Los números de la Biblia.

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Robert Johnston.

Interesantísimo libro en donde el autor muestra la numerología inmersa en La Palabra y proporciona una arista mas para cimentar, mediante el significado de los números y su aparición en los diversos pasajes, la verdadera condición del Libro: de Inspiración Divina. Calificación de 9.0
Los Número de la Biblia.

Los Número de la Biblia.

La Biblia es un libro tal, que ningún hombre podría escribirlo aunque quisiera, ni querría escribirlo aunque pudiera.

La convicción que en mí ha quedado no es la dificultad de creer en la completa inspiración de la Biblia, sino la imposibilidad de dudar de ella.

El número de libros del Antiguo Testamento es 36 (contando Samuel, Reyes y Crónicas, cada uno de ellos, como un sólo libro, ya que así fueron escritos). La descomposición más sencilla de 36 es la de 3 por 12. Si a estos números le añadimos su simbología particular, ¿a qué conclusiones llegamos? Tres (3) es el número divino y doce (12) el de el poder de mandar; si los relacionamos entre sí obtenemos «Dios al mando»; ¿qué definicióni podríamos encontrar más precisa que ésta de los libros de la ley? Los libros del Nuevo Testamento, por otra parte, son 27. Y 27 es tres al cubo, es decir, 3 veces 3 veces 3: el numero mas absolutamente perfecto que pueda existir; el único que representa, o es capaz de representar, la plenitud divina. Así pues, es Dios y solamente Dios en su absoluta perfección quien se revela a través de las páginas del Nuevo Testamento, esto es, el evangelio de su gracia. La Biblia en su conjunto, contiene, según este cálculo, 63 libros, 63= 7×9 ó 7x3x3. El 7 es el número de la perfección, y el 3 el de la manifestación divina; en «3 veces 3», la manifestación se nos intensifica. Por lo tanto, la significación numérica de los libros de la Biblia es la de: «Dios glorificado en la perfecta consecución de su obra.»

«Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.» Aquí, y a pesar de la aparente confusión que se observa entre el pueblo de Dios, advertimos una confirmación, a través de las siete afirmaciones, de su verdadera y duradera unidad; y más aún teniendo en cuenta que «un Señor» se halla en el centro de las siete.

Las palabras que sólo aparecen una vez en las Escrituras nos exigen una atención especial. Existen tres de estos términos, y es interesante hacer notar que los tres se refieren a las mismas Escrituras.[Discierne, Medran, Adulterando]. Hebreos 4:12, «discierne los pensamientos y las intenciones del corazón». 2 Corintios 2:17, «Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios….». 2 Corintios, 4:1-2: «Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios….»

[El dos] Si se trata de división simboliza el mal; si, por el contrario, lo que expresa es añadidura, representa la confirmación. En general, el número dos denota la plenitud del testimonio, ya sea para bien o para mal.

El tres, aparte de denotar la manifestación divina, o la perfección divina, también es el símbolo de la resurrección. Se traía, después del siete, del número que más veces aparece en las Escrituras.

El cuatro, pues, es el símbolo de la universalidad, de la creación, de la relación del hombre con el universo y, a causa del fracaso del hombre frente a Dios, también de la debilidad.

El número cinco, por lo tanto, indica la responsabilidad del hombre bajo el gobierno de Dios.

En Éxodo 30 se describe la quíntuple composición del bendito aceite de la unción, que revela la gracia en su pureza: «Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, de casia quinientos,según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin» (vv. 23-24).

La palabra parakleto aparece el Nuevo Testamento en cinco ocasiones. Cuatro de ellas se encuentran en el Evangelio de Juan, con referencia al Espíritu Santo, el Consolador, y una en la Primera Epístola de Juan, refiriéndose al mismo Señor Jesús, nuestro abogado (1 Jn. 2:1). Así se expresa la gracia perfecta de nuestro Dios, que nos alcanza a nosotros, su pueblo, en nuestra impotencia, y nos provee de un abogado para que no pequemos y de un abogado en su presencia, si es que hemos pecado.

Seis es dos veces tres. Dos representa la división o la maldad y tres la manifestación. Por lo tanto, el número seis indica la manifestación del mal. El seis no llega a alcanzar el número de la perfección, el número siete, por lo que también denota un estado incompleto, y es a la vez, símbolo del hombre sin Cristo.

En él [666] se encarna la trinidad de la perfección humana, la perfección de la imperfección, la culminación del orgullo humano independiente de Dios y opuesto a su Hijo Cristo. De todos ellos, el primero, marcado por el 6, refleja el orgullo del poder humano; el segundo, que se halla marcado por el 66, denota el orgullo del dominio absoluto; y el tercero y último, cuya marca es el 666, simboliza el orgullo al que conduce la obediencia a Satanás.

El número siete representa la creación proclamando a ,su Creador. Es el símbolo de la perfección espiritual, ya sea del bien o del mal. Es también el número más frecuente en las Escrituras; sólo en el libro del Apocalipsis, donde el enfrentamiento del bien con el mal llega a su climax, ya se le menciona más de cincuenta veces.

El número ocho se forma sumando siete + uno. Como hemos visto, el siete indica perfección y el uno inicio. Así pues, el ocho simboliza un nuevo comienzo. Se relaciona con la resurrección y la regeneración, principio de un nuevo orden en lo establecido.

El nueve, pues, marca el fin. Es el número del final y del juicio. Pero también es el resultado de sumar tres veces tres; el tres se refería a la consumación divina. Por lo tanto, el nueve indica final en las cosas divinas.

En 1 Corintios 12:8-10 se nos presentan, en su integridad, los dones del Espíritu, el número de los cuales es nueve: «Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.» Por último, en Gálatas 5:22-23 se enumeran los nueve tipos de gracia que nos son dadas por parte del Espíritu, denominadas «el fruto del Espíritu»: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.» Perseverando en ellos y mostrándolos, el creyente lleva fruto para Dios.

El diez señala la perfección del orden divino. Este orden divino, sin embargo, implica responsabilidad por parte del hombre. Así pues, el número diez indica la responsabilidad de los hombres hacia Dios.

En Romanos 8:38, 39 se encuentra la diez veces segura confianza, a través de la fe, del hijo de Dios en Jesucristo: «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.»

Es más que diez, que se refiere al orden perfecto, y menos que doce, que denota el gobierno o mandato divino. Por lo tanto,El significado del número once es el de desorden e imperfección y también señala lo incompleto de la soberanía mundana.

El número doce manifiesta soberanía. Se refiere a la administración del mandato divino en la tierra. Y el mandato divino es necesariamente mandato perfecto. El doce es, por lo tanto, el número del gobierno perfecto, de la misma manera que el tres era el de la perfección divina y el diez el del orden perfecto o perfección ordinal.

En Apocalipsis 21 se describe «la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios» (v. 10). Con sus doce puertas, doce ángeles, doce nombres inscritos de las tribus, doce cimientos, doce nombres de los apóstoles del Cordero, y su longitud y anchura de doce mil estadios cada una, simboliza la soberanía de los santos glorificados sobre la creación.

El número cuarenta implica probación. Representa un período de dificultades en el que alguien es sometido a pruebas.

En la organización económica del pueblo de Israel, los hombres no alcanzaban la madurez hasta los cuarenta años.

En Isaías 11:2 se declaran así las cualidades del Hijo de Dios: «(1) Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; (2) espíritu de sabiduría y de (3) inteligencia. (4) espíritu de consejo (5) y de poder, (6) espíritu de conocimiento (7) y de temor de Jehová.»

«Propiciatorio», figura de Cristo, lugar de encuentro entre el pecador y Dios, aparece en veintisiete ocasiones [en el AT] (o tres veces tres veces tres), y pone énfasis en la manifestación de la perfección divina. «Incienso aromático», reflejo de la límpida fragancia que exhala la vida de Jesús, se puede encontrar en catorce versículos (o dos veces siete), dando testimonio de Jesús como el Cordero sin mácula de Dios. «Madera de acacia», imagen de la humanidad de Cristo, figura veintiocho veces (o cuatro veces siete), ya que su naturaleza era perfectamente humana y perfectamente divina. Y, por último, se emplea «maná», símbolo del pan verdadero que viene del cielo, en catorce lugares, refiriéndose a Aquél que satisface tanto a Dios como a los hombres.

Al principio, la misión del Señor Jesucristo se manifestó en esta séptuple señal de la perfección de origen y propósito. Alzándose en la sinagoga de Nazaret, cogió el libro de Isaías, y leyó este pasaje, tal como lo recoge el capítulo 4 del Evangelio de Lucas, versículos 18 y 19: «(1) El Espíritu del Señor está sobre mí, (2) por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; (3) me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; (4) a pregonar libertad a los cautivos, (5) y vista a los ciegos; (6) a poner en libertad a los oprimidos; (7) a predicar el año agradable del Señor.»

También en siete ocasiones, mientras vivió entre los hombres, relata la Biblia que se le presentaron ángeles. [...] En el momento de su nacimiento fue un ángel quien tranquilizó a los atemorizados pastores diciendo: «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.(Lc. 2:10-11). Cuando el despiadado Herodes buscaba acabar con la vida de Jesús, un ángel se presentó a José y le advirtió y aconsejó la huida a Egipto (Mt. 2:13). Posteriormente, tras la muerte de Herodes, un ángel apareció de nuevo a José y le mandó que se volviera a la tierra de Israel. En el desierto, tras resistir todas las tentaciones de Satanás, «he aquí vinieron ángeles y le servían» (Mt.4:11). Nuevamente, en la noche en que sería traicionado, en la que tantas cosas acontecieron, estando a un tiro de piedra de sus adormilados discípulos, Jesús agonizaba y oraba a Dios, pero «se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle» (Lc. 22:43). En aquella gloriosa y triunfal mañana, la mañana de su resurrección, fue «un ángel del Señor» quien aterrorizó a los enemigos del Señor, los guardias, y reconfortó a sus amigos, la mujer que había venido a buscarle (Mt. 28:2-5). Por último, cuando Jesús, con las manos alzadas en señal de bendición, ascendió al cielo y fue recibido y rodeado por aquella nube que le apartó de la vista de sus seguidores, fueron «dos varones con vestiduras blancas» quienes consolaron a éstos y les dieron nuevas esperanzas al anunciarles que Jesucristo habría de venir de nuevo (Hch. 1:10-11). También cuando Jesús, a petición de sus discípulos les enseñó a orar, lo hizo con un séptuple ruego, expresión de la perfecta petición. Además reveló la naturaleza del reino de los cielos a través de siete parábolas (Mt. 13). En el evangelio de Juan, escrito para que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, siete son los milagros que tienen lugar.

El Hijo de Dios sin pecado al que los hombres pecadores rechazaron y clavaron en un madero, aun en la hora de su tormento expresó perfección, al pronunciar sus labios las siete frases. Jesús, la piedra desechada por los edificadores, es proclamada en siete ocasiones la piedra angular. Veintiuna veces, o tres veces siete, se hace referencia a Jesús como quien está a la diestra de Dios, la perfección de la exaltación. También siete veces se le nombra sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, proclamando así la perfección y el carácter duradero de la obra de intercesión por su pueblo.

En Filipenses 2 se nos describen, de una séptuple manera, tanto la altura como su humildad. El Señor Jesús, en sublime condescendencia, «(1) se despojó a sí mismo (2) tomando forma de siervo, (3) hecho semejante a los hombres; (4) y estando en la condición de hombre, (5) se humilló a sí mismo, (6) haciéndose obediente hasta la muerte, (7) y muerte de cruz» (v. 7-8). Sin embargo, cuando el diablo y los hombres lo habían sometido a lo más bajo, Dios lo elevó a lo sumo, como podemos leer en esta, de nuevo, séptuple exaltación: «(1) Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, (2) y le dio un nombre que es sobre todo nombre, (3) para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla (4) de los que están en los cielos, (5) y en la tierra, (6) y debajo déla tierra, (7) y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (v. 9-11).

Cuando Juan fue testigo de la visión de su gloria, vio una hueste frente a sí, cuyo número era «millones de millones», entonando a una esta séptuple alabanza dirigida al Hijo de Dios: «El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza» (Ap. 5:12-13)

Una alabanza, compuesta también de siete partes, volvió a resonar: «La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén» (Ap.7:12).

Así como la mina de oro sólo pone su precioso metal al alcance del esfuerzo y la perseverancia del minero, también la ilimitada riqueza de las Escrituras está sólo al abasto de aquél que la busca con diligencia.

Intentar explicar la Palabra de Dios partiendo del pensamiento humano y desde la perspectiva humana significa infringir esa ley primordial y exponerse al desastre. Lo espiritual no se aprende haciendo uso de la habilidad natural, sino que es discernido espiritualmente (1 Co. 2:14).

De pena.

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Después de sendos empates ante Puebla y San Luis por idéntico marcador de 1-1, el pasado Viernes se perdió el ‘invicto’ por 1-0 ante Estudiantes. En un partido digno de el Chanfle por la cantidad de errores de ambos equipos, pero particularmente de las Chivas, Hasta Reynoso tuvo que ser reemplazado. Al rebaño no se le ve pies ni cabeza. Se confirma, va a ser una laaarga temporada.

De pena.

De pena.

Este libro te salvará la vida

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A. M. Homes

Novela que narra las vivencias de un cuarentón divorciado y la búsqueda por dar sentido a su vida. Encontrando que puede hacerlo a través del pequeño servicio a los demás. Así, se encuentra con una realidad que lo había rebasado. No sé si fue coincidencia pero a raíz de la portada de este libro, me encontré en tv y en películas, la misa cadena de donuts. Calificación de 8.0.
Este libro te salvará la vida.

Este libro te salvará la vida.

¿A quién llamaría si nunca más pudiese llamar a alguien? ¿Con quién querría hablar una vez más?

Para ser tan listos, los americanos son muy estúpidos.

Tienen miedo de estar solos pero no ven a la gente que les rodea.

La gente debería prestar más atención. Todo el mundo quiere recibirla, pero nadie quiere darla.

Quizá se crea rico porque tiene un montón de dinero, pero siempre hay alguien que tiene más. Yo soy rico porque tengo mi corazón en este negocio.

Ya no podía encubrirlo todo, necesitaba sentir las cosas tal como eran.

El confort de lo conocido se había vuelto incómodo; era demasiado cómodo y muy incómodo.

Te tengo afecto, Richard; lo que no tengo es tiempo.

Una persona no sabe nunca de cuánto tiempo dispone.

Según los gráficos, nada parece anormal, excepto que cuando no está on-line parece que no existe.

Es usted mortal, ha fracasado, no es la persona que quería ser, su madre no le quiere, su padre no le reconoce, todo el mundo es mejor que usted.

A veces la gente necesita un respiro.

¿Alguna vez has sentido que necesitas ver a alguien, sólo para asegurarte de que sigue vivo?

Filosofía.

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En el banquete de Platón.
Ikram Antaki.

De la colección llega ahora este tercr volúmen dedicado a la filosofía donde aborda temas interesantes pero principalmente atrajeron mi atención los dedicados a Sócrates y su juicio y la pregunta de ¿para qué sirve la filosofía?. En estos tiempos que corren, nuestra clase política no haría mal en darse una vuelta por estos temas. Calificación de 8.0
Filosofía.

Filosofía.

Siempre, desde el circo romano hasta la televisión, los príncipes han juntado el pan con los juegos para acallar a los pueblos. En lugar de prohibirlos, o encerrarse en una ausencia poco efectiva, Marco Aurelio escogió estar presente en el circo; una vez instalado ahí leía ostensiblemente un libro mientras se desarrollaban los combates de gladiadores o durante las ceremonias mundanas. Buscó la equidad, moderó al fisco, garantizó la asistencia a los más pobres, decidió que jamás trataría a un ciudadano como a un enemigo. A sus hombres, les explicó us horror por la guerra. Controló su ira, proclamó su disposición a perdonar a la vez que criticaba la ausencia de lealtad en sus contrincantes.

Nadie puede salvar su vida si se opone al conjunto, si quiere impedir que se cometan injusticias e ilegalidades.

Me pregunto por qué los que quieren tocar la flauta, montar a caballo, etcétera, deben trabajar sin cesar para lograrlo, mientras que otros se improvisan como políticos, sin ninguna preparación.

Hay que recordar que la justicia [que condenó a Sócrates] era entonces una justicia popular. Cuidado con ella; puede ser terrible.

Si en México se defiende tan ferozmente lo relativo, es porque somos profundamente paganos; a pesar de la pretensión católica, apostólica y romana, este país ni siquiera es monoteísta.

La bilbioteca de Guillaume de Champeau fue vendida hace unos años para poder instalar la calefección central del castillo; esto se llama decadencia.

La primera llave de la sabiduría es preguntarse contínua y frecuentemente las cuestiones, porque es por la duda que llegamos al examen y por el examen que llegamos a la verdad.

A pesar de que el nombre de esposa parezca más fuerte y más sacro, el de amante tuya siempre ha sido más dulce a mi corazón y, si me permites decirlo, aún más dulce el nombre de tu puta. Tomo a Dios por testigo, que si Augusto, el amo del mundo, me hubiera considerado digna del honor de su alianza y me hubiera garantizado el imperio del universo para siempre, me hubiera sido más glorioso ser llamada tu prostituta que su emperadora.

Si por la apariencia física no era la última, por sus conocimientos intelectuales era la primera.

No desprecio a las parejas ordinarias, de ellas está hecho el mundo; pero eso, cuando ocurre, esta majestad del espíritu, esta grandeza, “esta excepción”… Si alguna vez les ocurre el milagro, por favor, por nada del mundo deben dejarlo pasar.

Toda educación empieza por el canto.

Prohibimos formalmente hacer que nunca prevalezca la costumbre sobre la razón. Hay que ajustarse a lo que nos parece bien, no a lo que se acostumbra. El Señor ha dicho: Yo soy la Verdad; no ha dicho: Yo soy la costumbre.

En 1289 Beatriz se casa con un hombre rico. Dante ni siquiera se da cuenta de un incidente tan superficial y sigue escribiéndole poemas.

El matrimonio y el amor no tienen nada que hacer juntos.

Maquiavelo habla de virtú: esto es lo que resume a un dirigente. La virtú es un concepto difícil; evoca un carácter audaz, generoso, valiente, pero que conoce el temor a veces violento, pero preocupado de no cometer injusticias vanas; es una virtud de prudencia, aguerrida, capaz de medirse con la realidad política. No es tanto una calidad, es más bien una operación; no se mide con la figura del gobernante, sino por la relación de éste con la realidad, y cómo se inscribe en la historia humana a través de lo militar, lo económico y lo político.

La continuidad del Estado pasa por la religión. Los príncipes y los jefes de una república tienen el deber de conservar los fundamentos de la religión que ahí se practica, porque es más fácil conservar unido y por el buen camino a un pueblo religioso.

Las leyes no son buenas porque son leyes, sino por el orden que permiten instaurar: algunas constituciones y algunas leyes convienen a algunos pueblos, otras les son extrañas. La naturaleza de la ley no es jamás determinada, siempre es relativa: cabe en el corazón de la realidad.

Cuando cada quien solamente busca la satisfacción de su deseo, en deterimento del otro, el más fuerte gana hasta el momento en que, estando a su vez en peligro, ya nadie acude para ayudarlo.

Ahi [en Utopía] no habría propiedad privada, ni matrimonio ni religión, responsables de las desgracias humanas.

La libertad se conquista a un precio muy alto, el de la soledad.

El peor gobierno imaginable sería el de los filósofos, pues su habilidad de palabra, su facilidad para lanzar ideas, son la prueba de su incapacidad de actuar.

La multiplicidad de las prohibiciones sólo acrecenta la miseria del pueblo. Mientras más medios tiene para aumentar su provecho, más grande es el desorden del Estado; mientras más habilidad técnica posee el hombre, más objetos extraños tendrá; mienrtas más leyes hay, más ladrones.

Si usted se niega a pelear, nadie podrás pelear con usted.

A la pregunta ¿qué es un buen gobierno?, contestaba [Confucio]: “Es aquél donde el príncipe es príncipe, el ministro es ministro, el padre es padre y el hijo es hijo.”

El hablaba de instaurar el orden no por medio de discursos morales y de castigos, sino por el poder silencioso del ejemplo.

Las necesidades del gobierno son: que disponga de víveres en cantidades suficientes, de recursos militares en cantidades suficientes y de la confianza el pueblo hacia el soberano. Si no se pueden reunir estas tres condiciones y si hay que renunciar a una, que sean los recursos militares; si hay que renunciar a dos, que sean entonces los víveres; pero si el jefe ya no tiene confianza en su jefe, no existe estabilidad posible para el Estado.

Inicia Clausura 2011.

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Puebla 1 – Guadalajara 1
El gol de las chivas fue de autogol.
Como que no se vislubra un torneo alentador.

Puebla 1 - Chivas 1

Puebla 1 - Chivas 1

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