La revolución de las letras rojas

Tony Campolo & Shane Claiborne

La revolución de las letras rojas

La revolución de las letras rojas


Más que un libro es un diálogo sobre distintas temas entre los autores y que fundamentan sus opiniones basados en lo que Jesús dijo, que en la mayoría de las biblias viene marcado con letras rojas. Los temas principales son
Teología: liturgia, el infierno, el islam.
Modo de vida: homosexualidad, inmigración, desobediencia civil.
El mundo: deudas públicas, oriente medio, misiones.
Calificación de 10.

Dondequiera se utilice la palabra evangélico, un estereotipo se nos presenta en la mente. Se podría debatir si esa imagen está o no justificada, pero no hay mucha discusión en cuanto a que la palabra evangélico evoca la imagen de ciertos cristianos anti homosexuales, anti feministas y anti ecológicos, que están a favor de la guerra y de la pena de muerte, y que simpatizan con el Partido Republicano conservador. Sin embargo, muchos de nosotros que somos evangélicos en cuanto a la teología, no coincidimos con esa imagen. Tratando de escapar a esa definición, un grupo de nosotros nos unimos para adoptar un nuevo nombre: Cristianos de las Letras Rojas. A partir del año 1899 se han publicado Biblias que destacaban las palabras de Jesús escribiéndolas en rojo. Adoptamos el nombre de Cristianos de las Letras Rojas no solo para diferenciarnos d los valores sociales generalmente asociados con los evangélicos, sino también para enfatizar que somos cristianos que tomamos las enseñanzas radicales de Jesús en serio y que estamos empeñados en vivirlas en nuestra vida cotidiana.

La revista Christianity Today publicó un artículo de una página entera criticando nuestro nombre, en el que decía: «Ustedes actúan como si las letras rojas de la Biblia fueran más importantes que las letras negras». A eso respondimos: «¡Exactamente! ¡Y no solo somos nosotros lo que decimos que en la Biblia las letras rojas son superiores a las letras negras, sino que Jesús lo señaló también!». Jesús, una y otra vez durante el Sermón del Monte, declaró que algunas de las cosas que Moisés había enseñado sobre cuestiones como el divorcio, el adulterio, el asesinato, la venganza hacia aquellos que nos lastiman, y el uso del dinero debían ser superadas por una moralidad más alta.

Como el teólogo Soren Kierkegaard lo dijo en 1800: «La cuestión es simple. La biblia se comprende muy fácilmente. Pero nosotros, los cristianos,… fingimos ser incapaces de comprenderla porque sabemos muy bien que en el momento en que la comprendamos estaremos obligado a actuar según ella».

No me preocupo por dilucidar cada ínfima cuestión teológica como por leer las simples palabras de Jesús y tratar de vivir mi vida como si él hubiera querido decir lo que dijo.

A diferencia de lo que señalan el Corán y el Libro del Mormón, nuestro Dios no desciende para dictar palabra por palabra lo que contiene la Biblia. En lugar de eso, nuestro Dios se revela a través de lo que hace, y la Biblia es el registro infalible de esas poderosas acciones. Aquella letras negras que componen las palabras del Antiguo Testamento son el registro de esas acciones poderosas en las que vemos a Dios revelado.

Los antiguos griegos utilizaban términos como omnipotente, omnisciente, y omnipresente para describir a Dios, pero esas palabras simplemente no aparecen en el Antiguo Testamento. Los antiguos judíos nunca hubieran hablado de Dios en términos abstractos. Si le hubiéramos pedido a los antiguos judíos que describieran a Dios, ellos hubieran dicho: «Nuestro Dios es el Dios que creó el mundo, que escuchó nuestro clamor cuando fuimos esclavizados y que nos sacó de la tierra de Egipto y nos introdujo a la tierra prometida. Nuestro Dios es el que venció a los ejércitos de Senaquerib. El Dios al que adoramos nos permitió levantarnos por encima de los temibles poderes del mundo que podrían habernos destruido. Adoramos al Dios que obró en la vida de Abraham, de Moisés y de Jacob.» Lo que los antiguos judíos conocían de Dios les había llegado a través de las cosas que Dios había hecho. Fueron las poderosas acciones de Dios en la historia lo que les permitió comenzar a comprender cómo era Dios.

Si nuestro evangelio solo tiene que ver con la salvación personal, entonces es incompleto. Si nuestro evangelio solo tiene que ver con una transformación social y no con un Dios que nos conoce personalmente y tiene contados los cabellos de nuestra cabeza, entonces también resulta incompleto.

No soy salvo porque sea bueno, pero intento ser bueno porque he sido salvo.

La prueba determinante de que algo sea o no cristiano tiene que ver con esta pregunta: ¿me hace más parecido a Jesús? Algunos individuos dicen ser cristianos, pero cada vez se parecen menos a Jesús. También hay algunos que nunca se han declarado cristianos, y sin embargo, su corazón y la pasión que demuestran lentamente se van acercando al corazón de Jesús. Está en manos de Dios resolver eso. Ser más parecidos a Jesús es lo que intentamos hacer como Cristianos de las Letras Rojas; tiene que ver con el lugar del que venimos y aquel hacia donde vamos.

A través de internet y otras tecnologías, los individuos toman conciencia de que el mundo que hemos recibido es frágil, y si nuestra fe solo le promete a la gente vida después de la muerte y no se pregunta si hay vida antes de la muerte, vamos a perder a esas personas. En este momento se están utilizando toneladas de energía para pensar acerca de lo que Jesús tiene que decir con respecto a cuestiones como la economía y la violencia. Porque vemos cosas de este tipo por todas partes en nuestro tiempo: la pobreza y la guerra, por ejemplo. La buena noticia es que Jesús tuvo mucho que decir con respecto a esas cosas. Él no habló solo sobre lo que sucede después que morimos, sino acerca de cómo vivimos ahora. Hablaba de las viudas y los huérfanos, de los trabajadores y los sueldos: precisamente las mismas cosas sobre las que los jóvenes hablan hoy.

Uno de mis estudiantes me dijo una vez: «¡Conozco no cristianos que llevan vidas más parecidas a la de Cristo que la que usted vive!». Mi respuesta fue: «Si son tan maravillosos sin Jesús, ¿puedes imaginar cuánto más maravillosos serían con Jesús? Y si piensas que estoy tan mal teniendo a Jesús, ¿puedes imaginar lo que sería sin Jesús?» No me juzgues en términos de lo que soy, sino en términos de hasta dónde he llegado y de lo que espero recorrer en mi vida. Espero transitar una gran distancia hacia la meta de vivir una vida parecida a la de Cristo desde dónde estoy ahora.

Elegimos el sueño americano en lugar del sueño del evangelio.

Cierta vez un periodista le dijo a la Madre Teresa que él no podría hacer lo que ella hacía aunque le pagaran un millón de dólares. Ella le respondió: «Si, por un millón de dólares yo tampoco lo haría.»

Lenny Bruce, conocido por ser un comediante malhablado, dijo: «Cualquier hombre que se considere a sí mismo líder religioso y posea más de un atraje es un estafador si hay alguien en el mundo que no tenga un traje».

En lugar de quejarnos de la iglesia por la que hemos pasado, trabajamos por convertirnos en la iglesia con la que soñamos.

Uno de los pastores de mi vecindario dijo: «Me gusta considerar a la iglesia como el arca de Noé. Aquel viejo barco debió oler muy mal adentro. Pero si alguien intentaba dejarlo, se ahogaba».

Como dijo un pastor de nuestro vecindario: «Tenemos que ponernos en orden porque Jesús va a regresar. Y él vuelve a buscar una esposa, no un harem»

Cuando los jóvenes me dicen: «No puedo formar parte de la iglesia porque la iglesia está llena de hipócritas», siempre les digo: «Esa es la razón por la que te vas a sentir como en casa entre nosotros.»

Me he dado cuenta de esto: la gente no espera que los cristianos sean perfectos, pero sí espera que sean sinceros. El problema es que la mayor parte del tiempo no hemos sido francos. Hemos fingido ser perfectos y apuntando con el dedo a los demás. Así que cuando nos atrapan haciendo las mismas cosas que les hemos reprochado a otros, somos doblemente culpables.

Recuerdo que poco después de que el programa de televisión de Jim Bakker, el PTL Club, quedó expuessto por la incorrección sexual de él y de que luego él fuera llevado a juicio por fraude financiero, me tocó hablar en una conferencia de pastores presbiterianos. El moderador de ese grupo, antes de presentarme, dijo: «Debemos aprender a tomar distancia de personas como Jim Bakker, o de lo contrario el mundo pensará que todos somos como él». Cuando me levanté a hablar, dije: «Antes que nada, este no es un tiempo para tomar distancia de Jim Bakker. Es momento de abrazar a u hermano cristiano que está sufriendo. Si no lo hacemos, negamos todo lo que tiene que ver con Jesús y contradecimos todo lo que decimos sobre el amor incondicional. Deberíamos abrazarlo y no establecer una distancia con él en su soledad y tiempo de necesidad.» «En segundo lugar, la única diferencia entre Jim Bakker y el resto de nosotros es que no nos han descubierto todavía. Hay bastante basura en cada una de nuestras vidas como para que, si todo lo que es cierto con respecto a nosotros se colocara en una pantalla en medio de la reunión del domingo en la mañana, renunciaríamos y escaparíamos a escondernos. Casi todos tenemos secretos, pero no hemos sido expuestos, así que no nos conviene condenar a alguien que ha quedado expuesto». Hubo un sacudón a través de ese encuentro de pastores, pero ninguno de ellos elevó una protesta.

La liturgia tiene que ver con los patrones y ritmos de la oración que han sido practicados por los cristianos durante casi dos mil años. Rituales, tradiciones y hábitos sagrados como tomar la comunión y bautizarse, orientar la vida según la historia y el calendario de la iglesia, y recordar los días santos como la Pascua y la Navidad (y no solo las fiestas nacionales como el 4 de julio). La liturgia incluye nuestra adoración pública y la lectura de las Escrituras. Cuando Jesús abrió el rollo y leyó en Isaías, según cuenta Lucas, estaba leyendo la liturgia. Él celebraba la Pascua e iba al templo. Muchas de las cosas que hacía eran parte de la tradición judía. A algunos, eso los desafiaba. Y a algunos les trajo nueva vida.

He visto que el misterio de la Comunión sucede cuando llevábamos a cabo la Cena del Señor con familias sin techo, con roscas de pan donadas y jugo de manzanas.

Muchas veces usamos la oración como un pretexto para eximirnos de actuar. Ya saben, como cuando alguien expone un profundo dilema que está enfrentando y los demás le dicen: «Voy a orar por ti». Con frecuencia suelen ser sinceros y no saben qué otra cosa hacer. Y es verdad que necesitamos orar unos por los otros. Pero, en ocasiones, decir: «Voy a orar por eso», constituye una especie de código que implica «no voy a hacer ninguna otra cosa por ti». Así que debemos cuidar que la oración y la acción vayan juntas. Si escuchamos que alguien pide oración vez tras vez porque necesita que se realice una reparación en un techo que está filtrando agua, deberíamos seguir orando, ¡pero también podríamos dejar la comodidad de nuestros asientos y juntarnos con algunos para arreglar el techo! Cuando le pedimos a Dios que mueva una montaña, tal vez él nos pase una pala.

Leer teniendo la Biblia en una mano y el periódico en otra.

La liturgia, según Durkheim, cumple la función de enseñar y también de traer a la memoria lo que nunca debe ser olvidado.

La Lectio Divina, que en latín significa «lectura divina», por ejemplo. Es una forma de leer en oración las Escrituras que permite que ellas se graben en nuestras almas. La forma en que funciona es esta: se toma un pasaje de la Biblia, que no necesita ser largo, y se lo lee una vez lentamente. La primera vez uno simplemente lo escucha. Luego se lo vuelve a leer, y si se está en un grupo, se comparte una palabra o una frase que haya llamado la atención; nada más, solo una palabra o frase. Entonces se lo vuelve a leer por tercera vez, y cada persona señala por qué esa palabra o frase lo ha tocado. Por último, se lo lee por última vez, lentamente. En los monasterios de todo el mundo, la gente practica algo de este tipo cada día. Algunos de ellos señalan que es una forma de darse un banquete con la escrituras, permitiendo que se digieran y dejen un sabor en la boca.

Cada vez que Martin Luther King, organizaba una marcha en pro de justicia social a favor de los afroamericanos, convocaba a los posibles participantes a reunirse por lo menos dos días antes para prepararse espiritualmente para la marcha. La gente no siempre puede ver el cuadro completo cuando piensa en el activismo del doctor King, porque lo que él quería era que toda la gente que marchara primero pasara un tiempo en oración. Él sabía que allá en las calles la gente podría burlarse de ellos, la policía sería capaz de golpearlos, y era factible que se le ordenara a los perros que los mordieran. Tenían que estar preparados espiritualmente para amar a sus enemigos y para hacerles el bien a aquellos que los lastimaran, como Jesús les había mandado hacer. De otra manera, se sentirían paralizados desde lo emocional y lo espiritual antes las hostilidades que se les presentaran.

Una de las citas atribuidas a Francisco [de Asís] constituye una crítica simple y aguda a nuestro mundo, así como lo fue también al suyo: «Cuántas más cosas tenemos, más garrotes necesitamos para protegerlas». Nos lleva a preguntarnos si él no hubiera ido a protestar en Wall Street en nuestros tiempos.

Conozco el camino al cielo, así que hablo sobre eso. Me imagino que si uno conociera la cura para el cáncer no andaría por allí hablando del cáncer todo el tiempo. Le contaría a la gente acerca del remedio. No estoy seguro cuándo fue que nos obsesionamos con el infierno. Jesús habla algo acerca de él, pero ni cercanamente tanto como habla del reino de Dios.

En lo que tiene que ver conmigo, yo no escogí a Jesús porque me aterrorizara el infierno. Ni porque deseara mansiones en el cielo y calles de oro. Elegí a Jesús porque él es maravilloso, absolutamente maravilloso. Podemos vivir sin temor. Después de todo, nada puede separarnos del amor de Dios (Romanos 8:38-39). Nada.

Si me preguntan si hay gente fuera de la iglesia que podría ser salva por Jesús, solo puedo responder que no emito juicios sobre quién está adentro y quién fuera. Yo creo que el mensaje de la Biblia no tiene que ver con que la salvación llegue a través del grupo al que uno pertenece, ni al nombre que uno adopte, sino con que Jesús es el único camino a la vida eterna. Las personas son salvadas por lo que Jesús hizo por ellas en la cruz.

Billy Graham: «Mi tarea es dar testimonio. La tarea del Espíritu Santo es convencer. Y la atrea de Dios el padre es juzgar».

En el cielo Pedro está a cargo de controlar a la gente que entra por los portones. Pablo, opr otro lado, siendo el gran administardor que demostró ser en la tierra, está a catrgo de llevar un registro de la gente que hay en el cielo. Lo inquita el hecho de que siempre encuentra más gente en el cielo de la que Pedro va recibiendo, Esta discrepancia los incomoda mucho a los dos. Entonces un día Pablo llega corriendo hasta donde está Pedro y le dice: «¡Descubrí lo que sucede! ¡Es Jesús! ¡Él está haciendo pasar gente por encima del muro!». A Peggy le gusta mucho esa historia porque ella cree que nos dice que aun cuando la iglesia a veces piensa que puede determinar quién entrará y quién no entrará al cielo, Jesús puede estar obrando fuera de la iglesia, amando a la gente elevándolos para que entren a su reino.

Una de mis escenas teológicas favoritas de las Escrituras es cuando el velo del templo se rasga y se abre. Cuando Jesús muere en la cruz, el velo del templo (los que saben dicen que era tan grueso como una mano y tan grande como una cancha de básquetbol; y que se precisaban docenas de sacerdotes para trasladarlo) se rompe y se abre. Como para decir: Dios no puede ser retenido como un rehén. Dios es mayor que nuestras imágenes, íconos y templos. Dios no necesita mediadores y no está confinado al Lugar Santísimo. Dios está vivo en el mundo y anda por las calles. Dios puede sanar a la gente con tierra y saliva. Dios puede freír pescado. Dios está con nosotros. Ya no tenemos que ir a los templos para encontrar a Dios. Dios ha venido y nos ha encontrado. En Jesús.

De entro toda la gente, deberíamos ser nosotros los cristianos los que construyéramos amistades y protegiéramos la dignidad de los seres humanos, aun de aquellos que pertenecen a otra fe.

Me resulta muy interesante que Jesús emitiera su más duro juicio dentro de su grupo más cercano. Después de todo, a la única persona a la que Jesús llamó «Satanás» fue al que luego se convertiría en una roca dentro de la iglesia: Pedro. Jesús permanentemente reprendía y trataba de afinar a sus discípulos. Los acusaba de falta de fe y de juzgar a otros. Y trataba de sacar a relucir lo mejor de los demás, celebrando la fe de personas como el centurión, la mujer sirofenicia, los samaritanos, y los recaudadores de impuestos. Jesús hizo exactamente lo opuesto a lo que hacemos la mayoría de nosotros. Muchos procuramos destacar lo mejor de nosotros mismos y lo peor de los demás. Jesús nos invita a encontrar lo peor de nosotros y buscar lo mejor de los otros.

Una de las mejores ilustraciones que he escuchado acerca de cómo construir la comunidad me llego de un granjero: «Hay dos formas de mantener a las vacas adentro, ¿sabes? Una es construyendo cercos. La otra es teniendo una fuente de alimentos realmente buena. Entonces no se necesitan los cercos.»

Con frecuencia deseamos hacer de Dios nuestra posesión exclusiva, y lo mismo hacían también los antiguos judíos. Hubo tiempos en que querían creer eso porque ellos eran el pueblo escogido por Dios, y Dios solo los amaba a ellos. Esa fue la razón por la que cuando Dios envió a Jonás a Nínive para decirle a las personas de esa ciudad que se arrepintieran de sus pecados y se convirtieran en parte de la familia de Dios para ser amados por Dios, Jonás se rehusó a ir. La idea de que Dios pudiera amar a los ninivitas tanto como a los judíos le resultaba impensable.

Mientras los conduce fuera de Egipto, Dios establece algunas nuevas leyes y patrones para esas personas. Dios los está formando a ellos como un nuevo pueblo, una «nación santa» (Éxodo 19:6). Santo significa «llamado afuera» o «separado». Ellos son la pequeña contracultura de Dios, el pueblo peculiar de dios llamado a salir de los patrones destructivos de su mundo para mostrarle al mundo cómo es una sociedad de amor. A medida que Dios va formando esta contracultura santa, coloca en su lugar las nuevas leyes. Guardar el sábado es uno de los Diez Mandamientos, lo que incluye el descanso de nuestros cuerpos y de la tierra, de modo que no nos matemos trabajando ni nosotros ni nuestros animales. Al trabajo se lo mantiene santo y no se convierte así en un trabajo duro y sin sentido. A los hebreos se les manda practicar la hospitalidad hacia los forasteros y tomar con especial cuidado a los inmigrantes extranjeros. (Tal vez los políticos de Washington D.C. que hablan sobre la inmigración harían bien en realizar un pequeño estudio bíblico de Levítico, ¿no es verdad?) Los hebreos deben promulgar prácticas como la del rebusque, en la que los granjeros dejan los bordes de sus cosechas sin recoger para que los pobres puedan tomarlas gratuitamente. Y, por supuesto, está el Jubileo. El Jubileo, o año de la emancipación, tiene que ver con el desmantelamiento sistemático y regular que hace Dios de la inequidad, y en él los esclavos son liberados, la propiedad redistribuida y las deudas gratuitamente perdonadas. Es como si Dios les dijera a través de todo eso: «Si ustedes no hacen estas cosas, entonces acabarán tal como estaban en Egipto otra vez». Dios es un Dios de abundancia cuando nosotros confiamos, y un Dios de redistribución cuando no lo hacemos. El pueblo de Dios no tiene que acumular cosas para el mañana, sino compartir indiscriminadamente, teniendo la confianza escandalosa y santa de que Dios proveerá para el mañana. Entonces no precisamos acopiar cosas en almacenes, en especial cuando hay alguien en necesidad.

Como dice uno de mis amigos católicos, «Mientras haya un estómago que duele de hambre, la Eucaristía está incompleta».

En mis clases aquí en la Universidad Eastern, les digo a mis alumnos que la Biblia no aboga ni por el capitalismo ni por el socialismo. Como nos lo dice cualquier libro sobre capitalismo, la motivación de la producción es el beneficio, y los Cristianos de las Letras Rojas no se manejan fundamentalmente por una motivación que los lleve a obtener beneficios, Más bien son motivados por el amor al tratar de suplir necesidades de la gente. No hay nada malo en obtener beneficios; de hecho, aquellos que no producen beneficios no se van a mantener en su negocio el tiempo suficiente como para suplirá las necesidades de nadie. Pero es el amor y no la obtención de beneficios lo que motiva a los cristianos. Por otro lado, la economía de Dios tampoco es socialista. Cuando Dios colocó a Adán y a Eva en el jardín del Edén, les dio liberta para tomar decisiones que determinaran su destino, lo que incluye su destino económico. En el socialismo, es el estado político el que determina el destino económico del pueblo. Al darle libertad a la humanidad, Dios le presta credibilidad a un sistema de libre empresa en el que el propósito primario de la producción es bendecir a la gente produciendo bienes y servicios que suplan sus necesidades. De eso se trata el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22.37-40). Al hacerlo, los de alrededor podrán «ver nuestras buenas obras y alabar al Padre que está en el cielo» (Mateo 5.16, parafraseado).

Algunas monjas y monjes célibes me han enseñado que nuestro principal anhelo es de amor, de comunidad. No de sexo. Hay individuos que realizan toda suerte de prácticas sexuales y no encuentran el amor. Y otros, como mis amigos célibes, que nunca han mantenido relaciones sexuales en toda su vida, pero experimentan profundamente el amor y la intimidad. Así que con resolución tenemos que ir en pos de aquello que nos permite buscar primero el reino de Dios.

Tengamos cuidado de no pintar con colores gloriosos lo que le sucederá a la vida familiar cuando algunos miembros se convierten en Cristianos de las Letras Rojas. Aun las relaciones entre marido y mujer pueden quedar sujetas a presión cuando uno de ellos se vuelve un seguidor comprometido de Cristo y el otro no.

Los cristianos podemos tener que experimentar el dolor del distanciamiento de nuestra propia familia, literalmente hablando, pero recibimos una familia eterna en cambio. La iglesia tendría que dar un paso adelante y convertirse en la nueva familia de aquellos nuevos cristianos que se encuentren distanciados o en conflicto con los suyos.

Cuando el candidato presidencial Rick Perry celebró sus ejecuciones como gobernador de Texas durante el debate presidencial del Partido Republicano, el 7 de septiembre de 2011, la audiencia, formada mayormente por miembros de la Coalición Cristiana, estalló en aplausos. Como cristiano, encontré aquello profundamente perturbador.

Cuanto más cerca estamos de Dios, menos deseamos arrojarles piedras a otras personas.

Conozco a muchas víctimas de delitos violentos, y aquellos que han alcanzado mayor sanidad son los que consiguieron perdonar. Una mujer, familiar de una víctima de crimen, me dijo que trabaja en contra de la pena de muerte porque en la medida en que va conociendo a más víctimas descubre que las menos sanas son aquellas que buscan el castigo y la venganza. La justicia restauradora es una de las tareas más redentoras y de características más cristianas que tienen lugar dentro del sistema de justicia. Mucho de eso fue comenzado por los cuáqueros, que no creían en una justicia punitiva, sino en una justicia restauradora. Es la idea de que la justicia de Dios no solo tiene que ver con lo que merecemos, sino con restaurar lo que se ha quebrado: tiene que ver con la sanidad y el perdón. Eso es lo que hace a la justicia bíblica diferente de otras justicias.

El músico Drek Webb dice: «Asesinar para mostrar que matar está mal es tan errado como intentar enseñar la santidad a través de la fornicación».

Siempre que escucho a alguien decir «Mi pecado es tan grande que Dios nunca podrá perdonarme», pienso en lo que esa persona está diciendo en realidad es que su pecado es mayor que Dios. Hablar de esa manera, en un sentido, puede ser el mayor de todos los pecados.

Barney Frank, un congresista liberal demócrata, en una conversación personal señaló de un modo desafiante que el problema con los evangélicos es que piensan que la vida comienza con la concepción y finaliza con el nacimiento. Básicamente quiere decir que estamos dispuestos a proteger la vida desde el momento de la concepción y hasta el momento del nacimiento, pero una vez que el bebé ha nacido, no queremos hacer lo necesario para cuidar del bebé. Como evangélicos, aun con todas nuestras políticas en pro de la vida, raramente deseamos aportar el dinero necesario para los servicios de salud, los cuidados diarios y la educación.

Casi el setenta por ciento de los abortos que se llevan a cabo en Estados Unidos son motivados por factores económicos, según el Instituto Guttmacher. Muchas mujeres abortan un bebé porque les faltan los medios económicos como para cuidar a un bebé. Consideremos, por ejemplo, a una mujer que trabaja en Walmart por un sueldo mínimo, que no tiene cobertura hospitalaria, y que está embarazada por una relación extramatrimonial. Sabe que no puede sostener a un hijo, Tiene dificultades para sostenerse ella misma, así que se practica un aborto. Ella es una de esas personas a las que llamamos «trabajadores pobres», y vive en una sociedad que le dice: «No vamos a mantenerte si tienes un bebé. No vamos a cubrir tu cuenta de hospital, ni vamos a cubrir los gastos de guardería para que puedas trabajar. No vamos a proveerte ningún tipo de cuidados prenatales, y no estamos dispuestos a incrementar el salario mínimo de modo que puedas ganar lo suficiente como para sostenerte por ti misma y también a tu hijo». La sociedad le dice que no se hará cargo de ninguna responsabilidad una vez que nazca el bebé. Estar a favor de la vida no es solo comprometerse a proteger a aquel que no ha nacido aún, sino también al niño después de que lo han dado a luz. Estar a favor de la vida va mucho más allá de criminalizar los abortos. Cuando me preguntan si el óvulo se convierte en un ser humano en el momento de la concepción, yo respondo: «No lo sé, y dado que no sé exactamente cuando el nonato se convierte en un ser humano, he elegido estar a favor de la vida». Prefiero equivocarme del lado de la vida que poyar el asesinato de un niño por nacer.

Cuando estuve en la India, descubrí que la gente de allí no la llamaba «Madre Teresa» sino simplemente «Madre». La razón es que ella ha sido una madre. Una y otra vez conocí niños que ella había criado. Se ganó ese título y su credibilidad como defensora de la vida no porque anduviera realizando demostraciones en contra de las clínicas de aborto y portando carteles con la leyenda «El aborto es asesinato». Era un adalid de la vida porque acompañaba a las mujeres y a los niños en situaciones difíciles; tenía una integridad que no se puede discutir.

Las corporaciones han sido astutamente malvadas al idear formas de lograr que nosotros compremos cosas que no necesitamos. Hay ingeniero que utilizan su imaginación para aquello que se opone a la vida: para diseñar semillas de modo que las plantas que ellos cultivan no se reproduzcan, y hagan necesario que la gente compre semillas todos los años.

En nuestro vecindario las drogas constituyen una de las mayores industrias, y ellos querían cambiar eso. Ahora tienen esta estación de biodiesel. La filosofía que respalda su negocio es que las cosas que descartamos todavía tienen valor. Algunas personas han sido tratadas como basura. Así que cuando recogen aceites vegetales descartados y hacen de ellos combustible para los automóviles, son guiados por una teología de la resurrección. Las cosas muertas pueden traerse de nuevo a la vida.

¿Nuestros hábitos dietarios se relacionan con la destrucción del planeta? La mayoría de los científicos dirían que los estadounidenses comen demasiado y que además comen la comida equivocada. Nos abarrotamos de comida mientras muchos en el mundo están a las puertas de la muere por la falta de proteínas en sus dietas. Los científicos señalan que si los granos que producen proteínas fueran consumidos directamente por las personas en vez de ser comidos por el ganado que luego nosotros comemos, la cantidad de proteínas disponibles para la gente pobre del mundo se aumentaría en un noventa por ciento.

¿Por qué confiar en las mujeres y considerarlas lo suficientemente agudas como para ser médicas, científicas, pilotos o trabajadores sociales, pero no pastoras? ¿Confiamos en que las hermanas pudieran disparar un M16 pero no usar la espada del Espíritu? Algo anda mal.

Nosotros los Cristianos de las Letras Rojas, seguimos a Jesús, que era dulce, amable y gentil. Sin embargo, él también era fuerte y firme. Jesús tenía los atributos que nuestra cultura define como masculinos, y también muchas de aquellas características consideradas como femeninas. Él unió en sí mismo todas las características que hacen a un ser humano completo.

La feminista Kate Millet una vez dijo: «Un hombre de cuarenta y cinco años es maduro, pero una mujer de cuarenta años está obsoleta». Ella no quiso decir que una mujer no fuera atractiva a los cuarenta, sino que si una mujer era atractiva a los cuarenta es porque no parece tenerlos.

Cuando nuestra comunidad hace una recolección de juguetes para el tiempo de Navidad, no aceptamos ni revólveres de juguete ni muñecas Barbie. Sí a las muñecas que representan bebés. Pero no a las muñecas Barbie y a las armas de fuego de juguete. No hay lugar para ellos en el reino.

Demasiados líderes cristianos están molestos por lo que la revista Playboy le hace a la imaginación sexual de los hombres, pero ignoran lo que les hace a las mujeres representadas por aquellas páginas centrales de la revista y a la mujeres que no se parecen para nada a ellas.

No vamos a resolver el problema del tráfico sexual simplemente por arrestar a los hombres que trafican con mujeres o a los hombres que utilizan a esas mujeres. Habrá otros que ocupen sus lugares. Tenemos que tratar con la horrible realidad de que nuestra sociedad está adoctrinando a los hombres con conceptos funestos acerca de lo que puede encenderlos sexualmente. Esas cosas erradas formas parte de nuestra cultura, y es responsabilidad de la iglesia hacer que se levanten hombres que no se conformen a la cultura (Romanos 12:1-2) y que en cambio trabajen para cambiarla.

Tenemos que celebrar lo que hacen todos. Algunos le dan pescado a la gente. Otros le enseñan a pescar. Otros preguntan: «¿Quién es el dueño del estanque? ¿Y por qué cuesta tanto una licencia para pescar?»

No les decimos que el propósito de la educación es obtener las credenciales que cuentan para alcanzar el éxito socioeconómico. Les enseñamos a los estudiantes latinos y afroamericanos que el propósito de la educación es equiparlos para ser agentes más eficaces de Dios para colaborar con él para cambiar el mundo. No me sorprende que luego de la facultad muchos de ellos regresen a sus antiguos vecindarios como maestro, pastores, abogados, trabajadores sociales o empresarios.

Para comprender la realidad del racismo, todo lo que tenemos que hacer es buscar en las prisiones; según las estadísticas, uno de cada tres hombres negros es encarcelado en algún momento de su vida. Son estadísticas increíbles. Los eruditos señalan que en Estados Unidos no hemos abolido por completo la esclavitud. Simplemente ha cambiado de forma. La Decimotercera Enmienda, para abolir la esclavitud, dice: «No deberá existir dentro de Estados Unidos ni esclavitud ni servidumbre involuntaria, a excepción de que sea un castigo por un crimen por el que el implicado haya sido debidamente condenado». Tenemos todo un legado, una cicatriz, que la esclavitud y el racismo nos han dejado.

Es importante que reconozcamos que hay una buena razón para que las Escrituras nos digan que Dios no desea que se hagan imágenes de talla de él, ni que tampoco se pinte ningún cuadro de él. Porque es muy probable que lo representemos a nuestra propia imagen, y por lo tanto transformemos la adoración a Jesús en adoración a nosotros mismos, lo que sería idolatría.

Cuando estuve en la India, trabajé en el primer hogar de la Madre Teresa, el Hogar para Moribundos. Había allí docenas de voluntarios, algunas de las personas más extraordinarias que jamás haya conocido. Cada día viajábamos juntos de ida y de vuelta en el ómnibus. En una de esas ocasiones, una de las voluntarias me confió que era gay. Estaba luchando por descubrir qué hacer con eso, y cómo llevar una vida que honrara a Dios siendo lesbiana. Mientras hablábamos, le pregunté si había pensado en hablar con la Madre Teresa al respecto. ME dijo que lo había estado pensando. Así que unos pocos días después le volví a preguntar si había hablado con la Madre Teresa. Me dijo que sí. Cuando quise indagar cuál había sido tu respuesta, la mujer se sonrió y señaló: «No dijo mucho». Eso solo ya era profundo, pero yo seguí intentando. «Bueno, pero dijo algo, ¿no?». Mi amiga respondió: «Mayormente escuchó. Pero luego de que acabé de abrirle mi corazón, me preguntó si estaba dispuesta a leer las Escrituras en la misa del día siguiente». ¿Cuánta belleza tiene eso? Muy a menudo pensamos que nuestra tarea es presionar a la gente, y en realidad constituye una falta de fe en que el Espíritu ya esté trabajando con ellos, conduciéndolos. Creemos que el Espíritu no puede obrar sin que nosotros saltemos en su ayuda para asegurarnos de que la gente sepa lo que dice la Biblia, o esto, o aquello. Con demasiada frecuencia confundimos nuestro rol. […] Cuando se le preguntó a Billy Graham sobre la cuestión gay, dio esta respuesta: «Es tarea del Espíritu Santo convencer, la de Dios Juzgar y la mía amar».

Debería rompernos el corazón el hecho de que a menudo seamos más conocidos por los asuntos a los que nos oponemos que por los que apoyamos. Nos conocen mejor por aquellos a los que hemos excluido que por aquellos a los que hemos abrazado. Eso no era lo que la gente pensaba cuando se encontraba con Jesús. Los individuos no tenían un encuentro con Jesús para luego salir diciendo: «Hombre, con seguridad no le gustan los tipos gays».

Siempre le digo a nuestra comunidad que nosotros deberíamos atraer a la gente que Jesús atraía y frustrar a la gente a la que Jesús frustraba. En verdad, nunca es nuestra meta frustrar a nadie, pero vale la pena notar que la gente que constantemente se mostraba agitada ante él eran los santurrones, la elite religiosa, los ricos y los poderosos. Y que la gente que estaba fascinada con él, con su amor y su gracia, eran individuos que ya habían sido heridos y excluidos, individuos que no tenían mucho que perder, que sabían muy bien que estaban quebrantados y necesitaban un Salvador. Y eso es lo que significa ser iglesia.

Independientemente de las diferencias que los cristianos puedan tener sobre este tema controversial, deberíamos concordar en que los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales son el prójimo al que debemos amar como nos amamos a nosotros mismos (Mateo 22.39).

Los cristianos que vivían en México se acercaban hasta el muro donde los cristianos que vivían en Estados Unidos se encontraban con ellos. Cantaban, adoraban a Jesús, y luego se sevían la Comunión los unos a los otros arrojando el pan y las botellas de vino por encima del muro. El muro, creado por la gente, por los gobierno de este mundo, no constituye una barrera para el pueblo de Dios, que es uno en el Espíritu.

Todos somos ilegales en el reino, y Jesús nos hizo entrar en él.

Jesús es aquel que nos metió en el reino de Dios cruzándonos por sobre la frontera, y ni siquiera nos ha cobrado el derecho a ser ciudadanos. Jesús siempre se ha metido en problemas por recibir a los «ilegales» en el banquete. Se lo acusaba de ser un glotón y un borracho por haber andado con la gente equivocada. Pero constantemente él desafió y frustró a los fariseos, que pensaban que era obedeciendo todas las reglas y guardando todas las leyes que se entraba al cielo.

Toda la Biblia está llena de gente de afuera convertida en la de adentro por la gracia. El nacimiento de Moisés es escandaloso, porque él fue introducido ilegalmente, de contrabando, en este mundo, en un acto de desobediencia civil. Su madre lo salvó de la espada y lo hizo flotar en el río, y la hija de Faraón se lo apropio y lo crió ilegalmente con una nodriza hebrea (que en realidad era su verdadera madre), según Éxodo 2. A Rut, «la moabita» (en código, «la forastera»), l e muestra hospitalidad Booz, con quien luego se produce un bello romance, y aquel matrimonio intercultural forma parte de la genealogía que nos lleva hasta Jesús (Rut 2-4). O sea que Jesús tenía una bisabuela «ilegal». Aun el nacimiento de Jesús entra dentro de esta dinámica. Nació sin que hubiera lugar para él en el mesón. Nació en el camino, durante un trayecto; era un refugiado. Y ahí fue que Herodes comenzó a matar a los pequeños. Hay muchos elementos que reflejan la situación de aprietos que sufren los inmigrantes contemporáneos y los que buscan asilo.

Recientemente en mi vecindario una congregación comenzó por abrir el edificio de la iglesia, como muchas congregaciones lo hacen alrededor del mundo, a los sin techo, de modo que ellos tuvieran un lugar seguro y abrigado para dormir por las noches. El gobierno de la ciudad escuchó acerca de ellos y comenzó a tomar medidas. Al pastor le dijeron que no se le permitía tener un refugio, porque no contaban con los permisos apropiados, ni tampoco se los concederían porque la ciudad no deseaba tener un albergue allí. Pero uno no se puede meter con los pentecostales. Así que la congregación oró y el Espíritu se movió. Volvieron a hablar con los funcionarios de la ciudad y les anunciaron que ellos seguirían no teniendo un refugio, pero que tendrían una reunión de avivamiento todas las noches desde las 8 p.m. hasta las 8 a.m. Fue fantástico ver cómo los noticieros cubrieron la historia. La ciudad no se animó a detener ese avivamiento: ¡fue algo maravilloso! Comenzaban con canto, adoración y participación de la gente. Luego de unas dos horas, el pastor se ponía de pie y decía: «Bien, con esto concluye el servicio formal de esta noche. Las siguientes ocho horas serán de una meditación silenciosa. Que todos pasen una buena noche». ¡Hasta donde sé, esas reuniones de avivamiento todavía continúan! Ese es el valor que necesitamos.

La gran ironía es que si miramos un par de generaciones atrás, encontraremos a algunas de estas personas en nuestra propia familia. Hemos desarrollado amnesia y olvidado que la mayoría de nosotros tenemos ascendientes que fueron inmigrantes.

A la gente pobre se le están haciendo muchas cosas horribles, y nosotros no prestamos atención a ello. Esto sucede debajo de nuestras narices.

Sin lugar a dudas necesitamos someternos a las autoridades, pero creo que hay dos maneras diferentes de hacerlo. Una es obedecer las buenas leyes, y la otra es sufrir las consecuencias por desobedecer las malas leyes.

Cuando hablamos sobre lo que las Escrituras dicen con respecto a la desobediencia civil, resulta importante que notemos que la meta del pueblo de dios nunca es quebrantar la ley; la meta del pueblo es obedecer a Dios. No tiene que ver con la desobediencia civil, sino con la obediencia a los divino.

La Biblia deja en claro que los reyes no fueron idea de Dios, sino de nosotros. Desde el mismo principio, cuando el primer rey ocupó ese lugar, a Dios no le gustó la idea. No se suponía que Israel tuviera rey, pero ellos lo pidieron, así que lo obtuvieron. Dios les dijo explícitamente que el rey iba a oprimirlos, convertirlos en esclavos, quitarles su dinero, y hacer que pelearan en sus guerras (1 Samuel 8).

Todos los principados y poderes del mundo tienen la tendencia a afirmar que están haciendo la voluntad de Dios.

El doctor King dijo: «Tenemos que sacar a la luz la injusticia y hacer que esa injusticia resulte tan incómoda que obligue a prestarle atención». Y eso fue lo que el movimiento de los derechos civiles hizo: la gente vio que personas desarmadas eran golpeadas, atacadas por os perros, empapadas con mangueras (y otras maldades del racismo). Jesús hizo precisamente eso en la cruz: sufrió sin ejercer violencia, experimentó el odio y la maldad sobre él, y los desenmascaró. El apóstol Pablo dice que Jesús exhibió públicamente a los poderes y a las autoridades en la cruz (Colosenses 2.15). El teólogo menonita John Howard Yoder llamó a esta idea una «subordinación revolucionaria». A través del sufrimiento, más que por el conflicto armado, desenmascaramos la maldad y exhibimos la injusticia. Cuando mis amigos y yo fuimos a la cárcel en Filadelfia por alimentar a los sin techo y dormir en los parques públicos, hicimos que se levantaran grandes interrogantes acerca de la pertinencia de las leyes contrarias a los sin techo que la ciudad estaba dictando. Finalmente nos encontraron no culpables. Y hasta el juez dijo: «Si no fuera por la gente que quebranta las malas leyes, no tendríamos la libertad que tenemos ahora. Todavía tendríamos la esclavitud. Esa es la historia de este país desde el Tea Party de Boston hasta el movimiento por los derechos civiles. Estos individuos no son criminales: son luchadores por la libertad». De hecho, hasta los oficiales de policía fueron a la corte a argumentar que las leyes eran erróneas. Y todo eso porque nosotros quebrantamos leyes malas, y abierta y voluntariamente sufrimos las consecuencias.

Muchos jóvenes cristianos están donando mucho más a asociaciones sin fines de lucro y a algunas ONG de lo que dan a la iglesia porque quieren marcar una diferencia en el mundo y no están seguros de que la iglesia sea el mejor administrador de su dinero para lograr ese fin.

Soren Kierkegaard, sentado en una catedral, exclamó: «¡Tanto dinero gastado en construir edificios para honrar a alguien que dijo “Yo no habito en templos hechos de manos”!». Jim Wallis, fundador de Sojourners, cree que un presupuesto es un documento moral, y que cuando uno mira el presupuesto de una iglesia, sabe a qué se dedica esa iglesia y qué es lo que valora. En muchos casos, uno descubre que los presupuestos de las iglesias muestran que están centradas en ellas mismas. La realidad es que muchas iglesias gastan poco en alguien o algo que no pertenezca a la iglesia. Cuando uno analiza el presupuesto de cualquier iglesia, probablemente encuentre que la iglesia solo para sus cuentas y se hace cargo de sus propias necesidades. Se ha dicho que la iglesia tendría que ser el único club del mundo que existiera en beneficios de aquellos que no son miembros. Pocos de los presupuestos de las iglesias dan evidencias de eso.

La mejor crítica a algo equivocado es practicar algo mejor.

Como lo dijo la Madre Teresa que «Cuanto más tenemos, menos podemos dar».

En 2007 Barack Obama declaró, en el programa de David Letterman: «este país todavía es la mejor esperanza que queda sobre la tierra». Esta es otra teología que se parece mucho a la de los imperios anteriores.

La palabra Babilonia, en código, se refiere a cualquier sociedad dominante en la que la comunidad cristiana se encuentre inmersa. Si uno forma parte de la comunidad cristiana en Francia, su Babilonia es Francia. Si uno forma parte de la comunidad cristiana en Brasil, su Babilonia es Brasil. Tú y yo somos ciudadanos de Estados Unidos de América. Nuestro sistema social dominante son Estados Unidos de América. No me malinterpreten. Amo a nuestro país. ¡Creo que es la mejor Babilonia sobre la faz de la tierra! Pero sigue siendo Babilonia. No es el reino de Dios. Apocalipsis 18 y 19 tiene que ver con todas las Babilonias que ha habido desde entonces.

Me causa preocupación el que solo se exhiba la bandera de una nación, cualquiera sea, al frente de una iglesia. ¿No es la iglesia un lugar en el que declaramos nuestra ciudadanía como perteneciente a un nuevo reino que abraza a toda la humanidad en un solo pueblo en Cristo? La Biblia dice que en Cristo ni hay judío ni griego, esclavo ni libre, bárbaro ni escita, varón ni mujer (Gálatas 3.28). Esa unidad en la identidad debería resultar evidente en todas y cada una de las iglesias.

He visto padres que se sentían orgullosos de que sus hijos fueran a morir por Estados Unidos, pero que se ponían furiosos si sus hijos desearan ir al África o a Asia como misioneros.

La democracia, como les he dicho a mis alumnos vez tras vez, no constituye una sociedad en la que la mayoría gobierna, sino una sociedad en la que resulta seguro pertenecer a la minoría. Los estadounidenses se inclinan a pensar que se crea democracia cuando cada ciudadano tiene el derecho a votar, y ese concepto es erróneo. En 2005, luego de la ejecución del dictador iraquí Saddam Hussein, se realizaron elecciones libres y abiertas en Irak. La mayoría shiita ganó y procedió a establecer una república islámica. Ahora, por primera vez en la historia de Irak, los cristianos son perseguidos y se queman iglesias en Bagdad. Anteriormente, los cristianos iraquíes vivían en paz con los otros ciudadanos iraquíes y eran libres de practicar su fe y hasta de evangelizar. Me gustaría señalara que antes de la segunda Guerra del Golfo, tuve una invitación del vicepresidente de Irak, que estaba bajo las órdenes de Saddam Hussein y era cristiano, para ir y realizar reuniones de evangelización. En ese entonces había libertad religiosa. Pero ahora que los shiitas han tomado control del país a través de elecciones libres, esa libertad religiosa está restringida y los cristianos son perseguidos. El regocijo por la finalización de la dictadura opresiva de Saddam Hussein se ha cambiado a causa de lo que les ha estado sucediendo a las hermanas y hermanos cristianos. Irak ha bajado de 1,5 millones de cristianos a alrededore de medio millón. La cantidad de cristianos se ha reducido en unos dos tercios. Están huyendo fuera de Irak a Jordania y otros países, en busca de refugio. Algunos de esos refugiados cristianos viven rayando la inanición debido a que Jordania no puede alimentarlos. Los jordanos no cuentan con suficientes puestos de trabajo ni para su propio pueblo, así que ni pensar en los cientos de miles de refugiados que han huido hacia allí. Todo esto ha sucedido a causa de las buenas intenciones de Estados Unidos de procurar crear una democracia en Irak.

Una de las razones por las que amo a Estado Unidos es porque cuando tenemos elecciones y gana la mayoría, la minoría no tiene que preocuparse de que la mayoría se organice para perseguirla. Irak nos muestra cuáles son los resultados cuando ese no es el caso. Podemos vivir en la mejor Babilonia del mundo, pero solo es porque los otros sistemas políticos y económicos son mucho peores.

Un gobierno puede aprobar buenas leyes, pero ninguna ley logra cambiar el corazón humano. Solo Dios puede hacerlo. Un gobierno tiene la posibilidad de proporcionar buenas viviendas, pero la gente puede tener una casa sin tener un hogar. Es posible que mantengamos a la gente con vida a través de una buena atención médica, pero de todos modos las personas pueden no sentirse realmente vivas. El trabajo comunitario de amor, reconciliación, restauración es una obra que no podemos dejar librada a los políticos. No podemos esperar que los políticos cambien al mundo. No podemos esperar que los gobiernos legislen sobre el amor. Y no permitimos que sean las políticas las que definan la manera en que debemos tratar a las personas; al contrario, el modo de tratar a las personas le da forma a nuestras políticas.

No estás haciendo un llamado a que no nos involucremos en política. En lugar de eso tú adviertes a los cristianos que no deben poner toda su confianza en los poderes políticos. Los llamas a ejercitar una participación que acompañe el proceso político para poder hablarle la verdad constantemente al poder en aquella áreas en las que el poder parece estar afirmándose de maneras contrarias a la voluntad de Dios.

Votar es algo así como ejercer un control de daños. Intentamos disminuir la cantidad de daño causado por los poderes. Y para los cristianos, el votar no es algo que llevamos a cabo cada cuatro años. Votamos cada día. Votamos por la manera en que gastamos el dinero y por las causas que apoyamos. Votamos por la cantidad de combustible que usamos y por los productos que compramos.

Si vamos al libro de Colosenses, encontraremos que todos los principados y poderes fueron creados por Dios y para los propósitos que Dios tiene en el mundo (Colosenses 1.16-17). Es tarea del gobierno, que es uno de esos principados y poderes, hacer la voluntad de Dios así como es tarea de la iglesia institucional cumplir con la voluntad del Señor. Si la iglesia fracasa en cumplir con la voluntad de Dios, yo soy llamado a ayudarla a descubrir y hacer esa voluntad; y también estoy llamado a ayudar al gobierno a hacer lo mismo. No solo se espera que yo desafíe al gobierno a hacer la voluntad de Dios, sino que haga lo mismo con los otros poderes. Estos principados y poderes incluyen a las estructuras corporativas tales como sindicatos, y empresas como General Motors, Ford, IBM, Apple y WalMart. Tengo que preguntarles a esas entidades suprahumanas si están funcionando de acuerdo con la voluntad de Dios, porque ellos se imponen sobre la gente e influyen sobre sus vidas cotidianas.

En Mateo 25.31-46 leemos que Dios juzgará a las naciones según la manera en que cada nación se haya ocupado de los pobres y de aquellos que están en prisión y por la forma en que hayan aceptado a los extranjeros. Notemos que dios responsabiliza a las naciones, y no solamente a la iglesia, por el cuidado de los pobres. Ese pasaje de las Escrituras responde a aquellos que cuestionas si existe o no una responsabilidad nacional en cuanto al cuidado de los necesitados.

Nunca olvidaré a un muchacho que se acercó a mí en una universidad después de que acabé de hablar. Con lágrimas corriéndole por el rostro me contó que había arrojado bombas en Irak y no podía vivir con todo lo que había visto y con lo que había hecho. Tenía diecinueve años; no era lo bastante mayor como para comprar alcohol, pero sí como para arrojar bombas. Oramos juntos, y pude sentir que la carga que llevaba sobre sus hombros se desvanecía. Entonces se quitó las placas de identificación, me las entregó, y me dijo: «Necesito liberarme de estas cadenas. Me han tenido cautivo demasiado tiempo».

No creo que Jesús jamás nos haya pedido que seamos pasivos, pero él sí nos llama a resistir el mal de una manera no violenta.

El escritor y profesor Walter Wink realizó una tarea brillante al demostrar la creatividad de Jesús en su enseñanza del Sermón del Monte sobre aquellos famosos versículos de «poner la otra mejilla». Señala Wink que Jesús no estaba sugiriendo que en forma masoquista le permitiéramos a la gente pasarnos por arriba. Jesús enseñó un amor al enemigo llevado a cabo con imaginación. Nos dio tres ejemplos específicos acerca de cómo interactuar con nuestros adversarios. En cada instancia, Jesús nos señaló algo que desarmaría al otro. Nos enseñó a rehusarnos a resistir el mal en sus propios términos. Nos invitó a trascender la pasividad y la violencia encontrando un tercer camino. Cuando te golpeen en la mejilla, vuélvete y mira a la persona a los ojos. {Dentro de la cultura ordenada de los judíos, se golpeaba con la mano derecha (en algunas comunidades judías el golpear con la mano izquierda significaba ser excluido por diez días). Y para poder golpear a alguien en la mejilla derecha era necesario darle la bofetada con el dorso de la mano. Resulta claro que Jesús estaba describiendo un sopapo con el revés de la mano, como lo haría un marido abusivo con su esposa o un amo con su esclavo. Era una bofetada para insultar, para degradar y humillar, no dirigida a un igual, sino a alguien inferior: una bofetada para «ponerlo en su lugar». Al volverle la otra mejilla, la persona hacía que el abusador la mirara a los ojos, y solo podía golpearla como a un igual. Al volverle la otra mejilla, esa persona estaba diciendo: «Yo soy un ser humano, hecho a imagen de Dios. Y no puedes destruir eso»}. No te acobardes y tampoco le devuelvas el golpe. Asegúrate de que te miren a los ojos y vean tu sagrada humanidad, y se les volverá cada vez más difícil lastimarte. Solo los pobres estaban sujetos a semejante abuso. Si una persona pobre era demandada y no tenía ninguna posesión, la podían llevar a la corte para quitarle su manto (Deuteronomio 24.10-13), algo que no era infrecuente entre los campesinos que lo perdían todo en beneficio de los terratenientes y recaudadores de impuestos. Así que aquí Jesús les estaba diciendo a los deudores pobres, que no tenían nada más que esa prenda sobre sus espaldas, que se desnudaran y exhibieran la avaricia del acreedor. La desnudez era algo tabú para los judíos; pero la vergüenza caía menos sobre la persona desnuda y más sobre el que miraba o causaba la desnudez (Génesis 9.20-27). «¿Quieres mi manto? Aquí lo tienes. También te puedes llevar mi ropa interior; pero no puedes llevarte mi alma ni mi dignidad». Aquí parece otra instancia en cuanto a la manera de tratar los problemas de la vida cotidiana: «Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos» (Mateo 5.41). Esta puede parecer una situación extraña, pero para los judíos del primer siglo era un incidente común que algún soldado le pidiera que caminara junto a él un kilómetro. No contaban con vehículos Humvee ni con tanques, así que los soldados viajaban a pie y llevaban gran cantidad de cosas de modo que dependían de que los civiles acarrearan sus provisiones. Estoy seguro de que había bastantes zelotes escuchando a Jesús, y ellos deben haber sacudido los puños en el aire cuando se les pedía que caminaran junto a un soldado. La ley romana especificaba que los civiles tenían que caminar una milla (1,6 kilómetros), y que eso era todo (de hecho, el ir una segunda milla constituía una infracción al código militar, sin mencionar que sería simplemente un absurdo para un judío mostrarse amistoso con un soldado de la ocupación y desear caminar con él una milla extra). Es hermoso imaginar la escena en la que un soldado pide su mochila de vuelta, pero la otra persona insiste en ir una milla más. Para conocerlo no como un enemigo, sino como persona. Hablar con él y tratarlo con amor. En cada una de esas instancias, Jesús enseña el «tercer camino». Es aquí que vemos a un Jesús que aborrece tanto la pasividad como la violencia forjar un tercer camino, que no es ni la sumisión ni la agresión, ni la pelea ni la huida. Pero todo esto solo tiene sentido si nos damos cuenta de que Jesús no habla sobre la mejor manera de ganar exitosamente la antiquísima batalla para refrenar el mal. Él reencauza ese deseo diciendo: «No resistan al que les haga el mal»; tiene una manera completamente diferente de visualizar la maldad (Mateo 5.39). Es este tercer camino el que nos enseña que «el mal puede enfrentarse sin necesidad de replicarlo… que a los opresores se los puede resistir sin emularlos… que a los enemigos se los puede neutralizar sin destruirlos». Esta es la imaginación profética que puede interrumpir la violencia y la opresión. Si este peculiar pueblo de Dios tuviera que transformar el mundo a través de fascinarlo, me parece que estas enseñanzas asombrosas resultarían centrales. Entonces podríamos mirar a los ojos a un centurión y no ver a una bestia, sino a una criatura de Dios, y luego caminar con esa criatura por un par de millas. Miraríamos a los ojos a los recaudadores de impuestos mientras ellos nos llevan a juicio en la corte, veríamos su pobreza y les daríamos nuestro manto. Miraríamos a los ojos a las personas más difíciles de soportar, y veríamos a Aquel al que amamos. Porque Dios ama activamente a los buenos y a los malos. Y hasta manda la lluvia para que riegue los campos de los justos y de los injustos (Mateo 5.45). El amor a los enemigos hace a una persona semejante a Dios: perfecta.

Hacer la paz es tan costoso como iniciar una guerra. A menos que estemos preparados para pagar el precio de buscar la pacificación, no tenemos derecho a etiquetarnos en ella o predicar ese mensaje.

Cuando les doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué la gente no tiene comida, me llaman comunista.

Una vez que realmente intentamos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, el capitalismo tal como lo conocemos no resulta posible, y el comunismo no es necesario.

Con demasiada frecuencia construimos paredes y portones para protegernos, y terminamos descubriendo después que somos nosotros los que estamos allí como rehenes. Creemos que dejamos a los demás afuera al cerrar, pero en realidad nos estamos encerrando nosotros adentro.

Las resoluciones de las Naciones Unidas (UN por sus siglas en inglés) llamando a poner fin a la ocupación israelí. Eso resulta significativo porque el estado de Israel no hubiera existido si la UN no hubiera creado la nación de Israel a través de una resolución en 1947. El gobierno de Israel quiere contar con resoluciones de las Naciones Unidas que garanticen la continuidad de la existencia del estado israelí, pero cuestionan aquellas resoluciones de la UN que llaman a una justa devolución del territorio ocupado, a los palestinos. Es política de las Naciones Unidas que cuando finaliza una guerra ninguna nación tenga el derecho a quedarse con las tierras ocupadas durante la guerra como resultado de conquistas militares.

Abraham tuvo un hijo llamado Isaac con su esposa Sara y otro hijo llamado Ismael, cuya madre fue Agar. Los judíos son descendientes de Isaac, y los musulmanes descendientes de Ismael, pero ambos perteneces a la simiente de Abraham.

Parece que, se trate de una congregación pequeñita o de una inmensa, si solo existe en beneficio propio, implosionará. Tenemos que existir para la visión del reino de Dios que tenía Jesús, para la misión fuera del a iglesia. Si no lo hacemos, entonces nuestras iglesias se enferman y mueren.

Mucho del cristianismo que hemos exportado ha sido enfermizo. Hemos sido depredadores a través del evangelio de la prosperidad. Hemos explotado el anhelo de los pobres por milagros, prosperidad y bendiciones, y les hemos vendido un mensaje narcisista, obsesionado por las bendiciones y centrado en sí mismo. Hemos capitalizado el sufrimiento y el dolor hasta llegar a una forma de evangelio que en realidad no tiene que ver con las letras rojas; no se parece a lo que Jesús dice. De hecho, no se lo escucha mucho a Jesús en todo aquello. Oímos mucho acerca de tu vida, tu prosperidad y tu bendición, y muy poco sobre el llamado de Jesús a nosotros cuando dijo: «Bienaventurados los pobres… Bienaventurados los misericordiosos» (Mateo 5). A la gente le resulta confuso.

Cuando como sociólogo intento hacer una distinción entre religión y magia, utilizo como definición operativa que la magia es un intento de manipular las fuerzas sobrenaturales para lograr lo que deseamos; en cambio la verdadera religión es rendirse a lo que Dios desea hacer a través de nosotros. Lamentablemente, hay predicadores que han convertido el cristianismo en una suerte de magia al promover la teología de la prosperidad en la que el cristianismo se vuelve un poco más que un intento de manipular a Dios para que nos envíe riquezas y bienestar. Con demasiada frecuencia a la gente pobre de los países en desarrollo se le promete salud y prosperidad como recompensa por dar un diezmo sobre lo poco que tienen a predicadores que disfrutan de un estilo de vida espléndido. Comparemos la teología de la prosperidad con las palabras de Jesús, que dijo: «Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! ¡Ay de ustedes lo que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre!» (Lucas 6.24-25). Jesús les dijo a sus discípulos: «Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos, pero si ustedes me siguen, pueden acabar sin un lugar en el que recostar su cabeza» (Mateo 8.20, paráfrasis). Les dijo a sus seguidores: «Los siervos no son más grandes que el amo. Si ellos me han perseguido a mí, los van a perseguir a ustedes» (Juan 15.20, paráfrasis). Se vuelve obvio que el las letras rojas Jesús no promete salud y riquezas a aquellos que siguen sus pisadas. Me pregunto cómo se las hubiera arreglado el apóstol Pablo en una reunión en la que se predicara la teología de la prosperidad. Lo imagino poniéndose de pie durante el tiempo de testimonio, y diciendo: «Ha sido una maravillosa experiencia seguir a Jesús. Estuve en naufragios tres veces, fui golpeado casi hasta el punto de la muerte cinco veces, estuve enfermo, afligido y abandonado por muerto» (2 Corintios 11.24-26). Sin embargo, Pablo pudo decir: «He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre» (Filipenses 4.11). Qué contraste entre el cristianismo de Pablo y aquello a lo que denominamos teología de la prosperidad. Si la fidelidad y la donación de dinero garantizan las riquezas y el bienestar, resulta difícil explicar el sufrimiento, la pobreza y el martirio que les acontecieron a los doce discípulos originales.

También están los problemas de homofobia en diversos países africanos, como Uganda, donde los líderes cristianos que han ganado bastante influencia dentro del gobierno han intentado que se aprobaran leyes que impusieran la pena de muerte a los homosexuales o cadena perpetua. Además, ha habido intentos de aprobar una ley que enviara a la cárcel a cualquier persona que no le diera a la policía los nombres de los homosexuales que conociera. ¿Qué clase de cristianismo es ese?

La primera cosa que un misionero debe hacer al interactuar con otro grupo étnico, o vivir en otra sociedad de un lugar distante, es no comenzar declarando sus convicciones personales. Más bien el misionero debería escuchar a la gente autóctona del lugar y analizar las maneras en las que Dios ya se ha revelado a ellos.

El misionero no está llevando a Dios a un lugar en el que él no está, sino uniéndose a lo que Dios ya está haciendo en medio de esa gente.

John estaba entusiasmado con la idea de que una iglesia más amplia le permitiera a este pueblo redimir las formas de arte de su propia cultura y utilizarlas como un medio de adoración a Jesús.

En el reino de Dios todo lo corrupto de cada cultura se limpiará. Cada una será purificada, y en esa pureza, lo que sea único de cada grupo será disfrutado no solo por su propia gente, sino por todo el pueblo de Dios. Acabaremos disfrutando de aquello con lo que cada grupo étnico contribuya a la gloria de Dios. ¡Esa no es una perspectiva nada mala del cielo ni del nuevo mundo que Dios quiere crear aquí en la tierra!

Pentecostés, que significa «cincuenta días», se celebra siete semanas después de la Pascua (por eso lo de los cincuenta). Marca el nacimiento de la iglesia, y se nos dice que el Espíritu Santo cayó sobre la comunidad de los cristianos primitivos como fuego del cielo. Por esa razón muchos cristianos llevan prendas rojas o decoradas en colores relacionados con el fuego.

En Babel, Dios dispersó a una raza humana pretenciosa. Y en Pentecostés, Dios reunió a la gente dispersa en una nueva y amada comunidad, no hecha por sus propias manos ni por un solo idioma compartido, sino por el Espíritu de Dios.

Ivan Illich, un especialista en misiones, que sirvió en el Brasil, en resumen dijo: «Mantengan los grupos de las iglesias en su país. Si vienen, por favor vengan a disfrutar de la cultura, a conocer a nuestra gente, a adorar con ellos, a escucharlos, y a aprender de ello. Pero dejen de hacer lo que ellos pueden hacer por ellos mismos. Dejen de desvalorizarlos».

Con frecuencia ponemos el énfasis, injustamente, en los últimos, en los que se trasladan; cosa lamentable, porque lo que comunica es que uno tiene que ir a algún otro lado para vivir de forma misionera. Esa mentalidad también resulta problemática porque transmite la idea de que los que se trasladan son misioneros heroicos y sacrificados que dejan de lado todo el confort y los privilegios para vivir en los guetos o barrios marginales. Y es terrible porque les resta valor a los que son de los guetos o de los barrios marginales.

Uno de los versículos más sutiles dice: «No vi ningún templo en la ciudad» (Apocalipsis 2.22). Podemos escuchar el eco del velo del templo cuando se rasga. No hay necesidad de templo en la Nueva Jerusalén. Dios vive con nosotros otra vez, como lo hizo en el jardín. No hay necesidad de una iglesia: Dios vive en las calles de la Nueva Jerusalén.

Es importante que construyamos nuestra escatología a partir de Jesús en lugar de derivarla de los libros o películas de nuestra cultura pop. En Mateo 13.24 al 30 y en los versículos 38 al 43, él dice que su reino es como un sembrador que sale a sembrar trigo. El trigo, nos dice Jesús, en verdad simboliza el reino de Dios. Luego señala que mientras el trigo está creciendo viene el maligno y siembra malas hierbas, o, como dice la versión Reina Valera 1960, siembra «cizaña». Resulta claro, por lo que Jesús dice, que aquel que viene y siembra malezas es Satanás, y que las malezas representan el reino del mal. Esos dos reinos, como se menciona, crecerán juntos. En esta parábola Jesús cuenta que los sirvientes van a su amo y le preguntan: «¿Qué hacemos? ¿Intentamos quitar la cizaña?». El amo les responde: «¡No!» si ustedes hacen eso destruirán gran parte del trigo junto con la mala hierba. Si tratan de arrancar la cizaña, van a estropear el trigo». Y añade: «En lugar de eso dejen que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta el final. Entonces separaremos el trigo de la cizaña» (paráfrasis). Lo que Jesús deja muy en claro es que el reino del mal (la mala hierba) crece más fuerte y eso se hace manifiesto cada día. Nunca el mal se había observado en una manera tan destacada en la h historia que como en el mundo de hoy, pero no tenemos que desanimarnos. No es solo el reino del mal lo que está creciendo con mucha fuerza y haciéndose más evidente cada día, sino que también sucede eso con el reino de Dios.

Se ha dicho que antes de cada revolución, esta parecía imposible; y luego de cada revolución, esta se veía como inevitable.

Cuando era niño, una vez caminamos mi madre y yo en el parque Fairmount de Filadelfia en una tarde tranquila de verano. Los pájaros cantaban y podíamos escuchar el zumbido de los insectos. Mi madre me preguntó: «¿Escuchas esos sonido?». Le respondí que sí, y ella prosiguió diciendo: «Escúchalos cuidadosamente. ¿Te hacen feliz o te ponen triste?». Lo pensé un rato y luego dije: «Mamá, para ser completamente sincero, me ponen triste». Entonces ella me explicó que m e sentía de esa manera porque todos los sonidos de la naturaleza están en el modo menor, y cuando una música está escrita en tono menor, produce un sentimiento de tristeza. Cuando Jesús regrese, toda la música de la naturaleza, pasará del modo menor al modo mayor. «Y eso», me dijo mi madre, «producirá una música gozosa a través de todo el planeta.»

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Revolución irresistible

Shane Claiborne

Revolución irresistible

Revolución irresistible

El autor lanza un reto, un desafío singular, un revolución de la cual no podemos quedar fuera, tan simple y tan complicada: vivir al Evangelio. Encontrar a ángeles con formas menos comunes de las que tenemos en mente. Ocuparnos de los pobres y de quienes sufren violencia en cualquiera de sus formas. Estar del lado de los oprimidos. Un libro incómodo y que pone a reflexionar sobre la misión de la iglesia y del cristiano. Y para ello, Claiborne nos comparte sus vivencias. Calificación de 10.

Oxímoron: es una figura literaria que consiste en combinar dos expresiones de significado opuesto en una misma estructura, con el objetivo de generar un tercer concepto con un nuevo sentido.

Tal vez no nos debería sorprender que Jesús dice que si los cristianos permanecen callados, las rocas gritarán. Y si no son las rocas, serán los roqueros, digo yo.

Estamos sedientos de justicia social y paz, pero nos cuesta encontrar una comunidad de fe que sea pro vida de forma coherente o que reconozca que hay otros “temas morales” aparte de la homosexualidad y el aborto, tales como la guerra y la pobreza.

Hice viajes misioneros para llevarles “las buenas nuevas” a los pobres. Luego descubrí que eran ellos los que me traían a mí las buenas nuevas.

A veces hablamos para intentar cambiar el mundo y a veces hablamos para evitar que el mundo nos cambie a nosotros.

Hay un momento precioso en la biblia en el que el profeta Elías siente la presencia de Dios. Las Escrituras dicen que vino un viento recio y violento que partió las montañas, pero Dios no estaba en el viento. Al viento le siguió un terremoto, pero Dios tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo. Era el murmullo del Señor. Ahora podemos escuchar este murmullo donde menos lo esperamos: en un bebé refugiado y un rabino sin hogar, en adictos al crack y niños desplazados, en una creación gimiente.[…] El murmullo clama porque Dios salve a la iglesia de nosotros los cristianos y que le infunda nueva vida al Cuerpo que envejece.

Si con evangélicos nos referimos a los que llevan las buenas nuevas de que hay otro reino o superpoder, una economía y una paz distintas a las de las naciones, un salvador que no es césar, entonces sí, soy evangélico.

Hay un movimiento en ebullición que va más allá del cinismo y celebra una nueva manera de vivir, una generación que deja de quejarse sobre la iglesia que ve y se convierte en la iglesia con la que sueña. Y esta pequeña revolución es irresistible. Es una revolución contagiosa que baila, ríe y ama.

Pero vivimos en un mundo que ha dejado de apreciar las cosas pequeñas. Vivimos en un mundo que quiere que las cosas sean cada vez más grandes. Queremos agrandar nuestras papas fritas, sodas e iglesias. Sin embargo, entre todo este agrandamiento, muchos de nosotros sentimos que Dios está haciendo algo nuevo, algo pequeño y sutil. Lo que Jesús llamaba el reino de Dios está emergiendo en todo el mundo en los lugares que menos nos esperamos, un suave murmullo en medio del caos. Las personas sin importancia con grandes sueños están recreando el mundo en su imaginación. Pequeños movimiento de comunidades de radicales ordinarios están comprometidos a hacer pequeñas cosas con mucho amor.

Pocas cosas tienen un mayor poder transformador que las personas y las historias.

La dualidad ha infectado la iglesia, es una dualidad en la cual las personas separan lo espiritual de lo político o social, como si los problemas políticos y sociales no tuviesen importancia espiritual, como si Dios no tuviese una mejor visión que ofrecerle al mundo.

Cuando las personas se enteran de que has escrito un libro, escuchan lo que tienes que decir.

El cristianismo debe ser algo más, más que solo dejar tu vida y tus pecados al pie de la cruz. Llegué a darme cuenta de que los predicadores me decían que dejara mi vida al pie de la cruz y no me daban nada que recoger. A muchos nos decían: “No fumen, no tomen, no anden acostándose”, y por supuesto comenzamos a decirnos: “Bueno, eso prácticamente resume mi vida, así que ¿ahora qué hago?”. “¿Dónde estaban las cosas que teníamos que hacer? Y nadie parecía tener mucho que ofrecernos.

Me contagié de una enfermedad común que persigue a los cristianos occidentales. La llamo bulimia espiritual. Por supuesto, la bulimia es un trastorno alimenticio trágico, muy relacionado con la identidad e imagen propia; las personas que los padecen consumen grandes cantidades de alimentos pero los vomitan antes de que sus cuerpos los pueda digerir. Yo desarrollé la versión espiritual, puesto que hacía mis devocionales, leía todos los libros cristianos nuevos, veía las películas cristianas y luego les vomitaba toda esa información a mis amigos, grupos pequeños y pastores, pero nunca los digería. Había devorado todos los productos del complejo industrial cristiano, pero desde el punto de vista espiritual, estaba en riesgo de muerte por inanición. Me caracterizaba una espiritualidad superconsumista pero malnutrida, sofocada por el cristianismo pero sedienta de Dios. Mark Twain dijo alguna vez: “No son las partes de la Biblia que no entiendo las que me preocupan, sino las partes que entiendo”.

Sé que hay personas que dicen: “Mi vida era un desastre. Pasaba tomando, de fiesta en fiesta, era promiscuo… y luego conocí a Jesús y mi vida entera cambió”. Que Dios bendiga a esas personas. Yo, sin embargo, ya vivía bien. Yo era popular. Y luego conocí a Jesús y me estropeó la vida. Cuanto más leía el evangelio, más me arruinaba las cosas y le daba vuelta a todo aquello en lo que creía, todo lo que valoraba y que había querido tener. Sigo recuperándome de esa conversión. Sé que es difícil de imaginar, pero en la secundaria me eligieron rey de la promoción. Estaba en el grupo de los populares, estaba listo para ganar mucho dinero y comprar muchas cosas, iba rumbo al éxito.

Aprendí sobre John Wesley, quien decía que si no lo echaban del pueblo después de dar un mensaje, se preguntaba si en realidad había predicado el evangelio. Recuerdo el viejo dicho de Wesley: “Si llego a morir con más de diez libras en mis bolsillos, que todos me llamen mentiroso y ladrón”, pues habría traicionado el evangelio. Luego vi a una de las congregaciones metodistas a las que iba construir un vitral de ciento veinte mil dólares. Wesley no hubiera estado feliz. ME le quedé viendo al vitral. Deseaba que Jesús saliera de él, que se liberara, que resucitara de entre los muertos, otra vez.

Todavía soy pro vida con la misma vehemencia, lo que pasa es que ahora tengo una visión mucho más holística de lo que significa ser por vida, y sé que la vida no sólo comienza en el momento de la concepción y termina al nacer, por lo que si voy a hablar en contra del aborto, debo estar dispuesto a adoptar algunos bebés y cuidar algunas madres.

Nos hemos aislado de los milagros. Ya no vivimos con una fe desmedida que nos hace necesitarlos. Casi no hay lugar para lo trascendente en nuestras vidas. Si nos enfermamos, vamos donde un doctor. Si necesitamos comida, vamos a la tienda y la compramos. Hemos eliminado la necesidad de los milagros. Si tuviésemos suficiente fe como para depender de Dios al igual que los lirios y las aves, veríamos milagros.

Vimos a un hombre sin hogar poner un paquete de cigarrillos en el plato de las ofrendas porque era todo lo que tenía.

Madre Teresa solía decir: “En los pobres nos encontramos a Jesús en sus disfraces más inquietantes”.

Aprendí más sobre Dios con las lágrimas de las madres sin hogar que lo que me enseñó cualquier teología sistemática.

Era casi media noche, por lo que la otra persona y yo caminamos hacia la puerta, solo para encontrarnos a dos bomberos frente a ella. Estábamos sorprendidos, y pensábamos que habían llegado para preparar el desalojo de las familias a media noche; por ello, y de manera instintiva, comenzamos a hablar en círculos a la defensiva. Con calma, ellos nos interrumpieron y dijeron: “Esperen, esperen, ustedes no entienden. Estamos aquí en contra de las órdenes; de hecho, podríamos enfrentar serios problemas si se enteran de que hemos venido. Pero sabemos lo que sucede y que no es correcto. Creímos que era necesario venir y ayudarles a prepararse para mañana ya que sabemos lo que ellos buscarán durante la inspección”. Con humildad, les pedimos nos disculparan. Luego de recorrer el edificio y señalar las cosa que necesitaban mejorar, los bomberos nos llevaron a la estación y nos dieron muchas cajas con detectores de humo. Nos brindaron rótulos para las puertas de salida y extinguidores, y luego se marcharon. Al día siguiente, el inspector del cuerpo de bomberos se presentó en la catedral, recorrió el lugar y dijo: “No puedo desalojarlos. El lugar cumple los estándares contra incendios requeridos”. Nunca más volvimos a ver a los bomberos ángeles. Quizá eran ángeles, aunque su apariencia no era como la de las imágenes de ángeles que nos mostraban en la escuela dominical.

Celebrábamos la Santa Cena, compuesta por una sidra de manzana y una dura rosca de pan o lo que tuviéramos a la mano. Muchos experimentábamos una verdadera comunión por primera vez en la vida.

En cierta ocasión, recibimos una caja con donativos de una de las iglesias adineradas ubicada cerca de nuestra universidad cuyo nombre no daré a conocer. En la caja de cartón estaban escritas las siguientes palabras: “Para las personas sin hogar”. Con mucha emoción, abrí la caja solo para darme cuenta de que estaba repleta de palomitas de maíz para preparar en el microondas. Mi primera reacción fue reírme. Apenas teníamos electricidad, mucho menos un microondas y las palomitas de maíz no era lo estaban entre las cosas que más necesitábamos. Mi segunda reacción fue llorar al ver cómo la iglesia se ha alejado de los pobres. Más tarde esa semana, otro grupo de personas llevó donaciones para las personas de San Eduardo: la mafia. Debido a que los medios de comunicación estaban cubriendo la noticia, la mafia apareció y les regaló bicicletas a todos los niños, pavos a cada familia y miles de dólares a la organización. Al ver esto, meditaba en que Dios podía utilizar a la mafia pero yo deseaba que utilizara a la iglesia.

Con desilusión, le confesé a un amigo: “Creo que he perdido la esperanza en la iglesia”. Nunca olvidaré su respuesta: “No, no has perdido la esperanza en la iglesia. Quizá te hayan desilusionado el cristianismo o la cristiandad o todas las instituciones, pero no has perdido la esperanza en la iglesia porque esta es la iglesia”. Desde ese momento decidimos dejar de quejarnos por la iglesia que veíamos y nos dispusimos a ser la iglesia que soñábamos.

Marcharon hacia la oficina del alcalde para solicitarle que tratara de ver el mundo a través de sus ojos y de ponerse en sus zapatos. Al legar se quitaron sus zapatos, los amontonaron fuera de la oficina del alcalde y lo invitaron a ver la vida desde los zapatos de las familias sin hogar.

Nuestra meta no era preservar la vida de las personas (no teníamos lo suficiente para lograrlo), sino permitirles morir con dignidad y con alguien que los amara, les cantara o se riera con ellos para que no estuvieran solas.

Gandhi decía que aunque lo que hagamos parezca insignificante, lo más importante es que lo hagamos. Por lo tanto lo hacíamos.

Así como Andy reprendía a aquellos que utilizaban demasiado jabón para lavar platos (mezclábamos ceniza con jabón para multiplicarlo), también escuché que a muchos voluntarios los reprendía por no ponerle suficiente salsa al arroz, ya que ese plato se lo servían al mismo Jesús.

Los milagros, más que una expresión del poder de Jesús, eran una expresión de su amor.

Más que sanar al leproso, el hecho significativo es que Jesús lo tocó ya que en ese tiempo nadie tocaba a los leprosos.

Madre Teresa siempre decía: “Calcuta está en cualquier lado, si tan solo tenemos ojos para verla. Encuentra tu Calcuta”. Ahora estaba listo para regresar a casa, y sabía que mi Calcuta estaba en Estados Unidos, pues estaba consciente de que no era posible erradicar la pobreza si primero no se examinaba de forma detenida la riqueza.

Según Madre Teresa, es entre los ricos donde podemos encontrar la peor pobreza: la soledad. Así que es probable que me encontrara entre los más pobres, ¡pero esa pobre gente era algo adinerada!

Necesitamos más refugios seguros, especialmente en la iglesia, donde las personas puedan formular preguntas difíciles y todos podamos buscar la verdad en humildad y gracia.

Dios conforta al alterado y altera al cómodo.

¿Qué hubiera respondido Jesús a sus veinte años si le hubieran preguntado “qué harás cuando seas mayor”? No lo sé, tal vez el hubiera contestado algo similar a esto: “Pondré al mundo de cabeza. Pasaré tiempo con prostitutas y cobradores de impuestos hasta que la gente me mate”. ¿Qué habría dicho Pedro? “Bueno, yo iba a ser pescador, pero luego conocí a un tipo que arruinó mis planes”.

George Bernard Shaw: “Dios nos creó a su imagen y nosotros decidimos devolverle el favor”.

Podemos admirar y adorar a Jesús sin hacer lo que él hizo. Podemos aplaudir lo que enseñaba y defendía sin que ello nos importe. Podemos adorar su cruz sin tomar la nuestra. He llegado a entender que la gran tragedia de la iglesia no es que a los cristianos ricos no les importen los pobres, sino que los cristianos ricos no conocen a los pobres.

Si le preguntas a la mayoría de las personas en qué creen los cristianos, pueden decirte: “Los cristianos creen que Jesús es el hijo de Dios y que resucitó de los muertos”. Pero si le preguntas a la persona promedio cómo viven los cristianos, esta se queda callada. No le hemos mostrado al mundo otra forma de vivir. Los cristianos viven de la misma manera que todos los demás; solo esparcen un poco de Jesús en el camino.

¿Seguirías a Jesús aun si no existiera un cielo y un infierno? ¿Lo seguirías por la vida, el gozo y la satisfacción que él te da ahora?

El reino del cual Jesús habla tanto no es algo que esperamos que ocurra después de la muerte, sino algo que debemos personificar hoy día.

Como lo dice el lema franciscano: “Predica el evangelio siempre; cuando fuera necesario, usa palabras”.

A las personas no las crucifican por dar caridad; a las personas las crucifican por vivir un amor que perturba el orden social, un amor que exige un mundo nuevo. A las personas no las crucifican por ayudar a los pobres, sino por unirse a ellos.

Hoy en día la gente desea lo espectacular y le atraen las luces y las celebridades, los estadios y las mega iglesias. En el desierto lo espectacular tentó a Jesús (lanzarse del templo para que la gente creyera) con el fin de impactar y asombrar a las personas, por así decirlo. En la actualidad, la iglesia es tentada por lo espectacular, hacer cosas grandes y milagrosas para que la gente crea.

Una persona le dijo a Madre Teresa al felicitarla por su trabajo: “Yo no haría lo que usted hace ni por un millón de dólares”. Ella le respondió: “Yo tampoco”.

Hay muchas personas que son infelices en sus trabajos debido a que no han escuchado el llamado de Dios. Agregaría que hay muchos cristianos que no tienen vidas espirituales plenas pues no comprenden sus dones o su propósito, y lo único que hacen es salir al campo misionero a salvar almas en lugar de transformar vidas y comunidades por medio de sus dones y los de las personas que los rodean. Ambos escenarios llevan al vacío y al agotamiento.

¡Qué extraordinario debe haber sido sentarse a la mesa rodeado de una mezcla ecléctica de revolucionarios zelotes, recaudadores romanos de impuestos, campesinos, samaritanos, prostitutas y pescadores, quienes conspiraban para hallar una nueva forma de vida radical!

Algunas personas deben dejar sus empleos, mientras otros deben redefinirlos. Cuando tenemos un encuentro verdadero con Jesús y los pobres, es posible que sigamos siendo recaudadores de impuestos, pero seremos un tipo diferente de recaudadores de impuestos. Podemos seguir siendo doctores, pero seremos un tipo de doctor diferente.

Debemos unirnos en un solo cuerpo, porque Jesús viene por una novia no por un harén.

Podemos decirle al mundo que hay vida después de la muerte, pero, en verdad, pareciera que el mundo se pregunta si hay vida antes de la muerte.

Todos hemos escuchado el dicho: “Dale a alguien un pescado y comerá por un día; enséñale a pescar y comerá el resto de su vida”. Pero nuestro amigo John Perkins nos desafía a ir más lejos. Él dice: “El problema es que nadie pregunta quién es el dueño del estanque”. Al considerar el factor económico, algunos les daríamos pescado a las personas; otros les enseñaríamos a pescar. Pero otros deben averiguar quién es el dueño del estanque y quién lo ha contaminado, pues estos factores también son preguntas esenciales para nuestra supervivencia. Debemos derribar la barrera que se ha construido alrededor del estanque y asegurarnos de que todos puedan acceder a él, ya que hay suficientes pescados para todos.

La iglesia ha sido el capellán de la economía corporativa mundial al cuidar de las víctimas del sistema.

Dietrich Bonhoeffer: “No estamos solo para vendar las heridas de las víctimas debajo de la rueda de la injusticia, sino para detener y estorbar la rueda”.

Cuando la iglesia se convierte en un espacio para el corretaje comercial en lugar de una comunidad orgánica, deja de vivir. Deja de ser lo que somos: la novia viviente de Cristo. La iglesia se convierte en un centro de distribución, un lugar donde el pobre llega a recibir cosas y el rico llega a dejar cosas. Ambos se retiran satisfechos (el rico se siente bien y el pobre recibe vestido y alimento), pero ninguno sale transformado.

Escuché que cuando le peguntaban a Gandhi si él era cristiano, a menudo respondía: “Pregúntenle a los pobres. Ellos les dirán quiénes son los cristianos”.

Vive simplemente para que otros simplemente vivan.

Los primeros cristianos decían que si un niño se moría de hambre mientras un cristiano tenía comida de sobra, el cristiano era culpable de asesinato.

Cuando se entrega un regalo a aquellos que no han tenido los placeres simples de la vida, su alegría es tan rebosante que, a menudo, por instinto comparten en lugar de acaparar.

Lo mejor que se puede hacer con las mejores cosas de la vida es regalarlas.

Algunos tendremos que ayunar no solo para conectarnos con Dios, sino también con nuestro prójimo.

Dios no creó la pobreza, sino tú y yo, porque no hemos aprendido a amar a nuestro próximo como a nosotros mismos. Gandhi lo expresó muy bien: “En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”.

Hace unos años, me encontré con un grupo formado por miles de cristianos que reunían dinero cada mes para cubrir sus facturas médicas entre sí. Esto es más armonioso con el espíritu de la iglesia primitiva, con la noción de que somos una gran familia cuyo padre tiene una billetera grande. Así que ahora formo parte de esa comunidad, y cada mes recibo una carta en la que me informan quién está hospitalizado, cómo se utiliza mi dinero y cómo debo orar por mis hermanos y hermanas. Una y otra vez, he visto cómo la multiplicación divina cubre las necesidades de las personas. Hace unos años, tuve un accidente y el costo médico ascendió a diez mil dólares. Les presenté esa necesidad a la comunidad, y esta la cubrió por completo.

No hay duda de que debemos lamentar aquellas vidas que se perdieron el 11 de septiembre. Debemos lamentar las vidas de los soldados. Sin embargo, con la misma pasión e indignación, debemos lamentar cada vida iraquí que se perdió. Ellos son igual de valiosos, ni más ni menos. En nuestro nuevo nacimiento, cada vida perdida en Irak es tan trágica como una vida perdida en Nueva York o Washington DC. Y la vida de los treinta mil niños que mueren de hambre cada día es como seis 11 de septiembre que ocurren cada día, un tsunami silencioso que sucede todas las semanas.

Cada vez que nuestro gobierno decide utilizar la fuerza militar para lograr un cambio en el mundo, le enseña una vez más a nuestros hijos el mito de la violencia redentora, el mito de que la violencia puede ser un instrumento para el bien.

Existen extremistas, tanto musulmanes como cristianos, que matan en nombre de sus dioses. Sus líderes son millonarios que viven en la comodidad, mientras que sus ciudadanos mueren abandonados en las calles.

Muy a menudo hacemos lo que tiene sentido para nosotros, y luego le pedimos a Dios que lo bendiga.

La mayoría de nosotros vive con tanto temor a la muerte, que es como si nadie creyera ya en la resurrección.

No te crucifican por ser popular: te crucifican por vivir de una forma radicalmente diferente a las normas de todo lo que está a la moda en el mundo. Por lo general, son las personas populares las que más se molestan, ya que estás perturbando su orden. De hecho, fueron los líderes religiosos y políticos populares los que mataron al Amante de Nazaret. Algunas cosas nunca cambian.

San Agustín dijo: “La ley injusta, no es ley”.

Si el mundo no nos odia, tal vez deberíamos cuestionarnos si en realidad somos parte de otro reino.

El cristianismo se puede edificar sobre el hecho de aislarnos de los hacedores de maldad y pecadores, y crear una comunidad de piedad religiosa y pureza moral; ese es el cristianismo con el que yo crecí. Pero el cristianismo también se puede edificar sobre el hecho de compartir con los pecadores quebrantando y hacedores de maldad de nuestro mundo, que claman a Dios y gimen por gracia; ese es el cristianismo del cual me he enamorado.

Mientras que con más vigor tratemos de extraer el mal desde la raíz y por la fuerza, este más ascenderá. Por cada musulmán extremista que muere, se crea otro. De la misma forma, mientras más amemos a nuestros enemigos con pasión, más reduciremos el mal. De la misma manera, este es el caso de los mártires: Por cada cristiano asesinado en manos del mal, otro crecerá, convertido por el amor fiel y el sacrificio personal de los mártires. Los acontecimientos demuestran que el cristianismo se esparce más rápidamente cuando somos asesinados a manos de malhechores, sin tomar represalias. Esa ha sido la historia del crecimiento de la iglesia durante las grandes persecuciones. Los perseguidos escribían que por cada uno de ellos que moría, diez se convertían, tal como lo expresa el dicho: “En la sangre de los mártires está la semilla de los santos”. La paradoja es que la iglesia es más saludable en tiempo de persecución y se enferma en tiempo de comodidad, calma y poder.

El autor Don Miller, en su libro Tal como el Jazz, cuenta el encantador relato de cómo él y sus amigos se vistieron de monjes y armaron un confesionario en su campus universitario, el cual era conocido como pagano. Pero en lugar de escuchar las confesiones de otras personas, ellos confesaban sus pecados como cristianos y los pecados del cristianismo a todo aquel que estuviera dispuesto a escuchar y perdonar.

Rich Mullins solía decir: “Dios habló a Balán por medio de su asno y ha hablado por medio de estos, desde entonces”.

Él hizo explotar el edificio federal de Oklahoma, con la esperanza de que los estadounidenses displicentes pudieran ver cómo es el “daño colateral” y protestaran en contra del derramamiento de sangre que se da en todas partes, incluso en Irak. En lugar de eso, el gobierno que lo había entrenado para matar lo mató a él, para enseñarle al resto que asesinar es algo indebido. Querido Padre, líbranos de la ideología de la violencia redentora.

Un impactante bombardeo conduce a una impactante decapitación; un Pearl Harbor conduce a una Hiroshima; un asesinato conduce a una ejecución; una mirada ruda conduce a una actitud de rechazo.

Un día me dijo: “Jesús nunca le habló a una prostituta”, de inmediato salí a la defensiva_ “Claro que si”, saqué mi espada del Espíritu y me preparé para discutirlo. Luego, él me miró a los ojos con calma y me dijo: “Escucha, Jesús nunca le habló a una prostituta porque él no vio en ella a una prostituta, sino a una hija de dios a la cual amaba muchísimo”. Yo perdí el debate esa noche.

Mis estudios me mostraron que entre más una persona visita una iglesia, más probabilidades hay de que sea alguien sexista, racista, en contra del homosexualismo, en pro del militarismo y más comprometido con una iglesia local.

Brennan Manning, dice: “La mayor causa del ateísmo son los cristianos que confiesan a Dios con sus bocas pero al salir de la iglesia lo niegan con su estilo de vida. Eso es lo que un mundo incrédulo encuentra increíble”.

Muchos relatos de la historia eclesiástica cuentan que hubo otra conversión, la de un viejo hombre llamado Gamaliel. Los escritos de la iglesia primitiva nos dicen que antes de su muerto en el año 50 d.C., Gamaliel se convirtió y fue bautizado por su antiguo discípulo, Pablo.

Santiago (junto a su hermano Juan), era uno de los primos de Jesús, un tanto zelote. Un día, mientras caminaba por Samaria, unos habitantes del lugar les estaban causando problemas, así que Santiago se ofreció para ayudar a Jesús, tratar con ellos y pedir que cayera “fuego del cielo” sobre los samaritanos. No estoy muy seguro de lo que eso significaba en ese entonces, pero a Jesús no le gustó y lo reprendió. La historia de la vida de Jesús continuó, y Santiago lo vio amar a las personas y luego morir. Así que, con el tiempo, Santiago enfrentó su propia ejecución, por haber seguido al que amó a sus enemigos hasta la muerte. Santiago terminó en prisión y condenado a muerte. Antes de su ejecución, le habló a su verdugo acerca del amor y la gracia de Dios; el verdugo se conmovió tanto que pidió perdón y entregó su vida a Cristo. Santiago lo perdonó y se abrazaron. Después de eso, fueron asesinados juntos.

¿Debemos amar a quienes nos bombardean? ¿Debemos amar a George W. Bush y a Saddam Hussein? El sacerdote nos guió a la cruz y nos exhortó a que dijéramos: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. El sacerdote admitió que esta acción no se fundamentaba en la lógica, sino en un amor que no tiene sentido, una gracia inimaginable, y exhortó a la congregación iraquí y a sus amigos extranjeros a amar a quienes los perseguían.

Según [Walter] Wink, al hablar del conocido versículo “vuélvele la otra mejilla”, Jesús no quiere que, de manera masoquista, permitamos que los demás nos pisoteen. El objetivo de Jesús es mostrarnos algo que, de manera imaginativa, desarma a los demás. Cuando te golpeen en la mejilla, vuélvete y mira a la persona a los ojos, no te acobardes y no devuelvas el golpe. Asegúrate de que la persona te vea a los ojos y que pueda ver tu humanidad santa. Eso hará que tus angustiadores les resulte cada vez más golpearte.

Los propietarios de Taco Bell acordaron no solo satisfacer las demandas de los trabajadores, sino también sentarse y reunirse con ellos cara a cara. Los ejecutivos de Taco Bell, incluso, emitieron una declaración que animaba a otras franquicias de comida rápida a preguntarse quiénes son los rostros ocultos detrás de sus alimentos y cómo se les trata. Esa es la revolución irresistible.

Vivimos en una era donde las máquinas actúan como personas y las personas actúan como máquinas.

Tenemos un Dios que habla por medio de personajes insignificantes: Un portavoz tartamudo con el nombre de Moisés; la obstinada burra de Balán; la propietaria mentirosa de un prostíbulo llamada Rahab; un rey adúltero llamado David; una chusma de discípulos que traicionaron, dudaron y negaron, y un terrorista convertido llamado Pablo.

Pasé horas investigando en las Escrituras el tema de los diezmos y las ofrendas, y descubrí que, sin lugar a dudas, estos eran para redistribuirse entre los pobres y no para construir edificios o contratar personal para la iglesia. Les cité a los padres de la iglesia, quienes dijeron mucho sobre el uso vergonzoso de las ofrendas para cualquier otra cosa que no fuera la redistribución del jubileo. Tertuliano, Justino Mártir, Agustín, Ireneo, Basilio el Magno, Gregorio de Nacianzo, Jerónimo, Juan Crisóstomo, Arístides: todos dan fe de que las ofrendas de la iglesia se deben dar a los pobres como un derecho de estos. Ambrosio, en el proceso de convertirse en obispo de Milán, derritió todos los objetos de oro del templo y dijo: “La iglesia tiene oro no para almacenarlo sino para sacarlo y dárselo a aquellos que lo necesitan, para que no sea el mismo Dios que diga: “¿Por qué permitiste que tantos murieran de hambre?””.

Una de las creencias subyacentes es que el dinero de las ofrendas y los diezmos le pertenece a la iglesia. No obstante las Escrituras de forma constante enseñan que las ofrendas son el instrumento que Dios utiliza para la redistribución, y que estas le pertenecen a los pobres. El rubro de dar a los pobres no debería luchar para entrar al presupuesto, es el presupuesto.

No es casualidad que la primera estructura organizacional principal en la iglesia primitiva haya sido creada para asegurar el orden en la redistribución de los recursos para las viudas y los huérfanos (Hechos 6:1-6)

En promedio, el ochenta y cinco por ciento de las ofrendas se utiliza en gastos internos, principalmente en personal, edificios y cosas para satisfacer nuestras necesidades.

Ignacio, padre de la iglesia, expresó que si nuestra iglesia no se caracteriza por cuidar de los pobres, los oprimidos y los hambrientos, entonces somos culpables de herejía.

Vivimos en un mundo de oxímoron y contradicciones. Es seguro que ya has oído el viejo chiste de: “el diario es periódico, ¿no?”. También nos encontramos con los oxímoron cotidianos, como, “comida chatarra”, “cambio constante”, “café descafeinado” y “ciencia ficción”. Por supuesto, también tenemos los que vemos de vez en cuando, como “derecho irrenunciable”, “discriminación positiva”, “mala suerte”, “envidia sana”, “Metodistas Unidos” y “crecimiento negativo”. Y para terminar, tenemos esas contradicciones que chocan con nuestra lógica y ética, como “inteligencia militar”, “misiles de mantenimiento de la paz”, “guerras justas”, “bombas inteligentes” y “fuego amistoso”. Umm. Es sorprendente que sepamos distinguir la izquierda de la derecha y lo bueno de lo malo.

Jesús afirma que el mundo nos odiará, porque no somos del mundo. Si el mundo no nos odia, debemos preguntarnos si de verdad nos estamos imaginando una alternativa.

Me parece que Dios nos podría rodear con personas mayores a medida que le aportamos energía nueva a un cuerpo que envejece, pero los mayores necesitarán de mucho valor para soñar cosas nuevas y permitir que una nueva generación cometa sus propios errores. Y la nueva generación de la iglesia tendrá que ser muy humilde para escuchar los sabios consejos de nuestros mayores y saber que podemos aprender de los errores de otros.

La iglesia es como el arca de Noé. Apesta, pero si te sales de elle, te ahogarás.

El cristianismo tal cual es no ha satisfecho las almas de aquellos que están sedientos por un estilo de vida diferente.

La violencia solo engendra aquello mismo que intenta destruir.

Miles de soldados se han ido a Irak, dispuestos a matar a personas que no conocen por lealtad política. Voy dispuesto a morir por personas que no conozco por lealtad espiritual. Los soldados tienen un valor increíble, el valor suficiente para morir por algo en lo que creen. Oro por que los cristianos tengan el mismo valor.