La esclavitud de la voluntad


Martín Lutero

La esclavitud de la voluntad

La esclavitud de la voluntad


Martín Lutero responde a Erasmo de Rotterdam : La salvación es por gracia y no como resultado de la puesta en práctica del libre albedrío por parte del hombre. Calificación de 9. Del Reading Challenge, reto 23, un libro de más de 100 años, publicado por primera vez en 1525.

Nadie cuenta con la habilidad de volverse a Dios. Él tiene que primero mostrarse a ellos. ¡Si fuera posible descubrir la verdad por medio del “libre albedrío”, seguramente un judío en alguna parte lo hubiera hecho! Los razonamientos más elevados de los gentiles y los esfuerzos más poderosos de los mejores judíos no los acercó en lo más mínimo a la fe en Cristo (Rom. 1:21; 2:23, 28-29). Eran pecadores condenados junto con todos los demás. Si todos los hombres tienen un “libre albedrío” y todos los hombres son culpables y condenados, entonces este supuesto “libre albedrío” es impotente para acercarlos a Cristo por la fe. Así que, después de todo, su albedrío no es gratis.

Se puede asustar a la gente para que observe las ceremonias, pero ningún poder humano la puede forzar a guardar la Ley Moral [Los Diez Mandamientos].

La Ley no fue dada para mostrar a los hombres lo que pueden hacer, sino para corregir sus ideas de lo que es bueno y lo que es malo para Dios. El “libre albedrío” es ciego, porque necesita ser enseñado por la Ley. Es también impotente, porque no justifica a nadie ante los ojos de Dios.

El propósito de de Ley es mostrar qué es el pecado y a dónde lleva: a la muerte, al infierno y a la ira de Dios. La Ley sólo puede destacar estas cosas. No puede librarnos de ellas. ¡La liberación viene únicamente por medio de Jesucristo, que nos es revelado en el evangelio! Ni la razón ni el “libre albedrío” pueden guiar a los hombres a Cristo, porque la razón y el “libre albedrío” en sí necesitan la luz de la Ley para mostrarles su propio mal.

Aun los que creen en el “libre albedrío” tienen que coincidir conmigo que no pueden glorificar a Dios por sus propios medios. Aun con su “libre albedrío” dudan si agradan o no a Dios. Por lo tanto, doy prueba, por el testimonio de sus propias conciencias, que el “libre albedrío” no agrada a Dios.

No existe ningún mérito humano para Dios, ni grande ni pequeño. Nadie merece ser salvo. Nadie puede trabajar para ser salvo.

Nadie niega que las obras malas no son aceptables a Dios. Eso es obvio. El argumento es que ni siquiera las buenas obras nos hacen aceptables a Dios. Merecen su ira, no su favor.

Los que llegan a conocer a Cristo no pensaron anteriormente en Él, no lo buscaron ni se prepararon para él.

Quisiera que mis opositores cayeran en la cuenta que cuando argumentan a favor del “libre albedrío”, niegan a Cristo. Si podemos obtener gracia por el “libre albedrío” no necesitamos a Cristo. Y si tenemos a Cristo, no necesitamos “libre albedrío”. Los partidarios del “libre albedrío” prueban su negación de Cristo por sus acciones porque algunos de ellos hasta recurren a la intercesión de María y de los “santos” y no confían en Cristo como el único mediador entre el hombre y Dios. Todos abandonan a Cristo y su obra como Mediador y como el Salvador más bondadoso, y consideran los méritos de Cristo de menos valor que sus propios esfuerzos.

Toda la Escritura proclama que Cristo es el único camino de salvación. Cualquiera que se encuentra fuera de Cristo está bajo el poder de Satanás, el pecado, la muerte y la ira de Dios. Sólo Cristo puede rescatar a los hombres del reino de Satanás. ¡No somos librados por ningún poder dentro de nosotros mismos, sino únicamente por la Gracia de Dios!

La naturaleza humana es tan mala, aun en quienes tienen en ellos el Espíritu de Dios, que no sólo fracasan en hacer lo bueno, sino que luchan contra ello.

Si mi salvación dependiera de mí, no tendría la capacidad de enfrentarme con los peligros, las dificultades y los diablos contra los que tengo que luchar. Pero aun si no hubiera enemigo que enfrentar, nunca podría estar seguro del éxito. Nunca estaría seguro de haber agradado a Dios o de que había algo más que necesitaba hacer.

Pero mi salvación está en las manos de Dios y no en las mías. Él será fiel a su promesa de salvarme, no sobre la base de lo que yo hago sino según su gran misericordia. Dios no miente, no dejará que mi enemigo el diablo me arrebate de sus manos. Por el “libre albedrío” nadie puede ser salvo. Pero por la gracia gratuita, mucho serán salvos. No sólo eso, sino que estoy contento de saber que como cristiano, agrado a Dios, no por lo que hago sino por su gracia. Si trabajo demasiado poco o demasiado mal, él por su gracia me perdona y me hace mejor. Esta es la gloria de todos los cristianos.

Si uno usa la razón humana para considerar la manera como Dios gobierna los asuntos del mundo, se ve forzado a decir que no hay Dios o que Dios es injusto. Los malos prosperan y los buenos sufren (vea Job 12:6; Salmo 73:12), y eso parece ser injusto. Muchos niegan la existencia de Dios y dicen que todo sucede por casualidad.

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