Mario Benedetti.
| De nuevo el exilio como eje principal de la novela, ahora visto desde la perspectiva de una familia que lo sufre en carne propia, cada integrante lo vive de manera distinta: el marido en exilio encarcelado en un país, el resto de la familia en exilio libre, pero en otro país, el padre avejentado, la esposa confundida, la hija con dudas, el amigo confundido… y Benedetti como un protagonista más. Calificación de 9. |
 Primavera con una esquina rota. |
La gente no comprende ese tipo de nostalgia. Creen que la nostalgia sólo tiene que ver con cielos y árboles y mujeres. A lo sumo, con militancia política. La patria, en fin. Pero yo siempre tuve nostalgias más grises, más opacas. Por ejemplo, ésa. El camino de vuelta a casa. Una tranquilidad un sosiego, saber qué viene después de cada esquina, de cada farol, de cada quiosco.
Pero también me provoca un poco de nostalgia aquella edad lejana en que el máximo miedo era provocado por manchas fantasmales que uno mismo creaba. Los motivos adultos, o quizás las excusas adultas de los miedos que vienen después, no son fantasmales, sino insoportablemente reales.
… hay corazonadas de la razón que el corazón no entiende.
Cuando uno soporta sufrimientos propios no tiene necesidad de adjusicarse dolores ajenos.
Porque si no pongo orden, todas tus imágenes se concentran en tu cuerpo, en vos y yo haciendo el amor. Y eso no siempre me hace bien. Pasa a ser una constancia dolorosa de tu ausencia. O de mi ausencia. Primero gozo angustiosa y mentalmente. Disfruto en el vacío. Luego me deprimo. Y el bajón me dura horas. De manera que cuando te digo que también en este campo tuve que poner orden, quiero decir que he decidido incorporar otros recuerdos que te (y me) atañen y que son tan decisivos y valiosos como las noches de nuestros cuerpos.
Como quisiera cerrar los ojos y empezar de nuevo y abrirlos después con la tardía lucidez que traen los años pero con la vitalidad que ya no tengo. Dios da pan al que no tiene dientes, pero antes, mucho antes, le dió hambruna al que los tenía. Linda trampa la de Dios. Después de todo, los refranes populares son algo así como un currículum divino. Se armó la de Dios es Cristo: virulencia y furia. Dios los cría y ellos se juntan: conspiración y acoso. Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César: repartija y prorrateo. Como Dios manda: prepotencia e imperio. Dios pasó de largo: indiferencia y menosprecio. A Dios rogando y con el mazo dando: parapoliciales, paramilitares, escuadrones de la muerte, etc. Cuando Dios quiera: poder omnímodo. Dios nos libre y nos guarde: neoclonialismo. Dios castiga sin palo ni piedra: tortura subliminal. Vaya con Dios: malas compañías.
Cuando uno tiene que estar irremediablemente fijo, es impresionante la movilidad mental que es posible adquirir. Se puede ampliar el presente tanto como se quiera o lanzarse vertiginosamente hacia el futuro, o dar marcha atrás que es lo más peligroso porque ahí están los recuerdos, los buenos, los regulares y los execrables. Ahí está el amor, o sea estás vos, y las grandes lealtades y también las grandes traiciones. Ahí está lo que uno pudo hacer y no hizo, y también lo que pudo no hacer y sí hizo. La encrucijada en la que el camino elegido fue el erróneo. Y ahí empieza la película, es decir, cómo habría sido la historia si se hubiera tomado el otro rumbo, aquel que entonces se descartó. Generalmente, después de varios rollos uno suspende la proyección y piensa que el camino elegido no fue tan equivocado y que acaso en igual encrucijada, hoy la elección sería la misma. Con variantes, claro. Con menos ingenuidad, por supuesto. Con más alertas, por las dudas. Pero eso sí, manteniendo el rumbo primordial. [...] En los últimos y penúltimos tiempos antes de la obligada internación, todo sucedió tan atropelladamente en medio de tantas tensiones, rodeado por tantas implacables urgencias, por tantas decisiones a tomar, que no había tiempo ni ánimo para la reflexión, para pensar y repensar sobre nuestros pasos, para ver claro en nosotros mismos. Ahora sí hay tiempo, demasiado tiempo, demasiados insomnios, demasiadas noches con las mismas pesadillas y las mismas sombras. Y la tendencia natural, y también la más facilonga, es preguntarse para qué me sirve el tiempo ahora, para qué esta meditación tardía, atrasada, anacrónica, inútil. Y sin embargo sirve. La única ventaja de este tiempo baldío es la posibilidad de madurar, de ir conociendo los propios límites, las propias debilidades y fortalezas, de ir acercándose a la verdad sobre uno mismo, y no hacerse ilusiones acerca de los objetivos que uno nunca podría lograr, y en cambio aprontar el ánimo, preparar la actitud, entrenar la paciencia, para conseguir lo que algún día sí puede estar al alcance.
Los odios vivifican y estimulan sólo si es unno quien los gobierna; destruyen y desajustan cuando son ellos los que nos dominan.
… uno no sabe quién es realmente, cuán incinerable o incombustible es, hasta que no pasa por alguna hoguera.
El trago es más amargo si pensamos que morir de exilio es la señal de que no sólo a Luis, sino a todos, nos han quitado transitoriamente ese supremo derecho a abandonar el tren en la estación donde el viaje empezara. Nos han quitado nuestra muerte doméstica, sencillamente nuestra, es amuerte que dsabe de qué lado dormimos, de qué sueños se nutren las vigilias.
… la verdad es que últimamente el mundo no es una fiesta.
Uno está siempre demasiado atento a su propio ombligo; le parece que los problemas propios son los únicos importantes. No siempre se da cuenta de que los demás también tienen los suyos.
Los padres vienen de regalo, nadie los elige. La mujer y los hijos se adquieren por un acto de voluntad. Por una decisión propia.
La hipocresía es un vicio, pero no estoy tan convencido de que la franqueza sea siempre una virtud.
A veces una buena relación de enclaustramiento o reclusión, una relación que puede convertirse en amistad para siempre, se construye mejor con los silencios oportunos que con las confidencias intempestuvas, Hay gente incluso que se considera tan obligada a intercambiar peripecias autobiográficas que hasta las inventa. Y no siempre se trata de mitómanos o mentirosos, que también los hay; a veces se inventa un episodio como una deferencia, como una cortesía hacia el compañero, creyendo que con eso se le entretiene, o se le hace olvidar su desamparo, o se le extrae de un pozo de angustia, o con ello se le provocan nostalgias y se le enciende la memoria, y hasta se le contagia el virus del recuerdo-ficción.
Todo preso político debe agradecre a sus carceleros que le confirmen, en los hechos y sobre su persona, la validez de sus convicciones, la razón de sus pasos. Nunca un hombre está más seguro de lo que hace, que cuando un dolor prolongado no logra quitarle el aliento y derrotarlo.
Hay multitud de temas que sólo puedo hablar con ellos [los compatriotas], quiero decir hablarlos con plenitud, con conocimiento de causa, aunque no siempre con conocimiento de efectos.
… la dictadura decidió abrir, no una puerta, sino una rendija, y una rendija tan pequeña que sólo pudiera entrar en ella una sola sílaba, y entonces la gente vio aquella hendedura y, sin pensarlo dos veces, colocó allí la sílaba NO. Es probable que mañana den un portazo, cierren otra vez la fortaleza que habían creído inexpugnable, pero ya será tarde, la rotunda sílaba habrá quedado dentro, les será imposible deshacerse de ella. En esta época de bombas neutrónicas y ojivas nucleares, es increíble cuánto puede hacer todavía una pobre sílaba negadora.
Los tangos son unas músicas tristes que se bailan cuando uno está alegre y así vuelve a ponerse triste.
Ahora, a tanta distancia, si quisera ser descarademente franco conmigo mismo, tal vez no sabría reconocer de qué me enamoré, o si realmente me enamoré alguna vez de esa mujer desmesuradamente mesurada. Me digo esto y de inmediato siento que soy injusto. Es claro que debo haberme enamorado. Sólo que no me acuerdo. Hablábamos entre nosotros bastante menos de lo que habla una pareja corriente. Sin embargo, esas pocas conversaciones no eran por cierto banales.
la primavera es como un espejo pero el mío tiene una esquina rota / era inevitable no iba a conservarse enterito después de este quinquenio más bien nutrido / pero aún con una esquina rota el espejo sirve la primavera sirve.
y después pasaba el miedo y parecía mentira el haberlo siquiera rozado / tan corajudo y estoico podía sentirme luego / y tanto me transfiguraba que hasta podía experimentar un cierto desdén por algún otro que tenía miedo y debía tragarse los aullidos / alguien que en algún momento siempre y cuando no aullara habría de sobrepasar ese instante de mierda y habría e sentirse tan corajudo y estoico que hasta podría experimentar cierto desdén por algún otro que en el cepo de su miedo tenía que tragarse los aullidos etcétera. las tristezas son como los gallos / canta una y enseguida las otras se inspiran / y sólo así uno se da cuenta de que la colección es enorme e incluso que uno tiene tristezas repetidas.
al final el dolor provoca más miedo que la muerte / incluso se puede avizorar la muerte como un definitivo analgésico.
Cuando los taxis hacen huelga los aviones no pueden aterrizar. Los taxis sin la parte más importante del aeropuerto.
Gracias por los comentarios.