Juan Rulfo.

Inquietante novela de difuntos y aparecidos, con una narrativa 100% mexicana y con tintes revolucionarios.
Juan Preciado intenta cumplir la promesa a su madre agónica: ir a Comalá en busca de Pedro Páramo, su padre; pero sorpresivamente se encuentra enterrado con la amiga de su madre en el mismo ataud y platicando con ella… encontró la muerte … qué imaginación!… estar en la caja de muerto, oyendo las pláticas de otros difuntos y las pisadas arriba de la tumba… ay nanita!
Al final ya no se sabe quién está vivo y quién está muerto. Calificación de 8.5, sobre todo porque la segunda parte se dedica a contar las tropelías de Pedró Páramo y su vástago… aunque.. qué no la novela es Pedró Páramo?!?!
Pedro Páramo

Pedro Páramo

Allá me oirás mejor. estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz.

Aquí no hay dónde acostarse -le dije. -No se preocuper por eso. Usted ha de venir cansado y el sueño es muy buen colchón para el cansancio.

Miraba caer las gotas iluminadas por los relámpagos, y cada vez que respiraba suspiraba, y cada vez que pensaba, pensaba en ti, Susana.

Lo que sucede es que yo no pude dar con ella. Se me perdió el pueblo. Había mucha neblina o humo o no sé qué; pero sí sé que Contla no existe. Fui más allá, según mis cálculos, y no encontré nada. Vengo a contártelo a ti, porque tú me comprendes. Si se lo dijera a los demás de Comala dirían que estoy loco, como siempre han dicho que lo estoy. -No. Loco no, Miguel. Debes estar muerto.

Mejor no hubieras salido de tu tierra. ¿Qué viniste a hacer aquí? -Ya te lo dije en un principio. Vine a buscar a Pedro Páramo, que según parece fue mi padre. Me trajo la ilusión. -¿La ilusión? Eso cuesta caro.

Estoy comenzando a pagar. Más vale empezar temprano, para terminar pronto.

Nadie vino a verla. Así estuvo mejor. La muerte no se reparte como si fuera un bien. Nadie anda en busca de tristezas.

-Ve con Dios, Gerardo. -¿Qué dijo usted? -Digo que Dios te acompañe.

¿Por qué las mujeres siempre tienen una duda? ¿Reciben avisos del cielo, o qué?

Ya te he dicho que hay que estar con el que vaya ganando.