Jesús, el hijo del hombre, Arena y Espuma

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Khalil Gibrán.

Arena y espuma, es una serie de citas, pensamientos, viñetas de Gibrán respecto a diversos temas, mientras que Jesús el Hijo del Hombre, es como una serie de entrevistas a personajes de diversa índole que conocieron o tuvieron algún contacto con el personaje central y que ante los micrófonos, ofrecen su punto de vista, en este caso respecto a Jesús. Una muy buena idea. Calificación de 9.0.
Jesús, el hijo del hombre

Jesús, el hijo del hombre

El olvido es una forma de libertad

No se puede llegar al alba, sino por el sendero de la noche.

Es extraño, pero el deseo de algunos placeres forma parte de mi dolor.

Cuando mi copa está vacía, me resigno a su vaciedad; pero cuando está a la mitad, me duele que no esté llena.

Si dijera el invierno: “La Primavera está en mi corazón”, ¿creerías al invierno?

Una vez le dije a un poeta: -No sabemos lo que vales, hasta que mueras. Y me contestó: -Sí; la muerte es la gran reveladora. Y si en verdad sabes lo que valgo cuando yo muera, es que habré tenido más poesía en mi corazón que en mi lengua, y más en mi deseo, que en la mano.

A menudo entonamos canciones de arrulo a nuestros hijos, para poder dormir nosotros.

El amor que no se renueva cada día, se vuelve un hábito y una esclavitud.

La generosidad no estriba en que me des lo que necesito más que tu, sino en que me des lo que tú necesitas más que yo.

A menudo pedimos prestado a nuestro mañana, para pagar la deuda de nuestros ayeres.

Los que te dan una serpiente cuando les pides un pescado, acaso no tengan más que serpientes. Por lo tanto, si esto te dan, es generosidad de parte de ellos.

Es posible que un hombre se suicide en defensa propia.

¡Qué mezquino soy cuando la vida me da oro, y te doy plata, y todavía me considero generoso!

Es extraño que todos defendamos nuestros errores con más ahínco que nuestros derechos.

El honor del asesinado estriba en no ser el asesino.

Acaso un funeral entre hombres sea una celebración de bodas entre ángeles.

Si; hay un nirvana; consiste en llevar tus ovejas a un verde pastizal, y en llevar a tu hijo a la cama, y en escribir la última línea de tu poema.

Elegimos nuestras alegrías y nuestras penas mucho antes de sentirlas.

Las tortugas pueden decirnos más acerca de los caminos que las liebres.

Puedes olvidar a aquel con quien has reído, pero nunca a aquel con quien has llorado.

Debe de haber algo extrañamente sagrado en la sal. Está en nuestras lágrimas y en el mar

Mi Reino no es de este mundo y mi trono no se erguirá sobre las calaveras de vuestros ancestros.

Yo también creí en la maravilla del vino que Jesús hizo, mas no me asombré, porque en su voz escuchaba muchos milagros y muchas maravillas. Y así me acompañó su voz, desde aquella vez hasta el nacimiento de mi primogénito.

La verdad es que ningún hombre ni mujer alguna cometerían un crimen solos. Todos los delitos y los crímenes son cometidos por todos los hombres juntos; mas aquel que paga la pena sólo quiebra un eslabón de la cadena que sujeta vuestros pies; tal vez paga con su aflicción el precio de vuestra alegría pasajera y efímera.

Y lo más abominable es que viene de Nazareth, la aldea que nuestros profetas han maldecido y la que se convirtió en muladar de las naciones y de cuya esencia nada bueno puede salir.

Jesús era un hábil carpintero. Las puertas que construyó ningún ladrón consiguió violar ni arrancar, y las ventanas que fabricó se abrían maravillosamente al soplo del viento de oeste a este. Los baúles los trabajaba en madera de cedro, y resultaban muy bruñidos y fuertes. Los arados y las estevas que él construía de madera de encina eran también resistentes y de dócil manejo en manos del labrador. Tallaba los facistoles de nuestras sinagogas en la dorada madera de morera, y sobre los dos lados donde se coloca la sagrada Torá, ponía dos alas extendidas, debajo de las cuales exhibía cabezas de toros, de palomas y de gacelas de grandes y bellos ojos.

En la construcción de mi casa han empleado muchas manos desde treinta años; buscaba yo los albañiles y los carpinteros de todos los pueblos de Galilea; cada uno de ellos tenía la habilidad de su arte; yo estaba contento con su trabajo; pero, mira estas dos puertas y aquellas ventanas, que son obra de Jesús el Nazareno; por su primor, esmero y sólida construcción, se burlan de cuanto tengo en mi casa. ¿No ves que estas dos puertas son distintas de todas las otras? ¿Y esta ventana abierta en dirección al este, no es distinta a todas las otras ventanas? Todas las puertas y ventanas de mi casa son accesibles a las leyes del tiempo, menos éstas que él ha fabricado; ellas permanecen firmes y sólidas ante los embates de los elementos. Mira estos travesaños, los ha colocado unos sobre otros, y estos clavos se han hundido en ellos, atravesándolos con toda maestría y meticulosidad, haciéndolos sólidos.

La Judea no quiere un monarca para avanzar contra las legiones de Roma. Yo no quiero serlo, porque las coronas de Sión se han hecho para las frentes chicas, y el anillo de .Salomón es pequeño para este dedo. Ved estas manos, ¿no las veis que son más fuertes para no llevar cetro y más poderosas para no esgrimir espada? No es mi deseo que el sirio se rebele contra el romano, pero vosotros sabréis, mediante mis palabras, despertar la ciudad dormida, y con lo que mi espíritu le hablará en su segunda alborada. Mis palabras formarán un ejército invisible, equipado de carros y caballos; sin picas ni lanzas derrotaré a los sacerdotes de Jerusalén y triunfaré sobre los Césares. No me sentaré en un trono sobre el cual se hayan sentado esclavos para juzgar a otros esclavos como ellos; no; y no es mi propósito sublevarme contra los hijos de Roma, empero seré una tormenta en su cielo y un canto en sus almas; y todos me recordarán y me llamarán Jesús el Ungido.

Estoy cansado de lo que dicen los débiles de corazón y de origen humilde; dicen eso para justificar la pequeñez de sus espíritus y su origen humilde; y, principalmente, cuando oigo hablar a los que caminan sobre las puntas de sus pies, esos que. buscan consuelo poniendo al Maestro entre los de su condición.

Jesús no era ni un sueño ni un pensamiento concebido por la fantasía de los poetas, sino un ser humano como tú y yo, en oído, en vista y en tacto; en lo demás era diferente a todos nosotros. De genio alegre, a través de la alegría conoció la tristeza de los hombres, y desde la más alta cima de su aflicción divisó la alegría de los hombres.

Sus apóstoles se dispersaron porque Él les vaticinó, antes de ser crucificado, que sufrirían mucho. Sus enemigos los cazaban como a gamos y los acosaban como a zorros del monte. Mas, el carcaj del cazador aún sigue lleno de dardos; y cuando eran cogidos por el enemigo y conducidos a la muerte, se alegraban mucho. Sus caras cobraban el esplendor y la frescura de las novias en el momento de sus bodas. También en su Testamento les legó la alegría.

Saúl era calvo y de corta estatura, sus hombros tenían una joroba y no había armonía en las líneas de su cuerpo. Yo no podía quererlo. Me dicen que hoy predica en nombre de Jesús desde las azoteas; mas es difícil de creer. El sepulcro no puede impedir el avance de Jesús sobre el campamento de sus enemigos, para dominar su brutalidad y rendir a sus jefes. Sea como fuere, yo no lo quiero a ese hombre de Tarso, no obstante los buenos informes que me dan sobre la transformación que se operó en él después de la muerte de Esteban. Dicen que se calmó su cólera y fue derrotado en su viaje a Damasco. Ese hombre no puede ser nunca un discípulo leal, porque su cabeza es más grande que su corazón.

Tenía siempre alta la frente. En sus ojos brillaba la luz del Señor. Era a menudo triste, pero su tristeza era un bálsamo para las heridas de los afligidos y desconsolados. Cuando sonreía, era la suya una sonrisa de los que tienen hambre de lo oculto; una sonrisa como polvo de estrellas sobre párpados de niños; era un pedazo de pan en la boca.

Todo lo que habéis oído es cierto. Las mujeres se presentarán, el día del juicio final, delante del trono de mi Padre y Señor, y se petrificarán con sus lágrimas, pero a vosotros se os juzgará y. se os condenará a las cadenas de vuestros propios juicios. Babel no ha sido destruida por el pecado de sus mujeres. Babel se redujo a cenizas para que los ojos de los hipócritas no vieran más en ella la luz del día.

Yo no detesto a los reyes, más bien quiero que gobiernen, pero a condición de que sean más sabios que los demás hombres.

He hablado de estos milagros que, en realidad, no me llaman tanto la atención como el gran Milagro que es el Hombre mismo; ese caminante que ha trocado en oro puro el óxido que había en mí, y que me enseñó cómo debo amar a los que me odian. Con ese hecho que hizo conmigo me trajo el consuelo y coronó mis noches con los más dulces sueños. Este es el milagro de mi vida. Yo era ciego y de errada conducta, y en mis profundidades había mucho de los espíritus inquietos; yo era un muerto. Mas hoy veo con claridad y camino rectamente, porque he recuperado mi salud. Hoy vivo para ver y proclamar los milagros de mi Ser en cada hora de cada día. Yo no soy de sus aliados; soy un viejo astrólogo que recorre el campo del espacio en cada Estación. Ya estoy en el ocaso de mi vida, mas toda vez que busco un amanecer busco en realidad la juventud de Jesús. La vida busca eternamente la juventud, pero la sabiduría busca en mí las visiones apocalípticas.

No me preocupa hoy lo que será de mí mañana, porque sé que Jesús reanimó mis sueños e hizo de ellos mis mejores camaradas y amigos del Camino.

Mas, vosotros los romanos os maravilláis sólo ante los dioses, y ningún hombre os causa admiración; por eso no podéis entender al Nazareno. Jesús se adueñó de la juventud del Pensamiento, y vosotros sólo poseéis la vejez del Pensamiento. Hoy nos gobernáis, pero esperemos un día más… ¡Quién sabe si este Hombre que no dirige ejércitos ni comanda centurias no gobierne el mundo mañana.

Sí; podía decirnos: “Volved a vuestros hogares, pues el mundo no está preparado para recibirme. Volveré dentro de mil años; entretanto, enseñad a vuestros hijos a saber esperar mi regreso”. Todo eso pudo habernos dicho si hubiese querido, pero sabía que para edificar el Templo invisible le era preciso colocarse Él mismo de Piedra Fundamental en sus cimientos, y luego ser nosotros las piedrezuelas del cemento reforzante.

Nació en este país, mas nosotros ya lo habíamos visto en los sueños de nuestros anhelos antes de venir a este mundo y desde el comienzo del tiempo. Es de todas las tribus y no pertenece a ninguna. Vencerá con su palabra de verdad y con el fuego de su espíritu.

Diles a tus hijos, a tus hermanos y nietos, que Judas Iscariote entregó a Jesús el Nazareno a sus enemigos porque creía que era enemigo de su pueblo. Diles asimismo que al cometer ese crimen ha seguido, en el mismo día, al rey de los judíos hasta las gradas de su trono, para ser juzgado por Él en el día del juicio final. Y a Él le diré que mi sangre tiene también sed de la Tierra y mi alma perversa busca la Libertad.

- Todos los posaderos deben sentirse honrados cada vez que sirven, porque quien da el pan y el vino es hermano de aquel que siega y recoge las gavillas para llevarlas a la era; también es hermano del que estruja la uva en el lagar. Todos vosotros sois generosos, porque dais de vuestros bienes al que llega a vuestra casa con su hambre y su sed. Luego, hablándole a Judas, que llevaba la bolsa de la Comunidad, le dijo -Dame dos ciclos. -Son las dos últimas monedas de plata que quedan en nuestra bolsa -advirtió Judas, dándoselas. Jesús lo envolvió con su mirada y contestó: -Pronto tu bolsa se colmará de plata -y poniendo las monedas en mi mano, añadió-: Compra una blusa de seda para tu hija, para que la. luzca en la Pascua, en recuerdo nuestro. Contempló a mi hija, la besó en la frente, y echó a caminar, saludando: -Buenas noches a todos. Ahora me dicen que todo lo que nos dijo esa noche lo escribió uno de sus discípulos sobre cuero fino y lo guardó en su casa; mas yo lo relato tal como lo he oído de sus labios. Mientras viva recordaré el timbre armonioso de su voz, cuando se despidió diciéndome: “Buenas noches a todos”.

Yo soy anciano, he vivido sin privarme de nada y creo que ni Pompeyo ni César tenían el don de mando de aquel galileo, porque desde su muerte, que se ejecutó sin resistencia, se formó un ejército enorme en la tierra, para defender su nombre y combatir por él. Y a pesar de haber muerto se le sirve y venera, lo que Pompeyo ni César jamás obtuvieron de sus soldados y partidarios.

Cuando hundieron los clavos en sus manos y pies, no pronunció una sola palabra, ni salió de su boca una sola queja; tampoco tembló su cuerpo bajo los golpes del martillo. Yo creí que sus manos y pies habían muerto y que en ese instante volvían a la vida bañados en su sangre; mas Él anhelaba los clavos como el príncipe su cetro, y quería elevarse hacia lo alto, muy alto.

Las mujeres no viajan sino cuando son conducidas por sus hijos.

Todos los días, prelados y sacerdotes inclinan la frente al decir tu nombre, y los pordioseros piden limosna asimismo en tu nombre, diciendo: “¡Una moneda, para comprar pan, en nombre de Jesús!”

El profeta, La Tempestad, El Precursor, Lázaro y su amada.

2 comentarios

Khalil Gibrán.

Sin duda la obra maestra de Gibrán, El profeta, encierra el pensamiento y filosofía del autor. Como en el prólogo se comenta, su legado es tomado en cuenta en ceremonias religiosas, lo que muestra su condición moral y universal. Sin duda, de mis escritores favoritos y de los primeros que conocí al inicar el gusto por las letras. Mención a parte la obra de teatro de Lázaro, que desde una perspectiva diferente, trata el caso de su resurrección. Calificación de 9.
El Profeta.

El Profeta.

Sé, ahora, que si murieras, moriría la tentación y desaparecerán contigo las fuerzas que obligan al hombre a ser prudente y a orar, ayunar y adorar. Debes vivir, porque sin ti, los hombres dejarán de temer al infierno y se hundirán en el vicio. Tu vida es por lo tanto, necesaria para la Salvación de la humanidad; y yo sacrificaré mi odio por ti en el altar de mi amor a los hombres. Satanás lanzó una carcajada que sacudió el suelo. ¡Cómo eres de inteligente, Padre! -dijo. Y qué conocimientos posees de teología! Has hallado, con el poder de tu inteligencia, una finalidad para mi existencia que yo mismo ignoraba. Ahora comprendemos ambos, nuestra mutua necesidad.

En la boca del ser que llamamos humanidad, también hay dientes cariados. Y las caries ya alcanzaron las raíces, pero la humanidad no los arranca. Prefiere tratarlos y limpiarlos y obturarlos con oro brillante.

El hombre vive a la sombra de leyes y tradiciones inventadas por él y las aves, según las leyes universales que hacen girar a los mundos.

Busqué la soledad porque me cansé de luchar con los adinerados que piensan que el sol y la luna y las estrellas se levantan desde sus cofres y se ponen en sus bolsillos. Busqué la soledad porque me cansé de los políticos que arrojan a los ojos del pueblo polvos dorados y a sus oídos falsas promesas. Me cansé de los sacerdotes que aconsejan a otros y no se aconsejan a sí mismos; y exigen a otros lo que no se exigen a sí mismos.

La vida es una mujer hermosa y fascinante, que atrae nuestros corazones y hechiza nuestras almas. Envuelve nuestra existencia con promesas, cuyo cumplimiento aplaza y difiere y, cuando se nos entrega, provoca el tedio en nosotros.

¿Hay alguien que no atraviese mares, desiertos, montañas y valles, para encontrarse con la elegida de su corazón?

Cada hombre tiene un préstamo de lágrimas que deben ser devueltas algún día.

Cierto día dijo un pez a otro: -Por encima de nuestro mar existe otro. En ese mar hay diversos seres vivientes que viven como nadamos y vivimos nosotros aquí. -Son fantasías tuyas -le contestó el otro pez. -¿No sabes hermano mío, que cada ser viviente que deja nuestro mar un momento moriría? ¿Cuál es entonces la prueba de la existencia de otros seres vivientes en otros mares?

Las desgracias de unos benefician a otros.

Se presentaron un día los ancianos de Ardosa ante el rey y le rogaron que prohibiera el alcoholismo en su ciudad. No prestó el rey oído a su petición, sino que se rió de ellos y les dió las espaldas; y les dejó. Los ancianos de Ardosa se retiraron poseídos de una verdadera desesperación. Al llegar a la puerta del palacio toparon con el visir del rey. Este ministro, que era muy diplomático, sagaz y ladino, viendo perturbados a los ancianos y jefes de la ciudad, se dio cabal idea del asunto. Y les habló así: -¡Oh amigos míos! La suerte no os ha acompañado esta vez. Si vosotros hubierais venido en el momento de hallarse ebrio el rey, habríais conseguido todo lo que venís a pedirle.

Dijo así, un día, una hoja blanca de papel: Me he formado blanca, nítida, inmaculada y pura, y así seré hasta la eternidad. Prefiero quemarme y volverme ceniza blanca antes de permitir que me mancille la negrura y me macule la suciedad. Oyó un tintero aquellas razones y se rió en su negro corazón, pero no se atrevió a tocar aquella hoja blanca. Oyéronla también las plumas y tampoco la tocaron. Y así permaneció la hoja de papel blanca, nítida, cual la nieve,… pero vacía.

Cuando el amor os llame, seguidlo. Y cuando su camino sea duro y difícil. Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiriera. Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños, tal como el viento del norte devasta los jardines.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadua. Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestra alma. Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa. Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo. Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente. Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música. dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga. Porque solo la mano de la vida puede contener los corazones. Y estad juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares del templo están aparte.

Vuestros hijos no son hijos vuestros. Son los hijos y las hijas de la vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros. Y aunque están con vosotros no os pertenecen. Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas. Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños. Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.

Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen y lo dan buscando el reconocimiento y su deseo oculto malogra sus regalos. Y hay quienes tienen poco y lo dan todo. Son éstos los creyentes en la vida y en la magnificencia de la vida y su cofre nunca está vacío. Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio. Y hay quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo.

Es bueno dar algo cuando ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo.

Y vosotros, los que recibís -y todos vosotros sois de ellos- no asumáis el peso de la gratitud, si no queréis colocar un yugo sobre vosotros y sobre quien os da. Eleváos, más bien, con el dador en su dar como en unas alas. Porque exagerar vuestra deuda es dudar de su generosidad, que tiene el libre corazón de la tiera como madre y a Dios como padre.

¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer la tela con hilos extraídos de vuestro corazón como si vuestro amado fuera a usar esa tela. Es contruir una casa con afecto, como si vuestro amado fuera a habitar en ella. Es plantar semillas con ternura y cosechar con gozo, como si vuestro amado fuera a gozar del fruto. Es infundir en todas las cosas que hacéis el aliento de vuestro propio espíritu. Y saber que todos los muertos benditos se hallan ante vosotros observando.

Cuando estéis contentos, mirad en el fondo de vuestro corazón y encontraréis que es solamente lo que os produjo dolor, lo que os da alegría. Cuando estéis tristes, mirad de nuevo en vuestro corazón y veréis que estáis llorando, en verdad, por lo que fue vuestro deleite.

Mucho de vuestro dolor es elegido por vosotros mismos. Es la porción amarga con la que el médico que hay dentro de vosotros cura vuestro ser enfermo. Por tanto, confiad en el médico, y bebed el remedio en silencio y tranquilidad. Porque su mano, aunque dura y pesada, guiada está por la tierna mano del Invisible. Y el vaso con que brinda, aunque queme vuestros labios, ha sido moldeado de la arcilla que el Alfarero ha humedecido con sus propias lágrimas sagradas.

Vuestro amigo es la respuesta a vuestras necesidades.

Oráis en vuestra pena y en vuestra necesidad; deberíais también hacerlo en la plenitud de vuestra alegría y en vuestros días de abundancia.

Algunos jóvenes entre vosotros buscan el placer como si lo fuese todo y son juzgados por ello y censurados. Yo no los juzgaría ni censuraría, Los dejaría buscarlo. Porque encontrarán el placer pero no lo encontrarán solo.

¿Quién puede separar su fe de sus acciones o sus creencias de sus ocupaciones? ¿Quién puede desplegar sus horas ante sí mismo diciendo: “Esto para Dios y esto para mi; esto para mi alma y esto para mi cuerpo”?

Se os ha dicho que, como una cadena, sois tan fuertes como vuestro más débil eslabón. Eso es sólo una verdad a medias. Sois también tan fuertes como vuestro eslabón más fuerte. Mediros por vuestra más pequeña acción es como calcular el poder del océano por la fragilidad de su espuma.

Todos miran a través de alguien para ver a otra persona.

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