Contra el fútbol moderno


José Manuel Tello

Contra el fútbol moderno

Contra el fútbol moderno


Como el mismo autor lo explica, se trata de “Un libro que pretende ser el dedo que señala las maldades y los desmanes del fútbol moderno”. Y así desmenuza algunas de las principales piedras que han ocasionado que el deporte con más seguidores en el mundo, de repente se vea tambaleado. Entre los temas que destacan: el capitalismo, los modelos de pasarela, las redes sociales, los magnates y la cantera. Calificación de 9.5. Del Reading Challenge, reto 39, un libro con magia. La magia del fútbol!

Lumpen: Grupo social formado por las personas social y económicamente marginadas en ambientes urbanos
Zafio: Grosero
Ecléctica: Referido a lo que está compuesto de elementos, opiniones, estilos.
Palique: Facilidad de palabra.
Tándem: Conjunto de dos elementos que se complementan.
Jerifalte: Cabecilla, mandamás, jefazo,
Melopea: Borrachera.

Asiáticos flipando con la mera posibilidad de hablar con alguien que ha estado alguna vez en el Santiago Bernabéu e italianos cansados de un fútbol apestado de escándalos financieros que se han cargado el calcio. Eso a pesar de que su escuadra favorita lleva cuatro ligas seguidas y una inesperada final de Champions. La nueva hornada de seguidores y la vieja. La fe de los nuevos conversos y la resignada creencia de la vieja escuela.

Negocio. Negocio y más negocio. Partidos que se juegan a las cuatro de la tarde reventando la tan tradicional siesta española para llegar en horario prime a Indonesia, China, Japón, Taiwán, Tailandia, Singapur, Dubái, Catar, Behréin… Miles de millones de audiencia potencial. Y con mercados como el indio o el iraní aun por incorporar. A día de hoy PSG, Manchester City, Valencia, Inter de Milán, Chelsea, Oviedo, Málaga, Espanyol, Mónaco, Arsenal, ManU, Liverpool, Bornemouth, Roma, Cardiff, QPR, y así con un larguísimo etcétera, son propiedad de magnates y, en el peor de los casos, empresas y/o conglomerados de empresas con intereses meramente económicos. No solo de Asia ni de los petrodólares viven estos equipos. En el caso de la Premier, empresas y poderosas familias americanas se han hecho con el control de las instituciones deportivas más potentes y rentables del país, como es el caso de la familia Glazer con el Manchester United. Otro club inglés, el Chelsea de Roman Abramovich, fue el primer club cómpralo-todo de Europa. Si bien no es el único magnate ruso que ha desembarcado en europa con los rublos bien calientitos. Dmitri Rybolóvlev le compró el 70% del club monegasco a la mismísima familia Grimaldi para sacarle de un periodo de oscuridad en la segunda división francesa.

El fútbol y el deporte se modernizan, los tiempos cambian y adaptarse es algo básico. Eso a pesar de que las lagunas reglamentarias y arbitrales ni se tocan. Pero algo relativamente malo sucede cuando los estadios de España, Italia y Francia se quedan vacíos mientras que 100 millones de chinos se sientan ante el televisor para visionar un Getafe-Granada. O llenan el Olímpico de Pekín para ver una expatriada final de Supercopa italiana. ¿El fútbol ha dejado de ser un deporte eminentemente local y de proximidad para facturar a toda costa? El fútbol moderno es una realidad, no es una teoría contracultural ni un argumento cosmopolita de perfil bajo. El deporte de once contra once se ha globalizado y ha cambiado desde su estética a su fisionomía como juego colectivo. Un cambio frenético, reflejo de los tiempos en los que vivimos. Lo que no quita para que muchos se hayan dado cuenta y luchen desde las gradas por recuperar el deporte con el que se criaron de pequeños. Por eso este ensayo: Contra el fútbol moderno.

La siempre reticente relación de los británicos con los europeos les llevaron a no jugar los tres primeros mundiales y a no tomarse en serio las primeras Copas de Europa. A fin de cuentas, ellos eran los inventores de toda esta historia y no tenían por qué mezclarse con la plebe futbolera mundial. Al igual que en los campeonatos americanos de baloncesto o béisbol, en el que el ganador es proclamado como campeón del mundo, los ingleses pensaban exactamente lo mismo de su liga de fútbol. Con eso les bastaba y les sobraba. Este camino allende las fronteras del imperio británico siempre iba acompañada de una afición ávida de aventuras y batallas. Hablamos, obviamente, de los hooligans.

Está visto que las instituciones deportivas encargadas de la reglamentación tienen absoluta querencia por meter mano a lo insustancial de reglamento (como por ejemplo las infinitas modificaciones a las normas de saque del portero con el balón en las manos). No se dedican, por el contrario, a regular con ahínco deficiencias serias tales como los goles fantasmas, los fueras de juego, lo relativo a las faltas cometidas con las manos…

En la primera división inglesa han jugado casi el mismo número de jugadores noruegos (poco más de 5 millones de habitantes) que de Brasil, techo del fútbol mundial y con un poder demográfico superior a los 200 millones de habitantes.

Byron Moreno, el ecuatoriano que arbitró los cuartos de final [Corea del Sur] frente a Italia está hoy en una cárcel estadounidense por viajar con varios kilos de cocaína en la maleta.

El fútbol se modernizaba a tirones y se fichaban jugadores con el único objetivo de hacer mercados nuevos y de hacerse con un pequeño espacio en los titulares de la prensa asiática. Ganar peso en el espacio mediático era el paso inmediatamente anterior para ganar suculentos contratos publicitarios.

Estadios, camisetas, vallas patrocinios oficiales de las competiciones. No hay casi espacio que se haya librado del desembarco del dinero. […] Hace 43 años el Eintracht Braunshweig alemán de Otto Knefler empezó a lucir, con la absoluta oposición de la liga y el resto de conjuntos de la Bundesliga, el logo y el nombre de una empresa en sus camisetas amarillas. El famoso licor alemán Jaggermeister fue, y siempre será, la primera marca que introdujo su logo en una elástica del planeta fútbol. Una caja de pandora que paulatinamente fue atrayendo a grandes marcas que, a la par, se han hecho con espacios en el pantalón (parte trasera y pernera) mangas de la camiseta y espalda (parte superior e inferior). En algunos casos extremos, e ilegalizados por la UEFA por tener un carácter abusivo, tenemos la camiseta del Atlético de Madrid que anunciaba la película Spiderman. El despliegue comercial del filme ocupaba el cien por cien de la parte delantera de aquel Atlético.

Hoy las camisetas de los grandes clubes de Europa están financiadas por dictaduras, normalmente de la región del Golfo Pérsico. Catar y Emirato Árabes Unidos se han hecho con las camisolas de Real Madrid, FC Barcelona, PSG, Arsenal, AC Milan, Benfica, Hamburgo, Machester City y Olympiacos. Otro país basado también en los petrodólares y con un régimen político cuanto menos cuestionable como es el caso de la república de Azerbaiyán ha metido mucho dinero también en patrocinios como el del Atlético de Madrid o del Lens Francés.

Un tipo de publicidad que no pretende romper el mercado europeo con flamantes aerolíneas, sino poner publicidad en su idioma en las camisetas de nuestro fútbol para directamente vender sus productos al mercado futbolístico más potente hoy en día, el asiático. […] Espanyol, Leicester, Osasuna, West Brom, Everton, Rayo Vallecano… La publicidad de las compañías chinas se distribuye de una manera mucho más ecléctica, heterogénea e inclasificable por diferentes clubes europeos. Una forma de hacer negocios muy diferente a la de los jeques árabes, caracterizada por distribuir sus inversiones de una manera mucho más equitativa y con una política mucho más expansiva. Lejos del efectismo mediático imperante en el golfo Pérsico.

Tomemos el caso de la empresa transalpina Kappa. En du día vistió a la mismísima selección italiana con diseños del todo interesantes. Hoy su producción a nivel internacional solo afecta a las selecciones nacionales de Omán, Fiyi y Burkina Faso. Eso es todo, no hay erratas de publicación. El baloncesto ha sido el espacio donde la empresa de Turín ha tenido que reenfocarse para sobrevivir en un mercado híper copado por las empresas americanas y germana.

La fabricación e innovación de segundas equipaciones es un fenómeno relativamente nuevo y está estrechamente vinculado al problema de las mafias transnacionales de ropa deportiva. En una búsqueda exprés por la red podemos encontrar en apenas unos minutos decenas de páginas que venden productos falsificados con una fidelidad al original muy dolorosa para las marcas. Y no se trata de falsos reclamos, ya que en foros paralelos podemos encontrar reseñas acerca de qué tiendas online funcionan con diligencia y cuáles no. Esta lucha contra la falsificación ha llevado a las grandes marcas de la industria deportiva, en su huida hacia delante, a un punto de innovación tecnológica basada en la creación de colores específicos difícilmente replicables. Es decir, un diseño es fácil clonar. Un color creado ad hoc en tu laboratorio y custodiado bajo llave no tanto. […] Por ello la estrategia con muchos clubes con primeras equipaciones sencillas como el Real Madrid (todo blanco), Manchester City (todo azul claro), Arsenal o ManU busquen en las segundas vestimentas estridentes su nuevo horizonte comercial.

Desde aquel 1997 y durante casi una década (hasta la llegad de internet y la modificación de los patrones publicitarios) cada año llegaba un anuncio de Nike que era esperado por los jóvenes como la película de turno. Brasil en el aeropuerto, Davids comandando un atraco, la inolvidable jaula, aquel Brasil contra Portugal. Si vemos un anuncio de ropa deportiva de hace unos años y uno de nuestros días vemos un cambio muy evidente: hemos pasado de repartos corales con la estrella de cada país demográficamente relevante a un personalismo atroz. Adidas es Messi, Nike es Cristiano Ronaldo.

Hace apenas unas semanas, el exentrenador del Castellón, Ramón Calderé, afirmaba en el programa de la televisión catalana TV3 Divendres que sus jugadores apostaban durante el partido. Al ser preguntado por la presentadora el cómo, su respuesta asombró a los contertulios “Córners, córners, córners…”. Según Calderé, los jugadores en el banquillo estaban con sus móviles apostando en diversas casas de apuestas durante más de un partido de Copa al número de córners que el equipo tendría en contra. En su relato, Calderé veía como los zagueros del equipo castellonense provocaban un número absurdo de saques de esquina. “Los jugadores apostaban al número fijo de córners desde el banquillo”.

Ahora veo partidos, si quiero ver fútbol me pongo vídeos antiguos.

Las botas de blancas de Alfonso Pérez son para algunos un rara avis de infancia mientras que para otros fue la puerta hacia los infiernos de la purpurina, los dorados, las pieles de leopardo y los fosforitos. En el mundial 94 recordamos con añoranza las equipaciones de portero, especialmente aquellas de marcas secundarias que vestían a equipo como Rumanía o México. Aunque Adidas gozó vistiendo a los Zubizarreta y compañía con una ecléctica camiseta de cuadros, sin duda fue el mexicano Jorge Campos el que hizo proliferar este concepto con camisetas diseñadas por él mismo (hecho que no tardaría en ser prohibido por la FIFA). Para muchos, la ruptura de la sobriedad bajo los palos no es otra cosa sino la puerta de atrás del fútbol moderno. Pero los que por aquella época veíamos el fútbol internacional como la puerta de acceso a otros mundos, nuestro amigo Campos siempre será un referente visual y pseudo artístico.

Pero a pesar de los “siete veces never” del presidente del Real Madrid, la rentabilidad del fichaje del inglés (Beckham) no se medía en goles o asistencias. Ni siquiera en pases acertados o kilómetros recorridos, valores más habituales en el fútbol moderno. La rentabilidad del londinense se medía única y exclusivamente por el número de camisetas que se vendían con el 23 (estilo Michael Jordan, la mercadotecnia al servicio del Real y de David) y de cuántas giras por estados Unidos y Asia se podían firmar durante una pretemporada. A pesar de ser una sociedad deportiva y no una sociedad anónima, en el Real Madrid el dinero también prima por encima de los intereses meramente deportivos.

Un hombre que empezó a marcar tendencia a raíz de que cada año, con el comienzo de una temporada futbolística, cambiaba radicalmente de peinado. Y de paso de look. Porque la estética más allá de la capilar también era motivo de cobertura por parte de la prensa rosa española e internacional. Rapados, dobles coletas, crestas, tintes imposibles… Cada mes de agosto los peluqueros del hampa tenían que aprenderse un nuevo corte de pelo inspirado directamente por el jugador de Londres. Esa tendencia, unida a su estereotípica belleza anglosajona basada en la elegancia y la caballerosidad formó un cóctel irresistible para las marcas allende la ropa deportiva. A musa de Adidas –sus botas solían ser protagonistas dada su virtud en el lanzamiento de faltas, cambios de orientación y demás golpeos a balón parado- se le añadieron marcas como Calvin Klein o Armani.

Es evidente que allí donde hay éxito, seguidores, audiencias y ventas potenciales acuden las marcas. Y los protagonistas responden con gusto. El capitalismo estructura un modelo del que salirse siendo uno de los principales beneficiados, económicamente hablando, puede resultar hasta absurdo. Campañas como las de Xabi Alonso responden a la búsqueda activa de un perfil, de un target y es resultado de una magnífica carrera futbolística. Pero en el caso de Beckham, que como futbolista puede que no se encuentre ni entre los 25 mejores de su generación, es la anteposición del modernismo al deporte. Y casos como el de Ljunberg, Idetoshi Nakata y tantos otros con el beckhamnismo en estado puro.

Si estamos disconformes con el hecho de que nuestro equipo venda sus equipaciones a un recio de cien euros, la opción lógica como compradores sería no adquirir dicho producto. Huelga, boicot y manifestación suelen ser los tres únicos actos que tiene el individuo como tal para demostrar su disconformidad con el orden establecido. No acudir a partidos de perfil bajo con una tarifa que parece diseñada para exprimir al turista japonés de turno, no comprar sus productos de mercadotecnia y dejar un par de mensajes en las redes sociales tendrían que ser más que suficiente para que un club se enterase de que su masa social, la real, la de su barrio, la de su ciudad, la de su comarca, no está de su lado.

Lo que antes era una falta evidente, ahora genera un debate infinito y sin anclas objetivables debido a que más de una decena de cámaras desde el mismo número de tomas y ángulos y en diferentes velocidades distorsionaron conceptos que años atrás teníamos claros. Lejos de empezar a dirimir jugadas indiscutibles como el fuera de juego o el superar la línea de gol (tecnologías que llevan implantadas en otros deportes hace más de una década), se comenzó a grabar programas que, […] filmaban elementos a la larga excesivamente periféricos del fútbol.

En el Camp Nou pude ver, para mi profunda vergüenza como aficionado, al blaugrana Luis Suárez dirigirse a una cámara a una distancia considerable para protestar y verbalizar una polémica. En directo, sobre el campo. Pasando del juego. Desentendiéndose del mismo. La guinda de un pastel del todo indigesto, el calciatore como actor consagrado que ahora divide sus esfuerzos entre el balón y las cámaras. Artistas del balcón que a horas del partido se centran en actualizar sus redes sociales, en peronalizar su peinado, en milimetrar su afeitado, incluso a llevar a su estilista a todos los desplazamientos… y es que hoy es imprescindible salir guapo.

Tanto Guardiola como Mourinho (así como algún otro técnico como Ancelotti o ahora Zidane, Blanc o Conte…) son entrenadores de escenario principal. Mainstream. No es por poner ejemplos específicos, pero otros jefes de vestuario como Pellegrini se han batido el cobre en equipos de segunda fila hasta llegar hasta su actual situación. Demostrando su valía, además, con escuadras con límites económicos definidos.

Primer Aguirre que recuperó el status lógico del club [Atlético de Madrid] en la Liga española; luego Quique Sánchez Flores, con el que llegaron las primeras preseas continentales; para dar a parar con la magia y el alma de Diego Pablo Simeone. Técnicos que en mayor o menor medida cumplen con el mismo patrón de premisas: compromiso, rigor táctico, una profunda labor de scouting, solidaridad, honestidad. Valores, en definitiva, alejados de las variables más puramente técnicas como posesión de balón (aberración moderna a la vista). Aunque no las deshecha, como trabajar con las líneas muy juntas o un balance defensivo absolutamente histórico, de manual. No es por redundar en la crítica al fútbol moderno, pero la pérdida de valores básicos, especialmente los que humanizan al deporte, hacen que una plantilla carezca por completo de su pilar más básico.

Guardiola es un entrenador de Harvard, de universidad privada e internado en Suiza. Listo para conquistar el mundo desde el consejo de administración de cualquier empresa que maneja billones como quién cuenta lentejas. Simeone es ese alumno de instituto de barrio y universidad pública que ha vivido bien gracias a las becas que llegaban fruto del talento. El currículo tampoco es comparable. Uno factura millones para una gran empresa, otro es un doctor de hospital que mejora la vida de sus pacientes.

Decía José María Martín ‘Petón’ en el postpartido de la eliminatoria de Champions en la que Simeone le ganaba la partida definitiva a Guardiola, que el catalán no quería bajo ningún concepto caer contra el técnico argentino. “No le importaría caer contra Zidane, porque es de su misma clase. El Cholo es la clase baja del fútbol, y eso le duele”. No podía ser más certero Petón en su análisis. Guardiola es de esa alta alcurnia emanada de la Masía que ha creado nuevas clases en el fútbol mundial. Ya no es una cuestión de buenos y malos en la película. Es una cuestión de clases. Y por eso no es una cuestión de Pep y Mou. Es cosa del Cholo y Pep.

La posesión de balón, la piedra angular de esta nueva ideología. El toque de balón por encima de todo. La muerte de la verticalidad, la consecuencia inmediata. Esta forma de ejecutar el fútbol rompía con su formato clásico de tomar el balón e intentarlo llevar a la portería contraria. Ahora, se implementaba el concepto de defensa activa, el catenaccio dos-punto-cero. La única forma de no encajar gol es teniendo la pelota el cien por cien del tiempo. Y fruto de acaparar el esférico la mayor parte del tiempo, los goles acabarán depositándose en la red contraria. Como cualquier forma de obtener la victoria en fútbol, ésta goza de la misma legitimidad que el contra ataque, el autobús, el balón largo… Pero aquí es donde radica la principal iferencia: Este fútbol se considera a través de criterios falsamente objetivos mejor que el resto. Y para obtener una victoria digna contra mí, has de emplear las mismas técnicas que yo. De no ser así, tu victoria queda desprestigiada. Esta ha sido la técnica comunicativa de Guardiola.

Hace poco tras una derrota ante el Espanyol, Fran Escribá declaró: “Hemos merecido más, hemos ofrecido más fútbol y juego”. Hoy, con el técnico destituido y con el conjunto en descenso a falta de dos jornadas, habría que consultar al soberano getafense que hubiera aceptado de mejor grado, si los puntos que le permitieran seguir obrando su pequeño milagro en el fútbol español o ese concepto aleatorio y abstracto. (N. del A: e Getafe está hoy en Segunda división luchando por no bajar a Segunda B).

Jean-Marc Bosman se retiró como futbolista al final de aquella temporada en el más que modesto CS Visé, hoy equipo militante de la tercera división belga. Después de este affaire que cambiaría el fútbol para siempre, sufrió el vacío del fútbol profesional. De hecho, su vida profesional quedó absolutamente truncada a todos los niveles. Su nivel de exposición fue tal que ni las asociaciones de jugadores que tanto se han beneficiado de estas medidas le respaldaron en ningún momento. Hasta tal punto ha sido su caída a los infiernos que en 2013 entró en prisión condenado por agredir a su novia en un bucle de deudas y alcoholismo que dieron con sus huesos en la cárcel.

El Internazionale, como su nombre indica, fue una escisión del AC Milan producida porque éste no aceptaba extranjeros en el club.

De una manera o de otra, el esférico pasó a un segundo plano. La simple suma de premios individuales se presuponían más que necesarios para perpetuar uno logros deportivos que, en el fondo, son el sustento de toda estrategia comercial. No hay equipo que no afiance su fama en base a victorias y a los éxitos dentro de las canchas.

“Cuando yo perdía un partido iba a los vestuarios y golpeaba todo por la frustración. Hoy, cuando los jugadores pierden un encuentro, se hacen un selfie y lo suben a redes sociales. Me dan asco”. Gennaro Ivan Gatusso.

¿Se está elevando a las redes sociales al nivel de medio de comunicación citándolo como fuente, como quien cita una entrevista en otro medio?

Ya no hace falta pagar un anuncio carísimo en la televisión en prime time y a un futbolista para rodar el anuncio. Ahora con pedirle que coloque un enlace a sus millones de seguidores en Twitter o Instagram es suficiente. Más activo, con una retroalimentación más evidente, mensurable y palpable, más inmediato y con amplias posibilidades de diversificación y segmentación. Hecho que, a la vez, ha alimentado a los gigantes mediáticos del fútbol moderno.

El futbolista pierde su foco de atención básico, el que le da de comer, para centrarse en ese aspecto totalmente extradeportivo, basado única y exclusivamente en la gloria personal, en la alimentación megalómana del ego, en la superficialidad de lo efímero. La muerte del colectivo. Esa llegada al vestuario y, antes de abrazarse con los compañeros, los jugadores toman el teléfono y ponen mensajes a sus seguidores, que no a los aficionados del club.

Afortunadamente para los amantes del concepto más tradicional del fútbol, no hemos llegado a los estándares de deportes como el fútbol americano. Donde en prime time, en plena celebración post partido, el trofeo Vince Lombardi, ese que se le otorga al campeón, se le entrega directamente en las manos al propietario de la franquicia. Somos capitalistas y estamos orgullosos de ello. De sus manos a las del entrenador y de éstas a la del quarterback. Las jerarquías bien claras, la capitanía como concepto no es más que un referente moral, con todo lo que eso significa en un entorno neoliberal.

No hay magnate que no llegue con prisas y no tarde mucho en fracasar estrepitosamente.

El Athletic Club de Bilbao […] un equipo que, al contrario de lo que el ideario popular suele pensar, no juega solo con vascos por un tema nacionalista, sino porque una cantera real se ha de nutrir de los chavales del entorno.

Ver el orden táctico, la efectividad, el compromiso y las ganas de jugar al fútbol del Leicester me hacen volver a creer en este deporte. El fútbol no está muerto. Simplemente nos lo han robado. Lo han secuestrado. Unos pocos quieres forrarse a costa de esos millones de aficionados que desde hace más de un siglo han hecho que este deporte sea el más importante de la historia de la humanidad. Porque el fútbol es, ha sido y seguirá siendo de los aficionados. Sin ellos todo este invento no vale absolutamente nada.

Anuncios

Un comentario el “Contra el fútbol moderno

  1. Pingback: Apuntes sobre fútbol | Primero lo primero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s