Yo soy el Diego.


Diego Armando Maradona.

Es la biografía de Maradona y aunque debo confesar que me animé a leerlo por morbosidad, (ya que pensaba que iba a ahondar en sus problemas con la cocaína) desde el inicio hace la aclaración que se trata de una biografía que tiene que ver únicamente con el futbol. Debo decir que me llevé una agradable sorpresa ya que cambió la imagen que tenía de él, sobre todo porque hace mucho incapié en que lo más importante es su familia, sus padres, sus hijas, su mujer.

Otra cosa que me gustó es que siempre estuvo (o está) luchando porque se dé el verdadero valor que un futbolista tiene dentro del futbol organizado, cómo el dice, ellos son los verdaderos dueños del balón y no los directivos, empresarios, representantes, etc. También me gustó que hace referencia a jugadores que yo ví jugar: Platiní, Zico, Sócrates, Falcao, Kempes, etc. Eso sí de repente creo que se sobrepasa al jurar cosas en nombre de sus hijas, y aunque dice que eso lo tiene sin cuidado, pues el repetirlo tantas veces me suena a un juramento sin valor.

Lo más interesante fueron las nuevas frases coloquiales que se avienta: cabeza de termo, le tomó la leche al gato, se le escapó la tortuga, etc.

Mira, Diego, los diarios dicen que algunos de éstos no te quieren pasar el fulbo, que no quieren correr para vos, así que apúntanos a los que te tiran al bombo, y nosotros nos encargamos… Si no corren, los amasijamos a todos. [El abuelo de la barra de Boca].

Yo estaba intacto gracias a Oliva, que les había hecho entender a todos que una de las claves de mi juego está en la movilidad de mis tobillos. Si me hacían una recuperación tradicional, yo iba a perder esa posibilidad que tengo de girarlos, que es mayor de lo normal.

Núñez dijo que me vendió [al Nápoles] porque él sabía que yo tomaba cocaína… ¡Mentira! Yo no habría conseguido todo lo que conseguí en Italia, porque esa porquería de la cocaína, en vez de motivarte, te desanima… Para el fútbol no te sirve como tampoco sirve -recién ahora lo sé— para la vida.

Todos me preguntan ahora: ¿por qué no a Juventus, por qué no a Milán, por qué no a Inter? Y… ¡Porque el único que se preocupó por ir a ofrecerme algo fue el Napoli! Y también porque Giampero Boniperti, que había sido jugador y era Presidente de la Juve, había dicho que alguien con un físico como el mío no podía llegar a nada. Bueno, a algún lado llegué, ¿no? El fútbol es tan hermoso, tan incomparable, que le da lugar a todos. Hasta a los… enanos como uno.

Había cada nene en el campeonato italiano: el mismo Platini, Rummenigge en el Inter, Laudrup en la Lazio, Zico en Udinese, Sócrates y Passarella en la Fiorentina, Falcáo y Toninho Cerezo en la Roma.

Y la gente fue aprendiendo que no había que tener miedo, que no ganaba el que tenía más plata sino que el más luchaba, el que más buscaba…

Cuando hablan de los futbolistas, de que ganamos demasiado, que somos unos vagos: ¿tendrán idea de lo que significa una aguja de diez centímetros clavándose cerca en la ingle, en un tobillo, en una rodilla, ¡en la cintura!? No, seguro que no…

Fue un gol totalmente legítimo, porque lo convalidó el arbitro. Y yo no soy quién para dudar de la honestidad del arbitro.

Es muy fácil relajarse, dejarse estar, dormirse en los laureles. Por eso, después de los dos goles, quise seguir metiendo,
quise hacer más…

Si yo tuviera que elegir a un técnico para que me dirija, me quedaría con el Flaco Menotti. Por sabiduría… Las cosas que él decía a mí me pasaban. Te hablaba y te quedabas mudo, y salías a la cancha y te sentías orgulloso de lo que intentabas hacer.

Le había prometido a mi hija Dalma que volvería con la Copa del Mundo, pero ahora tenía que explicarle algo mucho más difícil, feo y doloroso; que en el fútbol, en nuestro fútbol, había mafia… Pero no una mafia que mata, sino una mafia que es capaz de cobrar un penal que no existe y no dar uno que sí fue.

Yo estaba en mi habitación cuando me llamaron de abajo, de la conserjería y me dijeron que alguien quería verme. “¿Quién?”, pregunté, con fastidio. El señor Andoni Goikoetxea [el que lo fracturó en España], me contestaron. Bajé las escaleras corriendo y ahí estaba el hombre: era la primera vez que nos encontrábamos así, después de aquello. Eramos más hombres, los dos. El me dijo: Hombre, es un gusto reencontrarte, saber que estás bien, que has vuelto para jerarquizar al fútbol… Nada, hombre, verte simplemente. Y hablamos de nuestras hijas, de la vida, de todo un poco… ¿De aquello? De aquello nada.

Si me querían aplaudir, que vieran lo que hacía en la cancha… Nunca necesité pagarle a nadie para que me alentara, pero que en el fútbol argentino, ¡y en el mundo!, eso existe, existe.

La soberbia de Macri lo llevaba a no preguntar sobre lo que no sabía. El no sabía y no preguntaba; entonces, seguía sin saber y… metía la pata.

Todas las tácticas valen, pero los que desequilibran son los jugadores.

Fue el más grande [Ayrton Senna] porque iba siempre al frente, en cualquier lado: en la lluvia, cuando todos levantaban la patita, él aceleraba a fondo… Para eso hay que tener sensibilidad y… huevos.

About these ads

  1. #1 por Diogcosta el diciembre 4, 2012 - 7:10 am

    Me pareció un buen libro

    • #2 por ocgalean el diciembre 6, 2012 - 10:03 pm

      Si, Diogcosta. lo es… Gracias por comentar!

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 33 seguidores

%d personas les gusta esto: