James Dobson.
| El autor intenta explicar lo que se puede hacer cuando, lo que Dios hace, no tiene sentido. Indispensable una buena pizca de fe, aunque sea del tamaño de un grano de mostaza, para entender lo que el autor trata de explicar. Para esos momentos difíciles, ayuda bastantito. Impactante la diferencia entre fe y confianza. Calificación de 10. |
 Cuando lo que Dios hace no tiene sentido |
Según la interpretación del mundo, algo terrible podría ocurrirle a usted hoy. Los cristianos se enferman y mueren, como le sucede a todo el mundo. Pierden sus empleos, como las demás personas. Y también tienen problemas dentales, sus hijos se enferman, y sufren accidentes automovilísticos. ¡Creer lo contrario es una trampa de la cual muchos nuevos creyentes, y algunos ya viejos, jamás escapan!
El temible “¿por qué?” pierde su significado alarmante. “¿Qué importancia tiene?”, se convierte en una pregunta mejor. Usted no tiene la responsabilidad de explicar lo que Dios está haciendo en su vida. El no ha provisto suficiente información para que 10 comprenda. En cambio, se le pide que se suelte y deje que Dios sea Dios. Ahí es donde se encuentra el secreto de la paz “que sobrepasa todo entendimiento”.
Si usted cree que Dios tiene la obligación de explicarnos su conducta, usted debiera examinar los siguientes pasajes de la Biblia: Salomón escribió en Proverbios 25:2 “Gloria de Dios es encubrir un asunto…” Isaías 45:15, declara: “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres…” En Deuteronomio 29:29 (LBLA), leemos: “Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios…” Eclesiastés 11:5, proclama: “Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas”. Isaías 55:8-9 (LBLA), enseña: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.
Tenemos tendencia a enseñarles a los nuevos cristianos las porciones de nuestra teología que son atractivas a la mente secular.
Para algunas personas, tales como Joni Eareckson Tada, el “plan maravilloso” significa vivir en una silla de ruedas como una cuadriplégica. Para otras significa una muerte prematura, pobreza o el desprecio de la sociedad. Para el profeta Jeremías, significó ser arrojado en una cisterna. Para otros personajes bíblicos significó su ejecución. Sin embargo, aun en las más terribles de las circunstancias, el plan de Dios es maravilloso, porque finalmente, “a los que aman a Dios” todas las cosas que estén en armonía con su voluntad “les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
Que la mayoría de nosotros parecemos estar protegidos durante algún tiempo por una membrana imaginaria que nos protege del horror. Cada día, caminamos dentro de ella y a través de ella, pero casi no nos damos cuenta de su presencia. [...] Entonces, a medida que pasan los años, un día ocurre. Sin ningún aviso, la membrana se rasga, y el horror penetra en la vida de la persona o en la de uno de sus seres queridos. Es en ese momento que una crisis teológica se presenta inesperadamente.
Decir que siempre comprenderemos lo que Dios hace y cómo nuestro sufrimiento y nuestras desilusiones son parte de su plan, es tener un concepto equivocado de la Biblia. Tarde o temprano, la mayoría de nosotros llegaremos a encontrarnos en una situación en la que pareciera que Dios ha perdido el control, o el interés, en lo que está sucediendo. Esta idea sólo es una ilusión, pero tiene consecuencias peligrosas para nuestra salud espiritual y mental. Lo curioso del caso es que no son el dolor y el sufrimiento los que causan el mayor daño. La confusión es el factor que hace trizas la fe.
“Aunque él me mataré, en él esperaré” (Job 13:15). Sin embargo, finalmente, Job llegó al punto de la desesperación. Este hombre de imponente fortaleza, que le había hecho frente a la enfermedad, a la muerte y a pérdidas catastróficas, pronto se enfrentó con una circunstancia que amenazó con vencerle. Surgió de su incapacidad para encontrar a Dios.
Los cristianos que pierden de vista a Dios durante un período de confusión espiritual son como la viña trepadora que ha sido cortada de su fuente de vida. Están privados de alimento y fuerza. Al principio parecen salir adelante, pero la herida oculta es mortal. Comienzan a marchitarse bajo el calor del sol. Suelen dejar de asistir a la iglesia, leer la Biblia y orar. Algunos pierden el control de sí mismos, y empiezan a hacer cosas que nunca antes habían pensado hacer. Pero no tienen paz en sus corazones. En realidad, algunas de las personas más amargadas e infelices sobre la faz de la tierra son las que se han separado del Dios que ya no comprenden ni confían en él.
Nosotros creernos que sabemos qué es lo que necesitarnos en un momento de crisis, pero a menudo Dios tiene otras ideas.
… las personas dedicadas a Dios, que oran, se enfrentan a veces a las mismas clases de dificultades que experimentan los incrédulos. Si negamos esta realidad, creamos un dolor y una desilusión aun mayores para las personas que no están preparadas para afrontar esos problemas.[...] Debemos enseñarles a no depender demasiado en su propia habilidad para comprender las inexplicables circunstancias en nuestras vidas.
… es mejor reconocer que se nos ha dado muy poca información como para que podamos explicar las causas de todas las aflicciones que experimentamos en un mundo imperfecto y afectado por el pecado. Tendremos que esperar para poder tener esa comprensión hasta que venga nuestro Señor soberano, quien nos ha prometido dejar en claro todas las cosas y poner fin a toda injusticia.
“Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido” (Hebreos 11:35-39).
Tener una fe firme en Dios no garantiza una vida feliz y libre de problemas. Por el contrario, nuestra fe casi nos garantiza que habremos de sufrir alguna forma de abuso de parte del mundo. Mientras estemos en este mundo, tal vez jamás comprenderemos el propósito de nuestro sufrimiento. Pero sabemos que Dios cumplirá las promesas que nos ha hecho”. Esa es, precisamente, la verdad que debemos comprender.
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
“… sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones. Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores” (2 Corintios 7:4-5).
… las personas confían demasiado en lo que sienten, y muy poco en las promesas de Dios.
Si hoy usted se encuentra yendo por ese polvoriento camino hacia Emaús, y las circunstancias en su vida le han dejado confundido y deprimido, tengo un consejo para usted. Nunca se imagine que el silencio de Dios, o su aparente inactividad, es evidencia de su falta de interés. Permítame decido otra vez. ¡Los sentimientos acerca de su inaccesibilidad no quieren decir nada! ¡Nada en absoluto!
Uno de los mayores destructores de la fe, es el tiempo de actuar que no está de acuerdo con nuestras ideas preconcebidas. Vivimos en un mundo de ritmo acelerado, en el cual hemos llegado a esperar respuestas instantáneas a cada deseo y necesidad.
¿No se ha dado cuenta usted de que Jesús suele aparecer unos cuatro días tarde? A menudo, llega después que hemos llorado, nos hemos preocupado y hemos ido de un lado a otro, luego que hemos pasado por la terrible experiencia de recibir los resultados negativos de un examen médico, o de inquietarnos por distintos contratiempos en los negocios. Si él hubiera llegado a tiempo, habríamos podido evitar mucho del estrés que experimentamos en su ausencia. Sin embargo, es muy importante que nos demos cuenta de que realmente él nunca llega tarde. Sencillamente, el horario en que él actúa es diferente del nuestro. ¡Y suele ser más lento!
Cada oración es contestada, ya sea positiva o negativamente.
Antes que escuchemos su voz, sería muy sabio de nuestra parte que no nos excitemos.
Cuando Isaac llevó sobre sus espaldas la leña que sería utilizada para el fuego que habría de quemar su cuerpo, estaba profetizando el momento cuando dos mil años más tarde, Jesús llevaría su propia cruz hasta el Calvario.
La fe no permanece por mucho tiempo sin ser puesta a prueba.
Su situación tiene todas las características típicas: un acontecimiento muy inquietante; un elemento de injusticia (“¿Por qué tiene que sucederme esto a mí?”); un Dios silencioso que pudo intervenir, pero no lo hizo; y un montón de preguntas sin respuestas.
No debemos ponernos a pensar en cómo salir del aprieto. Simplemente, permanezca firme en su compromiso y usted saldrá del problema a su debido tiempo.
A aquellos de ustedes que hoy en día están cayendo por la cascada, les digo que resistan la tentación a saltar fuera de la balsa. Dios sabe lo que está haciendo. El tiene su balsa yendo de lado por una razón. Aunque, tal vez, la reputación de usted haya sido arruinada, se sienta deprimido y esté preguntándose qué debe hacer, si escucha con atención podrá oír la voz de aquel que le dijo a David: “¡Confía en mí!”
Algunos creyentes no saben cómo reaccionar cuando una persona esta experimentando esta clase terrible de depresión. Dicen: “Oraré por usted”, lo cual puede significar: “Realmente, ya no estoy escuchando lo que usted dice”. Esa puede ser una manera de ponerle fin a la responsabilidad de ayudar a alguien a llevar su carga. En realidad, cuando se trata de sobrellevar los unos las cargas de los otros, a veces los que no son creyentes lo hacen mejor que nosotros. Ellos saben que es importante desahogar el resentimiento y la ira, mientras que los cristianos pueden pensar que tienen que reprimirlos.
A veces los cristianos nos acostumbramos tanto al estilo de vida de “tenemos que estar animados” que nos volvemos unos farsantes.
Me di cuenta, por completo, de que sólo tenía dos opciones. Una era continuar enojado con Dios y seguir el camino de la desesperación en que me encontraba. La otra era dejar que Dios fuera Dios, y de alguna manera decir: “No sé cuál es el significado de todo esto. No comprendo por qué ha ocurrido. No voy ni siquiera a pedir una explicación. He decidido aceptar el hecho de que tú eres Dios, y yo soy tu siervo, y no al contrario”.
… él no hace todas las cosas que le pedimos, como nosotros quisiéramos. Podrían pasar años antes que veamos el cumplimiento de sus propósitos. Hay otras ocasiones en las cuales él nos dice “no”, o “espera”. Y seamos sinceros, hay momentos cuando no nos dice ni una palabra. Como hemos indicado, muchos creyentes se sienten confundidos y heridos, en esos casos, y su
fe comienza a tambalearse.
Todos las personas, a las que Jesús sanó, finalmente murieron. Se dice que el tiempo cura todas las heridas.
Por lo tanto, nuestra fe no está afianzada en señales y maravillas, sino en el Dios soberano del universo. El no “actuará” de acuerdo con nuestras instrucciones, con el propósito de impresionamos. Jesús censuró a los que querían que exhibiera sus milagros, con las siguientes palabras: “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada…” (Mateo 12:39) El quiere que le aceptemos sin que tengamos ninguna prueba. Jesús le dijo a Tomás: “… bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29). Nosotros servimos a este Señor no porque él hace lo que nosotros queramos, sino porque confiamos en su preeminencia en nuestras vidas. En fin de cuentas, él debe ser, y él será, el que decidirá qué es lo que nos conviene más. Nosotros no podemos ver el futuro. No sabemos cuál es su plan. Sólo percibimos el cuadro pequeño, y ni siquiera lo vemos muy claramente. Teniendo en cuenta esta limitación, parece increíblemente arrogante de nuestra parte que le digamos a Dios lo que él tiene que hacer, en vez de darle a conocer nuestras necesidades, y luego rendirnos a su voluntad.
Si Dios nos diera aquí todo lo que queremos, nuestros corazones se contentarían con las cosas de este mundo, en vez de interesarse en las del venidero.
He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. (Daniel 3:17-18)
Sé que Dios puede hacer milagros, y aun resucitar a los muertos. Sin embargo, tengo que admitir que me resulta difícil depender de él cuando estoy atravesando por momentos sombríos. ¿Muestra esto que me falta la fe?[...] A algunos de nosotros no nos resulta difícil creer que Dios puede hacer cosas tremendas. Después de todo, el creó todo el universo de la nada, y tiene poder para hacer todo lo que el quiera. Tener fe en él, puede ser algo bastante sencillo. Sin embargo, mostrar confianza en él, lleva nuestra relación con él más lejos. Trae consigo un elemento de riesgo. Exige de nosotros que dependamos de él, confiando en que cumplirá sus promesas, aun cuando no se nos haya dado ninguna prueba de ello. Es continuar creyendo cuando la evidencia señala en la dirección opuesta. [...] Estoy convencido de que la fe durante los momentos de crisis es insuficiente, a menos que también estemos dispuestos a confiar nuestras vidas a su cuidado. Esa es una reacción aprendida, y para algunas personas es más difícil de aprender que para otras, por causa de su temperamento.
Si su vida espiritual depende de los puntos altos o bajos de sus emociones, su confianza como creyente se bamboleará de un lado para otro como un barco en un mar tempestuoso.
Pocas veces tenemos, aproximadamente, más de dos semanas de tranquilidad antes que nos pase algo malo. El techo de la casa empieza a gotear, se nos rompe el auto, les da la varicela a los niños, o algún negocio nos sale mal. Mark Twain dijo que la vida es sólo un problema tras otro. Así son las cosas en este mundo imperfecto.
Debemos esperar que nos ocurra lo que no esperamos, lo que no podemos ver, lo que nos irrite. Un día, podríamos estar muy por encima de los conflictos, y al siguiente pudiéramos estar arrastrándonos por los suelos. Así que, ¿de dónde proviene la estabilidad en un mundo como éste en el que todo está patas arriba? Sólo podemos encontrarla afianzando nuestra fe en el Señor, quien es inmutable y eterno, cuyas promesas nunca fallan y su amor es igual para todos. Nuestro gozo y nuestra esperanza pueden ser tan estables como la salida del sol, aunque los acontecimientos alrededor nuestro estén yendo de maravillosos a trágicos. Eso es lo que la Biblia nos enseña, y la paz de Dios siempre está a la disposición de todos los que escogen tenerla.
Es una gran sorpresa para un hombre que aún cree que es un estudiante universitario, el darse cuenta que está mirando la muerte cara a cara.
… sabía que mis pecados habían sido perdonados. Ese es un conocimiento de gran valor cuando todo está en peligro.
Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”. (Salmo 73:23-26)
¿Ocurren aún milagros como ocurrían en los tiempos bíblicos? Sí, pero suelen ocurrir de tal manera como para proteger la necesidad de la fe. Incluso las personas que son testigos de los mismos deben escoger creer o no creer en su realidad.
… debemos interpretar Romanos 8:28 (“Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito”) desde [una] perspectiva eterna, en vez de hacerlo desde un punto de vista temporal y apegado a la tierra.
Cuando nuestras expectativas se reducen a cero, realmente apreciamos todo lo que tenemos.
De pronto, cada pequeño placer se convierte en algo muy valioso. En contraste,las personas que creen que la vida les debe algo, a veces se sienten insatisfechos con lo mejor que reciben de ella.
Una existencia sin desafíos produce víctimas entre casi todos los seres vivientes.
Con frecuencia, la vida fácil y la abundancia producen una profunda debilidad.
La mejor manera de acabar con la iglesia, o debilitarla, es quitar de su camino todos los desafíos.
Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3).
Así que la vida es un desafío. No hay duda de que fue diseñada de esa manera.
El temor y la fe no van juntos.
El secreto de Pablo, para estar contento, surge de un principio universal de la naturaleza humana. Consiste en confiar en Dios a pesar de las circunstancias, y no esperar demasiada perfección en esta vida. Viene un día mejor para aquellos cuya fuente de satisfacción es Jesucristo.
¿cuántas veces tal vez hemos sido librados de consecuencias peligrosas, de las cuales jamás nos dimos cuenta?
La mayoría de los accidentes fatales dependen de una coordinación de solamente una fracción de segundo.
¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello (Santiago 4:13-15)
La fe es creer en aquello de lo cual no tenemos una prueba absoluta (Hebreos 11:1). Es mantenernos firmes cuando la evidencia nos está diciendo que nos demos por vencido. Es decidir confiar en él cuando no ha respondido todas las preguntas y ni siquiera nos ha prometido una vida libre de sufrimientos.
Mi consejo más importante es que, si es posible, antes que la crisis ocurra cada uno de nosotros reconozca que nuestra confianza en Dios debe ser independiente de nuestra comprensión. No hay nada malo en que tratemos de comprender, ¡pero no debemos contar con nuestra habilidad para comprender! Tardeo temprano nuestro intelecto nos planteará preguntas que no podremos contestar. En ese momento, sería sabía que recordáramos sus palabras: “Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (LBLA). y nuestra respuesta debe ser: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
Es tan importante el comprender que el sistema de valores de Dios es totalmente diferente del nuestro, y que el suyo es correcto. Los seres humanos ven la muerte como la derrota suprema, la tragedia final.
Salmo 116:15 lo dice más brevemente: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos”.
Nuestro viaje por este mundo, está acompañado de la ilusión de que vamos a quedarnos aquí para siempre. Miles de millones de personas que pasaron antes que nosotros, pensaron esto mismo. Ahora, cada una de ellas se ha ido. La verdad es que todos estamos de paso. Si comprendiéramos plenamente la brevedad de la vida, las cosas que nos hacen sentir frustrados, inclusive esas ocasiones cuando lo que Dios hace no tiene sentido, no nos importarían tanto.
He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron (Apocalipsis 21:3-4).
Cuando le llegue el momento de sufrir, acepte el dolor y fortalézcase en él, sabiendo que Dios usará sus dificultades para cumplir Su propósito, y realmente, para su propio bien. El Señor está muy cerca, y él ha prometido que no le dejará ser tentado más de lo que podrá resistir.
Gracias por los comentarios.