Orgullo y prejuicio


Jane Austen

Orgullo y prejuicio

Orgullo y prejuicio


Novela que describe la manera en que se establecían los matrimonios en el siglo antepasado, basados principalmente en la conveniencia de la$ pareja$. Aunque a veces, como en el caso de los protagonistas, también se incluía el amor. Calificación de 8. Del Reading Challenge, reto 2, un romance clásico.

Lacónico: Breve, exacto, conciso.
Alacridad: Animación, vivacidad, ligereza, presteza, prontitud, rapidez.
Soto: Sitio poblado de árboles, arbustos, matas y malezas.
Indelicadeza: Falta de delicadeza o cortesía.
Faetón: Carruaje descubierto, de cuatro ruedas, alto y ligero.
Paripé: Simulación, fingimiento.
Azorar: Sobresaltar, inquietar.
Panegírico: Discurso en alabanza de una persona.
Posta: Conjunto de caballerías que estaban preparadas o apostadas en los caminos a determinadas distancias para que pudiesen cambiarlas los correos, las diligencias.
Librea: Uniforme de gala que usan algunos empleados para desempeñar su oficio o profesión.

Catherine y Lydia habían tenido la suerte de no quedarse nunca sin pareja, que, como les habían enseñado, era de lo único que debían preocuparse en los bailes.

El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros.

Si una mujer está interesada por un hombre y no trata de ocultarlo, él tendrá que acabar por descubrirlo.

El que una pareja crea que son iguales o se conozcan bien de antemano, no les va a traer la felicidad en absoluto. Las diferencias se van acentuando cada vez más hasta hacerse insoportables; siempre es mejor saber lo menos posible de la persona con la que vas a compartir tu vida.

No me importa caminar. No hay distancias cuando se tiene un motivo.

Los tópicos más comunes, más triviales y más manidos, pueden resultar interesantes si se dicen con destreza.

–A lo mejor lo encuentras encantador. –¡No lo quiera Dios! Ésa sería la mayor de todas las desgracias. ¡Encontrar encantador a un hombre que debe ser odiado! No me desees tanto mal.

La resignación nunca es tan perfecta como cuando la dicha negada comienza a perder en nuestra estimación algo de valor.

A pesar de que Charlotte no tenía una gran opinión de los hombres ni del matrimonio, siempre lo había ambicionado porque era la única colocación honrosa para una joven bien educada y de fortuna escasa, y, aunque no se pudiese asegurar que fuese una fuente de felicidad, siempre sería el más grato recurso contra la necesidad.

Si sospechase que Charlotte siente algún interés por el señor Collins, tendría peor opinión de su inteligencia de la que ahora tengo de su corazón.

No debes trastocar el significado de principio y de integridad, ni intentar convencerte a ti misma o a mí, de que el egoísmo es prudencia o de que la insensibilidad ante el peligro es un seguro de felicidad.

A menudo lo que nos engaña es únicamente nuestra propia vanidad. Las mujeres nos creemos que la admiración significa más de lo que es en realidad.

Los hombres guapos deben tener algo de qué vivir, al igual que los feos.

Las hijas nunca son tan necesarias para los padres como para las madres.

Se puede estar hablando mal continuamente de alguien sin decir nada justo; pero no es posible estar siempre riéndose de una persona sin dar alguna vez en el clavo.

Un acontecimiento anhelado con impaciencia no podía, al realizarse, traerle toda la satisfacción que era de esperar. Era preciso, por lo tanto, abrir otro período para el comienzo de su felicidad, señalar otra meta para la consecución de sus deseos y de sus esperanzas, que alegrándola con otro placer anticipado, la consolase de lo presente y la preparase para otro desengaño.

Debe ser un amo muy generoso y eso, a los ojos de un criado, equivale a todas las virtudes.

Nunca sintió tan sinceramente como en aquel momento que podía haberle amado, cuando ya todo amor era imposible.

Aaunque bien está prepararse para lo peor, tampoco debe darse por seguro.

La pérdida de la virtud en la mujer es irreparable; un solo paso en falso lleva en sí la ruina final; su reputación no es menos frágil que su belleza, y nunca será lo bastante cautelosa en su comportamiento hacia las indignidades del otro sexo.

Puede que sus intenciones fueran buenas; pero en desgracias como ésta se debe rehuir de los vecinos. No pueden ayudarnos y su condolencia es ofensiva. ¡Que se complazcan criticándonos a distancia!

No hay nada peor que separarse de las personas queridas. ¡Se queda una tan desamparada sin ellas!

Su mente estaba tan ocupada que a veces no se daba cuenta de su silencio.

Si no se dirige hacia mí –se decía– me daré por vencida.

No hay un solo hombre que no se rebelase contra la debilidad que supondría una segunda declaración a la misma mujer. No hay indignidad mayor para ellos.

A todos nos gusta dar lecciones, pero sólo enseñamos lo que no merece la pena saber.

¿Para qué vivimos si no es para entretener a nuestros vecinos y reírnos nosotros de ellos a la vez?

Ha de aprender mi filosofía. Del pasado no tiene usted que recordar más que lo placentero.

Déjame advertirte que lo pienses mejor. Conozco tu carácter, Lizzy. Sé que nunca podrás ser feliz ni prudente si no aprecias verdaderamente a tu marido, si no le consideras como a un superior. La viveza de tu talento te pondría en el más grave de los peligros si hicieras un matrimonio desigual. Difícilmente podrías salvarte del descrédito y la catástrofe. Hija mía, no me des el disgusto de verte incapaz de respetar al compañero de tu vida. No sabes lo que es eso.

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