Marcos Witt.

Muy buen libro que nuevamente abre las perspectivas hacia una nueva forma de alabar, revisando el actuar de los músicos dentro de la Iglesia, pero también la forma en que ésta debe responder ante el Ministerio Musical. Calificación de 10. Realmente me llegó.
Que hacemos con estos músicos.

Que hacemos con estos músicos.

Si alguien toca o canta bien, no importa que tenga mal carácter o un pésimo estilo de vida, porque en el momento en que abre la boca para cantar o toma su instrumento para tocarlo, todo está bien. Como que se nos olvida qué clase de persona es la que está ministrando porque en ese momento, nos hace sentir bien.

Por mucho tiempo la gente en la iglesia le ha perdonado muchas cosas al músico, simplemente porque «canta bonito» o «toca bonito». Mientras el músico siga teniendo esa clase de plataforma para cantar y tocar (porque es lo que realmente quiere), nunca tendrá la necesidad de confrontar sus malas actitudes. Mientras no se le quite esa plataforma de la que goza, no tiene por qué
encararse a su carácter descontrolado.

¿Por qué pensamos, sólo porque así lo hacen en Babilonia, que se debe hacer de la misma manera entre los hijos de Israel?

Se cree que el que inventó la música fue un hombre llamado «Jubal, Hijo de Lamec». Esto es en base al versículo que encontramos en Génesis 4.21 donde dice que era el «padre de todos los que tocan arpa y flauta». Sabemos que Dios es quien la inventó, pero este hombre fue el primero que se menciona como músico en la Biblia.

Como sacerdotes y salmistas del nuevo pacto, esta es también una de nuestras tareas, dirigir a la gente al reconocimiento de la grandeza de nuestro precioso Señor Jesús, por medio de su Espíritu Santo, para que en ese lugar de reconocimiento pleno de su presencia, Él nos pueda hablar, cambiar, redargüir, y moldear de acuerdo a su plan y propósito eterno.

No es razón suficiente el solo hecho de que alguien toque bien, para ponerlo en el ministerio de la música. Es importante que desarrolle el carácter de Cristo en todos los aspectos de su vida, antes de ejercer responsabilidades en este ministerio. No quiero decir que hay que esperar a que sea perfecto, porque si ese fuera el caso no habríamos NADIE en el ministerio: pero sí que sea una persona que muestre el fruto del Espíritu en su diario vivir, que esté comprometido con el Señor de tal manera que permita ser cambiado por la mano de Dios.

Nuestra apariencia es importante para los que nos encontrarnos en el ministerio. Debernos recordar que representarnos al Gran Rey de reyes. Cada vez que tenernos el privilegio de tornar nuestro instrumento o de abrir nuestra boca para cantar, enaltecer y bendecir al Señor, la ocasión privilegiada amerita una atención especial a nuestra apariencia física.

Debemos enseñar y preparar a nuestros hijos y a nuestras hijas, pero con el enfoque correcto del por qué de nuestros dones y talentos musicales. No son para nuestra gloria, sino para la del Señor. Así que, enséñeles el «Do, Re, Mi» de la música, JUNTO con la instrucción de cómo utilizarla para la exaltación del que merece toda la gloria, la honra y la alabanza.

En 1 Crónicas 6 vemos que pusieron en lugares clave a los principales, y hasta les dijeron del lado de quién tenían que estar parados (versículos 33, 39 y 44). No les dijeron que se pararan donde quisieran, sino que había orden, organización y estructura.

Casi todos los hombres que entienden su real posición en Cristo, entienden sin ningún problema la cadena de autoridad. Los hombres que han entendido que no hay autoridad sin estar bajo autoridad son aquellos que con facilidad, tranquilidad y confianza pueden delegar autoridad a otros, y estar seguros de que harán bien el trabajo delegado.

La razón por la que entra la rebelión en el corazón del hombre es por una falta de entendimiento sobre la autoridad que Dios ha delegado a personas en nuestras vidas. Cuando podamos aceptar su autoridad y someternos a ella, descansaremos tranquilos y funcionaremos correctamente dentro del Cuerpo. Por el otro lado, los que tienen autoridad en alguna área, no deben abusar de ella, como lo han hecho tantos, sino que con temor y temblor, administrar la autoridad que Dios nos ha dado para el beneficio de su Cuerpo y de su Reino.

Todo lo que hacemos, todo lo que tocamos (con nuestros instrumentos) todos nuestros cánticos deben ser alrededor de la presencia del Señor. Es importante para nosotros, recordar que cuando tocamos, no importa donde lo hagamos estamos tocando delante del trono del Señor, para,agradarlo a El, y para ofrecerle sacrificio de alabanza a El, y a nadie más. Toda nuestra actividad debe girar alrededor de su presencia.

La música es un ministerio y un servicio al Cuerpo de Cristo.

Si siempre estás preocupado por qué clase de testimonio vas a dar a la gente, es porque andas mal. Si siempre tienes que recordarte que eres cristiano, y que no puedes o no debes hacer esto o aquello, entonces no has establecido ciertas bases bíblicas en tu vida, y por eso te “preocupas” por tu testimonio. [...] «Tu testimonio debería ser tu vida normal, en el sentido de que simplemente ese “testimonio” es como vives todos los días. No tienes que estar preocupado por qué clase de testimonio darás, si siempre estás viviendo en rectitud delante del Señor. Al establecer ciertas bases sólidas en tu vida, de acuerdo a La Palabra del Señor, tu vida «normal» será una vida espiritual, y ese es tu «testimonio» delante de la gente».

No debemos usar el hecho de que es para la honra y gloria del Señor, como una excusa de no hacer bien las cosas. [...] «PRECISAMENTE porque es para la honra y la gloria del Señor, debemos hacerlo con toda excelencia».

En el Salmos 33.3 vemos un interesante pasaje que apoya lo que estamos diciendo, de que nuestra música y nuestro canto deben rendirse con excelencia. Dice el Salmo: Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo. Las dos palabras que saltan a la vista en esta lectura son «hacedlo bien». El Señor nos ordena que cuando cantemos y toquemos («tañed» significa «tocar»), lo tenemos que hacer bien. En el hebreo se emplea la palabra yatab, en este pasaje, y significa «hacer bien algo; hacer algo hermoso, agradable, y bien hecho; hacer algo de una manera completa, detallada y minuciosa».

“Y cada golpe de la vara justiciera que asiente Jehová sobre él [la palabra «él» refiriéndose al enemigo], será con panderos y con arpas; y en batalla tumultuosa peleará contra ellos” (Isaías 30.32). Cada vez que tomamos en nuestras manos nuestro instrumento para tocarlo en la presencia del Señor, hay un resultado poderoso en el reino de las tinieblas: ¡la vara justiciera de Jehová sobre el enemigo! Cada vez que tocamos los panderos o aplaudimos o levantamos nuestra voz para declarar la grandeza de nuestro Señor, ¡hay guerra! Es uno de los RESULTADOS de tocar y cantar para el Señor. No que la música o el canto lleve en sí algún poder mágico, sino porque al tocar, cantar y alabar al Señor lo estamos «levantando» (o sea, exaltando sobre todo, no «levantando» en el sentido de que Dios esté «caído»), y Salmos 68.1 enseña que el resultado directo de «levantar» a Dios es que sus enemigos huyen de su presencia. No aguantan el estar en cualquier lugar donde el Señor es exaltado, glorificado y alabado, entonces les queda sólo una opción: huir.

Cuando viajo a diferentes partes, y pregunto a los pastores y líderes con respecto al nivel de participación de los músicos en actividades como veladas de oración, ayuno y reuniones de intercesión, me entristece enterarme de que la participación por parte de los músicos y cantantes es muy baja. Debería ser totalmente lo opuesto. Los músicos de la Biblia casi siempre eran a los que mandaban adelante cuando salían a la guerra.

¿Qué clase de persona diría la gente que es usted, si lo tuvieran que medir por sus palabras? ¿Pesimista? ¿Negativa? ¿Deprimida? ¿Maldiciente? ¿Blasfema?

Tengamos cuidado con las bromas, los chascarrillos y los chistes que contamos entre nosotros. Después de que unas personas conviven mucho tiempo juntas, el nivel de confianza sube muchísimo, y hay ocasiones en que nuestras bromas no son edificantes, ni para nuestro hombre natural ni mucho menos para el espiritual.

Cuántas veces no le hemos dicho al Señor: «Por qué me querrás usar a mí, Señor, si ni reúno la mitad de las características que tienen otros. Usa a otro». Pero el Señor, con amor y paciencia, cada vez que le decimos eso nos recuerda que no es por nuestras propias fuerzas ni en nuestras propias habilidades para que ningún hombre se gloríe (Efesios 2:9), sino que es en su Espíritu que podemos salir confiados, para hacer la obra que nos ha llamado a hacer. Que nunca se nos olvide que El ha escogido a lo vil, lo menospreciado, lo débil y lo que no es para usarlo (1 Corintios 1.25-31).

Es interesante ver la cantidad de personas que no comprenden que la palabra «ministerio» significa «servidumbre», porque en lugar de ser siervos en el reino de Dios, vemos a muchos que están en el «ministerio» que son «señores». Piensan, equivocadamente que el estar en el ministerio les da ciertos derechos y privilegios que les permite ejercer alguna clase de «autoridad» sobre la grey, en lugar de tener el compromiso que tuvo Cristo de servir y dar su vida por las ovejas (Mateo 20.28).

Dios, al ordenar que los levitas vivieran lo más cerca posible a Su presencia, estaba liberándolos de otras tareas para que se enfocaran 100% en sus responsabilidades. Les eliminaba cualquier posibilidad de excusa de «llegar tarde» o «se me hizo tarde porque el tráfico estaba muy pesado esta mañana, porque como vivo al otro lado del campamento…», sino que al vivir pegadito al lugar de su presencia, los levitas se podían concentrar totalmente en sus tareas y en sus responsabilidades. ¡Nada de excusas! Su vida y toda su actividad giraba alrededor de la presencia de Dios.

Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores (l Timoteo 6.8-10).

La bendición y la prosperidad van directamente relacionadas con nuestra obediencia. Dios no puede bendecir a hijos desobedientes, y por eso es que me atrevo a decir que a muchos no nos ha bendecido. Nosotros somos los que tapamos la fuente de bendición al quitar nuestros ojos de quién es nuestro sustentador, y ponerlos en otras cosas.

«Porque el reino de Dios NO ES comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» (Romanos 14.17, énfasis mío). Las reglas del reino tienen que ver con vivir confiados totalmente del Rey de reyes quien sabe cómo, cuándo, con cuánto y a través de quién suplirá TODAS nuestras necesidades conforme a sus enormes riquezas en Cristo Jesús (Filipenses 4.19).

Saber qué se puede comprar y qué no. Poder vivir totalmente dentro de su realidad económica. Si no hay para comprar algo simplemente no se compra porque está fuera de la realidad.

No importando cómo estén las economías de la tierra la del reino de los cielos se maneja de otra manera totalmente distinta, bajo otra serie de reglas (sembrar y cosechar, dar para recibir). Ninguna de las economías, por malas que esten, pueden detener el crecimiento del reino de los cielos, porque esta economía está dirigida por un banco eterno cuyo dueño es el que HIZO el oro y la plata. Confía en El y El hará (Salmo 37.5). El salmista David dijo en una ocasión: Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan (Salmo 37.25).

La manera de entrar a su presencia es con acción de gracias y con alabanza (Salmo 100.4). Este es el «protocolo» para ir delante de El. Por eso los músicos tenemos una responsabilidad muy grande al ofrecer los «sacrificios de alabanza», ya que por medio de la música hemos visto a muchas personas recibir gran bendición de ella al estar en la presencia del Señor.

El nos formó y nos hizo para tener comunión con nosotros. No puso la música en nuestras manos para que tuviéramos gloria alguna de ella, sino para que Él pudiera recibir gloria, que se pudiera deleitar por esos dones que El regaló. Sin embargo, muchos nos dedicamos tanto a desarrollar nuestros ministerios o nuestros dones que se nos olvida para qué fueron puestos en nuestras vidas. Démosles el uso correcto: que Él reciba honra, deleite y placer de lo que nos ha dado.

No hay privilegio sin responsabilidad.

Poner a un músico novato y recién convertido a Cristo sobre una plataforma, para asistir en los sacrificios de alabanza al Señor es un error que sólo traerá problemas al liderazgo y confusión al músico, porque no ha tenido la instrucción ni el tiempo necesarios para poder aprender lo que es ser un músico consagrado al servicio del Señor.

El solo hecho de que nuestra música lleve un gran contenido de la Palabra la hace poderosa.

Sólo dos usos [en la Biblia] para la música: 1) alabanza y adoración y 2) guerra.

El gozarnos en su presencia trae resultados favorables a nuestro ser (fortaleza, Nehemías 8.10; medicina, Proverbios 17.22; rostro hermoso, Proverbios 15.13 etc.)

Los de Israel eran famosos por su música, porque tenían algo que nadie tenía. Considere el Salmo 137, después de que los israelitas fueron llevados cautivos a Babilonia, los babilonios les pedían que cantaran sus cánticos (v. 3). Los israelitas no estaban «estudiando» la música de los babilonios para ver qué «aprendían», sino todo lo contrario: eran los babilonios los que querían escuchar las melodías de Israel, porque eran famosas en todo el mundo.

Permitamos que el Señor nos llene de la actitud y de la convicción de que precisamente porque nuestra música y nuestro canto es para Él, debemos hacerlo con toda excelencia y hermosura.

La filosofía del mundo para hacer las cosas es: a ver qué tan poco puedo hacer, en el menor tiempo posible y con la remuneración más alta posible. Estas son las reglas del mundo para hacer casi todo. Por eso existen los sindicatos, para defender los derechos del trabajador: que trabajen menos horas, que les den más vacaciones, que les den más prestaciones y que les paguen mejor. Así se maneja el sistema mundial.«Mas entre vosotros no será así».

Cuando en alguna reunión usted tiene que estar sentado mientras otro toca el mismo instrumento que usted, ¿puede estar a gusto? ¿O se la pasa «analizando» cada nota que está tocando el instrumento que a usted le «corresponde»? ¿Puede usted estar tranquilo alabando y adorando al Señor, sin importar qué tan bien, o mal está tocando aquella persona?

Creo que un músico no debe ejercer un ministerio hasta que haya aprendido a limpiar baños y a hacer cosas similares. Si un músico no sabe tomar con sus manos una escoba, un trapeador o artículos de limpieza, no debería tomar en sus manos un micrófono, un instrumento o la dirección de la reunión.

Usted se sorprendería de la cantidad de músicos que nos sentimos indefensos y desprotegidos. La mayoría hemos batallado con grandes complejos de inferioridad y menosprecio personal. Hay un sentimiento de inseguridad en 10 que hacemos, siempre buscando el reconocimiento y la aprobación de las personas que nos rodean.

Tampoco es justificable que ejerzamos autoridad sobre aquellos que no nos han dado ese lugar en sus vidas.

Aquel hombre o aquella mujer que tiene que reclamar su autoridad es porque ya la perdió.