Marcos, La Genial Impostura.

Bertrand De La Granje
Maite Rico.

Si de tratar de entender los orígenes y causas del movimiento que originó la incursión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, sin duda este debe ser un libro referente. Investigación realizada por dos periodistas extranjeras, lograron ampliar mi perspectiva de la situación. Vale decir que fui un simpatizante del EZLN en su aparición y que también sirvió para que me interesara por la política y la situación del país. Me hice asiduo lector de Proceso, y como en ese año empecé mi vida laboral, en el CRC del RFE, estaban suscritos al Financiero, también un referente de la época, estaba diariamente enterado de la evloución del movimiento.
El libro es una excelente investigación que describe los orígenes, causas y razones del movimiento, pasando por todos los involucrados, analizando su intervención y sus verdaderas razones para alentar la formación del EZLN.
Desmenuza el rompecabezas que formaba la situación del país en esas épocas y trata de explicar cómo es que todas las piezas se acomodan, interrelacionan e interactúan para dar forma a un parteaguas en la historia reciente de México. Chiapas es una pieza fundamental de la misma.
Desde luego, la obra gira en torno a la personalidad de Marcos, que, de acuerdo al título, terminó siendo una mentira perfecta. Me quedo con una frase que a mí en lo personal me abrió los ojos a la realidad: “Podrán cuestionar los caminos, pero nunca las causas”.
Marcos, la genial impostura

Marcos, la genial impostura

Se necesitaría finalmente la traición de uno de los principales dirigentes de la organización rebelde para determinar la identidad real de Marcos. […] Se trataba de Salvador Morales, alias el subcomandante Daniel. […] estaba resentido porque Marcos lo había apartado del cargo a raíz de un problema interno.

Notimex, la agencia de prensa encargada de reproducir las mentiras oficiales.

El 9 de febrero de 1995, exasperado por las baladronadas de Marcos en un momento en que el país afrontaba una crisis económica sin precedentes, el jefe del Estado decidió llamar a las cosas por su nombre. No en vano disponía por fin de una información más completa sobre este misterioso Ejército Zapatista de Liberación Nacional. “El origen, la composición de la dirección de esta organización y sus objetivos”, reveló, “no son ni populares, ni indígenas, ni chiapanecos. Se trata de un movimiento de guerrilla nacido de un grupo creado en 1969 al exterior de Chiapas, las Fuerzas de Liberación Nacional, cuyo objetivo es la toma del poder por medio de la lucha armada.

El asesinato del candidato “oficial” a la presidencia de la República, el 23 de marzo de 1994, creó sin embargo un clima de pánico y enfrío las ansias de cambio de cambio de los mexicanos. Las autoridades explotaron sin pudor el tema de la violencia para convencer a los electores de que votaran por el nuevo candidato designado por el poder. El mensaje se resumía en la alternativa siguiente: “Ernesto zedillo o el caos”.

“Un logro extraordinadio del EZLN […] es quitarle al régimen el monopolio de Emiliano Zapata”, se regocijaba Carlos Monsiváis […] El escritor mexicano más prolífico de la izquierda anticomunista expresaba su aversión hacia la vieja práctica del poder que consiste en apropiarse de los héroes de la historia nacional para fines demagógicos.

Invocando el artículo 39 de la Constitución de 1917, que reconoce al pueblo “el derecho inalienable de modificar las formas de su gobierno”, los insurgentes anunciaban que habían declarado “la guerra al Ejército Federal Mexicano, principal pilar de la dictadura ejercida por el partido en el poder”, y hacian un llamamiento a la sociedad para unirse a esta “guerra justa contra los enemigos de clase” e instalar “un gobierno revolucionario”.

Varios meses antes del levantamiento, el ejército había pedido autorización para emprender un operativo contra los campamentos de la guerrilla que tenía localizados. El presidente Salinas pensó que el momento no era oportuno. Según sus informaciones, esos campesinos mal entrenados y equipados, en su mayoría, con viejos fusiles de caza o simples machetes, no constituían una amenaza seria. Los acontecimientos posteriores demostrarían que el jefe de Estado y sus consejeros no habían comprendido que se enfrentabana a una verdadera guerrilla. El armamento del EZLN era, en efecto, disparatado, pero sus dirigentes tenían capacidades insospechadas que compensaban con mucho la debilidad militar de su organización.

Según la mayor parte de los testimonios recogidos en elos pueblos zapatistas, los indios habían aceptado participar en la rebelión porque veían en ella un medio para obligar al gobierno a escuchar sus reivindicaciones. La caída de un lejano régimen no formaba parte de sus objetivos. Después de largos años de trámites infructuosos para obtener tierras, créditos y un precio justo para sus productos, las comunidades indígenas se habían dejado seducir por la proposición de Marcos, pensando que ya no tenían nada más que perder.

El pensamiento de la izquierda ha sido uno de los más ricos en la historia de la humanidad frente al poder y, paradójicamente, uno de los más pobres cuando ella está en el poder.

… desde el homicidio del arzobispo de Guadalajara, en mayo de 1993 hasta le muerte del candidato oficial a la presidencia de la República, en marzo de 1994, pasando por el levantamiento de Chiapas, la devaluación del peso y el asesinato, en pleno día y en una céntrica calle de la capital, del secretario general del partido en el poder.[…] Estos episodios dramáticos tienen un común denominador: se inscriben en el cuadro de la lucha despiadada por el poder que se desata entre diversos clanes de la clase dirigente desde finales de los años ochenta.

¿Habría dejado el principal responsable [Patrocinio González Garrido] de la seguridad del Estado crecer a la guerrilla, como sospechan algunos […] para poderla luego aplastar brutalmente y aparecer así como el candidato mejor situado de cara a la elección presidencial? […] ha florecido la sospecha de que algunos servicios facilitaron el alzamiento zapatista minimizando, o incluso alterando, la informacióntransmitida al entonces jefe de Estado, Carlos Salinas.

Para usted lo más importante es la nación, para mi lo más importante son los jodidos [Marcos a Manuel Camacho].

Este protectorado [El sindicato de PEMEX] terminó en 1989 con la detención de Joaquín Hernández Galicia, La Quina, el máximo líder petrolero. La Quina fue acusado de asesinato y enriquecimiento ilícito. El trasfondo era en realidad político: alineado con los sectores duros del priismo, el capo sindical era un poderoso obstáculo para los proyectos reformistas de Carlos Salinas. Lo había demostrado incluso antes de las elecciones presidenciales de 1988, cuando amenazó veladamente (y cumplió) con llamar a sus huestes a votar por el opositor Partido de la Revolución Democrática si el PRI confirmaba a Salinas como candidato.

Que Rafael pudiera ser Marcos me llena de orgullo, y Dios sabe que sólo aspiro a ser algún día un digno padre de tal hijo. Rafael Sebastián, mi hijo, el luchador social, el Quijote de nuestra era, el líder que necesita México… el mundo.

¿Entrenamiento militar para México, con la imagen que tiene? ¡La imagen de México! De cara al exterior, este país estaba considerado como una democracia y un símbolo de la lucha contra el imperialismo. Su gobierno hablaba de apertura política mientras coqueteaba con la izquierda mundial. Hacia dentro, el Partido Revolucionario Institucional controlaba el poder desde hacía cuarenta años, y se habia fundido con el Estado en una estructura férrea, que aplastaba a disidente y penetraba sindicatos, ayuntamientos, medios de comunicación, tribunales y grupos de oposición. Cada seis años el partido oficial arrollaba triunfante en elecciones indiscutidas.

A Jesús [Ibarra] se lo llevaron en 1975, cuando estudiaba el tercer año de medicina en Monterrey. A los pocos días apareció la noticia en el periódico. Fui a ver al reportero. Me dijo que mi hijo estaba en el Campo Militar número 1, en la Ciudad de México. Me vine corriendo a buscarlo. Creí que por veinte días. Llevo ya 21 años.

“Uno desarrolla habilidades sorprendentes cuando lo torturan. Al principio se prenden las alertas y las capacidades están puestas en juego para tener el interrogatorio bajo control”. A través de las costuras del capuchón que le cubría el rostro [Alberto Híjar] pudo ver las caras de aquellos que le golpeaban, le provocaban descargas eléctricas y le humillaban, “en esa atmósfera de homosexualismo perverso que priva en esos ambientes”. En una ocasión le quitaron la capucha. Estaba en un despacho muy elegante. Frente a él había un hombre de baja estatura, vestido con ropa deportiva. Era Miguel Nazar Haro, el responsable de la Dirección Federal de Seguridad. Simplemente, lo quería conocer.

Las brechas se abren a punta de machetes, los empuñan los mismos campesinos que quedaron sin tierra por la bestia insaciable. Caen los árboles, retumban las explosiones de dinamita en terrenos donde sólo los campesinos tienen prohibido tumbar árboles para sembrar. CAda árbol que tumben les puede costar una multa de 10 salarios mínimos y cárcel. El pobre no puede tumbar árboles, la bestia petrolera, cada vez más en manos extranjeras, sí. El campesino tumba para vivir, la bestia tumba para saquear.

Antes de que Patrocinio González soñara siquiera con gobernar su estado, la diócesis de San Cristóbal de las Casas predicaba el derecho a la libertad y a la justicia. Para una de las burguesías más retrógradas del país, la agrícola, estas palabras sólo pueden significar una cosa: rebelión. Y estos patriotas y creyentes finqueros y comerciantes saben cómo detener las rebeliones: la existencia de guardias blancas armadas con su dinero y entrenadas por miembros del ejército y la policía es de sobra conocida por los campesinos que padecen sus bravatas, torturas y balas.

La estrategia del régimen contribuyó a hacer de Chiapas un verdadero laboratorio político-religioso, una suerte de Babel de todas las utopías. Una miríada de organizaciones radicales encontró en lo más recóndito del país u terreno de juego para poner en práctica sus teorías. Esta política esquizofrénica del poder, que reprimía con la mano derecha y simulaba tolerancia con la mano izquierda, era muy hábil: México presentaba así una imagen de democracia tercermundista ante la comunidad internacional que, durante mucho tiempo, guardó silencio sobre las violaciones de los derechos humanos y el fraude electoral practicado por la formación en el poder, el PRI.

El estado brillaba por su ausencia y la Iglesia había construído poco a poco una especie de pequeña república autárquica cimentada sobre la catequesis del Éxodo y la utopía igualitaria de las organizaciones maoístas. Esta extraña alianza hubiera sorprendido a Marx y Lenin: la religión ya no era el opio del pueblo, sino un instrumento de la liberación.

Nadie se moría de hambre, [explica Pedro, marista] pero llega un momento en que hay una barrera que no puedes franquear. Ahí está el café. Se producía sin infraestructura, por un precio ridículo. Cuanto más produces, más te roban, porque te enajenan más, y eso es muy duro. Un campesino trabaja 175 días el café y en cinco minutos se lo robaban: el comprador que llegaba ponía el precio y una avioneta se lo llevaba. Es un choque para el productor, no se lo explica. Lo mismo con el ganado. En esas condiciones, ¿cómo extrañarse de que los campesinos acogieran bien a la guerrilla cuando les propuso organizarse para defenderse contra los abusos?

En el principio Dios hizo la tierra y se la dió a los hombres. Todos los campesinos tenemos derecho a poseer la tierra y la obligación de cuidarla, pues la necesitamos para vivir. Entonces, ¿por qué no tenemos tierra? ¿Por qué hay algunos que tienen que trabajar como esclavos? Si antes el terreno era de nuestros antepasados, ¿por qué nos quedamos sin terrenos? No somos libres si no tenemos tierra. Tenemos que luchar con fuerza y con amor porque se acabe el hambre y la injusticia […] Hay que organizarse para exigir los derechos sobre la tierra. Creemos que nuestra raza, nuestra lengua, nuestra cultura, nuestras costumbres no sirven. Esto quiere decir que nosotros mismos nos estamnos aplastando […] No es cierto que tengamos que dejar de ser indios para salir de la pobreza. Debemos evitar que las riquezas que Dios nos dio se pudran en las manos de los ricos y de los que nos son capaces de usarlas para el bien de todos. [Del nuevo catecismo llamado Estamos buscando la libertad].

Contrariamente a una idea muy extendida, las poblaciones más pobres fueron muy reticentes a involucrarse con el movimiento zapatista, poruq eno disponían de los recursos necesarios para comprar las armas y para asegurar la alimentación de los guerrilleros que estaban dispensados del trabajo agrícola y representaban por ello una carga pesada para la comunidad.

“David y Ramona fueron nombrados comandantes después del levantamiento, pero en realidad nunca han tenido responsabilidad militar”, sostiene Antonio [10 años en el EZLN]. “Nunca hubo un comandante indígena. Marcos es el que decide”. De hecho y en contra de lo que cuenta el líder zapatista, los vertiginosos ascensos en el escalafón se hicieron a última hora y de cara a la galería, para hacer creer a las prensa que los indios controlaban las cúpulas del EZLN.

Las declaraciones judiciales del subcomandante Daniel y de la comandante Elisa son auténticos filones de informaciones diversas, entre ellas la identidad de los principales cuadros de la guerrilla.

“Es cierto”, reconoció de entrada [Marcos], “que no están dadas todas las condiciones para desencadenar la ofensiva. Pero recuerden lo que decía el Che: las condiciones
las tenemos que crear nosotros.

“No hay ninguna duda de que el PRONASOL ha contribuído mucho más al financiemiento de la guerrilla que la cooperación internacional y el apoyo de la Diócesis de San Cristóbal”, afirman todos los que han seguido de cerca la génesis del movimiento armado.

“La dirección del movimiento”, dijo [Marcos], “es colectiva. La capucha es para que no haya protagonismo o vedetajes, que a veces tendemos los que nos metemos en esto a aparecer mucho. Y porque los que somos guapos tenemos que protegernos”.

Conforme a una vieja práctica muy arraigada en México, las autoridades presentan cifras oficiales bastate inferiores a las pérdidas reales, ya sea en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad o en catástrofes naturales. A raíz del terremoto que destruyó el centro de la capital en septiembre de 1985, el presidente de la República, Miguel de la Madrid, anunció nueve mil muertos. Diez años mas tarde, en una entrevista televisada, reconoció que hubo, por lo menos, el doble de víctimas. Se recurrió a la misma táctica tras la matanza de estudiantes en Tlatelolco, en octubre de 1968. La cultura de la mentira, que impregna todos los niveles de poder, pretende sustraer a los funcionarios de sus responsabilidades y alimentar la impunidad. En el caso de Chiapas, curiosamente, las dos parte tenían interés en minimizar las pérdidas: los militares no deseaban pasar a la posteridad como asesinos de indios, y Marcos no quería asumir, tampoco, el costo de la carnicería.

Los hechos han demostrado exactamente lo contrario. La guerra ha agravado las divisiones y la pobreza en el seno de las comunidades indígenas, siempre a la espera de los frutos que debían surgir de la sangre purificadora y de la muerte redentora. Apenas comenzada, la “insurrección militar-literaria”, para retomar la expresión entusiasta de Régis-Debray, se había convertido en una impostura genial, catapultada a escala planetaria por internet.

Algunos de los antiguos colaboradores de Salinas han comentado que el asesinato de Colosio fue el golpe más certero que se le pudo dar al presidente. El desconcierto y la improvisación en la búsqueda de un nuevo candidato debilitaron considerablemente su posición. “La muerte de Luis Donaldo Colosio fue terrible porque es lo único que no tenía remedio. De todo lo que nos pasó… Chiapas se podía negociar, los conflictos, los secuestros… Pero no la muerte de Donaldo”.

Los dos últimos años de su sexenio [de Salinas] habían estado marcados por el alzamiento zapatista, y por el asesinato de tres personalidades: el arzobispo de Guadalajara en mayo de 1993, Luis Donaldo Colosio en marzo de 1994 y, seis meses más tarde, el secretario General del PRI, José Francisco Ruiz Massieu […] Tres semanas después de haber dejado el poder, el peso sufrió una brutal devaluación. Zedillo se apresuró a culpar del desastre a la anterior administración, lo que era inevitable y parcialmente exacto. La posición de Salinas se debilitó considerablemente. Las cosas se complicaron con una serie anomalías y extrañas omisiones en las investigaciones realizadas hasta entonces sobre los crímenes políticos. Pero el golpe más duro estaba por llegar: en febrero de 1995, Raúl Salinas, hermano mayor del expresidente, fue detenido bajo la acusación de ser el autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Según la versión oficial, Raúl había sido encubierto nada más y nada menos que por el responsable de las pesquisas, a la sazón hermano… de la víctima. El país se conmocionó ante lo que parecía una insuperable telenovela. El móvil del crimen no estaba claro (las autoridades sugirieron resentimientos añejos), las pruebas eran inconsistentes y los testigos cambiaban su versión una vez al mes. Rompiendo su imagen equilibrada y calculadora, el 3 de marzo Carlos Salinas se lanzó al fondo del pozo con una huelga de hambre “para salvar su honor”. Se instaló para ello en la casa de una familia pobre de Monterrey, en el norte del país. La imagen del expresidente vestido con una chamarra de cuero y sentado en un camastro dió la vuelta al mundo. Aquella foto era el testimonio más patético de un hombre que, posiblemente por primera vez en su vida, se sentía al borde del abismo […] Desde Monterrey Salinas puso dos
condiciones para suspender la huelga de hambre: que el gobirno reconociera que él no interfirió en las investigaciones del asesinato de Colosio, y que asumiera la responsabilidad “del error cometido en la devaluación de diciembre”, cuya mala ejecución provocó una estampida de capitales. Lejos de despertar las simpatías, el ayuno, que duró dos días, fue acogido con sarcasmo por la opinión pública. “Nunca se le pidió que bajara de peso, sino que respondiera a esa gran acumulación de riqueza que se generó a costa de dañar al país”, decía con su afilada lengua Profirio Muñoz Ledo, entonces presidente del PRD. Un caricaturista del diario La Jornada retrataba al expresidente clavándose en una cruz. “Perdónenme”, decía, “porque ya no sé lo que
hago”. Las autoridades aceptaron rápidamente sus exigencias. Unos días más tarde, el 11 de marzo, Salinas abandonaba México rumbo a Estados Unidos en un avión privado. Sus sueños de pasar a la historia como el mejor presidente de mexicano, su prometedora carrera como funcionario internacional y su vasta parcela de poder dentro del partido oficial se habían esfumado. Estaba moralmente deshecho.

Claro que tampoco las evelaciones de los demanes de Raúl contribuyeron a disipar el enojo de la población. Encarcelado en una prisión de alta seguridad, el mayor de los Salinas tenía que explicar el origen de los ahorros que iban saliendo a la luz: para empezar, 120 millones de dólares repartidos en diversos bancos de Europa. […] Las autoridades buscaban afanosamente enxos con el narcotráfico, aunque hasta entonces lo que se iba destapando era una red inmensurable de tráfico de influencias. Raúl se había aprovechado de la posición de su hermano para exigir comisiones escandalosas sobre los grandes contratos y las numerosas privatizaciones que se realizaron entre 1988 y 1994. La tela de araña envolvía a importantes empresarios y banqueros del país.

Los fondos explicó Marcos al principio, se habían conseguido gracias al sacrificio de las comunidades, que habían vendido el ganado colectivo destinado a la compra de sus alimentos. Más tarde habló de algunas aportaciones de grupos de apoyo europeos. No era verdad. O no del todo. En realidad, quien corrió con la mayor parte de los gastos fue.. el gobierno, que destinó al evento revolucionario [la Convención Nacional Democrática de Aguascalientes] 173 mil dólares en equipos e instalaciones.

El jefe zapatista mantiene una lucha permanente para contener su ego indomable. Su lucidez le permite reconocer los excesos a los que le conduce su gusto inmoderado por el estrellato. Se da cuenta de que su constante presencia en los medios y sus fanfarronadas han acabado por restar credibilidad al papel dirigente ejercido supuestamente por los indígenas en el EZLN.

Con el tiempo, el efecto sorpresa del 1 de enero de 1994 se había esfumado y el EZLN había aparecido en su verdadera dimensión: una guerrilla sin medios militares y sometida a la autoridad de un solo hombre que se había revelado excepcional, pero que había acabado por alcanzar su nivel de incompetencia al poder del aparato del Estado, enteramente movilizado para dar un soplamocos al impertinente.

De hecho, doce días de disparos garantizaron al Ejército Zapatista más cobertura informativa que 30 años de enfrentamientos en Guatemala o en Colombia.

El jefe zapatista escogió a cuatro medios para difundir sus comunicados: el semanario Proceso, dos periódicos nacionales, La Jornada y El Financiero, y el diario local de San Cristóbal de Las Casas, El Tiempo, la única voz discordante en esta conservadora ciudad.

Y es que la prensa y el poder en México han mantenido siempre relaciones inconfesables, al punto de que es la Secretaría de Gobernación quien otorga los Premios Nacionales de Periodismo en el Día de la Libertad de Expresión. Es lo que el escritor Héctor Aguilar Camín llama “libertad negociada”: en virtud de un acuerdo tácito, el gobierno fija los límites de esa libertad y los medios la aceptan, porque de ello depende su supervivencia. Y todos hacen como si no pasara nada. El Estado es la principal, y a veces única, fuente de ingresos de los órganos de prensa, a través de la publicidad institucional, las subvenciones al papel, los créditos que no se cobran, los contratos o la corrupción. Los viajes gratuitos, los sobres (conocidos como chayotes) a redactores o columnistas y otras prebendas son el pan de cada día.

Por eso Chiapas dejó al descubierto una veta inexplorada: por una vez, pensaron algunos, había un tema informativo que se escapaba de los tentáculos gubernamentales.

Ante auditorios alemanes o norteamericanos, a don Samuel [Ruiz] se le llenaba la boca con emotivas disertaciones sobre el sufrimiento de los indios comidos por las lombrices, mientras una buena parte de sus fieles reclamaba inútilmente su presencia. El resentimiento de estas poblaciones hacia el obispo es palpable. “Seguimos su consejo, nos apartamos de la lucha armada, porque no es el camino del Señor, y ahora no nos pela, porque de nuevo se pone del lado de Marcos”.

A principios de siglo, las haciendas y ranchos ocupaban el 44 por ciento de la superficie del estado y concentraban a la mayor parte de la población rural. […] La oligarquía logró esquivar la reforma agraria decretada a raíz de la Revolución de 1910, pero se acabó enfrentando con la firmeza del presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940), que impuso el reparto de tierras. Como era de esperar, los campesinos indígenas recibieron las peores parcelas y, treinta años más tarde se les envió a colonizar las áreas boscosas de la Selva Lacandona. De estemodo, las autoridades evitaron afectar las amplias y fértiles propiedades de la Fraylesca, que estaban en manos de la clase política chiapaneca. Mas de cien mil personas, alentadas por las promesas de ayuda gubernamental, se instalaron en la Lacandona a partir de los años setenta.

Cuatro años después del espectacular surgimiento de los zapatistas en la escena política, México ha experimentado una serie de cambios que los mexicanos deploran. La violencia ha aumentado en proporciones alarmantes y el nivel de vida de la población ha sufrido una caída sin precedentes[…]. Uno de los méritos de Marcos -su único éxito real- ha sido haber descubierto la caja de Pandora al desenmascarar el discurso oficial, que había inventado un país próspero, democrático y respetuoso con las poblaciones autóctonas. Todas las máscaras han caído, salvo la del principal interesado.[…] La situación de los indios de Chiapas, al menos en la zona de conflicto, se ha deteriorado considerablemente desde todos los puntos de vista. La movilización política permanente, ha paralizado la actividad agrícola en las comunidades zapatistas, que dependen de la solidaridad nacional e internacional para conseguir incluso artículos de primera necesidad como el maíz y el frijol. Además, como hemos visto anteriormente, los comisarios políticos del EZLN, imponen el terror en las zonas que controlan, explusando a los recalcitrantes, a los traidores y a los indiscretos, confiscándoles sus bienes o condenándolos a trabajos forzados. La violencia ha desbordado los márgenes de la zona de conflicto […] donde las diferencias políticas y religiosas se resuelven a golpe de fusiol; con la matanza de 45 indígenas simpatizantes del EZLN en la comunidad de Acteal, en el municipio de
Chenalhó, el 22 de diciembre de 1997, se llegó al paroxismo. El asesinato de civiles, en su mayoría mujeres y niños, conmovió a la comunidad internacional. La diócesis de San Cristóbal de Las Casas, ha contribuído a caldear los ánimos y no sabe cómo controlar la situación, asegura que los enfrentamientos son el resultado de una estrategia deliberada de las autoridades en el marco de las guerras de baja intensidad, que consiste en acabar con el enemigo mediante una serie de procedimientos sutiles y no demasiado novedosos: armar a los civiles favorables al gobierno para neutralizar a sus adversarios y asegurarse el apoyo de la mayoría silenciosa mediante planes de asistencia social. Esto es más eficaz que una ofensiva militar y permite ahorrarse los costos políticos y diplomáticos[…] Chiapas se ha convertido desde entonces en un campo de batalla donde se enfrentan zapatistas y simpatizantes del PRI, católicos y evangélicos, indios y mestizos… La paz, al final, ha resultado más sangrienta que la guerra, que druó menos de dos semanas.

Para justificar su entusiasmo por Marcos, varios intelectuales europeos han destacado el carácter no violento del EZLN. El argumento es absurdo. Como mucho, se puede decir que los zapatistas, conscientes de su debilidad militar, comprendieron muy rápidamente que les interesaba aceptar el alto al fuego y la negociación que les ofrecía el presidente Carlos Salinas. Y han demostrado, en cambio, que no dudan en utilizar la violencia contra sus adversarios en el interior de las propias comunidades.