Septiembre 2007


Roberto Fontanarrosa.

Narra la preparación y desarrollo de un juego de futbol donde lo que se necesita para considerarse ganador, es el empate: si se gana, la empresa patrocinadora del equipo obtendrá el permiso para instalar una base de misíles, si pierden el gobierno de Cambodia, obtiene la concesión exclusiva para vender un refresco de cola (¿cuál sería?) en todo el continente Africano.Nunca había leído una novela desde la que se narra un partido de futbol. Descubrí una nueva forma de ver el futbol, bastante novedosa para mi, por cierto. La trama es bastante simple y con un final fuera de lo común. Calificación de 8.0 El área 18

Aquél era tal vez un equipo más técnico, pero en absoluto podría equipararse en fibra, en fe ganadora, en espíritu de sacrificio, al que conforman ustedes.

Todo aquel que entra a la cancha sabe que puede sucederle eso [lesionarse].

… la disciplina en un grupo es fundamental. Tiene que ser una cosa férrea.

No hay nada más lindo que una pelota nueva.

…tras una hora de juego, Billy ordenó quitarse las casacas y se originó un match que, según él, era de autodeterminación. La médula del juego consistía en que cualquier jugador en cualquier momento podía alinearse en uno o en otro bando sin aviso previo. Por lo tanto, aquello se convertía en una verdadera caja de sorpresas y nunca se podía estar seguro de que aquel que había sido compañero hasta el minuto anterior, no se convertiría en un sorpresivo rival y dispararía sobre su propio arco al minuto siguiente. Esto creaba un clima de inseguridad, nervios, atención altamente concentrada y, a veces odio, que convertía el juego en una descarnada red de intrigas, reproches, venganzas y alaridos de triunfo o de derrota. Muller ordenaba aquella disciplina en procura de mantener permanentemente alerta a sus hombres, lejos del aburguesamiento, y atentos hasta al más insignificante gesto de cada uno de sus compañeros, listos para remediar una falla sorpresiva o solventar una situación por demás inesperada.

Pudo comprobar la utilidad de Billy como masajista… —Es tan salvaje —murmuró Obdan, explicando a Seller— que nadie se queda más de un minuto caído. Aunque te hayan quebrado una pierna en cuatro, es preferible ese dolor a que te atrape Billy.
—Pero es que hay veces en que uno no puede levantarse —replicó Seller.
—Nada es peor a que te agarre Billy —meneó la cabeza el polaco—. Muller mismo lo incita a que actúe así. Dice que de esa manera nadie se hará el lesionado, ni se quedará en el suelo para descansar.

Yo, en una época, subestimé a los americanos. Pero ahora debo reconocerlo, son maestros de la organización. Y es más, son maestros en estructurar organizaciones de anticipación. Anticipación. La ciencia de deducir y prevenir los cambios y alteraciones de la política mundial a la luz de los datos e indicios dados diez, quince o veinte años antes.

-Y eso es lo que querrán saber los congodios- aseveró Seller-. Qué esquema de juego desplegaremos nosotros
-¡Claro! Es vital. Fundamental. Allí empieza y termina todo – casi rió Muller.

—Y sé que siempre el traidor es el más impecable en el trabajo, el más voluntarioso, el que más se sacrifica, el que menos desea que caiga sobre él la más pequeña de las sospechas.
—Es cierto —se pellizcó los labios Muller—. Es cierto. Su misma inseguridad lo lleva a excederse en su devoción.
—Cometen el error de no cometer errores —puntualizó Seller—. El temor a ser descubiertos los lleva a no reaccionar nunca con rasgos humanos.

—El portero se halla en un puesto que es el centro de todas las miradas… Sus errores son vistos hasta por el menos avispado de los espectadores. Y son fatales. Irreversibles.

—Una vez tuve un amigo, señor Seller—pareció conceder a manera confesional Muller. Hizo una larga pausa—. Un verdadero amigo. Cuando yo era más joven. ¿Y qué pasó?
El sirio fortificó sus reservas espirituales decidido a soportar sin una respuesta aquel interrogante.
—Lo vendieron —se rindió finalmente el técnico.
—¿Lo vendieron?
—A un equipo italiano. Como si fuera un animal. O un esclavo. Allí comprendí lo que es el profesionalismo. Desde ese momento decidí no dejar espacio para mis sentimientos, y puedo asegurarle que me ha servido de mucho.

Los atendió un anciano cuya edad merodeaba entre el centenario y la inmortalidad.

…se han levantado, y se levantan, monumentos a los que cometen grandes errores. A los perversos. A los traidores. A los responsables de grandes calamidades… Para que la gente pueda verlos, recordarlos y enseñar a sus hijos quiénes han sido éstos personajes… Entonces las generaciones futuras ya saben quiénes los han perjudicado… Yo, usted, todos nos cuidaremos muy bien de no cometer errores, de no dañar a la gente, para no tener el día de mañana un monumento que inmortalice nuestra perversidad

¿Qué hubiese pasado si a ese alcalde no lo inmortalizara una estatua que recuerde su tremendo error? ¡Que todos nos hubiésemos olvidado de él!

“Los ricos —sintetizó su teoría Seller— son iguales en cualquier lugar del mundo. Después de todo, las ciudades-modelo no son más de tres o cuatro: Nueva York, Londres, París, Roma. Los millonarios del mundo procuran repetir en sus ciudades de origen lo que han visto en las ciudades modelo. Además, ellos mismos se visten igual que los ricos de Nueva York, o Londres, o París, o Roma. Y sus negocios se parecen a los que han visto en esos cuatro lugares.” Más de una vez había escuchado Seller exclamar a alguien en tanto recorría algún barrio pudiente de ciudad de Méjico, Estambul o Atenas: “¡Qué hermoso es esto! ¡Me hace recordar a París, o a Londres, o a Roma, o a Nueva York!”. “Los rasgos distintivos —prosiguió deduciendo Seller, en tanto se dirigía hacia la conserjería— sólo se mantienen en los barrios bajos, en las zonas portuarias, entre los pobres. O bien en los hoteles muy viejos.”

—¡Atrás, atrás, rearmarse, agruparse atrás! —gritó Seller a los suyos corriendo a plantarse en la línea del área dieciocho, dentro de la medialuna—. ¡Formen cuadro!

—¡Querían que nosotros pensáramos que en nuestro equipo había un traidor, para dividirnos, para enemistarnos,
para quebrar nuestra confianza! —continuó Seller. —Y por supuesto eligieron como víctima al que, según ellos, más importante podía ser dentro de un equipo que debía jugar su chance a un empate, ¡el arquero!

Que el Guadalajara no convencía y el día de ayer quedó confirmado: no hay ni pies ni cabeza. Omar Bravo no es ni la sombra del torneo pasado, y todos los demás andan por las mismas, de los que se salvan (y eso a veces) son Michel y Magallón. Ayer fue el acabóse al fallar un penalty que hubiera cambiado las cosas; y a pesar de que el equipo se vió mejor en el segundo tiempo y con diez hombres por la explusión del Maza, no dió para más y perdió ante el Toluca por la mínima diferencia. Y lo peor es que me tuve que aventar la burla de toda la familia, ya que ayer fue la comida del cumpleaños de mi abuelito y pos todos son tolucos…. ni modo me tuve que aguantar.

Primero falla el penalty

Y luego un golazo

Mas o menos. Así se puede calificar el desempeño de las chivas en los dos últimos partidos: empataron a cero en su visita al San Luis y vencieron como local al Cruz Azul 1-0 en un partido regular. Lo rescatable es que otra vez gané la apuesta a Manuel, ahora de 200 pesitos.

San Luis

Cruz Azul

Pues que con tanto trabajo no había podido escribir respecto a la casa. El sábado 8 de septiembre a las 10:00 a.m. empezó la mudanza; ante la gran respuesta que recibimos para hacer la mudanza nosotros mismos, decidimos contratar a la mudanza que por 700 pesos se encargaron de llevarse todo. La verdad es que los señores conocen su negocio y en menos de lo que lo escribo ya habían terminado. Con detalles mínimos en la casa que poco a poco han ido arreglando, empezamos una nueva etapa en casa nueva. Los niños están muy contentos aunque yo tengo que confesar que el primer día si me dio el síndrome del jamaicón; y es que tengo que decir que había pasado toda mi vida en la casa de mi abuelita… pero ahora ya lo acepté jejeje.
El único problemita que traemos tiene que ver con el agua, pero ya encontraremos la solución.

José Saramago.

Del último paquete que compré en Julio Regalado de 3 x 2, pertenece este libro de Saramago. Quiero decir que la explicación del porque del título, me fascinó. yo pensé que se debía a que sus memorias eran pocas o el libro pequeño, pero no; es porque son de cuando él era niño, era pequeño. El hecho de escribir las cosas que recuerda de ésa época, me hizo pensar en la similitud con este blog y con la sección años maravillosos que últimamente la he tenido descuidada. Prometo retomarlo antes de que el alemán me alcance. Los recuerdos de su abuela, me recuerdan mucho a la mía, no porque los haya vivido igual, sino que no había leído de alguien que nombrara tanto a sus propios abuelos. No tengo que recordar que mi abuela es más mi mamá. De hecho le digo: Ma. Calificacíon de 9.0 saramago-pequenas.jpg

[La tía Elvira dijo...] “A la hora que suele venir del trabajo, tu te sientas en la entrada de la casa y te quedas esperando. Si él quiere pegarte, aquí estoy yo. Pero tú no te escondes”. Esas son las buenas lecciones, las que duran toda la vida, las que nos agarran por el hombro cuando estamos dispuestos a ceder.

Quien no apreciaba nada esta preferencia incondicional por los abuelos maternos, era mi padre, que un día habiendo dicho “mis abuelos” refiriéndome a los padres de mi madre, me corrigió secamente, sin tomarse la molestia de disimular el despecho: “Tienes otros”. ¿Qué podía hacer yo? ¿Fingir un amor que no sentía? Los sentimientos no se gobiernan, no son cosa de quitar y poner de acuerdo con las conveniencias del momento, menos todavía si, por la edad, es un corazón desprevenido y exento lo que llevamos dentro del pecho.

A veces me pregunto si ciertos recuerdos son realmente míos, si no serán otra cosa que memorias ajenas de episodios de los que fui actor inconsciente y de los que más tarde tuve conocimiento porque me las narraron personas que sí estuvieron presentes, si es que no hablaban, también ellas, por haberlos oído contar a otras personas.

… sólo quien espera que se le dé se arriesga a pedir.

Verdaderamente, la crueldad infantil no tiene límites (ésa es la razón profunda de que tampoco tenga límites la de los adultos)…

[de la abuela] … y dijiste, con la serenidad de tus noventa años y el fuego de una adolescencia nunca perdida: “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”.

Muchas veces olvidamos lo que nos gustaría poder recordar, otras veces, recurrentes, obsesivas, reaccionando ante el mínimo estímulo, nos llegan del pasado imágenes, palabras sueltas, fulgores, iluminaciones, y no hay explicación para ello, no las hemos convocado, pero ahí están.

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