El abrazo del Padre

Danilo Montero

El abrazo del Padre

El abrazo del Padre

A través de las historias de Jonás, Ana, Jacob, Isaías y Moisés, así como las parábola del hijo pródigo y el fariseo y el publicano, el autor nos describe a un Dios como Padre amoroso que ofrece perdón y amor a cambio de… nada! Calificación de 9.

Resma: Conjunto de quinientos pliegos de papel.
Canfín: Queroseno.

¡Cuanta falta nos hace el abrazo del Padre! Una generación herida camina y tropieza en su juventud, aborreciendo a sus padres y jurando que nunca serán como ellos, sólo para causar el mismo dolor y las mismas heridas sobre sus propios hijos.

¿Por qué hay ocasiones en que el ser humano hace exactamente lo último que debía hacer?

La puerta divina a nuevas dimensiones de unción y servicio es la obediencia.

Para adorar al Dios verdadero necesitamos conocerlo. Pero sólo podemos conocerlo en la medida en que Él se nos revele.

El rito debe cumplirse, el programa debe continuar… nuestra tradición debe perpetuarse. No hay contacto, interacción ni intimidad. Nos da miedo colocarnos en el lugar de no saber qué hacer en la desesperante espera del que quiere escuchar o ver a Dios.

El cielo espera por gente que se atreva a llorar ante Dios. Hay la imperiosa urgencia de transparencia en aquellos que se acercan a adorar. La capacidad de desnudar el alma es lo que nos lleva al punto de cambio.

¿Es acaso la alabanza encender las emociones del pueblo, o es el altar donde levantamos nuestra ofrenda en temor santo y adoración?

La religión esconde inmundicia bajo las vestiduras.

Por esa razón es que el orgullo religioso nos hace errar. Nos hace creer que somos mejores que otros porque no hacemos ciertas cosas y porque sí hacemos nuestras “tareas” cristianas. Ignoramos que lo único que hace de la vida de un cristiano algo maravilloso, es la presencia de Dios. Si ignoramos esa presencia, apagamos la llama, enterramos ese santo altar y estaremos hundidos en la suciedad del pecado.

En su afán por inculcar la ley, cayeron en el error de usarla como un medio de autoexaltación y a la vez, como una herramienta de control. A la postre, lo que una vez fuera una pasión profunda se transformó en una religiosidad enfermiza. Este grupo se convirtió en uno de los acérrimos enemigos de Jesús y fue uno de los involucrados en el complot para enjuiciar y matar al Salvador.

Para un fariseo el amor por Dios se mide por sus logros personales en cuanto a la religión. Es uno que anhela ser amado por Dios, y para ello se basa en su capacidad de “acumular” puntos. Por razón busca minimizar lo más posible sus errores, pues ellos son sinónimo del rechazo de Dios. En contraposición, hacer lo “correcto” es igual a ser amado y aceptado. Por lo que el amor divino sólo puede ser “asegurado” a través de un rendimiento perfecto.

Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. — Santiago 4:2

Y ¿por qué es que no pedimos? ¡Porque aquel que es orgulloso no sabe pedir, no desea pedir y menos recibir! Por un lado, el orgullo nos inhibe para pedir y por otro lado, amarra nuestras manos para recibir lo que nos es ofrecido.

La actitud farisaica se manifiesta en el énfasis exagerado de la forma: el cumplimiento estricto de las normas, el largo del cabello o del vestido, la camisa blanca y la corbata. Mientras observamos meticulosamente estas cosas, olvidamos el amor fraternal, la unidad de la iglesia, la honradez y la misericordia.

Dios no es perfeccionista, es perfecto. El perfeccionismo busca alcanzar una excelencia de carácter o de disciplina para exaltarse a sí mismo y para imponerse a sí mismo sobre otros. Busca controlar a otras personas a través de su supuesto ejemplo. Debemos ser ejemplo pero no con el fin de esclavizar a otros. Esta forma de pensar busca controlar a las personas a través del temor de desagradar a Dios, temor al castigo si no se cumplen ciertas disciplinas.

La oración de este hombre contiene una definición honrada de sí mismo: soy un pecador. Pero a la vez, no se encierra en sí mismo, sino que se extiende hacia Dios como el enfoque de su hambre espiritual. Para aquel que sabe cuál es su condición, es más fácil recibir las buenas nuevas cuando las escucha. Al fariseo había que convencerlo de que estaba mal porque consideraba que él no necesitaba ayuda. El publicano sabía que estaba mal y que no valía nada delante de la gente, como consecuencia buscó a Dios y esa actitud le abrió la puerta a la gracia divina.

Gracia es recibir lo que no merecemos. Misericordia es no recibir lo que sí merecemos.

“¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia?” — Isaías 55:2

Podemos llorar toda la vida nuestras faltas, pero nada cambiará hasta que nos determinemos a seguir un nuevo rumbo.

La misericordia corre hacia ti cuando quieres volver a Dios, y corre más rápidamente que el juicio.

“Cuando tú das un paso hacia Dios, Él da dos y tres hacia ti”.

Un abrazo puede hacer que un hijo pródigo olvide la vergüenza de comer basura y de andar como un mendigo. Hace que la culpa se vaya, que el cansancio se olvide. Esa es la gracia de Dios. Nos hace sentir amados y bienvenidos. Nos abre la puerta del corazón y nos dice: “Te he estado esperando”. La gracia de Dios es un abrazo.

Dios hace mucho con poco, más con menos y todo con nada. Arthur Burt

Ninguno de nosotros fue creado para caminar sin ayuda. Ninguno de nosotros contiene la verdad absoluta de Dios y por lo tanto, necesitamos de ese “destello” de Dios que hay en nuestros hermanos.

La historia de nuestra raza se definió trágicamente en el jardín del Edén, pues en ese lugar el hombre decidió hacer su propia voluntad y romper su relación con el Creador. Para cambiar el curso de nuestra historia, Dios tuvo que volver a un jardín (Getsemaní) en el cuál Jesús (Dios-hombre) tomó el lugar de todos nosotros para rendirnos nuevamente a Su voluntad.

Las personas y circunstancias no cambian por sí solas lo que hay en nuestro corazón. El cambio lo produce nuestra actitud ante esa confrontación. A menudo, las personas más cercanas a nosotros son las herramientas que el enemigo usa para herirnos. También aquellos con quienes tratamos diariamente son los mensajeros divinos de confrontación. No los pedimos, es más, si pudiéramos, nos desharíamos de algunos.

Una pobre mujer desesperada por la agonía de una vida miserable junto a su esposo oraba: “Señor, o te lo llevas o te lo mando”. Muchas veces, cuando oramos para que Dios cambie a esa persona que nos irrita, recibiremos la respuesta del dedo divino señalándonos y diciendo: “Tú eres el que más necesita ese cambio”.

Las cosas trascendentales en la vida de un hombre suceden en la soledad que hay en la presencia de Dios. La mayor escuela de cambio no sucede en la multitud de una conferencia ni en la vida social de la iglesia.

Todos tenemos dificultad para sentirnos a gusto cuando estamos solos. Quizás detestamos la soledad porque tememos estar con la persona que más odiamos en este mundo: nosotros mismos. Esto sucede porque no hemos hecho las paces con el que se asoma al espejo cada mañana. Por eso es necesario acudir a Dios, quien nos ayuda a aceptarnos tal cual somos y a valorarnos como Él nos valora.

El quebrantamiento es lo único que nos sana de la religión, y nos tira al piso, humillados, diciendo: “No puedo hacer nada por mí mismo”. Aquel que pelea cree poder alcanzarlo, por eso pelea.

Peniel es el lugar en donde el hombre reconoce que no puede y queda postrado, esperando en Dios. Cuando admitimos nuestra debilidad y limitación humana le abrimos paso al poder de Dios. Sólo allí, el hombre natural es quebrantado y cede el lugar a Dios. Eso se llama rendición total y consagración: cuando nos abandonamos totalmente en las manos de Dios.

Cuando recaí tuve dos opciones: volver a la culpa, el temor y la depresión; o correr a los brazos de mi Padre Celestial. Escoger vivir como una víctima de mi enfermedad; o decidir confiar en el amor inmutable de Abba

Si puedes confesar quién eres, qué te está sucediendo y qué cosas te hacen sufrir, entonces Dios puede liberarte. La necesidad de transparencia y de admitir nuestra vulnerabilidad es un principio de vida. Debemos reconocer nuestra imperfección. Jacob pudo haber dicho: “Es que mi padre nunca me quiso” o “Esaú es un tonto”. Puedes seguir culpando a tus padres, a tu país, a tu mala suerte, pero mientras repitas las palabras de Adán o de Eva: “Fue la serpiente”, no serás transformado. La confesión honesta ante Dios es el punto de partida para que Su intervención poderosa tome lugar en nosotros. Por otra parte, la confesión ante nuestros hermanos es el canal por el que salimos de las tinieblas que hay en el corazón y recibimos la luz sanadora de Dios.

Es necesario abrir el corazón y confiar en otras personas para recibir a través de ellas lo que Dios quiere hacer en nuestra vida. Si buena parte de las heridas que los humanos llevamos fueron causadas por otros, Dios usará a otros seres humanos para sanarlas.

Charles Swindoll dice en su libro Baje la guardia que los amigos son como los espejos retrovisores de un auto porque nos ayudan a proteger los ángulos ciegos al conducir. Esto quiere decir que ellos nos ayudan minimizar el riesgo de tropezar y caer.

Padre de huérfanos… es Dios en su Santa morada — Salmo 68:5

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”. – Salmo 27:4. Mientras David contemplaba la hermosura del Señor, inquiría. La palabra “inquirir” significa preguntar, investigar, indagar.

No hay circunstancia que su amor no conozca y que su consuelo no pueda sanar. Cuando percibes su amor todo resentimiento pierde su poder y el perdón aflora.

En el abrazo del Padre se encuentra la fuerza para caminar por el valle de sombra y de muerte, sin temor alguno.

Isaías respondió a la revelación de Dios de la mejor manera que un ser humano puede hacerlo. Se postró y clamó a Dios: “¡Ay de mí! Reconozco mi condición y te necesito”.

John MacArthur, un exitoso escritor cristiano, declaró en un artículo de la revista Discipleship Journal, lo siguiente: “La esencia y el corazón de la adoración es un deseo intenso y no egoísta de darle a Dios. Ese deseo comienza con la entrega de nosotros mismos, luego la entrega de nuestras actitudes y nuestras posesiones, hasta que la adoración se convierte en un estilo de vida”.

¡Nuestro Dios es terrible! Me pregunto si estamos respondiendo adecuadamente a ese Dios que se nos describe en los Salmos. ¿Tenemos en mente esta clase de perspectiva acerca de Dios cuando cantamos una canción mientras terminamos de mascar un chicle? ¿Habremos perdido esa sensación de asombro que invadió al salmista al igual que a Isaías?

No es fácil adorar a Dios cuando el alma se parte en mil pedazos. No hay música hermosa de iglesia porque estás solo.

Adorar a Dios cuesta la vida. Si adorar significara cantar canciones románticas como las que grabamos en un disco, sería cosa de niños. Pero, cada vez que tú y tu iglesia confiesan su pasión a Dios, les es tomado en cuenta para luego ser probado.

Hebreos, capítulo 11, verso 6, nos dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

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Generación de adoradores.

Emmanuel Espinosa, Lucas Leys, Danilo Montero.

Muy buena libro dirigido principalmente a líderes de jóvenes y cuyo objetivo es buscar que ellos sean la nueva generación de adoradores basando sus propuestas y sugerencias a la luz de la Palabra y de la propia experiencia. Las sugerencias de liturgias para reuniones de adoración orientadas a jóvenes está de lujo. Calificación de 9.0
Generacion de Adoradores

Generacion de Adoradores

Dios es un ser comunicativo y nunca deja de expresar lo que hay en su corazón.

Jesús es la mejor expresión del deseo del Padre de habitar entre nosotros.

Dios no entra y sale de nosotros: Él vino a quedarse. La presencia de Dios no viene de vista a la reunión de la iglesia, ¡vive en ella!

La adoración es un acto de rendición, entrega y abandono. Es decir, para que haya adoración debe existir un sacrificio.

Adorar no es cantar. Es entregar; y eso a veces requiere de un simultáneo acto de gozo y dolor por renunciar a nosotros mismos.

Los evangelios nos cuentan que luego del nacimiento de Jesús, los sabios del Oriente llegaron a su casa para adorarlo. El viaje incluyó una logística muy costosa, que los llevó por tierras peligrosas, quizás durante meses enteros. Pagaron un precio para llegar a Jesús. Pero cuando lo lograron, en vez de pedirle, le ofrecieron lo mejor que tenían: oro, incienso y mirra. Para adorar a Dios hay que renunciar a ese egoísmo que sólo busca pedir para sí. Cuando nos presentemos ante Dios, llevémosle algo.

Ninguno de nosotros es capaz de adorar a Dios del modo que Él merece, pero cuando miramos hacia el altar de la curz, Jesús nos puede dar la gracia para hacerlo. Cuando nos dispongamos a adorar, ofrezcamos lo mejor que tenemos: un ser amado, un logro personal, el agradecimiento por un milagro. Presentemos lo peor que tenemos tambien: nuestras luchas, nuestra debilidad, nuestro pecado y nuestra espera, porque siempre vendrá la provisión de Dios para levantarnos y enseñarnos a amar de corazón.

La adoración es algo más que cantar; es volver al dialogo inicial que Dios planeó desde el principio. Es conversar con Él mientras le servimos las mejores delicias que podamos.

El arca era un recordatorio físico para Israel de la presencia invisible de Dios en medio de ellos.

Los salmos están llenos de preguntas, quejas, gritos, llanto y risa. Son conversaciones profundas, sinceras, hasta francas, con Dios.

La adoración puede incluir un cántico a Dios, pero, más que nada, se resume en conversar con Él. Cuando adoremos a Dios, esperemos escucharlo hablar. Preguntemos, traigamos dudas, derramemos nuestro lamento, expresemos nuestro enojo y pidamos su consejo.

Hoy en día no puedo utilizar el mismo tipo de canciones que tocó a mis padres en la década de los sesenta para alcanzar a mi generación. La música que tuvo relevancia para mis papás en su juventud, o para mí en mi adolescencia, no es la misma que mueve las fibras de los adolescentes de hoy. Actualmente un chico de dieciseis años no quiere saber de la música de principios de los noventa, porque probablemente le suene “muy vieja”.

Así como en toda Latinoamérica tenemos diferentes paladares en cuanto a gustos de comidas (asado, pupusas, bandeja piaza, salteñas, tacos con picante, gallo pinto, arepas), también existen diferentes paladares musicales (baladas, rancheras, cumbia, rock, salsa, merengue, rap, pop, hip hop) que se han definido por la cultura y el entorno.

En el asunto de la música, el peligro aparece cuando ponemos nuestros gustos musicales como si fueran la voz de Dios y prohibimos cambios porque: “Así no es la música que Dios usó para alcanzarme a mi”, o “Eso no me gusta, así que no es de Dios…”.

En realidad estamos en el mundo pero no somos del mundo. Y hemos puesto tanto énfasis en decir que no somo que se nos olvida que estamos, y hay gente con necesidades, alrededor de nosotros a la que les urge conocer acerca del amor de Dios, y para muchos la mejor manera de entederlo es con la música.

Los salmos son oraciones puestas en canción. Alabanzas y exaltación a Dios por lo que ha hecho. Expresiones de la confianza que tenemos en Dios. Alegrías, tristezas, dudas expuestas a Dios. Agradecimiento por la salvación. De manera preciosa e increíble, los Salmos expresan lo que hay en lo más profundo del corazón. Son una constante oración que surge al ser conscientes de la presencia y amor de Dios y reconocerlo y honrarlo en todo lo que hacemos.

En nuestros devocionales personales o cuando dirigimos la alabanza en la Iglesia, aunque no seamos cantantes… ¡cantemos! Aunque no seamos compositores, inventemos una canción, porque así como orgullosamente ponemos en la puerta del refrigerador el dibujo que nuestro hijo hizo en la escuela, exponiendo su gran obra de arte (al menos para nuestros ojos), Dios también sonríe y se alegra cuando ve a su hijo haciendo esos “garabatos” de amor. Él no se puede resistir a eso y viene a nuestro encuentro para abrazarnos y hablarnos.

Nunca olvidemos que muchas personas vienen de atravesar una semana con las responsabilidades y los desafíos cotidianos de la vida, y a veces con cargas extra. Quizás esa semana algunos no pudieron asistir a una célula o no leyeron la Biblia como habían planeado, así que recordémosles del Dios de gracias que nos ama tal como somos y que tiene los mejores planes para nosotros y nuestras familias.

Por favor, no seamos como algunos músicos que he visto, que dejan de tocar cuando el líder de alabanza decide extender el final porque “así no lo ensayamos”. Los músicos deben adorar al Señor con todo el corazón, pero también, mantener un ojo en el líder para ver sus indicaciones.

La música en la congregación debe ayudarnos a adorar, a despojarnos, entregarnos a Dios y enfocarnos en él. Recordemos que no estamos en un concierto, tratando de demostrar nuestras capacidades.

Es de suma importancia tener presente que el equipo de alabanza concurre a la iglesia a servir y no a ser servidos, así que cooperemos y ayudemos a que la gran mayoría tenga un encuentro especial con Dios, tan especial que los incentive a tomar buenas decisiones en su vida espiritual, emocional y física durante esa semana.

A veces nos preocupamos demasiado de que la gente responda como esperamos, y terminamos olvidando que no todos responden de la misma manera y que en definitiva a adoración no tiene que ver con los resultados que nosotros esperamos sino con los que espera Dios. La verdadera adoración no es tanto lo que sucede en ese tiempo de adoración en la Iglesia, sino lo que hacemos después. Lo que sucede es que cuando se es músico, resulta fácil adorar la música y olvidar que el foco es Dios y no la reunión ni la música. Si, debemos hacer producciones musicales y artisticas con excelencia, pero solo Dios es digno de nuestra verdadera adoración.

En la vida hay dos maneras de aprender: una es a través de nuestra propia experiencia. y la otra dejándonos guiar por mentores o consejeros; es decir por la experiencia de otros. Estoy convencido de que muchos de los errores que cometemos suceden por ignorar algún consejo. Deberíamos aprender siempre de los errores de otros; ellos ya pagaron con un precio lo que saben y conocen y si escuchamos con atención, nos pueden ahorrar una gran parte de sufrimiento en la vida.

Parece que en el cuerpo de Cristo nos ha dado por definir como “éxito” el hecho de que muchas personas nos conozcan y de que sea numerosa la cantidad de aquellos sonre los que podemos “influir” a través de lo que hacemos. Eso no es el éxito. El éxito es saber para qué estamos aquí en la tierra y lograrlo, o osea cimplir con la voluntad de Dios.

Más que adoración, Él busca adoradores que lo adoren en espíritu y en verdad. Dios no busca canciones, busca corazones, pero la música fue creada para convertirnos más fácilmente en lo que él desea.

La adoración no es un “acto” que dura una cierta cantidad de tiempo (cantar, opr ejemplo, treinta minutos los domingos), es “la decisión que tomamos al escoger quién o qué será nuestro señor y el foco de atención para nosotros, y la manera en que nos entregamos a esa decisión con devoción y servicio. Es decir que podemos terminar adorando a la actividad, persona o cosa que ocupa la mayor parte de nuestros pensamientos y tiempo.

Un esposo no lo es solamente cuando está con su esposa. Una mamá no lo es solamente cuando está con sus hijos. Un adorador no lo es solamente cuando hay música.

Él es Dios, Señor, Salvador, Amigo, sustento, Refugio, Fortaleza, Rey de reyes, Fiel, Justo, Mi abogado, Consejero, Roca firma, Castillo fuerte, Sanador, Consolador, Libertador, Amor, Guerrero, Paz, Mi estandarte, Padre, Guía.

La pobreza aumenta y cada vez serán más las personas que vivan sin un techo propio. echamos la culpa al gobierno sin pensar en nuestra responsabilidad como iglesia. Cuando Jesús habló de tener misericordia con los desprotegidos no se dirigió a los gobernantes, les hablaba a los discípulos.

Tenemos que estar dispuestos a que si Dios se manifiesta en una reunión, no intentemos controlarlo para respetar la programación. Dios no se ajusta a nuestros programas.

Una relación con el Señor con el Señor lleva tiempo. Hay picos en que experimentamos su presencia claramente pero también hay valles donde sentimos que estamos solos. Por su Palabra sambemos que Dios está, pero puntualmente en el tiempo no siempre podemos experimentarlo. Lo sensacional es mirar hacia atrás y notar con sorpresa el modo en que esas circunstancias en que nos creíamos solos temirnaron siendo parte de lo que Dios estaba haciendo en nuestra vida y se nos hace evidente que Dios sí estaba presente a pesar de que en ese momento no nos lo parecía.

Circunstancias interna en que experimentamos a Dios:
– Pro activamente: podemos mostrar una intención inclinada a las diferentes disciplinas espirituales como la oración, la alabanza, la adoración, el ayuno y el retiro. Estas disciplinas son fuentes donde podemos refrescar nuestra relación con el Señor, y podemos acudir a ellas cuando queramos.
– Reactivamente: cuando nos toca atravesar situaciones difíciles o con una cuota emocional importante es común que estemos más sensibles a la presencia de Dios. Circunstancias externas como el fracaso, el sufrimiento, la enfermedad, el dolor o sucesos importantes de nuestra vida pueden ayudarnos a reaccionar a la presencia de Dios de una manera especial.
– Inactivamente: alguien dijo que para animar nuestra fe es muy importante darle lugar al silencio. Circunstancias en que experimentamos quietud suelen ayudarnos a pensar en Dios. Una caminata al lado de un lago, detenernos ante un arroyo, mirar el mar en la playa, observar las estrellas o cualquier paisaje inspirador puede ayudarnos a detenernos y considerar a Dios de una manera especial.
– Misteriosamente: es casi imposible colocar a Dios dentro de una agenda. Él es el primer protasgonista de la historia y no nosotros, así que resulta muy difícil hacer un cálculo matemático y reduir la experiencia cristiana a una fórmula. No existe una ciencia exacta en esto y evidentemente así lo ha planeado Dios. Muchas veces podremos encontrar a Jesús caminando a nuestro lado sin habernos detenido, sin que algo particular sucediera y sin estar en medio de una circunstancia inspiradora. Simplemente se aparece ante nosotros misteriosa e inesperadamente .

La oración no es una repetición de frases religiosas, sino un diálogo. [Los] elementos que podemos incluir en nustro diálogo con el Señor: adoración por lo que Él es, la confesion de pecados, tentaciones y debilidades; la acción de gracias por las cosas que él ha hecho; y la intercesión por las necesidades que tenemos.

Siempre les digo a los líderes juveniles: Si tus chicos no tienen a sus amigos en la Iglesia, los vas a perder en los momentos de crisis. No importa lo bien que prediques ni lo linda que suene la alabanza. Nuestros adolescentes y jóvenes necesitan otros amigos cristianos con los que abrir su corazón para expresar cómo va su crecimiento cristiano.

El servicio lima los callos del egoísmo, abre las puertas al cambio y también nos da la posibilidad de experimentar a Dios actuando en nuestras vidas de una manera activa.

Si tu tienes un Dios grande, tiene problemas pequeños. Si tú tienes un Dios pequeño, tienes problemas grandes. Es tan simple como eso. Cuando tu Dios es grande, entonces cualquier aparente problema se convierte en una oportunidad. Cuando tu Dios es pequeño, entonces cada problema se convierte en un obstáculo.

A veces nos cuesta relacionarnos con un Dios al cual no podemor ver, oír, ni tocar, pero eso no significa que él no esté ahí para nosotros. No podemos ver el aire, ¿pero quién cuestionaría el poder de un tornado? Yo no puedo ver la electricidad, ¡pero no voy a meter los dedos en un enchufe! Recuerda que Dios el Padre ha dado el primer paso para conocerte como su hijo, y que él promete que si nos acercamos a él, él se acercará a nosotros (Santiago 4:8). No alcanza con saber acerca de Dios, debemos ir más allá y experimentarlo en forma personal. ¿Cómo llegamos a conocerlo? Hablando con él, leyendo sus palabras para nosotros, pasando tiempo con su pueblo, y haciendo las cosas que él nos dice que hagamos. Entonces no solo conoceremos acerca de él, sino que lo conoceremos a él de un modo íntimo, del modo en que nos conocemos a nosotros mismos, a nuestras familias, o a nuestros amigos más cercanos. Cuanto más conoces a Dios, más te darás cuenta de lo grande que es él. Lo suficientemente grande como para hacerse cargo de tus preocupaciones, de tus preguntas, de tu futuro.

A menudo nosotros nos enfocamos más en el regalo que en quién nos dio el regalo.

La falta de paz tiene mucho más que ver con el alboroto interior que con el alboroto exterior.

La confianza fortalece, la preocpación debilita.

La oración hace aumentar la fe, y la fe hace aumentar la oración.

Entrega tu situación a Dios. No le digas a Dios lo que deseas que Él haga. simplemente entrégale la situación y pide que su voluntad sea hecha. Pide a Dios que te ayude a dejar la situación en sus manos.

La adoración es nuestra respuesta a Dios y a quien es él. Y aunque el cantar y el orar son buenas maneras de adorar a Dios, ciertamente no son las únicas maneras posibles. De hecho, nosotros podemos responder y glorificar a Dios a través de virtualmente cualquier talento y área de nuestras vidas.

Dios me recibe así como estoy. Con todas mis dudas y mis complejos y mis temores. Dios está ahí siempre.

Para mi vida personal, una de las claves ha sido asumir riesgos. El hecho de tomar decisiones que son riesgosas, me han ayudado muchísimo a depender del Señor. A veces he tenido que tomar una decisión, y luego me doy cuenta que sin la ayuda de Dios no hubiera podido manejarla. Cuando voy más allá de mi dinero, más allá de mis contactos, más allá de lo que aparentemente me es posible ahcer, termino dependiendo de su gracia. Y eso me ha ayudado a cultivar mi relación con el Señor. Hace un tiempo me di cuenta que es como algo proporcional. Que si no estoy asumiendo riesgos, empiezo a confiar en mi propia carne, en mi propia situación. Asumo un riesgo y en seguida estoy de rodillas hablando con mi Señor y adorándole.

Me encanta que Dios maravillosamente haya incluído la historia de David en la Biblia. Un hombre conforme al corazón de Dios pero cuando miramos sus historias nos damos cuenta de cuantas veces fue un hombre de terror. Nadie lo aceptaría como miembro de ninguna iglesia. Pero era un varón conforme al corazón de Dios porque a pesar de que caía como monstruo, seguía buscando a Dios. Eso es crucial.

Si los jóvenes cristianos están batallado tanto en el área sexual, en la pornografía, en las relaciones fuera del matrimonio, se debe en parte a que no han descubierto cómo encontrar placer en la persona de Dios. Lo suficiente commo para que cualquier otro placer que estamos buscando, que es ilegítimo, gane.

Si yo trabajo, aunque no me guste mi trabajo, el hecho de aprender a hacer mi trabajo con una actitud de amar a Dios, es adoración. Eso es liberador para las personas. Cuando los chicos vienen a este asunto de escoger una carrera, y se sienten mal porque sienten que Dios los quiere sirviéndole a el. Sienten culpa porque se van a ir “al mundo secular”.

Hablar de los momentos de soledad, los momentos de dificultad, que los tenemos. Es muy importante que el nuevo liderazgo haga eso. Quenos quitemos la caea de súper espirituales y mostremos que estamos en nuestro peregrinaje y que seguimos creciendo. Que a veces tenemos victorias, pero a veces no.

Somos adoradores, nos guste o no nos guste. La cuestión es a qué adoramos.