Martes con mi viejo profesor.

Mitch Albom.

En una especie de autobiografía, uno asiste a las clases más importantes en la vida de un alumno (cuya medida de éxito radica en la cantidad de trabajo hecho) y su moribundo profesor que padece una enfermedad incurable. Así, las visitas giran en torno a trascendentales temas como la propia muerte, el arrepentimiento, el perdón, la vejez o el matrimonio, vistos y explicados desde el umbral de la muerte del maestro. Sin duda, el contacto con la muerte nos hace más receptivos a dichos temas y a dar la importancia a los asuntos que realmente tienen valor. Calificación de 9.5.
Martes con mi viejo profesor.

Martes con mi viejo profesor.

Así dejó de conducir, dejó de caminar con libertad, de tener intimidad, dejó de tener su secreto…

Mantenía tertulias sobre la muerte, sobre su verdadero significado, sobre el modo en que las sociedades la han temido siempre sin comprenderla necesariamente. Dijo a sus amigos que si querían ayudarle de verdad, no debían ofrecerle su comprensión sino visitarle, llamarle por teléfono, compartir con él sus problemas, como los habían compartido siempre, pues Morrie había sabido siempre escuchar maravillosamente.

Morrie tuvo una idea mejor. Hizo algunas llamadas. Fijó una fecha. Y una fría tarde de domingo se reunió con él en su casa un pequeño grupo de amigos y de familiares para celebrar unos «funerales en vida».[…] Morrie lloraba y reía con ellos. Y Morrie dijo aquel día todas esas cosas que se sienten y que nunca llegamos a decir a los que amamos. Sus «funerales en vida» tuvieron un éxito resonante.

Acepta lo que eres capaz de hacer y lo que no eres capaz de hacer.

Acepta el pasado como pasado, sin negarlo ni descartarlo.

No des por supuesto que es demasiado tarde para comprometerte.

Su filosofía decía que la muerte no debía ser una vergüenza; no estaba dispuesto a maquillarla.

Morirse no es más que una de las cosas que nos entristecen[…]. Vivir infelices es otra cosa. Muchos de los que vienen a visitarme son infelices.

Me asombraba ver la facilidad con que salían las cosas adelante sin mí.

Es posible que la muerte sea la gran niveladora, la única cosa grande que es capaz de conseguir, por fin, que las personas que no se conocen derramen una lágrima las unas por las otras.

El amor es el único acto racional.

Me permito un buen llanto si lo necesito. Pero después me concentro en todas las cosas buenas que me quedan en la vida. En las personas que vienen a verme.

¡Qué útil sería establecer un límite diario a la autocompasión! Unos pocos minutos lacrimosos, y después a seguir adelante con la jornada.

Cuando uno mira a la muerte cara a cara nos viene una claridad mística de pensamiento.

Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, en nuestra carrera profesional, en la familia, en tener dinero suficiente, en pagar la hipoteca, en comprarnos un coche nuevo, en arreglar el radiador cuando se rompe; estamos muy ocupados con billones de actos pequeños que sólo sirven para salir adelante. De modo que no adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos: ¿esto es todo? ¿es esto todo lo que quiero? ¿me falta algo?

Koppel se imaginó a los dos hombres juntos algún día, uno incapaz de hablar, el otro incapaz de oír. ¿Cómo sería aquello? -Nos cogeremos de la mano —dijo Morrie-. Y nos transmitiremos mucho amor. Hemos vivido treinta y cinco años de amistad, Ted. No hace falta hablar ni oír para sentirlo.

Todo el mundo sabe que se va a morir, pero nadie se lo cree.

Amaos los unos a los otros o pereceréis.

-No interrumpáis vuestras vidas -les dijo [a sus hijos]-. De lo contrario, esta enfermedad nos habrá estropeado la vida a los tres en vez de a uno.

Sí contienes las emociones, si no te permites a ti mismo llevarlas hasta el final, nunca podrás llegar a estar desligado; estarás demasiado ocupado con tu miedo. Tienes miedo al dolor, tienes miedo a la pérdida de un ser querido. Tienes miedo a la vulnerabilidad que trae aparejado el amor. Pero si te sumerjes en estas emociones, permitiéndote a ti mismo tirarte de cabeza a ellas, hasta el final, por encima de tu cabeza incluso, las vives de una manera plena y completa. Sabes lo que es el dolor. Sabes lo que es el amor. Sabes lo que es la pérdida de un ser querido. Y sólo entonces puedes decir: Está bien. He vivido esa emoción. Reconozco esa emoción. Ahora necesito desligarme de esa emoción por un momento.

La verdad es que cuando nuestras madres nos tenían en brazos, nos acunaban, nos acariciaban la cabeza, ninguno de nosotros se cansaba nunca Todos anhelamos de algún modo volver a aquellos días en que nos cuidaban por completo, con amor incondicional. La mayoría no nos cansábamos nunca.

Cuando creces, aprendes más. Si te quedaras en los veintidós años, serías siempre tan ignorante como cuando tenías veintidós años. El envejecimiento no es sólo decadencia, ¿sabes? Es crecimiento. Es algo más que el factor negativo de que te vas a morir, también es el factor positivo de que entiendes que te vas a morir, y de que vives por ello una vida mejor.

Si estás luchando siempre contra el envejecimiento, vas a ser siempre infeliz, porque te va a llegar en todo caso.

El amor es lo que te hace seguir vivo, aun después de que te hayas ido.

Los amigos son estupendos, pero los amigos no van a estar aquí por la noche cuando estás tosiendo y no puedes dormir y alguien tiene que pasarse la noche en vela a tu lado, animarte, intentar serte útil.

Una cosa he aprendido acerca del matrimonio -dijo después-. Te pone a prueba. Descubres quién eres, quién es la otra persona, y de qué manera te adaptas o no te adaptas.

Existen algunas reglas acerca del amor y del matrimonio que sé que son verdaderas. Si no respetáis a la otra persona, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis transigir, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis hablar abiertamente de lo que pasa entre vosotros, vais a tener muchos problemas. Y si no tenéis un catálogo común de valores en la vida, vais a tener muchos problemas. Vuestros valores deben ser semejantes.

Invierte en la familia humana. Invierte en las personas. Construye una pequeña comunidad con los que amas y con los que te aman.

No abandones demasiado pronto, pero no te aferres demasiado tiempo.

Antes de morir, perdónate a ti mismo. A continuación, perdona a los demás.

Al morir se pone fin a una vida, no a una relación personal.

No existe ninguna fórmula para llevar las relaciones personales. Hay que negociarlas de modos amorosos, con sitio para ambas partes; para lo que quieren y para lo que necesitan; para lo que pueden hacer y para cómo es su vida.

A veces, cuando estás perdiendo a alguien, te aferras a la tradición que puedes.

[Quiero decirle] que preste atención cuando hablen sus seres queridos, como si fuera la última vez que pudiera oírles.

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Las cinco personas que encontrarás en el cielo.

Mitch Albom.

El autor propone en esta novela un supuesto en relación a la muerte: cuando llegamos al cielo, nos encontraremos con cinco personas que nos ayudarán a entender nuestro paso por la tierra; personas que pueden no ser ni familiares, ni amigos y con quienes ni siquiera interactuamos de manera contínua, pero que marcan un parteaguas en nuestra vida, sea que nos hayamos enterado de ello o no. Un buen punto de reflexión (independientemente de si se cree en el cielo): ¿qué personas nos han marcado en nuestra vida?
Calificación de 9, no tanto por la novela, sino por la idea en que está basada. Además, es el primer libro que leí completo en el celular 😛
Las cinco personas que encontrarás en el cielo.

Las cinco personas que encontrarás en el cielo.

Todo el mundo tiene una idea del cielo, como pasa en la mayoría de las religiones, y todas ellas deben ser respetadas. La versión que se ofrece aquí sólo es una suposición, un deseo, en ciertos aspectos, que a mi tío y a otros como él -personas que no se sentían importantes aquí en la tierra- les hizo darse cuenta, al final, de lo mucho que contaban y de cuánto se les quiso.

… todos los finales son también comienzos, lo que pasa es que no lo sabemos en su momento.

De haber sabido que su muerte era inminente, probablemente habría ido a otro sitio. Pero hizo lo que hacemos todos. Continuó con su aburrida rutina como si todavía estuvieran por venir todos los días del mundo.

Hay cinco personas con las que te vas a encontrar en el cielo -dijo de repente el Hombre Azul-. Cada una de ellas intervino en tu vida por algún motivo, pero a lo mejor tú no te diste cuenta de ello en su momento… y para eso existe el cielo, para entender tu vida en la tierra.

Éste es el mayor don que te puede conceder Dios: entender lo que te pasó en la tierra. Que tenga explicación. Éste es el sitio que has andado buscando.

A veces uno tiene que hacer cosas cuando pasan cosas tristes.

-Que no hay actos fortuitos. Que todos estamos relacionados. Que uno no puede separar una vida de otra más de lo que puede separar una brisa del viento.

-Lo que está bien -dijo- no dirige la vida y la muerte. Si lo hiciera, ninguna persona joven moriría jamás.

¿Por qué se reúne la gente cuando mueren los demás? ¿Por qué considera la gente que debe hacerlo? »Lo hace porque el espíritu humano sabe, en el fondo, que todas las vidas se entrecruzan. Que la muerte no sólo se lleva a alguien, deja a otra persona, y en la pequeña distancia entre que a uno se lo lleve o lo deje, las vidas cambian. »Dices que deberías haber muerto tú en vez de yo. Pero durante mi vida en la tierra también hubo personas que murieron en mi lugar. Es algo que pasa todos los días. Cuando cae un rayo un momento después de que te hayas ido, o se estrella un avión en el que podrías haber estado. Cuando tu compañero de trabajo enferma y tú no. Creemos que esas cosas son fortuitas, pero hay un equilibrio en todo. Uno se marchita, otro crece. El nacimiento y la muerte forman parte de un todo.

La guerra no es un juego. Si es preciso disparar, se dispara, ¿entiendes? No te sientes culpable. No hay que dudar. Uno dispara y dispara, y no piensa ni contra quién, ni si lo mata, ni por qué, ¿entendido? Si quieres volver a casa, limítate a disparar, no pienses.

Antes de alistarme, lo único que hice fue recibir órdenes. Lo siguiente de lo que me di cuenta era de que las estaba dando yo.

Morir no es el final de todo. Creemos que lo es. Pero lo que pasa en la tierra sólo es el comienzo.

Sacrificio -dijo el capitán-. Tú hiciste uno. Yo hice otro. Todos los hacemos. Pero tú estabas enfadado por haberlo hecho. No dejabas de pensar en lo que habías perdido. »No lo entendías. El sacrificio es parte de la vida. Es algo que debe asumirse. No es algo que se deba lamentar. Es algo a lo que debemos aspirar. Pequeños sacrificios. Grandes sacrificios. Una madre trabaja para que su hijo pueda ir al colegio. Una hija vuelve a casa para cuidar a su padre enfermo. »Un hombre va a la guerra… Se interrumpió durante un momento y miró al nebuloso cielo gris. -Rabozzo no murió por nada, ¿sabes? Se sacrificó por su país, y su familia lo supo, y su hermano pequeño llegó a ser un buen soldado y un gran hombre gracias a su ejemplo. »Yo tampoco morí por nada. Aquella noche, todos podríamos haber pasado por encima de aquella mina. Entonces habríamos desaparecido los cuatro.Eddie movió la cabeza con incredulidad. -Pero usted… -Bajó la voz.- Usted perdió la vida. El capitán chasqueó la lengua. -Ésa es la cuestión. A veces cuando uno sacrifica algo precioso, en realidad no lo está perdiendo. Simplemente se lo está dando a otro.

Todos los padres hacen daño a sus hijos. No se puede evitar. La juventud, como cristal nuevo, recoge las huellas de los que la manejan. Unos padres manchan, otros rompen, otros destrozan por completo la infancia de sus hijos; la hacen pedazos y ya no se puede reparar.

… los hijos adoran a sus padres aunque se porten mal con ellos. Es el modo en que aprenden a querer. Antes de que quiera a Dios o a una mujer, un chico quiere a su padre, de modo insensato, más allá de cualquier explicación.

Sin darse cuenta se había iniciado en el ritual de intercambiar señales de su padre, renunciando a las palabras o a las manifestaciones físicas de afecto. Todo tenía que hacerse internamente. Se suponía que uno se daba cuenta, eso es todo. Falta de afecto. El daño estaba hecho.

Eddie alguna vez había supuesto que la muerte significaría reunirse con los que se fueron antes que tú.

¿Cómo puede explicarle tanta tristeza cuando ella cree que le hace feliz? La verdad es que no se lo puede explicar ni a sí mismo.

Las cosas que pasan antes de que uno nazca también tienen importancia en nuestras vidas -dijo ella-, al igual que las personas que viven antes que nosotros. »Todos los días pasamos por sitios que nunca habrían existido si no fuera por los que vivieron antes que nosotros. Los sitios donde trabajamos, en los que pasamos tanto tiempo… muchas veces pensamos que empezaron cuando llegamos nosotros. Y eso no es cierto.

Los padres raramente dejan que sus hijos se vayan, de modo que los hijos les dejan. Se trasladan. Se alejan. Lo que antes les solía definir -la aprobación de su madre, el asentimiento de su padre- queda sustituido ahora por sus propios logros. Hasta mucho más tarde, cuando la piel se arruga y el corazón se debilita, los hijos no entienden; sus historias y todos sus logros se asientan sobre las historias de sus padres y madres, piedra sobre piedra, por debajo de las aguas de su vida.

… el silencio raramente constituye un refugio.

Contener el odio hace que éste se convierta en un veneno. Te corroe por dentro. Creemos que el odio es un arma que ataca a la persona que nos hace daño, pero el odio es una espada de doble filo. Y el daño que hacemos, nos lo hacemos a nosotros mismos […] porque nadie nace con odio. Y cuando morimos, el alma se libera de él. Pero ahora, aquí, para poder seguir adelante, debes entender por qué sentiste lo que sentiste y por qué ya no necesitas sentirlo.

La gente dice que «encuentra» el amor, como si fuera un objeto escondido bajo una piedra. Pero el amor adopta muchas formas y nunca es igual para todos los hombres y mujeres. Lo que la gente encuentra es un determinado amor. Y Eddie encontró un determinado amor con Marguerite, un amor agradecido, un amor profundo pero sosegado, un amor que él sabía que, por encima de todo, era
irreemplazable. Una vez que ella se hubo ido, dejó que fueran pasando los días, él dejó que su corazón durmiera.

Oh, Eddie, nunca cambian [las bodas], cuando el novio levanta el velo, cuando la novia recibe el anillo, las esperanzas que les asoman a los ojos son iguales en todo el mundo. Creen de verdad que su amor y su matrimonio van a batir todos los récords.

El amor, como la lluvia, puede vivificar desde arriba, empapando a las parejas de gozo. Pero a veces, bajo el enfurecido calor de la vida, el amor se seca en la superficie y debe vivificarse desde abajo, extendiendo sus raíces, manteniéndose vivo.

El amor perdido sigue siendo amor, Eddie. Adquiere una forma diferente, eso es todo. No puedes ver la sonrisa de esa persona o llevarle comida o acariciarle el pelo o dar vueltas con ella en una pista de baile, pero cuando esos sentidos se debilitan, se fortalecen otros. La memoria. La memoria se convierte en tu compañera. Uno la alimenta, y se aferra a ella, y baila con ella. »La vida tiene un fin -dijo ella-, el amor no.

El silencio es peor cuando uno sabe que no lo puede romper.

[Otras personas] Estaban allí, o estarían allí, gracias a las cosas sencillas, normales, que Eddie había hecho en la vida, gracias a los accidentes que había evitado, a las atracciones que había mantenido seguras, a las tuercas que había apretado todos los días. Y aunque no movían los labios, Eddie oía sus voces, más voces de las que podría haber imaginado, y le invadió una paz que nunca había sentido antes.

cada uno influye en el otro y éste lo hace en el siguiente, que el mundo está lleno de historias, pero que las historias son todas una