Los mil y un velorios

Carlos Monsiváis

Los mil y un velorios

Los mil y un velorios

Monsiváis hace un veloz repaso de cómo se ha ido transformando la llamada nota roja en México, con casos y personajes que fueron de todos conocidos, hasta llegar a los tiempos de la guerra contra el narcotráfico, enfrentamiento que tristemente trivializó dicha sección a fuerza de una violencia cotidiana, extrema y sin sentido. Calificación de 8.

Asonada: Protesta violenta y sonora de un grupo numeroso de personas que suele ser reprimida.
Ensalmo: Conjunto de oraciones y prácticas curativas que los curanderos realizan para sanar a los enfermos.
Ditirambo: Alabanza o elogio exagerados

Nunca me dijeron que el dolor fuese tan parecido al miedo. C.S. Lewis.

La masificación del delito es, también, la deshumanización masiva.

Desde la década de 1920 los sectores ilustrados o semiilustrados condenan las publicaciones de nota roja, no por sus errores (deformación ilimitada de los hechos, manipulación de la ignorancia, prosa de noticieros del fin del mundo, endiosamiento del prejuicio), sino por sus consumidores más notorios, los pobres, a quienes suponen complacidos en su degradación: “Eso leen porque eso les da gusto”. Son su lectura entre líneas, su falso sentido del escándalo. Gracias a la nota roja, las descripciones de la violencia se protegen de la crítica multiplicando reprimendas y ascos verbales. En la retahíla de adjetivos límite (“escabroso, monstruoso, tétrico, vomitivo, abracadabrante, macabro, repugnante, pavoroso, atroz”), la reseña convulsa triunfa sobre el genuino horror moral.

Si tienes dinero la pasas bien hasta en la cárcel.

En mi vida de gatillero profesional, yo, Pepe González y González, autor del presente trabajo [Lo negro del Negro Durazo], comencé a matar desde los 28 años de edad, y teniendo en mi conciencia una cifra superior a 50 individuos despachados al otro mundo, agradezco la intervención de los funcionarios por cuyas gestiones no me quedaron antecedentes penales. Advierto que maté por órdenes de gente como Gustavo Díaz Ordaz, Alfonso Corona del Rosal y muchos más. Sólo cumplí órdenes.

Un millón de compradores de Lo negro del Negro Durazo y (por lo menos) 10 millones de lectores, más un film abominable. El lector le da un vistazo a los sótanos del poder, tan afines a la cúspide, y merodea en el nuevo espacio de la ostentación criminal, ya no las prisiones sino el laberinto de oficinas de lujo, de restaurantes y colonias exclusivas, de juzgados en donde los narcotraficantes obtienen su libertad con fianzas descomunales, de campos de aterrizaje clandestinos, de asesorías especializadas en borrar las huellas del lavado de dinero, de discotecas en donde los vástagos del Establishment compran las sensaciones que sus padres obtuvieron a través del alcohol. Y queda arrinconada aquella nota roja cuyos casos sólo dependes, mera artesanía del mal, de las pasiones humanas “de antes”. En 1983 Durazo huye de México. La DEA lo descubre en Río de Janeiro, adonde lo delata su afición por una vedette, y lo sigue hasta San Juan, Puerto Rico, donde va a las discotecas con una peluca rubia. Allí se le detiene y se le envía a Los Ángeles. El trámite de extradición es lento, y el proceso penal en México resulta inconvincente, al acusarse a Durazo de delitos menores. La cárcel lo destruye y muere poco después de salir.

En una estima moderada –se dice extraoficialmente-, la banda ha robado mil millones de pesos y, durante siete años (84 meses), ha dado un golpe mensual. Eso sin contar los atracos no denunciados. Ríos [Galeana] tenía bajo sus órdenes a más de 20 personas, divididas en grupos distintos de asaltantes según las especialidades: bancos, instituciones oficiales y privadas, robos en el Distrito Federal, asaltos en provincia.

¿Qué cuánto me llevé en los asaltos? No sé, no llevo contabilidad, fue muchísimo. Con los millones ayudé a mucha gente pobre. Incluso di medio millón a través de otras personas para las víctimas de San Juan Ixhuatepec. No soy héroe ni pretendo constituirme en un Chucho el Roto, pero también traté de ayudar económicamente a las familias de los policías que maté. Desgraciadamente, nunca pude hacerlo. No se trata de negar los hechos que construyen la imagen, y Ríos Galeana nunca lo hace. Declararse inocente sería además de inútil, indigno. Él asume las causas de su fama. Con avidez, Ríos pregona su implacabilidad, su astucia, su sangre fría, su deseo de proseguir.

No me siento orgulloso de lo que hice; sin embargo puedo decir que nunca me arrepentiré de mis acciones; viví bien, me gusta el dinero, pasearme y convivir con mujeres, me divertí todo cuanto quise y pude, visité todos los estados de la República, disfruté de los mejores vinos, mujeres y alimentos. Y todo esto lo podría lograr con robos.

A él lo maté porque me hizo proposiciones indecorosas que van en contra de mi dignidad de hombre. Le apreté el cuello, le di de patadas y luego otros golpes más hasta que le até las manos. No merecía seguir viviendo. Esto lo dice King Kong luego de haber vivido una temporada larga con el de las “proposiciones indecorosas”.

Los crímenes de odio se dirigen contra una persona y hacia lo que simboliza, representa y encarna, y son en este sentido acciones de furia contra la especie. Los victimarios no conocen previamente a la víctima y al liquidarla se sienten en posesión de ese poder sin límite, el exterminio del mal (en el vocabulario homicida el mal es el comportamiento detestado y es la debilidad física y social de la víctima). Los crímenes de odio más conocidos son los enderezados contra los gays, y este agravio histórico cobra cada año en México decenas de víctimas. Pero nada supera en número y en continuidad a los asesinatos de mujeres solas, en especial jóvenes, lo que se llama justamente feminicidios, un término que corrige el patriarcal de homicidios, pero insuficiente para describir el fenómeno.

Al sexismo se añade el clasismo. Las desaparecidas y aparecidas entre malezas son, en elevadísima proporción trabajadoras de la maquila, de familias de escasos recursos. Apenas figuran en los planes electorales, se les califica de “altamente manipulables”, y si son madres solteras el clero y la derecha las juzgan de “pecaminosas”. ¿Cuántas veces, en los regaños clericales y panistas, se le niega el estatus de familia a las formadas por madres solteras o separadas? Por eso, lo de Ciudad Juárez obliga a imprimirle visibilidad y concederle respeto a las mujeres de los ámbitos de la pobreza.

La leyenda es perfecta mientras no se le quiera comprobar.

Durante la segunda Guerra Mundial –lo ha descrito Antonio Haas en varios artículos- el gobierno norteamericano, requerido de heroína y morfina, usadas como anestésicos en los hospitales, alienta el cultivo de la adormidera en México, porque el gobierno de Turquía, el país con la mayor producción de amapola, simpatiza con el nazismo. En Sinaloa, Durango y Sonora un grupo de técnicos chinos, a las órdenes del ejército norteamericano. Cultiva intensa y extensamente la amapola. Al término de la guerra, las mafias norteamericanas privatizan el negocio.

En la comprensión de lo que es el narco es enorme la deuda con el cine (el de México y el de Estados Unidos), que entre otras cosas afecta la idea que de sí mismos tienen los causantes directos del subgénero fílmico. Ésta sería su conclusión: “no éramos así hasta que distorsionaron nuestra imagen, y entonces ya fuimos así porque ni modo de hacer quedar mal a la pantalla”. El narco del cine tiene automóviles de portento, vive parte del tiempo en Florida, ostenta anillos de diamantes, revólveres con cacha de oro y plata y botas de piel de víbora. ¿Por qué no se van a apropiar de estas imágenes los narcos de las butacas?

Del caso Camarena se desprende otro paisaje de la corrupción, en un panorama donde la seguridad pública se erosiona, narcos y jefes policiacos fraternizan, al hampa también la integran judiciales, el lavado de dinero es una tentación empresarial y Muy Altos Funcionarios (nunca identificados formalmente, así sean muy identificables) o son socios del narco o han tarifado el intercambio de favores. Además, se transparenta la conversión de ciudades enteras en “casas de seguridad” del narco; el vislumbramiento del Estado paralelo del narco.

Los autores de los corridos de la Revolución se formaron en la rima y la acústica del romanticismo, y poseían cierto don metafórico; los compositores y letristas de los narcocorridos no suelen disponer de los mínimos requerimientos técnicos, no pretenden la rima y –más o menos- las metáforas los tienen sin cuidado.

Más que celebración del delito, los narcocorridos difunden la ilusión de las sociedades donde los pobres tienen derecho a las oportunidades delincuenciales de Los de Arriba. En la leyenda ahora tradicional, los pobres, que en otras circunstancias no pasarían de manejar un elevador, desafían la ley de modo incesante. El sentido profundo de los corridos es dar cuenta de aquellos que por vías delictivas alcanzan las alturas del presidente de un banco, de un dirigente industrial, de un gobernador, de un cacique regional felicitado por el Presidente de la República. Al ya no inventar personajes de todos llorados, los narcocorridos relatan de modo escueto la suerte de compadres, hermanos o primos. Para ellos, ya fenecidos o que al rato bien pueden morirse, aquí les va la despedida. ¡Qué joda! Ni en el delito dejan de existir las clases sociales. La impunidad es el manto invisible que, al frente de sus atropellos y designios delincuenciales, todavía exigen prestigio y honores.

Maquila del secuestro: grupos de hampones menores que secuestran casi al azar, fiándose de la apariencia (aspecto, automóviles, relojes, colonias residenciales) y le “venden” luego el “botín” a un grupo organizado.

Los signos del dominio del narco suelen multiplicarse: funcionarios desaparecidos en olor de corrupción, suicidios “inexplicables” de funcionarios, balaceras en hoteles de lujo, abogados que portan 20 tarjetas de crédito, atentados a funcionarios como socios traicionados, comerciantes modestos que en 10 años se hacen de fortunas para ellos mismos inconcebibles, gobernadores que huyen con tal de no perjudicar su inocencia, burgueses “de la mejor sociedad” que esperan del lavado de dinero lo que no les conseguirá su talento financiero, jóvenes ansiosos de salir del ghetto del billar y el salto a pequeña escala, animadores de televisión que distribuyen polvos en los pasillos de sus empresas para auspiciar la risa, mujeres atractivas que negocian sus favores en contextos de riesgo, periodistas que no ven nada malo, empresarios hoteleros que jamás indagan el origen de la fortuna de sus socios repentinos, figuras medianas del espectáculo incapaces de fijarse en el comportamiento de sus amigos más generosos, dueños de agencias automovilísticas que necesitan del circulante de clientes inesperado… el repertorio es muy amplio.

Los más de 15 mil muertos de las guerras del narco que se contabilizan en el sexenio de Calderón aún no apuntan en lo mínimo a la eficacia de la estrategia gubernamental. El temor sustituye a la presunción (“Esto no es cosa mía, que se maten entre ellos”);

La gente identifica de inmediato los signos de la narcocultura: los automóviles y las camionetas de lujo, el modo de entrar a un restaurante como a las postrimerías de una batalla, los estilos del derroche. No sin obituarios mentales, todos recuerdan al pariente que anda metido en esto, o a la viuda del primo que se fue del pueblo cuando un el cadáver le entregaron. Y jamás pasan inadvertidos los anillos de diamantes y las esclavas de oro y las chamarras de superlujo, y los fistoles de oro y diamantes y las festas en donde el champagne se va como agua.

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Kingdom of us

Kingdom of us

Kingdom of us


Luego de que el padre de una familia cometió suicidio, una familia de siete hijos todos ellos menores cuando sucedió el incidente, tiene que lidiar con el suceso y encontrar cada uno sus propias formas de procesarlo. Calificación de 7.
Kingdom of us

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A través de la esperanza

Nancy Guthrie

Aferrándose a la esperanza

Aferrándose a la esperanza

La autora se basa en el libro de Job para describir y entender su proceso de duelo al sufrir la muerte de dos hijos. Su testimonio es entonces de gran ayuda para quienes se encuentran en un proceso donde lo que se ha perdido es la esperanza. Además en la parte final, hay una sección de “Recursos de las escrituras”, en las que se encuentran versículos escogidos de La Palabra para cada uno de los capítulos del libro y que nos ayudarán a encontrar respuestas. Calificación de 9.5

Job fue elegido específicamente para experimentar gran sufrimiento. Evidentemente fue elegido no porque merecía sufrir o porque estaba siendo castigado, sino debido a su gran fe. Y me pregunté en cuanto a mi propia fe —si yo tenía la clase de fe que soportaría aflicción extrema e inmerecida. Una fe que permaneciera cuando todo tipo de esperanza hubiera desaparecido.

Bueno, creo que ahora ha llegado el momento de la verdad. Aquí es donde encontraré si en realidad creo lo que digo que creo.

Nuestra fe evita que nos dejemos llevar por la desesperación. Pero no creo que haga que nuestra pérdida duela menos.

Nuestra cultura no se siente cómoda con la tristeza. La tristeza es difícil de manejar. Nos deja perplejos. Viene y va y toma su propia forma. Pide ser compartida. Se manifiesta en lágrimas, y nosotros no sabemos qué hacer con las lágrimas. Muchas personas temen hablar de mi pérdida. No quieren hacerme sentir mal. Pero las lágrimas son la única forma que tengo de dejar salir la profunda tristeza que siento. Les digo a las personas: “No se preocupen en cuanto a llorar delante de mí y ¡no teman hacerme llorar! Sus lágrimas me dicen que ustedes se preocupan y mis lágrimas les dicen a ustedes que me han tocado en un lugar que tiene mucho significado para mí —y que nunca olvidaré su disposición de compartir mi sufrimiento.”

Nuestra cultura quiere poner el curita del cielo en nuestro dolor por perder a alguien que amamos. A veces parece que las personas a nuestro alrededor piensan que porque sabemos que el ser que amamos está en el cielo, no deberíamos estar tristes. Pero no entienden lo lejos que se siente el cielo y lo extenso que parece el futuro cuando vemos delante de nosotros los años que tenemos que pasar en la tierra antes de ver de nuevo a la persona que amamos. Afortunadamente, no estamos solos en nuestra tristeza.

Un día después de que enterramos a Esperanza, por primera vez entendí por qué tanta gente trata de aliviar su dolor de maneras tan dañinas. Ese día yo traté de dormir para evitarlo. Y en los días siguientes, descubrí que no podía dormir para evitarlo, comprar para evitarlo, comer para evitarlo, beber para evitarlo o viajar para evitarlo. Simplemente tenía que sentirlo. Y dolía. Físicamente. Me di cuenta de que tenía una elección —podía tratar de ocultar todo el dolor en un armario y fingir que no estaba allí y desear que desapareciera, o podía revelarlo, exponerlo a la Luz, sondearlo, aceptarlo y permitir que sanara.

Una cosa es ir a la iglesia; otra cosa es adorar.

Cuando nuestra piel es aguijoneada por una espina, lo que sale es lo que está adentro: sangre. Cuando nuestras vidas son aguijoneadas por la dificultad, lo que sale es lo que está adentro. Para algunos de nosotros, lo que sale es egoísmo, orgullo, amargura y enojo. Para otros, es el fruto del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5:22-23). Lo que salió cuando Job no sólo fue aguijoneado, sino traspasado, fue adoración.

Adoramos porque Dios es digno, no necesariamente porque “sentimos ganas” de hacerlo. En medio de una crisis, si sólo hiciéramos lo que tenemos ganas de hacer, podríamos permanecer detenidos en un ciclo de autocompasión. Pero cuando adoramos, quitamos los ojos de nosotros mismos y de nuestro sufrimiento o problemas, y los enfocamos en Dios, lo cual pone nuestras dificultades en la perspectiva correcta.

¿No parece que todos nos están observando muy de cerca cuando la tragedia golpea nuestras vidas? Seguramente nuestra adoración en medio del dolor y la aflicción le es particularmente preciosa a Dios, debido a que nos cuesta tanto. La adoración no se hace más fácil, pero es mucho más significativa cuando la ofrecemos con un corazón que sufre. La verdad es que la adoración en estos tiempos puede ser la más significativa que jamás experimentaremos. Tal vez estemos mejor capacitados que antes para adorar porque llegamos a ser conscientes de nuestra desesperada necesidad de Dios y de nuestras propias y asfixiantes debilidades. Tal vez sea porque comprendemos que nuestra impotencia e insuficiencia están en la perspectiva correcta con el poder y la soberanía de Dios.

La respuesta apropiada a un regalo es la gratitud. Eso es lo que vemos en Job. Cuando cayó al suelo en adoración a Dios, aun cuando acababa de perder todo, Job le estaba dando gracias a Dios por todo lo que le había dado. Cuando Job dijo: “El SEÑOR ha dado; el SEÑOR ha quitado,” vemos que Job reconoció que todo lo que tenía era un don de Dios y que Job había aprendido a sostener esos dones con la mano abierta. Es evidente que Job, mucho antes, se había dado cuenta de que sus enormes riquezas no sólo habían venido de Dios, sino que todavía eran de Dios, mientras que él mismo era sólo un mayordomo.

Dios da, y Dios quita. Pero seamos honestos. Nosotros sólo queremos que él dé, ¿no es verdad? Y por cierto que no queremos que nos quite las cosas o a las personas que amamos. Tenemos la tendencia de pensar que el dinero en nuestras cuentas bancarias y las posesiones que tenemos son nuestros —que los hemos ganado. Que los merecemos. Pero la verdad es que todo lo que tenemos es un don.

¿Estaría dispuesto a agradecerle a Dios por un don que le ha dado y que ahora le ha quitado? Tal vez haya sido su cónyuge, su reputación, su seguridad financiera, su salud, su casa. . . . Gracias.

Muchas veces, cuando sufrimientos injustos o inmerecidos llegan a nuestra vida, exigimos que alguien sea responsable —el doctor que cometió un error drástico de juicio, el conductor que había bebido demasiado, el abogado del divorcio que sacó tanta ventaja. Pero al que hacemos responsable la mayor parte de las veces por el sufrimiento en nuestras vidas es a Dios.

Tal vez no lo digamos, pero en el fondo de nuestra mente de alguna forma pensamos que debido a que Job era tan piadoso, él debería haber sido librado del sufrimiento. Pero la verdad es que a menudo la gente que sigue a Dios sufre —no menos sino más. ¿Se ha dado cuenta de que las personas que sufren están marcadas con una cierta belleza, profundidad y transformación? Sin embargo, esto sólo ocurre cuando experimentan el sufrimiento y buscan a Dios en medio de él. De otra manera, están marcadas con amargura y soledad.

El mundo nos dice que huyamos del sufrimiento, que lo evitemos a toda costa, que clamemos al cielo para que nos lo quite. Muy pocos elegiríamos sufrir. Sin embargo, cuando sabemos que Dios ha permitido el sufrimiento en nuestra vida por un propósito, lo podemos recibir en lugar de correr de él y podemos buscar a Dios en medio del sufrimiento. Aceptar el sufrimiento nos lleva a más profundidad en nuestra devoción. “Cualquiera que quiera venir conmigo tiene que dejarme guiarlo. Tú no estás sentado detrás del timón —yo lo estoy. No corras del dolor; abrázalo. Sígueme y te mostraré cómo hacerlo. La autoayuda no es ayuda alguna. La abnegación es el camino, mi camino, para encontrarte a ti mismo, a tu verdadera naturaleza. ¿De qué te serviría conseguir todo lo que quieres y perderte a ti mismo, a tu verdadera esencia?“ Lucas 9:23-25, The Message. Jesús está sugiriendo que hagamos más que simplemente aguantar el sufrimiento. Él nos está invitando a que dejemos de sentir lástima por nosotros mismos y que en cambio nos enfoquemos en aprender del sufrimiento. Jesús no sólo nos invita a aceptar el sufrimiento, sino que también nos muestra lo que representa.

La Cruz es el ejemplo por excelencia de la habilidad de Dios de hacer que todas las cosas obren para bien —aun los hechos más malvados que la Oscuridad jamás haya concebido.

Por cierto que si Dios requirió un sufrimiento tan intenso de su propio Hijo, a quien amaba, para lograr un propósito tan santo, él tiene un propósito para su dolor y para mi dolor. Y tal vez parte de ese propósito sea aprender obediencia de lo que sufrimos.

Debido a que creo que los planes de Dios para mí son mejores de lo que yo planearía para mí misma, en lugar de alejarme corriendo del camino que él ha establecido para mí, quiero correr hacia él. No quiero tratar de cambiarle la mente a Dios —sus pensamientos son perfectos. Quiero tener sus pensamientos. No quiero cambiar el tiempo de Dios —su tiempo es perfecto. Quiero la gracia de Dios para amoldarme a su tiempo. No quiero cambiar el plan de Dios —su plan es perfecto. Quiero aceptar su plan y ver cómo él es glorificado por eso. Quiero someterme. Sé que ha sido muy difícil para algunas personas alrededor de nosotros entender por qué no hemos clamado al cielo pidiendo sanidad. ¿Es porque creemos que es demasiado difícil para Dios? En absoluto. Dios puede hacer cualquier cosa. A menudo, veo al cuerpo de Cristo poner mucho en buscar a Dios para la sanidad. Con gran valor, pasión y persistencia clamamos a Dios, rogando por sanidad física. Y en esas oraciones, a menudo hay una pequeña posdata en la cual decimos: “Si es tu voluntad.” ¿Pero no deberíamos hacerlo al revés? Quizás deberíamos clamar a Dios con osadía, pasión y persistencia en una oración que dice: “Dios, por favor, que se cumpla tu voluntad. Dame un corazón dispuesto para aceptar tu plan y tu propósito? Moldéame en una vasija que puedas usar para lo que tienes en mente.” Y entonces, tal vez podríamos incluir una pequeña posdata que dijera: “Si eso incluye la sanidad, estaremos agradecidos.”

A veces se requiere el dolor para refinar nuestro carácter y para quitar las actitudes egoístas y pecaminosas. El dolor puede hacer eso, o nos puede amargar. Podemos amargarnos cuando no recibimos lo que queremos de la vida.

Al comienzo de mi travesía, le dije a Dios: “Está bien, si tengo que pasar por esto, entonces dame todo. Enséñame todo lo que me quieres enseñar a través de esto. No permitas que este terrible dolor sea desperdiciado en mi vida.”

En lugar de huir de su sufrimiento y tratar de orar para que se vaya, ¿quisiera aceptarlo y buscar a Dios en él? ¿Dejaría que el sufrimiento fuera su maestro para que pueda aprender algo de él que nunca hubiera podido aprender de las situaciones cómodas y fáciles? ¿Estaría dispuesto a aferrarse a la verdad de que para un hijo de Dios no existe el sufrimiento que no tiene significado, y estaría dispuesto a rehusar permitir que el dolor sea desperdiciado en su vida?

A veces se siente como que no hay nada que alivie el dolor, ¿no es así? La gente pregunta qué es lo que pueden hacer por nosotros, pero sabemos que no hay nada que puedan hacer para que el dolor desaparezca.

¿Se encuentra queriendo abandonar la fe que había reclamado ahora que ha sido puesta a la prueba de la adversidad? Así que, ¿adónde va a ir? En su desaliento, ¿adónde va a encontrar el consuelo que anhela con tanta desesperación?

En lugar de continuar preguntando “¿Por qué?” ¿Estaría dispuesto a cambiar su pregunta a: “¿Para qué propósito?”

Confiar en Dios cuando el milagro no llega, cuando la oración urgente no recibe respuesta, cuando sólo hay tinieblas —esta es la clase de fe que tal vez Dios valora más de todas. Esta es la clase de fe que puede ser desarrollada y exhibida solamente en medio de circunstancias difíciles.

Job reconoció que el proceso de entender, de responder a la pregunta “¿Por qué?” no sería completado durante el transcurso de su vida —que sólo en la vida venidera, en la presencia de Dios, todo llegaría a estar claro. Y Job continuó caminando en la oscuridad.

Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. 2 Corintios 4:16-18

Una fe como la de Job no puede ser sacudida, porque es el resultado de haber sido sacudido.

Cuando usted pierde a alguien que ama, el cielo llega a ser mucho más real, mucho más que un concepto teológico o un cliché teatral.

Yo he llegado al lugar en el que creo que anhelar el cielo es uno de los propósitos y uno de los privilegios de sufrir y de perder a alguien que se ama. Yo nunca había tenido ese anhelo antes, pero lo tengo ahora. Una parte de mí está allí, ¿sabe? Y demasiado pronto, tendré a dos hijos esperándome allí. Ahora veo de una manera mucho más completa que esta vida no es sino una sombra de nuestra vida verdadera —la vida eterna en la presencia de Dios. ¿Ha notado cómo algunos de los himnos antiguos tienen una estrofa sobre el “cielo,” y lo maravilloso que será estar “más allá del sol”? Pero hoy en día ni hablamos ni cantamos tanto sobre el cielo porque no anhelamos el cielo —porque estamos muy cómodos aquí. Tendemos a pensar que esta vida en la tierra es todo lo que existe, y por cierto que vivimos de esa forma mucho de nuestro tiempo. Dios quiere cambiar por completo esa perspectiva. Él quiere que vivamos con una perspectiva eterna, poniendo la vida en esta tierra en su lugar apropiado y viviendo en anticipación de una eternidad en su presencia. Si en realidad creemos que la vida verdadera, la plenitud del gozo y una vida libre del dolor se encuentran en una eternidad en la presencia de Dios, ¿por qué nos aferramos a esta vida terrenal con tanto vigor?

Isaías 57:1-2 (rv60) es una porción bíblica que me ha mostrado la perspectiva de Dios y me ha ayudado a cambiar mi perspectiva: Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.

¿Reconocería que lo que a veces se siente como una tragedia en realidad y a luz de la eternidad no lo es?

No sé por qué, pero tenemos la tendencia de querer comparar el dolor. Esto es más difícil que eso. . . esto es más fácil que aquello. . . . Creo que me estoy dando cuenta de que en realidad no se puede hacer comparaciones con el dolor. Todo simplemente duele.

No perdonamos a las personas porque lo merezcan; las perdonamos porque Dios nos ha perdonado por muchas cosas y porque queremos mantenernos en una relación íntima con Dios. Y el beneficio es que a través del perdón somos liberados.

[Dios] nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. Pues así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo. Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. Firme es la esperanza que tenemos en cuanto a ustedes, porque sabemos que así como participan de nuestros sufrimientos, así también participan de nuestro consuelo. 2 Corintios 1:4-7

A veces lo que nos causa más dolor y confusión no es lo que Dios nos dice sino el hecho de que en medio de la dificultad parece que no nos dice nada.

El sufrimiento es un misterio . . . y Job llegó a respetar ese misterio. Job llegó a entender que debido a que sabía quién es Dios, él podía aceptar lo que da Dios —aun cuando no lo entendiera. Dios no eligió revelarle todo a Job. Tampoco él nos revela todas las cosas a nosotros. Y la verdad es que no tiene que hacerlo. Él es Dios. Es el Creador y nosotros somos los creados. Dios no nos debe una explicación. ¿Y qué si Dios lo hubiera revelado todo? ¿Qué si él hubiera explicado su plan y propósito completo para el sufrimiento de Job? Tendemos a pensar que si sólo supiéramos por qué estamos sufriendo, lo podríamos soportar. Pero ¿es cierto eso? De alguna forma creo que aunque Dios anotara todas las razones por las cuales él ha permitido que usted perdiera a su ser amado, contrajera la enfermedad, o sufriera rechazo, todavía, desde su perspectiva limitada, no le parecería algo que valiera la pena. En cambio, él amplía nuestra perspectiva dándonos un vistazo de su habilidad de manejar el universo en contraste con nuestro limitado entendimiento y experiencia.

A menudo escuchamos a la gente hablar acerca de la “vida cristiana victoriosa.” ¿Pero no es la vida de un creyente más acerca de doblar las rodillas, humillarnos y tomar nuestra cruz? Jesús dijo que lo es. “Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.“ Mateo 16:24

Tal vez la lección más importante del libro de Job es que no hay respuestas simples —que aunque Dios puede ser conocido, es también misterioso.

Pérdida:

Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. (Isaías 43:2)

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: “Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!” Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. (Romanos 8:35-39)

Lágrimas:

Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado? (Salmo 56:8)

Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir. (Apocalipsis 21:4)

Adoración:

Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; aun así, yo me regocijaré en el SEÑOR, ¡me alegraré en Dios, mi libertador! (Habacuc 3:17-18)

Pero el rey le respondió a Arauna: “Eso no puede ser. No voy a ofrecer al SEÑOR mi Dios holocaustos que nada me cuesten. Te lo compraré todo por su precio justo.” Fue así como David compró la parcela y los bueyes por cincuenta monedas de plata. (2 Samuel 24:24)

Ésta es la oración al Dios de mi vida: que de día el SEÑOR mande su amor, y de noche su canto me acompañe. (Salmo 42:8)

Gratitud:

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. . . . Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4:6-7, 12-13)

Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4:18)

Culpa:

Pero el SEÑOR cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor. . . . Que tu gran amor, SEÑOR, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti. (Salmo 33:18, 22)

Sufrimiento:

Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo. . . . Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4:10, 16-18)

De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. (Romanos 8:18)

Desesperación:

Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: “¿Dónde está tu Dios?” Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios. Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios! (Salmo 42:3-5)

¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna. (Salmo 73:25-26)

Pero algo más me viene a la memoria, lo cual me llena de esperanza: . . . Por tanto, digo: “El SEÑOR es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!” . . . Bueno es esperar calladamente a que el SEÑOR venga a salvarnos. (Lamentaciones 3:21, 24, 26)

¿Por qué?:

Así que nos regocijamos . . . en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. (Romanos 5:2-4)

Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. (Romanos 8:28)

Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos. Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo. (2 Corintios 4:8-10)

Por eso mantenemos siempre la confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del SEÑOR. Vivimos por fe, no por vista. Así que nos mantenemos confiados, y preferiríamos ausentarnos de este cuerpo y vivir junto al SEÑOR. Por eso nos empeñamos en agradarle, ya sea que vivamos en nuestro cuerpo o que lo hayamos dejado. (2 Corintios 5:6-9)

El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. (1 Pedro 1:7)

Eternidad:

Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. (Eclesiastés 3:11)

Devorará a la muerte para siempre; el SEÑOR omnipotente enjugará las lágrimas de todo rostro, y quitará de toda la tierra el oprobio de su pueblo. El SEÑOR mismo lo ha dicho. (Isaías 25:8)

Consoladores:

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. (Salmo 23:4, rv60)

Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. (1 Pedro 5:10)

Misterio:

Todos ellos vivieron por la fe, y murieron sin haber recibido las cosas prometidas; más bien, las reconocieron a lo lejos, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Al expresarse así, claramente dieron a entender que andaban en busca de una patria. Si hubieran estado pensando en aquella patria de donde habían emigrado, habrían tenido oportunidad de regresar a ella. Antes bien, anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial. Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad. (Hebreos 11:13-16)

Como está escrito: “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.” (1 Corintios 2:9)

Sumisión:

Sadrac, Mesac y Abednego le respondieron a Nabucodonosor: —¡No hace falta que nos defendamos ante Su Majestad! Si se nos arroja al horno en llamas, el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad. Pero aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua. (Daniel 3:16-18)

Pero yo, SEÑOR, en ti confío, y digo: “Tú eres mi Dios.” Mi vida entera está en tus manos. (Salmo 31:14-15)

Me has hecho pasar por muchos infortunios, pero volverás a darme vida; de las profundidades de la tierra volverás a levantarme. (Salmo 71:20)

Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer! (Salmo 62:1-2)

Si vivimos, para el SEÑOR vivimos; y si morimos, para el SEÑOR morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del SEÑOR somos. (Romanos 14:8)

El SEÑOR recorre con su mirada toda la tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles. (2 Crónicas 16:9)

Intimidad:

El SEÑOR es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia. En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, SEÑOR, jamás abandonas a los que te buscan. (Salmo 9:9-10)

Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. (Santiago 4:8)

Muzi v nadeji

Muzi v nadeji

Muzi v nadeji


El suegro aconseja a su yerno que una aventura pasajera viene bien al matrimonio. Cuando el yerno cae en la trampa encuentra difícil salir. Mientras, la esposa busca tener familia y la suegra muere en un trágico accidente. Con esos sucesos, la familia crecerá de un modo inesperado. Calificación de 9.
Muzi v nadeji

Muzi v nadeji

Spielberg

Spielberg

Spielberg


Steven Spielberg, un director innovador cuyas películas han sido un parteaguas en distintos ámbitos, nos explica a detalle cómo ha sido filmarlas, los retos a los que se ha enfrentado y cómo ha reflejado en gran cantidad de ellas algo de su vida personal. Calificación de 9.
Spielberg

Spielberg

Barrabrava

Daniel Stevens

Barrabrava

Barrabrava

Una mirada a través del mundo de las barras bravas del fútbol argentino, vista por uno de los integrantes que estuvo al lado del principal líder de la Barra de Independiente. Así, conocemos los hilos de una compleja red que involucra a los dueños de los clubes, jugadores y políticos principalmente. Esta edición, para Amazon Kindle, bastante descuidada en redacción y ortografía. Calificación de 8.

Changa: Persona bribona.

Nunca uno se pone a pensar que ciertas situaciones en la vida pueden cambiar tanto nuestra vida y como tenía que pasar al caerse los cimientos de una familia, todo lo demás hizo lo mismo.

Un hombre siempre debe tomar decisiones aunque se equivoque en las que eligió.

La barra obtenía sus ingresos de la reventa de entradas, por seguridad en las tribunas, por actos de sindicatos y de políticos incluso para actuar de guardaespaldas de empresarios que llegaban al país.

Las grandes barras bravas empezaban a obtener ingresos de un producto que daba sus primeros pasos en el negocio del futbol, la droga, el turco llamó a reunión de jefes, debían organizar su venta dentro y fuera de las canchas.

Tenía enfrente de mí una persona que con 27 años y sin ninguna educación reformaba una organización a nivel mundial, así es, aunque parezca que mis palabras exageran solo verdad de mi boca sale.

Del dinero recaudado mensualmente ya sea por reventa de entradas, custodias, donaciones de políticos y jugadores se dividirá equitativamente entre todos los jefes.

En el último trago

En el último trago

En el último trago


Con el propósito de cumplir el último deseo de su amigo, tres octogenarios emprenden un viaje a Dolores Hidalgo para entregar a un museo el original de una letra de José Alfredo Jiménez. El viaje servirá para confirmar el paso del tiempo y el lugar que cada uno ocupa en sus familias. Calificación de 7.
En el último trago

En el último trago

The hitman’s bodyguard

The hitman's bodyguard

The hitman’s bodyguard


El presidente de Bielorrusia es acusado en el tribunal de la Haya por crímenes de lesa humanidad. El principal testigo es un peligroso mercenario. Quien tiene que llevarlo al tribunal es un guardaespaldas que ha sufrido importantes reveses profesionales y en el amor. Juntos realizarán el viaje y en medio de persecuciones y balaceras, también podrán reencontrar el camino del amor. Estupendo soundtrack. Calificación de 10.
The hitman's bodyguard

The hitman’s bodyguard

Donnie Darko

Donnie Darko

Donnie Darko


Donnie recibe la profecía de un conejo con aspecto demoniaco: el fin del mundo será en 28 días, 6 horas, 42 minutos y 12 segundos. A partir de ello, inicia una historia de universos paralelos, viaje en el tiempo y decisiones que tomar. Demasiado densa para mi. Calificación de 7.
Donnie Darko

Donnie Darko

Maudie

Maudie

Maudie


Maudie es una mujer con artritis que harta de los maltratos de su hermano y su tía, decide irse a vivir con el tosco Everette, pareciendo que sólo es para empeorar su situación. Pero en la sencillez de ese hogar, teniendo que vencer la rudeza del marido, con la paciencia del amor, encuentra la felicidad que siempre había anhelado. A la par, desarrolla sus innatas habilidades para la pintura. Calificación de 10.
Maudie

Maudie

Long shot

Long shot

Long shot


Un hombre es acusado de un asesinato. Su abogado pregunta por una coartada.Casualmente: asistió a un juego de serie mundial, ese día filmaban en el estadio, su hija le pide algo de comer, realizó una llamada a la hora del crimen. ¿Que pasaría si no hubiera ocurrido esas casualidades? Calificación de 10.
Long shot

Long shot

Our souls at night

Our souls at night

Our souls at night


Dos vecinos octagenarios que viven en el ocaso de sus vidas de forma solitaria, deciden juntar sus soledades para dormir y hacerse compañía, una compañía que terminará en un amor real. Calificación de 9.5
Our souls at night

Our souls at night

Las tentaciones del músico

Martín Valverde

Las tentaciones del músico

Las tentaciones del músico


Como ministro de alabanza se está sujeto a sutiles tentaciones que pueden dar al traste con cualquier buena intención: el protagonismo, la soberbia y el ruido. Existe una extra, la tentación X que dependiendo de las propias concupiscencias, estará al acecho. Para ello, el autor nos sugiere tres poderosas armas: la oración, resistir y huir. Excelente la reflexión basada en el pasaje del pollino, hijo de asna. Calificación de 9.5

Dios te llama para su servicio, y tu disponerte al servicio, también debes prepararte para la prueba: Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. (Eclesiástico 2,1). Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeado por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento (Santiago 1,2-3ss).

La vida es una prueba de principio a fin, y la Gracia es el puente para pasarla con la consoladora certeza de que todo valdrá la pena. Quienes desprecian este puente inevitablemente se ahogan en los problemas de la vida.

En los peores momentos, las pruebas pueden estar rodeadas de una terrible oscuridad, pero cuando estés en ella recuerda que no te encuentras en el fondo de un pozo, sino atravesando un túnel que finalmente tiene salida, Dios te permitirá ver una luz que te conducirá al final del camino.

Cuando somos capaces de entregarle al Señor nuestro arte, éste sufre una transformación radical: de ser un simple talento se convierte en un Don. Un Don que Dios puede utilizar con gran provecho en beneficio de muchos; nuestros instrumentos dejan de ser solo una voz, guitarras, teclados y platillos y se convierten en armas espirituales de alto poder.

En manos de Moisés, un simple cayado fue el instrumento para que obrara prodigios tales como separar en dos murallas las aguas del mar Rojo y para que extrajera gua de la roca. Del mismo modo puede ser la música en tus manos una magnífica herramienta para la liberación de tus hermanos que satisfaga también su sed de Dios, o por el contrario, una peligrosa serpiente de la que tengas que escapar lleno de miedo, porque se te ha ido de las manos y no te encuentras cerca del único que te puede decir como domarla.

La tentación más frecuente de un músico entregado al servicio del Reino es apropiarse del talento que ha recibido de las manos del Señor y pensar que importa más el don del Señor que el Señor de los dones.

El músico cristiano, no importa que tan experimentado pueda ser, cuando canta sin la unción del Señor, a los oídos de Dios, más que cantar, rebuzna.

Si entendiéramos que es Dios y sólo Él a quien debemos agradar, nos ahorraríamos miles de problemas y adelantaríamos enormidades en la calidad de nuestro servicio para la construcción del Reino.

Los grandes públicos son capaces de tirarte ramos y mantos un domingo, gritándote todo pulmón ¡Hosanna!, y el viernes siguiente condenarte a muerte, gritando con la misma fuerza: ¡crucifíquenlo!”.

¿En cuántas ocasiones hemos dejado de servir al Señor poniendo al sonido o a los instrumentos primero que el mandado del Maestro?

La casta de un músico o de un artista no se mide solo cuando todo está en orden, sino cuando somos capaces de sacar lo mejor de nosotros con lo poco que hay para hacerlo y contra el reloj para lograrlo.

No es lo mismos un artista que entona cantos sobre Dios que Dios entonando su propia música a través de la persona del artista.

Este asunto de la soberbia es tan grave que, curiosamente, no sólo es un pecado de hombres. Los mismos ángeles fueron tentados con esta trampa como veremos en el pasaje siguiente: ¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la aurora! ¡Cómo has sido precipitado por tierra, tú que subyugabas a las naciones, tú que decías en tu corazón: “Subiré a los cielos; por encima de las estrellas de Dios erigiré mi trono, me sentaré en la montaña de la asamblea divina, en los extremos del norte; escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo!”. ¡Pero te han hecho bajar al Abismo, a las profundidades de la Fosa! (Isaías 14,12-15).

La caída de Luzbel no fue resultado de su pecado sino su deseo de estar sobre el Creador mismo.

La soberbia es el peor veneno para poder ser hijos de Dios.

Hace muchos cientos de siglos, allá en el Cielo, había una hermosa e inigualable orquesta sinfónica con su respectivo coro, dirigida por el ángel más bello de la creación. Le llamaban el Ángel Artista. Tal era su calidad como compositor e intérprete, que el mismo Mozart era un aprendiz de violín al lado suyo. Este ángel era consciente de su habilidad y su talento y empezó a tomarle gusto a todo eso. Poco a poco fue surgiendo un plan en lo profundo de su corazón: deseó que fuera a él a quien se le cantara y se le compusiera toda esa música magistral. Aspirar a ello significaba ocupar un lugar que le correspondía a Dios, y esto provocó que se armara una trifulca fenomenal en el Cielo. El final lo conocemos bien: él, que era el más bello de los ángeles, acostumbrado a siempre vivir en la Luz, terminó expulsado y degradado a demonio en jefe, artífice del engaño y príncipe de las tinieblas. Fue tan grande su caída que junto con él, la tercera parte de la orquesta fue arrojada de la presencia del Amor. Hoy por hoy, la misión y el servicio del que habían sido exclusivos de estos ángeles, ha sido encomendada a hombres que llenan las vacantes dejadas por los millones de serafines expulsados. Y no sería nada raro, que el espíritu perverso, que siempre ha sido enemigo de los hombres, sienta un odio muy particular por quienes ahora hacen lo que a él le era exclusivo, pues son llamados a adorar y servir al Señor con ofrendas musicales.

Si llegas a creer que estás sobre el resto del Pueblo de Dios y te ocupas sólo de tu propia gloria dejarás de ser útil l Señor. Si nada más piensas en ti, es imposible que trabajes de verdad por tus hermanos.

La humildad no es tener la cabeza baja sino mantenerla a su altura exacta.

Cuando nuestros sueños y luchas se rebajan al nivel de la más avanzada tecnología y nos preocupamos más porque los micrófonos estén calibrados, en perfecta ecualización y volumen, que por escuchar la propia de la conciencia que nos advierte sobre el peligro en que nos encontramos, nos salimos de la verdadera guerra y quedamos expuestos a una herida mortal de los francotiradores de nuestro enemigo.

Es difícil concebir que el compositor del salmo veintitrés pudo hacer algo tan terrible, pero eso nos puede suceder a ti y a mi sin importar las grandes canciones que hayamos compuesto o interpretado, y si nos mentimos y permitimos la entrada de “pecadillos sin importancia” a nuestra vida.

Dios no corrige al músico sino al hijo al que otorgó el don del arte.

La mayoría de las veces que hemos caído en alguna tentación ha sido por cometer la estupidez de creernos el cuento de que podemos vencerla con un poco de esfuerzo, o de creer que no podemos resistirla y no hacemos nada. ¡Huye, colega amigo, de todo aquello que destruirá sin duda tu persona y tu ministerio!

Cuando alguno se siente tentado en hacer lo malo, no piense que es tentado por Dios, porque Dios ni siente la tentación de hacer lo malo, ni tienta a nadie para que lo haga. Al contrario, uno es tentado por sus propios deseos, que lo atraen y lo seducen. De estos malos deseos nace el pecado; y del pecado, cuando llega a su completo desarrollo, nace la muerte. Santiago 1,15