero que sólo duró unos cuantos años. Y que Maciel tuvo la genialidad de pararse sobre la Iglesia católica y por eso trascendió en el tiempo y en el espacio.

Es lógico que eso fuera como la gota que derramó el vaso, lo definitivo, por lo que te dije hace un rato, por la forma en que se minimizaban los pequeños o grandes actos de pederastia homosexual, esto de personas de otras familias diciendo: “Pues a todo el mundo le pasa”; pero ya no a todo el mundo le pasa o ya no es minimizable el que exista una hija con ADN demostrable. Es una afrenta enorme; ojalá sea una de las últimas bofetadas que se les dan a las víctimas: “¡Ah, eso sí es grave! Que a todos ustedes los haya violado, eso a todo el mundo le pasa; pero que haya tenido una hija sí está grave”.

Confundir la religión del poder con religión del empoderamiento o de la liberación. Debemos aprender un esquema de Iglesia horizontal.

Juan José Vaca. Ex legionario, denunció el abuso por parte de Maciel ante el papa Juan Pablo II.

De día Maciel era un padre, era un santo con nosotros. Todo era limpio, toro era puro y se transformaba cuando decía misa. De noche la enfermedad lo trastorna, pierde conciencia y hace esto.

Me iba a buscar niños por los pueblitos como hizo Maciel conmigo. Los reclutaba según las instrucciones que había recibido de la Legión; tienen que ser de buenas familias, guapos e inteligentes. O sea que los feos no son material para los Legionarios. –Y tú lo hacías. –Pensaba que así lo quería Dios y no cuestionaba nada. Éramos robots. “Dios muchas veces escribe recto con algunos renglones torcidos”. Ésa es la mentalidad que nos inculcaron.

“Mi querido hijo en Jesucristo – todavía me seguía llamando así -, ha llegado a mi conocimiento – estoy tratando de parafrasear los términos – que usted se ha entrevistado con bienhechores nuestros para desacreditarme. Si me llego a enterar que persiste en eso, usted sabe que tengo los medios para que no vuelva a ocurrir jamás.” Conociéndolo, era una frase velada para decir que podía hacerme desaparecer de cualquier manera.

“Bueno, datos sí tuviste. Fuiste [Álvaro Corcuera] rector en el Colegio Mayor en roma durante 12 años. Sabías que Maciel se ausentaba por semanas y semanas sin que se conociera a dónde iba. Sabías que siempre viajaba con dinero contante y sonante. Nunca tuvo una cuenta de banco, nunca usó una tarjeta de crédito. Sabías que se hospedaba en hoteles de primera clase en contra de sus votos. Sabías que viajaba en el Concorde. El abuso del dinero, tú lo conocías. Sabías que siempre comía aparte, con los mejores manjares, que nunca comió con el resto del grupo del colegio. ¿Y tú que deducías de todo eso? ¿Te parecía que era un hombre honesto, un hombre virtuoso?”. Dice “Bueno, pues sí. Pero de lo otro no”. ¿Qué quiere decir con eso de que ‘de lo otro’?” “Pues que tenía mujeres, que tenía hijos. Eso no lo supe hasta que fui superior de la congregación.” Entonces le pregunto directamente si Maciel había abusado sexualmente de él. Baja la cabeza, no me mira a los ojos, y dice que no. ¿Me está mintiendo? En cierta manera sí; pero también está protegiéndose, lo está procesando todavía. –Y tú no insististe. –No, lo que vi me bastó.

Tres pasos adelante dos para atrás

Charles R. Swindoll

Tres pasos adelante dos para atrás

Tres pasos adelante dos para atrás


El autor no insta a mantener la perseverancia a través de las presiones. Presiones que van desde los malentendidos, temores y ansiedad hasta los errores, pérdidas y defecciones. Los capítulos referentes a los imposibles y la paciencia son bastante interesantes. Calificación de 10.

Defección: Acción de separarse con deslealtad de la causa o parcialidad a que pertenecían.

Personas como usted y yo nos encontramos sosteniendo peligrosamente cargas pesadas de ansiedad que penden de los muy delgados hilos de la paciencia. Con frecuencia tales hilos se cortan y necesitan reparación.

Dios no nos promete una burbuja de protección ni una liberación garantizada de la calamidad. ¡Pregunte eso a individuos como Job, José, Daniel o Pablo!

Primer error: Por el hecho de que usted es cristiano, todos sus problemas están resueltos. Le hacemos un servicio muy malo al inconverso cuando le decimos: “Acuda a Cristo, y todos sus problemas se habrán acabado”. La Biblia nunca dice eso. Ella promete que seremos nuevas criaturas; nos asegura que tendremos un destino cierto; pero no nos garantiza que, tan pronto como Cristo entra en la vida de una persona, ésta se deslizará sin contratiempos. ¡De hecho, en algunos casos los problemas aumentan y el camino se hace más duro!

Segundo error: Para todos los problemas que vaya a enfrentar hay solución en la Biblia. No la hay. Es muy imprudente hacer declaraciones amplias y generales en aspectos acerca de los cuales no hablan las Escrituras. Hay muchas ocasiones en que no hallamos una respuesta explícita en la Biblia para nuestro problema particular. En tales ocasiones nos vemos obligados a andar por fe, confiando que el Señor nos indicará el siguiente paso que debamos dar. La Biblia simplemente no ofrece una respuesta específica para todos los problemas de la vida.

Tercer error: Si tiene problemas, no es espiritual. ¿No es una vergüenza que esta idea se comunique en muchos lugares hoy? ¡El hecho de tener un problema simplemente prueba que usted es humano! Todos tenemos problemas, y usted no carece de espiritualidad por el hecho de que esté luchando con un dilema. En efecto, algunos de los hombres y mujeres más espirituales que jamás haya conocido yo, han luchado con algunos de los más profundos problemas de la vida.

Cuarto error: El hecho de estar recibiendo sana doctrina bíblica automáticamente resuelve los problemas. La enseñanza bíblica sola no dará como resultado la solución instantánea de los problemas. No importa cuán confiable sea la enseñanza ni cuán dotado sea el maestro, la declaración de la verdad no ofrece la remoción de las dificultades.

Pensemos en las Escrituras como un mapa absolutamente exacto. Un mapa nos dice cómo llegar a cierto destino. Pero el solo hecho de examinar el mapa no nos transportará automáticamente a Arizona, a Inglaterra o al Perú. Para llegar a esos lugares, usted tiene que hacer el esfuerzo . . . pagar el costo . . . apartar el tiempo para viajar .. . seguir el viaje hasta llegar. Así es en la vida cristiana. El mapa de Dios es confiable y está a la disposición. También es claro y directo. Pero en sus páginas no hay fórmulas mágicas que automáticamente despachen a sus lectores por la vía de la alfombra mágica

La madurez es un proceso que a mí me gusta llamar “osmosis espiritual”. Oímos y absorbemos la verdad bíblica, y luego, permitimos que esa verdad penetre en nuestras vidas internas profundamente hasta donde se forman las actitudes y se hacen las decisiones. Luego, cuando surjan circunstancias que exijan una respuesta sobrenatural, el Espíritu Santo que mora en nosotros tiene suficiente munición para darnos estabilidad y poder para que les hagamos frente. Esto obra en toda clase de experiencias difíciles. Cuando lleguen las irritaciones, obedezca a Dios y, al hacerles frente, ponga en práctica su Palabra. Cuando lleguen las tentaciones, aplique los principios bíblicos que le ayudan a hacerles frente de manera victoriosa. Cuando surjan los pecados de la carne, aplique las verdades que se le han enseñado. Mediante la experiencia de toda esta aplicación, llegará a ser sabio y más maduro.

Nuestras mentes caídas son así. Y cuando decidimos entender mal, avivamos el fuego de la exageración. Y si alguna vez usted ha sido mal entendido, ya sabe de qué estoy hablando. A medida que el tiempo pasa, el asunto va empeorando, en vez de mejorar. Eso es parte del aguijón que se sufre al ser mal entendido.

El único músculo que usted necesita para quebrantar la dignidad de otra persona es uno que está escondido dentro de su boca. Puede destruir una vida con su lengua. Leí de un caso en que una mujer que se suicidó dejó una nota que simplemente decía: “Ellos dijeron . . .”. Nunca terminó. “Ellos dijeron” algo que la mató.

Nosotros crecemos espiritualmente a través de los malentendidos. Por medio del malentendido llegamos a ver al Señor como nuestro Defensor. Usted puede acostarse tranquilo por las noches al saber que, aunque la lengua de su acusador puede estarse moviendo, Dios tiene a su cargo la situación.

Usted nació en la familia de Dios; así que no se contente en vivir como un huérfano.

Dios nos susurra en los placeres, nos habla en la conciencia, pero nos grita en nuestros dolores: es su megáfono para despertar a un mundo sordo.

Los humanos somos criaturas extrañas. Cuando nos perdemos del camino, andamos más rápido. En vez de hacer una pausa para reagruparnos, vamos de lugar en lugar.

El doctor Thomas H. Holmes y sus colegas de la Universidad de Washington han hecho una considerable investigación en el área de la tensión humana. Ellos midieron la tensión en “unidades de cambio de vida”. En la escala de ellos, la muerte del cónyuge equivalió a 100 unidades de cambio de vida. El divorcio equivalió a 73 unidades. El embarazo, a 40, la remodelación de la casa, a 25 … y la agitación por las fiestas navideñas llegó a 12 unidades (¡lo cual no es sorprendente!). Ellos llegaron a la conclusión de que, desde el punto de vista estrictamente humano, ninguna persona puede manejar con su propia fuerza 300 unidades o más de cambio de vida en un período de 12 meses, sin que sufra física o emocionalmente en el transcurso de los siguientes dos años.

Nuestras pruebas no son superficiales ni carecen de importancia. Son vehículos de gracia que Dios usa para traernos crecimiento.

Dios dice que él es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. El está inmediatamente disponible. ¿Se da cuenta usted de que en cualquier parte donde esté viajando, y a cualquiera hora del día, puede llamarlo, y él le responderá? El ni siquiera exige nunca que establezca una entrevista. Nunca lo coloca en una “lista de espera”. No; él dice: “Te ayudaré ahora mismo”. El es un Auxilio pronto e inmediato.

¿Cuándo llegaremos a comprender que las ventiscas de nuestras vidas son permitidas por Dios? Esas tormentas amenazantes están diseñadas para que reduzcamos la velocidad, para hacer que nos subamos a sus brazos, para obligarnos a depender de él.

¿Ha pensado alguna vez en el mensaje de Dios cuando pierde a algún ser amado?

Tenga en mente que la Biblia es un libro de realidades. Eso fue lo que me atrajo a ella hace años. Ella no ensalza a los santos; dice la verdad acerca de ellos. Los pinta como son. Cuando actúan como hombres de Dios, ella los presenta como tales. Y cuando fracasan, descubre eso. La Biblia no anda con rodeos.

Job no merecía sufrir las pérdidas que experimentó. Todas las pérdidas no vienen por causa de hacer lo malo. Algunos del pueblo de Dios que sufren grandemente, no lo merecen, desde el punto de vista humano.

Cuando ustedes vean que su sueño muere, y piensen que llegó el fin; cuando vean que el romance fracasa, Dios dice: “¡Oye! Aún estoy aquí. ¿Me recuerdas?” Tales tiempos difíciles nos sazonan, nos atemperan . . . nos maduran. Las pérdidas dan temple a nuestras vidas, que de otro modo serían frágiles.

Bayly menciona en su libro que una de las mejores contribuciones que podemos dar a una persona que está pasando por intensos sufrimientos y pérdida es hacer acto de presencia sin decir palabra, ni siquiera descargar versículos bíblicos en el oído del que está afligido. El escribió: No trate de probar algo al que sufre. Ponerle el brazo sobre el hombro, tomarle fuertemente la mano, darle un beso: éstas son las pruebas que necesita el afligido, no razonamientos lógicos. Yo estaba sentado, desgarrado por la aflicción. Alguien llegó y me habló acerca de los tratos de Dios, de la razón por la cual esto sucedía, de la esperanza después del sepulcro. Me habló constantemente, me decía cosas que yo sabía que eran ciertas. Yo estaba inmóvil, lo único que deseaba era que él se fuera. Al fin se fue. Vino otro y se sentó junto a mí. No habló nada. No hizo preguntas fundamentales. Simplemente, se sentó junto a mí durante una hora o más, oyó cuando yo dije algo, respondió brevemente, oró sencillamente, y se fue. Me conmoví. Me sentí consolado. Lamenté que se fuera.

Crea en Jesucristo, y usted entrará en un mundo de pruebas que nunca antes conoció, por cuanto habrá llegado a ser objeto del mismo Jesús, y en su vida han de ser formados los rasgos del carácter de él. Y francamente, no se pueden formar sin el fuego y la pérdida. Puesto que nuestra meta es glorificar a Cristo, podemos esperar alguna pérdida. Cuando usted sufre y pierde, eso no significa que está desobedeciendo. De hecho, eso pudiera significar que está precisamente en el centro de la voluntad de Dios. El sendero de la obediencia se caracteriza a menudo por tiempos de sufrimiento y pérdida.

Si usted no está actualmente en tal aprieto, no pasará mucho tiempo sin que lo esté. Si las cosas parecen un poco difíciles hoy, simplemente espere: ¡pronto serán imposibles!

Probablemente, Felipe no era el más inteligente del grupo. (Personalmente creo que Judas era el más aguzado de los 12 apóstoles. A propósito, a menudo se cumple eso cuando se trata de lobos y de falsos profetas.)

Cuando uno se enfrenta a una imposibilidad, hay que dejarla en las manos del Especialista. Niéguese usted a calcular. Niéguese a dudar. Niéguese a resolverla por su propia cuenta. Niéguese a preocuparse o a animar a otros para que se preocupen. Opóngase a eso. En vez de ello, diga: “Señor, tengo algo que no puedo manejar. Como tú no sólo puedes, sino que también estás dispuesto y ansioso de ayudarme, quita esto de mis manos. Para mí es imposible, pero para ti no lo es”. La perseverancia a través de las presiones de las imposibilidades exige esa clase de confianza. Ahora bien, nuestro problema está en que nos aferramos a nuestros problemas. Si usted nota que su reloj suizo de pulsera no funciona, no se sienta en la casa con un destornillador y comienza a arreglarlo por su propia cuenta. Lo lleva al especialista. ¿Qué pasa si se pone a trabajar con el reloj y luego se lo lleva al especialista? —Señor, mi reloj dejó de funcionar. — ¡Ah, verdad! Vamos a ver qué le pasa . . . ¿Qué le hizo usted a este maravilloso reloj? El problema está en que el Señor recibe los desechos. Nosotros cometemos todos los errores y hacemos incontables nudos mal hechos, y luego tiramos el asunto al regazo del Señor y le decimos: “Aquí lo tienes, Señor”. ¡No! En el mismo comienzo, diga: “Es imposible. No lo puedo manejar. Señor, antes que yo lo eche a perder, te lo entrego”. El puede manejarlo.

Algunos de nosotros preferiríamos hacer lo malo en vez de esperar.

No creo que necesitemos amplia enseñanza sobre esperar. ¡Lo que necesitamos son largos períodos de práctica!

Nosotros crecemos y aprendemos, no cuando las cosas vienen instantáneamente por nuestro camino, sino cuando nos vemos obligados a esperar. Así es como Dios nos atempera y nos sazona; nos ablanda y nos madura.

Hay una diferencia definida entre las pruebas y las tentaciones. Las pruebas son experiencias severas que fortalecen nuestra fe. Normalmente, en una prueba no hay nada inmoral. Es simplemente una penuria, una experiencia difícil. Pero por lo general, no es algo malo, ni producido por el mal. […] La tentación es el acto de incitar a hacer el mal mediante una promesa de placer o ganancia. […] La tentación lo motiva a uno a hacer lo malo mediante la promesa de algo bueno. ¿No es ésa precisamente la obra del diablo?

Dios permite que en nuestra vida ocurran los eventos tal como ocurren. Pero cuando nosotros nos rendimos a las tentaciones que se nos presentan, Dios no tiene, en absoluto, parte en el acto nuestro. En vez de ello, lo que ocurre es que usted y yo hemos desobedecido, y nos hemos entregado a la tentación.

El pecado se produce cuando estamos de acuerdo con la tentación y la seguimos.

Usted es un necio, un simplón, si, sabiendo qué es lo que lo debilita, de todos modos sigue alimentándose con ello. Al traer constantemente tentaciones ante sus ojos y permitir que se asienten en su mente, usted está jugando a caer directamente en las garras del diablo. Si las relaciones con ciertas personas lo debilitan, absténgase de ellas.

“Los deleites temporales del pecado”. ¡Qué elocuente expresión! ¡Y qué verdadera! ¿El pecado es deleitoso? ¡Sin duda! Es tan deleitoso que las personas arriesgan su propia reputación para probarlo. Al hacerlo, todos los esfuerzos de nuestra mente para alertarnos sobre el peligro del pecado quedan neutralizados. Nos apartamos de las advertencias internas cuando nos volvemos al deseo.

Controle su vida pensante aprendiendo de memoria la Palabra de Dios.

Cuando uno comete un error por causa del pánico, simplemente comete el primero, y ése conduce rápidamente al siguiente, y así sucesivamente, como si fuera una fila de personas que juegan al dominó.

Esa es otra característica, de paso, de los errores bien intencionados. Uno piensa que todo el mundo lo entenderá.

Es notable el hecho de que los errores causados por algún punto débil pueden ser obvios para todos, menos para la víctima.

Inmediatamente, después de haber cometido un error, póngase de rodillas, caiga delante de Dios, y expóngale su vergüenza y desilusión.

Mark Twain escribió una vez: “Cada uno es una luna, y tiene un lado oscuro que nunca le muestra a nadie”. Pero Dios conoce ese lado oscuro. El lo ve claramente.

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades (Hebreos 4:15). Hay un gran consuelo en esas palabras. ¿Pero ha leído usted alguna vez los dos versículos que preceden al 15? El versículo 13 dice que nada está escondido de la mirada de Dios. “Todas las cosas están desnudas y abiertas ante sus ojos”, ¡y aun así él simpatiza con nosotros! Le diré que esto me llena de ánimo. Aunque nos aflija lo externo y nos perturbe lo interno, aunque seamos propensos a las equivocaciones, ¡él entiende!

“Los cristianos no son perfectos, sólo son perdonados”.

Sí, ni siquiera el hecho de llegar a ser cristianos borra nuestras imperfecciones. Todavía cometemos errores; aun errores estúpidos. Pero, gracias a Dios, el perdón nos da esperanza. Aún necesitamos mucho de esto.

¡A menudo, los que son sumamente inteligentes, que tienen un coeficiente de inteligencia de 130 o más, sufren más de sentimientos de inferioridad que los que están por debajo de ese número! De hecho, en los experimentos, tales individuos sufrieron mucho más que los otros. Y los que tuvieron un coeficiente de inteligencia relativamente bajo, en relación, tenían pocos problemas relacionados con sentimientos de inferioridad.

Una cubierta común consiste en adoptar el tipo de personalidad que frecuentemente llamamos el complejo de superioridad. Este es el tipo de persona que siempre parece estar por encima de las cosas. Estas personas frecuentemente tienen imágenes inferiores de sí mismas, pero no se puede ver eso en la superficie. Otro método para enmascarar el complejo de inferioridad es el sarcasmo. Un proceder sarcástico a menudo no es otra cosa que una cubierta o una compensación de los sentimientos de inferioridad.

Dios tomará nuestras incapacidades y las cambiará, y nos dará las palabras que debemos decir. Las incapacidades no tienen que descalificarnos.

Si usted va a hablar el mensaje de Dios, ha de expresar las palabras de Dios. El colocará sus palabras, no las de usted, en su boca. Alguien ha dicho que la diferencia real entre el predicador que habla en la carne y el que habla del Espíritu es que el que habla de la carne tiene que decir algo, mientras que el que habla del Espíritu tiene algo que decir.

Y Amasias dijo a Amos: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, y come allá tu pan, y profetiza allá (Amos 7:12) […] Entonces respondió Amós, y dijo a Amasias: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Vé y profetiza a mi pueblo Israel (Amós 7:14, 15). ¿Dónde tiene Amós fijos los ojos? En el Señor. Amós no solicitó este trabajo; Dios lo llamó. El Señor le dijo: “Vé y profetiza a mi pueblo Israel”.

Si no hubiera sido por sus pecados y por los míos, no hubiera habido necesidad de un Salvador. Dios lo amó de tal manera que envió a su Hijo. Incluso él busca que usted lo adore (Juan 4:23). A él le encanta estar con sus hijos.

El que frecuentemente se siente inferior es el que se concentra en aquella parte que no está terminada, en vez de concentrarse en la que se está perfeccionando o en la que ya está terminada. Dios está obrando en usted, pero él no ha acabado la obra todavía. Recuerde usted la palabra clave: ¡perseverar!

Los órganos vitales no son realmente los que se ven.

Una de las características del cuerpo es que se preocupa por sí mismo. Usted no puede decir nunca: “Me duele el dedo, pero me siento bien en todo el resto del cuerpo”. Eso no es normal.

Cuando estamos intimidados, cuando carecemos de confianza, invariablemente estamos más conscientes de la persona que nos ataca que del Señor.

Los que estudian sicología nos dicen que la ira tiene varias fases. Todos nosotros hemos experimentado algunas de esas fases. La ira puede comenzar con una irritación leve, que no es otra cosa que tal vez una experiencia inocente de disgusto, un suave sentimiento de molestia producido por alguien o por algo. Luego, la ira puede pasar de la irritación a la indignación, que es un sentimiento del que hay que responder a algo; tiene que haber una venganza del mal que se nos hizo. Pero tanto, la irritación como la indignación pueden producirse sin ser expresadas. Si se alimenta la indignación, conduce a la ira, que siempre se expresa. Los sicólogos nos dicen que la ira es un fuerte deseo de venganza. Luego, a medida que crece, la ira se convierte en furia. Esta palabra sugiere violencia, aun la pérdida del control emocional. La última fase de la ira es la cólera. Obviamente, la cólera, o rabia, es la forma más peligrosa de la ira.

La cólera es una pérdida temporal del control que envuelve actos de violencia; la persona airada escasamente comprende lo que ha hecho.

¡La ira es una emoción dada por Dios! Hay algo inhumano en la persona que nunca se aíra. Tiene una rara constitución. Nosotros seríamos rápidos en decir que el que no muestra compasión realmente no tiene corazón. Y el que no ama, bueno, hay algo terriblemente malo en él. Estas emociones fueron dadas por Dios, y él dice que las expresemos. Lo mismo es cierto con respecto a la ira. Dios dice: “Airaos”.

A menudo, los padres somos dados a la impaciencia, a la falta de comprensión real de los sentimientos de nuestros pequeños, de nuestros adolescentes, de nuestros jóvenes adultos que aún vivan en el hogar. Cuando exasperamos a nuestros hijos al tratarlos injustamente, y ellos responden con ira, esa ira se justifica. ¡No provoque a ira a sus hijos!

Sea sensible a su esposa y a sus hijos. No utilice el concepto de autoridad como un garrote brutal y sangriento, para enseñorearse de su familia. En vez de ello, sea una autoridad que sirve.

Cuando tenemos envidia de alguna otra persona, con frecuencia nuestra reacción es de ira, especialmente cuando dicha persona recibe alguna clase de elogio o promoción o atención de parte de otras personas. “ ¡Eso no es justo! Yo sí tengo el derecho de disfrutar de eso, ¡él no!” Esa clase de ira no se justifica.

La prueba real no se produce en el culto del domingo por la mañana. Se produce en el restaurante el viernes por la noche, cuando las cosas no nos salen como queremos.

Sinceramente, nunca llegaremos a ser hombres y mujeres de Dios sin experimentar algo de soledad.

Ante los ojos de Dios, es una gloria que usted sea suficientemente grande como para pasar por alto la ofensa. Cristiano, no busque pelea. No busque camorra. No defienda su punto de vista, ni su derecho. Esté dispuesto a conceder.

El único instrumento afilado que adquiere más filo con el uso es la lengua.

Ninguna persona se vuelve vil de improviso. No existe nada que se llame “defección instantánea”. La erosión se produce a lo largo de un período. Un pequeño compromiso es seguido por otro, y los dos son tolerados con un compromiso aun mayor. La defección a menudo comienza en la vida pensante y luego se abre camino hacia el corazón (hacia lo profundo, donde se toman las decisiones atrevidas, donde se forman las convicciones), y luego pasa a las acciones de la vida. Pero se necesita tiempo para que se desarrolle la defección.

En la primera epístola a los Tesalonicenses, Pablo escribió: “Absteneos de toda especie de mal” (1 Tesalonicenses 5:22). Si sólo tiene apariencia de malo, apártese de ello. Las personas que se comprometen y comienzan a desertar tienden a tolerar lo malo.

Muy a menudo, la defección se produce en tiempo de bendición y prosperidad, no en tiempo de prueba. ¿Sabe usted cuándo pecó David? En el cenit de su carrera. La vida de David pudiera representarse como el desplomarse de un avión que cuanto más sube, más impresionante es su caída. El se había movido desde la función de pastor de ovejas hasta la de rey de Israel. El pueblo lo amaba; lo elogiaban. Nunca había perdido en el campo de batalla. El había ampliado el reino de Israel hasta llegar a alturas increíbles. Y en este tiempo de prosperidad, David se hundió en su ruina. Cuando vienen las pruebas, somos purificados; pero cuando viene la prosperidad, entonces somos vulnerables.

Nuestros momentos más vulnerables son aquellos en que disfrutamos de prosperidad.

¡Es más duro permanecer victorioso que llegar a ser victorioso!

Nuestro Padre Dios nunca rechaza el verdadero arrepentimiento. El lo honra cada vez que se produce.

No importa qué tipo de defección sea la suya, cualquiera de estos días se ha de manifestar y va a ser una calamidad. Satanás está haciendo que usted piense que, si no es atrapado en lo que está haciendo, todo está bien. Amigo mío, usted está atrapado.

Desde el principio me preguntó si no estaba grabando la conversación. Le dije que por supuesto que no, pero como insistía se lo juré: “Por Jesucristo, no la estoy grabando”. Con los eclesiásticos pasa algo curioso, que apenas uno pone al jefe como testigo les da algo de temor.

La razón por la cual tantísimas personas son infelices hoy y buscan ayuda para hacer frente a la vida es que no entienden en qué consiste la existencia humana. Mientras no reconozcamos que la vida no es sólo algo para disfrutar, sino más bien una tarea que a cada uno se nos asigna, nunca hallaremos significado en nuestras vidas, y nunca seremos verdaderamente felices.

¿Por qué continuar perseverando? ¿Por qué continuar firmes contra las fuertes corrientes de la tentación, del temor, de la ira, de las pérdidas, de la tensión, de las imposibilidades, de los mal entendidos, de los errores? ¿Por qué luchar contra la defección? ¿Por qué dominar el complejo de inferioridad? ¿Por qué seguir esperando? ¿Por qué? Le diré por qué. Porque ése es el terreno real donde se forja, se forma, se atempera y se pule el verdadero carácter. Por el hecho de que allí es donde a la vida de Jesucristo se le da la máxima oportunidad para reproducirse en nosotros, de reemplazar una delgada y frágil teología interna por un conjunto de convicciones firmes y confiables que nos capaciten para manejar la vida, en vez de escapar de ella.

Cuando se conmueven los fundamentos, cuando los amigos cristianos, aun los líderes, son inmorales y caen en la apostasía, cuando perdemos la base de sustentación y los golpes brutales intentan lanzarnos al rincón de la duda y de la incredulidad, necesitamos lo que ofrece la perseverancia: disposición para aceptar lo que venga, fuerza para hacerle frente, determinación para estar firmes y discernimiento para ver la mano del Señor en todo ello. Sin la perseverancia, tropezamos y caemos. Y Dios se apesadumbra. Con la perseverancia, sobrevivimos y vencemos. Y Dios es glorificado.

El cielo es real

Todd Burpo

El cielo es real

El cielo es real

El testimonio de Colton Burpo, un niño que visitó el cielo tras una complicación en la apendicitis que padeció. A través de las palabras del pequeño, asistimos a una explicación sencilla que, como él mismo comenta al final del libro, nos aseguran (por si hubiera duda) que el cielo es real. Al fin que los niños siempre dicen la verdad. Calificación de 10.

A veces la risa es la única forma de procesar momentos difíciles.

En una pelea, los boxeadores pueden amortiguar algunos golpes brutales porque están preparados para recibirlos; pero, por lo general, el golpe que los deja fuera de combate es aquél que no ven venir.

Incluso mientras hablaba con otras personas, elevaba mis oraciones, como si fueran una especie de música mental de fondo que habría estado en primer plano si la vida no tuviera la molesta costumbre de seguir adelante.

No había acusaciones; nadie echaba culpas a nadie. Simplemente ambos estábamos muy molestos con nosotros mismos. Habíamos intentado hacer siempre lo correcto. El médico dijo radiografías: hicimos radiografías; el médico dijo intravenosas; le pusimos intravenosas; el médico dijo análisis de sangre: hicimos análisis de sangre. Después de todo, él era el médico, ¿no? Sabía lo que hacía… ¿no? En cada encrucijada, intentamos tomar la decisión correcta, pero tomamos decisiones erróneas y ahora Colton estaba pagando el precio. Un niño indefenso sufría las consecuencias de nuestros errores.

David se rasgó las vestiduras y lloró y oró y le suplicó a Dios. Estaba tan apesadumbrado que cuando el bebé murió, sus sirvientes temieron decírselo. Pero David se dio cuenta de lo que había sucedido y, cuando lo hizo, se puso en pie, se aseó, comió y, con total calma, se ocupó del funeral. Su comportamiento confundió a sus sirvientes, que dijeron: «Un momento… ¿no estabas histérico hasta hace unos momentos? ¿No estabas rogándole y llorándole a Dios? Ahora estás muy calmado… ¿qué sucede?» David explicó: «Tenía la esperanza de que Dios cambiara de opinión, pero no lo hizo». David había estado haciendo lo que podía mientras todavía había algo para hacer. Cuando pienso en ese trayecto hasta North Plate, sé que yo me sentía igual. Sí, es cierto que las radiografías se veían mal y que el rostro de mi hijo estaba cubierto de muerte. Pero todavía no estaba muerto. No era momento de rendirnos y lamentarnos, sino que era momento de orar y actuar.

Los niños pequeños se ven aún más pequeños cuando están en una cama de hospital hecha para adultos.

Algunas personas se ponen nerviosas cuando sus hijos adolescentes quieren hablar de sexo. Si crees que eso es difícil, intenta hablar con tu hijo en edad preescolar sobre la muerte.

Cruzamos los dos pares de puertas abiertas que separaban el vestíbulo del santuario, donde comenzaba a reunirse la familia del difunto para el «servicio floral». Antes de mudarnos a Imperial, no había oído hablar de esto, pero ahora me parece una buena idea. Los familiares del difunto se reúnen frente a los asistentes, y el director del funeral va señalando las plantas, coronas y arreglos florales mientras explica quién los envió y lee en voz alta los mensajes de condolencias que puedan acompañarlos (por ejemplo: «La familia Smith envía estas hermosas azaleas púrpuras junto con sus condolencias»).

En la Biblia, el púrpura es el color de los reyes.

Y dijo: «Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos». El que se humilla como este niño… ¿Qué es la humildad infantil? No es falta de inteligencia, sino falta de maña, falta de intereses ocultos. Es esa preciosa y efímera etapa antes de haber acumulado suficiente orgullo o actitud como para que nos importe lo que piensan los demás. Es la misma honestidad genuina que hace que un niño de tres años pueda chapotear alegremente en un charco de lluvia, revolcarse en el césped como un cachorrito mientras ríe a carcajadas o decir en voz muy alta que tienes un moco colgando de la nariz, la que se necesita para entrar en el cielo. Es lo opuesto a la ignorancia. Es honestidad intelectual: es estar dispuesto a aceptar la realidad aun cuando es difícil y llamar a las cosas por su nombre.

Recordé nuevamente que podía mostrarme tal como soy ante Dios; que no tenía que elevar una plegaria santurrona y beata para que me escucharan en el cielo. —Es mejor decirle a Dios lo que pensamos —dije— . A fin de cuentas, Él ya lo sabe. Lo más importante que aprendí fue que mis oraciones son escuchadas. Las de todos lo son. Soy cristiano desde que era un niño y llevo la mitad de mi vida como pastor, por lo que eso era algo en lo que ya creía; pero ahora lo sé. ¿Cómo? Cuando las enfermeras empujaban la camilla que se llevaba a mi hijo entre alaridos de «¡Papi! ¡Papi, no permitas que me lleven!», cuando me enojé con Dios porque no podía estar con mi hijo, abrazarlo y reconfortarlo, el hijo de Dios tenía al mío en el regazo.

Me senté junto a Dios, el Espíritu Santo, para orar por ti. Como necesitas al Espíritu Santo, oré por ti.

Comencé a cambiar mi forma de pensar en el cielo. Ya no era para mí sólo un lugar con puertas ornadas con joyas, ríos brillantes y calles de oro, sino un reino de alegría y fraternidad, un refugio de amor perdurable tanto para quienes están con nosotros en la eternidad como para quienes siguen en la Tierra, cuya llegada se espera con ansias. Un lugar que recorreré algún día y donde hablaré con mi abuelo, que tanto significó para mí, y con la hija que no pude conocer.

Jesús claramente veía a los niños como algo precioso y que, si amábamos tanto a los niños como para decir que los adultos debíamos ser más como ellos, entonces debíamos dedicar más tiempo a darles nuestro amor.

Colton Burpo llevaba un tiempo sin ver un arco iris, por lo que le pidió uno a su Padre celestial. La fe de un niño.

—Colton, ¿sabes por qué murió en la cruz Jesús?
Asintió con la cabeza, cosa que me sorprendió un poco.
—¿Por qué? —pregunté.
—Pues, Jesús me dijo que murió en la cruz para que nosotros pudiéramos ir a ver a su papá.
Mentalmente, vi a Colton sentado en el regazo de Jesús, mientras éste dejaba de lado todos los niveles de formación del seminario, derribaba pilas del tamaño de rascacielos de tratados teológicos y simplificaba palabras complicadas como propiciación y soteriología para que un niño pudiera comprenderlas: «Tuve que morir en la cruz para que las personas en la Tierra pudieran venir a ver a mi papá». La respuesta que Colton dio a mi pregunta fue la proclamación del Evangelio más simple y dulce que jamás hubiera oído. Esto me hizo pensar una vez más en la diferencia entre la fe de un niño y la de un adulto.

¿Cómo haces entrar en razón a un niño que no le teme a la muerte?

La mala noticia era que, en el cielo, conservaremos nuestro aspecto, y la buena, es que nos conservaremos en una versión joven.

En referencia a la experiencia de Colton en el cielo, algunas personas nos dijeron: «¡Su familia ha sido tan bendecida!» Sé que tienen buenas intenciones y que tienen razón en el sentido de que pudimos echar un vistazo a través del velo que separa la Tierra de la eternidad. Pero también pienso: ¿Bendición? Vimos prácticamente morir a nuestro hijo. Es divertido hablar del cielo, del trono de Dios, de Jesús, de Pop y de la hija que creímos haber perdido pero que algún día volveremos a encontrar. Pero la manera en que llegamos ahí no lo es. Recordar esos días terribles en que vimos a Colton aferrarse a la vida es algo que todavía nos llena los ojos de lágrimas. Hasta el día de hoy, la milagrosa historia de su visita al cielo y la situación en que casi perdemos a nuestro hijo son una misma cosa para nosotros. Cuando era pequeño, me preguntaba por qué la cruz —la crucifixión de Jesús — era tan importante. Si Dios Padre sabía que levantaría a su Hijo de entre los muertos, ¿dónde estaba el sacrificio? Pero ahora entiendo por qué Dios no ve la Pascua como el final sino sólo como una tumba vacía. Ahora lo entiendo por completo. Yo habría hecho cualquier cosa —cualquier cosa— por detener el sufrimiento de Colton. Hasta habría cambiado de lugar con él. La Biblia dice que mientras Jesús abandonaba su espíritu, mientras colgaba exánime de la cruz de los romanos, Dios Padre le dio la espalda. Estoy convencido de que lo hizo porque, si hubiera seguido mirando, no habría podido soportarlo.

Me encanta la manera en que lo resume mi madre. «Desde que sucedió todo esto», me dijo, «pienso más en cómo será realmente el cielo. Antes aceptaba la idea del cielo, pero ahora lo visualizo. Antes había oído, pero ahora sé que, algún día, lo veré».

Muchos de nuestros amigos católicos nos han preguntado si Colton vio a María, la madre de Jesús. La respuesta a esta pregunta también es afirmativa. Vio a María arrodillada ante el trono de Dios y otras veces la vio de pie junto a Jesús. «Ella lo sigue amando con amor de mamá», dijo Colton.

Siempre fuimos los que visitábamos enfermos, llevábamos comida, cortábamos el césped y cuidábamos niños ajenos cuando alguien lo necesitaba. Éramos cien por ciento autosuficientes; al verlo en retrospectiva, quizá hasta el punto de sentirnos orgullosos de serlo. Pero ese período extenuante en el hospital quebró nuestro orgullo como si fuera una ramita seca y nos enseñó a ser lo suficientemente humildes como para aceptar ayuda de los demás, tanto física como emocional y económica. Es bueno ser fuerte y poder ayudar al prójimo. Sin embargo, aprendimos el valor de ser lo suficientemente vulnerables como para permitir que otros sean fuertes por nosotros, que otros nos bendigan, lo que a su vez resultó ser una bendición para ellos.

—Colton, ¿qué tú quieres que los lectores aprendan de tu historia?
Sin dudarlo, la miró a los ojos y le dijo:
—Quiero que sepan que el cielo es real.

Mi madre

Tahar Ben Jelloun

Mi madre

Mi madre


Conmovedora crónica que al autor hace sobre la enfermedad y decadencia de su madre que culmina con la muerte. Al asistir a la narración del deterioro físico de la persona amada y ser testigo impotente del avance de la enfermedad, es inevitable recordar mi propia experiencia y sentir una empatía con el dolor que el autor transmite. Calificación de 10.

Almuédano: Musulmán que, desde el alminar, convoca en voz alta al pueblo para que acuda a la oración.
Acidaque: Arras que, en bienes, joyas, galas o dinero, está obligado a dar el mahometano a la mujer por razón de casamiento.
Albórbola: Bulla, jaleo.
Cerúleo: Se aplica al color azul como el del cielo despejado.
Alaroza: Novia, mujer recién casada.
Alafia: Gracia, perdón, misericordia.
Caftán: Túnica de seda sin cuello, abierta por delante, con mangas cortas, que cubre el cuerpo hasta la mitad de la pierna y es usada en países musulmanes.
Peonza: Juguete de madera, de forma cónica, al cual se enrolla una cuerda para lanzarlo y hacerlo bailar.
Acritud: Aspereza en el gusto y en el olfato, o en el caracter
Azorar: Sobresaltar, inquietar.

Desde que cayó enferma, mi madre se ha convertido en una cosita diminuta de memoria quebradiza. Convoca a los miembros de su familia, muertos hace tiempo. Habla con ellos, se sorprende de que su madre no vaya a verla, dice maravillas de su hermano menor que, según ella, siempre le lleva regalos. Uno tras otro, se suceden junto a su lecho y le hacen compañía. Yo no quiero llevarle la contraria. Ni molestarlos.

Se me encoge el corazón, cada casamiento es una apuesta, nunca sabemos qué va a pasar, por eso uno se informa sobre la familia; los orígenes son muy importantes, nos permiten saber la educación que se ha recibido, lo malo es si hay engaño.

«Usted sólo viene unas horas, yo estoy aquí siempre, día y noche, sobre todo, de noche. Duerme mal y nos despierta para hablar de Fez y de sus hermanos, muertos hace tiempo; dígale al médico que le dé algún medicamento que le devuelva la razón o que la haga dormir. ¡No puedo más!».

Un día, cuando aún su estado de salud no era alarmante, me pidió que le diese una importante suma de dinero. «¿Para qué? No seas como tu padre que siempre preguntaba qué hacía con el dinero. Quiero volver a tapizar el salón, comprar una nueva tela para los divanes, dos bonitas mesas bajas, cubiertos y servilletas, pintar toda la casa». «¿Y para qué quieres todo eso?». «Quiero que la casa esté limpia y ordenada para mi funeral, la gente vendrá de todos los lugares del país, tiene que encontrar la casa en buen estado. La comida del día del entierro deberá ser deliciosa, siempre he recibido a mis invitados con generosidad, mi última invitación tiene que ser la más cuidada, ¡la mejor! Por eso, hijo mío, necesito dinero. Te lo digo ahora y no lo olvides, tiene que ser una gran recepción».

Tres maridos y una única historia de amor. Nunca se la oí contar a ella pero la adiviné. Mi madre no habla de amor. Sólo pronuncia esa palabra para referirse a sus hijos, dice: «¡Me muero por ti, tú, la niña de mis ojos, el arco iris de mi vida, me muero por ti!». Es analfabeta, no inculta. Tiene su cultura propia, sus convicciones religiosas, sus valores y sus tradiciones. Vivir toda una vida sin descifrar una página de escritura, sin leer los números, vivir en un mundo cerrado rodeada de signos que pasan ante sus ojos sin entenderlos.

Mi madre recuerda los últimos años de su propia madre que vivía en casa de uno de sus hijos y al morir éste prematuramente tuvo que ser acogida por su hija. Había perdido su «lugar», su dignidad, ya no se sentía en su casa, estaba en la de los demás aunque se portaran bien con ella. Vio a su madre llorar y quejarse de que no la atendieran, del poco caso que le hacían, de lo sola que se sentía.

El padre de la novia ha entregado a su hija en matrimonio en virtud del poder que Dios le ha concedido. El novio da su consentimiento sin reservas al presente acto suscrito en su nombre por su padre y lo ratifica.

Le doy un billete de cien dirhams. Le cuesta metérselo en el bolsillo, repleto de trapos. Tiene miedo a quedarse sin pañuelos.

¿Cómo se llama esta enfermedad? ¿Alzheimer? Mi madre tiene momentos de perfecta lucidez y coherencia, aunque son cada vez menos frecuentes. Qué más da el nombre que se dé a esta enfermedad. ¿De qué sirve nombrarla? Dice: «¡Mi memoria se ha vuelto quebradiza! Con los años, mi mente ha encogido, no puede acordarse de todo, ya no le caben muchas cosas. Hazme preguntas, a ver si aún me queda algo…». Y cita los nombres de sus hijos y nietos, mezcla las épocas y las ciudades, rectifica sobre la marcha, se ríe de su senilidad.

Ocuparse durante las veinticuatro horas del día de una anciana que ha perdido la cabeza exige algo más que paciencia. A veces Keltum se enfada, pide vacaciones, que es también una forma de pedir un aumento de sueldo, algo que no le discuto. Su trabajo no tiene precio. Llevar en brazos a una anciana al cuarto de baño, lavarla, vestirla, tranquilizarla, responder por enésima vez a la misma pregunta, trasladarla a su cuarto, darle sus medicinas, hacerle la comida, hablar con ella, escucharla, no dejarla nunca sola. La única persona que hubiera podido hacerlo es su propia hija, pero mi hermana Turía está deprimida y no tiene paciencia con su madre.

Mi amigo, el doctor Fattah, me ha hecho una promesa: si el estado de salud de mi madre se agravara, me avisaría. Y me avisó en el mes de mayo.

¿Qué hacer junto al lecho de mi madre enferma? Tras los primeros momentos de emoción, uno se aburre. No hay nada que hacer. Recibes a la gente que viene a verla. Atiendes el teléfono. Vigilas su respiración. Esperas que llegue el médico. Observas las paredes de la habitación, recorres las grietas producidas por la humedad, miras el techo, no haces nada, esperas, hablas con las enfermeras.

El deseo más acuciante de mi madre se resume en esta oración: «¡Que Dios me haga morir en vuestra vida!». La idea de perder a un hijo la desesperaba, como a cualquier madre. Había visto sufrir a la suya por la muerte prematura de uno de sus hijos. Un duelo imposible de superar. Una eventualidad que no se atreve a imaginar. Demasiado doloroso. «Morir, sí, pero rodeada de mis hijos».

Hablo con mi madre. Cuando le pregunto «¿cómo te encuentras?», siempre me responde del mismo modo: «Aquí estoy, recogiendo migajas del tiempo hasta que Dios decida liberarme, estoy en sus manos, la muerte vendrá y no hay nada más que hablar, espero ese momento».

Le pido su bendición y sus oraciones. Se las sabe de memoria y las dice con energía, sin equivocarse, sin dudar. Cuando me bendice, mi madre está siempre lúcida. Alza los ojos al cielo y se dirige directamente a Dios. Basta que ella diga esas oraciones para que yo me sienta protegido. Es irracional, pero no intento romper los símbolos y las imágenes. Mi madre me ve como un ser frágil al que hay que iluminar el camino. No deja de rezar para alejar de él a los enemigos, a la gente mala, a los envidiosos. Los ve y los espanta con la mano.

La despedida. Mi madre llora. Su madre llora. Las criadas lloran. El ruido se hace insoportable. Hay que detenerlo, la noche pesa en el corazón de esta joven alaroza, raptada por un hombre, un forastero, alguien que va a poseerla, hacerla su esposa y quizá, feliz.

«Que cada cual viva como quiera, aunque prefiero no codearme con gente que piensa que el dinero es más importante que las personas. Para nuestros antepasados, el dinero era desperdicios del tiempo, barreduras de la vida. ¡Los que lo amontonan deberían saber que en un ataúd no hay sitio para las cuentas bancarias!». No le daba importancia al dinero, sólo lamentaba no tener más para vivir mejor.

Algunas personas venían a visitarme a casa cuando sabían que él estaba de viaje. Preferían no enfrentarse a él. ¡Qué lengua tenía, qué inteligencia! Pero ¿para qué sirve la inteligencia si es agresiva y sin sensibilidad?».

«No temo a la muerte. La muerte es un derecho que Dios nos da para cerrar nuestra vida. Yo no tengo por qué discutir la voluntad divina. La enfermedad es otra cosa, es una muerte llena de cobardía. Ronda a nuestro alrededor, ataca una parte de nuestro cuerpo, lo tortura, lo priva de sus facultades, luego viaja, vuelve a agredir a otro órgano de ese cuerpo, hace estragos en él, provoca dolores y acaba atacando la cabeza. Mi miedo no proviene de la muerte, mi miedo es ver en vuestra mirada mi dolor, es veros atenazados por la pena porque yo sufro, reconcomida por dentro. Eso es lo que no tolero. Soy creyente, me someto a Dios y estoy feliz de que me llame a él. Pero tengo un deseo: que estéis todos junto a mí y que no sufráis».

Aunque tuviera apuros económicos, mi padre siempre quiso poseer una casa. Se puede pasar hambre pero no quedarse en la calle, sin techo.

Me quedé sola algunos años, o quizá sólo fue uno, ya no recuerdo, mi tío Sidi Abdeslam vino a proponerme que me casara de nuevo. Sabía que había sido iniciativa de mi padre. No podía negarme. En aquella época, tenías que obedecer. Me casé con tu padre sin haberlo visto nunca, como me había ocurrido con los dos maridos anteriores. Entonces la gente se casaba sin conocerse, sin haberse visto nunca. Era una especie de lotería, de sorpresa. Al principio, tu padre era todo miel, todo dulzura, más aún cuando se enteró de que estaba encinta. Repudió a la primera esposa, me encontré con un hombre lleno de atenciones y amabilidad. Así fue como ocurrió, sin problemas, sin alharacas. Luego, nuestra relación pasó por momentos difíciles. Tú asististe a ellos. ¡Pero olvidemos todo eso!».

Ha llamado al fontanero y al electricista para preparar la casa para recibir a toda la familia el día de sus funerales. Mi madre está obsesionada con esa ceremonia. Yo ya no me sorprendo cuando la oigo decir que la celebración deberá ser magnífica: «Será la última vez que invite a mi familia, y quiero que se haga con lujo y elegancia; no debéis escatimar en gastos, nada de ahorros miserables; comprad pollos de corral, pollos beldi, no esos que atiborran de medicamentos para engordarlos; comprad unos manteles blancos y tened previstas sábanas para los que se queden a dormir en casa; y si es invierno, mantas; todo el mundo tiene que estar satisfecho, haced como si yo estuviera presente, viva, con mi sonrisa, mi alegría. Me encantan las visitas y recibirlas bien. Sé que tú harás las cosas a lo grande; en ese aspecto, no me preocupo, pero os lo digo y repito: ¡no me hagáis pasar vergüenza desde el fondo de mi tumba!».

Para mi madre, comer su comida era quererla a ella. Si por casualidad, no me terminaba el plato, lanzaba un suspiro y se preocupaba. Comer es celebrar un vínculo afectivo estrecho e infalible.

¡Dios mío, perdóname! Estoy delirando, todo está en tus manos, la vida, la muerte, la alegría, las lágrimas, todo, nosotros no somos nada en esta tierra.

Las medicinas no sólo benefician, también estropean lo que no curan.

Hoy, cuando me siento a su lado, nos hablamos sólo unos minutos, y luego, silencio. Se queda dormida. Toso un poco para despertarla. Abre los ojos y se olvida de lo que hemos hablado. Me vuelve a preguntar cómo están los niños, qué estoy haciendo, dónde vivo y cuando van a llegar todos. Se vuelve a dormir. La observo, e intento alejar de mí esa enorme tristeza que me invade. Mi madre se ausenta. Se muere un poco.

«Las pequeñas cosas» de la vida son cada vez más problemáticas para mi madre.

A veces, yo no cumplía las reglas estrictas del ayuno. Ella no me hacía reproches, me decía: «Es algo entre tú y Dios». Me gustaba su tolerancia. Mis padres nunca nos obligaron a practicar la religión.

Si no sentís la necesidad de rezar, no recéis, pero no finjáis, no sirve de nada, el día del Juicio Final estaréis solos ante vuestra conciencia y ante Dios. Responderéis de vuestros actos ante el Supremo. Es una decisión vuestra. Nunca os obligaré a ser creyentes. He cumplido con mi deber al mostraros el camino. El islam es sencillo, para ser un buen musulmán, basta con creer en un Dios único y en su enviado, Mohamed, el último de los profetas revelados; basta con no mentir, no robar, no matar, no hacer daño intencionadamente, comportarse correctamente con los padres y con las personas mayores. El resto, vosotros sabréis: rezar, ayunar, hacer la peregrinación a La Meca son manifestaciones externas. Yo, por ejemplo, no tengo intención de ir a La Meca y que unos saudíes sin escrúpulos se aprovechen de mí o unos gigantes africanos me pisoteen en mitad de la muchedumbre. ¡Y, sin embargo, soy musulmán y no tengo nada que reprocharme! Vosotros veréis, no cabe coacción en religión, el Profeta lo dijo, haced lo que vuestra conciencia os dicte».

¿Dónde trabajas? Ya me lo dijiste pero se me ha olvidado, el olvido es mi principal enemigo.

Deberías desconfiar de algunos que dicen ser tus amigos, el mal llega de los más cercanos; la gente lejana, la que sólo te conoce superficialmente, no puede lastimarte, hace comentarios pero no tienen el peso de la gente cercana, a éstos los creen, y tú deberías ser más desconfiado, el éxito es como una luz muy potente, ciega a las personas que no triunfan, las vuelve frágiles y las lleva hacia el rencor, la envidia, la capacidad de echar el mal de ojo, eso es lo peor, creen que tú no mereces el éxito.

Por cierto, ayer vino a verme, llevaba una chilaba blanca, un fez rojo fuerte y olía a incienso, al perfume del paraíso. Estaba sonriente. Parecía más joven». «¡Mi padre murió hace más de diez años, yemma!». «Ah, ¿sí? ¡Se ha muerto y no me han dicho nada! Pues yo lo he visto, y la muerte le sienta bien, tiene la tez clara y los ojos serenos. La muerte pone las cosas en su sitio.

Los muertos nos visitan de vez en cuando, no hay que cerrarles la puerta, eso no se hace, y además trae mala suerte, los muertos son como los ángeles, pasan, dejan rastros de perfume y se van. Tu padre viene a menudo a ver qué pasa en casa, no siempre le gusta lo que ve, y protesta, pero como los muertos no hablan oigo suspiros aunque no sé de dónde provienen. Cuando me muera, yo también volveré, ten cuidado, deja siempre una abertura en la casa, no debes cerrar todo, aunque da igual, el alma atraviesa las paredes y los bosques, va haciendo su camino hasta llegar a nosotros mientras dormimos, se introduce en nuestros sueños y los hace más reales, más intensos.

El viernes, dad limosna a los pobres, leed algunos versículos del Corán en mi tumba, ya lo sé, a ti no te gusta visitar las tumbas, pues no vengas, sé que estoy en tu corazón y no te necesito en el cementerio.

¿Te das cuenta de mi calvario? Ella es la única que sabe qué medicinas debo tomar, la única que me acompaña al cuarto de baño y me asea, pero no es cariñosa, me grita a menudo y me asusta. Pero mi propia hija no quiere lavarme. Así que aguanto el mal carácter de Keltum.

Tu padre protestaba porque se había quedado solo en Tánger, yo pensaba en él y confieso que el hecho de no verlo durante un mes me descansaba. El casamiento, hijo mío, significa también esa costumbre que se instala y se convierte en una tarea pesada o en un calvario. Yo pensaba en mi salud, él protestaba porque la criada no cocinaba tan bien como yo.

Entonces, es que ha llegado mi hora, hay que arreglar el salón e invitar a los tolba para que reciten el Corán ante mi cuerpo presente, me iré durante el día, tienes que estar listo, quiero una bonita velada con los mejores recitadores de la ciudad, que reciten y entonen las bellas palabras de Dios, que los atiendan bien, que se les pague bien, y, sobre todo, que se vayan contentos y satisfechos, hay que darles bien de comer, quizá convendría que lo encargarais fuera, hay servicios rápidos y eficaces, que sirven banquetes a domicilio y solucionan muchos problemas, sobre todo en un funeral, ¿te imaginas?, los familiares del difunto están afectados por la desgracia y no tienen ni ganas ni tiempo para cocinar para toda la gente que llega para dar el pésame.

En cuanto mi madre se aburre, habla de su funeral, se entretiene e insiste en los detalles de la ceremonia, para ella es una cuestión de elegancia y de dignidad, hay que irse con ligereza, evitar ser un peso para la familia, crearle problemas, hay que dejar un buen recuerdo, una buena impresión. Está convencida de que la muerte es lógica o, más bien, desea que lo sea: «No me queda mucho tiempo de vida, es normal, la muerte es un derecho, pero no tiene que equivocarse y llevarse antes a alguno de mis hijos, es una desgracia que no podría soportar, que Dios me llame a su lado en vuestra vida y no a la inversa…, bueno, es lo que deseo, rezo siempre para que esto suceda, pero quién conoce las intenciones de Dios, nadie se atreve a adivinarlas, en todo caso no yo.

Intento imaginar a mi madre muerta. Hago un esfuerzo para adivinar lo que pueda ocurrir. Su lecho vacío, su dormitorio desordenado o, por el contrario, sin muebles, su rosario en el suelo, dos o tres cajas vacías de medicinas tiradas en un rincón, el vacío apoderarse de mi vida, privarme de sueño, provocarme difusos dolores, observo mi rostro en el espejo y me doy cuenta de que he envejecido de pronto, tengo nuevas arrugas, los ojos tristes, sin luz, sin presencia. Mi madre ya no vive donde yo la había dejado la última vez.

Keltum y la otra mujer de la limpieza ya no pueden más. Mi madre está cada vez más difícil. Lo observo por la cara descompuesta que tienen y por su fastidio. Están agotadas. Una me dice que necesita vacaciones, envíame a La Meca, olvidaré esta miseria. La otra no dice nada, había hecho un pacto con mi madre de no abandonarla nunca.

El msid era un lugar extraño donde aprendíamos de memoria el Corán sin saber ni leer ni escribir.

Es inadmisible. Mi hermano se presentó en la casa y estuvo reprochándole seriamente su comportamiento. A ella le sentó mal y, para demostrarlo, de nuevo dejó descolgado el teléfono. Dijo que se siente prisionera de la situación. Mi madre no la deja ni a sol ni a sombra y se niega a darle permiso para ir a ver a sus numerosos hijos y nietos. Mi hermano no cede ante el chantaje de Keltum aunque admita que hace un trabajo que ni a su mujer ni a nuestra hermana les gusta hacer. No me imagino a ninguna de mis cuñadas sacrificando su tiempo y su comodidad para llevar a mi madre al cuarto de baño, lavarla, secarla y llevarla de nuevo a su cuarto en brazos como a una niña.

¿Por qué los cristianos no tienen unas fiestas que ensucien tanto? Toda esa sangre derramada, las tripas, los despojos y toda es carne, que, por cierto es fatal para la salud, para el corazón, no quiero parecer una mala musulmana, pero algún día alguien tendrá que liberarnos de esas tareas tan fastidiosas y de esa fatiga. Todos los años, al séptimo día de la pascua, caigo enferma, agotada y debo guardar cama. Ya no puedo más. El año que viene, compraremos la carne en el carnicero y así nada de sangre en casa…

La madre de Roland se llama Zilli, diminutivo de Cecilia. Roland se llevó un disgusto enorme el otro día cuando le avisaron de la clínica que su madre se había caído y no se encontraba bien. Pidió que se la pasaran al teléfono. Zilli no reconoció a su hijo. «Caballero, no conozco a ningún Roland, me está usted importunando, no tengo ningún hijo y no insista, nunca tuve hijos, ¡así que déjeme en paz, caballero!». Era la primera vez que se le iba la memoria. Roland está muy dolido, no quería aceptar lo que acababa de oír: «¿Cómo quieres que yo, el único de Zilli, me vea desterrado al rango de los desconocidos? Es inadmisible». Unos días después, telefonea a su madre. Lo reconoció enseguida. Él se rió y le preguntó por qué la última vez lo había tomado por un extraño. «Hijo mío, cuanto más viejo es uno, más cómico se vuelve!».

Mi hijo ya no sale en la tele. Viene muy poco a verme…». Roland protesta. Zilli lo interrumpe: «¡Me llamas por teléfono, pero no estás aquí!».

Mi hijo no viene a verme, al menos no con la frecuencia que yo quisiera, lo digo tal y como lo pienso, es un perezoso, dice que va a venir a verme y no viene.

Ay, si no fuera por lo del infierno, creo que ya me habría ido, ya sé, existe un médico suizo que prepara un cóctel letal, coloca el vaso en la mesilla de noche, y el enfermo es el que decide bebérselo o no, está bien, facilita las cosas, pero a la religión no le gusta eso, hay una asociación, creo que se llama Exit, qué curioso, salir, partir dulcemente, partir de puntillas, mi hijo escribió un libro sobre esa forma de marcharse, creo que lo leí, no lo recuerdo muy bien, yo no tengo valor para ello, siempre tengo presente lo que nos decían las monjas italianas, el infierno, el purgatorio y todo eso.

No, no me aburro, sueño, sueño constantemente, sueño con mis viajes, los que he hecho y los que no, sueño con el sol, lleno mis días con esos sueños, los hago pasar ante mí, y me basta, por la noche duermo bien, no tengo problemas para dormir.

¿Y su madre? ¿Qué me dice usted? ¡Se ha pasado la vida en la cocina! Pero eso no es vida, no es humano.

Usted es un buen hijo, va a ver a su madre a menudo, que Dios lo proteja, me ha dicho usted que ella no teme el infierno, ¿De verdad? ¿Cómo es posible? ¿Es por el islam? Y sin embargo es una religión aterradora! ¿Está contenta de ir a encontrarse con el Profeta? ¡Qué suerte tener esas creencias! Es una persona que tiene fe, eso está bien, pero la fe… en fin… no sé».

La escucho mientras observo una larga grieta en el techo. Aprieto la mano de mi madre y temo que con su enfermedad, con su ausencia, yo me encuentre cada vez más expuesto en la vida. Ella siempre me ha dicho que su bendición era una protección. Yo la complacía, creyéndomelo. A la larga, he acabado convenciéndome de que estaba protegido y de que no tenía nada que temer, hasta que un día un cielo negro me cayó encima.

Es tan bello un grupo de mujeres que se sienten felices de vivir. Desde donde estoy, no se me escapa nada, observo, anoto y me fijo: las mujeres son alegres, dan la espalda a los problemas. Ésa es la impresión que me dan. Tienen su mundo, no intentan inmiscuirse en el de los hombres. Cada cual en su sitio.

Debemos renunciar a encontrar la lógica en sus palabras, y seguir junto a ella, aunque no se dé cuenta de que lo estamos.

Keltum entra en el cuarto, cierra la puerta y se sienta en una silla, nos mira y dice: «Ya que estáis todos los hijos aquí, os tengo que decir que ya no puedo más. Vuestra madre es mi mejor amiga, pero estoy cansada, me agota, necesito unas vacaciones, cambiar de aires, ir a pasar algunos días con mis hijos y mis nietos, pero no puedo dejarla, cuando salgo por la mañana a hacer la compra, me suplica que regrese pronto, no puedo darle ese disgusto. Hace veinte años, yo era la sirvienta, hoy soy su amiga, su hija, su madre, su obsesión, y yo también la quiero, y no soporto cuando se pone a delirar, me duele, entre nosotras hay una diferencia de edad de quince o veinte años, pero tengo miedo de acabar como ella, en un rincón, entre la locura y el insomnio. Así que rezo a Dios y me cuido de mi vida. Yo también tengo reumatismos, jaquecas y dolores de estómago. Intento cuidarme, mis hijos me reclaman, de vez en cuando robo algunas horas y voy a verlos, otras, vienen ellos a verme, dan un poco de vida a esta vieja barraca, no es fácil, pero ¿qué le vamos a hacer? Dios ha querido que yo esté aquí y que acompañe a esta señora tan buena en sus últimos momentos.

Cuando vayas a visitar su tumba, habla con él, con los muertos hay que hablar pues están vivos en nuestro corazón. Dios lo dice, está en el Corán. Espero que me cuentes todo cuando yo esté enterrada, me alegra la idea de que hables conmigo, aunque yo no pueda oírte ni responderte.

Mi madre huele mal. Huele a caca. Se lo ha hecho encima y no lo sabe. Ella, tan elegante, tan guapa, tan pendiente de la higiene… ya no es ella. No recuerda lo que ha sido. Se habría horrorizado por su estado actual del que no es consciente. Miro a Keltum, me hace una señal con la cabeza. Salgo del dormitorio, mientras ella y Rhimo la llevan al cuarto de baño.

Mi madre no entiende por qué Keltum la obliga a asearse de nuevo. Keltum está de mal humor. Es brusca. Mi madre protesta, Rhimo también, a ella no le gustan los modales de Keltum. Yo estoy en el pasillo y asisto, impotente, a la escena. Mi madre está llorando. Desvío la mirada. Me digo: podría haber venido media hora antes o después de este incidente. Quizá Keltum la ha dejado con su mierda encima para que yo me dé cuenta de todo lo que hace cuando no estoy. Es posible. «Mire lo que soporto, usted sólo viene a la hora del té, da un beso a su madre, le pide que rece por usted y le bendiga, y luego se marcha y yo estoy siempre aquí, soporto sus insomnios, la sigo en sus delirios, recojo su mierda, le pongo los pañales y me tiro al suelo a cuatro patas para limpiar lo que ella ensucia, sí, su madre ya no se controla, se orina encima, no puede contener las defecaciones, yo me he acostumbrado, pero usted hace muecas de disgusto y mira para otro lado. Tengo la impresión de que la enferma soy yo, soy yo quien está perdiendo la cabeza, y cuando la aseo, me estoy lavando a mí misma, y pienso en ella, hace apenas diez años estaba enferma pero cocinaba, estaba limpia y se preocupaba por su elegancia, hablábamos de cosas serias o frívolas, a veces nos reíamos».

Cómprame un teléfono como el de esas chicas, aunque no sabré usarlo, elige un aparato que sirva sólo para contestar cuando tú me llamas, estoy harta de este teléfono con cable, ¿ves?, no es práctico, cuando tiro un poco de él, ya no da la señal, cuando se avería, el corazón me late deprisa, me digo que en ese mismo momento me vas a llamar y te encontrarás con el vacío, así que haz algo…

Es la segunda vez que mi madre me dice: « ¡No te he visto desde tu entierro, te he echado de menos!». Ella vive en el paraíso. No está en este mundo, se encuentra con todos los muertos de la familia, pasa largos momentos hablando con ellos y nos hace creer que están presentes entre los vivos. ¿Por qué me habrá integrado en el cortejo de los muertos? No quiere vivir sin mí y me lleva con ella en sus sueños en vela, en sus alucinaciones que acaban por divertirnos. Mis hermanos y yo nos telefoneamos para contarnos las últimas anécdotas y nos reímos diciendo: al menos, ella no sufre.

Un día me pidió que la acompañase a la medina, al zoco Dhab, el mercado del oro, sacó un pañuelo, deshizo el nudo que había atado, me mostró la pequeña suma de dinero que había dentro y me dijo: «Es tu dinero, lo he ahorrado, ahora me vas a hacer un regalo con él». ¡Un regalo! Nadie le había regalado nunca nada. Nada. Ni siquiera un ramo de flores o una caja de bombones. Mi madre se sentía orgullosa y contenta de que su hijo le ofreciese su primer regalo. Conté el dinero y pregunté al joyero: «¿Qué me das por este dinero?». Contó los billetes y dijo a mi madre: «Con esto puedes comprar una pulsera, elige la que quieras, no, la gruesa, no, elige una de las finas, además las gruesas ya no están de moda». Mi madre estuvo dudando un buen rato y por fin se decidió. Me lo dio y esperó a que yo se lo ofreciese. Yo estaba emocionado, ella también.

Entre nosotros, los musulmanes, el muerto se entierra sobre el lado derecho orientado a La Meca, no boca arriba como hacen los cristianos.

Al regresar a casa, encuentro a mi madre muy mal. En cuanto la tocan, le duele todo. La veo tan agotada, tan extenuada, que me pongo a rogar por que tenga un desenlace sereno que la libere. Mis hermanos piensan lo mismo pero no hablamos de ello. Nos miramos y cada cual lee en el rostro del otro ese ruego. Mi hermano mayor me dice que el islam prohíbe la eutanasia pero que existe una oración para aliviar el desenlace. Cita la fórmula ritual: «A Dios pertenecemos y a Él regresaremos».

Cualquier madre reconoce a su hijo por el tacto de la mano.

La casa ya no es la casa de mi madre. Afortunadamente, ella ya no ve en qué se ha convertido: una especie de campamento como los que existen en los barrios de chabolas. En la cocina, los cacharros se amontonan junto a la ropa sucia. En el salón, la humedad se filtra por las colchonetas. Sólo el cuarto de baño está limpio. Falta papel higiénico. La enfermedad y la muerte también son pequeñas cosas de la vida, esos detalles aparentemente sin importancia, ese abandono, esa tristeza que cubre los objetos y las paredes. ¿Qué es más intolerable: la enfermedad o la muerte? Una amiga que había luchado contra un mal que invadía su cuerpo me dijo un día: —La muerte, la verdadera, la insoportable pérdida y ausencia es la enfermedad, días y noches interminables de degradación, sufrimiento e impotencia. Eso es la muerte y no esa fracción de segundo cuando el corazón se detiene. Mi madre se está muriendo.

«Cuando cae la lengua significa que se acerca el fin», me dice un primo mío, un buen hombre. Y añade: «¡Pero todo está en manos de Dios! ¡Quién sabe quién se irá antes! Tengo preparada una mortaja para tu madre. La tenía reservada para mí pero yo aún aguanto, aunque todo está en manos de Dios. No dudes en llamarme a cualquier hora del día y de la noche. Hay gestiones que hacer y tú aún eres joven, o digamos, inexperto en este campo, pero yo estoy acostumbrado a todo, la vida, la muerte, la enfermedad, la edad, el tiempo.

«Son los efectos del decubitus», me dice el médico. Esa posición, tumbada, complica todo en su cuerpo. Mi madre nos llama. Creo entender que es una llamada de socorro. No, está preocupada por la cena. «¿Está la cacerola en el fuego?». Eso es lo que quiere decir. Mantener su estatus hasta el último momento, hasta el final.

«Tu madre es una gran señora, merece un final digno y noble. Pero Keltum es una mujer ignorante, una mujer de la cábila que quiere hacerse la indispensable. Tu madre tiene que volver a su dormitorio y a su cama, en lugar de estar en el cuarto de la televisión para complacer a las dos mujeres que la cuidan. Ya sé que su estado es delicado como para que la trasladen de aquí para allá, pero conozco a dos buenos enfermeros, Layachi y Lamrani, que la podrían llevar a su cuarto sin hacerle daño, y qué esas dos se fastidien sin el culebrón egipcio o brasileño. Es tu madre, tienes el deber de velar por su comodidad. Sabes que aunque no hable, aunque ya no tenga fuerzas para expresarse, es consciente de lo que no va bien. Habla con ella, aunque parezca que no te escucha. Al contrario, te escucha y le gusta todo lo que le dices. El oído sigue viviendo. No hay que fiarse de las apariencias. Bueno, mañana vienes conmigo al cementerio. Larussi tiene reservadas algunas parcelas. Hablaré con él. No es correcto enterrar a una gran señora en el borde de un camino del cementerio, aunque esté junto a su marido. Y el sudario es cosa mía, no lo olvides. Hasta mañana».

Quiero a mi madre por lo que es, por lo que me ha dado y porque ese amor es casi religioso. A menudo me pregunto: «¿Qué sería yo sin la bendición de mis padres?». La bendición no tiene nada que ver con la religión. Pero debemos respeto, asistencia y amor a los que nos han engendrado. No me avergüenzo de reivindicar esa bendición. Es una pasión, un hilo de seda tendido entre dos seres, un amor gratuito, sencillo, no requiere explicación.

Casi no queda nada de la vajilla. Todo se rompe. Mi madre llevaba su casa como si fuera un pequeño palacio. Hoy todo está en mal estado.

La muerte no es nada. Lo intolerable es lo que existe a su alrededor.

Me inclinaré sobre ella y le daré un beso en la cara como hice hace cuatro días al despedirme. Voy a llorar, las lágrimas brotarán, abundantes, y me costará reprimirlas. No sé si viene bien llorar. Las lágrimas de los demás son las que provocan las mías. Es algo contagioso. Nunca he sentido vergüenza por llorar. Lloraré para vaciar el corazón y la mente. Y luego, las verdaderas lágrimas, las que temo, me despertarán, mucho más tarde, meses, años después de este 4 de febrero de 2002.

No habían acabado de lavar su cuerpo tendido sobre una tabla, y vi su boca abierta como un agujero redondo y negro, que daba a una oscuridad sin fin, su pelo untado con alheña negra. La muerte es ese agujero, esa negrura en el dormitorio que fue mío hace más de veinte años. La muerte, ese aliento acre, ácido, que quema, que invade los pulmones y el corazón, ese olor a incienso y a humedad, y la puerta que se cierra sobre ese cuerpo que ya no es mi madre, devastado por el dolor y que ha perdido el aliento, el alma, ¿Dónde está mi madre? Ese agujero negro no es su boca, esa cabecita redonda no es su cabeza y esa tabla no es su cama. La ausencia, la inmensa ausencia ha invadido la casa. Los objetos, todos los objetos se han vuelto inútiles, viejos, estropeados, deslucidos. Los divanes, los almohadones, la mesa coja, los platos, la silla de plástico, la silla de ruedas, las muletas, los cubiertos de acero inoxidable, los vasos de té dorados y feos, la televisión y esa antena que cuelga ridículamente, las dos lámparas del salón sin ningún valor, las servilletas y manteles, y un montón de trapos que Rhimo utiliza para limpiar.

La casa ha quedado sellada por la irremediable ausencia. Ella ya no existe. Yo no regresaré aquí jamás. Tampoco iré a visitar su tumba. No es mi madre la que está allí enterrada. Mi madre está aquí, la oigo reír y rezar, da órdenes para que pongan la mesa, para que comamos lo que ha preparado durante horas, está de pie, encantada al vernos a todos alrededor de nuestros platos preferidos. Espera elogios. Comemos con alegría y no comentamos nada. Entonces, dice: «Los platos están vacíos, señal de que os ha gustado lo que he cocinado». Mi hermano mayor le responde: «Que Dios te dé salud y te guarde para nosotros, eterna, presente y feliz con nuestro amor». Y decimos, sonrientes: «Amén».

Contra la historia oficial

José Antonio Crespo.

Contra la historia oficial

Contra la historia oficial


El autor, basándose en los escritos de historiadores, desnuda la verdad de algunos hechos de la historia de nuestro país que han sido modificados a conveniencia. Así, encontramos detalles ignorados de la conquista, la colonia, la lucha de Independencia, el México Independiente, el porfiriato y la revolución.
También conocemos nuevos datos de héroes y villanos: Moctezuma, Cuauhtémoc, Cortés, Hidalgo, Morelos, Santa Anna, Juárez, Díaz, Carranza, Madero y Huerta entre otros. Lo importantes es la conclusión a la que llega el autor: Se debe redefinir la estructura de la historia que se enseña a nuestros hijos en las escuelas. Calificación de 10.

Entelequia: Cosa real que lleva en sí el principio de su acción y que tiende por sí misma a su fin propio.
Égida: Escudo que se llevaba en la mano izquierda.
Cenotafio: Monumento funerario erigido en memoria de alguien, pero que no guarda su cadáver.
Hagiografía: Historia de la vida de los santos.
Paloma Torcaz: Paloma silvestre, de tamaño grande, con manchas blancas en el cuello y las alas. Vive en los bosques y parques de Europa.
Fulcro: Punto de apoyo de una palanca.

Robespierristas, antirrobespierristas: os pedimos por piedad que nos digáis, sencillamente, cómo fue Robespierre.

También la iglesia, para ocultar la enorme distancia entre la forma de vida de sus jerarcas respecto del fundador del cristianismo, emitió el edicto papal Cum inte nonnullos de 1326, que declaraba herética la idea de que Jesús y los apóstoles vivían en forma humilde y desprendida de bienes materiales.

El cura de Dolores [Miguel Hidalgo] “havía buenos reventones y despilfarraba el dinero… era un hombre culto, pero también soberbio, que dijo que no se doctoró porque no quería compartir el aula con ignorantes. Usaba lentes, fumaba, bebía charanda y decía piropos”. La idealización de nuestros próceres surge tan pronto la independencia es alcanzada.

Una característica de los héroes de cualquier parte del mundo, es la de tener un halo deslumbrante y cola que les pisen.

La historia oficial cambia según las circunstancias y las necesidades de la élite gobernante en turno.

Todo movimiento colectivo ha de tener sus símbolos y mitos. En los Estados Unidos hemos deformado a tal punto la imagen de nuestros grandes hombres, que ni sus mismas madres los reconocerían.

Los pueblos suelen embellecer su propio pasado y afear el de los enemigos. Mucho más cómodo es sentirse víctima que verdugo. Por eso solemos esconder en los rincones de la memoria las injusticias que cometimos con otros, pero mantenemos siempre a mano el recuerdo de las que cometieron otros con nosotros.

No era sólo la riqueza lo que buscaban los conquistadores -de origen generalmente campesino y de cuna pobre-. Andaban en pos, quizá con mayor urgencia que de la riqueza misma, de reconocimiento y reputación, algo que en sus pueblos natales jamás hubiesen conocido.

Cuando se pide algo que tienen, nunca se niegan a darlo. Al contrario, se ofrecen a compartirlo con cualquiera… No llevan armas, ni las conocen. Al enseñarles una espada, la cogieron por la hoja y se cortaron al no saber lo que era… Serían unos criados magníficos… Con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y con ellos haríamos lo que quisiéramos.

No fue, pues, la evangelización el principal objetivo de las exploraciones y conquistas de los europeos en el nuevo continente, pero sí fue la principal razón para legitimar rapiñas y pillerías.

Para legitimar la Conquista en América, la Corona española había decretado que los españoles, antes de emprender un ataque contra los naturales de aquellas tierras, los conminaran a aceptar la fe católica y la soberania de su majestad española. Dicho exhorto debía ser leído en latín, lengua que seguramente, no sería comprendida por los indígenas. El “Requerimiento” -que así se llamaba oficilamente esa exhortación- daba explicación del origen de la Iglesia católica, del Dios verdadero y su hijo crucificado, de la potestad espiritual del papa y la decisión de uno de ellos -Alejandro VI- de conceder esa parte del mundo al reino de España. Ofrecía a los nativos leer por sí mismos la bula correspondiente “que podéis ver si quisiéredes” para comprobar que todo lo dicho era cierto. Se pedía que se reflexionase sobre lo que se exigía, “y deliberar sobre ello el tiempo que fuera justo”. De aceptar de buena gana el vasallaje que se requería, sus majestades “os recibirán con amor y caridad, y os dejarán vuestras mujeres, hijos y ahciendas libres”, entre otras bendiciones. Pero en caso de no aceptar ese vasallaje, el “Requerimiento” agregaba la siguiente proclama por parte del conquistador en turno: Con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y os haré la guerra por todas partes y maneras que yo pudiere, y os sujetaré al yugo y la boediencia de la Iglesia y sus Altezas, y tomaré vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé… y os haré todos los males y daños que pudiere, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen, y protesto que las muertes y daños que de ello se recrecieren sean vuestra culpa y no de Su Alteza ni mía. Con tales aclaraciones no podían los nativos americanos decir que no habían sido advertidos sobre lo que les sobrevendría de oponer resistencia. Y por si hubiera duda alguna de que tal prevención había sido hecha, el conquistador era obligado a pedir “al presente escribano que me lo dé por testimonio y signado, ya los presentes ruego que de ello sean testigos”. Así, en caso de cualquier reclamo por parte de los afectados, constaría l formalidad jurídica requerida para inclinar el fallo a favor del jefe de la expedición. Que los indios no supieran latín para entender a qué se atenían, ni de leyes ni jurisdicciones, era su problema. Sobre el Requerimiento, Bartolomé de Las Casas, no sabía si reír o llorar, según confesaba.

Después de la Conquista mexicana, Cortés requirió evangelizar a los habitantes de las tierras que sometió. Sabía que la empresa evangelizadora requería de hombres de Dios, es decir, reiligiosos. Pero pedía a Carlos V que enviara frailes mendicantes, cuya sencillez de vida parecía a Cortés que reflejaba mejor el mensaje cristiano. No ocurría lo mismo con las altas jerarquías eclesiásticas, según el conquistador, por lo cual pensaba que, de llegar aquí el alto clero, más que las enseñanzas de Cristo, facilitarían la desconfianza de los indios hacia la fe cristiana. Habiendo obispos y otros prelados no dejarían de seguir la costumbre que, por nuestros pecados, hoy tienen que disponer los bienes de la Iglesia, que es agstarlos en pompas y otros vicios, en dejar mayorazgos a sus hijos y parientes… y si ahora viesen (los nativos) las cosas de la Iglesia y servicio de Dios en poder de canónigos y otras dignidades, y supieran que eran ministros de Dios, y los viesen usar de los vicios y profanidades… sería menospreciar nuestra fe y tenerla por cosa de burla; y sería a tan gran daño, que no creo aprovecharía ninguna otra predicación que se les hiciere. Se cumplió la petición de Cortés de que fueran enviados a Nueva España frailes mendicantes. En 1524 tuvo lugar el desembarco de doce de esos santos varones, apra lo cual se había dispuesto de galas y festejos. Tal era la majestuosidad de los preparativos, que los nativos pensaron que se esperaba a los enviados directos de Carlos V o alguna otra celebridad del mismo rango. ¿Cual no sería su sorpresa al ver desembarcar a unos hombres pálidos, desencajados, mugrosos y ataviados con oscuras túnicas raídas, al tiempo que sus pies descalzos y enlodados sangraban? […] Pero su sorpresa fue mayor al ver al arrogante Cortés, “al que le tenían por ídolo”, y sus principales, hincarse con humildad y devoción ante los extraños y desgarrados recién llegados personajes. “Y desde entonces -narra Bernal- tomaron ejemplo todos los indios”.

Los aborígenes creían que los caballos y los cañones eran seres racionales que actuaban por sí mismos, lo que fue más atrde utilizado por Cortés para imponer las condiciones de paz, ofreciendo interceder ante los equinos y la artillería para que dejaran en paz a los nativos. Una vez terminada la batalla, los españoles demostraron que el salvajismo de los nativos -los sacrificios humanos- no estaba en realidad muy alejado del suyo propio; para curar sus heridas y las de sus monturas, usaron como ungüento la grasa de algunos indígenas, cuyos cadáveres eran abiertos para ese propósito.

A la manera de los candidatos de hoy, que visten ropajes, tocados o prendas de los grupos a los que piden su voto, Cortés, a petición de los mexicas, se puso por unos instantes uno de los penachos que se le ofrendaban, como acto de identificación. Era todo un político. Para los indios, las “cuentas de vidrio” y demás baratijas podrían tener alto valor en su mundo. Sólo en u na visión global que lo snativos no tenían pudo haberse visto el intercambio como injusto, abusivo o fraudulento. Es la escasez de los productos, dicen los economistas, lo que les da valor. Y el oro abundaba aquí mientras que los productos extranjeros -así fueran de vidrio corriente- eran raros y escasos.

El canibalismo era práctica muy difundida en el continente, y no sólo en México. Colón mismo la detectó entre los feroces indios caribes.[…] A pesar de la repugnancia que esa práctica provocaba en los europeos, más de una vez éstos se vieron obligados a incurrir en ella. Así sucedió a los hombres de Jiménez de Quesada quienes, como muchos otros, buscaron en vano la legendaria -e inexistente- ciudad de El Dorado. Al entrar en espesas selvas poco hospitalarias, en donde la búsqueda de alimentos no era una faena fácil, ingirieron reptiles y monos, cuando había, y después acabaron con caballos y mulas, los cueros de los zapatos y los cinturones, pero más adelante cocinaron los cadáveres de los indios que los acompañaban y los de sus propios compañeros caídos.

La clave de la conquista de los imperios azteca e inca radicó en la división que había entre los habitantes de esas tierras, las enemistades y los rencores acumualdos en su contra por los pueblos por ellos sojuzgados.

Cortés no hundió todas sus naves, sino que dejó dos a flote; dijo que una era para llevar despachos a España y la otra para que pudiera regresar a Cuba quienes así lo decidieran. Apuntó los nombres de lo que optaron por retornar a la isla. Después fingió que las autoridades formales de Veracruz le exigían hundir esa última nave que esperaba, y se dijo obligado a obedecer ese mandato que él mismo había acordado con los suyos. Los inconformes intentaron, con todo, huir, pero algún fiel de Cortés los delató y éste pudo detener la fuga. acto seguido echó a pique esa segunda nave y, además castigó a los desertores, ejecutando a sus dos principales caudillos, cortando los pues a otro, y condenando al resto a ser azotados. La famosa “quema de las naves” habla en sí misma del arrojo y decisión del conquistador de México, así como de su astucia, pues con ello obligaba a sus hombres a jugarse el todo por el todo en la difícil empresa que les esperaba, y al mismo tiempo su ingenuosa argucia le permitió detectar por dónde podría originarse algún futuro intento de insubordinación, para evitarla antes de que pudiera resurgir.

Siempre dudó Moctezuma de la verdadera identidad de Cortés, y por ello su parálisis ante los intrusos, y también sus titubeantes estrategias.

Considerando el número de aztecas que rodeaban al puñado de españoles que hacía y deshacía a voluntad en el gran imperio -mil por cada español- resulta inverosímil la pasividad tenochca.[…] Frente al coraje español, los nobles mexicanos se atemorizaron. Narra Fernando de Alva Ixtlixóchitl que, al caer prisionero el emperador: “La gente ilustre y los capitanes mexicanos todos se espantaron de tal atrevimiento y se retirarona sus casas”. Ante ese evento, dice Luis González de Alva, historiador contemporáneo: “Se entiende que por vergüenza sigamos ocultando estos números a los niños”. Eso, porque los mexicanos de hoy se identifican con los aztecas, pero si lo hicieran con su otro polo étnico, los españoles, entonces ese evento sería motivo del orgullo del que se ufana Bernal.

Ante la desbandada, un sacerdote trató de organizar la resistencia clamando, “Mexicanos, ¿no vamos a la guerra?”, exhorto que bien podía ser un adelanto involuntario y coincidente del himno nacional mexicano.

Moctezuma se ganó en nuestra historia la imágen de la cobardía y la claudicación frente al extranjero. El pobre monarca padeció la íntima convicción de que trataba con dioses, no con mortales, y en particular creyó inevitable el vaticinio según el cual Quetzalcóatl, el dios blanco, regresaría a recobrar sus dominios castigando al triste emperador. Si Moctezuma representa la cobardía en nuestra simbología histórica, la Malinche encarna la traición. Juntos formas la dualidad que, al menos míticamente, explican la derrota del poderoso y tiránico imperio de Mesoamérica a manos de un puñado de aventureros venidos de ultramar.

La dieron de regalo, en un lote de veinte esclavas, a Cortés. De ahí que los indígenas llamara a Cortés “Malinche”, que significa el dueño de Malinalli. Después, por simplificación, los españoles le llamaban a ella doña Marina, y nosotros, por asociación, a Malinalli la conocemos por Malinche, cuando ese “título” originalmente era de Cortés, su nuevo dueño.

Por su abyección ante los conquistadores, [el rey de los purépechas] adquirió el nombre de “Caltzontzin”, que quiere decir “huarache viejo”. Los purépechas, por su parte, empezaron a ser conocidos como los “tarascos”, que significa “suegros”. Eso, en virtud de que los “tarascos” daban a sus hijas como regalo a los nuevos amos.

Ella [Malinalli], aunque tomada como símbolo de traición, fue “fiel a su pueblo, oprimido por los aztecas, y, por tanto, enemiga de éstos”. Más aún, aunque la Malinche ocupa un incómodo lugar en nuestro averno histórico, en vida gozó de erspeto y admiración, lo mismo por su connaturales indígenes que por los colonos españoles. Nada había hecho en su vida que le hiciera sospechar que sería recordada con desdén y malidicencia. Ni siquiera los aztecas derrotados, que motivos de agravio tenía, la despreciaban. Por el contrario, la trataban con gran deferencia.

Somos lo que somos porque Hernán Cortés hizo lo que hizo. El legado simbólico de la Malinche jamás ha abandonado la conciencia mexicana. Por ejemplo, su “traición” parecía volver a cobrar vida cuando, durante los ceremoniales para conmemorar el cincuentenario de la Conquista, en 1571, fueron los indios los que mayor efusividad mostraron, festejando su propia subyugacio´n a manos de los españoles. En cambio, cuando en 1821 se consumó la independencia, en plena algarabía de la nación criolla y mestiza, los gruops indígenas se mantuvieron apáticos y desentendidos; no veían mucha ganancia en semejante evento.

La Conquista la hicieron los indios y la Independencia, los españoles.

Los tenochcas también se ayudaban con algunos estupefacientes que los disponían favorablemente para el combate; algunos comían setas sagradas (alucinógenas), y otros más, peyote (peyotl).

La psicología social mexicana tiene un magnífico tema de investigación en nuestra identificación con los vencidos y no con los vencedores, siendo hijos de ambos… La historia oficial de méxico es una larga serie de derrotas gloriosas y un pesado directorio de héroes derrotados. Comenzando por Cuauhtémoc y su profético nombre, Águila que cae, hasta Zapata, veneramos la caída, el fracaso y lo consagramos como símbolo de pureza. Cuauhtémoc, último emperador de un imperio detestado por todos sus vecinos y vasallos, es nuestro más puro héroe, no por sus hazañas ni por sus construcciones, ni sus conquistas pues no tuvo tiempo para ellas, sino porque es el gran derrotado.

[Cortés] Es el padre de México porque sin su triunfo no existiría ni la población actual; pero optamos por definirnos como conquistados, vencidos, en negación absoluta del padre, español y conquistador, triunfador y por tanto malvado… Decimos que ‘ellos’, los españoles, llegaron y ‘nos’ conquistaron. En efecto, no hay estatua alguna de Cortés en México, como si los mexicanos de hoy fuésemos todos indios puros, y no, en abrumadora mayoría, mestizos, producto de indios y españoles. Más allá del resentimiento nacional derivado de esta distorsión, Cortés es en realidad un personaje admirable desde el punto de vista político, diplomático y militar. La conquista del imperio azteca, con un puñado de hombres a su mando, es una de las más grandes y sorprendentes hazañas de la historia universal, como lo han reconocido los grandes historiadores y hombres de Estado de todo el mundo.

Si el rey quiere quitarnos la comida de la boca y el techo que cubre nuestras cabezas, pues apoderémonos de su reinado aquí y démoslo al marqués (Martín Cortés), puesto que es suyo; su padre y los nuestros lo ganaron mediante sus esfuerzos.

Martín Cortés corrió con mejor suerte, pues la pena de muerte le fue transmutada por su retorno a España (donde ya no podría fraguar la independencia novohispana). Este enorme privilegio se debió, por un lado, a su muy ilustre ascendencia, y por otro, a su amistad con el rey Felipe II, dejando en claro el importante papel que los patronímicos y las amistades desempeñarían en la historia subsiguiente de nuestro país.

El orden social y político del virreinato; para los herederos legítimos de los conquistadoers -las élites criollas-, privilegios e inmunidad, aunque siempre bajo la sombra de los peninsulares; para los herederos bastardos -mestizos y demás castas-, la injusticia, el despojo y la humillación.

[Miguel] Hidalgo, en sus proclamas prometía respetar vida y bienes de los españoles: “Nuestro ánimo es sólo despojarlos del mando, sin ultrajar sus personas ni sus haciendas”. Sin embargo, la rapiña y el pillaje de su indisciplinado ejército no sólo no fueron evitados por su líder -suponiendo que hubira podido hacerlo-, sino incluso fomentados como una legítima restitución de aquellos que los conquistadores a su vez habían tomado a fuerza de espada. El pillaje también era visto por don Miguel como un medio práctico para estimular a sus hombres a mantenerse en la trinchera.

No es casual que los diversos intentos de Independencia hayan sido encabezados por criollos; los indios y las castas, cuando se levantaban, no tenían eso en mente, sino modificar el injusto orden local que no creían que cambiaría con la Independencia. Por lo mismo, el movimiento de Hidalgo difícilmente hubiera sido atractivo para las castas y los indígenas de no incluir un proyecto de revolución social -y de botines inmediatos-. Contrariamente, en Estados Unidos, los jefes insurgentes, todos ellos provenientes de las clases pudientes, evitaron cualquier “desviación” del movimiento hacía una revolución social, por lo cual excluyeron de sus ejércitos a indios, negros y blancos pobres, es decir, a quienes pudieran intentar cambios revolucionarios. Y no es casualidad que, del lado de los ingleses, hayan peleado los indios y miles de esclavos negros: la abolición de la esclavitud (de negros o de blancos) no estaba prevista en el proyecto de independencia norteamericana. La nueva Constitución de ese país no incluyó reformas sociales de gran envergadura; sólo cambios en el diseño político.

A la muerte de Morelos, el movimiento se fragmentó y se redujo. Ciertamente algunos caudillos continuaron la revolución, como Nicolás Bravo, José Félix Fernández (mejor conocido como Guadalupe Victoria, quien adoptó ese nombre en honor a la virgen guadalupana) y Vicente Guerrero, pero no pasaban ya de comandar algunas cuadrillas dispersas sin mayor unión y coherencia y, desde luego, sin la menor posibilidad de desafiar seriamente al ejército realista.

Andrés Quintana Roo se acogió a la amnistía virreinal, aunque para ello tuvo que denunciar a sus compañeros y brindar a los realistas información confidencial (lo que pone en entredicho su heroicicidad).

Habiendo peleado por la independencia de su país frente a las tropas napoleónicas, [Francisco Javier] Mina quedó decepcionado al ser revocada la Constitución de Cádiz -en cuyo honor, por cierto, se nombró la plaza central de la ciudad de México como “Plaza de la Consitución”.

Fueron en efecto los realistas quienes, con Iturbide a la cabeza, consumaron la Independencia, pero no guiados por el liberalismo como quería Mina, sino para preservar el conservadurismo en este país, frente al liberalismo triunfante en España.

La Independencia se hubiera realizaso más tarde que temprano de no ocurrir en España un evento que impulsó decisivamente su consumación: un oficial al mando de tropas organizadas por Calleja que serían enviada a América se rebeló en 1820 en favor de la Constitución liberal de Cádiz, lo que finalmente obligó a Fernando VII a jurar dicha carta. Ésta, en efecto, resultaba sumamente amenazadora a los ancestrales privilegios de la élite criolla y la jerarquía eclesiástica de la Nueva España, que habían estado combatiendo a los insurgentes, de manera que percibieron que la mejor vía para conservar el orden virreinal que les era tan favorable era precisamente declarando la independencia de España. El alto clero novohispano fue quien primero vio la conveniencia de proteger el orden virreinal -con todo y los fueros y priviledios para la Iglesia- rompiendo los vínculos con la madre patria. El canónigo Matías Monteagudo celebró una reunión en el templo de La Profesa para plantear justo esa posibilidad a otros prelados católicos.

Quedaba, sin embargo, la necesidad de justificar a los ojos del pueblo el nuevo proyecto, pues ¿quién iba a creer que los mismos que habían combatido la Independencia con sangre y fuego durante diez años, los responsables de la muerte de Hidalgo y Morelos, súbitamente habían sido invadidos por un irresistible espíritu patriótico? Una de las razones detrás de este viraje fue, como se determino en La Profesa, la preservación del orden vigente, incluidos los grandes privilegios de la Iglesia, como lo reconoció Iturbide en una misiva: “La Independencia se justificó y se hizo necesara para salvar la religión católica”, y en otra dice que no lo mueve otro deseo que el de “conservar pura la santa religión que profesamos”. Era menester ocultar, hasta donde fuese posible, los verdaderos motivos de tan repentino viraje político. De modo que se le ocurrió al jefe militar de los nuevos conjurados invitar al carro del triunfo a los caudillos insurgentes sobrevivientes, para poder así presentar la independencia como resultado directo del levantamiento iniciado en 1810 por el padre Hidalgo, pero sin su programa de profunda reforma social. […] Aceptó Vicente Guerrero, principal jefe insurgente en ese momento, la oferta de don Agustín [Iturbide], pues de todas formas la causa insurgente parecía perdida; más valía una independencia sin reforma que nada.

Don Vicente respondió a Iturbide ante su propuesta de un pacto independentista: “Nada es más compatible con su deber que el salvar a la patria, ni tiene otra obligación más forzosa”. El histórico “abrazo de Acatempan” entre Iturbide y Guerrero selló el acuerdo en el que ambos antiguos rivales ganaron algo: los insurgentes lograban parte de su programa original, la Independencia, y la posibilidad de algunos puestos importantes en el nuevo gobierno mexicano. Los realistas conversos a la causa independentista conseguirían legitimar su viraje estratégico, y la seguridad de escalar en el orden social y político el peldaño que se les había vedado durante trescientos años.

El Acta de Independencia resalta como principal héroe al propio Iturbide, como no podía ser de otra forma, llamándolo “genio superior a toda admiración y elogio”. Evidentemente, con la Independencia bajo la égida iturbidista, es decir, realista, el orden virreinal se mantuvo incólume en lo esencial, si bien con algunas concesiones al programa insurgente, como la abolición formal de la esclavitud. Pero ahora ese nuevo orden estaría al servicio de la clase criolla que antaño se encontraba en posición subordinada a los peninsulares; fue ésa la verdadera motivación de los consumadores de 1821.

Como buen político mexicano, Iturbide se hizo del rogar antes de aceptar el trono, pues al ser proclamado “espontáneamente” por sus tropas como emperador, rechazó tan alta investidura. Pero, según el mismo narra, un amigo cercano le aconsejó: “Se considerará vuestro no consentimiento como un insulto, y el pueblo no conoce límites cuando está irritado. Debeís hacer este nuevo sacrificio al bien público; la patria está en peligro”. Ante ello, escribió don Agustín: “Conocí que era necesario resignarse a ceder a las circunstancias”. En otras palabras, Iturbide inauguró la muy mexicana tradición de desconocer las verdaderas ambiciones de poder y esperar a que el pueblo, los sectores sociales o las bases del partido lo soliciten con gran estruendo y entusiasmo para, por amor a la patria, aceptar tan grave responsabilidad.

El lugar que en el nuevo gobierno tocó a los insurgentes no fue muy digno frente al que se les dio a los antiguos realistas. A Guerrero se le nombró mariscal de campo, puesto de bajo rango, en tanto que Nicolás Bravo fue elevado a general brigadier, un grado por abajo de Guerrero, para poco después ir directamente a la cárcel; y a Guadalupe Victoria sólo se le reservó un sentido agradecimiento por los importantes servicios prestados a la patria. Las viudas de los eralistas caídos en combate recibieron generosas pensiones, no así las de los insurgentes fallecidos por la patria, pues quedaron en el más completo olvido por parte del nuevo gobierno imperial.

De 1821 a 1910, México tuvo cuarenta jefes de Estado, de los cuales tres cuartas partes eran militares, y se sustituyeron 96 veces entre sí. El que menos duró en su cargo lo hizo por dos días, frente a los treinta años de Porfirio Díaz y los catorce de Benito Juárez (entre los dos gobernaron la mitad del tiempo en este periodo.

El Congreso, una vez restituído -pues Iturbide lo había disuelto previamente-, no aceptó su renuncia, sino que la consideró improcedente en virtud de que declaró “viciada de origen” la elección que el mismo Congreso hiciera del emperador meses atrás. Es decir, los propios diputados reconocían la ilegitimidad del proceso mediante el cual ellos mismos habían electo y nombrado a Iturbide como monarca constitucional. Comenzaba el surrealismo a permear nuestra vida política.

Don Vicente tenía el problema de no saber leer ni escribir, por lo que en más de una ocasión firmó -a instancias de sus colaboradores- documentos cuyo contenido no conocía cabalmente. El nuevo mandatario había prometido a Santa Anna el Ministerio de Geurra, mismo que no obtuvo pues el antiguo insurgente, pese a haber empeñado su palabra en ello, prefirio conferir ese importante cargo a persona más confiable. Pero Santa Anna consiguió al menos el nombramiento de egneral de división, paso no despreciable en su larga carrera. Gómez Pedraza salió exiliado a Pennsylvanya. No obstante, poco después, Guerrero perdió la silla presidencial frente a Anastacio Bustamante, el vicepresidente en funciones. Los partidarios de Guerrero no reaccionaron en el momento y dieron por perdido el poder, al menos temporalmente. Pero la chispa que volvió a prender sus ánimos fue la captura y ejecución de don Vicente. De nuevo, los guerreristas tomaron el camino de la armas, invitando al tenaz Santa Anna como cabecilla militar del movimiento; sólo que, muerto Guerrero, no encontraban los golpistas a la persona idónea para colocar en la presidencia, por lo que se les ocurrió elegir como beneficiario de su aventura nada menos que al propio Gómez Pedraza… ¡el mismo al que tres años antes ellos habían derrocado!

Un amargo agravio que abriga la conciencia histórica de los mexicanos es la pérdida de Texas, hoy es uno de los estados más ricos de la Unión Americana, en 1836. La culpa e tal calamidad suele distribuirse entre el gobierno americano -sediento de nuevas tierras-, los colonos texanos -que preferían pertenecer a Estados Unidos- y la torpeza militar y la obardía del general Santa Anna. Hay parte de cierto en todo ello. Pero debe matizarse la participación de los colonos texanos -de origen norteamericano y europeo-, a los que en realidad no les convenía separarse de México por aquellos años. Por un lado el gobierno mexicano había permitido que en esa región prevaleciera una práctica que desde la Independencia había quedado abolida en el resto del país: la esclavitud. En 1829, Vicente Guerrero, ya como presidente, intentó abolir ahí también la esclavitud, pero ante el enfado de los plantadores texanos, simplemente desistió.

En realidad, el triunfo mexicano desmerece un poco con el dato de que la refriega se dio entre cerca de diez mil soldado mexicanos contra menos de trescientos colonos (es decir, algo así como 35 mexicanos por cada defensor del fuerte). A diferencia de Houston, el general-presidente no perdonó la vida a los defensores de El Álamo, los cuales, según un soldado mexicano -y cronista de la campaña texana-, se portaron valerosamente frente a la desigual fuerza. Pero en la desesperación por tomar el fuerte a como diera lugar, mientras soldados mexicanos escalaban sus muros, la artillería mexicana no dejaba de bombardear, muriendo así más soldados por el fuego de sus propios compatriotas que por el de los colonos. Un oficial mexicano afirmó: “Otra batalla como ésta y todos iremos al diablo”, como siglos antes había dicho el rey Pirro II al derrotar, con gan costo de por medio, a las legiones romanas (de donde surgió el concepto de “victoria pírrica”).

Presentado ante Sam Houston, Santa Anna felicitó a su captor, diciéndole: “Usted no ha nacido para un destino vulgar; ha vencido al Napoelón del Oeste”. Muy bien pudo responderle Houston -y seguramente lo pensó- que el “Napoleón del Oeste” había encontrado en él al Wellington de América. Santa Anna admiraba sobremanera al emperador francés a quien había leído cuidadosamente, imitaba en su peinado (que vio en una pintura en que el viento empujaba su cabello hacia adelante) y en su hábito de meter la mano derecha bajo el chaleco. El mimetismo fue tal, que no pasó mucho tiempo para que el jalapeño se considerara el Napoleón de América, como se lo hizo notar a Houston; aunque más allá de la pose y el peinado, había algunas diferencias, no pequeñas, entre el Napoleón francés y el mexicano.

La hazaña de santa Anna que “humilló la arrogancia anglicana” dejó el siguiente saldo: a) el pago de seiscientos mil pesos a los “vencidos”; b) seis millones de pesos que el gobierno mexicano dejó de cobrar por derechos aduanales, durante diez meses de bloqueo; c) la pérdida de una flota destinada a la recuperación de Texas, consistente en una corbeta, tres bergantines y cuatro goletas, y d) a cambio de tan sonado triunfo, había tenido don Antonio que brindar en prenda su propia pierna, la que poco después fue enterrada en la capital en medio del más alto ceremonial militar y cívico. Una crónica de la época relata tan solemne acto: La concurrencia toda, los señores secretarios de Estado, el Estado Mayor del presidente y la plana mayor del Ejército se unieron sucesivamente formando grandes hileras al fin de las cuales venía la urna funeraria vistosamente adornada, en cuyo centro se encontraba el pie del excelentísimo señor presidente. A retaguardia marcharon dos regimientos de infantería y un escuadrón de caballería con las respectias músicas y la correspondiente dotación de artillería. Habiendo llegado al panteón, se subió la urna al cenotafio del gran mausoleo donde se iba a depositar, coronado con las armas y los pabellones de la República, el sagrado pie, tomado en brazos por un sacerdote, en medio de salvas de artillería.

Había estallado en la ciudad de México una insurrección en contra del gobierno que era necesario sofocar; la rebelión de los “polkos” (llamados así por su destreza en el baile de moda, la “polka”), promovida por la Iglesia católica y apoyada financieramente por los norteamericanos con 50 000 dólares. La Iglesia había colaborado antes con el gobierno para enfrentar la invasión, pues temía que los yanquis impusieran la temible “libertad de cultos”. Pero cuando su bolsillo quedó directamente afectado más allá de lo esperado, entonces sobrevino la insurrección eclesial, previamente acordada con los generales invasores, a cambio de no tocar las propiedades de la Iglesia.

Scott tomó rumbo hacia el Castillo de Chapultepec, importante baluarte de difícil captura. Tan complicada se veía la toma de la fortaleza, que un alto oficial norteamericano exclamó la mañana de la batalla: “Nos van a derrotar”, y el propio Scott confesó a uno de los suyos: “Tengo un mal presentimiento”. Pero, de nuevo, Santa Anna hizo de las suyas facilitando la toma del Colegio Militar, ubicado en Chapultepec: convenció a Nicolás Bravo -defensor oficial del baluarte- que los norteamericanos no atacarían, sino que seguirían por otro camino, por lo cual dejó insuficientes fuerzas para su protección. Así, las tropas yanquis superaban en diez a uno a los defensores del castillo. Al finalizar el cruento combate, Bravo entregó su espada -cuajada de piedras preciosas- a los oficiales norteamericanos. Sólo algunos cadetes se resistieron a la derrota, pese a que se les ordenó emprender la retirada. Los célebres “niños héroes”. El valor y sacrificio de estos jóvenes -muchos más que los reconocidos en su monumento- es innegable, si bien se agregó a ese suceso un mito con poco fundamento: el episodio de Juan Escutia que se arroja con la bandera nacional envuelta para que no cayera en manos invasoras. Escutia no era cadete -probablemente miembro del apenas derrotado batallón de San Blas- y llegó al lugar a sumarse a los cadetes (por eso no estaba registrado en la lista de cadetes, lo que generó la duda sobre su existencia) Sin embargo, los soldados yanquis en realidad arriaron la bandera mexicana que ondeaba en el Castillo de Chapultepec, que fue doblada debidamente por los norteamericanos y entregada a sus superiores (estuvo en West Point hasta 1978), y no “salvada” por Escutia para evita que cayera en manos yanquis.

No es la muerte la que hace un héroe, sino la disposición a afrontarla en defensa del país.

Contrasta la determinación de los cadete que decidieron quedarse a enfrentar a las tropas invasoras con el hecho de que varios oficiales del Colegio Militar -incluyendo a su director, al médico y al capellán- se inventaran raras enfermedades para excusarse y resguardarse en sus casas. La extraña epidemia era, seguramente, la cobardía. Irónicamente, muchos de estos fociales recibieron después condecoraciones y medallas por su valor. En cambio, se quedó al frente de algunos cadetes el capitán Domingo Alvarado, de 22 años, uno de los muchos y auténticos héroes opacados por la historia oficial. Y, también, algunos ex cadetes expulsados debido a alguna indisciplina se presentaron voluntariamente a defender el baluarte. Uno de ellos fue Agustín Melgar. Por todo ello, un soldado norteamericano escribió: “Los soldados mexicanos, mayores de edad, hubieran hecho bien si hubiesen seguido el ejemplo de los jóvenes”. Y, un ministro de Polk escribió: “Los cadetes, verdaderos niños… pelearon con evidente atrevimiento y, acorralados, estimulaban a sus mayores a vender caras sus vidas… y sin cejar ante la muetre”. En otras palabras, los norteamericanos reconocieron el heroísmo de los niños héroes mucho antes que el gobierno mexicano.

México fue la primera capital del mundo que cayó bajo las tropas norteamericanas, y por ello la primera frase de himno de los marines reza: “De los alones de Moctezuma, a las costas de Trípoli… ” El pabellón de las barras y las estrellas ondeó en el Zócalo, irónicamente, el 14 de septiembre, a dos días del festejo de nuestra Independencia. Pero el primer soldado yanqui que intentó izarla tuvo que pagarlo con su vida, pues un francotirador mexicano le disparó certeramente, como acto de desesperación e impotencia. Como sea, cuando los yanquis llegaron a Palacio Nacional, éste ya había sido saqueado por los propios mexicanos, aprovechando el caos y el vacío de poder.

Paradójicamente, el negociador norteamericano, Nicholas Trist, no estaba muy convencido de la justicia de la guerra, “que era un abuso de poder de nuestra parte”, ni de la legitimidad de arrancar territorio a los mexicanos, pero, como buen diplomático, no tenía más remedio que apegarse a las instrucciones que su gobierno le había girado. Después de la firma del tratado en cuestión, Triste escribió a un amigo sobre la negociación con los representantes de México: “Si aquellos mexicanos hubieran podido ver dentro de mi corazón en ese momento se hubieran dado cuenta de que la vergüenza que yo sentía como norteamericano era mucho más fuerte que la de ellos como mexicanos”. Incluso, don Nicholas llevó el diálogo de tal manera que evitó que su país se quedara con más territorio del que finalmente nos cercenó, lo cual le costó el enojo de su presidente, el fin de su larga carrera pública, el ostracismo gubernamental, la suspensión del pago por su labor en México, y finalmente una situación de penuria económica hasta poco antes de su muerte.

La historia oficial mexicana enfatiza la ambición de los norteamericanos, al quitarnos por la fuerza la mitad del territorio nacional, lo que constituye una de las más graves afrentas sufridas por nuestro país; lo que no se dice en la aulas es que los yanquis encontraron para ello formidables aliados entre los mexicanos, como lo fueron Santa Anna, la alta jerarquía católica y los distintos partidos políticos, principalmente los liberales puros, quienes, incrédulos de cualquier posibilidad democrática en nuestro país, creyeron conveniente garantizar la libertad que ofrece la democracia sacrificando la nacionalidad.

Como esa parte del continente americano, denominada “Iberoamérica” o “Hispanoamérica”, no hacía ninguna alusión evidentemente a Francia, empezó a nombrarla “Latinoamérica” para legitimar la presencia francesa en México y después, con suerte, en el resto del subcontinente.

[Juan Nepomuceno] almonte merece un comentario aparte; hijo ilegítimo de Morelos, fue uno de los más radicales conservadores que formó parte de la comitiva que invitó a Maximiliano a aceptar el trono mexicano. De niño fue nombrado por su padre capitán de una escuadra infantil llamada “Compañía de los Emulantes”. A ella pertenecía Narciso Mendoza, el famoso “niño artillero” que disparó nu cañón con la los realistas durante el sitio de Cuautla, en 1812 (y cuyo padre fue fusilado después por Calleja, como castigo a la hazaña militar de su hijo). Pero, como Almonte, el “niño artillero” también se adhirió a la causa imperialista, según lo comunicó en 1864 en una carta a su antiguo comandante, dato borrado por la historia oficial.

Más gloriosa fue la batalla de Monterrey en contra de fuerzas norteamericanas en 1846. Ahí, dos mil invasores fueron rechazados por sólo 600 defensores, provocando más bajas a los norteamericanos. Pero esa gran victoria simple y sencillamente está borrada de nuestra historia, y su ganador, Manuel Balbotín, es un ilustre desconocido pese a que sus méritos militare superan a los de Zaragoza.

Los monarcas y emperadores -decía Maquiavelo- suben al trono o por su real estirpe o por haber conquistado espada en mano algún reino; Felipe II de España e Isabel I de Inglaterra constituyen un ejemplo del primer caso; Napoleón Bonaparte y su sobrino Luis, ilustran el segundo. Lo extraño es hablar de un emperador que haya sido electo por un pueblo, sobre todo si ese pueblo no era el suyo. Quienes ofrecieron el trono mexicano a Maximiliano justificaban la necesidad de traer un príncipe extranjero, en virtud de que “para fundar el trono no es posible escoger un soberano entre los mismos hijos del país, oprque las cualidades principales que constituyen a un Rey, son de aquellas que no pueden improvisarse, y que no es dable que posea en su vida privada un simple particular” categoría esta última, en la que entraban todos los mexicanos sin excepción, y de ahí la necesidad de importar un monarca). El príncipe austriaco puso como condición para aceptar la Corona mexicana el visto bueno de sus futuros súbditos pues, comprensiblemente, no deseaba gobernar en un país cuyos habitantes de entrada lo repudiaran como monarca.

El archiduque, liberal como era, quería un respaldo auténtico del pueblo de México; no quería imponer a los mexicanos un gobierno contra su voluntad, sino ser visto como “emperador del pueblo”. Por ello, Napoleón III y los ilustres mexicanos que ofrecieron el trono a Maximiliano se dieron a la ardua tarea de recabar las firmas de los mexicanos que no deseaban una república como forma de gobierno, sino un Imperio encabezado por tan ilustre príncipe europeo. Cuando Juárez se enteró de ello, llamó al pueblo a boicotear la farsa. Más aún, advirtió que quien participara en ella sería considerado colaborador del invasor. En eralidad sólo era posible conseguir algunas rúbricas en las regiones ocupadas por las fuerzas expedicionarias de Francia, y probablemente muchos de quienes participaron en el plebiscito lo hicieron temerosos de las fuerzas invasoras. Pero ese apoyo no bastaba para reunir la abrumadora mayoría que exigía el candidato a emperador, por lo que hubo de recurrirse a la falsificación de votos.

Lo irónico de semejante plebiscito es que la alteración del proceso se haya hecho para convencer al candidato imperial de que aceptara el trono, cuando en nuestro país más bien ha sido menester contener a los diferentes aspirantes al poder para que no se precipiten sobre la ansiada silla presidencial. En efecto, los fraudes electorales se hicieron normalmente para convencer a la ciudadanía, y no al candidato, de que aceptase de buena gana una decisión en la que no había tenido mucho que ver el pueblo. La artificialidad del plebiscito imperial arrojaba un mal agüero que Maximiliano no pudo, no supo o no quiso leer.

Fue Maximiliano el gobernante que más intentó hacer por los campesinos e indígenas en nuestro país durante todo el siglo XIX, convirtiéndose paradójicamente en un notable precursor del agrarismo e indigenismo modernos. Los liberales, lejos de haber llevado a cabo una política de protección hacia el sector rural e indígena de la sociedad, mostraron por lo general gran indiferencia e incluso desprecio por él, considerándolo como un lastre para su proyecto progresista. Ya antes, otro extranjero, el barón Von Humboldt, había señalado la necesidad de eliminar las diferencias sociales para desarrollar el enorme potencial económico del país: Ojalá que llegase a persuadir a los responsable del destino mexicano de una verdad importante, a saber: que el bienestar de los blancos está íntimamente enlazado con el de la raza bronceada, y que no puede existir felicidad duradera en ambas Américas, sino hasta que esta raza humillada pero no envilecida en medio de su larga opresión, llegue a participar de todos los beneficios que son consiquientes a los progresos de la civilización y del perfeccionamiento del orden social.

Maximiliano, por su parte, externaba en privado su visión de la clase dirigente mexicana, los jueces, oficiales del ejército y clero como “la peor cosa que he encontrado en este país”.

Estableció Carlota los “lunes de la emperatriz”, día en que recibía solicitudes y peticiones de todos los círculos de la sociedad, tratando de darles satisfacción. De tales actividades filantrópicas le vino el cariñoso sobrenombre de “Mamá Carlota”, pues ella misma había declarado su interés por ser “como una madre para todos los mexicanos”. Escribió la emperatriz: “Gobiernos habrá un día nque explotarán la riqueza del país… pero ningnuo que trate más de hacer felices a los mexicanos”.

Cuando las condiciones que hicieron emitir una promesa han cambiado, y su cumplimiento afecta los intereses del que la ha emitido[…], nada más práctico que abstenerse de cumplirla.

Maximiliano recordaría más tarde la presión que recibió de su señor: cuando se hallaba el emperador preso en Querétaro, manifestó a Miguel Miramón, poco antes de morir, su pena por haberlo comprometido en tan peligrosa aventura, a lo que Miramón respondió: “¿Qué quiere usted, majestad? Estoy aquí por no haber seguido los consejos de mi mujer” (pues la esposa de don Miguel había previsto el peligro que se cernía sobre el efímero segundo Imperio). A ello el emperador austriaco replicó: “No tenga usted remordimientos, pues yo estoy aquí por haber seguido los consejos de la mía”.

Aunque el apellido, el abolengo y la fortuna pueden heredarse de padres a hijos, no ocurre lo mismo con las habilidades políticas. Es más, éstas ni siquiera pueden obtenerse a través de una educación especializada, por más que otras capacidades sí sean propicias de ser inculcadas por esa vía, como las buenas maneras y la etiqueta aristocrática. Se nace o no con la madera de político. Ha habido quien recibe de nacimiento un trono, como patrimonio personal, pero no peude sostenerlo, mientras que otros, carentes de todo poder en el momento de venir al mundo, han logrado forjarse un imperio propio y duradero. La transmisión hereditaria del poder provocó, a lo largo de la historia, que ha muchos les cayera del cielo un reino sin haber hecho nada para ganarlo, y sin tener idea de como preservarlo. Tales hombres emprenden la aventura de internarse en terrenos que les son ajenos, por más que por derecho de sangre puedan ingresar en ellos. uno de ellos fue Maximiliano, cuya alma corrrespondía más bien a la de un poeta o un naturalista que a la de un político, y menos estadista.

En México, José María Iglesias, juarista, se comprometía a apoyar al nuevo Imperio mexicano: “Por el exámen que hemos hecho del inolvidable tratado de miramar, se tiene en perfecto conocimiento que sus estipulaciones son de realización imposible… de un lado ha habido perfidia; del otro, imbecilidad”. Eso sí, Maximiliano se tomó largo tiempo en desarrollar un manual protocolario de su corte, en él regulaba hasta el más mínimo detalle del comportamiento esperado de las damas y los lacayos. También escribió un voluminoso reglamento para la marina mexicana, en donde se especificabn incluso los uniformes de toda la jerarquía naval, desde almirantes hasta grumetes. Lo único malo de ello era que México no contaba por ese entonces con armada.

Maximiliano también honró la cuna de la Independencia al asistir el 15 y 16 de septiembre de 1864 a la ciudad de Dolorea, para dar ahí el tradicional grito en la noche, ceremonia que sin duda fue muy peculiar, pues además de lanzar vivas a Hidalgo, dio vivas también a su esposa Carlota, a Napoleón III, a su suegro el rey de Bélgica y a otros personajes de la nobleza europea.

Ésa es una verdad que se menciona en el Ejército; allí nadie se cree que esta guerra contra el narco vaya en serio, todos sabemos que esto es sólo para distraer.

Hacia 1866, la nave imperial ya hacía agua; un soldado francés narraba que el emperador, “cuando se cansa de lo poco que gobierna, se retira a una quinta que tiene en Cuernavaca a cazar mariposas y lagartijas”. Y agregaba: “Si antes que llegara Maximiliano México era un Imperio sin emperador, ahora Maximiliano es un emperador sin Imperio”. De hecho, Carlota parecía tener más temple de gobernante que su marido, quien la había nombrado regente para cualquier emergencia que le hiciera a él salir del país apresuradamente. Y, según Fernando del Paso: “Cuando Carlota se quedaba como regente era cuando se hacían las cosas, cuando de verdad México tenía un gobernante que sabía tomar decisiones”. La primera vez que quedó al cargo de la ciudad, expulsó ladrones, mandó reparar varias calles y desplegó su arbitraje para resovler disputas administrativas dentro del gobierno imperial. Fue ella quien impulsó un decidido programa educativo que implicó la fundación de numerosas escuelas y decretó la Ley de Instrucción Pública, que instituía la primara obligatoria; promovió la continuación de la vía ferroviaria entre México y Veracruz, además de otros proyectos de transporte y comunicación. […] Presidía el Consejo de Ministros, a quienes presionaba para que aprobaran sus decisiones, generalmente manejando mucha mayor información que ellos. A los conservadores mexicanos que ofrecieron el trono a Maximiliano en Miramar, tras su primera entrevista con los archiduques, les quedó algo muy claro: Carlota tenía un carácter mucho más fuerte que el de su marido. […] Frederik Hall, asesor legal del emperador, escribió que “si ella hubiera sido un hombre a la cabeza de un gobierno poderoso, la hubieran considerado el soberano más eminente de su era”.

Nuestra insistencia en dejar a Santa Anna en el sitio del averno histórico que hace mucho se le adjudicó tiene más que ver con la reticencia a reconocer en él los defectos de una país que recurrió a él una y otra vez a pesar de sus errores y traiciones.[…] Tememos ver en Santa Anna un espejo de las contradicciones y las patologías que padeció, o sigue padeciendo, el país en conjunto.

Juárez no fue, pues, el hombre obsesionado con la ley que se nos enseña en las aulas; más bien fue un hábil político que supo echar mano de la propia ley para sus propósitos políticos de perpetuarse en el poder, pero dándole una óptica que durante años ha prevalecido en nuestro país: “Lo importante del poder no es tanto su origen, sino la utilidad que se le dé para las grandes causas nacionales”.

Pero gracias a su habilidad para controlar los levantamientos en su contra, Juárez pudo preservar el poder desde que lo asumió en 1858 hasta su muerte, es decir, catorce años consecutivos (más del doble del tiempo efectivo que Santa Anna mantuvo la presidencia).

Fue Díaz, curiosamente, quien impulsó la canonización histórica de su antiguo rival, cuando su imagen había caído casi en el olvido de los mexicanos de la época. Se encargo Don Porfirio de erigir la estatua pendiente, hecha con el bronce fundido de antiguos cañones conservadores, y rebautizó con su nombre una importante avenida capitalina conocida hasta entonces como Corpus Christi. Ordenó en su 15 aniversario luctuoso se organizaran varios eventos conmemorativos, discursos en su honor frente a su tumba, la bandera a media asta, etcétera. A partir de entonces, celebró puntualmente un homenaje anual en su memoria. Estimuló igualmente que en los estados se levantaran múltiples estatuas y bustos del Benemérito, y se bautizaran con su nombre a calles, plazas, escuelas y parques. Una posible explicación de tan repentina devoción es que Díaz había decidido seguir el ejemplo reeleccionista y dictatorial de Juárez, y el culto a la figura del Benemérito le servía para justificar sus propios propósitos políticos. Al llegar el centenario del natalicio de Juáerz, don Porfirio organizó concursos de oratoria y hagiografía del héroe máximo, e incluso se hicieron litografías en donde Juárez aparecía con rasgos más bien europeos, “blanqueado” como aún se dice (algo semejante a lo ocurrido recientemente con la imagen del indio Juan Diego). En 1910 se inauguró el Hemiciclo a Juárez, como parte de los festejos del Centenario de la Independencia. Fue pues don Porfirio, hoy villano que pena en el panteón histórico, quien paradójicamente elevó a Juárez, máximo héroe nacional, al pedestal de bronce en donde hasta la fecha brilla orgulloso.

Uno no vota cuando tiene miedo.

Además de su destreza militar y arrojo en el campo de batalla, el joven Porfirio había demostrado una poco usual honestidad en el manejo de los fondos públicos, pues rendía puntualmente cuentas de todos los gatsos que realizaba, regersando lo que le sobraba. También solía prohibir explícitamente a sus hombres recurrir al consabido saqueo, y él mismo evitaba las deudas forzosas a las que recurría la mayoría de colegas militares (de ambos bandos). En efecto, nunca tuvo, ni cuando fue dictador, fama de ladrón. Salió del país sin una fortuna como las que acostumbraban allegarse nuestros gobernantes. Durante la ocupación de la ciudad de México y antes de la llegada de Juárez, un alto oficial austriaco que lo conoció, escribió en su diario: “Díaz se ha conducido como un vaballero frente a nosotros. Es un soldado y no uno de esos fracasados como Lerdo… Porfirio se ganó el respeto de los habitantes de México así como de su ejército, que lo idolatra… Díaz tiene, por cierto, una ambición colosal; quiere llegar a ser presdidente; se le nota. Con un presidente así, sólo podría felicitar al país”.

Muchos de los rasgos y prácticas característicos del régimen priísta -que explican en buena parte su enorme longavidad de siete décadas- pueden rastrearse desde el porfiriato: la negociación, la cooptación, la conciliación, el barniz democrático a las prácticas autoritarias, el acarreo político, el clientelismo electoral, la subordinación del Congreso al Ejecutivo y, sólo como recurso de última instancia, la represión. Bulnes sintetizó la política porfirista con la siguiente frase: “El mínimo de terror con el máximo de benevolencia”.

Benigno Cartas, quien participó en la tortura y muerte de Félix Díaz, hermano de don Porfirio, se presentó años más tarde con el presidente diciéndole: “Vengo a presentarme porque, como usted sabe, yo soy el asesino de su hermano, para que disponga de mi”. Díaz le respondió que se pusiera a trabajar, pues ambos eran ya viejos para cobrar y pagar antiguas deudas.

Fue pues don Porfirio un maestro en la “cooptación”, al grado que durante su gobierno surgió el término “hueso” para referirse a algún cargo público, pues decía que para acalla a los opositores, había que ofrecerles algún puesto o prebenda: “Perro con hueso ni ladra ni muerde”.

En uno de sus cautiverios, recibió un trato humano y amable de su captor, el barón Schizmandia, quien por ello fue reprendido por su superior haciéndolo relevar de su cargo. Más tarde, el propio Schizmandia cayó prisionero de Diaz, quien lo invitó a almorzar, la facilitó un corcel y le dio la libertad. Díaz sabía ser agradecido con quien lo ayudaba. en una de sus fugas, dejó una carta a dos oficiales que le habían prodigado un trato humano, agradeciéndoles sus finas atenciones.

Madero aguardó pacientemente a que llegara el 20 de noviembre para cruzar el Río Grande hacia Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras), en don de lo recibiría su tío con cuatrocientos hombres para partir a México. Pero el contingente reunido estaba formado apenas por diez hombres. Madero y su pequeño “ejército” de diez efectivos esperó dos días a que se le sumaran más voluntarios que nunca llegaron, pues por las inmediaciones merodeaban partidas de federales, cosa nada sorpredente en virtud de la difusión adelantada que don Francisco dio al estallido revolucionario. ante lo que creyó un rotundo fracaso, el Apóstol retornó al otro lado, esta vez a Nueva Orleans. Lo verdaderamente sorprendente es que, pese a todo, ese peculiar movimiento haya podido triunfar. Una revolución surrealista para un país surrealista. En efecto, mientras Madero se refugiaba una vez más en Estados Unidos, en diversos puntos del país algunos grupos habían tomado al pie de la letra el exhorto del Plan de San Luis y se levantaban en armas contra el régimen porfirista, al llegar el día y la hora preestablecidos. La confianza en el triunfo volvió a renacer en tan singular revolucionario como Madero, quien pudo retornar al país para encabezar la Revolucio´n, aunque tres meses después de que formalmente había iniciado.

Su hermano Gustavo había escrito de él: “El pobre de Pancho, como siempre, con muy buena voluntad, muy bondadoso, pero no sabe mandar por más qie tiene muchos con quienes hacerlo”. La prensa criticó también su buena fe, su honestidad y respecto a la legalidad, porque percibía que tales virtudes no eran precisamente las más adecuadas para ejercer el poder eficazmente, sobre todo en tiempos turbulentos. Así, el semanario La Risa profetizó la caída del presidente en su “Carta abierta a Francisco I. Madero”: “Has sido el Apóstol, el Madero redentor… y ya sabes lo que le pasó al otro Redentor con el madero. Tú llegas a la política puro y nítido como una paloma torcaz, sin percatarte de que la política es un gavilán”. Precisamente opr eso aconsejaba el célebre Maquiavelo que quien quisiera tener éxito en el ámbito político habría de renunciar a toda consideración moral y humanista, so pena de ser vencido fácilmente en tan despiadada contienda; quien tales ambiciones albergue en su alma -decía el florentino- no debería mostrar escrúpulo alguno en recurrir a la mentira, al asesinato, la crueldad y la venganza cuando las condiciones asi lo requiriesen -situación frecuente en la pugna política-. Madero no ignoraba esos preceptos; sabía que la política exigía a veces de tales excesos.

No tiene un átomo de energía; no sabe poner al rojo el acero; y ha dado en la manía de declararse un gran demócrata. ¡No fusila, señor! ¿Cree usted que un presidente que no fusila, que no castiga, que no se hace temer, que invoca siempre las leyes y los principios, puede presidir? El mundo todo es mentira. ¿Cómo pretende Madero gobernarnos con la verdad? Si dentro del Apóstol hubiera un Porfirio oculto y callado, México sería feliz.

Después de que triunfe la revolución, espero perder la vida, no importa cómo, porque un revolucionario, para que sea fructífera, debe ser bañada por la sangre de quien la inició”. Así, el apóstol oscilaba entre la sospecha de que tendría un mal fin, y la esperanza de que su fuerza moral se impondría sobre las ambiciones y envidias que prevalecen en el mundo de la política.

Nos guste o no (y generalmente no nos gusta), Estados Unidos ha sido el fulcro que históricamente ha inclinado la balanza de nuestra política interna. El bando que ha gozado del visto bueno de los norteamericanos ha podido sobrevivir, contrariamente a los que reciben su descalificación. El gan poder que Estados Unidos fue cobrando gradualmente (hasta convertirse en la superpotencia hegemónica que es hoy) fue previsto tempranamente, en 1783, a pocos años de la independencia norteamericana, por el visionario conde de Arana, el cual escribía al rey de España: Mañana (Estados Unidos) será gigante, conforme vayan consolidando su constitución y después un coloso irresistible en aquellas regiones… La libertad de religión, la facilidad de establecer gentes en territorios inmensos y las ventajas que ofrece aquel nuevo gobierno, llamarán a labradores y artesanos de todas las naciones.

En nuestra mitología histórica, fueron los antihéroes quienes comprometieron la soberanía del país; Iturbide combatió con furia y derrotó al movimiento insurgente que buscaba el nacimiento de México como nación soberana, aunque después los reviviera por interés propio; Santa Anna permitió que se nos arrancara Texas, propició la derrota en la guerra contra los norteamericanos y vendió por unos cuantos dólares el territorio de la Mesilla; los conservadores entregaron México a los franceses y a un príncipe austriaco; y finalmente, Porfirio Díaz, que tan nacionalisya se mostró frente a las fuerzas francesas, una vez en el poder no tuvo reparos en entregar buena parte de la economía nacional a poderosas empresas extranjeras.

El canciller Melchor Ocampo, queriendo preparar a los gobernadores sobre lo que venía con el tratado (y cuando todavía se preveía la venta de Baja California), envió la siguiente circular: “El gobierno constitucionalista se unirá a los economistas que piensan que un vecino rico y poderoso vale más y da más ventajas que un desierto devastado por la miseria y la desolación”.

La mayoría de los mexicanos de la actualidad tenemos vena liberal y republicana (o al menos decimos tenerla), por lo que no podemos ocultar nuestro regocijo al saber del triunfo de Juárez sobre los conservadores; pero la mayoría desconoce que para ello el Benemérito promovió en su ayuda la intervención de la armada norteamericana en aguas mexicanas. Por su parte, Santos Degollado propuso al gobierno norteamericano que ejerciera una intermediación entre los dos bandos en guerra para lograr un armisticio, el cual incluiría el nombramiento de un presidente que no fuera Juárez ni Miramón; el Benemérito, sumamente enfadado por ser descartado en tal propuesta, no sólo la rechazó enérgicamente, como es lógico suponer, sino que llamó a Degollado a Veracruz para ser juzgado como desertor. Traición era ni más ni menos quererlo privar, por la razón que fuera, de la presidencia de la República.

Muchos reconocieron a Huerta, más de lo que la historia oficial suele registrar. El clero católico desfiló con imágenes de la Virgen María, agradeciendo la paz restablecida por Huerta, y los jerarcas emitieron una pastoral advirtiendo a sus fieles que era pecaminoso rebelarse contra el “gobierno legítimo”. Venustiano Carranza “sondeó” sus posibilidades políticas con el dictador, a través de una misiva, dirigida al “General Victoriano Huerta, presidente de los Estados Unidos Mexicanos”. En ella le anunciaba el envío de sus representantes para celebrar una entervista de entendimiento. Huerta no hizo mayor caso. Ya cuando Carranza se convenció de que había quedado “mal parado” con el nuevo “presidente”, se levantó en armas contar él. De haberlo acogido el nuevo dictador, seguramente nos hubiéramos quedado sin “Jefe Máximo de la Revolución”.

En 1915, cerca de Aguaprieta, Sonora, en un enfrentamiento entre carrancistas y lo que quedaba de la División del Norte de Villa, los norteamericanos, violando su neutralidad, permitieron cruzar su territorio a las fuerzas de Carranza que atacaron por detrás a los villistas, lo que permitió dar la puntilla al ejército villista (algo semejante había hecho Juárez durante la guerra civil norteamericana, permitiendo a los yanquis cruzar territorio mexicano para atacar por detrás a los confederados).

Estados Unidos ha fungido frecuentemente como el fiel de la balanza en nuestras controversias internas. Tal como lo señaló el embajador Forsyth durante la guerra de Reforma; ante la constante inestablidad de nuestro país, Estados Unidos tendría que erigirse en “árbitro indisputable de los destinos de México” si así convenía a los intereses norteamericanos.

La historia de México no está por escribirse, sino por estudiarse.

Al héroe cívico se le despoja de ambigüedades y de la mayoría de sus debilidades y defectos -su humanidad- y se le presenta como un ser excepcional, modelo para aquellos a los que busca socializar con los valores y actitudes apropiados para servir al sistema de dominación vigente. Los ciudadanos debemos tomar a los próceres como a los políticos: con escepticismo. Y si realmente estamos interesados en la figura, entonces busquemos a sus historiadores y aceptemos entrar al mundo de lo imperfecto y contradictorio que es, finalmente, lo humano.

La mente humana es parasitable por informaciones que no se han sujetado al filtro de la razón… La mente de los niños cree todo lo que les diga un adulto… La infancia es (por tanto) una edad propicia a las infecciones. De algunas nos salvamos: tosferina, paperas, polio, sarampión. Otras las arrastramos durante toda la vida: Hidalgo, Morelos, Cuauhtémoc, la Gran Derrota de la Conquista, el Gran Triunfo de la Independencia, el progreso que nos trajo la Revolución…

No sólo se deben recordar los actos dignos de ser emulados, los gestos edificantes, sino también aquellos que han generado funestas consecuencias para la patria, precisamente para procurar que no se repitan… un puebo que no aprovecha su experiencia histórica se convierte en un pueblo más vulnerable.

El enfoque que hasta ahora se enseña en las aulas destaca valores que poco tienen que ver con el funcionamiento y el diseño de la democracia política:
a) la violencia como instrumento válido de cambio político y progreso;
b) la exaltación del caudillo, sin importar cómo llegó al poder (formal o informal);
c) la idealización de los héroes, perdonándoles todo abuso o delito que haya cometido en la búsqueda o ejercicio del poder, o a través de su liderazgo social.

Me sorprende el hecho de que no ha habido nunca, en toda la historia de la humanidad, una educación para la paz. Hemos sido siempre educados para la guerra, de una manera o de otra, directa o indirectamente, pero siempre la educación de los niños apunta a la guerra. Incluso la propia historia patria, la que se enseña en las escuelas de cada país, siempre apunta a las batallas y a las victorias, pero jamás a las derrotas, o en todo caso se pasa por encima de estos periodos, lo que forma desde el principio un culto a la bandera, al himno o a los tambores que suenan. Pero en el fondo lo que pasa es que desde el principio se está educando para la guerra, llegue o no llegue. Por tanto, yo insisto en una educación para la paz, aquella que lucha y es consciente de que la paz es una puerta que no podemos olvidar.

Hay una contradicción inherente al exaltar la violencia fundadora de un Estado y condenar la que surge en contra de ese mismo Estado, a menos que se caiga (como se ha caído) en la absurda dicotomía de dinstinguir entre violencia justa de otra injusta, tal como se enseña en las escuelas. Pero la violencia justa será siempre la que uno mismo ejerce, y la injusta, la desplegada por el adversario.

Es hora de preguntarnos si no conviene desarrollar una historia oficial que, además de realista y antimítica respecto de nuestros héroes y villanos, enaltezca los valores de la paz, la legalidad, la negociación y la tolerancia como medios para conseguir un orden social más justo y democrático; una historia que concluya que ni la justicia ni la libertad han surgido cabalmente de las violentas epopeyas que ha experimentado el país; que el único camino para aproximarnos a tales ideales es la democracia, y que ésta no puede emanar de la confrontación armada, sino sólo del diálogo y la negociación entre los diversos actores políticos.

Los contenidos de los libros de texto y de los programas escolares se dedican a formar en las mentes de los niños una concepción estrecha del desarrollo histórico del país, dominada por la idea de una identidad uniforme… El problema mayor que presentan los libros de texto es que su contenido carece de un propósito definido desde el punto de vista histórico y pedagógico. No está claro qué se quiere enseñar de la historia de México, ni para qué ni cómo… La nueva propuesta educativa debe ser coherente con el proyecto de sociedad democrática que están construyendo los mexicanos.

Todos los casos de democratización en el mundo han ido acompañados de una revisión histórica que sustituye los valores del militarismo, el autoritarismo, la violencia, el racismo, la sumisión y el culto a la personalidad por otros que exalten la dignidad humana, el pacifismo, la falibilidad de los gobernantes, el valor de las instituciones democráticas y de la supervisión ciudadana al poder.

¿Como diseñar nuevas formas de pensamiento sin primero superar el viejo dogmatismo? Y de la misma forma, ¿cómo adoptar una nueva visión histórica de la sociedad soviética sin primero remover los antiguos y desgastados clichés, silencios e incluso falsificaciones de la historia oficial? Hace falta, pues, plantearse seriamente la conveniencia de construir una historia oficial que, a partir de un análisis más preciso y abierto de nuestra trayectoria nacional, formule la necesidad de desmantelar los vicios del antiguo orden virreinal que arrastramos hace siglos, por otro de un régimen auténticamente moderno en el plano político, económico y social. Quizá sea posible configurar una historia oficial, crítica y realista, que tenga un sustrato democrático común a todos los partidos y grupos sociales (por encima de sus naturales y legítimas diferencias ideológicas.

Nunca se hacen las paces con el pasado, sino con el futuro; mejor ver qué arreglos sociales, qué cultura política pueden promoverse para que se vuelvan innecesarios los héroes prístinos y los antihéroes supremos.

Son los vencedores en cada gesta histórica los que tienden a imponer una historia oficial a la medida de sus necesidades de legitimación política. Pero al surgir una democracia no está claro quién es el ganador absoluto, cuando dicho orden ha surgido del diálogo y los acuerdos entre diversos partidos y corrientes políticas. El triunfo de un partido en una elección no garantiza que seguirá en el poder en la siguiente ronda electoral. Y el cambio de gobierno o partido en el poder no implica, en una democracia, un cambio de régimen. La pluralidad, la neutralidad -dentro de lo posible- y los valores democráticos debieron ser los ejes sobre los cuales se diseñe una nueva historia oficial. Desde luego, la misma revisión de nuestra historia oficial, si es que ha de apegarse más a la eralidad, implica la crítica de nuestros más caros héroes y cierta reivindicación de algunos de nuestros más aborrecidos villanos.

Una vez

Morris Gleitzman

No recuerdo algún libro que me haya hecho derramar una lágrima, pero siempre hay una primera vez. Se trata del relato de un niño judío que vive el holocausto en carne propia, y que con su imaginación busca protegerse de los horrores que le rodean en la furtiva búsqueda de sus padres. Aunque al principio la historia me pareció muy cercana a la película “La vida es bella”, creo sin dudar que este libro la supera. Calificación de 10.
Una vez

Una vez

En tres años y ocho meses que llevo en este orfanato nunca había tenido una zanahoria entera en mi plato. Ni yo ni nadie. Ni siquiera las monjas tienen una zanahoria entera y eso que ellas se sirven raciones mucho más grandes que nosotros, los niños, porque necesitan energía extra para ser santas.

En este momento soy probablemente el único niño de toda Polonia con una zanahoria entera en su plato. Durante unos segundos pienso que es un milagro. Pero no puede ser porque los milagros sólo pasaban hace millones de años y ahora estamos en 1942.

Me acuerdo de lo que me dijeron Mamá y Papá cuando me trajeron aquí: «No nos olvidaremos de ti», me susurró Mamá entre lágrimas. Yo sabía exactamente lo que quería decirme. Que no se olvidarían de venir a por mí en cuanto solucionasen los problemas de la librería. «Nunca nos olvidaremos de ti», me dijo Papá con voz ronca, y también supe perfectamente lo que me estaba diciendo. Que me reconocerían cuando viniesen a por mí aunque hubiese cambiado mucho.

—¿Y Adolf Hitler? —le susurro—. El Padre Ludwik dice que Adolf Hitler también nos protege. La Madre Minka no responde, sólo aprieta los labios y cierra los ojos. Me alegro de que haga eso porque así no puede ver lo que estoy pensando.

—Los judíos son como los católicos, pero diferentes —le susurro.

Una vez me escapé de un orfanato en las montañas y no tuve que hacer ninguna de las cosas que se supone que tienes que hacer cuando te escapas en los cuentos. Cavar un túnel. Disfrazarme de cura. Hacer una cuerda con las togas de las monjas… Yo simplemente salí por la puerta principal.

Los niños que se ponen tristes cometen errores y por eso les terminan pillando. Se tropiezan con las raíces de los árboles, se caen de cabeza por la montaña, se rompen las gafas y al final las monjas les oyen decir palabrotas.

En una de las habitaciones hay ropa y zapatos. No hay nada de niño pero supongo que no pueden cumplirse todas tus oraciones en un solo día.

A veces la vida real puede ser un poco distinta a los cuentos.

Hace siglos que ha amanecido y no hay nadie por ningún sitio. Nuestra calle solía estar abarrotada de gente en cuanto salían los primeros rayos de luz. Había personas haciendo cosas, yendo de un sitio para otro aunque lo hiciesen todavía entre bostezos. Había animales de granja quejándose porque no querían estar en medio de los adoquines, niños robando cosas de los puestos del mercado… Ahora es muy distinto. La calle entera está desierta. Camino hasta la esquina preguntándome si mi memoria se equivoca. Es algo que te puede pasar cuando estás hambriento y cansado, y cuando te duelen los pies porque los zapatos te quedan enormes. Quizá estoy confundido. Quizá lo que recuerdo son sólo meras historias que me inventé acerca de una calle ruidosa y abarrotada. Quizá también me inventé lo del gentío.

El padre de mi mamá era cerrajero antes de que muriese ahogado en un accidente de ferry. Mamá es experta en cerraduras, menos en las de las puertas de los baños de los ferrys.

Nunca antes había visto a personas muertas de verdad. Los muertos de verdad son diferentes a los muertos de los cuentos. Cuando ves a un muerto de verdad te entran ganas de llorar. Me siento en el césped, las llamas de la casa secan mis lágrimas antes de que lleguen a la mitad de la cara. Esas pobres personas debían ser dueños de libros judíos que no han tolerado que los nazis les quemasen sus libros, por lo que han debido de intentar impedírselo, y los nazis se lo han pagado matando a sus gallinas, matándoles a ellos e incendiando su casa entera. Por favor, Mamá y Papá, suplico en voz baja. No seáis como esas personas. No opongáis resistencia. Son sólo libros.

Es muy duro ser huérfano si no tienes mucha imaginación.

Ahora los alaridos son todavía más altos, pero aún puedo oír a Zelda, gimiendo de miedo. Intento no separarme de ella. Demasiado tarde. Alguien se la está llevando de mi lado. Un oficial nazi con cara de aburrimiento la está sujetando del pelo y la está apuntando con una pistola. —Por favor, no —farfullo. Espero a que mi imaginación se invente alguna buena razón por la cual le convenza para no dispararla, pero mi cabeza está ardiendo y todo me da vueltas, y me caigo en el suelo gritando sin palabras. Los adoquines me lastiman la cara. Los disparos me lastiman los oídos. Empiezo a llorar. No sé qué hacer. Se me han acabado las historias.

Una vez me quedé en medio de la calle invadido por las lágrimas porque los nazis estaban por todas partes y ningún adulto podía proteger a los niños de ellos. Ni Mamá, ni Papá, ni la Madre Minka, ni el Padre Ludwik, ni Dios, ni Jesús, ni la Virgen María, ni el Papa, ni Adolf Hitler.

¿Y si Mamá y Papá han hecho señas a un camión militar cuando iban a la ciudad? No quiero pensar en eso. Si te cuentas a ti mismo historias como ésa puedes acabar llorando.

De repente estoy pensando en otra historia. Aquella en la que Mamá y Papá me decían por qué me tenía que quedar en el orfanato. Me decían que así podría ir al colegio mientras ellos viajaban para solucionar sus asuntos. Me contaron tan bien esa historia que me la he creído durante tres años y ocho meses. Esa historia salvó mi vida.

—Venga, Felix —dice Zelda—. Tú también tienes que tener tu turno. Utiliza tu imaginación. Espero a que mi imaginación se invente algo. Nada. No lo hace. Lo único que puedo pensar es que si Adolf Hitler odia a los niños judíos, quizá Dios y Jesús, y la Virgen María y el Papa, también nos odien.

Papá me enseñó a usar cada palabra nueva lo máximo posible después de oírla por primera vez.

No lo entiendo. ¿Por qué Barney le cura los dientes a un nazi? ¿Y por qué el ejército nazi alemán no utiliza sus propios dentistas? Quizá a los oficiales no les gustan sus dentistas porque son demasiado bruscos y utilizan bayonetas en lugar de tornos.

¿Qué historia le puedo contar a un oficial nazi que está de mal humor? Quiero contar una historia sobre el hecho de que quemar libros y disparar a gente inocente no hace más que empeorar el dolor de muelas, pero mejor no arriesgarse tanto.

Intento pensar en una historia sobre cómo los padres en realidad no son tan importantes, pero no puedo porque sí que lo son.

Estamos llorando, todos. Moshe sigue masticando su trozo de madera, pero también le corren lágrimas por las mejillas. Un sótano entero lleno de lágrimas. Le cojo la mano a Chaya durante un buen rato. Entonces me levanto y Barney me deja abrazar a Zelda. Siento su tristeza, le hace temblar todo su cuerpo.

—Está bien —dice él—, te diré la verdad. Te he conseguido las botas porque todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en su vida, al menos una vez. No sé qué decir. Ha sido una de las cosas más bonitas que he oído en mi vida, incluyendo los cuentos.

—Es un niño pequeño —sollozo—. No deberían disparar a los niños pequeños. —Shhh —dice Barney. Suena como si él también estuviese sollozando. Me aprieta la cara contra su abrigo. —¿Por qué sus padres no han hecho nada? —sollozo—. ¿Por qué no se han llevado a su hijo al campo? Barney está temblando. Me abraza muy fuerte. —A veces —dice él, su voz también tiembla—, los padres no pueden proteger a sus hijos incluso aunque les quieran más que a nada en el mundo. A veces incluso cuando lo intentan con todas sus fuerzas, no pueden salvarlos. Puedo sentir las lágrimas de Barney caer sobre mí. Durante un rato no dice nada, sólo acaricia mi cabeza. Le acaricio la mano. A veces me dice que él también lo necesita.

De repente quiero que me clave una de las jeringuillas, para poder caer en un sueño profundo y no despertarme nunca, para no volver a sentir este dolor nunca más.

Cuando los adultos van alegres de viaje significa que no llegaremos en siglos. También puede significar que cuando lleguemos nos matarán.

La gente que odia los «lo siento» probablemente también odie los «¿hemos llegado ya?». Sobre todo las personas que están intentando no acordarse de otras cuatro palabras. Las cuatro palabras que Barney usó una vez. Campos de la muerte.

No tener papel no es tan malo cuando eres joven y has vivido en un orfanato tan lejos de las tiendas que estás acostumbrado a dejarte a veces caca seca encima y luego seguir haciendo tus cosas. Pero para la gente mayor que está acostumbrada a las cosas tradicionales debe ser horrible.

Por favor, le suplico a mi imaginación. Dame otra cosa más en la que pensar. No puedo ayudar a Barney a cuidar de estos niños si estoy llorando, si estoy destrozado.

No puedes obligar a la gente a que crea en una historia.

Termine como termine mi historia, nunca olvidaré lo afortunado que soy. Barney decía que todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en su vida, al menos una vez. A mí me ha ocurrido algo bueno. Más de una vez.

Charlie y la fábrica de chocolate

Roal Dahl

Excelente cuento para niños: El Sr. Wonka lanza una invitación para conocer su famosa fábrica de chocolates, y sólo 5 niños podrán tener acceso a ella, para dar cuenta de cómo se realizan sus ingeniosas golosinas y recibir además una dotación de ellas de por vida. Los ganadores son el reflejo de las características de muchos de los niños: berrinchudos, glotones, desobedientes y adictos a la televisión. Al final, Charlie se gana el corazón del Sr. Wonka. Calificación de 10.
Charlie y la fábrica de chocolate

Charlie y la fábrica de chocolate

Por pequeña que fuese la posibilidad de tener suerte, la posibilidad estaba allí. La posibilidad tenía que estar allí.

No sé que ocurre en los días fríos que da un enorme apetito.

Somos mucho más afortunados de lo que pensamos, a menudo obtenemos lo que deseamos, o casi. Pero Charlie Buckett nunca obtenía lo que deseaba porque la familia no podía permitírselo.

Personalmente, no me gusta la televisión. Supongo que no está mal en pequeñas dosis, pero los niños nunca parecen poder mirarla en pequeñas dosis. Se sientan delante de ella todo el día mirando y mirando la pantalla…

El hombre duplicado

José Saramago

Otra propuesta bastante imaginativa por parte de Saramago: Un modesto profesor, encuentra a un actor secundario de películas que es exactamente igual a él. A partir del descubrimiento, el profesor no encuentra un tiempo de paz, estado que transmite a su doble una vez que se conocen. El final inesperado, mueve las piezas del ajedrez de manera insólita. Calificación de 10.
El hombre duplicado

El hombre duplicado

Ditirámbicamente: Del ditirambo o relativo a esta composición poética. Composición poética de la antigua Grecia en honor a Dionisos.
Lenitivo: Que tiene virtud de ablandar y suavizar.
Punir: Castigar una falta cometida por una persona.
Sosia: Persona que tiene parecido con otra hasta el punto de ser confundido con ella.
Cogitación: Meditación.
Semiología: Estudio de los signos
Bambarria: Tonto, bobo.
Patena: Platillo de metal, generalmente de oro o plata, en el cual se ponen las hostias consagradas de la Eucaristía durante la misa.
Tropismos: Movimiento total o parcial de los organismos como respuesta a un estímulo.
Atrezo: Conjunto de elementos necesarios para una puesta de escena teatral o para el decorado de una escena televisiva o cinematográfica.
Exordio: Principio o introducción de una obra literaria. Preámbulo de un razonamiento o de una conversación.
Proteiforme: Que cambia continuamente de forma.
Laya: Calidad, especie, clase de personas o de cosas.
Teratología: Estudio de las anomalías y malformaciones del organismo animal o vegetal.
Eclosionar: Abrirse un capullo de flor, una crisálida o un huevo.
Áncora: Ancla, defensa, refugio.
Incunable: Se dice de las ediciones hechas desde la invención de la imprenta hasta principios del siglo XVI.
Presciencia: Conocimiento del futuro y de los hechos por venir.
Aquiescencia: Autorización, consentimiento.
Busilis: Punto en que estriba la dificultad del asunto del que se trata.
Rubicón: Tomar una decisión importante, afrontando un riesgo.

Para tener una idea clara de su caso, basta decir que estuvo casado y ha olvidado qué lo condujo al matrimonio, se divorció y ahora no quiere ni acordarse de los motivos por los que se separó.

Necesitamos tanto echar las culpas a algo lejano cuanto valor nos falta para enfrentar lo que tenemos delante.

Distraerse es el remedio de quien no lo necesita.

Pero a él, que ya tenía edad para no andar corriendo detrás de quimeras, lo que le dolía, como les sucede siempre a los ingenuos, era eso mismo, su ingenuidad.

Si crees que debes pedir una explicación a tu colega, pídesela de una vez, siempre será mejor que andar por ahí con la garganta atravesada de interrogaciones y dudas.

No se les puede exigir a todas las personas que sean sensatas, Por eso el mundo está como está.

Sería de mala educación, una falta de delicadeza, A veces es la única manera de evitar males mayores, no lo hagas y ya sabes lo que sucederá, después de una palabra vendrá otra, después de un primer encuentro habrá un segundo y un tercero, en un santiamén le estarás contando tu vida a un desconocido, ya has vivido suficientes años para haber aprendido que con desconocidos y extraños todo cuidado es poco cuando se trata de cuestiones personales.

Estamos obligados por naturaleza o condición a seguir caminos paralelos, pero la distancia que nos separa, o divide, es tan grande que en la mayor parte de los casos no nos oímos el uno al otro, Te oigo ahora, Se trata de una emergencia, y las emergencias aproximan.

Todos sabemos que cada día que nace es el primero para unos y será el último para otros, y que, para la mayoría, es sólo un día más.

Que la Historia no registre un hecho no significa que ese hecho no haya ocurrido.

Las mejores invenciones, nunca estará de más insistir en ello, son las de quien no sabía.

A propósito, a propósito ya se sabe que no venía, pero las muletillas de la lengua existen justamente para situaciones como éstas, una urgente necesidad de pasar a otro asunto sin aparentar que se tiene particular empeño en él, una especie de haz-como-si-se-me-hubiera-ocurrido-ahora-mismo socialmente aceptado.

Las esperanzas del empleado se marchitaron súbitamente, todavía el globo estaba en tierra y ya perdía gas.

Ejecutar en buen orden lo que se debe hacer es siempre la más sólida póliza de seguro contra los fantasmas del caos.

La mayor parte de las situaciones en que nos metemos jamás llegarían tan lejos si no las hubiéramos ayudado.

Deberías saber que estar de acuerdo no siempre significa compartir una razón, lo más normal es que las personas se acojan a la sombra de una opinión como si fuera un paraguas.

Hay cosas que nunca se podrán explicar con palabras.

Hubo un tiempo en que las palabras eran tan pocas que ni siquiera las teníamos para expresar algo tan simple como Esta boca es mía, o Esa boca es tuya, y mucho menos para preguntar Por qué tenemos las bocas juntas. A las personas de ahora ni les pasa por la cabeza el trabajo que costó crear estos vocablos, en primer lugar, y quién sabe si no habrá sido, de todo, lo más difícil, fue necesario comprender que se necesitaban, después, hubo que llegar a un consenso sobre el significado de sus efectos inmediatos, y finalmente, tarea que nunca acabará de completarse, imaginar las consecuencias que podrían advenir, a medio y a largo plazo, de los dichos efectos y de los dichos vocablos.

Las armas y las ocasiones las carga el diablo.

Generalmente el tono justo para cada circunstancia nos sale de forma espontánea, sin embargo, cuando se persigue, como es el caso de ahora, todo lo que en un primer momento se nos había figurado suficiente y adecuado, nos parecerá corto o excesivo al momento siguiente.

La insoportable frase hecha amigos somos, amigos seremos, es lo peor que se puede decir cuando se quiere poner punto final a una relación de tipo amoroso, creíamos haber cerrado la puerta y resulta que nos hemos quedado atascados en ella, y también, por no citar el beso con que tuvo la debilidad de despedirse, ese craso error de admitir que necesitaban una larga conversación, tenía más que obligación de saber, por experiencia adquirida y continua lección de la Historia de la Vida Privada a través de los Siglos, que las largas conversaciones, en situaciones como ésta, son terriblemente peligrosas, cuántas veces se principia con voluntad de matar al otro y se acaba en sus brazos.

Dudando in mente entre la alegría de haber vencido sin lucha y la decepción de no haber tenido que luchar para vencer.

Si una persona considera que tiene algo importante que comunicar y las otras no lo quieren escuchar, es preferible que se quede callada.

Todas las grandes verdades son absolutamente triviales y que tendremos que expresarlas de una manera nueva y, si es posible, paradójica, para que no caigan en el olvido.

De hecho, nunca se sabe muy bien para qué sirven las victorias, suspiró el profesor de Matemáticas, Pero las derrotas se sabe muy bien para qué sirven, sobre todo lo saben los que pusieron en la batalla todo lo que eran y todo lo que tenían.

Es de todos conocido, sin embargo, que la enorme carga de tradición, hábitos y costumbres que ocupa la mayor parte de nuestro cerebro lastra sin piedad las ideas más brillantes e innovadoras de que la parte restante todavía es capaz, y si es verdad que en algunos casos esa carga consigue equilibrar desgobiernos y desmanes de la imaginación que Dios sabe adónde nos llevarían si los dejáramos sueltos, también es verdad que con frecuencia, ésta tiene artes de reducir sutilmente a tropismos inconscientes lo que creíamos que era nuestra libertad de actuar, como una planta que no sabe por qué tiene siempre que inclinarse hacia el lado de donde le viene la luz.

Extraña relación es la que tenemos con las palabras. Aprendemos de pequeños unas cuantas, a lo largo de la existencia vamos recogiendo otras que nos llegan con la instrucción, con la conversación, con el trato con los libros y, sin embargo, en comparación, son poquísimas aquellas de cuyos significados, acepciones y sentidos no tendríamos ninguna duda si algún día nos preguntaran seriamente si las tenemos.

El proceder más correcto en general es el más simple.

Justamente con ese sonido salen las palabras de la boca cuando la verdad que parece que estamos diciendo es la mentira que escondemos.

Ella no le ofreció la boca, él no la buscó, hay ocasiones en que es mil veces preferible hacer de menos que de más.

El caos es un orden por descifrar.

Para ganar una batalla a veces es necesario perderla.

Es este silencio lleno de palabras no dichas el que salva lo que se creía perdido.

Hay momentos en que lo mejor es que una persona se contente con lo que ya tiene, no sea que lo vaya a perder todo.

Hay situaciones en la vida en las que ya nos da lo mismo perder por diez que perder por cien, lo que queremos es conocer lo más rápidamente posible la última cifra del desastre, para luego no volver a pensar más en el asunto.

Sigues queriéndome, Sí, sigo queriéndote, No lo expresas con mucho entusiasmo, no has hecho nada más que repetir mis palabras, Explícame por qué no deberían servirme a mí, si a ti te sirven, Porque al ser repetidas pierden parte del poder de convencimiento que tendrían si se hubiesen dicho en primer lugar.

Sí, Sabes que te quiero, Creo saberlo cuando me lo dices, después me pregunto si será verdad.

Ten cuidado, vigílate, cuando una persona comienza a falsear nunca se sabe dónde acaba.

Todos los diccionarios juntos no contienen ni la mitad de los términos que necesitaríamos para entendernos unos a otros.

Las formas de crueldad son muchísimas, algunas hasta se disfrazan de indife-rencia o de indolencia, si quieres te doy un ejemplo, no decidir a tiempo puede llegar a ser un arma de agresión mental contra los otros.

Tranquilízate, por favor, de una manera u otra todo se acaba resolviendo en este mundo, A veces de la peor manera, No será el caso, Ojalá.

Una de las formas secundarias de la ceguera de espíritu es precisamente la estupidez.

El papel del sentido común en la historia de vuestra especie nunca fue más allá de aconsejar cautela y caldos de gallina, principalmente en los casos en que la estupidez ya ha tomado la palabra y amenaza con tomar las riendas de la acción.

Cuanto más te disfraces más te parecerás a ti mismo.

Mil veces se ha dicho que es inútil llorar por la leche derramada, lo malo de este caso es el cántaro que la llevaba, hecho pedazos en el suelo.

Esperó a que ella entrase en el portal y después, con gesto cansado, arrancó y se fue a casa, donde, paciente y segura de su poder, lo estaba esperando la soledad.

La vida real siempre nos parece más parca en coincidencias que las novelas y las otras ficciones, salvo si admitimos que el principio de la coincidencia es el verdadero y el único regidor del mundo, y en este caso tanto debe valer para lo que se vive como para lo que se escribe, y viceversa.

Mañana todo nos parecerá simple, una curiosidad como tantas otras, no será un gato con dos cabezas ni un ternero con una pata de más, sólo un par de siameses que han nacido separados.

A veces sucede que los sueños salen del cerebro que los soñaba, entonces les llamamos visiones, fantasmagorías, premoniciones, advertencias, avisos del más allá.

No faltan motivos para pensar que cuanto más intentamos repeler nuestras imaginaciones, más se divertirán éstas procurando atacar los puntos de la armadura que consciente o inconscientemente hayamos dejado desguarnecidos.

Encontrarás lo que necesitas si guardaste lo que no servía.

Haga como que estoy representando uno de mis papeles, el de un personaje atraído a una emboscada de la cual sabe que saldrá vivo porque ha leído el guion, en fin, el cine, En la Historia es exactamente al contrario, sólo después se sabe.

Por fin alcanzaríamos la explicación completa de nuestros actos si nos pro-pusiésemos decir por qué hacemos eso que decimos que no sabemos por qué hacemos.

Tal como en su arriesgada propuesta para el estudio de la Historia, también las vidas de las personas pueden ser contadas de delante hacia atrás, esperar que lleguen a su fin para después poco a poco ir remontando la corriente hasta el brotar de la fuente.

Es tanto lo que tenemos para decir cuando callamos.

Mientras pensaba que el peor de todos los muros es una puerta de la que nunca se ha tenido la llave, y él no sabe dónde encontrarla, ni siquiera sabe si la llave existe.

Como enseñaban los antiguos, nunca digas de esta agua no beberé, sobre todo, añadimos nosotros, si no tienes otra.

Quien usa barba es porque tiene algo que esconder.

No sabemos todo lo que nos espera más allá de cada acción nuestra.

Las palabras son el diablo, creemos que sólo dejamos salir de la boca las que nos convienen, y de repente aparece una que se mete por medio, no vemos de dónde surge, no era allí llamada, y, por su causa, que a veces después tenemos dificultad en localizar, el rumbo de la conversación muda bruscamente de cuadrante, pasamos a afirmar lo que antes negábamos, o viceversa.

En este mismo instante se evaporó el breve consuelo que caritativamente lo había estado acunando y, en su lugar, como un dolor que de repente se hace recordar, el miedo reapareció.

La costumbre hace ley.

La muerte siempre viene a propósito.

Es imposible no tener enemigos, que los enemigos no nacen de nuestra voluntad de tenerlos y sí del irresistible deseo que tienen ellos de tenernos a nosotros.

A los cincuenta kilómetros decidió que lo mejor sería vaciar el saco entero, a los ciento veinte se indignó consigo mismo por haber sido capaz de semejante idea, a los doscientos diez imaginó que una explicación ligera y en tono anecdótico tal vez fuese suficiente para satisfacer la curiosidad de la madre, a los trescientos catorce se llamó estúpido y dijo que eso era no conocerla, a los cuatrocientos veintisiete, cuando paró ante la puerta de la casa familiar, no sabía qué hacer.

Le puso el nombre [Tomarctus] de un cánido que se dice que vivió hace quince millones de años y que, según certifican los paleontólogos, es el fósil Adán de estos animales de cuatro patas que corren, olfatean y se rascan las pulgas, y que, como es natural entre amigos, muerden de vez en cuando.

Enemiga la noche, tanto como las anteriores, pero salvadora la madrugada, como todas tendrían que serlo.

Estas ideas matinales tienen por lo general un defecto de fabricación, parece que acabamos de inventar el motor de corriente continua y apenas volvemos la espalda la máquina se detiene.

Realmente, pensándolo bien […], no sé ahora más de lo que ya sabía, Y qué has sabido, Nada.

Infelizmente, el sentido común no siempre aparece cuando es necesario, siendo muchas las veces en que de su ausencia momentánea han resultado los mayores dramas y las catástrofes más aterradoras.

Una mente dominada por sentimientos inferiores es capaz de obligar a la propia conciencia a pactar con ellos, forzándola, con ardides, a poner las peores acciones en armonía con las mejores razones y a justificarlas unas con otras, en una especie de juego cruzado en el que siempre dará lo mismo ganar o perder.

Es preferible dejar las cosas como están, Hay situaciones en que lo peor que se puede hacer es dejar las cosas como están, sólo sirve para darles más fuerza.

Se dice siempre que enseñar a quien no sabe es una obra de misericordia.

A veces nos preguntamos por qué la felicidad tarda tanto en llegar, por qué no vino antes, pero si nos aparece de repente, como en este caso, cuando ya no la espe-rábamos, entonces lo más probable es que no sepamos qué hacer con ella, y la cuestión no es tanto elegir entre reír o llorar, es la secreta angustia de pensar que tal vez no consigamos estar a su altura.

Hasta de las mayores victorias es conveniente saber retirarse a tiempo.

La necesidad, que es uno de los nombres que toma el destino cuando le interesa disfrazarse.

Los mapas, te dicen por dónde deberás ir, pero no te garantizan que llegues.

Desgraciadamente hay cosas que suceden y no vuelven a repetirse, Otras hay que suceden y vuelven a suceder.

Suele decirse, Demos tiempo al tiempo, pero lo que siempre nos olvidamos de preguntar es si quedará tiempo para dar.

Se dice que sólo odia al otro quien a sí mismo se odia, pero el peor de todos los odios debe de ser el que incita a no soportar la igualdad del otro, y probablemente será todavía peor si esa igualdad llega alguna vez a ser absoluta.

En este momento ama a María Paz como nunca la ha amado antes y nunca la amará en el futuro. El dolor que siente nace de su pérdida, pero la conciencia de su culpa es lo que está oprimiendo una herida que supurará pus y mierda para siempre.

Tenga paciencia, con el tiempo su dolor pasará, es verdad, con el tiempo todo pasa, pero hay casos en que el tiempo se hace más lento para dar tiempo a que el dolor se canse, y casos hubo y habrá, felizmente más escasos, en que ni el dolor se cansa ni el tiempo pasa.

Nosotros, seres humanos, pese a que sigamos siendo, unos más, otros menos, tan animales como antes, tenemos algunos sentimientos buenos, a veces hasta un resto o un principio de respeto por nosotros mismos.

En la agenda de cada uno, en la hoja reservada para los datos personales, estaba todo cuanto era necesario para una identificación perfecta, por lo menos para las primeras necesidades, que casi siempre acaban siendo las últimas.

Y por qué no contar simplemente la verdad, por qué no decir lo que ha pasado, por qué no poner todas las cosas en su sitio, Acabas de oír lo que ha sucedido, Sí, y qué, Te pregunto, madre, si realmente crees que estas cuatro personas, las muertas y las vivas, deben ser expuestas en la plaza pública para regalo y disfrute de la curiosidad feroz del mundo, qué ganaríamos con eso, los muertos no resucitarían y los vivos comenzarían a morir ese día.

Todas las precauciones son pocas cuando el agua está hirviendo.

Era inútil y cruel pretender colocar la venda antes de la herida.

Con razón lo llaman El Salvador

Max Lucado

En esta ocasión, Max Lucado nos lleva al pie del monte de la Calavera, para analizar las siete palabras y a algunos actores presentes en ese momento pero que hasta hoy nos pueden haber pasado desaparcibidos, con la intención de encontrar un nuevo enfoque a la muerte de Jesucristo y entender, a los que aún no nos cae el veinte, por qué es que lo llaman el Salvador. Calificación de 10.
Con razón lo llaman El Salvador

Con razón lo llaman El Salvador

Jesús fue muerto, enterrado y resucitado. ¿Sorprendido? Lo que importa es la cruz. Ni más, ni menos. La cruz. Cristo descansa en la cronología de la historia como un refulgente diamante. Su tragedia resume la de todos los que sufren. Su absurdo atrae a todos los cínicos. Su esperanza anima a todos los buscadores. Y según Pablo, la cruz es lo que cuenta.

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. 1 Corintios 15:3-4

Cuando estaba en el umbral de la muerte. Jesús también puso su casa en orden: Una oración final de perdón. Una plegaria concedida. Una petición de amor. Una pregunta de sufrimiento. Una confesión de humanidad. Un pedido de liberación. Un grito de consumación.

Es mucho más fácil morir como Jesús si has vivido como Él durante toda la vida.

¿Qué clase de personas —me pregunto— se burlará de un hombre agonizante? ¿Quién será tan indolente como para poner sal en las heridas abiertas? ¿Cuan bajo y pervertido es hablar con desprecio a uno que está atado con dolor? ¿Quién se burlaría de una persona que está sentada en la silla eléctrica? ¿O quién señalaría con el dedo y se reiría de un criminal que tiene la cuerda de la horca alrededor de su cuello?

Las palabras lanzadas ese día tenían el propósito de herir. Y no hay nada más doloroso que las palabras que tienen el propósito de herir. Esa es la razón por la que Santiago llama a la lengua un fuego. Sus llamas son tan malignas y destructoras que destrozan como las de una gran antorcha.

Estamos cansados. Estamos cansados de ser baleados, asustados e intimidados. Ya no podemos más con los asesinatos en serie, los violadores y los asesinos a sueldo. Estamos enojados con alguien, pero no sabemos con quien. Tenemos miedo de algo, pero no sabemos de qué. Queremos defendernos, pero no sabemos cómo. Y entonces, cuando un vaquero del oeste al estilo Wyatt Earp de nuestros días entra en escena, lo aplaudimos. Él está hablando por nosotros. «¡Ese es un camino que hay que seguir, defiéndase como pueda; esa es la manera en que hay que hacerlo!»

Pensemos en nuestra ira por sólo un minuto. Ira. Es una peculiar y, sin embargo, predecible emoción. Comienza como una gota de agua. Como una irritación. Como una frustración. Nada grande, sólo algo que se hace cada vez más grave. Alguien ocupa su puesto de estacionamiento. Alguien se le atraviesa en la autopista. Una camarera es lenta y usted está de prisa. La tostada se quema. Gotas de agua. Drip, drip, drip, drip. Sin embargo, obtenga suficientes de estas aparentemente inocentes gotas de ira y antes de que pase mucho tiempo habrá conseguido un balde lleno de furia. Venganza que viene. Amargura ciega. Odio desbocado. No confiamos en nadie y mostramos nuestros dientes a cualquiera que esté cerca. Nos convertimos en ambulantes bombas de tiempo que, precisamente dada la tensión y el temor, podrían explotar.

¿Se ha preguntado usted alguna vez cómo fue que Jesús pudo mantenerse sin tomar represalias? ¿Se ha preguntado alguna vez cómo hizo para no perder los estribos? Aquí está la respuesta. Es la segunda parte de su declaración: «Porque no saben lo que hacen». Es como si Jesús considerara a esa multitud sedienta de sangre, hambrienta de muerte, como si fueran víctimas y no como asesinos. Es como si en sus rostros Él viera confusión en vez de odio. Es como si Él los considerara no como una turba militante, sino tal como Él los llamó: como «ovejas sin pastor». Y cuando usted piensa sobre esto se da cuenta de que ellos no pensaron. No tenían ni la más leve idea de lo que estaban haciendo. Era una turba enloquecida, fuera de control, furiosa con algo que no podía ver, así que llevó las cosas demasiado lejos, toda la gente. Pero ellos no sabían lo que estaban haciendo. Y lo que es peor, nosotros tampoco lo sabemos. Todavía, a pesar de que aborrezcamos reconocerlo, somos ovejas sin pastor. Todo lo que sabemos es que nacimos en algún momento del tiempo y estamos temerosos de la eternidad. Jugamos con las realidades del dolor y de la muerte. No podemos contestar nuestras propias preguntas sobre el amor y el sufrimiento. No podemos resolver el problema de envejecer. No sabemos cómo curar nuestros cuerpos o seguir junto a nuestra pareja. No podemos mantenernos fuera de la guerra. No podemos siquiera mantenernos alimentados.

El valor de una persona es ahora medido bajo dos criterios; apariencia física y éxito financiero. Hermoso sistema, ¿verdad? ¿Dónde deja a los retardados, a los feos o mal educados? ¿Dónde coloca a los viejos o a los minusválidos? ¿Qué esperanza ofrece al niño que todavía está por nacer? No mucha, después de todo. Llegamos a ser números sin nombre, listas extraviadas.

Si había algo que Jesús quería que todos entendiéramos era esto: una persona vale algo simplemente porque es una persona. Ese es el porqué Él trató a la gente como lo hizo. Piense acerca de esto. La muchacha sorprendida en inmoralidad a escondidas con quien nunca debía hacerlo, fue perdonada por Él. El leproso intocable que pidió ser tocado, lo fue por Él. Y el caso del ciego que pedía ayuda y que estorbaba en el camino, fue atendido por El. Y aquel viejo nacido jorobado y paralítico adicto a la autocompasión cerca del estanque de Siloé, también fue curado por Él! Y no olvide el caso clásico del estudio hecho por Lucas sobre el valor de una persona. El llamado «Cuento del ladrón crucificado». Si alguna vez había algún hombre sin valor, era éste. Si alguien, alguna vez, mereció morir, probablemente haya sido este hombre. Si alguna vez existiera un perdedor, este tipo encabezaba la lista. Tal vez esa es la razón por la cual Jesús lo escogió para mostrarnos lo que piensa sobre la raza humana. Tal vez este criminal había oído hablar al Mesías. Tal vez lo había visto amar a los más humildes. Tal vez lo había visto comer con las prostitutas, los rateros y los malhablados en las calles. O tal vez no. Tal vez la única cosa que sabía sobre este Mesías era lo que ahora vio. Un predicador golpeado, azotado y colgado con unos clavos. Su rostro sucio de sangre seca, sus huesos visibles a través de la carne, sus pulmones procurando respirar. Por alguna razón le pareció que nunca había estado en mejor compañía. Y de alguna manera se dio cuenta de que sólo le quedaba la opción de una oración, y él había encontrado finalmente a Quien él podía orar.
—¿No es posible que me bendigas? (Traducción libre.)
—Considéralo hecho.

El amor de Jesús no depende de lo que nosotros hagamos por Él. No, de ninguna manera. Ante los ojos del Rey usted tiene valor simplemente porque usted existe. No tiene que lucir bonito o cumplir bien. Su valor es interno e intrínseco. Piense precisamente sobre esto por espacio de un minuto. Usted es valioso, no por lo que hace o por lo que ha hecho, sino simplemente porque usted es. Recuérdelo. Recuérdelo la próxima vez que alguien procure estorbar su claridad espiritual. Recuérdelo la próxima vez que algún travieso manipulador trate de colgarle el precio de una caneca de basura del sótano en su valor como persona. La próxima vez piense acerca de la manera en que Jesús lo honra… y sonría.

María no era la primera en ser llamada a decir adiós a los seres queridos por causa del reino. José fue llamado para ser un huérfano en Egipto. Jonás fue llamado para ser un extranjero en Nínive. Ana envió a su primer hijo a servir en el templo. Daniel fue enviado desde Jerusalén a Babilonia. Nehemías fue enviado de Susa a Jerusalén. Abraham fue enviado a sacrificar a su único hijo. Pablo tuvo que decir adiós a su herencia. La Biblia relaciona la huella de los adioses y las lágrimas de los adioses que manchan sus páginas.

La Soledad. Es un grito. Un lamento, un gemido; es un alarido cuyo origen está en el fondo de nuestras almas. ¿Puede oírlo? El niño abandonado. El divorciado. El hogar silencioso. El buzón vacío. Los días largos. Las noches más largas. El que se queda solo una noche. Un cumpleaños olvidado. Un teléfono silencioso.

Y me lo imagino a Él. Me lo imagino escuchando. Me hago un cuadro de sus ojos empañándose y de una mano limpiándose una lágrima. Y aunque Él no ofrece ninguna respuesta, aunque no resuelve ningún dilema, aunque la pregunta pueda quedar congelada dolorosamente en medio del aire. El, quien también estuvo una vez solo, entiende.

Justamente cuando teníamos ya todo figurado. Precisamente cuando la cruz estaba toda empacada y definida. Cuando el manuscrito estaba finalizado. Cuando habíamos inventado todas aquellas bonitas palabras terminadas en «ción» — santificación, justificación, propiciación y purificación. Justamente cuando pusimos nuestra gran cruz dorada en la cadena de oro. Él nos recuerda que el verbo se hizo carne. Él quiere que nosotros recordemos que también era humano. Y quiere que nosotros conozcamos que también conocía la fatiga que viene con los días largos. Él quiere que nosotros recordemos que nuestra chaqueta de trabajo no usa chalecos a prueba de balas o guantes de caucho o un impenetrable traje de armadura. No; fue el pionero de nuestra salvación, a través del mundo que usted y yo encaramos diariamente. Él es el Rey de reyes, el Señor de señores y la Palabra de Vida. Más que nunca Él es la estrella de la mañana, el cuerno de la salvación, y el Príncipe de paz. Pero hay algunas horas cuando somos restaurados recordando que Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Nuestro Maestro sabía que esto significaba ser un carpintero crucificado que tuvo sed.

Llegando al climax de la historia. Dios, motivado por el amor, y dirigido por la divinidad, sorprende a todos. Se hace hombre. En un misterio intocable, se disfraza como un carpintero y vive en una polvorienta aldea de Judá. Determinado a probar su amor por su creación, camina de incógnito en su propio mundo. Las manos encallecidas tocan heridas, y sus palabras compasivas tocan corazones. El llega a ser uno de nosotros ¿Ha visto alguna vez tal determinación? ¿Ha sido alguna vez testigo de tal deseo de comunicarse? Si una cosa no funciona. Él trataría otra. Si un acercamiento fallara. El trataría uno nuevo. Su mente nunca se detuvo. «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras —escribe el autor de Hebreos—, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo».

Dios en una cruz. El Creador siendo sacrificado por la Creación. Dios convenciendo al hombre una vez y por todas de que el perdón todavía sigue al fracaso.

«¡Consumado es!» ¿Qué fue consumado? La larga historia del plan de redención del hombre estaba terminada. El mensaje de Dios al hombre estaba concluido. Las obras hechas por Jesús como hombre en la tierra estaban ahora terminadas. La tarea de seleccionar y entrenar embajadores estaba finalizada. El trabajo estaba terminado. La canción había sido cantada. La sangre había sido derramada. El sacrificio había sido hecho. El aguijón de la muerte había sido quitado. Estaba concluido. ¿Un grito de derrota? Difícilmente. Si sus manos no hubieran estado amarradas a la cruz, me atrevería a decir que un puño elevado y triunfante hubiera golpeado el oscuro cielo. No; este no es un grito de desesperación. Es un grito de finalización. Un grito de victoria. Un grito de cumplimiento. Sí, inclusive un grito de alivio. Está usted a punto de desistir? Por favor, no lo haga. ¿Está usted desanimado como padre? permanezca allí. ¿Está usted fatigado de hacer lo bueno? Hágalo un poco más. ¿Está usted pesimista acerca de su trabajo? Arremánguese y hágalo otra vez. ¿No hay comunicación en su matrimonio? déle un toque más. ¿No puede resistir la tentación? Acepte el perdón de Dios y diríjase a otro round». ¿Está su día abrumado con pesar y desilusión? ¿Están sus «mañanas» convirtiéndose en «nuncas» ¿Es «esperanza» una palabra olvidada? Recuerde, el que termina no es el que no tiene heridas o el que no está fatigado.

Barrabás ha sido a menudo comparado con la humanidad, y en verdad así es. De muchas maneras él nos representa: Un prisionero que fue liberado porque alguien a quien nunca había visto tomó su lugar. Pero yo creo que Barrabás fue probablemente mucho más inteligente de lo que nosotros somos, en un aspecto. Hasta donde sabemos, él tomó su repenüna libertad como era, un don inmerecido. Alguien le había alcanzado un salvavidas y él lo agarró, sin hacer preguntas. Ustedes no podrían imaginar a este hombre haciendo algunos de nuestros absurdos. Tomamos nuestro regalo gratuito y tratamos de ganarlo, o de diagnosticarlo, o de pagar por él, en vez de simplemente decir «gracias» y aceptarlo. Irónico como pueda parecer, una de las cosas más difíciles de hacer es ser salvado por gracia. Hay algo en nosotros que reacciona contra el don gratuito de Dios. Tenemos alguna extraña compulsión para crear leyes, sistemas y regulaciones que «nos harán dignos» del regalo. ¿Por qué hacemos esto? La única razón que puedo figurarme es el orgullo. Aceptar la gracia significa aceptar su necesidad, y a la mayoría de los individuos no les gusta hacer esto. Aceptar la gracia también significa que uno se da cuenta de su desesperación, y la mayoría de la gente no es demasiado perspicaz para hacer eso tampoco. Barrabás, sin embargo, lo sabía mejor que nadie. Sin esperanza, encerrado en la galería de la muerte, no iba a desbaratar una concedida suspensión de ejecución. Tal vez él no entendió la misericordia, y seguramente no la merecía, pero no iba a rehusarla. Nosotros podríamos hacer bien en darnos cuenta que nuestro empeño no era muy diferente que ese de Barrabás. Nosotros también somos prisioneros sin oportunidad para apelar.

Todo lo que él hizo fue ver sufrir a Jesús. Nunca lo escuchó predicar ni lo vio curar, ni lo siguió en medio de las multitudes. Nunca lo vio reprender al viento; él sólo vio la manera en que murió. Pero eso me todo lo que necesitó este soldado curtido por el sol y por el viento para dar un gigantesco paso de fe. «Ciertamente, este era un hombre recto».Eso dice mucho, ¿no es verdad? Dice que la rueda de caucho de la fe encuentra el camino de la realidad solamente bajo la dureza. Dice que lo verdadero de la creencia de alguien se revela en el dolor. Lo genuino y el carácter quedan al descubierto en la desgracia. La fe no está en su mejor concepción cuando vamos vestidos de tres piezas los domingos por la mañana o a las escuelas bíblicas de verano. La fe se manifiesta en su mejor forma en las camas de los hospitales, en las salas de cáncer, y en los cementerios. Tal vez eso fue lo que movió a este viejo y curtido soldado. La serenidad en el sufrimiento es un conmovedor testimonio. Cualquiera puede predicar un sermón en un monte rodeado por margaritas. Pero sólo alguien con unas entrañas llenas de fe puede vivir un sermón en una montaña de dolor.

Casi es una palabra triste en cualquier diccionario. «Casi». Va junto con «cerca», «la próxima vez» «si solamente». Es una palabra que suaviza las oportunidades perdidas, los esfuerzos abortados y las oportunidades que no hemos aprovechado. Es una mención honorable, algo que aparece como correcto. Es lo que da en el punto. Y es lo que justifica las galletas quemadas. Casi. Lo que se fue. La venta que por poco se hace. El juego que casi hacemos nuestro. Casi.

Dios, mientras tanto, nunca entra en una pelea con Satanás. La verdad no necesita ser gritada. Él está allí permanente y tranquilamente defendiendo su verdad. Siempre presente. Nada de trucos, nada de espectáculos, nada de tentaciones, sólo mostrando una abierta prueba de su realidad. Las reacciones de la gente varían. Algunos corren inmediatamente al vendedor de veneno. Otros se vuelven rápidamente al Príncipe de Paz. La mayoría de nosotros, sin embargo, somos atrapados en algún punto entre los argumentos de la multitud que pertenece a Satanás y entre los que oímos el mensaje de Dios.

Para aquéllos de nosotros que, como los apóstoles, hemos dado la vuelta y hemos corrido cuando deberíamos haber permanecido y peleado, este pasaje está saturado de esperanza. Un corazón arrepentido es todo lo que Él demanda. ¡Salga de las sombras! ¡Salga de su escondite! Un corazón arrepentido es suficiente para permitir que el mismo Hijo de Dios atraviese nuestras paredes de culpa y de vergüenza. Él, que perdonó a sus seguidores, está allí listo para perdonar al resto de nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es volver.

Juan nos enseña que la más fuerte relación con Cristo no es necesariamente una relación complicada. Él nos enseña que los lazos más grandes de lealtad son tejidos, no con teologías demasiado profundas o con necias pruebas de filosofía, sino de amistad. Inquebrantable, desinteresada, gozosa amistad. Después de testificar su inquebrantable amor, nos quedamos con un ardiente deseo de tener un amor como ese. Nos quedamos sintiendo que si pudiéramos haber estado en las sandalias de alguno ese día, habríamos estado en las del joven Juan y hubiéramos sido los únicos en ofrecerle una sonrisa de lealtad a nuestro querido Señor.

Se requiere mucha más fe para creer que Jesús puede pasar por alto mis traiciones que la requerida para creer que Él se levantó de los muertos. Ambas cosas son igualmente milagrosas.

La gracia no tiene por qué ser lógica. Si lo fuera, no sería gracia.

Busque en Marcos, capítulo 16. Lea los primeros cinco versículos que hablan de la sorpresa de las mujeres cuando encontraron removida la piedra y puesta a un lado. Luego alégrese en esa hermosa frase dicha por el ángel «Él no está aquí, ha resucitado», pero no se detenga allí demasiado tiempo. Avance un poco más. Tenga su lápiz listo y disfrute de esta joya en el séptimo versículo (aquí viene). El versículo dice así: «Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro, que El va delante de vosotros a Galilea». ¿Lo vio? Véalo otra vez. (Esta vez lo pondré en bastardillas.) «Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro, que Él va delante de vosotros a Galilea». Ahora dígame si ese no es un tesoro escondido. Me gustaría parafrasear las palabras: «No se queden aquí, vayan a sus discípulos —una pausa, luego una sonrisa —¡y digan especialmente a Pedro! que Él va delante de ustedes a Galilea». ¡Qué línea esta! Es como si todos los cielos hubieran visto la caída de Pedro —y es como si todos los cielos hubieran querido ayudarlo a levantarse de nuevo. «Estén seguros y díganle a Pedro que él no ha sido dejado a un lado. Díganle que una caída no significa que todo se vino abajo». ¡Increíble! No se maraville que lo llamen el evangelio de la segunda oportunidad. No existen muchas segundas oportunidades en el mundo de hoy en día. No hay muchas segundas oportunidades. Ahora, más que nunca, es «ahora o nunca». «Aquí no toleramos la incompetencia». «No hay mucho espacio en la cima». «Tres golpes y usted queda afuera».

No todos los días usted encuentra alguien que le dará una segunda oportunidad —mucho menos alguien que le dará una segunda oportunidad todos los días. Pero en Jesús, Pedro encontró las dos cosas.

La mayoría de nosotros somos de la misma manera ¿Verdad? En nuestro mundo de presupuestos, de planes cuidadosamente hechos y de avanzadas computadoras, ¿no nos parece muy difícil confiar en lo increíble? ¿No tenemos la mayoría de nosotros la tendencia a escudriñar la vida detrás de todos los acontecimientos con seños fruncidos y caminando con pasos cautelosos? Es difícil para nosotros imaginar que Dios pueda sorprendernos. Hacer un pequeño espacio para milagros, ahora, no suena como algo razonable. Como resultado, nosotros, al igual que Tomás, encontramos muy difícil creer que Dios puede hacer todas las cosas como a El le parece mejor, como por ejemplo reemplazar la muerte con la vida. Nuestras nada fértiles imaginaciones guardan poca esperanza de que lo improbable ocurrirá. Nosotros, entonces, al igual que Tomás, dejamos que nuestros sueños caigan víctimas de la duda. Cometemos la misma equivocación que Tomás cometió: Olvidamos que lo «imposible» es una de las palabras favoritas de Dios. ¿Cómo es en su caso? ¿Qué pasa con usted? ¿Cómo es su imaginación en estos días? ¿Cuándo fue la última vez que usted dejó que alguno de sus sueños fueran anulados por su lógica? ¿Cuándo fue la última vez que usted se imaginó lo inimaginable? ¿Cuándo fue la última vez que usted soñó en un mundo unido de paz, o en todos los creyentes unidos en fraternidad? ¿Cuándo fue la última vez que usted soñó en el día en que toda boca será alimentada y toda nación orará en paz? ¿Cuándo fue la última vez que usted soñó en que toda criatura sobre la tierra oiría acerca del Mesías? ¿Ha pasado ya un buen tiempo desde que usted proclamó la promesa de Dios de que Él «es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos»?

Es un poco irónico que el entierro de Jesús fuera realizado, no por aquellos que habían declarado que jamás lo dejarían, sino por dos miembros del Sanedrín —dos representantes del grupo religioso que lo mató. Pero luego, una vez más, de todos los que estuvieron en deuda con este cuerpo quebrantado, ninguno fue tanto como esos dos. Muchos habían sido librados de los profundos pozos de la esclavitud y de la enfermedad. Muchos habían sido encontrados en los túneles más oscuros. Túneles de perversión y muerte. Pero ningún túnel fue nunca más oscuro que el túnel del que estos dos habían sido rescatados: el túnel de la religión.

Usted no puede ir a la cruz sólo con su cabeza y no con su corazón. Esto no funciona de esta manera. El calvario no es un viaje mental. No es un ejercicio intelectual. No es un cálculo divino o un frío principio teológico. Es una hora de emoción nacida de lo más profundo del corazón.

Dios usó (y usa) personas para cambiar el mundo. ¡Personas! No santos ni superhombres ni genios, sino personas. Ladrones, adulones, amantes y mentirosos —Él los usa a todos ellos. Y lo que ellos pueden carecer en perfección, Dios se los da en amor.

Estamos demasiado ocupados para estar contentos. (Lo cual es una locura, puesto que la razón por la que nos matamos ahora es porque pensamos que esto nos contentará mañana). «No ahora, gracias. Tengo mucho que hacer», decimos.

Aquí están esos soldados comunes, contemplando el evento más extraordinario del mundo y ellos no lo saben. Hasta donde se dan cuenta, esta es otra mañana de viernes, y Él es nada menos que otro criminal. ¡Apresúrate; es mi turno!» «Muy bien, muy bien. Este tiro va por las sandalias». Lanzando suertes por las posesiones de Cristo. Las cabezas inclinadas. Los ojos hacia abajo. La cruz olvidada. El simbolismo es impactante. ¿Lo ven ustedes? Esto me hace pensar en nosotros. Los religiosos. Aquellos que reclamamos la herencia de la cruz. Estoy pensando en todos nosotros. Todos los creyentes en la tierra. Los que no les importa. Los perdidos. Los estrictos. Los simples. La iglesia más grande. La iglesia más pequeña. Los «llenos del espíritu». Milenialistas. Evangélicos. Políticos. Místicos. Literales. Cínicos. Mantos. Collares. Trajes de tres piezas. Nacidos de nuevo. Usuarios de amenes. Estoy pensando en nosotros. Estoy pensando que no somos tan diferentes de aquellos soldados. (Siento mucho decirlo). Nosotros también jugamos dados al pie de la cruz. Competimos por miembros. Jugamos por el estatus. Impartimos juicios y condenas. Competencia. Egoísmo. Ganancia personal. Todo está allí. No nos gusta lo que el otro hizo, así que tomamos la sandalia que ganamos y nos alejamos en un santiamén. Tan cerca del madero, sin embargo, tan lejos de la sangre. Estamos muy cerca del mayor acontecimiento del mundo, pero actuamos como comunes jugadores de juegos de azar. Amontonados en grupos que altercan y pelean por millones sin importancia.

Tan cerca de la cruz pero tan lejos de Cristo.

La próxima vez que la niebla lo encuentre, usted haría bien en recordar a Jesús en el jardín. La próxima vez que usted piense que nadie entiende, vuelva a leer el capítulo catorce de Marcos. La próxima vez que su autocompasión lo convenza de que nadie se preocupa, haga una visita al Getsemaní. Y la próxima vez que usted se pregunte si Dios realmente percibe el dolor que prevalece en este polvoriento planeta, escúchelo suplicar entre los árboles torcidos. Este es mi argumento. Ver a un Dios como este nos hace maravillarnos de nuestro propio sufrimiento. Dios nunca fue más humano que en esta hora. Dios nunca estuvo más cerca de nosotros que cuando sufrió. La Encarnación nunca fue tan cumplida como en el jardín.

Si es verdad que en el sufrimiento Dios es más semejante al hombre, tal vez en nuestro sufrimiento podamos ver a Dios como nunca antes. La próxima vez que usted sea llamado a sufrir, preste atención. Puede que esté lo más cerca que nunca ha estado de Dios. Obsérvelo muy de cerca. Podría muy bien ser que la mano que se extiende hacia usted para sacarlo de la niebla sea una mano horadada

Cuando cesa el placer de la indulgencia, empieza el anhelo de alivio.

Usted no puede hacer eso por sí mismo. No importa a cuántos servicios de adoración asista o buenas obras haga, su bondad es insuficiente. Usted no puede ser lo suficientemente bueno para merecer perdón.[…] Por eso es que tenemos culpabilidad en el mundo. Por eso es que necesitamos un salvador. Usted no puede perdonar mis pecados ni yo puedo perdonar los suyos.

Usted conoce sus debilidades. Además conoce las situaciones en las cuales sus debilidades son más vulnerables. Manténgase alejado de aquellas situaciones. Asientos traseros. Horas avanzadas. Clubes nocturnos. Juegos de poker. Partidas de Bridge. Teatros. Ciertas películas. Cualquier cosa que le dé entrada a Satanás en su vida, manténgase alejado de aquello. ¡Tenga cuidado!

El amor de Cristo no tiene nada de eso. Ninguna exigencia, ninguna expectativa, ninguna agenda escondida, ningún secreto. Su amor por nosotros fue —y es— de frente y limpio. «Yo te amo —dice El—, aunque tú me desilusiones. Te amo a pesar de tus errores».

La cosa más consistente de la vida tiene que ser su inconsistencia.

¿A qué le tienes miedo?

David Jeremiah

Primera vez que leo un libro en inglés y primera vez que leo un libro desde la aplicación Kindle. Y ambas circunstancias fueron bastante agradables. En el libro, el autor nos lleva a analizar los miedos más comunes que los seres humanos tenemos (a la enfermedad, a la soledad, al fracaso financiero, a la muerte) ponerlos a la luz de la Palabra y encontrar las respuestas para cada uno de ellos. Calificación de 10
¿A qué le tienes miedo?

¿A qué le tienes miedo?

Nuestro más grande miedo es el condicional “podría” -la amenaza de que algo podría pasar. El miedo se mueve en el mercado de las posibilidades. O aún de las imposibilidades -el miedo es el tirano de la imaginación. Se impone sobre las sombras, desde su nublado espejo del quizá.

He descubierto que todos -incluyéndome a mi- tenemos miedo a algo. Nuestro desafío es descubrir y analizar nuestros temores y encontrar una respuesta (bíblica) a ellos.

Tu miedo no es de Dios. Lo que proviene de Dios es poder, amor, y una actitud mental estable. Paráfrasis de 2 Timoteo 1:7.

En todos mis años de seguir a Cristo, estudiando la Biblia y pastoreando a cristianos bien intencionados he encontrado que no hay un miedo para el que Dios no tenga respuesta. Y la razón es simple: Dios es la respuesta a todos nuestros miedos. Piénsalo, el miedo está basado casi siempre en el futuro. Algunas veces estamos temerosos porque sabemos lo que viene en el futuro. Pero lo más común, es que estemos temerosos de lo que no sabemos respecto al futuro. Estamos temerosos de lo que podría pasar.

Si el futuro es sólo dentro de un minuto (estás esperando el diagnóstico de un doctor) o dentro de cinco años (estás preocupado respecto a que no tengas suficiente dinero para tu retiro), la casa del miedo es el futuro. Pero, ¿qué es el futuro para Dios? Para Él, el futuro es ahora! Vivimos dentro del tiempo, mientras que Dios, que lo creó, vive fuera de él. Sabemos relativamente poco del futuro mientras que Dios lo sabe todo al respecto. Todos los eventos de nuestra vida ocurren en dos marcos de tiempo: el pasado y el futuro. (El presente es un momento infinitesimal que se transforma en pasado antes de que podamos definirlo). Dios, por otra parte, tiene solo un marco de referencia: el ahora eternal, en el cual Él ve y sabe todo, incluyendo el futuro. Es por ello que Dios es la respuesta a a todos nuestros miedos. Si Dios es bueno y amoroso (y Él lo es), y si Dios es todo poderoso (y Él lo es), y si Dios tiene un propósito y un plan que incluye a sus hijos (y Él lo tiene) y si nosotros somos sus hijos (y espero que tu lo seas), entonces no hay razón para temer a algo, porque Dios está en control de todo.

La gran autora Edith Wharton djo una vez que ella no creía en fantasmas, pero que les tenía miedo. Una cosa es conocer algo con la mente y otra creerla con el corazón. ¿Cómo ayudas a un pequeño a encarar su miedo a la oscuridad? Primero apelas a la mente. Enciendes la luz y le muestras que no hay nada que temer en la habitación. Luego le ayudas a que su corazón se adapte a lo que su mente ha aceptado. Este es el proceso de fe, para todos nosotros. Aceptamos que Dios está en control, y sobre esa base, ponemos nuestras cargas en sus hombros perfectos.

Para entender por qué Dios es la respuesta a todos nuestros temores, debemos entender lo que la Biblia dice respecto al temor. Y dice mucho. Nos dice más de trescientas veces lo que el miedo no es. “El temor no es” es un enunciado frecuentemente repetido. La palabra miedo aparece más de doscientas veces, y temor aparece más de cuatrocientas. Y para que no pienses que nuestros héroes bíblicos no tuvieron miedo, más de doscientos individuos en la escritura dijeron que estuvieron temerosos. Y no todos fueron los “chicos malos”; varios fueron de los principales protagonistas -David, Pablo, Timoteo, y otros. Los héroes bíblicos fueron personas regulares que tuvieron que aprender las mismas cosas que tu y yo tenemos que aprender -a expulsar nuestros miedos incrementando su conocimiento de Dios, para cambiar el enfoque de sus miedos presentes al Dios eterno, para reemplazar lo que no sabían respecto al futuro con lo que sabían de Dios. A alejar sus cosas infantiles (siendo miedosos a todos) y crecer en fe y entendimiento.

Vivimos con un tipo de negación necesaria. Procedemos con nuestro diario vivir como si tuvieramos la garantía de seguridad que simplemente no es posible en esta vida. Nos felicitamos a nosotros mismos por nuestros impresionantes avances en tecnología, y pretendemos haber conquistado cada desafío para la vida y la salud. Pero no es así. La naturaleza es maravillosa e inspiradora -y también monstruosa e inhumana.

Job no era alguien sin pecado, pero él era de carácter maduro y un hombre de justicia.

Armado con el permiso de Dios, Satán empieza a trabajar, y la ruina de Job llega rápidamente, mediante cuatro calamidades en un solo día. Estos fueron los términos: Satán podría tocar las posesiones de Job, pero no su persona. Y así el gran experimento empezó. Pero lo que también claramente vemos, es quién está a cargo de este mundo. El diablo puede probar a Job, pero no sin el permiso de Dios. Nuestro Dios reina, y no podemos olvidarlo durante la discusión de un desastre o en cualquier otro momento.

¿Qué le das a un hombre que lo tiene todo? El desastre es algo que Job aún no había experimentado.

En este punto, parece que el día de Job no puede empeorar. Pero un tercer mensajero llega justo detrás de él. La frase “mientras él aún estaba hablando” es usada tres veces en este pasaje. Para Job, al menos, el viejo adagio es verdad: las calamidades vienen en racimos.

El libro de Job siempre ha sido el libro que ayuda a la gente con la existencia y efectos de la maldad. Al principio, el libro nos muestra tres principales fuentes de maldad. Primero, están los individuos malignos, como los Sabeos y los Caldeos quienes mataron a los criados de Job y robaron sus bueyes y asnos. Luego nos muestra la maldad destructiva de los desastres naturales mediante el fuego que destruyó el ganado y rebaños y el viento que mató a los hijos de Job. Y detrás de todo esto, vemos la maldad a un nivel cósmico con la mano de Satanás quien, mediante el permiso de Dios, orquestó el desastre total. Ya que se ha considerado el libro de Job como el más antiguo de la Biblia, sabemos que el problema de los desastres naturales han estado con nosotros desde que los humanos empezaron a vivir en la Tierra. La Biblia no pasa por alto las duras preguntas de la vida; No trata de apartar nuestra mirada de ello. Estamos invitados a pararnos con Job en el cementerio, con la mirada en las cenizas de sus sueños y preguntando a Dios ¿por qué?

Dios creó el mundo pero no está involucrado en su operación. Esta filosofía es llamada deísmo. Acepta la existencia y bondad de Dios pero no se involucra con lo que sea que pasa en el mundo que Él creó.

Pero la escritura es clara al decir que Dios está trabajando activamente en el universo. (Job 37)

Si Satanás tuvo el permiso de Dios para hacer lo que hizo, entonces Dios tiene el control y reina sobre los asuntos humanos. La gente siente el control de Dios sobre todo cuando llaman a los desastres naturales como: “actos de Dios”.

Todo lo que Jehová quiere, lo hace, En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. Hace subir las nubes de los extremos de la tierra; Hace los relámpagos para la lluvia; Saca de sus depósitos los vientos. Salmo 135:6-7

Dios no sólo usa los elementos de la naturaleza para mantener el mundo girando. También los usa como castigo o para guiar a su pueblo hacia la justicia. Inicialmente en la Biblia, encontramos a Dios enviando un diluvio para destruir al mundo pecador, dejando solo a Noé y su familia (Génesis 6-8). Luego, cuando los israelitas caminaban en el desierto. Dios envió juicio sobre Datán Abiram y Coré, quienes lo habían rechazado. “La tierra abrio sus fauces y se los tragó… junto con sus bienes” (Números 16:32). Dios envío fuego para destruir Sodoma y Gomorra por causa de su maldad (Génesis 19:24). Mandó plagas para castigar a Egipto (Éxodo 7-12). Hizo una plaga que mató 70 mil hombres por el pecado de David al censar a la gente (2 Samuel 24:15). Mandó una tormenta para llamar la atención de Jonás y que pudiera arrepentirse (Jonás 1:4-17)

En Amós (4:6-11) [Os hice estar a diente limpio en todas vuestras ciudades, y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová. También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; e hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió, se secó. Y venían dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban; con todo, no os volvisteis a mí, dice Jehová. Os herí con viento solano y con oruga; la langosta devoró vuestros muchos huertos y vuestras viñas, y vuestros higuerales y vuestros olivares; pero nunca os volvisteis a mí, dice Jehová.], hay un extenso pasaje describiendo los tratos con la desobediencia de Su pueblo. Si estamos tentados a separar a Dios de los desastres naturales, este pasaje debería detener nuestro camino.

Es correcto decir que todos los juicios de Dios son a causa del pecado y que usa los desastres para administrar justicia. Pero no es correcto decir que cada desastre en particular es por Su jucio por un pecado en particular cometido por una persona o nación.

Jesús nos recuerda (Lucas 13:2-5) que en nuestro mundo caído, los desastres pasan, y que les ocurren tanto a personas malvadas como justas sin distinción o explicación. No depende de nosotros etiquetar esto como una desgracia o como un sentencia de Dios sino simplemente, como Jesús lo señaló, reflexionar sobre el pecado en nuestros corazones.

Debemos recordar que cada una de las personas que murieron en el terremoto de Haiti eventualmente hubieran muerto de cualquier manera. El hecho de que murieran simultáneamente no es realmente más trágico que si sus muertes hubieran ocurrido durante las siguientes décadas. Es sólo que la repentina e inesperada muerte simultánea nos conmociona más.

Como secuelas de cada desastre, a menudo escuchamos cosas como esta: “No podría creer en un Dios que permite que tales cosas dolorosas le pasen a sus criaturas”. El Dios que estas personas quieren creer es un “padre helicóptero” que vuele sobre nosotros todo el tiempo, aislándonos de lo malo como un padre sobreprotector. Quieren un Dios que garantice protección, seguridad y felicidad y que nos aleje de la tragedia y dolor, aún del dolor disciplinario. Dios es más que eso. Él no satisface cada uno de nuestros deseo sino que administra disciplina para ayudarnos a ser mejores criaturas que puedan habitar en una maravillosa eternidad.

A menudo las mismas personas que cuestionan a Dios luego de un desastre, rechazan ingratamente alabarle y honrarle en tiempos de paz y calma. Son indiferentes a Dios en los buenos tiempos, piensan que es Su obligación proveer ayuda cuando los malos tiempos vienen. Ellos creen que el Dios que deshonran cuando son ricos, debería rescatarlos de una pobreza inminente; y el Dios que ellos rechazan adorar cuando la tierra permanece, debe rescatarlos cuando empiece a temblar. Debemos admitir que Dios no nos debe nada. Antes de decir que Dios no es solidario, debemos agradecerle por aquellos tiempos en que su cuidado es evidente. Estamos rodeados de bendiciones inmerecidas. Aún en Su silencio, Él nos bendice.

[“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28] El texto no nos enseña que la enfermedad, sufrimiento, persecución, dolor o cualquier otra cosa es buena por sí misma. Al contrario, éstas cosas son malas. Odio no es amor. Muerte no es vida. Dolor no es alegría. El mundo está lleno de maldad. Pero lo que el texto enseña… es que Dios usa estas cosas para llevar a cabo sus propios fines buenos para las personas. Dios sa una buena salida a la maldad.

Es posible para nosotros saber, aquí y ahora, que todas las cosas nos ayudan a bien. Podemos echar mano de esto para calmar la turbulencia de la vida y brindarnos una calma y confianza en el conjunto de la vida. Nada puede tocarme a menos que pase por la voluntad de Dios. Dios tiene un plan para mi vida. Dios está trabajando de acuerdo a un propósito fijo y eterno.

En una fábrica hay ruedas y engranajes. Hay manivelas, poleas, correas apretadas y flojas. Algunas maquinarias giran rápidamente y otras dan vueltas lentamente -algunas van hacia adelante, otras retroceden. Algunas son tranquilas y silenciosas, otras son rudas y ruidosas. Golpeando, agitando, sonando y moviéndose a tirones. En una confusión salvaje y aparente caos. Levantando, empujando, guiando- pero todo haciendo su trabajo. Desde la palanca más poderosa hasta el engranaje más pequeño, todas las cosas se mueven juntas para el propósito planeado; y detrás del trabajo hay una mente controlando, una fuerza dirigiendo, y una mano guiando. Así todas las cosas están trabajando para los amados del Señor; algunas cosa podrían ser dolorosas si se ven separadamente. Algunas podrían parecer complicadas; algunas podrían llevarnos hacia atrás; pero trabajando juntas, lo hacen para bien. Todos los anhelos frustrados, todas las negativas severas, todas las contradicciones difíciles de entender. Y las fuerza que las une, las acelera o las retarda. Las detiene, las inicia y las guía, es la mano de nuestro Padre.

Asi como un fuego destructivo en un bosque lo limpia de los arbustos que eventualmene podrían ahogar los árboles, los desastres en nuestras vidas pueden causar que nuestra ceguera se detenga y nos encaminen a aclarar nuestra visión.

El desastre natural más grande de todos sucedió en el Jardín del Edén; el resto es un daño colateral. La caída nos hizo a todos víctimas a menos que permitamos a Jesucristo que maneje el problema de nuestro pecado.

Dios usa los desastres y tragedias para cumplir con su perfecto voluntad en nosotros y a través de nosotros y a veces para llevarnos a ponerlo a Él en primer lugar. En la iglesia donde pastoreo, casi todos los que dan testimonio de su fe y bautizmo tienen una cosa en común: fueron traídos a Cristo a través de alguna dificultad. A menudo es la pérdidad de un amado o un divorcio o la pérdida de empleo. Dios usa las dificultades y desastre para obtener la atención de aquellos que Él está buscando.

Los desastres podrían alejar a unas personas de Dios, pero para otros tienen el efecto opuesto, llevándolos a los brazos de Jesús. La naturaleza destructora ha ayudado a distinguir lo temporal de lo permanente. Los desastres nos recuerdan que vivir en el mañana es incierto, asi que debemos prepararnos para la eternidad hoy. Hoy es el tiempo de aceptación; hoy es el día de la salvación. Cuando vienen los desastres, Dios no está en juicio, nosotros lo estamos.

Es común que en medio de la sequía… olvidemos que la lluvia es normal. O en medio del diluvio, olvidar que los diluvios raramente ocurren. O cuando las malas noticias vienen del doctor, olvidar que, para la mayoría de nosotros, éstas vienen luego de muchos años de relativa buena salud. Las bendiciones de Dios abundan; son lo norma, y es apropiado ser agradecido por ellas en todo tiempo, a pesar de las circunstancias que nos rodean.

Algunas veces la presencia del silencio es la más poderosa ministración. Cuando amigos están sufriendo, por ejemplo, las racionalizaciones espirituales y las referencias de versículos de la escritura al por mayor, pueden ser sin vida. La gente no necesita de nuestras respuestas -simplemente necesita nuestros hombros para llorar, nuestra compañía en la oscuridad. Estos momentos son en los que la iglesia de Jesucristo está en su mejor momento. Y cuando alguien finalmente voltea hacia nosotros y nos pregunta por qué, podemos decir: “Desearía sentarme contigo con una taza de cafe y hablar sobre esas preguntas juntos y muy pronto, pero ahora, estoy aquí para servirte, ¿qué puedo hacer por tí?”

Los desastres ejecutan una dolorosa cirugía a nuestras partes más íntimas, pero las manos del Cirujano son tiernas y seguras. Él quiere hacernos mejores, fuertes, más capaces de ministrar en un mundo de corazones rotos. Como ministros en nuestro propio dolor y en el de los demás, tomamos una creciente semejanza con nuestro Salvador quein sanó el dolor de todos los que encontraba.

Dios nos ha dado una última espectacular promesa que cura nuestros miedos a los desastres. [“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.] Apocalipsis 21:3-4] Los desastres nos recuerdan que Dios no busca que esta tierra caída, con su muerte, desastres y corrupción, sea nuestro hogar permanente. Como se dice, “Este mundo no es mi hogar; Aquí sólo estoy de paso”. Las calamidades que experimentamos son solo fenómenos temporales. Cada desastre nos recuerda que hay una eternidad libre de desastres esperándonos y que inspira nuestros corazones a añorarlo.

No tomemos esto [la restauración de las bendiciones de Job] para dar a entender que todos los que sufren desastres tendrán todo restaurado en esta vida. La promesa es que no importa lo que los que aman a Dios sufran aquí, vendrá un tiempo en que las bendiciones de Dios nos harán olvidar cada dolor que hemos soportado.

La misionera Isobel Kuhn escribió un libro titulado En la Arena, en la cual explica una maravillosa verdad: una vida llena de problemas y reveses puede ser una vida llena de herramientas únicas para compartir el Evangelio. Cada situación que ella encaró le daba una oportunidad más de glorificar a Dios a través de la sabiduría que ella aprendió. En su capítulo final, Isobel habló de como hizo frente al cancer de seno. La salud vino a ser su gran preocupación, y sabiendo como el cáncer podría expandirse, su impulso natural fue el pánico a anticipar lo peor. Si tosía, debía ser cáncer de pulmón. Un dolor de muelas significaba cáncer de boca. Cada pequeño o repentino dolor era un presagio de consecuencias graves en su salud. Ella aprendió que la enfermedad es el hogar del miedo. Eventualmente, sin embargo, Isobel aprendió que Cristo triunfa sobre cada miedo. Ese mensaje puede cambiar el mundo, y puede cambiar tu vida.

Las enfermedades no solo tienen una cuota en la parte física o emocional, también se afecta la parte financiera. Lo Estados Unidos es la nación más cara para tratar enfermedades. En el 2010, el costo total de atención de salud fue de más de 2.5 trillones de dólares. Ya que se trata de un costo astronómico, un incidente médico mayor puede acabar con la parte financiera de una familia. Cuando la salud de nuestro cuerpo se deteriora, lo hace la salud de nuestras carteras.

[En inglés enfermedad es] Disease (Dis-ease) literalmente significa “no fácil” o “no a gusto”. Nuestra experiencia con exactitud esa definición. La enfermedad descompone los patrones de vida, robándonos el control y formando barreras con las demás personas. Nos envía a instalaciones médicas costosas donde ponemos nuestro destino en manos de extraños.

Los hospitales no son sitios divertidos. Son una conglomeración de agujas, tubos, monitores, pastillas, termómetros, botones de emergencia, calentadores de cama, sin mencionar la total ausencia de pudor y privacidad.

Todos tememos a la enfermedad. Quizá estés batallando con alguna justo ahora. Quizá está esperando justo al doblar la esquina, o quizá alguien cercano a ti está luchando desesperadamente por su salud. La enfermedad es común e inevitable, pero cómo la tomemos hace una gran diferencia.

Era la época dorada de fe y prosperidad en Judea y todas las cosas fueron bien de diez a quince años. Entonces, cuando Ezequías cumplió treinta y nueve, enfermó. El profeta Isaías vino a él y le dijo, “Así ha dicho el Señor: pon tu casa en orden porque morirás y no vivirás”. Isaías 38:1.

¿Cómo reaccionarías al saber que tu muerte es inminente? Si un buen hombre como Ezequías “lloró amargamente” (Isaías 38:3), entonces podemos entender que no es pecado expresar el dolor cuando somos golpeados con alguna terrible noticia médica. Ezequías no era solo un buen rey, era un buen rey humano. y los humanos naturalmente sufren al encarar las malas noticias.

Las lágrimas y oración son respuestas entendibles a la enfermedad, ya sea que seamos los afectados o estemos sufriendo por algún conocido. Aunque no podemos predecir cómo responderá el Señor, sabemos que las lágrimas y oraciones de su pueblo que sufre, lo conmueven (“Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?” Salmo 56:8).

Debemos recordar, sin embargo, qué tan grande era el rey Ezequías, Dios no tenía la obligación de sanarlo. No podemos ganarnos su favor con nuestro trabajo. La sanidad de Dios es por su fidelidad, no la nuestra. La sanidad viene de la misma forma que la salvación: por gracia. “Por su llaga fuimos curados” Isaías 53:5. La sanidad es parte de la naturaleza de Dios, y en su gracia, él la ofrece a todos los que le temen: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” Malaquías 4:2.

Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará. Isaías 38:21 ¿Por qué Dios no sanó a Ezequías a través de un simple milagro? Dios tiene el hábito de usar a la gente, sus dones y sus recursos para sus planes. Claramente, Dios usó a doctores y recetas en el tiempo de Ezequías, justo como lo hace hoy. En 1994, los doctores trataron con quimioterapia mi linfoma. Cuando el linfoma reapareció en 1998, recibí un trasplante de células madre. Esa es la parte científica de la historia. Pero detrás de estas escenas, muchas personas estaban orando por mi recuperación. Esa es la parte de fe de la historia. Esto plantea una pregunta ¿Cuánto de mi sanidad es acreditada a la mediciona y cuanto a la oración? No podemos saberlo, pero no hay mucha diferencia, en cualquier caso, la sanidad viene de arriba. Somos los únicos que hacemos distinción entre lo natural y supernatural. Todo esto es el reino de Dios. Yo simplemente me siento bendecido de tener ambas cosas disponibles para mi: amigos que oran de rodillas y doctores con manos habilidosas. Un aspecto positivo de las soluciones médicas, es que estamos involucradas en ellas. Somos agentes activos de Dios en el proceso de nuestra sanación construendo nuestra fe y dándonos esperanza. Seguir las recomendaciones de mis doctores cuidadosos y comprometidos fue un poderoso estímulo para mi. Tengo la certeza de que Dios me llevó específicamente a estos médicos y doy gracias a Dios por ellos cada dia. Cuando enfrentamos una enfermedad seria, la primer cosa que debemos hacer es hablar con Dios. Pedir su guía y entonces tomar ventaja de los mejores avances médicos disponibles, como Ezequías lo hizo. Finalmente, Dios es Jehová-Rafa -“Jehová tu sanador” Exodo 15:26. Ya sea que nos sane con milagros, con medicinas, o en el mundo por venir.

Isaías 38:17,20 y Salmo 103:1-3 Estos pasajes nos recuerdan que luego de recuperarnos de la enfermedad, nuestra primer orden del día es alabar a Dios. Algunas personas no lo piensan así; oran en tiempo de dificultad, pero se olvidan de Dios una vez que son sanados. ¿Ves algo de consistencia aqui -o peor, algo de gratitud? Si oramos por salud, ¿por qué no podemos agradecer a Dios cuando la sanidad llega?

¿Hay algunas enfermedades tan pequeñas e insignificantes por las que Dios no deba ser molestado con ellas? Absolutamento no! Es común para la gente agradecer a Dios cuando están experimentando un encuentro cercano con la muerte, pero muy pocos alaban a Dios luego de superar un resfriado o una migraña. Si podemos orar por enfermedades graves, ¿por qué no orar por todas las enfermedades? Nada que nos lastime es demasiado pequeño para Su incumbencia.

Después de el regalo de 15 preciosos años agrrgados a su vida, Ezequías perdió el favor de Dios. ¿Cómo ocurrió esto? Su milagrosa recuperación causó que perdiera la humildad con la que encaró la muerte.

Nuestro problema es que nuestra perspectiva no va más alla de nuestra nariz, mientras que la de Dios es infinita. Sólo sabemos que estamos heridos, y queremos que pare. Pero si pudieramos ver cómo nuestro sufrimiento se ve desde la perspectiva de Dios, nos daríamos cuenta que hay cosas peores que nuestro oscuro presente. La enfermedad puede ser algo necesario en el plan divino para lograr algo bueno. Algunas veces es sólo mediante el dolor que somos lo que Dios quiere que seamos. Charles H. Spurgeon, en su irónica forma, una vez declaró:”Me atrevería a decir que la más grande bendición terrenal que Dios nos puede dar es salud, con excepción de la enfermedad”. En vez de que rápidamente roguemos por liberación, podríamos más sabiamente preguntar a Dios respecto al propósito de nuestro sufrimiento. ¿Cómo puedo crecer a través de esto Señor?

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7 La imaginación humana es una poderosa fuerza que puede crear hermosas visiones de un futuro deseable o evocar cualquier escenario como el peor de los casos. Estos productos oscuros de la imaginación pueden ponernos en las garras del miedo, un lugar donde Dios quiere que no vayamos. Como lo muestra el versículo, el poder que vence al miedo es el dominio propio. Mantenemos un dominio propio “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” 2 Corintios 10:5[…] Cuando un pensamiento que no viene de Dios entra a nuestras cabezas (“Esto enfermo; voy a morir!”), lo examinamos a la luz de “el conocimiento de Dios”. ¿Tiene este pensamiento alguna base en realidad? Si no, lo tomamos cautivo. Ya no puede ir libre y dirigir nuestra imaginación lejos de la bondad de Dios y llevarnos a un miedo malsano. ¿Qué tan diferente sería tu vida si pudieras simplemente tomar tus pensamientos y llevarlos cautivos a Cristo? ¿Qué tan mejor dormirías en la noche? ¿Cuán feliz y con menos ansiedad serías? ¿Cuánto más alegre te encontrarían tus amigos? Ganar un dominio propio y una mente centrada no es tan difícil como piensas. Si nosotros simplemente leyeramos la Escrituras profunda, pensativa y abiertamente cada día, invitaríamos al Espíritu Santo a murmurar nuevas fortalezas a nuestros pensamientos. Él y sólo Él puede domar al imprudente poder del pensamiento humano. Una mente centrada en la verdad de Dios es la clave para ser sostenido y no desanimarse.

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 1 Tes 5:18 En tiempo de enfermedad, nuestras bendiciones vienen a ser más claras, ricas, y significativas. Nos podemos regocijar en las oraciones de nuestros amigos, en la nota de un ser querido, en el cuidado compasivo de una enfermera concienzuda, en la sonrisa de un doctor, en el verso de un himno que viene a nuestra mente, en el vecino que corta el pasto, en un versículo de la Biblia que se presenta en el momento justo, en una receta que disminuye nuestro dolor, en un rayo de sol que atraviesa la ventana de nuestro cuarto, en el intricado de la flor que esta en el florero cercano, o en la inocencia y ánimos de un nieto que nos visita. En la enfermedad, nuestra concentración se agudiza y nuestra percepción de lo que es verdaderamente importante se limita para excluir los valores periféricos que desordenan nuestra vida cuando la buena salud nos mantiene ocupuados para apreciar las bendiciones simples, las cuales a menudo son las mejores.

La Biblia no dice que tenemos que ser agradecidos por todas las cosas, como el dolor y la incomodidad de la enfermedad. Pero dice que debemos dar gracias por todas las cosas -incluyendo la enfermedad. Estar agradecidos de que incluso tu enfermedad te da la oportunidad de glorificar a Dios.

El estar en una mala racha a menudo nos equipa para aun mas servicio. También nos permite tener empatía y ministrar a personas que de otra manera nunca se hubieran cruzado en nuestro camino. Debemos descartar al sufrimiento como una cosa vil, porque Dios no desperdicia nada. En Sus manos, el sufrimiento viene a ser el medio para los milagros. Abre nuevas puerta de evidencia, y su fortaleza brillará a través de nuestra debilidad.

Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Juan 11:4. Decíamos anteriormente que la sanidad tiene doble propósito – nuestro bienestar y la gloria a Dios. Jesus vino a dar un paso mas cuando dijo que aún la muerte puede glorificar a Dios. Con base en la resurrección de Cristo, podemos reclamara la promesa de que, aunque nuestras enfermedades pueden incluir la muerte, no terminan en muerte; nosotros, también, podemos ser resucitados. Armados con esta verdad, podemos ver a Dios glorificarse aún a través de la enfermedad. Y cuando somos encarados con enfermedades con riesgo vital, nuestro temor puede ser remplazado por la determinación de gloricar al único que “hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11)

Aunque Cristo ha conquistado el pecado y la muerte, los efectos de ambos tardan en desaparecer. Pero solo temporalmente. La enfermedad debe ser aceptada, pero sólo por ahora -y siempre con el conocimiento de que su amo, la muerte en si, no tiene poder sobre nosotros. Si esta vida fuera todo lo que tenemos, entonces el cáncer y cada enfermedad incurable sería en verdad trágica. Pero ya que las puertas de la prisión de la muerte han sido destruídas, la muerte no puede llevarnos cautivos.

Nuestros hogares son nuestros santuarios, los lugares donde nos refugiamos, relajamos y reagrupamos. Si aún este espacio está en juego, ¿qué certeza tenemos en este mundo? La idea de perder nuestro hogar nos golpea- como dicen- justo donde vivimos.

Cuanto mayor sea la pérdida, más profundo el dolor.

El error es pensar que la casa, las propiedades y posesiones es todo lo que tenemos. En realidad, son lo menos importante y más superficial de lo que tenemos. Las cosas materiales nos deslumbran porque tienen una ventaja: son tangibles. Pueden ser vistas, tocadas y tomadas. Por otra parte, la fe, la esperanza y los frutos del Espíritu no pueden ser tomadas y examinadas, compradas o vendidas, fotografiadas o filmadas. Cuando permitimos que lo tangible y transitorio bloquee nuestra percepción de lo invisible pero imperecedero, perdermos nuestra perspectiva de los verdaderos valores.

La confianza no es una emoción que sólo despierta en nuestros corazones como la ira, celos o tristeza. Es siempre una elección basada en la razón. Usamos evidencia y discernimiento para concluir que este hombre o este banco o esta inversión son dignos de confianza. Si, Dios nos da la fe para actuar, pero primero nos da una elección que tomar. La gente sabia investiga para determinar si hay motivos para la confianza, por lo que dependen de Dios para guiar sus decisiones. Para haber depositado su confianza en Dios, necesitan no vivir en temor a la pérdida. Aún si la pérdida material ocurre, Dios cubre las necesidades de sus hijos, y la Biblia está llena de esas promesas. (Salmo 23, Mateo 6:25-33, Salmo 37:35, Filipenses 4:19, 2 Corintios 9:8)

La confianza en Dios no hará que el dolor se vaya; significa saber que el proveerá lo que realmente necesitamos. En Cristo nuestra esperanza se mantiene erguida, sólida e intocable. En Él tenemos un hogar que eclipsa al sol, una herencia que nunca perece y tesoros que no pueden quitarnos. El acto con el que nuestro hogar celestial esta señalado y sellado es la sangre de Cristo; el contrato está ratificado por la Resurrección. Y nadie puede hipotecarla.

La confianza es una acción de la mente, mientras que la obediencia es un acto de manos y pies. Una vez que ponemos nuestra mente en la sabiduría de Dios, nos veremos ocupados haciendo cosas que Él quiere que hagamos.

Algunos han observado que la vida es como un tablero del juego de Monopoly: das vueltas unas pocas veces; coleccionas papel moneda y casas; y entonces, tarde o temprano, todo va de regreso a la caja.

La mejor actitud que podemos tomar respecto a la riqueza: gana todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas, da todo lo que puedas.

Necesitamos entender que la fe en Dios no nos inmuniza contra los fracasos financieros. Por vivir en este mundo caído, no hay una seguridad financiera completa. No hay otra seguridad más que la gracia de Dios. La fe en Dios nos asegura que Él tiene nuestras vidas en sus poderosas y amantes manos, lo que significa que ningún colapso, pérdida o temor puede dañarnos verdaderamente.

Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. Salmo 37:7 Esperar no es algo fácil para nosotros. En esta época de satisfacción instantánea, estamos condicionados a no esperar por nada. Si la fila en la comida rápida es muy larga, vamos corriendo a otro restaurante. si la TV no muestra algo interesante rápidamente, buscamos impacientemente durante cientos de canales. Si el carro de adelante no se mueve en cuanto cambia el semáforo, tocamos el claxon. Cuando enfrentamos la pérdida, sabemos que debemos confiar en el horario de Dios para que trate con eso. Pero lo que nos gustaría es que Él se ajustara al de nosotros. El hecho de que no podamos ver el futuro nos convence de que el futuro está en juego. Pero descansemos con seguridad, Dios tiene el completo control. Aunque Su tiempo puede parecernos muy lento, desde el punto de vista de la eternidad, es perfecto. Dios nunca está tarde ni temprano. cuando verdaderamente creemos esto, conocemos la mente de Dios, lo que nos habilita para esperar en Él con paciencia y confianza.

Un autor explicó que hay dos tipos de fe: una basada en el sí y otra basada en el aunque. El primero dice: “Si todo va conforme a lo que quiero, entonces estaré de acuerdo en que Dios es bueno”. El otro dice: “Aunque el malo prospere, aunque pueda sudar en el Getsemaní, aunque mi camino lleve al Calvario, aún así, confiare en Dios”. El primero quiere resultados instantáneos; el segundo ha aprendido la sabiduría de esperar, como Job dijo cuando clamó: “aunque Él me matare, en Él esperaré” Job (13:15).

Si, sabemos que “todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios” (Romanos 8:28), pero esta promesa a largo plazo, no ofrece un arreglo rápido al dolor inconsolable de una pérdida. No hay manera de evitar eso. Aún la promesa permanece fiel y nos brinda algo a lo que aferrarnos y concentrarnos en medio de nuestras lágrimas.

Philip Yancey indica que hay dos principales días en el calendario de la iglesia, el viernes santo y el domingo de pascua. Uno celebra el peor evento imaginable, y el otro el más grande. Sin embargo vivimos la mayor parte de nuestras vidas en el día que está en medio, el sábado, un día que no tiene nombre. Como los discípulos, nos sentamos en la estela de la angustia de la vida, sin pista de que lo que el mañana traerá es más brillante que lo que hemos soñado. La vida se trata de decidir cómo vivir en ese ínter entre la cruz y la corona. Así que ¿qué tanto confiamos en Dios? ¿Creemos que Él puede tomar un mundo que incluye los genocidios en Bosnia y Ruanda, los ghettos de las ciudades, las prisiones, las pérdidas y entonces convertirlas en algo fuera de él? Sabemos cómo se siente el Viernes ¿habrá un domingo? Yancey observa que el día de los azotes, crucifixión y muerte de Cristo es llamado Viernes Santo. Sólo se gana ese adjetivo a la luz de los acontecimientos del domingo. La tumba vacía transforma la culpa de la cruz en victoria. La Pascua, dice Yancey, ofrece una pista para el gran trabajo de Dios. Nuestras almas se levantan de la pérdida del viernes, sabiendo que las bendiciones vendrán el domingo. Mientras tanto, el sáabdo es un tiempo de espera. Esperar no siempre es algo malo, puede traer su propia alegría, la emoción de la anticipación. ¿Recuerdas cuando de niño esperabas la navidad? ¿Cuando esperabas por el día de tu boda? Esperar por algo bueno hace que el corazón cante. Nos llena de esperanza. Nos cambia internamente y así los caprichos de esta vida, no ejercen ningún poder sobre nosotros. El mundo puede llevarse nuestros hogares y cada peso que tenemos. Podemos clamar, pero nuestra esperanza está intacta porque nuestras pérdidas son sólo un recordatorio del gran regalo, que una vez que lo recibamos, nunca se perderá. Y vale la pena la espera.

Quizá sólo algunos de nosotros somos atiquifóbicos [miedo al fracaso], pero hemos sentido el temor al fracaso en algún grado. De hecho, muchos de los más admirados personajes de la Biblia lo experimentaron. Los más prominentes ejemplos son Moisés, Gedeón, Isaías, Jeremías y Ezequiel. Sus historias en la Biblia tienen secuencia y forma similar. Primero hay un encuentro con Dios, ya sea directamente o a través de sus ángeles. Este encuentro no ocurre en algún lugar santo sino dentro de la rutina normal de la vida. Moisés está cuidando ovejas y Gedeón esta sacudiendo el trigo. Un divino encuentro sobreviene haciendo un llamado y un desafío: Tu momento ha llegado, te estoy enviando la misión de tu vida. El llamado es seguido usualmente por objeciones de la persona llamada, muchos de ellos nacidos de un miedo al fracaso. Moisés respondió a su llamado diciendo: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” (Éxodo 3:11) aún después de que Dios le aseguró el éxito, Moisés continuó objetando: “¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, […] soy tardo en el habla y torpe de lengua.” (Éxodo 4:10). Cuando Dios llamó a Gedeón para luchar contra los Madianitas, su respuesta inicial fue similar: “Ah, Señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.” (Jueces 6:15). Cuando Dios llamó a Jeremías para que hablara palabras de profecía al pueblo de Dios, Jeremías siguió el mismo patrón: “¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.” (Jeremías 1:6). Obviamente, el miedo al fracaso no es un fenómeno moderno; es un miedo humano atemporal. Algunos de los servidores escogidos de Dios tuvieron este miedo a pesar de la promesa de Dios de que tendrían éxito. Sus historias ofrecen información sobre cómo Dios responde a los miedos humanos. En cada caso, Él cubrió a sus siervos con seguridad y afirmación. Dios dió a Moisés uno de los más grandes discursos motivacionales que he leído. Sus palabras me han alentado a menudo en tiempos de desafios personales. Si tienes temor respecto a tu futuro, si estás siendo llamado a nuevas responsabilidades que parecen ir más allá de tus habilidades o si sólo necesitas estímulos para continuar en lo que Dios te ha llamado, encontrarás valentía al estudiar el encargo que Dios hace a Josué para enfrentar este gran desafío.

El beneficio de la perspectiva de Dios es que permite ver más allá de las pruebas que nos asustan aquí y ahora. Dios no llama a alguien a una tarea y lo abandona a un lado del camino. Así que si tememos por lo que Dios quiere que hagamos, nuestra perspectiva necesita ajustarse para apuntar no al tamaño de la tarea, sino al de Dios.

Tener una promesa de Dios no es garantía de éxito si perdemos nuestro enfoque. La responsabilidad de Dios es hacer la promesa; la nuestra es estar enfocados en ella y enfrentar el miedo. Para tener éxito, Josué y la nueva generación de israelitas tenían que enfocar sus mentes y corazones en el propósito que Dios les había dado.

Somos testigos de que cuando los espías regresaron, diez de ellos dieron un temeroso reporte de gigantes inconquistables. Sólo dos hombres, Josué y Caleb, busacron tomar la promesa de Dios y continuar a pesar de los obstáculos. Los diez insistieron: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.” (Números 13:31). Los cuentos de terror ahogaron el consejo de valentía. Cuando encaramos una situación, nos enfocamos ya sea en el problema o en la solución. Diez hombres se convirtieron en saltamontes al dar rienda suelta a su miedo; dos hombres se enfocaron en Dios y su poder. Diez hablaron del tamaño del enemigo; dos hablaron del tamaño de su Dios. A veces la mayoría lo hace mal. La sabiduría de Dios se encuentra a menudo en el camino angosto más que en la opción popular. El liderazgo es mucho más que medir en qué dirección sopla el viento. Requiere estar firme ante los intentos de cambiar hacia otra dirección.

La palabra de Dios es el camino al éxito. Dios no le dijo a Josué que su prioridad era una estrategia militar, un respaldo financiero o relaciones con las naciones vecinas. Estas cosas tienen lugar, pero no son la prioridad. La prioridad de Josué era meditar día y noche en los principios de la Palabra de Dios.

No sólo leemos la información de la Biblia para incrementar nuestro conocimiento. Estudiamos la Biblia para descubrir la voluntad de Dios para nuestras vidas. “Guardamos para hacer”. Guardamos la Biblia para obedecerla. Uno de los más delicados y peligrosos errores en los que podemos caer es ver la Biblia como una lectura interesante. Si, es una literatura sin tiempo, fascinante, entretenida y conmovedora. Pero en absoluto la Palabra de Dios no es un simple libro. El mensaje de la Biblia no puede detenerse con la mente; debe ir al corazón y la voluntad. Debemos ser “hacedores de la palabra y no solo oidores” (Santiago 1:22). Cuando tememos vivir como la luz de Dios en el mundo, la única clave para vencer el miedo es la obediencia. Desobedece, y el miedo permanece. Obedece, y el miedo se va. El rol de la Palabra de Dios es decirnos que hacer. Pero la valentía sólo se obtiene cuando obedecemos.

Dios le dió a Josué una política de tolerancia cero respecto a la infidelidad espiritual, diciéndole que cuando Israel entrara a Canaán, debía de seguir la Palabra de Dios sin voltear “ni a diestra ni a siniestra”. No tenía el compromiso moral o de principios de ajustarse a las prácticas de los habitantes de la tierra prometida. No debía cambiar el significado de la ley de Dios para hacer lo políticamente correcto. No tenia que usar el texto para probar su punto de vista. Tenía que obedecer la Ley de Dios y nada más. El corazón de la ley era el pacto, el acuerdo entre Dios y su pueblo. No cambiaría; la nueva generación debía abrazar la antigua revelación. En tiempo de incertidumbre, enfrentando un nuevo mundo, esta debía ser su confianza: Nada importante ha cambiado. Yo, el Señor, no cambio. Manténganse en pos de mi. Sabemos como siguió la historia. El pueblo de Israel tomó muchos pasos a diestra y a siniestra. Dios fue paciente y perdonó, pero finalmente la nación tuvo que sufrir por su falta de fe a Dios y a Su Ley. La nación se dividió en dos. El pueblo fue exiliado primero a Asiria y luego a Babilonia. Los israelitas pagaron el precio, viviendo en constante temor a sus enemigos e invasiones. Se voltearon a diestra y a siniestra para servir a otros dioses, y eventualmente sus miedos se realizaron cuando Dios los quitó de su paraguas de protección. Tenemos una opción: podemos seguir a los dioses de este mundo y vivir con miedo de ser atrapados por los resultados de la caída y la desobediencia, o seguir exclusivamente a Dios y Su Palabra y vivir sin miedo.

La teología reconoce dos tipos de inspiración en la Escritura: inspiración verbal, lo que significa que las palabras fueron inspiradas por Dios; plenaria o inspiración completa lo que significa que toda la Biblia viene directamente de Dios. Nosotros creemos, entonces, que cada palabra de la Escritura tiene a Dios como su fuente.

Nada es más importante, o que dé más confianza en el llamado de Dios, que la promesa de que Dios estará con nosotros. La promesa de Dios de que su presencia activa y poder siempre acompaña a cada persona que llama. Esto resta significado a cualquier excusa u objeción al llamado. Ya sea que la persona llamada se sienta inadecuada o incapaz, es irrelevante porque el lleva el poder de Dios para cumplir con lo que Dios pidió que hiciera.

Para la mayoría de la gente, hoy el éxito significa el cumplimiento de metas y éxito financiero. En el lenguaje hebreo, sin embargo, significa ser prudente o actuar o con decoro. En un sentido espiritual, significa una vida guiada por Dios.

He descubierto en mi vida que es más desafiante construir que mantener.

Dios no me diría que tengo que hacer algo si no me capacitara para cumplirlo. ¿Por qué debería tener miedo si Dios estaba comprometido a sí mismo en mi éxito? Lo que Dios hizo por Moisés, Gedeón, Jeremías, Josué y otros, Él lo haría por mi.

La única forma en que aprendimos a confiar en Dios fue pararnos fuera de nuestra zona de confort a la “zona de miedo” y decirle que si a Él.

Hemos inventado muchas formas para conectarnos unos a otros, y aún así nos sentimos más desconectados que nunca. Paradójicamente, nuestro mundo está lleno de multitudes bulliciosas de personas aisladas. Hoy un americano promedio conoce tanta gente en un año que su bisabuelo conoció en toda su vida. Asi que, ¿por qué es más solitario de lo que su bisabuelo fue? Hoy reconocemos que hay solos y hay solitarios, y no es la misma cosa. Difícilmente hoy podemos encontrar que alguien esté solo. Nos movemos entre multitudes continuamente. Pero estar cerca de las personas no es lo mismo que conectar con ellas. Este sentido de desconexión está generando un nuevo tipo de miedo: autofobia. Y no es el miedo a los autos. Un autofóbico es alguien que le teme a la soledad.

El autofóbico quizá no esté físicamente solo, pero él o ella tienen el sentimiento persistente de ser ignorado, sin amor o desconectado. Aquellos que han sufrido el trauma de ser abandonado por un pariente o cónyuge, por ejemplo, son candidatos para la autofobia. Ya que el amor es nuestra más grande necesidad, el rechazo a ser amado es enormemente devastador.

La desconexión se ha expandido como una enfermedad en nuestro mundo, donde la mayoría de la gente vive sin el soporte de una comunidad, donde el Internet reemplaza las conversaciones cara a cara, donde el promedio de duración de un trabajo es de dos años, donde a menudo la gente se muda de un estado a otro y de matrimonio en matrimonio. En esta era de la tecnología, las posibilidades de estar solo se incrementan exponencialmente.

Las personas que estan conectadas más tiempo a Internet, tienden a ser más depresivas y solitarias.

Muchos jóvenes se identifican con otra nueva fobia: nomofobia, el miedo a estar sin celular.

Cuando estamos conectados no necesitamos ser reales; podemos crear cuidadosamente símbolos de nosotros mismos. Podemos esconder nuestras deficiencias y defectos, reales o imaginarios, detrás de la fachada de una fantasía cuidadosamente elaborada. La revista New Yorker sacó una caricatura en 1993, los inicio de internet, que causó una sensación instantánea. Un perro sentado en una silla con su pata en el teclado. Voltea y dice a otro perro: “En Internet, nadie sabe que eres un perro”.

Las conexiones auténticas requieren más que palarbas rápidas y emoticones. Tienen un complicado vocabulario de lenguaje corporal: expresiones faciales, matices verbales y tonos de voz. Es cuando nos sentamos y miramos a los ojos de otro que verdaderamente nos conectamos.

La mayoría de nosotros no sabemos cuan dañino puede ser el aislamiento. Estar sin comida o agua matará el cuerpo, pero la falta de relaciones matará nuestra mente y espíritu.

Tenemos una profunda necesidad de compartir nuestras experiencias con otros, regocijarnos en nuestros buenos tiempos y encontrar consuelo en los malos. Después de ver una película, leer un libro, ver un juego de pelota, o asistir a un concierto, buscamos a alguien con quien compartir nuestros pensamientos al respecto. Después de un nuevo peinado, una esposa ansía los comentarios de admiración de su marido. Después de tomar unas vacaciones, buscamos a alguien para que vea nuestras fotos y escuche nuestras aventuras. Estamos hechos de esa forma. No podemos ser felices o sanos sin relaciones. La tecnología moderna, en su búsqueda de juntarnos más, ha tenido éxito en alejarnos. Si queremos permanecer espiritual y emocionalmente sanos, no podemos sucumbir a la tentación de depender de las interacciones electrónicas como base para nuestras conexiones sociales.

Mírame, y ten misericordia de mí, Porque estoy solo y afligido. Salmo 25:16

El divorcio es una fábrica para la soledad. Las víctimas del divorcio no solo pierden un compañero, pierden amigos también. Algunos amigos escogen un lado; otros se alejan de ambas partes. Una mujer me dijo que nunca se sintió más sola que los días que siguieron al final desu matrimonio.

En 1950, menos del 10% de hogares americanos eran familias de una sola persona. Para el 2010 subió al 28%.

Nada, se ha dicho, hiere mas que la traición en cualquier forma. A menudo se usa el término infidelidad en el contexto del matrimonio. pero no importa la situación, el abandono, deslealtad y traición nos deja con una sensación de malestar en la boca del estómago. Aún si no es una traición, el abandono nos lastima, especialmente cuando nos enfrentamos a un peligro o trauma o cuando otros nos dejan solos asumiemdo una carga.

A menudo la multitud no reconoce a un líder hasta que se ha ido, y entonces le construyen un monumento con las mismas piedras que le arrojaron en vida.

A veces se encuentra uno con gente super espiritual que dice que nunca se siente solo y no necesita la amistad de los humanos, porque la compañía de Cristo satisface todas sus necesidades. Pero la amistad humana es el provisionamiento de Dios para la humanidad. Fue Dios mismo que dijo en el principio: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén 2:18). Maravillosas son a la vez la presencia del Señor Jesús cada día y la perspectiva de su venida en el día final, pero no tienen la intención de ser substitutos de la amistad humana.

Cuando necesitemos de algo desesperadamente, no deberíamos vacilar en solicitarlo a nuestros fieles amigos. Esto es lo que Pablo hizo cuando le escribió a Timoteo: “Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos” (2 Timoteo 4:13)

Podemos ver la importancia de tener fuertes conexiones con cristianos dedicados que viajarían grandes distancias para satisfacer nuestras necesidades desesperadas. También es importante que tengamos atentas nuestras antenas para percibir las necesidades de nuestros compañeros cristianos y amigos. La empatía aviva el fuego del amor y la compasión.

Si has estado ahí, sabes que el aislamiento y la soledad pueden ser lugares de miedo. El antídoto para el temor es la valentía. ¿Pero sabes qué es lo que construye la valentía para el cristiano? No es la fuerza de voluntad o una concentración de fuerzas o el poder del pensamiento positivo. Lo opuesto al temor es la fe. Ya sea que veamos al futuro con miedo de lo que podría pasar, o que miremos al futuro con fe y directamente a nuestro soberano Padre Dios, quien mantiene todas las cosas en sus manos. No tenemos otras opciones. Y la mejor forma de contruir la fe es a través de la Palabra de Dios.

Cuando te encuentres en necesidad de valentía, recuerda que es la fe, no tu columna vertebral la que necesita fortalecerse. Y tu fe será fortalecida cuando leas la Biblia, el único libro con probada credibilidad para darte la valentía para sanar tus desconexiones y enfrentar el futuro con esperanza y confianza.

Aprendemos de Pablo una poderosa verdad respecto a ser cristiano: nunca estamos solos. Dios ha prometido que nunca nos dejará (Hebreos 13:5), y la fe es el acto de descansar en esa verdad aunque no sintamos su presencia. No es lo que sentimos lo que cuenta; es lo que sabemos. Los sentimientos engañan, pero nuestro conocimiento de la verdad nos lleva a saber que aunque los otros nos fallen, nos dejen abandonados y aislados, Dios nunca lo hará. Como sus hijos, siempre estamos conectados Él, aunque no lo sintamos.

Pablo sabía que Dios no lo abandonaría y eso le dió la valentía que necesitaba. Todos los que conocemos pueden alejarse, pero Cristo estará ahí para nosotros. Es una promesa sagrada. Jesús les dijo a sus discípulos: “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:20

Dios no quiere que estemos solos. Él ha hecho todo lo posible para asegurar que podamos vivir vidas conectadas en armoniosas relaciones humanas. Pero esas relaciones son solamente una representación de nuestra eterna relación con Dios mismo. Dios a provisto una doble provisión para aquellos que temen la soledad ya sea en su vida o en la eternidad. Primero, si te encuentras aislado o desconectado de otros, puede saber que nuca estás solo, simplemente porque Cristo ha prometido que siempre estará contigo. Segundo, tienes la seguridad de saber que cuando mueras, serás unido inmediatamente con Cristo en el cielo. La pregunta, entonces, es esta: ¿Estás confiado que Cristo está siempre contigo y que su estarás con Cristo para siempre? Poniendo tu fe en Él, es la única forma de estar seguro.

Los humanos son seres relacionales, y cada uno de nosotros tiene un anhelo incorporado de ser aprobado. Se origina profundamente en la psique humana, donde tenemos incrustado el conocimiento de que no somos para lo que fuimos creados. Sentimos la verdad de Romanos 3:23, de que “todos pecaron y están destituídos de la gloria de Dios”. Creyendo que hemos perdido la aprobación de Dios, buscamos la afirmación en otro lugar, lo que nos lleva a errores dramáticos.

El anhelo de aprobación es tan fuerte que gastamos nuestras vida persiguiéndolo, sacrificando a menudo nuestros valores y prioridades en un intento de asegurarlo. En la adolescencia, nos encontramos con la presión del grupo. Como adultos jóvenes, muchos de nosotros tratamos a la gente complaciéndola. Hemos inventado una forma especializada de búsqueda de aprobación llanada codependencia. Pero es la misma cosa.

La Biblia tiene un nombe para esta necesidad de aprobación: el temor del hombre. En la Biblia, la palabra temor es más que miedo; es cualquier tipo de sobrecogimiento y reverencia que causa que nos sujetemos a algo o a alguien.

El temor del hombre puede ser resumido de la siguiente manera: reemplazamos a Dios con personas. En lugar de un temor guiado a Dios, tememos a otros.

Si Pedro fue poniendo todas las piezas de la crisis en ese momento, podía ver que el inminente destino de Jesús podría fácilmente ser el suyo. Simplemente no había pensado en lo que podría significar su compromiso con Jesús. Cometió el mismo error que muchos de nosotros: esperamos hasta una crisis para decidir cuáles son nuestros valores. Esto es como tratar de abrochar el cinturón de seguridad cuando tu auto está dando vueltas, fuera de control en una carretera de montaña helada. Los cinturones de seguridad, y los compromisos respecto a los valores espirituales, necesitan ser abrochados antes de que las crisis nos golpeen. La noche que Jesús fue arrestado, Pedro no estaba abrochado. El estaba en modo de auto-preservación y negó su relación con este hombre que podría ser fatalmente peligroso aceptar conocerlo.

Cuando interactuamos con personas, nuestra posición percibida por ellos -ya sea que esté basada en la edad, estatus social o algún otro estándar- influye en nuestras relaciones y reacciones. Puedes sentirte, de alguna manera, superior, inferior o igual a los otros, dependiendo de el grupo en el queestés. Estos valores puedes ser meramente imaginarios, pero reaccionamos a ellos como si fueran reales.

Antes de condenar a Pedro severamente, debemos preguntarnos a nosotros mismos si no haríamos lo mismo. Quizá has usado tu edad, posición, peso emocional o algún otro intangible para corregir un error, sin embargo, no pudiste hablar. Quizá la insistencia inesperada de alguien que intimida a que cometas algún acto inmoral o no ético. El temor inesperado de Pedro es una advertencia: decide avanzar de acuerdo a tus convicciones, no importa quien trate de intimidarte.

Aún Satanás reconocía el potencial de la caída de Pedro. Así como Satanás pidió a Dios permiso para tocar a Job (Job 1-2), pidió permiso a Jesús para “zarandearlo como a trigo” (Lucas 22:31). Creo que a Satanás se le permitió llegar a Pedro por una buena razón: Pedro necesitaba ver su propia debilidad humana para aprender que su fuerza era inadecuada para seguir a Jesús fielmente. Pedro tenía que aprender lo que Pablo aprendió. “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). Pdero necesitaba aprender lo que cada seguidor debe aprender: no hay lugar para el orgullo o la autosuficiencia en el Reino de Dios.

La gente que depende de sí misma raramente siente la necesidad de orar. ¿Por qué lo harían? Después de que Pedro presumió de que en nunca negaría al Señor, Jesús le pidió a él y a otros discípulos que oraran con el en Getsemaní, diciendo, “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26:41. Esto ocurrió inmediatamente después de que Satanás pidió permiso para atacar a Pedro. Jesús trataba de proteger a Pedro pidiéndole que hiciera la única cosa que lo podía proteger: orar. La oración es una admición, una confesión de dependencia; involucra el reconocimiento de que no podemos solos con esta cosa llamada vida. La oración es la única forma de mantenerse en un constante estado de dependencia de Dios. La gente orgullosa no ora, porque no tienen el sentido de necesidad. Sienten que pueden manejar cualquier desafío muy bien, así que no, gracias.

Es imposible ser popular con Jesús y popular con el mundo al mismo tiempo. Esto es por lo que muchos cristianos el día de hoy hacen lo que Pedro hizo – seguir a Jesús a una distancia.

No vayas en medio de los enemigos de Dios sin estar preparado para declarar que eres amigo de Dios.

Habría más intimidaciones y confrontaciones por venir, y Pedro necesitaba de algo más fuerte que el temor que se veía en él. Y la única cosa más grande que el temor por la desaprobación del hombre es la aprobación de Dios. Una vez que Pedro supo que Jesús lo había perdonado, no tuvo razón para temer lo que otros podrían decir o hacer. Si vives en temor por la desaprobación de los otros, ese temor puede ser reemplazado, como a Pedro le sucedió, por el conocimiento de qué tan tenazmene Dios te ama y acepta.

No podemos amar porque el miedo está en el camino. Lo peor de todo, el temor nos empuja más a la última manifestación del pecado: el egocentrismo.

El temor nos vacía, mientras que el amor nos da poder. No podemos temer a la gente y amarla al mismo tiempo. No podemos amar sacrificada e incondicionalmente a otros si toda nuestra energía está orientada a protegernos a nosotros mismos. Cuando amamos a otros (incluyendo a aquellos que nos hacen daño), la vida ya no es sobre nosotros, y el temor a la desaprobación se aleja.

Es posible estar humanamente en miedo sin sucumbir al temor. Es posible sentir temor y fe al mismo tiempo sin que el temor tome ventaja. Es posible experimentar el miedo a la desaprobación de otros mientras que sabemos que Dios nos aprueba totalmente.

Hay un tipo de miedo que puede inmobilizarnos completamente: el miedo al miedo mismo. El miedo enmedio de la tormenta es instintivo y benéfico. El miedo a que una tormenta pueda ocurrir no lo es. Es un intruso emocional que nos puede llevar a una vida muy disminuida. El miedo imaginario viene a ser tan intenso que no logramos distinguirlo de la realidad, y para algunos de nosotros, ese miedo viene a debilitarnos tanto que difícilmente podemos levantarnos de la cama en las mañanas. Aunque el cielo esté claro, estamos devastados por pensamientos de lluvia. Dentro de la tormenta, por lo menos podemos ver a la bestia a los ojos. Pero con el miedo al miedo, el monstruo imaginario está siempre del otro lado de la puerta en ciernes, aunque no exista.

Podemos encontrarnos al mismo tiempo en medio de la perfecta voluntad de Dios y en medio de la tormenta perfecta.

Cristo no pide que tomemos nuestro portafolios y le sigamos; Él dice que tomemos nuestras cruces. El confort no es un factor. Pero promete que el camino para crecer en la imagen de Cristo es por la confianza y obediencia en todas las circunstancias.

Muchas personas creen que la fe es algún tipo de seguro contra la presión arterial alta y angustias. Confía en Dios y no tendrás preocupaciones. Pero la gran paradoja de la Cristiandad es que la confianza en Cristo no mantiene alejada a las tormentas. De hecho, algunas veces nos pone dentro de aguas turbulentas.

Las tormentas no son un castigo por falta de obediencia. A menudo son resultado de la obediencia! Aquellos hombres [los discípulos] estaban en una tormenta porque entraron a la barca cuando Jesús dijo: “Vámonos”. [Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Marcos 4:35]

[Los cristianos] Tenemos la seguridad en Dios. Cuando estamos seguros en sus brazos, nos atrevemos a intentar grandes cosas para Dios. Nos atrevemos a ser santos. Nos atrevemos a ser obedientes. Nos atrevemos, porque sabemos que los eternos brazos de Dios nos tomarán si caemos.

Nuestro grado de miedo es la medida de nuestro grado de fe.

Algunas personas creen en el poder de Dios, pero no están seguros de Su presencia. Esa es una deficiencia significante en su fe.

Nuestro amoroso Padre celestial es amable y paciente con nosotros cuando las tormentas de la vida nos abruman y nos llenan de preocupación. Él es misericordioso para mostarnos Su poder aún cuando nosotros estamos empezando a preguntarnos si está durmiendo o ausente, aún cuando nuestro clamor a Él por ayuda, está impregnado de duda. Pero podemos enfrentar cualquier circunstancia que nos espera con valentía si sólo reflejamos la fidelidad de Dios y ponemos nuestra confianza en Su gran poder y su amoroso propósito para nuestras vidas.

Como alguien dijo, estamos siempre en uno de tres lugares: de cara a una tormenta, en una tormenta, o saliendo de una tormenta.

Jesús fue mas suave con sus discípulos que con el viento. Mientras que Él reprendió el viento, a sus discípulos sólo les hizo dos preguntas: “¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:40). Con estas preguntas, reveló una verdad espiritual clave: lo contrario de la fe no es la incredulidad; lo contrario de la fe es el temor. Creer siembre confianza, mientras que la incredulidad siembra temor.

Quizá hay un temor específico demandando hoy tu atención. Cualquiera que sea el temor, sólo sera amplificado por el fracaso de la confianza en Dios. Él no está durmiendo. Él está aquí; Él conoce cada pensamiento en tu mente, cada sentimiento en tu corazón. Mientras tu estás aprehensivo o con terror por los cielos oscuros, Él se enfoca en la persona que está formando. Él ve las tormentas como dolores de crecimiento, parte del proceso de formación. Él sabe que una tormenta puede ser lo que despierte la fe profunda en Él.

Desde nuestro punto de vista, los días que vienen son inciertos. No sabemos el contenido o su recuento. Pero sabemos nuestro destino. Nos han dicho que Jesús a ido a preparar un lugar para nosotros (Juan 14:1-3). La palabra de Dios esta llena de tales promesas, y captarlas es tener la cura para el miedo.

La palabra de Dios nos asegura un aterrizaje a salvo. Hay dos tipos de destinos que merecen nuestra atención: destinos temporales y nuestro último destino. Dios nos asegura que llegaremos a nuestro último destino, la vida en su eterno reino. esa promesa por si sola, debería disipar toda forma de miedo, el miedo a las tormentas y el miedo al miedo en si. Si Dios dice que aquellos en Cristo serán salvos, entonces serán salvos.

Los discipulos eran demasiado inexpertos con Jesús para tener una fe carente de miedo. Quizá estés en la misma situación. Te identificas con Cristo, pero no tienes seguridad de que las nubes se irán. Cuando el cielo se oscurece, puedes preguntarte si deberías entrar a la barca con Jesús o estar en la orilla evitando la tormenta. El problema con esa opción es que una de ellas es falsa. Puedes correr, pero no puedes esconderte. Las tormentas te encontrarán; tú no decides si la lluvia viene; sólo tienes que decidir si llevas paraguas.

En el día que temo, Yo en ti confío. Salmo 56:3

He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es Jehová, quien ha sido salvación para mí. Isaías 12:2

No importa cual sea tu problema, puedes llamar a Dios en medio de él y calmará la tormenta. Pero grande es la alegría de aquel que llama a Dios antes de la tormenta, porque encontrará que su fe echa fuera todo temor.

La depresión es una condición humana queno respeta la estatura espiritual. Es una más de las consecuencias de nuestro estado de caída, pero también la oportunidad de que Dios sea glorificado.

Pocas cosas son más difíciles de soportar que el sufrimiento sin sentido. Si podemos ver alguna razón para lo que estamos pasando, podemos más fácilmente soportarlo. Pero los problemas sin sentido son corrosivos para nuestra alma.

Algunas veces está en la punta de la lanza de un ataque que recibimos; otras veces espera por una emboscada, cuando estamos sufriendo por algun evento negativo pero ordinario. Sentimos desilusión o dolor o rechazo. Recibimos duras palabras. Ese en ese preciso punto en el que Satanás ataca, cuando estamos vulnerables, el puede hacer el mayor daño. Aunque Satanás no duda en destruir propiedades, riqueza o aún nuestros cuerpos, esos ataques sólo son los pasos hacia su ultimo objetivo, nuestra fe en Dios. Si el puede causar que nos cuestionemos la bondad de Dios, su amor, fidelidad y propósitos, la destrucción de nuestras propiedades o riqueza ha cumplido su propósito. Es por eso que el tiempo más peligroso para un cristiano no es cuando ocurre el momento de un desastre o un evento negativo. Son las horas y los días después del evento, cuando estamos en la agonía de la confusión, dolor y frustración. Es cuando la fe se convierte en duda, nuestras preguntas a Dios se transforman en demandas a Dios. Es cuando una prueba de fe nos hace vulnerables a una crisis de fe.

¿Dios permite el sufrimiento? Si lo hace, pero nunca le concede el control. Nunca permite que las cosas pasen sin un propósito, y podemos descansar en el conocimiento de que Él es justo y compasivo.

Con los años he aprendido a esperar un desafio espiritual luego de tiempo especiales de alegría o celebración. El jucio le sigue a un triunfo, y saber esto es para estar armados y listos. Pero lo contrario también es cierto. Algunas veces la profundidad del valle es la promesa de una gran bendición por venir.

Hay un punto en el que cualquier hombre tira la toalla. No es que abandone su fe, necesariamente; sólo está completamente enfermo y cansado de intentar poner buena cada a las cosas, cuando esas cosas no tienen nada de bueno después de todo. Esto no es un pecado; es solamente honestidad… Job es un hombre franco, el tipo de persona que no teme decir lo que hay en su corazón, y… necesitamos reconocer de mala gana que ese tipo de honestidad fuera de lo común puede ser una de las grandes virtudes que un santo puede poseer. Nuestro más grande error al enfrenta la depresión es privatizar nuestro dolor. Cuando hacemos que nuestra desesperanza sea conocida por aquellos que se preocupan por nosotros, nos unimos a la compañía de los santos que han encontrado liberación, en parte a través de su autenticidad.

El Dr. Karl Menninger respondía preguntas de una audiencia después de exponer un tema de salud mental. Alguien preguntó: “¿Qué aconsejaría que una persona haga cuando siente que una crisis nerviosa viene sobre él?”. Todo el mundo esperaba que el psiquiatra dijera, “Hacer una cita con un psiquiatra inmediatamente”. Pero no lo hizo. Lo que el Dr. Menninger dijo fue, “Cierra tu casa, atraviesa el pueblo, encuentra a alguien en necesidad y haz algo por él”. Creo que el punto de Menninger era este: cuando estés en un lugar deprimido en la vida, no hagas lo que naturalmente tienes ganas de hacer. No te retires, no te aisles, no te agaches y te “enfermes”. En cambio, haz lo contrario. De la mejor manera posible, con la ayuda de Cristo, no dejes que lo que sientes te controle. Si no sientes la presencia de Dios, entonces sigue tu vida cristiana por fe. Ora, da, adora, estudia, sirve, anima, ministra y todo lo demás.

No es como te sientes lo que cuenta; es en quien confías.

Enfrentar a Dios es para ser humillado. Con la humildad viene la sabiduría; con la sabiduría viene la fuerza para esperar en el Señor.

Si sientes que la marea de la depesión te lleva lentamente a las profunidades, no descargues tu ira en los cielos; no trates tu mismo de reponerte. Espera en Dios, descansa en Él, y deja que guíe tu espíritu hacia casa. Todas las olas de este mundo se mueven hacia Él.

Cuando alguien muere, escucho a mucha gente decir, “Está en un lugar mejor”, aunque antes de su muerte ellos trataban con todo el poder de la oración alejarlo de ese lugar.

Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos. Salmo 116:15

Muchos cristianos tienen la noción errónea de que la vida eterna empieza cuando mueren. Pero eso no es bíblicamente exacto. La vida eterna empieza cuando nacemos de nuevo en el Reino de Dios. (Juan 17:3)

La palabra muerte significa “separación”. La Biblia habla de tres tipos de muerte: muerte física, que es la separación del espíritu y alma del cuerpo [Santiago 2:26, Gén 35:18, Ecl 12:7, Luc 23.46, Mat 27:50, Hechos 7:59] ; muerte espiritual, la separación en esta vida del espíritu humano de Dios [Romanos 6:23, 5:12]; y la segunda muerte, la separación de Dios para la eternidad [Apo 20:11, 13-15].

Si has nacido una sola vez, morirás dos veces. Pero si has nacido dos veces, morirás una sola vez (y podrás escapar de esa muerte si Jesús regresa mientras estás con vida). Todos hemos nacido una vez (nuestro nacimiento físico), pero si no hemos nacido otra vez mediante el Espíritu y la Palabra de Dios (Juan 3:3-8, 1 Pedro 1:23), moriremos dos veces: físicamente, cuando nuestro cuerpo expire y otra vez en el juicio final de Dios. Sin embargo, si hemos nacido la segunda vez a través de la aceptación de Jesucristo como nuestro Salvador, moriremos físicamente, pero no moriremos otra vez.

La historia de un niño agonizante, un pequeño enfermo que le preguntó a su madre, “¿Qué se siente morir? ¿Duele?”. La madre pensó por un momento y le dijo: “¿Te acuerdas cuando eras más pequeño y jugabas mucho y te dormías en la cama de mamá? Te despertabas y veías que de alguna manera estabas en tu propia cama. Tu papá vino y con sus grandes y fuertes brazos, te cargó, te desvistió, te puso tu pijama mientras tu dormías. Cariño, a eso se parece la muerte. Despertar en tu propia habitación.

La mayoría de nosotros hablamos de la vida después de la muerte. Pero la forma en que enfocamos la muerte muestra lo que realmente creemos. Aquellos comprometidos con una perspectiva bíblica no tienen razón para tratar la muerte como su gran enemigo. Lo ven como un viaje que requiere preparación. Dicen los adioses, ponen sus asuntos en orden y preparan sus espíritus para la alegría de una nueva existencia.

Para los cristianos, los problemas son siempre temporales y las bendiciones siempre son eternas (en oposición a los no cristianos, cuas bendiciones son temporales y cuyos problemas son eternos).

“Niños, ¿les gustaría ser atropellados por una camioneta o por su sombra?” “La sombra, por supuesto”, dijo uno de los niños. “No hace daño”. “Hace dos mil años,” dijo el padre, “la camioneta pasó por encima del Señor Jesús… para que sólo su sombra pudiera pasar sobre nosotros”. Para los cristianos, la muerte no es sino una sombra.

Algo extraño pero sutil sucede en el Salmo 23:4. Quizá no lo has notado pero un editor lo haría. La narrativa cambid: El se convierte en Tu. En los primeros tres versículos, vemos al Señor referido en tercera persona: “Él me hace descansar, Él me restaura, Él me guía… por amor a Su Nombre”. Abruptamente, sin embargo, la tercera persona se convierte en segunda, y David dice, “Tú estarás conmigo”. Se detiene de habalr de el Pastor y empieza a hablar de Él. Es como si estuviera hablando de Dios, y luego en medio de las sombras se da cuenta de que Dios está justo ahi: “No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. Un ensayo se convierte en una conversación íntima.

Tememos a Dios por honor, reverencia y cariño a Él. Su grandeza y majestad nos reduce a un abrumador sentido de temor que no está enfocado sólo en su ira y juicio sino también en su gloria trascendente, a la cual no hay nada que se le enfrente en este mundo. Nos deja sin palabras.

Aunque Él tiene el derecho de juzgar a toda la raza humana, en su asombrosa misericordia envío a Su propio Hijo para estar en juicio por nosotros. Por lo que temer sólo el poder de Dios con temblor y temor, sin temer (o respetar) su amor sorprendente, es una respuesta incompleta que disminuye nuestra experiencia y placer de Él. El pastor y erudito Sinclair Ferguson describe este temor como “esa indefinible mezcla de reverencia, temor, placer, alegría y asombro que llena nuestros corazones cuando nos damos cuenta quién es Dios y qué es lo que ha hecho por nosotros.

Cuando verdaderamente tememos a Dios, nuestros miedos a otras cosas y otras personas empiezan a menguar. Los grandes miedos se hacen pequeños. Podemos gastar nuestros días preocupándonos respecto a una serie de cambios diarios, que la palabra cáncer sea mencionada en la misma oración que nuestro nombre y todas nuestras ansiedades diarias desaparecen en la nube de un temor más grande. Dios, por supuesto, no es una fuerza malévola como el cáncer. Esto significa que cuando nuestros pequeños miedos son absorbidos por el temor a Él, nuestras vidas ganan seguridad más que ser debilitadas por el terror de un futuro incierto.

Es cuando nuestros temores toman precedencia sobre Dios que estamos en problemas.

¿Cómo aprendemos a temer a Dios? Como el rey optimista, empezando por leer y obedecer la Palabra de Dios. Salmo 112:1, 111:10

Me pregunto si estamos perdiendo el temor de Dios en nuestras iglesias y en nuestra cultura porque no tenemos historias de “conmemoraciones” que compartir a nuestros hijos y nietos. ¿Les decimos cómo Dios ha bendecido por vivir una vida en el temor de Dios? ¿Tenemos algunos milagros que podemos comunicar a las siguientes generaciones?

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Eclesiastés 12:13

Parece que los pecadores son conmovidos más por el temor que por el amor.

Como resultado de la desobediencia, el mundo fue invadido con toda la maldad que vemos y experimentamos ahora: enfermedad, desastres, muerte y miedo. Este es el mundo que heredamos de nuestros padres primitivos. Dormimos en la cama que la familia humana hizo. Aparte de estos males, la caída infligió una cosa más: la culpa. Algo en nuestros corazones gaurda el conocimiento de cómo debieran ser las cosas, lo ideal, la perfección que Dios pretendía para nosotros. Lo sentimos cada vez que nuestras palabras de enojo hieren a un amigo, cuando fallamos en ayudar a alguien en necesidad, cuando mentimos, estafamos o robamos. Esa molesta cosa llamada conscienca nos golpea con remordimientos de culpa. La Consciencia no es una guía perfecta, puede deformar y mal dirigir. Pero aún así apunta a un norte moral verdadero que nos dice que hay un estandar de justicia en el universo, y que estamos fuera de él. Nos gustaría hacerlo mejor, nos gustaría mejorar a nosotros mismos para no hacer más cosas mala. Pero cuanto más se intenta, más nos damos cuenta de que no podemos hacerlo por nuestra cuenta. Actuar o aun pensar perfectamente está fuera de nuestro alcance. Esto produce culpa, y la culpa produce el miedo más grande de todos, el miedo de que estamos separados del perfecto y santísimo Dios.

Pero Dios lo resucitó [a Jesucristo], mostrando que el amor y la vida son más poderosos que el pecado y la muerte.

[Para recibir la vida eterna] Debes arrepentirte de tus rebeliones, confesar tus pecados y poner tu confianza en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Esto es lo que se llama “aceptar a Jesús en tu corazón”. Aceptar este sorprendente regalo de Dios es la única menera de liberarte del miedo. Si, los mismos problemas seguirán devastando la tierra y aún pueden tocar tu vida. Pero ya no necesitas temerles. No importa lo que te pase en este planeta, puedes vivir con la promesa de que estás a salvo en las manos de Dios.

Entre Dios y el césar

Líderes evangélicos y política en México (1992-2002)
Mariano Ávila Arteaga.

Estupendo trabajo de investigación (de hecho una tesis) que a partir de las reformas salinistas, indaga sobre el papel que los evangélicos han tenido en la vida política del país, poniendo el dedo sobre la llaga e instando a que los líderes (y todos los demás) también deban considerar prepararse y ser sal de la tierra en ese rubro de la sociedad. Aunque al principio con la explicación del marco teórico estuve a punto de desistir en la lectura, las dos últimas partes son bastante buenas. Calificación de 10.
Entre Dios y el césar

Entre Dios y el césar

Hoy, independientemente de las causas que originaron la reforma, es innegable la causa de efectos diversos. Por ejemplo, las iglesias gozan de personalidad jurídica y legalmente pueden adquirir bienes inmuebles, así como constituir, por sí mismas o asociadas con otras personas morales o físicas, instituciones para labores sociales privadas.

Es el evangelio mismo el que impulsa a participar en la política porque, aunque sea imperfecta y a veces “sucia” y “peligrosa”, es una forma en que se puede expresar el amor cristiano al prójimo en algunas de sus necesidades humanas más urgente. Particularmente, en las graves crisis que las sociedadeds latinoamericanas estamos sufriendo, este reclamo de solidaridad y el servicio fraterno se hace imperioso a cualquier persona o grupo que se atreva a llamarse discípulo de Jesucristo.

La constantinización del país significa un retroceso histórico para la vida política del país y una aberración social y cultural que no debe asociarse a las iglesias evangélicas. En su búsqueda por transformar para bien la vida de personas y sociedades, las iglesias evangélicas y sus líderes deben evitar las tentaciones del poder.

Los protestantes harían de Benito Juárez el santo de su devoción (por supuesto, en un serntido figurado), y de las leyes de Reforma su credo cívico.

A nivel del pensamiento, se puede decir que la cosmovisión dominante de una sociedad tradicional es por lo general religiosa. La religión ocupa el centro de la cosmovisión y es la principal productora de significados y relaciones sociales para la vida de la colectividad. La religión es responsable de la construcción y conservación del mundo.

Por secularización nos referimos al proceso por medio del cual “algunos sectores de la sociedad y de la cultura son sustraídos de la dominación de las instituciones y símbolos religiosos”.

Se designa con el término teocracia a “una ordenación política en la que el poder es ejercido en nombre de una autoridad divina, por hombres que se declaran representantes suyos en la tierra e incluso como su encarnación”. Por supuesto, en este tipo de sistema político se concede un lugar prominente a la jerarquía sacerdotal y por ello a menudo se llama también a esta modalidad hierocracia o gobierno de la casta sacerdotal.

El cristianismo surge en el primer siglo como una secta del judaísmo. Un grupo minoritario rechazado y perseguido; durante sus primeros 40 años de existencia por el judaísmo y, posteriormente, hasta principios del siglo cuarto, por el imperio romano. En un principio, la religión cristiana es políticamente insignificante; su relación con el poder imperial es más bien apologética, es decir, defensiva y vindicatoria. Sin embargo, el cristianismo tuvo un notable crecimiento numérico y empezó a cobrar relevancia política.

Los franciscanos y los dominicos […] coptados por la Iglesia e incluso junto con los jesuitas, reciben la tarea de implementar la inquisición.

La educación es una respuesta a una de las grandes necesidades y demandas sociales de esos días [primeras décadas del siglo XX]. Los misioneros protestantes y, muy pronto sus colegas nacionales se avocan a la tarea educativa como una de las mejores formas de servir y transformar a la sociedad mexicana. Dadas las condiciones opresivas del profiriato, las escuelas primarias y normales pronto serían semillero significativo para la formación de minorías críticas de un sistema de gobierno autoritario.

El protestantismo llegó a nuestro país de la mano del proyecto liberal y su ideología modernizadora […]. Muchos de los rasgos dominantes posteriores del protestantismo mexicano fueron marcados por esa coyuntura histórica, aunque, como veremos más adelante, con el paso del tiempo fue “naturalizándose” en nuestra tierra.

Con la guerra de 1847, en la que México fue despojado por Estados Unidos de gran parte de su territorio, se da un fuerte rechazo por parte de las autoridades y pueblo mexicano a todo lo que venga de ese país. Las misiones norteamericanas tienen que esperar varias décadas antes de enviar a sus misioneros a México. Ante la intervención francesa, Estados Unidos ofreció ayuda a México y eso contribuyó a suavizar el sentimiento antiyanqui en nuestro país. Ello abrió las puertas para la llegada de misioneros protestantes.

Entre esos protestantes mexicanos que participaron activamente en el movimiento revolucionario Bastian menciona, por ejemplo, a Esteban Baca, el líder de la huelga de Cananea, a los hermanos Orozco, a Otilio Montaño, que ayudó a Zapata a redactar el Plan de Ayala.

Con el desarrollo y rápido crecimiento del país en las décadas de los cincuentas y sesentas, “las iglesias evangélicas se sienten desposeídas de su proyecto social” que tradicionalmente se había orientado hacia la educación y atención médica. Ahora el gobierno mexicano estaba atendiendo mucho más y mejor dichas áreas.. En consecuencia, las iglesias aceptaron el hecho de que “como los departamentos de educación y de salubridad han tomado ya la delantera en estas obras, conviene buscar nuevas fronteras para la iglesia ante las necesidades del hombre”. Sin embargo, tales fronteras se redujeron a lo espiritual y moral. Esto debido en gran parte a la teología anti-mundo que el evangelismo fundamentalista, made in U.S.A., inculcó en las iglesias evangélicas. La labor social se redujo a una actividad esporádica de las iglesias y el énfasis durante las décadas de los sesenta, setenta y ochenta se puso en el crecimiento numérico.

Los miembros de la Iglesia de Dios, que eran los de menos ingreso, votaron por Salina. Scott lo atribuye a la inducción del voto de algunos líderes de la denominación, a su estructura de gobierno eclesiástico autoritario y al manejo ideológico, simplista pero efectivo, que se hacía en la “orientación” para votar: El PAN es de la iglesia católica, los cardenistas son izquierdistas (y ateos) y el PRI es el menor de los males. Debemos notar que aunque de nivel económico y educativo similares, los presbiterianos y los bautistas difirieron en su voto. Los bautistas votaron por el PRI y los presbiterianos por el cardenismo.

[De la relación entre los protestantismos y el Estado Mexicano están, los protestatarios] como espacio religioso de oposición política, gracias a su mayor autonomía en comparación en otras sociedades modernas cotroladas directamente por el Estado. Su ideología y prácticas democratizantes contribuyeron significativamente a su postura anticlerical y anti-oligárquica y a su función con un carácter marcadamente político como espacio de oposición al profiriato y de participación en la revolución maderista.

Las tres etapas de la historia del protestantismo mexicano, se notan en la reseña anterior. La primera, de influencia social por medio de la educación pública; la segunda, durante los años que rodearon la revolución mexicana de 1910, de participación individual revolucionario; un paréntesis, en el que las iglesias entran en un letargo socio-político, absteniéndose de todo involucramiento público (por razones históricas entendibles, como la guerra cristera) y encerrándose en sí mismas; y la tercera etapa, de participación de tipo institucional, a partir de las reformas salinistas.

La mayoría de las iglesias evangélicas en su discurso y práctica son de corte conservador incluso fundamentalista y, con mucha frecuencia, claras defensoras del statu quo.

Como reconocióel Subcomandante Marcos en un encuentro reciente en La Hormiga, fueron los indígenas evangélicos de los pocos chiapanecos que recibieron y protegieron a los zapatistas en sus comunidades cuando se dio el levantamiento en 1994 y aquéllos huían del ejército federal. Estas fueron las palabras de Marcos: “Estos hermanos, evangélicos en su mayoría, chamulas la mayoría, indígenas todos, nos dieron la mano y salvaron la vida de muchos de nuestros compañeros… fue en esta ciudad, con los indígenas que la levantaron y de las que los expulsaron hasta acá, donde el EZLN encontró su primera alianza y el primer apoyo de gente humilde y sencilla”.

Son tres peligros que, a la luz de la experiencia, considera particularmente nocivos:
– La tentación de utilizar el poder político al servicio de la iglesia.
– La ilusión de que, los creyentes piensan que son incorruptibles.
– La tentación de creer que basta con ser honestos y bien intencionados para ser buenos cristianos en la política. Eso nos hace “idiotas útiles” o, peor aún, “inútiles”.
A estos peligros Míguez Bonino contrapone la urgencia de buscar el bien común de nuestros pueblos, reconocer la propia corrupción y capacitarse para la tarea política.

Mientras el novelista Mario Vargas Llosa hablaba públicamente dirigiéndose a muchos votantes corrientes, Alberto Fujimori estaba calladamente poniéndose en contacto con otros, usando un ejército gratuito de cristianos evangelistas para diseminar su simple mensaje a través de remotos valles y polvorientos pueblos jóvenes… Fujimori obtuvo una presencia transmitida de persona a persona en comunidades donde la publicidad de Vargas Llosa tenía muy poco o ningún impacto. Los voluntarios evangelistas dicen que fueron puerta por puerta en los pueblos jóvenes y pueblo por pueblo en la sierra, teniendo cuidado de entregar en la mano sus panfletos en vez de arrojarlos al piso. A los clérigos evangelistas se les aconsejó abstenerse de hablar de política en sus iglesias, pero no de dar su apoyo a Fujimori duera de las liturgias.

Una vez que accede al poder, Fujimori saca de su gobierno a los evangélicos, ya que se habían tornado, en muy poco tiempo, incómodos. El caudillo toma las riendas del poder y saca a aquellos que le resultan incómodos: los evangélicos. Por varias razones: primero, porque no era del agrado de la curia romana su presencia en el poder político, segundo, por el apetito de poder de los evangélicos que querían ocupar infinidad de puestos, tercero, por la falta de profesionales capacitados con experiencia política para llegar a puestos de confianza, y cuarto por la falta de compromiso y de lealtad al líder del partido.

El pueblo evangélico en Perú difícilmente se puede considerar un pueblo con madurez política, aunque su voto le dio triunfos significativos. En realidad no se votó por un proyecto de nación definido, o por un partido y su ideología, o por un programa específico, fue un voto de solidaridad evangélica hacia su liderazgo. Allí el enorme peligro que eso encierra. La votacíon evangélica, que habrá sido de un 95% a favor de Cambio 90, fue una votación solidaria, una votación en apoyo a los hermanos evangélicos que estaban en esas listas. No fue una votación política en un sentido estricto, ni una votación por Fujimori o por su programa.

Después de la Segunda Guerra Mundial, y en el contexto de la Guerra Fría, los misioneros norteamericanos harán de su anticomunismo un artículo de fe en su predicación e instrucción religiosa. Por el contrario, se irá transmitiendo la ideología de la doctrina Monroe y del destino manifiesto del pueblo americano, como parte importante del imaginario evangélico latinoamericano.

Durante el breve gobierno de Salvador Allende (de fines de 1970 al 11 de septiembre de 1973), se dio un cambio importante: el Te Deum [acto simbólico con el que se legitima al gobernante y se le da la bendición y apoyo tácito por parte de los jerarcas eclesiásticos] católico se convierte en Te Deum ecuménico. al invitarse a participar del acto, a petición expresa de Allende, a las iglesias evangélicas y la comunidad judía.

Las contradicciones sociales, políticas y económicas persisten, y esto prepara el advenimiento de una coalición de partidos de centro y de izquierda que tiene al frente a don Salvador Allende, y que gana la presidencia el 4 de septiembre de 1970. El proyecto de la Unidad Popular produjo una severa crisis a la clase dominante: se desarrollaron considerablemente las organizaciones populares y empezaron a ejercer fuertes presiones sobre los grupos de poder económico que vieron debilitado su control social y político. Al ver seriamente afectados sus intereses, esos grupos ligados a intereses económicos del capital extranjero, empezaron a fraguar el golpe de Estado por varios medios: oposición y reclamos de “antinconstitucionalidad” ante las reformas emprendidas por el nuevo gobierno, uso de las fuerzas armadas y movilización de grupos sociales opositores.

El carnet pastoral es el mecanismo de reconocimiento oficial del Consejo de Pastores por las autoridades militares. Pero, también, es el mecanismo de represión y de presión contra y sobre los grupos evangélicos no miembros de la entidad. La atención preferente funcionará previa presentación del carnet monopolizado por el consejo… La ‘presión’ sobre las iglesias evangélicas se ejerce vía compensaciones de la pertenencia a la institución religiosa de hecho. La ‘represión se efectúa a través del no-acceso a las compensaciones para aquellos grupos críticos del Consejo o del gobierno militar”.

La Asociación de Iglesias Evangélicas de Chile (AIECH) representó una actitud distinta y crítica ante el gobierno militar. Por su tarea y compromiso con organizaciones de defensa de los derechos humanos, su constante desautorización de las pretensiones hegemónicas del Consejo de Pastores y su crítica al gobierno de Pinochet, representó una instancia valiosa aunque separada del poder de facto. La AIECH representaba a líderes e iglesias que habían participado en esfuerzos ecuménicos (Fraternidad Ecuménica de Chile) y acercamientos a otras iglesias cristianas. Un sector que, “concientizado por las prácticas pro-derechos humanos, radicalizará sus acciones sociales en favor de las víctimas de la represión militar, y, paralelamente, se transformará en actor religioso crítico público de los excesos de la Junta Militar cuestionando su función misma” […] . Caso sobresaliente es el del Obispo de la Iglesia Evangélica Luterana, Helmut Frenz, que fue expulsado del país el 3 de octubre de 1975. Esta organización consideraba prioritarias las siguientes tareas:
– Creación de mecanismos sociales y jurídicos de apoyo a los perseguidos por sus ideas;
– apoyo económico a familiares de las personas reprimidas por el régimen militar;
– trabajo conjunto con organismos internacionales en tareas de ayuda a refugiados extranjeros y de derechos humanos;
– colaboración a través de las labores mencionadas, a la “reconciliación” y a la “reconstrucción nacional’.
– representación ante las autoridades militares, de los “excesos” atentatorios contra los derechos humanos;
– promoción de un trabajo ecuménico con la Iglesia Católica, destinado a disminuir e impedir las acciones represivas oficiales;
– informes internacionales sobre la situación chilena y las tareas eclesiales;
– obtención de apoyo económico internacional.
Obviamente, estas actividades no fueron bien vistas por el gobierno de facto que pronto empezó a reprimir a esta organización, sirviéndose en algunos casos del mismo Consejo de Pastores y etiquetando a los líderes disidentes como marxistas.

El golpe de estado militar provocó una división severa entre el de por sí ya atomizado pueblo evangélico. Se puede considerar este fenómeno como normal en cualquier organización o institución. En este caso, cuestiones políticas e ideológicas fueron revestidas con ropaje “bíblico” y pronto las posturas y preferencias políticas tendrían la sanción “divina” para concretarse. El Consejo de Pastores divinizó y absolutizó al gobierno de Pinochet y, buscando satisfacer sus propios intereses, legitimó acríticamente, con sus palabras y acciones, un régimen autoritario y represivo.

En el Te Deum ecuménico del 11 de marzo de 1981, el consejo de Pastores fue excluído del mismo, a petición expresa del cardenal Raúl Silva Henríquez. El consejo es usado en la medida en que le resultó útil al régimen.

Como instituciones religiosas que predican ante la sociedad la rectitud, la justicia y el amor al prójimo, y que a su vez se proponen como opciones ante la corrupción e inmoralidad, la trascendencia que conductas como las adoptadas por un sector del liderazgo evangélico tienen ante los demás, deben ponderarse cuidadosamente ya que comprometen gravemente l aimágen pública de las iglesias evangélicas y su posible papel político en el futuro.

A diferencia de otros sectores de la sociedad, más o menos organizados políticamente para pelear por sus derechos y por las promesas que se les hagan, los evangélicos carecen de ese tipo de organización y actividad política. Después de los periodos de elecciones vuelven a sus actividades proselitistas y de culto. La política queda atrás.

Un elemento muy peligroso en la promoción del voto entre los pentecostales, fue la interpretación que hicieron de ciertos fenómenos naturales a favor de su candidato presidencial. El liderazgo mayoritario evangélico apoyó al ministro de Agricultura, Iris Rezende, como candidato a la presidencia [de Brasil], apelando a “intervenciones divinas” que concedieron al ministro “cosechas extraordinarias”. Un fenómeno de esta naturaleza sólo pone de relieve la inmadurez política de los líderes e iglesias que lejos de promover un análisis serio de las opciones políticas, apelan a este tipo de elementos para ganar el voto.

Las iglesias evangélicas son a menudo el campo de entrenamiento de servicio a los demás y de liderazgo. En ese sentido tienen el potencial de ser centros de formación para la democracia.

Su destacado papel como empresario sinaloense, le llevó al campo de la política. Esto le provocó conflictos con su iglesia, que por ello lo limitó en sus funciones eclesiásticas. Es interesante que la práctica empresarial, que en México ha sido tan corrupta como el ámbito político, no provoque las mismas reacciones entre los evangélicos que provoca la política partidaria. Incluso [Humberto] Rice menciona a un tío suyo que lo exorcizó por meterse a la política.

Evangelina [Corona] fue convertida en la iglesia metodista de su pueblo y luego en 1965 se hizo presbiteriana para, más tarde, ser líder y maestra de escuela dominical en su iglesia local. Posteriormente fue elegida por 75% de los miembros de su iglesia para ser anciana de la iglesia. Este es el oficio más alto de liderazgo para los laicos en la Iglesia Presbiteriana. Fue pues, en esta iglesia donde Evangelina tuvo sus primeras vivencias de liderazgo que habían de formarla y prepararla para su tarea pública. El terremoto de 1985 le abrió la puerta a la militancia política. Era una de las miles de costureras que sufrieron de manera dramática ese cataclicismo y que con sólo tres años de primaria fue elegida para ser secretaria general del sindicato de costureras. “Entré a la vida política con una enorme venda en los ojos y un desconocimiento total de todo”, confiesa. Sin embargo, a pesar de su falta de experiencia y escolaridad, comenta cómo en sus primeros discursos públicos ante el sindicato la Biblia fue su inspiración. Cuando llegué al sindicato no sabía nada con respecto a las cuestiones legales, derechos, contratos colectivos, etcétera. Yo no tenía otro lenguaje que el de la Biblia. Y cuando me pidieron dar mi primer discurso y otros posteriores, mi lenguaje venía de la Biblia. “El sindicato no existe para ser servido sinio para servir a otros”. También les decía: “Somos un sindicato que es como un edificio formado por piedras vivas”. Mi maestro fue la Biblia.

Nuestro compromiso es con el reino de Dios. Está afuera con los marginados, los inocentes en las cárceles, los pobres. Con la gente en Guerrero presa por decir ya basta, tengo derecho a un nombre y a una personalidad”. Y luego añade con respecto al levantamiento Zapatista en Chiapas: “Hay quienes dicen: Ojalá y no haya evangélicos en el levantamiento. Y yo digo: ¡Cómo no! Debemos ser los primeros en encabezar las luchas de los pueblos que sufren. ¿Cuál es entonces nuestro compromiso de vida?”.

Al considerar quienes deseaban formar un partido político, en un encuentro público con ellos les preguntaba: “¿Estamos capacitados para la tarea política? Creo que no. Somos utilizados para beneficio de otros o hacemos las cosas para beneficio propio”. En su apreciación, las iglesias podían ser usadas como trampolín para que otros llegaran a puestos políticos. Y observaba: “Siempre estamos peleando en las iglesias locales. No hay ecumenismo ni entre los evangélicos. Nos robamos miembros de una iglesia a otra. ¿Qué va a pasar en un partido político?”.

Quedé totalmente frustrada de lo que es la cámara. La había idealizado. Es pura porquería y corruptela. Se hacen leyes contra el pobre y se deja impune al rico. Tu voz no uenta si eres de la minoría. Cuando le interrogamos sobre su valoración de las reformas salinistas, dado que ella perteneció a la legislatura que transformó la realidad jurídica y constitucional del país de manera significativa, dijo: Estoy yotalmente en contra. Siempre voté en contra. Me avergüenza haber pertenecido a una legislatura que cometió tantos atropellos contra la ciudadanía. Fue definitivamente un atropello a los campesinos, jubilados, tarjetahabientes e iglesias. Había una mayoría priísta que sacó adelante las propuestas.

Todos los entrevistados, a pesar de sus diferencias políticas e ideológicas, tienen en común la convicción de que en su desempeño político no se debe inmiscuir su fe evangélica: “La actividad política debe ser laica; por ello, no puedo mezclar mi fe para hacer política, ni manipular le creencia propia para conseguir un fin político.

Salomón Velásquez (PRD) señala el mal servicio que los seminarios evangélicos han hecho al considerar como algo mundano lo político. “Nos malinterpretan y nos mal ven. Pero hay una relación más estrecha de lo que uno se imagina. Lo social es fundamental para ambos mundos. Lo ecológico, la justicia, la atención a los marginados. En los seminarios se ha hecho un mal servicio”.

Cuando indagamos sobre su valoración con respecto a la formación de un partido político, la postura de todos los entrevistados fue una rotunda negación y un claro rechazo ante tal idea. Entre sus razones encontramos las siguientes: Es contrario a la misión de la iglesia, que es predicar el Evangelio (Saulo Jiménez L.). La naturaleza parcial de todo partido. Los partidos crean intereses que desvirtúan los principios del Evangelio (Saulo Jiménez L.). Muy parecido es el juicio de Salomón Velásquez: Sería como el caso del PAN y se sesgaría la política a favor de intereses particulares. Como individuos, valdría la pena. Hay que invadir los partidos políticos existentes. Un partido exclusivamente de cristianos no es garantía de que no lleguen a comrromperse sus miembros en el ejercicio del poder. No debe inmiscuirse la fe con la práctica política. Sobre todo en el aspecto organizacional, no así en los principios y valores.

Qué bueno que ahora se esté cayendo el tabú… Debemos respaldar a los que quieren participar en política si lo hacen de acuerdo con el patrón escritural (bíblico)… Se debe concientizar a la iglesia de que no es pecado participar en política.

El político cristiano construye un nuevo escenario. son muchos obstáculos pero es mejor hacer política como evangélico, que hacerlo tradicionalmente. La política es un instrumento. Si el hombre es sucio, produce una política sucia. Si es limpio, produce una política limpia… El futuro de México está en el auto gobierno del individuo, en el autodominio.

[Peligros en el contexto de los líderes evangélicos] La ilusión de que como creyentes somos incorruptibles y la tentación de creer que basta con ser honestos y bien intencionados para ser buenos en política. Esto nos hace ‘idiotas útiles’, o peor aún, ‘idiotas inútiles’.

Se requiere un presidente que sujete su conciencia a las Escrituras.

No queremos el poder para beneficiar a la iglesia evangélica, queremos el poder para crear un modelo de gobierno de justicia y misericordia para que este pueblo voltee a ver a Dios. Eso será posible con gobernantes íntegros cristianos.

Cuando a solicitud del entonces presidente Zedillo hizo una investigación a fondo del problema de la matanza de Acteal (en la cual fueron acusados y encarcelados evangélicos priístas) y presentó sus conclusiones, al asunto se le dio carpetazo y no se siguió más.

Preveía y súper constaté la lealtad del liderazgo evangélico hacia el PRI. Es realmente exagerada.

Fue la reforma que le pidió Prigione a Salinas. Hoy día nadie desmiente este hecho. De esa manera logró apoyo para su proyecto político… de hecho, creó una oligarquía religiosa compuesta de los más pragmáticos y más grillos, como Rivera y Onésimo. Ellos eran hombres de Salinas.

Como Dios habló por una burra también habló por medio de Salinas. Él ha hecho mucho bien para las iglesias. No estaríamos viviendo lo que vivimos ahora, si no fuera por él. En 100 años tendrá el nivel cercano a Benito Juárez. Salinas golpeó a dos grupos: los izquierdistas y la iglesia católica.

Si el congreso lo gana el PAN en 2003 habrá una contrarreforma… Tenemos cinco grandes enemigos [en sus tareas en Chiapas]: Samuel Ruiz, el PRD, el EZLN, la PGR y el sistema jurídico.

Si bien él quiso [Farela] aprovechar el potencial evangélico, nos deja ver que sus principales enemigos políticos los ha encontrado entre los mismos líderes evangélicos.

Ofrece los siguientes datos con respecto a personas y organizaciones evangélicas políticas que ilustran su afirmación [somos muy novatos en política]: A Julio Sprinter le retiraron el registro porque en lugar de reuniones políticas hacía cultos… Eugenio Barrera fue candidato del PCD. También lo fue Sergio García Romo que estaba asociado a Camacho Solís… El partido de Rincón Gallardo tuvo evangélicos que luego tuvieron problemas por la apertura de Rincón a los gay. Acción Republicana hacía sus reuniones en templos. Esperaban a 200 personas y llegaron a 4. En Tabasco, al final de los cultos estaban registrando a los hermanos. La Voz del Cambio hacía labor ayudando a la gente en cuestiones legales. Muchos evangélicos votaron por Fox. Humberto Rice renunció al PAN cuando Fox usó el estandarte de la Virgen. Lo anunció en la Sociedad Bíblica. García de la Sienra era del comité religioso del equipo de campaña de Fox… él con Juan Jacobo Pérez Cornelio organizaron el grupo Convergencia Democrática. En las oficinas del PAN hacían su propaganda… Adolfo comparaba al PAN con la Democracia Cristiana en Europa… Ninguno quedó en puestos de poder. El único que quedó bien parado fue Hugo Éric Flores en el Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB). Él estuvo en el centro del remolino. Hugo Éric Flores promovía el voto útil a favor del sucedió en cuestión de semanas, le cerraron la llave y no logró el número necesario para formar su partido. Cambiaron sus oficinas y se desaparecieron. Ahora es funcionario del IPAB.

La iglesia católica tiene mucho peso. Le otorgan permisos igual que a los evangélicos que a los católicos. La ley se aplica por igual. Pero en el trato hay un trato preferencial y una relación un tanto a la escondida, que no se maneja públicamente. Se ve un favoritismo incondicional. Se vio en la visita del Papa. El gobierno federal y el gobierno del DF ofrecieron mucha ayuda antes de que la iglesia la pidiera. En la subsecretaría te dan rápida respuesta. Es muy eficiente. Pero si llega un cura y hay pastores allí, le dan entrada al cura. Hay negociaciones ocultas. como no hay reglamento la ley se aplica discrecionalmente por instancias locales y eso es problemático.

En tiempos de elecciones los evangélicos tenemos la respuesta. Pero en el presente no estamos haciendo nada.

Las demandas de los líderes evangélicos ante el gobierno tiene que ver con la apertura de los medios de comunicación. No hay precupaciones que vayan más allá de sus intereses evangelísticos, no hay propuestas con respecto a los grandes problemas nacionales.

Otra petición de los líderes evangélicos es, según Álvaro Castro, la apertura de los medios de comunicación.

Necesitamos entender la cosmovisión evangélica. Para no querer implantar una teocracia calvinista que falló en el pasado. Para Jesús, la visión del Estado era que la iglesia sea vigilante del Estado para prevenir sus transgresiones. Lo que le pertenece a Dios es la vida. Debemos mantener un serior compromiso con la sociedad desde la perspectiva del Reino. La nuestra es una vocación profética contra todo lo que atenta contra la vida. La iglesia anuncia un nuevo cielo y una nueva tierra donde mora la justicia.

[Sobre el interés de integrarse a un partido evangélico] No es el trabajo de las iglesias. Debemos ser una voz profética a todos los partidos y al gobierno. No buscar puestos y poder. Ser profetas, denuncia y anuncio de igualdad. Es bueno tener poder pero a otros niveles y desde allí hacer nuestro trabajo. En América Latina los partidos políticos fácilmente se corrompen, buscan el poder personal y no sirven al pueblo. Un ejemplo es el de Guatemala, que es una vergüenza. Aunque sean evangélicos los gobernantes del país son tiranos, violentos y terroristas. Eso es un mal testimonio para la iglesia evangélica.

No estoy de acuerdo con la formacion de un partido político. El liderazgo político adquiere compromisos. Se pierde la distancia crítica. Hay que trabajar con los laicos para que ello permeen la sociedad. Debemos hacer una labor educativa que trabaje los valores del Reino.[…] Hoy día cada quien quiere llevar agua a su molino…. es muy triste. Encontramos a gente corrupta y carente de todo principio humanitario. El poder y los compadrazgos sólo han llevado a los líederes a enriquecerse y a inflar su liderazgo personal.

Los términos griegos que se usan en el Nuevo Testamento y que se traducen al castellano con la palabra “tiempo” son dos: kronos que se refiere al tiempo en un sentido cronológico, y kairós que alude a las oportunidades o momentos oportunos y únicos que se dan en la historia.

Los institutos bíblicos ya cumplieron su momento. Necesitan redefinirse, reinventarse. Apostaron más a informar que a formar pensadores desde la perspectiva integral del Evangelio… La teología nos ha encerrado entre cuatro paredes. Considera los casos de Nuevo León, Chiapas, Tabasco, Guatemala, donde las iglesias evangélicas son muy numerosas y sin embargo no tienen un impacto social.

Gabriela Miranda, egresada del Seminario Teológico Presbiteriano de México. Ella ofrece una postura de sospecha hacia las reformas salinistas y s eune a la interpretación de que se realizaron a cambio de legitimar a Salina. Critica la actitud de los líderes evangélicos y señala: “El liderazgo evangélico no sabía lo que estaba sucediendo. Hubo un desyuno en Los Pinos y el Presidente felicitó a los líderes. Fue un gran acontecimiento. Las iglesias no entendían las reformas pero ahí estaban celebrando. La Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana publicó un manual pero nadie lo llevó a cabo. Llegamos a la relación con el gobierno sin un discurso profético; con la sonrisa en los labios y las manos caídas”. Cuando le pedimos que resumiera los aspectos positivos de las reformas salinistas, ni corta ni perezosa nos soltó una frase lapidaria: “Los líderes tuvieron oportunidad de desayunar”. Lo cual resume irónicamente los “logros” de la mayoría del liderazgo evangélico. Ya apuntábamos en la entrevista con Andías Pérez Landín, presidente de la CNDE, que él así resumía su evaluación con los gobiernos en turno: “Con Salinas fueron excelentes las relaciones que las iglesias evangélicas tuvimos. Fuimos cinco veces a desayunar con él. Con Zedillo fue mucho menos y con Fox una sola vez”.

Algunos líderes ya han aprendido a mantener una relación con el gobierno sin tomar posturas rastreras. En otros se descubre un sometimiento total al presidente, un apoyo total, como si le dijeran “Usted ordena”. El poder fascina y a algunos les afecta. , les gilpea. Para muchos bastaque los hagan sentir ciudadanos importantes por ejemplo recibir tarjetas personales del presidente. Quienes participaron en la campaña foxista ya se hacían parte del gabinete en la Subsecretaría de Asuntos Religiosos y hasta traían tarjeta oficial de la campaña.

No podemos ser neoliberales. Eso es para los ricos. Sólo contribuímos para enriquecer a los ricos. Los pobres no se hacen ricos en un sistema neoliberal.

Un supuesto muy común en la mentalidad evangélica es que el camino para el cambio y la transformación social es por medio del individuo: cambia al individuo y cambiará la sociedad. Receta que no ha tenido éxito en el caso de México, América Latina y el resto del mundo.

Caso notable en los medios ha sido el de una pastora en Jalisco que pretende haber recibido una revelación divina con respecto a que los evangélicos debemos apoyar a Calderón y ha llamado a los miembros de su iglesia a hacerlo. En este caso se invoca cierta revelación directa de Dios, no una postura o ideología política. Sin duda, un peligro siempre presente entre las asociaciones religiosas evangélicas.

Para el liderazgo de las iglesias, como para la población en general, las personas son más significativas que las organizaciones. Es todavía un país de personalidades o sujetos carismáticos más que de organizaciones, propuestas y principios. Este es otro campo en el que se requiere trabajar mucho a todos los niveles de la población.

Cerca de 80% de las iglesias saben poco o nada de esas personas u organizaciones que dicen representarlas.

En la construcción de la democracia, que es tarea de todos, y que sólo se puede efectuar eficazmente de abajo para arriba, es de suma importancia que dichos líderes y organizaciones revisen sus estrategias, prioridades e intereses. Sobre todo ante el hecho de que una de sus cartas ante los partidos políticos y/o gobiernos federal y locales es precisamente su representatividad o incluso en algunos casos la oferta de votos evangélicos.

En nuestra encuentra descubrimos que prácticamente la mitad de las personas está a favor de la formacón departidos y organizaciones políticas de inspiración evangélica. Por ello es fundamental para los líderes evangélicos hacer caminos en el ámbito de la política. Pero éstos deben seguir el modelo de Jesús, quien renunció al ejercicio del poder como control y manipulación para el beneficio propio y optó por el servicio a los demás estando dispuestos a dar su vida por el bien de otros, lo cual es el corazón de la política bien entendida y, sobre todo, bien practicada. Los cambios significativos en la sociedad mexicana y en las iglesias no vendrán nunca de arriba hacia abajo. No es desde arriba que se da la democracia. Esta es construcción cotidiana que nace en los hogares, se nutre en la práctica y uso democrático del poder en las iglesias, y se consuma en la construcción de un país en el que las relaciones sociales son de respeto y aceptación del otro, en el que hay lugar para todos y todas y en el que toda persona es respetada y honrada por el alto valor que todo ser humano tiene por ser portador de la imagen de Dios.

Latapí presenta tres sugerencias críticas para revisar la asignatura de Civismo. Primera: es indispensable añadir un área dedicada a la formación ética y moral del niño y joven. La moral social es un asunto político que ningún sistema de educación pública puede ignorar. Segunda sugerencia: Si los valores se ofmran viviéndolos, los programas de Civismo debieran empezar por modificar la organización autoritaria de la escuela y dar oportunidad a los alumnos de acuerdo con su edad, de vivir la participación en decisiones, la libertad responsable, el respeto a las reglas, la obligación de la autoridad de rendir cuentas, tolerancia… Así, la escuela democrática prepara la sociedad democrática. Tercera sugerencia: Los contenidos de la asignatura debieran ser realistas y actualizados. Actualmente ¿dónde se enseña a los alumnos a ver críticamente la tv o se les educa como consumidores? ¿Dónde adquieren la indispensable cultura económica o aprenden a juzgar sobre las deficiencias de nuestro sistema electoral? El Civismo debiera ser el espacio privilegiado donde los alumnos volcaran sus inquietudes respecto a los asuntos sociales y políticos que les preocupan y recibieran del maestro orientaciones para madurar sus juicios. Es lógico, por tanto, esperar que los nuevos programas de civismo se refieran con veraciad a nuestras realidades políticas y llamen a las cosas por su nombre. No se puede educar ocultando la verdad.

Urgen institutos políticos que a la luz de una práctica congruente de servicio social desarrollen una ideología política transformadora que empiece por formar a los políticos evangélicos. Y es necesario educar de tal manera a los miembrs de las iglesias evangélicas que elos acompañen pastoralmente a quienes inciden en el ámbito público.

El mensaje moralizante y pretendidamente cristiano evangélico de Bush fue determinante para conquistar la mayoría del mundo evangélico. Bajo la consigna simplista de oposición al aborto y a los matrimonios entre homosexuales, además de otras técnicas terroristas, conquistó a un electorado ignorante, indiferente y ciego ante los asuntos mayúsculos que requieren también la consideración de toda persona con un mínimo de moralidad y sentido ético de la vida. El evangélico promedio no consideró que al mismo tiempo estaba dando su apoyo a un régimen genocida que acabó con lo poco que quedaba de la segunda nación más pobre del mundo, Afganistán. Un régimen que tampoco pudo demostrar la relación de Irak con Al Qaeda y los eventos del 11 de septiembre, y no pudo encontrar las armas de destrucción masiva, que fueron su pretexto para invadir a ese país. La sangre de miles y miles de civiles inocentes que aún se sigue derramando en Irak será demandada de aquellos que dieron su voto, dinero, voz y oraciones al régimen de la Casa Blanca. Los electores evangélicos estadounidenses tampoco consideraron asuntos de igual peso como la política ecocida que por defender a los grandes intereses económicos norteamericanos, se niega a firmar el tratado de Kyoto para protección y defensa del medio ambiente. Ni siquiera el interés propio, que es política oficial norteamericana, contó al emitir el voto. El manejo desastroso de la economía, la privatización del seguro social y el enorme endeudamiento interno para financiar sus guerrras, dejará a las grandes mayorías estadounidenses endeudados por muchas generaciones y sin la protección mínima necesaria en cuestiones tales como alimentación, atención médica y derecho a una vivienda digna.

En resúmen, cuando el evangélico o evangélica se acercan a emitir su voto no basta considerar dos casos qu espanten a las buenas conciencias (la gente gay y las píldoras del día siguiente). Su código ético-moral debe ser tan amplio como lo es el de la Biblia. Es necesario buscar el Reino de Dios y su justicia. Los partidos ideales cristianos no existen. Y el cristiano responsable y consciente ha de emitir su voto sabiendo que se enfrenta siempre a un paquete mixto de promesas.

Debemos estar atentos a lo que los candidatos dicen cuando hablan con los de arriba y no cuando le dan atole con el dedo a los de abajo.

En nuestro tiempo, el sí de Dios al mundo se manifiesta, en gran medida, en el involucramiento misionero de la iglesia en realidades de injusticia, opresión, pobreza, discriminación y violencia. Con mayor frecuencia nos encontramos en medio de una situación verdaderamente apocalíptica, en la cual los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, y en la que la violencia y la opresión, tanto de la derecha como de la izquierda, se incrementan. La iglesia misionera no puede cerrar sus ojos ante estas realidades, ya que el patrón de la iglesia, en medio del caos de nuestro tiempo, es enteramente político.

Se requiere desarrollar una cosmovisión y una ética social y política sanas que permitan moverse con sabiduría ante la complejidad que entrañan muchas de las cuestiones éticas que regularmente enfrentan los cristianos y religiosos. Eso hará mucho más difícil la manipulación de recetas simplistas y moralizantes que usan los políticos. Casos como el de la “píldora del día siguiente” y las uniones entre homosexuales ilustran esta necesidad.

Tradicionalmente las iglesias protestantes o evangélicas votaban por el PRI. Por razones ideológicas o a veces clientelares (en regiones como Tabasco) ser evangélico equivalía a ser priísta.

Es imperativo que, empezando por sus propias iglesias , esos líderes sean capaces de desarrollar modelos sociales donde se viven cotidianamente los valores democráticos de justicia, equidad, transparencia, respeto a las minorías y una genuina búsqueda del bien común. por medio del servicio a las necesidades urgentes de los pobres y condenados de la tierra. Después de todo, dichos valores son parte integral de las buenas nuevas de Jesús (Luas 4:18-19) y de su Reino de Justicia (Mateo 6:33).

Los evangélicos pueden y deben ser parte de los muchos grupos de la sociedad civil que contribuyan, desde sus propias trincheras, a la construcción de una democracia con justicia. Una sociedad en la cual hay lugar para cada persona, sin discriminación alguna. Una sociedad donde nuestros indígenas sean respetados y tengan acceso a comida, agua, escuelas, hospitales y donde puedan adorar a Dios sin presecuciones y represión; donde las mujeres ya no sean víctimas de la violencia doméstica, institucional y criminal; donde la transparencia y el régimen de la laey sean marcas de nuestros gobiernos y no la corrupción y la impunidad. Una sociedad justa y equitativa donde tener acceso a la educación y al trabajo no sea un lujo y donde los padres y madres de familia puedan cuidar y cultivar a sus familias sin tener que emigrar al norte, donde son tratados como criminales y terroristas. Una sociedad donde nuestros niños y jóvenes puedan soñar y ver realizadas sus ilusiones; no una sociedad donde nuestros doctores, abogados, ingenieros, pastores y profesores se conviertan en los taxistas de las ciudades mexicanas o en los piscadores de los campos estadounidenses o en el equipo de limpieza de los rsstaurantes y oficinas en California, Texas, Chicago y Grand Rapids.

Es viernes, pero el domingo viene

Anthony Campolo

Un recordatorio de lo que el evangelio significa y de cómo puede ayudarnos en nuestro diario vivir. Una crítica al cristianismo moderno que se aleja cada vez más de las necesidades humanas y se preocupa únicamente de su autosustentación. Un volver a recordar el primer amor. Es viernes, el día de la crucifixión y de la desolación… pero el domingo viene, el domingo de victoria. Calificación de 10.
Es viernes, pero el domingo viene

Es viernes, pero el domingo viene

Las personas creen cada vez mas que la ciencia social puede solucionar su problema.

Pareciera que nos estan manteniendo enfermos aquellos de quienes esperamos nos puedan ayudar cuando estamos psicológica y emocionalmente perturbados.

Según la Biblia, el futuro tiene la pista de qUien y que somos en el presente. Se considera e1 futuro, no el pasado como la dimension mas importante de la personalidad humana. El que cree lo que dice 1a Biblia no queda contento preguntando: “¿De donde vine?” Para el cristiano, la pregunta mas importante es: “¿A dónde voy?” La Biblia enseña que el pasado o antecedente de una persona no es lo mas importante acerca de ella. Más bien, como sabe el creyente, lo más importante acerca de una persona es adónde va y que futuro escoge.

No somos criaturas predeterminadas. Podemos tomar decisiones que pueden modificar nuestro comportamiento y convertimos en nuevas criaturas.

No sugiero que el pasado no influya en l que una persona llegue a ser. Sólo digo que el pasado no determina quien sea una persona. Estoy convencido de que el pasado influye en las opciones que una persona tiene para elegir su destino. Es obvio que los antecedentes de una persona limitan lo que ella pueda llegar a ser. Sin embargo, todos tenemos opciones sin importar cuáles sean nuestros antecedentes. Siempre hay opciones de entre las que podemos escoger. En definitiva, somos criaturas de decision a quienes Dios ha dado libertad para determinar su futuro. La mayoría de las personas que acuden a los consejeros ya saben lo que tienen que hacer para poner en orden su vida. El consejero puede ayudar a ver las opciones con mayor claridad, pero al final el buen consejero hará conciencia en la persona de que sólo ella tiene la capacidad de tomar las decisiones que transformarán la desesperación en esperanza, la tristeza en gozo y la confusión en paz.

Usted tiene que tomar una decisión, y cuanto más rápido la tome tanto más pronto encontrará la paz y la liberación de su ansiedad.

Si decide en favor del Señor y elige vivir de acuerdo con su voluntad, usted habrá dado un paso gigantesco hacia el bienestar psicológico y emocional.

Entre las muchas decisiones que se deben tomar para determinar quién y qué es usted, está quién será la persona más importante de su vida. Rara vez nos damos cuenta de que las personas a quienes escogemos como las mas importantes de nuestra vida influyen en lo que somos y en lo que llegamos a ser.

El concepto que una persona tiene de sí misma está determinado por lo que considera que las personas mas importantes de su vida piensan de ella.

En nuestros primeros años, nuestra madre es probablemente la persona más importante en nuestra vida. Por lo tanto, nuestro concepto de sí mismo y nuestro sentido de valor personal por lo general está determinado por lo que nuestra madre piensa de nosotros.

Usted me dira: “Tony, estoy dispuesto a ser un Bernabé [Hijo de Consolación] para los demás, pero primero necesito que alguien lo sea para mí. No tengo a nadie que me levante y me haga sentir bien conmigo mismo. No hay nadie en mi vida que de veras crea en mí y me haga sentir es pecial. ” A eso sólo puedo responder diciéndole que haga aJesucristo la persona más importante en su vida. Recuerde que su concepto de sí mismo será determinado en definitiva por lo que usted considere que la persona más importante en su vida piensa de usted, y si permite que Cristo sea esa persona, usted probablemente desarrollará una imagen propia muy positiva. Jesus enseñó que usted debe amarlo a Él más que a su madre y a su padre. El espera que usted lo considere con tanta importancia y amor que ninguna otra relación pueda ser capaz de compararse con la que tiene con El. Usted tiene que ser capaz de decir en las profundidades de su ser que El tendrá la preeminencia sobre todos los demás. Tiene que estar dispuesto a decir: “Para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). El lo levantará cuando esté abajo. El cree en usted. El quiere hacerlo sentirse especial. Decir “yo creo en Jesucristo” no es suficiente. Tiene que estar dispuesto a reconocerlo como la persona más importante de su vida. Tiene que estar dispuesto a decir: “Haré lo que El quiera sobre todas las cosas y sobre todas las exigencias que otros hagan de mí.” Si toma esa decision, tengo para usted grandes noticias: le puedo prometer una imagen personal muy positiva. Cuando Cristo es la persona más importante de su vida, pronto llegará a definirse de la misma manera que Cristo lo define a usted. Comenzará a considerarse como El lo considera a usted. Y hay más noticia buenas: ¡Cristo piensa que usted es estupendo! El piensa que usted es extraordinario. De veras.

El olvido de Dios es una doctrina neotestamentaria que no se predica lo suficiente. Dios olvida. El no solo envió a su Hijo para ser castigado por nuestros pecados. El no solo nos perdona por causa de lo que su Hijo hizo en el Calvario, sino que Dios olvida los pecados que hemos cometido.

Dios ama infinitamente y hasta lo sumo. Él lo ama y cree en usted aunque se niegue a aceptar esas verdades.

El romance es tan distinto al amor, que nos hace dudar si debiéramos considerarlo siquiera como una forma de amor. El romance es egocéntrico. Si se requiriera prueba de ello, sólo hay que prestar atención a las palabras en las canciones populares de amor. Ellas proporcionarán toda la evidencia necesaria para formar un caso sobre el egocentrismo del romance. Oigalas cuando vienen a través de las ondas radiales o en las grabaciones. Escúchelas con cuidado mientras el “artista” de rock masculla: “Te necesito; te deseo; no puedo vivir sin ti.” El énfasis total de la canción es “yo”. La frecuencia con que ocurren las palabras en la primera persona es evidencia convincente de que toda la emoción que se está describiendo no es nada más que un acto que realza y satisface el ego. A primera vista pareciera que la otra persona sea importante, cuando en realidad es la satisfacción del ego del amante que es preeminente en la letra de las canciones populares.

El primer problema con el romance es que no es muy estable. Una persona normal tiene por lo menos seis experiencias románticas antes del matrimonio.

Por lo general, somos personas que nos enamoramos y desamoramos hasta que llegamos a la edad en que la sociedad dice que debiéramos estar casados. En los Estados Unidos la edad para los hombres es como de veintitrés años; para las mujeres es como de veintiún años. Por lo regular, lo que sucede es que las personas se casan con quien sea que estén románticamente relacionados durante esas edades prescritas por la sociedad para casarse.

Los que han vivido fielmente la vida cristiana saben que una entrega a Cristo inevitablemente hace a una persona un mejor cónyuge. Si un esposo está entregado a Cristo y se está acercando a El cada día más, Y la esposa de igual manera está rendida a Cristo y se acerca a El todos los dias, entonces inevitablemente se acercarán cada vez más el uno al otro.

Las personas que viven en mundos diferentes no tiene puntos de conflicto o de contención. Las disputas no son necesariamente una señal de que un matrimonio tenga problemas. En realidad, los altercados ocurren a menudo entre personas que comparten metas y compromisos comunes y que tienen los mismos intereses supremos. Su participación intensiva en la misma cosa inevitablemente produce fricción. La ausencia de amor se caracteriza más a menudo por la indiferencia que por el conflicto. La indiferencia resulta cuando las personas no tienen el mismo compromiso o los mismos intereses.

El amor agape es incondicional. No tiene que conquistarse. Se da aun cuando no se merezca, y de esa manera nos ama Dios y se supone que así debemos amamos unos a otros.

Siempre queda algo para amar. Y si no has aprendido eso, no has aprendido nada. ¿Has llorado hoy por ese muchacho? No por ti misma y la familia porque perdimos el dinero. Quiero decir por él; por lo que ha pasado y por lo que le han hecho a él. Hija, ¿cuándo piensas que es tiempo para amar más a alguien; cuando ha hecho bien y ayudado a todo el mundo? Pues entonces, no has terminado de aprender; porque ese no es el tiempo en absoluto. Es cuando se siente más bajo y no puede creer en sí mismo porque el mundo le ha dado una paliza. Cuando comiences a medir a alguien, mídelo correctamente, hija, mídclo correctamente. Asegúrate de tomar en cuenta los montes y los valles por los que ha pasado antes de llegar a donde está.

Dios lo ama cuando usted ha hecho bien. Se complace cuando usted ha realizado algo de valor. Pero las buenas nuevas son que El lo ama aun cuando no haya hecho bien. El lo ama aun cuando haya cometido errores. Lo ama cuando ha hecho cosas terribles. Lo ama aun cuando haya hecho lo más despreciable que se pueda imaginar. A pesar de cualquier cosa que usted pueda haber hecho, Dios todavía lo ama. A pesar de lo que usted sea, Dios todavía lo ama. Ese es el agape. El amor agape, a diferencia de eros, es sumamente estable.

Los cristianos sienten los mismos estímulos y tentaciones que todo el mundo. La diferencia para los cristianos es que pueden clamar al Señor y pedir la fuerza interna para vencer esas tentaciones.

No somos las criaturas racionales que creemos ser. En tiempos de crisis clamamos por milagros. Cuando ocurre una tragedia como el cáncer, anhelamos la cura sobrenatural. Cuando la vida se va fuera de control, deseamos fervientemente la intervención divina.

Algunos evangelistas contemporáneos actúan más bien como magos que pretenden poseer poder personal y no como siervos de Dios que hacen como manda la Biblia y dejan a la discreción del Todopoderoso los que han de ser sanados y los que no. Creo firmemente que las sanidades y los milagros no son normativos en la vida de la iglesia, sino que son “señales” del reino de Dios. Creo que en ellos Dios apuntó hacia lo que sucederá a todos los enfermos y mutilados en la vida al otro lado de la tumba. Las sanidades son ocurrencias inusitadas que dicen a toda persona que está físicamente incapacitada o enferma que un día, algún día, él será sanado y estará bien. Las sanidades son declaraciones de las nuevas de que llegará el tiempo en que cada uno de nosotros tendrá un cuerpo nuevo, completo, saludable y libre de la posibilidad de la descomposición. Pero prometer que toda persona que ore será sanada en la tierra es algo muy equivocado.

Cuando Jesucristo murió en la cruz y lo salvó a usted de sus pecados, no fue sólo para llevarlo al cielo sino por una razón todavía más importante, aunque le parezca muy extraña esta declaración. Jesucristo lo salvó mediante su muerte en la cruz del Calvario para que se convirtiera en una persona que pudiera hacer cosas magníficas para otros en su nombre. Lo salvó para obrar por medio de usted y realizar lo que El quiere en este mundo. Cristo quiere eliminar el hambre de mucha gente, y Ello salvó para hacerlo por medio de usted. Cristo quiere cubrir al desnudo, y Ello salvó para hacerlo mediante los esfuerzos de usted. Cristo quiere liberar a los oprimidos y hacer justicia en favor de los pisoteados, y El quiere que usted sea uno de sus instrumentos para que por su medio El logre cosas tan importantes como esa. Cristo lo salvó para que sea un agente en su revolución en el mundo. El lo salvó para realizar por medio de usted cambios esenciales que harán de este mundo como El dispuso cuando lo creó.

Jesús les dijo a sus discípulos que había venido para que tuvieran vida abundante. La Biblia comunica esa verdad enfáticamente. Además, El quiere que aprendamos que esa vida se puede obtener únicamente mediante el servicio de amor para otros en su nombre. Su mensaje es que el gozo, el brillo de la vida Y la realización se pueden obtener únicamente cuando dedicamos nuestra vida a la tarea que El tiene para nosotros. No es en recibir lo que nosotros queremos, sino en hacer lo que El quiere, que llegamos a ser personas actualizadas con un sentido de éxtasis respecto a la vida.

Servir a otros por Jesucristo es la única respuesta correcta que se pueda dar a Dios por todo lo grandioso que El ha hecho para nosotros. Esas personas no ven que no hay otra manera de ser “santo” que siendo un instrumento apartado por Dios para cumplir sus propósitos en el mundo. En realidad, la palabra “santo” según los etimólogos significa “separado”. De manera que, la santidad no es una religiosidad que dice “soy mejor que tú”, sino una disposición de pennitir a Dios que lo separe para su obra. Es lamentable que muchos piensan que la manera de expresar el señorío de Cristo en su vida es comportándose religiosamente superior a los demás, cuando en realidad significa ser el siervo de los demás.

Se me dijo de un sinnúmero de cosas que los cristianos no debían hacer, pero no recibí una imagen muy clara de lo que se suponía que debía hacer por los demás.

Ser cristiano se definía esencialmente como renunciar a los “placeres mundanos” en vez de ser un llamamiento a entregarse a la tarea que Dios tiene para nosotros en este mundo.

La verdad es que uno puede dejar de fumar, de bailar y de ir al cine y no andar ni cerca de lo que es importante en la vida cristiana.

Ya es tiempo de que tomemos en serio la afirmación que hizo Jesús cuando dijo que quien quiera ser su discípulo tendrá que negarse a sí mismo, vender lo que tiene, tomar su cruz y seguirlo a El. La disposición de sacrificar todo lo que somos y tenemos para servir a Cristo, ya la gente que El nos ha llamado a amar, es la única respuesta aceptable para lo que Jesucristo ha hecho por nosotros en el Calvario. La religiosidad personal no es substituto del sacrificio de amor.

La mayoría de nosotros nos hemos estado engañando. Hemos intentado simular que podemos vivir en la opulencia de la clase media típica en un mundo que sufre de pobreza desesperada, y seguir llamándonos cristianos.

Si todos los que expresan su religiosidad con manifestaciones egocéntricas cambiaran y expresaran su entrega a Cristo dando su riqueza, y hasta su vida, en servicio de los que sufren, esos niños no tendrían que ser alejados y entregados al dolor y a la muerte.

Muchos creemos que ser cristiano es simplemente creer correctamente. Muchos pensamos que si damos asentimiento intelectual a las proposiciones religiosas correctas, seremos parte del reino de Dios. Fácilmente nos podemos engañar y suponer que sólo tener la teología correcta nos hace hijos de Dios. Pero no es verdad. La epístola de Santiago dice que hasta Satanás cree. Si tener una teología ortodoxa hace a una persona cristiana, entonces Satanás es el mejor cristiano de todos. Además, Satanás tiembla con el reconocimiento de la verdad bíblica. El cree todo lo que un cristiano evangélico debiera creer. Satanás cree en la divinidad de Cristo, el nacimiento virginal, los milagros, la resurrección y la segunda venida. Su teología es ortodoxa hasta la médula. El puede citar los pasajes bíblicos en un dos por tres. Sin embargo, pennanece alejado de Dios y remotamente apartado del reino de Dios. Ser cristiano es mucho más que creer las doctrinas correctas. Ser cristiano es entregarse Y entregar todo lo que tiene a Aquél en quien dice que cree. Es darse sin reservas al Cristo que se encama en los niños que sufren, que nos están esperando para que lo encontremos a El en ellos y lo amemos a El en ellos. La teología de Satanás pudiera ser buena; pero él no ama a Cristo ni está para ministrar a las necesidades de esa gente desesperada en quienes el Cristo vivo se encarna en nuestro tiempo.

Como Cristo era rico y se hizo pobre por nosotros, así las iglesias ricas de los Estados Unidos deben hacerse pobres por amor de los que están sufriendo. Tenemos que aprender que el mejor regalo que podamos dar al Señor es vivir para servir al menor de nuestros hermanos y para dar nuestra riqueza para satisfacer sus necesidades.

Debiera ser obvio para nosotros que el dinero que damos a la iglesia institucional es, en su mayoría, dinero que nos damos a nosotros mismos. Compramos bancos y cojines para sentamos. Compramos cristales de colores. Compramos órganos y togas para el coro a fm de disfrutar de la música presentada con dignidad. Y le pagamos a un ministro para que nos alimente espiritualmente. La mayor parte del dinero que damos para causas cristianas termina siendo usado para beneficio propio. La gente dice con frecuencia: “Tenemos que cuidar de nosotros o no podemos cuidar de nadie. Tenemos que suplir nuestras necesidades antes que podamos considerar las necesidades de los demás.” Hay cierto grado de verdad y lógica en esos dichos, pero quiero señalar que Jesucristo dijo que sólo aquéllos que estaban dispuestos a perder su vida la encontrarían y sólo los que estaban dispuestos a morir vivirían. Estoy absolutamente convencido de que la declaración de Jesucristo es aplicable, no sólo para las personas, sino también para el cuerpo de Cristo. Sólo se encontrará la iglesia que esté dispuesta a perderse. Sólo podrá vivir la iglesia capaz de morir. Sólo sobrevivirá la iglesia que da sus recursos a los pobres y oprimidos.

Una de mis historias favoritas es acerca de un hombre que hace una gira por una refinadora de aceite. El guía le muestra los diferentes aspectos del proceso de refinación y los diferentes departamentos donde se realiza el proceso. Al final de la gira el hombre hace una pregunta sencilla al guía:
-¿Dónde está el departamento de embarques?
-¿Departamento de embarques? – responde el guía -. ¿Qué departamento de embarques?
El hombre responde: – Estoy buscando el lugar desde donde toda la gasolina y los productos de aceite de esta planta se embarca para su uso en el mundo.
-Ah – dijo el guía -, usted no entiende. Toda la energía generada en esta planta es usada para mantener la refinería.
La historia es una buena parábola de la iglesia, porque a veces tengo la impresión de que la mayor parte de la riqueza y la energía generada por la iglesia se usa para mantener a la iglesia en vez de usarse para ministrar a las necesidades de aquéllos en quienes el Cristo resucitado ha escogido para encarnarse.

Cuando Cristo nos salvó, lo hizo para un propósito noble y santo. El nos salvó para que pudiera usamos a fin de satisfacer las necesidades de otros. Nos salvó para que pudiera comenzar a transformar este mundo en lo que El dispuso cuando lo creó. Cuando nos salvó, lo hizo para que fuéramos conductos por medio de los que su amor pudiera fluir en la vida de los que sufren en este mundo. Cuando nos salvó, lo hizo para que fuéramos agentes de una gran revolución, que terminará cuando los reinos de este mundo pasen a ser el reino de nuestro Dios. Cuando nos demos cuenta del propósito de nuestra salvación, cuando comprendamos por qul! es que Cristo nos salvó, sabremos cuál es el propósito de nuestra vida. Ya no habrá más dudas de qué es lo que fuimos destinados a ser ya realizar. Por medio de Cristo hay un propósito para vivir.

Como emprender un proyecto de fe sin morir en el intento

Alejandro Rodriguez

En la iglesia que asisto, hubo una confusión cuando se hablaba de un proyecto y un programa y no podíamos entender las diferencias. Si hubiera encontrado este libro en ese tiempo, todo se hubiera aclarado. Una especie de manual y tips que nos ayudan a iniciar y dar seguimiento a un proyecto, orientado más a las misiones, pero puede aplicarse a cualquier área, aprendí dos cosas importantes: iniciar un proyecto aun cuando los recursos no estén completamente disponibles y que la resurrección tiene más gloria que la sanación. Calificación de 10.
Como emprender un proyecto de fe sin morir en el intento

Como emprender un proyecto de fe sin morir en el intento

Este libro nos prueba que la clave para nuestra victoria está en regresar a los sencillos y eternos principio del Reino de Dios, a una total dependencia de su soberanía, y a dejarle ser lo que es: Dios.

El reconocido lugar que ocupaban las instituciones políticas, religiosas y educativas se está desmoronando para dar paso al reinado de un materialismo e individualismo salvaje, que podría traducirse en un “¡sálvese quien pueda!” Todo bajo una poderosa influencia humanista, que induce a los habitantes del mundo a vivir solo para su satisfacción.

Algunas personas criticaron a la familia Quilapan por haber salido de Argentina sin tener todos los recursos necesarios, por ser imprudentes o impacientes, opr no haber esperado que las circunstancias fueran favorables para el viaje.

Los sueños se prueba a través de “procesos de tiempo”.

A todo aquel que sueña los “sueños de Dios” lo criticarán.

Por lo general, cuanto menos entendemos la visión, más alcance tiene y más cambios produce. Por eso, aunque no entienda todo lo que el Espíritu Santo pone en su corazón, no lo desheche, ¡hágalo!

Alguien podría inquirir cómo fue posible que Dios usara a una persona tan ruda como Pedro. ¡Qué desubicado! ¡Qué impertinente! Nuestro Dios es soberano y usa a quien quiere, cuando quiere y como quiere, para revelar su gloria y llevar adelante su obra.

Los sueños que Dios nos da no son para que las situaciones permanezcan iguales o mejoren un poquito. Tampoco Dios nos los da para alimentar nuestro ego y sentirnos más espirituales que otros. Todo lo contrario. ¡Son para producir cambios radicales! Cambios en nuestra escala de valores, en la forma de percibir el mundo, en el rumbo que le damos a nuestras vidas. Son para llevar a la Iglesia a un mayor compromiso en la extensión del Reino de Dios en la tierra, y para que nuestras sociedades atadas por la corrupción y el humanismo sean bendecidas y transformadas a través nuestro.

Los sueños de Dios vienen para hacer realidad lo que no existe. La fe no me muestra dónde estoy, sino a dónde voy. La fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. (Romanos 4:16-17).

Si cree que el tiempo se le fue de las manos y perdió la oportunidad de realizar alguna visión que Dios ha colocado hace ya varios años en su corazón, hoy le digo: ¡Anímese, hermano! ¡Anímese, hermana! ¡El Señor todavía puede hacerlo realidad!

Habacuc 2:3: “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare espéralo porque sin duda vendrá, no tardará.”

“La visión sin compromiso es igual a ilusión, y el compromiso sin visión es igual a frustración.” La clave para llevar adelante los sueños que Dios pone en el corazón es: visión más compromiso.

No hay estado más desgastante en nuestro servicio al Señor que cuando hacemos su obra poniendo nuestro máximo esfuerzo, pero desconociendo con exactitud hacia dónde nos dirigimos, sin tener una meta específica, dada por la revelación del Espíritu Santo para nuestras vidas.

Nuestros estados de ánimo suben y bajan según las circunstancias que nos rodean porque vivimos corriendo detrás de los agujeros que tenemos que tapar (las actividades que “hay” que hacer) y no de lo trascendental adonde Dios nos quiere llevar.

Aunque no veamos toda la visión con claridad, debemos comprometernos a hacer “todo lo que esté a nuestro alcance” con los recursos que tenemos disponibles y Dios hará lo que para nosotros es imposible. Es muy importante mantener este equilibrio entre buscar la visión de Dios y al mismo tiempo comprometernos con ella.

Es muy posible que aunque nos movamos en la voluntad de Dios, los resultados no aparezcan de acuerdo a lo que esperamos.

El ser humano por lo general evalúa conforme a las cosas que ve y luego actúa en consecuencia.

En Isaías 55:8-9 leemos: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Este último pasaje nos habla claramente acerca de pensamientos (criteriOS) y caminos (lo que hacemos). Por lo tanto, podemos deducir que una vida de fe es, ni más ni menos, mirar la vida no con nuestros ojos, sino con los ojos de Dios, como Dios la ve. Y, por consiguiente, obrar como Él obra.

De esto se trata la vida, de fe; de someter nuestros criterios a los de Dios, para mirar con sus ojos.

Cuantos dolores de cabeza nos hubiéramos evitado si también hubiéramos evitado que tanto las emociones como los razonamientos -incluso nuestra fuerza de voluntad-, gobernaran nuestra vida! Que sea la Palabra de Dios, escrita y revelada a nuestras vidas, la que gobierne todos nuestros pasos. Como dice el Salmo 119:105: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”

Los problemas acontecen, por lo general, cuando tomamos nuestras decisiones para agradar a las personas antes que a Dios o por temor o por una particular necesidad de que otros nos acepten.

Si alguien busca autoridad, no se la des; le estarás haciendo un mal; pero si alguien busca responsabilidad, dale la autoridad necesaria para hacer la obra.

No siempre las “cosas de Dios” tienen que ver con lo que entendemos por “la obra y las actividades cristianas”. ¿Me explico? Las cosas de Dios tienen que ver con el Reino de Dios, a la manera de Dios y con el corazón de Dios. Sus principios, sus tiempos y sus prioridades. Las cosas de Dios no implican activismo cristiano, ni legalismo religioso. Significan discernir la voluntad de Dios para su obra más allá de la relación personal con el ministerio y más allá de algo que nos convenga para la tarea que realizamos.

Muchas veces Dios nos llama a nuevos desafíos, nos impulsa a dar nuevos pasos de fe, pero estamos tan encerrados y ensimismados en nuestro “mundo cristiano” que no logramos reconocer los cambios que Dios quiere realizar en nuestras vidas y ministerios. En otras ocasiones sucede que entendemos claramente la voluntad de Dios y los próximos pasos que debemos dar, pero al mismo tiempo pensamos que las circunstancias todavía no están dadas como para hacerlo.

Cuando estamos de lleno en el ministerio y las cosas se complican con problemas entre obreros, escazes de dinero, crisis en el liderazgo, pecados inconfesados, heridas que no pueden sanar, etc. A pesar de todo, preferimos seguir aferrándonos a nuestros “barquitos de madera” y a nuestros “remos carnales” sin reconocer la presencia de Jesús.

Aunque le resulte inverosímil, las tormentas son el ambiente más propicio para ver los milagros de Dios. A todos nos gusta hacer menció y hablar de cuán importante es “vencer a nuestros Goliat”, Pero consideremos que para ver la gloria de la victoria primero hace falta tener a un Goliat enfrente que nos desafíe cada día. Como en el milagro del Mar Rojo. cuanto mayor es el peligro y el riesgo, mayor es la manifestación del poder de Dios. La diferencia entre cruzar el mar en seco o ahogarse, caminar sobre las aguas o hundirse, está condicionada a si somos capaces o no de reconocer la presencia poderosa del Señor en medio de la adversidad, poniendo nuestros ojos en el autor y consumador de nuestra fe.

Dios tienen un propósito soberano sobre todo lo que nos acontece y usa las situaciones difíciels, incomprensibles e inauditas de la vida para enseñarnos a caminar en la fe y para moldearnos de acuerdo a su gloria.

Encontramos al menos tres clases de obreros cristianos. 1. Lo obreros que permanecen en su barca. Estos aman al Señor, pero no están dispuestos a correr ningún tipo de riesgo. Todas sus actividades están fundamentadas en lo que consideran seguro. Poseen la virtud de admirar a los que caminan sobre las aguas y que por diversas circunstancias no pudieron permanecer y se hunieron. Por lo tanto, prefieren la seguridad de sus barcas antes que el riesgo de fracasar. Los fracasos de otros tienen demasiado peso sobre sus decisiones.[…] 2. Los obreros que caminan sobre las aguas, pero luego se hunden. Son aquellos que comenzaron a caminar en un desafío de fe, pero que al experimentar oposición, crítica o algún fracaso aislado o postergacíon en la concreción de un proyecto, dejan de mirar a Jesús y todo se derrumba.[…] 3. Los obreros que después de escuchar la voz de Dios descienden de sus barcas -llamémosle seguridad, jerarquía, reputación, poder. estabilidad económica, educación, etc.- y aceptan el desafío de caminar mirando solo a Jesús, atravesando los sinsabores de la crítica, el juicio, el rechazo, el desánimo; superando las tormentas de los fracasos sufridos, los desiertos plenos de falta de recursos y la ausencia de resultados inmediatos, y tantos otros vientos imaginables que encuentran en el camino.

En el libro de Job leemos que Dios quería seguir moldeando su vida y derramar sobre él una mayor dimensión de su gloria y de su amor de Padre.

Parece que las situaciones límites y difíciles sensibilizan nuestro corazón y oídos espirituales a la voz del Espíritu Santo.

Adorar primero, trabajar luego.

Cuántas veces hemos comenzado proyectos maravillosos, necesarios y bien intencionados. Cuántas veces hemos volcado todas nuestras fuerzas en alguna tarea y hemos pedido la bendición de Dios para hacer algo y, a mitad del camino, hemos sentido la frustración y la tristeza por haberlo abandonado todo, sin entender muy bien las causas del fracaso sucedido. Y en otras oportunidades, si bien logramos realizar los proyectos, es a costa de un desgaste innecesario de energía o con el resultado de personas heridas en el proceso y otras cosas lamentables. ¿Por qué? Porque caminamos delante de Dios. suponemos que si es una causa buena, gozaremos automáticamente de la bendición del Señor para hacerlo. No nos detenemos a buscar su rostro, adorarle, consultarle y buscar su revelación antes de iniciar nuestro camino. De otra manera estaremos atados a nuestros presupuestos, preconceptos, a nuestras capacidades y a los recursos disponibles. Por lo tanto, jamás disfrutaremos el caminar sobre las aguas, ni de la multiplicación de los panes y los peces, ni de la toma de Jericó. Porque nuestra confianza está depositada en nuestros propios criterios y nuestra perfecta capacidad analítica. entonces la carga se hace muy pesada cuando forzamos las situaciones y manipulamos a la gente con tal de lograr el objetivo deseado. cuando el fin justifica los medios, aun en la obra del ministerio.

Al derramar nuestro corazón ante Dios reconociendo su carácter, declarando su gloria, humillándonos ante su majestad y ofrendando nuestra vida a Él (lo que somos y tenemos) recibiremos el impacto de esa comunión íntima.

Cuantos más asuntos tenga que resolver, más tiempo dedique a la adoración.

Ante Dios soy menos que una hormiga; ante el diablo soy más que un gigante.

Algunos de los hermanos en Cristo que no han experimentado un sentido de satisfacción en sus trabajos seculares o actividades cotidianas, tienen la tendencia a buscar en el servicio a la iglesias, sobre todo a través de cargos importantes, lo que no lograron obtener fuera del ambiente cristiano: reconocimiento, estima, aprecio y valorización.

Siempre pensé que las personas rebeldes eran las que intentaban salirse de la estructura u organización donde se encontraban, pero ahora me estoy dando cuenta de mi error. Muchas veces los rebeldes no son siempre los que se van. A veces son los que se quedan, aferrándose a las tradiciones y costumbres de su propia estructura denominacional.

Primero guarda tu corazón y luego usa tu razón.

Debemos reconocer que el problema no radica en los logros que hemos alcanzado o en los que obtendremos en el futuro. Por el contrario, radica en el valor que atribuímos a nuestra vida según los resultados obtenidos. El problema comienza cuando creemos que somos la razón del éxito. ¡Qué trampa tan engañosa y mortal! si tan solo pudiéramos reconocer con humildad que todas las cosas que están hoy en nuestras manos posiblemente estarán en las manos de otros o quizás desaparecerán para siempre. Que nuestro protagonismo ministerial, es que alguna vez lo tenemos, es externo, limitado y temporal.

El valor de nuestra vida no depende de las actividades que realicemos para Dios ni del ministerio que hoy, por su gracia, tenemos en nuestras manos. Nuestro valor está en Dios. Él nos amaba aún cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. En esa condición fuimos aceptados por el Amado y adoptados como sus hijos. En otras palabras, su tremendo e incondicional amor otorga a nuestra vida valor, gloria y trascendencia. todo lo demás es pasajero. Ruego a Dios que no debamos atravesar por los siete años de locura de Nabucodonosor para declarar: “Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humilalr a los que andan con soberbia”. Daniel 4:37).

Cuando nos mostramos vulnerables y necesiatdos de otros, es cuando se producen hermosos vínculos de amor. Los demás se sienten parte de mi vida y actividades y animados para colaborar.

“Mi dedo más pequeño es más grueso que los lomos de mi padre. Así que, si mi padre os cargó de yugo pesado, yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones… Y viendo todo Israel que el rey no les había oído, respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con Davi? No tenemos herencia en el hijo de Isaí. ¡Israel, cada uno a sus tiendas!” (2 Crónicas 10:10,16). Este, como sabemos, fue el momento histórico y trágico donde el pueblo de Israel se dividió.

No todo lo que reluce ante nuestros ojos tiene valor ante los ojos de Dios. Él encuentra une special gozo en mostrar su poder en las circunstancias y situaciones que descartamos de acuerdo a nuestra escala de valores. Como dice 1 Corintios 1:25-31: “Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”

Si tomas decisiones, puedes llegar a equivocarte. Pero si no las tomas, ya estás equivocado.

Esperamos que algo suceda, que las circunstancias cambien por sí solas, que las puertas se abran. Cuando nos preguntan qué estamos haciendo o vamos a ahcer ante tal o cual situación, damos respuestas tales como: “Y… vamos a ver qué pasa…” “Ya veremos…” “Depende de cómo se den las cosas…” “No depende de mí”. Algunos de nosotros cuando estamos más espirituales, aseveramos: “¡Que sea lo que Dios quiera!” O también: “El Señor tiene sus tiempos”. Si bien esto último es cierto, y es verdad que nuestros tiempos están en sus manos, esto no nos justifica de ninguna manera para tener una actitud pasiva frente a la vida. Aun el “esperar en Dios” para hacer algo, no debería ser el producto de las circunstancias, sino por el contrario, una decisión tomada en obediencia al Señor.

Es frecuente cuando preguntamos a los hermanos cómo están o cómo se encuentran en sus actividades, escuhar estas frases: “Acá andamos, en la lucha, tirando para no aflojar”. Parecería como que la vida solo es cuestión de sobrevivir, que estamos a la espera del cielo prometido donde se terminarán nuestros pesares y nos sentiremos bien y seremos felices.

[Como barquitos de papel] Esto mismo nos pasa a nosotros. De aquí para allá, corriendo de un lado a otro, tapando agujeros, quizás con muchas actividades. sin emabrgo, no necesariamente tomando las decisiones que dan rumbo y dirección a nuestras vidas.

No es fácil tomar decisiones. Pero, ¿por qué? Porque las decisiones producen cambios, implican riesgos. Las decisiones traen consecuencias. Nos obligan a vencer nuestros temores. El temor al fracaso, al qué dirán, temor al futuro, temor a lo desconocido y hasta, incluso, el temor a los temores. Las decisiones en nuestras vidas no solo tienen que ver con el hacer en primer lugar, sino con el ser como Cristo. Las decisiones implican y denotan nuestro carácter, relación con Dios y con los demás. Tienen que ver con elegir sus principios para nuestras vidas, elegir su escala de valores y su santidad.

Necesitamos abrir primeo la llave del agua caliente para que luego se encienda el calefactor. A veces los cristianos esperamos ver, con anticipación, la llama del amor encendida para hacer algo por una persona. Deseamos que las circunstancias sean propicias para luego determinar si tomaremos una decisión en ese sentido. En el Reino de Dios es al revés. Primero, debo tomar la decisión y luego veré la provisión.

A algunos de los que luchamos con gigantes en nuestras propias vidas o que atravesamos “desiertos”, el diablo nos bombardea sin cesar. Nos dice: “¿Quién te crees que eres para pensar que Dios desea usarte? ¡Mira tus debilidades! ¡Eres un fracaso para Dios! ¡Nunca lograste finalizar nada de lo que comenzaste! ¡No tienes qué ofrecerle!”

Hace algunos años un grupo de líderes cristianos nos reunimos para consultar cuál debería ser el perfil de un candidato a misionero: preparación académica, trayetcoria, madurez, etc. Trabajamos en pequeños equipos hasta que al final escribimos en síntesis todo nuestro trabajo en una pizarra con el objetivo de obtener una evaluación completa de todas las características y virtudes que un misionero debería tener para estar calificado. cuando vimos todos los requisitos y la elevada norma exigida, tuvimos que reconocer que ni siquiera los que estábamos allí reuníamos semejante nivel de preparación integral. Allí reconocimos que nuestros propios criterios y lógica pueden decir muchas cosas. sin embargo, la última palabra y la única autorizada es la que proviene de Dios. ¿Quiénes somos nosotros para decidir a quién Dios puede o no usar en sus manos? La decisión solo le corresponde a Él.

En muchas ocasiones el Señor no nos muestra el próximo paso porque todavía está pendiente un paso previo que no hemos dado. Puede ser falta de perdón hacia quienes nos han herido, o la necesidad de ordenar algunas esferas de nuestras vidas, o con respecto al dinero (fue el caso de Zaqueo), o pecados inconfesados, o relaciones sin restaurar con familiares y hermanos en Cristo. Estos pequeños pasos están íntimamente relacionados con el principio bíblico que nos dice que debemos ser fieles en lo poco, en lo que dios colocó en nuestro corazón y en nuestras manos.

[Nehemías] Encarnó la visión en su corazón. Tuvo la visión de reconstruir Jerusalén porque tenía información acerca de las cosas que estaban aconteciendo. de acuerdo a lo escuchado, ayunó, buscó a Dios, confesó sus pecados y los del pueblo. No dijo ello, sino nosotros. Se sentía parte de la necesidad y de la erspuesta. Encarnó la visión. Sufría y soñaba por esa visión. Además, no solo atesoró la visión en su corazón, sino también comenzó a dar pasos concretos.

Es común iniciar un proyecto para el bienestar de muchos y, sin embagro, no contar con la participación de las personas que poseen una mayor trayectoria. Por lo general, tienen sus reparos al respecto. Apoyan la idea pero… Mi consejo es comenzar a caminar con los que estén dispuestos. Dios mostrará su gloria a través de ellos.

La característica básica de toda meta es que debe medirse en una dimensión de tiempo.

Cuando comenzamos a responder los “para qué”, no sólo definimos el propósito, sino también comenzamos a vislumbrar y a distinguir las motivaciones de nuestro corazón.

Para alcanzar el desarrollo de alguna meta, cualquiera sea su tipo, necesitaremos una estrategia definida. Siempre es aconsejable preparar un plan alternativo de acción, habitualmente conocido como “Plan B”, para cuando surgen algunas situaciones que nos impidan realizar lo previsto. Son distintas formas de alcanzar la meta.

Cada proyecto se expondrá a enfrentar y atravesar situaciones de fuerza mayor que impedirán que se lleve a cabo de la misma manera en que se planificó en un principio.

¡Cuánto nos cuesta a nosotros mismos desarrollar convicciones y, al mismo tiempo, tener una actitud flexible ante un plan emergente para llegar a la misma meta!

Al comenzar el proyecto no siempre contaremos con toda la gente necesaria para desarrollarlo. Necesitamos entender que toda visión se transmite por “contagio” y mediante el ejemplo del que lleva adelante la visión.

Si tienes la visión, corre con la visión.

Si tiene una visión, un proyecto de Dios en el corazón, no trate de imponérselo a otros bajo presión. NO empuje a los demás con sus propias fuerzas para que lo sigan. Háhalo usted mismo. Comience a hacerlo en obediencia a Dios, incluso a pesar de las críticas que pueda recibir, y pronto verá cómo otros comenzarán a contagiarse con su visión y cómo muchos otros lo acompañarán en la tarea. Cuando pida al Señor que envíe obreros, pídale por hombres y mujeres que se contagien de la visión. que la encarnen de tal forma en sus corazones que les permita seguir adelante más allá de todos los obstáculos que pudieran presentarse en el camino. cuando comencemos a dar los pasos de fe y obediencia al Espíritu Santo, veremos como los recursos materiales y humanos se liberarán en forma gradual para la realización de nuestra visión hasta su total cumplimiento.

La cadena de mando nos ayuda a ver quién reporta a quién y los límites de cada función.

Un organigrama o cronograma, o cualquier otro sistema, método o estructura de trabajo, está destinado a facilitar la tarea y servirnos en la visión que Dios nos da. Por lo tanto, no debemos permitir que estas herramientas gobiernen nuestros ministerios.

La dirección y la revelación del Espíritu Santo no tienen por qué estar en contra de la observación e investigación de la tierra en la cual se desarrollará la visión.

Si no nos organizamos y planificamos nuestra vida de acuerdo al tiempo que disponemos y a las prioridades que Dios nos da, esas actividades pueden transformarse en un callejón sin salida para nuestras vidas y la de nuestras familias.

Si definimos con sencilels y claridad hacia qué grupo de personas está dirigido nuestro esfuerzo, no caeremos en el error de colocar sbre nuestros hombros y nuetsro trabajo cargas innecesarias. Por consiguiente, seremos mucho más eficaces.

La multiplicación se hace efectiva únicamente sobre algo que tenemos. Si no colocamos algo sobre la mesa, no habrá multiplicación. Utilizando la matemática sabemos que diez por cero es igual a cero. De la misma manera cien por cero es igual a cero. Siempre tendremos un cero como resultado.

Primero está la decisión y luego viene la provisión.

Si nos limitamos a pensar en el dinero como único recurso para lograr nuestro objetivo, estaremos perdiendo otras vías por las que podríamos recibir bendición.

Cuando buscamos recursos para otras personas, para otros ministerios ajenos a nuestros asuntos, veremos en nuestras vidas otra dimensión de autoridad.

Si bien es cierto que los latinos somos muy aficionados a la vida comunitaria, a estar juntos, y no nos agrada estar solos, también es cierto que tenemos bastantes dificultades para trabajar en equipo. Arrastramos un modelo “caudillista” de liderazgo donde todo pasa por una sola persona. La capacidad de un líder no se muestra por saber hacer muchas cosas, sino por rodearse de las personas que saben hacer lo que hace falta lograr. Nos cuesta mucho ser pate de algo donde no se hace lo que queremos, pero al mismo tiempo necesitamos de otros. Participamos solo cuando somos los que dirigimos o si somos parte del eje de las decisiones principales. ¿Qué es un trabajo en equipo? Es la habilidad de trabajar juntos dos o más personas havia una meta en común. La habilidad de convertir nuestros logros personales en una parte del cumplimiento de los objetivos del grupo.

Cada paso que avance, infórmalo. No espere a que le pregunten: “¿Hiciste lo que la semana pasada te pedí que hicieras?” Tome usted mismo la iniciativa de informar a los que le encomendaron la tarea.

Debemos reconocer que muy a menudos somos los líderes los que provocamos los confilctos en medio del equipo, los que estorban en la realización de los proyectos o hacen su concreción mucho más lenta. si estamos reunidos en un encuentro de trabajo y decimos: “Alguien debería averiguar los costos para un programa de radio”, sin definir y comunicar quién lo hará, entonces nadie asumirá esta responsabilidad y perderemos mucho tiempo, de modo que en cada reunión que tengamos volveremos a plantear el mismo tema.

A veces no invertimos el tiempo suficiente para enseñar a otros líderes potenciales, instruyéndoles, evaluándoles y, si fuese necesario, corrigiéndoles en amor.

Es cierto. Dios da su visión a personas. Revela sus propósitos y estrategias a personas. Pero: Dios no le da a nadie los derechos de autor de su visio´n, ni el monopolio de su realización.

Muchas de las cosas que emprendemos en nuestros ministerior se ven muy bien, son lícitas, incuestionables y hasta dignas del reconocimiento de los demás. Ciudad-torre-nombre: Me protege, me da poder y me distingue de los demás. Tenemos una tendencia a acumular “poder” en nuestras manos. Es evidente que Dios camina en otra dirección. Solo en Él encontramos una ciudad fortificada, una torre poderosa y un nombre que es sobre todo nombre.

Por lo general, cuando nos referimos al dinero que necesitamos para llevar adelante una obra tenemos la tendencia a verlo solo como un instrumento de pago o un simple recurso material que facilita o dificulta la tarea, ya sea que dispongamos de él o que escasee.

En la Biblia hay más de novecientos versículos que nos hablan de los temas considerados espirituales: oración, salvación y fe. Pero hay un tema al que Dios también le da suma importancia, registrado en la Biblia en dos mil ochenta y cuatro versículos. Y es el tema del dinero.

Por el placer se hace el banquete, y el vino alegra a los vivos; y el dinero sirve para todo. Eclesiastés 10:19

“Si no tengo dinero no puedo hacerlo”. ¡CUántas veces recibimos una visión clara del Señor para desarrollar un ministerio, pero, como Pedro, miramos el fuerte viento que nos rodea y nos hundimos al observar solo lo que tenemos en la mano. En lugar de entregárselo al Señor para que lo multiplique, nos desanimamos y decimos que hasta que Dios no nos dé todo lo necesario no podremos pensar en concretar el proyecto.

Dios no hace negocios con sus hijos. Busca una relación de amor y una entrega incondicional.

Tener o no tener recursos son parte de simples circunstancias y situaciones que cambian, que hoy están y mañana desaparecen. Podemos decir entonces que no siempre la necesidad es sinónima de equivocación. Como tampoco la prosperidad es sinónima de espiritualidad.

Es importante que en el liderazgo haya una considerable diversidad de personas y también estén presentes otras que no estén plena y directamente implicadas, pero a las que se les podrá rendir cuenta de cómo llevamos adelante la obra que Dios nos encomendó.

Acabo de terminar de leer la historia de Lázaro, donde Jesús decide no sanarle. El Señor esperó hasta que su amigo muriese y entonces le resucitó. en este caso una resurrección trajo más gloria a Dios que una sanidad.

Y aunque no entendamos con nuestros ojos los fracasos que debamos atravesar, opdemos estar confiados de que nuestro Dios es el que tiene la última palabra. Aquel que es especialista en lo imposible y quien está mucho más interesado en nuestro corazón que en nuestra producción.

No siempre nuestras medidas de tiempo y forma coinciden con las de nuestro Dios. Aunque esto de ninguna manera quiere decir que no estemos andando en la voluntad del Padre.

De cada cien que se recuperan del dolor de un fracaso, solo uno permanece firme ante el éxito obtenido. Otro aspecto altamente destructivo es vivir bajo la presión de “inventar cosas nuevas” para mantener un ministerio de éxito. PArecería que siempre tenemos que mantener a los demás con su capacidad de asombro bien elevada para no perder la convocatoria ni las metas ya alcanzadas.

Misión es personas que envían personas para alcanzar personas.

Dios tiene una caja especial para financiar los proyectos que considera como ¡prioridad número uno! Dios tiene una caja fuerte disponible solo para misiones y no se abre a menos que se utilice en proyectos que sean útiles para llegar a los no alcanzados con el evangelio.

No existe un Tercer Mundo dentro de la voluntad de Dios, solamente un pueblo que cree en Él y le obedece.

Lo que no se puede no es posible hasta que alguien lo hace posible.

Cuando mis hijos hicieron sus primeros dibujos sobre papá y mamá, aun con sus trazos tan de niños y tan rústicos, colocando un pie al lado de un cuello o con los ojos más granes que las manos, estos dibujos fueron para mi la mayor obra de arte que he admirado. Conmovieron lo más íntimo de mi corazón. Los puse frente a mi escritorio para que todos observaran y elogiaran lo que mis hijos habían hecho. ¿Dónde estaba el valor? No era precisamente en la estética de la obra, sino en que eran la expresión de amor de mis hijos hacia su papi. ¡CUánto más nuestro Padre celestial apreciará y valorará nuestros primeros trazos, los proyectos motivados por nuestro amor hacia Él! ¡Dios los tiene en gran estima!

Transición

Carmen Aristegui

Colección de entrevistas y conversaciones de la periodista (además de las fotografías de Ricardo Trabulsi) con distintos actores de la vida política mexicana. Desde ex presidentes, ex-candidatos presidenciales, periodistas, escritores, intelectuales y consejeros del IFE, buscan explicar la cuadratura del círculo de la democracia de nuestro país y encontrar la respuesta a si estamos en transición a la democracia, nunca estuvimos y ya llegamos. Creo que la conclusión puede advertirse conforme al comentario de alguno de los entrevistados: de nada sirve una democracia en un país, cuando aún existen necesidades primarias que el gobierno no ha podido otorgar. El nudo que trajo los dichos del ex presidente De la Madrid, dejan en claro la manera de hacer política en México. Calificación de 10.
Transición

Transición

Luis H. Alvarez.

Para algunos la democracia llegó y se instaló entre nosotros y lo que viene son nuevos desafíos. Para otros el proesos se frustró, y lo que hoy domina son intereses particulares y una representación fallida de la soberanía popular; no hay aquí democracia, y lo que se vive es una simulación. Otras interpretaciones reflejan una democracia endeble con los síntomas de la regresión.

En alguna ocasión que fuimos a Los Pinos para tratar de entrevistarnos con Salinas, estaba el secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, y Diego de Fernández de Ceballos también. En un momento dado el presidente se encontraba en su despacho y, según el secretario de Gobernación, quería que subiera yo solo. Diego me dijo: “Suba, tenemos confianza en usted”, y yo les reviré: “Ojalá pudiera decir lo mismo de ustedes dos”.

Respecto a Vicente Fox, existe el Fox que usted y Manuel Clouthier incorporaron al movimento democratizador, tenemos al Fox que gobernó Guanajuato, al candidato presidencial y al Fox que llega a Los Pinos einterviene en una batalla indebida para dejar fuera de la contienda a Andrés Manuel López Obrador hacia el final de su mandato. -Esta idea no la hemanifestado. pero yo creo que la mujer no le ayudó. -¿Fue un factor nocivo? -Yo creo que sí. Influyó en él. Pero sin Fox, un candidato carismático, el proceso de consolidación democrática hubiera tardado más en llegar.

En su sentido originario, la política está ligada a valores éticos que rigen el correcto actuar con uno mismo y con los demás.

Manuel Bartlett.

En los seis años de Miguel de la Madrid se perdió 50 por ciento del nivel de vida de los mexicanos.

Salinas fue el peor candidato que pudo escoger Miguel de la Madrid. Salinas fue un mal candidato. Tuvo graves problemas en la campaña, de rechazo evidente. De ahí el resultado. -¿El rechazo de quién? -De la población, donde se paraba, donde se paraba. -En La Laguna. -N’hombre, en todos lados, en todos lados. Quien defendió a Salinas de ese rechazo popular fue el SNTE. La candidatura fue una mala candidatura, difícil, y rompió necesariamente la unidad del PRI.

No se te olvide que ya están metidos en el poder los tecnócratas, que piensan igual que los panistas. La campaña de Salinas es muy especial porque Clouthier se queja de que Salinas le quitó sus banderas: fue una campaña de derecha, una campaña en la que se vincula con los intereses económicos.

Perdimos la identidad, por eso se perdió el partido. Entonces había que recuperar el partido.[…] Gana la presidencia del pri Salinas de Gortari, con MAdrazo y Elba Esther Gordillo; es dupla la inventó Salinas, no eran ni amigos siquiera, y coloniza el partido. Fortalece el PRIAN que él inventó. Salinas gobernó con el PAN, le abrió las puertas del poder y regaló posiciones como Guanajuato. Entonces se apodera del PRI y se pone de acuerdo con Fox. -¿Cómo? -Salinas se asocia con Fox, se reúne con él y le ofrece los votos que hoy le ofrece Beltrones a Calderón. Si le va bien a Fox le va bien a México, decía Salinas el día que MAdrazo tomó protesta como presidente del partido. Yo decía lo contrario: si le va bien a Fox, al país le va de la fregada. ¿Quién tuvo razón? Ahí están las frases. Yo yuve la razón. Había que parar a Fox, había que tener una oposición a Fox, a esa derecha ladrona y sinvergüenza, antidemocrática. Entonces no hay oposición, Madrazo no es oposición, nunca permite que el PRI sea oposición, y se inicia la selección de gobernadores de ese tipo. Ése es un sexenio en el que el PRI se pone a trabajar con el PAN y Salinas detrás.

Roger Bartra.

Hemos transitado a una democracia representativa, pero nos falta muchísimo para consolidar los mecanismos que la legitiman.

La democracia es un sistema de representación. Donde se elaboran las recetas para salir de la crisis, para ampliar las libertades, etcétera, es en los partidos políticos. La democracia representativa no fue inventada para sacarnos de la miseria, para resolver las crisis económicas, sino para que los partidos que tienen propuestas al respecto ganen o pierdan elecciones, y en la medida en que obtienen el poder encaminan al país hacia una alternativa u otra. Si tenemos partidos tan atrasados y corruptos, la oferta de alternativas es muy pobre. Los mecanismos formales de la democracia representativa ahí están, pero las propuestas políticas de los partidos son tremendamente débiles. -¿Qué pasa con la credibilidad después del 2006? -Hubo una crisis de legitimidad y ganó un partido en condiciones muy difíciles y sin gozar de legitimidad. Calderón recurrió al mecanismo típico de la derecha: pone en el centro el tema de la seguridad e inicia una confrontación muy grande, muy costosa en términos humanos, pero que tiene efectos legitimadores muy poderosos porque cohesiona a gran parte de la sociedad en torno al gobierno. Las derechas están obsesionadas con la seguridad. La izquierda ha menospreciado eso tontamente, pero no quiere decir que no sea el gran caballito de batalla de la derecha. La derecha saca sus monstruos; ya estaban ahí, pero los enerva, los irrita e inicia una guerra. Su gran fuerza política es imaginaria, es decir que genera en la conciencia colectiva un gran miedo, una cohesión hacia el gobierno, y así se legitima.

Critiqué mucho al gobierno de Vicente Fox por esta ceguera, por no entender que tenía que hacer política en el espacio en el que podía hacerla y no estar soñando en leyes y transformaciones que no fueran posibles, que fueron boicoteadas.

El asesinato de Luis Donaldo Colosio generó miedo y confusión, dejó manchado al PRI. Fue algo que se pudrió en la olla priísta. Los zapatistas hicieron evidente que la cultura nacionalista revolucionaria no servía para nada, que ya había pasado a la historia; se trataba de una cultura que no había podido ni siquiera medio arreglar el problema indígena -que simbólicamente era uno de los eslabones fundamentales del discurso nacionalista revolucionario- y fue evidente que había una crisis de la identidad nacional. Junto con los asesinatos de Colosio y de Francisco Ruiz Massieu se gener aun gran miedo, un gran miedo a la democracia a fin de cuentas, y hay una contracción, una cohesión en torno al gobierno de Ernesto Zedillo que resulta muy legitimado.

La principal responsabilidad de la derrota de la izquierda ante Felipe Calderón está en la propia izquierda, principalmente con Andrés Manuel. No entendió en lo más mínimo el momento que estaba viviendo. A falta de un programa radical -que ni tenía, ni quería tener aparentemente- utilizó un discurso político tremendamente agresivo que enajenó el apoyo de grandes sectores de la clase media. Y en este mundo en que vivimos es muy difícil ganar una elección sin eso. Con los puros pobres -como él decía- no se ganan elecciones. No generó una imagen de gobernabilidad. Hubo innumerables errores. Que dijera que había un complot equivalía exactamente a que los otros dijeran que él era un peligro. era ocioso hostigar a los sectores empresariales y perder su apoyo. Dio la imagen de una izquierda atrasada y populista. Había visto a Hugo Chávez, pero no sacó lecciones de Brasil donde Lula da Silva, a pesar de su origen populista, durante la campaña electoral que gana da un viraje muy claro: ofrece una imagen de político capaz de gobernar y queda blindado con una cultura de gobernabilidad que los radicales llamarían de respetabilidad burguesa.

En México tenemos dirigentes que, si bien nos va, entienden lo que pasa en su municipio, en su estado; en el mejor de los casos uno que otro en el país; y en el mundo, muy pocos, te diré que muy pocos.

Manuel Camacho Solís.

-¿Hubo fraude en 1988? -Hubo múltiples irregularidades. -¿Se traduce eso en fraude? Sí, hubo cosas muy graves en la elección.

Lo más importante es cuál va a ser el desenlace de todo esto. Primera posibilidad: seguir en la cuasi legitimidad, donde si hay cierta pericia y cierta suerte esto puede durar 10, 20 años, con enorme deterioro de la credibilidad del país. Segunda posibilidad: que esto no aguante y pasemos a la france ilegitimidad, donde sólo se va a mantener el orden con la represión, la corrupción y la cooptación. Y entonces vamos a la anarquía o a un régimen autoritario que venga a poner orden. Y la otra posibilidad, que yo creo es el gran reto, es cómo construímos una salida político democrática a esta crisis.

La Corte ya había dicho que en caso de que no tomara posesión iba a validar la Presidencia de Calderón. Calderón se iba a setar en la Presidencia; era imposible impedirlo. Entonces la decisión estaba entre desatar la violencia para ver qué pasaba, o ser responsable y evitarla. Hubo opiniones muy encontradas en el grupo de López Obrador. No quiero dar nombres; sólo diré que yo estuve totalmente a favor de que se evitara la violencia y López Obrador decidió no solo evitarla, sino hacer su trabajo político para evitarla. Si Felipe Calderón se hubiera dado cuenta de todo eso, le tendría que estar agradecido por haber sido un político responsable.

Cuauhtémoc Cárdenas.

-¿Cómo se cayó el sistema? -Existía el compromiso de que los partidos tendríamos acceso a la recepción de la información electoral y que esto se haría público. Entonces llegó la información del distrito que tiene por cabeza Tula, Hidalgo. Aparecieron las cifras oficiales y el representante del PARM en la Comisión Electoral dijo: “Momento, yo aquí tengo el acta de ese distrito firmada por todos los representantes y las cifras no coinciden”. Y ahí se cayó el sistema. Ahí fue que De la Madrid ordenó “suspender la información”. Ya después se dieron a conocer datos de sólo 55 por ciento de las casillas. Nunca se publicaron los datos de 25 mil (45 por ciento de las casillas), que son los “datos agregados” a los que se refirió De la Madrid, Hubo distritos extremos. En el caso de las casillas contadas decía: PRI, 52 por ciento; Frente Democrático, tanto; PARM, tanto; Partido del Frente Cardenista, tanto; PAN, tanto. En el caso de las casillas no contadas decía, PRI 107 por ciento. Entonces hubo que quitarle votos de los ya contados para ajustar las cifras. Eran dos elecciones, en dos mundos totalmente diferentes.

Cuando hay alguien dispuesto a cambiar la vida, le pueden llegar al que sea: a Anastacio Somoza le llegaron con una bazuca; a Colosio le llegaron, no sé con qué arma, pero le llegaron.

La gente no tiene suficiente confianza en la autoridad electoral, aunque no es la misma calidad de elecciones que había antes. ¿Dónde están ahora las distorsiones? Ya no están en las urnas, sino en disponer de medios -sobre todo dinero del Estado o de fuentes indebidas- para promocionar las campañas; en las actitudes de los medios de comunicación, y en lo que se llevan éstos al publicitar las campañas. Esto es lo que no se logró en el periodo de Fox.

Jorge Carpizo.

Ya para cuando el señor Vicente Fox gana, alrededor de la mitad de los habitantes de México son gobernados, a nivel local, por los dos partidos más fuertes de oposición. ¡Pero no se ha notado el cambio! Ha resultado lo mismo: corrupción, impunidad, negocios, ayudas a los amigos y a los familiares… Entonces no ha habido un cambio material; formal sí.

Ahora bien, según yo, qué pasó; en las elecciones de 1988 existió una situación curiosísima; Salinas gana la elección y hubo fraude. Parece contradictorio pero no lo es; Salinas gana la elección sin alcanzar el 50 por ciento de aceptación y la Secretaría de Gobernación -que lo podía hacer en aquel entonces- decide que no podía haber un presidente de México que ganara con menos del 50 por ciento. -¿Lo decide la Secretaría de Gobernación? -Sí. Quien manejaba todo este sistema electoral era la Secretaría de Gobernación a través de la Comisión Federal Electoral. Y esto no es especulación, es un hecho. En estados como Chiapas rellenaron las urnas para “subir”. En ese momento, con todas las acusaciones de fraude que hay -recuerda que entonces yo era rector- , el nuevo gobierno necesita legitimarse y se da cuenta de que ese sistema electoral ya no funcionaba y que había que cambiarlo. -Se forzó la máquina hasta el máximo. -Exacatamente, unas nuevas elecciones con ese sistema electoral pudieron haber provocado un conflicto armado; iba a haber sangre. La gente no hubiera admitido ese sistema de una Comisión Federal Electoral controlada 100 por ciento por el gobierno. El nuevo gobierno estaba muy sensible por todas las impugnaciones y vio con toda claridad que había que cambiar ese sistema. [..] De ahí nacería la idea del IFE, que se creó en 1990.

Jorge G. Castañeda.

Fox los invitó [a la izquierda] y me consta. Quizá no a los puestos que querían, pero estaba incluída gente como Amalia García, Rosaria Ibarra y Alejandro Encinas. El PAN brincó y armó un escándalo monumental; Fox trató de revirar diciendo que tenía que ser una mujer -esperando que el PAN no tuviera una- y Felipe Calderón inventó a la Chepina, que no era del PAN pero la metieron al partido. Entiendo por qué no quisieron: no fue por desacuerdo de políticas, sino por el sentimiento de despojo: “Nos chingaron lo que era nuestro”.

-Nunca creyó Fox en la reforma del Estado. -Nuna le dio importancia, ni la entendió. Ése fue su error principal. No entendió que era la llave que abre todo el desmantelamiento del sistema corporativo.

Santiago Creel.

El fantasma del viejo régimen -de las formas antiguas- se aparece por todas partes. La economía no es su único espacio. Si te vas a los gremios ni siquiera podemos hablar de sufragio efectivo, como ya existe en la política. En el campo mexicano el clientelismo y las formas corporativas son las reglas de organización. No hay desarrollo para el campesino, ni modernización de instrumentos productivos. Ests vicios también están en áreas muy cercanas a la gente, por ejemplo en el deporte. -¿El deporte? -En el futbol, algo tan común para todos, vemos que hay una dominancia evidente de un oligopolio. -Dominancia por decirlo suave. -Esos patrones se repiten. Están presentes en la economía y en los gremios, lo que nos lleva a que seamos muy poco competitivos jugando futbol, como también lo somos en nuestra propia economía interna, por causas muy similares, causas que tienen que ver con alta concentración en la toma de decisiones. Estoy hablando de monopolios. La cultura está también afectada por el monopolio estatal, con subsidios y apoyos selectivos. -¿Nada se salva? -No podemos arriar las banderas y concentrarnos en el sufragio. Debimos haber visto las cosas con una visión mucho más integral, más comprehensiva, que pudiera abarcar todos estos aspectos de la sociedad. La raíz es mucho más profunda que la raíz política. La reforma del Estado, por ejemplo, es apenas una respuesta política al problema de la trnasición, pero esto va mucho más allá.

Es difícil hablar de democracia cuando las condiciones materiales para la mitad de la población son muy limitadas. La democracia se finca en la libertad, pero para poder ejercitarla se requieren alternativas. Esas alternativas se van construyendo cuando las condiciones materiales son más amplias, desde la vivienda, la alimentación, la educación, la posibilidad de asumir un empleo, el desarrollo personal. Ésa es la parte oculta del proceso de la transición y del cambio del país.

Éste es un país de dos televisoras, de dos telefónicas, dos cementeras, dos refresqueras, dos cerveceras, dos grupos de futbol, dos grupos de beisbol. Y luego venimos los unos.

-¿Mientras peor nos vaya, más oportunidades habrá para cambiar? Ojalá que ese no sea el camino.

Llevamos varias décadas, dos otres generaciones al menos, viendo como un secretario general de un sindicato festeja 35 años a cargo de esa organización. Explicar ese fenómeno es muy difícil. Este país tiene poca movilidad social. El pobre casi irremediablemente se va a quedar en su lugar: siendo pobre.

Juan Ramón de la Fuente.

Sigue en curso [la transición democrática]. Se logró la alternancia, que fue la barrera en 1988. El estado democrático se encuentra instalado, pero no consolidado. Estamos en tránsito, como cuando viajas a algún lugar y haces una escala. Vamos hacia allá, pero no hemos llegado. Einstein decía que la locura consiste en seguir haciendo las cosas exactamente igual y esperar resultados diferentes. Hoy se abre una gran oportunidad en el debate por la crisis financiera internacional.

Soy el primero que piensa que para que el Estado democrático marche, primero necesita funcionar el Estado de derecho. La única manera de dispiar las dudas es decir: “Pásele, vamos a volver a contar y que haya aquí cámaras y micrófonos, actuarios y notarios”. El hubiera no existe, pero nos hubiera ahorrado este complicado escenario.

El tiempo no resuelve problemas.

La construcción de consensos es posible, pero no es factible cuando se es intolerante con la crítica, cuando se criminaliza la protesta o se imparte justicia de manera desigual. Se necesita un liderazgo fuerte.

Miguel De la Madrid.

-¿Cómo se ejercía el poder con esos grandes sindicatos, cuáles eras los códigos fundamentales de entendimiento para que esa maquinaria funcionara? -Éramos benévolos mutuamente. -Algunos dirían que hasta cómplices. -A veces sí. En general, mi esfuerzo fue combatir la corrupción. -¿Qué tuvo que aceptar? La venta de plazas, los contratos, cosas con las que fui acabando gradualmente. Pero acepto que eso fue gradualmente. -¿Qué le parecía intolerable personalmente pero aceptable políticamente? Por ejemplo, figuras como Carlos Hank González. -Él era un aliado del sistema. Nunca amenazó con violencia a los gobiernos del PRI. -Podía enriquecerse como lo hizo, pero sin violencia. Ésos eran los códigos del sistema. -Sí.

-¿Qué dice a la distancia de haber sido, porque no me lo va a negar; el factor para que Salinas llegara a la Presidencia? ¿Se equivocó? -Me siento muy decepcionado porque me equivoqué, pero en aquel entonces no tenía elementos de juicio sobre la moralidad de los Salinas; me di cuenta después que es conveniente que los presidentes estén mejor informados de la moralidad de sus colaboradores. -¿Qué le decepcionó más de Carlos Salinas? -Principlamente esa inmoralidad que hubo. -Respecto al dinero. ¿Y de su gestión política? -También creo que cometió equivocaciones graves, que le atrajeron la antipatía de ciertos grupos de la población.

Usted creía que Salinas era estudioso, inteligente, honesto, buen muchacho, y resultó que cometió errores muy serios. El peor; la corrupción. -Sí, y sobre todo la corrupción de su hermano. Conseguía contratos del gobierno, se comunicaba con los narcotraficantes… -¿Con quienes? -No sé exactamente, los que le dieron el dinero para llevárselo a Suiza. -Acuérdese que un grupo de empresarios reconocieron una parte de ese dinero. -Por complicidad. -¿Era dinero del narco? -Es posible, sí. -¿Y ellos pusieron su nombre?… -Para llevarse una tajada. Son informaciones muy difíciles de obtener; fue más fácil procesar a Raúl por la muerte de Ruiz Massieu. -¿Es más fácil demostrar un asesinato que la corrupción o los vínculos con el narco? -Sí. -De haberlo sabido usted a tiempo… -Hubiera actuado. -¿Desde cuándo tenía Reúl Salinas vínculos con el narcotráfico? -A partir del gobierno de su hermano. -¿Cuál fue la última referencia que tuvo sobre esa relación? -Desafortunadamente fue cuando yo ya no era presidente. -Enrique Salinas de Gortari fue asesinado. -No se llegó a saber nada, pero a lo mejor estuvo ligado con dinero del narcotráfico.

Denise Dresser.

Veo un país atorado. Un país en el cual una transición -incompleta- que generó enormes expectativas en personas de mi generación parece capturada, obstaculizada por quienes promueven el statu quo y son sus beneficiarios.

El detonador de la transición fueron las sucesivas crisis económicas. La longevidad del PRI se debe en gran medida al aparato clientelar que logró armar; es decir; el PRi no era sólo un partido. era una forma de vida, de repartirse el botín, pues hasta los ochenta hubo mucho que repartir, porque México crecía, teníamos petróleo, etcétera. Pero las crisis de 1985, 1987 y 1988 encogieron el tamaño del pastel, el tamaño del botín que podía repartirse. Entonces el PRI va descubriendo que no tiene militantes, en el mejor de los casos simpatizantes, y las personas que esperaban la gestoría social ven un PRI exprimido por la crisis. Y el Estado mexicano no puede ser ya el gran “ogro filantrópico”; entonces la población empieza a buscar opciones y a usar el voto de castigo contra un PRI -que siente que la gente ya no le responde de la misma manera- y surge una sociedad que, paralela, comienza a movilizarse.

Salinas lo que ahce es arrebatarle al PAN su agenda. La agenda del PAN era liberal, osea, neoliberal; desde su fundación apuesta a un Estado menos intervencionista, al fortalecimiento del sector privado, a la contracción del Estado. El neoliberalismo que comienza a recorrer el mundo a partir de los ochenta es una agendacon la cual el PAN se siente plenamente identificado y por eso instuye que el gobierno ahora va a echar a andar gran parte de esa agenda. Además, si revisas la historia intelecutal de Salinas, en todo lo que empezó a escribir encontrarás que la gente con la que se rodeó traía esa agenda. La llegada de Salinas coincide con el ascenso de la tecnoburocracia mexicana, con esa élite educada en Estados Unidos que ya no cree en el Estado.

Carlos Castillo Peraza: el único candidato en la historia del país capaz de perder un debate contra sí mismo.

Para mí, en este momento, la democracia mexicana es una democracia disfuncional y electoral con enormes lagunas en cuanto a su capacidad de representación real. Somos una democracia tan disfuncional porque nos abrimos a la competencia, pero no a la representación; nos abrimos a la competencia, pero no a la rendición de cuentas. Es decir, seguimos siendo una democracia que funciona muy bien para su clase política y muy mal para sus ciudadanos. El sistema fue creado para permitir la rotación de élites; antes era la rotación de élites priístas y ahora existe la rotación de élites priístas, panistas y perredistas. Para mí la transición no ha acabado; terminará el día en que haya reeleción legislativa, plebiscito, referéndum y una sanción política, electoral, ética, a quienes elegimos, por sus errores y por las formas en las que violan la ley. Pienseo que en la medida en que el cambio se centró exclusivamente en lo electoral y no en lo demás, el sistema político sigue respondiendo a los grandes intereses económicos en un sistema que es el peor de todos los mundos: presidencial, de gobierno dividido y sin reelección. Somo el único país en el mundo, con excepción de Costa Rica, que no tiene reelección. el sistema no fue creado ni modificado para representar ciudadanos. Esto significa que nadie tiene incentivos para colaborar con el presidente en turno. En un sistema con reelección, si el presidente es popular, los partidos de oposición tienen incentivos para ayudarlo. Aquí nadie los tiene; entonces, llegue quien llegue, por más inteligentes, carismático o buen político que sea, se enfrenta a ese obstáculo estructural. Entonces ese presidente, para sacar acuerdos tiene que negociar con los partidos de oposición. Sexenio tras sexenio el verdaderamente fuerte ha sido el PRI, que ha sabido diluir y sabotear reformas o sacarlas a la medida de sus intereses. Cualquier presidente se enfrentaría a lo mismo, y claro, los intereses atrincherados de este país están viendo a quién apoyan y en qué momento. La transición se ha vuelto una transición vetada a cada instante por quienes -los concesionarios, los monopolistas, el duopolio televisivo, los sindicatos, los beneficiarios de los famosos derechos adquiridos- no quiere que el statu quo cambie.

Tan falta buena ciudadanía, que si miras las encuestas […] con la pregunta: ¿Quiere usted un gobierno de mano dura? La respuesta de 70 por ciento es sí. ¿Qué está reflejando eso? Que nuestras libertades democráticas son frágiles, hay muchos que no las entienden y estarían dispuestos a sacrificarlas. Hemos sido educados para acomodarnos, para vivir con la palma extendida esperando la próxima dádiva del próximo político, pera pensar que el mejor político es el que mejor obra pública farónica realiza; hemos sido educados para pensar que el buen gobierno es el que mantiene el orden, pero no hemos sido educados para la ciudadanía.

Si el PRI regresa hay dos grandes responsables: Acción Nacional y Felipe Calderón, por la búsqueda incesante del consenso con los priístas para sacar esas reformitas en el Congreso que no cambian al país y con eso lavarles la cara a todos esos priístas y tenderle la mano a Manlio Fabio Beltrones y a Emilio Gamboa y volverlos interlocutores legítimos.

Siempre digo que lo que define a su sexenio es que frente al PRI se rajó, con Andrés Manuel López Obrador se obsesionó y con Marha Sahagún se casó.

Acabo de desayunar con Dulce María Sauri, quien me dice que está ahí. El proyecto de Enrique Peña Nieto es el pruyecto de Salinas. Salinas moviéndose, Salinas poniendo las piezas en su lugar para que el PRI regrese con Peña Nieto y la gente que lo rodea.

Manuel Espino.

-¿Y sobre Santiago Creel? Muchos elementos hacían pensar que era el candidato de Fox y de Marta. -Absolutamente falso. Esa fue una versión mediática alentada muy probablemente desde el partido. La estrategia era acusar al presidente de favorecer a Santiago Creel, para generar un enojo en los panistas que nunca han aceptado esa actitud y entonces favorecer un proyecto. -¿El de quién? -El de Felipe Calderón. Era su gente la que esgrimía ese argumento. Era muy vendible mediáticamente. Ya como presidente del PAN le dije a Fox: “Yo creo que tú no debes participar”, y el contestó: “No, ni me interesa”. -¿De verdad? -De verdad. Fox ni conocía el partido, hombre. Doy fe de que no hubo esa parcialidad. yo no la vi. Además era el presidente del partido y yo no lo hubiera permitido. -Entonces, ¿fue una maquinación de Calderón? Fue una estrategia de Calderón que le funcionó. Incluso después de ganar la Presidencia, él y su equipo hacen parte de su estrategia la versión de que yo estoy apoyando a Santiago Creel. HOy es la primera vez que lo voy a decir para que se publique: es al último que hubiera apoyado.

Y seguimos polarizando, porque una de las contribuciones lamentables del equipo de Felipe Calderón fue el polarizar la política. cuando le tomé la protesta como candidato presidencial, hice un llamado a respetar a los adversarios. Era una oportunidad de oro para dar testimonio ahora desde el poder, de lo que siempre exigimos al gobierno: respetar a la oposición. Y a las pocas semanas estábamos metidos en una guerra impresionante, una guerra sucia, iniciada, promovida y alentada por nosotros.

Primero que nada celebro que Miguel de la Madrid haya dicho lo que quiso decir, y que deliberadamente haya querido ir en contra de su regla de oro que es absurda. Me parece que ya es anacrónico el criterio que los ex presidentes no puedan tener opinión, y no puedan participar en la configuración política de su país. Me parece muy valioso su testimonio y muy preocupante que aeenas se hace público ese dicho de Miguel de la Madrid , empiezan a moverse por debajo del agua fuerzas que intentan posicionar esa declaración como la consecuencia de una enfermedad, de un estado mental tal vez insuficiente, que lo llevan a una retractación por escrito. Que todavía operen esas presiones, esas fuerzas oscuras, me parece lamentable.

Diego Fernández de Ceballos.

Ciertamente padecemos una subcultura educativa con un fenómeno altamente pernicioso: a niños y niñas, pobres y ricos, a todos se nos educa en la lógica de los derechos y no se toca -salvo excepcionalmente- el mundo de los deberes. Somos ciento y tanto millones de derechohabientes en nuestra patria; los deudores de México no existen, y un país sólo es prospero si cada uno de sus habitantes “de cualquier condición social” se ubica como deudor de su patria y no como acreedor de ella. En nuestro país sucede lo contrario; por eso se encuentra en quiebra permanente.

Cuando se democratizó -entre comillas- el poder, se democratiizó -sin comillas- la corrupción. Esto es importante decirlo. La ley no es capaz por sí misma de cambiar la realidad. Hemos considerado que la sola alternancia de grupos y de personas en el poder traería como consecuencia la democratización de México. Ciertamente hemos avanzado, pero falta mucho por caminar.

En aquel tiempo don Luis Álvarez y el partido apostaron no a buscar si se legitimaba o no una elección absolutamente cuestionada, sino a trabajar con ese gobierno para abrir espacios de alternancia, de cambio, de modernidad y de democracia. Entonces la apuesta era muy clara: no nos interesaba darle una legitimadad al presidente Salinas, si bien nuestra interlocución de facto producía tal efecto, sino dar gobernabilidad al país.

Fox fue inmejorable como candidato pero no alcanzó la misma calificación como presidente, pues muchas estructuras quedaron operando.

-¿Al Peje lo ves en 2012? -Por supuesto que sí; si está con vida, estará en el 2012, y por supuesto que Peña puede ser candidato del PRI y ser ganador, como puede serlo Manlio Fabio Beltrones o cualquier otro de ellos. -Siempre se habla del regreso de Salinas… -¡Pero si nunca se ha ido! En todas partes y a todas horas el señor está operando. No sé con quién, cómo y qué opere. NO me meto en su vida y mucho menos en su vida de priísta. Lo que sí te puedo asegurar es que el señor nuna está ausente. Eso lo sabe todo el mundo político. Puede vivir en la Patagonia, pero está en relación directa con todo lo que está pasando en México.

-¿Y al final de todo esto, qué lecciones te ha dejado la política? -Principalmente dos: la primera, que trates a tus adversarios pensando que algún día pueden ser tus aliados, y a tus aliados pensando que algún día pueden ser tus adversarios. Así no fallarás. Y la segunda: que el bien más valioso que no se puede haer en la política y en toda la vida no es aquel que se hace sin buscar recompensa, sino aquel que se lleva a cabo a sabiendas de que te van a pagar con puñaladas por la espalda.

Vicente Fox.

Como venía de 15 año en Coca-Cola, la mercadotecnia me parecía un instrumento natural, y yo tenía suficiente conocimiento en esos temas. Precisamente en eso tuve mis primeras diferencias con el partido, pues éste planteaba que la estrategia era la ideología del PAN; estos valores que yo llamo etéreos son formidables, pero no dan de comer a nadie.

Nuestra sorpresa, que nunca debió ser sorpresa, porque así lo estilaba el PRI, es que efectivamente había urnas llenas antes de empezar la votación. Lo que hicimos en ese momento fue dar una rápida instrucción a todos los ciudadanos que teníamos destacados en los primeros lugares de la fila para que sacaran las urnas, las abrieran, hicieran pilas con las boletas sembradas y las quemaran ahí mismo. Hay testimonios de esta acción, pues toda la prensa sacó fotos de las pilas de boletas a la hora de abrir las casillas, cuando apenas eran las 8:30 de la mañana o poco antes.

En la empresa planeas, tienes reuniones, analizas, profundizas, discutes con seriedad, aprovechas el tiempo, llegas a conclusiones, tomas decisiones y pones en marcha acciones. Aqui entras literalmente en un herradero, entras y ves 30 individuos, 500 individuos en un herradero, todos hablando como en un mercado mientras que el dominante PRI controlaba la tribuna, las comisiones, los tiempos para hablar, los acuerdos.

Carlos Fuentes.

Fue muy lamentable para la democracia mexicana que el primer gobierno de alternancia que sucedió al PRI dejara tan escasos resultados. Se me hizo un periodo de desencanto profundo con la partidocracia mexicana; ya se sabía que el PRI era corrupto; ahora sabemos que los otros partidos también tienen colita que pisarles.

Mientras no tengamos un Poder Judicial fuerte, independiente, capaz de investigar los actos de gobierno para juzgarlos, y de absolver o condenar a los actores del gobierno, vamos a vivir en una especie de impunidad a partir de simpatías, diferencias o alianzas y realidades muy frágiles.

Un poder inteligente es el que va cubriendo espacios y permite libertades porque sabe que es la única manera de conservar el poder.

Dejó pasar el momento histórico. Eso es lo que se le puede achacar a Vicente Fox.

A partir de la Guerra Fría han vuelto los gobiernos democráticos, gobiernos de coalición como los de Ricardo Lagos, Fernando Henrique Cardoso, Álvaro Uribe. Son gobiernos que han reinstaurado las instituciones democráticas, los procesos electorales, la libertad de prensa, la libertad de asociación, los sindicatos, toda una serie de cosas que son fundamentales para la democracia, pero con la mitad de la población viviendo en la pobreza. Ese 50 por ciento es el que está diciendo: “Qué buena es la democracia, pero a qué hora comemos”. Y es eso lo que da pie a gobiernos de izquierda en América Latina.

-¿Es posible la involución? – Es tan posible que puede llegar a la dictadura, al régimen militar. Yo no quiero eso pero todo es posible en un sistema tan confuso como el de México, pues puede haber un momento -no lo veo y lo voy a decir muy a pesar mío- en que un régimen militar diga: “Se acabó este carnaval, vamos a poner orden”.

No hay una política encaminada a esto; se cree mucho que la iniciativa privada va a proporcionar empleo, pero no hay un programa ejecutivo desde el gobierno para movilizar al país, para hacerlo aprovechar sus enormes recursos. Es un país riquísimo. ¡Oye, es un país tres veces más grande que España! Tiene todo si queremos utilizarlo; pero no queremos porque somos comodinos, porque el bracero nos va a mandar el dinero, porque va a venir el turista. ¡Chinguen a su madre, se acabó, eso se acabó! Tenemos que pensar en otras dimensiones, en cómo este país puede crecer a partir de su propio esfuerzo.

En el curso de 15 años se publica El príncipe de Maquiavelo, La utopía de Tomás Moro y El elogio de locura de Erasmo de Rotterdam. Creo que la verdad está dividida entre los tres: Maquiavelo dice lo que “es”; Tomás Moro dice lo que “debe ser” y Erasmo dice lo que “puede ser”. Yo creo que entre los tres hay que pensar no sólo en lo que “es”, sino en lo que “quisiéramos que fuera” y finalmente en lo que “puede ser”. El erasmismo finalmente tiene una figura y una obra máxima en Cervantes. El Don Quijote -una obra erasmista- nunca se relaciona con Erasmo porque la Inquisición no lo hubuiera permitido. Es la teoría de lo que “podría ser” dadas las circunstacias reales y eso es lo que debemos buscar en México: no tanto conformarnos con lo que “debe ser”, tampoco contentarnos con lo que “puede ser”, sino trabajar en ello. Por eso hemos estado hablando todo este tiempo de lo que “puede ser” y no más, porque no tenemos la bola de cristal absoluta.

Los partidos de la Revolución cumplieron en gran medida con toda una serie de factores que le dieron estabilidad al país y le perdonaron muchos vicios al gobierno en nombre de las virtudes del mismo gobierno. Pero en 1968 el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz se suicidó; ya no fue posible creer más en un gobierno revolucionario después de la matanza de Tlatelolco -la gran herida de la Revolución Mexicana. En 1968 el pasado concluyó y se inició una nueva etapa en la que los gobiernos que siguieron a Díaz Ordaz trataban de legitimarse y legitimar a la Revolución como una concesión y ya no se les creía. Hasta el momento en que Ernesto Zedillo decidió abrir esto con elecciones libres para que la oposición llegara al poder. Primero es un proceso de legitimación y de deslegitimación paulatina entre 1968 y la elección de Vicente Fox.

Es una transición con mala suerte, es una transición democrática que ha coincidido con narcotráfico, con violencia, con crimen, con descenso del turismo, descenso del precio del petróleo; todo lo que podía haber sostenido una transición en términos sociales y económicos ha sufrido un embate espantoso. Es una transición malhadada en cierto modo porque todo lo que tenía que sostenerla se desplomó.

Miguel Ángel Granados Chapa.

En 1997 entró en crisis el PRI, en 200 el presidente. Ambos fueron sustituídos por poderes oligárquicos, no por la democracia, sino por poderes políticos y fácticos. La televisión dependía del presidente; ahora el presidente depende de la televisión. Porque no se dio el paso al pluralismo de partidos, sino a las oligarquías de los partidos. No está representada la gente, el público, la ciudadanía, la soiedad, sino los grupos que la controlan.

Televisa sirvió al Estado durante los dos primeros Emilio Azcárraga [Vidaurreta y Milmo]; a partir de Emilio Azcárraga Jean -no necesariamente por su personalidad, sino porque supo entender la nueva etapa- la televisión le ordena al Estado. Ahora el Estado se sujeta a la televisión.

En 2006 dimos un paso atrás, y como el IFE no quiere reconocer que se perdió la confianza, no se da a la tarea de recuperarla. El dato fundamental para la transición, desde el punto de vista electoral, es la autonomía del IFE, que el gobierno ya no tenga que ver ahí. En la etapa en la que yo participé, el gobierno todavía decidía. Era absurdo. Éramos 11 miembros con derecho a voto, pero si no estaba el presidente del Consejo no había quórum. Podíamos estar 10, pero si no estaba Emilio Chuayffet, Jorge Carpizo o Esteban Moctezuma -que fueron los tres presidentes de esa época- no había quórum. Explícitamente esa era la regla, era la mayoría de humo.

Fox era un no político, un hombre ignorante de la vida pública, que tuvo en su favor ese hartazgo y una personalidad apetecible para el mexicano medio, un ranchero franco, sin los dobleces de los políticos del altiplano, sin la retórica tradicional, que había trabajado para la Coca-Cola, que se decía que había sido muy exitoso; pero no lo era, no había sido un empresario exitoso. Era un demócrata de pacotilla, porque no entendía, no era un hombre con preparación política y sin embargo fue buen andidato porque representaba algo distinto a lo usual, sobre todo enfrentado a Francisco Labastida.

Rosario Ibarra.

-Eres una especia de mamá de Marcos. -Algo así, yo así lo sentí, lo sentí como un hijo, él así me trataba. -¿Y qué pasó con la mamá de Marcos? -Pues te voy a decir algo, pero eso no lo he desparramado; Marcos me mandó decir que ya no quería que fuera. […] Una amiga chilena, que también es zapatista, me dijo: “¿Pues cómo querías que no se enojara contigo y con Elena [Poniatowska], hombre, si se le fueron sus dos viejonas?” -¿Cómo que se le fueron? -Nos fuimos con Andrés Manuel. Hazme el favor…

Hay varias anécdotas, como cuando una pareja de hermanos que recibieron un reconocimiento, porque alfabetizaban en la Sierra Nortte de Puebla, se aprovechan de la oportunidad para hablar con Zedillo y le dicen: “Ay, señor presidente, nuestro padre está desaparecido”, y con un cinismo inaudito el presidente les dice: “Hablen a Locatel”. Fue una cosa espantosa. Lo mismo cuando le dijo “No tengo cash” a la pobre mujer que le pidió una limosna. Un cínico redomado, ése era el ambiente que prevalecía.

Lo que más me da tristeza es ver a un hombre con un muchacho aquí y otro arriba, el abuelo, el padre y el nieto. Tres generaciones sin presente y sin futuro. ¿Qué van a hacer éstos y los que vengan? ¿Qué más van a hacer? En la Comisión de Derechos Humanos que presiden las senadoras del PAN me dicen que no me meta en esas cosas, que nada más me dedique a legislar. ¿A legislar sobre qué?, les pregunto.

Enrique Krauze.

Entonces Cuahutémoc (quien, me consta, estaba por irse al Wilson Center) se decidió por la escisión. Clartamente Porfirio, Cuahutémoc y su generación comenzaron a decir que no podían irse por la vía neoliberal. No había una buena relación con De la Madrid, quien tuvo una actitud displicente con ellos, diciendo que si se querían ir que se fueran, pero realmente nunca calibró lo que vendría.

Mi posición era que, aun cuando la reforma fuera correcta, era incorrecto imponerla desde arriba. Es decir, si una reforma política no proviene de un consenso desde abajo y de un debate político, sin duda será frágil. Creo que todo el diseño corporativo y los intereses creados y acumulados por decenios en el sistema político mexicano tenían que empezar a desmontarse. (Por cierto, el entramado sigue aquí y necesitamos desmontarlo, y ese ejercicio se llama liberación. Es el gran pendiente y es un tema muy impopular. Para la izquierda tomar esa bandera es difícil pero debería hacerlo). En fin, yo estaba de acuerdo en que tenían que liberalizarse algunas de esas estructuras, pero no estaba de acuerdo en el modo; me disgustaron, por ejemplo, las súbitas privatizaciones. Mi postura era que si no se instauraba la democracia, con elecciones libres y limpias, de nada servirían esas reformas porque la corrupción continuaría. Estaba en contra de la verticalidad total y parcial. Quería una plaza pública, no una pirámide. Salinas se negó.

En esas primeras palabras, que yo vi en televisión, Colosio dijo: “Quiero ser candidato a la Presidencia por el Partido de la Revolución Demo…, perdón, por el Partido Revolucionario Institucional”. ¡Eso fue lo que dijo! Fue el primer lapsus que te indicaba que no quería ser candidato. Creo que para ser político en México necesitas quererlo de verdad y Colosio lo vivía como cosa del destino; adentro, en sus entrañas, no era un animal político puro.

En resúmen, ya no le queda muy bien la figura icónica [al subcomandante Marcos]; es un guerrillero de 54 años. Hasta en la guerrilla la edad cuenta.

Salinas es un personaje muy inteligente, muy fuerte y relativamente joven que siente que introdujo a México reformas muy importantes -y tiene razón- y que guarda el supremo agravio de sentirse incomprendido por la historia. También creo que la vía modernizadora que él propuso, junto con el liberalismo social, es la vía para México, y que debido al drama que le ocurrión en 1994 perdió el aprecio y la comprensión públicos, y tiene que reivindicarse. Creo que eso es lo que ha estado haciendo.

Francisco Labastida.

Durante más de 30 años el país tuvo un crecimento económico superior al 6 por ciento, una generación de empleo superior al crecimiento demográfico y una política sana de financiamiento de la obra pública. Este mismo periodo tuvo rezagos notables en algunos sectores sociales y en educación, y esto se trató de cubrir de manera acelerada con dos gobiernos: el de Luis Echeverría y el de José López Portillo. Éstos quebraron totalmente las finanzas públicas de México. Contábamos con una deuda externa de tres mil millones de dólares que en ese periodo pasó a 68 mil millones; u déficit equivalente a 16 por ciento del PIB que provocó una inflación acelerada y la ruptura del crecimiento económico. Influido por la expropiación de la banca, el sector de los hombres con dinero cambió de posición política. -Se va al PAN… -Si, lo pasa a apoyar directamente. Amí me tocó presenciar desencuentros muy fuertes entre miembros del sector privado y el presidente De la Madrid. Estor grupos económicos comenzaron a impulsar las universidades privadas como un proyecto educativo con un trasfondo ideológico-político. En 1982 me desempeñaba como subsecretario de Programación y Presupuesto -año de la expropiación de la banca- y me tocó elaborarle un programa al presidente electo para salir de la crisis. El escenario menos pesimista indicaba una pérdida de 700 mil a un millón de empleos en el primer año, la inflación estaría rondando 60 por ciento y habría un retroceso en el nivel de vida de 15 a 30 por ciento. El Banco de México tenía sólo 230 millones de dólares y no 1800 millones, como se afirmaba. Entonces le dije: “Presidente, posiblemente todo su mandato sea sólo para paliar los problemas”; a lo que él respondió: “Quizá se necesiten dos gobiernos”. En esos momentos fue cuando acuñó la frase de que no permitiría que el país se le deshiciera entre las manos, pues le quedó muy claro que existía el riesgo de un estallido social. Hoy en día, el desempleo y el subempleo en México explican por qué penetra con tanta facilidad el narcotráfico. Somos entre 150 y 107 millones de habitantes. La población económicamente activa es de 48 millones de personas, de las cuales 14 o 15 millones cotizan en el Seguro Social y tienen sus beneficios y sus créditos para vivienda. En el ISSSTE hay otros dos millones y medio o tres millones de personas. Si haces la suma no llegas a los 20 millones. ¿Dónde están los 28 millones faltantes? Son las señoras que venden quesadillas en un anafre, el que vende refrescos en el Periférico, el que limpia los cristales en el semáforo. Es un caldo de cultivo que permite que cualquier señor llegue a ofrecerles dinero para meterse en la criminalidad.

-¿La transición se acabó, fracasó, sigue en curso, dónde está? -Tiene varias divisiones. Inicia quizá desde que Jesús Reyes Heroles hace las modificaciones a las leyes electorales en 1977. Y culmina, por así decirlo, en 2000, como un simple cambio de poder. -¿No es un cambio de régimen? -No. Es un cambio de poder. Un partido tuvo la conducción en lugar de otro partido, pero nada más. ¿Qué hizo el gobierno de Fox para cambiar? Afortunadamente no logró lo que deseaba. ¿Y qué deseaba? -Vender PEMEX y la CFE a los empresarios norteamericanos y el Seguro Social y el ISSSTE a los industriales mexicanos. Ésa es la síntesis de lo que quería hacer.

Andrés Manuel López Obrador.

El fundamento que permitió el desarrollo de la delincuencia en México a los niveles que estamos es por dos cosas fundamentalmente: con la desatención al pueblo y con la corrupción y la impunidad. Entonces, en conclusión, ¿cuál es el problema de México? ¿Por qué la crisis de México? Por el mal gobierno. Al momento de que hay un grupo que se queda con todo, que se apropia de todo, genera un desequilibrio. No hay ya un gobierno del pueblo apra el pueblo, sino uno que está condenando, sí, a la mayoría de los mexicanos, a la supervivencia, al destierro. Es lo que ha venido sucediendo. ¿De dónde viene la inseguridad, o de qué se nutre? Está demostrado aquí o en China que si no hay una sociedad mejor, crece, prolifera la delincuencia.

No hay diferencias entre el PRI y el PAN. Hablando de las cúpulas no hay diferencias entre Vicente Fox y Carlos Salinas, entre Felipe Calderón y Manlio Fabio Beltrones, entre Elba Esther Gordillo y Fernando Gómez Mont. Representan lo mismo. Se pueden pelear cuando no se trata de cosas fundamentales. Hay diferencias, se pelean para ver quién atiende con más servilismo a los banqueros.

Es muy interesante cuando hablas de Zedillo, sobre cómo Zedillo permite cierta apertura en el terreno de la democracia formal; esto es el IFE, las cámaras y otras cosas. Debes de tomar en cuenta que en ese entonces no percibían ellos ningún riesgo para el modelo económico dominante. La apuesta a la democracia acotada no iba a significar pérdida de poder para los potentados, para los oligarcas. No había señales. Era optar entre la Coca-Cola y la Pepsi-Cola, que a final de cuentas significan lo mismo.

¿Tú crees que me atrevería a decir todo lo que digo si tuviera una doble vida o actaura de manera hipócrita?

Hubo la primera diferencia de fondo. Él quería [Fox] que lo apoyara para establecer el IVA a alimentos y medicamentos. -¿Cómo te lo planteó? -Con su lenguaje de estadista: “Hay que hacer más grande el pastel para que nos toque a todos”.

Alonso Lujambio.

Hay toda una mitología en México sobre las inequidades que supuestamente generan que el ciudadano medio tontorrón tome una decisión sólo a partir de lo que ve en los spots o del anuncio que hace el presidente y que ocupa las ocho columnas en los periódicos.

Por supuesto que hay un problema gravísimo y creo que la estructura municipal en México no nos está ayudando. ¿Por qué? Pues porque está muy fragmentada, hay demasiadas policías; si fuéramos un régimen unitario, digamos, no sé, como el francés quizá, podríamos enfrentarlo de manera mucho más vertical. La cuestión es cómo armonizar una policía única en nuestro sistema federal. Eso es muy complejo y nadie a encontrado la solución. Te lo voy a poner así: si todas las cabezas de la policía en los municipios fueran una decisión federal, difícilmente jugarían ese juego del chantaje; simplemente porque la decisión no se tomaría en ese nivel.

Lorenzo Meyer.

La contradicción política fundamental entre su marco legal democrático liberal y su sistema real de poder autoritario y de partido dominante se resuelve quemando partes de este barco nacional. Vende las empresas estatales y eso le da de momento recursos; a la larga hará más pequeño el Estado, usará el Pronasol para aguantar las reacciones inmediatas, el descontento de las elecciones de 1988 y el fracaso del PRI -nunca sabremos la magnitud del fraude-, y se valdrá del Estado que creó la Revolución; lo va a meter a la caldera, lo va a quemar para que el barco llegue al puerto que Estados Unidos provea y ahí lo va a reconstruir. Estados Unidos no le pide cambio político, le pide cambio económico. Salinas está dispuesto, hay una coincidencia de intereses y marcha del 88 al 94 con este nuevo proyecto. Veo entonces el año 1988 como un momento de crisis de todo el sistema y de todo el proyecto nacional, en el que la clase política encabezada por Salinas se juega el todo por el todo para salvarse a sí misma; salvarse ellos como clase, luego a su sistema político y, por último, si se puede salvar al país, es ganancia, pero en primer lugar era salvarse a sí mismos.

El PAN no hizo nada más que estar ahí cuando el sistema se descompuso. Es como el mecánico que está ahí en la carretera cuando de repente se descompone el auto. Pudo no haberse descompuesto el carro y pudo el PAN haberse quedad ahí en la carretera, diciendo: “Se hacen talachas políticas”, y en la brega eterna, pero en ese momento se dio esa coincidencia. El sistema entra en crisis interna y necesita a alguien dispuesto a ser el aliado conveniente. Ése es el PAN y ésa es la Iglesia. Es que la élite del poder, no la política, sino el grupo que controla el capital, la cultura, las universidades, las televisoras, las fórmulas que envuelven a todos los grupos de liderazgo intelectual, económico y religioso en México,, no ve en este cambio nada que sea de temer; al contrario, le van a cobrar a la clase política sus estupideces y su corrupción. “Ah, necesitan alguien que los salve; muy bien, nosotros los salvaremos, vamos por la derecha todos, pero ustedes me van a dar algo, van a compartir con nosotros el poder”. La salvación tiene su costo, la Iglesia y el Vaticano requieren ser reconocidos, el PAN exige deshacer el ejido y el reconocimiento de triunfos que por la vía del fraude les había quitado; el fraude contral el PAN no, el fraude contra la izquierda sí, porque en eso el PAN y Salinas tienen el mismo interés: que el fraude se haga sobre los bueyes de mi compadre, la izquierda.

Y va a decir [Salinas] que el “error de diciembre” de 1994 no es suyo. Dirá lo que quiera, pero Ernesto Zedillo es el salinismo. El error estuvo en no devaluar en 1994, antes de la elección; pero si Zedillo gana con 50 por ciento de los votos emitidos gracias a que no se devaluó y a que se hizo una promesa falsa, ¿qué hubiera pasado si siguiendo la propia lógica económica se hubiera devaluado en 1993? Entonces viene la inflación y sus repercusiones inmediatas; la economía se hubiera ajustado un poco más y no habría sido tan brutal, pero no habría ganado Zedillo. Necesitaban otro fraude y no quiso hacer otro fraude tan descomunal porque de todas maneras es un partido de Estado el que va a competir en 1994.

¿Fox que puso? No puso absolutamente nada, no quiso correr ningún riesgo propio de un estadista. Tenía la obligación de seguir con esto hasta el final, pero se comportó como un mediocre, como una gente chiquita, como gente de San Cristóbal. No estuvo a la altura, se colocó en una situación ridícula, francamente vergonzosa. Fue una oportunidad histórica para él personalmente, para pasar entre los poquitos, podía haber pasado dramáticamente, opdía haber pasado gloriosamente y pasó ridículamente, mediocremente. Entre la gloria y la tragedia se quedó con la ridiculez de su matrimonio, de su esposa como asesora política. En fin, el mundo visto desde Zamora.

No veo ninguna contradicción entre la mediocridad y la militarización. La mediocridad de la clase política y del liderazgo echa mano de la institución de última instancia. Al caer las otras posibilidades se llega a la trinchera final, el Ejército, las fuerzas armadas, no hay más; detrás de ellos no hay nada. En las crisis, a la derecha siempre le ha gustado aparecer como la mano dura. A nadie en su sano juicio le da por vestirse de militar, siendo el presidente del país, en una República dirigida por civiles. No veo a Obama poniéndose un cuasi uniforme, porque ni siquiera era uniforme completo, no estab bien hecho, era una cosa lastimosa verlo así, pero a la derecha siempre le ha gustado la fuerza, es la mano fuerte; este país necesita disciplina, el Ejército. Y tuvo éxito al principio, porque la prensa, la radio y la televisión muestran a Calderón al lado del Ejército. En una sociedad que está desesperada, de repente hay alguien que sí sabe por dónde va,nada de babosadas a lo Fox, vámonos a la carga, contra la trinchera enemiga, ¿y cuál es la trinchera enemiga?: el narco. En realidad, al mexicano común y corriente el crimen que le preocupa más no es el relacionado con el narcotráfico, sino con el asalto, con el robo en el micro, en las calles; contra ése no se fue, contra el enemigo del mexicano normal no se fue; se fue contra un enemigo muy extraño, que es producto de la vecindad con Estados Unidos y es dificilísimo acabar conél, porque la raíz del narco está en los dos países, tiene una patita allá y otra patita aquí; si le cortas la de aquí pero mantienes la de allá siguie nutriéndose. Los nutrientes están en las dos partes. Estados Unidos fue el que proclamó la guerra contra el narco en la época de Nixon, pero ahora la guerra que les importa está en Afganistán.

Esa es la diferencia entre el político y el estadista. El político solamente ve para el día de mañana, el ejercicio del poder, el beneficio personal; el estadista ve más allá de lo que tiene en su espacio vital, generaciones adelante; lo mismo el gran empresario, o la gran clase dirigente en el sentido más puro del término. Noblesse oblige significa que justamente por los privilegios de la nobleza que yo disfruto, tengo unas obligaciones superiores a las de cualquiera y mi obligación está con los no nobles, con los plebeyos.

-¿Y qué de Andrés Manuel López Obrador y su nueva circunstancia? -Me llama la atención su tenacidad, el proyecto de crear un movimiento social. En México los movimientos sociales no podían subsistir, pues son por definiciones antagónicos al sistema autoritario, una de cuyas características es no poder tolerar la presencia de movimientos sociales independientes. O son movimientos creados por el sistema, o los tolera nada más un ratito y los desaparece.

Carlos Monsiváis.

Un sector muy grande del país entiende los beneficios de la unidad y sabe que de no resistir, el aplastamiento crecerá porque el repertorio de la clase gobernante es muy vasto: los medios electrónicos, la mayoría de los medios impresos, el medio de un amplio sector de las clases medias que cree defenderse detestando a los que discrepan, las interminables campañas de odio que, así se concentren todavía en Andrés Manuel López Obrador, ya se dirigen a todo inconforme.

Esto es por lo menos anacrónico. En funciones de gobierno el inventarse a la minoría protectora es de un paternalismo errático y muy conservador, como cuando afirma que la muerte de Michael Jackson es un ejemplo de lo que pasa cuando se vive sin Dios. Marcial Maciel, que no cantaba ni bailaba, vivió con Dios y allí están los resultados.

-Me parece que esa entrevista [con Miguel De la Madrid], y sobre todo la reacción que provocó, nos puede retratar cómo se ejerce el poder en México hoy. En un mismo miércoles: la difusión de la entrevista, la operación silenciamiento en su casa, la decisión de emitir un desplegado inmediatamente, la carta que envía Carlos Salinas de Gortari, el silencio de las dos televisoras, la presencia diferenciada del debate en la radio y una amplia cobertura en la prensa. Esas horas retrataban cómo es que los factores de poder al final de cuentas oueden quedar así, en evidencia, con un solo acontecimiento. -¿En evidencia ante quienes? -Pues a quienes siguen estas informaciones. -Lo que también te revela el episodio es el desfile de creencias o de dogmas del grupo en el poder. Uno, lo que no aparece en la televisión de manera destacada, no existe. Dos, lo que se diga, a menos que se acuñe una frase notable (“Comes y te vas”), nace para el olvido en el primer segundo (“Te desdices y te borras”). Es decir, tampoco existe. Todo acontecimiento por importante que sea, trae consigo su certificado de defunción rápida. Pensar que algo perdura en una sociedad tan convulsa y tan dinamizada por la internet, la moda o el chisme de hoy es aferrarse a la ensoñación. Tres, por grande que sea la resonancia de un conflicto y la incapacidad demostrada de los gobernantes, no perdura lo suficiente para incluirse en el imaginario colectivo -el cual está hecho de remembranzas, admiraciones perdurables y alucinaciones que se llaman indistintamente memoria o rencor-, es decir, sólo existe para los memoriosos, lo que lleva a la filosofía de la clase o el grupo gobernante: “Yo me desdigo porque nada más lo dije”. ¿Qué hay aparte? No sabemos, porque no hay encuestas sobre lo que se quiere manipular a diario, pero sobre la memoria histórica no hay, ni puede haber. Así, los locutores preguntan: “¿Cuál era la profesión del cura Hidalgo? ¿Qué puesto ocupaba en su gobierno el presidente Juárez?”.

El ataque al Estado laico ha sido permanente, feroz en momentos y ahora, insisto, alcanza una de sus cumbres con la ley antiaborto que llega al extremo en Querétaro al pretender castigar con cárcel a púberes que han sido objeto de violación.

Ecolalia -la enfermedad que consiste en repetir lo que acabas de oír.

Pero eso todavía no se ha dado [la violencia…] pero sí se ha dado en otro [sentido]: la violencia intradoméstica: según las estadísticas -que se han vuelto mi nueva religión, todas las mañanas rezo ante ellas- el 54 por ciento de los hogares la sufren. Eso ya es estallido social y violencia salvaje.

La noción tradicional del fracaso se disuelve con la masificación. En mi generación sí se sabía quiénes fracasábamos y quiénes no; ahora, cuando tantos fracasan, esto se vuelve un destino común y éste te da la idea de un país distinto.

No se puede ya insistir en transiciones, democracias, etcétera, mientras exista una desigualdad del tamaño de la que vivimos.

Porfirio Muñoz Ledo.

Antes está la toma de la ciudad por la gente, el terremoto de 1985. Eso es fundamental, por las buenas y por las malas razones, por las dos. No quisieron meter al Ejército a la reconstrucción y no tenían un plan B; no sabían qué hacer, se hicieron bolas. La gente tomó la ciudad. En el terremoto nació el ciudadano del Distrito Federal; el ciudadano no existía. Éste era uno de los tres pilares del sistema; presidencialismo intocable, partido hegemónico y total control sobre la capital de la República. Control territorial, luego lo demás: control de masas, control político, control administrativo, control militar de la ciudad.

Transitamos de un mocentrismo a un policentrismo político-social, pero de lo que se tratan las transiciones es de una transferencia del poder en primer término con sentido democrático, es decir, la aparición de la ciudadanía a través de procesos electorales. Para mí eso es lo más importante, formas de democracia directa sin las cuales no se entienden las transiciones contemporáneas: plebiscito, referéndum, iniciativa popular, revocación de mandato. Una transfernecia de poder hacia la población y una nueva funcionalidad del poder. Es decir, que haya un sistema político que merezca ese nombre, donde sus partes funcionen, primero, para un adecuado y ooportuno sistema de toma de decisiones y, segundo, para un buen equilibrio de poderes, que no es solamente Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Eso es lo que se llama distribución horizontal, pues hay una distribución vertical: estados, municipios y comunidades. Y eso no está funcionando.

La cúpula, la toma de decisiones, está en manos del PRI. Eso empieza con Fox, pues su alianza perfecta con Elba Esther Gordillo, líder de la Cámara, y su segunda alianza perversa con Roberto Madrazo para el desafuero, son el reconocimiento de que sin el PRI no pueden tomar grandes decisiones. Entonces, la calle es de la izquierda, el sistema de toma de decisiones es del PRI y por eso regresó Carlos Salinas, que es el símbolo de todo esto. ¿Y el PAN, qué? El PAN tiene la administración federal, el Ejército, el sistema de seguridad, […] el presupuesto compartido con el PRI.

Televisa nace como una oficina de Los Pinos en la época de Miguel Alemán Valdés, y en la época de Fox, Los Pinos termina como oficina de Televisa. Nunca había visto tal majadería de estas gentes, tal descaro. Independientemente de lo que haya hecho o no haya hecho Santiago, lo están castigando por ya no ser de los suyos: se parece a una ejecución de los narcos. Entonces es una ejecución fotográfica por haberlos traicionado. El hombre de la Ley Televisa, del decretazo, de los permisos y de las apuestas.

Como dijo aquel narcotraficante brasileño: “Bueno, los del problema no somos nosotros; lo tienen ellos y nosotros no le tenemos miedo. Hemos ocupado el espacio social que el Estado ha abandonado. Las favelas no son de ellos, son nuestras. Nosotros hemos aprovechado la miseria y le hemos dado su manera de mirar a la gente”.

Luis Carlos Ugalde.

Fox contribuyó a la percepción que hoy tiene un segmento de la población de que fue una elección con los dados cargados. Abusó de su condición, no violó la ley. Generó la percepción de que quería evitar que ganara López Obrador. -¿Qué fue lo peor que hizo Fox? -Convertirse en jugador, en ves de ser un árbitro neutral como jefe del Estado mexicano. Fue una enorme irresponsabilidad que lo descalificó. El IFE no detectó ninguna movilización de recursos a favor de la campaña de Calderón. Hubo movilización de la investidura presidencial y de su retórica para favorecer la continuidad de su gobierno y atacar de manera implícita e indirecta a López Obrador. También es posible que Alejandro Encinas, jefe de gobierno del Distrito Federal, de manera retórica apoyara al candidato López Obrador.

La nuestra es una democracia iliberal. Contamos votos, pero coexistimos con demandas de que se hagan excepciones a la ley; contamos votos, pero hay excepciones en la regulación de mercados de las industrias; contamos votos, pero hay influencia desmedida de poderes; contamos votos, pero no hay igualdad de acceso a la ley.

Lo que yo viví es que había 281 mil spots y que se hizo un esfuerzo para hacer una investigación global -que no solo intervinieran los partidos sino los concesionarios- y los partidos se opusieron, incluido el PRD. Se convino con la amenaza de destitución de los consejeros y se nos sugirió que mejor cerráramos el capítulo. El IFE quedó en una situación de enorme vulnerabilidad, al estar investigando uno de los casos de impunidad más graves que ha habido en México en los últimos años. Según los cálculos que tenía el IFE en su momento, en el caso del PRI la multa inicial iba a ser de 260 millones de pesos, porque estaba muy cerca de rebasar el tope de campañas y la multo pudo haber sido mucho mayor que el Pemexgate. Lo que hizo el IFE después es decisión del IFE, no me gustaría especular.

Así como tiene que haber más pluralidad y más competencia en la vida sindical, en los negocios, en el petróleo, también tiene que haberla en los medios electrónicos de comunicación. El Congreso usó la ley electoral como una manera de compensar su inacción en materia de radio y televisión; es decir, en lugar de promover una mayor competencia en esa industria a través del sistema que tiene el gobierno para generar concesiones, trata de hacer prohibiciones mediante la ley electoral. Es un medicamento equivocado. Si hubiera más competencia en la industria de los medios electrónicos, este debate sobre la gratituidad del acceso sería menos importante.

José Woldenberg.

En el IFE solía decir que la confianza es una construcción difícil que avanza por micras y retrocede por kilómetros.

El año 1988 fue la expresíon más decantada de que México era un país plural y la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas logró coagular un movimiento sumamente importante. La cara venturosa de ese año es que fueron las primeras elecciones presidenciales auténticamente competitivas. La cara no venturosa es que las normas y las instituciones no estaban capacitadas para procesar esos resultados de manera transparente y confiable. Resultó una contradicción de libro de texto: una sociedad plural que encontraba en los partidos y en los candidatos referentes diversos y unas instituciones incapaces de hacerse cargo de la realidad.

Los años de las concertacesiones son los noventa, en las que teníamos una competencia electoral a la alta y con unas instituciones y unas normas que no podían resolver los problemas. Las concertacesiones tenían una virtud: desmontaban los conflictos. su parte horrenda es que permitían que negociaran el voto; se generó una forma de comportamiento en que las cosas se decidían en otro lugar. Fueron el último momento de este tránsito: no teníamos las instituciones ni las normas, ¿cómo lo resolveríamos? Hablando y pactando, que es la vieja fórmula de la política en todo el mundo y que, por cierto, es una gran fórmula. México es un país democrático desde 1997 y esto no quiere decir que sea el paraíso, ni la etapa última a la que podemos arribar. Democracia debe entenderse como se entiende en los libros de texto de todo el mundo: una fórmula, una forma de gobierno que cobija una pluralidad de opciones y esta pluralidad compite y convive.

Una de las premisas de la democracia es que los poderes constitucionales modulen y regulen a los poderes fácticos. México es ua democracia. Cuando uno dice esto parece que se está diciendo que México ha resuelto todos sus problemas. Tenemos una forma de gobierno democrática; eso es todo. Falta todo lo demás, comenzando por la desigualdad que es el caldo de cultivo de la instatisfacción de la gente. Y entonces cabe la pregunta especulativa: ¿por qué duró tanto el régimen del PRI? Dado que la economía mexicana creció entre 1932 y 1982, la expectativa de la gente era que sus hijos iban a vivir mejor que sus padres y se cumplía. Existía una especie de consenso pasivo que al final se rompió con la modernización. Esto ha sucedido -por desgracia- con el proceso de democratización de México y ha coincidido con un largo proceso de estancamiento.

El problema del narco es que empieza a cumplir dos de las funciones sustantivas del Estado: el ejercicio de la violencia, que se suponía exclusivo, y el cobro de impuestos. Por la vía de la extorsión está convirtiéndose en una especie de Estado paralelo.

Extra.

[Miguel De la Madrid] A la opinión pública. Con relación a la información divulgada el día de ayer por Carmen Aristegui, deseo precisar lo siguiente: Actualmente me encuentro convaleciente de un estado de salud que no me permite procesar adecuadamente diálogos o cuestionamientos, tal como consta en las grabaciones difundidas por la señora Aristegui, en las que mi tono de voz se escucha débil y confuso. Por lo que dejo en claro que después de haber escuchado la entrevista con la seoñra Aristegui, mis respuestas carecen de valides y exactitud.

[Carmen Aristegui] Lo dicho por el ex Presidente se dio en el marco de un encuentro plenamente acordado. La editorial Random House Mondadori y yo misma solicitamos, con la debida anticipación, la cita del encuentro, el horario y el lugar de su realización con motivo de un proyecto editorial en curso. La entrevista se realizó en su propio despacho. El ex Presidente estaba sentado, serenamente, en su escritorio con una grabadora a la vista de él y de sus colaboradores, ataviado para la sesión de fotos que realizó Ricardo Trabulsi inmediatamente después de la entrevista. Estuvo amable y con una muy claras disposición a dialogar. Lo dicho por De la Madrid se dió, pues, en un marco de total aceptación suya y de su entorno más inmediato. Resulto insostenible sugerir que lo que dijo, lo dijo sin tener conciencia de ello. El día anterior a que se transmitiera esta entrevista en Noticias MVS hice una llamada telefónica a la asistente personal del licenciado De la Madrid, Delia González, para pedirle que le comentara que había decidido, por un claro interés periodístico, adelantar la divulgación de la entrevista antes de la publicación del libro que se realiza. Le informé que transmitiríamos fragmentos de la charla durante el programa que conduzco por las mañanas en MVS Radio y que quería que lo supiera con anticipación. Amablemente, esta persona, quien lo ha asistido desde su campaña presidencial, me dijo que se lo comunicaría. No hubo en las horas posteriores intento alguno para frenar su difusión, alegando lo que ahora se comenta para descalificar el dicho del ex Presidente de México. De la Madrid puede ser que esté cansado, que tenga problemas respiratorios o que, incluso, esté en la parte final de su vida, pero no hay la menor duda de que la entrevista, que duró una hora con 29 minutos, más 20 minutos para las fotos, se realizó con un hombre que estaba dispuesto a estar ahí, con el tiempo, el talante y la claridad suficiente para dejar asentado lo que piensa y lo que sabe sobre la familia Salinas de Gortari. Los señalamientos sobre corrupción, abusos y nexos con el narcotráfico no salieron de un ser balbuceante. Salieron de la voz de un ex Presidente de México, y dene ser investigados.

Amigo leal y agradecido del ex presidente De la Madrid, Ramón Aguirre también tuvo sus roces con Carlos Salinas de Gortari. Sobre todo cuando fue el candidato priísta a la gubernatura de Guanajuato. Sus dos rivales no lo dejaron sentarse. Vicente Fox por el PAN, y Porfirio Muñoz Ledo, por el PRD, impugnaron la elección. Y ahí se gestó la primera concertacesión. Se anuló el presunto triunfo de Ramón Aguirre y se dio paso al gobierno provisional de Carlos Medina Plascencia, quien terminaría entregando la estafeta a Vicente Fox. Eran los albores de lo que más tarde se conocería como el PRI-AN.

En unas horas, Salinas de Gortari, acusó a la entrevistadora de abuso de un De la Madrid enfermo, operó el silenciamiento de las televisoras y además se dio una movilización de personajes cercanos a Salinas y a De la Madrid, que acudieron a su casa atropelladamente para forzar una carta en la que De la Madrid afirmaba que lo dicho no correspondía a su pensamiento, porque se encontraba en estado de incapacidad. Sin importar el absurdo de que se recuperara súbitamente la conciencia para afirmar que no la tenía al expresar su opinión sobre Salinas, la incapacidad de De la Madrid siguió siendo machacada mediáticamente. “No sabía lo que decía”, él mismo lo reconocía.

No puedo ponderar la entrevista entre el ex presidente y la periodista como producto de una mente carente de discernimiento. Tampoco puedo descalificar, en complicidad con él, “la validez o exactitud” de sus reflexiones. Esa conversación es coincidente con su propio proyecto vital. En todo caso, habría de reclamársele por el retraso para comunicar públicamente sus sospechas y reflexiones. Y, sobre todo, por signar un documento donde se anula a sí mismo, renunciando en simultáneo a la más preciada de las libertades humanas. Se trató de una mala broma, dolorosa y profundamente injusta para consigo mismo. En algún lugar esa carta recuerda aquella paradoja que Epiménides dejara en el siglo VI antes de nuestra era: “Todos los griegos son mentirosos. Lo digo yo que soy griego”. O dicho en lenguaje del siglo XXI mexicano: “Mis respuestas carecen de validez y exactitud. Lo digo yo, que afirmo lo anterior”.