Hijos del divorcio.

Manuel Reaño.

Este no es un libro precisamente si no un artículo que en la búsqueda de respuestas encontré. Y es que cuando ocurre un cisma familiar, lo último en lo que uno piensa es en los hijos y, como se demuestra, luego son los que más la tienen complicada. Que difícil es ser padre en esta situación. 100% recomendable. Calificación de 10.
Hijos del divorcio

Hijos del divorcio

Sería una negligencia criminal el negar que una cantidad alarmantemente creciente de nuestros fieles enfrentan crisis matrimoniales tan profundas y severas que inevitablemente terminan en divorcio también.

En vista de que el matrimonio ha sido siempre visto y definido en términos del rompimiento de una pareja y no en términos del rompimiento de una familia, la mayor parte de la atención ofrecida por quienes ministran o atienden pastoralmente a quienes se divorcian, se ha enfocado precisamente en eso: en parejas.

Lo que en realidad daña a los niños es el conflicto entre sus padres y en particular, la manera en que ese conflicto es manejado.

El conflicto familiar no decrece sino que aumenta en el año siguiente al divorcio.

Los efectos que el divorcio puede tener en los niños son tanto serios como de larga duración.

Tradicionalmente se ha asumido la posición de que los niños pequeños a) entienden tan poco de lo que pasa a su alrededor que no pueden ser afectados de manera importante y b) cualquier cosa que pase, ellos se recuperarán pronto. Esto ya no se puede aceptar como una verdad.

Algunos [niños] de los menos problemáticos, de los aparentemente más tranquilos y calmados [al principio], estaban en problemas diez y hasta quince años más tarde.

Existe una mayor tasa de delincuencia y de comportamientos antisociales entre los hijos de parejas divorciadas que entre los hijos de familias intactas

La depresión es más común entre los niños que han sufrido un divorcio, que entre aquellos que no lo han experimentado.

Cuatro tipos de emociones, que explican el sentimiento de carga que experimentan estos niños:
1. Un exacerbado sentido de su propia vulnerabilidad. Estos son niños que han visto su mundo derrumbarse frente a sus propios ojos y llegan a la conclusión (a todas luces lógica) de que si el vínculo marital que unía a sus padres puede romperse, así también puede romperse el vínculo que los une a ellos con sus padres. Ninguna reafirmación verbal de que su padre o su madre nunca los dejará como lo están haciendo el uno al otro por medio del divorcio despejará este temor.
2. Un sentimiento de pérdida. Los niños pequeños son afectados por la pérdida de uno de sus padres; los adolescentes y los niños mayores, parecen ser más afectados por al pérdida de la familia como estructura, con todo lo que ella proveía en términos de seguridad y lazos sociales.
3. Un sentido de rechazo. [...] La salida del hogar de uno de los padres es [...] tomada como una falta de interés en el niño. En el caso de niños pequeños, ellos son totalmente incapaces de entender la salida de un padre como algo diferente a que los están dejando solos a ellos. No pueden diferenciar el abandono de la pareja del abandono a ellos.
4. Un sentimiento de culpa. Esto es especialmente cierto en los muy jóvenes. Parecen ser incapaces de desconectar la salida del padre con otras ocasiones previas en las que ese padre ha mostrado disgusto por el mal comportamiento del niño. La distancia de los padres durante este tiempo y la frecuente irritabilidad que muestran debida a la tensión causada por el conflicto, parecen confirmarle al niño que, después de todo, él tiene la culpa de todo lo que está pasando.

Los niños deben ser tenidos a distancia del resentimiento que se ha generado entre los padres y sus memorias de su vida pasada, cuando todavía eran una familia (memorias que pueden estar frecuentemente idealizadas) no les deben ser robadas por una padre o una madre resentidos.

El efecto de la presencia de un solo padre en el mantenimiento y la extensión de la pobreza y la dependencia pueden ser empeorados por efectos intergeneracionales. Todas estas características se vuelven circulares; los hijos tienen una mayor tendencia a ser pobres, o padres solos pobres, en comparación con los hijos de familias pobres pero intactas. De esa manera, los hijos de padres solos están en desventaja en una manera que afecta su futuro y los futuros de sus hijos.

De pronto lo que sucede es que el concepto de divorcio ha estado demasiado ligado a temas como la liberación de la mujer, logrando así que se convierta en uno de los íconos de la femineidad moderna el demostrarle al mundo que las mujeres no necesitan a los hombres y que son perfectamente capaces de criar hijos sin ninguna molesta presencia masculina a su alrededor.

Nos hemos concentrado tan exclusivamente en nuestros propios deseos, en la defensa de nuestros derechos, en la valorización de nuestra dignidad de hombres o de mujeres, que hemos sido criminalmente ciegos a la situación de los millones de niños que cada año viven el infierno del divorcio de sus padres.

Una congregación que acoja tanto a la pareja que se separa como a los hijos dolidos en una manera amorosa y de apoyo no es una realidad todavía, por lo menos es válida como una visión y un llamado para la iglesia.

La iglesia tiene un amplio terreno para ejercer un ministerio pastoral de modelaje de relaciones de pareja y de fortalecimiento y enriquecimiento de la relación matrimonial de una manera que permita a esas parejas que luchan por evitar el deterioro y la desintegración de su matrimonio, obtener algunas de la herramientas necesarias para hacer que su relación crezca y para darles el espacio necesario para buscar y encontrar ayuda si quieren salvar esa relación.

Aunque un divorcio es una aceptación de que la salud de ese matrimonio se acabó, todavía es posible hablar de un divorcio saludable. Aun cuando la separación es una decisión irrevocable –y en muchos casos es necesario aceptar que puede ser la mejor decisión para todos aquellos involucrados— todavía hay espacio para hablar de perdón o para hablar del establecimiento de una nueva relación, diferente pero armónica entre los ex-esposos, que les permita ser lo suficientemente amigables entre ellos como para poder establecer a su vez una nueva y positiva relación entre ellos y los hijos, lo cual es especialmente importante para el padre nocustodio. Esa sería una buena base sobre la cual iniciar la nueva etapa de separación.

Un divorcio saludable empieza en el momento en que se le da la noticia a los hijos. No hay manera de evitar el dolor de un divorcio, pero sí hay maneras de tratar con el dolor y usarlo con miras a la sanidad. Si un padre empieza trámites de divorcio sin pensar en sus hijos, corre el riesgo de terminar el divorcio sin sus hijos.

Darle las noticias a los hijos [es] “una bendición dentro de una maldición” ya que puede determinar una gran ventaja para los hijos en medio de su tragedia.

Los padres que dicen que quieren proteger a sus hijos del divorcio, en realidad les hacen más daño que bien. Nada bueno se logra escondiendo emociones y desconfiando de las reacciones emocionales de los niños. La mayoría de niños podrá manejar un divorcio si se les trata con honestidad.

Las niñas necesitan un padre cariñoso que las haga sentirse valoradas como mujeres. Las adolescentes que tienen poco contacto con sus padres pueden buscar afirmación masculina de otras fuentes, terminando en una situación de promiscuidad sexual o pasando frecuentemente de una relación a otra.

Ayude a los niños a entender que era la voluntad de sus padres, no la voluntad de Dios la que determinó el divorcio. A ellos puede consolarles la idea de que Dios desea esa reconciliación tanto como ellos mismos, pero que Dios permite que las personas (padres, madres y también niños) tomen sus propias decisiones. Si los padres deciden divorciarse, Dios no se los impedirá aun cuando eso lo ponga triste.

Recuerde que los niños pequeños identifican a los padres (especialmente el padre) con Dios. Ofrézcale amor y aceptación incondicional. No le haga sentir que Ud le amaría más si sacara mejores notas o si se comportara mejor o cualquier otra cosa. Asegúrese de que cada hijo sabe que él o ella es una persona única, especial y preciosa para Ud.

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