Los trenes matan a los autos

Roberto Fontanarrosa.

Colección de cuentos con diversos temas, con el inconfundible acento latinoamericano. Los favoritos: La paloma, La barrera, Pena máxima y Destino de mujer. Calificación de 9.5
Los trenes matan a los autos

Los trenes matan a los autos

Los trenes matan a los autos – Cuando los Crímenes son inverosímiles. (Crónica de extraños crimenes entre trenes y autos).
De los suicidios – Disertación para un buen suicidio. (Minucioso y romántico tratado sobre el suicidio y las maneras de realizarlo de acuerdo al perfil del individuo).
Sábado noche – Esperanzas de fin de semana. (Un hombre relata su fin de semana desde su habitación solitaria).
Por qué los niños van al circo – Así, si voy al circo. (Un adulto malhumorad, descubre a partir de un accidente, la razón por la que a los niños les gusta el circo).
Televisión – El rating es lo importante. (En televisión, no importa el contenido sino leer lo que te digan).
La educación de los hijos – Debemos aguantar hasta el final. (Padre y madre debaten los pros y contras del castigo hacia su hijo).
De la comida casera – La buena comida es selecta. (Relato de como preparar comida canibal a partir de un ingrediente secreto: una anciana).
La paloma – Cuidado con los deseos cumplidos. (Un niño no puede creer que su deseo se haga realidad, por lo que hace todo lo posible para que no se cumpla).
Regalada – Muy fácil tampoco nos gusta. (Un hombre se encuentra con una mujer en situación vulnerable, lo que podría facilitar su conquista).
El cuidado de los gatos – Letrero: Cuidado con el gato. (Disertación de un gato traicionero).
Ismael sangraba – Cuando se pierde el autodominio. (Relato de un hombre que tenia un poder que no supo controlar).
Todas las tardes – La muerte como una rutina. (El trabajo de los enterradores).
Defensa de la derrota – Reivindicando la derrota con tristeza. (De como se siente el fracaso, la derrota).
La barrera – En casa se juega mejor. (Un niño relata un tiro libre desde el patio de su casa).
La pena máxima – Cuando fallar lo es todo. (El penalty como situación más clara de gol, pero más complicada de definir).
Betito – Lugar equivocado momento equivocado. (Betito asiste como invitado a una barra, con un final inesperado).
Chatarra – Todos vamos a parar ahí. (Los directivos van a un “deshuesadero” de futbolistas en busca de un jugador en una posición específica).
Los nombres – Un buen nombre hace diferencia. (La importancia del nombre de los jugadores para un narrador de futbol).
El espejismo de Abd Al Kadash – El juego del cazador cazado. (Historia de enredos político-policiaco donde el que mejor miente, gana).
El polvorín ignorado La búsqueda de un enemigo. (Orígenes del conflicto entre enemigos increíbles: Ecuador y Nepal).
Un mozo – Como te ven te tratan. (Un cantinero es confundido con un agente secreto, por el simple hecho de parecerlo).
Un género difícil – Robar ideas también debiera castigarse. (Un editor le roba el guión policiaco a un simple escritor).
Bebina, soy Alicia – Nadie tiene asegurado el cielo. (Una hermana le reporta a la otra su llegada al cielo).
Destino de mujer – El nombre no hace hombre. (La vida de un hombre cuyo padre deseaba una niña en lugar de varón).
Horacio Bifontel-Historia de un historiador – La historia siempre se repite. (Un historiador que sufre la misma suerte de un personaje al que estudia).
Sobre la podrida pista – La culpable es la soledad. (Un padre asesina a su propio hijo por miedo a la soledad de la senectud).

El suicidio a través de las armas de fuego es la lógica culminación de aquellas personas dadas temperamentalmente a las decisiones drásticas.

Se podrá, ahora sí, dejar algunas líneas escritas a los más allegados, nunca dando explicaciones pues el suicidio es, ante todo, un acto digno.

Todas las otras posibilidades están siendo descartadas paulatinamente por el progreso. Un suicida consciente de su función social ya no se arrojará desaprensivamente bajo las ruedas de un tranvía, un colectivo, o cualquier otro servicio público. Este acto inconsulto, propio de gente infantil y/o irreflexiva, sólo acarrea molestias, contratiempos y le resta al suicidio la parafernalia seductora y graciosa que tiene.

No hay red para los valientes.

—Es que ya va a perder el año, te lo dije, Alfonso, me habló la señorita.
—Peor es que pierda el respeto por su padre, si pierde un año ya lo va a recuperar

Enterrar los muertos no deja de ser algo personal.

Le gustaba joder, le gustaba ¿viste? cantar, gritar, porque si no ¿pa’ qué diablos vas a ir a la cancha?

Después de todo uno se va todo los domingos cuando el clú juega en Buenosaire o en La Plata y pone la jeta, y grita y se caga a trompadas para seguir al equipo, viejo, la camiseta, no é joda, eso hay que reconocerlo.

Porque también la cosa está en los nombres, en cómo suenen, en las palabras, pero más, más en los nombres porque se puede estar transmitiendo agarrado al micrófono con las dos manos, casi pegado el fierro a la boca, y la camisa abierta, transpirada y abierta, los auriculares ciñendo las orejas y las sienes como un dolor de cabeza y ahí valen los nombres, tienen que venir de abajo, carraspeados, desde el fondo mismo del esternón, tienen que llegar como un jadeo, lastimarte, tienen que ser llenos, digamos macizos, nutridos, eso, nutridos.

“Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!”

Fue al registro civil y anotó a su próximo hijo con el nombre de “María Antonia Barrales”. Adujo que de la misma forma en que hay niños que se anotan mucho después de nacidos, así como hay criaturas que van solas a registrarse, él usufructuaba el derecho de anotarla antes.

Conserva siempre, eso sí, la narración en presente, como si los hechos, lejos de haber sucedido hace muchísimos años, estuviesen ocurriendo ahora. “Es, precisamente —me explicaba—, para brindarle al lector una sensación de cercanía. La Historia nos está sucediendo en este momento, ya, a nosotros.”

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El área 18

Roberto Fontanarrosa.

Narra la preparación y desarrollo de un juego de futbol donde lo que se necesita para considerarse ganador, es el empate: si se gana, la empresa patrocinadora del equipo obtendrá el permiso para instalar una base de misíles, si pierden el gobierno de Cambodia, obtiene la concesión exclusiva para vender un refresco de cola (¿cuál sería?) en todo el continente Africano.Nunca había leído una novela desde la que se narra un partido de futbol. Descubrí una nueva forma de ver el futbol, bastante novedosa para mi, por cierto. La trama es bastante simple y con un final fuera de lo común. Calificación de 8.0 El área 18

Aquél era tal vez un equipo más técnico, pero en absoluto podría equipararse en fibra, en fe ganadora, en espíritu de sacrificio, al que conforman ustedes.

Todo aquel que entra a la cancha sabe que puede sucederle eso [lesionarse].

… la disciplina en un grupo es fundamental. Tiene que ser una cosa férrea.

No hay nada más lindo que una pelota nueva.

…tras una hora de juego, Billy ordenó quitarse las casacas y se originó un match que, según él, era de autodeterminación. La médula del juego consistía en que cualquier jugador en cualquier momento podía alinearse en uno o en otro bando sin aviso previo. Por lo tanto, aquello se convertía en una verdadera caja de sorpresas y nunca se podía estar seguro de que aquel que había sido compañero hasta el minuto anterior, no se convertiría en un sorpresivo rival y dispararía sobre su propio arco al minuto siguiente. Esto creaba un clima de inseguridad, nervios, atención altamente concentrada y, a veces odio, que convertía el juego en una descarnada red de intrigas, reproches, venganzas y alaridos de triunfo o de derrota. Muller ordenaba aquella disciplina en procura de mantener permanentemente alerta a sus hombres, lejos del aburguesamiento, y atentos hasta al más insignificante gesto de cada uno de sus compañeros, listos para remediar una falla sorpresiva o solventar una situación por demás inesperada.

Pudo comprobar la utilidad de Billy como masajista… —Es tan salvaje —murmuró Obdan, explicando a Seller— que nadie se queda más de un minuto caído. Aunque te hayan quebrado una pierna en cuatro, es preferible ese dolor a que te atrape Billy.
—Pero es que hay veces en que uno no puede levantarse —replicó Seller.
—Nada es peor a que te agarre Billy —meneó la cabeza el polaco—. Muller mismo lo incita a que actúe así. Dice que de esa manera nadie se hará el lesionado, ni se quedará en el suelo para descansar.

Yo, en una época, subestimé a los americanos. Pero ahora debo reconocerlo, son maestros de la organización. Y es más, son maestros en estructurar organizaciones de anticipación. Anticipación. La ciencia de deducir y prevenir los cambios y alteraciones de la política mundial a la luz de los datos e indicios dados diez, quince o veinte años antes.

-Y eso es lo que querrán saber los congodios- aseveró Seller-. Qué esquema de juego desplegaremos nosotros
-¡Claro! Es vital. Fundamental. Allí empieza y termina todo – casi rió Muller.

—Y sé que siempre el traidor es el más impecable en el trabajo, el más voluntarioso, el que más se sacrifica, el que menos desea que caiga sobre él la más pequeña de las sospechas.
—Es cierto —se pellizcó los labios Muller—. Es cierto. Su misma inseguridad lo lleva a excederse en su devoción.
—Cometen el error de no cometer errores —puntualizó Seller—. El temor a ser descubiertos los lleva a no reaccionar nunca con rasgos humanos.

—El portero se halla en un puesto que es el centro de todas las miradas… Sus errores son vistos hasta por el menos avispado de los espectadores. Y son fatales. Irreversibles.

—Una vez tuve un amigo, señor Seller—pareció conceder a manera confesional Muller. Hizo una larga pausa—. Un verdadero amigo. Cuando yo era más joven. ¿Y qué pasó?
El sirio fortificó sus reservas espirituales decidido a soportar sin una respuesta aquel interrogante.
—Lo vendieron —se rindió finalmente el técnico.
—¿Lo vendieron?
—A un equipo italiano. Como si fuera un animal. O un esclavo. Allí comprendí lo que es el profesionalismo. Desde ese momento decidí no dejar espacio para mis sentimientos, y puedo asegurarle que me ha servido de mucho.

Los atendió un anciano cuya edad merodeaba entre el centenario y la inmortalidad.

…se han levantado, y se levantan, monumentos a los que cometen grandes errores. A los perversos. A los traidores. A los responsables de grandes calamidades… Para que la gente pueda verlos, recordarlos y enseñar a sus hijos quiénes han sido éstos personajes… Entonces las generaciones futuras ya saben quiénes los han perjudicado… Yo, usted, todos nos cuidaremos muy bien de no cometer errores, de no dañar a la gente, para no tener el día de mañana un monumento que inmortalice nuestra perversidad

¿Qué hubiese pasado si a ese alcalde no lo inmortalizara una estatua que recuerde su tremendo error? ¡Que todos nos hubiésemos olvidado de él!

“Los ricos —sintetizó su teoría Seller— son iguales en cualquier lugar del mundo. Después de todo, las ciudades-modelo no son más de tres o cuatro: Nueva York, Londres, París, Roma. Los millonarios del mundo procuran repetir en sus ciudades de origen lo que han visto en las ciudades modelo. Además, ellos mismos se visten igual que los ricos de Nueva York, o Londres, o París, o Roma. Y sus negocios se parecen a los que han visto en esos cuatro lugares.” Más de una vez había escuchado Seller exclamar a alguien en tanto recorría algún barrio pudiente de ciudad de Méjico, Estambul o Atenas: “¡Qué hermoso es esto! ¡Me hace recordar a París, o a Londres, o a Roma, o a Nueva York!”. “Los rasgos distintivos —prosiguió deduciendo Seller, en tanto se dirigía hacia la conserjería— sólo se mantienen en los barrios bajos, en las zonas portuarias, entre los pobres. O bien en los hoteles muy viejos.”

—¡Atrás, atrás, rearmarse, agruparse atrás! —gritó Seller a los suyos corriendo a plantarse en la línea del área dieciocho, dentro de la medialuna—. ¡Formen cuadro!

—¡Querían que nosotros pensáramos que en nuestro equipo había un traidor, para dividirnos, para enemistarnos,
para quebrar nuestra confianza! —continuó Seller. —Y por supuesto eligieron como víctima al que, según ellos, más importante podía ser dentro de un equipo que debía jugar su chance a un empate, ¡el arquero!