Apuntes sobre fútbol


Kintto Lucas

Apuntes sobre fútbol

Apuntes sobre fútbol


Libro de anécdotas y comentarios respecto al fútbol latinoamericano y en especial el del Ecuador. Es interesante la crítica que hace sobre los comentaristas de televisión. Por otro lado, hay algunas secciones que parecen copiadas de otro libro. Calificación de 8.

Epifenómeno: Fenómeno accesorio que acompaña al fenómeno principal y que no tiene influencia sobre él.
Coima: Gratificación con que se soborna a un funcionario público, cohecho.
Falencia: Carencia, defecto.

En el banco de suplentes había un personaje que era un espectáculo aparte: el utilero. Él se encargaba de llevar las camisetas, las pelotas, aconsejar y dar ánimo a los jugadores, pero siempre le reclamaban porque no había inflado bien el balón: “hinchá bien la pelota”, acostumbraba a decirle el preparador físico y director técnico nacionalófilo cuando el equipo entraba al campo. A él se sumaban las voces de los futbolistas, y el coro del público que asistía, pero el utilero se reía e incitaba a la gente a que aliente el equipo. Cierto día, uno de los periodistas que cubría los partidos de Nacional escribió una crónica sobre el “hincha pelotas que alentaba al equipo tricolor”. Desde aquel momento se empezó a identificar a los aficionados como “hinchas”, y a los que molestan mucho como “hincha pelotas”. Luego las dos expresiones cruzaron el Río de la Plata, y en pocos años la palabra hincha se popularizó en todo el mundo de habla hispana.

En principio la función de las barras bravas es la de equilibrar la desventaja natural de ir a jugar como visitante. Cuando la gente empieza a perder el entusiasmo por el fútbol, cuando las masas populares empiezan a dejar de ir a la cancha, nace la necesidad de tener barras que alienten a los jugadores. En Argentina, luego pasan a desempeñar un rol importante en la compra y venta de jugadores, en la aceptación de los cambios en el equipo por parte de la hinchada general, en las decisiones políticas del club. La violencia de las barras bravas se institucionaliza sobre la corrupción, que estaba instalada de antemano.

A partir de 1982, en Argentina hay permiso para hacer actos políticos, pero no hay entusiasmo, fervor, alegría. Hace falta la ‘salsa’ ¿Por qué no recurrir a las barras de las hinchadas? Están demostrados los efectos que produce un grupo, aunque sea pequeño, de entusiastas en una masa que comparte un interés momentáneo. Nace así la vinculación con los políticos. Empieza a recibir el pago en especies: permisos municipales, puestos públicos, concesiones, prebendas y, a veces, dinero en efectivo. Sin duda el fenómeno de violencia de las barras también se genera desde arriba. Durante la dictadura argentina (1976-1983) se vivió un clima de persecución, desapariciones y muertes. Eso afectó a todos los actores de la sociedad, pero particularmente a los jóvenes y adolescentes, que en esa etapa estaban conformando su personalidad, “¿Cuál fue el modelo de conducta que tuvieron? ¿Qué ejemplo recibieron de las autoridades a las que se supone responsables del destino del país? Si desde el gobierno no se respeta la vida, se roba, se miente, ¿qué podemos esperar de los jóvenes?”.

Con las jugadas del futbolista el gol era innecesario, porque tras su driblan era algo inevitable: cualquiera que estuviese a mano podía empujar la pelota adentro del arco contrario que ella iba solita a su destino. El gol es un producto para ser consumido dijo alguien por ahí, mientras su juego tenía más que ver con la producción. En su fútbol no era la culminación lo que atraía, sino el dribling corto, el cambio de ritmo, los amagues. Ajeno a finalidades inmediatas, enamorado de su arte, su juego parecí no estar interesado en el partido que jugaba sino en la diversión que se regalaba a él y al público. Su fútbol era como una promesa no cumplida: la de que en cualquier parte un hombre piernas chuecas [Mané Garrincha] puede encontrar el paraíso.

Si se insiste en elegir a Estados Unidos como sede nuevamente porque da buena plata, o aun país europeo que tiene problemas con los migrantes, que se nos autorice a enviar la lista de jugadores con nombres alemanes o de otro país del Primer Mundo como Argentina. Podríamos inscribir a Dieter Capurro Franz Aguinaga o Heinz Delgado. Y si no Byron Maradona, Jacinto Goicochea o Agustín Caniggia. De este modo creeríamos que somos del primer mundo como Menem, y se lo haríamos creer a todos, y no tendríamos problemas con las visas. Si todo lo anterior no funciona, llamar a Menem para que nos ponga en el Primer Mundo como hizo con Argentina. Si Menem no quiere compartir su genialidad y la FIFA no acepta nuestros planteamientos, prendámosle muchas velas a la Virgen de El Cisne, que al fin de cuentas es lo que hemos venido haciendo en los últimos cuatrocientos años.

Muchos hablan del “cocainómano” o del “petiso petulante”, pero pocos recuerdan que en Europa fue uno de los jugadores latinoamericanos más solidarios con los que no tenían nombre, ni las posibilidades de otros que ya habían logrado base en el viejo continente, o que eran olvidados en los países donde no dejaban de ser “los otros”. Pero sobre todo, que cuando murió Funes (un centrodelantero de Boca Juniors que no había hecho dinero y su esposa e hijos quedaban en una situación sumamente difícil), él junto a otro futbolistas organizaron un partido en beneficio de la familia de ese jugador, sin tener en cuenta la advertencia del otrora poderoso Joao Havelange, quien lo amenazó que si jugaba aumentarían la sanción, pues en ese momento estaba suspendido y no podía participar en ningún partido. Esos dos casos son una pequeña muestra, no los únicos, en los que se vio su espíritu solidario. Pero cuando el fatal control antidoping se interpuso en el camino, volvieron las sombras y los periodistas y los dirigentes a decir que ya lo habían advertido. Con la hipocresía de siempre. Así fue, así es y ¿así será?

Cada vez que Uruguay y Brasil se enfrentan en una final, vienen los recuerdos, y aparecen nombres casi míticos del fútbol de los dos países. Y viene como un fantasma el Maracanazo, y Obdulio Varela con toda su garra, su caminata por los bares de Río de Janeiro, para beber con los vencidos (“hubiera querido perder”, dijo al ver aquella gente abatida). Y viene las gambetas de Schiafino, y la imagen del público en Maracaná, mudo, llorando la derrota…

Los uruguayos triunfan después de mucho pelear, nadie les regala nada. Entonces, se podría decir que fue, como siempre, un triunfo a la uruguaya.

Es posible cambiar de país, de pareja, de religión, de partido, de amigos, nunca de camiseta. Para algunos psicólogos la personalidad del hincha corresponde a la de una personalidad autoritaria. Es un autoritario pasivo que se somete a la autoridad del grupo al que pertenece. Lo más curioso del hincha es su capacidad de aplaudir o condenar un mismo hecho según lo realice su cuadro o el cuadro rival.

Hay un trabajo de un periodista, que se metió en una barra brava para vivir el fenómeno de cerca y poder luego escribir un libro. Dice que llegó un momento en que se sintió identificado con la barra brava y participó en un acto de violencia y –cosa terrible- experimentó una suerte de éxtasis, algo similar a lo que producen algunos alucinógenos. La violencia es como una droga.

Muchos policías integraban las barras bravas y muchos barrabravas pertenecían a grupos policiales denominados como “Grupos de Tareas”. Los rasgos característicos de esta gente desde el punto de vista del carácter y la ideología son el sexismo, machismo, xenofobia, exaltación de la fuerza, sentido del honor asociado a un ritual de violencia. Willhelm Reich llama delirio colectivo a esa “peste emocional” en que algunas veces se sumerge una sociedad, como si la hubiera atacado una forma incontrolable de locura. En Argentina ocurrió con las Malvinas, con el mundial y unos años antes con Perón. Son delirios en que la persona pierde todo sentido crítico y empujada por la pasión se disuelve en la masa. Después del Mundial de 1978, en la calle se arrojaban flores a los coches policiales, los policías bajaban de los vehículos y bailaban. Se hablaba del gran valor de los jugadores argentinos del 78. Se decía que habían “defendido la patria”. Y se acuño aquella frase que aparecía en autos, paredes y camisetas “Los argentinos somos derechos y humanos”. Una multitud de jóvenes se congregó en Plaza de Mayo y aplaudió a Videla, al cual saludaron con el grito “Videla corazón”.

Con dos decenas de cámaras, como tienen los partidos mundialistas, no hay detalle que se escape. Después de una infinidad de tomas y repeticiones, no quedan dudas sobre un penal, una expulsión, una agresión. En definitiva, hoy los jugadores están ahí menos para competir que para ser “juzgados”.

Joseph Blatter, al opinar sobre la creación de un sindicato internacional de jugadores, dijo que “La FIFA no habla con jugadores. Los jugadores son empleados de los clubes”.

Cada jugador de fútbol debe ser una cartelera publicitaria en movimiento, aconsejando al público consumir productos, pero la FIFA prohíbe que los jugadores porten mensajes que aconsejen la solidaridad social, disparate que está expresamente prohibido. Julio Grondona, presidente del fútbol argentino, recordó recientemente la prohibición, cuando algunos jugadores quisieron expresar en la cancha su apoyo a la huelga de los docentes, que ganan sueldos de miseria. Y en abril de 1988, la FIFA castigó con una multa al jugador inglés Robbie Fowler, por el delito de inscribir en su camiseta una frase de adhesión a la huelga de los obreros de los puertos. Afirma Galeana que Brasil no pudo ser pentacampeón del mundo en Francia pero Adidas, sí. Desde la Copa del 54, que Adidas ganó cuando ganó Alemania, ésta es la quinta consagración de los seleccionados que representan la marca de las tres barras. La empresa rival, Nike, tuvo que conformarse con el segundo y el cuarto lugar, que obtuvieron sus selecciones de Brasil y Holanda. La estrella de Nike, Ronaldo, no se lució demasiado. Los jugadores de fútbol más famosos son producto que venden productos. En tiempos de Pelé, el jugador jugaba, y eso era todo, o casi todo. En el Mundial del 98, a los veintipoquitos años de edad, Ronaldo sufrió una crisis temprana: convulsiones, ataques de nervios. Dicen que la presión de Nike lo metió a prepo en la final contra Francia. El hecho es que jugó enfermo, y no pudo exhibir como debía las virtudes del nuevo modelo de zapatos que Nike lanzaba al mercado.

Cuando Nigeria derrotó, con su fútbol divertido, a la selección española, y Paraguay empató, el presidente Aznar comentó que “hasta un nigeriano o un paraguayo pueden ponerte en tu lugar”. Después, cuando Nigeria se fue de Francia, un comentarista argentino sentenció: “Son todos albañiles, ninguno usa la cabeza para pensar”. También hubo locutores y comentaristas que los llamaban “negritos”, aunque nunca llamaron “blanquitos” a los demás.

El jefe de la policía política nazi, el inspector Best, resolvió que durante los juegos [olímpicos de 1936] se evitaran las razzias y el pasaje de los grandes convoyes trasladando prisioneros. Los turistas que visitaron Alemania con motivo de esas olimpíadas se llevaron la imagen de un país que vivía en la más dulce paz y armonía. Nadie vio que ese año Hitler había prohibido toda actividad deportiva pública o privada a los judíos. El Comité Olímpico jamás hizo la autocrítica de las olimpíadas del 36. El prestigio de estas olimpíadas jamás fue maculado.

Jean Marie Le Pen decía en 1997 que el deporte necesita cualidades que son de derecha: generosidad, ética y lealtad. Después protestó por la presencia de negros y árabes en el cuadro francés y cuando Francia ganó el mundial no sabía cómo subirse al carro. Otro ejemplo del fútbol utilizado por el poder es el mundial de 1978, que tanto benefició a la dictadura argentina. Desde el comienzo la dictadura supo ver la importancia política del fútbol, Hay un hecho que pinta esto. El 24 de marzo de 1976, cuando radios y canales fueron intervenidos y sus programas sustituidos por marchas y proclamas militares, el único programa que se mantuvo fue el del partido que se jugaba en Polonia entre polacos y argentinos. El mundial dio a la dictadura dos posibilidades: unión nacional y cambio de imagen en el exterior. En el mundial la dictadura tuvo su minuto de gloria. Obtuvo fervor popular, el aplauso de las democracias europeas y la bendición del Papa.

El fútbol es, junto al tráfico de armas y el narcotráfico, uno de los mayores negocios del mundo.

Si una mujer juega fútbol es porque no se la reprimió cuando niña, pero si un hombre lo hace es porque lo estimularon.

El fútbol no solo muestra los goles. Es el espacio casi exclusivo en el que los hombres les está permitido tocarse, abrazarse, besarse, para festejar un triunfo, sin miedo a que le digan “maricón”. ¿Cuántas veces, en su cotidianidad, está permitido ver ese despliegue de emotividad y fraternidad, sin que tengan que cuidarse, ni reprimirse por las miradas escrutadoras y de censura? Desde la niñez, generalmente, la pelota de fútbol es el regalo para el varón, y junto a eso, las leyes de conducta: los hombres no lloran no se abrazan, no se besan. Y claro, de adultos, es muy raro que dos hombres se saluden con beso en la mejilla (al menos los ecuatorianos), mientras que entre las mujeres o mujeres y hombres es muy común hacerlo. Y sin embargo, este deporte, “tan varonil”, es el espacio ideal para la afectividad, el llanto, la risa. El fútbol abre la brecha, es la excepción, en esta sociedad que vuelca su sensibilidad para el lado femenino y obliga a los hombres a reprimirse.

Recordé que requiere más coraje la alegría que la pena, porque a la pena al fin y al cabo estamos acostumbrados, como decía alguien hace muchos años, describiendo la realidad de los pobres de América Latina, la realidad de los pueblos indígenas, la realidad de los pueblos afro, la realidad… Esa frase pinta a las claras la necesidad de alegría que tienen los sectores olvidados y postergados de la América, y también el miedo a ser feliz impuesto por un sistema que excluye a las grandes mayorías. Sin embargo, el coraje permite buscar ese rinconcito donde está la alegría, y les hace perder ese miedo.

A finales de los años sesenta, el poeta Jorge Enrique Adoum volvió al Ecuador, después de una larga ausencia. Ni bien llegó, cumplió un ritual obligatorio en la ciudad de Quito: fue al estadio, a ver jugar el equipo del Aucas. Antes del comienzo, se hizo un minuto de silencio por la madre del juez, muerta el día antes. Todos se levantaron, todos callaron. Enseguida, un dirigente pronunció un discurso destacando la actitud del árbitro, que cumpliría con su deber en circunstancias muy tristes. En el medio del campo, el hombre de negro recibió el denso aplauso del público. Adoum se pellizcó un brazo: no podía creer. ¿En qué país estaba? Las cosas habían cambiado mucho. Antes, los hinchas solo se ocupaban del árbitro para gritarle hijo de puta. Y comenzó la partida. A los quince minutos, explotó el estadio: gol del Aucas. Pero el árbitro anuló el gol, por orsay, inmediatamente la mulitud recordó a la finada señora: -¡Huérfano de puta!, rugieron las tribunas. Eduardo Galeano.

Maradona es el mejor futbolista de la historia del fútbol. Incluso supera a Pelé porque el número 10 argentino brilló en todo el mundo, sin jamás contar con compañeros tan extraordinarios como tuvo Pelé. El futbolista brasileño fue asistido en los partidos por genios únicos en el mundo, como Garrincha y Tostao, por ejemplo.

Mientras el fútbol es para los europeos la gozosa manifestación de su sentido del cálculo para hacerse del poder (lo saben desde hace 500 años), para nosotros [los latinos] es el peor de los dramas, la más trágica de las fiestas.

El fútbol es, para nosotros, una constante nostalgia de Garrincha o Cubillas antes de que arranque el partido. Es una nostalgia, un vacío en la boca del estómago mientras transcurren los 90 minutos. Es una nostalgia cuando sobre la cancha solo quedan huellas, un poco de papel picado y unas cáscaras de naranja.

El relato de un partido se volvió lento y simple con la televisión, porque ahí con nombrar el jugador y comentar la jugada basta, porque las imágenes lo dicen todo. Ya no existe ni la imaginación que hay en la radio.

Según Herman entre los hombres sucede con el fútbol, lo que con las mujeres con las telenovelas: la televisión se convierte en una adicción. Por eso, la necesidad de ver la misma jugada desde todos los costados y una y otra vez. “Es una satisfacción que hay que saciar y que por eso no basta con verla una vez. Es la avidez de saciarnos de una imagen que nos es gratificante” explicaba el psiquiatra.

Se ha hablado tanto de la politización del fútbol, y yo creo que es urgente futbolizar la política. Los postmodernos hablan de la disolución de los Estados nacionales y el fútbol muestra lo contrario.

Como uno vive, uno juega; como uno vive, uno trabaja. Si usted tiene mal comportamiento, si usted tiene problemas con la familia, va a ser malo también en su trabajo.

En el Ecuador, el uso político del fútbol es exactamente igual al uso futbolístico de la política. No hay ninguna diferencia.

No hay pero ecuatoriano que el que quiere hacer caer a otro ecuatoriano. He visto a unos subiendo y a otros jalándoles los pantalones para que se caigan.

La manera de jugar al fútbol de un equipo o la selección de un país también refleja formas de sensibilidad colectiva propias de un país, y así como hay equipos que históricamente priorizan el aspecto técnico, hay otros que ponen énfasis en lo táctico. La sensibilidad brasileña, por ejemplo, se expresa en la alegría del juego de su selección y cuando eso se quiso modificar para conseguir un juego más eficaz su fútbol pasó inadvertido como en los mundiales de Alemania 74 e Italia 90.

Como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeana, en el mundo actual, todo lo que se mueve y tdo lo que está quieto transmite algún mensaje comercial. Cada jugador de fútbol debe ser una cartelera publicitaria en movimiento, aconsejando al público consumir producto, pero la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) prohíbe que los jugadores porten mensajes que aconsejen la solidaridad social, disparate que está expresamente prohibido.

Hoy el fútbol es básicamente televisivo, […] el negocio predomina sobre cualquier otro tipo de interés. Esto revela cómo el fútbol es una expresión de la sociedad. […] Las estadísticas prueban que los aficionados al deporte y a la música popular aparecen singularmente despolitizados.

Los periodistas-hinchas, aquellos que pierden cualquier atisbo de compostura al primer éxito de sus equipos, le quitan seriedad al oficio. ¿Cómo creerles cuando se trate de analizar partidos y/o brindar información sin sesgos?

Uno de los mayores males de la mayor parte de los comentaristas deportivos de la TV ecuatoriana pasa por una cuestión de ego: sus comentarios son teorías que inventan a priori y luego forjan la realidad en el campo para que calce con lo inventado. No poseen la suficiente dosis de humildad para reconocer equivocaciones en las lecturas iniciales y peor aún para reinterpretar los juegos desde ópticas distintas.

Anuncios

Un comentario el “Apuntes sobre fútbol

  1. Este libro es de 1998. En esta versión, solo una crónica es posterior. Ninguna parte es copia de ningún libro. Mucho menos de un libro que salió después. Saludos cordiales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s