El gran divorcio


C.S. Lewis

Una visita imaginaria al cielo, donde el autor se encuentra a un artista, una esposa controladora, una madre posesiva, un pecador, un amante chantajeador y todos ellos quieren encontrar la diferencia entre el cielo y el infierno, pues aún algunos prefieren continuar con su vida “normal”. La opción sigue abierta: cielo o infierno. Calificación de 8.
El gran divorcio

El gran divorcio

No se puede llevar todo el equipaje en cada viaje; hay un viaje en el cual puede ser imprescindible dejar atrás hasta la mano derecha y el ojo derecho.

Si insistimos en conservar el infierno (e incluso la tierra), no veremos el cielo; si aceptamos el cielo, no podremos conservar ni el menor ni el más íntimo recuerdo del infierno.

El capitalismo, además de esclavizar a sus trabajadores, les rebajaba el gusto y les vulgarizaba el intelecto.

La escasez es lo que permite existir a las sociedades.

El asesinato del viejo Jack no fue lo peor que hice. Fue asunto de un instante y estaba medio loco cuando lo hice. Pero te asesiné a ti, en el corazón, adrede, durante años. Solía quedarme despierto, por las noches, pensando en lo que te haría si tenía oportunidad. Por eso me enviaron ahora contigo: para que te pidiera perdón y fuera tu servidor mientras necesites o quieras tener uno. Yo era el peor.

—¿Acaso no cree usted que hay pecados de la inteligencia?
—Por cierto que sí, Dick. Hay los prejuicios más cerrados, la deshonestidad intelectual, la pusilanimidad, el inmovilismo. Pero las opiniones honestas, que se siguen sin miedo… no son pecado.

Si uno se deja a la deriva, si no resiste, si no reza, si acepta cualquier demanda semiconsciente de sus deseos, se llega a un punto en que ya no se cree en la Fe. Del mismo modo, un hombre celoso, a la deriva y sin fuerzas para resistir, puede llegar a un punto en que cree cualquier mentira sobre su mejor amigo; también el ebrio llega a un punto en el cual cree (de momento) que otro vaso no le hará daño. Esas creencias son sinceras en el sentido que efectivamente ocurren como sucesos psicológicos en la mente. Si eso me quiere usted significar con sinceridad, son sinceras, y lo eran las nuestras. Pero los errores, sinceros en ese sentido, no son inocentes.

No le puedo prometer nada de eso. Ninguna esfera de utilidad; allí no le necesitan para nada. Ni el menor alcance para sus talentos; sólo el perdón por haberlos pervertido. Ningún ambiente propicio para la crítica: le llevo a la tierra de las respuestas, no de las preguntas. Y verá el rostro de Dios.

La gente siempre olvida que Jesús —en este momento el fantasma se inclinó— era un hombre relativamente joven cuando murió. Habría superado alguno de sus iniciales puntos de vista, sabrás, si hubiera vivido más. Y lo mismo habría hecho con un poco más de tacto y paciencia. Le voy a preguntar a mi público cuáles habrían sido sus ideas maduras. Una pregunta del más profundo interés. ¡Qué cristianismo diferente habríamos tenido si sólo su fundador hubiera alcanzado toda su estatura!

¿No recuerdas que en la tierra había cosas demasiado calientes para tocarlas con los dedos, pero que se podía beber sin problemas? La vergüenza es como eso. Si la aceptas, si te bebes la copa de un trago, la hallarás muy nutritiva. Pero te quemará si tratas de hacer cualquier otra cosa con ella.

El cielo, una vez que se lo ha obtenido, trabaja hacia atrás y convierte en gloria cada sufrimiento. Y dicen de un placer pecaminoso: “déjenme gozar de esto y me haré cargo de las consecuencias”. No se imaginan cómo se esparcirá la condenación por su pasado y cómo les contaminará el placer del pecado. Ambos procesos empiezan antes de la muerte. El pasado del hombre bueno empieza a cambiar y sus pecados perdonados y sus penas recordadas adquieren cualidad de cielo. El pasado del hombre malo se configura según su maldad y sólo se llena de melancolía. Por esto, al fin de los tiempos, cuando el sol se alce aquí, y allá el crepúsculo se vuelva negra oscuridad, los benditos dirán “siempre hemos vivido en el cielo” y los perdidos, “siempre estuvimos en el infierno”. Y ambos dirán la verdad.

La opción de cada alma perdida se puede expresar con las palabras “mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”. Siempre hay algo que quieren mantener, aun al precio del dolor. Hay siempre algo que prefieren antes que la alegría, es decir, antes que la realidad. Es comprensible que un niño mal educado eche de menos sus juegos y su comida preferida; y que entonces sea incapaz de arrepentirse y ser amistoso. A esto se lo llama caprichos.

El sensualista empieza persiguiendo un placer verdadero, aunque pequeño. Su pecado es menor. Pero llega un tiempo en el cual, si bien el placer disminuye y aumenta el deseo, y si bien sabe que el gozo nunca llegará de ese modo, prefiere disfrutar la mera caricia del placer implacable y se niega a aceptar que se lo quiten. Lucha hasta morir para mantenerlo. Le habría gustado rascarse; pero incluso cuando ya no puede rascarse le importa más la picazón que suprimirla.

Ya ha habido hombres tan interesados en probar la existencia de Dios que terminan sin que Dios mismo les importe nada…, como si el buen Dios no tuviera otra cosa que hacer que existir… Hubo más de alguien tan interesado en la expansión del cristianismo que nunca pensó en Cristo. ¡Hombre! Lo puedes ver en los detalles.

Sólo hay dos tipos de personas: los que dicen a Dios “hágase tu voluntad” y aquellos a quienes Dios dirá, al fin, “hágase tu voluntad”. Todos los que están en el infierno lo han elegido. Sin esta opción personal no habría infierno. Nadie que desee continua y seriamente la alegría se va a equivocar. Los que buscan, encuentran. A quienes golpean la puerta, se les abre.

El asunto es si está quejumbrosa o si sólo es una quejumbrosa. Si hay una mujer verdadera —aunque sea un rasgo ínfimo de una— dentro de tanta queja, se la puede traer de nuevo a la vida. Si quedan brasas bajo tanta ceniza, las soplaremos hasta que el conjunto quede rojo y brille. Pero si sólo quedan cenizas, no seguiremos soplándolas para que nos den en los ojos para siempre. Habrá entonces que barrerlas.

Este curioso deseo de describir el infierno resultó, sin embargo, sólo el modo más suave de un deseo muy común entre los fantasmas, el de extender el infierno, de encarnarlo —si eso fuera posible— en el cielo.

Todo poeta y músico y artista, a menos que actúe la gracia, se aparta del amor de la cosa de que habla y se aproxima al amor del hablar mismo, hasta que, en lo profundo del infierno, ya no puede interesarse en Dios sino en lo que dice sobre El. Porque, como usted sabe, no se detienen en el interés en la pintura. Caen más bajo, se interesan en la propia personalidad y después en nada más que en su propia fama.

—Lo perdono como cristiana —dijo la fantasma—. Pero hay ciertas cosas que una no puede olvidar.

Estás tratando a Dios como si sólo fuera un medio para llegar a Michael. Pero el tratamiento de solidificación consiste en aprender a querer a Dios por Sí Mismo.

Los seres humanos no pueden hacerse felices mutuamente demasiado tiempo.

Eso es lo que todos descubrimos cuando llegamos a este país. ¡Todos nos hemos equivocado! Esa es la gran broma. ¡No hace falta ir por allí pretendiendo que se tiene la razón! Y después empezamos a vivir.

Sólo hay un único bien: Dios. Todo lo demás es bueno cuando lo mira a El y malo cuando se aparta de El. Y mientras más alto y poderoso sea en el orden natural, más demoníaco será si se rebela. Los demonios no se hacen a partir de ratones malos ni a partir de malas moscas; se hacen a partir de arcángeles. La religión falsa del placer es más baja que la religión falsa del amor maternal o del patriotismo o del arte; pero es menos probable que el placer se transforme en religión.

Es muy posible que en este instante esté exigiendo que la dejen con su hijo en el infierno. Esa clase de persona a veces está muy dispuesta a precipitar en la desgracia a quien dice amar con tal de seguir poseyéndola de algún modo.

Por todo lo malo que hice, y por todo lo bueno que no hice desde la primera vez que nos conocimos. Te pido perdón.

La acción de la piedad vivirá para siempre; pero no la pasión de la piedad. La pasión de la piedad, la piedad que sólo sufrimos, el dolor que lleva a que los hombres concedan lo que no deben conceder y a que adulen o halaguen cuando deben manifestar la verdad, la piedad que ha engañado a tantas mujeres que perdieron la virginidad, que ha privado a tanto estadista de su honradez…, eso debe morir. La utilizan hombres malos contra los buenos: esa arma será quebrada.

Toda enfermedad que se somete a la cura será curada; pero no llamaremos azul a lo amarillo para agradar a los que siguen con hepatitis, ni convertiremos en basural el jardín del mundo para complacer a los que no soportan el aroma de las rosas.

El mal no puede tener éxito en ser malo como el bien es bueno.

La elección de los caminos está ante ti. Ninguno está cerrado. Todo hombre puede escoger la muerte eterna. Los que la escojan la tendrán.

Anuncios

2 comentarios el “El gran divorcio

  1. estos son fragmentos?.. maravilloso.. quiero leer este libro ahora ya!.

    tengo una pregunta.. cs lewis.. tiene una frase, yo realmente no la entiendo.. la traduje del ingles, pero no le encuentro el sentido.. esta es…

    “Una religión moderada es tan buena para nosotros como ninguna religión en absoluto- y más divertido.”

    eso,..

    gracias 🙂

  2. Hola Manuel, sí, debes leerlo!

    Respecto a la frase, pienso que Lewis hace referencia a que “seguir una religión” conforme a lo que uno piensa/siente, al mismo tiempo que se tiene una buena conciencia, se deja la oportunidad de tener una vida holgada… para hacerla divertida. Es decir, no se acepta el compromiso que significa seguir los principios que una religión desafía. Aplicamos aquello de ser tibios. Creo…

    Saludos y gracias por comentar!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s