Diciembre 2008


Jean-Dominique Bauby.

Colección de pensamientos, memorias y reflexiones escritos desde una cama de hospital. El autor, redactor en jefe de la revista Elle en Francia, sufre un accidente cardiovascular que lo deja inmerso en una escafandra: su propio cuerpo; su único medio de comunicación es a través del párpado. Eso sí, sus facultades mentales quedan intactas y vuelan libres como mariposas. Mediante un alfabeto ordenado conforme a las letras más usadas en francés, quienes intentaban comunicarse con Jean Do, deletreaban el alfabeto y el, mediante un guiño indicaba la letra en la que debían parar. Así, se armaban las oraciones para poder mantener una conversación con él y así… fue dictado el libro. En medio de esa dificultad, dicta un libro soberbio. Impactante lección de vida. No hay más. Calificación de 10.
La Escafandra y la mariposa

La Escafandra y la mariposa

Aquel día descubrí de golpe y porrazo esa pieza maestra de nuestro ordenador de a bordo, cuando un accidente cardiovascular puso dicho tronco [cerebral] fuera de la circulación Antaño eso se denominaba “congestión cerebral” y uno se moría con absoluta naturalidad. El progreso de las técnicas de reanimación ha sofisticado el castigo. Sobrevives, pero inmerso en lo que la medicina anglosajona ha bautizado con toda justicia como locked-in syndrom: paralizado de la cabeza a los pies, el paciente permanece encerrado en el interior de sí mismo, con la mente intacta y el parpadeo del ojo izquierdo como único medio de comunicación

Ante todo, es preciso que redacte el comienzo de este viaje inmóvil, para estar preparado cuando la persona enviada por mi editor venga a tomar el dictado, letra por letra.

Por el momento me sentiría el más dichoso de los hombres si llegase a tragar convenientemente el exceso de saliva que invade mi boca de manera permanente.

Una extraña euforia se apoderó de mi. No sólo me hallaba exiliado, paralizado, mudo, medio sordo, privado de todos los placeres y reducido a una existencia de medusa, sino que además resultaba horrible de ver. Fui presa de esa demente risa nerviosa que un cúmulo de catástrofes acaba provocando cuando, tras un definitivo golpe del destino, se decide considerarlo como una broma.

Cuando una situación le desagradaba, tenía el don de sumirse en un sueño instantáneo y protector. Se tomaba unas vacaciones de la existencia durante cinco minutos o varias horas.

Me ha invadido una oleada de tristeza. Theóphile, mi hijo, está ahí sentado tan formalito, con el rostro a cincuenta centímetros del mío, y yo, su padre, no tengo siquiera el derecho de pasar la mano por su espeso cabello, de pellizcarle la nuca cubierta de pelusa, de estrechar su menudo cuerpo liso y tibio hasta sofocarle.

Me alejo. Lenta, pero inexorablemente. Al igual que en una travesía el marino ve desaparecer la costa donde ha soltado amarras, siento cómo mi pasado se difumina. Mi antigua vida pervive aún en mi, pero se reduce cada vez más a las cenizas del recuerdo.

Recibo algunas cartas notables. Las abren, las desdoblan y me las colocan ante los ojos según un ritual que se ha establecido con el tiempo y que confiere a la llegada del correo el carácter de una ceremonia silenciosa y sagrada. Leo cada carta yo mismo escrupulosamente. Algunas no carecen de gravedad. Me hablan del sentido de la vida, de la supremacía del alma, del misterio de toda existencia, y por un curioso fenómeno de la inversión de las apariencias, son aquellos con quienes había establecido las relaciones más triviales los que más abordan estas cuestiones esenciales. Su ligereza enmascaraba un alma profunda. ¿Acaso estaba ciego y sordo, o bien se requiere la luz de una desgracia para que un hombre se revele tal como es?

El recuerdo de esa historia acaba de volverme a la memoria, dejando en ella una huella doblemente dolorosa. La nostalgia de un pasado que no ha de volver y sobre todo los remordimientos por las ocasiones perdidas. Mithra-Grandchamp son las mujeres que no has sabido amar, las oportunidades que no has querido aprovechar, los momentos de felicidad que has dejado escapar. Hoy tengo la sensación de que toda mi existencia no ha sido sino una sucesión de pequeños fracasos. Una carrera cuyo resultado se conoce pero en la que se es incapaz de apostar por el ganador.

…el tiempo aplaca las más frías cóleras.

Cómo hablar del cuerpo flexible y tibio de muchacha alta y morena junto al que te despiertas por última vez sin prestarle atención, casi refunfuñando.

Llegamos enseguida a la clínica. La gente corre en todas direcciones. Me trasladan con los brazos inertes a una silla de ruedas. Las portezuelas del BMW se cierran con un suave chasquido. Alguien me dijo un día que los buenos coches se reconocen por la calidad de ese chasquido. Me deslumbra el neón de los pasillos. En el ascensor, unos desconocidos me prodigan expresiones de aliento, y los Beatles atacan el final de A day in the life. El piano que cae del piso 60. Antes de que se estrelle, tengo tiempo para un último pensamiento: hay que anular las reservas del teatro. De todos modos, hubiéramos llegado tarde. Iremos mañana por la noche. A propósito, ¿dónde se ha metido Théophile? Y caigo en coma.

Eduardo Galeano.

Colección de cuentos y reflecciones al más puro estilo de Galeano. La verdad no sé si sean historias que el se ha inventado o que más bien le han contado, algunas buenas, otras no tanto pero todas tienen en común que suceden en Latinoamérica. Las ilustraciones tampoco son de mi agrado… pero cada quién sus gustos. Creo que lo que más me gustó son las inscripciones en los muros :P Calificación de 7.5
Las palabras andantes

Las palabras andantes

Los curas, como usted sabe, sólo reciben la confesión de los pecados, que es lo que la gente menos necesita confesar.

Dios tampoco permite que regresen los demás pescadores del lago de Galilea, ni su propio hijo Jesús. Cuando ellos estuvieron en el mundo, fueron corridos a palos y fueron colgados de altas cruces y fueron desangrados a golpes de lanza. Han pasado dos mil años pero Dios no olvida.

Escrito en un muro de Montevideo: Nada en vano, Todo en vino. También en Montevideo: Las Vírgenes tienen muchas Navidades, pero ninguna Nochebuena. En Buenos Aires: Tengo ambre. Ya me comí la h. También en Buenos Aires: ¡Resucitaremos aunque nos cueste la vida! En Quito: Cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas. En México: Salario mínimo al Presidente, para que vea lo que se siente… En Río de Janeiro: Quien tiene miedo de vivir, no nace.

La madre abnegada ejerce la dictadura de la servidumbre. El amigo solícito ejerce la dictadura del favor. La caridad ejerce la dictadura de la deuda. La liberta de mercado te permite aceptar los precios que te imponen. La libertad de opinión te permite escuchar a los que opinan en tu nombre. La liberta de elección te permite elegir la salsa con que serás comido.

En la pared de una fonda de Madrid, hay un cartel que dice: Prohibido el cante. En la pared del aeropuerto de Río de Janeiro, hay un cartel que dice: Prohibido jugar con los carritos porta-valijas. O sea: todavía hay gente que canta, todavía hay gente que juega.

A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos. Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia. Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla.

¿Para qué son redondas las monedas? Para que corran.

…los hijos están hechos de los mismos materiales que los sueños y las pesadillas.

Para mal de amores, no valen doctores.

La boca del ciego canta lo que han visto sus oídos…

Javier Villafañe busca en vano la palabra que se le escapó justo cuando iba a decirla. ¿Adónde se habrá ido esa palabra que tenía en la punta de la lengua? ¿Habrá algún lugar donde se juntan las palabras que no quisieron quedarse? ¿Un reino de las palabras perdidas? Las palabras que se te fueron, ¿dónde te están esperando?

Se sabe que hubo una fiesta en el cielo. Que ustedes [los perros] se bañaron en un río que no era el Paraná, un río de allá del Paraíso… -Y dejamos los rabos a secar en la orilla. Rabo mojado no espanta mosquitos. -Si. Todos los rabos en la orilla, en fila. -Y Dios nos hizo la broma aquella. Mandó al río crecer. -Se desbordó, el río. -Y tuvimos que salir de aputo. Y en el desespero, cada cual agarró el primer rabo que encontró. Y desde entonces nos andamos olfateando, en busca del rabo perdido.

Yo era muchacho, casi niño, y quería dibujar. Mintiendo la edad pude mezclarme con los estudiantes que dibujaban una modelo desnuda. En las clases, yo borroneaba papeles, peleando por encontrar líneas y volúmenes. Aquella mujer en cueros, que iba cambiando de pose, era un desafío para mi mano torpe y nada más: algo así como un jarrón que respiraba. Pero una noche, en la parada del ómnibus, la vi vestida por primera vez. Al subir al ómnibus, la pollera se alzó y le descubrió el nacimiento del muslo. Y entonces mi cuerpo ardió.

La A tiene las piernas abiertas. La M es un subibaja que va y viene entre el cielo y el infierno. La O, círculo cerrado, te asfixia. La R está notoriamente embarazada. -Todas las letras de la palabra AMOR son peligrosas- comprueba Romy Díaz-Pereyra.

…más allá de las nubes no puede la gente renacer en los hijos que tiene, ni en las papas que planta, ni en los amores que deja.

Papá Montero era bailandero y cantador, fundador de las alegría en la noche de La Habana. Toda la ciudad se iba de rumba con él, y en el rumbo de su rumba se perdía. Cuando una puñalada acabó con Papá Montero, la noche de La Habana se quedó muda. Pero en pleno velorio, una rumba sonó. Muy lejana. Casi nadie la oyó. Al amanecer, cuando los amigos iban a llevarse el ataúd, descubrieron que en el ataúd no había nadie.

Quien sabe leer, lee: Prohibido. Quien no sabe, aprende a golpes, curso de pobre.

Día que empieza mal, sigue peor.

Si la bestia te ataca, ¿qué harás? ¿Rezarás? ¿Te resignarás, y que se cumpla la voluntad de Dios? ¿O te treparás a un árbol? A mi papá no le gusta que lo usen de coartada para la cobardía o la estupidez.

El no los quiere [Dios], por casi buenos. El Diablo tampoco, por casi malos.

Me van a escuchar después de muerto -dice-. Aquí, en la tierra, es así.

Si las palabras engordaran, con todas las que yo me trago, no cabría en el mundo.

Ella está en el horizonte -dice Fernando Birrí-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre dies pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.

Mario Benedetti

Novela en verso que narra en primera persona, el crecimiento de Osvaldo (sick) Puente en el día de su cumpleaños. Con el transcurrir del día, el tocayo va creciendo de los 8 años hasta llegar a las 35 primaveras, momento en el que, ya transformado en Juan Angel, está integrado a la guerrilla urbana. La novela intenta narrar cómo es que se llegan a esas medidas ‘extremas’. Calificación de 8.0. juan-angel

partir siempre es morir un poco

después de todo la infancia puede ser una excelente temporada por supuesto ahora sólo tengo una impresión muy vagarosa de semejante privilegio seguramente sólo lo apreciaré dentro de treinta o treinta y cinco años cierta noche en que emerja de una borrachera adulta y tartajosa o mi tercera mujer arañe mi mejilla barbuda al tiempo que me entere de que por fin me ha puesto cuernos o un jefe convulsionado de pánico mercantil me vocifere está despedido imbécil desaparezca ipso facto de mi radio visual o la cigüeña me traiga un pibe mongólico envuelto en celofán o el doctor me diga tiene suerte amigo no es diabetes sino úlcera de duodeno pero por ahora todo eso es resaca basurita escombros que acopia el futuro en su amplia pechuga de sadismo a los once años puedo darme el lujo de ignorarlo como un rey o mejor como un molusco.

las azoteas dicen siempre la verdad no como los balcones y los zaguanes que mienten y se adornan para nadie las azoteas dicen trastos viejos escupideras oxidadas cacerolas sin asas colocan irreparables calzoncillos al viento ponen a cantar gallos desplumados y sin pedigree promueven sin pudor gatos linyeras que hacen el amor sarna con sarna las azteas y los tejados son guaridas de filósofos por algo están más cerca del cielo que los balcones fallutos y rejeros yo en la azotea puedo hacer preguntas que no formulo a nadie tampoco aqui obtengo respuesta y sin embargo quedo satisfecho de haberme quitado ese peso de encima alegre de haber dicho en voz alta mis silencios más inexpugnables

por ejemplo fiftyfifty vos ponés la virginidad yo el espíritu santo

en última instancia habría que reconocer que nadie es mala gente todos cumplen con dios y el estatuto rezan cuando hay que rezar perdonan cuando hay que perdonar falsifican cuando hay que falsificar albrician cuando hay que albriciar escarmientan cuando hay que escarmentar siempre de acuerdo con dios y el estatuto menos mal hermanita que vos sos por fortuna mala gente sólo vos estás decididamente en falta con dios y el estatuto está en falta contigo sólo vos cantás cuando hay que rezar tronás cuando hay que perdonar maldecís cuando hay que albriciar perseverás cuando hay que escarmentar siempre a contrapelo de dios y el estatuto

el azar es un poco nuestra ley pero nosotros debemos planificar el azar intentar el arduo montaje de la suerte porque si dejamos el azar al azar entonces sí lo planifica el enemigo

mis huesos mis recuerdos mis silencios todo se halla en su sitio por lo tanto ya estoy en condiciones de extraviarlos

las mejores alegría son las de formato reducido

es verdad no se puede hacer una revolución sin ellas les cuesta un poco dejar las cacerolas los ruleros la plancha las clases de corte y confección la revista claudia los horóscopos pero cuando dejan atrás su corazón doméstico sus blanduras completas entonces esas frágiles se vuelven más tenaces que un gladiador

entre hombre y mujer no existirá nunca una camaradería físicamente pura y por serios e inconmovibles que sinceramente seamos o nos creamos al menor descuido corre entre las piedras la lagartija erótica

los distraídos suelen oxidarse o bostezar en pleno gas letal o divorciarse de la mujer amada o poner el carbónico al revés