Germán Dehesa.

Recopilación de columnas periodísticas publicadas por Dehesa en el sexenio de Salinas: desde el “Se cayó el sistema” hasta el error de diciembre. Hace un símil entre el paro cardiaco que sufrió el mismo autor y México con la crisis del 94 y el famoso error de diciembre. Recuento de hechos que me tocó vivir y que lograron despertar mi interés por la vida política del país. Conocí a columnistas (Carlos Ramírez y su Indicador Político), periódicos (La Jornada y el Financiero) y por supuesto la revista Proceso. Además de describir la historia, Dehesa narra lo que en su vida ‘privada sucede’: divorcio, nueva boda, nuevo hijo, andar de vocero con el periódico Reforma por problemas en la distribución con el Sindicato de voceadores, etc. Lo curioso es que los actores políticos siguen siendo los mismos dinosaurios que aún siguen apareciendo, obre todo priístas y principalmente la maestra Gordillo. Calificación de 9
Fallaste Corazón

Fallaste Corazón

El olvido es la única forma válida de la venganza o del perdón.

La dignidad estriba en imponerse una tarea y no tanto en la tarea misma.

Lo malo de las esposas es que no las puede uno cesar. De pronto hacen cosas que en cualquier empresa medianamente eficiente provocarían su despido fulminante; pero como el matrimonio es la más onerosa de las paraestatales, uno, en lugar de darles los tres meses y una carta de recomendación, tiene que darles las gracias. Es terrible.

Es una frase inmortal (a lo mejor hasta profética) pronunciada por el C. Secretario Técnico de la Comisión Federal Electoral para explicar el por qué no pudieron proporcionarse el miércoles pasado los tan prometidos resultados rápidos, confiables y transparentes de las elecciones. Se cayó el sistema.

Siglos y siglos de estar incubando, nutriendo y apapachando nuestra vocación de perdedores, para un buen día (un magnífico día) despertar con la noticia (y la sensación) de que es más bonito ganar; de que, de vez en cuando y nada más para variar, la victoria es posible.

Algunos grupos avanzan calmosos como en paseo dominical. Otros casi corren en su ansia por llegar a la plaza. Cada vez que uno de estos grupos irrumpe, mi hijo se acerca y me pasa el brazo por encima del hombro. Me siento levemente humillado. Apenas ayer yo era el que lo protegía de todo mal y de toda amenaza. ¿Qué se cree? ¿Pensará que su padre ya no puede defenderse solo? Si piensa eso, tiene toda la razón.

Por ahí circularía el rumor de que la Quina había patrocinado la edición de un panfleto que acusaba a Salinas de haber asesinado (chiquilladas) a una sirvienta. Tiempo después (todo ocurre tiempo después) sabríamos que el rumor era perfectamente fundado y que los periódicos que dieron la noticia el 18 de diciembre de 1951 fueron desaparecidos de todos los archivos y hemerotecas en un enfermizo intento por corregir el pasado. Todos tenemos en nuestra vida fechas aciagas. Algunos prefieren olvidarlas. Otros creen tener el poder para borrarlas. Yo las conservo conmigo porque entiendo que yo soy yo más mis recuerdos, más mis ilusiones, más mis vidas, más mis muertes, más mis lecturas, más la diabetes que acababa de llegar a mi vida….

Dios perdona siempre, los padres casi siempre, los amigos con frecuencia, las parejas rara vez y el cuerpo nunca.

En la sección de urgencias del Hospital Español ya me alucinaban, porque asistía por lo menos tres veces por semana. Sólo el que ha vivido esto puede entender el horror de estar en la vida pero sentirse en la muerte. Los amigos llegan y te dicen: “Te ves muy bien… tienes que echarle ganas… ya la hiciste… dale gracias a Dios de haberla brincado y de tener trabajo y de tener una familia y de tener un Presidente como Salinas”. No sirve de nada. Entre ellos y tú hay un cristal blindado que te permite verlos, pero que, a la vez, te hace imposible escucharlos y estar con ellos. El tiempo es tu enemigo. Tu país, tu ciudad, tus amigos, tus enemigos, tu familia ya no son nada tuyo. está en brazos de la muerte y la vida te es infinitamente ajena. Escribo todo esto porque entiendo que en el diverso mundo hay muchos seres que han visitado este infierno. Salir de él (y en esto concuerdo con Federico Campbell) no depende mayormente de los fármacos o de la voluntad; depende de la vida. Un buen día (un excelente día) despiertas y ya estás en el purgatorio y rumbo al paraíso (La Divina comedia). Ese día recuperas los recuerdos y llega el amor que anula la muerte y te trae de regreso. Ese jubiloso día -en mi caso- coincidió con mi encuentro con el hermoso neurólogo Daniel Vasconcelos que, no sin sorna, se me quedo viendo y me dijo en perfecto español: ¿porque no dejas de hacerte pendejo y mandas a la chingada esa mochilota [donde cargaba medicamentos, baumanómetro, glaucómetro, etc] que, además de todo, es la que te está provocando las contracturas musculares?

El presidente me escuchó [una propuesta para el Canal 22] mientras tomaba esas crípticas notas que en todo momento y ocasión solía tomar. Terminé y me dijo algo así como: “muy interesante; creo que este proyecto tiene que conocerlo Pepe”. Absurdamente yo pensé que Pepe el Toro. No. Era Pepe Córdoba. “Vamos”, me dijo tomándome del brazo. En ese momento aparentemente inocuo percibí cosas muy ingratas: el Presidente de México, en lugar de ordenar la presencia de su colaborador, se trasladaba a la oficina del que, por lo visto, era el dueño de las decisiones finales. En ese sentido, el protocolo mexicano y, en particular, el protocolo palaciego mexicano constituyen todo un lenguaje no oral. En una primera lectura, Salinas me estaba diciendo que el mero efectivo era Córdoba; en una lectura (y Salinas era casi churrigueresco) don Carlos creía que yo creyera que, “Pepe” era el responsable de las decisiones que, en realidad, eran de Salinas. Hay más lecturas, pero ya me duele la cabeza.

Si te dan, agarra; si te quitan, grita.

A mi -ya lo he contado- me dió un infarto. Al país estaba por ocurrirle lo mismo, pero nadie lo percibía con la suficiente claridad. Yo sobreviví y no tengo la menor duda de que mi país también saldrá adelante. Lo que me consta es que no queda uno igual. Hay un primer periodo (ya reseñado) de hondísima angustia y deconcierto. Si se sobrevive a esto, llega el amanecer y con él llega la felicidad. Todo recupera su sabor y el sobreviviente experimenta el irresistible deseo de probarlo todo, de hacerlo todo, de darse sus gustos, de evitarse sus disgustos y de enconrarse con sus verdades. En esta tarea también hay dolor.

Murió Luis Donaldo Colosio. Meses después morirían la entera Diana Laura y José Francisco Ruiz Massieu. [...] Mejía Barón como tantos otros mexicanos que tienen poder, se resistió al cambio. Después lo cambiaron a él. El asunto chiapaneco seguía empantanado; los berrinches en el gabinete seguían a la orden del día; Ernesto Zedillo amaneció (o anocheció) con la noticia de que era el nuevo candidato del PRI; los asesinatos de Posadas y de Colosio seguían en la impunidad; la macroeconomía rechinaba y Salinas no paraba de hablar y de inaugurar cosas como para que no se oyera nada.

Ahí estamos, pero oficialmente no existimos. Así como en la física hay estados intermedios como el aerosol, que anda entre gas y liquido, así en el bizarro mundo de la política mexicana abundamos los “tolerados” que podemos existir, aunque oficialmente propendamos a la inexistencia.

El corazón de una mujer no se equivoca nunca. Es más, cuando se equivoca, no lo reconoce nunca.

Ya sé que el futbol es solo un juego; lo que no es sólo un juego es nuestro terror a aceptar enteras las responsabilidades de la victoria legítima. O ganamos a la mala, que es un triste modo de derrota, o perdemos con dignidad y nos arrancamos al Tepeyac en busca de consuelo o a Comalá en busca de nuestro apá.

se me ocurría que las tragedias mexicanas siempre encuentran, cuando hay salud mental de por medio, su camino para volverse comedias. . Eso está bien, es una señal de vida. Si conservamos eso y logramos darnos a luz como ciudadanos respetuosos de nuestra legalidad: si logramos esto, la comedia nacional será grata para todos.

En 1996 redacto estas notas mientras recibo la noticia de que nuestra nueva esperanza verde fue al Japón dizque a disputar una copa. Empatamos con Yugoslavia (es todo un logro empatar con un país que ya no existe) y perdimos con Japón tras ir ganando 2-0. En el país hay una sequía terrible; todo está patas para arriba…