La revolución de las letras rojas

Tony Campolo & Shane Claiborne

La revolución de las letras rojas

La revolución de las letras rojas


Más que un libro es un diálogo sobre distintas temas entre los autores y que fundamentan sus opiniones basados en lo que Jesús dijo, que en la mayoría de las biblias viene marcado con letras rojas. Los temas principales son
Teología: liturgia, el infierno, el islam.
Modo de vida: homosexualidad, inmigración, desobediencia civil.
El mundo: deudas públicas, oriente medio, misiones.
Calificación de 10.

Dondequiera se utilice la palabra evangélico, un estereotipo se nos presenta en la mente. Se podría debatir si esa imagen está o no justificada, pero no hay mucha discusión en cuanto a que la palabra evangélico evoca la imagen de ciertos cristianos anti homosexuales, anti feministas y anti ecológicos, que están a favor de la guerra y de la pena de muerte, y que simpatizan con el Partido Republicano conservador. Sin embargo, muchos de nosotros que somos evangélicos en cuanto a la teología, no coincidimos con esa imagen. Tratando de escapar a esa definición, un grupo de nosotros nos unimos para adoptar un nuevo nombre: Cristianos de las Letras Rojas. A partir del año 1899 se han publicado Biblias que destacaban las palabras de Jesús escribiéndolas en rojo. Adoptamos el nombre de Cristianos de las Letras Rojas no solo para diferenciarnos d los valores sociales generalmente asociados con los evangélicos, sino también para enfatizar que somos cristianos que tomamos las enseñanzas radicales de Jesús en serio y que estamos empeñados en vivirlas en nuestra vida cotidiana.

La revista Christianity Today publicó un artículo de una página entera criticando nuestro nombre, en el que decía: «Ustedes actúan como si las letras rojas de la Biblia fueran más importantes que las letras negras». A eso respondimos: «¡Exactamente! ¡Y no solo somos nosotros lo que decimos que en la Biblia las letras rojas son superiores a las letras negras, sino que Jesús lo señaló también!». Jesús, una y otra vez durante el Sermón del Monte, declaró que algunas de las cosas que Moisés había enseñado sobre cuestiones como el divorcio, el adulterio, el asesinato, la venganza hacia aquellos que nos lastiman, y el uso del dinero debían ser superadas por una moralidad más alta.

Como el teólogo Soren Kierkegaard lo dijo en 1800: «La cuestión es simple. La biblia se comprende muy fácilmente. Pero nosotros, los cristianos,… fingimos ser incapaces de comprenderla porque sabemos muy bien que en el momento en que la comprendamos estaremos obligado a actuar según ella».

No me preocupo por dilucidar cada ínfima cuestión teológica como por leer las simples palabras de Jesús y tratar de vivir mi vida como si él hubiera querido decir lo que dijo.

A diferencia de lo que señalan el Corán y el Libro del Mormón, nuestro Dios no desciende para dictar palabra por palabra lo que contiene la Biblia. En lugar de eso, nuestro Dios se revela a través de lo que hace, y la Biblia es el registro infalible de esas poderosas acciones. Aquella letras negras que componen las palabras del Antiguo Testamento son el registro de esas acciones poderosas en las que vemos a Dios revelado.

Los antiguos griegos utilizaban términos como omnipotente, omnisciente, y omnipresente para describir a Dios, pero esas palabras simplemente no aparecen en el Antiguo Testamento. Los antiguos judíos nunca hubieran hablado de Dios en términos abstractos. Si le hubiéramos pedido a los antiguos judíos que describieran a Dios, ellos hubieran dicho: «Nuestro Dios es el Dios que creó el mundo, que escuchó nuestro clamor cuando fuimos esclavizados y que nos sacó de la tierra de Egipto y nos introdujo a la tierra prometida. Nuestro Dios es el que venció a los ejércitos de Senaquerib. El Dios al que adoramos nos permitió levantarnos por encima de los temibles poderes del mundo que podrían habernos destruido. Adoramos al Dios que obró en la vida de Abraham, de Moisés y de Jacob.» Lo que los antiguos judíos conocían de Dios les había llegado a través de las cosas que Dios había hecho. Fueron las poderosas acciones de Dios en la historia lo que les permitió comenzar a comprender cómo era Dios.

Si nuestro evangelio solo tiene que ver con la salvación personal, entonces es incompleto. Si nuestro evangelio solo tiene que ver con una transformación social y no con un Dios que nos conoce personalmente y tiene contados los cabellos de nuestra cabeza, entonces también resulta incompleto.

No soy salvo porque sea bueno, pero intento ser bueno porque he sido salvo.

La prueba determinante de que algo sea o no cristiano tiene que ver con esta pregunta: ¿me hace más parecido a Jesús? Algunos individuos dicen ser cristianos, pero cada vez se parecen menos a Jesús. También hay algunos que nunca se han declarado cristianos, y sin embargo, su corazón y la pasión que demuestran lentamente se van acercando al corazón de Jesús. Está en manos de Dios resolver eso. Ser más parecidos a Jesús es lo que intentamos hacer como Cristianos de las Letras Rojas; tiene que ver con el lugar del que venimos y aquel hacia donde vamos.

A través de internet y otras tecnologías, los individuos toman conciencia de que el mundo que hemos recibido es frágil, y si nuestra fe solo le promete a la gente vida después de la muerte y no se pregunta si hay vida antes de la muerte, vamos a perder a esas personas. En este momento se están utilizando toneladas de energía para pensar acerca de lo que Jesús tiene que decir con respecto a cuestiones como la economía y la violencia. Porque vemos cosas de este tipo por todas partes en nuestro tiempo: la pobreza y la guerra, por ejemplo. La buena noticia es que Jesús tuvo mucho que decir con respecto a esas cosas. Él no habló solo sobre lo que sucede después que morimos, sino acerca de cómo vivimos ahora. Hablaba de las viudas y los huérfanos, de los trabajadores y los sueldos: precisamente las mismas cosas sobre las que los jóvenes hablan hoy.

Uno de mis estudiantes me dijo una vez: «¡Conozco no cristianos que llevan vidas más parecidas a la de Cristo que la que usted vive!». Mi respuesta fue: «Si son tan maravillosos sin Jesús, ¿puedes imaginar cuánto más maravillosos serían con Jesús? Y si piensas que estoy tan mal teniendo a Jesús, ¿puedes imaginar lo que sería sin Jesús?» No me juzgues en términos de lo que soy, sino en términos de hasta dónde he llegado y de lo que espero recorrer en mi vida. Espero transitar una gran distancia hacia la meta de vivir una vida parecida a la de Cristo desde dónde estoy ahora.

Elegimos el sueño americano en lugar del sueño del evangelio.

Cierta vez un periodista le dijo a la Madre Teresa que él no podría hacer lo que ella hacía aunque le pagaran un millón de dólares. Ella le respondió: «Si, por un millón de dólares yo tampoco lo haría.»

Lenny Bruce, conocido por ser un comediante malhablado, dijo: «Cualquier hombre que se considere a sí mismo líder religioso y posea más de un atraje es un estafador si hay alguien en el mundo que no tenga un traje».

En lugar de quejarnos de la iglesia por la que hemos pasado, trabajamos por convertirnos en la iglesia con la que soñamos.

Uno de los pastores de mi vecindario dijo: «Me gusta considerar a la iglesia como el arca de Noé. Aquel viejo barco debió oler muy mal adentro. Pero si alguien intentaba dejarlo, se ahogaba».

Como dijo un pastor de nuestro vecindario: «Tenemos que ponernos en orden porque Jesús va a regresar. Y él vuelve a buscar una esposa, no un harem»

Cuando los jóvenes me dicen: «No puedo formar parte de la iglesia porque la iglesia está llena de hipócritas», siempre les digo: «Esa es la razón por la que te vas a sentir como en casa entre nosotros.»

Me he dado cuenta de esto: la gente no espera que los cristianos sean perfectos, pero sí espera que sean sinceros. El problema es que la mayor parte del tiempo no hemos sido francos. Hemos fingido ser perfectos y apuntando con el dedo a los demás. Así que cuando nos atrapan haciendo las mismas cosas que les hemos reprochado a otros, somos doblemente culpables.

Recuerdo que poco después de que el programa de televisión de Jim Bakker, el PTL Club, quedó expuessto por la incorrección sexual de él y de que luego él fuera llevado a juicio por fraude financiero, me tocó hablar en una conferencia de pastores presbiterianos. El moderador de ese grupo, antes de presentarme, dijo: «Debemos aprender a tomar distancia de personas como Jim Bakker, o de lo contrario el mundo pensará que todos somos como él». Cuando me levanté a hablar, dije: «Antes que nada, este no es un tiempo para tomar distancia de Jim Bakker. Es momento de abrazar a u hermano cristiano que está sufriendo. Si no lo hacemos, negamos todo lo que tiene que ver con Jesús y contradecimos todo lo que decimos sobre el amor incondicional. Deberíamos abrazarlo y no establecer una distancia con él en su soledad y tiempo de necesidad.» «En segundo lugar, la única diferencia entre Jim Bakker y el resto de nosotros es que no nos han descubierto todavía. Hay bastante basura en cada una de nuestras vidas como para que, si todo lo que es cierto con respecto a nosotros se colocara en una pantalla en medio de la reunión del domingo en la mañana, renunciaríamos y escaparíamos a escondernos. Casi todos tenemos secretos, pero no hemos sido expuestos, así que no nos conviene condenar a alguien que ha quedado expuesto». Hubo un sacudón a través de ese encuentro de pastores, pero ninguno de ellos elevó una protesta.

La liturgia tiene que ver con los patrones y ritmos de la oración que han sido practicados por los cristianos durante casi dos mil años. Rituales, tradiciones y hábitos sagrados como tomar la comunión y bautizarse, orientar la vida según la historia y el calendario de la iglesia, y recordar los días santos como la Pascua y la Navidad (y no solo las fiestas nacionales como el 4 de julio). La liturgia incluye nuestra adoración pública y la lectura de las Escrituras. Cuando Jesús abrió el rollo y leyó en Isaías, según cuenta Lucas, estaba leyendo la liturgia. Él celebraba la Pascua e iba al templo. Muchas de las cosas que hacía eran parte de la tradición judía. A algunos, eso los desafiaba. Y a algunos les trajo nueva vida.

He visto que el misterio de la Comunión sucede cuando llevábamos a cabo la Cena del Señor con familias sin techo, con roscas de pan donadas y jugo de manzanas.

Muchas veces usamos la oración como un pretexto para eximirnos de actuar. Ya saben, como cuando alguien expone un profundo dilema que está enfrentando y los demás le dicen: «Voy a orar por ti». Con frecuencia suelen ser sinceros y no saben qué otra cosa hacer. Y es verdad que necesitamos orar unos por los otros. Pero, en ocasiones, decir: «Voy a orar por eso», constituye una especie de código que implica «no voy a hacer ninguna otra cosa por ti». Así que debemos cuidar que la oración y la acción vayan juntas. Si escuchamos que alguien pide oración vez tras vez porque necesita que se realice una reparación en un techo que está filtrando agua, deberíamos seguir orando, ¡pero también podríamos dejar la comodidad de nuestros asientos y juntarnos con algunos para arreglar el techo! Cuando le pedimos a Dios que mueva una montaña, tal vez él nos pase una pala.

Leer teniendo la Biblia en una mano y el periódico en otra.

La liturgia, según Durkheim, cumple la función de enseñar y también de traer a la memoria lo que nunca debe ser olvidado.

La Lectio Divina, que en latín significa «lectura divina», por ejemplo. Es una forma de leer en oración las Escrituras que permite que ellas se graben en nuestras almas. La forma en que funciona es esta: se toma un pasaje de la Biblia, que no necesita ser largo, y se lo lee una vez lentamente. La primera vez uno simplemente lo escucha. Luego se lo vuelve a leer, y si se está en un grupo, se comparte una palabra o una frase que haya llamado la atención; nada más, solo una palabra o frase. Entonces se lo vuelve a leer por tercera vez, y cada persona señala por qué esa palabra o frase lo ha tocado. Por último, se lo lee por última vez, lentamente. En los monasterios de todo el mundo, la gente practica algo de este tipo cada día. Algunos de ellos señalan que es una forma de darse un banquete con la escrituras, permitiendo que se digieran y dejen un sabor en la boca.

Cada vez que Martin Luther King, organizaba una marcha en pro de justicia social a favor de los afroamericanos, convocaba a los posibles participantes a reunirse por lo menos dos días antes para prepararse espiritualmente para la marcha. La gente no siempre puede ver el cuadro completo cuando piensa en el activismo del doctor King, porque lo que él quería era que toda la gente que marchara primero pasara un tiempo en oración. Él sabía que allá en las calles la gente podría burlarse de ellos, la policía sería capaz de golpearlos, y era factible que se le ordenara a los perros que los mordieran. Tenían que estar preparados espiritualmente para amar a sus enemigos y para hacerles el bien a aquellos que los lastimaran, como Jesús les había mandado hacer. De otra manera, se sentirían paralizados desde lo emocional y lo espiritual antes las hostilidades que se les presentaran.

Una de las citas atribuidas a Francisco [de Asís] constituye una crítica simple y aguda a nuestro mundo, así como lo fue también al suyo: «Cuántas más cosas tenemos, más garrotes necesitamos para protegerlas». Nos lleva a preguntarnos si él no hubiera ido a protestar en Wall Street en nuestros tiempos.

Conozco el camino al cielo, así que hablo sobre eso. Me imagino que si uno conociera la cura para el cáncer no andaría por allí hablando del cáncer todo el tiempo. Le contaría a la gente acerca del remedio. No estoy seguro cuándo fue que nos obsesionamos con el infierno. Jesús habla algo acerca de él, pero ni cercanamente tanto como habla del reino de Dios.

En lo que tiene que ver conmigo, yo no escogí a Jesús porque me aterrorizara el infierno. Ni porque deseara mansiones en el cielo y calles de oro. Elegí a Jesús porque él es maravilloso, absolutamente maravilloso. Podemos vivir sin temor. Después de todo, nada puede separarnos del amor de Dios (Romanos 8:38-39). Nada.

Si me preguntan si hay gente fuera de la iglesia que podría ser salva por Jesús, solo puedo responder que no emito juicios sobre quién está adentro y quién fuera. Yo creo que el mensaje de la Biblia no tiene que ver con que la salvación llegue a través del grupo al que uno pertenece, ni al nombre que uno adopte, sino con que Jesús es el único camino a la vida eterna. Las personas son salvadas por lo que Jesús hizo por ellas en la cruz.

Billy Graham: «Mi tarea es dar testimonio. La tarea del Espíritu Santo es convencer. Y la atrea de Dios el padre es juzgar».

En el cielo Pedro está a cargo de controlar a la gente que entra por los portones. Pablo, opr otro lado, siendo el gran administardor que demostró ser en la tierra, está a catrgo de llevar un registro de la gente que hay en el cielo. Lo inquita el hecho de que siempre encuentra más gente en el cielo de la que Pedro va recibiendo, Esta discrepancia los incomoda mucho a los dos. Entonces un día Pablo llega corriendo hasta donde está Pedro y le dice: «¡Descubrí lo que sucede! ¡Es Jesús! ¡Él está haciendo pasar gente por encima del muro!». A Peggy le gusta mucho esa historia porque ella cree que nos dice que aun cuando la iglesia a veces piensa que puede determinar quién entrará y quién no entrará al cielo, Jesús puede estar obrando fuera de la iglesia, amando a la gente elevándolos para que entren a su reino.

Una de mis escenas teológicas favoritas de las Escrituras es cuando el velo del templo se rasga y se abre. Cuando Jesús muere en la cruz, el velo del templo (los que saben dicen que era tan grueso como una mano y tan grande como una cancha de básquetbol; y que se precisaban docenas de sacerdotes para trasladarlo) se rompe y se abre. Como para decir: Dios no puede ser retenido como un rehén. Dios es mayor que nuestras imágenes, íconos y templos. Dios no necesita mediadores y no está confinado al Lugar Santísimo. Dios está vivo en el mundo y anda por las calles. Dios puede sanar a la gente con tierra y saliva. Dios puede freír pescado. Dios está con nosotros. Ya no tenemos que ir a los templos para encontrar a Dios. Dios ha venido y nos ha encontrado. En Jesús.

De entro toda la gente, deberíamos ser nosotros los cristianos los que construyéramos amistades y protegiéramos la dignidad de los seres humanos, aun de aquellos que pertenecen a otra fe.

Me resulta muy interesante que Jesús emitiera su más duro juicio dentro de su grupo más cercano. Después de todo, a la única persona a la que Jesús llamó «Satanás» fue al que luego se convertiría en una roca dentro de la iglesia: Pedro. Jesús permanentemente reprendía y trataba de afinar a sus discípulos. Los acusaba de falta de fe y de juzgar a otros. Y trataba de sacar a relucir lo mejor de los demás, celebrando la fe de personas como el centurión, la mujer sirofenicia, los samaritanos, y los recaudadores de impuestos. Jesús hizo exactamente lo opuesto a lo que hacemos la mayoría de nosotros. Muchos procuramos destacar lo mejor de nosotros mismos y lo peor de los demás. Jesús nos invita a encontrar lo peor de nosotros y buscar lo mejor de los otros.

Una de las mejores ilustraciones que he escuchado acerca de cómo construir la comunidad me llego de un granjero: «Hay dos formas de mantener a las vacas adentro, ¿sabes? Una es construyendo cercos. La otra es teniendo una fuente de alimentos realmente buena. Entonces no se necesitan los cercos.»

Con frecuencia deseamos hacer de Dios nuestra posesión exclusiva, y lo mismo hacían también los antiguos judíos. Hubo tiempos en que querían creer eso porque ellos eran el pueblo escogido por Dios, y Dios solo los amaba a ellos. Esa fue la razón por la que cuando Dios envió a Jonás a Nínive para decirle a las personas de esa ciudad que se arrepintieran de sus pecados y se convirtieran en parte de la familia de Dios para ser amados por Dios, Jonás se rehusó a ir. La idea de que Dios pudiera amar a los ninivitas tanto como a los judíos le resultaba impensable.

Mientras los conduce fuera de Egipto, Dios establece algunas nuevas leyes y patrones para esas personas. Dios los está formando a ellos como un nuevo pueblo, una «nación santa» (Éxodo 19:6). Santo significa «llamado afuera» o «separado». Ellos son la pequeña contracultura de Dios, el pueblo peculiar de dios llamado a salir de los patrones destructivos de su mundo para mostrarle al mundo cómo es una sociedad de amor. A medida que Dios va formando esta contracultura santa, coloca en su lugar las nuevas leyes. Guardar el sábado es uno de los Diez Mandamientos, lo que incluye el descanso de nuestros cuerpos y de la tierra, de modo que no nos matemos trabajando ni nosotros ni nuestros animales. Al trabajo se lo mantiene santo y no se convierte así en un trabajo duro y sin sentido. A los hebreos se les manda practicar la hospitalidad hacia los forasteros y tomar con especial cuidado a los inmigrantes extranjeros. (Tal vez los políticos de Washington D.C. que hablan sobre la inmigración harían bien en realizar un pequeño estudio bíblico de Levítico, ¿no es verdad?) Los hebreos deben promulgar prácticas como la del rebusque, en la que los granjeros dejan los bordes de sus cosechas sin recoger para que los pobres puedan tomarlas gratuitamente. Y, por supuesto, está el Jubileo. El Jubileo, o año de la emancipación, tiene que ver con el desmantelamiento sistemático y regular que hace Dios de la inequidad, y en él los esclavos son liberados, la propiedad redistribuida y las deudas gratuitamente perdonadas. Es como si Dios les dijera a través de todo eso: «Si ustedes no hacen estas cosas, entonces acabarán tal como estaban en Egipto otra vez». Dios es un Dios de abundancia cuando nosotros confiamos, y un Dios de redistribución cuando no lo hacemos. El pueblo de Dios no tiene que acumular cosas para el mañana, sino compartir indiscriminadamente, teniendo la confianza escandalosa y santa de que Dios proveerá para el mañana. Entonces no precisamos acopiar cosas en almacenes, en especial cuando hay alguien en necesidad.

Como dice uno de mis amigos católicos, «Mientras haya un estómago que duele de hambre, la Eucaristía está incompleta».

En mis clases aquí en la Universidad Eastern, les digo a mis alumnos que la Biblia no aboga ni por el capitalismo ni por el socialismo. Como nos lo dice cualquier libro sobre capitalismo, la motivación de la producción es el beneficio, y los Cristianos de las Letras Rojas no se manejan fundamentalmente por una motivación que los lleve a obtener beneficios, Más bien son motivados por el amor al tratar de suplir necesidades de la gente. No hay nada malo en obtener beneficios; de hecho, aquellos que no producen beneficios no se van a mantener en su negocio el tiempo suficiente como para suplirá las necesidades de nadie. Pero es el amor y no la obtención de beneficios lo que motiva a los cristianos. Por otro lado, la economía de Dios tampoco es socialista. Cuando Dios colocó a Adán y a Eva en el jardín del Edén, les dio liberta para tomar decisiones que determinaran su destino, lo que incluye su destino económico. En el socialismo, es el estado político el que determina el destino económico del pueblo. Al darle libertad a la humanidad, Dios le presta credibilidad a un sistema de libre empresa en el que el propósito primario de la producción es bendecir a la gente produciendo bienes y servicios que suplan sus necesidades. De eso se trata el amor a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22.37-40). Al hacerlo, los de alrededor podrán «ver nuestras buenas obras y alabar al Padre que está en el cielo» (Mateo 5.16, parafraseado).

Algunas monjas y monjes célibes me han enseñado que nuestro principal anhelo es de amor, de comunidad. No de sexo. Hay individuos que realizan toda suerte de prácticas sexuales y no encuentran el amor. Y otros, como mis amigos célibes, que nunca han mantenido relaciones sexuales en toda su vida, pero experimentan profundamente el amor y la intimidad. Así que con resolución tenemos que ir en pos de aquello que nos permite buscar primero el reino de Dios.

Tengamos cuidado de no pintar con colores gloriosos lo que le sucederá a la vida familiar cuando algunos miembros se convierten en Cristianos de las Letras Rojas. Aun las relaciones entre marido y mujer pueden quedar sujetas a presión cuando uno de ellos se vuelve un seguidor comprometido de Cristo y el otro no.

Los cristianos podemos tener que experimentar el dolor del distanciamiento de nuestra propia familia, literalmente hablando, pero recibimos una familia eterna en cambio. La iglesia tendría que dar un paso adelante y convertirse en la nueva familia de aquellos nuevos cristianos que se encuentren distanciados o en conflicto con los suyos.

Cuando el candidato presidencial Rick Perry celebró sus ejecuciones como gobernador de Texas durante el debate presidencial del Partido Republicano, el 7 de septiembre de 2011, la audiencia, formada mayormente por miembros de la Coalición Cristiana, estalló en aplausos. Como cristiano, encontré aquello profundamente perturbador.

Cuanto más cerca estamos de Dios, menos deseamos arrojarles piedras a otras personas.

Conozco a muchas víctimas de delitos violentos, y aquellos que han alcanzado mayor sanidad son los que consiguieron perdonar. Una mujer, familiar de una víctima de crimen, me dijo que trabaja en contra de la pena de muerte porque en la medida en que va conociendo a más víctimas descubre que las menos sanas son aquellas que buscan el castigo y la venganza. La justicia restauradora es una de las tareas más redentoras y de características más cristianas que tienen lugar dentro del sistema de justicia. Mucho de eso fue comenzado por los cuáqueros, que no creían en una justicia punitiva, sino en una justicia restauradora. Es la idea de que la justicia de Dios no solo tiene que ver con lo que merecemos, sino con restaurar lo que se ha quebrado: tiene que ver con la sanidad y el perdón. Eso es lo que hace a la justicia bíblica diferente de otras justicias.

El músico Drek Webb dice: «Asesinar para mostrar que matar está mal es tan errado como intentar enseñar la santidad a través de la fornicación».

Siempre que escucho a alguien decir «Mi pecado es tan grande que Dios nunca podrá perdonarme», pienso en lo que esa persona está diciendo en realidad es que su pecado es mayor que Dios. Hablar de esa manera, en un sentido, puede ser el mayor de todos los pecados.

Barney Frank, un congresista liberal demócrata, en una conversación personal señaló de un modo desafiante que el problema con los evangélicos es que piensan que la vida comienza con la concepción y finaliza con el nacimiento. Básicamente quiere decir que estamos dispuestos a proteger la vida desde el momento de la concepción y hasta el momento del nacimiento, pero una vez que el bebé ha nacido, no queremos hacer lo necesario para cuidar del bebé. Como evangélicos, aun con todas nuestras políticas en pro de la vida, raramente deseamos aportar el dinero necesario para los servicios de salud, los cuidados diarios y la educación.

Casi el setenta por ciento de los abortos que se llevan a cabo en Estados Unidos son motivados por factores económicos, según el Instituto Guttmacher. Muchas mujeres abortan un bebé porque les faltan los medios económicos como para cuidar a un bebé. Consideremos, por ejemplo, a una mujer que trabaja en Walmart por un sueldo mínimo, que no tiene cobertura hospitalaria, y que está embarazada por una relación extramatrimonial. Sabe que no puede sostener a un hijo, Tiene dificultades para sostenerse ella misma, así que se practica un aborto. Ella es una de esas personas a las que llamamos «trabajadores pobres», y vive en una sociedad que le dice: «No vamos a mantenerte si tienes un bebé. No vamos a cubrir tu cuenta de hospital, ni vamos a cubrir los gastos de guardería para que puedas trabajar. No vamos a proveerte ningún tipo de cuidados prenatales, y no estamos dispuestos a incrementar el salario mínimo de modo que puedas ganar lo suficiente como para sostenerte por ti misma y también a tu hijo». La sociedad le dice que no se hará cargo de ninguna responsabilidad una vez que nazca el bebé. Estar a favor de la vida no es solo comprometerse a proteger a aquel que no ha nacido aún, sino también al niño después de que lo han dado a luz. Estar a favor de la vida va mucho más allá de criminalizar los abortos. Cuando me preguntan si el óvulo se convierte en un ser humano en el momento de la concepción, yo respondo: «No lo sé, y dado que no sé exactamente cuando el nonato se convierte en un ser humano, he elegido estar a favor de la vida». Prefiero equivocarme del lado de la vida que poyar el asesinato de un niño por nacer.

Cuando estuve en la India, descubrí que la gente de allí no la llamaba «Madre Teresa» sino simplemente «Madre». La razón es que ella ha sido una madre. Una y otra vez conocí niños que ella había criado. Se ganó ese título y su credibilidad como defensora de la vida no porque anduviera realizando demostraciones en contra de las clínicas de aborto y portando carteles con la leyenda «El aborto es asesinato». Era un adalid de la vida porque acompañaba a las mujeres y a los niños en situaciones difíciles; tenía una integridad que no se puede discutir.

Las corporaciones han sido astutamente malvadas al idear formas de lograr que nosotros compremos cosas que no necesitamos. Hay ingeniero que utilizan su imaginación para aquello que se opone a la vida: para diseñar semillas de modo que las plantas que ellos cultivan no se reproduzcan, y hagan necesario que la gente compre semillas todos los años.

En nuestro vecindario las drogas constituyen una de las mayores industrias, y ellos querían cambiar eso. Ahora tienen esta estación de biodiesel. La filosofía que respalda su negocio es que las cosas que descartamos todavía tienen valor. Algunas personas han sido tratadas como basura. Así que cuando recogen aceites vegetales descartados y hacen de ellos combustible para los automóviles, son guiados por una teología de la resurrección. Las cosas muertas pueden traerse de nuevo a la vida.

¿Nuestros hábitos dietarios se relacionan con la destrucción del planeta? La mayoría de los científicos dirían que los estadounidenses comen demasiado y que además comen la comida equivocada. Nos abarrotamos de comida mientras muchos en el mundo están a las puertas de la muere por la falta de proteínas en sus dietas. Los científicos señalan que si los granos que producen proteínas fueran consumidos directamente por las personas en vez de ser comidos por el ganado que luego nosotros comemos, la cantidad de proteínas disponibles para la gente pobre del mundo se aumentaría en un noventa por ciento.

¿Por qué confiar en las mujeres y considerarlas lo suficientemente agudas como para ser médicas, científicas, pilotos o trabajadores sociales, pero no pastoras? ¿Confiamos en que las hermanas pudieran disparar un M16 pero no usar la espada del Espíritu? Algo anda mal.

Nosotros los Cristianos de las Letras Rojas, seguimos a Jesús, que era dulce, amable y gentil. Sin embargo, él también era fuerte y firme. Jesús tenía los atributos que nuestra cultura define como masculinos, y también muchas de aquellas características consideradas como femeninas. Él unió en sí mismo todas las características que hacen a un ser humano completo.

La feminista Kate Millet una vez dijo: «Un hombre de cuarenta y cinco años es maduro, pero una mujer de cuarenta años está obsoleta». Ella no quiso decir que una mujer no fuera atractiva a los cuarenta, sino que si una mujer era atractiva a los cuarenta es porque no parece tenerlos.

Cuando nuestra comunidad hace una recolección de juguetes para el tiempo de Navidad, no aceptamos ni revólveres de juguete ni muñecas Barbie. Sí a las muñecas que representan bebés. Pero no a las muñecas Barbie y a las armas de fuego de juguete. No hay lugar para ellos en el reino.

Demasiados líderes cristianos están molestos por lo que la revista Playboy le hace a la imaginación sexual de los hombres, pero ignoran lo que les hace a las mujeres representadas por aquellas páginas centrales de la revista y a la mujeres que no se parecen para nada a ellas.

No vamos a resolver el problema del tráfico sexual simplemente por arrestar a los hombres que trafican con mujeres o a los hombres que utilizan a esas mujeres. Habrá otros que ocupen sus lugares. Tenemos que tratar con la horrible realidad de que nuestra sociedad está adoctrinando a los hombres con conceptos funestos acerca de lo que puede encenderlos sexualmente. Esas cosas erradas formas parte de nuestra cultura, y es responsabilidad de la iglesia hacer que se levanten hombres que no se conformen a la cultura (Romanos 12:1-2) y que en cambio trabajen para cambiarla.

Tenemos que celebrar lo que hacen todos. Algunos le dan pescado a la gente. Otros le enseñan a pescar. Otros preguntan: «¿Quién es el dueño del estanque? ¿Y por qué cuesta tanto una licencia para pescar?»

No les decimos que el propósito de la educación es obtener las credenciales que cuentan para alcanzar el éxito socioeconómico. Les enseñamos a los estudiantes latinos y afroamericanos que el propósito de la educación es equiparlos para ser agentes más eficaces de Dios para colaborar con él para cambiar el mundo. No me sorprende que luego de la facultad muchos de ellos regresen a sus antiguos vecindarios como maestro, pastores, abogados, trabajadores sociales o empresarios.

Para comprender la realidad del racismo, todo lo que tenemos que hacer es buscar en las prisiones; según las estadísticas, uno de cada tres hombres negros es encarcelado en algún momento de su vida. Son estadísticas increíbles. Los eruditos señalan que en Estados Unidos no hemos abolido por completo la esclavitud. Simplemente ha cambiado de forma. La Decimotercera Enmienda, para abolir la esclavitud, dice: «No deberá existir dentro de Estados Unidos ni esclavitud ni servidumbre involuntaria, a excepción de que sea un castigo por un crimen por el que el implicado haya sido debidamente condenado». Tenemos todo un legado, una cicatriz, que la esclavitud y el racismo nos han dejado.

Es importante que reconozcamos que hay una buena razón para que las Escrituras nos digan que Dios no desea que se hagan imágenes de talla de él, ni que tampoco se pinte ningún cuadro de él. Porque es muy probable que lo representemos a nuestra propia imagen, y por lo tanto transformemos la adoración a Jesús en adoración a nosotros mismos, lo que sería idolatría.

Cuando estuve en la India, trabajé en el primer hogar de la Madre Teresa, el Hogar para Moribundos. Había allí docenas de voluntarios, algunas de las personas más extraordinarias que jamás haya conocido. Cada día viajábamos juntos de ida y de vuelta en el ómnibus. En una de esas ocasiones, una de las voluntarias me confió que era gay. Estaba luchando por descubrir qué hacer con eso, y cómo llevar una vida que honrara a Dios siendo lesbiana. Mientras hablábamos, le pregunté si había pensado en hablar con la Madre Teresa al respecto. ME dijo que lo había estado pensando. Así que unos pocos días después le volví a preguntar si había hablado con la Madre Teresa. Me dijo que sí. Cuando quise indagar cuál había sido tu respuesta, la mujer se sonrió y señaló: «No dijo mucho». Eso solo ya era profundo, pero yo seguí intentando. «Bueno, pero dijo algo, ¿no?». Mi amiga respondió: «Mayormente escuchó. Pero luego de que acabé de abrirle mi corazón, me preguntó si estaba dispuesta a leer las Escrituras en la misa del día siguiente». ¿Cuánta belleza tiene eso? Muy a menudo pensamos que nuestra tarea es presionar a la gente, y en realidad constituye una falta de fe en que el Espíritu ya esté trabajando con ellos, conduciéndolos. Creemos que el Espíritu no puede obrar sin que nosotros saltemos en su ayuda para asegurarnos de que la gente sepa lo que dice la Biblia, o esto, o aquello. Con demasiada frecuencia confundimos nuestro rol. […] Cuando se le preguntó a Billy Graham sobre la cuestión gay, dio esta respuesta: «Es tarea del Espíritu Santo convencer, la de Dios Juzgar y la mía amar».

Debería rompernos el corazón el hecho de que a menudo seamos más conocidos por los asuntos a los que nos oponemos que por los que apoyamos. Nos conocen mejor por aquellos a los que hemos excluido que por aquellos a los que hemos abrazado. Eso no era lo que la gente pensaba cuando se encontraba con Jesús. Los individuos no tenían un encuentro con Jesús para luego salir diciendo: «Hombre, con seguridad no le gustan los tipos gays».

Siempre le digo a nuestra comunidad que nosotros deberíamos atraer a la gente que Jesús atraía y frustrar a la gente a la que Jesús frustraba. En verdad, nunca es nuestra meta frustrar a nadie, pero vale la pena notar que la gente que constantemente se mostraba agitada ante él eran los santurrones, la elite religiosa, los ricos y los poderosos. Y que la gente que estaba fascinada con él, con su amor y su gracia, eran individuos que ya habían sido heridos y excluidos, individuos que no tenían mucho que perder, que sabían muy bien que estaban quebrantados y necesitaban un Salvador. Y eso es lo que significa ser iglesia.

Independientemente de las diferencias que los cristianos puedan tener sobre este tema controversial, deberíamos concordar en que los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales son el prójimo al que debemos amar como nos amamos a nosotros mismos (Mateo 22.39).

Los cristianos que vivían en México se acercaban hasta el muro donde los cristianos que vivían en Estados Unidos se encontraban con ellos. Cantaban, adoraban a Jesús, y luego se sevían la Comunión los unos a los otros arrojando el pan y las botellas de vino por encima del muro. El muro, creado por la gente, por los gobierno de este mundo, no constituye una barrera para el pueblo de Dios, que es uno en el Espíritu.

Todos somos ilegales en el reino, y Jesús nos hizo entrar en él.

Jesús es aquel que nos metió en el reino de Dios cruzándonos por sobre la frontera, y ni siquiera nos ha cobrado el derecho a ser ciudadanos. Jesús siempre se ha metido en problemas por recibir a los «ilegales» en el banquete. Se lo acusaba de ser un glotón y un borracho por haber andado con la gente equivocada. Pero constantemente él desafió y frustró a los fariseos, que pensaban que era obedeciendo todas las reglas y guardando todas las leyes que se entraba al cielo.

Toda la Biblia está llena de gente de afuera convertida en la de adentro por la gracia. El nacimiento de Moisés es escandaloso, porque él fue introducido ilegalmente, de contrabando, en este mundo, en un acto de desobediencia civil. Su madre lo salvó de la espada y lo hizo flotar en el río, y la hija de Faraón se lo apropio y lo crió ilegalmente con una nodriza hebrea (que en realidad era su verdadera madre), según Éxodo 2. A Rut, «la moabita» (en código, «la forastera»), l e muestra hospitalidad Booz, con quien luego se produce un bello romance, y aquel matrimonio intercultural forma parte de la genealogía que nos lleva hasta Jesús (Rut 2-4). O sea que Jesús tenía una bisabuela «ilegal». Aun el nacimiento de Jesús entra dentro de esta dinámica. Nació sin que hubiera lugar para él en el mesón. Nació en el camino, durante un trayecto; era un refugiado. Y ahí fue que Herodes comenzó a matar a los pequeños. Hay muchos elementos que reflejan la situación de aprietos que sufren los inmigrantes contemporáneos y los que buscan asilo.

Recientemente en mi vecindario una congregación comenzó por abrir el edificio de la iglesia, como muchas congregaciones lo hacen alrededor del mundo, a los sin techo, de modo que ellos tuvieran un lugar seguro y abrigado para dormir por las noches. El gobierno de la ciudad escuchó acerca de ellos y comenzó a tomar medidas. Al pastor le dijeron que no se le permitía tener un refugio, porque no contaban con los permisos apropiados, ni tampoco se los concederían porque la ciudad no deseaba tener un albergue allí. Pero uno no se puede meter con los pentecostales. Así que la congregación oró y el Espíritu se movió. Volvieron a hablar con los funcionarios de la ciudad y les anunciaron que ellos seguirían no teniendo un refugio, pero que tendrían una reunión de avivamiento todas las noches desde las 8 p.m. hasta las 8 a.m. Fue fantástico ver cómo los noticieros cubrieron la historia. La ciudad no se animó a detener ese avivamiento: ¡fue algo maravilloso! Comenzaban con canto, adoración y participación de la gente. Luego de unas dos horas, el pastor se ponía de pie y decía: «Bien, con esto concluye el servicio formal de esta noche. Las siguientes ocho horas serán de una meditación silenciosa. Que todos pasen una buena noche». ¡Hasta donde sé, esas reuniones de avivamiento todavía continúan! Ese es el valor que necesitamos.

La gran ironía es que si miramos un par de generaciones atrás, encontraremos a algunas de estas personas en nuestra propia familia. Hemos desarrollado amnesia y olvidado que la mayoría de nosotros tenemos ascendientes que fueron inmigrantes.

A la gente pobre se le están haciendo muchas cosas horribles, y nosotros no prestamos atención a ello. Esto sucede debajo de nuestras narices.

Sin lugar a dudas necesitamos someternos a las autoridades, pero creo que hay dos maneras diferentes de hacerlo. Una es obedecer las buenas leyes, y la otra es sufrir las consecuencias por desobedecer las malas leyes.

Cuando hablamos sobre lo que las Escrituras dicen con respecto a la desobediencia civil, resulta importante que notemos que la meta del pueblo de dios nunca es quebrantar la ley; la meta del pueblo es obedecer a Dios. No tiene que ver con la desobediencia civil, sino con la obediencia a los divino.

La Biblia deja en claro que los reyes no fueron idea de Dios, sino de nosotros. Desde el mismo principio, cuando el primer rey ocupó ese lugar, a Dios no le gustó la idea. No se suponía que Israel tuviera rey, pero ellos lo pidieron, así que lo obtuvieron. Dios les dijo explícitamente que el rey iba a oprimirlos, convertirlos en esclavos, quitarles su dinero, y hacer que pelearan en sus guerras (1 Samuel 8).

Todos los principados y poderes del mundo tienen la tendencia a afirmar que están haciendo la voluntad de Dios.

El doctor King dijo: «Tenemos que sacar a la luz la injusticia y hacer que esa injusticia resulte tan incómoda que obligue a prestarle atención». Y eso fue lo que el movimiento de los derechos civiles hizo: la gente vio que personas desarmadas eran golpeadas, atacadas por os perros, empapadas con mangueras (y otras maldades del racismo). Jesús hizo precisamente eso en la cruz: sufrió sin ejercer violencia, experimentó el odio y la maldad sobre él, y los desenmascaró. El apóstol Pablo dice que Jesús exhibió públicamente a los poderes y a las autoridades en la cruz (Colosenses 2.15). El teólogo menonita John Howard Yoder llamó a esta idea una «subordinación revolucionaria». A través del sufrimiento, más que por el conflicto armado, desenmascaramos la maldad y exhibimos la injusticia. Cuando mis amigos y yo fuimos a la cárcel en Filadelfia por alimentar a los sin techo y dormir en los parques públicos, hicimos que se levantaran grandes interrogantes acerca de la pertinencia de las leyes contrarias a los sin techo que la ciudad estaba dictando. Finalmente nos encontraron no culpables. Y hasta el juez dijo: «Si no fuera por la gente que quebranta las malas leyes, no tendríamos la libertad que tenemos ahora. Todavía tendríamos la esclavitud. Esa es la historia de este país desde el Tea Party de Boston hasta el movimiento por los derechos civiles. Estos individuos no son criminales: son luchadores por la libertad». De hecho, hasta los oficiales de policía fueron a la corte a argumentar que las leyes eran erróneas. Y todo eso porque nosotros quebrantamos leyes malas, y abierta y voluntariamente sufrimos las consecuencias.

Muchos jóvenes cristianos están donando mucho más a asociaciones sin fines de lucro y a algunas ONG de lo que dan a la iglesia porque quieren marcar una diferencia en el mundo y no están seguros de que la iglesia sea el mejor administrador de su dinero para lograr ese fin.

Soren Kierkegaard, sentado en una catedral, exclamó: «¡Tanto dinero gastado en construir edificios para honrar a alguien que dijo “Yo no habito en templos hechos de manos”!». Jim Wallis, fundador de Sojourners, cree que un presupuesto es un documento moral, y que cuando uno mira el presupuesto de una iglesia, sabe a qué se dedica esa iglesia y qué es lo que valora. En muchos casos, uno descubre que los presupuestos de las iglesias muestran que están centradas en ellas mismas. La realidad es que muchas iglesias gastan poco en alguien o algo que no pertenezca a la iglesia. Cuando uno analiza el presupuesto de cualquier iglesia, probablemente encuentre que la iglesia solo para sus cuentas y se hace cargo de sus propias necesidades. Se ha dicho que la iglesia tendría que ser el único club del mundo que existiera en beneficios de aquellos que no son miembros. Pocos de los presupuestos de las iglesias dan evidencias de eso.

La mejor crítica a algo equivocado es practicar algo mejor.

Como lo dijo la Madre Teresa que «Cuanto más tenemos, menos podemos dar».

En 2007 Barack Obama declaró, en el programa de David Letterman: «este país todavía es la mejor esperanza que queda sobre la tierra». Esta es otra teología que se parece mucho a la de los imperios anteriores.

La palabra Babilonia, en código, se refiere a cualquier sociedad dominante en la que la comunidad cristiana se encuentre inmersa. Si uno forma parte de la comunidad cristiana en Francia, su Babilonia es Francia. Si uno forma parte de la comunidad cristiana en Brasil, su Babilonia es Brasil. Tú y yo somos ciudadanos de Estados Unidos de América. Nuestro sistema social dominante son Estados Unidos de América. No me malinterpreten. Amo a nuestro país. ¡Creo que es la mejor Babilonia sobre la faz de la tierra! Pero sigue siendo Babilonia. No es el reino de Dios. Apocalipsis 18 y 19 tiene que ver con todas las Babilonias que ha habido desde entonces.

Me causa preocupación el que solo se exhiba la bandera de una nación, cualquiera sea, al frente de una iglesia. ¿No es la iglesia un lugar en el que declaramos nuestra ciudadanía como perteneciente a un nuevo reino que abraza a toda la humanidad en un solo pueblo en Cristo? La Biblia dice que en Cristo ni hay judío ni griego, esclavo ni libre, bárbaro ni escita, varón ni mujer (Gálatas 3.28). Esa unidad en la identidad debería resultar evidente en todas y cada una de las iglesias.

He visto padres que se sentían orgullosos de que sus hijos fueran a morir por Estados Unidos, pero que se ponían furiosos si sus hijos desearan ir al África o a Asia como misioneros.

La democracia, como les he dicho a mis alumnos vez tras vez, no constituye una sociedad en la que la mayoría gobierna, sino una sociedad en la que resulta seguro pertenecer a la minoría. Los estadounidenses se inclinan a pensar que se crea democracia cuando cada ciudadano tiene el derecho a votar, y ese concepto es erróneo. En 2005, luego de la ejecución del dictador iraquí Saddam Hussein, se realizaron elecciones libres y abiertas en Irak. La mayoría shiita ganó y procedió a establecer una república islámica. Ahora, por primera vez en la historia de Irak, los cristianos son perseguidos y se queman iglesias en Bagdad. Anteriormente, los cristianos iraquíes vivían en paz con los otros ciudadanos iraquíes y eran libres de practicar su fe y hasta de evangelizar. Me gustaría señalara que antes de la segunda Guerra del Golfo, tuve una invitación del vicepresidente de Irak, que estaba bajo las órdenes de Saddam Hussein y era cristiano, para ir y realizar reuniones de evangelización. En ese entonces había libertad religiosa. Pero ahora que los shiitas han tomado control del país a través de elecciones libres, esa libertad religiosa está restringida y los cristianos son perseguidos. El regocijo por la finalización de la dictadura opresiva de Saddam Hussein se ha cambiado a causa de lo que les ha estado sucediendo a las hermanas y hermanos cristianos. Irak ha bajado de 1,5 millones de cristianos a alrededore de medio millón. La cantidad de cristianos se ha reducido en unos dos tercios. Están huyendo fuera de Irak a Jordania y otros países, en busca de refugio. Algunos de esos refugiados cristianos viven rayando la inanición debido a que Jordania no puede alimentarlos. Los jordanos no cuentan con suficientes puestos de trabajo ni para su propio pueblo, así que ni pensar en los cientos de miles de refugiados que han huido hacia allí. Todo esto ha sucedido a causa de las buenas intenciones de Estados Unidos de procurar crear una democracia en Irak.

Una de las razones por las que amo a Estado Unidos es porque cuando tenemos elecciones y gana la mayoría, la minoría no tiene que preocuparse de que la mayoría se organice para perseguirla. Irak nos muestra cuáles son los resultados cuando ese no es el caso. Podemos vivir en la mejor Babilonia del mundo, pero solo es porque los otros sistemas políticos y económicos son mucho peores.

Un gobierno puede aprobar buenas leyes, pero ninguna ley logra cambiar el corazón humano. Solo Dios puede hacerlo. Un gobierno tiene la posibilidad de proporcionar buenas viviendas, pero la gente puede tener una casa sin tener un hogar. Es posible que mantengamos a la gente con vida a través de una buena atención médica, pero de todos modos las personas pueden no sentirse realmente vivas. El trabajo comunitario de amor, reconciliación, restauración es una obra que no podemos dejar librada a los políticos. No podemos esperar que los políticos cambien al mundo. No podemos esperar que los gobiernos legislen sobre el amor. Y no permitimos que sean las políticas las que definan la manera en que debemos tratar a las personas; al contrario, el modo de tratar a las personas le da forma a nuestras políticas.

No estás haciendo un llamado a que no nos involucremos en política. En lugar de eso tú adviertes a los cristianos que no deben poner toda su confianza en los poderes políticos. Los llamas a ejercitar una participación que acompañe el proceso político para poder hablarle la verdad constantemente al poder en aquella áreas en las que el poder parece estar afirmándose de maneras contrarias a la voluntad de Dios.

Votar es algo así como ejercer un control de daños. Intentamos disminuir la cantidad de daño causado por los poderes. Y para los cristianos, el votar no es algo que llevamos a cabo cada cuatro años. Votamos cada día. Votamos por la manera en que gastamos el dinero y por las causas que apoyamos. Votamos por la cantidad de combustible que usamos y por los productos que compramos.

Si vamos al libro de Colosenses, encontraremos que todos los principados y poderes fueron creados por Dios y para los propósitos que Dios tiene en el mundo (Colosenses 1.16-17). Es tarea del gobierno, que es uno de esos principados y poderes, hacer la voluntad de Dios así como es tarea de la iglesia institucional cumplir con la voluntad del Señor. Si la iglesia fracasa en cumplir con la voluntad de Dios, yo soy llamado a ayudarla a descubrir y hacer esa voluntad; y también estoy llamado a ayudar al gobierno a hacer lo mismo. No solo se espera que yo desafíe al gobierno a hacer la voluntad de Dios, sino que haga lo mismo con los otros poderes. Estos principados y poderes incluyen a las estructuras corporativas tales como sindicatos, y empresas como General Motors, Ford, IBM, Apple y WalMart. Tengo que preguntarles a esas entidades suprahumanas si están funcionando de acuerdo con la voluntad de Dios, porque ellos se imponen sobre la gente e influyen sobre sus vidas cotidianas.

En Mateo 25.31-46 leemos que Dios juzgará a las naciones según la manera en que cada nación se haya ocupado de los pobres y de aquellos que están en prisión y por la forma en que hayan aceptado a los extranjeros. Notemos que dios responsabiliza a las naciones, y no solamente a la iglesia, por el cuidado de los pobres. Ese pasaje de las Escrituras responde a aquellos que cuestionas si existe o no una responsabilidad nacional en cuanto al cuidado de los necesitados.

Nunca olvidaré a un muchacho que se acercó a mí en una universidad después de que acabé de hablar. Con lágrimas corriéndole por el rostro me contó que había arrojado bombas en Irak y no podía vivir con todo lo que había visto y con lo que había hecho. Tenía diecinueve años; no era lo bastante mayor como para comprar alcohol, pero sí como para arrojar bombas. Oramos juntos, y pude sentir que la carga que llevaba sobre sus hombros se desvanecía. Entonces se quitó las placas de identificación, me las entregó, y me dijo: «Necesito liberarme de estas cadenas. Me han tenido cautivo demasiado tiempo».

No creo que Jesús jamás nos haya pedido que seamos pasivos, pero él sí nos llama a resistir el mal de una manera no violenta.

El escritor y profesor Walter Wink realizó una tarea brillante al demostrar la creatividad de Jesús en su enseñanza del Sermón del Monte sobre aquellos famosos versículos de «poner la otra mejilla». Señala Wink que Jesús no estaba sugiriendo que en forma masoquista le permitiéramos a la gente pasarnos por arriba. Jesús enseñó un amor al enemigo llevado a cabo con imaginación. Nos dio tres ejemplos específicos acerca de cómo interactuar con nuestros adversarios. En cada instancia, Jesús nos señaló algo que desarmaría al otro. Nos enseñó a rehusarnos a resistir el mal en sus propios términos. Nos invitó a trascender la pasividad y la violencia encontrando un tercer camino. Cuando te golpeen en la mejilla, vuélvete y mira a la persona a los ojos. {Dentro de la cultura ordenada de los judíos, se golpeaba con la mano derecha (en algunas comunidades judías el golpear con la mano izquierda significaba ser excluido por diez días). Y para poder golpear a alguien en la mejilla derecha era necesario darle la bofetada con el dorso de la mano. Resulta claro que Jesús estaba describiendo un sopapo con el revés de la mano, como lo haría un marido abusivo con su esposa o un amo con su esclavo. Era una bofetada para insultar, para degradar y humillar, no dirigida a un igual, sino a alguien inferior: una bofetada para «ponerlo en su lugar». Al volverle la otra mejilla, la persona hacía que el abusador la mirara a los ojos, y solo podía golpearla como a un igual. Al volverle la otra mejilla, esa persona estaba diciendo: «Yo soy un ser humano, hecho a imagen de Dios. Y no puedes destruir eso»}. No te acobardes y tampoco le devuelvas el golpe. Asegúrate de que te miren a los ojos y vean tu sagrada humanidad, y se les volverá cada vez más difícil lastimarte. Solo los pobres estaban sujetos a semejante abuso. Si una persona pobre era demandada y no tenía ninguna posesión, la podían llevar a la corte para quitarle su manto (Deuteronomio 24.10-13), algo que no era infrecuente entre los campesinos que lo perdían todo en beneficio de los terratenientes y recaudadores de impuestos. Así que aquí Jesús les estaba diciendo a los deudores pobres, que no tenían nada más que esa prenda sobre sus espaldas, que se desnudaran y exhibieran la avaricia del acreedor. La desnudez era algo tabú para los judíos; pero la vergüenza caía menos sobre la persona desnuda y más sobre el que miraba o causaba la desnudez (Génesis 9.20-27). «¿Quieres mi manto? Aquí lo tienes. También te puedes llevar mi ropa interior; pero no puedes llevarte mi alma ni mi dignidad». Aquí parece otra instancia en cuanto a la manera de tratar los problemas de la vida cotidiana: «Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos» (Mateo 5.41). Esta puede parecer una situación extraña, pero para los judíos del primer siglo era un incidente común que algún soldado le pidiera que caminara junto a él un kilómetro. No contaban con vehículos Humvee ni con tanques, así que los soldados viajaban a pie y llevaban gran cantidad de cosas de modo que dependían de que los civiles acarrearan sus provisiones. Estoy seguro de que había bastantes zelotes escuchando a Jesús, y ellos deben haber sacudido los puños en el aire cuando se les pedía que caminaran junto a un soldado. La ley romana especificaba que los civiles tenían que caminar una milla (1,6 kilómetros), y que eso era todo (de hecho, el ir una segunda milla constituía una infracción al código militar, sin mencionar que sería simplemente un absurdo para un judío mostrarse amistoso con un soldado de la ocupación y desear caminar con él una milla extra). Es hermoso imaginar la escena en la que un soldado pide su mochila de vuelta, pero la otra persona insiste en ir una milla más. Para conocerlo no como un enemigo, sino como persona. Hablar con él y tratarlo con amor. En cada una de esas instancias, Jesús enseña el «tercer camino». Es aquí que vemos a un Jesús que aborrece tanto la pasividad como la violencia forjar un tercer camino, que no es ni la sumisión ni la agresión, ni la pelea ni la huida. Pero todo esto solo tiene sentido si nos damos cuenta de que Jesús no habla sobre la mejor manera de ganar exitosamente la antiquísima batalla para refrenar el mal. Él reencauza ese deseo diciendo: «No resistan al que les haga el mal»; tiene una manera completamente diferente de visualizar la maldad (Mateo 5.39). Es este tercer camino el que nos enseña que «el mal puede enfrentarse sin necesidad de replicarlo… que a los opresores se los puede resistir sin emularlos… que a los enemigos se los puede neutralizar sin destruirlos». Esta es la imaginación profética que puede interrumpir la violencia y la opresión. Si este peculiar pueblo de Dios tuviera que transformar el mundo a través de fascinarlo, me parece que estas enseñanzas asombrosas resultarían centrales. Entonces podríamos mirar a los ojos a un centurión y no ver a una bestia, sino a una criatura de Dios, y luego caminar con esa criatura por un par de millas. Miraríamos a los ojos a los recaudadores de impuestos mientras ellos nos llevan a juicio en la corte, veríamos su pobreza y les daríamos nuestro manto. Miraríamos a los ojos a las personas más difíciles de soportar, y veríamos a Aquel al que amamos. Porque Dios ama activamente a los buenos y a los malos. Y hasta manda la lluvia para que riegue los campos de los justos y de los injustos (Mateo 5.45). El amor a los enemigos hace a una persona semejante a Dios: perfecta.

Hacer la paz es tan costoso como iniciar una guerra. A menos que estemos preparados para pagar el precio de buscar la pacificación, no tenemos derecho a etiquetarnos en ella o predicar ese mensaje.

Cuando les doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué la gente no tiene comida, me llaman comunista.

Una vez que realmente intentamos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, el capitalismo tal como lo conocemos no resulta posible, y el comunismo no es necesario.

Con demasiada frecuencia construimos paredes y portones para protegernos, y terminamos descubriendo después que somos nosotros los que estamos allí como rehenes. Creemos que dejamos a los demás afuera al cerrar, pero en realidad nos estamos encerrando nosotros adentro.

Las resoluciones de las Naciones Unidas (UN por sus siglas en inglés) llamando a poner fin a la ocupación israelí. Eso resulta significativo porque el estado de Israel no hubiera existido si la UN no hubiera creado la nación de Israel a través de una resolución en 1947. El gobierno de Israel quiere contar con resoluciones de las Naciones Unidas que garanticen la continuidad de la existencia del estado israelí, pero cuestionan aquellas resoluciones de la UN que llaman a una justa devolución del territorio ocupado, a los palestinos. Es política de las Naciones Unidas que cuando finaliza una guerra ninguna nación tenga el derecho a quedarse con las tierras ocupadas durante la guerra como resultado de conquistas militares.

Abraham tuvo un hijo llamado Isaac con su esposa Sara y otro hijo llamado Ismael, cuya madre fue Agar. Los judíos son descendientes de Isaac, y los musulmanes descendientes de Ismael, pero ambos perteneces a la simiente de Abraham.

Parece que, se trate de una congregación pequeñita o de una inmensa, si solo existe en beneficio propio, implosionará. Tenemos que existir para la visión del reino de Dios que tenía Jesús, para la misión fuera del a iglesia. Si no lo hacemos, entonces nuestras iglesias se enferman y mueren.

Mucho del cristianismo que hemos exportado ha sido enfermizo. Hemos sido depredadores a través del evangelio de la prosperidad. Hemos explotado el anhelo de los pobres por milagros, prosperidad y bendiciones, y les hemos vendido un mensaje narcisista, obsesionado por las bendiciones y centrado en sí mismo. Hemos capitalizado el sufrimiento y el dolor hasta llegar a una forma de evangelio que en realidad no tiene que ver con las letras rojas; no se parece a lo que Jesús dice. De hecho, no se lo escucha mucho a Jesús en todo aquello. Oímos mucho acerca de tu vida, tu prosperidad y tu bendición, y muy poco sobre el llamado de Jesús a nosotros cuando dijo: «Bienaventurados los pobres… Bienaventurados los misericordiosos» (Mateo 5). A la gente le resulta confuso.

Cuando como sociólogo intento hacer una distinción entre religión y magia, utilizo como definición operativa que la magia es un intento de manipular las fuerzas sobrenaturales para lograr lo que deseamos; en cambio la verdadera religión es rendirse a lo que Dios desea hacer a través de nosotros. Lamentablemente, hay predicadores que han convertido el cristianismo en una suerte de magia al promover la teología de la prosperidad en la que el cristianismo se vuelve un poco más que un intento de manipular a Dios para que nos envíe riquezas y bienestar. Con demasiada frecuencia a la gente pobre de los países en desarrollo se le promete salud y prosperidad como recompensa por dar un diezmo sobre lo poco que tienen a predicadores que disfrutan de un estilo de vida espléndido. Comparemos la teología de la prosperidad con las palabras de Jesús, que dijo: «Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! ¡Ay de ustedes lo que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre!» (Lucas 6.24-25). Jesús les dijo a sus discípulos: «Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos, pero si ustedes me siguen, pueden acabar sin un lugar en el que recostar su cabeza» (Mateo 8.20, paráfrasis). Les dijo a sus seguidores: «Los siervos no son más grandes que el amo. Si ellos me han perseguido a mí, los van a perseguir a ustedes» (Juan 15.20, paráfrasis). Se vuelve obvio que el las letras rojas Jesús no promete salud y riquezas a aquellos que siguen sus pisadas. Me pregunto cómo se las hubiera arreglado el apóstol Pablo en una reunión en la que se predicara la teología de la prosperidad. Lo imagino poniéndose de pie durante el tiempo de testimonio, y diciendo: «Ha sido una maravillosa experiencia seguir a Jesús. Estuve en naufragios tres veces, fui golpeado casi hasta el punto de la muerte cinco veces, estuve enfermo, afligido y abandonado por muerto» (2 Corintios 11.24-26). Sin embargo, Pablo pudo decir: «He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre» (Filipenses 4.11). Qué contraste entre el cristianismo de Pablo y aquello a lo que denominamos teología de la prosperidad. Si la fidelidad y la donación de dinero garantizan las riquezas y el bienestar, resulta difícil explicar el sufrimiento, la pobreza y el martirio que les acontecieron a los doce discípulos originales.

También están los problemas de homofobia en diversos países africanos, como Uganda, donde los líderes cristianos que han ganado bastante influencia dentro del gobierno han intentado que se aprobaran leyes que impusieran la pena de muerte a los homosexuales o cadena perpetua. Además, ha habido intentos de aprobar una ley que enviara a la cárcel a cualquier persona que no le diera a la policía los nombres de los homosexuales que conociera. ¿Qué clase de cristianismo es ese?

La primera cosa que un misionero debe hacer al interactuar con otro grupo étnico, o vivir en otra sociedad de un lugar distante, es no comenzar declarando sus convicciones personales. Más bien el misionero debería escuchar a la gente autóctona del lugar y analizar las maneras en las que Dios ya se ha revelado a ellos.

El misionero no está llevando a Dios a un lugar en el que él no está, sino uniéndose a lo que Dios ya está haciendo en medio de esa gente.

John estaba entusiasmado con la idea de que una iglesia más amplia le permitiera a este pueblo redimir las formas de arte de su propia cultura y utilizarlas como un medio de adoración a Jesús.

En el reino de Dios todo lo corrupto de cada cultura se limpiará. Cada una será purificada, y en esa pureza, lo que sea único de cada grupo será disfrutado no solo por su propia gente, sino por todo el pueblo de Dios. Acabaremos disfrutando de aquello con lo que cada grupo étnico contribuya a la gloria de Dios. ¡Esa no es una perspectiva nada mala del cielo ni del nuevo mundo que Dios quiere crear aquí en la tierra!

Pentecostés, que significa «cincuenta días», se celebra siete semanas después de la Pascua (por eso lo de los cincuenta). Marca el nacimiento de la iglesia, y se nos dice que el Espíritu Santo cayó sobre la comunidad de los cristianos primitivos como fuego del cielo. Por esa razón muchos cristianos llevan prendas rojas o decoradas en colores relacionados con el fuego.

En Babel, Dios dispersó a una raza humana pretenciosa. Y en Pentecostés, Dios reunió a la gente dispersa en una nueva y amada comunidad, no hecha por sus propias manos ni por un solo idioma compartido, sino por el Espíritu de Dios.

Ivan Illich, un especialista en misiones, que sirvió en el Brasil, en resumen dijo: «Mantengan los grupos de las iglesias en su país. Si vienen, por favor vengan a disfrutar de la cultura, a conocer a nuestra gente, a adorar con ellos, a escucharlos, y a aprender de ello. Pero dejen de hacer lo que ellos pueden hacer por ellos mismos. Dejen de desvalorizarlos».

Con frecuencia ponemos el énfasis, injustamente, en los últimos, en los que se trasladan; cosa lamentable, porque lo que comunica es que uno tiene que ir a algún otro lado para vivir de forma misionera. Esa mentalidad también resulta problemática porque transmite la idea de que los que se trasladan son misioneros heroicos y sacrificados que dejan de lado todo el confort y los privilegios para vivir en los guetos o barrios marginales. Y es terrible porque les resta valor a los que son de los guetos o de los barrios marginales.

Uno de los versículos más sutiles dice: «No vi ningún templo en la ciudad» (Apocalipsis 2.22). Podemos escuchar el eco del velo del templo cuando se rasga. No hay necesidad de templo en la Nueva Jerusalén. Dios vive con nosotros otra vez, como lo hizo en el jardín. No hay necesidad de una iglesia: Dios vive en las calles de la Nueva Jerusalén.

Es importante que construyamos nuestra escatología a partir de Jesús en lugar de derivarla de los libros o películas de nuestra cultura pop. En Mateo 13.24 al 30 y en los versículos 38 al 43, él dice que su reino es como un sembrador que sale a sembrar trigo. El trigo, nos dice Jesús, en verdad simboliza el reino de Dios. Luego señala que mientras el trigo está creciendo viene el maligno y siembra malas hierbas, o, como dice la versión Reina Valera 1960, siembra «cizaña». Resulta claro, por lo que Jesús dice, que aquel que viene y siembra malezas es Satanás, y que las malezas representan el reino del mal. Esos dos reinos, como se menciona, crecerán juntos. En esta parábola Jesús cuenta que los sirvientes van a su amo y le preguntan: «¿Qué hacemos? ¿Intentamos quitar la cizaña?». El amo les responde: «¡No!» si ustedes hacen eso destruirán gran parte del trigo junto con la mala hierba. Si tratan de arrancar la cizaña, van a estropear el trigo». Y añade: «En lugar de eso dejen que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta el final. Entonces separaremos el trigo de la cizaña» (paráfrasis). Lo que Jesús deja muy en claro es que el reino del mal (la mala hierba) crece más fuerte y eso se hace manifiesto cada día. Nunca el mal se había observado en una manera tan destacada en la h historia que como en el mundo de hoy, pero no tenemos que desanimarnos. No es solo el reino del mal lo que está creciendo con mucha fuerza y haciéndose más evidente cada día, sino que también sucede eso con el reino de Dios.

Se ha dicho que antes de cada revolución, esta parecía imposible; y luego de cada revolución, esta se veía como inevitable.

Cuando era niño, una vez caminamos mi madre y yo en el parque Fairmount de Filadelfia en una tarde tranquila de verano. Los pájaros cantaban y podíamos escuchar el zumbido de los insectos. Mi madre me preguntó: «¿Escuchas esos sonido?». Le respondí que sí, y ella prosiguió diciendo: «Escúchalos cuidadosamente. ¿Te hacen feliz o te ponen triste?». Lo pensé un rato y luego dije: «Mamá, para ser completamente sincero, me ponen triste». Entonces ella me explicó que m e sentía de esa manera porque todos los sonidos de la naturaleza están en el modo menor, y cuando una música está escrita en tono menor, produce un sentimiento de tristeza. Cuando Jesús regrese, toda la música de la naturaleza, pasará del modo menor al modo mayor. «Y eso», me dijo mi madre, «producirá una música gozosa a través de todo el planeta.»

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Es viernes, pero el domingo viene

Anthony Campolo

Un recordatorio de lo que el evangelio significa y de cómo puede ayudarnos en nuestro diario vivir. Una crítica al cristianismo moderno que se aleja cada vez más de las necesidades humanas y se preocupa únicamente de su autosustentación. Un volver a recordar el primer amor. Es viernes, el día de la crucifixión y de la desolación… pero el domingo viene, el domingo de victoria. Calificación de 10.
Es viernes, pero el domingo viene

Es viernes, pero el domingo viene

Las personas creen cada vez mas que la ciencia social puede solucionar su problema.

Pareciera que nos estan manteniendo enfermos aquellos de quienes esperamos nos puedan ayudar cuando estamos psicológica y emocionalmente perturbados.

Según la Biblia, el futuro tiene la pista de qUien y que somos en el presente. Se considera e1 futuro, no el pasado como la dimension mas importante de la personalidad humana. El que cree lo que dice 1a Biblia no queda contento preguntando: “¿De donde vine?” Para el cristiano, la pregunta mas importante es: “¿A dónde voy?” La Biblia enseña que el pasado o antecedente de una persona no es lo mas importante acerca de ella. Más bien, como sabe el creyente, lo más importante acerca de una persona es adónde va y que futuro escoge.

No somos criaturas predeterminadas. Podemos tomar decisiones que pueden modificar nuestro comportamiento y convertimos en nuevas criaturas.

No sugiero que el pasado no influya en l que una persona llegue a ser. Sólo digo que el pasado no determina quien sea una persona. Estoy convencido de que el pasado influye en las opciones que una persona tiene para elegir su destino. Es obvio que los antecedentes de una persona limitan lo que ella pueda llegar a ser. Sin embargo, todos tenemos opciones sin importar cuáles sean nuestros antecedentes. Siempre hay opciones de entre las que podemos escoger. En definitiva, somos criaturas de decision a quienes Dios ha dado libertad para determinar su futuro. La mayoría de las personas que acuden a los consejeros ya saben lo que tienen que hacer para poner en orden su vida. El consejero puede ayudar a ver las opciones con mayor claridad, pero al final el buen consejero hará conciencia en la persona de que sólo ella tiene la capacidad de tomar las decisiones que transformarán la desesperación en esperanza, la tristeza en gozo y la confusión en paz.

Usted tiene que tomar una decisión, y cuanto más rápido la tome tanto más pronto encontrará la paz y la liberación de su ansiedad.

Si decide en favor del Señor y elige vivir de acuerdo con su voluntad, usted habrá dado un paso gigantesco hacia el bienestar psicológico y emocional.

Entre las muchas decisiones que se deben tomar para determinar quién y qué es usted, está quién será la persona más importante de su vida. Rara vez nos damos cuenta de que las personas a quienes escogemos como las mas importantes de nuestra vida influyen en lo que somos y en lo que llegamos a ser.

El concepto que una persona tiene de sí misma está determinado por lo que considera que las personas mas importantes de su vida piensan de ella.

En nuestros primeros años, nuestra madre es probablemente la persona más importante en nuestra vida. Por lo tanto, nuestro concepto de sí mismo y nuestro sentido de valor personal por lo general está determinado por lo que nuestra madre piensa de nosotros.

Usted me dira: “Tony, estoy dispuesto a ser un Bernabé [Hijo de Consolación] para los demás, pero primero necesito que alguien lo sea para mí. No tengo a nadie que me levante y me haga sentir bien conmigo mismo. No hay nadie en mi vida que de veras crea en mí y me haga sentir es pecial. ” A eso sólo puedo responder diciéndole que haga aJesucristo la persona más importante en su vida. Recuerde que su concepto de sí mismo será determinado en definitiva por lo que usted considere que la persona más importante en su vida piensa de usted, y si permite que Cristo sea esa persona, usted probablemente desarrollará una imagen propia muy positiva. Jesus enseñó que usted debe amarlo a Él más que a su madre y a su padre. El espera que usted lo considere con tanta importancia y amor que ninguna otra relación pueda ser capaz de compararse con la que tiene con El. Usted tiene que ser capaz de decir en las profundidades de su ser que El tendrá la preeminencia sobre todos los demás. Tiene que estar dispuesto a decir: “Para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). El lo levantará cuando esté abajo. El cree en usted. El quiere hacerlo sentirse especial. Decir “yo creo en Jesucristo” no es suficiente. Tiene que estar dispuesto a reconocerlo como la persona más importante de su vida. Tiene que estar dispuesto a decir: “Haré lo que El quiera sobre todas las cosas y sobre todas las exigencias que otros hagan de mí.” Si toma esa decision, tengo para usted grandes noticias: le puedo prometer una imagen personal muy positiva. Cuando Cristo es la persona más importante de su vida, pronto llegará a definirse de la misma manera que Cristo lo define a usted. Comenzará a considerarse como El lo considera a usted. Y hay más noticia buenas: ¡Cristo piensa que usted es estupendo! El piensa que usted es extraordinario. De veras.

El olvido de Dios es una doctrina neotestamentaria que no se predica lo suficiente. Dios olvida. El no solo envió a su Hijo para ser castigado por nuestros pecados. El no solo nos perdona por causa de lo que su Hijo hizo en el Calvario, sino que Dios olvida los pecados que hemos cometido.

Dios ama infinitamente y hasta lo sumo. Él lo ama y cree en usted aunque se niegue a aceptar esas verdades.

El romance es tan distinto al amor, que nos hace dudar si debiéramos considerarlo siquiera como una forma de amor. El romance es egocéntrico. Si se requiriera prueba de ello, sólo hay que prestar atención a las palabras en las canciones populares de amor. Ellas proporcionarán toda la evidencia necesaria para formar un caso sobre el egocentrismo del romance. Oigalas cuando vienen a través de las ondas radiales o en las grabaciones. Escúchelas con cuidado mientras el “artista” de rock masculla: “Te necesito; te deseo; no puedo vivir sin ti.” El énfasis total de la canción es “yo”. La frecuencia con que ocurren las palabras en la primera persona es evidencia convincente de que toda la emoción que se está describiendo no es nada más que un acto que realza y satisface el ego. A primera vista pareciera que la otra persona sea importante, cuando en realidad es la satisfacción del ego del amante que es preeminente en la letra de las canciones populares.

El primer problema con el romance es que no es muy estable. Una persona normal tiene por lo menos seis experiencias románticas antes del matrimonio.

Por lo general, somos personas que nos enamoramos y desamoramos hasta que llegamos a la edad en que la sociedad dice que debiéramos estar casados. En los Estados Unidos la edad para los hombres es como de veintitrés años; para las mujeres es como de veintiún años. Por lo regular, lo que sucede es que las personas se casan con quien sea que estén románticamente relacionados durante esas edades prescritas por la sociedad para casarse.

Los que han vivido fielmente la vida cristiana saben que una entrega a Cristo inevitablemente hace a una persona un mejor cónyuge. Si un esposo está entregado a Cristo y se está acercando a El cada día más, Y la esposa de igual manera está rendida a Cristo y se acerca a El todos los dias, entonces inevitablemente se acercarán cada vez más el uno al otro.

Las personas que viven en mundos diferentes no tiene puntos de conflicto o de contención. Las disputas no son necesariamente una señal de que un matrimonio tenga problemas. En realidad, los altercados ocurren a menudo entre personas que comparten metas y compromisos comunes y que tienen los mismos intereses supremos. Su participación intensiva en la misma cosa inevitablemente produce fricción. La ausencia de amor se caracteriza más a menudo por la indiferencia que por el conflicto. La indiferencia resulta cuando las personas no tienen el mismo compromiso o los mismos intereses.

El amor agape es incondicional. No tiene que conquistarse. Se da aun cuando no se merezca, y de esa manera nos ama Dios y se supone que así debemos amamos unos a otros.

Siempre queda algo para amar. Y si no has aprendido eso, no has aprendido nada. ¿Has llorado hoy por ese muchacho? No por ti misma y la familia porque perdimos el dinero. Quiero decir por él; por lo que ha pasado y por lo que le han hecho a él. Hija, ¿cuándo piensas que es tiempo para amar más a alguien; cuando ha hecho bien y ayudado a todo el mundo? Pues entonces, no has terminado de aprender; porque ese no es el tiempo en absoluto. Es cuando se siente más bajo y no puede creer en sí mismo porque el mundo le ha dado una paliza. Cuando comiences a medir a alguien, mídelo correctamente, hija, mídclo correctamente. Asegúrate de tomar en cuenta los montes y los valles por los que ha pasado antes de llegar a donde está.

Dios lo ama cuando usted ha hecho bien. Se complace cuando usted ha realizado algo de valor. Pero las buenas nuevas son que El lo ama aun cuando no haya hecho bien. El lo ama aun cuando haya cometido errores. Lo ama cuando ha hecho cosas terribles. Lo ama aun cuando haya hecho lo más despreciable que se pueda imaginar. A pesar de cualquier cosa que usted pueda haber hecho, Dios todavía lo ama. A pesar de lo que usted sea, Dios todavía lo ama. Ese es el agape. El amor agape, a diferencia de eros, es sumamente estable.

Los cristianos sienten los mismos estímulos y tentaciones que todo el mundo. La diferencia para los cristianos es que pueden clamar al Señor y pedir la fuerza interna para vencer esas tentaciones.

No somos las criaturas racionales que creemos ser. En tiempos de crisis clamamos por milagros. Cuando ocurre una tragedia como el cáncer, anhelamos la cura sobrenatural. Cuando la vida se va fuera de control, deseamos fervientemente la intervención divina.

Algunos evangelistas contemporáneos actúan más bien como magos que pretenden poseer poder personal y no como siervos de Dios que hacen como manda la Biblia y dejan a la discreción del Todopoderoso los que han de ser sanados y los que no. Creo firmemente que las sanidades y los milagros no son normativos en la vida de la iglesia, sino que son “señales” del reino de Dios. Creo que en ellos Dios apuntó hacia lo que sucederá a todos los enfermos y mutilados en la vida al otro lado de la tumba. Las sanidades son ocurrencias inusitadas que dicen a toda persona que está físicamente incapacitada o enferma que un día, algún día, él será sanado y estará bien. Las sanidades son declaraciones de las nuevas de que llegará el tiempo en que cada uno de nosotros tendrá un cuerpo nuevo, completo, saludable y libre de la posibilidad de la descomposición. Pero prometer que toda persona que ore será sanada en la tierra es algo muy equivocado.

Cuando Jesucristo murió en la cruz y lo salvó a usted de sus pecados, no fue sólo para llevarlo al cielo sino por una razón todavía más importante, aunque le parezca muy extraña esta declaración. Jesucristo lo salvó mediante su muerte en la cruz del Calvario para que se convirtiera en una persona que pudiera hacer cosas magníficas para otros en su nombre. Lo salvó para obrar por medio de usted y realizar lo que El quiere en este mundo. Cristo quiere eliminar el hambre de mucha gente, y Ello salvó para hacerlo por medio de usted. Cristo quiere cubrir al desnudo, y Ello salvó para hacerlo mediante los esfuerzos de usted. Cristo quiere liberar a los oprimidos y hacer justicia en favor de los pisoteados, y El quiere que usted sea uno de sus instrumentos para que por su medio El logre cosas tan importantes como esa. Cristo lo salvó para que sea un agente en su revolución en el mundo. El lo salvó para realizar por medio de usted cambios esenciales que harán de este mundo como El dispuso cuando lo creó.

Jesús les dijo a sus discípulos que había venido para que tuvieran vida abundante. La Biblia comunica esa verdad enfáticamente. Además, El quiere que aprendamos que esa vida se puede obtener únicamente mediante el servicio de amor para otros en su nombre. Su mensaje es que el gozo, el brillo de la vida Y la realización se pueden obtener únicamente cuando dedicamos nuestra vida a la tarea que El tiene para nosotros. No es en recibir lo que nosotros queremos, sino en hacer lo que El quiere, que llegamos a ser personas actualizadas con un sentido de éxtasis respecto a la vida.

Servir a otros por Jesucristo es la única respuesta correcta que se pueda dar a Dios por todo lo grandioso que El ha hecho para nosotros. Esas personas no ven que no hay otra manera de ser “santo” que siendo un instrumento apartado por Dios para cumplir sus propósitos en el mundo. En realidad, la palabra “santo” según los etimólogos significa “separado”. De manera que, la santidad no es una religiosidad que dice “soy mejor que tú”, sino una disposición de pennitir a Dios que lo separe para su obra. Es lamentable que muchos piensan que la manera de expresar el señorío de Cristo en su vida es comportándose religiosamente superior a los demás, cuando en realidad significa ser el siervo de los demás.

Se me dijo de un sinnúmero de cosas que los cristianos no debían hacer, pero no recibí una imagen muy clara de lo que se suponía que debía hacer por los demás.

Ser cristiano se definía esencialmente como renunciar a los “placeres mundanos” en vez de ser un llamamiento a entregarse a la tarea que Dios tiene para nosotros en este mundo.

La verdad es que uno puede dejar de fumar, de bailar y de ir al cine y no andar ni cerca de lo que es importante en la vida cristiana.

Ya es tiempo de que tomemos en serio la afirmación que hizo Jesús cuando dijo que quien quiera ser su discípulo tendrá que negarse a sí mismo, vender lo que tiene, tomar su cruz y seguirlo a El. La disposición de sacrificar todo lo que somos y tenemos para servir a Cristo, ya la gente que El nos ha llamado a amar, es la única respuesta aceptable para lo que Jesucristo ha hecho por nosotros en el Calvario. La religiosidad personal no es substituto del sacrificio de amor.

La mayoría de nosotros nos hemos estado engañando. Hemos intentado simular que podemos vivir en la opulencia de la clase media típica en un mundo que sufre de pobreza desesperada, y seguir llamándonos cristianos.

Si todos los que expresan su religiosidad con manifestaciones egocéntricas cambiaran y expresaran su entrega a Cristo dando su riqueza, y hasta su vida, en servicio de los que sufren, esos niños no tendrían que ser alejados y entregados al dolor y a la muerte.

Muchos creemos que ser cristiano es simplemente creer correctamente. Muchos pensamos que si damos asentimiento intelectual a las proposiciones religiosas correctas, seremos parte del reino de Dios. Fácilmente nos podemos engañar y suponer que sólo tener la teología correcta nos hace hijos de Dios. Pero no es verdad. La epístola de Santiago dice que hasta Satanás cree. Si tener una teología ortodoxa hace a una persona cristiana, entonces Satanás es el mejor cristiano de todos. Además, Satanás tiembla con el reconocimiento de la verdad bíblica. El cree todo lo que un cristiano evangélico debiera creer. Satanás cree en la divinidad de Cristo, el nacimiento virginal, los milagros, la resurrección y la segunda venida. Su teología es ortodoxa hasta la médula. El puede citar los pasajes bíblicos en un dos por tres. Sin embargo, pennanece alejado de Dios y remotamente apartado del reino de Dios. Ser cristiano es mucho más que creer las doctrinas correctas. Ser cristiano es entregarse Y entregar todo lo que tiene a Aquél en quien dice que cree. Es darse sin reservas al Cristo que se encama en los niños que sufren, que nos están esperando para que lo encontremos a El en ellos y lo amemos a El en ellos. La teología de Satanás pudiera ser buena; pero él no ama a Cristo ni está para ministrar a las necesidades de esa gente desesperada en quienes el Cristo vivo se encarna en nuestro tiempo.

Como Cristo era rico y se hizo pobre por nosotros, así las iglesias ricas de los Estados Unidos deben hacerse pobres por amor de los que están sufriendo. Tenemos que aprender que el mejor regalo que podamos dar al Señor es vivir para servir al menor de nuestros hermanos y para dar nuestra riqueza para satisfacer sus necesidades.

Debiera ser obvio para nosotros que el dinero que damos a la iglesia institucional es, en su mayoría, dinero que nos damos a nosotros mismos. Compramos bancos y cojines para sentamos. Compramos cristales de colores. Compramos órganos y togas para el coro a fm de disfrutar de la música presentada con dignidad. Y le pagamos a un ministro para que nos alimente espiritualmente. La mayor parte del dinero que damos para causas cristianas termina siendo usado para beneficio propio. La gente dice con frecuencia: “Tenemos que cuidar de nosotros o no podemos cuidar de nadie. Tenemos que suplir nuestras necesidades antes que podamos considerar las necesidades de los demás.” Hay cierto grado de verdad y lógica en esos dichos, pero quiero señalar que Jesucristo dijo que sólo aquéllos que estaban dispuestos a perder su vida la encontrarían y sólo los que estaban dispuestos a morir vivirían. Estoy absolutamente convencido de que la declaración de Jesucristo es aplicable, no sólo para las personas, sino también para el cuerpo de Cristo. Sólo se encontrará la iglesia que esté dispuesta a perderse. Sólo podrá vivir la iglesia capaz de morir. Sólo sobrevivirá la iglesia que da sus recursos a los pobres y oprimidos.

Una de mis historias favoritas es acerca de un hombre que hace una gira por una refinadora de aceite. El guía le muestra los diferentes aspectos del proceso de refinación y los diferentes departamentos donde se realiza el proceso. Al final de la gira el hombre hace una pregunta sencilla al guía:
-¿Dónde está el departamento de embarques?
-¿Departamento de embarques? – responde el guía -. ¿Qué departamento de embarques?
El hombre responde: – Estoy buscando el lugar desde donde toda la gasolina y los productos de aceite de esta planta se embarca para su uso en el mundo.
-Ah – dijo el guía -, usted no entiende. Toda la energía generada en esta planta es usada para mantener la refinería.
La historia es una buena parábola de la iglesia, porque a veces tengo la impresión de que la mayor parte de la riqueza y la energía generada por la iglesia se usa para mantener a la iglesia en vez de usarse para ministrar a las necesidades de aquéllos en quienes el Cristo resucitado ha escogido para encarnarse.

Cuando Cristo nos salvó, lo hizo para un propósito noble y santo. El nos salvó para que pudiera usamos a fin de satisfacer las necesidades de otros. Nos salvó para que pudiera comenzar a transformar este mundo en lo que El dispuso cuando lo creó. Cuando nos salvó, lo hizo para que fuéramos conductos por medio de los que su amor pudiera fluir en la vida de los que sufren en este mundo. Cuando nos salvó, lo hizo para que fuéramos agentes de una gran revolución, que terminará cuando los reinos de este mundo pasen a ser el reino de nuestro Dios. Cuando nos demos cuenta del propósito de nuestra salvación, cuando comprendamos por qul! es que Cristo nos salvó, sabremos cuál es el propósito de nuestra vida. Ya no habrá más dudas de qué es lo que fuimos destinados a ser ya realizar. Por medio de Cristo hay un propósito para vivir.