La tregua

La tregua

La tregua

Es el diario de Martín Santomé, un hombre viudo de 49 años, oficinista que está próximo a jubilarse y que en medio de su vida rutinaria y solitaria encuentra el oasis del amor en Laura Avellaneda, una muchacha bastante menor que él y que ha llegado a trabajar al departamento donde labora y que lo hace ver el mundo y al vida de una manera diferente… aunque sólo por un tiempo limitado. Otro libro que leí hace más de 20 años y hoy que está más cercana mi edad de la del protagonista, encuentro otro significado. Calificación de 10.

Viaraza: acción inconsiderada y repentina.
Calandraca: persona ridícula.

La muerte es una tediosa experiencia; para los demás, sobre todo para los demás. Yo tendría que sentirme orgulloso de haber quedado viudo con tres hijos y haber salido adelante. Pero no me siento orgulloso, sino cansado. El orgullo es para cuando se tienen veinte o treinta años. Salir adelante con mis hijos era una obligación, el único escape para que la sociedad no se encarara conmigo y me dedicara la mirada inexorable que se reserva a los padres desalmados. No cabía otra solución y salí adelante. Pero todo fue precisamente demasiado obligatorio como para que pudiera sentirme feliz.

He aprendido que mis estados de preestallido no siempre conducen al estallido.

Estoy convencido de que en horas de oficina la ciudad es otra.

Hay una especie de reflejo automático en eso de hablar de la muerte y mirar en seguida el reloj.

¿Será posible que él, que sólo tenía cuatro años, posea la imagen, y que a mí, en cambio, que tengo registradas tantas noches, tantas, noches, tantas noches, no me quede nada? Hacíamos el amor a oscuras. Será por eso, Seguro que es por eso. Tengo una memoria táctil de esas noches, y ésa sí es directa. Pero ¿y el día? Durante el día no estábamos a oscuras. Llegaba a casa cansado, lleno de problemas, tal vez rabioso con la injusticia de esa semana, de ese mes. A veces hacíamos cuentas. Nunca alcanzaba. Acaso mirábamos demasiado los números, las sumas, las restas, y no teníamos tiempo de mirarnos nosotros. Donde ella esté, si es que está, ¿qué recuerdo tendrá de mí?

Le pregunté si se sentía desgraciada y contestó que sí. Le pregunté el motivo y dijo que no sabía. No me extrañó demasiado. Yo mismo me siento a veces infeliz sin un motivo concreto.

Si alguna vez me suicido, será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso.

Cuando murió mi madre –hará en agosto 15 años- yo estaba hecho una ruina. Sólo me sostenía una fervorosa rabia contra Dios, los parientes, el prójimo. Cada vez que recuerdo el velorio interminable, siento asco. Los asistentes se dividían en dos clases: los que empezaban a llorar desde la puerta y después me sacudían entre sus brazos, y los que llegaban tan sólo a cumplir, me daban la mano con empalagosa compunción y a los diez minutos estaban contando chistes verdes. Entonces llegó Aníbal, se acercó, ni siquiera me dio la mano, y se puso a hablar con naturalidad: de mí, de sí mismo, de su familia, incluso de mi madre. Esa naturalidad fue una especie de bálsamo, de verdadero consuelo; yo la interpreté como el mejor homenaje que alguien podía hacer a mi madre, y a mí mismo en mi afecto por mi madre. Es tan sólo un detalle, un episodio casi insignificante, eso lo comprendo bien, pero tuvo lugar en uno de esos momentos en que el dolor lo pone a uno exageradamente receptivo.

Lo que deseo ahora es mucho más modesto que lo que deseaba hace treinta años y, sobre todo, me importa mucho menos obtenerlo.

Mi lema secreto: “Cuanto menos jerarquías, menos responsabilidad”. La verdad es que uno vive más cómodo sin grandes cargos.

Después de mucho exprimirme el cerebro llegué al convencimiento de que lo que está peor es la resignación. Los rebeldes han pasado a ser semirrebeldes, los semirrebeldes a resignados. Yo creo que en este luminoso Montevideo, los dos gremios que han progresado más en estos últimos tiempos son los maricas y los resignados. “No se puede hacer nada”, dice la gente. Antes sólo daba su coima el que quería conseguir algo ilícito. Ahora también da coima el que quiere conseguir algo lícito. Y esto quiere decir relajo total.

Creo que en Avellaneda me importa menos el lado sexual, o será tal vez que lo sexual importa menos a los cuarenta y nueve años que a los veintiocho.

En realidad, mi discurso preparado incluía una larga explicación que ni siquiera llegué a iniciar. Es cierto que no estaba muy seguro de que eso fuera lo más conveniente. También había barajado la posibilidad de ofrecerme a aconsejarla, de poner a su disposición la experiencia de mis años. Sin embargo, cuando salí de mis cálculos y la hallé frente a mí, y caí en todos esos ademanes torpes e incontrolados, vislumbré por lo menos que la única salida para escaparme fructuosamente del ridículo era decir lo que dictara la inspiración del momento y nada más, olvidándome de los discursos preparados y las encrucijadas previas. No estoy arrepentido de haber seguido el impulso. El discurso salió breve y –sobre todo- sencillo, y creo que la sencillez puede ser una adecuada carta de triunfo frente a ella.

Mi pretensión, aparte de la muy explicable de sentirme feliz o lo más aproximado a eso, es trata de que usted también lo sea. Y eso es lo difícil. Usted tiene todas las condiciones para concurrir a mi felicidad, pero yo tengo muy pocas para concurrir a la suya.

El 31 de mayo era el cumpleaños de Isabel. Qué lejos está. Una vez, en un cumpleaños, le compré una muñeca. Era una muñeca alemana, que movía los ojos y caminaba. La llevé a casa en una caja larga, de cartón durísimo. La puse sobre la cama y le pedí que adivinara: “Una muñeca”, dijo ella. Nunca se lo perdoné.

El tiempo se va. A veces pienso que tendría que ir apurado, que sacarle el máximo partido a estos años que quedan. Hoy en día, cualquiera puede decirme, después de escudriñar mis arrugas: “Pero si usted todavía es un hombre joven”. Todavía. ¿Cuántos años me quedan de todavía? Lo pienso y me entra el apuro, tengo la angustiante sensación de que la vida se me está escapando, como si mis venas se hubieran abierto y yo no pudiera detener mi sangre. Porque la vida es muchas cosas (trabajo, dinero, suerte, amistad, salud, complicaciones), pero nadie va a negarme que cuando pensamos en esa palabra Vida, cuando decimos, por ejemplo, “que nos aferramos a la vida”, la estamos asimilando a otra palabra más concreta, más atractiva, más seguramente importante: la estamos asimilando al Placer. Pienso en el placer (cualquier forma de placer) y estoy seguro de que eso es vida. De ahí el apuro, el trágico apuro de estos cincuenta años que me pisan los talones. Aún me quedan, así lo espero, unos cuantos años de amistad, de pasable salud, de rutinarios afanes, de expectativa ante la suerte, pero ¿cuántos me quedan de placer? Tenía veinte años y era joven; tenía treinta y era joven; tenía cuarenta y era joven. Ahora tengo cincuenta y soy “todavía joven”. Todavía quiere decir: se termina.

Comprendo que para una mujer joven puede ser un atractivo saber que uno es un tipo que vivió, que cambió hace mucho la inocencia por la experiencia, que piensa con la cabeza bien colocada sobre los hombros. Es posible que eso sea un atractivo, pero qué breve. Porque la experiencia es buena cuando viene de la mano del vigor; después, cuando el vigor se va, uno pasa a ser una decorosa pieza de museo, cuyo único valor es ser un recuerdo de lo que fue. La experiencia y el vigor son coetáneos por muy poco tiempo. Yo estoy ahora en ese poco tiempo. Pero no es una suerte envidiable.

Nunca estuve muy seguro acerca de lo que las mujeres quieren decir cuando me miran. A veces creo que me interrogan y al cabo de un tiempo caigo en la cuenta de que en realidad me estaban respondiendo.

Lloro porque todo es una lástima.

Puede parecer insólito, pero el clima de esta empresa comercial depende, en gran parte, de un orgasmo privado.

Una siempre imagina estas cosas de un modo un poco diferente de lo que después viene a ser.

A las siete y media salí de la oficina y fui al apartamento. Ella había llegado antes, había abierto con su llave y se había instalado. Cuando llegué me recibió alegremente, sin inhibiciones, otra vez con un beso. Comimos. Hablamos. Reímos. Hicimos el amor. Todo estuvo tan bien, que no vale la pena escribirlo. Estoy rezando: “Que dure”, y para presionar a Dios voy a tocar madera sin patas.

Parece que lo de Esteban no es tan serio. La radiografía y los análisis desmintieron al médico y su mal agüero. A ese tipo le gusta aterrorizar, anunciar por lo menos la proximidad de graves complicaciones, de peligros indefinidos e implacables. Después, si la realidad no es tan tremenda, sobreviene una gran sensación de alivio, y el alivio familiar es por lo común el mejor clima posible para pagar sin fastidio, hasta con gratitud, una cuenta abusivamente alta.

En las oficinas no hay amigos; hay tipo que se ven todos los días, que rabian juntos o separados, que hacen chistes y se los festejan, que se intercambian sus quejas y se transmiten sus rencores, que murmuran del Directorio en general y adulan a cada director en particular. Eso se llama convivencia, pero sólo por espejismo la convivencia puede llegar a parecerse a la amistad. En tantos años de oficina, confieso que Avellaneda es mi primer afecto verdadero. Lo demás tiene la desventaja de la relación no elegida, del vínculo impuesto por las circunstancias. ¿Qué tengo yo de común con Muñoz, con Méndez, con Robledo? Sin embargo, a veces nos reímos juntos, tomamos alguna copa, nos tratamos con simpatía. En el fondo, cada uno es un desconocido para los otros, porque en este tipo de relación superficial se habla de muchas cosas, pero nunca de las vitales, nunca de las verdaderamente importantes y decisivas. Yo creo que el trabajo es el que impide otra clase de confianza.[…] Pero también existe la burla. Todos somos especialistas en la burla. La disponibilidad de interés hacia el prójimo hay que gastarla de algún modo; de lo contrario, se enquista y sobreviene la claustrofobia, la neurastenia, qué sé yo.

Que feo eso de que le digan a uno la verdad, sobre todo si se trata de una de esas verdades que uno ha evitado decirse aun en los soliloquios matinales, cuando recién se despierta y murmura pavadas amargas, profundamente antipáticas, cargadas de autorrencor, a las que es necesario disipar antes de despertarse por completo y ponerse la máscara que, en el resto del día, verán los otros y verá a los otros.

Estaba junto a la ventana mirando llover. Me acerqué, yo también miré cómo llovía, no dijimos nada por un rato. De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad. La cumbre es así, claro que es así. Además estoy seguro de que la cumbre es sólo un segundo, un breve segundo, un destello instantáneo, y no hay derecho a prórrogas.

Hay algo atávico en la mujer que la lleva a defender la virginidad, a exigir y a exigirse las máximas garantías para rodear su pérdida. Después, cuando una ya cayó, entonces se da cuenta de que todo era un mito, una vieja leyenda para cazar maridos.

Mi estilo de querer es ése, un poco reticente, reservado al máximo sólo para las grandes ocasiones. Quizá haya una razón y es que tengo la manía de los matices, de las gradaciones. De modo que si siempre estuviera expresando lo mismo, ¿qué dejaría para esos momentos (hay cuatro o cinco en cada vida, en cada individuo) en que uno debe apelar al corazón en pleno? […] Al que llora todos los días, ¿qué le queda por hacer cuando le toque un gran dolor, un dolor para el cual sean necesarias las máximas defensas? Siempre puede matarse pero eso, después de todo, no deja de ser una pobre solución. Quiero decir que es más bien imposible vivir en crisis permanente, fabricándose una impresionabilidad que lo sumerja a uno (une especia de baño diario) en pequeñas agonías.

Me hace mucho mal no tenerte aquí, o que no me tengas allí.

Me gustan los hijos, los quiero mucho, pero lo que más me gusta es que sean hijos tuyos.

“Dios es la Totalidad”, dice a menudo Avellaneda. “Dios es la Esencia de todo”, dice Aníbal, “lo que mantiene todo en equilibrio, en armonía, Dios es la Gran Coherencia”. Soy capaz de entender una y otra definición, pero ni uno ni otra son mi definición. Es probable que ellos estén en lo cierto, pero no es ése el Dios que yo necesito. Si Dios es la Totalidad, la Gran Coherencia, si Dios es sólo la energía que mantiene vivo el Universo, si es algo tan inconmensurablemente infinito, ¿qué puede importarle de mí, un átomo malamente encaramado a un insignificante piojo de su Reino? No me importa ser un átomo del último piojo de su Reino, pero me importa que Dios esté a mi alcance, me importa asirlo no con mis manos, claro no siquiera con mi razonamiento. Me importa asirlo con mi corazón.

Hija única. Yo también fui hijo único. Y no es fácil, uno acaba por sentirse desamparado.

La experiencia me ha enseñado que uno de los métodos más eficaces para derrotar a un rival en el vacilante corazón de una mujer, es elogiar sin restricciones a ese mismo rival, es volverse tan comprensivo, tan noble y tolerante, que uno mismo se sienta conmovido.

El día en que el uruguayo sienta asco de su propia pasividad, ese día se convertirá en algo útil.

Usted la conoció, usted al quería, y estará atormentado. Yo sé cómo se siente. Siente que su corazón es una cosa enorme que empieza en el estómago y acaba en la garganta.

Yo tengo todo el cuadro mental y moral del suicida, menos la fuerza que se precisa para meterse un tiro en la sien.

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Pedro y el capitán

Mario Benedetti

Pedro ha sido capturado y bajo tortura es obligado a denunciar a sus cómplices. ¿El delito? Es lo de menos, lo importante es obtener información. El capitán imposibilitado para lograr su objetivo, poco a poco va mudando su seguridad en temor. El diálogo entre torturador y torturado, a modo de obra teatral, va fluyendo de manera que al final intercambian sus papeles. Calificación de 9.
Pedro y el capitán

Pedro y el capitán

Para serte franco, el único silencio que yo justifico es el de la primera sesión. Después es masoquismo.

Mi especialidad no es la picana sino el argumento. La picana puede ser manejada por cualquiera, pero para manejar el argumento hay que tener otro nivel.

Nosotros no podemos dejar de apreciar en ustedes la pasión con que se entregan a una causa, cómo lo arriesgan todo por ella: desde el confort hasta la familia, desde el trabajo hasta la vida. No entendemos mucho el sentido de ese sacrificio, pero te aseguro que lo apreciamos.

Hablando la gente se entiende, decía siempre mi viejo, que era rematador, o sea, que tenía sus buenas razones para confiar en el uso de la palabra. Te digo esto para que te hagas una composición de lugar y no te excedas en tus derechos, si no querés que yo me exceda en mis deberes.

Ellos, los de la línea durísima, prefieren a veces tarer a la esposa del acusado, y, cómo te diré, “perforarla” en su presencia, y hasta hay quienes son partidarios de la técnica brasileña de hacer sufrir a los niños delante de sus padres, sobre todo de su madre.

Con capucha no abrí la boca porque hay un mínimo de dignidad al que no estoy dispuesto a renunciar, y la capucha es algo indigno.

Para usted debe ser jodido, después de interrogar a un recién torturado, darle un besito a su mujer o a su hijo, si lo tiene.

-Decime un poco, ¿vos sabés lo que te espera?
-Me lo imagino.
-Tal vez sea bastante peor de lo peor que imaginás. Diariamente hacemos progresos.
-Lo que imagino siempre es peor.

Usted me ofrece que viva como un muerto. Y antes de eso prefiero morir como un vivo.

De cualquier manera tengo que hacerte hablar. Porque sólo así me sentiré bien ante mi mujer y mis hijos. Sólo me sentiré bien si cumplo mi función, si alcanzo mi objetivo. Porque de lo contrario seré efectivamente un cruel, un sádico, un inhumano, porque habré ordenado que te torturen para nada, y esos sí es una porquería que no soporto.

Qué importante es el dolor cuando uno está vivo. Pero qué poquito significa cuando uno está muerto.

Venía todas las tardes a la biblioteca, y se sentaba a estudiar matemáticas. Yo estudiaba historia, pero en realidad no estudiaba nada porque me pasaba mirándola de reojo y tratando de investigar si ella también me miraba de reojo, pero nunca concidíamos en las investigaciones, así que pasamos todo un trimestre mirándonos si mirábamos.

En el mundo hay millones de anticomunistas que no son torturadores. El Papa, por ejemplo.

No todo lo malo sucede en le vida debido a traumas de infancia.

¿Te acordás que nos quedamos como dos horas tendidos en la arena, sin hablar, mirando la vía láctea, como quien mira un techo interior? Recuerdo que de pronto empecé a mover mi mano sobre la arena hacia vos, sin mirarte, y de pronto me encontré con que tu mano venía hacia mí. Y a mitad de camino se encontraron. Fíjate que este es el recuerdo que rememoro más. También tu cuerpo, tu piel, también tu boca. ¿Cómo no recordad todo eso? Pero aquella noche en la playa es la imagen que rememoro más.

Si yo le dijera que no puedo abandonar esto, usted me diría que es natural porque así abandonar el confort, los dos autos, etcétera. Y no es así. Todo eso lo dejaría sin remordimientos. Si no los dejo es porque tengo miedo. Pueden hacer conmigo lo mismo que hacen, que hacemos con usted. Y usted seguramente me diría: “Bueno, ya ves, puede aguantarse”. Usted sí puede aguantarlo, porque tiene en qué creer, tiene a qué asirse. Yo no. Pero dentro de mi imposibilidad de rescatarme, me queda una solución intermedia. Ya sé que Inés y los chicos pueden un día llegar a odiarme, si se enteran con lujo de detalles de lo que hice y de lo que hago. Pero si todo esto lo gao, además, sin conseguir nada, como ha sido en su caso hasta ahora, no tengo justificación posible. Si usted muere sin nombrar un solo dato, para mí es la derrota total, la vergüenza total. si en cambio dice algo, habrá también algo que me justifique. Ya mi crueldad no será gratuita, puesto que cumple su objetivo. Eso es lo que le pido, lo que le suplico. Ya no cuatro nombres y apellidos, sino tan sólo uno. Y puede elegir.

De más está decir que, aun en medio de la derrota que hoy sobrellevamos, no estoy por una literatura -y menos por un teatro- derrotista y lloriqueante, destinados a inspirar lástima y conmiseración. Tenemos que recuperar la objetividad, como una de las formas de recuperar la verdad, y tenemos que recuperar la verdad como una de las formas de merecer la victoria.

La borra del cafe

Mario Benedetti

Novela que narra las vivencias de un joven en su niñez. Sus constantes mudanzas. Su enfrentamiento con la muerte y con el amor en el cuerpo de una mujer. Cuando es adulto, busca su lugar en el mundo, confundido entre la realidad que lo rodea y la ficción que anhela. Calificación de 8.5
La borra del café

La borra del café

Cosas Chicas para el mundo, pero grandes para mi.

Una vez me contó cómo se había salvado de un naufragio famoso. Le pregunté si se había librado porque sabía nadar. “No, cómo se te ocurre. Siempre he tenido más afinidad con las aves que con los peces. Pero la verdad es que tampoco sé volar”.

En aquella época era muy joven y aún no había aprendido a ser hipócrita.

También los recuerdos se van borrando. A veces recuerdo el recuerdo del color, pero no del color mismo. ¿Vos te acordás de todo lo que te acontenció cuando tenías seis años? ¿No te pasa que a veces recordás algo que ocurrió, pero no como evocación directa de tu memoria, sino porque el episodio viene siendo repetidamente narrado, a través de los años, por tu madre o por tu padre? Al final, asumís tu papel como protagonista de esa historia contada, pero no desde el interior de ese protagonismo que alguna vez tuviste.

Al viejo siempre le gustaban los cafés y allí se encontraba con amigos de antes y de mucho antes. Los de mucho antes eran por lo general más pobres que los de antes.

Estuve llorando un rato, pero no sabría decir se era por la anunciada desaparición de mamá o por mi inminente orfandad.

No tengas vergüenza de llorar. Hace bien. Elimina toxinas. Por eso las mujeres vivimos más que los hombres. Porque lloramos más.

“Elenita”, le dije mientras la acariciaba, “eso es la muerte: la quietud total, la sordera total, la mudez total. Y no pensar. Ni soñar.” “¿Y sentir dolor?”, preguntó en medio de un puchero que me conmovió. “No, tampoco sentir dolor”.

No te avergüences de ninguna pregunta, si es sincera. Generalmente son las respuestas las más acreedoras de vergüenza, porque en ellas es más común que aparezca la doblez: que pienses algo pero digas lo contrario. Ése es otro de nuestros escasos privilegios: creo que los ciegos detectamos mejor la hipocresía. El hipócrita puede disimular su doblez con un gesto, una mirada, un guiño, y así rodearse de un aura falsa de sinceridad frente al interlocutor desvalido. Pero a nosotros sólo nos llega del hipócrita la voz, la voz sin maquillaje, tal como es, con su mentira a la intemperie.

Las verdades a medias son sobre todo mentiras a medias.

Cabia asímismo la posibilidad de que la inicial repetida significara un colmo de soledades, una suerte de espejo empañado, o sea Arsenio más Arsenio, o Azucena más Azucena, es decir el trazado de alguien que reclamaba compañía pero sólo hallaba la de sí mismo, o de sí misma, de ahí que inventara un idilio como un borrador de sentimiento, con un placer tan hedonista y no obstante tan angustioso como suelen ser los placeres solitarios.

Estaba parando por unos días en casa de amigos de mi hermana, vecinos a su vez de Norberto, y ellos hablaron con preocupación de la enfermedad y la inminente muerte de tu madre y asimismo de vos y de tu hermanita, y me entraron unas tremendas ganas, no de consolarte sino de acompañarte, de tocarte, de transmitirte cariño, que es lo que en esos momentos se necesita.

El germen del amor tendrá mejor pronóstico si se lo siembra en el surco del deseo.

Siempre existe la posibilidad de que una mujer dormida pronuncie otro nombre, aunque ese nombre pertenezca al pasado.

¿Por qué seré tan callado? Cuanto más hablan los que me rodean, menos ganas tengo de decir algo.

¿Ves la ventaja de no ser hijo único? Tu hermana te toma de confidente y busca tu apoyo. Yo no tuve a nadie a quien apoyar ni mucho menos alguien que me apoyara.

El trabajo físico te va dando una sabiduría esencial, que probablemente viene de tocar la realidad con las manos, en tanto que el manejo de cifras y planillas te va encerrando en una cueva de abstracciones.

Los números suelen ser flacos, a veces esqueléticos como el uno y el siete, e incluso la gordura del seis o del ocho papada y panza) tienen distinto significado si están a la izquierda o a la derecha de la coma decisiva.

Todas las noches, sin ser conscientes de ello, enfremtamos un Juicio Final. Y es de acuerdo a su dictamen que podemos dormir tranquilos o revolcarnos en pesadillas.

No quiero esperar a los velorios para valorar a mi gente cercana.

El azar siempre deja ganar al debutante, así éste se engolosina y luego puede ser llevado mansamente a la bancarrota.

Ya verás, cuando la tengas, que volver a tu casa, todas las noches, te dará un poco de confianza, no mucha pero un poco, en medio de este mundo tan poco confiable.

En este mundo de hoy quien no tenga conexiones no progresa.

El cuerpo tiene sus propias leyes.

Esta Mañana y Otros Cuentos.

Mario Benedetti.

Buena colección de cuentos, que tienen como tema común, las relaciones de pareja y en particular el matrimonio. Me quedo con: Idilio, Como siempre y No tenía lugares. Va el resúmen en 5 palabras por cuento. Calificación de 8.0
Esta mañana y otros cuentos.

Esta mañana y otros cuentos.

Esta Mañana. Hasta donde llega el cobarde. (Lucha de clases en una oficina).
Como un ladrón. Ciego guiando a otro ciego. (La tergiversación de un versículo bíblico puede destruir a las personas. Literalmente).
Hoy la alegría. La imaginación es muy poderosa. (Un enamorado que mezcla la realidad con la fantasía de su amor escondido).
Idilio. La cruda realidad del matrimonio. (Un asalto visto desde las distintas perspectivas de cada uno de los cónyuges).
Como siempre. La costumbre gana como siempre. (Un matrimonio que se enfrenta a la costumbre de la vida y ni la muerte de un hijo los mueve).
La vereda alta. Hay experimentos que no fructifican. (Un niño que busca el significado de la muerte).
No tenía lunares A Grandes males, grandes remedios. (Después de un engaño, el marido se da cuenta de cómo era su esposa en realidad).
José Nomás. Cuando un nombre significa todo. (Una mujer que intenta liberarse de su manera de vivir, sin conseguirlo).
La lluvia y los hongos. El pasado siempre nos persigue. (Un hombre que busca remediar su pasado, el cual inevitablemente sale a la luz).

¿No ha escrito usted nunca una carta sin la intención de mandarla, y la ha puesto en un sobre sin la intención de mandarla, y ha salido con ella… todavía sin el propósito de enviarla; y entonces ha oído cómo caía en el buzón?

En realidad son pocos los días en que uno puede sentirse anticipadamente alegre[…]; alegre de veras, es decir, casi triste.

Pensé que ella iba a ser verdaderamente compañera y poderla sentir al lado en la noche no sólo en la noche como parte de uno mismo aunque no la tocara por más que también sería bueno tocarla casi dormido y estirar la mano y hallarla.

Nunca tomo más de dos copitas ella dice siempre que huelo a alcohol sin embargo no es cierto porque dos noches a propósito no tomé nada y ella dijo lo mismo pero quién la convence ya se ha construido como moldes de lo que tiene que reprocharme.

Las diez y media. Todavía quince minutos de soledad. Hay que aprovecharlos. Aprovecharlos es sacarle el menor provecho. Dejarse estar. Ver. Escuchar. Al mirar hacia la izquierda, cierta presencia física le provoca un choque. A los treinta y cinco años no alcanza a recordar que él, a los veinte, haya sido tan ridículo como ése, tan inconsciente fantoche.

En realidad, entre éste y María Luisa no había mediado nada, ni siquiera palabras comprometedoras, que después de todo son el nudo más fácil.

Ahora mismo, sin arraigo aún y sin motivo, el odio hacía visitas tímidas, espaciadas, pero suficientes para ir formando el habito de retirar a medias la confianza.

Si yo fuera cursi te diría que tenés tu destino en tus manos. Pero como no lo soy, simplemente te recuerdo que lo tengo en las mías.

Después de todo, ¿qué creés que es la sinceridad? ¿Que yo te diga lo que te gusta y vos me digas lo que me revienta? Cuidado con la palabrita. La sinceridad (cuando es sincera, porque también hay una sinceridad falluta) siempre nos llevará a odiarnos un poco.

Terminada la lluvia, el pasado vuelve a nacer, como los hongos.

Pero mi amor, llamémosle así, tampoco era limpio. Estaba, cómo te diré, contaminado de respeto. Y así no se puede, claro.

Primavera con una esquina rota.

Mario Benedetti.

De nuevo el exilio como eje principal de la novela, ahora visto desde la perspectiva de una familia que lo sufre en carne propia, cada integrante lo vive de manera distinta: el marido en exilio encarcelado en un país, el resto de la familia en exilio libre, pero en otro país, el padre avejentado, la esposa confundida, la hija con dudas, el amigo confundido… y Benedetti como un protagonista más. Calificación de 9.
Primavera con una esquina rota.

Primavera con una esquina rota.

La gente no comprende ese tipo de nostalgia. Creen que la nostalgia sólo tiene que ver con cielos y árboles y mujeres. A lo sumo, con militancia política. La patria, en fin. Pero yo siempre tuve nostalgias más grises, más opacas. Por ejemplo, ésa. El camino de vuelta a casa. Una tranquilidad un sosiego, saber qué viene después de cada esquina, de cada farol, de cada quiosco.

Pero también me provoca un poco de nostalgia aquella edad lejana en que el máximo miedo era provocado por manchas fantasmales que uno mismo creaba. Los motivos adultos, o quizás las excusas adultas de los miedos que vienen después, no son fantasmales, sino insoportablemente reales.

… hay corazonadas de la razón que el corazón no entiende.

Cuando uno soporta sufrimientos propios no tiene necesidad de adjusicarse dolores ajenos.

Porque si no pongo orden, todas tus imágenes se concentran en tu cuerpo, en vos y yo haciendo el amor. Y eso no siempre me hace bien. Pasa a ser una constancia dolorosa de tu ausencia. O de mi ausencia. Primero gozo angustiosa y mentalmente. Disfruto en el vacío. Luego me deprimo. Y el bajón me dura horas. De manera que cuando te digo que también en este campo tuve que poner orden, quiero decir que he decidido incorporar otros recuerdos que te (y me) atañen y que son tan decisivos y valiosos como las noches de nuestros cuerpos.

Como quisiera cerrar los ojos y empezar de nuevo y abrirlos después con la tardía lucidez que traen los años pero con la vitalidad que ya no tengo. Dios da pan al que no tiene dientes, pero antes, mucho antes, le dió hambruna al que los tenía. Linda trampa la de Dios. Después de todo, los refranes populares son algo así como un currículum divino. Se armó la de Dios es Cristo: virulencia y furia. Dios los cría y ellos se juntan: conspiración y acoso. Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César: repartija y prorrateo. Como Dios manda: prepotencia e imperio. Dios pasó de largo: indiferencia y menosprecio. A Dios rogando y con el mazo dando: parapoliciales, paramilitares, escuadrones de la muerte, etc. Cuando Dios quiera: poder omnímodo. Dios nos libre y nos guarde: neoclonialismo. Dios castiga sin palo ni piedra: tortura subliminal. Vaya con Dios: malas compañías.

Cuando uno tiene que estar irremediablemente fijo, es impresionante la movilidad mental que es posible adquirir. Se puede ampliar el presente tanto como se quiera o lanzarse vertiginosamente hacia el futuro, o dar marcha atrás que es lo más peligroso porque ahí están los recuerdos, los buenos, los regulares y los execrables. Ahí está el amor, o sea estás vos, y las grandes lealtades y también las grandes traiciones. Ahí está lo que uno pudo hacer y no hizo, y también lo que pudo no hacer y sí hizo. La encrucijada en la que el camino elegido fue el erróneo. Y ahí empieza la película, es decir, cómo habría sido la historia si se hubiera tomado el otro rumbo, aquel que entonces se descartó. Generalmente, después de varios rollos uno suspende la proyección y piensa que el camino elegido no fue tan equivocado y que acaso en igual encrucijada, hoy la elección sería la misma. Con variantes, claro. Con menos ingenuidad, por supuesto. Con más alertas, por las dudas. Pero eso sí, manteniendo el rumbo primordial. […] En los últimos y penúltimos tiempos antes de la obligada internación, todo sucedió tan atropelladamente en medio de tantas tensiones, rodeado por tantas implacables urgencias, por tantas decisiones a tomar, que no había tiempo ni ánimo para la reflexión, para pensar y repensar sobre nuestros pasos, para ver claro en nosotros mismos. Ahora sí hay tiempo, demasiado tiempo, demasiados insomnios, demasiadas noches con las mismas pesadillas y las mismas sombras. Y la tendencia natural, y también la más facilonga, es preguntarse para qué me sirve el tiempo ahora, para qué esta meditación tardía, atrasada, anacrónica, inútil. Y sin embargo sirve. La única ventaja de este tiempo baldío es la posibilidad de madurar, de ir conociendo los propios límites, las propias debilidades y fortalezas, de ir acercándose a la verdad sobre uno mismo, y no hacerse ilusiones acerca de los objetivos que uno nunca podría lograr, y en cambio aprontar el ánimo, preparar la actitud, entrenar la paciencia, para conseguir lo que algún día sí puede estar al alcance.

Los odios vivifican y estimulan sólo si es unno quien los gobierna; destruyen y desajustan cuando son ellos los que nos dominan.

… uno no sabe quién es realmente, cuán incinerable o incombustible es, hasta que no pasa por alguna hoguera.

El trago es más amargo si pensamos que morir de exilio es la señal de que no sólo a Luis, sino a todos, nos han quitado transitoriamente ese supremo derecho a abandonar el tren en la estación donde el viaje empezara. Nos han quitado nuestra muerte doméstica, sencillamente nuestra, es amuerte que dsabe de qué lado dormimos, de qué sueños se nutren las vigilias.

… la verdad es que últimamente el mundo no es una fiesta.

Uno está siempre demasiado atento a su propio ombligo; le parece que los problemas propios son los únicos importantes. No siempre se da cuenta de que los demás también tienen los suyos.

Los padres vienen de regalo, nadie los elige. La mujer y los hijos se adquieren por un acto de voluntad. Por una decisión propia.

La hipocresía es un vicio, pero no estoy tan convencido de que la franqueza sea siempre una virtud.

A veces una buena relación de enclaustramiento o reclusión, una relación que puede convertirse en amistad para siempre, se construye mejor con los silencios oportunos que con las confidencias intempestuvas, Hay gente incluso que se considera tan obligada a intercambiar peripecias autobiográficas que hasta las inventa. Y no siempre se trata de mitómanos o mentirosos, que también los hay; a veces se inventa un episodio como una deferencia, como una cortesía hacia el compañero, creyendo que con eso se le entretiene, o se le hace olvidar su desamparo, o se le extrae de un pozo de angustia, o con ello se le provocan nostalgias y se le enciende la memoria, y hasta se le contagia el virus del recuerdo-ficción.

Todo preso político debe agradecre a sus carceleros que le confirmen, en los hechos y sobre su persona, la validez de sus convicciones, la razón de sus pasos. Nunca un hombre está más seguro de lo que hace, que cuando un dolor prolongado no logra quitarle el aliento y derrotarlo.

Hay multitud de temas que sólo puedo hablar con ellos [los compatriotas], quiero decir hablarlos con plenitud, con conocimiento de causa, aunque no siempre con conocimiento de efectos.

… la dictadura decidió abrir, no una puerta, sino una rendija, y una rendija tan pequeña que sólo pudiera entrar en ella una sola sílaba, y entonces la gente vio aquella hendedura y, sin pensarlo dos veces, colocó allí la sílaba NO. Es probable que mañana den un portazo, cierren otra vez la fortaleza que habían creído inexpugnable, pero ya será tarde, la rotunda sílaba habrá quedado dentro, les será imposible deshacerse de ella. En esta época de bombas neutrónicas y ojivas nucleares, es increíble cuánto puede hacer todavía una pobre sílaba negadora.

Los tangos son unas músicas tristes que se bailan cuando uno está alegre y así vuelve a ponerse triste.

Ahora, a tanta distancia, si quisera ser descarademente franco conmigo mismo, tal vez no sabría reconocer de qué me enamoré, o si realmente me enamoré alguna vez de esa mujer desmesuradamente mesurada. Me digo esto y de inmediato siento que soy injusto. Es claro que debo haberme enamorado. Sólo que no me acuerdo. Hablábamos entre nosotros bastante menos de lo que habla una pareja corriente. Sin embargo, esas pocas conversaciones no eran por cierto banales.

la primavera es como un espejo pero el mío tiene una esquina rota / era inevitable no iba a conservarse enterito después de este quinquenio más bien nutrido / pero aún con una esquina rota el espejo sirve la primavera sirve.

y después pasaba el miedo y parecía mentira el haberlo siquiera rozado / tan corajudo y estoico podía sentirme luego / y tanto me transfiguraba que hasta podía experimentar un cierto desdén por algún otro que tenía miedo y debía tragarse los aullidos / alguien que en algún momento siempre y cuando no aullara habría de sobrepasar ese instante de mierda y habría e sentirse tan corajudo y estoico que hasta podría experimentar cierto desdén por algún otro que en el cepo de su miedo tenía que tragarse los aullidos etcétera. las tristezas son como los gallos / canta una y enseguida las otras se inspiran / y sólo así uno se da cuenta de que la colección es enorme e incluso que uno tiene tristezas repetidas.

al final el dolor provoca más miedo que la muerte / incluso se puede avizorar la muerte como un definitivo analgésico.

Cuando los taxis hacen huelga los aviones no pueden aterrizar. Los taxis sin la parte más importante del aeropuerto.

Gracias por el fuego.

Mario Benedetti.

Novela que narra los pensamientos de Ramón Budiño, hijo de Edmundo Budiño que logró a través de sus relaciones políticas y de influencia, convertirse en el mandamás del país. A sabiendas de los negocios de su padre y la vergüenza que eso le significa, Ramón intenta consumar la venganza perfecta para lavar su nombre y apellido. Pero el destino tiene derroteros que uno no toma en cuenta y el final es contradictoriamente inesperado.
Calificación de 9.
Gracias por el fuego.

Gracias por el fuego.

A veces la mujer tiene que elegir entre morirse de hambre o perder la femineidad.

Parece mentira que uno necesite estos golpes terribles para saber a qué sitio pertenece.

Después de todo, también el hijo es una cicatriz. Buena definición para proponer a la Academia. Hijo: cicatriz del amor.

Sin embargo, uno puede convertirse en traidor con un simple puñetazo en el estómago, otro más curtido, sólo cuando le arrancan las uñas; otro, el más heroico, sólo cuando le quemen los testículos. En el termómetro de la fidelidad, siempre hay un punto de ebullición en que el hombre es capaz de vender a la madre.

Es magnífico aprender con quien no sabe.

… uno va adquiriendo conciencia de sus órganos a medida que empiezan a doler…

En cuanto al amor, el amor sin pasión digamos, es un concepto tan abstracto y general, que a lo mejor sigue existiendo pero sin importar mucho.

Nadie es químicamente puro. El marxista trabaja, por ejemplo, en un Banco. El católico fornica sin pensar en la sagrada reproducción de la especie, o haciendo lo posible por evitarla. El vegetariano convicto come resignadamente su churrasco. El anarquista recibe un sueldo del Estado.

No me importa el dinero como tal, pero me importan algunos de los objetos que pueden adquirirse con él. No me importa el dinero en sí, pero me importa como intermediario obligatorio para la adquisición de la belleza material, de esos síntomas de mi gusto que adornan los mejores momentos del descanso.

Sólo se dieron cuenta de que querían el paisito, cuando alguien les mintió que había sido arrasado.

Su simpatía se basa particularmente en lo que no dice: silencios, gestos, miradas, etcétera.

Cuando los hombres sueñan con una mujer, siempre se trata de lo mismo.

El hambre siempre es mejor de llevar que la vergüenza.

Feliz de él [el auto]. Todos sus problemas los soluciona el mecánico. Pero cuando a mi me falla un sentimiento, un pistón digamos, o mis válvulas de escape están gastadas, o la nostalgia, el sistema de encendido digamos, tiene atrasada la chispa, no hay mecánico que pueda arreglarme.

Lo único seguro es que sos mejor que todas tus imágenes, que todas las imágenes que yo tengo de vos.

No hay nada más parecido a un vestuario de fiestas que un vestuario de velorios.

… todos queremos que la vida nos salga más barata que al común de los mortales, y para ello no importa si el medio es la estafa, la limosna, el acomodo, la inválida promesa o la falsa invalidez. Todos queremos sacar la ventajita, trampear a alguien para salvar el honor; la única forma de adquirir conciencia de las propias fuerzas es cometer la mínima indecencia que nos ponga al amparo de la más agresiva de todas las sospechas…

La inocencia es el mejor condimento de la lujuria.

… cuando uno desea a una mujer, sólo conoce la mitad del propio deseo. El deseo completo sobreviene en el instante en que se tiene conciencia de que también la mujer lo desea a uno. Entonces sí la presión se vuelve insoportable.

El cumpleaños de Juan Ángel.

Mario Benedetti

Novela en verso que narra en primera persona, el crecimiento de Osvaldo (sick) Puente en el día de su cumpleaños. Con el transcurrir del día, el tocayo va creciendo de los 8 años hasta llegar a las 35 primaveras, momento en el que, ya transformado en Juan Angel, está integrado a la guerrilla urbana. La novela intenta narrar cómo es que se llegan a esas medidas ‘extremas’. Calificación de 8.0. juan-angel

partir siempre es morir un poco

después de todo la infancia puede ser una excelente temporada por supuesto ahora sólo tengo una impresión muy vagarosa de semejante privilegio seguramente sólo lo apreciaré dentro de treinta o treinta y cinco años cierta noche en que emerja de una borrachera adulta y tartajosa o mi tercera mujer arañe mi mejilla barbuda al tiempo que me entere de que por fin me ha puesto cuernos o un jefe convulsionado de pánico mercantil me vocifere está despedido imbécil desaparezca ipso facto de mi radio visual o la cigüeña me traiga un pibe mongólico envuelto en celofán o el doctor me diga tiene suerte amigo no es diabetes sino úlcera de duodeno pero por ahora todo eso es resaca basurita escombros que acopia el futuro en su amplia pechuga de sadismo a los once años puedo darme el lujo de ignorarlo como un rey o mejor como un molusco.

las azoteas dicen siempre la verdad no como los balcones y los zaguanes que mienten y se adornan para nadie las azoteas dicen trastos viejos escupideras oxidadas cacerolas sin asas colocan irreparables calzoncillos al viento ponen a cantar gallos desplumados y sin pedigree promueven sin pudor gatos linyeras que hacen el amor sarna con sarna las azteas y los tejados son guaridas de filósofos por algo están más cerca del cielo que los balcones fallutos y rejeros yo en la azotea puedo hacer preguntas que no formulo a nadie tampoco aqui obtengo respuesta y sin embargo quedo satisfecho de haberme quitado ese peso de encima alegre de haber dicho en voz alta mis silencios más inexpugnables

por ejemplo fiftyfifty vos ponés la virginidad yo el espíritu santo

en última instancia habría que reconocer que nadie es mala gente todos cumplen con dios y el estatuto rezan cuando hay que rezar perdonan cuando hay que perdonar falsifican cuando hay que falsificar albrician cuando hay que albriciar escarmientan cuando hay que escarmentar siempre de acuerdo con dios y el estatuto menos mal hermanita que vos sos por fortuna mala gente sólo vos estás decididamente en falta con dios y el estatuto está en falta contigo sólo vos cantás cuando hay que rezar tronás cuando hay que perdonar maldecís cuando hay que albriciar perseverás cuando hay que escarmentar siempre a contrapelo de dios y el estatuto

el azar es un poco nuestra ley pero nosotros debemos planificar el azar intentar el arduo montaje de la suerte porque si dejamos el azar al azar entonces sí lo planifica el enemigo

mis huesos mis recuerdos mis silencios todo se halla en su sitio por lo tanto ya estoy en condiciones de extraviarlos

las mejores alegría son las de formato reducido

es verdad no se puede hacer una revolución sin ellas les cuesta un poco dejar las cacerolas los ruleros la plancha las clases de corte y confección la revista claudia los horóscopos pero cuando dejan atrás su corazón doméstico sus blanduras completas entonces esas frágiles se vuelven más tenaces que un gladiador

entre hombre y mujer no existirá nunca una camaradería físicamente pura y por serios e inconmovibles que sinceramente seamos o nos creamos al menor descuido corre entre las piedras la lagartija erótica

los distraídos suelen oxidarse o bostezar en pleno gas letal o divorciarse de la mujer amada o poner el carbónico al revés

Buzon de tiempo

Mario Benedetti.

Excelente colección de cuentos y poesías, su lectura me fue atrapando y cada cuento que leía
me parecía mejor que el anterior. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que podía hacer un resumen a lo Fernando Marcos, pero la verdad con 4 palabras no me alcanzaba así que quedó en 5 palabras para cada cuento. De entre las cartas del buzón, algunas son sublimes.. y los cuentos, ni se diga. No hay mas, calificación de 10.
Buzón de tiempo

Fin de Semana – Los hijos como justos mediadores (el hijo les dice a los padres divorciados, que el otro esta solo aunque no lo esté).
Conciliar el sueño – Ojalá los sueños fueran reales (los sueños de un paciente a su terapeuta).
Jacinto – El amor lo puede todo (un sordomudo cuya prima, a fuerza de amor, logra que hable).
Cambalache – El verdadero juego del hombre (El buen futbol se arma con un buen equipo de hombres y un mismo sentimiento y objetivo).
Soñó que estaba preso – Los sueños pueden ser costumbre (EL preso que soñó que estaba preso, aunque ya no lo era).
Conversa – Confíamos mas en los extraños (platica entre dos personas en un cafe).
El diecinueve – Los fantasmas de la conciencia (Un preso se aparece a su verdugo).
No hay sombra en el espejo – El del espejo no soy (Monólogo en el espejo).
Asalto en la noche – De todo pueden sacarse ganancias (el asalto a una anciana).
Viejo Tupi – Desaparecen los lugares de reunión ( La desaparición de un café).
Los Robinsones – Soledad y amor dan muerte (Historia de naufragos).
Más o menos hipócritas – El nuevo periodismo es convenenciero (De entrevistas no autorizada).
Ausencias – Siempre se recuerdan las ausencias (El sentimiento de Ausencia en un hombre).
Con los delfines – El dolor de los desaparecidos (Queja de una mujer cuyos padres fueron desaparecidos en el mar).
Terapia de soledad – Cuando la soledad sí funciona (Carta enviada desde la soledad).
Bolso de viajes cortos – Los objetos tienen vida propia (Inventario de objetos y su significado).
La vieja inocencia – La primera impresión es inolvidable (Un anciano describe su mejor recuerdo).
La muerte es una joda – Mejor no saber cuando morir (Carta de un enfermo terminal).
Un sabor ácido – Los celos matan a dos (Los celos toman el control de una mente y la vuelve asesina).
Contestador automático – Cuando alguien despierta la conciencia (Mensajes de un torturado a su verdugo, desde la muerte).
Testamento ológrafo – El testamento incluye un inventario (El testamento de un enfermo).
Primavera de otros – Podemos vivir solo por amor (Un desilusionado recupera las ganas de vivir a través del amor de una pareja).
Nube de verano – El llanto también cura todo (Un adolescente recuerda cómo llorar).
Revelación de otoño – La verdad siempre se sabe (Una hija adoptada enfrenta a sus padres con su origen).
El invierno propio – La mejor de las muertes (Un anciano encuentra la muerte entre sus libros).

… a veces los sueños son mejores que la realidad y también viceversa. ¿Recuerda lo que dijo Kant? “El sueño es un arte poético involuntario.”

… siempre jugué de guardameta o gotero o portero o goalkeeper o arquero. Cuántos nombres para una sola calamidad.

Y una relación no sólo se construye con palabras. También hablan los ojos.

En el mundo hay varios mares, pero en el mar hay varios mundos.

Su moraleja era siempre la misma: “En mi tiempo había que ser muy macho para ser marica”.

Nadie es precoz para jubilarse.

No crea que no comprendo que en el periodismo actual la insolencia es una virtud.

¿Usted sabe aquello que del dicho al hecho hay un gran trecho? Bien, pero del machista al cornudo, ese trecho es menudo.

Él la buscó, al principio con desconcierto, después con desesperación, luego con paciencia, con rigor, siempre con tristeza.

¿Acaso no sabés que la democracia no llegó a los cementerios? Sólo los vencedores tienen tumbas.

Después de todo, pensaba Fabián, la asunción de la tristeza no es tan negativa como parece. Hay una alegría extraña en saber que aún podemos estar tristes. Significa, entre otras cosas, que no estamos perdidos.

Por suerte, lo mejorcito de la pena siempre arrastra consigo algo de amor.

Salí corriendo y llorando a contárselo a mis padres, pero no quise ir con ellos a ver de nuevo a mi primera muerta. Luego han llegado otras, pero nunca olvidaré ese primer dolor, esa noción primaria de nuestra fragilidad, de cómo en el abandono puede ir cobrando fuerza la tentación de la muerte”.

El la tomó en brazos (era tan liviana) y la llevó hacia el interior de la casa. Dedujo que en algún sitio habría una cama, pero tuvo que hallarla por sí mismo. Ella estaba demasiado ocupada con sus escrúpulos como para servir de guía. Cuando por fin él estuvo, también sin ropa, tendido a su lado, ella pronunció un alerta honesto, un necesario aviso a la población: “Soy virgen”.

Y no te olvides de Chiapas, con esa guerrilla indígena,insólita guerrilla de paz, que sólo quiere que no la dejen fuera de la Constitución.

Hay que aprender, Medardo, no tanto de los gobiernos, que enseñan poco y mal,sino de la gente, que en última instancia sabe lo que quiere.

Estoy convencida de que el respeto por la soledad del ser amado es una de las menos frecuentes pero más entrañables formas del amor.

Las palabras, consciente o inconscientemente, a menudo mienten, pero los ojos nunca dejan de ser veraces.

Desde cualquier ángulo que la mires, la muerte es una joda.

La soledad es un estado de ánimo, pero puede convertirse en un vicio.

De todas mis soledades, ésta es la peor. Porque es una soledad con nostalgia.

¿Vos te acordás de cuál fue el origen de nuestro distanciamiento? Yo no. Sinceramente, no me acuerdo. Quizá fue un proceso lento. La conquista de la indiferencia también lleva su tiempo.

La más notoria fue sin duda la muerte de Estela, pero esa noche mi desconsuelo era tan tremendo que me olvidé de llorar.

Su vida familiar era apenas la asunción de dos soledades contiguas.

Bach era la exactitud; Vivaldi, la gracia; Beethoven, la nobleza; Brahms, la profundidad; Mozart, la alegría; Mahler, el rigor; Haendel, la devoción; Paganini, el desafío; Stravinsky, la sorpresa.

Traje los pies desnudos para entrar en el siglo
esa comarca en clave todavía ilusoria
vamos a no estrenarla con quimeras exangües
sino con el dolor de la alegría.